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Los Laureles: Colonos Chilenos, una Historia de Vida junto al Carbón 1 a Edición, Temuco 2003 Distribución gratuita

Esta obra ha sido financiada por el Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura FONDART 2002 en el marco del proyecto Los Laureles: Colonos Chilenos, una Historia de Vida junto al Carbón, que contempla además de la presente publicación, la producción de un video-documental y un mini-museo en la localidad de Los Laureles, Comuna de Carahue.

Ejecución del Proyecto Los Laureles: Colonos Chilenos, una Historia de Vida junto al Carbón,

Departamento de Acción Social (DAS) del Obispado de Temuco Equipo ejecutor: Marcela Ojeda; Juan Carlos Jara, Fernando Rivas; Alex Jarpa; Marcelo Venables; Giancarlo Bucchi

Edición y texto:

Giancarlo Bucchi Roccatagliata y Juan Carlos Jara Barrenechea

Fotos:

Juan Carlos Jara, Giancarlo Bucchi, excepto foto página 2

Los Laureles: Colonos Chilenos, una H istoria de Vida junto al Carbón 1 Edición, Temuco 2003

Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura FONDART

Los Laureles: Colonos Chilenos, una H istoria de Vida junto al Carbón 1 Edición, Temuco 2003

Departamento de Acción Social (DAS) del Obispado de Temuco

Editado en Temuco, IX Región de la Araucanía, Chile Febrero de 2003

INTRODUCCIÓN E n nuestro país, existe una gran variedad de ambientes naturales y culturales, y esta

INTRODUCCIÓN

En nuestro país, existe una gran variedad de

ambientes naturales y culturales, y esta diversidad poco a poco ha ido conformando el carácter de sus poblaciones locales. Aunque nos cueste decir exactamente en qué se diferencia un Santiaguino de un habitante de Tierra del Fuego, las diferencias sin duda existen, y a veces, son bastante marcadas. Así, todos sabemos algo específico sobre los mineros del Norte, los campesinos de la zona central, los pescadores artesanales, o los pueblos originarios del Altiplano, de nuestro Sur y de Isla de Pascua, entre otros. Sin embargo, hay sectores de la población chilena que por diversas razones no están presentes en nuestra conciencia colectiva.

En este trabajo, hemos querido conocer a un grupo humano bastante olvidado o simplemente desconocido para el resto del país.

Ellos son los colonos chilenos de la Araucanía.

  • I. LOS LAURELES – El Medio Físico

Una de estas comunidades de colonos chilenos está ubicada en el sector llamado Los Laureles, unos treinta y siete kilómetros al norte de Carahue, en plena Cordillera de Nahuelbuta 1 . El sector de Los Laureles tiene características muy especiales, por su relieve accidentado, por sus bosques templados siempreverdes, por su lejanía de los centros urbanos, y también por la forma en que fue colonizado.

I. LOS LAURELES – El Medio Físico Una de estas comunidades de colo nos chilenos está

La zona en sí es de difícil acceso, debido a su geografía accidentada:

cursos de agua en profundas quebradas separan unos de otros los cordones montañosos de este sector de la Cordillera de Nahuelbuta, que antiguamente, y hasta fechas muy recientes, estaba cubierto de espesos bosques nativos, donde abundaba el palo santo, el ulmo, el lingue, el coigüe, el raulí, el canelo y otras especies.

que cordillera de Nahuelbuta (“gran puma”, en mapuzugún) contenía bosques de una extraordinaria variedad y riqueza. De ello tenemos un testimonio dejado por un hombre de ciencias: Ignacio Domeyko, quien en 1845 recorrió a pié el trayecto entre Tirúa y Valdivia. El sendero se apartaba de la costa cerca de los ríos Tirúa y Loncotripai. Esta afortunada circunstancia lo debe haber llevado a pasar cerca del lugar del que trata esta reseña, por lo que es interesante ver lo que dice en su valioso relato 2 :

Se

sabe

este

sector

de

la

"… ..el

roble, no menos imponente que en las riberas de

Dnieper, con maderas que igualan en calidad a las encinas de Inglaterra y

Norteamérica. El pesado y duro raulí, el fragante laurel, el pintoresco lingue con

sus hojas correosas, el hermoso peumo con sus encarnadas chaquiras

la luma

... cuya flor blanca y rosada corteza hace el contraste más lindo con el verde de sus

  • 1 Los Laureles está ubicado en la comuna de Carahue. Para llegar, debe tomarse el camino desde Trovolhue que pasa por Las Ñochas.

  • 2 “Araucanía y sus habitantes”. Publicado en 1846

hojas

Al pie y al abrigo de esta vegetación vigorosa y tupida se cría otra más

... tierna, que parece pedirle el apoyo de sus robustas ramas. Aquí abunda el

avellano vistoso y lucido

con él se halla asociado el canelo, tan simétrico en el

... desarrollo de sus ramas casi horizontales, tan derecho y lustroso en su espesa hoja. En ellos, por lo común sube y entre sus flexibles troncos se entrelaza la más bella de las enredaderas, tan célebre por su flor encarnada, el copigüe, mientras

de los más profundo de sus sombras asoman a la luz de las pálidas hojas del helecho y miles de especies de plantas y de yerbas, que no abrigan en su seno a ningún ser ponzoñoso, ninguna víbora o serpiente temible al hombre. Y luego, "Los bosques, los coligües que transforman la selva en un espeso tejido de caña con hojas afiladas para hacer lanzas; la quila, los pastales como si en medio de aquel excesivo lujo de vegetación, aún las yerbas y pastales se convirtiesen en

árboles

"

...

"el esbelto, gigantesco pino de piñones, la araucaria

"

...

Hoy en día, las laderas de muchos cerros en Los Laureles están cubiertas de pino insigne, especie importada de rápido crecimiento. Aparte de este monocultivo, también puede observarse grandes extensiones de terreno que evocan sentimientos de desolación: son los restos quemados del bosque nativo original, troncos altos, calcinados, sin follaje o con escasas ramas vivas, sobrevivientes de incendios forestales en años pasados, algunos provocados intencionalmente para despejar la tierra.

 

Otros

espacios corresponden

a

bosque nativo viejo que no ha

podido renovarse debido a un

conjunto

de

circunstancias

adversas,

como

la

extracción

maderera

indiscriminada

que

elimina los mejores ejemplares, el ramoneo de los animales, y

la erosión. Aquí ahora crece el matorral, con especies

pioneras,

que

en

el correr del

tiempo,

y

en condiciones

normales,

serían remplazadas

gradualmente

por

especies

nobles.

hojas Al pie y al abrigo de esta vegetación vigorosa y tupida se cría otra más

Vista de Los Laureles

Pero esto es difícil en la actualidad: aquí, como en muchas partes, hay sobreexplotación de recursos naturales, y el bosque muchas veces no alcanza a regenerarse. Quedan aún todavía retazos de bosque nativo casi virgen, pero están en peligro.

Para el visitante que llega, como nosotros, por primera vez a Los Laureles, es triste observar esta realidad, especialmente si todavía se albergaba la creencia que en plena Cordillera de Nahuelbuta el bosque nativo se conservaba relativamente intacto.

