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Historia de Icaño

Julio Carreras (h)

Quipu Editorial
Comisión Municipal de Icaño
Santiago del Estero
Argentina
Historia de Icaño

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Nota: para esta edición en formato pdf, se han excluido
numerosas fotografías en blanco y negro color que componen la
edición impresa.

Comisión Municipal de Icaño


Departamento Avellaneda
Santiago del Estero
Tels.: 03844-15671683 - 03844-482061
E-mail: icanioestero@gmail.com
Página web: www.icanio.com.ar
Luis E. Herrera
Comisionado Municipal
Juan Marcelo Navarro
Secretario Tesorero
Marcelo Farías
Coordinador Cultural

© - 2007 Julio Carreras (h)


© - 2007 Comisión Municipal de Icaño
Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723

El dibujo de portada fue realizado por Marie Buchfink.

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Julio Carreras (h)
Historia de Icaño

2007

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1. La cautiva

En el invierno de 1729 la joven Candelaria Torres


fue capturada por los aborígenes. Se dirigía hacia
Fortín Mancapa, en caravana con su familia y
guardias, cuando fueron emboscados y diezmados,
unos once kilómetros antes de llegar. Solamente se
llevaron a la muchacha y a los caballos. El resto de
los viajeros, incluyendo su madre y soldados,
maltrechos, quedaron a un costado del camino
esperando auxilio.
Candelaria tenía18 años, era una bella joven de
cabellos castaño claro y ojos verdes, muy agraciada
por lo demás. Ya en presencia del cacique, Tuczco
Lonkorij, fue desnudada. Dos guerreros le quitaron
a tirones sus múltiples vestiduras convirtiéndolas en
pingajos. El cuerpo ondulante y túrgido de la bella
mujer hispana, jamás rozado por el sol o la tierra,
quedó como una amapola frente a los ojos de
Tuczco Lonkorij, quien ordenó a sus guardianes
retirarse.
Candelaria era hija única del Sargento Mayor
Federico Torres, quien revistaba como
subcomandante en el fortín, que separaba la zona
“civilizada” (hacia el Norte y Oeste) de la “salvaje”
(Sur y Este, ocupada por Lules, Tonocotés y unos
pocos Comechingones). Temblaba de frío y miedo
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ante el majestuoso cacique, un hombre como de 40
años, broncíneo, calzando chaleco de corderito
sobre la camisa amarilla, rastra constelada de oro a
la cintura, bombacha marrón y botas de cuero
brilloso, que lo hacían parecer más gaucho que
indígena.
─Luam suya amaipa cuyaj─, dijo el cacique, con
voz que sonó extrañamente profunda y calma.
─¡No entiendo su idioma! ¡perdón! ─gimió la
muchacha ─¡por favor, no me mate!...
─Seguramente tampoco entiende el quichua
─reflexionó, en sorprendente español, Tuczco
Lonkorij ─las hijas de los conquistadores no
necesitan aprender idiomas de esclavos….
La joven blanca, muy asustada, rompió en agudos
sollozos, como los de alguien a quien están
lastimando, pese a no haber sido tocada aún.
─¡No me mate por favor!¡No me pegue, por
favor!... ─siguió implorando, ahogándose con su
propia catarata de lágrimas.
─Eres muy hermosa –constató con voz calma
Tuczco Lonkorij─. Si hubiera sido un español, ya te
estaría violando… ¿Sabías que bajo la ley Tonocoté
todas las cautivas en guerra pueden ser usadas como
esposas o esclavas, por el cacique u otro que él
designe?...
─¡Oh, señor… yo le serviré como su esclava… o
lo que usted disponga… pero por favor no me

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torture, ni me mate… ─contestó Candelaria,
doliente.
─Ni te torturaré, ni te mataré, ni te esclavizaré, ni
mucho menos te tomaré como esposa…─ aseguró
con voz firme Tuczco Lonkorij: ─ te devolveré,
mañana mismo, a tu gente… ¡toma, cúbrete!─
agregó, alcanzándole un gran poncho de lana tejida
con primorosos colores en rombos que se
superponían.
Luego de eso, tocó un silbato de hueso que
llevaba al cuello, y en el acto aparecieron cuatro
mujeres, todas jóvenes y bellas.
─Estas son mi esposa y mis hijas. Se ocuparán de
vestirte convenientemente. Vete con ellas y no
temas.
Más tarde, la joven hispana, ataviada como una
aborigen, con pollera larga y floreada, blusa de lino y
chaleco de corderito, cenó con la familia del cacique
y los ancianos. Usaban mesas y banquetas, como los
europeos, pero antes de sentarse a la mesa
efectuaban una breve ceremonia que la muchacha no
entendió.
Apenas pudo hablar Candelaria se dirigió al
cacique para darle gracias:
─Yo quiero agradecerle, señor, el haberme
perdonado la vida. ¿Cómo puedo hacerle alcanzar
una paga?, le aseguro que apenas llegue al fortín me

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encargaré de enviarle plata o mercaderías, como
usted prefiera…
─Te equivocas, joven blanca. No lo hacemos por
ti, sino por nosotros mismos. Los hombres blancos
han violado y asesinado a miles de nuestros
hermanos, han concebido hijos huérfanos
arrebatando a nuestras hermanas y no los han
reconocido, llamándolos “guajchos”, que para ellos
es como decir animales… Y con eso están
quebrantando la Ley Mayor, que no es ley de
hombres, sino la Ley que siempre ha sido y será…
Un anciano de cabellos largos y blancos habló
cuando Tuczco Lonkorij hizo una pausa.
─La Ley Superior, la de los Venerables Antiguos,
la de los que Son y Serán dice “no matarás sino en
defensa propia o de tu familia” y “no tomarás por la
fuerza lo que por naturaleza pertenece a tu
hermano”…
Tuczco Lonkorij esperó unos segundos por sí el
anciano tenía algo más para decir, y cuando lo creyó
oportuno afirmó:
─Y también dice, la Ley Antigua de los Tonocoté:
“no harás a otros lo que no quieres que te hagan a ti
mismo…” Nosotros sabemos que todos los seres,
los animales, los árboles, las tierras, las estrellas, las
nubes y los ríos somos hermanos, y todo ello es
sagrado… Nos han sido prestados, por un tiempo,
para tomar de ellos lo que de verdad precisemos,

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pero nada más… El huinca, por el contrario,
arrebata lo que no usará, aniquila lo que no debe
morir, profana lo sagrado a cada instante… El
huinca terminará por destruir el mundo, y con él se
destruirá también…
Esa reunión inesperada, que duró una hora, dejó a
Candelaria una impresión que no se borraría en toda
su vida. Su universo mental se abrió vastamente y
llegó a dudar de si los salvajes no eran ellos, los
españoles, que venían a arrancar con sangre, torturas
y fuego el espacio sagrado de aquellos legítimos
pobladores, quienes no sólo querían vivir en paz,
sino también sustentaban una cultura sensible y
refinada, posiblemente milenaria.
Al amanecer del día siguiente fue acompañada por
cuatro guerreros hasta unos cinco kilómetros del
Fortín Mancapa, donde la dejaron. Cuando perdió
de vista la leve nube que se difuminaba en la
penumbra de la paloma hacia el sur, último vestigio
de su aventura entre los indios, la joven española se
sintió abismada. Dejó a su cabalgadura, originaria
del fortín, hallar por sí sola, con paso lento, el
caminito entre los cebiles que la llevaría hasta donde
se atrincheraban sus familiares.

La narración anterior es imaginaria. Pero podría


perfectamente haber sucedido. Documentos
históricos formidables, como la famosa carta del

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Jefe sioux Seattle [1], o las mismas investigaciones
de los hermanos Wagner, hijos adoptivos de Icaño,
prueban que en todo nuestro continente existía una
cultura compleja y milenaria, mucho más
significativa de lo que la ciencia europea jamás
estuvo dispuesta a aceptar. Si entendemos como
cultura “las formas de relación de los seres humanos
entre sí, con la naturaleza y con lo sobrenatural”, al
observar los fracturados pero cada vez más
contundentes indicios arqueológicos y
antropológicos recogidos en la región, podemos
constatar que se trataba, no de una sociedad
“salvaje” sino antigua, ordenada, de costumbres
pacíficas y muy evolucionada.
En tanto los conquistadores españoles llegados a
estas tierras eran, bajo toda evidencia, sujetos
crueles e inmorales en su mayor parte. Millares de
niños mestizos nacieron de las violaciones de indias
por parte de españoles, y debieron ser criados peor
que muchos esclavos sin obtener jamás el
reconocimiento pleno de sus padres.
La imposición brutal de una religión extraña a los
habitantes originales quedó testimoniada en los
Archivos Históricos de Santiago del Estero, a través
de las actas de numerosas ejecuciones en la hoguera,
luego de ser torturados, de mujeres y hombres que,
para los ojos del catolicismo en el poder,
practicaban “hechicerías”.

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No haremos aquí una “defensa” a ultranza de las
comunidades aborígenes. Sabemos que también bajo
alguno de sus rigurosos regímenes, se efectuaron
sacrificios humanos y –como en todo ordenamiento
estatal─ la razón se adecuaba finalmente a la fuerza.
Se trata sólo de reubicar la perspectiva del asunto,
para recuperar una visión objetiva de la historia,
distorsionada por siglos de “investigación” y
divulgación científica construida con el propósito,
consciente o inadvertido, de favorecer una
concepción eurocéntrica.
Así, pues, en las páginas que siguen se
encontrarán una profusa cantidad de datos que se
lograron reunir sobre la historia de Icaño, desde sus
más remotos orígenes como parte de una cultura
milenaria, junto a los del período hispánico, hasta
llegar a la actualidad. Todos tratados con el mismo
respeto y severidad historiográfica, sin pretender
poner uno u otro sobre los demás, sino
evaluándolos, objetivamente, por los aspectos que se
nos presentaron como los más trascendentes.

[1] La Carta del Jefe Seattle puede leerse en los


Documentos, al fin de este libro.

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2. Resumen histórico

Icaño formaba parte de un complejo cultural


andínico, cuyos vestigios arqueológicos fueron
localizados principalmente en Sunchituyoj y Llajta
Mauca. Su epicentro estaba en la zona centro-sur de
lo que es hoy Santiago del Estero, hace unos 1.500
años. La etnia pobladora de esta zona provenía a su
vez de culturas más antiguas, cuyos rastros pueden
hallarse en la región NOA hasta unos 3.000 años
antes de Cristo.
Estas culminarían hacia el año 1.000 dC en la
Cultura Diaguita, de la cual era una cultura
complementaria la Tonocoté. Probablemente del
cacán, lengua de los tonocotés, proviene el nombre
“Icaño”, cuyo significado no se ha podido
desentrañar fehacientemente aún.
Hay dos acepciones posibles, según nuestros
homónimos catamarqueños: “Tuna Roja” o “Pasto
Seco”. Los investigadores catamarqueños sostienen
que podría ser una voz quichua. Sin embargo, está
determinado que la lengua quichua se
institucionalizó recién con la conquista española.
Ello debido a que los conquistadores utilizaban este
idioma, por medio de lenguaraces sometidos, para
unificar el trato con todos los aborígenes locales.

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Algunos historiadores santiagueños, también
adjudicándole un origen quichua, han afirmado que
la voz icaño proviene de “icancho” (pajarito). Por
nuestra parte no adherimos a ninguna de estas
suposiciones, considerando que el vocablo sea
mucho más antiguo y no haya llegado a nosotros su
concepto original.
Los hermanos Emilio y Duncan Wagner,
creadores de la mayor parte de la colección que llegó
a ostentar el Museo Arqueológico de Santiago del
Estero, sostienen que en esta comarca existió una
civilización muy superior a la encontrada por los
españoles. La llaman el Imperio de las Planicies,
describiéndola como de un elevado sentido estético
y religioso, con un orden teocrático, vertical, que les
permitió vivir durante siglos en paz y prosperidad.
Según sus investigaciones, se adoraba una divinidad
“proteiforme”, de aspecto femenino, mezcla de
mujer, pájaro y serpiente.
Hacia el periodo de la conquista española, los
pobladores mayoritarios de esta región eran los
Tonocotés, de origen brasílido. Pero existían
numerosos asentamientos lules, debido a la
expansión guerrera de esta etnia aborigen
aproximadamente desde el año 900 hasta el 1.500.
Toda la región era sumamente fértil, ya que estaba
regada por un extenso brazo del Río Salado. Los
aborígenes cultivaban el maíz y otros vegetales

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alimenticios; se nutrían también por medio de la
caza y la pesca, feraces, que ejercían racionalmente
en la por entonces tupida selva y el mencionado río.
Hacia 1546 fue encontrada la comunidad de Icaño
por los remanentes de la expedición de Diego de
Rojas, un grupo de famélicos guerreros españoles
comandado por Nicolás Heredia. Lograron
secuestrar a algunos lules, que bajo tortura les
señalaron los depósitos de maíz de los tonocotés, de
los cuales robaron lo suficiente como para
alimentarse y seguir su camino de regreso hacia el
Alto Perú.
También al parecer uno de ellos les señaló cierta
hierba, que preparada con otros ingredientes actuaba
como antídoto del veneno utilizado por los
tonocotés para untar sus flechas. De esa manera
muchos invasores españoles se libraron de seguir el
destino de Diego de Rojas, a la vez que restaron
potencial ofensivo a los aborígenes, quienes resistían
con valor para defender su tierra.
Los europeos introdujeron, además de su
maquinaria bélica, enfermedades desconocidas en
estas tierras, como el sarampión y las viruelas, que
causaron verdaderos estragos entre la población
nativa.
A partir de entonces la invasión hispana fue
indetenible. El único recurso que podía demorar a
tropas que contaban con arcabuces y caballos

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preparados para la guerra era el veneno en las
flechas. Y por causa de una traición ese recurso
finalmente fue neutralizado, abriendo así el éxito en
las batallas a los ejércitos con mayor equipamiento,
tecnología y poder militar.
Debido a esto es que hallamos hacia el año 1549
como “dueño de indios” y regidor de Icaño a Juan
Díaz Caballero, feroz conquistador que imponía su
dominio expansivo sobre los pobladores originales a
sangre y fuego.
Según el historiador santiagueño Alfredo Gargaro,
“en 1692 se menciona una propiedad de 15 leguas
por 3”, que existía desde el siglo XVI, asignada al
español Bernabé Ibáñez del Castillo.
En 1717 ya se encuentra el nombre de Icaño en
padrones de la conquista europea, atribuyéndole
propiedad sobre tierras e indígenas a la viuda de un
capitán español, Josefa de la Cerda.
El ordenamiento colonial, continuado por los
gobiernos independientes de Ibarra y los Taboada,
colocó a la población de Icaño bajo el área
jurisdiccional de El Bracho, dependiente a su vez de
Matará.
La tradición antigua informa sobre las
“trincheras” que fueron celebraciones aborígenes,
efectuadas anualmente. Con el tiempo, se fue dando
una hibridación: los aborígenes habían incorporado
los caballos ─obtenidos de la población española─ y

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más tarde, los criollos adoptaron las celebraciones.
Es muy posible que para los aborígenes tuvieran un
sentido religioso, pues se encuentran en muchos de
los actos que perduraron –ausentes en otras
culturas–, una clara sugestión ritual. Posteriormente,
ya en tiempos criollos, se las habría despojado de su
sentido originario, asimilándolas al Carnaval. Según
algunas versiones, al principio de la etapa criolla
concurrían a las Trincheras únicamente los hombres.
Con el tiempo –ya avanzado el siglo XX–, se abriría
la participación a las mujeres.
Desde 1856 a 1867 el empresario de origen
europeo Esteban Rams y Rubert intentó la
navegación del Río Salado y la colonización de sus
márgenes, con propósitos lucrativos. Luego de
varios ensayos, sus enviados lograron llegar desde
Santa Fe hasta el poblado de Navicha, desde donde
no se pudo avanzar más. El propósito era llegar a
Salta y desde allí hasta el Paraguay.
En 1870 el General Saturnino García, por
entonces propietario de una gran parte de los
terrenos locales, mandó efectuar un trazado urbano
en el actual lugar de la estación de Icaño y le dio el
nombre de Esteban Rams, en homenaje al
negociante, de quien era beneficiario y pariente.
Aún hasta 1885, aproximadamente, se recuerdan
enfrentamientos con aborígenes, quienes cada vez
más debilitados, no sólo por la derrota militar, sino

