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Teódulo López Meléndez

Pessoa, la respuesta de la palabra


© ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

Caracas, 1992

ISBN 980-222-712-9

“Negat enim sine furore Democritus


quemquam poetam magnum esse posse”

CICERÓN

“Nao tenho sentimento nenhum político


ou social. Tenho, porém, num
sentido, um alto sentimento patriótico.
Minha pátria é a língua portuguesa”

BERNARDO SOARES
1
PESSOA DE CUERPO ENTERO
1.1. - EL HOMBRE
Puede vérsele aún entre las sombras de la “baixa” lisboeta. Se le adivina pisando los
rombos de las aceras del Chiado. Tal vez el hombre sentado a aquella mesa sea él, con
“Orpheu” y un bagazo. Tiene corbata de lazo y el impermeable le queda grande. Puede que
aquel que empina el codo en el mostrador del café sea él. Es aquel mismo que vive en la
lechería y escribe poemas a media noche. Está sentado a su escritorio, ahora creo que está
sentado a su escritorio, y saca cuentas y prepara artículos para la revista de comercio.
Levanta los ojos y mira a Ophelia. Estalla en carcajadas mientras José de Almada Negreiros
habla en el Teatro República sobre el futurismo y Santa Rita Pintor desde las butacas
increpa y responde y autoriza al conferencista a seguir adelante con la destrucción
sistemática. Tiene lentes redondos, sombrero y es varios hombres a la vez. Es filósofos y
ensayistas, pero tres poetas que lo habitan son más él: Alberto Caeiro, Ricardo Reis y
Alvaro de Campos.
Ahora lo miro en la fotografía que le hizo Vitoriano Braga en los tiempos de
Athena. Tiene allí una serena belleza. Ahora lo miro en la última fotografía que le hicieron:
el cuello de la camisa parece un pañuelo arrugado, la corbata larga los meandros de un
torrente caprichoso, el marco de los anteojos engrosó, los cabellos se quedaron como
alfileres prendiendo los proyectos inacabados o simplemente no comenzados, las venas de
las manos tensas, la barba mal afeitada, el cansancio en los bigotes ahora sin llegar hasta las
comisuras, en los ojos apenas le queda visión.
Fernando Antonio Nogueira Pessoa nació en 1888 y murió en 1935. Durante 47
años, la vida, la mayor parte en Lisboa. Construyó sistemas de Gobierno, hizo proclamas
altisonantes, desafió a los escritores de su tiempo, maldijo naciones, edificó estéticas
contradictorias, parió escritores que defendieron tesis contrapuestas, escribió poemas que
honran la lengua portuguesa y terminó haciendo de esta lengua su verdadera patria. La
mayor parte de estos escritos quedó inédita durante la vida del poeta, embaulada. Siguió
paso a paso las vicisitudes históricas de Portugal y proyectó libros que nunca escribió. En
una nota autobiografiada dejó dicho: “Filiación: hijo legítimo de Joaquín de Seabra Pessoa
y de Doña María Magdalena Pinheiro Nogueira. Nieto paterno del General Joaquín Antonio
de Araújo Pessoa, combatiente de las campañas liberales y de Doña Dionisia Seabra; nieto
materno del Consejero Luís António Nogueira, jurisconsulto y quien fuera Director General
del Ministerio del Reino, y de Doña Magdalena Xavier Pinheiro. Ascendencia general:
mezcla de hidalgos y judíos”.1
En 1895 Pessoa es llevado a África del Sur por su madre, viuda y vuelta a casar.
Siempre la adorará y poco tiempo la tendrá a su lado. A los ocho años escribe su primer
poema, dedicado a ella. En agosto de 1905 regresa a Lisboa con la intención de
matricularse en el Curso Superior de Letras, del que desistirá pronto. En su pasantía
sudafricana, en Durban, donde su padrasto es Cónsul, aprende perfectamente el inglés. Es
1
Citada por João Gaspar Simões, en “Vida e Obra de Fernando Pessoa. Historia de uma geração”.
4° Edição. Livraría Bertrand. Lisboa 1981.
en este idioma donde ordena las primeras letras. Con plena consciencia elige el portugués y
se queda en Portugal, a diferencia de sus hermanos, todos nacidos del segundo matrimonio,
que marcharán a Inglaterra y allí se quedarán.2
El oficinista de casas comerciales descubre a una compañera a la que comienza por
dar consejos sobre el trabajo y de la que se enamorará, la única mujer que aparecerá en su
vida y con la cual mantendrá una corta relación idealizada. Fue célibe; no se encuentra
ninguna relación sexual en su vida, ni heterosexual ni homosexual. En las cartas a Ophelia
aparece un enamoramiento absolutamente normal, la “ridiculez” propia del amor y que
Pessoa se empeña en subrayar cada vez que muestra sus debilidades a aquella tímida y
delgada muchacha. La familia de Ophelia le aterra. El amor se enfría y renace nueve años
después. El fin definitivo es atribuido a las interferencias de Alvaro de Campos,
homosexual. No fue un asexuado, el deseo aparece en algunos de sus poemas,
especialmente en algunos escritos en inglés, porque, para él, aquél era el idioma apropiado
para mostrar estas intimidades. En un poema se encuentra el rechazo del acto carnal porque
le horroriza la desnudez, espiritual o física. La espiritual, no obstante, la hará total, pero
repartida entre las creaciones heteronímicas. El acto sexual aparece como algo sucio y aun
en las manifestaciones eróticas que menciono se combinan el deseo y el repudio. Quadros3
insiste en el horror metafísico que Pessoa siente del Otro, en la imposibilidad de
materializar los sentimientos, en la absoluta incapacidad para salir de sí e intentar la
intimidad. Desistirá de Ophelia y del amor para vivir en la soledad, desarrollar su locura
genial y tomar el camino supremo de la lengua que adoptó libremente en marcha hacia la
destracción de su habitad carnal y el logro de la trascendencia.
Imaginativamente, en vez de activamente, habría sido un bisexual o tal vez un
transexual, intelectual auto-prohibido, capaz de escribir sobre el amor pero no de vivirlo.
En sus primeros escritos habla de la necesidad de tener un “amigo íntimo” y de su
descreencia en la posibilidad de conseguirlo. Era evidente su intenso deseo de
comunicación, lo que le llevó a considerar como posible ese amor homosexual. Lo más
cercano a ese intercambio con otro, fue su amistad con Sá Carneiro4, pero en 114 cartas que
le escribió no puede encontrarse el menor indicio de una relación homosexual. En fin, todas
las investigaciones concluyen en que Pessoa no fue un homosexual activo.
Él mismo se describió de la manera siguiente:
“Soy un temperamento femenino con una inteligencia masculina… sensibilidad de mujer...
siempre gusté de ser amado y nunca de amar… agrádame la pasividad… Shakespeare
terminó en pederasta… Rousseau en masoquismo… no debe descender al cuerpo esa

2
Pessoa tiene 18 años a su regreso. Desiste del Curso Superior de Letras por la huelga contra João
Franco y por la permanente inconstancia que será característica de su vida. Vive modestamente y de
hacer correspondencia comercial, especialmente en inglés.

3
ANTÓNIO QUADROS. “Vida, personalidade e genio ( a obra e o homem)”. Editorial Arcádia.
Lisboa, 1981.
4
Mário de Sá Carneiro, poeta portugués contemporáneo de Pessoa y auténtico alter ego intelectual
de éste, se suicidó en París luego de dilapidar una pequeña herencia con una prostituta a la que
amaba.
inversión del espíritu”5. Está absolutamente claro; Pessoa no permite que descienda a su
cuerpo.
Quadros6, recordando a Jung y su concepción sobre la coexistencia en todo ser de
elementos masculinos y femeninos, apunta en Pessoa manifestaciones de pederastia pasiva,
de masoquismo, de automortificación y de autocastración. La extraordinaria aspiración
amorosa de Pessoa, pasión de absoluto, se encuentra con una problemática sexual coplicada
que va desde una modalidad sui generis del complejo de Edipo hasta una incapacidad
trágica para el acto físico del amor.
Está consciente de su inteligencia. Este hombre conocía perfectamente su interior,
pero nunca trató seriamente de cambiar nada. Se dice que tiene la “voluntad inhibida”, lo
que explica en parte también que no participara activamente en la política a la que seguía
con pasión y que no publicara lo que escribía en torno a la evolución de su país. En
numerosas cartas se auto-analiza, con clarividencia y precisión, con lucidez y justeza. Por
momentos tiene dudas sobre sí mismo, pero vuelve a la claridad siempre. Ahora baja por el
Chiado, envuelto en un impermeable negro: es Fernando Pessoa que marcha a “BrasiIeira”,
a encontrarse en el café con los amigos; se sienta, pero habla poco, prefiere oír, sonríe. A
ratos se tornará locuaz, cuando se trata de la edición de la revista o cuando se hace
sarcástico para responder una pregunta hecha con admiración. Es introvertido, callado,
complicado y secreto. Se oculta de sí mismo. En la noche escribirá a París, a Sá Carneiro, y
acompañará el poema que cree el primero de una nueva escuela fundada por algunos de sus
“hijos literarios”. Sá Carneiro contestará impresionado por el poema de Alvaro de Campos
o proclamará la genialidad de su corresponsal Pessoa o mezclará nombres llamándole
Fernando Alvaro Pessoa Campos. Llárnese como se llame, el escritor busca ansiosamente la
identidad. Ahora redacta un artículo para la “Revista de Comercio y Contabilidad”; luego
escribirá a Ophelia7. Después beberá el vino y el bagazo, muchos tragos, aunque nadie le
verá borracho. Defenderá a los amigos, no importan los riesgos, prologará libros y desde el
misterio que lo envuelve sabrá dar amistad a los escritores de aquella generación. Ahora
está con Lombroso, procura ansiosamente con el sabio italiano las características del genio,
se detiene en las características de la degeneración y siente encontrada y explicada la falta
de voluntad que le acosa, que le hace pergañar índices de libros que no escribe y
recopilaciones de poemas que no se materializan. Se sabe proclive a la locura8. La
considera, con el italiano, un impulso hermano de las construcciones extraordinarias.

5
”Páginas íntimas e de auto-interpretaço”, pp. 27-28.
6
QUADROS, ibid.

7
Las cartas a Ophelia Queiróz son 50, en 13 meses de amor. Estas sirven también para el análisis
profundo de la personalidad del poeta. Allí está patente la imposibilidad de la entrega, la pudicia,
castidad e introversión. Una, escrita a su tía Ana Luisa Nogueira de Freitas, es especialmente
interesante, pues se proclama llamado por “sentimientos superiores”, admitiendo que tal exislencia
le producirá mayores sufrimientos, en aislamiento y abandono.
Después leerá a Max Nordau, quien refuta a Lombroso y no cree que los degenerados
geniales sean un motor de progreso para la humanidad; Nordau considera al genio como
saludable, pero a los modernos inmersos en desvaríos unos auténticos degenerados que
producen obras condenables. Pessoa queda impresionado, afectado, confuso, ante tal
veredicto. “Soy un histero-neurasténico”, concluirá.
En el poema dedicado a D. Sebastián, de 1933, identificará locura con grandeza y se
preguntará qué es el hombre sin ella, para responderse que una bestia o un cadáver que
procrea9. Si bien este poema está pleñamente inmerso en la admíración al Rey D. Sebastián,
sirve para mostrar el desprecio que le produce el hombre sin ideales, sin grandes proyectos,
contento con el goce material de las cosas. Pide que su locura sea tomada y seguida por
otros, imbuido ya del sentimiento mesiánico que le caracterizará.
Ahora está en una sesión espiritista en casa de su tía. Comienza el conocimiento de
lo esotérico. Pronto se cansará de llamar espíritus a visitar los predios terrenales, pero
persistirá en las ciencias ocultas, en la magia, en los conocimientos del más allá. A ratos
dirá que escribe porque así se lo ordenan los Maestros. Ahora abre el “Compendio de
Teosofía” de C. W. Leadbeater, pero rápidamente lo interrumpe para enterarse del
contenido de la última conferencia de Annie Besant10. Es un rosacruz que no se hace
miembro, un defensor de los masones sin serlo. Se prepara para cumplir las instrucciones
del Más Allá. Vuelve a escribir. Puede que esta noche tengamos el privilegio de asistir al
relámpago de la escritura de los poemas de Alvaro de Campos y luego, terminados éstos, a
los de Pessoa. Seríamos testigos de la más intensa noche del poema, de las transmisiones y
de los dictados, de la magia de la creación; el poema está de pie, quizás esta noche sea la
8
El miedo a la locura aparece desde unos escritos juveniles en inglés, firmados con el seudónimo
de Alexander Search y se repite en “Páginas íntimas e de auto-interpretaçao”, del 30 de octubre de
1909. Puede seguirse en innumerables poemas.

9
“Louco, sim louco, porque quis grandeza / Qual a sorte a não dá. / Não coube em mim minha
certeza. / Por isso onde o areal está / Ficou meu ser que houve não o que há / Minha Ioucura, outros
me a tomern / Com o que nela ia. / Sem a loucura que é o homen / Mais que a besta sedia, / Cadáver
hadiado que procría?”.

10
Entre las lecturas de Pessoa se encuentran “Compendio de Teosofía” y “Clarividencia” de C. W.
Leadheater. De Anni Besant, “Ideas de Teosofía” y “Conferencia Teosóficas”. También: “Colección
Teosófica y Esotérica” (Librería Clásica Editora, Lisboa), “La voz del silencio y otros fragmentos
selectos de los Libros de los Preceptos Aureos”, “Luz sobre el Camino y Karma”. También de C. W.
Leadbeater, “Auxiliares Invisibles”, “Los servidores de la Raza Humana actual” y “El Mundo de
mañana”.
noche. Espiemos, que ya encendió la vela, que ya tiene consigo la leche y los cigarrillos.
Puede que los ordenadores estén listos para iniciar el dictado.11
Procura la certeza en el mundo incierto. ¿Qué hacer? “Confiar en la inteligencia, en
la razón, asentar en el raciocinio la estabilización de la propia personalidad. . .
atribuyéndoles poderes discrecionales que se relacionan con los misterios que son la vida,
el mundo y el hombre”12. Simões encuentra, igualmente, un Pessoa esclavo de la
inteligencia pero no de la razón, una naturaleza intelectual porque en él la inteligencia
domina los sentidos; esto es, todo cuanto de sensible se produce en él apenas es sentido en
la proporción en que es percibido; quiere decir el excelente biógrafo del poeta que persiste
una zona de misterio, que todo su sistema carece de construcción objetiva y hace entrar
todo lo inteligible e ininteligible, racional e irracional, visible e invisible, que cuando se
propone descubrir un sentido general y absoluto al enigma del mundo y de la vida se vuelve
hacia la magia y no hacia la religión. “Rechaza el camino mágico, supera el camino místico
y finalmente se acoge al camino alquímico. El camino alquímico es su propia poesía”.13
Ahora lo tenemos recién regresado a Lisboa: rememora la muerte del padre, el
nuevo matrimonio de la madre tres años después, la infancia y la adolescencia en Durban;
la ciudad de su nacimiento reaparece, se reencuentra con el idioma portugués y lo asume.
Es la hora de los planes. Quiere escribir “La República de Portugal”, provocar aquí una
revolución, escribir panfletos portugueses, dirigir la publicación de obras literarias
nacionales, fundar un periódico, una revista científica”14.
Ahora lo tenemos el 27 de noviembre de 1935. Cuántas cosas ha hecho y cuántas ha
dejado de hacer. Paralizado por la ausencia de voluntad, no escribió los libros de ensayo, no
recopiló lo escrito en libros, los poemarios no agruparon los poemas dispersos. ¿Sabe
acaso, cuando los dolores comienzan, cuando el otoño deja paso a un incipiente invierno y
Lisboa está gris, que se aproxima el fin de su envoltura terrestre? Se hace de noche,
comienzan los dolores. Las manos trémulas bajan hasta el estómago, las venas
transparentan la piel. El diagnóstico es preciso: crisis hepática. Cuántas noches de bebidas,
de silencio, de drama interior, de lucidez sobre sí mismo, de relámpagos poéticos. Tiene 47
años y es 30 de noviembre de 1935. Hay algo en la luz, en las claridades, en las visiones.
Dice: “Dáme los anteojos”, y muere. ¿Muere? Con anticipación había dicho:
Não dormes, sob os ciprestes
Pois não há sono no mundo
11
Cuando Pessoa habla de instrucciones del Más Allá, se refiere a Maestros, Filósofos, Iluminados o
Fundadores de religiones que escribieron y vivieron el Evangelio Eterno donde se comprenden los
Sistemas Filosóficos, Las Iglesias y las Religiones. (Referido por ANTÓNIO QUADROS, Ibid., p.
57).
12
João Gaspar Simões, ibid., p. 551.

13
Ibid.
14
En “Páginas íntimas e de auto-interpretação”. Editadas por G. R. Lind y J. do Prado Coelho.
Lisboa, 1966.
O corpo é a sombra das vestes
Que encobrem teu ser profundo.
A sombra das tuas vestes
Ficou entre nós na sorte.
Não estás morto, entre ciprestes.
Neófito, não há morte”.15

1.2. - LAS REVISTAS Y LOS GRUPOS


Pessoa llega a la poesía de manos de un hermano de su padrastro, un poeta de
nombre Henrique Rosa. Lee a los simbolistas, siente rechazo hacia todo lo francés debido
fundamentalmente a su formación inglesa. Lee a Pope y Milton. Luego abrevará en Shelley,
Yeats y Byron. Volverá a los griegos, hará proclamaciones sobre Shakespeare y exaltará o
condenará a docenas de escritores, contemporáneos o no, con perfecto conocimiento de
causa, ya que era un lector extremadamente ávido.

En 1910 es implantada la República en Portugal. Teófilo Braga es elegido


Presidente y el poeta Guerra Junqueiro es enviado al servicio diplomático. Las nuevas
generaciones van perdiendo su fe republicana ante el frenesí y la desintegración partidista,
sumergen en la literatura el patriotismo y exploran las vías que el futuro debe diseñar para
el país. La política desilusiona, las realidades contradicen a las esperanzas, muchos —
Pessoa incluido— encuentran una grave desproporción entre el medio y lo que consideran
las propias posibilidades. Pessoa ha estado encerrado en la torre de marfil y comienza a
sentir la necesidad de auditorio.
Es en la ciudad de Porto donde va a producirse el reventón. El mismo año de 1910
aparece la revista Aguia, exactamente el día 1 de diciembre. Al comienzo parece una revista
literaría común que publica poemas y artículos de diversas tendencias. Corno lo apunta
Simões16 esta generación muestra una mezcla de tendencias mal dibujadas. Dominados en
un principio por la herencia simbolista, en todos sus integrantes se manifiesta una especie
de “misticismo”, marcado por el culto de lo indefinido, la religión de lo vago y un monismo
panteísta inconsciente.
15
En el poema “De Iniciação”. “No duermes, bajo los cipreses / Pues no hay sueño en el mundo /
El cuerpo es la sombra de los hábitos / Que encubren tu ser profundo. / La sombra de tus hábitos /
Quedó entre nosotros en la suerte / No estás muerto entre cipreses. / Neófito, no hay muerte”.

16
Simões, ibid., p. 1.50.
En 1912 se funda, también en Porto, el movimiento “Renascença Portuguesa” y
Aguia pasa a ser su órgano oficial.17 En el editorial, Teixeira de Pascoaes proclama la
necesidad de dar sentido a las energías de la Raza y colocarlas en condiciones de tornarse
fecundas. El movimiento a que da origen se llamará “saudosismo”; la “saudade”, se dice, es
la sangre espiritual de la raza, su estigma divino, su perfil eterno y como Viriato, D. Afonso
Henriques y Camões desmaterializados y reducidos a un sentimiento. El “saudosismo” se
caracterizará por la incoherencia y entremezcla las críticas al viejo régimen felizmente
desaparecido con las que se dirigen al nuevo absolutismo triunfante impregnado de
positivismo, y al socialismo y al materialismo.
Es comprensible que Fernando Pessoa, en procura de una audiencia exterior, se
sintiese atraído. Aquel de “Renascença Portuguesa” era el primer reventón en medio de la
mediocridad del país, de la crisis política, de la ausencia de una crítica y de la inexistencia
de creadores trascendentes. Se estaba planteando un renacimiento intelectual, se
proclamaban las grandezas pasadas y se llamaba a nuevas, se delineaba —sorpresivamente
— un camino, se le dotaba de ideas —si bien imprecisas e incoherentes— y se lanzaba un
desafío sobre la inteligencia. Muchos de quienes integran el movimiento, en especial
Teixeira de Pascoaes, tienen prestigio. En 1912, Pessoa se estrena en Aguia con una serie de
artículos sobre la “Nova Poesía Portuguesa”; adoptará en ellos la esencia del movimiento
proclamando que la “Raza Lusitana” partirá en busca de una India nueva que no existe en el
espacio, en naves que son construidas “de aquello de lo que los sueños son hechos”.
Agregará: “Si el alma portuguesa, representada por sus poetas, encarna en este momento el
alma recién nacida de la futura civilización europea, es que esa futura civilización europea
será una civilización lusitana”. El poeta inclinado a lo mesiánico asume, sin dificultad, el
mesianismo de “Renascença”; además es brillante la oportunidad para una actuación
inmediata. Como veremos, Pessoa se adhiere a la República, no sin críticas y retrocesos, y
ya en el momento de comenzar a escribir para Aguia piensa que el movimiento, habiendo
nacido y acompañado al republicanismo, tiene que ser republicano, no sin precisar que no
es el republicanismo que se vive, que ya vendrá el correcto y el hombre indicado para
imponerlo, y fiel a su pensamiento sobre las revoluciones, ve, más que las realidades que
rodean aquella República, las posibilidades que puede desatar.
Los artículos sobre “A Nova Poesía Portuesa” son claves para entender todo el
proyecto cultural-literario de Pessoa. Escritos cuando el poeta tenía 24 años, muestra
elementos psicológicos y sociológicos de alto interés, enseñan la mayéutica heteronímica,
y, para nuestros límites, dejan ver lo que en política le gusta o no le gusta.18
17
Entre los fundadores cabe mencionar a Teixeira de Pascoaes —el líder—, Leonardo Coimbra,
Jaime Cortesão, António Sérgio, Mário Beirão, Augusto Casimiro, Afonso Duarte, Veiga Simões,
Raúl Proença, António Correia de Oliveira, João de Deus Ramos, Augusto Martins y muchos otros.
No constituyen formalmente un grupo. Varios se apartan rápidamente como Sérgio y Proença.

18
Joel Serrão, en la nota introductoria a “Da República”, en Ia edición de obras completas con que
trabajamos, apunta: “En efecto, pensamos que el Supra Camões allí anunciado es el primer esbozo
pessoiano de creación heteronímica. Simplemente, para que el Supra Camões fuere un Shakespeare,
En el primero de esos artículos, “La nueva poesía portuguesa sociológicamente
considerada”, aborda un análisis comparativo entre la evolución de las sociedades francesa
e inglesa y sus respectivas literaturas, y la evolución de la sociedad portuguesa, en aquellos
momentos de auge republicano, con la literatura que se produce. Comienza así el intento de
dotar a “Renascença Portuguesa” de un cuerpo coherente de ideas. Coincide, según Pessoa,
“con un período de pobre y deprimida vida social, de mezquindad política, de dificultades y
obstáculos de toda especie a la más cotidiana paz individual y social, y a la más
rudimentaria confianza o seguridad en un futuro”.19 Pessoa advierte que no hay en el
movimiento un Milton o un Shakespeare, pero sí “individualidades de acentuado valor”.
Frente a la crisis descrita ve la salida en una gran renovación espiritual, viable a través de
“Renascença”, a través de la poesía, más que en un plano político o social. Es, pues, desde
un mismo comienzo de su actividad literaria, cómo el poeta hace de las letras el
planteamiento básico de la regeneración nacional de su país. La lengua que ha asumido es
el camino y a los poetas corresponde la tarea de generar el nuevo espíritu que se traducirá
en una nueva civilización que a su vez generará nuevas estructuras políticas. El mesianismo
que le acompaña le hace ver esa nueva civilización como europea nacida de una
civilización lusitana. Aparece, por vez primera, la idea de un Super Camões. Al igual que
en momentos similares en las sociedades francesa e inglesa, Portugal tendrá que dar un
gran poeta, esta vez tan grande que dejará a Camões en un segundo plano. Pessoa estaba así
planteando la idea fundamental de su concepción política: la lengua y la literatura llevadas
hasta los límites de supremo instrumento de regeneración. Al fin y al cabo todo se vertía en
el mismo odre, revolución, política, poesía. El líder de esta catarsis histórica debería ser un
poeta, un Shakespeare portugués, un Super Camões. No estaba delineándolo en el vacío,
estaba trazándose a sí mismo un propósito.
El Pessoa joven vivió intensamente todos los acontecimientos que llevaron a la
proclamación de la República. Asistió a la comparación entre los ideales proclamados y las
aberraciones de la práctica política. Está claro que los desvaríos y degradaciones de la
cotidianeidad le parecían extremadamente contrarios a las aspiraciones de la inteligencia
portuguesa. No por ello dejó de ser republicano, aunque insistiera en que su republicanismo
no era aquel que chocaba duramente con sus aspiraciones y diseños. Decide escribir un
libro para analizar todo el proceso de la caída de la Monarquía y la ascensión de la
República, la contradicción flagrante entre los ideales y los usos políticos, y para ello apela
a lo que será una constante en él, la “sociología”. No escribe tal libro, apenas fragmentos
que va echando a los baúles.
Entre la fecha de sus colaboraciones para Aguia, 1912, y el año de 1914, el poeta va
haciendo en Lisboa su propio círculo de amigos. Comienza a sentirse diferente de Teixeira
de Pascoaes, el mentor de “Renascença”. Como todo escritor nuevo, consigue un “padre”
que matar y se lanza contra Alfonso Lopes Vieira criticando fuertemente un libro de éste
motor de la pretendida “Nueva Patria Portuguesa”, que el mejor republicanismo subentendía, era
necesario potenciarlo hasta los límites de lo que hegeliana dialéctica permitiría” p. 12.

Los artículos a que nos referimos, publicados en cinco números de “Aguia”, contienen interesantes
19

observaciones en otros aspectos. Nosotros trabajamos con la edición incluida en “Textos de Crítica
e Intervenç ão” (Atica, 1980), pp. 11-74.
para niños, “Bartartolomeu Marinheiro”. Comienza a plantearse su ruptura con Aguia y el
momento llega en que Alvaro Pinto, editor de la revista, se niega a publicarle un drama, “O
Marinheiro”. En la carta de ruptura dice que ha comprobado la inutilidad de escribir; claro
está que al día siguiente pensará lo contrario.
1915 es un año de intensa creatividad modernista. Puede decirse que comienza el
siglo xx portugués. El reventón va parejo con la republicación de otra revista, Orpheu.20 En
la presentación editorial se define un marcado carácter aristocrático, dado que la idea es
formar un grupo escogido de revelaciones en el pensamiento o en el arte, que tengan allí
“su ideal esotérico”. La revista es financiada por el padre de Sá Carneiro quien se retira
ante el escándalo que aquélla ocasiona.21
En Orpheu también está presente la “idea patriótica”, pero se presentaban notables
diferencias entre los “órficos” y los “saudosistas” de Teixeira de Pascoaes. Al tiempo que se
asumía “la idea patriótica” había que lanzar una ofensiva desestabilizadora para destruir los
viejos tejidos y sacar al país del estancamiento. El ataque de Orpheu no se centra tanto en el
área política, económica o social, sino en la fundamental para los “órficos”, la del
psiquismo nacional.22
Orpheu es el marco febril donde se exponen las posibilidades de arranque del
modernismo portugués y, claro está, del futurismo. Bien se ha dicho que esta revista
significa la confluencia sobre Lisboa de los “ismos” (cubismo, futurismo, etc.). Nuestro
poeta se interrogaba sobre el futuró de la revista y se respondía a sí mismo que sería
acumular en ella todo lo del mundo, la creación de un arte cosmopolita en el tiempo y en el
espacio. Aquellos jóvenes se creían unos griegos que afrontaban la cosmovisión
portuguesa. En el fondo, Pessoa piensa que está madurando con rapidez la sustitución de
Camões, un poeta italianizado, como lo llamará en las “Páginas Intimas”.
Pessoa se torna fundador e inspirador de numerosos movimientos que nunca se
convierten en escuelas, o que serán seguidos por otros y no por él. Serán el paulismo, el
sensacionismo y el interseccionismo. En el único número de otra revista, Renascença,
publica el poema “Pauis” que da origen al paulismo. Sá Carneiro, desde París, se deshace
en elogios. Algunos autores, entre ellos Simões, sostienen que Pessoa había definido en sus
artículos de Aguia la estética del paulismo y no la del saudosismo. Los tres elementos que
exige a la poesía, vaguedad, sutileza y complejidad, son los que corresponden, ciertamente,

20
Este año publica en periódicos “Crónicas de la muerte que pasa” y “El preconcepto del Orden”.

21
Las vicisitudes de Orpheu son altamente interesantes y tienen mucho que ver con la pericia
existencial de Mário de Sá Carneiro. La revista apareció dos veces y Pessoa intentó en varias
ocasiones publicar el número 3. Los índices de esos intentos frustrados son relevantes para el
estudio de la evolución literaria y de las ideas en Portugal.
22
Hay que distinguir el movimiento de Orpheu del de “Seara Nova”, disidencia de “Renascença
Portuguesa”. A este último iría a parar un famoso escritor, António Sérgio. Nada de común tampoco
con el “Integralismo” de António Sardinha e Hipólito Raposo.
al paulismo. El paulismo es la intelectualización del saudosismo, es decir, agrega el
elemento intelectual que los saudosistas no tenían, ya que eran todo emoción e instinto.23
En estos años, el modernismo aparece y asistimos a los ataques finales contra el siglo
XIX romántico y neo-clásico.24 Nacen los heterónimos pessoianos. El primero, Alberto
Caeiro. Seguirán Ricardo Reis y Alvaro de Campos. Se sucede una larga lista de
seudónimos y de heterónimos no terminados de nacer, como Bernardo Soares, Vicente
Guedes, António Mora, Abílio Quaresma, el Barón de Teive, Rafael Baldaya, C. Pacheco.
Pessoa los definirá en carta a Adolfo Casais Monteiro como su “tendencia orgánica a
despersonalizacjón y a la simulación”.25
Aún habrá tiempo para otras revistas, como Contemporánea, en 1922, un intento para
relanzar a Opheu. En 1924 aparece Athena, olvidada tanto del modernismo estrepitoso e
inclinada hacia un clasicismo sereno.

23
SimõeS, ibíd, p. 213. “Fernando Pessoa, que gracias a su formación cultural inglesa, mostraba un
claro parti-pris contra la cultura francesa, especialmente la cultura poética y el simbolismo en
particular, no quiso percatarse de la contradicción que resultaba de su culto por una estética literaria
que tenía por base el conocimiento místico, cuando él, natural e instintivamente, era lo contrario de
una mentalídad intuitiva y mística. En verdad, la construcción crítica que lo lleva al
“trascendentalismo panteista” y a la apología de la poesía saudosista, es la prueba evidente de eso
mismo. Aunque intelectualmente reconociese un más allá a todas las cosas y, por consiguiente, un
algo sobrenatural subyacente al mundo y a la vida, emocionalmente era una naturaleza cerrada, fría,
sin aberturas en la razón que le permitiesen sentir el misterio independientemente del pensar. Así,
cuando descubrió que la orientación de la poesía de su época lo llevaba a un espiritualismo de
esencia religiosa y casi mística, Fernando Pessoa profundamente marcado por la educación
humanística que recibiera en Durban, procuró construir una teoría literaria que relacionase la nueva
era con el Renacimiento, hijo de la cultura greco-latina. Sus artículos de Aguia, son, en verdad, una
tentativa para descubrir una posible conciliación entre Apolo y Dionisio, entre el Clasicismo y el
Romanticismo. Así, cuando afirma que la poesía del Renacimiento es poesía del Alma y la del
Romanticismo poesía de la Naturaleza, de índole dramática una, de índole lírica la otra, es para
concluír que la “nueva poesía” —acuerdo del Alma con la Naturaleza— —trascendentalismo
panteísta— no sabe distinguir entre el Alma y el Mundo, pues el Mundo es Alma y el Alma es
Mundo, si la poesía del Alma implica análisis y la Naturaleza presupone síntesis, la “nueva poesía”
es, al mismo tiempo, analítica y sintética, ocupándose del Alma no olvida la Naturaleza, cosa que el
simbolismo, por ejemplo, no hacía, “absolutamente subjetivo” como era, o sea enteramente “poesía
del Alma”, poesía “degenerativa”, por consiguiente”.