Para el visitante que llega, como nosotros, por primera vez a Los Laureles, es triste observar

Restos de bosque en Los Canelos

Se

ha

dicho que para el

visitante es triste ver el estado actual del bosque en esta zona.

Pero

se confunden luego con otras

estos

sentimientos

consideraciones, que de algún modo explican esta especie de agresión humana contra el medio ambiente: recordamos lo que hemos leído sobre el

proceso estas tierras: pequeños grupos

de

colonización

de

familiares que se abrieron

paso,

en

carreta, por

huellas

intransitables,

sin

apoyo

externo. Luego la interminable

labor

de

establecerse

en

el

bosque inhóspito, en una zona

de

condiciones

climáticas

desfavorables para la

agricultura, pero siempre con

la

ilusión

de

una gran meta:

tener un hogar propio, en una

tierra propia.

 

Las distancias a las ciudades eran casi infranqueables, el sustento debía obtenerse del mismo lugar. El único recurso económico era el mismo bosque. Al principio se extraía la cáscara del lingue, que podía ser transportada a Trovolhue o a Capitán Pastene para ser vendida. Luego, cuando los caminos mejoraron un poco, llegaron los “locomóviles”, máquinas a vapor que podían mover aserraderos. Entonces se inició la explotación de la madera nativa. Con el pasar de los años, las especies nobles escasearon, y se comenzó a producir carbón. Para los colonos, todas fueron estrategias de supervivencia, y el bosque ha sufrido las consecuencias.

II.

LOS LAURELES – Los Colonos

 

En

muchas

partes del sector costero de la

Araucanía

 

se

vivieron

procesos

similares

de

colonización:

 

familias

chilenas, de escasos recursos, en su mayor parte

provenientes

de la costa

de

Arauco, de Lebu, Coronel, y

otros poblados

de

lo

que

es

hoy

la

VIII

Región,

emprendieron

ya

desde

la

década de 1870 en adelante,

la

ruta al

sur por el antiguo

“camino

de

la

costa”,

para

colonizar un pedazo de tierra en La Frontera lafquenche.

 

Los

primeros

II. LOS LAURELES – Los Colonos En muchas partes del sector costero de la Araucanía se

colonos no participaron de los programas oficiales de colonización impulsados por el Gobierno en Santiago. Ellos se lanzaron por iniciativa propia a establecerse en espacios que creían libres; muchos de ellos fueron posteriormente expulsados de sus nuevos hogares por otros chilenos que nunca pisaron estas tierras, pero que adquirieron título de dominio en Santiago o en Angol, en las grandes subastas organizadas por el Gobierno para financiar los costos de ocupación de la Araucanía. Es el caso por ejemplo, de los abuelos de la Sra. Eladia Hormazábal, (vecina de Los Laureles), quienes habían tomado tierras y se habían establecido en el sector de Pellahuén, unos quince kilómetros al oriente de Los Laureles, cuando posteriormente llegaron los nuevos dueños legales de esos predios, y los expulsaron. Ellos decidieron entonces viajar al sector de Aillinco, cerca de Los Laureles, porque habían escuchado que esas tierras todavía eran fiscales, es decir, no habían sido rematadas.

Aquí finalmente pudieron establecerse, allá por la década de 1930. Es interesante que en los mapas de principios del siglo XX, una amplia franja de tierras paralela a la costa entre Tirúa y el Río Imperial aparece sin lotear, quizás debido a que los agrimensores del Gobierno no las habían demarcado aún. Esta última circunstancia

parece haber sido lo que hizo posible que los pequeños colonos pudieran permanecer en estas tierras
parece haber sido lo que hizo posible que los pequeños colonos pudieran permanecer en estas tierras

parece haber sido lo que hizo posible que los pequeños colonos pudieran permanecer en estas tierras de Los Laureles: informalmente al principio, y

luego

regularizando

poco

títulos de propiedad.

a

poco

los

En la foto superior puede verse a dos colonos de la Araucanía visitando Valdivia.

Abajo

izquierda: cumpliendo el Servicio

militar.

Abajo derecha: una antigua libreta de familia da cuenta del peregrinaje de una familia de colonos antes de establecerse en Los Laureles.

parece haber sido lo que hizo posible que los pequeños colonos pudieran permanecer en estas tierras

III.

LOS LAURELES - El Bosque Y Sus Recursos

El

Tanino.

El

bosque nativo fue desde el comienzo de la

colonización, la principal fuente de ingresos en esta zona. Pero al comienzo no era la madera lo que atraía a quienes derribaban los árboles: la materia prima que buscaban era la

corteza misma de ciertas especies, especialmente el lingue, que contiene compuestos químicos idealmente útiles para curtir y teñir el cuero, y que tenía un alto valor en los mercados europeos. Cada árbol era derribado, y se le extraía la corteza, dejando el tronco botado. Los registros antiguos nos dan una idea de la enorme magnitud de esta industria de la cáscara del lingue: por ejemplo, en el año 1900, el puerto fluvial de Carahue, distante unos 40 kilómetros de Los Laureles, registró exportaciones de aproximadamente medio millón de kilos de cáscara de lingue. 3 En Los Laureles, conversamos con Don Juan López, de setenta y cinco años, quien en su juventud trabajó en la recolección de cáscara de lingue. Un árbol grande podía rendir seis o siete sacos de cáscara, que debían llevarse a mercado, es decir, a Capitán Pastene o a Trovolhue. Un saco de cáscara de lingue se vendía por un peso, con lo que se podía comprar una buena cantidad de provisiones. Nos cuenta Don Juan que al principio, los árboles descascarados eran simplemente dejados en el bosque. Más tarde, cuando llegaron los aserraderos, estos troncos fueron utilizados, ya que

III. LOS LAURELES - El Bosque Y Sus Recursos El Tanino . El bosque nativo fue

no se podrían.

Don Juan López trabajó en la recolección de cáscara de lingue

3 Cifras de Tesorería del Puerto de Carahue para el año 1900. Esta cantidad de cáscara de lingue provenía sólo en parte del sector de Los Laureles. Ver Anexos.

El Madereo. Al principio los colonos sólo usaban la madera para construir sus casas, o para cercos. Los métodos de elaboración eran rústicos: no había otra fuerza motriz que los brazos, y las herramientas eran el hacha y la corvina. De esta manera podían sacarse tablones o basas de grandes dimensiones: dos hombres podían producir hasta cien pulgadas de madera dimensionada en un día. Para esto, se colocaba el trozo sobre un armazón de manera que estuviera elevado unos dos metros sobre el suelo. Luego una persona se subía sobre el trozo, y el otro se quedaba por debajo. Se marcaban las lineas con lienza y tiza, a lo largo del palo, y se comenzaba a cortar, con una herramienta llamada morriquete, similar a una enorme corvina, sólo que los mangos estaban montados transversalmente.