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por su vacío existencial y el alcohol, igualmente
secuelas de la dominación hispánica, fueron
finalmente desapareciendo.
La tradición considera “poblador fundacional del
pueblo” en esta etapa a Mariano Palavecino, quien
durante la década de 1880 construyera una casa e
instalase un molino en el espacio denominado Las
Trincheras.
En 1889 se instaló el ferrocarril Buenos Aires y
Rosario, y en 1890 lo hicieron el Central Argentino y
el Bartolomé Mitre.
En 1889 se establece también la firma Barbel,
Nuttall & Cía, poniendo un enorme aserradero para
explotar los bosques vírgenes que entonces existían.
Con los gigantescos motores que surtían al
aserradero, se proveyó parcialmente de energía
eléctrica a la pequeña población y también se
transportó agua para riego.
Comienza la depredación sistemática del bosque,
dejando, en el transcurso de poco más de veinte
años, lo que antes era una selva plena de vida
animal, convertida en páramos desérticos y casi
muertos.
Un artículo de Cristóforo Juárez nos informa de
que el joven Ricardo Rojas, a principios del siglo
XX, se internaba en los bosques de Icaño buscando
inspiración para su obra inmortal: El País de la

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Selva. A simple vista puede apreciarse ahora lo que
ha quedado de aquella Selva.
El primer comercio público de pan en Icaño fue
instalado por el señor Lorenzo Ponci, de
nacionalidad italiana, en 1898. El 18 de agosto de
1890 se designó al primer comisario policial de la
localidad, Dn. José Lugones.
El 15 de Julio de 1891, la cámara de Diputados de
la provincia de Santiago del Estero dicta una ley,
mediante la cual se designa a la urbanización, en
forma definitiva, como “Icaño”, recuperando su
nombre ancestral.
La primera escuela pública se abrió el 1º de Abril
de 1891, con la concurrencia de 20 alumnos, que a
fines de ese mes habían llegado a 51. Su fundadora
fue la Srta. Trinidad Luna. Funcionó en un modesto
edificio de adobe y ramas, cedido por los vecinos, en
el lugar actualmente utilizado para las Trincheras.
Hoy se denomina “Absalón Rojas” y está en el
centro de la población.
El 30 de julio 1896 se creó la Sociedad de
Beneficencia, con el propósito de crear un Asilo
para pobres. También obtuvo recursos para la
construcción del edificio escolar. Su presidenta fue
Dña. Esilda S. de Nuttall.
En este periodo se establece también en Icaño
don Isaac Bercoff y su familia. Instalan una gran
carpintería, que producía muebles de alta calidad

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para toda la Argentina. Fundan también uno de los
primeros establecimientos de espectáculo culto en la
provincia, el cine-teatro Bercoff, que contaba a
principios del siglo XX con más de 350 butacas.
Emilio Wagner, científico francés de
trascendencia internacional, se radica para siempre
en Icaño, sobre las barrancas del Río Salado, poco
después de 1900. Allí descubre millares de piezas
cerámicas de alto refinamiento, que lo inducen a
establecer su famosa tesis antropológica de la
Civilización Chaco Santiagueña. En 1952 el
gobierno provincial da su nombre y el de su
hermano Duncan, principal colaborador del sabio,
al museo arqueológico de Santiago del Estero.
También una escuela de la provincia los recuerda; al
igual que el municipio, a través de una de sus calles,
la Biblioteca Pública y un Barrio.
Ricardo Rojas, gloria argentina de la literatura,
pasó temporadas de vacaciones en Icaño, y se
conservan sus cartas manuscritas a distinguidos
pobladores del lugar. Copias de estas pueden
apreciarse en nuestros Documentos.
En 1904, se editó el periódico “El Icañense”,
dirigido por Luis Contreras.
El Registro Civil se creó en 1907, su primer
encargado fue don Clemente Rodríguez. También
había un polígono para la práctica de tiro al blanco,
que era administrado por el Ejército Argentino.

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En 1908 se creó el Centro Cultural Absalón Rojas,
el que tuvo como principales dirigentes a don
Emilio Wagner y don Antenor Mansilla. A través de
este centro, se fundó la primera Biblioteca Pública.
Santiago Stone, estadounidense casado con una
dama chilena y radicado en Real Sayana hacia 1895,
establece aquí otro gran aserradero y explotación
forestal en los primeros años del siglo.
El primer club deportivo de Icaño, Atlético, se
funda el 24 de septiembre del año 1905.
En 1910, centenario de la Revolución de Mayo, se
crea en Icaño la primera Escuela Nacional, Nº 78.
Su director es el docente Juan E. Chazarreta.
En 1910, también, la primera farmacia fue
instalada por un inmigrante español, Mateo
Rodríguez.
En 1913 arriba Dn. Fabián Tomás Gómez y
Anchorena, Conde Del Castaño, arquetipo de toda
una generación de rastacueros argentinos, famosos
por sus derroches faraónicos en la Europa
decadente del novecento. Descendiente de un
santiagueño, don Fabián quiso pasar la última etapa
de su vida con recato y modestia. Para ello eligió la
comunidad de Icaño.
En 1920 llegaron inmigrantes europeos con el
propósito de colonizar tierras; algunos, de origen
judío, se radicaron principalmente en Mancapa y lo
que sería después Colonia Dora. En 1924 se instaló

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la primera usina eléctrica, por gestión de don
Rosmiro Mouriño.
El 30 de octubre de 1928 se inaugura la Escuela
442, de La Costa, siendo su primera directora la
Srta. Matilde C. Dorbambide.
En 1930 se terminó la obra del Canal Polaco y en
1940 se fundó la Sociedad Sirio Libanesa.
En 1948 se fundó escuela 605, conocida como la
escuela de los judíos inmigrantes.
El 9 de Julio de 1950 se creó el Club Social y
Deportivo “Alumni”.
Otros de los personajes destacados de esta
población fueron los hermanos Dib, quienes
impulsaron creativamente la cultura local.
En 1966 comenzó a publicarse un periódico
mensual, “Tribuna Libre”, editado por la Escuela
800, donde José Dib participaba con excelentes
dibujos humorísticos.
En septiembre de ese mismo año, el radiotécnico
Francisco Mansilla introduce la televisión en Icaño.
En 1967 se formó la Asociación Amigos de la
Estación Icaño y en 1967, la Asociación
Agropecuaria del Departamento Avellaneda.
En 1979 fue creada la Cooperativa de Provisión
de Agua Potable, por Resolución de INAC e
inscripta en el Registro Nacional.

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En 1982, se fundó la Cruz Roja Argentina (filial
Icaño Nº68) y un año más tarde se inauguró el
servicio telefónico domiciliario.
En 1987 se creó el Colegio Secundario
“Presidente Hipólito Irigoyen” por Resolución
Ministerial.
Icaño es en la actualidad una mediana
urbanización, instalada sobre la Ruta Nacional 34,
en el departamento Avellaneda, a ciento ochenta y
cinco kilómetros de la capital de Santiago del
Estero.
Su población es de unos dos mil quinientos
habitantes.
Se gobierna por una Comisión Municipal, a cuyo
frente se encuentra el Sr. Luis Eduardo Herrera.
Durante su gestión se construyó la Biblioteca
Pública Emilio y Duncan Wagner, además de otras
obras edilicias, pavimentación y mejoramiento
arquitectónico del municipio.

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3. Etnias aborígenes prehistóricas

Imaginemos el almuerzo tonocoté. Las familias se


reúnen alrededor de varias anchas mesas redondas.
Son varias, pues era una comunidad en el sentido
pleno, es decir no existía la propiedad privada. Todo
lo que se cazaba, cosechaba, elaboraba, era
compartido de acuerdo a las cantidades existentes.
Que nunca faltaban. Los tonocoté eran prósperos y
autosuficientes. No se conocía el hambre allí.
Los hombres jóvenes vestían un corto pollerín de
plumas, sobre las bragas de tela. Sobre los hombros,
llevaban mantines de hilo finamente bordados con
imágenes simbólicas. Al cuello, collares de piedras
pulidas, blancas, azules, doradas. Los ancianos, en
cambio, solían calzar nada más que una larga túnica
tejida.
Las jóvenes mujeres también llevaban polleras
cortas, hasta cerca de las rodillas y en el torso
especies de chombas sin cuello, con primorosos
dibujos en el pecho. Las ancianas, túnicas talares.
Sus collares combinaban piedras con huesos
delicadamente pulidos, con dibujos finísimos
grabados en la superficie.
Los niños, generalmente, sólo bragas y encima
cortos pollerines de plumas.
Se aprestan para comer.

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Sobre las mesas redondas hay pasta de porotos en
abundancia, esparcida armónicamente aquí y allá
entre las anchas fuentes de madera, que contienen
presas de venado. También, en otras cazuelas,
pueden verse trozos de carne de ave, perdiz,
recientemente cazada en abundancia y almacenada.
Algunas mujeres visten finas túnicas tejidas, con
dibujos armónicos. Representan deidades: ojos,
serpientes enlazadas, manos, y la lechuza que llora.
¿Por qué llora la lechuza? ¿Presiente el tiempo que
va a venir?
Los tonocoté comen mientras comentan las
novedades de la mañana y beben exquisitos licores
elaborados en base a la algarroba, los niños
parlotean junto a sus padres y abuelos; nada
amenaza al parecer su tranquila vida sedentaria…

Los aborígenes que habitaron la región Noroeste


de la Argentina estuvieron asentados aquí desde
unos dos mil quinientos años antes de Cristo, según
la mayoría de los estudios científicos efectuados
hasta hoy. Así Alberto Rex González, una de las
máximas autoridades argentinas, sitúa la evolución
de estas razas en los períodos y etapas que siguen:

Período Temprano: Del 2.500 A.C. al 650 D.C.


Período Medio: Del 650 D.C. al 850 D.C.
Período Tardío: Del 850 D.C. al 1.480 D.C.

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Período Incaico: Del 1.480 D.C. al 1.550
(irrupción de los conquistadores españoles).
Período Hispano Indígena: 1.550 D.C.,
posconquista con culturas indígenas aún sin diluirse.
Período Colonial: Culturas indígenas incorporadas
al sistema colonial.

Acerca del origen remoto de estas razas no hay


acuerdo definitivo entre los científicos. Por una
parte se sostiene como hipótesis la inmigración de
etnias asiáticas a través del estrecho de Behring,
descendiendo por la región hoy llamada Canadá
hasta poblar todo el continente americano. En
cambio los hermanos Wagner adherían a la
posibilidad de una emigración más remota,
proveniente de una región antiquísima ubicada en el
Océano Pacífico, cuyas razas, semejantes a las
indoeuropeas, habrían emigrado no sólo hacia la
actual América sino también hacia el Asia, África y
Europa, conformando una unidad cultural básica
original en los primeros tiempos de toda la
humanidad. Un elemento clave en la doctrina de los
Wagner es la unidad de los continentes en un
período milenariamente antiguo. Es decir que
nuestros territorios, con lo que hoy llamamos Asia y
Oceanía, habrían tenido continuidad, y por lo tanto
el tránsito por tierra era fluido, de un lado a otro.

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El Dr. José Imbelloni, sustentador de una teoría
parcialmente distinta a la de los Wagner, citado por
el prestigioso Dick Ibarra Grasso, afirma:
“…concibo al poblamiento [de América] como la
integración de dos momentos. El primero fue el
‘deslizamiento’ por vía terrestre (Behring), de las
más antiguas formaciones metamórficas del sector
oriental del Mundo Antiguo. El segundo una
transgresión marítima de las más recientes
formaciones, a través de las guirnaldas insulares del
Pacífico, hasta el litoral occidental de América”.
En su libro Arqueología Comparada, Resumen de
Prehistoria, Emilio R. Wagner y Olimpia L. Righetti
consignan en cambio lo siguiente:
“Si damos una sencilla mirada a un mapamundi,
encontramos entre África, Australia, Asia y América,
una extensa superficie del globo cubierta por el
Océano Pacífico, en donde no aparece ningún otro
continente, pero que tiene una infinidad de islas,
pequeñas en su mayoría ─aunque las hay de todos
los tamaños─, y cuyo origen es volcánico, en
general. Esto nos da de inmediato la impresión de
que en aquel vasto espacio de los mares, existió un
continente actualmente sumergido bajo sus aguas a
consecuencia de algunas de esas fluctuaciones de la
capa terrestre…

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“Las cumbres de sus montañas serían las que
emergen actualmente del fondo del mar formando
esas innumerables islas que allí existen. […]
“No podemos dejar de pensar, pues, que a medida
que aquellas tierras… desaparecían paulatinamente
bajo los mares al correr de los siglos, sus habitantes
buscaron otros puntos del globo para establecerse al
amparo de las aguas invasoras. Emigrando en
grandes masas, por oleadas sucesivas que tal vez
fueron separadas por largos espacios de tiempo, y
ayudados por los medios de navegación de que
disponían, ganaron las costas más cercanas, en
particular las de Asia, continente con el cual podían
tener ya relaciones o por lo menos el conocimiento
de su existencia. Al desplazarse llevaron consigo su
religión, sus industrias y sus artes, es decir, su
civilización y su cultura, ya muy evolucionadas. […]
“Esas olas inmigratorias que de su lugar de origen
traían ojos horizontales, se extendieron poco a poco
sobre el continente asiático. Allí se habrían separado
originándose dos grandes corrientes que más tarde
dieron nacimiento a las naciones civilizadas de
América.
“Una tomó rumbo hacia el oeste de Asia, se
extendió por la India, el Mar Rojo y Egipto.
También penetró en Asia Menor por el Tigris y el
Éufrates, pasó por el Mar Caspio llegando hasta el
Cáucaso, y al correr de los siglos siguió su marcha

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por el Mediterráneo, el norte de África, el sur de
Francia, Iberia, las islas Azores, y por el continente
de Atlántida, si aún existía, u otras islas, ganó las
Antillas y la costa de América Central. Luego, por
las Guayanas, llegó al Amazonas, y penetrando por
los grandes ríos, alcanzó las planicies del interior y
los Andes, hasta Chile y la Argentina.”
De tal manera, la teoría de los hermanos Wagner,
formulada sobre la base de más de 70.000 piezas
arqueológicas obtenidas de sus excavaciones en
Icaño y otras zonas aledañas en el interior de
Santiago del Estero, sostenía que una antiquísima
cultura prehistórica, nacida en un continente del
Océano Pacífico, es el origen de toda civilización
humana.

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4. La etnia aborigen de Icaño

Cada vez se conocen más pruebas de la existencia


de culturas milenarias en todo el Noroeste
argentino. De acuerdo con esos datos, en el periodo
medio de la cultura de Llajta Mauca y Sunchituyoj
─a la cual pertenecía nuestra región─, alcanzó su
máximo florecimiento. Entre nosotros, los tonocoté,
podrían haber sido los herederos de esa raza antigua,
desaparecida, que los Wagner llaman “El Imperio de
las Planicies”. Dicha herencia posterior habría
transcurrido desde el año 500 después de Cristo.
Construían sus viviendas con forma semiesférica,
de cañas y finas ramas a las que daban la forma
curvilínea. La estructura vegetal era solidificada
después con adobe. Estas casas solían disponerse de
un modo orbicular, alrededor de inmensos patios
comunitarios, sobre altos túmulos de tierra
apisonada, que mantenían las viviendas fuera de
cualquier riesgo de inundación. Los clanes se
distribuían de esa manera con espacios arbolados y
huertas en medio, semejando especies de barrios
interconectados.
Estos aborígenes fueron avezados cultivadores de
maíz y ceramistas de diseños complejos. Las figuras
antropomórficas (con forma humana), embellecen
con líneas estilizadas sus obras artísticas, así como

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los pájaros o felinos. Tal arte antiguo es el que dotó
a la cultura santiagueña con algunos de sus más
hermosas figuras. Así la proverbial lechuza, que hoy
se ve repetida una y otra vez en tapices o cuadros
modernos.
Dicha plástica, por tantos siglos ignorada,
presenta una evolución que hace pensar en artistas
especializados, cuyas líneas perfectas sobre las
vasijas muestran síntesis o abstracciones, que
tomaron miles de años a los artistas de Europa para
llegar a comprenderlas. Así, Picasso, Braque,
Mondrian, Miró, observando parecidos diseños
crearon su arte contemporáneo, muchos de cuyos
hallazgos compositivos fueron ya conocidos por los
aborígenes que poblaban la superficie del ámbito
geográfico que hoy llamamos “NOA”.
En el siglo XVI, a la llegada de los españoles, la
cantidad estimada de habitantes aborígenes de lo
que es hoy Argentina se distribuía así:
Chaco……………….……50.000
Pampa…………………….30.000
Noroeste…………………215.000
Mesopotamia…….………20.000
Cuyo….………………….18.000
Patagonia………………...10.000
Nuestra región del Noroeste era, como se ve, la
de mayor densidad poblacional en todo el territorio.

- 30 -
Y de la región NOA, la mayor densidad se
concentraba, según las investigaciones, entre las
etnias diaguitas, que ocupaban lo que hoy llamamos
Tucumán, parte de Catamarca, una parte de Salta, y
el noroeste de Santiago del Estero. A continuación
se habían abierto un espacio los Lule-Vilela,
seguidos más abajo en dicho ordenamiento
geográfico, por los Tonocoté.
Es evidente que existía un intenso intercambio
económico y cultural entre las tres regiones,
constituyendo el centro –que se ubicaba más bien al
Oeste, en la región donde actualmente está Frías e
inicia su territorio Catamarca–, un espacio de gran
actividad hacia un periodo que fue calculado como
en el año 500 después de Cristo –es decir unos mil
años antes de la llegada de los invasores españoles.