24
Tambien en 1915, Teixeira de Pascoaes publica “A Arte de serportugués”, donde apunta la crisis,
la decadencia, la desnacionalización del país y propone “enseñar la verdad portuguesa… como
reconstructora de la Patria, dentro del carácter de su alma tradicional evolucionada hasta el grado de
perfección alcanzado por el espíritu humano en el presente siglo... y, por tanto, instruir, educar y
crear portugueses”.

25
En Textos de Crítica e Intervenção”, pp. 199-208.
Transcurre la vida de Pessoa. De 1915 a 1921 o publica los poemas en inglés
(Antinouos, Inscriptions e English Poems). Son interesantes porque el aspirante a Super
Camões mide fuerzas con Shakespeare (Alvaro de Campos había hecho de las suyas, ya
que en 1917 había publicado el famoso “Ultimatum”). En 1922 publica “El banquero
anarquista” en medio de la onda anarquista y sindical que recorría al país y que condujo,
entre otras cosas, a la fundación del Partido Comunista Portugués (1921) En 1926, año en
que la espada desenvainada de Gomes da Costa abre camino al Estado Novo, se dedica con
su cuñado a la Revista de Comercio y Contabilidad. En 1928 aparece uno de sus más
importantes escritos políticos, O Interregno, Defensa e Justificação da Ditadura Militar em
Portugal.
Frente a cada acontecimiento político, Pessoa comenzaba un libro y cuando creía
tenerlo listo para la publicación aparecían nuevos elementos que le hacían modificar lo
escrito. De esta forma, nunca publicaba. Por supuesto que tenía algunas preocupaciones
fundamentales que, cíclicamente, se transformaban en proyectos. Cuando asiste a la
transición de la Monarquía a la República piensa en escribir unas “Consideraciones Post-
Revolucionarias”, luego el título pasa a ser “De la Dictadura a la República” y luego
“Iconoclasta”. En el segundo nombre posible, subtituló Estudio Sociológico de los últimos
años de la monarquía en Portugal”. Finalmente pensó en “República y Monarquía”.
Entonces dejó el proyecto. Otros libros con los que soñó y de los cuales publicó algunos
fragmentos en los diarios son: “La República Portuguesa. Su implantación y orientación
necesarias, sociológicamente consideradas”. Y “Teoría de la República aristocrática”. Pensó
en un libro que reuniera, bajo el título de “Estudios Contemporáneos” (luego cedido a los
heterónimos), material diverso, incluido el correspondiente a la transición monarquía-
república. Otros libros proyectados fueron “Introducción al Problema Nacional”, “Teoría
del Sufragio Político”, “El nacionalismo liberal”. Los temas que le ocupaban la mente eran
variados, como las relaciones entre la República y la religión, la moral y la nacionalidad, la
lógica de la revolución, factores de la decadencia, bases para una Constitución, el problema
republicano en sí, la monarquía como teoría de gobierno, el imperialismo y el
nacionalismo, los partidos políticos, el conservatismo, el sidonismo (expresión originada en
el Presidente Sidonio Pais). Como se comprueba, Pessoa era un atento observador de la
evolución histórica de su patria al tiempo que seguía la evolución de las ideas políticas y se
interesaba por todos los temas relacionados con los asuntos de esta índole. Los heterónimos
también surgen en el Pessoa ensayista político, y así, tres nombres L. Guerreiro, Jean Seul y
Gervasio Guedes aparecen como los autores de los “Estudios Contemporáneos”.
En fin, la idea central de Pessoa es que toda época creadora de la literatura es
seguida por una época creadora en lo civilizador. Para ello va a confrontar el período
isabelino a la literatura inglesa, y la literatura francesa a la “prematuramente” desatada
Revolución. Para él, la literatura que ya se muestra en 1912, fecha de Aguia y de los
gérmenes de Renascença, anuncia una época trascendente a Portugal. Fugazmente mira la
realidad de su país y comprueba que aún nada es grandioso. El Shakespeare portugués no
existe y la política está corroída por la mezquindad y la pobreza. Su análisis se torna así
capcioso. La gran figura literaria no existe y la gran “civilización lusitana” aún está por ser
generada. De manera que recurre a “la fe y la intuición”, él, que no deja de recalcar el
“carácter científico sociológico” de sus lucubraciones, él, Super Camões en germen, aún no
convencido de tener el talento suficiente para serlo. La literatura portuguesa que había de
engendrarlo, al tiempo que una civilización digna de gloria, no existía. Pessoa vacila y duda
de sus propias conclusiones. La estructura tiene columnas extremadamentete débiles y sólo
“la fe y la intuición” la mantienen erguida. Este análisis arbitrario es Fernando Pessoa,
donde la política pasa a ser una derivación poética, los sistemas de gobierno la conclusión
de una regeneración espiritual y civilizadora, el espejo de la realidad un erguirse en la
lengua y en la literatura como principio y como todo.
ROUSSEAU, NIETZSCHE y ANTERO DE QUENTAL
En “Páginas Intimas”26 Pessoa considera a Rousseau un misantrópico amante de la
humanidad y, por tanto, afín. Proclama idénticos ambos caracteres, presididos de un
caluroso, intenso e inexpresable amor a la humanidad con una dosis de egoísmo que lo
contrapesa. En Rousseau sigue, aparte las afinidades psicológicas, el pensamiento del
francés sobre la revolución y sobre la formación de facciones democráticas en diferentes
países de Europa: sí Rousseau lo incomoda, el prestigio que tiene ante sus ojos lo justifica,
se siente parecido a él, lo sigue con pasión saltándose las divergencias.
Con Nietzsche la relación es evidente. El Super Camões se nutre del super-hombre
nietzschiano. La estética de Alvaro de Campos está sustentada en el concepto de fuerza y es
tributaria de los emplazamientos de Zaratustra.
Desde las referencias iniciales a Renascença Portuguesa, Pessoa cita, al lado del
mentor de aquel movimiento, Teixeira de Pascoaes, a Antero de Quental. Este poeta
portugués está presente en la base de la línea arquitectural de Pessoa, debido a que lo mira
como un precursor de la poesía nacional y del “panteísmo trascendentalista” que estima
caracteriza a ésta. Refiere el inmenso vacío que existe entre la poesía medieval portuguesa
y la modernidad, espacio sólo sacudido por la llamada Escuela de Coimbra y Antero de
Quental. Para Pessoa, con justicia, Antero es precursor de la entrada en la modernidad
poética portuguesa. Claro está que las ubicaciones políticas de Antero27 no le interesan y las
hace a un lado, como si no hubiesen existido. Lo que le interesa es la dimensión poética del
sonetista insigne y lo que representa, un germen que pretende en la poesía nuevos caminos
para la sociedad portuguesa.

26
Ibíd.
27
El poeta Antero de Quental nació en la Isla de San Miguel. Azores, en 1842. Forma parte de una
generación, descrita por él mismo, como la primera que rompe con los moldes provincianos y se
interna en los caminos de la modernidad José Tomás de Sousa, en “O socialismo e Antero de
Quental” (Livraría Clásica Editora, Lisboa, 1942), citando a Magalhães de Lima, y sobre el
autoproclamado socialismo de Antero, dice que el socialismo contemporáneo hizo su nítida entrada
a Portugal después de la Comuna de Paris (1871), pero ya anteriormente, tal vez desde 1830, las
doctrinas de los socialistas franceses habían hecho su aparición en algunos centros intelectuales y de
trabajadores originando, por las contradicciones que existían entre las diversas escuelas, una
confusión de ideas que se agravó más cuando, a partir de 1848, se comenzaron a divulgar las teorías
económicas de Proudhon. Esta primera fase del socialismo en Portugal, que antecedió a las
repercusiones de la Comuna, fue una fase de desorientación en que se confundieron los ideales
filantrópicos con los del socialismo utópico e idealista (p. 50).
2

PESSOA, PRODUCTOR DE ESTETICAS


2.1. - EL SAUDOSISMO
Cuando el 5 de octubre de 1910 cae la Monarquía y se implanta la República, los
jóvenes piensan que están dados los presupuestos para eI inicio de la gran renovación
portuguesa. La iparición de Aguia, y su posterior conversión en órgano de “Renascença”
responde a este imperativo. Teixeira de Pascoaes está plenamente consciente de la
decadencia del país. Se encuentra con la “saudade”, tradicional de la poesía nacional, y la
utiliza como idea conductora para la que cree imprescindible renovación espiritual. Se dice
que el pueblo portugués ha sido siempre triste, impregnado de “saudade”, por lo que
Pascoaes apela a algo que estima consustancial con su pueblo. El saudosismo es
simplemente la elevación de “la saudade a categoría de privilegio étnico del pueblo
portugués, a centro de gravitación espiritual de cuño exclusivamente lusitano,
vislumbrando, finalmente, en sus visiones poéticas, la humanidad entera a camino de esa
saudade y viendo en ella la culminación de la evolución humana”.28
Pascoaes no era un buen poeta, pero sus tesis de regeneración y su prestigio
personal, amén de estar rodeado de gente significativa, atrajeron, como quedó dicho, a
Pessoa, y lo deciden a escribir sus famosos artículos sobre “La nueva poesía portuguesa”.
La vinculación al “saudosismo” se le nota forzada. Los análisis comparativos con los
períodos de esplendor de la literatura inglesa y francesa, no parecen justificables. Si bien
queda claro en los artículos que al autor le interesa el futuro de la literatura portuguesa y
muy poco un presente que en su interior sabe mediocre, apela al “carácter nacional” de lo
que se está haciendo para forzar la conclusión, siempre en comparacján con Francia e
Inglaterra, de que en Portugal se aproxima un período grandioso. Pessoa trata de
convencerse a sí mismo, más que a los demás, de las conclusiones elocuentes a las que
arriba. Su razonamiento es así: si bien Portugal vive en un período de mediocridad, en una
sociedad sin aliento que da pocas nuestras de florecimiento, no hay que olvidar que la
literatura actúa sobre la sociedad y la existencia de un círculo talentoso de escritores (al
parecer la existencia misma era lo que justificaba aquel grupo a los ojos de Pessoa) es de
por sí una garantía para la renovación. No existían las grandes figuras, pero nuestro poeta
pensaba que aparecerían, o tal vez, que él mismo se desarrollaría hasta los ambiciosos
límites autoimpuestos. La aparición del Super Camões sería sólo cosa de tiempo. La
evolución Política rechaza tesis de Pessoa; por ningún lado aparece renovación ni
esperanza. Pessoa considera que la evolución de la realidad le da aún mayor fuerza a sus
argumentos, y explica: de esta manera se confirma que la evolución literaria precede a la
evolución social, y así como los autores de la época isabelina preparan el gobierno popular
de Cromwell y los románticos franceses la victoria cobierno republicano, asimismo los
poetas y escritores portugueses darán la bienvenida a la renovación política que tendría su
origen en ellos.
El Super Camões29 hace el aprendizaje. Su idea básica consiste en medir la grandeza
de un período literario por la grandeza de su máximo representante. El más alto
representante tiene que ser un poeta pues la poesía es la más alta manifestación del espíritu.
Es lógico que se dedique, bajo esta tesis, a buscar los poetas que representaron la cumbre de
sus respectivas épocas. Toma de la mano a Homero y a Shakespeare, genios culminantes de
la literatura y de las épocas en que surgieron. Sólo puede señalarse una evolución espiritual

28
GEORG RUDOLF LIND. “Estudios sobre Fernando Pessoa”. Estudios portugueses. Imprensa
Nacional, Casa da Moeda. Lisboa, 1981. p. 16.
29
Simões considera la idea del Super Camões como producto juvenil, pero lo cierto es que no hay
escrito, inclusive de la madurez, donde no reaparezca. (Ibíd). Para Lind, Pessoa toma de Carlyle, la
reducción de la literatura a sus genios y, por tanto, es la influencia determinante que lo llevará a
establecer las conclusiones que analizamos. (Ibid. p. 30).
de la humanidad cuando surge un poeta más grande que el más grande anterior.30 Para
Pessoa no ha aparecido alguien más grande que Shakespeare y, aunque no puede decirse
que la humanidad no haya progresado desde entonces, lo cierto es que no ha alcanzado un
punto culminante.
Pessoa mira constantemente hacia Shakespeare con una reiterada necesidad de
medir fuerzas. Se pregunta si va por el camino de superarlo y constituirse él, el Super
Camões, en el punto culminante de la evolución espiritual del hombre.31 El movimiento de
renovación que sacude a Portugal es el preanuncio, los saudosistas lo encarnan. El
encadenamiento de ilaciones es rápido: si el alma portuguesa representada por sus poetas
encarna el alma recién nacida de una futura civilización europea, esa futura civilización
europea será lusitana y, por consiguiente, encarnará en un genio, en un gran poeta.

2.2. - EL PAULISMO Y EL INTERSECCIONISMO


Un poema fechado el 29 de marzo de 1913 y que comienza con la palabra “pauis”
da nombre a este otro movimiento que lanza Pessoa. 32 El poema era vago, sutil y complejo,
como lo exigían las categorías estéticas del “paulismo”. Le faltaba, no obstante, nitidez y
plasticidad, elementos también exigidos. El “paulismo” centra la reacción pessoiana contra
el simbolismo; se procura por todos los medios la objetividad contra el subjetivismo
simbolista. La preocupación fundamental de nuestro poeta era la de apartar la poesía de los
predios del Alma, de los dominios del análisis, para él subjetivos y degenerativos. Pessoa
reaccionaba contra el destino trazado desde Baudelaire y que culminaba en Mallarmé, y al
cual su propia poesía no escapaba. La poesía moderna era subjetiva, tenía al hombre como
centro. Ya sabemos que Pessoa sentía horror por todo lo subjetivo. El “paulismo” surge
como una fusión de la Naturaleza y del Alma, olvidando lo que en este sentido habían
hecho los simbolistas. En su afán de contradecir al simbolismo, por ser “absolutamente
subjetivo” y por el desequilibrio que dejaba entre el Alma y la Naturaleza, Pessoa se
propone una poesía donde ese equilibrio es sólo aparente. “En efecto, no le era posible
quedar entre la Naturaleza y el Alma sin manifestar una como artificial conciliación entre lo
que el Alma siente y la Natualeza le sugiere. Poesía sin espontaneidad, pues Iernando
Pessoa, si se permitiese ser espontáneo, se apartaría del punto de equilibrio favoreciendo,
30
Para Pessoa, Virgilio era inferior a Homero, y, por tanto, la evolución de Grecia para Roma no
significa un progreso, sino una decadencia de la cultura griega. Sólo en el Renacimiento surge
Shakespeare, superior a Homero hasta cierto punto y, por tanto, hay que marcar allí un progreso en
la evolución humana.

31
Para Pessoa, el Renacimiento comienza con Dante (?), culmina con Shakespeare y termina con
Milton. La segunda gran época, el romanticismo, despunta con Goethe, prosigue con Shelley y
termina con Víctor Hugo. En el romanticismo nadie alcanza la estatua de Shakespeare, por lo que
pasa a ser una época inferior

32
La palabra portuguesa “paul” traduce pantano. Paulismo es poesía del pantano.
involuntariamente, el Alma en detrimento de la Naturaleza o, mejor dicho, favoreciendo,
inmediatamente, la idea en detrimento le la realidad, una vez que él era mucho más
intelectual que sensible, en el sentido de apreensión del mundo exterior”.33
El “paulismo” se yergue, artificioso y en contraste con toda la orientación de la
poesía moderna. Pessoa se ponía de espaldas a todo el encadenamiento lógico de la nueva
estética: Baudelaire-Rimbaud-Mallarmé-impresionismo-decadentismo-futurismo-cubismo.
. . El equilibrio entre subjetivismo y objetivismo no era lo básico. “La Naturaleza no era el
Alma y el Alma la Naturaleza, contradicción perpetua, perpetua ambigüedad, pero la
Naturaleza estaba en el Alma, el Universo en el Yo-una ‘correspondencia’ cósmica
integraba al hombre en el mundo, armonizándolos”.34
Pessoa lee a Poe; por su parte las cartas que Sá Carneiro manda desde París vienen
cargadas con observaciones sobre Mallarmé y las pretensiones de Picasso con el cubismo.
Una aproximación no consciente con Baudelaire y Mallarmé comienza a observarse. Toda
la construcción metafísica del trascendentalismo panteísta, del saudosismo y el paulismo,
estaba en los odiados simbolistas. La clave está en el odio pessoiano a la confidencia y en el
deseo de hacer una poesía impersonal. No debemos olvidar que esta generación portuguesa
se enorgullecería de colocar su poesía por encima del “trivial” erotismo. En Pessoa, el
paulismo antecede a la aparición de los heterónimos.35
Pessoa deja el paulismo y comienza su marcha hacia el lirismo clásico —de por
medio el “interseccionismo”— variante del paulismo, alcanzando en aquél el equilibrio
ansiado, pero no un equilibrio sintético, sino el de la auténtica poesía moderna.
Lind36 observa la inconstancia de Pessoa, el abandono continuo de la directriz
establecida, y explica así por qué no logró formar escuela. Nuestro poeta se cansa
rápidamente de sí y de lo que teoriza y ni siquiera sus amigos tienen tiempo de asimilar lo
planteado. Ello explica también el abandono de Orpheu, que se extingue, al igual que el
paulismo y el interseccionismo sin haber publicado, como era su misión expresa, las teorías
y programas de los nuevos movimientos.
Entre 1915 y 1916 aparecen, para ser defendidos por los heterónimos, el
“neoclasicismo” y el “sensacionismo”

33
Simões, Ibíd., p. 216.
34
Ibid., p. 217.
35
..los heterónimos, siendo como son, una mistificación, representan, al final, en la ética literaria de
Fernando Pessoa y en su metafísica, una de las más serias manifestaciones de sinceridad de que él
fue capaz en la vida. Por no saber armonizar la sinceridad que la poesía exige con la insinceridad
que vivir implica es que Fernando Pessoa echó mano, al final, del expediente insincero de los
heterónimos”. Simões, Ibíd., p. 281.

36
LIND, Ibid., pp. 76-77.
2 3. - EL NEOCLASICISMO Y EL SENSACIONISMO
El “neoclasicismo” se manifiesta como una reacción contra el romanticismo, pero también
contra la manera como aquél era entendido por Maurras, quien pretendía limitar a una
época los principios clásicos.37 Nuestro poeta pretendía un “neoclasicismo científico”. Se lo
atribuye a Ricardo Reis.
El análisis de la situación espiritual de Europa de comienzos de siglo, caracterizada
por el latir de los ideales del pasado y el surgir de la vida moderna, preñada de ideas y
sensaciones novedosas, lo lleva a decir38 que ‘el arte moderno debe por tanto: 1) o cultivar
serenamente el sentimiento decadente, escrupulizando en todas las cosas que son
características de la decadencia —la imitación de los clásicos, la limpidez del lenguaje, el
cuidado excesivo de la forma— características de la impotencia de crear; 2) o bien vibrar
con toda la belleza de lo contemporáneo, con toda la ola de máquinas, comercio,
industrias...” Ambos van a ser asumidos, y así Reis se hace clasiscista y Alvaro de Campos
celebrará la era de la máquina y del comercio con las odas “sensacionistas” (Ode Triunfal y
Ode Marítima). Las contradicciones entre ambos enunciados, la reacción antirromántica y
el postulado de un arte conscientemente decadente, aparecen nítidamente reflejadas, pues,
en la obra de los heterónimos.
A los románticos les censura haber exaltado el sentimiento en detrimento de la
razón. Para Pessoa la conclusión inevitable es la producción de un arte malo, ya que los
románticos han tomado como punto de partida el sentimiento cuando la época lo que pide
ardorosamente es inteligencia. Atribuye las características del ronanticismo a un estadio
final de la tradición cristiana que produjo un arte emocional y subjetivo. Añade: “Cuanto
mayor es la subjetividad del Arte, mayor tiene que ser su objetividad, para que haya
equilibrio”.39 La crítica de Pessoa al romanticismo continúa con la falta de disciplina y de
poder de construcción que les atribuye, volviendo de inmediato a su tesis sobre la
encarnación en un poeta supremo de una época literariamente grandiosa; recuerda que los
románticos no tienen un Dante o un Milton.
Al recordar que Grecia logró establecer el equilibrio entre el sentimiento y la razón,
se p’antea cómo conciliar el ideal griego con la sociedad moderna en gestación o
nacimiento. La disciplina fue la base de los griegos, pero para el hombre moderno resulta
imposible orientar sus emociones por aquel modelo, lo que, al mismo tiempo, no significa
que los principios básicos del arte hecho por aquéllos no estén vigentes para el creador de
estos tiempos. Plantea la necesidad de conferir a la emoción un carácter universal y apela a
Shakespeare a la hora de explicar la objetivización que cree necesaria. De esta manera, el
37
Maurras lo limitaba al siglo XVII francés.

38
En “Páginas Intimas e de Autointerpretação”.

39
LIND, Ibíd, llama la atención sobre el parecido entre este planteamjento y el de T.S.
Elliot invocando una “objective pattern” para la expresión poética.
artista sólo debe decir aquello que todos pueden percibir y apreciar, contrariamente al
romántico que parte de sus sentimientos personales. Para Pessoa, la obra de arte debe ser
claramente inteligible, no puede tener una multiplicidad de sentidos, tantas como lectores
tuviese, como sostenía Valéry, por ejemplo.
“Apenas dos procesos para dar al poema su significado son considerados por Pessoa
como admisibles: uno, alusivo, ocasionalmente también designado sugestivo, y, otro,
inequívocamente explícito. Pessoa esclarece su concepción al observar que el poder de
sugestión del artista no es idéntico a su inteligibilidad y que se puede escribir
sugestivamente sin ser necesariamente claro. Con esto, Pessoa marca simultáneamente los
límites que, según él, se debe imponer a la obscuridad, tantas veces censurada a la lírica
moderna. Le parece admisible la obscuridad intencional del artista inteligente, pero al
mismo tiempo, inadmisible la obscuridad diluida del incapaz”.40 Pessoa deja establecido
que no se opone a las innovaciones, él mismo las protagonizará, pero le exige la condición
de la claridad y de que tengan un solo sentido, dentro de la libertad que tiene el poeta de
procurar nuevas combinaciones de palabras.
El clasicismo toma gran auge después de la guerra y ello se hace patente en el
tributo que le pagan numerosos artistas, sólo que Pessoa se caracteriza como el luchador
más insigne por redefinir el arte griego y dotarlo de nuevos poderes efectivos.

2.4.- Los HETERÓNIMOS TOMAN POSICIONES


Está claro que los heterónimos encuentran origen en la necesidad de Pessoa de
formalizar opiniones literarias que creyó convenientes o propiadas para determinados
momentos de la evolución europea. Tratándose de tesis, en muchos casos contrapuestas,
precisaba de diferentes poetas que la sustentasen. Si bien es famosa la anécdota sobre los
poemas que Alberto Caeiro escribe en una noche preso de súbita inspiración, tiene por
cierto que tales hechos y tales poetas respondían a concepciones previamente maduradas en
la mente de Pessoa, en caminos poéticos diversos previamente determinados y luego
atribuidos a los diversos heterónimos. La gran cantidad de consideraciones teóricas que
precede al nacimiento de aquéllos avala esta tesis. Pessoa se empeña, por el contrario, en
hacerlos aparecer como instintivos e inconscientes.
Alberto Caeiro se asume como renovador del paganismo. Ya sabemos de la
admiración de Pessoa por los griegos. Nuestro poeta proclama tres principios esenciales al
mismo: la pluralidad de dioses como esencia de la mitología, la adopción de la creación
como ideal humano y la consideración del universo como fenómeno esencialmente
objetivo. Caeiro y Reis mostrarán en sus poemas tales principios. Ya sabemos la pasión
objetivadora de Pessoa y, claro está, ella encontrará una fuente apropiada en el paganismo
grecorromano. Se vuelve contra el cristianismo en ácidas críticas por estimar consustancial
a éste el subjetivismo que él combate. Sus esfuerzos se dirigen a presentar aceptablemente
la identidad entre paganismo y objetivismo. Reis y Caeiro personifican la asunción de
40
LIND, ibíd, p. 96.
ciertas reglas del arte griego que beneficiarán fundamentalmente al arte moderno. Alvaro de
Campos, el dionisíaco, permanece al margen del neoclasicismo pessoiano.
La disciplina de ‘os griegos es la base del paganismo y del estoicismo. Aceptar la
limitación de la obra de arte es consecuencia directa del objetivismo griego. Este decae por
influencia del cristianismo que reniega de la herencia crítica de Grecia. Al considerar el
cristianismo como causa de decadencias múltiples, en especial de la le Grecia, Pessoa enfila
sus baterías a mostrar como fue causante del advenimiento del subjetivismo que lanzó a los
artistas al interiorismo.41 El conflicto es, pues, permanente, en el plano cultural, entre
Grecia y el cristianismo. Pessoa estima que todo el progreso de la cultura euroea se debe a
las victorias del espíritu helénico, siendo la principal el Renacimiento, que patentiza de
nuevo el principio individualista de los griegos. Lo que se debe hacer en los tiempos
modernos, sostiene nuestro poeta, es volver al “objetivismo absoluto” de los griegos.
Ricardo Reis aparece como discípulo de Caeiro. Con el “maestro” tiene en común el
reconocimiento a la primacía de la realidad exterior y el objetivismo absoluto. Conforme al
ideal estético clásico, Reis subordina el sentimiento a la razón. Mantiene una furibunda
polémica con Alvaro de Campos, el heterónimo que asume el sensacionismo. Campos dice
que Reis es un arcaizante que limita la poesía a lo sublime; arguye que el poeta debe vivir
las ideas emocionalmente y permitir que el ritmo se desenvuelva con libertad; Reis
responde que Campos confunde poesía con prosa musical. Reis repudia toda confusión
entre ideas y emociones, dado que entiende la poesía como música que se hace con ideas y,
por tanto, con palabras. Si las emociones conducen al canto, lo que conduce a la poesía son
las ideas. De esta manera, Reis ve a Campos como un romántico a quien las emociones
desbordan e inundan.
Reis es el poeta en quien la identificación entre poema y teoría, clasicista claro, es
perfecta. El afán de adecuar el poema a los enunciados teóricos priva a su poesía de
espontaneidad. En Reis, la poesía pasa a ser una forma de demostrar los principios.

Alvaro de Campos, por su parte, responde a la necesidad de Pessoa de oponer a


“Renascença Portuguesa” una visión propia del mundo. Afirma: “Los saudosistas
representan la creación definida de un weltanschauung portuguesa; el movimiento estará
completo cuando esa weltanschauung, una vez obtenida y definida, entre en actividad
europea mediante el contacto con otras culturas. Es esto lo que el sensacionismo se propone
hacer, y mucho hicieron ya sus artistas”.42 Es patente el carácter supranacional que Pessoa
tribuye al sensacionismo por oposición al carácter meramente nacional del saudosismo.
Alvaro de Campos asume la versión portuguesa del futurismo. Se trata de vibrar con lo
moderno, con máquinas, comercio, industrias.

41
Pessoa no condena, sin embargo, la moral cristiana, a la que atribuye el valor de tercer pilar de la
cultura europea.

42
Pessoa, “Páginas Intimas e de Autointerpretação” p. 121.
El sensacionismo presenta en coincidencia con el simbolismo la tendencia a la
apatía y la renuncia así como la forma de enfrentar las sensaciones; rechaza lo que
considera “actitud seudo- religiosa” de los simbolistas y la incapacidad de estos para el
esfuerzo prolongado, la cual se traduce en la inexistencia de poemas largos y de
construcción segura. La influencia futurista es admitida a través de las artes plásticas.
Como su nombre muy bien lo indica, el sensacionismo proclama la sensación como
base del fenómeno artístico43. Entre las sensaciones de este poeta y el “objetivismo
absoluto” de Caeiro hay relaciones y algunos de los principios sensacionistas se asemejan a
los planteamientos neoclásicos de Reis, en especial cuando afirma que el arte griego no
interponía ninguna reflexión entre la “sensación inmediata” y el objeto.
“La base de todo arte es la sensación. Para pasar de mera emoción sin sentido a
emoción artística, o susceptible de tornarse artística, esa sensación tiene que ser
intelectualizada. Una sensación intelectualizada sigue dos procesos sucesivos: es, primero,
la conciencia de esa sensación, y el hecho de haber conciencia de una sensación la
transforma ya en una sensación de orden diferente; y, después, una conciencia de esa
conciencia, esto es: después de ser una sensación concebida como tal —lo que da la
emoción artística— esa emoción pasa a concebirse como intelectualizada, lo que da el
poder para expresarla”.44 Pessoa se diluye en recobecos a los que es tan propenso.
Se proponía, realmente, una síntesis de todas las teorías literarias anteriores. Lo dijo
al precisar la nueva “escuela” como un intento de “sentir todo de todas las maneras, de
sintetizar todo, de esforzarse por expresarse de tal modo que dentro de una antología
sensacionista esté todo cuanto de esencial produjeron Egipto, Grecia, Roma, el
Renacimiento y nuestra época”.45 Afirma luego que el sensacionismo “no se asienta sobre
ninguna base”, lo que carece absolutamene de sentido tratándose de aquello que se pretende
una nueva corriente literaria. En realidad, en la base misma del sensacionismo estaba el
rechazo a los delineamientos, fuesen del orden que fuesen. La función del arte es tomar las
sensaciones y darles forma expresiva que, luego, al contacto con el lector se vuelvan a
transformar en sensaciones.
El sensacionismo pretendía una renovación exclusivamente en los predios artísticos
y esto constituye la diferencia esencial con el futurismo. Marinetti quiere destruir el pasado,
preconiza la acción política, mientras Pessoa ve el pasado y el futuro como inseparables;
baste recordar su constante apelar a las fuentes clásicas. Marinetti pretende eliminar de la
poesía ideas y principios lógicos y hacerla renunciar a cualquier cordinación de sensaciones
inconexas; Pessoa criticaba la falta de cuidado en la construcción del poema. Ambos ven
las posibilidades científicas que asoma la modernidad como punto de partida para el arte

43
LIND piensa (ibíd), que la palabra sensacionismo está marcada por el sensualismo o sensismo de
Locke.
44
PESSOA, revista “Poética”, vol. 1, Cad. 2, Munich, 1967. Citado por LIND, ibid, p. 172.

45
PESSOA, “Páginas Intimas e de Autointerpretação”, p. 124.
nuevo. De manera que el “modernismo futurista” portugués debe a Marinetti sólo la
formalidad y modernidad literarias.
Dos elementos del futurismo atraen a Pessoa: el anarquismo que lanza hacia la
búsqueda de nuevos aspectos de la sensibilidad y la apología de la fuerza y la autoridad.
Alvaro de Campos escribirá “Ultimatum”, elocuente pieza futurista. En la poesía, el
futurismo estará en “Ode Marítima” y “Ode Triunfal”.