El Madereo. Al principio los colonos sólo usaban la madera para construir sus casas, o para

Aserrando palo santo

Cuando empezaron a llegar las máquinas a vapor a este sector, en las primeras décadas del siglo XX, se comenzó a aserrar sistemáticamente, aunque al principio sólo interesaban ciertas especies como el raulí. Otras maderas que hoy valorizamos, antes no se consideraban dignas de elaborar, y no había demanda para ellas. Pero a medida que comenzaba a escasear una especie, aumentaba la demanda para una alternativa. Así, el bosque se fue explotando cada vez más.

En la actualidad, en Los Laureles sólo hay madereo esporádico de una especie,

que

es

el

palo santo ó tineo

(Weinmannia trichosperma).

El calor del brasero en un hogar campesino El carbón. Gradualmente , la escasez de árboles

El calor del brasero en un hogar campesino

El carbón. Gradualmente, la escasez de árboles aptos para aserrar obligó a los habitantes de Los Laureles a buscar otras fuentes de ingresos, y por esa razón comenzaron a elaborar y vender el carbón. Aprovecharon para esto, los numerosos árboles muertos o viejos, o los troncos que habían sobrevivido a los incendios forestales, y además, la gran cantidad de “tapas” o “cantoneras” que han quedado en los lugares donde ha habido un banco aserradero. Se trata de los pedazos irregulares de corteza o de tabla que se eliminan.

La producción de carbón es hoy la principal actividad económica en Los Laureles. Sin embargo, el carbón sólo comenzó a convertirse en fuente principal de ingresos hace escasos cinco o seis años. Antes, era una actividad esporádica, si bien siempre había existido. Es previsible que la actividad carbonera seguirá por algunos años, porque aún quedan en pie gran cantidad de troncos muertos parados y árboles moribundos, (árboles que se van secando “de arriba para abajo”, como siempre dicen los vecinos de Los Laureles). Estos troncos muertos o moribundos ya no dan madera aserrable, es decir, no dan trozos sanos del largo pedido por las barracas (3.60 mts,). Ellos se convierten en la materia prima para la elaboración del carbón. En menor proporción, se usa también madera proveniente del raleo de bosque nativo, aunque esto no es común, ya que no es considerado económicamente rentable ralear y esperar la explotación de los mejores ejemplares, por los largos plazos involucrados.

Los Laureles es hoy conocido por la calidad de su carbón, ya que la materia prima que se usa es casi exclusivamente el palo santo o tineo, que da un carbón bueno y pesado, aunque esta madera tiene el inconveniente de ser bastante dura de partir con combo y cuña. Antes se usaba el ulmo que no tiene esta última característica, pero que es hoy demasiado escaso en el sector. Sólo muy a lo lejos se usa el canelo, pues este da un carbón muy liviano. El pino no se usa nunca, nos dicen los vecinos, pues da el peor carbón.

IV.

LOS LAURELES – La Producción De Carbón

Los vecinos nos explicaron que tradicionalmente hay tres maneras de hacer carbón de madera: el mono, la pelcha, y el horno u hornilla. A continuación veremos lo que involucra cada uno de estos métodos.

Los Laureles es hoy conocido por la calidad de su carbón, ya que la materia prima
Los Laureles es hoy conocido por la calidad de su carbón, ya que la materia prima

Un mono, antes y después de ser tapado con tierra

El mono. Este proceso consiste en reunir una cantidad de palos de hasta unos cuatro metros de largo, que se van colocando apoyados contra una estaca enterrada en el suelo. Cada palo se apoya contra la estaca, hasta que se forma una estructura de forma cónica, de unos tres o cuatro metros de diámetro en la base, e igual altura. El próximo paso es tapar todo con tierra, para lo cual se usan palas, y se va lanzando la tierra sobre el mono, hasta que esté bien cubierto. Debe quedar sólo una pequeña apertura en el extremo superior del mono, para servir de tiraje, y otra en la base, donde se comenzará el fuego. Este método de hacer carbón tiene sus complicaciones, especialmente la facilidad con que el fuego puede acelerarse y consumir todo. Para evitar esto, la cubierta de tierra debe ser espesa y no tener muchas aperturas. De todos modos, el mono debe ser vigilado constantemente durante los días que demore la madera en convertirse en carbón. Lo anterior es el principal inconveniente de este método de hacer carbón.

Cavando la fosa de la pelcha La pelcha. Este segundo método tiene similitudes con el mono,

Cavando la fosa de la pelcha

 

La

pelcha.

Este

segundo método

tiene

similitudes

con el mono,

sin embargo, sólo es

posible hacer una pelcha en un lugar

donde haya cantidades de aserrín, o

de

tierra

suelta,

pues

deberá

excavarse una fosa de cuatro o cinco

metros de largo, que

luego de

llenarse

con

madera,

será

tapada.

Antes de excavar, debe tomarse en

cuenta la dirección del viento, para asegurar el tiraje. Debe reunirse la madera que se convertirá en

Cavando la fosa de la pelcha La pelcha. Este segundo método tiene similitudes con el mono,

carbón, y ésta puede ser de dimen- Una pelcha siones bastante grandes en el largo, pero el grosor de cada palo no debería exceder unos veinte centímetros. De lo contrario, la madera podría quedar carbonizada sólo en la

superficie. En la punta de la pelcha, llamada

trompa, los palos deben ser

de menor

dimensión, para poder empezar fácilmente el fuego ahí.

Cuando la madera más gruesa ha sido colocada y tapada con tierra, debe hacerse la trompa, que es el extremo de la estructura, y que debe ir

Cuando la madera más gruesa ha sido colocada y tapada con tierra, debe hacerse la trompa

Comenzando el fuego en la trompa

terminado en punta, usando palos de dimensiones menores, para que allí se encienda y prenda el fuego. El fuego gradualmente se meterá por la pelcha, y su progreso debe ser lento, es decir, durará idealmente unos cuatro o cinco días. La pelcha debe ser cuidada sin interrupción durante este período, pues puede arrancarse el fuego y consumir todo, sin producir carbón, al igual que el mono ..

La pelcha en general requiere de la cooperación de varias personas, debido al tamaño de los palos o trozos usados. La faena involucra a personas volteando los troncos, uno o dos trozando en terreno, es decir, cortando los troncos con motosierra para dejarlos de tres o cuatro metros de largo. Deben ser luego tirados con bueyes al lugar de la pelcha. Si los trozos son demasiado gruesos, deben ser partidos con cuña y combo. Por último, los palos son colocados en su lugar, y tapados con tierra. Es por esta razón que frecuentemente se organizaban mingacos a la hora de hacer una pelcha grande, como se verá más adelante.