Hacia el norte de Santiago del Estero se ubicaban


entonces las etnias llamadas Diaguitas, compuestas
por varias parcialidades: pulares, luracataos,
chicoanas, tolombones, yocaviles, quilmes, tafís,
hualfines.
Todos estos grupos tenían un intercambio cultural
y económico entre sí incluyendo un ancho espacio,
hoy denominado “Salta”, “Catamarca”, “Tucumán”
y “Santiago del Estero”. Un idioma los unía: el
cacán. Probablemente de ese idioma proviene la
palabra “Icaño”.

- 31 -
La parcialidad étnica llamada Tonocoté habitó la
región del centro-sur de Santiago del Estero –
incluyendo Icaño─ desde unos 500 años después de
Cristo.
Los Tonocotés llevaban una vida sedentaria y
tranquila, en pacífico intercambio con sus vecinos
del Norte, ya mencionados y del Sur, los
Comechingones y los Sanavirones, distribuidos por
lo que llamamos hoy “Provincia de Córdoba”.
Repentinamente los Guaicurúes y otras tribus
muy belicosas provenientes de la región hoy
denominada “Corrientes”, “El Chaco” y “Misiones”,
se lanzaron hacia el Oeste, empujando a los
habitantes originales de El Chaco hacia las montañas
de Salta y Tucumán, y otra parte hacia lo que es hoy
Santiago del Estero.
A partir aproximadamente del año 900 dC se
comenzó a sufrir constantes invasiones de esta otras
etnias: los lules y los vilelas. Ambas fueron
denominadas en conjunto “Juríes” por los españoles
(la palabra “juri” proviene de “xuri” o “zuri”, como
se designaba al avestruz). Incluso los tonocotés, de
rasgos y cultura diferente, fueron englobados por los
europeos dentro de esa simplificación lingüística,
mencionándolos en sus documentos,
frecuentemente, como “juríes”.
Con posterioridad a las primeras invasiones lules
y vilelas del 900, se fueron produciendo mestizajes e

- 32 -
intercambio cultural entre estas dos parcialidades,
con lo cual muchas de las características de cada una
quedaron sintetizadas en el primitivo poblador de
Icaño y serían transmitidas, más tarde, a todas sus
generaciones.
La etnia Tonocoté estuvo diseminada en la parte
centro occidental de la actual provincia de Santiago
del Estero, en una región llana formando un óvalo
horizontal imaginario con límites aproximados a las
actuales localidades de San Pedro de Guasayán,
Suncho Corral, Los Telares y Bandera. Es decir,
rozaba en su extremo Oeste la hoy provincia de
Catamarca y hundía su extremo Este en la entonces
muy selvática región del Chaco Santiagueño. La
vasta extensión ocupada por los tonocotés estaba
atravesada por los ríos Salado y Dulce. Este
asentamiento incluía a Icaño en su extremo sur. Más
abajo se desplegaban los comechingones, extendidos
mayoritariamente en el norte de lo que hoy se
identifica como la provincia de Córdoba.
Estos últimos junto con los Quilmes, Lules y los
Tonocotés, estuvieron entre las etnias que mayor
resistencia ofrecieron al conquistador español,
prolongando su denodada lucha contra el
avasallamiento europeo en algunos casos hasta ya
entrado el siglo XX.
Desde el punto de vista cultural, la etnia
Tonocoté estaba relacionada estrechamente con la

- 33 -
denominada Cultura Diaguita, como dijimos
anteriormente, que comprendía a los pulares,
luracataos, chicoanas, tolombones, quilmes, tafís,
hualfines, y yocaviles.
Todas estaban aglutinadas alrededor de un
elemento común: su lengua, la cacá o cacán, que
otorgaba unidad lingüística a estos pueblos. Otros
factores daban coherencia cultural a estas
comunidades, entre ellos la organización social y
económica, su cosmovisión común, así como
aspectos raciales que definían una identidad por
encima de las variantes regionales.
Según el antropólogo Carlos Martínez Sarasola, en
el panorama indígena del territorio argentino la
cultura Diaguita fue la que alcanzó mayor
complejidad en todos los aspectos, cuestión que
redundó inclusive en una importantísima densidad
poblacional. Se calcula que la población total del
Noroeste estaba constituida entonces por más de
200.0000 habitantes (cerca del 75 % del total).
Era una cultura de agricultores sedentarios,
poseedores de irrigación artificial, por medio de
canales y con andenes de cultivos para sus
productos principales: maíz, zapallo y porotos.
Los tonocoté eran criadores de llamas; como sus
hermanos de las zonas andinas; utilizaron a esos
animales como proveedores de lana para sus tejidos
y también para carga.

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También practicaban la recolección de algarroba y
el chañar, que almacenaban en grandes cantidades;
en mucha menor medida practicaban la caza.
Como cultura andina por hibridación,
participaban del culto al sol, la luna, la tierra, el
trueno y el relámpago. Celebraban rituales
propiciatorios de la fertilidad de los campos y tenían
una elaborada ritualidad funeraria, testimonio de la
devoción a los muertos, como tránsito crucial en el
ciclo de vida de la cultura. Según esta, el alma se
convertía en estrella, viaje para el que a los difuntos
se los enterraba con alimentos y bebidas.
Fumaban en pipa, de modo ritual, así como
también efectuaban otros rituales propiciatorios
para los ciclos agrícolas, así como para obtener la
necesaria lluvia. El cebil era utilizado para
numerosas ceremonias mágicas, entre ellas la
adivinación del futuro.
Participaban del culto a la Pacha Mama o Madre
Tierra, al igual que en Perú o Bolivia.
El arte diaguita, dirigido muchas veces a lo
religioso, es el más acabado de nuestras culturas
indígenas, no sólo en cerámica sino también en
metalurgia, según Martínez Sarasola. Esta tesitura es
sostenida asimismo por los Hnos. Wagner.
Entre sus diseños se encuentra también a la
“mujer pájaro”, divinidad presente en toda la región.

- 35 -
Los tonocoté aprovechaban el río Salado de
diversas formas, además de pescar en él. Por
ejemplo, construían hoyas de inmensas dimensiones
(unos 100 kilómetros de largo, por 100 metros de
ancho), que en época de crecidas se anegaba. Luego,
al retirarse el río, quedaba esta parcela gigantesca
con suficiente humedad como para ser cultivada,
obteniendo gran provecho. Dado que no se
perseguía el lucro ni el comercio, no existían en la
cultura tonocoté personas a quienes les faltaran
alimentos, viviendas o vestuarios. Es decir que antes
de la llegada de los europeos, no existían ni el
hambre ni la miseria entre los aborígenes.
Varias comunidades de esta cultura construían sus
viviendas en túmulos o montículos, la mayoría de
ellos artificiales, generalmente con formas circulares.
Tales viviendas estaban cercadas en su conjunto por
empalizadas con fines defensivos. Posiblemente
dicha modalidad se inició al ingresar los lule-vilelas
en el territorio diaguita-tonocoté.
Sus principales industrias eran el hilado, el tejido
y la alfarería. “Los tonocotés eran hábiles tejedores,
hecho que fue aprovechado por los españoles para
hacerlos trabajar en los obrajes de paños […]
sometidos al sistema de encomiendas” (María
Mercedes Tenti de Laitán, Historia de Santiago del
Estero).

- 36 -
En lo religioso adoraban un Ser Supremo, al cual
ofrecían rogativas para el florecimiento de los
cultivos. Este Ser configuraba un aspecto femenino,
aunque sus rasgos eran representados con rostro de
lechuza y, a veces, un cuerpo de serpiente.
La Dra. Zamudio, de la Universidad de Buenos
Aires, sostiene en su investigación que los tonocoté
reverenciaban a una entidad denominada Cacanchig:
“(el cual para los colonizadores o cristianizadores
representaba al demonio), poseían oráculos donde se
realizaban ofrendas”. Esta misma investigadora
afirma que estos “clanes de aborígenes poseían
brujos, que hacían de intermediarios ante la
divinidad”.
Los tonocotés no eran belicosos por naturaleza,
pero las constantes invasiones de los lules y vilelas,
ya mencionadas, los obligaron a desarrollar una cada
vez más afinada técnica militar. Usaban flechas
envenenadas, por lo cual ciertas hipótesis sobre la
muerte de Diego de Rojas afirman que podría haber
sido en esta región donde el jefe invasor europeo
fuese abatido. Se cree que adquirieron técnicas
militares también de sus vecinos del Sur, los
Comechingones, quienes sustentaban una
organización militar más avanzada.
La expansión incaica, que fue paulatina, se
empezó a consolidar hacia 1450, apenas poco antes
de la conquista española. Al parecer influyó poco en

- 37 -
los habitantes de esta región, expresándose
principalmente a modo de acuerdos sin guerra.
La introducción del quichua se dio tardíamente, a
través de los mitimaes, aborígenes colaboracionistas
con los españoles, a quienes ellos introdujeron entre
los lules y tonocotés para facilitar la conquista.
Emilio Christensen, escritor santiagueño, sostiene
que (posiblemente hacia la región hoy ocupada por
el departamento Robles y Capital de Santiago del
Estero), existía “una comunidad sedentaria –distinta
de sus convecinas–, que en la época del arribo de
los conquistadores españoles, […] dependía del
Cuzco y hablaba su idioma (quechua)”. Según este
autor, desde allí se habría iniciado, poco antes de la
llegada europea, el proceso de quichuización
paulatina sobre las culturas más antiguas en la
región.
De ser así, es probable que estos “mitimaes”
santiagueños hayan sido utilizados también como
baqueanos y quintacolumnistas entre los demás
aborígenes, para someterlos al invasor europeo.

Los Lule-Vilelas, por su parte, eran originarios de


la que hoy se llama Provincia del Chaco, con
establecimiento habitacional al sur de los Mataco-
Mataguayos. Sus vecinos del Este, los temibles
Guaicurúes, los obligaron con sus invasiones a
emigrar hacia Santiago del Estero, Tucumán y Salta.

- 38 -
Es en esta ocasión que la etnia Lule podría haberse
diferenciado de la Vilela, según el antropólogo
argentino Carlos Martínez Sarasola.
Los Lules eran una cultura de cazadores y
recolectores nómadas ─aunque algunas de sus
comunidades habían incorporado técnicas agrícolas
rudimentarias para la subsistencia─; se alimentaban
principalmente de jabalíes y animales selváticos,
aunque también disfrutaban particularmente de la
algarroba y la miel. Eran altos y muy elásticos en su
andar.
Se los recuerda como guerreros feroces, solían
devorar los cadáveres de sus enemigos e iban a las
batallas pintados de jaguar.
La descripción que nos queda –de los españoles–
acerca de los Tonocoté, dice que se los consideraba
de procedencia brasileña y eran esbeltos, de rasgos
bellos y estatura mediana.
Los europeos los describen como “sedentarios,
agricultores, hábiles pescadores y recolectores.
Cultivaban el maíz, zapallo y frijoles o judías.
Sembraron en terrenos cercanos a los ríos, para así
utilizar el fértil limo que dejaban los desbordes de
las aguas, al retirarse tras su crecida anual. Criaban y
cazaban llamas y ñandúes”.
“Fueron muy hábiles en la pesca a mano”;
según nos cuenta el padre Lizárraga en su
Descripción Colonial: “...ceñidos de su soga a la

- 39 -
cintura, están gran rato debajo del agua y salen
arriba con seis, ocho y más pescados colgados en la
cintura”. También pescaron con flechas.
En lo referido a su estética, estudios modernos
indican que la “edad de oro” Chaco-Santiagueña se
inicia hacia 800 d.C. y finaliza hacia el 1650. La
integran dos conjuntos o tradiciones alfareras
llamadas Sunchituyoj y Averías. Se distinguen tres
fases:
1- Las Lomas (800 - 1200): surge Sunchituyoj,
caracterizada por la decoración en negro sobre
blanco, negro sobre rojo y tricolor, con el búho
(lechuza) como motivo principal.
2- Quimilí Paso (1200 - 1350): surge Averías,
caracterizada por la cerámica tricolor, de motivos
geométricos y zoomorfos, y la cerámica Negro sobre
Rojo Brillante, con el motivo de manos entrelazadas.
3- Oloma Bajada - Icaño (1350 - 1600) donde
prevalece la estética de Sunchituyoj. También
registra cierta presencia la Cultura de Averías
(Yocavil Policromo), con sus motivos en Negro
sobre Rojo Brillante (famabalasto negro sobre rojo)
semejantes a los de la región Valliserrana.
La corriente cultural Santa María es
contemporánea con el auge estético de la Cultura
Chaco Santiagueña. Los elementos que componen a
ambas trascendieron sus respectivas fronteras en
épocas antiguas, relacionándose entre sí.

- 40 -
La primera envuelve varias tradiciones alfareras.
El tipo Santamariano Clásico está separado en seis
fases (O a V), con motivos negros y rojos sobre
fondo blanco, en las primeras fases, llegando al
negro sobre blanco en las últimas. Comienza hacia el
800-1000 y es aniquilado por la llegada de los
españoles.
Ambas tradiciones comparten motivos figurativos
y geométricos: anfisbemas **, serpientes, triángulos
escalonados, grecas, rombos, reticulados, brazos y
arcos superciliares al pastillaje, manos entrelazadas y
otros. Morfológicamente, en las escudillas
observamos que los tipos hemisféricos restringidos,
no-restringidos o abiertos, con cuello y sin cuello y
bases modificadas y no modificadas son comunes a
ambas corrientes estéticas aborígenes.

* Argentina indígena, vísperas de la conquista. A.


Rex González y J. A. Pérez. Editorial Paidós, 1987.
** Animales de dos cabezas (frecuentemente
serpientes).

- 41 -
5. Una economía sustentable

Los tonocotés practicaban un deporte al que


denominaban Chueca. Este era, según descripción
hispana consignada por Carlos Abregú Virreyra, muy
semejante al que nosotros conocemos por
“Hockey”. Dos equipos, en los cuales cada jugador
llevaba una pértiga de madera, con la que trataban
de controlar una pelota de cuero, celebran
competencias deportivas muy parecidas a las que
hoy vemos en los estadios.
No sólo deportes practicaban los tonocotés: en
sus fiestas y reuniones, así como en ceremonias
culturales propias de su comunidad, también
presentaban refinados números musicales.
Desafortunadamente la música que compusieron no
se conserva; se cree que muchos de sus acordes y
melodías perduraron en nuestro folklore. Sí
testimonian sus actividades musicales numerosas
piezas arqueológicas. A través de ellas se sabe que
ejecutaban al menos el pincullo, diversos tipos de
ocarinas y múltiples tambores.
Pero además de su cultura refinada y afición a la
vida tranquila y las fiestas, los tonocotés cultivaban
buenas relaciones políticas y culturales,
principalmente con otras tres grandes naciones

- 42 -
indígenas, con quienes sostenían asimismo una
suerte de complementación económica.
Estas otras etnias eran los diaguitas, los
sanavirones y los comechingones. Los diaguitas se
extendían desde el hoy departamento Robles,
aproximadamente, hasta Jujuy, pasando por
Tucumán, Catamarca y Salta. Estaban subdivididos
en pulares, luracataos, chicoanas, tolombones,
yocaviles, quilmes, tafís, hualfines.
Los sanavirones ocupaban aproximadamente
desde donde hoy están los departamentos Mitre y
Rivadavia, extendiéndose en una superficie oval que
ocupaba parte de la provincia de Santa Fe y la
provincia de Córdoba.
Los comechingones, buenos amigos de los
tonocotés, no tenían en cambio una relación
armónica con sus “comprovincianos”, los
sanavirones. Los comechingones se extendían desde
los hoy departamentos Ojo de Agua y Quebrachos
hasta el centro de la hoy provincia de Córdoba.
Con los lules-vilelas, los tonocotés sostenían una
relación que atravesaba etapas muy conflictivas,
pero una larga convivencia obligada los había
llevado en algunos casos a integrarse. Habiendo
invadido la región tonocoté los lules, provenientes
de El Chaco, hacia el año 900 después de Cristo, se
instalaron definitivamente en el Centro-Este de

