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Lección # 8
La Relación Dios – ética

Ensayo: Dios y la ética
Las religiones cristianas siempre se han caracterizado por un marcado monoteísmo en el que se expresa el
bien y el mal en su forma más radical. La creencia en Dios ha determinado en nuestra cultura sus más
profundos cimientos ideológicos y, por ende, sus valores morales desde sus más profundas bases. Es tal la
influencia, que incluso hay varias ideas de cómo una creencia en Dios determina lo que es bueno o malo,
haciendo que incluso la propia concepción del bien y del mal sea variable entre los mismos cristianos. He
aquí un ejemplo: el comportamiento moral correcto es creer en Dios y su religión. Idea fácilmente rebatible
con que hay muchos ateos cuya conducta moral nos parece correcta. Hay otras más difíciles de refutar,
como que un comportamiento moral correcto es el que sigue el ejemplo de Jesús, y que lo inmoral es
aquello que se desvía de esa conducta ideal. Y puede que hayan otros varios ejemplos. Sin embargo, hay
una gran diferencia en decir que la creencia en Dios determina los valores morales y sirve de base a la ética
y en decir que es el propio Dios quien lo hace. Porque mucha gente, o tiende a confundirlos o, lo que es
más común, cree que la moral y la ética dependen, en últimas, de Dios, ya que es quien determina lo bueno
y lo malo. En este ensayo busco evidenciar, por ende, la garrafal equivocación en la que han caído éstas
personas, demostrar que la existencia de valores morales no depende de Dios y que por tanto Dios no es la
base de la ética. Durante éste, mostraré las posturas contradictorias de los éticos teístas, que defienden a
Dios como base de la ética, y los éticos ateos, que defienden la proposición contraria, con especial énfasis
en ésta última que es con la que me identifico y que es la que al final "sale ganando".

El Dilema de Platón y el argumento meta – ético del ateísmo
El dilema de Platón es una interesante y muy lógica forma de demostrar el error de las ideas cristianas, y
demuestra por lógica de silogismos una fuerte contradicción entre 3 postulados básicos del cristianismo.
Éste también ha sido denominado "el argumento meta - ético del ateísmo". A medida que se sacan
conclusiones lógicas de esos 3 postulados iniciales, va apareciendo el dilema.

El dilema empieza con 3 proposiciones que aparentemente pueden ser ciertas a la vez sin contradecir una a
la otra:
1. Dios es bueno.
2. Dios quiere que nosotros hagamos el bien.
3. Dios es la base de la ética.

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Las 2 primeras proposiciones son evidentemente ciertas para las religiones cristianas, y la tercera también
lo es, pero de forma menos obvia. Pero, haciendo un razonamiento simple, encontramos una contradicción
entre 1 y 3. Si Dios es bueno, es porque las cosas que son buenas lo son independientemente de Dios. Si no
fuese así, Dios decidiría lo que es bueno y malo, y estaría por sobre lo bueno y lo malo y por ende sería
imposible clasificarlo dentro de alguno de estos criterios. Por ende, si Dios decide lo que es bueno y malo
no puede ser considerado bueno.

Si Dios es bueno, no puede decidir lo que es bueno o no. Vamos a ver la situación con más claridad en la
siguiente demostración.
1. Si las ideas de la fe cristiana son ciertas, Dios es bueno.
2. Si las ideas de la fe cristiana son ciertas, Dios es la base de la ética.
3. Si Dios es bueno, estará por debajo del bien y del mal, por ende la moral es independiente de Dios.
4. Si Dios es la base de la ética, la moral estará por debajo de él, por ende la moral no será
independiente de Dios.
Operamos así 1 con 3 y 2 con 4:
5. Si las ideas de la fe cristiana son ciertas, la moral será independiente de Dios.
6. Si las ideas de la fe cristiana son ciertas, la moral no es independiente de Dios.
Operamos 5 y 6:
7. Si las ideas de la fe cristiana son ciertas, la moral es y no es independiente de Dios.
Conclusión lógica (por contradicción y falsedad de la consecuencia en 7):
8. No son ciertas las ideas de la fe cristiana.

