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raúl medina Centeno

Cambios modestos,

grandes

revoluCiones

Terapia Familiar Crítica

raúl medina Centeno Cambios modestos, grandes revoluCiones Terapia Familiar Crítica

Primera edición: 2011 Segunda reimpresión: 2011 Tercera reimpresión: 2012

La edición de este libro fue realizada con recursos del Programa Integral para el Fortalecimiento Institucional 2009, de la Secretaría de Educación Pública.

Cambios modestos,

grandes

revoluCiones

Terapia Familiar Crítica

© E Libro Red Américas

© Centro Universitario de la Ciénega de la Universidad de Guadalajara.

2011

2011

Portada: Diseño de portada Imagia Comunicación.

ISBN: 978-607-7848-04-2

Impreso y hecho en México. Printed and made in Mexico.

A mis maestros más críticos: Alex y Nicole… mis hijos

Prólogo

N o es raro que el título de un libro constituya una metáfora de su autor, de modo que no debe extrañarnos que así ocu-

rra con éste: Raúl es, a la vez, modesto y revolucionario. Modesto porque, lejos de ignorar sus orígenes latinoamerica- nos y mestizos, los acepta con toda naturalidad, extrayéndoles, sin aspavientos, el mismo partido práctico que extrae el vendedor de tianguis a su mercancía, jugando incluso, ocasionalmente, al merolico. Pero revolucionario porque, de su larga singladura eu- ropea, obtiene enseñanzas decisivas sobre la importancia de la historia y sobre la posibilidad de transformarla. Raúl dedica un apartado de su libro a “dialogar” conmigo, pero está claro, y así lo expresan mis comillas, que se trata de un diálogo retórico, puesto que en realidad es él quien habla, incluso cuando me cita. Así, por ejemplo, cuando me define como cons- truccionista social, aunque sea “uno de los más sutiles y finos de la terapia familiar”. Como Raúl sabe que no me siento en abso- luto construccionista social, creo que nadie puede discutirme el derecho a “dialogar” con él a mi vez. Yo pienso, en efecto, que las realidades individuales son de- finidas socialmente. Lo pienso desde mis tiempos de militancia política revolucionaria, cuando, al igual que tantos compañeros de generación en la confrontación con el franquismo, creía en la lucha de clases como motor de la historia y en el papel del pro- letariado como elemento protagonista y activador de esa lucha. Desde entonces, algunos clichés y lugares comunes del progre- sismo del 68 han perdido vigencia, incluso para un izquierdista recalcitrante como yo, pero la convicción de que la sociedad, a través de relaciones de poder, determina al individuo y, de modo particular, a sus estructuras psicopatológicas, se mantiene firme

en mi escala de valores. Yo a eso le llamo resabios de viejo mar- xista, pero entiendo que, desde una perspectiva académica, más correcta políticamente en estos tiempos que corren, se le pueda llamar construccionismo social. ¿Y no es paradójico que, con tales antecedentes, no me iden- tifique con dicho movimiento? Bueno, son cosas de la iden- tidad: uno elije sus identificaciones un tanto caprichosamente y, generalmente, sin negociarlas ni aceptar transacciones sobre ellas. Pero, así y todo, me explicaré. Yo critico al construccionis- mo social que ignore olímpicamente ese pasado, mío y de tantos otros, de orientación psicoterapéutica marxista, en el que hici- mos cosas como abrir los manicomios y, en algunos casos, aca- bar con ellos. Y no lo critico por un gesto de narcisismo herido, sino por sus consecuencias prácticas. Si ya entonces topamos con los límites de nuestra psicoterapia revolucionaria, compro- bando que los locos liberados de sus cadenas seguían siendo casi igual de locos, ¿a qué repetir el proceso unos años más tarde sin elaborar la experiencia? Algo faltaba en aquel modelo nuestro que sigue faltando en los modelos socioconstruccionistas pero que, afortunadamente, está presente en el pensamiento de Raúl y en esta obra: una re- flexión seria sobre la familia como elemento intermediador entre la sociedad y el individuo. Es decir, un “adaptador específico” entre la instancia opresora general que es la sociedad, definida por relaciones de poder, y la instancia oprimida singular que es el individuo sintomático, bloqueado en sus procesos de nutri- ción relacional. Llenar ese vacío conceptual fue lo que significó para mí el descubrimiento de la terapia familiar, en un viaje que realicé en la compañía de muchos otros colegas, principalmente del sur de Europa, y que no voy a deshacer porque en Estados Unidos y sus áreas de influencia cultural se haya impuesto la moda socioconstruccionista.