- 43 -
Santiago, convirtiéndose al paso de los siglos,
algunas de sus parcialidades, en sedentarias.
La nación Lule se caracterizaba por su condición
de cazadores-recolectores, nómadas. Pero al tiempo
de la conquista –quinientos años después de su
irrupción en Santiago del Estero–, algunas de sus
parcialidades, posiblemente por el contacto con los
tonocotés, se habían organizado en comunidades
agrícolas.
Los lules-vilelas eran una raza guerrera, de gran
capacidad bélica. Sus huestes iban al combate con el
cuerpo pintado imitando los colores del jaguar, y sus
jefes principales llevaban incluso cabezas de estos
felinos a manera de yelmo. Utilizaban el cebil, que
fumaban en pipas, como alucinógeno y reputados
investigadores estiman que también lo aplicaban a
ceremonias mágicas. Tenían una relación muy
conflictiva con los guaicurúes, que los habían
desplazado de El Chaco, e igualmente, aunque algo
menos, con los matacos.
Los diaguitas, en cambio, con quienes los lules
debían a veces lidiar hacia el noroeste, eran los
herederos directos de una cultura milenaria y
constituían el sector más complejo de la
organización política de entonces. Las numerosas
comunidades que articulaban la cultura diaguita eran
agricultores sedentarios. Trabajaban la tierra y parte
de las montañas por medio de canales, construyendo

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andenes de cultivo para sus productos principales:
maíz, zapallo y porotos.
Criaban las llamas y, además, aves domésticas,
como cerdo americano, patos y gansos. Edificaban
grandes silos donde almacenaban algarroba y chañar
en voluminosas cantidades. También practicaban la
caza, pero no como una actividad importante.
Los diaguitas eran los pueblos con mayor
organización social, con jefes de gran lucidez, que
supieron organizarse eficazmente para evitar el
dominio de los incas y más tarde de los españoles
por mucho tiempo. Junto con los tonocoté y los
comechingones, fueron los últimos que el español
logró aniquilar, tres siglos después de su invasión.
La ciudad de Quilmes, en Buenos Aires, tomó su
nombre del campo de concentración que fue creado
para desterrar a los aborígenes del mismo nombre,
una etnia diaguita. Estos fueron reducidos por los
españoles con el cobarde recurso del sitio, para
derrotarlos por hambre y sed, acantonados en sus
fortalezas tucumanas, ya a las puertas del siglo XIX.
Eran comunidades familiares extensas, vinculadas
a su vez por especialidades relacionadas con el
trabajo artesanal, arquitectónico, guerrero, cultural o
agrícola.
En lo religioso adoraban al Sol, al Trueno y al
Relámpago. Celebraban rituales propiciatorios de la
fertilidad de los campos y el culto de los muertos, a

- 45 -
quienes, como la mayoría de las naciones aborígenes
del noroeste, enterraban bajo el piso de sus
viviendas o en sus alrededores.
El arte diaguita nos ha dejado hermosos
ejemplares de cerámicas y tallas de piedra, con
diseños de animales sagrados: ñandúes (anunciador
de lluvias), batracios y serpientes, asociadas también
con el “agua del cielo”.
Los diaguitas practicaban, asimismo, el culto a la
Madre Tierra o Pachamama, de la misma manera que
los aborígenes del Perú o Bolivia. Ella es la Dueña
de la Tierra: se le ruega “por la fertilidad de los
campos, el buen viaje de los peregrinos, el buen
parto de las embarazadas y la felicidad en todas las
actividades humanas”. Se le ofrecían los productos
de la agricultura, el primer bocado de comida y el
primer trago. Esta Madre poderosa iba asociada con
la figura masculina de Pachacamac (Dios del Cielo)
o Viracocha, padre del Sol y de la Luna.
Todas las etnias del NOA compartían algunos
mitos centrales, como los del Sacháyoj, la Mayup
Mamman y la Orco Mamman. El primero, una
entidad del bosque cuya misión era impedir la tala
indiscriminada de árboles o la caza de animales “por
diversión”, la Mayup Mamman protectora del río y
sus habitantes y la Orco Mamman, que custodiaba
las montañas y sus minerales de la depredación
minera. En cambio otras leyendas, como las de la

- 46 -
Almamula o el Crespín, posiblemente hayan surgido
ya con la presión psicológica de los prejuicios
españoles sobre la mentalidad indígena.
Un factor muy importante es el manejo acabado
que los diaguitas tenían de la metalurgia:
posiblemente sus poblaciones eran las principales
proveedoras, para todo el resto de las naciones
aborígenes, hasta Córdoba, de instrumentos de
hierro, cobre y bronce o aleaciones.
Al ingresar los tavantisuyus (civilización de los
Incas) en territorio de las hoy provincias de Jujuy,
Salta, Santiago del Estero, luego de algunos
combates, establecieron al parecer acuerdos de
convivencia con los diaguitas. Esto ocurrió hacia
1480, durante el reinado de Tupac Yupanqui (hijo de
Pachacutec), considerado el Siglo de Oro de la
cultura incaica.
Debido a estos acuerdos, se habrían establecido,
aproximadamente en los que son hoy los
departamentos Capital, Banda y Robles,
comunidades de mitimaes (aborígenes quichua
parlantes, subordinados a los incas, que actuaban
como quintacolumnistas en las otras culturas,
induciéndolos a la adopción de sus costumbres). El
propósito del Imperio Inca era el de una “conquista
intelectual”, que consistía en persuadir
paulatinamente a todas las comunidades aborígenes
de la conveniencia de su integración a la gran cultura

- 47 -
imperial incaica. Pero no tuvieron tiempo de
completarla. El 15 de noviembre de 1532, Francisco
Pizarro y su ejército hicieron su ingreso en el
hermoso Valle Imperial de Cajamarca. Al día
siguiente, luego de masacrar por sorpresa a la
guardia imperial y a la corte que había concurrido
para dialogar, Pizarro capturó al Inca Atahualpa,
poniendo así fin al imperio.
De los comechingones y los sanavirones, los
otros grupos en contacto permanente con los
tonocoté de Icaño, puede decirse también, en primer
lugar, que eran aborígenes muy guerreros. Los
comechingones habían elaborado un complejo ritual
propiciatorio para la guerra y combatían únicamente
de noche, pues creían que de esa manera lo harían
bajo la protección de la Luna, a quien consideraban
diosa. También usaban el cebil como un elemento
central de sus celebraciones mágicas.
Por lo demás, eran expertos agricultores, de maíz,
porotos, zapallos y otros vegetales, que obtenían en
cantidad asombrosa de extensos campos tratados
con riego artificial. Altos, llamaron la atención de
los españoles porque los hombres presentaban
tupidas barbas, lo mismo que ellos.
Los sanavirones, adversarios de los anteriores,
construían viviendas de tamaños inmensos, por lo
que los antropólogos deducen que convivían en ellas
varias familias. Eran agricultores preferentemente de

- 48 -
maíz, pero practicaban también la recolección de
algarroba y chañar, así como la caza, la pesca y el
pastoreo de llamas.
Todas estas naciones solían cercar las extensiones
donde se levantaban sus viviendas, con nutridas
empalizadas, realizadas con grandes palos
puntiagudos, como defensa contra invasiones.
El complejo étnico que constituían el conjunto de
estas naciones tenía un activo intercambio de bienes,
tanto materiales como culturales. Particularmente
nuestra región –con eje en una olla que comenzaba
aproximadamente donde es hoy Santiago Capital
hasta alcanzar las cercanías de Malbrán–, era una
región de activísimo tránsito, donde se cruzaban
constantemente grupos de diferentes procedencias.
Se practicaba el trueque, llevando y trayendo
diferentes productos alimentarios, instrumentos de
piedra o metal y ropas, tejidos o artesanías.
No existía la “pobreza”, en el sentido de que estas
comunidades aborígenes tenían perfectamente
organizada la subsistencia de todas sus poblaciones.
Nadie podía pasar hambre, pues la comunidad se
hacía responsable de todos y cada uno de sus
integrantes.
Diego Fernández de Palencia, historiador español
de ese período, recorrió hasta 1570 esta región y la
describe así:

- 49 -
Santiago del Estero “es una gran provincia, muy
poblada y con sus pueblos situados a media legua
entre unos y otros”, que poseen casas grandes y
redondas y bien ordenadas, también “con calles,
además del gran número de sus habitantes, que
constituyen de ochocientas a mil casas en cada
poblado”. Los poblados –según este historiador que
los vio por sí mismo– “estaban defendidos por
cercos y empalizadas, donde también tenían hechos
sus terreros, donde tiraban al arco”. Alrededor de
las viviendas había gallinas, patos y avestruces
mansos; algo alejadas de las habitaciones estaban
“las chacras de maíz o corrales de ovejas como las
del Perú [Rex González cree que se refería a llamas y
alpacas]… Los indígenas se cubrían con vestidos de
plumas que les caían por sobre sus hombros y
llegaban hasta la cintura, de manera que todo su
vestido es de pluma”. Aunque también había otros
que hacían “sus trajes con mantas tejidas y
adornadas con lentejuelas de hueso, chaquiras de
hueso de buitre…” y las mujeres llevaban túnicas y
cortas polleras tejidas con hilado fino, presentando
decoraciones “de singulares dibujos”.
Además “…tienen hechos los pueblos a lo largo
de una hoya muy grande, de ancho de un gran tiro
de piedra y el largo de 30 leguas (unos 150
kilómetros), de manera que cuando crece el río,
vacía en esta hoya y en el verano sécase y entonces

- 50 -
toman los indios de todos los pueblos mucho
pescado; y en secándose siembran maíz… de suerte
que todo el largo de esta hoya es chacra de todos los
pueblos de la ribera del río.”
Quien describió así a Santiago del Estero se
llamaba Diego Fernández de Palencia, nacido en
Sevilla en 1520 y fallecido en 1581. El Virrey del
Perú lo nombró Cronista oficial, y en tal carácter
escribió su Historia del Perú, dos tomos que fueron
publicados, en España, en 1571.

- 51 -
6. Irrupción de los españoles

Fiebre. Si una palabra caracteriza al conquistador


español es esta. Vienen con fiebre de riquezas,
fiebre de poder, fiebre de sexo. Afectan paranoia
hacia todo lo que los rodea en esto que llaman
“nuevo mundo” (en realidad un mundo muy
antiguo), ven plantas, animales, indígenas, insectos,
tierra, sol, como enemigos. Primero matan, después
preguntan.
Lope de Aguirre, que a los 21 años desembarcó en
Perú atraído por las inmensas riquezas que se veían
llegar a España, constituyó un arquetipo extremo de
esta oleada de cazafortunas europeos. Werner
Herzog lo inmortalizó en Aguirre, la ira de Dios,
una película que todos deberíamos ver.*
Estos aventureros, entre ellos se odian, se
desconfían. Gaboto, para sacarse de encima a
Francisco César, lo manda hacia lo que es hoy
Santiago del Estero, diciéndole que aquí vive “El
Rey Blanco”. Este personaje mitológico reinaría
sobre un pueblo pacífico, en un ámbito paradisíaco,
donde el oro y la plata serían tan abundantes que
hasta las copas que se usaban en la vajilla cotidiana
habrían sido hechas con uno de esos metales. Este
sería el primer delirante español que llega a Santiago.

- 52 -
Sólo encuentra selva, llanuras pobladas por indios
que se resisten, y comunidades organizadas que no
se dejan avasallar; pero de oro… nada. Sin
embargo logra arribar al dominado Perú y sigue
difundiendo esa leyenda.
Tomándose de ella, Pizarro consigue librarse de
su principal rival, Diego del Almagro, a quien
empuja a efectuar una gran expedición hacia el Sur,
en busca del Rey Blanco. Almagro, con 400 soldados
españoles, 20.000 indios tavantisuyus sometidos y
varios sacerdotes, parte el 3 de julio de 1535. Entran
a principios del año siguiente a lo que hoy llamamos
Jujuy, y muy pronto también a Santiago del Estero.
Finalmente tuercen por el Aconquija y se dirigen a
Chile.
Vaca de Castro, gobernador del Perú, luego de
aplastar de un modo sanguinario varias revueltas
aborígenes, en 1542, comienza a desconfiar de sus
capitanes, pues se han quedado “sin trabajo”.
Entonces, con astucia, decide diseminarlos hacia
otras regiones: al Este, al Oeste y al Sur,
mintiéndoles que se harían ricos. El argumento es
siempre el mismo, “van a encontrar reinos
fabulosos, mujeres, poder, mucho oro y plata,
esclavos”.
Así, entre las pasiones tortuosas de sus capitanes
y tres sibilinas mujeres españolas, las ambiciones
desatadas y las constantes conspiraciones a su

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alrededor, parte el afiebrado Diego de Rojas, con
otro gran contingente de españoles, negros e indios:
sólo para encontrar una muerte espantosa en
Salavina. Durante cierto combate recibe un flechazo
que le atraviesa el muslo. Un veneno lo precipita en
espantosos retorcijones, nauseas, vahidos y delirios,
hasta derrumbarlo definitivamente después de varios
días.
El primer desaparecido de la historia argentina no
lo fue durante la dictadura militar de Videla en el
siglo XX, sino mucho antes: en el mes de junio de
1555. Se dirigía hacia Santiago del Estero, con los
papeles que le había dado la Audiencia de Lima,
designándolo legítimo gobernador, contra la
usurpación de Francisco de Aguirre. Se llamaba Juan
Núñez del Prado. Nunca llegó a hacerse cargo, ni
investigador alguno pudo desentrañar, jamás, en
qué tramo del camino desde Santiago (de Chile) a
Santiago (del Estero) desapareció.

El meticuloso historiador José Néstor Achával


consigna que la eliminación del invasor español
Diego de Rojas (diciembre de 1543) podría haber
sido ejecutada por los tonocotés. Citamos
textualmente:
“Se internó [Diego de Rojas], luego, en dominio
de los juríes, después de haberse reunido con
Gutiérrez y, en busca de alimentos, trataron de

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llegar a ‘una gran provincia que había por nombre
Moquaxa’, en cuyo trayecto pasaron sed y hambre,
pues según afirma el cronista Cieza de León, ‘en el
camino no había agua, porque era seca de ella, sin
haber otros árboles que algarrobos’, lugar al que
nombraron Salavina los cronistas Diego Fernández y
Gutiérrez de Santa Clara, que ha sido ubicado en la
parte sur de la Sierra de Guasayán en la provincia de
Santiago del Estero, región en la que vivían los
tonocotés que empleaban veneno en sus flechas.”
(José Néstor Achával, Historia de Santiago del
Estero.)
En 1566 Francisco de Aguirre pasa
probablemente por Icaño, con el propósito de
fundar Córdoba. Cosa que no llega a concretar ya
que, más o menos a la altura de lo que hoy es Selva,
fue traicionado por su lugarteniente. Este lo hace
acusar por cierto cura de “blasfemo”, para poder
trasladarlo, preso, ante el tribunal de la Inquisición
en el Perú. Tal vez debido a las grandes
proporciones de aquella expedición, lograron
atravesar, sin mayores inconvenientes, una franja de
la provincia aún dominada casi totalmente por los
aborígenes.
Es evidente que las etnias Tonocoté y Lule,
pobladores de Icaño, debieron haber ofrecido una
dura resistencia a los conquistadores, pues estos
demoraron cerca de 30 años en emprender

- 55 -
decididamente su instalación en la zona, luego de
haber sentado sólidamente sus reales en Santiago.
Efectivamente, la fundación de la ciudad de
Santiago del Estero se efectúa entre 1550 y 1553,
pero la primera “encomienda sobre un grupo de
pueblos sobre el Salado”, con asiento en Icaño,
según documentos del Archivo de la Provincia, se
otorga al capitán Juan Díaz Caballero recién en
1589.
Las encomiendas, modo de explotación surgida
por la rebelión de Roldán contra Colón en 1498,
consistían meramente en la adjudicación de
aborígenes a los españoles bajo condiciones
prácticamente de esclavitud. **
De la expedición de Aguirre provendrían estas
primeras asignaciones de tierra, una de tres leguas de
ancho por 15 leguas de largo, perteneciente a
Bernabé Ibáñez Del Castillo, que los documentos
mencionan en 1692, pero existía desde antes, junto a
la del capitán Díaz Caballero.
Al parecer este capitán logró conservar la
propiedad sobre tierras e indios otorgada por el rey
español, pero no se encuentran otros papeles donde
aparezca su apellido, hasta finales del siglo XVIII,
donde nuevamente un Díaz Caballero, que
estimamos su descendiente directo, es mencionado
como terrateniente local.