El horno. Hoy

en

día,

éste es

el método

más popular para la

elaboración del carbón en Los Laureles. Debe hacerse un horno en la tierra, o en roca

blanda, lo que significa un considerable

esfuerzo,

pero una

vez

que

está hecha esta

inversión inicial en términos de trabajo, el horno prestará años o décadas de servicio, y

demostrará holgadamente sus indudables ventajas por sobre los otros métodos usados tradicionalmente. La característica principal del horno es que, una vez encendido, puede dejarse sólo por los cuatro o cinco días que durará la combustión, sin necesidad de ser vigilado.

demostrará holgadamente sus indudables ventajas por sobre los otros métodos usados tradicionalmente. La caracter ística principal

Sección de un horno en la ladera de un cerro

Un requisito para el horno, es que se ubique un lugar que reúna las condiciones adecuadas: el terreno debe estar en desnivel, o debe ser el costado de una loma o barranco. Si es de tierra, deberá ser de un tipo que no se desmorone fácilmente. El horno es de dimensiones suficientemente grandes para permitir que ingrese una persona de pie. En la parte posterior del horno, hay una chimenea que sube verticalmente a la superficie, para permitir el tiraje. El horno cuenta con una entrada, que cuando el horno esté cargado, deberá ser cerrada con tablas y tierra, pero esto es fácil de hacer, si lo comparamos con el trabajo de tapar un mono o una pelcha con tierra. Los trozos de madera por lo general son más cortos que los usados en los otros sistemas descritos arriba. Una persona puede fácilmente cargar el horno por sí sola. Estas ventajas son las que han asegurado la popularidad y persistencia de esta forma de hacer carbón.

Vecinos de Los Laureles reunidos en el mingaco V. LOS LAURELES – Los Mingacos En Los

Vecinos de Los Laureles reunidos en el mingaco

  • V. LOS LAURELES – Los Mingacos

En Los Laureles se mantiene viva una antigua tradición, que es a la vez una sabia estrategia de supervivencia: se trata del mingaco, especie de trabajo comunitario, en que se unen los vecinos para ayudar a la persona que debe realizar algún trabajo de envergadura. En el curso de la presente investigación, los vecinos de Los Laureles se unieron para mostrarnos cómo se organiza y desarrolla un mingaco. Se determinó mostrarnos el proceso completo de elaboración del carbón en pelcha, desde la etapa misma del volteo de los árboles, hasta el envasado del carbón en sacos.

Normalmente, la preparación para el mingaco comienza escogiendo el día y la hora en que la gente será invitada a cooperar en la actividad. El dueño de casa debe visitar a muchos vecinos, comunicándoles la fecha y la labor a realizarse, y requiriendo su colaboración. En esto, son pocos los que se niegan, a menos que ellos mismos estén inmersos en otras labores que no puedan descuidarse. Todos saben que recibirán “manos de vuelta”, es decir que en otra oportunidad, cuando necesiten colaboración, ellos también la tendrán. El dueño de casa debe tener abundante comida y bebida (generalmente chicha de manzana y algo de vino) para ese día, pues es sabido que el

trabajo pesado requiere una buena alimentación. En cuanto al número de invitados y colaboradores voluntarios (pues también los hay), la regla es: “mientras más mejor”, y por esto también no debe faltar la comida. En el mingaco que organizaron para nosotros los vecinos de Los Laureles, no había “dueño de casa” que invitaba. La comunidad entera quiso participar como gesto de buena voluntad hacia nosotros, los miembros del equipo de trabajo del proyecto, quienes queríamos presenciar el tradicional mingaco. De este modo, siendo los “beneficiarios” del mingaco, aportamos los víveres.

El día señalado, la jornada comenzó temprano, con los hombres ayudando a parar una ramada y las mujeres juntándose para preparar la comida. En esta oportunidad, habría dos corderos. A la hora de almuerzo, éstos entregarían su sangre para preparar el tradicional ñachi, y su carne para un cocimiento

.En la loma, los hombres comenzaron a voltear algunos árboles muertos, usando el hacha, aunque en la actualidad es más común hacerlo con motosierra. Para llevar los palos a la pelcha, se habían juntado varias yuntas de bueyes.

trabajo pesado requiere una buena alimentación. En cuanto al número de invitados y colaboradores voluntarios (pues

El colono y su yunta de bueyes

Los bueyes de montaña tienen fama de ser más grandes y fuertes que sus congéneres de trabajo agrícola, y así lo pudimos constatar en Los Laureles. La razón es que debe usarse sólo animales grandes para el duro trabajo de tirar troncos por terrenos accidentados. Antiguamente se ponían dos o tres yuntas unidas a tirar los palos más grandes. Pero en esta oportunidad se usó la corvina para trozar los palos antes de arrastrarlos, y el trabajo pudo hacerse por yuntas individuales.

Los bueyes de montaña tienen fama de ser más grandes y fuertes que sus congéneres de

Los bueyes de montaña conocen el trabajo del madereo

Alrededor de la pila de aserrín, en el lugar donde se haría el carbón, otros vecinos cooperaban limpiando el terreno, cavando la fosa de la pelcha y poniendo los largueros y travesaños sobre los que se acumularían los palos traídos por las yuntas de bueyes. Comenzó la labor de ir poniendo los palos en la ruma, todos en sentido longitudinal. Algunos de estos trozos eran en pesados, y se necesitaron ocho o diez brazos para colocarlos en su lugar.

.Entre todos es más fácil Continuaba el acarreo, hasta que la ruma de palos alcanzó una

.Entre todos es más fácil

Continuaba el acarreo, hasta que la ruma de palos alcanzó una altura de un metro y medio aproximadamente. Se colocaron tablas anchas a lo largo de la base de ambos costados largos, cuya función es impedir que la tierra llene todos los espacios entre los palos, lo que impediría la circulación de aire, y consecuentemente, el tiraje. En la punta de la pelcha que enfrentaba el viento, se procedió a armar la trompa. Ésta consiste en una continuación de la pelcha, pero se va enangostando y termina en punta. Sirve para comenzar ahí el fuego, una vez que la pelcha ha sido recubierta con tierra. La tierra o el aserrín, se tiraron con palas, excavando el suelo alrededor de la pelcha. Se siguió echando tierra hasta que no quedaban espacios vacíos. Al tapar la pelcha, la idea es dejar solamente una apertura reducida para servir de tiraje en el extremo posterior.

Cuando la pelcha ya había sido tapada y la trompa estaba lista, se encendió el fuego. Poco a poco, el fuego prendió, y ya unos y otros empezaron a pensar en el almuerzo, pues el trabajo estaba hecho, y el fuego haría lo demás.

Las cocineras tenían el cocimiento listo en grandes fondos, y los comensales no se hicieron esperar. Había cocimiento de cordero, con papas y ají. También ensalada de lechuga y bebidas traídas por el equipo del proyecto. Hay silencio durante un rato, mientras todos comen. Luego nace la conversación, y aparecen una, dos garrafas de

vino. Uno de los vecinos ha traído una harmónica y entretiene a la compañía bailando y tocando. La mayoría sigue sentada en sus puestos, pues hay bastante comida para repetirse. El cocimiento ha tenido buena aceptación, y la provisión de papas es suficiente, aunque no abundante, pues ha tocado un año de producción extraordinariamente escasa a lo largo del país. El precio de las papas este año estuvo por las nubes, y se ha vendido casi todo lo que había en la zona ..

vino. Uno de los vecinos ha tr aído una harmónica y entretie ne a la compañía

Las mujeres han trabajado

toda

la

mañana

preparando

el

almuerzo.

El momento de servir ha llegado.