2.5. - TODOS LOS CAMINOS VAN AL MISMO SITIO


El “saudosismo” llama la atención de Pessoa porque para él representa la
renovación del país a partir de la literatura, el primer síntoma de una eclosión literaria que
llevaría a una eclosión civilizadora y, por consiguiente, al tiempo, al cambio de la triste
realidad política. Pero, por encima de todo, “Renascença” pretendía “aportuguesar” la
vivencia poética. Pessoa quería tomar el saudosismo para hacer de la Saudade una saudade
del futuro.
El modernismo, de la mano de Pessoa, supera la necesidad de una nueva visión y
sensibilidad para constituirse en instrumento de rescate del subconsciente portugués y
transformarse en el motor de un pequeño pueblo que asume una tarea planetaria.
Todos los caminos de los “ismos” pessoianos conducen al mismo sitio. Tómese el
hilo desde el saudosismo, pásese por el modernismo futurista, lléguese al Quinto Imperio y
al Rey D. Sebastián, recórrase toda la construcción estética y política de Pessoa y el
sentimiento original de que nunca se ha movido del mismo sitio se hará patente e
inteligible: se trata de un todo presidido por la identidad entre poesía y Portugal o, lo que es
lo mismo, por el reconocimiento y proclamación de la realidad portuguesa como de esencia
poética. Lo tangible, la mediocridad política, la falta de grandeza, la superficialidad de los
políticos y la ausencia de grandes escritores, lo confirmaban en sus previsiones, aunque
tuviese que apelar a la fe y escribiese para convencerse a sí mismo más que a los demás.
A fin de cuentas, las transformaciones políticas se encontrarían en la poesía. La
renovación literaria produciría una regeneración civilizadora que ocasionaría nuevas
estructuras políticas; la poesía era la forma más grandiosa de la literatura y la grandeza
encarnaría, por tanto, en un poeta, y el hilo de Pessoa se topa con un rey que murió en
Marruecos y el Super Camões encuentra carne y huesos. Al final, la lengua, la palabra, la
maravillosa palabra rige al poeta, lo preside todo, es la causa y final del viaje de la vida.
3
“ULTIMATUM”

3.1.- LA PARTE “DESTRUCTIVA” DEL MANIFIESTO


Fernando Alvaro Pessoa Campos, como una vez lo llamara su amigo Sá Carneiro,
escribe en 1917 “Ultimatum”. Es la respuesta en buena parte, a otro famoso ultimátum
ocurrido en 1890, en aquella ocasión de los ingleses a Portugal, para que abandonasen los
territorios africanos que ocupaban entre Angola y Mozambique. La cesión Portuguesa es
calificada de “traición a la patria” y solo explicable debido al alto grado de corrupción del
régimen. El hecho histórico llena de viento las velas de la República; ya en el año siguiente,
en 1891, estallará en Porto la primera rebelión antimonárquica. El ultimátum inglés está en
la base del nacionalismo exacerbado de “Renascença Portuguesa” y del propio Pessoa.
La sacudida del escrito de Alvaro Campos se inicia contra los escritores e
intelectuales de la época, continúa contra los países a los cuales enrostra actuaciones y
errores y llega a Portugal donde acumula las quejas. Alvaro de Campos resiente la
inexistencia de alguna idea grande, de una nación completa, la ausencia de hombres con
grandeza, de una corriente literaria “que sea siquiera la sombra del romanticismo a
mediodía” o de un impulso militar con algún olor vago a las hazañas del pasado o de una
corriente política que se parezca a una idea-grano. Para el desaforado Campos se vive en la
época vil de lo secundario, de los lacayos, y Europa es Liliput. Proclama el desprecio por
los europeos y a los autores de corrientes sociales, literarias y artísticas los llama
“impotentes” para crear. El ataque es así general y total contra los escritores, estadistas y
naciones.46
“Ultimatum” es el subjetivismo sin límites; por ello lo atribuye a Alvaro de Campos,
ya que Pcssoa parece plenamente consciente de la excentricidad del documento. El
heterónimo se autoproclama como el juez Supremo de Europa y de su tiempo. La
“venganza” contra la acción inglesa de 1890 explica que exceda lo meramente iario e
intelectual y ataque toda la vida política en un afán de hacer tabla rasa y dejar despejado el
camino para sus propias teorías e ideas.

46
La cita de los textos de “Ultimatum” se hace de “Ultimatum e Páginas de Sociología Política”, de
la edición de Atica, 1980. “Mandado de despejo aos Mandarins da Europa! Fora, Fora tu,
Anatole France, Epicuro de farmacopeia homeopática, ténia-Jaurés do Ancien Régime, salada de
Renan-Flaubert em louça do ceculo dezasete, falsificada!.
Fora tu, Maurice Barrès, feminista da Acção, Chateaubriand de paredes nuas, alcoviteiro de palco
da pátria de cartaz, bolor da Lorena, algibebe dos mortos dos outros, vestindo do seu comércio!
Fora tu, Bourget das almas, lamparineiro das partículas alheias, psicólogo de tampa de brasão, reles
snob plebeu, sublinhando a régua de lascas os mandamentos da lei de Igreja!
Fora tu, mercadoria Kipling, homem-prático do verso, imperialista das sucatas, épico para Majuba e
Colenso, Empire-Day do calão das fardas, trampsicamer da baixa imortalidade!
Fora!Fora!
Fora tu, George Bernard Shaw, vegetariano do paradoxo, charlatão da sinceridade, tumor frio do
ibsenismo, arranjista da itielectualidade, inesperada, kilkenny-Cat de ti próprio, Irish melody
calvinista com letra da “Orígem das Espécies”!

Fora tu, HG. Wells, ideativo de gesso, saca-rolhas de papelão para a garrafa da Complexidade!
Fora tu, G.K. Chesterton, cristianismo para uso de prestidigitadores, barril de cerveja ao pé do altar,
adiposidade da dialéctica cockney com o horror ao sabão influindo na limpeza dos raciocínios!

Fora tu, Yeats da céltica bruma á roda de poste sem indicações, de podres que veio á praia do
naufrágio do simbolismo inglês
Fora!Fora!
Fora tu, Rapagnetta-Annunzio, banalidade em caracteres gregos, “D. Juan em Pathmos” (solo de
trombone)!
E tu, Maeterlinck, fogão do Mistério apagado!
E tu, Loti, sopa salgada, fria!
Finalmente tu, Rostand-tand-tand-tand-tand-tand-tand-tand! Fora! Fora! Fora!
E se houver outros que faltem, procurem-nos aí pra um canto!
Tirem isso tudo da minha frente!
Fora com ísso tudo! Fora!
France, Flaubert, Barrés, Chateaubriand, Bouret, Kipling, Shaw, Wells, Chesterton,
Yeats, D’Annunzio, desfilan entre adjetivos desagradables y muchas veces injustos. No hay
excepciones ni consideraciones de ningún tipo, el ataque tiene que ser total y la acción
destructora sin excepciones. Europa ha perdido la savia creadora, los Jefes de Estado son
incompetentes, los países no tienen rumbo cierto, las ideas están desfasadas y muertas.
Francia, Italia, Austria, Alemaniá, Inglaterra, Rusia, Bélgica, España, Estados Unidos, son
puestos en la picota están en quiebra los pueblos y agotados los destinos. Portugal deja la
inepta Monarquía y se pudre en la República y Brasil no es un reservorio. El olor a
podredumbre es asfixiante, hay que poner a todo el mundo fuera, abrir las ventanas para
hacer respirable el aire. No se encuentra nada aceptable en las naciones, en las ideas
*
Ai! Que fazes tu na celebridade, Guilherme Segundo da Alemanha, canhoto maneta do braço
esquerdo, Bismark sem tampa a estorvar o lume?
Quem és tu, tu da juba socialista, David Lloyd George, bobo de barrete frígio feito de Union Jacks?
E tu, Venizelos, fatia de Péricles com manteiga, caída no chão de manteiga para baixo?
E tu, qualquer outro, todos os outros, açorda Briand-Dato. Boselli da incompeténcia ante os factos,
todos os estadistas pão-de-guerra que datam de muito antes da guerra! Todos! Todos! todos! Lixo!,
cisco, choldra provinciana, safardanagem intelectual!
E todos os chefes de estado, incompetentes ao léu, barris de lixo virados para baixo à porta da
Insuficiência da Epoca!
Tirem isso tudo da minha frente!
Arramjem feixes de palha e ponham-nos a fingir gente que seja outra!
Tudo daqui para fora! Tudo daqui para fora!
Ultimatum a eles todos, e a todos os outros que sejam como eles todos!
Se não querem sair, fiquem e lavem-se.

*
Falência geral de tudo por causa de todos!
Falência geral de todos por causa de tudo!
Falência dos povos e dos destinos - falência total!
Desfile das Nações para o meu Desprezo!
Tu, ambição italiana, cão de colo chamado César!
Tu “esforço francês”, galo depenado com a pele pintada de penas! (Não ihe dêem muita corda senão
parte-se!).
Tu organização britânica, com Kitchener no fundo do marmesmo desde o princípio da guerra!
(It´s a long, long way to Tipperary and a jolly night longer way to Berlin!)
Tu, cultura alemâ, Esparta podre com azeite de cristismo e vinagre de
nietzschiazação, colmeia de lata, transbordamento imperialóide de servilismo engatado!
Tu, Áustria-súbdita, mistura de sub-raças, batente de porta tipo K!
Tu, Von Bélgica, heróica à força, limpa a mão à parede que foste!
Tu, escravatura russa, Europa de malaios, libertação de mola desoprimida porque se partiu!
Tu, “imperialismo” espanhol, salero em política, com toureiros de sambenito nas almas ao voltar da
esquina e qualidades guerreiras enterradas em Marrocos!
Tu, Estados Unidos da América, síntese-bastardía da baixa-Europa, alho da açorda transatlãntica,
pronúncia nasal do modernismo inestético!
E tu, Portugal-centavos, resto da Monarquía a apodrecer República, extrema-unção-enxovalho da
Desgraça, colaboração artificial na guerra com vergonhas naturais em Africa!
E tu, Brasil, “república irmá”, blague de Pedro Alvares Cabral, que nem te queria descobrir!
Ponham-me um pano por cima de tudo isso!
Fechem-me isso à chave e deitem a chave fora!
políticas, en las corrientes literarias. Es evidente que todo debe ser reinventado, rehecho,
reconstruido. Es menester la proclamación altisonante de las nuevas ideas y el señalamiento
descarnado de los nuevos caminos. Alvaro de Campos dictará las vías y señalará las
necesidades urgentes.
Simões47 sólo considera valiosa la “parte destructiva”, debido a la constante
mistificación y al irrespeto que estima se produce a la realidad psicológica y a los límites
del arte y de la literatura por adecuarlo todo al aparato lógico de una deducción, cierta sí en
las premisas, las mismas de Marinetti, o sea, el desacuerdo entre el proreso técnico y la
sensibilidad humana.

Onde estão os antigos, as forças, os homens, os guias, os guardas?


Vão aos cemitérios, que hoje são só nomes nas lápides!
Agora a filosofía éoter morrido Fouillé!
Agora a arte é ter ficado Rodin!
Agora a literatura é Barrès significar!
Agora a crítica é haver bestas que não chamam besta ao Bourget!
Agora a política é a degeneração gordurosa da organização da incompetência!
Agora a religião é o catolicismo militante dos taberneiros da fé, o entusiasmo cozinha-francesa dos
Maurras de razão-descascada, é a espectaculite dos pragmatistas cristãos, dos intuicionistas
católicos, dos ritualistas nirvânicos, angariadores de anúncios para Deus!
Agora é a guerra, jogo do empurra do lado de cá e jogo de porta do lado de lá!
Sufoco de ter só isto à minha volta!
Deixem-me respirar!
Abram todas as janelas!
Abrarn mais janelas do que todas as janelas que há no mundo!
*
Nenhuma ideia grande, ou noção completa ou ambição imperial de imperador-nato!
Nenhuma ideia de uma estrutura, nenhum senso do Edificio, nenhuma ânsia do Orgânico-Criado!
Nem um pequeno Pitt, nem um Goethe de cartão, nem um Napoleão de Nümberg!
Nem uma corrente literária que seja sequer a sombra do romantismo ao meio-dia!
Nem um impulso militar que tenha sequer o vago cheiro de um Austerlitz!
Nem urna corrente política que soe a uma ideia-grio chocalhando-a, ó Caios Gracos de tamborilar
na vidraça!
Epoca vil dos secundários, dos aproximados, dos lacaios com aspirações de lacaios a reis-lacaios!
Lacaios que não sabeis ter a Aspiração burgueses do Desejo, transviados do balcão instintivo! Sim,
todos vós que representais a Europa, todos vós que sois Políticos em evidência em todo o mundo,
que sois literatos meneurs de correntes europeias, que sois qualquer cousa a qualquer cousa neste
maelström de chá morno!
Homens-altos de Liliput-Europa passai por baixo do meu Desprezo!

Passai vós, ambiciosos do luxo quotidiano, anseios de costureiras dos dois sexos, vós cujo tipo é o
plebeu Annunzio, aristocrata de tanga de ouro!
Passai vós, que sois autores de correntes sociais, de correntes literárias, de correntes artísticas, verso
da medalba da impotência de criar!
Passai, frouxos que tendes a necessidade de serdes os istas de qualquer ismo!
Passai, radicais do Pouco, incultos do Avanço, que tendes a ignorância por coluna da audácia, que
tendes a impotência do esteio das neo-teorías!
Passai, gigantes de formigueiro ébrios da vossa personalidade de filhos de burgués, com a mania da
grande-vida roubada na despensa paterna e a hereditariedade indesentranhada dos nervos!
Proclamen bem alto que ninguém combate pela Liberdade ou pelo Direito! Todos combatem por
En “Ultimatum” es patente la influencia nietzs-chiana y el Super Camões aparece en
toda su magnitud. El delirio aquí patente es fundamental para entender toda la estructura
que levanta Ilestro poeta y explicarse sus páginas políticas y sociológicas. La presencia de
Nietzsche es directa, pero también por vía de Marinetti. Como bien lo apunta Serrão,48 en
“Ultimatum” se cruzan Nietzsche, el futurismo y el nacionalismo místico.

3.2. - LA PARTE “CONSTRUCTIVA”


Una vez removidos todos los valores, describe a Europa como hambrienta de futuro,
necesitada de grandes poetas, ensayistas y generales. El político se necesita para que
construya conscientemente los destinos conscientes de su pueblo, el poeta para que busque
ardientemente la inmortalidad y no la fama (que eso es para las actrices y los productos
farmacéuticos); los ensayistas y los poetas deberán encarnar una sensibilidad nueva, una
inteligencia nueva, una voluntad nueva. Europa está cansada de no existir. Pronuncia la
famosa frase: “Yo, de la Raza de los Descubridores, desprecio lo que sea menos que
descubrir un Nuevo Mundo”. El se considerará “suficiente” para indicar el camino.
El Quinto Imperio aparece ya en este documento. En el camino de su construcción
hay que volver a las raíces paganas y combatir el catolicismo y el cristianismo primitivo. La
búsqueda de ese Paganismo Superior llevará a las fuentes helénicas y a su adecuamiento a
las exigencias portuguesas. Un heterónimo, António Mora, filósofo, escribirá al respecto
medo dos outros! Não temmais metros que estes milímetros a estatura das suas direcções!
Lixo guerreiro-palavroso! Esterco Joffre-Hinden-burguesco!
Sentina europeia de Os Mesmos em cisão balofa!
Quem acredita neles?
Quem acredita nos outros?
Façam a barba aos poilus!
Descasquetem o rebanho inteiro!
Mandem isso tudo pra casa descascar batatas simbólicas!
Lavern essa celha de mixórdia inconsciente!
Atrelem urna locomotiva a essa guerra!
Ponham uma coleira a isso e vão exibi-lo para a Austrália!

*
Homens, nações, intuitos, está tudo nulo!
Falência de tudo por causa de todos!
Falência de todos por causa de tudo!
De um modo completo, de um modo total, de um modo integral:

MERDA!

47
Ibíd, p. 454.

48
JOEL SERRÃO, en la nota introductoria a “Ultimatum e Páginas de Sociología Política”, p. 62.
numerosas páginas; el cambio total de valores se asocia con la idea de la meta imperial, que
veremos a su debido tiempo, para lo que se necesitaba la destrucción del cristianismo,
culpable de todos los equívocos, cegueras y errores de Europa y que se presentaba como
una espesa capa de barro que había que levantar. La verdadera cara era sólo visible para
alguien muy especial, para un Super Camões asumido, a la vez, como un Anti-Cristo.
El propio Pessoa lo dice con claridad: “El Cristianismo está en liquidación. Por
todos lados se deteriora y debilita. Lo que era misticismo e interioridad lo abandona, para
formar la substancia de los diversos agrupamientos ocultistas que pululan por todo el
mundo. Lo que era aspiración humanitaria lo abandonó hace un siglo, absorbida por el
bizantinismo Sociológico de los demócratas, de los socialistas y de los anarquistas. Lo que
era tendencia imperialista, impulso para la absorción, dejó de ser específico fenómeno
cristiano: pasó al campo Político, aunque la fiebre de dominio que agita a las alocadas
sociedades contemporáneas es todavía un fenómeno cristiano, descolocado de su lugar
religioso. Así, el cristianismo se descompone, pasando, como en todas las decadencias, sus
elementos componentes a tener una vida propia, a actuar separadamente del cuerpo al que
pertenecían y formaban. O estamos, por tanto, en una decadencia final de nuestra
civilización; o estamos apenas en un punto de ella en que se va a deshacer del cristianismo.
Si el cristianismo es realmente una religión independiente, la primera hipótesis es justa; si
es un paganismo adulterado, la segunda es la probable”.49
Pessoa precisa los elementos de tal disolución y escoge los blancos prioritarios.
Habrá que atacar el humanitarismo y la democracia, oponer resistencia al imperialismo
moderno, a imagen y semejanza de la Iglesia Católica; en suma, invertir algunos valores
esenciales del cristianismo. En su proceso de análisis de las pasadas civilizaciones y de la
comprobación repetida de la acción cristiana destruyendo los viejos dioses paganos,
responsables de las virtudes cívicas y la armonía y la disciplina, concluye, invariablemente,
con que no habrá paz en las almas hasta que no llegue el Antí-Cristo.
Este, en la óptica de nuestro poeta, debe reunir varias características: ser
conscientemente el Anti-Cristo; ser, como aquel a quien combate, una fuerza espiritual y ser
representante de la Inteligencia por oposición al sentimiento. Ese Anti-Cristo no es alemán,
por el contrario, será lanzado al mundo por el mismo país que lanzó los descubridores. Por
las características espirituales del Anti-Cristo y el espacio donde deberá librar su batalla, el
de las ideas, ya los lectores habrán comprendido que estamos inmersos en Pessoa, que
nunca lo hemos abandonado, que el Anti-Cristo, es asumido como un fenómeno cultural,
que forma parte de la misma cadena que Convierte la proclamación altisonante contra
naciones y gobernantes de “Ultimatum” en una tarea cultural.
Pessoa dijo: “Me aflige la idea de que se encuentre una solución para los más altos,
más nobles problemas de la ciencia, de la filosofía; la idea de que algo pueda ser
determinado por Dios o por el mundo me llena de horror. Que las cosas más graves se
concreten, que un día los hombres lleguen a ser todos felices, que se encuentre una solución

49
En “Páginas Intimas e de Autointerpretação”, pp. 265-267.
para los males de la sociedad, aun en su concepción, me enfurece. Y con todo no soy malo
ni cruel; soy loco, y eso de una forma difícil de concebir”.50
Serrão51 observa que Pessoa, incapacitado para trascender su propio psiquismo,
intentará la salvación de la anti-vida que fue la suya mediante una teorización que en vez de
buscar comprometerse con las cosas procura sobreponerse a ellas, reducirlas a meras
apariencias. Si la felicidad no tiene sentido, porque es apenas una apariencia falaz, hay que
excluirla radicalmente. Todas las soluciones político-sociales viciadas de cristianismo
deberían ser excluidas por igual, dado que la fraternidad, el diálogo y el acuerdo chocan
con su concepto pagano de fuerza, violencia e inteligencia descarnada. Lo único realmente
trascendente es el genio individual que originará una reformulación civilizadora. En otras
palabras, Pessoa queda preso dentro de sí: Super Camões perdido en los laberintos que
traza y en las estructuras que levanta.

3.3. - LA LEY DE MALTHUS DE LA SENSIBILIDAD


Alvaro de Campos, concluida la andanada destructiva y delineados los puntos
esenciales, se lanza a proclamar una Ley de la Sensibilidad: “Los estímulos de la
sensibilidad aumentan en progresión geométrica; la propia sensibilidad apenas en
progresión aritmética”. En consecuencia, propone la adaptación artificial de la sensibilidad
a los estímulos y la define como “un acto de cirugía Sociológica”. En otras palabras, se
trata de violentar la sensibilidad a fin de hacerla apta para la progresión de los estímulos,
aunque piensa que esta adaptación puede tomar el camino de la espontaneidad sí se
eliminan las adquisiciones fijas del espíritu humano derivadas del cristianismo. Esto lo
llama “intervención quirúrgica anticristiana”.
Para lograr esta adaptación artificial es preciso abolir, en primer lugar, el dogma de
la personalidad (que tengamos una personalidad separada de los otros lo considera una
ficción teológica). Las consecuencias que asigna a esta acción son: la abolición total del
concepto de democracia, abolición total del concepto de que cada individuo tiene el
derecho o el deber de expresar lo que siente (sólo tiene este derecho el artista, cuyo arte sea
una Síntesis-Suma, y sienta, así, por varios) y la abolición del Concepto de verdad absoluta.
El filósofo pasará a ser intérprete de subjetividades cruzadas siendo el mejor filósofo el que
mayor número de filosofías espontáneas encuentre; como todo es subjetivo —cada opinión
es verdadera para cada hombre— la mayor verdad será la Suma-Síntesis-interior del mayor
número de estas opiniones verdaderas.
“Ultimatum” sigue aboliendo, y ahora se trata de extirpar el preconcepto de la
individualidad. Que cada alma es una e indivisible es otra ficción teológica, por lo que es
menester seguir los postulados de la ciencia, según la cual cada uno de nosotros es un
agrupamiento de psiquismos secundarios, una síntesis mal hecha de almas celulares. Las
consecuencias serán la abolición de toda convicción que dure más que un estado de espíritu
y la desaparición completa de toda fijación de opiniones y de modos de ver. Desaparecen
así todas las instituciones que se apoyen en la creencia de que toda opinión pública dura
50
En “Páginas Intimas e de Autointerpretação” p. 19.
51
Ibíd, p.78.
más de media hora, De esta manera, la solución de un problema, en un concreto momento
histórico, será dada por la coordinación dictatorial de los impulsos del momento de los
componentes humanos de ese problema. Quedan abolidos el pasado y el futuro, como
elementos a tomar en cuenta en las soluciones políticas. En el arte, queda abolido el dogma
de la individualidad artística; así, el mayor artista será el que menos se defina, el que más se
contradiga, puesto que un artista no puede tener una sola personalidad. Queda abolida la
verdad como concepto filosófico. La filosofía es reducida al arte de tener teorías
interesantes sobre el Universo; el filósofo mayor será el que tenga mayor cantidad de
teorías, no relacionadas entre sí, sobre la existencia.
En tercer y último lugar, Campos proclama la necesidad de abolir el dogma del
objetivismo personal. El cálculo es así: la objetividad es una “media” grosera entre las
subjetividades parciales. Si una sociedad fuere compuesta de cinco hombres (a, b, c, d, e) la
“verdad” o la “objetividad” para esa sociedad tendría que representarse así: a,b,c,d,e.

Los resultados concretos de todo este proceso exterminador serán: En política: la


aparición de una Monarquía Científica, antitradicionalista y antihereditaria, absolutamente
espontánea por la aparición imprevista del “Rey Media”. Relegación del pueblo a su papel
científico natural de mero fijador de los impulsos del momento. En arte: representación de
la expresión de una época por treinta o cuarenta poetas o por dos poetas cada uno con
quince o veinte personalidades. En filosofía: integración de la filosofía en el arte y en la
ciencia, desapareciendo, por tanto, como metafísica-ciencia. Desaparición de todas las
formas de sentimiento religioso (desde el cristianismo al humanitarismo revolucionario) por
no representar una “Media”.
Como es obvio, la adaptación artificial de la sensibilidad de la persona humana a
condiciones sociales creadas está en la base del totalitarismo. Alvaro de Campos queda
también inmerso en las teorías colectivistas al procurar la abolición del Hombre individual,
a la vez que lleva a sus últimas consecuencias la proclamación de Marinetti sobre el
Hombre-múltiple. Los totalitarismos estaban a las puertas de Europa, y entraron triunfantes.
Las consecuencias que Pessoa-Campos entrevé son abiertamente arbitrarias y en
buena parte deben buscársele explicaciones en el ocultismo. Por supuesto que admite que él
no conoce el método para llegar a los resultados proclamados que lo conoce “su”
generación y que si él lo supiese sería él mismo toda la generación. En todo caso, proclama
la venida de la Humanidad de los Ingenieros. “Ultimatum” se cierra: “Proclamo para el
futuro próximo la creación científica de los Super Hombres. Proclamo la venida de una
Humanidad matemática y perfecta. Y proclamo también: Primero: El Super Hombre Será,
No el más Fuerte, Pero sí el Más Completo. Segundo: El Super Hombre Será, No el Más
Libre, pero Sí el Más Armónico. Tercero: El Super Hombre Será, No el Más Duro, pero Sí
Más Complejo. Proclamo esto bien alto, en la barra del Tajo, de espaldas a Europa, con los
brazos en alto, mirando fijamente el Atlántico y saludando abstractamente el Infinito”.52
52
Alvaro de Campos seguirá escribiendo y así aparecerá “Apuntes para una Estética No
Aristotélica”, que pretende ser una fundamentación filosófíca de la estética futurista.
“Apuntes para una Estética No Aristotélica” aparece, por vez primera, en la revista Athena, Nos. 3 y
4, Lisboa, diciembre 1924 y enero de 1925. A nuestro efecto, consultamos la inserción hecha en
4
DE LA MONARQUIA A LA REPUBLICA Y PESSOA EL ENSAYISTA POLITICO

4.1. - DESDE LA INDEPENDENCIA DE BRASIL HASTA EL “ESTADO Novo”

“Textos de Crítica e Intervenção”, de Ática,pp. 249 a 260, de donde extraemos algunos de los
párrafos más revantes y que anotamos a continuación:
“Toda a gente sabe hoje, depois de o saber, que há geometrías chamadas não-euclidíanas, isto é, que
partem de postulados diferentes dos de Euclides, e chegam a conclusões diferentes. Estas
geometrías têm cada uma um desenvolvimento lógico: são sistemas interpretativos independentes,
independentemente aplicáveis à realidade. Foi fecundo em matemática e além de matemática
(Einstein bastante Ihe deve) este processo de multiplicar as geometrías “verdadeiras”, e fazer, por
assim dizer, abstracções de vários tipos na mesme realidade objectiva.
“Ora, assim como se podem formar, se formaram, e foi útil que se formassem, geometrías não
euclidianas, não sei que razão se poderá invocar para que não possam formar-se, não se formen, e
não seja útil que se formem, estéticas não-aristotélicas.
“Há muito tempo que, sem reparar que o fazia, formulei urna estética não aristotélica. Quero deixar
escritos estes apontamentos para ela, em paralelo, não sei se modesto, com a tese de Riemann sobre
a geometría clássica.
“Chamo estética aristotélica à que pretende que o fim da arte é a beleza, ou, dizendo melhor, a
produção nos outros da mesma impressão que a que nasce da contemplação ou sensação das coisas
belas. Para a arte clássica —e as suas derivadas, a romântica, a decadente, e outras assim— a beleza
é o fim; divergem apenas os caminhos para esse fim, exactamente como em matemática se podem
fazer diversas demonstrações do mesmo teorema. A arte clássica deu-nos obras grandes e sublimes,
o que não quer dizer que a teoría da construção dessas obras seja certa, ou que seja a única teoría
certa”. E frequente, aliás, e tanto na vida teórica como na prática, chegar-se a um resultado certo por
processos incertos ou mesmo errados.
“Creio poder formular uma estética baseada, não na ideia de beleza, mas na de força —tornando, é
claro, a palavra força no seu sentido abstracto e científico, porque se fosse no vulgar, tratar-se-ia, de
certa maneira, apenas de urna forma disfarçada de beleza. Esta nova estética, ao mesmo tempo que
admite como boas grande número de obras clássicas —admitindo-as porém por uma razão diferente
da dos aristotélicos, que foi naturalmente também a dos seus autores— estabelece uma
possibilidade de construir novas espécies de obras de arte que quem sustente a teoría aristotélica
não poderia prever ou aceitar.
“A arte, para mim, é, como toda a actividade, um indicio de força, ou energia; mas, corno a arte é
produzida por entes vivos, sendo pois um produto da vida, as formas da força que se manifestam na
vida. Ora a força vital é dupla, de integração e desintegração —anabolismo e catabolismo, como
dizem os fisiologistas. Sem a coexistência e equilibrio destas duas forças não a vida, pois a pura
integração é a ausência da vida e a pura desintegração é a norte. Como estas forças esencialmente se
opöen e se equilibram para haver, e enquanto a, vida é uma acção acompanhada automática e
intrinsecamente da reacção correspondente. E é no automatismo da reacção que reside o fenómeno
específico da vida.
“Toda a arte parte da sensibilidades e nela realmente se baseia. Mas, ao passo que o artista
aristotélico subordina a sua sensibilidade à sua inteligência, para poder tornar essa sensibilidade
humana e universal, ou seja para a poder tornar acessível e agradável, e assim poder captar os
Cuando Brasil se independíza, en 1821, la situación de Portugal se torna dramática.
No fala, incluso, quien plantee la unidad ibérica como único remedio posible. El país se
vuelve hacia Africa, donde tenía territorios desde la época de los descubrimientos, pero
apenas poblados en las costas o en accesos cercanos. La idea de desarrollar un nuevo
imperio toma cuerpo, sólo que el planteamiento coincide con la avalancha europea sobre el
continente negro. Una competencia especialmente fuerte tendrán los proyectos portugueses
de parte de Inglaterra.53
A comienzos del siglo XIX las fábricas de Su Majestad británica producían, sólo en
algodón, 50 millones de libras anuales. En 1890-95 la cifra alcanzará a 700 millones. Los
primeros conflictos surgen en torno a la esclavitud, asociada, en este caso, a las
plantaciones de algodón para las cuales la tierra africana se revelaba especialmente apta. En
Londres se desata un movimiento de opinión que trata de poner coto a los abusos cometidos
en la explotación algodonera mediante esclavos. La máquina de vapor vendrá a liberar la
necesidad de esta mano de obra, pero al mismo tiempo impedirá la concurrencia inglesa en
territorios donde aún ésta era necesaria. Así, el pretexto de los buenos samaritanos del
capitalismo inglés, es utilizado para presionar a los países que mantienen la esclavitud y los
métodos superados por el comienzo de la era industrial. El reclamo inglés contra Portugal
se fundamenta, pues, en que éste no da pasos para eliminar la esclavitud en territorios
situados al norte de Luanda. En 1833, el gobierno portugués había enviado tropas a esos
territorios, entonces desocupados, ante la vehemente protesta inglesa. Se trataba de que
estaba próximo el río Zaire, considerado de importancia estratégica fundamental para el
dominio económico de buena parte del sur de Africa. La disputa se prolonga durante años y
sólo cesa al aceptar Inglaterra el hecho de la ocupación, a cambio de la promesa portuguesa
de abstenerse de nuevas acciones de este tipo.

outros, o artista não-aristotélico subordina todo á sua sensibilidade, converte todo em substância de
sensibilidade, para assim, tornando a sua sensibidade abstracta como a inteligencia, (sem deixar de
ser sensibilidade), emissora como a vontade sem que seja por isso vontade), se tornar um foco
emissor abstracto sensível que force os outros, queiram eles ou não, a sentir o que ele sentiu, que os
domine pela força inexplicável, como o atleta mais forte domina o mais fraco, como a ditador
espontáneo subjuga o povo todo (porque é ele todo sintetizado e por isso mais forte que ele todo
somado), como o fundador de religíões converte dogmática e absurdamente as almas alheias na
substância de uma doutrina que, no fundo, não é senão ele próprio.
O artista verdadero é um foco dinamogéneo; o artista falso, ou aristotélico, é um mero aparelho
transformador, destinado apenas a converter a corrente contínua da sua própria sensibilidade na
corrente alterna da inteligência alheia.
“Ora entre os artistas “clássicos”, isto é, aristotélicos, há verdadeiros e falsos artistas; e também nos
não-aristotélicos há verdadeiros artistas e há simples simuladores —porque não é a teoria que faz o
artista, mas o ter nascido artista. O que porém entendo e defendo é que todo o verdadeiro artista está
dentro da minha teoria, julgue-se ele aristotélico ou não; e todo o falso artista está dentro da teoria
aristotélica, mesmo que pretenda ser não-aristotélico. E o que falta explicar e demonstrar”.