- 56 -
Uno de los padrones levantados por Alonso de
Alfaro durante el gobierno de Esteban de Urízar y
Arespacochaga, con fecha 5 de abril de 1717,
consigna como encomendera de Icaño a Da. Josefa
de la Cerda, viuda del capitán Diego Ramírez. En
1737, el Cabildo de Santiago ordena levantar altares
en varios pueblos indígenas, entre los que figura el
de Icaño.
La encomienda era un sistema de concesiones
reales por el cual se otorgaba a los encomenderos no
sólo la propiedad de grandes extensiones de tierras,
sino también de sus habitantes. Bajo una figura
jurídica ambigua, según la cual el hidalgo español
debía “proteger” y “educar en la santa religión
católica” a los aborígenes, se los explotaba, en
realidad, prácticamente como esclavos, para
provecho económico y servicio doméstico de los
conquistadores.
Entretanto, el Archivo de la Provincia de Santiago
del Estero informa sobre Mancapa (hoy parte de
Icaño) desde 1642: “El Gobernador don Miguel de
Sesse, habiendo quedado vacante la encomienda de
este pueblo [Mancapa] en 1642, por fallecimiento
del capitán Dn. Gonzalo González Cruzado, que la
poseía, se la otorgó a don Juan De Los Ríos, ‘por ser
persona noble nieto e hijo de pobladores de esta
provincia y servicios y ser de los beneméritos y estar
casado con hija y nieta asimismo de pobladores y

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conquistadores…” (Andrés Figueroa, Los antiguos
pueblos de indios.) Mancapa es una población
situada a unos quince kilómetros de Icaño, hacia el
Noreste, y pertenece a su actual jurisdicción
municipal.
Continuando con Mancapa, el mismo Archivo de
la Provincia avisa que esta concesión a De Los Ríos
fue revocada enseguida por la Real Audiencia de
Charcas, otorgándosela en cambio a don Juan Suárez
Cordero de Figueroa, por ser “hijo legítimo del
Capitán Gómez Suárez Cordero y de Dña. Valeriana
Juárez Vaviano…y bisnieta del Capitán Gonzalo
Sánchez Garzón descubridores y conquistadores
desta provincia y primeros pobladores de la ciudad
de Santiago y de casi lo mas della y de las personas
de mas calidad mas lustre y mas caudal que entraron
a ella…”
Según Andrés Figueroa, director del Archivo
Histórico, “a don Juan Suárez Cordero de Figueroa
debió suceder su hija, Dña. María Suárez Cordero,
casada con don Eugenio Santillán, y poseía la
encomienda desde 1699, a juzgar por un documento
de posesión de esclavos”.
En Mancapa estuvo instalado un fuerte, para
custodiar el punto fronterizo con el Chaco, y se lo
consideraba como bastión para “la lucha
permanente contra los indios”. De este fuerte se
consigna como jefe, en 1727, al capitán Juan Porcel

- 58 -
de Peralta, designado por el gobernador español
Joseph de Aguirre y Aráoz. Según el documento
histórico se le asignaban cincuenta soldados y “diez
indios amigos”, con quienes debía ejercer funciones
de zapa y policía sobre los aborígenes de la zona.
En un documento con instrucciones existente en
el archivo histórico de la provincia, se recomienda a
los soldados atacar constantemente a los aborígenes,
siempre que estos se presenten en cantidades
pequeñas, y perseguirlos hasta el exterminio. Es
decir que no existía la menor voluntad de
convivencia por parte de los invasores: los dueños
naturales de la tierra eran vistos sólo como un
estorbo para sus ambiciones, a quienes había que
someter o eliminar. Un detalle singular es que la
misma acta recomienda al comandante de los
soldados no olvidar por ninguna causa, antes de
cada salida para aniquilar indígenas, rezar, en el
Patio de Armas, el Santo Rosario, encomendándose
“a la Santísima Virgen”… y no dejar de rezarlo en
ningún momento, mientras se asesinaba a los
aborígenes.
En este documento sobre Mancapa, se menciona
también como un punto referencial al poblado de
Lasco. Este se levantaba casi en el mismo lugar
donde más tarde se establecería el Fortín El Bracho,
cuyo crecimiento como localidad incluiría bajo su
jurisdicción, hasta el siglo XIX, a Icaño.

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Recién en 1763 encontramos otros documentos
sobre Icaño en el Archivo de la Provincia. Estos
consignan como “su encomendero en segunda vida”
a Dn. Agustín Díaz Caballero, hijo de don Joseph
Díaz Caballero. Andrés Figueroa informa en su libro
Los antiguos pueblos de indios que desde entonces
no se encuentran más padrones sobre Icaño en la
institución archivística que dirigía. De paso, supone
que la palabra Icaño “corresponde a Chingolo o
jilguero, pajarito que abunda en nuestros campos”.

Los europeos no eran nada tímidos en sus


métodos de dominación sobre los indios. Maximina
Gorostiaga, tomando datos también del Archivo
General de la Provincia, narra que Juan Ramírez de
Velazco (gobernador desde 1586) y el Obispo
Francisco de Vitoria, establecieron la pena de
muerte “en la hoguera” en Santiago del Estero, para
perseguir a los “infieles”. Ramírez de Velazco, en
aquel periodo, mandó “detener a 40 hechiceras o
brujas para que sufran el castigo de ser quemadas
vivas” con el propósito de que “sirvan de
escarmiento a los brujos que se mantuvieran
encubiertos”, según comunicaba en carta al rey de
España en diciembre de 1586.
“En Tuama –narra Maximina Gorostiaga–, es
condenada a morir y ser quemada una india llamada
Juana Pasteles”. Se la acusa de practicar hechicerías.

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“La pobre infeliz fue sacada de la cárcel pública
montada sobre una bestia, con soga al cuello y
llevada públicamente por las calles de esta ciudad,
con la voz del pregonero que manifestaba su delito,
hasta el lugar de extramuros, donde […] fue
quemada para que su cuerpo reducido a cenizas
purgue el delito”. Emite la sentencia el Capitán
General Juan de Paz y Figueroa, encomendero de
indios y padre de la monja católica que después sería
llamada “Beata Antula”. La ejecución se cumple el 9
de noviembre de 1716, como a las cuatro de la tarde,
firmando quienes conducían el asesinato como
“testigos a falta de escribano público”: Juan de Paz y
Figueroa, Juan Díaz Caballero y Juan de Saavedra
Gramajo” (Archivo de la Provincia).
Este Juan Díaz Caballero, que actúa como testigo
de la “legalidad” de tal aberración, es el mismo que
aparece como primer encomendero de Icaño,
antepasado de ese otro Agustín Díaz Caballero,
“propietario” asimismo de indios en la misma
localidad, ya en las postrimerías el siglo XVIII.
Como ya lo señalase Bernardo Canal Feijóo, los
españoles no sólo oprimieron, torturaron o
aniquilaron a las comunidades indígenas, sino que
también violaron sexualmente de un modo
sistemático a sus mujeres. Habiendo venido solos,
sin familia, eran verdaderos azotes de los lechos
femeninos, embarazando una y otra vez a las pobres

- 61 -
aborígenes, sin reconocer luego a sus vástagos. De
esta manera, generaciones de santiagueños mestizos
fueron criándose sin padre.
Pese a estos métodos criminales y la
superexplotación en las estancias y obrajes, a que se
sometía a los aborígenes, los españoles no lograron
exterminarlos por completo hasta unos dos siglos
después de su llegada. Icaño formó parte de los más
tenaces focos de resistencia, conservando
comunidades indígenas y tierras adonde no
gobernaban por completo los europeos hasta bien
entrado el siglo XX. Se explica entonces la fiereza y
tenacidad de muchos de sus actuales pobladores –o
inmigrantes icañenses en Buenos Aires–: aún corre
sangre tonocoté o lule por sus venas.

* “Asusta y da temblor de nervios asomarse al


abismo de la conciencia de algunos hombres. El sólo
nombre de Lope de Aguirre aterroriza.
Fecundísimo en crímenes y malvados fue para el
Perú el siglo XVI. No parece sino que España
hubiera abierto las puertas de los presidios y que,
escapados sus moradores, se dieran cita en estas
regiones. Los horrores de la conquista, las guerras
de pizarristas y almagristas y las vilezas de Godines,
en las revueltas de Potosí, reflejan, sobre los tres
siglos que han pasado, como creaciones de una

- 62 -
fantasía calenturienta. El espíritu se resiente a
aceptar el testimonio de la Historia.
[…] Lope de Aguirre se entusiasmaba como el
tigre con la vista de la sangre, y sus camaradas, que
lo veían entonces poseído de la fiebre de la
destrucción, lo llamaban caritativamente el loco
Aguirre.
[…] en 1553, después del asesinato del corregidor
Hinojosa, se alzó con Egas de Guzmán, y fue uno de
los jefes de aquel destacamento que en una semana
cambió tres veces de bandera: por el rey, contra el
rey y por el rey.
[…] Los expedicionarios, arrastrados por Aguirre
y por las bárbaras ejecuciones que éste realizara con
los que le eran sospechosos, reconocieron, no ya
sólo por general, sino por príncipe del Perú, a don
Fernando de Guzmán. Un día reconvino éste a su
maese de campo por el inútil lujo de crueldad que
desplegaba con sus subordinados, y no pasó mucho
tiempo sin que el vengativo Aguirre asesinase
también a su príncipe. Y seguido de doscientos
ochenta bandoleros, que él llamaba sus marañones,
cometió inauditos crímenes en la Isla de Margarita,
en Valencia y en otros pueblos de Venezuela, que
entregó al incendio y al saqueo de los desalmados
que lo acompañaban.
La bandera de Lope de Aguirre era de tafetán
negro con dos espadas rojas en cruz. […] lucía por

- 63 -
mote en su escudo de armas esta leyenda: Piérdase
todo, sálvese la honra […]
Una mañana levantóse el caudillo fuerte, título
con que lo engalanaron sus marañones, algo
aterrorizado, y llamó a un fraile domínico. Oyóle
éste en confesión, y, tal sería ella, que se negó a
absolverle. Lope de Aguirre se alzó del suelo, llamó
al verdugo y le dijo con mucha flema:
–Ahora mismo ahórcame a este cura marrullero.
Por fin, desamparado de los suyos y acorralado
como fiera montaraz, se metió en un rancho con su
hija, y le dijo:
–Encomiéndate a Dios, que no quiero que,
muerto yo, vengas a ser una mala mujer ni que te
llamen la hija del traidor.
Y aquel infame, que fingía creer en Dios,
rechazando a la Torralba, que se le interponía,
hundió su puñal en el pecho de la triste niña.
[…] Lope de Aguirre murió en diciembre de 1561,
a los cincuenta años de edad. Era feo de rostro,
pequeño de cuerpo, flaco de carnes, lisiado de una
pierna y sesgo de mirada, muy bullicioso y charlatán.
(Ricardo Palma. Tradiciones Peruanas. Lima, Perú,
1875.)
** Los repartimentos de indígenas nacen, en
realidad, durante el tercer viaje de Cristóbal Colón,
con la rebelión en la isla La Española (hoy Haití y
Santo Domingo) del alcalde Francisco Roldán. El

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Almirante había acordado con algunos caciques del
lugar el pago de un tributo en especie por cada indio
comprendido entre los catorce y los sesenta años,
pero la institución no funcionaba plenamente por la
oposición de los naturales.
Es en ese momento cuando se produce la revuelta
contra Colón de algunos españoles descontentos
[…]. Los rebeldes se repartieron entre ellos un
número determinado de aborígenes aptos para el
trabajo personal y luego exigieron a Colón la
aceptación de este régimen, en vez de la tributación
que éste había acordado.
Colón aceptó la imposición y así, de este modo
tropical y laico, forzado y violento, surgió la
institución que tanto vendría a caracterizar y marcar
a nuestro suelo.
[…] La historia no ha puesto en [boca de Roldán]
una frase tan terminante y esclarecedora como la de
Francisco Pizarro, “No he venido a evangelizarlos
sino a quitarles su oro”, pero […] en su conducta
está insita la codicia y anarquía que tanto arraigarían
en nuestra América, más que el afán espiritual […].
Los orígenes de nuestra cultura autoritaria. José
Ignacio García Hamilton. Albino y asociados,
editores. 1991.

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7. El Baqueano Eugenio Pérez

Lentamente españoles y criollos van haciéndose


dueños de las tierras, el agua, los animales y el
bosque. Vencidos, los tonocoté, lules y algunos que
otros comechingones, apelan ahora sólo a la rapiña
para sobrevivir. De ser pueblos con economías
sustentables, pasan a ser parias, perseguidos. No
pueden estar demasiado tiempo en un lugar: son
alcanzados por la “civilización”, que para ellos
significa sólo dolor, deshonra, muerte.
Más tarde serían convertidos en mendigos.
Aplicando los conocimientos que la racionalista
Europa ha dotado a los hombres blancos, estos
engañan a los aborígenes, prometiéndoles una y otra
vez trabajo, dignidad, vivienda. Promesas que no
cumplen.
Y luego los injurian: como en aquella descripción
despectiva que hace Di Lullo de sobrevivientes
aborígenes, quienes luego de haber pactado con el
gobierno la paz bajo la condición de trabajar en las
estancias, son bestialmente explotados y luego
expulsados de ellas. Entonces peregrinan a Santiago,
a solicitar al jefe blanco sólo que cumpla con lo
prometido: sólo le piden trabajo. La descripción que

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hace Di Lullo nos provoca vergüenza ajena, por lo
racista:
“Unos cien indios fueron ocupados en la
construcción de acequias, otros en el desmonte y
destronque de la estancia «La Danesa», pero su
trabajo no rendía ni el valor de los alimentos
consumidos” dice, haciéndose portavoz de los
opresores, “pues, aparte de ser flojos para la pala y
el hacha, eran glotones en exceso. Y como
consecuencia de ello fueron despedidos y la mayor
parte se internó en el bosque, reintegrándose a la
tribu”.
Continúa Di Lullo: “Quedaron algunos pocos
entre nosotros, los cuales, en 1904 formaron grupos
y se dirigieron a entrevistarse con el Gobernador de
Santiago del Estero D. Pedro Barraza. Recorrían la
larga distancia a pie, con un pantalón por toda
vestimenta, el busto y les pies desnudos, los cabellos
lacios, negros y largos atados en la nuca y la piel
cobriza del torso tornasolada y brillante. Algún
tiempo después se les vio volver con la promesa de
procurarles trabajo y vestidos con camisas y
chaquetas viejas de la policía. Nunca más se
acordaron de ellos. Y se dedicaron a juntar huevos
de las aves silvestres, cueros de los animales que
cazaban y los entregaban en trueque por algunos
litros de alcohol o chuchearías, con lo que creían
haber hecho un buen negocio, pues, luego reincidían

- 67 -
trayendo flechas, arcos y lanzas que cambiaban con
mercaderías en los boliches de la zona”.

Los españoles, combinando la fuerza con la


astucia, habían venido conquistando América
Indígena desde México hacia abajo desde dos siglos
atrás, lo cual había sentado pautas. Una de ellas era
aprovechar los sistemas económicos productivos de
los indígenas, cuando les parecían convenientes a
sus intereses. Así, utilizaban con frecuencia las
infraestructuras poblacionales de los habitantes
originarios, fundando pueblos pseudo europeos
donde antes habían existido comunidades
aborígenes.
Es evidente que los predios del lugar que hoy
denominamos Las Trincheras, habían sido para los
tonocotés un espacio simbólico central en su
existencia. Su cercanía con el Río Salado, que
incluso allí formaba numerosas lagunas y bañados,
había hecho de esta parte de la región una especie de
“ribera del Nilo” santiagueña, caracterizada
especialmente por su gran fertilidad.
La hoya, que frecuentemente se menciona en la
investigación antropológica sobre los tonocoté, era
una ancha acequia, poco profunda y de unos 100
metros de ancho. Los aborígenes la excavaban
ocupando una larga extensión –más de 100
kilómetros– a lo largo del río Salado, comenzando

- 68 -
aproximadamente desde lo que hoy denominamos
Malbrán hasta la altura de La Cañada, en el
departamento Figueroa.
Esta, como se recordará, era inundada
naturalmente por el río, pero el agua se retiraba
periódicamente, dejándola convertida en un espacio
altamente fertilizado, en el cual se podían sembrar
todo tipo de plantas alimenticias con magníficos
rendimientos. También nos ha contado un español
de “los pobladores indígenas, que sacaban peces
suficientes para alimentar a todos”, recogiéndolos
simplemente en la hoya cuando se retiraba el agua.*
Pueblo religioso con deidades ligadas a la
agricultura, es natural entonces que también este
espacio haya sido un ámbito de ceremonias cultuales
o festivas. Debido a ello, la conquista de Las
Trincheras por parte de los españoles, debió
constituir el quiebre definitivo de la resistencia
aborigen. Si no en lo formal, sí en su aspecto
psicológico, ya que el invasor destruyó con esto el
eje de resistencia espiritual de las comunidades
fundadoras.
Una vez que hubieron instalado dos o tres
explotaciones agrícolas, laboradas sin duda por
prisioneros aborígenes, los españoles constituyeron
un núcleo invencible. En parte por la inmensa
superioridad de sus armas y recursos financieros,
pero también por haberse constituido en dueños