El

tradicional

cocimiento consiste en trozos de carne de vacuno o de cordero, con unas cebollas, algunas hierbitas, agua y condimentos. Las papas son cocidas aparte. Cuando todo está listo, se junta en un solo fondo para que los sabores se mezclen. Luego se sirve, acompañado de ají a gusto, buena conversación y música.

vino. Uno de los vecinos ha tr aído una harmónica y entretie ne a la compañía

La harmónica sigue tocando, y ahora una pareja ha decidido bailar un pie de cueca. Una segunda pareja sigue a la primera a “la pista”. Uno de los vecinos parte en busca de una guitarra. En un rato, la harmónica está acompañada por la guitarra y la voz de su dueño. Las parejas bailan otra cueca. Aparecen los talentos individuales de los colonos frente a nuestra cámara: unos trozos de payas, unos versos recitados, unos poemas atrevidos y otros sobre amores mal correspondidos. La mayoría descansa, sentados alrededor, conversando.

La harmónica sigue tocando, y ahora una pareja ha decidido bailar un pie de cueca. Una

El día ha finalizado. La pelcha está encendida, en el primero de los tres a cinco días que deberá permanecer con una combustión controlada en su interior. Para los vecinos, hay otras labores que hacer, quizá niños chicos que atender, gallinas que alimentar, animales que encerrar. Comienza la gente a irse a sus casas. Nosotros debemos emprender el viaje a Carahue o Temuco.

Partimos para volver en cuatro días más, cuando el carbón en la pelcha esté listo para ser “cosechado”.

VI.

LOS LAURELES – Cosechando El Carbón.

Cuatro días después del mingaco, la pelcha puede ser abierta. Se sabe que el carbón está listo por el color del humo que sale. Pero en estos cuatro días, no todos han descansado. Uno de los vecinos ha debido quedarse cuidando la pelcha, que no puede dejarse sola, de día ni de noche. Sería demasiado arriesgado hacerlo, pues puede perderse todo el carbón si el fuego se escapa. Esto podría suceder si el viento arrecia, o si la cubierta de tierra colapsara en algún punto, aumentando así el tiraje y avivando el fuego.

VI. LOS LAURELES – Cosechando El Carbón. Cuatro días después del mingaco, la pelcha puede ser

La pelcha ha sido cuidada, y el carbón está listo. Llegamos a tiempo para ver el proceso de destapar la pelcha, separar y enfriar el carbón, y luego seleccionarlo y envasarlo en sacos.

Se

procede

a

destapar la pila, removiendo la tierra, comenzando desde la trompa hacia atrás, y avanzando por etapas. Cuando una parte ha sido destapada, el carbón se esparce por tierra para que se enfríe, usando rastrillos de madera. El trabajo es duro e incómodo, a causa de las brasas todavía ardientes y el humo que se eleva.

Quien

ha

cuidado esta pelcha sigue aquí, ahora ayudando a destapar y enfriar el carbón. De vez en cuando lanza agua desde un bidón de plástico para apagar brasas o bajar el humo. Su rostro acusa cansancio, pero él continúa ayudando, para que todo salga bien.

VI. LOS LAURELES – Cosechando El Carbón. Cuatro días después del mingaco, la pelcha puede ser
El trabajo es duro y sucio. Muchas brasas todavía arden, y deben ser apagadas echándoles agua

El trabajo es duro y sucio. Muchas brasas todavía arden, y deben ser apagadas echándoles agua .

Poco a poco, la pelcha se ha ido destapando, y todo el carbón ahora se encuentra desparramado por tierra, enfriándose. Se rocía con agua en aquellos lugares donde todavía arden algunas brasas. El calor es intenso, y el humo molesta los ojos y la respiración.

Cuando el carbón se ha enfriado, viene un proceso de seleccionarlo por tamaño. Los pedazos grandes son desmenuzados. El carbón comienza ahora a ser envasado. Para esto, se han puesto tres estacas

en el suelo, las que sujetan abierta la boca de un

saco,

que

se

va

llenando

con el carbón

seleccionado.

 
El trabajo es duro y sucio. Muchas brasas todavía arden, y deben ser apagadas echándoles agua
El carbón, cuando ya se ha enfriado, debe ser seleccionado a mano. Si ha y brasas

El carbón, cuando ya se ha enfriado, debe ser seleccionado a mano. Si hay brasas que todavía arden, se les echa agua, y los pedazos demasiado grandes se desmenuzan. El próximo paso es llenar los sacos, que terminarán pesando entre 20 y 25 kilos.

El carbón, cuando ya se ha enfriado, debe ser seleccionado a mano. Si ha y brasas

El carbón es envasado en viejos sacos de trigo o en sacos paperos. Cada saco en promedio pesará aproximadamente 20 Kg., y será vendido puesto en Los Laureles, ya que los compradores vienen a terreno en sus camiones. Antiguamente los colonos partían en carreta hacia Trovolhue u otros centros urbanos, para vender su carbón.

VII.

LOS LAURELES – La Vida Cotidiana

La vida en Los Laureles tiene su propio ritmo, y su propia identidad, sencilla y tranquila a la vez que dura y sacrificada. De todos los elementos que conforman la vida de su gente, quizá los más determinantes sean su lejanía y su accidentada geografía, factores ambos que han influido en su historia, y que permitieron que estos hijos de pequeños colonos estén aquí, pues estas tierras difíciles no eran las más codiciadas en los tiempos de la colonización. Algunos datos nos ilustran la realidad de Los Laureles: en la fecha en que se escriben estas líneas, no hay transporte público que vincule este sector con centro urbano alguno. Los vecinos deben caminar horas para llegar a un lugar donde puedan tomar alguna locomoción pagada. Hasta hace sólo un par de años, esto significaba que en caso de emergencia médica, el o la paciente debía ser transportado en carreta en un viaje de varias horas, Hoy en día han mejorado los caminos lo suficiente para que haya media docena de camionetas pertenecientes a vecinos, pero aún así, a veces la distancia entre casa y casa es grande y una caminata de una o dos horas no es infrecuente.

VII. LOS LAURELES – La Vida Cotidiana La vida en Los Laureles tiene su propio ritm

No hay luz eléctrica en Los Laureles, si bien todos creen que muy luego, quizá antes de tres o cuatro años, la red eléctrica llegará al sector, pues ha venido avanzando desde Carahue por el sur y desde Tirúa por el norponiente. Los vecinos nos dicen que las autoridades les han sugerido que formen un comité para solicitar la luz para su comunidad, pero se ha avanzado poco en ese sentido.

La atención médica existente consiste en visitas periódicas de una camioneta del Departamento de Salud de la Municipalidad de Carahue, pero no siempre viene un médico en las visitas, las que sirven principalmente para los controles programados y para traer los remedios que hayan sido recetados. La camioneta llega a la Sede Social, y en los días de visita, se junta cantidad considerable de personas a esperarla.

Esta circunstancia es aprovechada por un comerciante de Trovolhue que llega regularmente en su camioneta cargada, a ofrecer su mercadería.

