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COMUNICACIÓN Y ÉTICA

POR UNA AUTENTICA HUMANIDAD

INTRODUCCION

¿Ética de la comunicación o comunicación ética? Nos podemos preguntar. Descubrir


las posibilidades de una ética personal y comunitaria de la comunicación serán los
desafíos del trabajo en el presente congreso. ¿Cuáles son los valores, el estilo, los
criterios, las normas que deben guiar al comunicador, a las producciones, y a los
medios de comunicación, entendidos aquí en sentido amplio, según las distintas
disciplinas: periodismo, publicidad, producción..., a las Ciencias de la
Comunicación? ¿Cuáles son los derechos y deberes de los medios de comunicación?
¿Cuál es el derecho del público, de la audiencia, de los lectores? ¿Tiene el público
derechos y también deberes? ¿Cuál es el rol de la comunicación pública en la
construcción de una política que oriente el arte de la convivencia de nuestros
pueblos? ¿Cuál es el derecho y el deber del ciudadano a participar en el proceso de la
comunicación pública?
Estas, y muchas otras preguntas emergen al vincular la comunicación a la ética y esta
a la comunicación. Pero el título es aún más desafiante: Comunicación y ética por
una autentica humanidad. Hablar de autenticidad es de alguna manera hablar de lo
cierto, de lo acreditado, de aquello que es creíble públicamente. Y si de auténtica
humanidad se trata, no podemos dejar de plantearnos algunos temas fundamentales
que suponen significativos desafíos éticos, como por Ej.: plantearnos qué tipo de
antropología puede sustentar otra humanidad. Y la necesidad de re-pensar la
epistemología, a los efectos de poder comprender desde donde estamos respondiendo
a la realidad de las ciencias de la comunicación. El rol satisfactorio del sujeto de la
comunicación, permite ahondar la concepción ética, y constatar que la persona y las
comunidades son llamadas en su constitución originaria a la felicidad. A partir de una
antropología fundada en lo relacional, y re-pensando el desde dónde poder construir y
vivir la ética comunicacional, surge la importancia del compromiso para la
comunicación publica.
El itinerario del tema esta pensado de la siguiente manera:
1. Hacia una antropología capaz de “humanizar la humanidad”
2. ¿Qué perfil profesional en Comunicación proponen los Centros Académicos?
3. La pregunta oportuna podría ser: ¿Desde donde pensar una epistemología?
4. La satisfacción profesional y la ética en acción Profesionales felices o tristes
profesionales
5. La ética de la comunicación pública
6. La comunicación en diálogo un desafío ético

I. Hacía una antropología capaz de “humanizar la humanidad”

1
Un itinerario sin regreso: del yo – tú al nosotros

La idea de persona en sentido filosófico, antropológico y religioso es un dato


irrenunciable de la historia y del pensamiento humano, una adquisición que marca un
hito insoslayable desde el punto de vista de la humanización del hombre (mujer y
varón); la noción de dignidad humana que ella determina ha revolucionado las
relaciones sociales, el derecho, la ética, la política, la comunicación y ciertamente
influiría aún más si fuera aplicada con coherencia.

La conquista antropológica del cristianismo está en la idea de la persona entendida


como prójimo, es decir como persona en reciprocidad. Nos parece que hasta el
momento en el discurso sobre la persona se ha privilegiado el concepto de individuo
(sustancia- subsistencia) más que el de ser humano en reciprocidad, dejando en la
sombra el carácter relacional del hombre. Esto puede ser recuperado en la medida en
que volvamos a considerar al otro como prójimo. Que el gesto de “hacerse prójimo”
proceda de un samaritano hace reflexionar. Él no es un hombre religioso y su gesto
no es religioso, sino más bien humano, plenamente humano. Este hecho garantiza la
naturaleza laica y universal del “cuidado por el otro”. El samaritano no sólo reconoce
al otro como prójimo, sino que se pone a servirlo en su necesidad del momento: él es
justamente hombre-con-el hombre. El tomar a su cuidado al otro, a cada otro, es
expresión de humanidad e instrumento fundamental de humanización.

El otro hombre es el tú de mí, que a su vez presupone un nosotros originario y


significativo, sin el cual el yo y el tú son solamente mónadas1 perdidas en el universo
de lo efímero. Yo soy siempre, originariamente, yo-con otros. La única posibilidad de
encuentro y de relación recíproca está dada en la hipótesis de un nosotros originario2.

Se pueden entrever tres momentos antropológicos fundamentales: conocimiento,


reconocimiento, comprensión recíproca. Es necesario reconocer al otro en su
humanidad en cuanto hombre (varón y mujer) y en cuanto persona en reciprocidad;
conocerlo de manera adecuada, sin prejuicios, aceptando su diversidad y su novedad;
abrazarlo auténtica y profundamente entrando en diálogo, en un proceso “infinito” de
recíproca comprensión. Es necesario también repensar las relaciones personales con
el otro en clave personalista, para llegar a pensar (o repensar) la alteridad en clave de
proximidad. Es necesario hoy repensar la alteridad de manera nueva y radical,
aceptando los desafíos.