No quiero dejar de repasar “a mi manera” (F. Sinatra, fecha indeterminada) lo que Medina destaca como seis fundamentos de su modelo, la terapia familiar crítica: la epistemología, las emociones, la cultura, la historia, la política y la ética. Son una magnífica ocasión para, avanzando en este “diálogo”, asomarme a mis principales obsesiones sobre lo que debe y no debe ser la terapia familiar. Como fundamento epistemológico, el autor define al terapeu- ta con una expresión con la que no puedo estar más de acuerdo:

experto modesto. De hecho, yo llevo veinte años proponiendo que nuestra práctica se encuadre en dos principios básicos, a sa- ber, el orgullo psicoterapéutico, resultado de la conciencia de la fuerza sanadora de la palabra, y la modestia ecológica, producto de la constatación de nuestra pequeñez ante la inmensidad de los recursos del ecosistema. Pero, además, es necesario dirigir una mirada a la historia del pensamiento humano para comprobar que, a veces, lo que nos parece el último berrido de la moda epis- temológica, no es sino una nueva versión de propuestas casi tan antiguas como la humanidad. Raúl cita a Heráclito y, en efecto, ese autor pronunció su célebre panta rei, todo fluye, como ex- presión del carácter cambiante de la realidad, confirmado con su afirmación de que “no podemos bañarnos dos veces en el mismo río”. Y Parménides aseguraba que “todo está en el lenguaje”. ¿Les sonará a los postmodernos? Existen bases para afirmar que la his- toria de la filosofía es un sucederse de etapas objetivistas (Tales y Demócrito, Aristóteles y los neoaristotélicos, Tomás de Aquino, Descartes, etc.) y subjetivistas (los sofistas y Sócrates, Platón y los neoplatónicos, Kant, etc.), cuyas últimas ediciones estarían representadas por el positivismo moderno y por el postmoder- nismo. Las reglas del juego serían que cada nuevo giro, lejos de descalificar a los anteriores, los integraría en propuestas de mayor complejidad, y que siempre quedaría abierta la puerta a un futuro

cambio de signo, respetuoso con la condición anterior. ¿Qué nos deparará el futuro a los terapeutas familiares? Según algunos in- dicios, un nuevo giro objetivista (¡coincido con Medina, nunca una vuelta atrás al realismo ingenuo!), que, de acuerdo con José Antonio Marina, yo sugiero se llame ultramodernismo. ¡Qué razón tiene el autor al reivindicar el fundamento emo- cional de la terapia familiar! Por eso él y yo coincidimos con Maturana en considerar al amor como lo definitorio de la con- dición humana. Pero estamos hablando, claro está, de un amor complejo que trasciende al amor romántico y que integra, junto a lo emocional, a lo cognitivo y a lo pragmático: la nutrición re- lacional, motor de la construcción de la personalidad individual en el contexto de los sistemas de pertenencia y, muy en particular, de la familia de origen. En cuanto al fundamento cultural, difícilmente podría sus- traerse a la reflexión de un autor latinoamericano responsable y serio. Por eso la terapia familiar crítica de Medina nace con una voluntad de afirmación frente a los dictados de la moda impe- rante al norte de Rio Grande. El postmodernismo light y po- líticamente correcto norteamericano no tiene mucho que hacer con las lacerantes realidades latinoamericanas. Sin embargo, la cultura tampoco puede convertirse en una garantía de absoluta legitimidad. Toda cultura tiene sus horrores, llámense piras in- quisitoriales, sacrificios humanos, atentados suicidas o las distin- tas manifestaciones de feroz sexismo, y las latinoamericanas no escapan a esa ley. Pero es desde dentro de ellas desde donde deben generarse los procesos correctores adecuados, y en ese marco debe encuadrarse la obra que nos ocupa. El fundamento histórico es, en mi opinión, particularmen- te importante en esta línea de afirmación diferenciadora de la terapia familiar crítica. De las palabras de Raúl se deduce una plena coincidencia con mi postura: somos seres históricos, pero