Los viajes de los vecinos a la ciudad son poco frecuentes, por eso quien emprende el viaje probablemente llevará numerosos encargos de amigos o familiares. Las camionetas que bajan a Carahue, frecuentemente lo hacen cargadas con sacos de carbón, para financiar el viaje.

Esta circunstancia es aprovechada por un comerciante de Trovolhue que llega regularmente en su camioneta cargada,

Sacos de carbón esperando la llegada de una camioneta para llevarlo al pueblo

Después de conocer estas circunstancias sobre el aislamiento de Los Laureles, podría pensarse que los vecinos sólo esperan la primera oportunidad para irse a vivir al pueblo. Pero esto no es así, por lo menos aún no lo es. En muchos otros sectores de la comuna de Carahue, como en otras partes de la Araucanía, el despoblamiento rural de sectores de pequeños colonos ha sido muy marcado, especialmente cuando la mayoría de las tierras se ha convertido a los monocultivos. En el sector de Los Laureles, el proceso de conversión a las plantaciones de pino ha avanzado, sin embargo existe una clara conciencia de parte de muchos vecinos, sobre las consecuencias que podrían derivarse de ello, si sigue adelante: escuchamos en más de una oportunidad que los pocos propietarios que vendieron sus tierras, ahora se encuentran en difíciles circunstancias en Tirúa u otra ciudad de la Región. La población de Los Laureles no ha disminuido, lo que la convierte en una especie de caso único entre localidades similares. Lo que es más, la escuela básica de Los Laureles en los últimos años ha ido aumentando su matrícula, contando en la actualidad con dieciocho alumnos.

El profesor de la Escuela unidocente de Los laureles, y algunas alumnas

El profesor de la Escuela unidocente de Los laureles, y algunas alumnas Este último hecho es
El profesor de la Escuela unidocente de Los laureles, y algunas alumnas Este último hecho es

Este último hecho es significativo, y quizá responde a un comentario que escuchamos más de una vez en Los Laureles: la gente se queda porque este es su mundo. Es el mundo que conocen, y lo que han conocido de la ciudad no alcanza a convencerlos que se muden. Nosotros, que hemos venido de afuera, podemos comprender esta opción, pero a la vez nos preguntamos cuanto tiempo podrá mantenerse la actividad económica basada en el carbón: sabemos que el bosque nativo es un recurso potencialmente renovable, y que da trabajo para numerosas familias, con la condición que se maneje conciente y rigurosamente. Algunos vecinos de Los Laureles tienen conciencia de lo frágil que es el bosque, y cuidan sus parcelas en consecuencia. Creemos que esos espacios, por lo menos, tendrán bosque en veinte, treinta o cuarenta años. Pero no todos tienen los mismos cuidados; muchos avanzan “al barrer” cuando explotan sus tierras. Hay casos también, de pequeños retazos de tierra, de propiedad incierta, que son explotados sin merced por gente que viene de afuera.

El profesor de la Escuela unidocente de Los laureles, y algunas alumnas Este último hecho es

Una madre con sus dos hijos. Una caminata de dos horas la separa de la Sede Social de Los Laureles

La vida de los colonos de Los Laureles depende del recurso bosque nativo. El bosque nativo les ha dado trabajo y dignidad, desde la colonización hasta el presente. Sabemos que, en general, el proceso de conversión a los monocultivos pino/eucalipto desplaza a las poblaciones humanas locales, las que venden sus tierras y se mudan a la ciudad, donde les espera un futuro incierto. Quienes hemos vivido largos años en las comunas rurales lo hemos visto muchas veces.

Nos consideramos afortunados de haber conocido a esta hermosa y noble comunidad de Los Laureles. Pero al terminar este proyecto, nos queda una gran interrogante:

¿podrán subsistir los colonos chilenos de la Araucanía?

En la vida no todo es trabajo. También hay tiempo para recitar antig uas composiciones en

En la vida no todo es trabajo. También hay tiempo para recitar antiguas composiciones en verso, para entretener a los vecinos y a las visitas

Abajo izquierda: Un vecino de Los Laureles con su escopeta

Abajo derecha: Una vecina de Los Laureles, cuidando el hogar

En la vida no todo es trabajo. También hay tiempo para recitar antig uas composiciones en
En la vida no todo es trabajo. También hay tiempo para recitar antig uas composiciones en

AGRADECIMIENTOS

Queremos agradecer a todos quienes hicieron posible esta obra. No los nombraremos individualmente, porque son muchos, y porque todos a su manera hicieron aportes importantes, y al nombrar a algunos, quizá otros serían pasados por alto, ya que la memoria es frágil.

A los vecinos de Los Laureles, por la generosa acogida que dieron a quienes participamos en la ejecución del proyecto. En repetidas oportunidades, ellos nos recibieron en sus casas y en sus mesas, y nos dieron alojamiento cuando las jornadas se alargaban demasiado. A todos los que cooperaron en la realización del mingaco y las demás actividades, por entregar su tiempo generosamente y por su inagotable paciencia al responder nuestras preguntas y al prestarse para repetir las tomas en video cuando por razones técnicas, algo salía mal.

Al profesor de la Escuela Pública de Los Laureles, por haber servido de enlace con la comunidad en muchas oportunidades, y por haber permitido que el mini-museo que resultó de este proyecto, fuera instalado en el recinto de esa Escuela.

Al Departamento de Extensión Cultural y a la Biblioteca Pública Municipal de Carahue, por haber apoyado este proyecto, y por dar facilidades a uno de sus funcionarios, miembro de este equipo, para participar en las salidas a terreno.

A FONDART, por el financiamiento del proyecto y por otorgar un aplazamiento en el plazo de ejecución, ya que el mal tiempo de fines del 2002 significó un atraso de más de dos meses en varios aspectos del mismo.

Los miembros del equipo. Carahue, Febrero de 2002

ANEXO

El siguiente es un listado de los nombres botánicos correspondientes a los árboles nombrados en este trabajo.

Canelo: Drymis winteri Avellano: Guevuina avellana Palo Santo or Tineo : Weinmannia trichosperma Ulmo: Eucryphia cordifolia Lingue: Persea lingue Peumo: Cryptocarya alba Roble or Hualle:

Laurel: Laurelia sempervirens Araucaria: Araucaria araucana

Los bosques nativos de la Cordillera de Nahuelbuta incluyen muchas otras especies, entre las cuales se pueden nombrar las siguientes:

Radal: Lomatia hirsuta Mañío de hoja corta: Saxegothaea conspicua Mañío de hoja larga: Podocarpus salignus Coigüe: Nothofagos dombeyi Raulí: Nothofagus alpina Boldo: Peumus boldus Tepa: Laurelia philippiana Maitén: Maitenus boaria Notro: Embothrium coccineum

LOS LAURELES

CHILEAN SETTLERS

MAKING A LIVING FROM CHARCOAL

This is a shortened version of the Spanish-language text. It in cludes the sections covering the geographical features of Los Laureles, the information relating to the history of the first settlers, and the various techniques used for making charcoal.