53
Para el seguimiento de esta etapa histórica, que es indispensable referir para entender a Portugal y
a Pessoa, utilizo, fundamentalmente, a JOSÉ HERMANO SARAIVA en “Historia Concisa de
Portugal” (Publicaciones Europa-América Lisboa, 1978) y al “Atlas Histórico Mundial” (Ediciones
Istmo, Madrid).
En 1870 se caldea la disputa sobre el dominio le Africa. La formación del Imperio
Alemán rompe el equilibrio europeo y cada potencia procura su propia fortaleza interna
mediante la extensión de sus dominios africanos. Bélgica ocupa el Congo, e Inglaterra, ante
la nueva perspectiva geoestratégica, prefiere que sea un país débil, Portugal, el que ocupe la
desembocadura del río Zaire. Se plantea un acuerdo en que Su Graciosa Majestad británica,
luego de haberlo estimulado, respalda la presencia lusitana, no sin lograr una claúsula
favorable a sus intereses y que daba ventajas especiales a sus buques; la buena cara es
mantenida permitiendo ciertas libertades a la navegación internacional. Los portugueses lo
rechazan y piden una conferencia internacional para discutir sobre Africa. Se realizará, y
será conocida como la “Conferencia de Berlín” (1885).
Concurren no sólo los directamente interesados (Portugal, Francia, Bélgica,
Inglaterra), sino también otros que alguna tajada desean lograr (Alemania, Austria,
Dinamarca, España, Italia, Holanda, Suecia, Noruega, Turquía y Estados Unidos).
Reunidos, entran a fijar las reglas del juego de la expoliación de Africa. Surge la tesis de la
posesión efectiva y de los derechos mostrados por la posesión presente, por contraposición
y rechazo a los alegatos basados en supuestos derechos históricos. En otras palabras, se
proclama la ley de la fuerza y de la dominación militar real, como único título válido.
Portugal, en parte, acepta el juego, y se apresura a ocupar las regiones comprendidas entre
Angola y Mozambique. Los sueños imperialistas portugueses comienzan a denominarse “el
mapa rosado”, en referencia a un mapa de este color anexo al Tratado de 1886, firmado
entre Portugal y Alemania. Inglaterra no gusta de ese mapa (incluía lo que hoy son Zambia
y Africa del Sur), puesto que adversaba su propio proyecto imperial, si se quiere su propio
“mapa rosado”, que abarcaba un inmenso dominio desde Egipto hasta el Cabo de Buena
Esperanza.
Basándose en los acuerdos de Berlín, Portugal trata de rescatar sus afectados
“derechos históricos” apelando a la existencia de antiguas fortalezas militares lusitanas en
esos territorios. La respuesta inglesa fue típica del lenguaje de Albión: las fortalezas en
ruinas sólo prueban soberanía en ruinas.
El 11 de enero de 1890 una flota inglesa exigía a Portugal que retirase las tropas
estacionadas en el Valle de Chire y un crucero fue destinado a esperar la respuesta. Este
episodio es el conocido históricamente como “ultimátum inglés” y marca el siglo XIX
lusitano y la posterior evolución de este país. Ya hemos visto cómo Alvaro de Campos
desata sus furias en las páginas le titula “Ultimatum”. Se ve a las claras que el hecho deja
una marca profunda. El desafío de grandes potencias en Africa era el tema dominante de
toda conversación en Portugal. En
tiempos en que la Oposición alegaba que no se hacía lo suficiente por mantener el imperio
africano se produce el ultimátum inglés que lleva los ánimos al paroxismo: las señoras
entregan las joyas para la defensa, a Camões se le colocan crespones luctuosos, los
caballeros se negaban a hacerse trajes de casimir, en los hoteles se negaba alojamiento a los
ingleses y, en fin, el patriotismo corría suelto por las calles de Lisboa. La inteligencia
despierta de Eça de Queiroz, Cónsul en París, define exactamente el terrible golpe sufrido
por los portugueses y la sucesión de acontecimientos que se desatará en la historia y en el
corazón de muchos hombres, incluido Fernando Pessoa. El escritor dice: “Nunca, creo yo,
hubo antes de éste, un momento en que Portugal moderno estuviese tan despierto y tan
atento. O mi ingenuidad es grande, o hay ciertamente algunos millares de hombres en
Portugal que desean otra cosa, sin saber qué es”.54
El gran sueño imperial en Africa es cuestionado, la salida de los problemas
económicos es drásticamente obstaculizada y el pequeño país vuelve a encontrarse sin
proyecto y sin camino. La reacción se desatará contra el régimen que había cedido frente a
los ingleses; no importarán las explicaciones sobre la propia debilidad y la evolución de la
Europa colonial. Estarán dadas las condiciones para la reacción anti-monárquica y el
planteamiento de la República como salida y Solución.
Los antecedentes republicanos en Portugal se encuentran en varias décadas
anteriores al ultimátum inglés. Se encuentran, por ejemplo, en los ideólogos radicales de
1820, acrecentados en 1848-1851 por influencia de los acontecimientos franceses de 1848
y fortalecidos significativamente en el 51 por la edición de dos periódicos que popularizan
tales ideas, a saber, “La RePública” y “Eco de los Obreros”, a la par de la aparición de un
libro de Henrique Nogueira, “Estudios sobre la Reforma en Portugal”. En 1870, el
republicanismo comienza a vislumbrarse como una posibilidad real, dadas las influencias
exteriores, como la proclamación de la República Española en 1868 y en Francia ese año.
En el plano interno, ya se puede encontrar una generación de estudiantes bien preparados,
harta de paz porque había crecido y se había desarroIIado en ella, y estaba deseosa de
cambiar el mundo circundante; puede anotarse también el surgimiento de una incipiente
clase media.55
La polémica es abierta y los monárquicos tienen que enfrentar a los republicanos en
discusión intemperante. La acusación fundamental de los defensores del viejo régimen
contra los emergentes es que carecen absolutamente de programa. Ello es verdad, dado que
la República se presenta más como una aspiración que como un proyecto concreto; así es
reconocido por los propios republicanos.56 Al fin y al cabo, la lucha no podía plantearse en
el plano de las ideas, dado que no diferían las sustentadas por ambos bandos: capital,
propiedad, libertad, patria. Algunas voces impregnadas de socialismo quisieron llamar la
atención sobre la necesidad de cambiar el sistema económico, pero los republicanos
esquivaron cuidadosamente el asunto y se alejaron del planteamiento de cuestiones
estructurales.
54
En carta a Oliveira Martins, citado por SARAIVA, ob. cit., p. 138.

55
Ya en 1891 es proclamada una efímera República en Porto. Alemania e Inglaterra se reparten las
Colonias africanas de Portugal. Estados Unidos Comienza a manifestar su interés en las Azores. Las
rivalidades internacionales permiten a los portugueses conservar algunas posesiones (Tratado de
Windsor de 1899) e Inglaterra se alza como garante de las posesiones ultramarinas portuguesas.

56
Basilio Teles, en 1909: “Con qué derecho preguntan al Partido Republicano por un programa. La
Monarquía en Portugal ha sido esto: la incompetencia, el impudor, la opresión. A estos tres artículos
de fe se comprende que no se pudiese oponer sino un acto de caridad por parte de hombres que no
veían ideas que combatir, pero sí atentados que castigar: la demolición sumaria del régimen”.
SARAIVA, ob. cit., p. 321.
Los planteamientos republicanos eran simples: patriotismo y anticlericalismo. Patria
era equivalente Camões, por lo que siempre el movimiento procuró utilizar el nombre del
poeta.57 En un país secularmente católico, el anti-clericalismo alejaba la clientela,
especialmente entre las mujeres y en las aisladas provincias. Es de destacar que el máximo
representante del positivismo portugués, Teófilo Braga, fue el Presidente del Primer
gobierno republicano.
El clero, los propietarios, los oficiales, la jerarquía administrativa, la gente de
provincia y alta burguesía de Lisboa, sostenían la Monarquía. Los intelectuales, los
periodistas, los estudiantes, los sargentos, los obreros, la burguesía emergente y una
pequeña parte de las clases medias, empujaban la República. En 1907, el Rey trata de frenar
la evolución de los acontecimientos tomando el camino de la dictadura, tare encomendada a
João Franco. Se fija el execramento en Africa como pena para los delitos políticos, medida
sólo reservada hasta entonces para los crímenes comunes muy graves. En medio de la
excitación provocada por tal decisión, dos individuos asesinan al Rey D. Carlos y al
heredero del trono. A Franco lo hacen dimitir. La absoluta incapacidad de los republicanos
para aprovechar políticamente el regicidio es quizás la mejor prueba de que nada tuvieron
que ver con él, atribuible entonces a fanáticos aislados. La Monarquía Constitucional de D.
Carlos se sostenía gracias al prestigio de éste y el asesinato siembra el vacío y la confusión.
El Rey D. Manuel asume el trono, pero la suerte está echada. En la noche del 3 de octubre
de 1910 estalla la rebelión. Participan tropas de la marina y del ejército y organizaciones
revolucionarias del Partido Republicano. Como acontece en estos casos, buena parte de los
conjurados se asusta a última hora y el Almirante Reis, jefe de la conspiración, se suicida
ante las desconsoladoras noticias. No obstante, los civiles en rebelión logran resistir; el
apoyo a la conjura por los navíos de guerra anclados en el Tajo inclina la balanza: el día 5 el
Rey marcha al exilio. No hay oposición ninguna a la proclamación de la República. Un
gobierno provisional presidido por Teófilo Braga asume el poder. Es proclamada la nueva
Constitución y decretadas las leyes de divorcio, de familia, de separación entre la Iglesia y
el Estado y se fundan las universidades de Porto y Lisboa.58
La paz interna en el republicanismo dura poco. Las facciones diversas, unidas en el
objetivo común de derrocar la Monarquía se resienten de la falta de un programa único. La
corriente radical, marcada por un anti-clericalismo extremo, se enfrenta a la corriente
moderada partidaria de la concilíación y la transigencia y que contaba con respaldo en los
altos niveles de la burguesía republicana. La tendencia radical da nacimiento al Partido
Democrático, liderizado por Afonso Costa, y la segunda a dos, el Evolucionista (de António

57
En la primera gran campaña propagandística republicana, en 1880, coincidente con el tercer
centenario de la muerte de Camões, Teófilo Braga, Profesor de Literatura y después Presidente de
Portugal, tuvo la idea de hacer desfilar ante la estatua del poeta carros de bomberos, del comercio,
la industria y la agricultura, y también de las colonias. La idea era simple: si Camões simbolizaba la
Patria, pues simbolizaba la República.

58
La Asamblea Constituyente se reune el 19 de julio de 1911 el 21 de agosto tiene redactada la
nueva Constitución.
José de Almeida) y el Unionista (de Brito Camacho). En 1913 Costa Ileará a la Presidencia
y los otros dos partidos se lanzarán a una feroz Oposición.
La primera Gran Guerra es también causa de lis divisiones en el seno republicano.
El Partido Democrático quiere entrar al conflicto, pues argumenta que es la única vía para
defender las colonias; así lo impone, dado su alto grado de popularidad. La izquierda,
inclinada por los aliados, se enfrenta a la derecha, inclinada por los alemanes, a quienes
proclaman defensores de la autoridad y el orden.59 La entrada a la guerra impone una tregua
en la lucha (la llamada “Unión Sagrada”), pero ya a finales de 1917 los sectores opuestos a
la guerra desencadenaron la rebelión comandada por Sidonio Pais e impusieron la
dictadura. La implantación de la elección del Presidente por votación directa lleva a la
legitímidad del gobierno de Pais, sólo que en 1918 el Presidente es asesinado y, en medio
de la confusión, sidonistas y monárquicos tratan de hacerse con el poder; la Monarquía
llega a ser proclamada en Porto, episodio conocido como la “Monarquía del Norte”.
Pereira Marques describe así el panorama previo: 60 “En 1917, la situación no podía
ser peor: la “unión sagrada”, establecida debido a la guerra, entre los principales partidos
republicanos (Democrático y Evolucionista) de Afonso Costa y de António José de Almeida
se revelará precaria y será el primero quien acabe, al frente de sus correligionarios rigiendo
los destinos del país. La inestabilidad Política, la agitación parlamentaria las luchas
partidarias, el desgaste de las instituciones aumentaban, al tiempo que se agudizaban las
tensiones sociales debido a la degradación del poder de compra y del nivel de vida de las
poblaciones. La República, hacía únicamente siete años acogida con el entusiasmo de Ias
grandes esperanzas, veía su base de apoyo disminuir y sobrevivía en la clientela alimentada
por el partido en el poder, por unosn cuantos estratos sociales urbanos y por aquellos que
vivían de la especulación y de la corrupción que la guerra hiciera fructificar. La breve
dictadura de Pimentta de Castro (1915) no pasó de un incidente más dentro de los muchos
que había sembrado la corta y agitada historia del régimen establecido el 5 de octubre . . .”

Todo ello facilitaba la salida dictatorial de Pais. Este había sido un universitario
brillante, diputado en 1911 y ex Embajador en Berlín. Se ve obligado a vestir el uniforme
59
Se hablaba de un pacto secreto entre Inglaterra y Alemania para repartirse el ultramar portugués.
Inglaterra no aceptaba, por su parte, que Portugal participara en el conflicto basándose en la llamada
“alianza inglesa” que, como recordamos, hacía de Londres garante de los territorios portugueses en
Africa. Inglaterra prefería que los portugueses guerrearan sin invocar esa causa. El problema lo
resuelve la llamada captura de los barcos alemanes. En efecto, 60 barcos alemanes, huyendo de la
flota inglesa, se refugian en el puerto neutral del Tajo; los ingleses solicitan a Portugal que los
aprenda y es lo que hace Lisboa. La consecuencia es que Alemania declara la guerra a Portugal. 50
mil soldados portugueses son enviados a Francia en 1917 y allí estarán hasta el armisticio de 1918.
Otras fuerzas fueron enviadas a Angola y Mozambique. Portugal logra sentarse en la Conferencia
de Paz al lado de los vencedores y obtener reconocimiento para las colonias africanas y parte de los
derechos que Alemania debió pagar a los aliados.

60
Fernando Pereira Marques, en “Diário de Notícias”, del 9-2-82.
militar que ya había olvidado, pues estaba en la reserva. Su mensaje fue el que la nación
esperaba oir: paz, orden, reconciliación, denuncia de la demagogia y de la corrupción,
profesión de fe republicana, integración de todos los partidos en un gran movimiento
nacional. Reune a su lado desde civiles prominentes hasta cadetes, desde señores de la clase
dominante hasta obreros.
Es absolutamente importante conocer las esperanzas que encarna Sidonio Pais para
entender las diferencias de lenguaje de Pessoa en relación a este tiempo, en que a ratos
condena la República (la vieja, la corrupta) y defiende la República (la nueva, la que parece
tomar el camino marcado por los ideales) y, sobre todo, los poemas que escribe al
Presidente-Rey, suma de las posibilidades y tal vez plataforma de arranque para los sueños
pessoianos de una regeneración lusitana. Para Pessoa, Sidonio Pais es una frustrada
reencarnación del Rey D. Sebastián. El asesinato del Presidente-Rey devuelve a Portugal a
las sombras y a la inestabilidad, en la óptica de nuestro poeta.
La Primera República vive en la agitación. El fin de la guerra muestra en toda su
dimensión la crisis económica y social. Se desvaloriza el escudo, la inflación acaba con las
pequeñas economías que estaban capitalizadas en títulos de crédito del tesoro que pasan a
no valer nada; los obreros recurren frecuentemente a la huelga, la burguesía entra en
pánico. El Partido Democrático se divide; Afonso Costa anuncia su retiro de la política y se
marcha a vivir al exterior. En 1924 se oye en Lisboa, como un lema: “Sólo la dictadura nos
puede salvar”.
El gobierno del Partido Democrático tiene 22 meses en el poder, lo que resulta un
período demasiado largo no sólo para la oposición, sino para las propias facciones
disidentes del partido gubernamental, de manera que apelan al recurso del golpe de estado.
El 28 de mayo de 1926, el General Gomes da Costa proclama, en Braga, la revuelta. El 17
de junio toma el poder. Comienva así la dictadura militar (1926-1933).
Los juicios sobre la Primera República son variados. Para algunos el balance es
absolutariente negativo, dado que desorganizó el Estado, retardó el progreso económico,
agravó la dependencia semi-colonial frente a Inglaterra y sustiyó la autoridad por la
demagogia. Otros alegan, en descargo, que hizo interesarse al pueblo en el proceso político,
que defendió los dominios ultramarinos, que dio buenos pasos en materia educativa y que,
al fin y al cabo, fue la primera experiencia de gobierno democrático.
Lo cierto es que la dictadura militar ve agravarse los problemas que encontró.
Basados en el criterio de que el problema fundamental era el orden público, los gobernantes
ven en cualquier disidencia un atentado. En 1927 las fuerzas derrocadas tratan de recuperar
el poder en un episodio que se conoce como “Revolución del 7 de febrero”. La dictadura no
consigue otra forma de salir de la crisis económica que recurrir al empréstito extranjero.
Inglaterra y la Sociedad de Naciones imponen, para concederlos, condiciones consideradas
atentatorias contra la dignidad nacional. Es llamado, con la finalidad de imponer orden en
las finanzas, un profesor de la Universidad de Coimbra de nombre António de Oliveira
Salazar. El profesor procura equilibrar el presupuesto, estabilizar el escudo y disciplinar la
administración. Su prestigio crece de manera desbordada y ya en 1929, es considerado
como la única cabeza que piensa en el seno de la dictadura. En 1932, es nombrado
Presidente del Consejo de Ministros. Procura sustituir la situación de inestabilidad. En
1933, somete a plebiscito una nueva Constitución que resulta abrumadoramente aprobada.
Esta Carta está marcada por una reacción contra el parlamentarismo y no autoriza el
funcionamiento de partidos. Seguirá la censura, y la Oposición marcha a la clandestinidad.61
Portugal vivirá el “Estado Novo”.
Un poeta seguirá febrilmente la evolución política de su país y amontonará ensayos
sobre ensayos en los baúles. Este poeta morirá en 1935, cuando el régimen fascista llevaba
tres años.

4.2. - Los PROYECTOS


Pessoa no termina sus ensayos políticos. Hay esquemas, notas, índices y proyectos.
Siguió paso a paso la evolución histórica portuguesa y, en cada ocasión, escribió. Cada
movimiento lo impulsaba a modificar lo escrito, a alterar los títulos de los libros previstos y
el orden de las materias. Sucedía que los acontecimientos se le escapaban de las manos, le
demostraban que podían actuar independientemente de su pluma. Pessoa no quería otra
cosa sino que su literatura presidiera los hechos, provocarlos, como cuando quiere escribir
un libro titulado “República de Portugal” para que se haga una revolución. Frente a la
realidad política, la actuación única que se le viene a la cabeza es escribir, es decir, el afán
patriótico que lo domina lo lleva a delinear proyectos literarios. El proceso histórico lo hace
inconstante porque, aunque no lo admita de manera expresa, comprueba, cada vez, que vive
en una ficción, que Portugal anda independientemente de lo que él piensa y que los libros
que pueda acabar no determinarán la marcha de los acontecimientos. El encierro en la
literatura como suprema asunción de la actividad política y de marca y puntualización del
devenir histórico se le revela inútil, pero sigue escribiendo sin terminar, sin concluir, sin
redondear jamás, la obra que busca aquel objetivo mesiánico e imposible, tal vez porque
concluirla haría brotar en toda su magnitud la imposibilidad que lo atenaza y en la cual
afinca todo.
El poeta solitario, genial, consciente de sí mismo, amontona páginas sobre el
carácter del hombre portugués, analiza el destino de Iberia, traza una teoría política anti-
democrática y aristocrática entremezclada de mesianismo judaísmo y cábala, hace de la
literatura y de la Poesía, en concreto, la base de la regeneración civilizadora de Portugal y
de Europa, se proclama Super Poeta, se lanza a procurar la figura de aquel Rey llamado
Sebastián que vive en la memoria colectiva lusitana para hacerlo reencarnar en una
conjunción de mito y de destino auto-asumido y concluye delineando un nuevo Imperio
Espiritual, J Quinto Imperio, donde se realizará como Poeta que marca un avance espiritual
de la humanidad.

61
Desde 1928 hasta 1951 será Presidente de la República el General Carmona. Le sucede en el
cargo el General Craveiro lopes, por siete años. El tercer Presidente en el “Estado Novo” será el
Almirante Arnérico Tomas, quien estará en ejercicio en momentos de la “revolución de los claveles”
del 25 abril de 1974.
Proyectos excéntricos y extraordinarios son los ocupantes de aquel cerebro
atormentado, herido de impotencia, que hace viajes fabulosos y retorna a sí mismo, en un ir
y venir interminable que sólo parará la muerte.
De esta manera, Pessoa jamás interviene en la política activa, no puede; ello resulta
contrarioa todo el esquema mental que lo rige; sería absurdo verlo en reuniones o
conspirando con una de las facciones de aquella democracia que detesta, de aquellas
intrigas menores tan alejadas de la concepción grandiosa que lo envuelve. No podrá —ello
forma parte del esquema— escapar a la manifestación de simpatías o antipatías, de la
condena o de las absoluciones, de la ira o de las esperanzas circunstanciales. Procurará
hacer un análisis “científico”, encerrarse en la “sociología” (lo repetirá hasta el cansancio),
haciendo presidir cada página de la advertencia “sociológica” y deteniéndose en el trazado
de esquemas y en la división y subdivisión de tesis y explicaciones que hacen difícil y
enervante seguir su pensamiento.
Asocia la naciente República al movimiento poético, y en los primeros escritos para
Aguia sobre “La Nueva Poesía Portuguesa” advierte sobre la coincidencia del nacimiento
del nuevo movimiento con el cambio de régimen. Siendo así, aquel movimiento tiene que
buscar dentro del republicanismo el futuro glorioso deducido. Ser monárquico se le antoja
entonces como una traición al alma nacional. Claro que las decepciones que aquel
republicanismo le ocasionan lo llevan de inmediato a proclamar que ser correligionario o
adepto de aquellos republicanos que actúan en la realidad política equivale también a
traición. Para mantenerse en sus posiciones, para auto-convencerse, vuelve, en esos
artículos, a buscar la confrontación histórica con Inglaterra y Francia; encuentra cómo el
período isabelino no mostraba a los ingleses, de entrada, el “gobierno popular” que habría
de ser creado Había, entonces, que mantenerse fiel al republicanismo pero, al mismo
tiempo, ser adversarios irreductibles de aquel que actuaba y se consumía. Pensaba que en
breve asomarían los indicios del futuro brillante, que el Super Camões actuaría en cualquier
momento, que, con certeza, no se de- moraría en alzarse como nuevo Shakespeare para
iniciar al espíritu en aventuras civilizadoras grandiosas.
La autoconfjanza en el futuro lo lleva a proclamar la necesidad de no actuar, a no ser
negativamente, y sólo por desahogo, contra los que desgobernaban el país. Insiste en que
primero será la teoría y luego aparecerá quien la ponga en práctica. La referencia al hombre
de fuerza que habrá de imponer la nueva orientación es una constante. Pimenta de Castro
(1914), Sidonio Pais (1917), Gomes da Costa (1926) van pasando sin encarnar al Cromwell
portugués. Salazar nunca le parecerá esa encarnación. Respaldo abierto sólo sentirá por
Sidonio Pais y eso después del asesinato. Escribirá sus famosos poemas “Mensagem” y “A
Memoria del Presidente-Rey Sidonio Pais”.62
62
Se definirá entonces así: “Ideología Política: Considera que el sistema monárquico sería el más
apropiado para una nación orgánicamente imperial como es Portugal. Considera, al mismo tiempo,
la Monarquía completamente inviable en Portugal. Por eso, al haber un plebiscito entre regímenes,
votaría, aunque con pena, por la República. Conservador de estilo inglés, esto es, liberal dentro del
conservantismo, y absolutamente anti-reaccionario. Posición religiosa: cristiano gnóstico y, por
tanto, enteramente opuesto a todas las Iglesias organizadas y, sobre todo, a la Iglesia de Roma. Fiel,
por motivos que más adelante están implícitos, a la Tradición Secreta del Cristianismo, que tiene
íntimas relaciones con la Tradición Secreta de Israel (la Santa Kabbalah) y con la esencia oculta de
la masonería. Posición patriótica: Partidario de un nacionalismo místico, de donde sea abolida toda
4.3. - LA REPÚBLICA, “REDENCIÓN DE PORTUGAL”
La implantación de la República en Portugal fue presentada como una resurrección,
como un acto milagroso que devolvería la grandeza perdida, como un acto de magia que
haría volver aquel país que había “dado mundos al mundo”. La euforia, propia de los
portugueses que ven resurrección en cualquier cambio político, está fielmente retratada por
el poeta Antero de Quental, lo que da también la medida de la apuesta de los escritores e
intelectuales en el derrocamiento de la Monarquía. En efecto, Quental aseguró: “Pero qué
noble y alta gloria para el pueblo que apareció en la historia abriendo a Europa el camino
de un nuevo mundo, concluir ahora su misión presentando a las naciones maravilladas, no
ya un nuevo continente, pero sí un nuevo mundo social, un mundo de justicia, la
Repúbljca.63 Palabras tan exaltadas y fuera de tono, marcan el ansia portuguesa de encontrar
nuevos motivos de gloria.
El republicanismo se presenta sobre la base de búsqueda y reformulación de la
identidad nacional, bajo el signo de un resurgimiento patriótico; en el lenguaje, resulta
determinante el timbre “revolucionario”, pero en verdad es sólo un movimiento reformista
que no pretende cambios profundos y modificaciones sustanciales, sino que los limita al
aparato político, a la sustitución de un sistema político por otro. En el fondo, el
republicanismo es movido por la fuerza que ya no soporta a la Monarquía, es decir, la
burguesía, y será ella la que determine los alcances del movimiento.
Recordemos que luego de la independencia de Brasil, Portugal se volcó a la
construcción de un nuevo Imperio en Africa. El ultimátum inglés de 1890, produce una
inmensa sacudida que es transferida al sistema político. El argumento es que Portugal fue
capaz de grandes hazañas en el pasado y que, por tanto, la ofensa británica no alcanzaba al
país, que sólo se trataba de una afrenta al sistema político y que la nación, propiamente
dicha, salía incólume del hecho. La culpable era, pues, la Monarquía, que desgobernaba y
conducía al país a la bancarrota. Había que destruir la Monarquía que se atravesaba e
impedía el reencuentro místico de la nación consigo misma y proceder a la reconstrucción
de la “patria portuguesa”. Ahora bien, ¿dónde radicaría la grandeza? La solución seguía
estando en el continente negro y la búsqueda debía dirigirse a la construcción de nuevos
“Brasiles africanos”. La República retomará la idea que, al fin y al cabo, es la esencial de
toda la historia contemporánea portuguesa.
La burguesía tiene papel dominante en Portugal a mediados del siglo XIX.
Lentamente va rebelándose contra los estatutos y prácticas establecidos. Al mismo tiempo,
exige el reconocimiento de una dignidad social de clase. Con la República, marchará contra
infiltración católica romana, creándose, si posible fuere, un sebastianismo nuevo, que la sustituya
espiritualmente, si es que en el catolicismo portugués hubo alguna vez espiritualidad. Nacionalista
que se guía por este lema: Todo por la humanidad, nada contra la nación”.

63
“En 1870, en “Prosas”, p. 189, citado por SERRÃO en la nota introductoria a “Da República. . . ,
p. 29.
los viejos comportamientos mercantilistas y buscará al advenimiento de un capitalismo
avanzado que, como bien apunta Serrão64, se manifestó en una concentración de la
propiedad agraria, concebida en términos de explotación tendiente al lucro, en una industria
fabril con los ojos puestos en los mercados coloniales y en la utilización de la mano de obra
barata que la emigración no lograba canalizar hacia afuera. Si bien el mercado interno
estaba en expansión por el crecimiento poblacional y de la red ferrocarrilera, aún no
bastaba y había que dirigirse hacia las colonias, recrear el Imperio en el continente negro.
La República desata el proceso. El pueblo armado cuida los Bancos, los obreros
asienten a una coexistencia transitoria con los intereses republicanos, la pequeña burguesía
colabora con los intelectuales para renovar el bagaje ideológico y las clases medias
(representadas por los empleados públicos, comerciantes, profesionales liberales), si bien
no colaboran con la República, tampoco obstaculizan y adquieren poder en los engranajes
estatales y municipales; se suceden Pimenta de Castro y Sidonio Pais y llega Salazar y las
clases medias se muestran pasivas; para utilizar mecanismos pessoianos, podría decirse que
la República fue tributaria de las clases medias en el sentido de que éstas eran depositarias
de los “valores nacionales”, representaban la “media” del valor nacional, encarnaban la
“Patria” hasta el punto de no poder hacerse nada contra ellas pues sería hacerlo contra
aquélla; tampoco podían gobernar por sí mismas (su tendencia era la abstención) y por ello
Pessoa asegurará después que los intentos gubernativos de João Franco, Sidonio Pais y
Pimenta de Castro habían sido sólo intentos por hacerlas tomar el comando de la política y
que a ello se debía el fracaso de los tres gobiernos.
En el plano político, la República era también un mero reformismo, un
“regeneracionismo” como se dice en portugués. Puede hablarse de un “republicanismo
liberal” que echa mano del democratismo y del positivismo, como las armas fundamentales
con las cuales enfrentar la tarea. Con el democratismo se lanzan al uso diario expresiones
como intervención popular, coparticipación, y todas aquellas propias de un hecho de este
tipo; mientras las palabras resonaban, las clases medias y ios inmensos sectores agrarios
permanecían sin acción, observando la verborrea jacobina. La República lo comprende y
cree que la solución es lanzarse contra todos los valores tradicionales, especialmente los
defendidos por la Iglesia, para lo que se echa mano del positivismo y se promueve a los
masones en compleja alianza. Frente a la clase media, sin embargo, la República se muestra
prudente y procura hacerla absorber el “patriotismo liberal” y convertirla en
inevitablemente republicana, asegurándole que no modificaría su código de valores. La
República se confunde con la “regeneración de la patria” y ésta pasaba por la reedición de
los sueños imperiales.
La República se asume como cultura. Los poetas buscan la esencialidad lusitana, la
base íntima donde la República se afinque. Ya lo hemos visto: Guerra Junqueiro publica
“Patria”, António Nobre “O Desejado”, surge el “saudosismo” (concepto filosófico
religioso, basado en la “saudade”, elemento característico del alma portuguesa), aparecen
Pascoaes y la “Renascença Portuguesa”, “Orpheu” asume el modernismo lusitano y
aparecen y desaparecen otros grupos como “Seara Nova” y suenan y resuenan nombres
como Sampaio Bruno, Leonardo Coimbra y António Sérgio. Fernando Pessoa está inmerso
en esta generación, en este tiempo, en este cambio. En “Aguia” lo resume: “Dar un sentido
64
Ob. Cit.
a las energías intelectuales que nuestra raza posee, esto es, colocarlas en condiciones de
tomarlas fecundas, de poder realizar el ideal que, en este momento histórico, abrasa a todas
las almas sinceramente portuguesas: crear un nuevo Portugal, o mejor, resucitar la Patria
Portuguesa, arrancarla del túmulo donde la sepultaron algunos siglos de oscuridad física y
moral en que los cuerpos enflaquecieron y las almas se ablandaron”;65de allí, apelará a una
República auténticamente portuguesa y no francesa, se atará momentáneamente al
“saudosismo” y aliará sus recurrentes enunciados al “Desejado” (Don Sebastián que
vuelve) y al Quinto Imperio que será portugués y de Portugal para Europa, un imperio
espiritual y civilizador.
Es en medio del desorden creado por la República, como Pessoa vivirá y escribirá
sus ensayos políticos no publicados. Es en medio de la anarquía, apenas limitada por breves
etapas, cómo nuestro poeta trazará sus proyectos siempre inacabados y donde retrocederá a
buscar las causas de la decadencia. Será antirrevolucionario, desplegará aquellas teorías
sobre la utilidad anárquica de las revoluciones, se proclamará antidemocrático ante la
visión del “democratismo
republicano”, se definirá como “liberal conservador, hechará manos del “misticismo
nacionalista redentor de la Patria, concluirá con que es necesario el “interregno” dictatorial,
sufrirá y se ilusionará y desilusionará de las manifestaciones que el poder concreto va
encarnando e, inevitablemente, inmerso en la realidad de su tiempo, no verá otra salida que
una dada por la fuerza.
Pessoa adhirió a la República, pero luego es de los que establecen las diferencias
entre “República vieja” y “República nueva”, lo cual quiere decir que aquella
manifestación tangible del republicanismo no era la querida y ansiada. Es fácil entender que
Pessoa prefiera un camino diferente del desorden instalado en aquella Republica real, a un
retorno monárquico o una revolución total. Su planteamiento de una salida de fuerza
ínevitable aproxima su pensamiento al fascismo en puertas, pero del fascismo que alcanza a
ver nada le gusta y vuelve al estado natural de su alma, la crítica abierta.