no somos esclavos del pasado porque poseemos la maravillosa ca- pacidad de redefinirlo desde el presente. Sin esclavizarnos, pues, la historia está presente tanto en nuestra actividad narrativa sub- jetiva como en nuestra práctica profesional y en nuestra corres- pondiente reflexión teórica. Ocurre, sin embargo, que el origen estadounidense de la terapia familiar, así como de sus desarrollos postmodernos, les ha imprimido un sesgo “ahistórico” coherente con dicha cultura, en la que no existe el peligro de esclavitud del pasado, pero sí del presente (¿qué otra cosa es, si no, la tira- nía de la moda?). Un ejemplo ilustrativo: en el resto del mundo (Europa, Asia y América Latina) existen películas históricas, pero en Estados Unidos existen “historias peliculeras”. La terapia fami- liar crítica se propone como histórica, pero no como peliculera. Nadie ni nada más lejos que Raúl Medina y su obra de los lugares comunes de lo políticamente correcto. Y, sin embargo, el fundamento político de la terapia familiar crítica es incuestiona- ble. Una política entendida como el compromiso de poner lími- tes a los que pretenden constreñir la libertad, pero con inteligen- cia (yo diría “inteligencia terapéutica”), recurriendo a estrategias de consenso, de tolerancia y de seducción. La estrategia del sauce frente a la del rectilíneo ciprés, que decía Franco Basaglia. O sim- plemente, puesto que estamos en México, estrategias indígenas. Y por último, muy relacionado con todo lo anterior, un fun- damento ético que nos recuerde constantemente por qué y para quién trabajamos. Quizás en América Latina, o al menos en la mayoría de sus países, se esté aún a tiempo de adecuar la terapia familiar al discurso oficial sobre el maltrato, algo que la tiranía de la corrección política, convertida en feroces códigos estalinistas, hace casi imposible en Estados Unidos y Europa. Proteger a los niños maltratados no debe implicar ensañarse con sus familias maltratadoras, al igual que la prevención de la violencia de gé- nero no debe limitarse a la protección de la víctima y el castigo

al violento. Las estadísticas de los programas basados en estos principios son demoledoras en cuanto al aumento del maltrato infantil y del número de mujeres muertas a manos de sus parejas. Es difícil hablar de estas cosas en el país de Ciudad Juárez, pero, además de reprimir la delincuencia, la lucha contra el maltrato familiar requiere un compromiso ético con la pareja y con la fa- milia, y la terapia familiar crítica está en la mejor posición para llevarlo a cabo. Leer un buen libro es siempre una aventura fascinante, llena por igual de sobresaltos (básicamente epistemológicos, si estamos hablando de un ensayo) y de alivios segurizadores. Le deseo a quien se adentre en esta obra la mejor experiencia de ese tipo. Ocasiones no le faltarán, como por ejemplo cuando le salgan al paso las “preguntas estúpidas”, ese genial invento de Raúl Medina. Pero no quiero revelar el final, así que me detengo. Adelante y ex- plora por ti mismo, curioso y crítico lector.

Juan Luis Linares

AgrAdecimientos y reconocimientos

E ste libro es el producto de una investigación clínica de lar- go plazo, que inicia desde mi propia formación como psi-

cólogo y continúa en varias etapas, la maestría en terapia fami- liar en Barcelona, el doctorado en psicología social en Madrid

y Oxford, la estancia posdoctoral y residencia en Cambridge,

Inglaterra, el ingreso como profesor-investigador a la Universidad

de Guadalajara, México, la creación del Instituto Tzapopan y por

supuesto la práctica clínica. Éstas son acciones académicas y clíni-

cas que forman parte de mi currículum, pero cada una está con-

formada de relaciones interpersonales. He coincidido y conversa-

do con personas, cara a cara y mediante artículos, libros, tesis u

otros medios. Dichas conversaciones han ampliado y enriquecido

mi perspectiva sobre la psicoterapia.

