Vous êtes sur la page 1sur 3

1

La Educación Sexual en la Pastoral
H. MIGUEL YÁÑEZ, S. J.
I. Introducción
1. La educación sexual hoy día constituye un desafío arduo tanto en el ámbito humano como en el
ámbito cristiano. La educación en la fe cristiana nos pide una atención especial a la maduración
humana de los adolescentes y jóvenes. La fe auténtica nunca será un obstáculo para un
verdadero desarrollo humano, sino su principal estímulo y fuente de motivación.
2. Los cambios vertiginosos en la sociedad globalizada nos invitan a una mirada atenta a los
nuevos fenómenos, a los cambios de mentalidad, a las nuevas sensibilidades. Hoy más que
nunca es necesario un ejercicio de discernimiento para examinarlo todo como dice San Pablo y
quedarnos con lo bueno, es decir, con lo que ayuda, con lo que potencia la humanidad a nivel
personal y comunitario (Rom 12,2). A nadie se le escapa la fuerte presión manipuladora de los
medios de comunicación; por otra parte, hoy es difícil aceptar sin más el carácter imparcial de la
ciencia y de la técnica. La educación aspira a dar elementos, indicar posibilidades, aunar
esfuerzos para que cada uno descubra por sí mismo la importancia fundamental de ser
persona, es decir, descubrir el auténtico camino de liberación interior que hace posible la
realización de un proyecto de vida personal con una positiva incidencia social. Por ello se hace
necesario estimular una capacidad crítica que reflexione sobre las posibles trampas del
mercado y las posibilidades benéficas del intercambio cultural que posibilita la globalización.
3. La Iglesia también ha experimentado profundos cambios sobre todo a partir del Concilio
Vaticano II, hito que marca la oficialización del diálogo con la cultura secular. La teología del
posconcilio renovó sus instrumentos conceptuales, asumiendo categorías filosóficas de la
modernidad y del pensamiento contemporáneo, y además, entró en diálogo con las ciencias y
con la mentalidad científica. El magisterio de la Iglesia ha seguido de cerca la evolución de la
teología, asumiendo muchos de sus logros y señalando ciertos límites.
4. La educación y la pedagogía también ha evolucionado en estos años a los que hacemos
referencia, renovando su metodología y evaluando sus resultados.
II. La sexualidad en el ámbito cristiano
1. La realidad cristiana la expresamos metafóricamente como un contexto vital, un conjunto de
coordenadas de un organismo vivo que se interrelacionan e influyen mutuamente. Entendemos
la sexualidad como una dimensión fundamental de la persona humana que la expresa y la
realiza en su ámbito específico, es decir, la apertura relacional; por ello no podemos
comprender la sexualidad sino como intrínsecamente personal, y a la persona como sexuada
1
.
Es por ello que la educación sexual será un componente esencial de la educación personal.
2. Por ello podemos comenzar con unos conceptos de Enrique Rojas que pueden iluminar nuestra
reflexión: reducir el amor al sexo y este a lo puramente genital y erótico; aquí se da la
degradación más terrible del sentido del amor. El amor no se lo ve en las dimensiones del don,
de la ternura, de la misma pasión, características que se mueven en el contexto del sentimiento
y la emoción, sino casi exclusivamente en la dimensión del placer físico. El mismo Freud ha
condenado la "banalización", es decir la pérdida del valor psíquico - y también espiritual - del
acto sexual, que se sigue de la abolición de las normas y valores éticos que regulan su
ejercicio. Su efecto es degradante: es la "legitimación" de la arbitrariedad como criterio de la
conducta sexual
2
.

1
E. FABBRI, Alegría y trabajo de hacerse hombre. Ser persona, 73-87.
2
E ROJAS., El hombre light, Una vida sin valores,57-70.
2
Es decir, el sexo se ha deshumanizado, ha perdido en gran parte su potencialidad expresiva, su
dimensión simbólica y mistérica
3
.
3. La dimensión expresiva, simbólica y mistérica de la sexualidad plantea la unidad de la persona
humana, la necesidad de superar las antropologías dualistas tanto del pasado como del
presente: o bien un espiritualismo desencarnado que desvalorizaba la corporeidad y sus
dinamismos propios, o bien un culto a lo puramente corporal y sensitivo desgajado de la
interioridad personal. Para la antropología cristiana el cuerpo es expresión del espíritu, es
símbolo de la persona; de ahí la necesidad de recuperar la corporeidad en el proyecto personal
a través del descubrimiento y la valoración de las cualidades de la persona.
4. Hoy se hace necesario revalorarizar la diferencia, reciprocidad y equivalencia de la feminidad y
masculinidad. Es muy conveniente cultivar la capacidad de recrear las relaciones entre el varón
y la mujer en un continuo descubrimiento recíproco que potencie el desarrollo armónico de cada
uno en su propio género
4
.
5. Redescubrir la vocación personal al amor: el proyecto de vida y las posibilidades de realización
personal. Es necesario romper el mito del placer como única fuente de la felicidad y afirmar que
sólo el amor es fuente de felicidad humana. Una felicidad que en la dimensión histórica de la
humanidad, será siempre limitada, es decir, la auténtica felicidad se da en lo cotidiano, fuera de
la pretensión de idolizar las metas o las personas.
III. Exigencias básicas de la moral sexual
5