La alteridad, en el plano antropológico, no es contradicción, en todo caso es


oposición, pero oposición reveladora: el otro es aquel que nos revela a nosotros
mismos como nosotros, y nosotros, en cuanto otros de los otros, cumplimos la misma
1
Cada una de las sustancias indivisibles, pero de naturaleza distinta, que componen el universo, según el sistema de Leibniz.
2
Para el pensador cristiano esto es una realidad, acogida y hecha posible en el acto creador y en el consecuente despertar de la constitución
ontológica de la realidad (acto de ser) en el cual Dios crea a la humanidad: todos los hombres son criaturas de Dios. Él expresa y revindica ante ellos
su paternidad, revelada por Cristo. En consecuencia la superación de las diferencias naturales, étnicas, culturales, sexuales es posible realizando
aquella unidad en Cristo (universal concreto), que pone fin a la separación de los hombre sobre esta tierra.

2
misión frente a ellos. El otro es mi correctivo antropológico, aquel que en su
humanidad marca mis confines, mis límites, ayudándome a definirme como persona.
En la relacionalidad y reciprocidad personal se descubre una dimensión originaria
que compromete y estimula a ser hombres de la historia. De esta dimensión no
podemos prescindir si queremos instituir relaciones humanas auténticas y duraderas.
Este nuevo planteo, exige una perspectiva como la revela Cicchese, heterocéntrica-
relacional. Se trata de continuar siendo hombres que realizan siempre más su
humanidad en el espacio de lo ínter subjetivo, de ese mundo humano que nos
pertenece en la medida en la cual nos aleja de nuestro ego, construyéndonos
continuamente en el encuentro3. El cristianismo ofrece un “plus” antropológico, un
suplemento de humanidad sea en clave personal, que en el sentido comunitario, y lo
expresa antropológicamente como amor universal, capaz de encarnarse en la historia
con cada prójimo y en la reciprocidad de los vínculos de fraternidad, donde el modelo
Trinitario responde con una nueva imagen de Dios4.

¿Cuál es el “sujeto comunicador” capaz de generar “otra convivencia social”?

Las preguntas que podemos y debemos hacernos desde el ámbito de la comunicación


son ¿quiénes tienen que hacer que otro mundo sea posible? ¿Son los profesionales de
la comunicación en sus distintas disciplinas los que deben cambiar para que la
realidad cambie? ¿O es el contexto que tiene que cambiar para producir cambios en
los profesionales de la comunicación? Muchas veces afirmamos que es necesario
cambiar a los comunicadores; que si cambian las personas, la comunicación cambia.
Esto es real, pero no suficiente, podríamos quedarnos en una visión intimista y
relativa. Hoy se habla de actores sociales y de sujetos sociales. No se trata solamente
de cambiar primero a las personas para después cambiar el mundo, ni esperar que el
mundo cambie para que las personas cambien a continuación; se trata de un proceso
de interacción, de ida y vuelta que comprende a todos. Se constata también en las
prácticas que no se está solo, que no se trata de transformar sólo individualmente la
sociedad. Nos vamos sustentando unos a otros para protagonizar transformaciones
sociales en la comunicación, que son lentas, pero como lo evidencia Valentini: “en las
que nos necesitamos mutuamente”.5 Vamos comprendiendo que “el mundo-otro”, el
mundo vivido en la fraternidad, no nace solamente de esfuerzos individuales sino de
procesos comunitarios. Es necesario saber percibir que estamos en la hora justa de
“algo nuevo” que está naciendo.

No basta pensar o proponer alternativas en el campo de las ciencias de la


comunicación, hay que construir también los sujetos que las hagan posibles. Los
nuevos sujetos de la comunicación no nacen espontáneamente con las nuevas
estructuras, no emergen con la rapidez de las nuevas tecnologías, ni son virtuales. No
se puede generar sujetos sin relación alguna con el mundo que queremos construir.
3
CICCHESE, G., Los itinerarios del Otro. Antropología, para una reformulación en clave heterocéntrica relacional y personalista,
C.N. Diciembre 2005.
4
BINGEMER, l. Ma. C., Solidaridad Misterio Humano-Divino, UCSF-CEDSI J.P. II Santa Fe Argentina, 16.5.2006.
5
VALENTINI, D. La interacción estructuras-personas en el alumbramiento de lo “nuevo”. Brasil, 2006.

3
Sin un sujeto histórico capaz de construir alternativas, el discurso sobre otra
comunidad comunicacional puede llegar a ser vacío de contenido. Es necesario
definir los sujetos en su dimensión histórica concreta y específica.