En esta contextualización quiero agradecer a mis maestros, José Ramón Torregrosa (Madrid), Tomás Ibáñez (Barcelona), Ron Harré (Oxford) y Colin Fraser (Cambridge) quienes desde la

psicología social me introdujeron al campo de la teoría de la cien- cia. Por otra parte, en la Escuela de Barcelona, Juan Luis Linares

se convirtió en la persona que me indujo de forma seria al campo

clínico desde el consultorio y sus extraordinarias publicaciones, que me han provocado conversar explícitamente con su postura. Ricardo Ramos me abrió la puerta a su práctica narrativa. Félix Castillo me amplió la perspectiva de intervención con su cosmo- visión integradora de varios modelos. La sabiduría y carisma de Lynn Hoffman y Harelen Anderson me hicieron incorporar una posición crítica para el modelo sistémico. M. White influyó enor- memente en mi estilo y abrió el camino para explorar las cien- cias sociales a favor de la psicoterapia. En el contexto de la Red

Española y Latinoamericana de Escuelas Sistémica (Relates), he

coincidido con una diversidad de expertos profesionales y clínicos con quienes he aprendido mucho sobre la psicoterapia relacional, cabe mencionar al argentino Marcelo Ceberio quien desde su es- tilo personal ha redefinido con un especial sentido de creatividad latina a la emblemática psicoterapia breve de Palo Alto. Regina Giraldo, desde Colombia, me ha hecho ver cómo intervenir sis- témicamente con la pobreza y violencia cultural que se expre- sa en las relaciones familiares. Roberto Pereira, como parte del contexto vasco y su formación psiquiátrica presenta siempre una postura conservadora y cautelosa que intenta conciliar el paradig- ma psiquiátrico con el sistémico. Desde Perú, José Antonio Pérez del Solar, de forma pragmática y eficaz, me enseña las bondades del enfoque sistémico en contextos no clínicos. Mis colegas de Chile y Brasil, Sandro Giovanazzi, Claudia Lucero y Olga Falceto coinciden en integrar al sistémico otros modelos que despierten la creatividad cultural en psicoterapia para establecer un vínculo más contundente con nuestros clientes. En casa he aprendido de muchas personas, sobre todo con aquellos que iniciamos proyectos entorno a la psicoterapia rela- cional, tanto en el campo clínico como académico. Sobre salen Sofía Ibarra, Berenice Torres y Rosy Peña quienes han sido mis co-terapeutas de decenas de casos, varios de ellos plasmados en esta publicación, ellas me enseñaron la diferencia de género, es decir, las perspectivas de la mujer en la intervención sistémica o narrativa enriqueció mi labor como terapeuta. Además Berenice me sorprendía con su intuición sistémica para detectar en poco tiempo la trama familiar. Sofía me hacía ver lo importante de or- denar minuciosamente el proceso psicoterapéutico, y Rosy es una de las terapeutas con mayor potencial por su gran inteligencia integradora. Mis alumnos han sido otra fuente de inspiración, quienes ahora se han incorporando al proyecto Tzapopan y la Universidad de Guadalajara, entre muchos cabe mencionar la

pragmática de Lorena Barba, la inteligencia de Juan Hernández,

la destreza compleja de Juan Carlos Gutiérrez, la alta percepción

de Mariano Castellanos y la inteligencia emocional de Mara

Camarena (quien hoy forma parte de mi vida emocional y fami- liar). En este contexto, las personas y familias que han acudido a

mi

consulta y compartieron sus historias no solo se convirtieron

en

un reto para poder resolver junto con ellos sus dilemas, sino

también me sorprendieron con la infinidad de recursos que tie- nen para salir adelante. Otros escenarios de aprendizaje y crecimiento que influye- ron en mi estilo terapéutico plasmado en esta publicación han sido mis amigos y familia. Mis amigos son muchos y de diversos grupos, varios ya he mencionado antes, han sido mis maestros y alumnos y se han convertido en mi círculo más cercano. Cabe mencionar a Esteban Agulló quien me ha acompañado en mu-

chas etapas de la vida, además de enseñarme a trabajar desde la lógica europea. De Puerto Vallarta Remberto Castro, Esperanza Vargas y Rocío Preciado, también me han acompañado y perte- necen al grupo con quien comparto el trabajo académico. Se su- man a este círculo cercano, Karla Contreras y Elda Ruiz quienes son mis alumnas más brillantes de la licenciatura en Psicología

del Centro Universitario de la Ciénega.