Hemos llegado ya a la primera falsedad y sin necesidad de recurrir a la proposición 2. Pero, si lo hacemos,
lo que lograremos será ahondar más en el asunto y negar nuevamente 1. En el diálogo Euthyphro de
Platón, presenta éste la siguiente pregunta: ¿a qué se debe que Dios quiera que hagamos el bien? Hay 2
posibles respuestas:
• Dios quiere que hagamos el bien porque ciertos actos son buenos y él desea que se realicen.
• Un acto es bueno únicamente porque Dios así lo quiso.

De cualquiera de las 2 formas, llegamos a un resultado poco favorable al teísta. Supongamos que
esacogemos la primera opción. Ya vimos el porqué de que de por sí ciertos actos sean buenos es
contradictorio con la idea de un Dios bueno. Ahora bien, si la segunda opción fuese cierta, no sólo queda
todo reducido a que nosotros hacemos lo que él quiere que hagamos (cosa ya de por sí poco buena e idea
que después desarrollaré con mayor profundidad), sino que volvemos a la idea de un Dios por encima del
bien y el mal, que ya vimos es contradictoria con la de un Dios bueno.

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El teísta, bajo ésta demostración, aboga a alteraciones del ser bueno para Dios y a considerarlo como un
caso excepcional. Uno de los planteamientos es el siguiente: "La bondad de Dios radica no en ser bueno o
malo según nuestra concepción, sino en ser la fuente de los valores morales, con lo que escapan al dilema
de Platón. Acorde con esa idea, el teista plantea que Dios "inserta" en nuestras mentes (cual información
en un disco duro) la moral, porque el deseo de Dios es que nuestra convivencia sea armónica. Desde ese
punto de vista, el teista justifica la bondad de Dios sin contradecirlo como fuente de la moral". Pero, en mi
opinión (y espero que opinen lo mismo) planteamientos de ésta naturaleza resultan rebuscados y vienen a
ser pataletas de los teístas.

Sin embargo, aún considerando la posible validez de estos argumentos, el ateo tiene aún otras líneas de
ataque. Veamos otra de ellas.

El realismo moral y el subjetivismo moral
De aquí en adelante no me remitiré a demostraciones lógicas, sino que demostraré qué postura resulta más
plausible desde cierto punto de vista. Ese es el caso de estas 2 posiciones opuestas acerca del origen de
nuestra moral.

Empecemos considerando que es convenido por todos que las características morales de un conjunto de
actos van de común acuerdo con sus características naturales. Supongamos un asesinato. En una balacera,
alguien es muerto accidentalmente. Y ahora supongamos una esposa que desea quedarse con las
posesiones de su rico marido y lo envenena de la forma más cruel, abandonando su cuerpo en un lejano
paraje. A pesar de lo distinto de ambos actos, identificamos las características naturales de un asesinato,
que nos hacen condenar ambos actos de forma similar. Entonces podemos decir que si 2 actos comparten
ciertas características naturales (hurto, sevicia, engaño, mentira, las de un suicidio, un asesinato, un robo;
honestidad, verdad, las de ayudar a los necesitados, etc.), también compartirán ciertas características
morales (bueno, malo, justificado o injustificado, etc.).

El problema surgirá entonces en tratar de explicar porqué ciertos actos con determinadas características
naturales tendrán, o más bien generarán, en nosotros la impresión de que es bueno o malo. El teísta tendrá
una respuesta con su realismo moral. El realismo moral dice que lo que hará Dios será condenar los actos
con características naturales x, y y z, que serán los actos malos, y gratificar los buenos, que serán los que
tengan las características naturales a, b y c. De esa forma, Dios nos hace saber, de alguna forma, cuándo un
acto tiene ciertas características morales. Pero un nuevo problema se presenta: ¿cómo Dios nos permite
conocer las características morales de un acto? ¿Acaso nos equipó con un "sexto sentido", que hace ello
posible? ¿Dios revela de esa forma cuándo le parece que un acto debe ser aprobado o condenado? En
contraste con la rareza de éstas ideas se nos presenta el ateo con su subjetivismo moral, que responde a la
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pregunta con razones naturales. El subjetivismo moral dice, como el realismo, que el que un acto tenga
determinadas características morales dependerá de que tenga ciertas características naturales. Pero, en ésta
ocasión, se dice que es la propia naturaleza de nuestra psique y de nuestra razón las que nos hacen sentir
ciertas sensaciones de repulsión o aprobación ante los actos buenos o malos. Nosotros sabemos que un acto
está bien o mal porque distinguimos en él ciertas características naturales que crean en nosotros ciertas
sensaciones. De esa forma, la relación entre características naturales y morales queda explicada con una
psicología moral.