4.4. - LA REPúBLICA MULTIPLICA LOS VICIOS DE LA MONARQUÍA


Pessoa vincula la caída de la Monarquía con su dependencia del catolicismo
(institucional y espiritual), con el hecho de no haber logrado una forma portuguesa (pues
importó a través de Francia la forma exterior de la Monarquía constitucional inglesa) y de
no haber tenido partidos separados ideológicamente, sino apenas grupos gobernados por
caciques.66
Es tal el caos de la República que Pessoa llega a interrogarse sobre eventuales
reacciones monárquicas y las posibilidades de éxito que puedan tener, pero apenas
terminado el ensayo sobre las causas de la caída monárquica y respondidas las angustias de
65
En Aguia.
66
El último gabinete monárquico estuvo presidido por Teixeira de Sousa, a quien no corresponde
responsabilidad en la caída.
retorno, se desespera ante las faltas de avances y de progresos, a pesar del remezón que ha
representado el cambio de régimen; encuentra que la sociedad portuguesa está impregnada
de conservantismo y es preciso dar libertad para procurar una adhesión libre al nuevo
régimen y no por la coacción. Encuentra que este no es el espíritu del gobierno provisorio y
llega a pensar que el momento de la revolución (5 de octubre de 1910) no había sido el más
oportuno, como si los cambios históricos pudieran detenerse a la espera de esa abstracción
que se llama “momento oportuno”. En ilación típica de su pensamiento, encuentra que la
implantación republicana ha resultado quizás demasiado fácil y en ello se explica lo que
ocurre; piensa que mejor hubiese sido que las fuerzas monárquicas estuviesen todas
absorbidas por la reacción para que así, entonces, la República hubiese costado mayor
esfuerzo y la destrucción de las fueras monárquicas hubiese sido completa. Lo angustia que
en el nuevo régimen estén muchos hombres de la Monarquía, lo que, por lo demás, es
absolutamente normal en períodos de transición o iniciales de un cambio, así como también
en etapas posteriores.
Comienza a disgustarle, muy en serio, lo que ve. Lo justifica, diciendo que las
revoluciones son producto precisamente de la falta de cohesión y que ello,
lamentablemente, se refleja luego en la administración; entiende que hay que corregir la
revolución. No obstante, le falta el optimismo. Espera que el Partido Republicano haga una
revolución dentro de sí y aparte los indeseables. Pasa a analizarlo y encuentra que “dada la
situación de Portugal, era imposible que el Partido Republicano fuese un partido educado,
del todo consciente y enteramente sano. El estado de poderoso abatimiento moral de la
patria fue el que generó el republicanismo y la revolución. . . formaba parte el partido del
país y no podía por tanto ser moralmente equilibrado y justo. . . era imposible que
representara una regeneración; representaba, más bien, una tendencia hacia la
regeneración”.67 Pessoa olvida que la revolución adviene por la decadencia o degeneración
de lo anterior y que las fuerzas que la hacen salen precisamente de lo existente; no se sabe
dónde pretendía Pessoa encontrar una fuerza pura e incontaminada para sustituir lo
existente. Pero llega más allá al pensar que los síntomas desagradables están en que el
partido no es suficientemente republicano, no está suficientemente nacionalizado y no es
suficientemente portugués; la contradicción es obvia. Con ingenuidad piensa que los
hombres aparecerán y que ha terminado la misión de quienes hicieron posible la República,
como si al poder se renunciase tan fácilmente y como si las victorias condujesen al
desprendimiento. Para Pessoa hay que fundar un nuevo partido que agrupe todas las fuerzas
de la regeneración; lo describe idealmente, lleno de ¡lombres excelentes y altruistas.
Vuelve una y otra vez a describir el estado pavoroso en que Portugal había caído
bajo la Monarquía y tal vez exagera, con intención de justificar a la República. Se dice que
el hecho revolucionario en sí prueba que la nación portuesa tiene vitalidad, que el
decadente era el régimen político y no el país. Tiene períodos de euforia y la “certeza
sociológica” de que, a pesar todo, ha empezado el resurgimiento nacional, proclama la
tristeza como reaccionaria y el pesimismo como retrógrado, pero se hunde en sus propios
razonamientos: “Una crisis social es simplemente un medio violento y natural para eliminar
a los débiles y los inútiles. Si toda una nación o una sociedad cae abajo, es que ella era toda
inútil y débil”.68 Insiste en que la crisis era del régimen político y la prueba es que la
67
“Da República…”. Pp. 127-128.
68
Ibíd., p. 114.
Monarquía cayó, pero ocurre que subsiste y la mejor prueba es el radicalismo republicano,
al que llama fuerza monárquica. Hay, entonces, que destruir esas fuerzas. Portugal sigue en
crisis, pero esa crisis es la salvación; el peligro estaba en que la crisis de la Monarquía se
convirtiera en la crisis de la nación, pero la muerte de aquélla evitó el peligro.
Contradicción tras contradicción, auto- engaño tras autoengaño. Pessoa olvida que centra
los vicios en haber salido el republicanismo de la podredumbre de la Monarquía y de
subsistir fuerzas monárquicas en el seno republicano, hasta el punto de considerar “fuerza
monárquica” a la expresión más radical del republicanismo.
El poeta va cambiando de tono. Las palabras duras se suceden; ahora la República
pasa a ser una multitud amorfa de pobres diablos gobernada por una minoría de malandros,
una orgía de bandidos estúpidos. Comienza a admitir que es difícil encontrar beneficios en
la República, a no ser el que siempre atribuyó a las revoluciones, lo positivo de sembrar la
anarquía. Ya no le gusta la propaganda anti-clerical de la República;69 insiste en que esta
República no es portuguesa sino francesa, es decir, que incurre en el mismo error de 1820,
cuando el constitucionalismo trajo fórmulas inglesas pasadas por Francia, como
acostumbraba a decir, y que fue una de las causas de la desnacionalización. El “Pessoa
sociólogo” que encontraba explicaciones va lando paso a un Pessoa crítico feroz;70 por
momentos se le asoma un rayo de esperanza.71 Con Sidonio Pais parece que le renace, pero
duda mientras aquél vive, y cuando muere escribe la famosa oda al “Presidente-Rey”.
Sucede que la vieja alma portuguesa no sirve, hay que crear una nueva. Hay, al fin y
al cabo, discurre, una “ley de continuidad social”, consistente en que las cosas no cambian
automáticamente; sobre el estado social de ellas se ejerce la influencia de una corriente
purificadora que lentamente va alterando ese modo de ser social; advierte que esa
69
Pero no le gusta porque cree que ha sido mal orientada, y, para remachar su disidencia de todo lo
francés, asegura que ha sido casi tan mala como la francesa. Hace notar que en el alma portuguesa
hay un vago misticismo que está ausente totalmente de la francesa y que, por tanto, inculcarle
positivismo es esforzarse en matarla. Agrega: “El portugués puede tener necesidad de creer, pero la
tiene siempre de soñar, divagar”. Ibid., p. 158.

70
Acusa también al gobierno provisorio de falto de disciplina y de unión; de incapacidad para
mantener el orden, para disciplinar el país; no encuentra nada para devolver a Portugal a una
posición de firmeza en la vida internacional, nada para una política patriótica y coherente. Entra en
su habitual manía de dividir y subdividir, se pierde en clasificar los tipos de revolución, diferencias
entre motín y sublevación estado espíritu necesario para hacer una revolución, etc. Concluye que
Portugal no estaba preparado para la República sino para ti anarquía (Ob. cit. p. 149) sin explicar
dónde quedan los beneficios anárquicos de las revoluciones y, en general, las líneas centrales de
todo su razonamiento; pero Pessoa ya piensa que el nuevo régimen se llamó República sólo para
marcar diferencias con el régimen anterior y se lanza a procurar los epítetos más fuertes contra
muchos de los que aparecen vinculados al nuevo régimen.

71
“Bien que esto va mal, porque eso es nuestra salvación. La República actual es la continuación
del estado de cosas de la Monarquía, con este simple añadido: la abolición del hecho que impedía
siquiera pensar en mejorar el estado de cosas. Porque eso es la República. . .la condición de un
progreso ulterior”. Ibíd. p. 156.
sustitución de lo malo por lo bueno se siente muy lentamente en los hombres del nuevo
régimen.
Está pues convencido de que la República sólo ha sido la condición de un progreso
a seguir, pero nota cómo aquélla abusa de las dictaduras, tanto como la Monarquía,
haciendo en ellas sus leyes más importantes sin someterlas a congresos constituyentes
(leyes de divorcio, de familia, de separación de la Iglesia y el Estado); emerge pues un
Pessoa paradójico, que considera que la República implantada en régimen provisorio ha ido
más allá de lo que debía, como si las revoluciones en sucesión accedieran a someterse a un
control constitucional o a unas elecciones, fórmulas ambas que, como hemos visto, él
mismo detestaba. La amada libertad que tanto soñara para que con ella se manifestaran las
fuerzas de la regeneración se le antoja coartada. “En la Monarquía era posible insultar por
escrito al Rey; en la República no era posible, porque era peligroso insultar hasta
verbalmente al señor Afonso Costa”.72 No encuentra libertad, ni paz, ni mejoras en la
administración, se queja de la anarquía y el desorden, se lanza a analizar los diferentes
tipos de gobierno, a clasificarlos y a establecer las características de cada uno. El poeta se
ahoga, cansado, y deja este párrafo extraordinariamente revelador de su estado de ánimo:
“Acabé de escribir. Me detengo cansadamente en la meditación de cuanto, al final de todo,
es mezquino y vano. . . hay algo de dolorosamente ridículo en estar en una mesa. . . delante
de un tintero, odiando en voz alta hombres y cosas. Hace sonreír. . . el ver que los Afonsos
Costas, Alexandres Bragas, Bernardinos Machados y radicales lisboetas y portugueses, son,
real y objetivamente, parte del universo, de la vida, del mundo, lugares psíquicos donde se
encuentran las fuerzas básicas y primordiales del dinamismo universal”.73

4.5. - LAS ETAPAS REPUBLICANAS


El 14 de mayo de 1915 cae la dictadura de Pimenta de Castro. Pessoa asegura que
fue una reconstrucción republicana de los principios monárquicos, agravada por la anarquía
propia de la revolución.
El 27 de febrero de 1920, Pessoa publica el célebre poema “A Memória do
Presidente-Rey Sidonio Pais”, fiel reflejo de su pensamiento político, incluidas las
contradicciones que lo asolaban. Pais lo ilusiona por momentos, también por momentos
mantiene críticas acerbas en su contra y sólo después de su muerte realmente emite una
opinión que se sintetiza en la denominación de “Presidente-Rey”. Pessoa saluda a Pais74
como “Presidente de la República por voluntad del destino y la fuerza”, derechos que le
parecen mayores que el sufragio que lo confirmó; pero nuestro poeta critica de seguida a
quienes rodean al Presidente. Sidonio encarna, ante sus ojos, lo que puede llamarse
República Nueva por oposición igual a Monarquía y República Vieja; de esta última toma
lo meramente destructivo y rechaza lo constructivo lo que quiere decir que la República

72
Ibíd. P. 150.
73
Ibíd. Pp. 183-184
74
Sidonio Pais gobierna desde el 8 de diciembre de 1917 hasta el día de su asesinato, el 14 de
diciembre de 1918.
Nueva no acepta como buena la falsa destrucción de la Monarquía que consiste en seguir
gobernando del mismo modo; asi mismo proclama como buena la intención cultural de
destruir al catolicismo, pero apela a una acción, nunca desarrollada por la República Vieja,
consistente en atacar su fuerza política y no su fuerza social. En resumen, Pessoa piensa
que la República Vieja destruyó mal, ya que la aniquilade la Monarquía no pasaba sólo por
echar al Rey sino también por destruir los tipos de mentalidad gobernantes y sustituirlos por
otros; al fin sólo acepta de la República Vieja los principios generales: abolición de la
Monarquía, separación entre Iglesia y Estado, la necesidad de quebrar la indolencia
económica del pueblo.
Para Pessoa el “Sidonismo” fue una época de transición y por tanto se limita en sus
exigencias. Comienza por admitir que en una época de transición no se puede crear (¿?),
aunque sí procurar la tradición nacional y adecuarla a las circunstancias; por lo demás,
precisa que esa tradición está ligada a lo que se denomina, alternativamente, monarquía
representativa o monarquía absoluta; una vez más el “sociólogo” se pierde en extensas
consideraciones y dice que el partido de Pais estaba formado por los “no políticos”, lo que
equivalía a la mayoría, sólo que no estaba organizada. De esta manera, Pessoa encuentra el
fracaso del “Presidente-Rey” en que tenía un fuerte apoyo nacional pero no un apoyo
político. En su poema llora la muerte de Pais, piensa que se trata de otro Alcácer-Quibir
(donde murió el Rey D. Sebastián) y repite la esperanza de que el “desejado” aparezca
algún día.75 En suma, Pais fue para nuestro poeta la expectativa de la encarnación de
Sebastián, sin dejar de criticar lo concreto que no le gustaba de aquel gobierno,
considerando, al final, que no le dieron tiempo para comprobar si en efecto era el
“desejado”.76

75
Pessoa se manifiesta partidario de una República Presidencialista, discusión que aún hoy en día,
aflora en la política portuguesa, acusándose, a quienes por esta vía se inclinan, de “sidonismo”.
Piensa que la República Nueva debe pasar a gobernar con nuevas élites, porque una revolución es
precisamente eso, la sustitución de élites; para él, los políticos profesionales deberían ser sustituidos
por el ejército, comerciantes e industriales y separar claramente los poderes ejecutivo y legislativo.
El presidencialismo de Pessoa es determinado en el tiempo, pues piensa que, “para ese momento
concreto”, conviene, sin entrar a discutir en abstracto las ventajas de uno u otro sistema. Por
momentos se queja de la incomprensión hacia la República, traducible aquí por incomprensión
hacia el gobierno de Pais, ya que, alega, no se podían esperar beneficios instantáneos.

76
En unas famosas páginas tituladas “Na farmácia do Evaristo”, Pessoa recurre al diálogo para
hacer conversar a diversos personajes sobre los sucesos políticos, desde la caída de la Monarquía
hasta los sucesivos gobiernos republicanos, fallas y errores cometidos, y contrapone opiniones
diversas y contradictorias.
En las páginas 223-224 de “Da República. . . Pessoa defines clases de nacionalismo. El
tradicionalista, que hace consistir la substancia de la nacionalidad en cualquier punto del pasado, y
la vitalidad histórica en la continuación de ese punto. El integral, que consiste en atribuir a una
nación determinados atributos psíquicos, y la vitalidad y la consistencia de la nacionalidad en la
permanencia y fidelidad a ellos. El sintético, que consiste en atribuir a una nacionalidad, como
principio de individualización, no una tradición determinada ni un psiquismo, sino un modo
especial de sintetizar las influencias del juego civilizador. Para Pessoa, cada uno tiene razón en su
campo, pero el nacionalismo integral la tiene supremamente, porque está en todos los campos al
mismo tiempo.
4.6. - LA DECADENCIA Y OTRAS “LÍNEAS MAESTRAS”
En “Sobre Portugal, Introducción al Problema Nacional”77 Pessoa traza las tres
caracteríscas que, a su entender, constituyen una nación: 1) una relación con el pasado; 2)
una relación con el presente, nacional o extranjero; y, 3) una dirección hacia el futuro. Se
lanza así a analizar lo que será el punto central de toda su disquisición política: la
decadencia portuguesa. En efecto, nuestro poeta considera a Portugal como un caso atípico,
creado con los descubrimientos y luego confinado, durante los siglos que median entre
aquellos acontecimientos y el inicio de la confusa experiencia republicana, meramente a
sobrevivir. Destaca tres fases en la decadencia portuguesa: la primera, desde el reinado de
D. Manuel hasta la anexión por España; la segunda, desde entonces hasta el surgimiento, en
1820, del constitucionalismo, y la última, pareja con la Monarquía Constitucional. Pessoa
asevera (en medio de las dudas sobre la fecha cierta del comienzo de la decadencia) que
decayeron, paralelamente, el Estado portugués y el hombre portugués, desapareciendo, por
consiguiente, una conciencia superior de la nacionalidad y de los fines nacionales.
La tragedia del Portugal de su tiempo lo lleva, como se evidencia, a sumergirse en el
análisis de los siglos pasados en busca de causas y explicaciones. Le parece encontrar las
razones de la ruptura de equilibrio: la decadencia en sí, el constitucionalismo que rompió
tradiciones políticas sin aportar otras nuevas que sustituyeran lo depuesto, la ruindad de los
gobernantes ineptos. En realidad, se observa en Pessoa la inclinación de culpar más a los
gobernantes que a las instituciones. La República no le parece una excepción y así afirma:
“No había clase con capacidad política; no había, por, tanto, clase con capacidad
reformadora cuando una reforma política se imponía. . .” Luego agrega una frase reveladora
de su concepto de revolución, al describirla como “una reforma hecha por clases incapaces
de reformar. . . donde no hay juicio político hay juicio revolucionario”.78
Como bien describe Serrão,79 la contemporaneidad cultural de Pessoa es liberal
(Con retoques de democratismo y de socialismo) burguesa (pintada de aristocratismo y
Populismo) decadentista (esperanzada en el regreso del país al esplendor imperial),
regenera (interesada en reponer lo que estaba destruido) y reformista (interesada en reparar
aquello que no fue del todo destruido). Decandentismo y reformismo parecen así como las
caras de la moneda del iempo de Pessoa, limitantes de la capacidad de pensar y de
transformar la realidad nacional, y manifestadas en la incapacidad de un proyecto de futuro
que no se enraizara en el pasado. Pessoa es portugués, y un portugués que lo ha decidido
voluntariamente al regreso de Africa del Sur, con lo que también se sumergió en las
tradiciones culturales lusitanas, marcadas por la “decadencia-regeneración.

77
En Ediciones Atica
78
En “Da República. . . Edic. Atica, pp. 28-29.

79
En la Nota Introductoria a “Sobre Portugal. . .”, ob. cit.
Por momentos haceh una lectura más “política” de la decadencia y encuentra las
causas en la sumisión al modelo político del liberalismo francés y a las realidades del
capitalismo inglés. Ve en las revoluciones sacudidas que permiten la posibilidad de cosas
nuevas, la anarquía y la destrucción haciendo patente la necesidad de orden y de
construcción y mera condición, para países decadentes como Portugal, de la
contrarevolución estabilizadora y de la regeneración. Concluye, invariablemente, con la
necesidad de construir una nueva alma portuguesa; por ello considera que el primer paso a
dar es de carácter espiritual. Inevitablemente va a parar a la necesidad de un impulso por
parte del hombre genial que “reinvente mitos” y al poder de la palabra; así “Interregno”
será tan importante, como veremos al analizar uno de sus escritos políticos fundamentales,
puesto que cada suceso es un intermedio en la búsqueda de una continuidad estructural que
ligue el imperio tenido al imperio por tener.80
Para Pessoa el “tiempo político” pasaba por disolver, mortificar, reconstruir, recrear
y sublimar; destruir, desordenar, los fundamentos de la sociedad burguesa y católica;
reorganizar, proponiendo un sistema y una jefatura, siempre como una fase intermedia;
recrear y sublimar, superando la etapa provisoria, para que llegase el Quinto Imperio, el
Imperio Espiritual con que soñaba.
Pessoa veía la Nación en su carácter permanente y al Estado como aleatorio y
circunstancial. La palabra nacionalismo le parece desvirtuada y el patriotismo (asumido
como una defensa) algo superior al instinto natural de amar la tierra donde se nació, algo
fundado en el intelecto, para preservarla de extranjerismos y de internacionalismos que
disminuyeran su personalidad. El libealismo era concebido como la libertad de pensar. El
concepto de patria preside sus análisis; al insistir en la diferenciación entre Nación y
Estado, proclama la primera como viva y el segundo como inexistente, que la patria
portuguesa existe dentro de cada portugués, que la crisis portuguesa viene de la crisis del
concepto de Patria, absurdamente sustituida por una excesiva valorización del Estado. Al
precisar que cada ciudadano debe desarrollarse a sí mismo como portugués, rompe con la
colectivización que proclama Campos en “Ultimatum”, la que pasa a ser otro “interregno”.
La Patria es sólo un medio para crear una civilización. Para esto es indispensable la
existencia de un “escol” (élite), concepto aristocrático que domina también el pensamiento
pessoiano. La crisis proviene de la incapacidad de generar élites. Vuelve al análisis del
pasado para comprobar que los descubrimientos y las conquistas fueron arrastrándolas a la
destrucción y no hubo una renovación, es decir, no se presentaron nuevas circunstancias
creadoras de nuevas élites. El “escol” es más perfecto cuanto más diferente es del resto de
la población, pero al mismo tiempo, cuando está unido al resto de la población por un
interés nacional y por la acción que ejerce sobre ella. Para Pessoa, el “escol” no es una
clase ni acepta la intervención del Estado para producirla. En sus divagaciones llega a
considerar la creación de un organismo cultural que sustituya al Estado y que tendría por
objetivos la creación de una aptitud cultural en las clases medias y la creación de una
propaganda ordenada y científica de Portugal en el extranjero.

80
La palabra interregno significa, literalmente, aquel espacio de tiempo en que un Estado no tiene
soberano y, figurativamente, interrupción.
La crisis se manifiesta en decadencia, desnacionalización y degeneración. La
primera comienza con el desastre de Alcácer-Quibir, donde muere el Rey D. Sebastián, y se
prolonga en el dominio de los Felipes; Sidonio y demás sucesos son relámpagos transitorios
en una decadencia que se prolonga. La segunda está en la llegada a Portugal del sistema
monárquico extranjero, con la corrupción de las costumbres políticas portuguesas y el
abandono de un gobierno a la portuguesa. La tercera, prolongación de la segunda, surge en
1910 con la implantación de la República.
Pessoa despliega su concepto de orden en el artículo titulado “O Preconceito da
Ordem” y también en “Interregno. . .” . En el primero examina cómo el ideal social de los
defensores del orden se traduce en una sociedad absolutamente nivelada y, por tanto, donde
sería imposible el “escol” que él estima indispensable. Explica que si es una perfecta
conformidad básica, o una general sumisión a la orientación general de la sociedad, lo que
se postula como el principio del orden, todos los valores tendrían que actuar en el sentido
de esa orientación general, dado que si no lo hicieran estarían fomentando la anarquía y el
desorden; si lo hicieren estarían creando el orden, equivalente a la conversión de esa
sociedad en una masa inerte, “incapaz de esbozar una orientación social”. El análisis es
arbitrario, como todos los de Pessoa, y difícil de seguir, pero entendemos que los
defensores del orden, en su óptica, se basan en uno que no existe en la constitución íntima
de las fuerzas sociales; éste pasa a convertirse en un objetivo de los partidos políticos. Esto
equivaldría a que los partidos tuviesen, además de la preocupación de las teorías políticas
que los hacen tales, la preocupación del orden, combatiendo ambas en su seno, anulándose
una con la otra.
La divagación pessoiana sobre el orden sólo tiene interés porque permite ver sus
diferencias con el fascismo. Es bueno recordar también la comparación que hace entre el
hombre sano y la sociedad en general. Para él, el hombre sano sólo piensa en la salud
cuando está enfermo, así como la sociedad normal sólo piensa en el orden cuando en ella
aparece el desorden. Así el hombre sano en el que aparece la enfermedad no quiere sentirse
simplemente con salud, sino atacar la causa de la dolencia; así la sociedad sana cuando
siente el desorden, procura no mantener el orden, sino atacar el mal que produjo el
desorden. Para Pessoa la preocupación exclusiva por el orden es un morfismo social.
En verdad estos planteamientos no se parecen al fascismo por el cual el principio del
orden —impuesto a la fuerza por una facción— está por encima de cualquier otra
consideración en “Interregno. . .” al asumir la defensa de una dictadura militar en Portugal,
parece confirmarlo; esa dictadura que pregona es intransferible.

4.7. - “INTERREGNO. JUSTIFICACIÓN DE LA DICTADURA MILITAR EN


PORTUGAL”
“Interregno, Justificación de la dictadura militar en Portugal” presenta la dictadura
como una transición, como un puente entre el sueño malogrado de Alcacer-Quibir y el
Quinto Imperio. Pessoa precisa que no está implícita ninguna defensa de dictadura militar
existente y que si esa dictadura concreta cae no arrastrará sus argumentos. Recordemos que
transcurre el año de 1928 cuando se escribe el “Interregno. Justificación de la dictadura
militar en Portugal”. Redactará una nueva versión en 1932, y aunque da por no escrita la
primera, aclara que no reniega de todo lo dicho. Se trata de que en 1932 está vigente una
Constitución reciente y ha comenzado el “Estado Novo”. Esta segunda versión nunca será
terminada. Alcanza a pronunciar algunos pocos juicios sobre Salazar. Destaca las
diferencias entre el Profesor de Coimbra y otros jefes políticos portugueses; el carácter
ascético, un hombre de ciencia y de trabajo en oposición a los políticos vulgares. Expresa
que el prestigio administrativo y financiero de Salazar fue aceptado por los portugueses
automáticamente debido a que no entendían nada de lo que ocurría. Advierte, finalmente,
que atrayéndose ciertas clases cultas que habían quedado un tanto retraídas, redondeó el
prestigio de jefe político, de organizador de la Constitución y del Régimen Corporativo. No
adversó ni hostilizó a Salazar, pero hay un poema titulado “António de Oliveira Salazar”
donde dice, en tono satírico, que la libertad y la verdad comienzan a escasear en el mercado
por causa de este señor.81
En realidad no hay desagrado en nuestro poeta hacia lo que alcanza a ver del
“Estado Novo”, si bien no nace en él entusiasmo ni convencimiento. Podría decirse que
Pessoa siente interés y expectativa, sobre todo porque le parece encontrar en Salazar
métodos auténticamente portugueses, lo que había sido su constante reclamo. Es evidente,
que la figura sobria y no demagógica de aquel hombre le llama la atención, por contraste
con la experiencia vivida en la República.
Es preciso seguir en “Interregno. Justificación de la dictadura militar en Portugal”
las “tres jusficaciones” de la dictadura militar; queda claro que ella está considerada como
una simple transición, como si fuese posible controlar las fuerzas desatadas y precisarle al
poder militar el momento justo de cesar porque a su vez han cesado las causas que el poeta
creyó suficientes para invocarlo.
En primer lugar, piensa que habiendo en Portugal tantos monárquicos como
republicanos, estaba demostrada la imposibilidad de cualquiera de las dos formas de
gobierno, y que si había República era simplemente porque tenía que haber cualquier cosa.
Es fácil entender que el futuro país dividido en dos fuerzas iguales se le presentara a
nuestro poeta como propicio a guerra civil, para evitar la cual forzosamente se invocará la
intervención de las fuerzas armadas. La nación, dividida contra sí misma, no puede tener un
régimen que defina una unión inexistente. La explicación de la división la encuentra en la
inexistencia de una idea portuguesa, de un ideal nacional, de un concepto misional. Al faltar
un régimen, las fuerzas armadas tienen que pasar a serlo ellas mismas, mediante la toma
total del poder.
En segundo lugar, vuelve a arremeter contra el constitucionalismo, copiado del
modelo inglés. No habiendo un régimen, no puede extraerse de él una norma gubernativa,
siendo la única vía el establecimiento de un Estado de Transición. “Siendo. . . éste. . ., en
materia nacional, la condición de un país en que están suspendidas, por una necesidad o
compulsión temporarias, todas las actividades superiores de la Nación, como conjunto y
elemento histórico, lo cierto es que no está suspendida la propia Nación, que tiene que
81
Hay otro poema donde critica la represión policial; ambos fueron publicados, por vez primera, por
“Diário Popular”, el 30 de mayo y el 6 de junio de 1974, respectivamente.
continuar viviendo. . . los gobernantes de un país en un período como estos, tienen que
limitar su acción a lo mínimo, a lo indispensable. . . es el orden público. . . gobernantes
naturalmente indicados por un Estado de Transición son aquellos cuya función social sea
particularmente la manutención del orden. Si una Nación fuese una aldea bastaría la policía;
como es una Nación, tiene que ser la Fuerza Armada entera”.82
En tercer lugar, explica que hay tres bases de gobierno, a saber: la fuerza, la
autoridad y la opinión; aunque toda clase de gobierno tiene que tener de las tres, las dos
primeras se fundan o regulan en la tercera.
Hay cuatro órdenes de opinión, la basada en el instinto inferior, la basada en el
superior o intuición, la basada en el hábito y la que se apoya en la inteligencia. La primera
es egoísta, no tiene sentido social; tienen sentido las basadas en la intuición y el hábito; la
basada en la intenligencia no, por ser expresión de temperamento. La democracia está
basada en esta última, la opinión de inteligencia, que es la única de carácter impersonal y
objetivo y, por tanto, la más individual, fría e incomunicativa. La única posibilidad para un
gobierno es el equilibrio entre la opinión de intuición, desintegradora, y la opinión de
hábito, integradora; Portugal no tenía tal equilibrio era preciso el “interregno” dictatorial.
Mística patriótica y nacionalismo, son los dos pilares para Pessoa de una opinión pública
capaz de dar a Portugal un gobierno, lo que lo avecina al análisis fascista, aunque nuestro
poeta precise, una y otra vez, que la fuerza y la dictadura son sólo
medios para encontrar una sólida y sana institución política nacional en medio de la
barahúnda que observa en su país. No dice Pessoa cómo conseguir los fundamentos para el
régimen político que habría de salir del “interregno” dictatorial; la incapacidad del análisis
político de Pessoa es evidente, lo vago y lo pueril se entremezclan en una cadena analítica
que proclama la necesidad de una dictadura por poco tiempo, que rechaza la fuerza y la
autoridad como bases de un gobierno y termina mencionando a la opinión pública, dividida
y subdividida, clasificada y reclasificada, como única base de un gobierno estable.
Esta debe buscarse en la tradición, porque es la tradición el hábito social por
excelencia. La opinión pública es un fenómeno de instinto y, por tanto, no se manifiesta
intelectualmente, o sea, no se define, como sucede a todo cuanto es instintivo. No
definiéndose, se vuelve, naturalmente, conservadora, adaptando a sí las cosas, no
adaptándose a las cosas. Para Pessoa la democracia se convierte así en enemiga de la
opinión pública, por basarse en tres bases erradas (sufragio, liberalismo y pacifismo) y por
ser antisocial, antipopular y antipatriótica. Es evidente que si la opinión pública es un
instinto no puede definirse y al tratar de manifestarse en el voto no es el voto de la opinión
pública lo que se logra sino el de las masas partidistas maniobradas por la “guardia
pretoriana” de cada partido. Admite que puede haber países donde coincidan opinión
pública y voto de la mayoría, como en Inglaterra, por excepción a la regla. Pessoa piensa
que como en Portugal no hay opinión pública hay que eliminar el constitucionalismo y, sin
buscar nada que lo sustituya, parecido o diferente, recurrir de una vez a un estado de
transición, la dictadura militar como “interregno”. Con ingenuidad pide que tal transición
sea reducida al mínimo.