Los Laureles: Colonos Chilenos, una Historia de Vida junto al Carbón

  • 1 st edition, Temuco 2003

Financing provided by Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura FONDART 2002, This booklet is part of the Project called “Los Laureles: Colonos Chilenos, una Historia de Vida junto al Carbón”, which includes a video documentary and a small museum collection in Los Laureles, Comuna de Carahue

The institution responsable for the investigation and production of this publication, the video documentary and the museum collection is:

Departamento de Acción Social (DAS) del Obispado de Temuco

The following people worked on this project: Marcela Ojeda; Juan Carlos Jara, Fernando Rivas; Alex Jarpa;

Marcelo Venables; Giancarlo Bucchi

Spanish and English Text by: Giancarlo Bucchi and Juan Carlos Jara

Photographs: Juan Carlos Jara, Giancarlo Bucchi, except photo page 2 (NASA)

FONDO DE DESARROLLO DE LAS ARTES Y LA CULTURA FONDART

Departamento de Acción Social (DAS) del Obispado de Temuco

Temuco, february 2003

Chilean settlers in Los Laureles 32

Chilean settlers in Los Laureles

FOREWORD

Chile is a land with a great variety of natural and cultural

environments, and this very diversity has gradually shaped the character of the local populations. Though it might be hard to say just what it is that sets a Santiago born-and- bred person apart from say, someone from Tierra del Fuego, the differences do exist, and they are quite pronounced. In the same way, we can all bring to mind some specific traits of different groups in Chile: the miners in the North; the peasants in our country’s central region; the coast fishing communities; the native peoples in our Northern Andes or in our South, or the Rapa-Nui in Easter Island.

There

are,

however,

some

groups,

who

are

part

of

the

Chilean

population, but who for various reasons are not present in our mental landscape.

In the investigation which is briefly summed up in this essay, we have endeavored to get to know a human population quite forgotten, or simply unknown to the rest of the nation: the Chilean settlers in our Araucanía Region.

LOS LAURELES Chilean settlers; making a living from charcoal

LOS LAURELES Chilean settlers; making a living from charcoal Los Laureles is the name of a

Los Laureles is the name of a small settlement in the north-western corner of Carahue, an administrative division in Chile’s IX Region, which also known as Araucanía. Los Laureles is difficult to reach, due to the rugged geography of the Nahuelbuta chain of mountains, in which it is located. These mountains run parallel to Chile’s Pacific coast, roughly from the 37th to the 39th Parallel).

In

this area, the

Nahuelbuta Mountains are arranged in long chains divided by deep canyons and watercourses. Until recently, all this terrain was covered by thick forest and woods, rich in local tree-species:

varieties of ulmo, palo-santo, coigüe, canelo and others 4 . At present, however, many hill-sides are covered by rapid-growing varieties of pine, introduced and massively planted by lumber companies. There are also large areas which bring to mind images of large-scale devastation: they are the blackened remains of the original forest, towering tree-trunks, scorched and with little, if any, foliage. These are the survivors of forest fires in past years, some of them provoked on purpose to clear the land. Other areas are covered by aging forest, where new growth has been held back by a number of factors, such as indiscriminate removal of the best specimens of lumber trees, the introduction of cattle to graze in the forest, or erosion. The forest here is gradually replaced by brush, which in the course of time, and under normal circumstances, would gradually allow the growth of the nobler species. But this cannot easily happen at present: here, as elsewhere, there is over-exploitation of natural resources, including the forest.

This can be a depressing sight for the first-time visitor to Los Laureles, especially for one with a love for unspoiled nature, or for one who takes ecology to heart, or even worse, for someone who held the belief that the native woods were still intact in the

4 See Note at the end of this essay, giving the botanical names for most trees mentioned here.

heart of the Nahuelbuta Mountains. These feelings are soon confronted by other considerations offered up by our rational mind, which tend to explain or even to justify this kind of attack upon Nature: we remember that forest fires are part of Nature´s plan in order to replace the aging woods. We recall what we know of local history: the first settlers in this area had to clear the land to build houses, or to carry out some small-scale farming. In other parts of southern Chile, the central government organized and subsidized the process of bringing in settlers, mainly through the use of the railway which had just been built along the central valleys. But in this particular area, which is mountainous, it was up to the individual initiative of anonymous people in the cities and countryside of South-Central Chile to undertake the long journey south. These settlers came in small family-groups, leading ox-drawn carts through unimaginably rough terrain, with no outside help of any kind, often defying or ignoring the Government’s plans for this territory, which had just been annexed to the rest of the Nation.

heart of the Nahuelbuta Mountains. These feelings are soon c onfronted by other considerations offered up

One wonders how the first settlers managed to accomplish the feat:

how they crossed this difficult terrain, how they lived through the first winters, when it sometimes rained for months with only a few dry spells. How they cleared even a small area for a house or a potato plot, in the middle of the thick forest. They surely surmounted many difficulties, and one supposes they were led on by their one great hope: getting some land of their own.

In other areas along the coast of the Araucanía, the story is quite similar. Chilean families, mostly poor, and originally from the coast of Arauco, Lebu, Coronel and other towns in what is today Chile’s VIII Region, undertook the long journey south beginning as early as the decade of 1870, traveling along the old “coast route”, in order to claim a small parcel of land on the lafkenche 5 frontier. They acted on their own initiative when claiming land. Many of these early settlers were later expelled from the land they had cleared, by other Chileans who had never set foot on the frontier, but who had bought the rights to parcels of Araucanía land in the great land- auctions organized by the Government in Santiago or Angol to finance the occupation of this region. 6

5 A mapuche word meaning the sea-people. It is used by the mapuche people who live near the Pacific Ocean, to refer to themselves.

6 The Chilean army occupied the Araucanía frontier in 1881-82.

This is precisely what happened to one of the families we met: Eladia Hormazabal’s grandparents had taken some land and become established in the area called Pellahuén, some fifteen or twenty miles east of Los Laureles. Some time later, another owner showed up, papers in hand, and had them thrown off the land. The family then decided to travel to a spot near the Aillinco River, not far from Mrs. Hormazabal’s present location, because rumor had it that these lands were still unclaimed, and had not been included in the auctions. Here they finally succeeded in putting down roots, in the 1930´s. It is an interesting fact that a great strip of Araucanía territory running parallel to the Pacific Coast between Tirúa and the Imperial River, seems not to have been surveyed till much later times, as evidenced by early 20th century maps that leave this area blank. This could be the reason that these lands were not auctioned off. The settlers who took land here, gradually had their ownership rights recognized by Government authorities, but even today, there are still small parcels that have not been awarded to any settlers. This then, is the way the Los Laureles community was settled: it was a combination of sacrifice and a little good luck.