Podemos hacer una analogía entre el subjetivismo moral y los colores en nuestros ojos. El color de un
objeto dependerá de la forma en la cual se han organizado los átomos dentro de él y de la naturaleza de los
mismos. Éste arreglo determina qué longitudes de onda del espectro lumínico serán absorbidas y qué
longitudes serán reflejadas. De esa forma, 2 objetos con similar estructura molecular reflejarán las mismas
longitudes de onda, y esas longitudes producirán en nuestros ojos la sensación de color: 2 objetos que
reflejen la misma longitud producirán en nosotros la misma sensación y las veremos de igual color. Éste
ejemplo, además, nos permite entender la "percepción" de las características naturales de un acto como
algo tan natural como el ver o el oír. Pero, a diferencia de éstos, esa capacidad es aprendida, y ese será un
detalle que tendremos en cuenta más adelante.

Bajo esa perspectiva, el teísta dirá que Dios nos ha construido de tal manera que respondamos
emocionalmente de cierta forma ante actos con determinadas características naturales, siendo así
responsable de nuestra psicología moral. Sin embargo, será el ateo quien dé un contra – argumento
nuevamente más aceptable: nuestra psicología moral puede ser el resultado de la evolución biológica o
social; las sociedades en quienes se refuerzan ciertas respuestas emocionales educan así a sus
descendientes. Nuevamente el teísta defenderá su posición, pero ella nos lleva al siguiente tema de este
ensayo. Pero puedo decir que al teísta ya se le van agotando sus defensas, y que el ateo lleva la ventaja. En
cuanto al realismo y al subjetivismo, creo que ya hemos visto lo suficiente como para darnos cuenta de que
el subjetivismo es más plausible y que no es muy inteligente defender el realismo. En el siguiente tema, el
ateo redondeará esta idea y logrará demostrar aún más fallas en la argumentación teísta.

El pluralismo social y el relativismo ético
Habíamos quedado en que el ateo había logrado argumentar la validez del subjetivismo y había puesto en
claro las múltiples fallas del realismo. El teísta trata, entonces, ya no de defender su aniquilado realismo,
sino en rebuscar un papel para Dios en la obra del subjetivismo. Recordemos que, ante la proposición de
que era más plausible que la psicología moral dependiera de una evolución biológica y social y no
producto del molde que tiene Dios de nosotros, el teísta aún no había dicho su última palabra. Pues bien; lo
que dice el teísta es que Dios ha planificado ese desarrollo social para producir la psicología moral.
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Pero veamos: vivimos en un mundo pluralista; pluralista en su sentido social, político, religioso y moral:
convivimos con gente que tiene opiniones radicalmente distintas a las nuestras y a las suyas propias. De
hecho, existen en una misma sociedad toda clase de corrientes e ideas que nos sorprenderían por su
oposición y rivalidad. Y sin embargo, la sociedad así es en general armónica y pacífica (desde este punto
de vista, claro). ¿Será posible, siquiera imaginable, que un único ser haya planeado todas esas corrientes,
tan diferentes entre sí? Es allí donde el ateo esgrime el contra – argumento de que Dios tendría que hacer
muchos desarrollos morales distintos para cada sociedad, algunos tan contradictorios que resulta imposible
pensar que un único ser los ha generado.