Esto lleva a discernir entre una concepción fundada éticamente en el individualismo


del sujeto comunicador, que afirma su identidad en un yo solitario; de la concepción
antropológica en relación del sujeto comunicador, que afirma su identidad en un
“nosotros”, en una comunidad de comunicadores. El sujeto-comunicador fundado en
lo relacional se expresa con Mounier6 en el, “amo, luego existo”, y el sujeto-
comunidad se definiría con el “yo soy si también eres tú”, de Desmond Tutu 7. El
sujeto-individuo de la comunicación se afirma muchas veces en la competencia con
el otro, hasta llegar en algunas oportunidades a la derrota y eliminación del otro. Es
un yo que pareciera triunfar en la competencia del mercado y en la acumulación
personal de prestigio. El sujeto que debe emerger de la comunicación relacional, por
el contrario, busca al otro como condición de su propia existencia en tanto sujeto.
Toda la actividad del yo está definida por la búsqueda del otro, del diferente, del que
me interpela. En algunos casos la lucha por el poder, la competencia y la
supervivencia a costa de los otros se vuelve la propia muerte, es decir, todo asesinato
es en definitiva un suicidio, como muy bien expresa un sabio proverbio africano: “la
bala que mata al otro da vuelta a la tierra y me mata a mí”. Se trata de revertir los
términos éticos para ser capaces de revertir la historia, el sujeto-individuo de la
comunicación puede decir: “Si no hay para todos, que por lo menos haya para mí”.
Mientras que el real desafío de una comunicación relacional dice: “Si hay para todos,
entonces hay para mí”. Muchas veces, el “gran sujeto” que nos propone la sociedad
es el mercado, transformándolo en un absoluto con el poder para llegar a decidir
sobre todo. El gran desafío del sujeto-en relación de la comunicación, es el ser que se
expresa en la reciprocidad, donde la diversidad converge en unidad. Antes se
cuestionaba el principio ético que decía: “el fin justifica los medios”. Hoy el
problema es diferente, Richard subraya: “hay tantos medios que se pierde de vista el
fin. Se mide la bondad del mercado, la ciencia o la tecnología con criterios de
eficiencia, competitividad y máxima ganancia, valores considerados como absolutos
en sí mismos, al margen de la vida humana y cósmica”8.

La ética en general es vista como disfuncional y, en última instancia, como irracional


y superflua. Sólo el sujeto en comunidad, el sujeto comunicativo en relación que cree
que otro mundo es posible, puede constituirse en un sujeto capaz de construirlo, de
revertir la historia, de “humanizar la humanidad”.

II. ¿Qué perfil profesional en Comunicación

proponen los Centros Académicos?


6
Danese, A., Formilla, Z., Toso, M., Emmanuel Mounier. Persona e umanesimo relazionale. Nel Centenario della nascita (1905-2005), Roma, 2005.
7
Tutu, D., http://www.afrol.com/es/artículo _ imprimible/13587.
8
Richard, P. Foro Social Mundial, Porto Alegre, 23-28 de enero 2003, Brasil.

4
Re-pensar los “diseños curriculares” en el compromiso de un perfil y un estilo de
comunicación

La reflexión que deseamos hacer junto a Uds. en este espacio es sobre la formación
que se brinda en comunicación en los centros de estudio, formación que comprende
también la capacitación, y el grado de operatividad que reciben los profesionales
cualquiera sean los títulos alcanzados. Todo catálogo de ofertas, desde el más sencillo
al más elaborado, describe siempre un perfil del egresado, o bien un perfil del
destinatario de los cursos o carreras, queriendo, en ese perfil, trazar una especie de
identikit de hacia dónde y cómo podrá proyectarse el estudiante una vez finalizado el
estudio ofrecido. Las propuestas se desarrollan entre extremos, desde los futuros
castillos profesionales con grandes posibilidades laborales y de progreso, (hoy más
cuestionadas, por la dificultad que ofrece la falta de puestos de trabajo), hasta un
universo de ofertas fundadas en el conocimiento de la operatividad y la destreza en el
uso de las nuevas tecnologías. Muchas son las variantes que, dentro de este amplio
horizonte comunicacional, se pueden mencionar.

Cuando en la formación, en la educación hay una oferta fundada y reconocida, la


historia demuestra que esas casas de estudios ejercen una natural y sólida fascinación
y reconocimiento, trazando huellas en el proyecto educativo de un territorio. Se trata
de poder preguntarse entonces por la originalidad típica de la oferta de cada casa de
estudios, por aquello que conforma su ideario, su lealtad a los valores fundamentales,
y su capacidad de cambio y transformación en el correr del tiempo. Se trata de poder
dejarse desafiar plasmando propuestas que formen sujetos ínter- actuantes en la
relación con los otros, con la comunidad, en las prácticas socio-culturales y en las
estructuras.

No trazaremos en estas páginas una radiografía sobre las curriculas puntuales de los
centros de formacion, trabajo pertinente a cada casa de estudio. Consideramos
importante, en cambio, poder preguntarnos y responder a otros interrogantes no tan
frecuentes a la hora de diseñar los planes de estudio porque las mismas exigencias de
las múltiples ofertas del mercado muchas veces modifican el pulso de quienes tienen
la función de diseñarlas. Las más de las veces no es solo exigencia de mercado el
cambio de ruta, sino aquello que denominaríamos ausencia de preguntas y proyectos
“de fondo”, que hace carecer de un planteo educativo fundado en una cosmovisión de
la vida y de la cultura. Es necesario preguntarnos: ¿en qué medida vinculamos al
sujeto en formación con la sociedad en la cual vive y desarrolla su actividad? ¿En
qué medida y cómo contribuirá al desarrollo de las prácticas sociales y culturales para
construirlas? En definitiva: ¿qué tipo de persona y comunidad política, religiosa,
cultural y social estamos construyendo? ¿Qué mujeres y hombres estamos formando,
y para que construcción comunicacional los estamos formando? ¿Qué comunicación
estamos construyendo y para que comunidad social?