Sobre mi familia, reconozco en ellos su aportación a mi iden- tidad personal que se expresa en mi estilo de enseñar y hacer terapia. Mi padre, Raúl, desde su perspectiva crítica me enseñó a trabajar con constancia, paciencia, tolerancia y humildad. Mi madre, Esperanza, me introdujo con una visión emprendedora y positiva de la vida. Mis hermanos Arturo, Sandy y Chely son la

expresión más diversa que invitan a la reflexión y tolerancia, en ellos he encontrado siempre apoyo incondicional a mis proyectos más extravagantes. Maguie quien está en mi recuerdo, me ense-

ñó a construir un proyecto de vida con certeza e inteligencia y

me heredó lo más preciado de mi vida, mis hijos: Alex y Nicole, quienes son mis maestros más críticos y la motivación más con- tundente para seguir adelante y nunca claudicar. A todo ellos mi más profunda agradecimiento y reconocimien- to en su colaboración para la construcción de esta publicación.

17 de marzo del 2011

Índice

Prólogo de JuAn luis linAres

7

AgrAdecimientos y reconocimientos

13

introducción

25

PrimerA PArte:

terAPiA FAmiliAr crÍticA:

creenciAs y FundAmentos

33

cAPitulo i

FundAmentos y obJetivos de lA terAPiA FAmiliAr crÍticA

 

35

Conversación con Juan Luis Linares: el diagnóstico como interacción y marco social organizado Conversación con Harlene Anderson y Harold Goolishian:

 

35

Entre clientes expertos y terapeutas expertos

 

en posición de no saber

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Conversación con Michael White y David Epston:

 

De metáforas universales a metáforas locales para la externalización del Terapia familiar crítica: seis fundamentos que

 

48

sustentan el cambio terapéutico

. Seis fundamentos de la posición crítica

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para la terapia

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cAPÍtulo ii

el construccionismo sociAl:

PensAmiento de lArgA trAdición

61

¿Qué es el construccionismo social?

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Movimiento epistemológico con larga tradición .

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Estilos y perspectivas .

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Debates en torno a conceptos construccionistas:

 

sentidos y sinsentidos

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La tensión entre la modernidad y la postmodernidad

 

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Hacia una psicología social construccionista crítica en

 

Latinoamérica .

. Contribuciones del pensamiento latinoamericano para

. Latinoamérica: mosaico discursivo psicosocial .

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69

69

una terapia familiar crítica .

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Construccionismo social, psicología social crítica y

terapia familiar .

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. Terapia familiar crítica desde Latino América

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CAPÍTULO III

lAs FAmiliAs en lA teorÍA sociAl:

diversidAd y contrAdicciones

75

La familia como objeto de análisis de

organizaciones internacionales .

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75

La familia como problema y objeto de estudio de

las ciencias sociales.

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. 75

La familia en la modernidad: racionalidad científica . La familia como problema y objeto de estudio de

y

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las ciencias sociales

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La sociología estándar y los estudios sobre la familia .

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Familia y sociedad .

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. Las funciones de la familia moderna .

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La generación de políticas familiares .

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La familia en Latinoamérica y la teoría social

. La modernidad, ¿una promesa incumplida?

familiar anglosajona .

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. Teoría social y familias, en el marco de la postmodernidad

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Postmodernidad .

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85

. La familia: nuevas direcciones de investigación social

 

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87

Pobreza y familias en Latinoamérica

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93

Familias pobres en Latinoamérica

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Deconstruyendo

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99

Las redes de apoyo mutuo como forma alternativa de

. Conclusiones: reflexiones e implicaciones

generación de bienestar social

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.103

1.

La reflexión epistemológica en torno a la investigación

 

de la familia en el marco de la tensión entre modernidad y

postmodernidad .

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. 2. Etnicidad, familias y pobreza en Latinoamérica:

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.103

más allá de la tensión entre modernidad y postmodernidad

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3.

¿Qué significa ser terapeuta familiar en un contexto

 

como Latinoamérica?

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CAPÍTULO IV

un viAJe Por el mundo de lAs emociones: de lA biologÍA Al bienestAr sociAl

 

109

Las emociones como objeto de estudio de las ciencias Las emociones en las teorías clásicas de la psicología y la

neurología.

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. Freud y las emociones

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El conductismo y las emociones .

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. Los humanistas y las emociones .

La cognición y las emociones .

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Los constructivistas y las emociones .

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.114

Los estudios contemporáneos sobre las emociones:

complejidad e interdisciplinariedad

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La emoción como forma de conocimiento e

impulsora de la acción.

. Las emociones como recurso: inteligencia emocional,

resiliencia, nutrición relacional.

. Las emociones como sentido estético.

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.119

. Las emociones en los escenarios sociales

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.120

Sociología de las emociones: las emociones como

epistemología práctica .