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inexpugnables del “templo” tonocoté. Que estaba en
donde hoy están Las Trincheras.
Los primeros asentamientos españoles en Icaño se
instalan hacia fines del siglo XVI. Así, la del capitán
Díaz Caballero, consignada en 1589 y establecida
probablemente con extensión hacia la zona de
Mancapa, donde se impuso el primer fuerte. Desde
allí posiblemente los españoles fueron empujando a
los tonocotés hacia el sur, para arrebatarles el
espacio de Las Trincheras. Es posible que debido a
ello, entonces, haya adquirido ese nombre –
seguramente español–: donde los tonocoté
celebraban antaño sus fiestas populares, los
invasores celebrarían más tarde sus victorias.
Un acta del 25 de mayo de 1692, citada por el
historiador Alfredo Gargaro, señala que desde
tiempo atrás “existía un beneficio de 15 leguas por 3
(tres)” del que “era propietario Dn. Bernabé Ibáñez
del Castillo”. Es posible que la propiedad de la viuda
de Cerda, mencionada en padrones de 1717, tuviese
mucho más de “8 indios” encomendados, como se
ha consignado en el documento. Esto podría haber
sido un ardid, para eludir una más onerosa gravación
impositiva.
Debe de haberse dado una lucha denodada por el
dominio de las Trincheras, y posiblemente recién
hacia el siglo XVIII se logró un control español
sobre ellas. Aunque los aborígenes no dejaron de

- 70 -
reclamarlas, una y otra vez, por medio de lo que
historiadores blancos llaman “malones”. Estos eran
avances armados de aquellos aborígenes, expulsados
de su propia tierra, y por lo tanto condenados a la
indigencia, quienes buscaban obtener recursos para
subsistir por medio de esos ataques.
Pero Di Lullo consigna que Icaño -y toda la costa
del Río Salado- no pudo consolidar su
establecimiento como población hispana hasta 1889.
En tan avanzado periodo los aborígenes aún
resistían, rodeando las poblaciones de blancos y
mestizos, que avanzaban inexorablemente sobre sus
antiguas tierras libres. Aunque su resistencia era ya
sólo una especie de “piqueterismo” con flechas y
lanzas, desesperado. El moderno pueblo de Icaño
empezó a formarse, pues, definitivamente en ese
último año de los decimonónicos ochenta:
“Y en la que es hoy calle principal se levantaron,
las casas de D. Antenor y D. Manuel Mansilla, la de
D. Mauro Contreras, la de D. Benicio Rojas, la de
D. Rufino Cisneros y la de D. Timoteo Pacheco. Un
poco más allá moraban D. Celso Mansilla, D.
Pantaleón Céliz y la familia Iñiguez y en los aledaños
D. Wenceslao Gorosito, D. Clemente Rodríguez, D.
Simón Contreras y D. Olegario Córdoba” indica.
Su crónica menciona al señor Mariano Palavecino,
“el primero que construyó una casa en el lugar”

- 71 -
instalando también “una de las primeras atahonas”,
hacia 1886.
Varias familias estaban asentadas en el famoso
espacio sagrado de Las Trincheras, o sus cercanías.
Junto a ellos, la selva, a la que alabaría, con
sentimiento culposo, Ricardo Rojas. Más tarde, el
ferrocarril iría llevando a casi todos estos vecinos,
paulatinamente, a su vera, unos dos kilómetros al
oeste.
Se describe a las primeras viviendas como “de
adobe, la mayor parte”, de aspecto terroso “se
confundían con el color de la gleba… Algunas
tenían techo y piso de tierra apisonada y al frente
ostentaban un corredor sostenido por gruesos
horcones labrados de quebracho”. En la época en
que el médico e historiador Di Lullo visitaba Icaño (
hacia 1940) “Todavía quedan algunas de estas
primitivas casas”, dice: “Se las ve ya viejas, con los
muros chorreados y carcomidos, con el alero de la
galería combado por el tiempo, con las vigas y
cumbreras retorcidas y con el techo lamido por el
viento, que sembró en él hierbajos y cactus y que la
lluvia hizo germinar”.
Di Lullo nos narra también algo de aquellos
tiempos en que el combate era cotidiano, y la
historia del Baqueano Pérez.
“D. León Kahn que lo ha conocido, me ha
suministrado algunas noticias de su persona”,

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escribe. “Me ha contado que por el año 1870, antes
de la construcción del ferrocarril Gral. Mitre, tuvo
lugar en las cercanías de la actual estación Icaño el
último malón de importancia de los innúmeros que
efectuaban los indios de tiempo en tiempo.
“Fue un lunes o martes de Carnaval, cuando los
hombres del poblacho habían ido a divertirse a
alguna de las Trincheras, quedando solas las mujeres
y los niños. Durante ese malón, los indios llevaron
cautivas a varias mujeres y chicos, entre ellos a un
niño, llamado Eugenio, y conocido luego con el
famoso nombre de Baqueano Pérez. Cuando alcanzó
la edad de 20 años, la tribu, entre la cual había
crecido, aprendiendo su dialecto y sus costumbres,
lo envió en calidad de lenguaraz al Fortín Tostado,
donde se encontraba de guarnición el Regimiento 6
de Caballería de la Nación, encargándole hacer saber
que la tribu deseaba someterse […]
“Después de largas negociaciones, Eugenio fue
incorporado como Sargento en dicho regimiento y
obtuvo la autorización, por parte del Gobierno de
Santiago del Estero, para traer la tribu con la
promesa de darle trabajo y alimentos. El Sargento
Pérez, poco después, llegaba al frente de 350 indios
y acampaba alrededor de la Laguna del Zapatero
(parte integrante de la estancia Libertad, frente a
Casares, sobre la costa del Río Salado)”. Y mientras
esperaban que los blancos cumplan su promesa de

- 73 -
proporcionarles trabajo “allí vivió el campamento de
la pesca y de la caza”.
Algún tiempo más tarde pudo “distribuirse este
plantel humano según las necesidades de la zona”.
Unos cien indios fueron ocupados en la
construcción de acequias, otros en el desmonte y
destronque de la estancia La Danesa… Pero pasado
un tiempo de ser súper explotados, fueron
despedidos, “pues, aparte de ser flojos para la pala y
el hacha, eran glotones en exceso”, según los
estancieros.
Y aquí comienza la que sería una constante en la
vida de los aborígenes bajo la dominación pseudo
europea: cada vez resultan más oprimidos,
explotados, engañados, hasta llevarlos hasta un
grado de humillación que termina destruyéndolos, a
veces física, a veces psicológicamente.
La mayoría de los aborígenes fueron utilizados
por los estancieros y luego abandonados a su suerte:
“la mayor parte se internó en el bosque,
reintegrándose a la tribu”. Tal como iba ocurrir
después, miles de veces, con el hachero o trabajador
golondrina santiagueño, que luego de ser trasladado
como animal, usado en condiciones infrahumanas,
regresaría con el cuerpo y el alma llenos de dolores,
a buscar consuelo en “el matecocido y la tortilla de
la mama”.

- 74 -
Enseguida narra Di Lullo con desprecio
inocultado su condición de vagabundos, borrachos,
trabajadores de a ratos, recolectores otra vez, como
quizá lo fueran hace miles de años.
Había nacido, por otra parte, una vil costumbre
de la que luego se aprovecharían muchos mercaderes
extranjeros: obligar a la gente humilde a entregar sus
pequeñas producciones o artesanías, a cambio de
artículos comerciales de muchísimo menor valor.
Así, hasta el día de hoy pululan en el campo
santiagueño comerciantes “hábiles” que obtienen
tejidos u otras artesanías de gran valor a cambio
de… harina, azúcar y yerba. Y luego las venden en
Buenos Aires a precios que superan en 100 veces las
mercancías provistas, que a su vez ellos han
obtenido con provechoso costo al por mayor.
Sobre el Baqueano Pérez se cuenta que ya
convertido en un poblano más habitó como
asalariado cierta estancia en la vecindad de Averías
“por 1907 o 1908, lugar donde moraba Doña Isabel
Farías de Farías, a un kilómetro escaso de la
estación, en un campo denominado El Descanso,
que su suegro había comprado al Gobierno de la
Provincia y que luego se dividió entre su esposo
Gaspar Farías y su cuñado Bonifacio Farías.
“Doña Isabel tenía a la sazón 75 años y era la
personificación de la vida de los fortines, pues nació
y se crió en El Bracho” dice Di Lullo. “De rostro

- 75 -
indio y porte elegante, vestía invariablemente de
negro, una pollera muy amplia y muy larga, que
barría el suelo al caminar y un rebozo del mismo
color con que cubría sus cabellos blancos. Doña
Isabel hablaba solamente el quichua.
“Tenía un centenar de ahijados y más de
cincuenta criados que formaron hogar propio en
torno de ella, a la que llamaban «mama señora»
siendo frecuentemente visitada, por ahijados e hijos
de crianza, los cuales al llegar hincaban una rodilla al
suelo y juntando las manos le imploraban la
bendición, que ella les impartía diciendo en quichua:
«Que Dios te haga un Santo».
“Estas visitas a veces se prolongaban algún
tiempo, pero los ahijados o criados no permanecían
ociosos, sino cuidando y sembrando la tierra o
dedicándose a los más diversos quehaceres: el
hilado, el tejido, la cosecha, la vigilancia del ganado,
la yerra, la confección de quesos y dulces, etcétera.
“Y para ellos Doña Isabel tenía una espaciosa
cocina, dos ollas de hierro de 50 litros de capacidad
cada una, infinidad de pavas y mates y una parrilla
de dimensiones como no se han visto otras.
“Doña Isabel conocería allí al Baqueano Pérez, el
mismo que muchas veces irrumpiera acaso en el
Fortín El Bracho al frente de su tribu”.
Según se cuenta el hijo de Doña Isabel era un
atroz asolador de indios. Durante una de sus

- 76 -
correrías, cuando con un grupo de criollos atacó una
pequeña comunidad aborigen de la zona “la partida
sorprendió a los indios”, celebra Di Lullo, “que
huyeron dejando a sus hijos, a uno de los cuales alzó
Gaspar de los cabellos, a plena carrera y lo embolsó
en la alforja, trayéndoselo de regalo a la madre”. La
ruda mujer rebautizaría al indiecito como
“Francisco”, integrándolo muy pronto a su
numerosa servidumbre.

* Historia del Perú. Diego Fernández de Palencia.


España, 1571.

- 77 -
8. Bajo el influjo de Matará

“Icaño pertenecía a la jurisdicción del Bracho y


era entonces una importante zona ganadera”, dice
OrestesDi Lullo refiriéndose al periodo que va
desde el siglo XVIII al XIX, hasta la Ley provincial
de 1891.
En El Bracho se había levantado un fuerte para
defender las conquistas de los españoles, que venían
avanzando desde el Norte y apropiándose de la
tierra indígena palmo a palmo. En el periodo
hispano, era también llamado Lasco.
Con el tiempo, fue convirtiéndose en un
“poblacho, más, ganado al desierto”, frontera
extrema en el combate contra los indios, y dique de
contención para sus ataques.
Actuaba también como protección para la zona
más próspera de la Provincia: Matará. De esta
última, salieron quienes gobernarían con dura mano
y escasa proyección política a Santiago del Estero,
durante más de cincuenta años. Los Ibarra y los
Taboada.

Paulatinamente, fueron arribando familias


completas a esta región, luego de la primera oleada
de guerreros y más tarde viudas, que Aguirre

- 78 -
importara de Chile. A lo largo del siglo XVI,
españoles que venían con el ánimo de establecerse
definitivamente en nuestras tierras, fueron formando
lo que sería más tarde la estructura social de una
clase gobernante parasitaria en Santiago.
Dependiente del Virreynato del Perú y la
Audiencia de Charcas, Santiago del Estero, tenía sin
embargo cierta autonomía, como casi todas las
regiones, por causa de las largas distancias que
dificultaban el cumplimiento de directivas emanadas
de la autoridad central. Debido a ello, fueron
estableciéndose, además de las autoridades
instituidas –frecuentemente por el mero recurso del
golpe militar– grupos familiares que se mantuvieron
constantemente ligados al poder en la provincia.
Así, los Ibarra, de quienes los archivos históricos
de la provincia registran ya en el siglo XVI
representantes poderosos. En 1651, aparece un tal
don Juan de Ibarra y Argañarás de Murguía, quien
fue “Maestre de Campo y Señor de las Encomiendas
de Ampata, Ampatilla y Atacama”. También “D.
Simón Gerónimo de Ibarra Argañarás y Busto”
(1670), ambos criollos, nacidos en la “ciudad de
Matará”.
Dicha población llega a constituir, en el siglo
XVIII, un conglomerado económico y social mucho
más importante que la misma capital de Santiago.
Poderosos grupos familiares se disputan el dominio

- 79 -
de esta comunidad, que tiene en el siglo XIX
“17.000 habitantes, mientras la Capital y los
Departamentos no pasaban de 10.000” (Di Lullo).
De Matará se nos informa que “en 1731 nace en
este pueblo D. Simón Gerónimo de Ibarra y Xeres
que ocupará desde 1765 a 1781, durante veinte años,
el cargo de Alcalde de Santiago del Estero y de la
Santa Hermandad en 1789”.
De esta raíz familiar proviene quien sería el
gobernador de Santiago durante 31 años, desde 1820
hasta su muerte, ocurrida en julio de 1851: el
brigadier general Juan Felipe Ibarra.
Más allá de las adhesiones o rechazos
sentimentales que pudiera provocar la personalidad
de Ibarra, debe reconocerse que no hizo otra cosa
que prolongar el método de “gobierno” inaugurado
aquí por los primeros conquistadores, salvo raras
excepciones. Es decir, una mera administración de
los recursos existentes, para garantizar en primer
lugar la existencia privilegiada de las familias
gobernantes, junto a una mezquina distribución de
los excedentes con el propósito fundamentalmente
de evitar alzamientos insurreccionales.
De tal modo Santiago del Estero vegetó durante
siglos, sin establecerse ningún tipo de industrias o
sistemas racionales de producción que permitieran
algún desarrollo orgánico, en ningún rubro.

- 80 -
Salvo en el período de Gerónimo Luis de Cabrera,
quien fundaría Córdoba partiendo de Santiago del
Estero, y más tarde bajo la caudillesca influencia del
obispo Francisco Vitoria, no hubo en esta provincia
mayores intentos de organización industrial o
agrícola sustentable.
De tal obispo Vitoria, singularmente destaca una
crónica que “había tenido dificultades con el Santo
Oficio Limeño”, por ser “portugués, descendiente
de judío natural, de señal conocido”*. Esto ocurre
en la década de 1580, en que el rey Felipe II asume
la conducción del Santo Oficio de la Inquisición en
España y Portugal, infundiendo un nuevo impulso a
la persecución de “herejes” en el por entonces
decadente Imperio Español.
Ya en el periodo de la Independencia, ideas
revolucionarias y reivindicatorias se sustentan en las
propuestas de los grandes líderes. Como las de San
Martín y Belgrano, de establecer un gran reino en el
ex Virreynato del Río de la Plata restituyendo en el
trono a un descendiente de los Incas. Finalmente,
como suele ocurrir, van prevaleciendo el sentido
común, los intereses particulares y el pragmatismo
de cada caudillo provincial.
Santiago del Estero no es la excepción, y desde la
Independencia en adelante se establece, como ya
dijimos, el unicato de las familias Ibarra-Taboada,
hasta casi finalizado el siglo XIX.

- 81 -
Icaño por entonces permanece en un suspenso
latente, apenas como pequeñísimo poblado cuya
única importancia está ligada a su cercanía con El
Bracho. Este con el tiempo se ha convertido en el
Campo de Concentración donde se destierra a los
enemigos de Ibarra, habitado por fantasmales
soldados, que trabajan sin paga, sólo por el derecho
de obtener algunos magros recursos de la tierra.
Los Taboada perpetuarían ese nefasto destino
para este “poblacho” y fuerte, donde se desterraba,
torturaba, asesinaba o se abandonaba a su suerte,
entre las fieras, a los opositores de los dictadores.
Dentro de este esquema, los pequeños
conglomerados poblacionales como Navicha,
Yacasnioj o Icaño asumen sólo una importancia
subsidiaria.
Hasta 1851, en que el general Antonino Taboada
emprende su proyecto de navegación del Río Salado,
período de 20 años en que cobra súbita fama toda la
región, incluyendo a Icaño.
En 1855 se efectúa la mencionada expedición,
comandada por Taboada y el marino estadounidense
Thomas J. Page. En el vapor de guerra “Water
Witch”, junto a unos 25 hombres, descendieron el
Río Salado desde la estancia de los Taboada “situada
a 18 leguas Este Nordeste de Santiago y 24 leguas
Noroeste de Matará hasta Sandía Paso, situado a 45
leguas –que hicieron a caballo– de Monte Aguará,

- 82 -
límite extremo a que llegó el mismo Page desde
Santa Fe con el vapor «Yerba». El bote que usaron
para para recorrer el Salado río abajo fue
transportado en carreta desde aquella arteria
fluvial”.

