Comunicado de prensa

Familia de Odo n Mendoza Soto
N° 11
15 de junio de 2014

Uno de los tantos crímenes que cometió una parte de la humanidad contra otra, durante siglos, es la
caza de brujas.
Cuando alguien acusó a una persona – en su inmensa mayoría mujeres – de ser una bruja, muchas
veces su suerte ya estaba echada. Empezó una maquinaría implacable que terminó siempre con la
condena y la subsecuente muerte de la persona acusada – si el acusador (el Inquisidor en aquel
entonces) no pudo encontrar razones para condenarla, si la víctima (porque eso eran estas personas)
se resistió y se declaró inocente, fue sometida a las torturas más crueles y terminó por admitir cosas
que no había hecho. Así, con la conciencia tranquila, se la podía sacrificar delante del pueblo que
había que mantener ocupado para que no se sublevase contra un sistema profundamente desigual
donde la clase dominante, compuesta por la nobleza y la iglesia católica, tuvo que mantener la gente
bajo un complejo sistema de explotación y dominación – pan y circo como lo habían inventado los
Romanos.
Hoy en día vemos estos tiempos como resueltos – fue el tiempo del oscurantismo creemos. Sin
embargo, nuestro pasado sigo vivo dentro de un rincón de nuestro cerebro y puede reactivarse en
cualquier momento – misma manera bajo circunstancias diferentes.
Lo que pasa con Odón Mendoza se parece a los procedimientos descritos, con algunos cambios
importantes. Tenemos leyes, incluso una ley fundamental, la Constitución Política del Estado, y
garantías que deberían proteger a todas las personas involucradas en un proceso de carácter penal,
pero cuando se mueven las emociones populares, estas protecciones cesan de funcionar.
Una madre que llora por su hija asesinada y que, de manera consciente o no – eso queda en su
conciencia – culpa a una persona que no tiene nada que ver con el crimen, logra emocionar tanto a
personas sin conocimiento de los procedimientos y garantías legales que ya terminó la construcción
de la hoguera para Odón Mendoza. El papel que juegan algunas ONGs ya lo hemos denunciado – su
actuar nos hace pensar en lo que hacían las antiguas élites.
Los psicólogos nos dicen que somos condenad@s a repetir, de manera compulsiva, los antiguos
traumas de nuestra alma hasta que hagamos un esfuerzo consciente para recordarlos – es tal vez el
momento de que estas mujeres, que se llaman brujas hoy en día, traten de entender lo que están
haciendo.
No se repara una injusticia con otra injusticia – lo que pasó con las brujas (y los judíos, las
homosexuales, los gitanos, las negras) de aquel entonces nos da el deber de nunca olvidar y hacer
todo para que nunca más se repita algo así.
Y el deber de reflexionar sobre lo que estamos haciendo ahora.

QUE SE HAGA JUSTICIA DE VERDAD

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