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Escenarios emocionales .

Propiedades de los escenarios emocionales

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Trabajo y labor emocional .

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.124

. Las emociones como epistemología práctica .

Emociones y género

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. Maturana y el amor: de la biología a la psicología social

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El amor fundamento de lo social .

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Racionalidad y emociones

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Emoción y acción

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. Las emociones en la terapia familiar .

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Bowen y las emociones .

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De la enfermedad mental a la enfermedad emocional

 

.133

El sistema emocional se alimenta con los cincos sentidos

.134

Ciclos de proximidad y distancia en los

.134

El self y la masa indiferenciada.

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Sistema emocional de la familia .

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Whitaker y las emociones.

. Virginia Satir y cómo comunicar emociones .

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. Los triángulos para Whitaker

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.140

.142

Linares y la nutrición relacional .

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.144

Dimensiones del amor .

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.145

Clima emocional

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. Las emociones como el fundamento básico de la posición crítica de la terapia familiar.

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. Reconstruir el tejido social mediante el amor .

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.148

.148

.149

Conclusión: ¿Con qué me quedo de este viaje?.

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.152

segundA PArte:

cAmbios modestos, grAndes revoluciones:

 

mÉtodos PArA logrArlo

155

CAPÍTULO V

terAPeutAs exPertos en Posición de no sAber: el diálogo terAPÉutico en torno A lAs PreguntAs “estúPidAs”-

 

157

Contexto teórico y de intervención

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.158

Contribuciones de la etnometodología a una psicoterapia

. Identidad y síntoma en el discurso tácito.

desde la familia.

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.159

.163

. Generando nuevas explicaciones para el cambio .

inductivo-ideográfico

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.167

Del método hipotético-deductivo al método

Hacia una psicoterapia desde la familia:

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.167

el diálogo terapéutico en torno a las preguntas “estúpidas”

.169

Dos casos en torno a las preguntas “estúpidas” .

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.170

María y Pedro: violencia, un problema en torno al género

.170

Cristi huye de casa .

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.174

Conclusiones.

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.177

CAPÍTULO VI

lo globAl y locAl de lA PsicoterAPiA: lA externAlizAción del sÍntomA mediAnte el uso de metáForAs culturAles

179

. La globalización y el conocimiento científico.

Globalización y diversidad .

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.179

.180

Posición realista/global .

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.181

Posición relativista/local .

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.182

La importancia de los modelos en el conocimiento científico

.183

Los peligros del uso de los modelos en la ciencia

 

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.184

El papel constructivo de los modelos en la ciencia .

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.184

Vivir la globalización desde Latinoamérica .

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.185

Caso Pedro y María: de la celotipia a la iguana,

 

de lo global a lo local.

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.187

Conclusión.

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.192

CAPÍTULO VII

terAPiA FAmiliAr e HistoriA: el recuerdo y el olvido terAPÉutico

Tiempo e historia

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195

.197

. Antecedentes de la terapia familiar histórica .

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.199

El sistema familiar, desde el análisis intergeneracional La terapia como contexto para reescribir la vida y

 

.200

las relaciones .

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.201

El tiempo como historia en la terapia familiar .

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.203

¿Qué es la historia? .

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.204

Hacia una historia constructiva progresiva .

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.209

La historia como progreso

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.210

Objetividad como relación entre hecho y valor

. Objetividad universal frente a objetividad relativa

mediante la interpretación .

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.211

.212

De la historia de elementos a la historia de relaciones

 

.213

Método para escribir una historia relevante .

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.214

Historia y memoria

. Distinción y relación entre historia y memoria

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.217

.218

Vygotsky y Luria: la relación entre historia social y

memoria (identidad) individual .

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.220

La memoria .

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.222

El método .

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. ¿Una terapia familiar “vygotskyana”? .

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.223

.224

. La memoria como forma de actuación .

Memoria colectiva .

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. Memoria colectiva, identidad y terapia familiar

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.226

.228

.229

Memoria intergeneracional, macrohistoria y síntomas

 

.232

La memoria como red intergeneracional

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.232

Macrohistoria, familia y

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.235

Historicismo y terapia .

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.236

El recuerdo y olvido terapéutico.

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.239

Caso Lalo

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.240

Primera sesión:

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.241

Segunda sesión:

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.242

Método histórico para la terapia familiar

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.245

Conclusión.

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