5
Los centros académicos de la Comunicación se encuentran ante un real desafío ético
que lleva inexorablemente a un cuestionamiento, esta vez desde una mirada distinta a
la habitual, se porpone una antropología desde una perspectiva relacional que
fomenta un sujeto capaz de conquistar su propia y verdadera integridad en el ejercicio
de la reciprocidad con los otros. Desde esta perspectiva se convoca a los centros de
estudio a un paso más allá, pensando la integridad de las ciencias de la comunicación
como respuesta a la persona concebida íntegramente, toda la persona, todas las
personas, la comunidad. Una disciplina donde pensamiento y acción se conjuguen,
donde teoría y praxis se modelen recíprocamente en un dinamismo integral y
superador. Donde desde la teoría se ilumine la praxis y esta a su vez ilumine la teoría,
y se supere de esta manera esa enorme brecha dual que separa la vida del pensar, la
razón de los afectos, las prácticas de lo teórico.

III. La pregunta oportuna podría ser:


¿Desde donde pensar una epistemología?

El escenario de la comunicación: un real cruce de paradigmas

Las Ciencias de la Comunicación, son un real cruce de paradigmas9, de teorías, de


objetos de estudio y de trabajo. Hay muchos autores que no dejan de mostrarse
perplejos ante la amplitud y la variedad temática que desafía a la comunicología. Se
habla también de “complejidad del campo comunicacional”, por la multiplicidad de
aportes que lo constituyen desde las ciencias sociales. Se tiende a definir la
comunicación: partiendo de sus aplicaciones, de sus usos, en lugar de realizar las
operaciones de pensamiento que permitirían tomar distancia con respecto a los
objetivos meramente técnicos, cada vez más presentes en nuestro entorno cotidiano10.
Desde hace algunas décadas, el campo de la comunicología se presenta como una
trama compleja, atravesada por múltiples debates sobre su naturaleza.

En el trabajo profesional de la comunicación, como en todos los demás trabajos, se


mantiene una confrontación entre lo que es y lo que debe ser; entre lo fáctico y lo
utópico; entre las rutinas establecidas y el impulso de renovación que anima la pasión
por la excelencia. Para J. Darío Restrepo11es: donde aparece lo ético como un
referente de excelencia que vuelve relativo y mejorable todo lo que se hace. Son
muchas las veces en las que se enarbola una concepción política, religiosa,
antropológica, acorde con una determinada línea de pensamiento, pero al mismo
tiempo, en los hechos, se plasma un actuar que no concuerda en nada con la teoría,
siendo casi contradictorios en la propuesta o producto final. Rivera 12 afirma que no se
pueden amalgamar impunemente ciertas líneas de pensamiento comunicacional con

9
Partiendo de la idea de paradigma concebida por Kuhn.
10
Mattelart, A., Mattelart, M., Pensar sobre los medios, Costa Rica, 1988, Del Primera Ed. en francés 1986,
p. 28.
11
Restrepo, J. D., Taller y consultorio de ética periodística, publicado por la FNPI y el Fondo de Cultura Económica.
12
Rivera, J., Comunicación, Medios y Cultura. Líneas de investigación en la Argentina. UNLP, Bs. As.
1997.

6
determinadas prácticas de la comunicación. White13, señala que importantes estudios
de la comunicación, no expresan una precisión científica al presentar los enfoques,
las líneas de pensamiento, los paradigmas, las teorías, los métodos y las prácticas.
Encontramos serios contrastes entre teorías, métodos y prácticas en el universo de la
comunicación, y es poco el espacio que ocupa en la agenda de los comunicadores esta
constatación. Es evidente que el trabajo de fundación teórica de las elecciones éticas
profesionales corre el riesgo de no ser lo suficientemente incisivo si no crea un
ligamen entre la investigación académica y los profesionales de los medios.
A partir de la investigación que venimos realizando observamos que,
simultáneamente a cuanto dijimos antes, la comunicación en si, como ciencia,
presenta una fuerte exigencia de convergencia, necesita un trabajo de sistematización
y profundización sobre su epistemología, necesita de una coherencia en su dinámica
interna14. Se trata de re-pensar o diseñar la estructura científica de la disciplina
recurriendo a sus raíces filosóficas, antropológicas, sociológicas y a todas las
disciplinas de las ciencias humanas y sociales. Se busca una epistemología que refleje
siempre más la profundidad y el alcance de la comunicación en su deber y poder ser.

Perspectivas éticas en la epistemología comunicacional

Se plantean tres momentos, dentro de la epistemología de la comunicación, en una


perspectiva ética, centrados en el pensar en relación, relación no abstracta sino
concreta.