This is precisely what happened to one of the families we met: Eladia Hormazabal’s grandparents had

From the first, the forest provided the means of livelihood, and it was also the only source of any commodities that could be traded or sold. In the early days, roads were non- existent, and it would have been impossible to transport lumber to any markets. But there was one by-product of several local tree-species, which was relatively easy to carry long distances. The bark of these trees provided tannin, used in the leather industries of the great cities. Chief among the tree species that provided tannin was the lingue tree (botanical name: persea lingue). The tree itself was simply felled, stripped of its bark, and then left behind. One large tree could provide six or seven sack-fulls of bark, and these were carried to market in Trovolhue or Capitán Pastene. Some decades later, when the roads had improved somewhat, the felled logs attracted attention again. Their wood had not rotted, and they could now be sawed in the portable lumber mills powered by steam engines. In the earlier days, the sawing process was carried out by hand. Either way, the wood fetched good prices in town, being considered one of the finest for uses such as furniture-making. Other species also

began to be exploited, starting a gradual process of de-forestation which continues even today. The effects of this were soon felt: the better trees became scarce, and many settlers now had no wood left to sell. At this point charcoal-making seemed the best option available to the settlers: starting about five or ten years ago, it became the principal economic activity for most families in Los Laureles. It was a common sight to see ox- drawn carts lumbering down from the mountains, loaded with thirty or forty sacks of coal, and headed for town where the charcoal was sold on the street.

began to be exploited, starting a gradual pro cess of de-forestation which continues even today. The

Sacks of coal waiting to be transported to town

Making charcoal There are three different methods used in ch arcoal production, and all, at one

Making charcoal

There are three different methods used in charcoal production, and all, at one time or another, have been used in Los Laureles: each has a name: the “mono”, the “pelcha”, and the horno or oven. And each has its own distinctive features.

In the mono method, the procedure begins with the gathering of a quantity of wood, in lengths of up to ten or twelve feet. If the logs are thicker than five or six inches, they must be split lengthwise, using sledge hammers and wedges made of steel or very hard wood. The logs are then set up leaning against a pole stuck in the ground. The lengths of wood rest against this pole, at a sharp angle, forming a steep conical structure, similar in shape to the North American Indian tepee. Once the wood is all in place, it is covered up with earth. For several feet around the mono, the earth is dug up with shovels, and then cast over the mono, until there are no spaces left in between the outside logs, except at the very top, where a small flue or breathing hole is left open. Another small breathing hole is left at the base of the mono, and when everything is ready, a small fire is started there. For the next two or three days, the mono must be watched permanently, for there is always the danger of the slow fire getting out of control, especially if the wind picks up, or if some of the earth

giving way and opening up large holes which would speed up the fire. The need for permanently watching the fire of the mono is a disadvantage, as is the heavy work involved in covering it with earth. For these reasons, this particular process of charcoal production is not much used nowadays.

giving way and opening up large holes whic h would speed up the fire. The need

The second method, the pelcha, is used in places where large quantities of sawdust have accumulated around the portable saw-mills, or where the earth is soft and can be dug up easily. The direction of the wind must be taken into account, before digging starts. The pelcha begins by opening up a large trench in the ground, some fifteen feet in length, and some four feet deep. In this trench, a few logs are laid down crosswise at three-foot intervals, their purpose being to keep the rest of the logs off the ground and to allow room for the air to flow under them. The wood is laid down lengthwise, and here again, no logs thicker than six or seven inches can be used without splitting them, in order to ensure full combustion and transformation into charcoal. When the wood is in place, smaller pieces are placed at the end of the pelcha facing the wind, and tapering into a small opening at ground level. Once all is in place, the pelcha must be covered with earth or sawdust. A small fire is started at the opening. This fire will gradually work its way across the wood, for three or four days, till the color of the smoke arising from the flue indicates the process is complete. At this point, wooden rakes are used to uncover the pelcha, starting at one end. The coals are spread out on the ground to cool them off. Then all the charcoal is sorted by hand, and the larger pieces are broken down into hand-sized lumps. The charcoal is then ready for packing into sacks.

The horno or oven is the third method used to produce charcoal. It consists basically in digging a chamber into the ground, either in the earth or in soft stone. The chamber is large enough for a person to stand inside. At the back of the horno, there is a flue or chimney, in order to ensure proper draft for the slow combustion of the wood. The entrance, once the oven is filled with wood, must be closed off with planks and loose earth, leaving only a small opening at the very base, for starting the fire and for allowing sap and moisture to escape from the wood inside. The sap literally boils off the logs.

The horno or oven is the third method used to pr oduce charcoal. It consists basically

The horno method is by far the most convenient, as it need not be constantly watched over. It is quite secure to be left untended for the four or five days needed to ensure proper combustion of the wood pile, and transformation into coal.

“Harvesting” the Charcoal

In this section, we’ll describe how the coal is retrieved from the pelcha. Some four or five days after the fire in the pelcha has been started, the charcoal should be ready. The exact moment is shown by the color of the smoke rising out of the flue.

“Harvesting” the Charcoal In this section, we’ll describe how the coal is retrieved from the pelcha.

During the last four or five days, not everyone has been able to rest, for one person must stay by the pelcha, day and night, watching over the progress of the combustion. Leaving the pelcha alone would be risky, for if the wind picks up, or if some of the earth covering should collapse, then the fire would get out control, and the coal would go up in smoke. When the colour of the smoke indicates it is time to stop the combustion, the pelcha is uncovered in section, removing the earth cover, and spreading the charcoal out on the ground to cool off. This is unpleasant work, it is very hot and there is lots of smoke.

 

When

the

whole

pelcha

has

been

uncovered

and

the

charcoal

spread

over

the

ground,

any

burning

coals

are

put

out

with

water.

When this is done, it is time to break down any large pieces, and then to pack the charcoal

into sacks, of the type used locally to pack wheat or potatoes. These sacks, when full of charcoal, will weigh approximately 20 kilos, or 45 lb.

 

After

watching

over

the pelcha

for

tour

days

and

nights,

exhaustion shows on

the

face

of

a local

resident

“Harvesting” the Charcoal In this section, we’ll describe how the coal is retrieved from the pelcha.
Jugs of water are used to put down any fires or red coals. The work is

Jugs of water are used to put down any fires or red coals. The work is unpleasant due to the heat and the smoke.

Jugs of water are used to put down any fires or red coals. The work is
When the coal has cooled off, it must be sorted by size. Any large pieces must

When the coal has cooled off, it must be sorted by size. Any large pieces must be broken down.

When the coal has cooled off, it must be sorted by size. Any large pieces must

The coal is put into 45 lb bags, usually of the type used locally to pack wheat or potatoes. Small shipments of this charcoal will be taken to town and sold on the street. Larger shipments are picked up by trucks and transported to Temuco, the Regional capital.

List of Botanical names for some of the tree species mentioned in this essay:

Canelo: Drymis winteri Avellano: Guevuina avellana Palo Santo or Tineo : Weinmannia trichosperma Ulmo: Eucryphia cordifolia Lingue: Persea lingue Peumo: Cryptocarya alba Roble or Hualle:

Laurel: Laurelia sempervirens Araucaria: Araucaria araucana

The native forest in the Nahuelbuta Mountains includes many other species, of which the following are only a few:

Radal: Lomatia hirsuta Short-leafed Mañío: Saxegothaea conspicua Long-leafed Mañío: Podocarpus salignus Coigüe: Nothofagos dombeyi Raulí: Nothofagus alpina Boldo: Peumus boldus Tepa: Laurelia philippiana Maitén: Maitenus boaria Notro: Embothrium coccineum

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