La noticia de la navegabilidad del salado cunde, el


gobierno nacional condecora a Taboada, y se
fogonea el entusiasmo ante la posibilidad para las
provincias de encontrar un cauce alternativo al
tapón regulado en el puerto de Buenos Aires por la
oligarquía porteña.
En ese horizonte es que aparece Esteban Rams,
empresario de origen europeo, que consigue grandes
concesiones a cambio de un trabajo que nunca
terminó: establecer definitivamente una vía fluvial a
través de este río.
Desde antes de iniciar el trabajo, Rams ya recibe
como “indemnización” cien leguas de tierra,
algunas de estas en el actual territorio de Icaño. El
entusiasmo es tan grande, que para la firma de ese
convenio se efectúa un acto público, con la
presencia de las principales autoridades provinciales,
donde se procedió a “inaugurar la obra de
canalización, desmonte y limpia del antiguo cauce
del Río Salado (Juramento)”. El acta de ese
acontecimiento nos informa que “se procedió por el
expresado Cura y Vicario Foráneo a la bendición de

- 83 -
la obra con las ceremonias de costumbre en estos
casos, después de lo que el padrino del acto, S.E. el
señor Gobernador, dió el primer azadonazo dentro
del mencionado cauce, y el primer hachazo a uno de
los árboles que allí había, continuando de la misma
manera los demás señores presentes, se cantó el Te
Deum invocando la protección del Altísimo para la
consecución de un fin que significa e importa la vida
moral y física, no sólo de esta provincia, sino
también de todas las del interior”.

* “Antecedentes históricos de la economía


argentina”. Por Vicente Gesualdo, Buenos Aires.
Revista Historia, “declarada de interés científico y
cultural por la Cámara de Senadores de la Nación”.
Tomo XIV, Nº 56, diciembre de 1994, febrero de
1995.

- 84 -
9. Esteban Rams y Rubert

Icaño tuvo protagonismo, pues, en este proyecto


de navegación alternativo imaginado por la
Confederación Argentina, ante las dificultades para
enviar sus productos a través del puerto de Buenos
Aires. Esto debido al boicot solapado o abierto que
los porteños establecían sobre las exportaciones del
interior.
Una vez en vigencia la Constitución Nacional, en
su sesión del 20 de febrero de 1854 el Congreso
proclamó la fórmula Justo José de Urquiza
presidente y como vice Salvador María del Carril. De
inmediato se declaró a Paraná capital de la
Confederación, al mismo tiempo que se federalizó la
provincia de Entre Ríos.
Todas estas medidas suscitaron mayor rechazo
por parte de Buenos Aires, el cual, “mediante su
acción opositora, puso en serios problemas
económicos a la Confederación”. La secesión y el
activo contrabando operaron en detrimento del
“pujante desarrollo a que se aspiraba”. Buenos Aires
hizo sentir la ventaja que representaba el tener el
puerto, que le posibilitaba un contacto directo con
los puertos de ultramar.

- 85 -
A las provincias litoraleñas sólo podían llegar
barcos de escaso porte, los cuales debían por fuerza
trasladar su carga a otros barcos de gran porte,
construidos para soportar los embates del mar
durante las largas travesías. Se intentó superar estas
dificultades recurriendo al puerto de Montevideo. La
idea de apelar a los puertos chilenos de Copiapó y
Cobija en el pacífico, sólo fue viable para los
productos de las provincias del noroeste y de Cuyo.
Fue en tal circunstancia histórica que comenzó a
barajarse la posibilidad de explorar el Río Salado,
que abriría también la posibilidad de comunicación
con el Paraguay, por entonces la mayor potencia de
Sudamérica.
El marino norteamericano Thomas Page, durante
el año 1855, recorrió casi en toda su extensión este
río, probando su navegabilidad. Esta expedición
tuvo una importancia fundamental para los planes
de la Federación Argentina, ya que se constituyó en
el origen de una serie de grandes proyectos “para
convertir el río Salado en la gran arteria fluvial de
América”. El 13 de julio de 1855 centenares de
santafesinos despidieron al norteamericano desde el
puerto. En el vapor “Yerba” iniciaba la navegación
por el Salado. Junto a él estaba el propio gobernador
santafesino, Domingo Cullen y su familia, en una
clara muestra de apoyo al proyecto.

- 86 -
El historiador José Néstor Achával indica que la
expedición se emprendió “en una falúa” que había
mandado a construir el coronel santiagueño
Antonino Taboada, y a la que el mismo Taboada
bautizara “General Urquiza”.
“[…] teniendo como jefe de la nave a don Lino
Balbey inició, el 10 de noviembre de 1856,
juntamente con el comandante de la Armada de
EE.UU., don Thomas J. Page, el reconocimiento
del río Salado […] mientras Taboada marchaba por
tierra con fuerzas auxiliadoras” dice Achával en su
Historia de Santiago del Estero.
El vapor llegó hasta el paraje Monte Aguará
donde debieron seguir la navegación con botes
debido a la bajante de las aguas.
“Con gran sentimiento deshago el camino, pero
con haber ascendido y demostrado la navegabilidad
del río Salado hasta Monte Aguará hemos obtenido
algo. Su carácter uniforme, curso firme y barrancas
bien definidas; su creciente tal como lo indican
marcas en los árboles; la pampa firme a través de la
cual todo corre, todo induce a creer que es un río
apropiado para la navegación hasta un punto
superior al alcanzado. Su explotación completa es de
importancia no sólo para la Confederación
Argentina sino para todo el mundo comercial”,
escribió Page el 26 de julio de 1855, dos años

- 87 -
después de la jura de la Constitución Nacional en la
propia ciudad de Santa Fe.
La idea era poner en comunicación con el océano
Atlántico las mercaderías de Santiago del Estero,
Tucumán, Salta y Jujuy “cuyos productos hasta hoy
han sido llevados al puerto de Rosario por carretas
de bueyes, empleando diez meses para ir y volver, y
los que ahora en botes pueden llegar al mismo
puerto en quince días y volver cargados de
mercaderías en veinticinco”, sostuvo Page.
El 14 de enero de 1856, la Casa Smith Hermanos
firmó con la Confederación Argentina un contrato
para establecer una compañía de Navegación a
Vapor por el Salado. Debían transportar tanto a las
personas como mercaderías. El gobierno, mientras
tanto, cedería parcelas en las costas del río para
colonizar la zona. Pero ese primer acuerdo se
rompió porque la empresa capitalista no realizó
ningún viaje exploratorio, como indicaba el
convenio firmado con la administración santafesina.
El 2 de junio de 1856, Esteban Rams y Rubert, ex
proveedor del ejército de Justo José de Urquiza,
ganó la nueva licitación para lograr la navegación del
Salado.
El encargado de llevar adelante la expedición fue
el mismo baqueano Lino Balbey desde Matará,
Santiago del Estero, hasta Santa Fe.

- 88 -
El 28 de noviembre de aquel año, centenares de
santafesinos recibieron a la falúa “General Urquiza”
casi como si se tratara de héroes.
“El Río Salado o Juramento es navegable en toda
estación, desde Santa Fe hasta Sandía Paso, a
cuarenta leguas de la ciudad de Santiago del Estero.
La sola dificultad se encuentra en el estero de El
Bracho, con el agua que se encuentra, y esa
desaparecerá con algunos trabajos, pues está muy
baja” narran las crónicas de la época.
Desde diciembre hasta junio el río se presenta
navegable hasta Salta. “Por medio de la navegación
del Salado cuatro provincias van a mudar de aspecto
transformándose completamente: Santa Fe, Santiago
del Estero, Tucumán y el Chaco”, se esperaba del
proyecto. “Las provincias interiores se pondrán en
comunicación rápida con el océano y el Paraná,
beneficiando así las riquezas que duermen allí
inexploradas, atrayendo brazos y capitales. En
seguida de la navegación del Salado vendrá la del
Bermejo, que establecerá nuevas relaciones con la
extremidad septentrional de la República y la misma
Bolivia, que tiene más interés en acercarse a
nosotros que buscar una difícil travesía hasta el
océano Pacífico”, publicó el periódico entrerriano
“El Nacional Argentino”, al comentar el viaje
emprendido por Balbey, ahora empleado de Rams y
Rubert. Pero finalmente esta expedición no

- 89 -
prosperó, deteniéndose en el paraje de Navicha,
“debido a la poca profundidad del lecho en este
tramo”.
El comerciante europeo, que ya había hecho
buenos negocios con la Confederación, se siente
atraído por el inmenso polo de desarrollo, que le
parece avizorar en esta región. Esteban Rams y
Rubert, entonces “consiguió un préstamo bancario
en París de 1.200.000 pesos oro, cuya garantía eran
cien leguas cuadradas de tierra pública otorgadas por
la legislatura”.*
El 26 de enero de 1857, la nueva expedición
solventada por el empresario vuelve a intentar la
navegación del río Salado. Allí estaba, entre sus
tripulantes, el ingeniero Rodolfo Blandovsky,
contratado por el gobierno nacional para levantar un
plano del río y recoger cualquier tipo de información
sobre su cauce.
Rams y Rubert, como ocurriría con los hermanos
Wagner más tarde, se sintió atraído por el clima
especial y el magnetismo de Icaño, que, no nos
cansamos de repetir, por entonces poseía frondosos
bosques cubriendo la mayor parte de su región.
Imaginó allí una ciudad próspera, industrial, y se
propuso emprender una colonización con
extranjeros, preferentemente europeos. Era la tónica
de esa segunda mitad del siglo XIX: el pujante
desarrollo industrial de Inglaterra, Alemania y

- 90 -
Francia, había sentado la convicción de que estos
pueblos llevaban en sí mismos una especie de gen
del progreso. Entonces se creía que la solución a
todos los problemas argentinos era traer como fuera
ingleses, franceses, alemanes, o, aunque más no
fuera, italianos, otorgándoles todo tipo de beneficios
y gangas para seducirlos.
Se iniciaron las obras de limpieza del mencionado
cauce “con dos rastras compradas a tal efecto” y en
noviembre de 1858 Rams presentó al gobierno
nacional un plan en el que marcaba “la
imprescindible necesidad de encarar algunas obras
de mejoramiento y encauzamiento del Salado”.
Santa Fe promulgó una ley que concedía a la
empresa tierras para la colonización de las costas del
Salado. Santiago del Estero, por su parte, cedería
cien leguas cuadradas con el mismo objeto y la
provincia de Salta comisionó al doctor Pablo Saravia
“para que procediera a construir un camino que
uniera el Salado con el Bermejo desde Miraflores”.
El 25 de diciembre de 1863 se inauguraron las
obras de “Canalización, desmonte y limpieza del
antiguo cauce del Río Salado”.
A fines de 1865, con el apoyo también del
gobernador santafesino Nicasio Oroño, Rams y
Rubert inició un plan de colonización de las costas
del río en el que se comprometía a establecer entre

- 91 -
tres mil y cinco mil familias extranjeras. Pero el 17
de abril de 1867, Rams y Rubert murió.
Tanto “Taboada como el mismo Rams y las
familias ligadas al poder”, habían adquirido “a vil
precio las tierras aledañas [al río Salado]
especulando con su valorización. Tiempo después,
con el ingreso del Ferrocarril, sus montes fueron
talados para la producción de durmientes y postes”.
*

* Historia de Santiago del Estero. María Mercedes


Tenti de Laitán. 1995.

- 92 -
10. Se consolida el nuevo pueblo

Rams y Rubert fracasa en todo sentido: ni logra


remontar el Salado, ni menos establecer un pueblo
de gringos. Pero deja flotando en el ambiente la
idea que por entonces había ido introduciéndose en
las cabezas de los gobernantes. La de que el
“progreso” económico estaba directamente ligado
con ciertas razas emprendedoras, que habían
demostrado en Europa ser “las mejores”, a través
del éxito económico obtenido en sus países de
origen. No se tenía en cuenta que los exitosos solían
quedarse en Europa, y sólo vendrían, en realidad,
quienes allí habían fracasado. O en todo caso,
enviados de algunos empresarios a quienes
interesaba ampliar sus negocios, llevándose los
beneficios sin dejar, generalmente, casi nada a
cambio.
Pero un consenso generalizado entre las clases
medias y las opulentas, que incluía aún a facciones
políticas enfrentadas, sostenía el criterio de que
franceses, alemanes, ingleses y estadounidenses, eran
en sí mismos, sin otro aditamento, “agentes de
progreso económico, social y cultural”.
La victoria de Mitre y Sarmiento, que dominan
directa o indirectamente el poder durante el último

- 93 -
tercio del siglo, consolida fuertemente estos
prejuicios, llamados a tener importantes
consecuencias en toda nuestra historia nacional.
Icaño es pues uno de los tantos laboratorios
donde se intenta llevar a cabo tales conceptos. Hacia
finales del siglo XIX es, debido a ello, un hervidero
de gentes de diferentes orígenes extranjeros,
empeñados en construir un polo de desarrollo
productivo de acuerdo con el esquema europeo.

En 1889 se estableció en Icaño la que sería fuente


de trabajo y desarrollo: Barbel, Nuttall y Cía.
“Solamente Enrique Nuttall y Guillermo Nial
vinieron aquí”, narra la historiadora local María A.
de Abregú:
“John Barber atendía en Buenos Aires la venta de
los productos”. Como industria maderera, iniciaría
también el proceso de desmontes masivos, que
lamentablemente con el tiempo acabarían
convirtiendo a esta zona, antes fresca y húmeda, en
calurosa y seca al extremo.
Emilio Wagner escribiría, apenas unos años
después, sobre estos desmontes, describiendo su
entorno: “…clima ardiente pero sano, extensas
llanuras boscosas que el hacha, poco a poco,
convierte en estepas de maleza espinosa y en
salitrales, salvo en la mínima parte de su suelo que
ha sido cultivada”. Como se ve, en menos de 200

- 94 -
años la conquista europea ha ido borrando la antigua
cultura agrícola y la selvática fertilidad de esos
campos.
Sigue el eminente arqueólogo y antropólogo:
“Actualmente esta región es de aspecto severo y
rudo, pero era completamente diferente antes de que
por ella pasaran las vías del ferrocarril, seguidas del
hacha nefasta, como lo hemos podido comprobar de
visu, desde que la recorremos.
“[Antes] Sus esteros contenían enorme cantidad
de peces y de aves acuáticas y en sus inmensas
llanuras y praderas, sus extensos bosques y sus
abras, vivían en paz multitud de animales de pelo y
pluma.
“Los «prosopis» (algarrobos) diversos, los
mistoles y los chañares aún no habían caído bajo el
hacha y cada año producían abundantes cosechas de
frutos, que constituían para el poblador, juntamente
con el maíz, la base de su nutrición.
“Lo mismo ocurría, sin duda, en épocas remotas
de la prehistoria, pues si hemos podido comprobar
que se ha transformado de tal modo el clima en el
término de cincuenta años, se comprende que esta
provincia, en el lejano pasado, haya conocido ciclos
lluviosos y que su aspecto haya sido más ameno.
“…en regiones actualmente áridas y pobres, las
excavaciones arqueológicas que se realizan
demuestran que allí mismo han logrado

- 95 -
desarrollarse, en otras épocas […] civilizaciones
florecientes y hasta exuberantes.
“Esto explica por qué, pueblos numerosos, han
podido prosperar antaño en Santiago del Estero,
donde actualmente les sería imposible vivir.
“Debido al bienestar que proporciona la
abundancia, esos antiguos pueblos de inmigración
[aborigen] han conservado aquí el grado de
civilización avanzada con el cual llegaron a estos
parajes; así lo podemos apreciar en profusión en las
excavaciones que realizamos”.
El aserradero de Barber, Nuttall y Cía se
estableció “pocos metros antes de llegar a la actual
casa de las señoritas Herrera”. Contaba con
“elemento mecánico y personal especializado de
origen inglés e italiano”. Los europeos se ocuparon
de transmitir sus conocimientos técnicos a
numerosos criollos contratados por la fábrica, que
con el tiempo “resultaron hábiles quemadores de
carbón”.
La empresa se lanzó a “la explotación también de
durmientes de quebracho colorado, postes, rollizos,
blancos y varillas”. Con los mismos motores con
que impulsaban sus gigantescas sierras, los
empresarios “accionaban una bomba, con la cual
regaban unos campos” donde hacían sembrar y
cosechar alfalfa.