En un primer momento se plantea el proceso característico de una construcción entre


pensadores de la comunicación, como un “desde donde” formular una nueva
epistemología. Se trata de una dimensión en la forma misma de producir
conocimiento, es una experiencia de carácter comunicacional en el interno mismo del
pensar la comunicación, como método realizado entre pensadores de las ciencias de
la comunicación. Un pensar que tome en serio al otro hace surgir la pregunta clave:
¿cómo se realiza?, tal la pregunta que se plantea Zanghì: es necesario pensar una
“praxis viviente”, cuya centralidad es justamente el proceso comunicacional. En la
medida en que cada uno considera al otro no extraño a su interioridad, y si el pensar
es interioridad en acto, esta interioridad debe abrirse al otro, y viceversa, para
recibirse recíprocamente, de manera que el pensamiento en diálogo sucede en mi
interior y en el del otro. No se trata de una suma de interioridades entre quienes
tienen el deber de re-pensar la comunicación, en la cual se desarrolla el pensamiento;
se trata de habitar una interioridad que trasciende la propia y la del otro, y no es una
suma, sino que es el mismo proceso comunicacional como un revelarse de la
Verdad15. El ámbito en el cual debe pensarse la comunicación debe ser habitar el
“nosotros”; debe ser autentica interioridad. Corroborando de esta manera que la
13
White, R. A., Ciencias de la Comunicación PUG, Roma, 2001, p. 32.
14
En el debate actual sobre los fundamentos de la comunicación emergen elementos recurrentes que evidencian una común necesidad por parte de los
autores. Muñoz detecta la importancia de volver a una profundización de las raíces filosóficas, sociológicas y antropológicas. Wolton, en diálogo con
el comunicólogo experto en dialogo interreligioso Zanzucchi, afirma: la antropología esta delante nuestro porque las sociedades se abren unas a las
otras y las ciencias políticas no bastan para regular el mundo.
15
ZANGHI, G., Identità e dialogo, Nuova Umanità, Roma, 1979, p.7.

7
realización humana, también en el conocer, depende esencialmente de sus
posibilidades de comunicación16. De esta manera es dar y recibir en un intercambio
de reciprocidad donde mi pensar, una vez donado, no se encuentra ya en mí como
mío, sino como parte de ese “nosotros” que constituyo, y desde allí, vuelve a cada
interioridad.

Un segundo momento subraya otra variante del re-pensar éticamente un camino


epistemológico en reciprocidad: el pensar la comunicación como ciencia, donde la
teoría “ilumina la praxis” y la praxis “ilumina la teoría”, ambas con la capacidad de
recrear nuevos horizontes en el campo del pensamiento de la comunicación, donde
estudiosos, académicos, investigadores, y profesionales de la comunicación estén
convocados. Teoría-praxis, un binomio que solo en forma vincular puede reconquistar
la totalidad del conocimiento, recomponer el mapa de los verdaderos saberes. El
desafío es doble: proveer de coherencia a ambas, en una construcción permanente de
nuevos horizontes.

Por ultimo, un tercer desafío se abre camino en nuestra reflexión, se trata del reflejo
que tiene el diálogo teoría-praxis en dos términos cercanos a todos los comunicadores
de todos los estadios, rangos y rubros de la comunicación, la coherencia entre
pensamiento y acción, dos términos cercanos a todos. Se recupera aquí un
pensamiento de Gandhi donde afirma: “soy mi mensaje”, es decir: pienso y actuó en
la misma frecuencia, pienso y realizo en continuidad armónica, actuó cuanto pienso y
pienso cuanto actúo. Esta propuesta no niega la “contradicción”. Cuando se piensa en
un dialogo entre pensamiento y acción, que integre la totalidad del conocimiento y el
actuar en la persona y de la comunidad, no se está cerrando el círculo en un
puritanismo que niegue la contradicción humana, se está proponiendo elevar la
perspectiva de la mirada y centrar nuestro enfoque en una dimensión que nos integre,
que permita elegir y ejercer la existencia desde la coherencia. La verdad trae consigo
la exigencia de coherencia y unidad entre lo que se dice y lo que se hace, donde la
vida se encarga de confirmar o no las palabras.

IV. La satisfacción profesional y la ética en acción:


Profesionales felices o tristes profesionales

La práctica y el ejercicio de la ética en la comunicación nos deben llevar a encontrar


felicidad y satisfacción en nuestra vida personal y profesional. De aquí la importancia
de conjugar las capacidades, o talentos y los intereses profesionales. Es importante,
subraya White17refiriéndose al ámbito de los centros de formación en comunicación,
reflexionar sobre la interacción entre los métodos de enseñanza, los talentos de los

16
CELAM, Hacia una teología de la comunicación, DECOS-CELAM, Bogotá 1988.
17
WHITE, R., Comunicar Comunidad, Ed. La Crujía, Buenos Aires, 2007.

8
estudiantes y los intereses personales, y la forma en que estos descubren y desarrollan
sus propias habilidades.
Nos podemos preguntar: ¿Cómo se hace desde la ética para incrementar la felicidad
de los profesionales de la comunicación? La teoría que desarrolla el pensamiento
griego en Aristóteles y que hoy retoman numerosos autores se funda en que la
felicidad de una persona depende del reconocimiento de sus capacidades, y de su
desarrollo para expresarlas al máximo. Si se descubre la estructura de su naturaleza
humana en las varias capacidades que todos los seres humanos poseen y las
desarrollan, tendrá una vida feliz y armoniosa. Sin embargo, la idea de Aristóteles va
más allá, él dice que la persona fue ideada también para dar felicidad. Vivir una vida
feliz y fructífera en Atenas de Aristóteles significaba participar de la vida de la
comunidad.