Aparece también el relativismo ético, que va de la mano con el pluralismo. Según el relativismo ético no
hay verdades morales absolutas, que hay como unas "bases" que son las mismas de un contexto a otro,
pero que hay un juicio moral que varía, incluso radicalmente, de un contexto a otro, en donde el contexto
será un grupo de individuos que comparten una misma perspectiva y cultura. Si el relativismo es correcto,
el teísta se enfrentará a otro problema: para algunos sectores de la sociedad hay cosas buenas que no lo son
para otros, hasta el propio Dios se verá involucrado en esa situación. Dios será bueno para algunos, pero no
para todos.

La Autonomía
Ya hemos descartado varios de los posibles papeles de Dios como base de la ética; sin embargo el teísta
sacará su última carta: Dios como autoridad moral. ¿Porqué debo refrenarme en dañar a otros? Porque
Dios lo ordena. No hago algo malo porque Dios lo ha ordenado; haré el bien porque es lo Dios me ha
dicho que haga. Pero si nosotros hacemos lo que Dios quiere que hagamos, entonces nuestros actos estarán
guiados por una motivación externa, y no podemos considerarlos parte de un comportamiento moral.
Recordemos que un comportamiento moral es aquel que es guiado por los principios y normas personales
de cada individuo, que a su vez van marcadas por sus creencias e ideas del mundo. Un comportamiento no
moral, por ende, será aquel que hagamos sin deseo y cuya causa no sea nuestra propia voluntad.

Bajo éste inconveniente, el argumento del ateo será nuevamente darle una atribución especial a Dios y
tratarlo como un caso especial (acto que en mi opinión es del más evidente rebusque). Lo que dice esta vez
es que el actuar, por ejemplo, según los diez mandamientos, es moral porque Dios define lo que es bueno y
lo que quiere que hagamos, y que lo bueno radica en obedecer a Dios. Volvemos nuevamente al problema
del dilema platónico, pero eso parece no importarle al teísta ya, y además nosotros podemos derrumbar la
nueva propuesta sin necesidad de recurrir a él. Comparemos los 2 deseos: uno, ya mencionado, de
obedecer y subordinarse completamente ante los deseos de una cierta autoridad, y que todos nuestros actos
sean en realidad la manifestación inconsciente de esos deseos; y el deseo de que nuestro comportamiento
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refleje cómo somos, nuestros ideales, nuestra personalidad, nuestra propia moral, el ser autónomos.
Nuevamente, ¿cuál es más admisible? Creo que todos, o muchos de nosotros, nos inclinaremos hacia la
segunda opción. Lo más natural es que nuestro comportamiento evidencie cómo somos; sentimos en ellos
nuestro sello personal. Si no fuera así, sería imposible que las personas no tuvieran identidad, y se sabe que
no es así.

Sin embargo, ello no niega la existencia de un Dios: es posible que el deseo de Dios es que fuéramos libres
y autónomos, resolviendo nuestras propias razones y teniendo nuestra propia forma de hacer las cosas,
encontrando en ellas su valor intrínseco en el que hemos puesto algo de nosotros, como el padre que desea
la autonomía de sus hijos. Pero, si ello es así, la moralidad no necesita hacer referencia a Dios.

Conclusión
Hemos visto que las ideas cristianas acerca del papel de Dios en la ética resultan tener varias fallas y al
final son superadas por una visión atea agotando todas las posibilidades. Hemos visto las contradicciones
de esa proposición con que Dios sea bueno y desee que nosotros hagamos el bien, hemos visto que es
imposible que Dios sea la causa de nuestra psicología moral y que esa idea es incompatible con una
sociedad pluralista, y que se descarta también a Dios como autoridad moral al ser incompatible con las
ideas de individualidad y autonomía. Por tanto logramos demostrar la idea inicial de que Dios no sirve de
base a la ética y a la moral.

He evidenciado, por ende, que los muchos cristianos con la idea falsa de que la moral depende de Dios en
alguna forma están en un grave error. Y lo que considero más importante: he conocido y trabajado otra de
las grandes inconsistencias de la fe cristiana, con lo que refuerzo y defiendo mi postura atea.


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