82
Op. Cit.
Se lanza por la vía de procurar una opinión verdadera en Portugal; dentro de su
distinción e diversos tipos de opinión, condena, al mismo tiempo, a la fuerza, por típica de
las sociedades bárbaras o semibárbaras (traducida en episodios dictatoriales) y al régimen
de autoridad (porque lleva a la estabilización de los gobiernos de fuerza). En definitiva, no
queda otro fundamento, a un gobierno, que la opinión pública. Aquella que él ha procurado
definir de entre las zarzas de su pensamiento complicado y que, al parecer, se produciría en
el “Interregno”. La angustia le lleva a echar mano, como recurso de emergencia, de los
elementos que considera detestables para un gobierno permanente. De aquí se lanza a
analizar al hombre portugués y a delinear el mito sebastianista y el Quinto Imperio.83
Hay una fase interesante de Pessoa, los once artículos que publica en la “Revista de
Comercio y Contabilidad” que dirigía su cuñado Francisco Caetano Dias y que es editada
entre enero y junio de 1926, en Lisboa. Allí deja ver un pensamiento económico liberal y el
conocimiento sobre los problemas concretos con que trajinó como dependiente de varias
oficinas comerciales. Escribe sobre la historia del comercio, defiende el liberalismo
económico, critica las legislaciones restrictivas que perjudican a los comerciantes. Se ocupa
de la legislación laboral, critica aquella que restringe las horas de trabajo de obreros y
empleados o las horas de estar abiertos los establecimientos comerciales e industriales, pide
que se tomen en cuenta los equilibrios necesarios entre concesiones legítimas a los obreros
y empleados y las necesidades no menos legítimas de la producción y el consumo. Asegura
que ninguna ley es benéfica si ataca a cualquier clase social o restringe su libertad. Se
ocupa de los riesgos de la administración del Estado. Acepta la necesidad de existencia de
un Estado de cualquier especie, advierte contra los riesgos de intervención en la vida social
espontánea y aboga por un régimen de libertad para el comercio y la industria.

83
5
SOBRE EUROPA Y LA REPUBLICA
ARISTOCRATICA

5.1. IBERIA
En los textos agrupados en el volumen titulado “Ultimátum y páginas de sociología
política”, pueden encontrarse interesantes opiniones de Pessoa sobre la cultura europea, la
península ibérica, la República aristocrática el nacionalismo y los políticos.
Las particularidades derivadas de la vinculaión peninsular de Portugal y España,
dan especial relieve a las opiniones de Pessoa sobre Iberia. Nuestro poeta comienza por
limitar a la lengua el carácter latino de ambos países. Cree en la necesidad de una unión
peninsular formada por tres nacionalidades distintas, a saber, la castellana, la catalana y la
galaico-portuguesa; es bueno recordar que en los tiempos de Pessoa el nacionalismo catalán
se manifestaba con particular agudeza. Para esta unión, Pessoa cree necesaria la abolición
definitiva de la monarquía española, dado que si cesa la monarquía cesará España, principal
enemiga de tal unidad. Paralelamente, se alza, como obstáculo a Iberia, el alma francesa,
hostil a la ibérica en cualquiera de sus formas, exceptuando quizás la catalana.
La península no es, pues, tan latina comó ibérica. La primera distinción la establece
con la psicología de los otros dos países herederos de la civilización latina propiamente
dicha, Italia y Francia. De allí deduce y defiende que los portugueses y españoles tienen
una mentalidad diferente del resto de los países europeos y, sin olvidar la diferencia entre
ellos, piensa que ambos se parecen entre sí más que con los demás. Agrega: “Si somos
ibéricos, tenemos derecho a esperar que todo deba tender a una política ibérica, a una
civilización ibérica que, común a los dos países que componen Iberia, a todos, por eso,
trascienda”.84

84
Ob. cit. pp. 179-180.
Señala, como elementos que hacen posible la aproximación de los dos países, la
peninsularidad propiamente dicha, el locus histórico de fusión de lo romano con lo árabe y
la unión en el pasado por su común acción de apertura del Nuevo Mundo a la civilización.
Al volver a su concepto de “unidad civilizadora”, asegura que el alejamiento existente
perjudica a cada elemento que la compone. La unidad ibérica podría ser productora de
notables resultados civilizadores. La diversidad de los elementos componentes es garantía
en este sentido; cree necesario advertir que Portugal no quiere ser español y usa,
alternadamente, las palabras federación y confederación para el marco político de la unidad.
La insistencia en la fecundidad de la unidad compleja lo lleva a ahondar las diferencias
entre galaico- portugueses, castellanos y catalanes. Explica cómo debe ser esta
diferenciación creadora: “Radicar fuertemente en cada país sus tradiciones populares —
costumbres provinciales, mobiliario, loza, arquitectura propia. Cultivar en cada país la
lengua propia con acentuado escrúpulo”.85
Los problemas ibéricos son tres, a su entender: remodelación del Estado español, la
integración del Estado portugués con la anexión Galicia y, luego, la alianza propiamente
dicha como defensa del suelo espiritual común, invadido culturalmente por Francia y
dividido territorialmente por la política inglesa. En la confederación de Iberia, cada país
tendría ejército propio y diplomáticos propios. Se trataría de una alianza defensiva y
ofensiva, una integración económica mediante la abolición de las fronteras aduanales, y de
una alianza cultural.

5.2. - “LA CIVILIZACIÓN QUE HOY LLAMAMOS EUROPEA”


Para Pessoa, la civilización llamada europea es la civilización propiamente dicha,
pues ésta se guía por fórmulas e ideas europeas. Se asienta en cuatro principios que son: la
cultura griega, el orden romano, la moral cristiana y la política inglesa.
La cultura griega es, fundamentalmente, el racionalismo. Lo que distingue a los
griegos antiguos de otros pueblos, es el culto de la razón; con justicia se dice que los
griegos crearon el espíritu crítico. Racionalidad, armonía y objetividad, son los tres pilares
de Grecia y cada vez que se ha contrariado uno de ellos se ha producido un decaimiento de
la civilización.86
Considera que Roma crea el concepto de Estado como elemento civilizador que
nacional, el concepto de Estado como misión histórica, diferenciado de Estado como simple
Imperio. Subsiste el racionalismo griego porque el Estado romano subordina al individuo
dejándolo libre, sin embargo, en la esfera intelectual.
El cristianismo es el elemento disolvente y anarquizante del Imperio romano; limita
el elemento civilizador aportado por los romanos como Roma limitó el elemento dado por
Grecia. Destaca que el cristianismo, al proclamar la existencia de un individuo dotado de
alma, lo coloca por encima de todos los poderes de la Tierra; de allí el individuo moral pasa
a ser distinto del individuo político, Dios está por encima del Emperador y la salvación del

85
Ibid., p. 183.
86
Ibid., p. 206
alma es más importante que el Imperio y el criterio moral se torna absoluto mientras el
criterio político se hace relativo.
Pessoa olvida, a veces, el cuarto elemento, la política inglesa, y habla en otras
páginas87 simplemente de la cultura griega, del orden romano y de la moral cristiana. En
algunas ocasiones agrega un cuarto, la Universalidad Moderna, creada por Italia, en cuanto
se refiere a nacionalidades distintas emergidas a semejanza de los Estados- Ciudades, y por
Portugal, que con los descubrimientos hace de la civilización europea una civilización
mundial.

5.3. - LA GUERRA ALEMANA


La conflagración mundial produce encendidos debates en Portugal. La opinión se
divide entre quienes desean entrar a la guerra y quienes se oponen, los que quieren hacerlo
al lado de los aliados y los que desean una participación al lado de Alemania.
Algunos sostienen en los diarios que si bien Portugal no ha entrado a la guerra por
razones diplomáticas, los intelectuales deben manifestar- se solidarios con los aliados
porque defienden la cultura latina. Pessoa tampoco cree posible la participación portuguesa
en la guerra por ser un país pequeño, débil y desgobernado, pero cree que los intelectuales
deben estar al lado de su hermana, el alma germánica. A Pessoa no le importa el resultado
material de la guerra y cree que afectará poco a Portugal. Le importan los que llama
resultados espirituales del conflicto. Para justificar su respaldo a los alemanes comienza por
recordar el papel civilizador de ambos países. Dice que ambos tienen un “concepto
metódico y organizado” de aquél y que lo único que los levanta es la tradición imperial, en
ambos países quebrada y envilecida. Cita, en Portugal, al Rey D. Sebastián, y en Alemania
a Federico Barbarosa, muerto en viaje al Oriente y de quien se espera vuelva a restituir la
grandeza perdida: al enlazar ambos elementos, recuerda que la obra civilizadora alemana
del pasado fue la Reforma, dada en condiciones nacionales parecidas a las de los
descubrimientos.88
El conflicto de los intereses alemanes con Francia e Inglaterra, pasa, para Pessoa,
por la creación de un alma pagana en Alemania que se traduce en un gran impulso psíquico
a la vez manifestado en un impulso al comercio y a la industria, a una educación hábil y
cuidadosa y a la disciplina en el trabajo. Pessoa considera que los ingleses automáticamente
les cobraban odio a quienes los superaban en materia financiera; en suma, el imperialismo
alemán despierta el recelo comercial no sólo de los ingleses, sino también de los franceses.
Añade el crecimiento poblacional alemán. Pujanza comercial, aumento de población y
consecuente necesidad de expansión, henchen el factor imperialista y eso lleva al
militarismo.

87
Ibid., p. 213.

88
Escribe una “Investigación sociológica de la guerra alemana, de su origen y sentido”. Ibid., pp.
203 y siguientes.
Ve la guerra como un conflicto entre dos principios sociológicos, entre dos criterios
de civilización. El principio representado por Alemania coloca la patria por encima de la
civilización, esto es, una nacionalidad se coloca por encima del movimiento civilizador
general en la que está integrada. Como la civilización se manifiesta a través del individuo,
el Estado se coloca por encima de éste.
Vislumbra, como gran problema del Estado futuro, la organización, con un mínimo
de comprensión posible, de la libertad. En la realidad que le circunda no encuentra posible
organizar sin oprimir y, por tanto, imposible un Estado alemán sin una tiranía alemana. Para
nuestro poeta, que cree necesario construir un imperialismo portugués, lo más conveniente
es la alianza espiritual con Alemania, para recibir el legado de aquel imperialismo
anticristiano, pagano, antihumanitario, hecho, en suma, de “crueldad para con nosotros
mismos”, tal como Nietzsche consicleró la base del sentimiento del imperio.

5.4. - DE LA TIRANÍA Y DE LA REPÚBLICA ARISTOCRÁTICA


En páginas donde habla de la “guerra reciente”, por lo que pueden ser fechadas
hacia 1918, Pessoa describe el conflicto como un enfrentamiento entre la Brutalidad,
representada por los alemanes, y la Estupidez, encarnada por los aliados. Añade que la
victoria de alguna de las dos era indiferente para la Inteligencia, para agregar luego que
consumado el triunfo de la Estupidez debe escribir para protestar la victoria de una parte en
una guerra donde venciese quien venciese siempre resultaba una pena que no hubiese
vencido el otro.
En páginas confusas recurre al diálogo (entre Antonio y Francisco) para decir
algunas cosas sobre la tiranía. Perdido en definiciones sobre ésta y en especulaciones sobre
la naturaleza y el destino, Pessoa traza un nuevo proyecto que no realizará, que tal vez se
hubiese llamado “Cinco Diálogos sobre la Tiranía” y que hubiese compuesto así: 1. -
Definición del Concepto de Tiranía. 2. - Formas de Tiranía. 3. - Reacciones contra la
Tiranía. 4. - Evolución de la Tiranía. 5. - Las conclusiones filosóficas.
Bajo el título genérico de “Teoría de la República aristocrática”, la voluntad del
compilador coloca una serie de artículos dispersos de nuestro poeta. Son de alto interés
pues nos muestran su estado de ánimo luego de la guerra. Veamos: “En la angustia de la
incertidumbre que oprime a quien tenga sensibilidad y haya tenido que convivir con la
tortura política del Portugal Contemporáneo, y con la desolación mortífera de la guerra
europea, si algún refugio existe es, o el de la fe, para quien la tenga, o del arte, para quien
pueda crear, o el de la especulación abstracta, para quien no esté desprovisto de las
cualidades superiores del raciocinador”89. Pero Pessoa aprovecha la ocasión para dejarnos
una explicación de por qué ocupa su tiempo en las preocupaciones políticas. Todos los días
tienen un problema político y todas las horas una angustia de cultura, de manera que la
especulación abstracta no puede dejar de alimentarse de su propia tortura y tiene que ser
también ejercida la especulación política, dice. Agrega que el espíritu tiene la tendencia a
dar soluciones, amén de que le resulta imposible liberarse de la opresión de la hora
presente. Pessoa alega que no puede entretenerse con cosas ligeras y por eso asume la tarea,
89
Ibid., p. 335.
nada más y nada menos, de resolver el problema del Estado Moderno. Admite que la
solución dada sea estéril y falsas sus aplicaciones prácticas, para justificarse con una frase
típicamente pessoiana y reveladora por sí misma; “Busqué aproximarme, si no a la
perfección en la doctrina, al menos a la perfección en la exposición de la doctrina”.90
La despripción que Pessoa daba, a esta altura de su vida, del mejor régimen político,
era la de no que permitiese con mayor seguridad y facidad el juego libre y natural de las
fuerzas (constructivas) sociales y el acceso al poder de los hombres más competentes para
ejercerlo. No le parecía que esta definición, aparentemente general y proclamada por todas
las ideologías, se compadeciese con el sistema democrático. Consideraba que era el mejor
para “su” primera condición, pero el peor para la segunda. No cabía en el Pessoa
aristocrático la confianza en un apelar a las mayorías, forzosamente ignorantes e incultas en
su óptica, puesto que accederían al poder sólo los hábiles para sugestionarlas, en muchos
casos, dotados de características contrarias a aquellas necesarias para gobernar.
De esta manera, encontraba que las dos únicas fórmulas de gobierno, para dar gloria
y grandeza a una nación, eran la Monarquía absoluta y la República aristocrática. Para
Pessoa toda sociedad tiende a ser una oligarquía, o una colección de oligarquías, y así sólo
pueden ser buenos dos tipos de sistema social, el que las destruya todas o el que organice
una. Como la Monarquía depende de un hombre, considera la República aristocrática como
el más estable de los dos. La República aristocrática es presentada como la “oligarquía de
los mejores”.
En términos generales exige tres condiciones a toda teoría de organización social:
que sea adaptada a la idea de sociedad, que esté en la línea evolutiva de la civilización de su
tiempo y que esté de acuerdo con el temperamento del pueblo a que se destina. Por tanto, la
mejor de esas teorías, será la que más ayude a cualquiera que sea que represente la vitalidad
social, es decir, que más de acuerdo esté con el estadopresente y las tendencias evolutivas
de la sociedad contemporánea y que más se integre en su espíritu. Entiende que una teoría
peca contra la idea de sociedad cuando: 1. - ignora que una sociedad está compuesta de
individuos y que esos individuos en su conjunto forman un todo que no es una mera suma.
2. - cuando pretende eliminar de la existencia social elementos que las sociedades tienen
inevitablemente que tener (por ejemplo una teoría que quisiese eliminar el arte le la guerra).
3. - cuando pretenda llevar su acción fuera de su papel de mera organización social,
queriendo por ejemplo, alterar la sociedad en sus fundamentos. Dentro de este
razonamiento, considera la política como elemento que trae desavenencias a la sociedad.
No puede haber democracia porque el mero lecho de la existencia de la sociedad
lleva implícito el hecho aristocrático. Así, agrega que no protesta contra la democracia
como cosa que realmente exista o amenace con existir, dado que no puede ser, por su
naturaleza antinatural y autocontradictoria. La protesta es contra quienes quieren hacer
democracia cuando el hecho esencialmente social es aristocrático. “Si una sociedad
subsiste, el mero hecho de que subsista prueba
91
que en ella se da el hecho aristocrático”. La conclusión de Pessoa va a demostrar que el
simple hecho de la existencia del sufragio no prueba que el pueblo domine, ya que esa

90
Ibid., p. 336.
91
Ibid., p. 341.
dominación es ejercida por los partidos, es decir, por minorías, lo que significa que subsiste
el hecho aristocrático, pero disfrazado e hipócrita.
No considera el voto popular una manifestación de la opinión, sino una
manifestación del sentimiento. Para él, las cuestiones sociales y económicas no son
cuestiones de la vida colectiva sino individual; discutir sobre Monarquía y República es
algo que le parece accesible a los humildes miembros de una nacionalidad porque es una
cuestión de instinto y no de inteligencia; ahora bien, lo más conveniente para el país “en
este momento” está dentro de la segunda categoría.
Nuestro poeta vuelve al concepto de “opinión pública”, ya que la misma siempre es
invocada a la hora de las justificaciones democráticas. Piensa que es, simplemente, una
superstición verbal. Si bien es cierto que Pessoa se enreda en los vericuetos y laberintos en
que trata siempre de dividir y subdividir su pensamiento, al separar, por ejemplo, opinión
pública de una opinión parcial o intensa y tratar de definir, por posición, lo que no es
opinión pública, queda claro su desprecio por las mayorías y por el sistema democrático, al
que llama anticientífico por basarse en un error craso como el sufragio. Veamos: “Una
victoria electoral es siempre la expresión de victoria de la más plausible de las
interpretaciones falsas de la opinión pública. Votar es errar. El voto es individual, y la
esencia de la opinión es no ser susceptible de fraccionamiento en individuos. La opinión
pública es un ente del que los individuos, que sin querer la componen, son células; la
opinión pública no es una suma, ni una síntesis, es un hecho preintelectual”. 92
La opinión pública es una atmósfera, un estado del alma y no una tendencia. De esta
manera gobernar no puede ser seguir a la opinión pública. Gobernar con la opinión pública,
cosa diferente, es interpretarla. La sociedad es instinto y el gobierno un fenómeno
intelectual y la relación entre ambos polos es siempre de interpretación. Pessoa quiere así
una cohesión entregobernantes y gobernados, pues de ello dependerá el estado general de
la sociedad, sólo que recurre a una de sus típicas argucias de consecuencias graves: si esa
cohesión existe, a los gobernantes les bastará interpretar lo que está dentro de ellos mismos
para interpretar a la sociedad.

55. - LA DEMOCRACIA, SISTEMA POLÍTICO DE LA DECADENCIA


Está claro que tal labor de interpretación no se podrá llevar a cabo, piensa, en las
sociedades decadentes, esto es, en sociedades que se han dejado de parecer a sí mismas, que
han sido influenciadas por el “humanitarismo, el pacifismo y la fraternidad”, que han
perdido el ímpetu guerrero. Asegura que un gobernante no podrá interpretar un instinto del
que no participa. Así aparece la democracia, acompañante fiel de las decadencias. “Cuando
una sociedad siente instintivamente que le falta cohesión, espontáneamente trata de sustituir
la cohesión por instinto por una cohesión mediante el voto. Es infecunda toda acción
política que tienda a crear una opinión capaz de manifestarse por el voto; es infecunda toda
acción política que tienda a crear una opinión capaz de definirse como política. Por eso,
sólo es fecunda una acción política que cree opinión indirectamente, esto es, no intentando

92
Ibid., p. 274
crear opinión para que ésta se manifieste, sino sólo para que exista. Según la doctrina
democrática mandar es obedecer. Según la verdadera doctrina, mandar es comprender”.93
El concepto de “opinión pública” en Pessoa es clave para entender su tendencia
anti-dernocrática y aristocrática. Las manifestaciones del instintivismo social, incluida la
opinión pública, son no-intelectuales. Argumenta que la opinión pública es siempre
tradicionalista y por tanto opuesta el progreso, por lo que las fuerzas progresistas deberán
trabajar contra ella; precisa que la opinión pública sólo acepta el progreso que no toca las
tradiciones nacionales. Tarea clave del estadista es, entonces, hacer progresar la sociedad
sin chocar con el conservatismo popular. Y la frase lapidaria: “Los estadistas de primer
orden, como Bismarck o Cromwell, gobernaron siempre contra la opinión pública. Los
estadistas de segundo orden, como Napoleón, gobernaron siempre con ella”.94
Pessoa da vueltas increíbles para concluir que la democracia moderna95 es
“antisocial, anti-popular y anti-patriótica”.96 La democracia moderna se asienta en tres
bases: el principio del sufragio como sostén de la vida política, el principio llamado
“liberalismo”, cuya sustancia consiste en la tendencia a abolir los privilegios especiales de
ciertas clases o de ciertas personas y a establecer entre los hombres la mayor igualdad
posible, y el principio que puede ser llamado “pacifismo”, que significa que la vida de las
sociedades es sólo episódicamente guerrera y que la paz entre los pueblos es el estado
normal. Esto, para Pessoa, está resumido en el lema “igualdad, libertad, fraternidad”,
santísima trinidad de la revolución francesa para uso de todo aquel que no tiene religión.97
Por supuesto que se detiene en cada acusación. La democracia moderna es anti-
social por basarse en el sufragio. La opinión pública no puede definirse, el voto es una
definición; el voto es la manifestación de una expresión individual, la opinión pública no es
susceptible de expresión por los individuos. El voto es la expresión de una convicción
política, esto es, de una idea; el instinto —y la opinión pública lo es— no tiene ideas. Al ser
un instinto, la opinión pública se localiza, en cualquier sociedad, esencialmente en los
individuos en los que el instinto predomine, y así la opinión pública se localiza en la
mayoría real de la sociedad, dado que en la mayoría de los hombres el instinto predomina
sobre la inteligencia, llegando a encontrarse en el “pueblo, que es la mayoría y porque su
educación inferior lo habilita a representar con menos perturbación los impulsos
fundamentales del instinto”. Luego habla de las “guardias pretorianas” de los partidos que
son las que en verdad escogen. Sin embargo: “No quiere esto decir que ningún país
democrático sea gobernado de acuerdo con el instinto llamado opinión pública. Donde la
93
Ibid., pp. 275-276
94
Ibid., p. 286
95
Pessoa habla siempre de “democracia moderna” para marcar la diferencia con la democracia
antigua “de los paganos”, sentada en la doble base de la servidumbre y el aristocratismo y con la
“democracia monárquica” de la Edad Media que por bárbara excluye de sus razonamientos.

96
Ibid., p. 296.
97
Hay que precisar también que “democracia moderna” para Pessoa equivale al sistema político
que nació con la revolución inglesa e inundó a Europa a través del fenómeno inglés llamado
“revolución francesa”.
opinión pública es fuerte, coherente y rápida, electores, y sobre todo electos, sienten su
presión y no osan gobernar contra ella. Pero eso sucede en todo país donde la opinión
pública sea sana y fuerte, cualquiera sea el régimen político de ese país”.98
Analizando el segundo punto, el liberalismo, dice que al destruir privilegios parte de
un principio social falso, porque parte de un principio anti-egoísta. Para Pessoa el egoísmo
es un fenómeno distintivo; llega a hablar del fundamental “egoísmo humano”. Acusa, pues,
al liberalismo de encarar los privilegios como algo que no debería existir, mientras que si
fuese una doctrina socialmente sana, los encararía como algo de lo que se necesita más. En
su lógica, considera que al ser anti-egoísta el liberalismo es anti-popular.
Finalmente arremete contra el pacifismo, al que considera opuesto al instintivismo
social. Para Pessoa es el patriotismo la base del instinto social y propiamente el único
instinto social verdadero. El instinto, al contrario de la inteligencia, odia todo cuanto no sea
él mismo, y es, así, esencialmente antagonista. El patriotismo es por tanto antagonista,
siendo la actitud normal de toda nación la del odio hacia las otras y la guerra el estado
natural de la humanidad.99 La paz es una preparación para la guerra. La frase lapidaria y
reveladora: “Si el amor es fuente de toda la vida física, el odio es la fuente de toda vida
psíquica. Es del odio entre hombre y hombre que el progreso surge, y del conflicto entre
nación y nación que la humanidad recibe su impulso. Sólo la paz es infecunda, sólo la
concordia es inútil, sólo el humanitarismo es anti-humanitario. Y así muere, ante el análisis
sociológico, el último de los falsos principios de la democracia moderna”.100

5.6. - LAS REVOLUCIONES, UTILIDAD DESTRUCTIVA


Pessoa encuentra utilidad a las revoluciones, pero aquella que proviene de la
destrucción, dado que las sociedades precisan de ser sacudidas para salir del letargo y hacer
patente la necesidad de construcción. Toda revolución deriva de una inadaptación, estando,
así, de origen, viciada de una enfermedad. Las revoluciones se producen por reacción de un
cuerpo enfermo. La revolución se hace porque había injusticias por corregir y
consecuentemente se necesitaba una reforma. En tal sentido, considera ridículo todo pre-
concepto sobre la revolución, pero también sobre las contra-revoluciones. Si toda
revolución origina una contra-revolución, corresponde al “científico” hacer el balance de
los resultados del encuentro de ambas fuerzas. Al final, el balance positivo dado por la
revolución será la anarquía que sembró, la desorganización violenta que ocasionó.
El lado negativo de la revolución estará, al tiempo, en que el estado social
permanece el mismo, agravado con la anarquía que resulta de la sustitución violenta de una
situación administrativa por otra. Para Pessoa los gobiernos revo lucionarios son tan
inmorales como aquellos a los que sustituyen y además intelectualmente más
incompetentes. Creer en la eficacia social directa de las revoluciones, piensa, es
exactamente como creer en la realidad de los milagros.
Presente, la decepcionante realidad del paso Monarquía-República.
98
Ob. Cit., pp. 298-299.
99
Ibid., p. 307.
100
Ibíd.
6
EL HOMBRE PORTUGUÉS
6.1. - EL CARÁCTER DE LOS PORTUGUESES
En “Sobre Portugal. Introducción al Problema Nacional”, Pessoa expone sobre las
diferentes clases de portugués y sobre los rasgos generales de carácter que en ellos
encuentra.
El primer tipo de portugués comenzó con la nacionalidad, podría llamarse el
portugués típico y forma el fondo de la nación y de su expansión numérica; trabaja, oscura
y modestamente en Portugal y en todas partes del mundo, y se encuentra, desde 1578,
divorciado de todos los gobiernos y abandonado por todos; existe porque existe, al igual
que la nación.
El segundo tipo lo llama Pessoa el portugués que no lo es. Comienza con la invasión
mental extranjera por la época del Marqués de Pombal, invasión agravada con el
constitucionalismo y llevada al paroxismo en la República. Este tipo integra las clases
medias superiores, alguna parte del pueblo y casi todos los miembros de las clases
dirigentes; está completamente divorciado del país que gobierna; Pessoa lo advierte
parisino, moderno y estúpido.
El tercer tipo comienza a existir cuando Portugal se esboza como Imperio bajo el
reinado de D. Dinis. Es el portugués que hizo los descubrimientos, que creó “la civilización
transoceánica moderna” y después desapareció. Precisamente, Pessoa sitúa tal desaparición
en el desastre de Alcácer-Quibir que acaba con los sueños del Rey D. Sebastián y que da
origen al “sebastianismo”.
Pessoa apunta rasgos comunes en el carácter de estos tres tipos de portugués,
aunque piensa que hacen uso diferente de esta mentalidad y eso los diferencia entre sí.
Anota tres elementos: a) Predominio de la imaginación sobre la inteligencia; b) Predominio
de la emoción sobre la pasión; y, c) Adaptabilidad instintiva. La mezcla de tales
características lo hará adaptable, inconstante, móvil, instintivo e inestable.101
Pessoa considera a su pueblo el disciplinado por excelencia, practicante, de manera
excesiva, de una disciplina social que se torna perjudicial. Encuentra tan reglada, regulada y
101
“Sobre Portugal. Introducción al Problema Nacional”, pp. 83-84.
organizada la vida social portuguesa que se le asemeja a un ejército en lugar de una nación
de gentes con existencia individual. Esto lo lleva a hacer notar que nunca un portugués
ejerce una acción propia, divorciada del medio o de espaldas al vecino. Por el contrario,
actúa siempre en grupo, siente siempre en grupo, piensa siempre en grupo. El portugués
espera siempre por los otros y aun en los momentos que Pessoa llama, con ironía, “pérdida
temporaria de los caracteres nacionales” y es capaz de un gesto, un pensamiento o un
sentimiento independientes, nunca lleva la audacia a los extremos, porque ni aun así aparta
los ojos de los otros ni la atención de su crítica.
De esta manera, Pessoa encuentra que en la sociedad portuguesa no es posible
determinar responsabilidades, pues ellas serán siempre de una sexta persona en un caso
donde actuaron cinco. Al insistir en que el portugués siempre espera la voz de comando, lo
acusa de padecer la “enfermedad de la autoridad”, lo que lo lleva a acatar gente que nadie
sabe por qué es acatada, citar nombres que no tienen ningún valor objetivo para hacerse
citables, seguir jefes que no han demostrado ningún grado de competencia. Para compensar
esta disciplina, piensa Pessoa, los portugueses se hacen de una indisciplina superficial que
los convierte en niños que juegan a la vida. De esta manera los portugueses protestan sólo
de palabras, hablan mal sólo a escondidas y son envidiosos, groseros y bárbaros, como
todas las criaturas en las cuales la individualidad se atrofió.
En comparación con los alemanes, que transformaron la disciplina social en un
sistema de Estado y de gobierno, los portugueses fueron incapaces de manifestarla en un
Estado o una administración, dejándola coherentemente integrada al propio rostro de la
sociedad; de aquí la decadencia. Los portugueses son incapaces de la revuelta y de la
agitación y cuando hacen revoluciones es para implantar cosas idénticas a las que ya
estaban. Nuestro poeta consideró positivas las revoluciones en el sentido de la sacudida y la
desorganización que originaban momentáneamente, lo que permitía la subida de una capa
remozada. Considerando sus criterios sobre el carácter portugués, es evidente que las veía
no sólo como un mal menor sino también como la forma única de producir alguna
posibilidad de cambio en aquella sociedad rígida. Tal vez la expresión pessoiana “disciplina
social” no se ajuste con precisión a lo que quería describir, que no era otra cosa que la falta
de iniciativa y de innovación de su pueblo, una resignación abúlica a la realidad.
Nuestro poeta piensa que los portugueses sufren de imaginación excesiva, no sin
añadir inmediatamente que este tipo de criaturas están enfermas, al mismo tiempo, del
defecto de deficiencia de imaginación. En verdad, Pessoa quiere significar la capacidad de
evasión del pueblo portugués y la capacidad de imaginar fantasías lo que lo aleja de pensar
sobre las cosas prácticas útiles. “. . . el exceso imaginativo del portugués, que tan dañino le
ha sido, sólo puede ser tirado mediante una cultura cada vez mayor de Ia imaginación
portuguesa. Educar las nuevas generaciones en el sueño, en el devaneo, en el culto prolijo y
enfermizo de la vida interior, equivale a educarlas para la civilización y para la vida. Sobre
seres fáciles y agradables el tratamiento es de resultado seguro” 102