Al reflexionar sobre lo que da felicidad y satisfacción a las personas que eligen las
múltiples profesiones de la Comunicación, es necesario centrarse en aquello que es
sin lugar a duda uno de los puntos más altos en la vivencia de la comunicación: el
construir significado con los otros. Como personas en relación e interdependientes
que somos, todas nuestras acciones se vinculan y afectan de alguna manera el
bienestar de aquellos que nos rodean. En línea con el pensamiento de White, y
siguiendo la huella de muchos filósofos como Habermas, se puede comprender que
una de las formas más maduras en el concebir la comunidad y la participación a la
misma, es poder tomar la perspectiva desde los demás, y asumir como nuestro propio
bien, el bien también de los demás. “La gente pensando en este nivel ve la necesidad
de coordinar las perspectivas recíprocas, y cree que las satisfacciones, el
entendimiento o las resoluciones sociales deben ser mutuas y coordinadas para ser
genuinas y efectivas”18.

V. La ética de la comunicación pública

Hoy se entiende por ética de la comunicación publica el arte de combinar y de


entender los principios de la democracia (que trascienden las instituciones del sistema
político de un determinado momento), el desarrollo de un criterio que posibilite
percibir cuándo esos principios están en peligro en una determinada situación
histórica y la capacidad comunicativa para alertar a la ciudadanía sobre sus
responsabilidades en cuanto al tema. La ética de la comunicación debe basarse en una
18
HABERMAS, J., Moral Consciousness and Communicative Action. Traducido por Christian Lenhardt y Sherry Weber
Nicholsen. Cambridge, MA: The MIT Press, 1990. p.

9
prioridad universal ante la vida y la dignidad humana; nuestra existencia comunitaria
debe ir más allá del lenguaje, encaminarse hacia la acción para tomar decisiones de
participación colectiva, para establecer normas de justicia que reconozcan los
derechos humanos universales y traten con los temas del poder. Es de gran
importancia tratar el tema de la distribución de la responsabilidad en la comunicación
pública, muchos se refieren principalmente a la ética de los profesionales de la
comunicación en sus distintas disciplinas. De hecho cargan solamente con una parte
pequeña de la responsabilidad de los medios de comunicación. Es necesario examinar
la ética de los medios de comunicación en términos de una jerarquía de
responsabilidad. Todos los actores son, en cierto modo, responsables en relación a la
ética de los medios de comunicación. Son de particular importancia los valores de la
cultura general, llamada ética pública. De allí que el público sea uno de los actores
más determinantes en el proceso comunicativo. Si el público no sostiene los valores
de libertad e igualdad, u otros, entonces ese mismo público no llamará a los
profesionales de los medios de comunicación a ser responsables y habrá en toda la
sociedad un sentido reducido de la responsabilidad. Los valores de la cultura son la
base de toda ética. Es importante cimentar la ética de la comunicación, en una
concepción de comunicación en continua construcción en un proceso comunicacional
donde las partes no pueden concebirse aisladas e independientes, sino en su
comunidad originaria de: “emisores-receptores”, de comunicador-público.
Muchos son los autores en la actualidad que se preguntan: ¿Como encontrar un punto
de referencia que nos permita comunicar hoy; que nos permita desbloquear la
comunicación pública?19 Frente a los fracasos comunicacionales que constelan la
cotidianidad, se evidencia que la comunicación, no obstante su aparente naturalidad y
simplicidad, es un proceso decididamente complejo20. Muchas son las tentativas que
intentan dar respuesta a la demanda que genera hoy la comunicación. Se trata de un
fatigoso camino emprendido no solo por lo estudiosos de la comunicación, sino
también por antropólogos, sociólogos, psicólogos, investigadores y profesionales de
otras disciplinas21. Los conflictos en la comunicación pública se manifiestan en
distintos niveles y contextos, desde lo micro, a lo medio y macro; dentro y fuera de
las sociedades e instituciones. Cuanto sucede a nivel micro social se reproduce en lo
macro y viceversa. Un creciente sentido de inseguridad y desorientación recorre el
escenario de nuestro continente. Podemos preguntarnos, junto a muchos pensadores
contemporáneos, si podremos conocer una era sin muros que nos separen, con
puentes que se construyan continuamente entre las personas, los grupos y los
pueblos22. Algunas preguntas serían: ¿cómo puede volverse compatible la igualdad
con la libertad, la unidad con la pluralidad, o el derecho de las mayorías con aquel de
las minorías?23

19
ARAUJO, V., Seminario Internacional sobre Comunicación, 7.6.03, C. G., pag. 10.
20
LE MURA, G., Comunicar, Hijas de San Pablo, MI 1999, p. 154
21
Se encuentran teorías muchas veces carentes de prácticas que las puedan sostener, y se ven muchos trabajos empíricos sin una formulación teórica.
No se visualiza un enfoque que pueda armonizar las diversidades sin homogenizarlas, dando a cada una valor y espacio.
22
SIX, J.F., Dinámica de la mediación, Paidos Barcelona, Bs. As., México, 1997, p. 17.
23
HABERMAS, J., La soberanía popular como procedimiento", Letra Internacional, N° 15716; Madrid, 1989, p. 47.