1. La sexualidad es una acción llena de simbolismo que manifiesta una actitud amorosa de
encuentro y comunión, pero encierra al mismo tiempo un rasgo utilitario por la compensación y
el placer que reporta. De ahí su carácter ambiguo: su aptitud para el éxtasis propio del amor, o
por el contrario, el riesgo de degradación y ofuscación egoísta.
2. Nivel personal: la humanización de la libido, en todas sus expresiones, es el requisito primero
para una conducta sexual. La integración del sexo en el psiquismo de cada uno no es posible
sin un esfuerzo ascético y educativo. Una ascesis necesaria para orientar la pulsión, para
adquirir la habilidad de expresar los sentimientos más íntimos incluso a través del placer
sensible en sus variadas manifestaciones. Por ello conviene distinguir entre el instinto y la
pulsión; el ser humano requiere fundamentalmente una educación responsable para darle la
configuración deseada a sus propias pulsiones. Para ello conviene distinguir entre el erotismo,
capaz de trascender la simple realidad biológica a través del amor (ágape), y la pornografía
como mera exhibición desvinculada de su dimensión personal y destinada a la excitación
genital-sensitiva. El erotismo es un componente de la dinámica amorosa, en cambio, la
pornografía es su degradación mercantilizada. La integración armónica de los componentes
afectivo-sensitivos no es tarea fácil, pero es el requisito de una relación conyugal honesta y
equilibrada.
3. ¿Existe todavía el pecado sexual?
La pregunta es más amplia, es decir, si existe todavía la conciencia de pecado. La mentalidad
actual tan proclive a una autonomía absoluta lleva a una autojustificación de todo lo que se
hace bajo capa de autenticidad y libertad. Ya Juan Pablo II advertía que la pérdida del sentido
de pecado es consecuencia de la pérdida del sentido de Dios, es decir, la ausencia de la
experiencia de un Dios personal, que origina y potencia toda relación humana como su matriz y
modelo. Y de modo recíproco, la relevancia del carácter propedéutico de las relaciones
humanas en la mediación de la configuración de la relación con Dios
6
.

3
E. LÓPEZ AZPITARTE, Etica de la sexualidad y del matrimonio, 34-36.
4
E. FABBRI, Alegría y trabajo de hacerse hombre. Ser persona, 89-104.
5
E. LÓPEZ AZPITARTE, o. c., 145-176.
6
M. CABADA CASTRO, La vigencia del amor. Afectividad, hominización y religiosidad, 261-349.
3
Por ello no se puede comprender el pecado sino en un contexto de relación: con Dios, con el
prójimo y con uno mismo, en íntima relación. Es decir, también ofendemos a Dios en el prójimo
y en nosotros mismos (2 Sam12,13). Cuando la sexualidad humana pierde su auténtica
expresividad que es el amor, la gravedad del pecado no reside en la mera gratificación del
placer que otorga, sino en el signo equívoco de la realidad personal; el valor de la autenticidad
es sacrificado so capa de la misma autenticidad que pervierte. Es decir, a través del abuso del
placer se llega a la perversión de los valores más íntimos como fruto del autoengaño.
Igualmente ocurre con el respeto hacia el otro cada vez que se lo instrumentaliza, aunque haya
mutuo acuerdo, e incluso mutua instrumentalización; aún queda vigente el respeto hacia uno
mismo en vez de la claudicación en la búsqueda de auténticos caminos de personalización que
exigen una buena dosis de ascesis personal en función del ejercicio de la capacidad de amar,
la única que potencia la libertad personal.
IV. Algunas estrategias
1. El análisis de la realidad: tomar conciencia de las corrientes masificadoras a través de la
propaganda, o de la opinión pública, que ejercen una presión sobre el individuo. Promover el
conocimiento personal y la valoración de las relaciones interhumanas. Brindar un conocimiento
de los dinamismos propios de la sexualidad humana, de sus potencialidades, y de sus
limitaciones y riesgos.
2. La profundización en una antropología unitaria y solidaria; ambos aspectos se potencian
mutuamente. Las dicotomías favorecen los individualismos; el proyecto social amplía los
horizontes del individuo, lo invitan a superar su autocentrismo. De ahí la conveniencia de
fomentar el altruísmo a través de tareas de cooperación, voluntariado, etc., que ayuden a tomar
contacto con los marginados de la sociedad de consumo y amplíen los horizontes estrechos de
la mera autogratificación.
3. La comprensión de la vocación cristiana al amor como realización plena de la humanidad.
Cultivo de la amistad, fomento del diálogo y la comunicación, conocimiento y educación de la
afectividad. Crear espacios en los que el adolescente y el joven pueda expresarse sin ser
juzgado, en los que tenga oportunidad de debatir sus ideas con franqueza y de compartir
confiadamente sus experiencias; sólo así será posible educar, es decir, promover un
crecimiento en autoconciencia y libertad. Por ello, de vez en cuando algún ejercicio de toma de
decisión razonada sobre posibles conductas y desafíos que la sociedad contemporánea
presentan al adolescente y al joven puede ser pedagógicamente eficaz, de tal modo que su
actuación pueda llegar a ser el resultado de una deliberación consciente y no de los variados
modos de masificación que suelen arrastrarnos.
V. Alguna bibliografía
E. ROJAS, El hombre light. Una vida sin valores. Temas de hoy, Madrid 1998
16
.
E. FABBRI, Alegría y trabajo de hacerse hombre. Ser persona. Guadalupe, Buenos Aires 1992.
E. LÓPEZ AZPITARTE, Etica de la sexualidad y del matrimonio. Paulinas, Madrid 1992
2
.
_, Cómo orientar la vida. Propuestas para alcanzar una ética profundamente religiosa y
auténticamente humana. Paulinas, Buenos Aires 2000.
M. CABADA CASTRO, La vigencia del amor. Afectividad, hominización y religiosidad. San Pablo,
Madrid 1994.