102
Ibd pp. 78-79. Tomado de artículo publicado en “O jornal”, Lisboa, 11 de abril de 1915.
Nuestro poeta establece sutiles diferenciaciones entre hombre culto, inteligente y
erudito. El culto nace y el erudito se hace, porque para él la cultura es, más que una
movilización del espíritu, una actitud. “Hombre culto es aquel que, de todo a lo que asiste,
aumenta, no sus conocimientos, sino su estado de alma. El erudito lee y sabe; cuanto más
lee más sabe. El hombre culto, en general, cuanto más lee menos seguro está”. 103 De aquí
llega a establecer que es para Portugal una tragedia tener varios eruditos y mucha gente
inteligente, pero poquísima gente culta. Pessoa critica la tendencia portuguesa para la
acción precipitada, por tanto, la ausencia de una acción meditada y reflexiva, originada en
la maduración de las situaciones. Al mismo tiempo considera su país “un pueblo de héroes
aplazados”, dado que el portugués parte la cara a todos los ausentes, conquista de gracia
todas las mujeres soñadas y despierta alegre por la mañana con el recuerdo de los hechos
por cumplir. De allí la sentencia lapidaria: “Somos un grifo de tinta seca en la mano que
escribió Imperio de la izquierda a la derecha de la Geografía”.
No obstante, en cada página de Pessoa no falta la convicción de que se está en un
“interregno”, que se vive simplemente un intervalo, que el Portugal de la grandeza perdida
reaparecerá. Es a los portugueses de esos lapsos, de esos intervalos, a los que analiza y
critica, sólo que tales lapsos, tales intervalos, se le hacen demasiado largos, perdidos para el
tiempo, ineficaces para la historia que habría que escribir. El poeta desespera: los
portugueses van a buscar las ideas al extranjero pero ni siquiera en los movimientos
filosóficos profundos, sino en el simple periodismo de ideas, en la superficie, y las adopta
sin alteración o crítica; condena las copias que los portugueses hacen en el exterior y
aprovecha para criticar duramente al fascismo y al hitlerisno; es verdad que hay algunos
poetas de mérito, pero permanecen estancados, repitiéndose indefinidamente, papagayos de
su primer y único impulso original; hay hombres capaces de pensamiento filosófico, pero
inmersos en la retórica en la divagación, incapaces de coordinar lógicanente ideas; el
Almirante Gago Coutinho y Sacadura Cabral cruzan el Atlántico (1922) y el hecho llama
poderosamente la atención al poeta que no lo considera un “acto civilizador” comparable a
la “grandeza fatídica e imperial” de los descubrimientos, pero sí relevante desde el punto de
vista científico y humano, dado que muestra una fase del espíritu de los hombres que
establecieron el “Imperio transitorio”; nuestro poeta encuentra en las reacciones de los
portugueses representativos de aquellos tiempos frente a la hazaña, una incomprensión y
una incapacidad que refleja el estado de la conciencia nacional. El ánimo de nuestro poeta
oscila: el “portugués imperial” se marchó y volvió el portugués a la “antigua”, buen
católico, estúpido (como puerta de caja fuerte) y torero, pero hay momentos en que
reaparece el mejor portugués, aunque vuelve a perderse.
6.2. - ¿CÓMO ORGANIZAR LA SOCIEDAD PORTUGUESA?
La respuesta a esta pregunta Pessoa104 la divide en tres partes, una teórica y dos
prácticas. La primera es el trazado del proyecto conforme al cual se va a organizar; la
segunda la colocación en el lugar apropiado de los hombres competentes que han de poner
en práctica la organización y, la tercera, la coordinación dinámica de estos hombres para
echar a andar esos planes. Para la primera sólo hay reglas, para las otras dos sólo
realidades; ni otra norma, en la segunda, que la intuición para escoger los hombres y, en la

103
Ibid., p. 81.
104
Ibid., “ Sobre Portugal. . .”.
tercera, el espíritu práctico de coordinación de esfuerzos. Por supuesto que nuestro poeta
advierte que a él sólo le compete la primera, la menuda tarea de diseñar la organización de
la sociedad portuguesa.
El “sociólogo” comienza a desgranar: hay dos teorías, la puramente científica y la
teoría preliminar de la acción. La primera procura comprender el problema, la segunda
resolverlo. La primera sólo precisa concentrarse sobre el problema, la segunda tiene que
estudiar la media entre el problema y la realidad. En este caso no se trata de una teoría de
organización abstracta dado que el asunto consiste en organizar la sociedad portuguesa.
Continúa el montaje: la sociedad portuguesa es primero sociedad y después sociedad
portuguesa; esto equivale a que Pessoa estudie primero los principios en que debe asentarse
eualquier sociedad y, por aplicación de estos principios, colegir la organización de la
sociedad portuguesa. De allí se salta al estudio de los procesos a adoptar para realizar esa
organización. Aquí le surge un obstáculo a nuestro poeta-ensayista: la ausencia de un punto
de apoyo científico para tal determinación. Pessoa declara que la sociología le falla, que
esta ciencia está en punto alquímico y manifiesta no encontrar otra cosa, para entrar en la
descomunal tarea que se ha propuesto, que “La Politica” de Aristóteles —fruto de la Grecia
antigua— y “El Príncipe” de Maquiavelo —fruto del Renacimiento—, pero estos puntos de
partida no le resultan “científicos” y decide que debe entrar desnudo a la solución del
problema. Recula, ya no quiere investigar las leyes fundamentales y eternas de las
sociedades porque piensa que terminaría escribiendo un tratado de sociología, por lo que
prefiere buscar la Ley o Principio que hace de columna vertebral; limita más aún el
problema, al procurar la que corresponde a las sociedades civilizadas, o mejor, a las
susceptibles de progreso; describe las dos fuerzas que se enfrentan en el seno de las
sociedades, las que quieren el progreso y las que a él se resisten, no sin advertir la
grandiosidad positiva de este encuentro, ya que, para él, todo cuanto vive lo hace en virtud
del equilibrio de las dos fuerzas, una integradora y otra desintegradora, estando, por tanto,
la vitalidad, en razón directa del equilibrio de ambas. El “sociólogo” retoma la palabra: el
predominio de la fuerza conservadora se traduce en estancamiento cuyo grado dependerá
del predominio de tal fuerza; por atrasada que sea esa sociedad habrá fuerzas que no están
dispuestas a aceptar ese estancamiento, buscarán progresar, instintiva o conscientemente lo
que producirá, tarde o temprano, dos resultados funestos: perderán el contacto con las
clases estancadas del país produciendo así una quiebra de la cohesión social, una baja de la
vitalidad nacional y los progresistas, perdido el contacto con otras clases, serán llevados a
vivir mentalmente en el extranjero y así se desnacionalizan, se transforman en serviles, en
mimetísmo idiota de las cosas que vienen de fuera. Cuando la ruptura del equilibrio se da
por el lado de la corriente progresista, las otras clases, al no poder acompañar el proceso de
avance, reaccionan violentamente y el país es conducido a la anarquía; las consecuencias
son parecidas, dado que se pierde la cohesión nacional y las clases que se oponen al
progreso viven mentalmente en el extranjero. La conclusión es típicamente pessoiana: estos
fenómenos caracterizan todas las decadencias y decadencias son, por igual, el
estancamiento en que se entierra una sociedad super-conservadora y la anarquía en que cae
una sociedad superprogresista”.105
Trazados los surcos, es menester aplicarlos a la interpretación de la realidad
portuguesa. Así, encuentra que en su país se dio una gran ruptura de equilibrio y, después,
105
Ibid., p. 106.
otras dos perturbaciones de carácter secundario y subsidiarias de aquéllas. El inicio de la
ruptura del equilibrio debe colocarse en el mismo sitio donde comienza la decadencia
portuguesa; en donde se coloque, dado que existe discusión al respecto, pero, en todo caso,
resultante, para Pessoa, del gran esfuerzo de los descubrimientos y las conquistas. “Con la
dispersión por todo el mundo y la muerte en tantos combates, precisamente de aquellos
elementos que creaban nuestro progreso, nuestro pequeño pueblo fue poco a poco
quedando reducido a los elementos apegados al suelo, a aquellos a quienes la aventura no
tentaba, a cuantos representaban las fuerzas que en una sociedad reaccionan contra todo
avance”. 106 Queda así pues establecido que la decadencia portuguesa, por la ruptura del
equilibrio entre las fuerzas integradoras y desintegradoras, se produce por un predominio de
las conservadoras.
Al pasar revista, guiado por los cauces maestros apuntados, encuentra un
permanente abismo entre los hombres de pensamiento y el resto del país, lo que trata de
explicar con el desencuentro del pensamiento y una cohesión social por donde pudiera
propagarse. Se topa con los hechos históricos concretos, en la búsqueda de las grandes
llaves y de los grandes cruzamientos por donde sus teorías se han explicado. Así, la
Restauración dio la independencia al país pero no a los individuos que permanecieron
dependientes, devolvió la nacionalidad pero no hizo portugueses; el Marqués de Pombal le
parece positivo en cuanto al desarrollo industrial y comercial, pero demasiado abierto al
exterior y víctima de las invasiones francesas; después de éstas llegó la desnacionalización
y la independencia solo quedó de nombre; el constitucionalismo, dice, representa
aparentemente una reacción de las fuerzas progresistas contra las conservadoras, pero no,
sólo fue un movimiento desnacionalizador, dado que si hubiese sido progresista hubiese
procurado reformar la antigua monarquía y lo que en realidad hizo fue traer un régimen
extraño a la vida nacional, inadaptable a las condiciones portuguesas; si aquel régimen
constitucional tenía pocos puntos de contacto con lo portugués, la República “francesa”,
recién implantada, tampoco. Pessoa se encuentra enjuiciando a la República con aquellos
parámetros que ha fabricado en su búsqueda desesperada de la teoría para la construcción
de la sociedad portuguesa.
Como siempre, los análisis pessoianos conducen a la cultura como suprema
medicina. Así, repite, habrá de crearse una actitud cultural en las clases medias de donde
derive la noción de Portugal como persona espiritual. Se dirige, incansable, en procura de
las bases fundamentales del carácter portugués, de lo malo en él que hay que matar y de lo
bueno por crear. Se extiende en consideraciones sobre las características que debe tener una
nación fuerte, pone de relieve la incultura, alarga el análisis histórico y menciona fechas
coincidentes con las rupturas de equilibrio y predominios de una u otra fuerza, proclama la
necesidad de la industrialización y llama a la educación simultánea de la inteligencia y la
voluntad. Industrialización y educación, remedios para la decadencia.

106
Ibid., pp. 106-107.
En la serie de proyectos de ensayos,107 cuyos índices revelan las preocupaciones
fundamentales de nuestro Pessoa, podemos encontrar que el diseño que se había trazado
llegaba hasta el delineamiento de una política exterior. Están allí, algunas de las
preocupaciones recurrentes, cómo educar, cómo formar a los maestros que eduquen, cómo
es el psiquismo portugués (o cómo crear uno), el sentido elitesco y aristocrático.
Presidiéndolo todo, la angustia de cómo generar y organizar la cultura.

107
Para seguir el proceso mental de Pessoa —analista de la vida portuguesa—, es interesante revelar
los proyectos de ensayos que sobre el tema acarició. Así, por ejemplo, veamos tres posibles índices
de lo que englobaría su pensamiento sobre el hombre portugués y que fueron agrupados, en la obra
con que trabajamos, bajo el título “Sobre Portugal. Introducción al Problema Nacional”. El primer
proyecto: “Intoducción al Problema Nacional: 1. Las bases del carácter portugués. 2. Las
influencias históricas. 3. Las influencias civilizacionales. 4. Condiciones actuales. 5. El problema de
la organización de la cultura. 6. La organización social y política.

7. La organización militar y de las relaciones exteriores”. “Otro” proyecto: “Introducción al Estudio


del Problema Nacional: 1. Del psiquismo nacional: por la renovación literaria y artística. 2. Del
psiquismo nacional en las clases medias: por la educación (pero, ¿quién ha de educar a los
educadores?). 3. Del siquismo nacional popular: por la insistente propaganda nacional en el buen
(tanto cuanto posible) sentido”. Finalmente “otro” proyecto: “¿Qué es el problema nacional?: 1.
Creación de un psiquismo nacional. 2. Valorización de Portugal en el extranjero. 3. Creación de las
fuerzas políticas de las clases medias. 4. Reconstrucción individualista de la educación. 5. Creación
de una aristocracia capaz de organizar”. (¿Cómo se prepara la generación capaz de crear una nueva
política? ¿Cómo ir inventando, desde luego, el interior de la literatura, la política?).
7
EL “SEBASTIANISMO” Y EL QUINTO IMPERIO
7.1. - BANDARRA, LAS TROVAS DEL ZAPATERO DE TRANCOSO
En la villa portuguesa de Trancoso vivió y murió un singular zapatero, en el siglo
XVI, que comenzó por aficionarse a la lectura de la Biblia y terminó convertido en una
versión portuguesa de Nostradamus. La fecha de nacimiento del personaje en cuestión es
desconocida, pero generalmente se acepta que murió en 1545.108
El zapatero tenía una psicología extraña. Lo cierto es que el vasto conocimiento de
las Escrituras le fue ganando una corte de adeptos. En realidad, Gonçalo Annes (o Anes,
Yannes, Eanes), mejor conocido como Bandarra, conocía de memoria pasajes enteros de la
Biblia y evacuaba consultas sobre la interpretación de los textos sagrados y sobre las
profecías en ellos contenidos. Escribe trovas y en cada una de ellas hay una cita bíblica para
sostener las predicciones que formula, siempre en lenguaje equívoco y susceptible de
interpretaciones variadas. Las trovas109 están impregnadas de un tono profético y mesiánico.
No pasó mucho tiempo, claro está, sin llegar a manos de Afonso de Medina, de la Mesa de
Conciencia de la Inquisición; Bandarra es absuelto, pero obligado al auto de fe y se le
prohíbe escribir, leer o divulgar asuntos referentes a la Biblia. Bandarra obedece y desde
ese momento desaparece de la escena pública, pero las trovas seguirán circulando y a la
vuelta de un siglo serán respetadas, examinadas y creídas.
“Parecía un gran teólogo”, dirán ante la Inquisición los testigos llamados a declarar.
Bandarra sabía leer y escribir, lo que en su tiempo no era poco y, aunque no era judío, tenía
108
Otros autores señalan la muerte del zapatero en 1556, pero es presumible que ello se haga para
aproximar la fecha a la de la muerte de Nostradamus, ocurrida en 1566; se dice de Bandarra que no
tuvo la fortuna de éste sólo por la desgracia de profetizar en portugués.

109
Fueron publicados por primera vez en 1603, por João de Castro, pero incompletas. La primera
edición completa data de 1644, en París, impresa por orden del Embajador portugués allí, el Conde
de Vidigueira y Marqués de Niza. Nosotros trabajamos con la edición de Editorial Vega, Lisboa,
con nota introductoria de Antonio Carlos Carvalho.
buena parte de sus adeptos entre ellos. Los judíos pasaban por momentos de efervescencia
mesiánica y en el zapatero encontraron un intérprete y una voz y se encargaron de
proclamarlo como una “buena nueva”. En las trovas hay una predicción sobre la
restauración de Portugal y su grandeza, lograda por un Rey lleno de sabiduría y valor. Un
siglo después de su muerte, con João IV en el trono portugués, es subido al altar ante los
ojos de la misma Inquisición que lo había perseguido. Por intereses políticos en juego, las
calles de Lisboa son recorridas por emisarios que aseguran que las trovas son realmente
profecías. Se trataba de enviados del nuevo Monarca que querían aprovecharlas para hacer
entender al pueblo que João IV era el Rey profetizado y que con la entronización de la Casa
de Braganza llegaba para el país la esperada época de prosperidad. Los restos de Bandarra
son trasladados al cementerio de Trancoso, a un túmulo más apropiado a su condición de
profeta. D. Alvaro de Abranches, gobernador de Beira se encarga de lo relativo a los gastos
del túmulo y el gobernador João Saldanha de Sousa ordena la siguiente inscripción: “Aquí
yace Gonçaliannes Bandarra, natural de esta villa, que profetizó la restauración de este
reino y que había de ser en el año de seiscientos y cuarenta por el Rey D. João el cuarto
nuestro señor que hoy reina; falleció en la era de mil quinientos y cuarenta y cinco”. 110De
entrada, aparentemente, el único beneficiario de aquella consagración fue su descendiente
Miguel Días Bandarra, a quien se le concede la gracia de una administración de capilla,
pero ya veremos cómo las trovas del zapatero darán base a una de las grandes leyendas
portuguesas.
Como está visto, la popularidad de las trovas llega al máximo en el período de la
restauración, con la coronación de João IV, pero en 1665 vuelven a ser prohibidas por la
Inquisición. En 1727 sufren una persecución en firme, ordenándose sean recogidas junto a
otras profecías en circulación. En el siglo XVIII comienzan a aparecer versiones apócrifas
presentadas como el “tercer cuerpo” (ya durante la Restauración había aparecido también
una edición apócrifa del “segundo cuerpo”). Lo que hoy podemos leer de las trovas es,
realmente, un trabajo colectivo, producto de los agregados y de las modificaciones sufridas
a lo largo de los siglos.
El siglo XVI conoció una auténtica epidemia de “profetismo” extendida por toda
Europa. Era una época de “caza de brujas” y de persecución de los heréticos, de
persecución muy violenta incluso en las regiones donde la Inquisición aún no había llegado.
Al mismo tiempo, se producía un renacer de la esperanza en un mundo mejor, lo que
facilitó la aparición de toda clase de profetas y profecías.111 Bandarra asegura que el Rey
tomará todos los puertos, incluido Marruecos, que tratarán de sobornarlo y detenerlo por
110
Trancoso, llamada la cuna del sebastianismo, es muy portuguesa, con aire medieval y castillo
templario, desarrollada gracias a los reyes Afonsinos que por allí pasaban y hospedaban. Durante
siglos fue la llave de pasaje entre el norte y el sur del país, por la Beira. Por ello fue peleada a
sangre y fuego por cristianos y musulmanes. Bandarra vivía en el pequeño barrio judío, de casas
pequeñas con dos puertas, una para la habitación y otra para permitir la entrada de las mercancías.
En Trancoso, los judíos mantuvieron durante siglos un poderoso centro de comercio, pero la villa
comenzó a empobrecerse al comenzar las persecuciones contra aquéllos. Trancoso conoció
momentos de esplendor, por ejemplo cuando en 1282 se casó en ella el Rey D. Dinis; en esa altura
fue regalada a D° Isabel para que de ella usufructuase mientras el Rey viviese. También fue cuna de
literatos y políticos.
cualquier medio, que abrirá todas las puertas y cajas hoy cerradas, que luchará contra los
turcos y salvará al mundo de los ateos y los moros y que se llamará João,112 de donde el
bautizado IV tratará de sacar provecho. Bandarra predice contratiempos, guerras, tragedias;
pero siempre el gran Rey lo superará todo, dentro de su misión salvadora del cristianismo,
que acabaría con la herejía y la maldad y traería tanta prosperidad que la producción de la
lana sería tanta que alcanzaría para vestir a Dios. Todo se solucionaría, bastaba esperar la
llegada del “encoberto”.
En tiempos de las trovas existe ya la noción de la decadencia que hemos venido
manejando y ellas sirven así de alivio a los desesperanzados. Dos defensores contribuyen,
sin embargo, a su pervivencia. D. João de Castro, hijo natural de Alvaro de Castro y por
tanto nieto del Virrey de la India, discípulo de los jesuitas en Evora, encuentra en el
sebastianismo la razón de su vida; es el primero en comentar las trovas y publicarlas con
interpretación adjunta. El otro gran defensor fue el Padre António Vieira, sebastianista
como toda la Compañía de Jesús en Portugal; asegura que más de cincuenta profecías de
Bandarra se han cumplido, asegura la verdad profética de las mismas y que ninguna ciencia
ni diabólica ni humana ni angélica podría llevar a Bandarra a conjeturar con tanta certeza y
que la única explicación válida es que Dios habla por medio del zapatero de Trancoso.

7.2. - EL REY SEBASTIÁN HACE LA GUERRA A LOS INFIELES


El Rey D. João III muere en 1557. El único descendiente es su nieto Sebastián, de
apenas tres años. La Reina viuda Catalina de Austria, hermana del Emperador Carlos V,
ejerce la Regencia.113 Las riquezas, léase especierías, han ocasionado a Portugal un grave
relajamiento de las buenas costumbres; es el “pago” que da el país por sus posesiones del
Oriente. Toda una sociedad cortesana y parasitaria hace de Lisboa centro de esplendor y

111
Generalmente se acepta que la palabra profecía debe aplicarse solamente a los anuncios de
acontecimientos futuros contenidos en los Libros Sagrados de las diferentes tradiciones. Predicción
es un medio de sugestión directa que contribuye a determinar el acontecimiento cierto de hechos
futuros. En épocas propicias se convierten en auténticas epidemias psíquicas. A veces se basan en
un fondo de autenticidad, aunque estén llenas de visiones indetermínadas y confusas. Generalmente,
no es difícil encontrar en ellas lo que se busque.

112
La dominación española sobre Portugal se extiende durante sesenta años. Es el dominio
“filipino” (los Felipes II, III y IV). En 1640 se le ofrece el trono a D. João, hijo de la Duquesa D°
Catalina, quien en 1580 se había autoproclamado como heredera del trono. La Duquesa de Mantua,
quien era Vice-Reina, es forzada a reconocer a João, instalandose así la Casa de Braganza, cuarta
dinastía de los Reyes portugueses. Le sigue la guerra de Restauración que se prolonga 28 años.
Como se entenderá, las trovas de Bandarra surgen en tiempos propicios y bien abonados.

113
En 1562 Catalina renuncia a la Regencia que es asumida por el Cardenal Infante D. Henrique,
único hermano de João III. Catalina procede presionada por los representantes populares que le
critican ser castellana.
despilfarro.114 En 1568, Sebastián cumple 14 años y comienza a reinar en medio de este
ambiente. Había sido educado en medio del culto al heroísmo militar y del carácter casi
divino de la persona real. Desde temprano se creyó predestinado para ser el salvador de la
cristiandad amenazada. Durante los diez años de su reinado sueña con luchar contra los
enemigos de la fe; en 1.572 organiza una armada para combatir los herejes, pero esto se
queda en proyecto porque un temporal destruye los navíos anclados en el Tajo; dos años
más tarde embarcará furtivamente para el norte de Africa dejando instrucciones para que el
pueblo tome las armas y le siga. El pretexto para una gran expedición guerrera surge en
1576 por la conquista del trono de Marruecos por un moro apoyado por los turcos; según el
Rey, esto significaba que el Sultán de Turquía iba a dominar todo el norte de Africa, lo que
sería fatal para la Península y para toda la Europa cristiana. En 1578, con 24 años, reune un
ejército de 17 mil hombres (cinco mil le los cuales son mercenarios) y marcha al encuentro
del Rey de Marruecos, con quien se topa en las proximidades de Alcácer-Quibir. El deistre
es total: la mitad de los soldados, muertos; la otra mitad, prisionera. D. Sebastián muere en
combate. Como se considera deshonroso haber visto morir al Rey y haber sobrevivido en
vez de dar la vida por el Monarca, nadie dice haberlo visto, dando así lugar al mito; entre el
pueblo se comienza a decir que el Rey había escapado con vida y que regresaría, las trovas
de Bandarra comienzan a leerse con ojos diferentes y se asegura que el Mesías que volverá
es precisamente Sebastián.115
El sebastianísmo se inserta en la conciencia popular como una especie de
nacionalización del mesianismo judaico que lleva a creer que en las épocas de sufrimiento
colectivo vendrá alguien a salvar a todos. Pero de la conciencia popular pasa incluso a
espíritus cultos, como el Jesuita António Vieira. El mito del Rey que ha de volver es aún un
lugar común en la lengua portuguesa. Traduce un estado del espíritu que consiste en creer
114
En estos tiempos se critica duramente la aventura portuguesa en el Oriente y se llama a Portugal
“nación oprimida de tristezas” por haber descubierto los bárbaros tesoros del oriental y pasar a ser
el reino de la pimienta y la canela con más riesgo que provecho. Se habla de la India y del comercio
de especies como factor de decadencia nacional. La verdad es que la llegada en el primer cuarto del
siglo XVI, de grandes lucros provenientes de ese comercio, fue un golpe duro para la economía
portuguesa y provocó el nacimiento de una sociedad parasitaria. La Corte pasó a ser numerosa y
fastuosa. Los nobles se permitían mantener cortes personales. Hubo necesidad de dictar leyes para
regular el uso de las joyas tejidos caros y poner coto al desenfreno. Al mismo tiempo, bajaba el
rendimiento nacional. Las riquezas de la India se fueron disipando en el coste de los transportes
marítimos, en los conflictos en las rutas, en los naufragios y en las crecientes dificultades para
mantener las guarniciones, con la consecuencia de destrucción de fortalezas y almacenes. No se
podía mantener por las armas una exploración económica a seis meses de territorio continental
portugués. En 1570 el gobierno abandona el monopolio del comercio oriental y lo arrienda a grupos
de mercaderes. Comienza a discutirse la formación de un imperio sustitutivo (incluyendo Angola y
Mozambique y lo que se llamó Rodesia), habla de un proyecto para conquistar China, pero la
aventura africana parece la más recomendable. Es en el transcurso de estas discusiones que
Sebastián asume el trono.

115
A la muerte de Sebastián la nobleza se inclina por el Rey de Castilla. El pueblo está por la
independencia. En 1580 es proclamado Felipe II. Jura respetar las libertades portuguesas lo que
cumple escrupulosamente.
que aquello que profundamente se desea no dejará de acontecer, independientemente de
nuestro esfuerzo y sin implicación de nuestra responsabilidad. Vieira encuentra en las
trovas de Bandarra argumentos para su proyecto de un Imperio Universal en el cual
cristianos y judíos estarían reunificados en una Iglesia nueva y purificada de los antiguos
pecados. Se pensaba que el “encoberto” era João IV, pero como muere sin que se cumpla la
profecía, Vieira sólo concluye que resucitaría para cumplirla. Con las invasiones francesas
del siglo XVIII recrudece el sebastianismo; el Rey vendrá a combatir a Napoleón y se
asegura que ya está en Portugal, escondido en un barco de la escuadra rusa surta en el Tajo
y allí se amontonaba la gente para verlo desembarcar.116

116
En la historia portuguesa pueden encontrarse varios casos de aventureros que se hicieron pasar
por el “desejado”. Un jovencito hijo de un aceitero de Alcobaça acaba preso; un azoriano, Mateo
Alvares, logra sublevar muchos campesinos en la región de Ericeira y Torres Vedras, y acaba
ahorcado en Lisboa; un pastelero de Madrigal hace el papel de Sebastián en la conspiración de un
fraile que pretendía servirse del mito para desencadenar una revuelta contra Felipe III; un italiano,
Marco Tulio, alcanza a convencer a algunos nobles exilados de ser el “desejado” y también acaba
ahorcado.
El sebastianismo pasa a Brasil117 y a algunos poetas, entre los cuales el portugués
Pessoa y el brasilero Suassuna. “Y así, en su destino para muchos incomprensible, el mito
del Encubierto no representa apenas la aspiración a la restauración del Portugal glorioso, la
afición nacional por una figura carismática de “salvador”, el deseo subconsciente de
entrega pasiva y un redentor electo por lo alto; de cierto modo, resume en sí un gran
proyecto nacional y universal frustrado, constituyendo, al mismo tiempo, una protesta
inconsciente o una resistencia a las alternativas victoriosas, primero de la Europa
mediterránea post-renacentista y contra-reformista, después de la Europa Nórdica,
racionalista y voluntarista. . .”.118

117
En Brasil, el sebastianismo es absorbido por poblaciones de eslavos y por la gente del noroeste.
Uno de los últimos dramas del sebastíanismo a la brasilera es precisamente el alzainento de Canudo,
cuyo jefe es Antonio Conselheiro, tomado por Vargas Llosa para su novela “La guerra del fin del
mundo”. En los sertones brasileros (sertón significa lugar muy apartado de la costa y de los lugares
poblados) aparecen innumerables santones y profetas investidos de una aúrea carismática y
mesiánica (de ellos se ocupan, fundamentalmete, Jo ão Camilo de Oliveira Torres en “Historia das
ideias religiosas no Brasil” y Maria Isaura Pereira de Queiroz en “Messianismo no Brasil e no
Mundo”). La población de esos sertones es verdaderamente paria, ligada a la idea del Milenio, esto
es, a la idea de un acontecimiento histórico que pondrá fin a las miserias colectivas presentes. Tiene
como punto de apoyo a un individuo que acredita tener dotes sobrenaturales y que vaticina
catástrofes de las que sólo se salvarán sus adeptos. Es esto precisamente lo que hace Antonio
Conseiheiro, a lo largo de los años, por aquellas tierras inhóspitas y luego desde las torres de la
Iglesia del Buen Jesús, en Canudo. Las características de este reino mesiánico son las de siempre: se
trata de un Reino Celeste que existirá en este mundo, dotado de maravillosos atributos, al cual debe
dársele una Ciudad Santa; así puede entenderse porque la gente marchaba hacia el Canudo novelado
por Vargas Llosa, a morir, en lugar de procurar el escape del asedio implacable de la República
brasilera.

Hay muchos casos similares, por ejemplo, el de la Ciudad del Paraíso Terrestre y el de Piedra
Bonita, protagonizados por Silvestre José dos Santos y João Ferreira, respectivamente. A finales del
pasado siglo ocurre lo de Canudo, liderizado por Antonio Conseiheiro, llamado en verdad Antonio
Vicente Mendes Maciel, mesiánico y sebastianista, y nunca llamado, no sé por qué, por su
verdadero nombre por el novelista peruano. El caso de Piedra Bonita, ocurrido en 1838 en el estado
de Pernambuco, tiene visos de desvío psicopático; allí se dice que Sebastián volverá si la piedra es
regada por la sangre de inocentes.

En Brasil, el sebastianismo se mezcla con prácticas primitivas de origen amerindio y africano. Hay,
además, una identificación entre sebastianismo y saudosismo, formando ambos el “mito nacional”
brasilero. Se supone que el brasilero es un ser “saudoso” por ser descendiente de tres razas tristes, el
portugués, desterrado de su patria y despojado de la gloria por la muerte de Sebastián, el negro,
sacado de Africa, y el indio, desesperado por haber sido arrancado de la selva. Para ellos entonces el
futuro es el regreso al Paraíso Perdido que será devuelto junto al regreso de Sebastián; vestido de
blanco y rodeado de todos sus guerreros.

Los antecedentes literarios de “La Guerra del Fin del Mundo” son varios. José Lins Rêgo escribió
una novela precisamente titulada “Piedra Bonita”. En 1963 Joaquím Cardoso publicó “O Coronel de
Macambira”; También escribió una obra de teatro sobre Antonio Conselheiro, y finalmente “Bumba
meuboi” donde da a la tradición sebastíanista brasilera sobre todo un contenido profético-social en
relación directa a la problemática económica, agrícola y geohumana del nordeste.
7.3. - ANTÓNIO VIEIRA, EL SEBASTIANISMO PROPAGADO
El jesuita Vieira se asume como el principal propagador de las trovas de Bandarra y
del sebastianismo. Con pasión, escribe su famosa Carta al Obispo del Japón, “Esperanzas
de Portugal, Quinto Imperio del Mundo”, y sus libros “Historia del Futuro” y “Clavis
Prophetarum”. Será de estos libros de donde Fernando Pessoa tomará el mito.
Pueden encontrarse en ellos una mezcla de capacidad profética cristiana, patriotismo
desmedido, imaginación mítica y una filosofía providencialista de la historia. Se le agregan
“el ideario medieval de San Bernardo del Templo/Orden de Cristo y de la doctrina
joaquimita del Espíritu Santo y del Evangelio Eterno”,119 todo debidamente conectado con
la propuesta al mundo de una nueva civilización de origen lusitano.
En Vieira se encuentra el patriotismo exacerbado de reivindicación de un Portugal
auténticamente portugués por oposición a la extranjerización acaecida con Jo ão III y con el
período de los Felipes. Señala un aliento mesiánico al pueblo que para él creó el mundo
moderno y abrió los caminos geográficos y espirituales de la tierra ocupada por el hombre,
pero que, al mismo tiempo, no guardó nada para sí, lo que le es apuntado como un pecado
irremisible.
Pessoa llamará a Vieira el “mayor artista de nuestra tierra”.