10
VI. La comunicación en diálogo un desafío ético

Aún cuando pueda parecer paradojal, después de constatar las permanentes y


abismales diferencias que atraviesan nuestro continente en distintas direcciones,
podemos afirmar que nuestra época y nuestros pueblos están hechos para el diálogo,
y lo anhelan, quizás, como nunca. Muchos son los indicadores, que lo subrayan. Es
sin lugar a dudas ese “nuevo” de la historia, del cual los pueblos advierten la
necesidad, aún en medio de escenarios que parecerían querer afirmar lo contrario.

Cada comunidad, cada institución, cada estructura social, tiene necesidad de diálogo
en sus entrañas. Un diálogo como medio para tender puentes entre las partes en
conflicto -afirma la socióloga brasileña Araujo- para anudar hilos desatados, para
volver a encender la comunicación interrumpida, para re-avivar la interacción
apagada24. Un diálogo cultural, entendiendo la cultura como el hábitat, el modo y
estilo en el cual la persona y la comunidad viven la vida; y un diálogo al mismo
tiempo intercultural, capaz de armonizar en unidad la diversidad. Es una de las
respuestas a los grandes desafíos de la comunicación pública hoy.

El diálogo prevé la superación real de la frecuente tentación del paternalismo, de la


conquista, de la seducción doctrinaria o del asistencialismo, el cual - si bien en forma
velada o del todo oculta por los más sabios artificios - aparece en el ejercicio de un
poder anómalo y en la presunción de superioridad de uno sobre el otro25. Buber
denuncia este riesgo cuando afirma: el hombre, aun cuando está motivado por una
fuerte compasión, puede permanecer esencialmente cerrado en sí mismo. El se vuelve
hacia el otro en la acción, con el servicio o el socorrer, pero las barreras del propio ser
no caen; no le ofrece al otro la clave de sí mismo; le da asistencia , pero, de hecho, no
espera algún tipo de reciprocidad real, ni la desea de ninguna manera 26. De aquí la
importancia de evidenciar los fundamentos antropológicos, sociológicos,
epistemológicos, espirituales y comunicacionales; pilares sobre los cuales se
constituye el dialogo. Como afirma Milán27, solo a partir de criterios éticos y
existenciales, (...), es posible dar vida a esa autentica convivencia de las diferencias
que hoy nos desafía, y a la cual estamos llamados.

El diálogo, un estilo de comunicación

El diálogo es un estilo de comunicación y en esta acepción, la comunicación es


convivencia, encuentro, aceptación, manifestación de plenitud con el otro. El diálogo
como estilo de comunicación se constituye como un acto intencional que se lleva a
24
ARAUJO, V., Seminario Internacional sobre Comunicación, 7.6.03.
25
CANEVARO, A., BALZARETTI, C., RIGON, G., Pedagogia especial de la integracion,N.I. Firenze 1996, p. 308.
26
BUBER, M., Il principio dialogico, Ed. San Paolo, Milano, pp. 116-117, p. 86.
27
MILAN, G., Abbattere i muri costruire incontri, Cleup, Padova 2002, p.42.

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cabo partiendo de la elección de una actitud, la cual puede calificar cada actividad y,
al mismo tiempo, volverse un método para realizarla. Dialogar realmente significa, de
hecho, cuestionar el propio ser a través de la comunicación que proviene del
interlocutor. A diferencia de un monólogo, el diálogo implica el poder ser cambiado
en virtud del “proceso de comunicación” del diálogo mismo.

El diálogo permite a los interlocutores incluirse como parte del proceso, y considerar
la determinación que las acciones y las perspectivas de los participantes pueden tener
sobre aquello que sucede. Freid Schnitman dice que es oportuno definir valores y
parámetros que emergen en el proceso mismo y, sobretodo estar abiertos a la novedad
y al redimensionarse necesario que surge de las nuevas alternativas, de la
complejidad, de las fluctuaciones y de las oportunidades.28
Dialogar significa arriesgar, ponerse en juego superándose a sí mismo, superando las
propias seguridades y verdades, para permitir ser puesto en discusión por parte del
otro y abrirse a cuanto el otro propone. Significa aceptar el riesgo de que la
comunicación con el otro y del otro opere procesos de transformación en uno.
Entonces, el verdadero diálogo no sería solo el intercambio entre dos conciencias, la
comunicación de dos universos mentales; sería la construcción de un mundo nuevo
de la interioridad29. La apertura al otro y la aceptación de entrar en un itinerario que
es constituido por un proceso, significa, para los protagonistas, un alto sentido de
protagonismo y participación, al mismo tiempo, significa el reconocimiento de la
misma situación para quien es el correspondiente interlocutor. Esto revela una de las
características más genuinas como estilo de comunicación: que no admite
manipulación en el proceso comunicativo y sitúa a los dos (o más) protagonistas en la
misma condición. Es importante destacar que estas posibilidades no se dan en mayor
medida como expresión de las características que cada uno lleva al diálogo en tanto
persona, grupo, institución, etnia, pueblo o cultura, sino que es el diálogo mismo el
que crea las condiciones de paridad, generadas por la esencia misma de la
comunicación en el proceso comunicativo.

Hacia la comunidad de comunicadores

Para Hemmerle, sólo si nos confrontamos los unos con los otros, exponiéndonos al
cambio en el pensamiento y en la vida, se vuelve posible un camino interior y
exterior que nos toca hasta el punto de que por él se transforma nuestro modo de
hablar, de escuchar, de pensar y de vivir30. La diversidad que debo superar para
encontrarme, no es un espacio vacío, “son los otros”; por lo tanto sin los otros no seré
jamás yo mismo. La diversidad del otro no debe dar miedo, no puede intimidar o
alejar de un auténtico dialogo. El otro no puede ser una amenaza sino un bien
positivo. El diálogo permite participar y tender hacia el otro, formar parte del otro.
28
FRIED SCHNITMAN, D., Nuevos paradigmas en la resolución de conflictos. Perspectivas y prácticas. Ed.
Ediciones Granica., Buenos Aires – Argentina, 2000. p. 29
29
CARPENTIER, R., “L’échec de la communication”, in Les hommes devant l’échec, Paris 1968; cit. in Neher, op.
cit., pp.61-62.
30
HEMMERLE, K., Partire dall’unità. La Trinità come stile di vita e di pensiero, C.N., Roma, 1998, p. 18.

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Como afirma Gadamer, nosotros aprendemos a vivir uno con el otro31. El diálogo es
ese proceso de fusión de horizontes de individuos que logran una real unidad
permaneciendo distintos32. La dimensión comunicativa lleva a centrar el proceso
comunicativo en el diálogo en lo social y en su dinamismo, donde se da la
elaboración de significados. La perspectiva comunicativa dialógica se basa sobre la
co-creación y circulación de significados a través de la participación de y en la
reciprocidad.

CONCLUSIONES

La unidad en la diversidad: ¿diálogo realizado?


Para algunos autores, la unidad en la diversidad es el fruto del diálogo, es el diálogo
consumado. Este tipo de diálogo crea una trama que genera líneas de políticas
comunicativas con una enorme potencialidad en el crear nuevos escenarios, nuevas
relaciones sociales, y culturales, y abre la posibilidad de poder ponerlas en práctica en
acciones específicas, de las practicas cotidianas. Es un método que se expresa con
una gran multiplicidad de expresiones. Coincidimos con Gamberini cuando afirma
que el diálogo “…se impone como responsabilidad ineludible”33. Vivir a partir de la
unidad que contiene la diversidad es una decisión, no en el sentido que se deba
encargarse externamente de un continuo diálogo recíproco, sino en el sentido que
debemos ser en diálogo permanente34. Desde las diversidades conjugadas en la
armonía de la convivencia humana se puede pensar serenamente, sin que se trate de
un horizonte lejano o inalcanzable, en:
Un comunicador y una comunidad comunicadora artífice de diálogo reconoce y vive
su identidad constitutiva en el binomio de la comunicación: persona-comunidad,
“comunicador-interlocutor”.

Un comunicador y una comunidad comunicadora artífice de dialogo es capaz de


reconocer “en todos la identidad originaria”, de respetarla y de incluirla en el
proyecto de la “familia humana”.

Un comunicador y una comunidad comunicadora artífice de diálogo “toma la


iniciativa” del proceso comunicativo y promueve de esta manera la interacción en el
movimiento de “ida y vuelta”.

Un comunicador y una comunidad comunicadora artífice de diálogo “establece


relacionalidad” con la medida del valor de su propia vida, como en si mismo, y
como a si mismo, que garantice la ética de la responsabilidad.

31
GADAMER, H.G., La molteplicità d’Europa. Eredità e futuro, in AA.VV., Krali, Milano, 1988, p. 30.
32
CICCHESE, G., All’ascolto del silenzio. Dal silenzio al dialogo, Nuova Umanità, N° 2, 1994, pp. 67-88.
33
GAMBERINI, P.; MARTELLI, S.; BALDASSARE, P., Multiculturalismo dialogico?, Ed.Messaggero 2002.
34
HEMMERLE, K., Partire dall’unità. La Trinità come stile di vita e di pensiero, C. N., Roma, 1998, p. 18.

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Un comunicador y una comunidad comunicadora artífice de diálogo se sitúa en la
“realidad del otro” considerando indispensable el valor de la diversidad, de la unidad
de los opuestos, de la multiplicidad y de la interculturalidad.

Un comunicador y una comunidad comunicadora artífice de diálogo “reconoce,


valora, atraviesa y resuelve los conflictos” como importante posibilidad de
construcción en la trama social-relacional.

Un comunicador y una comunidad comunicadora artífice de diálogo establece


“relacionalidad en reciprocidad” favoreciendo el desarrollo del proceso
comunicativo en sus multiples potencialidades.

Un comunicador y una comunidad comunicadora artífice de diálogo “vive y potencia


el proceso comunicativo de unidad en la diversidad” como plenitud de la experiencia
comunicativa, en un experiencia relacional creativa superadora de las partes
involucradas.

Dra. Susana Nuin Núñez,


Bogota, 10.9.2007.

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