7.4. - PESSOA, LA ASUNCIÓN DEL SEBASTIANISMO


En los textos de Pessoa (especialmente en los agrupados en “Sobre Portugal. . .”),
pueden encontrarse numerosas referencias “al salvador que saldrá a restituir honra y
gloria”. . . “que se reputaba muerto. . .”120 o al “Rey que ha de venir. . . ya no está lejos. .
.”121

Más atrás, puede encontrarse “Os Sertões”, de Euclydes de Cunha, en 1901. Este autor llama a
Antonio Conseiheiro “un gnóstico tosco, un asceta de mirar hipnótico, un bufón arrebatado en una
visión de apocalipsis o un heresiarca del siglo II transportado a la era moderna”.

La República encarna al anti-Cristo para la gente de Canudo por la influencia positivista sobre las
manifestaciones republicanas. Baste recordar el Código Civil positivista de la República
autorizando el divorcio. Pensaban, asimismo, que las preguntas Id censo tenían por objeto
clasificarlos para restaurar la esclavitud. El lenguaje anticlerical que acompañó a los republicanos
conformó también en aquellas mentes la batalla contra el anti-Cristo.
Las batallas descritas por Vargas Llosa se suceden entre enero y octubre de 1897.
Sobre el asunto hay también una novela de Ariano Suassuna.

118
Antonio Quadros, en el semanario “Tempo”, del 25-3-82.

119
Antonio Quadros, en el semanario “Tempo”, del 1-4-82.
120
En “ Sobre Portugal. . .”, p. 140.
121
Ibid., p. 141.
Nuestro poeta analiza detenidamente las trovas encontrando tres puntos esenciales
en la profética de Bandarra: el regreso de D. Sebastián, el Quinto Imperio y los destinos de
Portugal. El Quinto Imperio lo asocia a toda la tradición profética europea y a la hebraica, y
la profecía sobre el Rey, ligada íntimamente al primero, a otros profetas que lo han aludido,
como Nostradamus. El Quinto Imperio le parece la aproximación de dos fuerzas, la de la
sabiduría (ciencia, raciocinio, especulación intelectual) y el conocimiento oculto (la
intuición, la especulación mística y cabalística); no habrá, para Pessoa, absorción mística,
sino que la inteligencia material conquistará la espiritual y la espiritual la material. Agrega:
“La paz que Bandarra dice que habrá en todo el mundo será la paz de no haber diferencias
religiosas. . . un solo Dios será conocido. . ., y todo esto durará el tiempo que tuviere que
durar, porque no hay nada perenne o eterno y el mismo Dios que creó este mundo no es por
ventura más que uno de los muchos “dioses”, creador de uno de los muchos “universos”,
misteriosamente coexistentes, todos ellos, por ventura, describibles como infinitos y
eternos”.122 Tanto acopio de ocultismo lo lleva a proclamar que el Misterio es mayor que el
Universo y que el mismo Dios.
Pessoa sigue el orden de las trovas,123 para él organizadas en tres partes o cinco
cuerpos, división muy variable conforme a la edición que se tenga entre manos. En todo
caso, encuentra que Bandarra supera los límites físicos de aquel primer portugués que tuvo
la visión profética de los destinos del país y pasa a ser un “hombre colectivo” dado que a
las trovas originales se le fueron agregando las redactadas por los seguidores que asumieron
tal tipo de visión y la forma literaria. La observación es cierta en lo literal, pero Pessoa
pretende con ella algo más, hacer del mito parte integral del cuerpo portugués, un motor
fundamental de una movilización que le dé al país las fuerzas necesarias para el logro del
objetivo civilizador que le plantea como misión; en suma, Pessoa hace del mito popular el
instrumento idóneo para incentivar el mesianismo que habrá de servir de impulso hacia la
consecución de las grandes metas. Ya lo había dicho Alvaro de Campos en “Ultimatum”, al
declarar que él, perteneciente a la raza de los descubridores, no aceptaba menos que dar al
mundo una nueva civilización.
Por este camino se lanza: “El verdadero patrono de nuestro país es ese zapatero
Bandarra. Abandonemos Fátima por Trancoso. Ese humilde zapatero de Trancoso es uno de
los maestros de nuestra alma nacional, una de las razones de ser de nuestra independencia,
uno de los impulsores de nuestro sentimiento imperial. Ese Bandarra es la voz del pueblo
portugués gritando por encima de la defección de los nobles y de los clérigos, por encima
de la indiferencia de los cautos y de los incautos, la existencia sagrada de Portugal”.124 Pide
entonces que el país tome conciencia de sí mismo, que ponga a un lado a Roma y su
religión, que encuentre su propia alma, deje fuera las tinieblas y el desaliento que hace
siglos le parece que pasa sobre el alma portuguesa; es obvia la asociación del catolicismo a
esta rémora; el sebastianismo sirve, D. Sebastián vendrá “una mañana de nevoeiro”.125 Se
pregunta: “ Pero qué quiere decir ese Gran Regreso? ¿Qué es lo que regresa? ¿Qué
122
Ibid., p. 146.
123
El orden es el siguiente: Dedicatoria a D. João, Obispo de Guarda. - Sueños pastoriles. -
Pronósticos de los males de Portugal. - Una especie de segunda parte de lo que siente Bandarra. -El
llamado “sueño tercero”. -Respuestas de Bandarra a algunas preguntas que le fueron formuladas.

124
Ibid., p. 117.
significa, en verdad, esa venida de D. Sebastián? El propio D. Sebastián, ¿ qué significa?
Son estas preguntas a las que no se puede responder sino con el texto oculto de Tertuliano:
“Aquellas cosas que están ocultas, descubiertas quedan destruidas”.126
El alcance que Pessoa atribuye al sebastianismo está claramente establecido en una
frase sin desperdicio: “El alma es inmortal, y si desaparece, vuelve a aparecer donde es
evocada a través de su forma. Así, muerto D. Sebastián, el cuerpo, si conseguimos evocar
cualquier cosa en nosotros que se asemeje a la forma del esfuerzo de D. Sebastián, ipso
facto lo tendremos evocado y el alma de ella entrará para la forma que evocamos. Por eso,
creada una cosa cuya forma sea idéntica al del pensamiento de D. Sebastián, D. Sebastián
habrá regresado, mas no sólo regresado figuradamente, regresado en su realidad y presencia
concreta, aunque no físicamente personal. Un acontecimiento es un hombre, o un espíritu
bajo forma impersonal”.127
Pessoa protesta por la incomprensión que estima se ha abatido sobre el
sebastianismo. Condena que se le tome como una superstición popular o como un devaneo
imperialista de la decadencia. Nuestro poeta comprende perfectamente que el sebastianismo
es el único movimiento profundamente nacional que ha existido en Portugal, incluso con
fuerza religiosa, y por eso a él se remite, una vez más, para mover al país, ya casi
independientemente del Sebastián real que se fue a morir a Africa.
Don Sebastián volverá automáticamente al volver Portugal a la grandeza. Cuando el
Alma portuguesa se reanime estará dada la fecha del Gran Regreso. La conjunción es total
entre el mito y la recuperación de la gloria; podrá, entonces, comenzar la marcha hacia el
Quinto Imperio.

7.5. - Los CUATRO IMPERIOS PRECEDENTES


En los libros del Padre Vieira encuentra Pessoa la decisión de asumir libremente la
lengua portuguesa y el patriotismo considerado como el instinto social fundamental, en
cuya formación la lengua tiene una importancia vital. En el jesuita hay una serie de
elementos que le vienen muy bien a la personalidad de Pessoa, como ese misticismo
judaico que atiza su inclinación mesiánica y una respuesta a su estado de inadaptación.
Simões128 piensa que es de la naturaleza psicológica de los poetas, en especial de los de
herencia judaica, la inadaptación al presente y una aspiración al pasado que es vago,
abstracto y lejano, de modo que su transferencia al futuro sólo se opera por la intervención
del sentimiento religioso. De allí, Pessoa inmerso en la Teosofía, en el gnosticismo, en la
magia, en el ocultismo, busca la realización de la bienaventuranza terráquea en la
reconquista del pasado, del paraíso perdido.
125
La palabra “nevoeiro” pierde su sentido literal de “neblina” para significar el comienzo de algo
nuevo; debe ser entendida en el sentido de que Sebastián vendrá “encoberto”, que llegando o
llegado, no será percibido que llega o que llegó.

126
Ibid., p. 193.
127
Ibid., p. 196
128
Simões, ob. cit., p. 637.
Pessoa, asumiendo la lengua portuguesa, hinchado de patriotismo, inundado por
Vieira (Mensajero de la Tienda Blanca, Portador de la Palabra Oculta, Señor del Secreto
Divino), en pugna con la mediocridad del ambiente y pronto a soñar con la grandeza, era de
esperar que se lanzase a reconquistar el paraíso. Ocultismo, cristianismo, judaísmo,
arianismo, imaginación, razón, mistificación, sinceridad, lo conducen en el diseño de su
pensamiento político, del sueño del Quinto Imperio, espiritual y portugués.129
Desde sus artículos sobre “A nova poesía portuguesa”, Pessoa está imbuido de esta
concepción; allí describe la futura creación social de la raza portuguesa como, al mismo
tiempo, política y religiosa, democrática y aristocrática, ligada a la actual forma de
civilización y a otra cosa nueva; eso sí, distante del cristianismo, y en especial del
catolicismo, de la democracia moderna y del materialismo.
Pessoa se lanza a definir el imperialismo y a clasificar los imperios al mismo tiempo
que discute y rechaza la versión de Daniel del sueño de Nabucodonosor. El Quinto Imperio
será un Imperio espiritual.130 El futuro no estaba en obtener conquistas y victorias en el
espacio, sino en lo intemporal y en lo inespacial. Así, aceptada la visión de que sub-razas
derivadas de la Raza ocuparon sucesivamente la Tierra, proclama que la lusitana es dueña
de un largo futuro, humano y divino. La concepción espiritual del Quinto Impeno lo lleva a
la discrepancia con Daniel porque, en esa concepción, el Imperio es material y sólo de
conquista; conforme a ésta, el Quinto Imperio sería el hebreo, dado que los profetas lo eran,
y pecaban de profetizar con intención. El Imperio Judío es imposible porque la Idea de
Imperio es sincrética, esto es, de un Imperio que resume varias cosas y concentra
influencias, en suma, una síntesis, y no una mera extensión forzosa. En la versión de Daniel
los Imperios serían Babilonia, Medo-Persa, Grecia, Roma y un Quinto dudoso, mas
presumiblemente hebreo. Otra interpretación en el sentido de Imperio material, podría
llevar a colegir que el Quinto sería Inglaterra, lo que, obviamente, no gustaba nada a
129
Simões, (ob. cit., pp. 642-643) observa que Pessoa no precisaba de ir a buscar a la teosofía una
explicación religiosa de la historia del mundo, pues la podía encontrar en el Viejo Testamento,
aunque la teosofía no fuese más, en su versión hindú, que una interpretación bíblica de La Cábala
trasladada a los Libros Sagrados del Oriente indostánico. Vieira recurre al Profeta Daniel y a la
interpretación del sueño de Nabucodonosor. Con anterioridad, muchos profetas y astrólogos (desde
Notredamus a Bandarra) habían procurado explicarlo (el de Nabucodonosor en la interpretación de
Daniel) en un sentido favorable a Occidente. Vieira pensaba que los imperios egipcio, asirio, persa y
romano, no habían sido el Imperio del Mundo lo que prometía serlo el Quinto Imperio. De allí
Pessoa conrtruye su tesis.

Es interesante la conferencia teosófica de Annie Besant, traducida por Pessoa. La versión es,
130

sucintamente ésta: Una nube vino de Venus y se posó en la Isla Blanca. De la nube se bajaron los
hijos del fuego para guiar los pasos de la humanidad, y fundaron el centro de la vida del Mundo.
Existió la Atlántida, poderoso continente, donde reinó el Emperador Blanco. Las ramas que se
extienden de este Reino de la Vida corresponden cada una a un Reino. Las enumera, gobernadas por
Monarcas divinos herederos de aquellos primeros mensajeros: egipcio, chino, hindú, etc. Pasa que
aquella Raza Madre envió a sus hijos a diversos lugares a vivificar, a dar el Antiguo Mensaje, en
cada caso, apropiado a las necesidades de la época. Los Imperios, expresión terrena de las sub-razas
(egipcio, persa, hindú, griego, islamita, europeo) fueron conociendo la Verdad; llegará, sin embargo,
el día que todas las religiones se unan en una síntesis, realizándose así la Fraternidad entre los
homres, equivalente al regreso a la Divinidad.
Pessoa. Siendo el Quinto espiritual no se podía partir de Babilonia, sino del Imperio
espiritual griego. Lo correcto era, entonces, pensar que el primero había sido el Imperio
Griego (que sintetizaba todos los conocimientos y experiencias de los antiguos imperios
preculturales); el segundo, el Imperio Romano (sintetizando toda la experiencia y cultura
griegas y fundiendo en su ámbito todos los pueblos fundadores); el tercero, el Imperio
cristiano (fundiendo la extensión del romano con la cultura del Imperio griego y el
agregado de los elementos de orden oriental, entre los cuales el hebraico); el cuarto, el
Imperio inglés (distribuyendo por la Tierra los resultados de los otros tres y manifestándose
primeramente como una especie de síntesis). En otras ocasiones habla del Cuarto Imperio
como Europeo (esto es, de la Europa laica de después del Renacimiento). En todo caso, el
Quinto no puede ser atribuido a Inglaterra. El Quinto fundirá los cuatro anteriores con todo
cuanto esté fuera de ellos y será el primero verdaderamente mundial o universal.

7.6. - LAS CLASES DE IMPERIALISMO


Para Pessoa hay tres clases de imperialismo, a saber, de dominio, con tres
expresiones: unificador, que busca reducir a una unidad con fines civilizadores; cesarista,
que sólo procura aumentar el dominio territorial y sentir la grandeza, y hegemónico, que es
el sentimiento de grandeza obtenido con el dominio sobre otros pueblos. En segundo lugar
coloca el imperialismo de expansión, que es aquel que coloniza territorios desiertos o
habitados por razas incivilizables, el que se aprovecha de razas decadentes y también el que
procura dominar razas civilizadas pero más débiles. Finalmente, el imperialismo de cultura,
que no procura un dominio material, pero sí influenciar y dominar por la absorción, que
procura crear nuevos valores civilizadores para despertar a otras naciones.
Piensa nuestro poeta que estos tres tipos de imperialismo constituyen escalones en
la evolución de una civilización: primero el imperialismo de dominio, segundo el de
expansión y, finalmente, el de cultura. Surgen imperialismos en épocas subordinadas a otras
ideas civilizadoras, así el Renacimiento se produce en una época correspondiente al
imperialismo de dominio, el siglo XIX transcurre bajo la impronta del imperialismo de
expansión. Pasa que Pessoa considera la aventura de los descubrimientos como un
imperialismo de cultura, bajo una orientación no artística sino científica, sólo que en su
tiempo estaba vigente un imperialismo de dominio y no pudo adaptarse a él por falta de
gente y por falta de práctica en procesos militares favorables a aquel tipo de imperialismo
(recuerda que Portugal había practicado apenas acciones guerreras defensivas, contra los
moros y contra los reinos vecinos). Tenía Portugal otras características corno la unidad
nacional (que congrega los esfuerzos de los individuos de una nación) y un hábito guerrero,
sólo que educado en una actitud defensiva constante. Al no poder adaptarse al imperialismo
de expansión que presidía la época de los descubrimientos Portugal vio caer su imperio,
mientras que se favorecía el reino de Castilla, más apto por naturaleza a ese género de
imperialismo.
Ahora bien, una nación sólo llega al auge de su grandeza, insiste, cuando realiza
plenamente ni imperialismo específico, Italia alcanza tal estadio en el Renacimiento cuando
realiza plenamente su función civilizadora aun en circunstanias no favorables, pero con las
condiciones necearias para ada adaptarse al imperialismo predominante en su época, el de
dominio; Italia pudo expandir cultura por Europa y dominar por el espíritu, creando un
imperio cultural, lo que no pudo lograr Portugal. En otro aspecto, Alemania, imperialismo
de dominio, llega al auge en el siglo XIX, cuando logra el imperialismo unificador, el más
alto grado del imperialismo de dorninio (piensa que Alemania se ve obligada a adaptarse a
un imperialismo de expansión, dándose en ella simplemente una transformación
imperialista). Inglaterra (otro imperialismo de dominio de tendencias ancestrales) llega al
auge con Cromwell que realiza el pleno imperialismo unificador.
Pessoa se interroga entonces sobre Portugal. Se pregunta si es posible que sea una
gran potencia espiritual, si siendo posible sea probable que se convierta realmente en tal y
si reune las condiciones para ello. Advierte que la primera razón porque Portugal se tornó
notable a los ojos europeos fue el fenómeno literario y enumera la poesía de los
Cancioneros, los romances de caballería; de manera que el primer florecimiento portugués
fue a través de un fenómeno de cultura, del espíritu. Además, Portugal surge
definitivamente en la civilización europea a través de los descubrimientos, un acto cultural,
más concretamente un acto de creación civilizadora. Finalmente, considera que, con
excepción del resto de Europa, en el Portugal del siglo XIX los valores superiores no
degeneraron, sino que tuvieron progresos. Una condición importante que nuestro poeta ve
en su país es que se trata de una nación pequeña y en la cual, por tanto, no puede nacer, con
el crecimiento del ideal nacional, ninguna tentativa de absorción territorial que pueda
desvirtuar su destino espiritual. Llega a la apoteosis: “Creando una civilización espiritual
propia subyugaremos a todos los pueblos, porque contra las artes y las fuerzas del espíritu
no hay resistencia posible. . .131

7.7. - EL IMPERIALISMO CULTURAL PORTUGUÉS


El aristocratismo que no le abandona reaparece con especial fuerza al delinear las
condiciones para hacer de Portugal un imperio cultural. A la plebe se le imponen
instituciones creadas contra su tradición, la tradición es democrática, de gobierno popular,
por lo tanto para que haya civilización la construcción debe ser aristocrática, el proletariado
hay que reducirlo todo lo que sea posible, la plebe debe ser el instrumento de los
imperialistas, casta dominadora, pero esclava de ellos, ligada a ellos por una comunidad de
misticismo de modo que sea voluntariamente esclava.132
Las condiciones inmediatas para el surgimiento del Imperio Cultural son, en primer
término, la presencia de una lengua apta, rica, gramaticalmente completa, fuertemente
nacional; el surgimiento de hombres de genio literario que escriban en esa lengua y,
finalmente, la base material imperial para expandir esa lengua e imponerla (el análisis
abarca desde el número de personas que la hablan inicialmente, extensión geográfica,
conquista y ocupación). “Una lengua será tanto más rica cuando más la nación hubiese sido
compuesta en su inicio y fundación como tal, de elementos culturales diferentes. Así, de las
lenguas europeas, la lengua inglesa, que se compone del doble elemento cultural germánico
131
En “Sobre Portugal. . .”, p. 226
132
Ibid., pp. 226-227.
y latino, es la más rica de todas. Le siguen la española y la portuguesa, principalmente la
portuguesa, en que dos elementos culturales —el latín y el árabe— concurren”.133
La pregunta esencial de una nación constituida, a sí misma para cumplimiento de
sus deberes hacia la civilización y la humanidad, es la que versa sobre la misión o destino
para los que existe; Pessoa no tiene ninguna duda que se trata sobre una misión o destino
civilizador, por tanto, la pregunta queda reducida a la inclinación natural del psiquismo
colectivo de esa nación para una determinada función de aquel tipo. De esta manera, el
único criterio definidor del imperialismo cultural portugués es la lengua portuguesa y, así es
preciso unificar los elementos que hablan esa lengua. Portugal tiene que buscar, primero a
Brasil, segundo a Iberia, porque participa de su personalidad espiritual, y tiene que buscar a
Inglaterra (y a los países de habla inglesa) para el apoyo de su política externa. (Precisa que
los enemigos culturales de Iberia lo son de Portugal, pero puede haber enemigos políticos
de Portugal que no lo sean de España y viceversa).134
La aspiración a un Imperio Cultural se justifica en la indicación inicial mostrada por
el país en este sentido, y en la felicidad de no haber tenido hasta ahora una gran literatura,
de modo que todo está por hacer en este campo, lo que torna posible hacerlo todo, y bien.
Pessoa acostumbraba justificar sus propias dudas sobre la inexistencia real de una
generación de escritores de alto vuelo que le probaran su concepción imperial, tomando la
verdad, opuesta, como un síntoma de que vendría la edad de oro literaria. “Hará la paz en
todo el mundo” dijo Bandarra de D. Sebastián y Pessoa piensa que esa fraternidad,
imprevisible, exigirá un medio de comunicación igual, la lengua.
El impulso de la pretensión le parece tan importante como un eventual final
victorioso.135 Prepararse para tal dominio cultural no le puede hacer mal a nadie, más
cuando no se pretende derramar una gota de sangre sino imponer una lengua. En el peor de
los casos, el del fracaso del objetivo, siempre se conseguiría perfeccionar la lengua, se
quedará escribiendo mejor y se habrían prestado servicios inmediatos a la cultura y la
civilización.
Pessoa no le teme a las preguntas capciosas y él mismo se las formula. Ante la
interrogante si éste sería un imperialismo de gramáticos, se responde que aquél dura más y
va más al fondo que el de los Generales. Si se tratará de un imperialismo de poetas, asegura
que dura y domina, al contrario del de los políticos que pasa y se olvida; recuerda que
decimos “. . . Cromwell hizo, Milton, dijo. . .” y así el verdadero recuerdo del primero
viene del segundo haberlo mencionado en su soneto y cuando Inglaterra se acabe también
acabará lo que puede suponerse obra de Cromwell, mientras la poesía de Milton sólo
acabaría si desapareciera hasta el último hombre.

133
Ibid., p. 229.
134
Ibid., p. 233.
135
“Preparemos el camino de los grandes genios portugueses, aunque, contra la voz profética, ellos
no vengan nunca. El esfuerzo por un alto propósito es de por sí, un resultado de ese alto propósito;
lo que se nos añade de grande por pensar siempre en grandes cosas en el primer efecto de esas
grandes cosas” (Ibid., pp. 240-241).
Este Imperio Cultural es el que bautiza como Quinto, yendo a buscar el nombre a
las proféticas cristianas y pre-cristiana, y atribuido a Portugal en las trovas de Bandarra. No
lo concibe estrecho, de una sola personalidad o de una sola fe. Por el contrario “. . . hay que
vivir todos los protestantismos, todos los credos orientales, todos los paganismos vivos y
muertos, fundiéndolos portuguesamente en el Paganismo Superior”.136 No hay nada que
deba quedar por fuera en esta misión espiritual, nadie puede concebirla como encerrada en
lo que llama “la estrechez estéril del catolicismo”. Es que Pessoa mira esta religión como
una de las causas fundamentales de la decadencia y cree que hay que romper con los
dogmas como única vía para dotar al pueblo portugués de todos los conocimientos, de todo
el bagaje cultural aprovechable, sin andar limitándose por dogmatismos inexplicables, para
poder así lanzarlo a la creación del Imperio Cultural. Además, es una constante en el
pensamiento pessoiano atribuir grandeza a todo lo que es múltiple. Nuestro poeta centra su
crítica anticatólica en la característica de esta religión de anular la libertad de especulación
sin la cual toda cultura es imposible.
Portugal, inviable como potencia económica y sin propensión para la forma guerrera
de gran potencia, guarda, aún, la vitalidad necesaria para volver a surgir en el futuro y en lo
que llama “el nuevo renacimiento”. Pessoa recuerda que Italia no era siquiera una nación
sino una yustaposición de pequeños estados cuando logra la meta civilizadora. En el caso
portugués encuentra, como obstáculo, la carencia casi absoluta de tradición cultural.
Encuentra que los portugueses han vegetado desde que el esfuerzo de los Descubrimientos
se llevó a los mejores hombres y el catolicismo apagó la especulación. Se pregunta sobre la
indisposición cultural de los portugueses que no apareció en el régimen liberal o en la
República, pero no se desanima y recuerda que el imperialismo portugués prosiguió aun en
las horas más negras.
El sentido religioso, que pretende inevitable, lo cubre con el sebastianismo, única
manera de levantar la moral de la nación y de crear una mentalidad colectiva capaz de
imponer a los políticos un sentido de grandeza nacional; en otras palabras, sólo la
reconstrucción, la renovación y la difusión de un gran mito nacional puede permitir el
despegue del estado servil y mimético en que estaba postrada la inteligencia y hundidos los
políticos y, afortunadamente, Portugal tenía uno que venía de maravilla, el de aquel Rey
que partió a Marruecos y cuya desaparición marcó la decadencia. El objetivo a alcanzar por
esta fuerza renovada había que fijarlo en lo máximo, conformar un desafío que surgido de
esta creencia enraizada en lo popular se manifestara en las más altas expectativas, exigiera
grandes esfuerzos y fuese produciendo el logro de estadios intermedios. Bastaba embeberse
de los sueños y crear la atmósfera; “entonces se dará en el Alma de la Nación el fenómeno
imprevisible de donde nacerán los Nuevos Descubrimientos, la Creación del Mundo
Nuevo, el Quinto Imperio. Habrá regresado el Rey D. Sebastián”.137
Clasificaciones artificiosas, deducciones equivocadas, Quinto Imperio como
heterónimo de Portugal, estructura de pensamiento político llena de ingenio pero también
de puerilidad, inadaptación a la realidad, conclusiones ajenas a la inmediatez de la trágica
convulsión del planeta. Sí, todo ello es cierto, pero asistimos a una bellísima aventura
poética, donde la lengua se torna patria, donde la poesía crea imperios, donde el genio de

136
Ibid., pp. 245-246.
137
Ibid., p 255.
un poeta solitario le hace asumirse como Sebastián, como Super Camões, a una aventura
donde las formas políticas se generan de un impulso cultural, donde un hombre sueña en
elevarse a tal altura poética que le permita dividir los tiempos y ser él el iniciador de una
nueva etapa de progreso espiritual del Hombre.

7.8. - “MENSAGEM”
En este poema están presentes el nacionalismo, el mesianismo, el patriotismo, el
Quinto Imperio, el Gran Sueño... se trata de “Mensagem”, el afloramiento de todo el
continente pessoiano. El poeta se pasea inquieto. “Mensagem” deberá darle el
reconocimiento y la admiración de sus conciudadanos. Ha puesto allí en lenguaje poético la
visión universal de la Patria. No le dan el premio, apenas una segunda clasificación, como
consuelo, para curarse en salud de no premiar aquel compendio de extravagancia y de
belleza.
Ha topado con una cruda certeza, el mensaje no encaja en el sentimiento político de
su época, su idealismo no está conforme con la realidad, no se procura el Quinto Imperio
descrito. Los políticos no aprecian esta clase de propuestas. . . pero, más allá, Fernando
Pessoa, ha asumido su tarea de poeta con honestidad intelectual y transparencia, tal como
tiene que ser. Si el “mensaje” se perdió, la expresión venció. No estoy de acuerdo con que
estos sueños de grandeza patria le limitaron a ser un poeta nacional; quedó claro que no
incentivó en los portugueses deseos de grandeza futura, ni adhesiones por sus tesis.
Quedaron claras algunas cosas más importantes: la lengua como patria y la esencialidad de
la profusión de la inteligencia y la cultura. ¿Ha sido, pues, todo en vano? No, ha sido un
aprendizaje. Yo lo veo como Sebastián sobre el caballo blanco. Yo lo creo Super Camões,
armado de palabras, artillado de una lengua, proclamando como posible la redención del
Hombre. . .y siempre lo será. . . por la palabra.
Lisboa, enero de 1982
junio de 1983

BIBLIOGRAFIA
OBRAS DE FERNANDO PESSOA

Sobre Portugal. Introdução ao Problema Nacional. Editorial Ática. Lisboa. 1978.


Da República. Atica, 1978.
Uitimatum e páginas de sociología política. Ática, 1980.
***
Páginas de estética e da Teoría e Crítica Literarias. Atica. Lisboa, 1973. 2° edición.
(Textos recogidos y prefaciados por Georg Rudolf Lind y Jacinto do Prado Coelho).
Cartas de amor de Fernando Pessoa. Atica, 1978.
Textos de crítica e de intervenção. Atica, 1980.
***
DE OTROS AUTORES:
LIND, GEORG RUDOLF. Estudios sobre Fernando Pessoa. Estudos portugueses.
Imprensa Nacional-Casa da Moeda. Lisboa, 1981.
QUADROS, ANTONIO. Fernando Pessoa. Vida, personalidade e génio. A obra e o
homem. Editora Arcádia. Lisboa, 1981.
QUADROS, ANTONIO. Fernando Pessoa. Iniciação Global à obra.
A obra e o homem. Editora Arcádia. Lisboa, 1982.
SIMEÕS, JOÃO GASPAR. Vida e obra de Fernando Pessoa. História de uma geração.
Livraria Bertrand. 4 edição. Lisboa, 1980.
***
N. de A.: Los libros de Pessoa consultados pertenecen a las ediciones de Atica, con textos
recogidos, en lo que se refiere a la parte política, por María Isabel Rocheta y Maria Paula
Morão, y comentarios de Joel Serrão. No está demás advertir que los antologistas titularon
sus textos tratando de basarse en los numerosos proyectos de títulos e índices que Pessoa
efectuó, aun cuando advierten claramente sobre ello y sobre el criterio personal que les
llevó a agrupar textos diversos bajo cada título. Advierten que queda pendiente una
reformulación del criterio y una edición más estricta de los escritos politicos de Pessoa.
Todos los libros consultados, tanto de Pessoa como de otros autores, están en el original
portugués, por lo que las versiones son de mi completa résponsabilidad.
INDICE GENERAL
1 PESSOA DE CUERPO ENTERO
1.1. El hombre
1.2. Las revistas y los grupos
1.3. Rousseau, Nietzsche y Antero de Quental
2. PESSOA, PRODUCTOR DE ESTÉTICAS
2.1. El saudosismo
2.2. El paulismo y el interseccionismo
2.3. El neoclasicismo y el sensacionismo
2.4. Los heterónimos toman posiciones
2.5. Todos los caminos van al mismo sitio
3. “ULTIMÁTUM”
3.1. La parte “destructiva” del manifiesto
3.2. La partes “constructiva”
3.3. La Ley de Malihus de la sensibilidad

4. DE LA MONARQUÍA A LA REPÚBLICA Y PESSOA EL ENSAYISTA POLÍTICO


4.1. Desde la independencia de Brasil hasta el “Estado Novo”
4.2. Los proyectos
4.3. La República, “redención de Portugal”
4.4. La República multiplica los vicios de la Monarquía
4.5. Las etapas republicanas
4.6. La decadencia y otras “lineas maestras”
4.7. “Interregno. Justificación de la doctrina militar en Portugal”
5. SOBRE EUROPA Y LA REPÚBLICA ARISTOCRÁTICA
5.1. Iberia
5.2. “La civilización que hoy llamamos europea”
5.3. La guerra alemana
5.4. De la tiranía y de la república aristocrática
5.5. La democracia, sistema político de la de cadencia
5.6. Las revoluciones, utilidad destructiva

6. EL HOMBRE PORTUGUÉS
6.1. El carácter de los portugueses .
6.2. ¿Cómo organizar la sociedad portuguesa?
7. EL “SEBASTIANISMO” Y EL QUINTO IMPERIO
7.1. Bandarra, las trovas del zapatero dé Trancoso
7.2. El Rey Sebastián hace la guerra a los infieles
7.3. Anto’njo Vieira, el sebastianismo propagado
7.4. Pessoa, la asunción del sebastjanismo
7.5. Los cuatro imperios precedentes
7.6. Las clases de imperialismo
7.7. El Imperialismo Cultural portugués
7.8. “Memsagem”
BIBLIOGRAFÍA