- 96 -
Además del aserradero, establecieron un comercio
de Ramos Generales “para uso de sus numerosos
obreros”. El primer panadero industrial de Icaño fue
introducido por esta empresa de productos
forestales. Se trató de Lorenzo Ponci, italiano,
quien, contratado por la empresa, llegó junto con los
obreros del aserradero, en 1890, para proveer sus
necesidades.
“Este señor trabajó varios años haciendo el pan
francés para abastecer a los obreros de la firma
mencionada, en el año 1898 se independizó y
estableció una panadería por su propia cuenta en la
casa que es ahora de la familia Ganem. Murió en el
año 1902, dejando dos hijos varones que más tarde
fueron llevados y educados por el señor Antonio
López Agrelo en Buenos Aires”. (María A. de
Abregú. Tribuna Libre, Octubre de 1966.)
Más tarde, ya hacia principios del siglo XX, llega
Santiago Stone, de origen estadounidense, quien
crea también un poderoso establecimiento industrial
maderero.
Las familias que formaron las clases sociales más
destacadas en Icaño fueron, hacia fines del siglo
XIX, las de Antenor y Manuel Mansilla, la de Rufino
Cisneros, las familias Rojas, Luna, Garnier, Córdoba
y Herrera.
En aquella década finisecular se había instalado
también la empresa de Isaac Bercoff e Hijos, que

- 97 -
además de muebles de la por entonces aún
abundante madera, “se ocupaban de la construcción
de elementos para sulkys, carros, y herramientas
rurales”.
La empresa familiar se expandió más tarde
conducida por José y Benjamín Bercoff, bajo la
denominación de Establecimiento Bercoff SRL.
La gran carpintería instalada por ellos, proveía de
muebles a establecimientos comerciales todo el país.
Sus productos gozaban de un prestigio
extraordinario, debido a su alta calidad. Con los
motores de su carpintería, además, proveyeron de
electricidad a todo el pueblo, convirtiéndolo en uno
de los primeros iluminados bajo este recurso
tecnológico en toda la provincia.
Fueron pioneros de la cultura en Icaño, instalando
el primer cine, en la época de las películas mudas.
Con capacidad para más de 350 personas sentadas,
este cine permaneció hasta bien entrado el siglo XX,
constituyendo el principal centro de información
audiovisual para Icaño.
Un inmigrante español, Mateo Rodríguez., instala
apenas poco después de iniciado el nuevo siglo la
primera farmacia comercial. Rodríguez había venido
con su familia de Almería, directamente a Santiago
del Estero porque un tío de su esposa que según sus
descendientes era contador, vivía en Icaño. En 1910
se instala definitivamente.

- 98 -
La actividad forestal trae una extraordinaria
prosperidad a la región. Se levantan numerosos
negocios, alrededor de las empresas, que contratan
centenares de obreros, pues la obtención de los
inmensos tallos de quebracho y otras especies
forestales se hacía por entonces completamente a
mano. Recién luego de haberlos obtenido,
quitándolos de los montes a golpe de hacha, eran
introducidos en los galpones. Allí, aún se continuaba
el trabajo por medio de otros obreros con hachas,
cuando se trataba de descortezarlos o trozarlos, para
posteriormente recién elaborarlos con máquinas.
Centenares de hombres solían trasladarse incluso
de otras localidades, acampando alrededor de las
empresas forestales o integrándose a sus
acantonamientos.
Pero iba a ser una prosperidad efímera, que iba
durar apenas hasta los primeros años del siglo XX.
En parte por ser las empresas, en general,
inversiones externas. Que si bien instalaban
estructuras productivas y un cuerpo gerencial en
Icaño, enviaban la mayor parte de sus ganancias
afuera. Tampoco se producía bienes para crear un
mercado interno, sino con el propósito de proveer,
principalmente, a las compañías ferroviarias, en
manos de capitales ingleses, y a grandes industrias
de Buenos Aires u otras provincias y el extranjero.

- 99 -
Se trabajaba, casi únicamente como proveedores de
materia prima:
“En Tartagal, en el Chaco salteño, se estableció
en 1904 una fábrica de propiedad de una subsidiaria
de la Tanning Extract Company, de Nueva York, la
Argentine Quebracho Company, que poseía unas
280.000 hectáreas de bosques. En Santiago del
Estero, en cambio, donde también abundaban los
obrajes y aserraderos, la fase industrial llegó tarde:
sólo en 1941 se puso una fábrica de tanino en
Monte Quemado, y en 1942 otra en la capital de la
provincia”, dicen Eduardo Bitlloch y Horacio A.
Sormani, en su trabajo Los enclaves forestales en la
región chaqueño-misionera.
Hacia 1930 los bosques de la ancha región que
rodea a Icaño se van terminando, el Ferrocarril ha
sido concluido y algunos años más tarde reducirá sus
prestaciones; muchos de los capitalistas que
invirtieron en la zona ponen pues sus ojos en otros
negocios. Y se estanca la población en una economía
que vuelve a ser de subsistencia, como en los
primeros años de la conquista.

- 100 -
11. La primera escuela

Con la intuición aguda que caracteriza a los


artistas, Ricardo Rojas percibe el futuro doloroso
que se avecina para Santiago: el desierto más áspero,
en el lugar donde otrora campeaban los exuberantes
bosques y sus innumerables animalitos naturales.
También por su vinculación con el poder –era hijo
del gobernador que otorgase las primeras
concesiones de cientos de miles de hectáreas,
“vendidas” por precios más baratos que los
durmientes que de ellas se iban a extraer, a empresas
forestales que las devastarían. Lo cual establece
analogías sugerentes entre este miembro de las
clases dominantes con otro “visionario”
contemporáneo, Al Gore. Quien desde el poder
estadounidense intenta hoy frenar la debacle
ambiental terrícola. Con ese bienintencionado
objetivo, estimamos, fue escrito posiblemente su
libro más famoso, El País de la Selva.
Prevalecía entonces en la Argentina la poderosa
visión institucional impuesta no sin grandes
crímenes * por Alberdi, Mitre y Sarmiento: aquella
que consideraba como sinónimo de “atraso” a la
selva, al indio, y a todo lo naciona genuinol –
incluyendo el criollo–. Esta concepción, en cambio,
al europeo –particularmente de origen inglés,

- 101 -
francés o alemán– lo veía como el “redentor”, que
vendría a borrar definitivamente las “bárbaras”
tradiciones, aborígenes e hispánicas, propias de
pueblos “indolentes”.
Esta visión incluía una idílica exégesis de la
industria, con sus máquinas motorizando la sociedad
y geométricos campos, verdeando de cultivos
“rentables” llamados a sustituir al “feo, rústico”
monte nativo, como requisito básico para el
desarrollo social.
La educación –que debía “empezar de cero”,
prácticamente– era el instrumento ideado para
“civilizar” a los millones de pobladores de la ancha
Argentina, pues, con la “ayuda” de “generosos”
inmigrantes, a quienes se otorgaba todo tipo de
prebendas y facilidades.
Nuestra escuela de Icaño no fue la excepción, por
cierto. La carta del ministro de gobierno, Pablo
Lascano, a la presidenta de la sociedad recaudadora
de fondos para su construcción, es una verdadera
pieza de colección en tal sentido. Con arrobo
Lascano describe la fascinación sentida cuanto con
el gobernador –Adolfo Ruiz– recorren la campiña
santafesina, colonizada por gringos: “campos que
hasta ayer fueron moradas incultas del salvaje, son
hoy centros de población civilizada”, se extasía.
Aún con tales prejuicios, en la práctica, la escuela
pública fue una bendición real para nuestros

- 102 -
paisanos. El acceder al ejercicio de la actividad
intelectual, así como a destrezas que por largo
tiempo les habían sido negadas, posibilitaria que
muchos de estos criollos o sus descendientes, se
convirtieran más tarde en importantes defensores de
nuestra identidad nacional.

La primera escuela que tuvo Icaño inició sus


actividades el 1º de Abril de 1891, con veinte
alumnos ─aunque cuando cerró su inscripción, el 29
del mismo mes, contaba ya con 51─. Según
investigación efectuada por la señora Olga Mitre de
Bercoff, en 1972, las gestiones fueron iniciadas por
la señorita Trinidad Luna “quien con fecha 28 de
febrero de 1891, escribe al presidente del Consejo
General de Educación una carta”. (Ver
Documentos).
En la carta, la señorita Trinidad Luna informa que
desde el 1º de abril de ese año está en
funcionamiento la institución educativa. Esta
comienza a desarrollar sus actividades en un
“rancho” ubicado en Las Trincheras, donde
concurren varones y mujeres. Se utilizan como
bancos tablones, “facilitados por los vecinos,
sostenidos por troncos de árboles”. Los primeros
alumnos inscriptos fueron:
Nemecio Belizán
Pablo Banegas

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Segundo Díaz
Francisca Ledesma
Emilia Pacheco
Dámazo Farías
Absalón Farías
Leoncio Farías (h)
Domingo Trejo
Hipólito Belizán
Elisea Aymeric
Manuel Ignacio Castellanos
Magdalena Banegas
Nazario Ríos

Trinidad Luna, la fundadora, se había


desempeñado hasta 1890 como preceptora
reemplazante en la escuela de Vuelta de la Barranca.
En 1891 asume la conducción de la nueva escuela,
Nº 56, de su propio pueblo, Icaño.
Pero luego del primer ciclo lectivo “se retira por
razones personales” y en 1892 esta escuela
permanece sin funcionar. En 1893 asume
provisoriamente la señorita Florentina Corvalán, a
quien, en 1894, reemplazaría nuevamente la señorita
Rosa Acosta.
El propósito inicial era denominar a esta escuela
con el nombre de “José de San Martín”, formándose
incluso una comisión de vecinos para ello. Pero este
proyecto fue modificándose al transcurrir los años,

- 104 -
como se verá. Influiría decisivamente en esto la
asiduidad de Ricardo Rojas, quien estaba empeñado
en exaltar a lo largo y lo ancho de la provincia el
nombre de su padre.
El 31 de julio de 1894 asume la dirección la
señorita Carmen Hoyos. Como subdirectora se
designa a Carlota Hoyos. La docente designada por
el Consejo General de Educación continuaría en
funciones, dirigiendo la escuela de Icaño hasta 1896.
Carmen Hoyos desarrollaría además una intensa
actividad social en Icaño, integrando como
Secretaria la Sociedad de Beneficencia. Esta
comisión decide alquilar una casa para alojarla junto
a su hermana Carlota, directora y subdirectora,
respectivamente, de la Escuela 56. Además, esta
comisión asigna una subvención de $ 60, que tienen
el propósito de adquirir útiles escolares.
El 18 de octubre de 1896, impulsadas por la
Sociedad de Beneficencia comienzan las obras para
construir el edificio escolar en Icaño. Con este
motivo, se efectúa el acto de colocación de la piedra
fundamental, con la presencia de autoridades
provinciales y la Banda de Música oficial de la
Provincia de Santiago del Estero. El vice
gobernador, Melitón Bruchman, asiste al acto en
representación de la máxima autoridad estatal.

- 105 -
El entonces Ministro de Gobierno, Dn. Pablo
Lascano, es un eximio escritor santiagueño. Como
tal, escribe una conceptuosa carta a la presidenta de
la Sociedad de Beneficencia Dña. Esilda S. de
Nuttall, de la cual reproducimos algunos párrafos:
“Una escuela que se proyecta es el futuro templo
erigido al culto de una religión sublime: la de la
enseñanza, y allí donde los vecindarios se agrupan
con su óbolo para cuidar esas casas de verdadera
beneficencia, debemos hallarnos presentes todos los
que fiamos el éxito de nuestras empresas a la
educación de las masas.
“Vengo de recorrer en compañía del Sr.
Gobernador, largas extensiones de la provincia de
Santa Fe y Córdoba entregadas a la colonización y
traemos las impresiones más gratas del espectáculo
abierto ante nuestros ojos.
“[…] Los habitantes de Icaño comprometen la
gratitud pública iniciando obras como la que hoy se
inaugura, y la piedra fundamental que colocan en
medio de las alegrías generales, es el principio de
grandes transformaciones en el poder moral, político
y social.
“Ruego a la Sra. Presidenta hacer presentes estos
sentimientos a los vecinos de Icaño y aceptar los
[sentimientos (tachado)] de mi distinguida
consideración” (Ver carta completa en
Documentos).

- 106 -
En 1897 asume como directora la señorita
Honorata Gorostiaga. En el flamante edificio, ese
año, el Ingeniero Baltasar Olaechea y Alcorta,
presidente del Consejo General de Educación,
inaugura simbólicamente un aula. En tal
circunstancia se designa patrono de la Escuela al
notable hombre público y gobernador de la
provincia, Dn. Absalón Rojas.
Ricardo Rojas, hijo del mencionado gobernador y
ya famoso escritor nacional, efectúa numerosos
viajes a Icaño, en gran parte por sus gestiones para
dotar de un busto con la efigie del destacado
gobernador santiagueño a esta escuela.
En 1899 es designada directora de la Escuela Nº
56 la Srta. Rómula Santillán, y por sus eficientes
gestiones, el establecimiento es elevado a la
categoría de “Elemental”.
En 1902 la sucede en la dirección el maestro
Cipriano Báez Messa. Bajo su gestión escolar, se
establece oficialmente el nombre de “Absalón
Rojas” para la más importante escuela pública
provincial de Icaño.
En 1905, es director el docente Dn. Pedro
Abregú. Por sus gestiones se crea en el mismo
establecimiento la Escuela Nocturna, que la
Provincia pone también bajo su dirección.
1908 encuentra ya como director a Dn. Manuel
Luna. Es en este periodo que “se concreta por fin el

- 107 -
anhelo de los docentes, inaugurándose el busto de
Dn. Absalón Rojas”, realizado por un artista
nacional.
En 1910, centenario de la Revolución de Mayo,
“los docentes son gratificados con la entrega de una
hermosa medalla de plata, conmemorativa”, por
parte del Consejo General de Educación de la
Provincia.
Durante ese mismo año, el 12 de agosto, “en un
marco de entusiasmo por los resultados notables de
la Educación Pública”, se crea también en Icaño la
primera Escuela Nacional, a la que se otorga el Nº
78. Es designado como su primer director el
docente Dn. Juan E. Chazarreta.
En 1912, los registros de la Escuela Absalón
Rojas nos dan noticia de estar constituido el cuerpo
docente de la siguiente manera:
Director, Manuel Luna; Vice Directora, Ameliana
Maldonado de Cortes; maestros: Benita Maldonado
de Rojas, Máxima de Carranza, Prudencia Herrera,
Alejandro Costas, Rolendia Rojas, María Luisa
Pacheco. Profesora de Música: Ermelinda Rojas.
El 8 de marzo de 1911, la escuela Absalón Rojas,
de Icaño, es nuevamente elevada de categoría,
llevándola a la de “Inferior”.
En 1913 el personal se renueva parcialmente,
quedando como director el Maestro Normal Nicolás
Blanes; su vice directora es la señorita Aidée

- 108 -
Mittelbach. A las maestras de grado, se agregan
María García, Gennaria Rojas y Ambrosia L. de
Blanes.
1919 encuentra ya como director al maestro
Alejandro Costas, mientras que el personal docente
se integra con Benita Rojas, Prudencia Herrera,
Irene Herrera, Rosalía Vivas, Angélica Encalada,
mientras continúa como maestra de música la
señorita Hermelinda Rojas.
En 1923 asume como directora la docente
Prudencia Herrera de Cisneros. Son maestras de
grado Tomasa Pacheco, Teodomira de Contreras,
Valentina de Giménez, Inés Vieyra, Negalina de
Boixados, Juliana Herrera, Alba Mansilla. Maestra de
Labores: Srta. Victoria Herrera.
En 1940 la peste bubónica azota la provincia de
Santiago del Estero. Se hace sentir en Icaño, con
casos fatales que alarman a la población. Sin
embargo, la escuela Absalón Rojas, por entonces
bajo la firme dirección de la Srta. Tomasa Pacheco,
no suspende el dictado de clases. Finalmente la crisis
de salud pública se supera.
Otra de las docentes destacadas en una larga lista
es la Srta. Inés Vieyra, quien en 1941 asume el cargo
de Subdirectora con carácter de “Ad Honorem”.
El 1º de Abril de 1941 se celebran las Bodas de
Oro de la Escuela Nº 56 “Absalón Rojas”. Con ese

- 109 -
motivo se efectúan importantes actos culturales y
celebraciones conmemorativas.
En 1942 el personal docente se integra de la
siguiente manera:
Directora: Tomasa Pacheco. Subdirectora: Inés
Vieyra. Maestras: Segunda V. de Migueles, Juliana
Herrera, Irma V. de Dib, Modesta V. de Tiberti,
Negalina V. de Boixados, Valentina C. de Giménez,
Teodomira de Contreras, Sara Angélica Rodríguez,
Victoria Spat y Victoria Herrera. Blanca Irurzum,
inspectora del Consejo General de Educación
consigna que el edificio escolar “se encuentra en
estado lamentable”. Debido a ello el cuerpo de
docentes inicia una campaña con el propósito de
obtener la restauración de las instalaciones
educacionales. La incorporación al personal escolar
de la Sra. María Luisa Názer de Gallo, docente de
gran lucidez, contribuiría posteriormente al logro de
esos objetivos.
En 1944, en tanto, la escuela Absalón Rojas es
elevada nuevamente de categoría, llevándola a la de
“Superior”. En conmemoración a ello, se inaugura la
Pirámide de Mayo, obra escultórica realizada por el
prestigioso artista provincial Roberto Delgado.
En 1945 la escuela pierde a “una excelente
educadora e hija de este pueblo”, la Srta. Juliana
Herrera.

- 110 -
El 9 de Julio de 1950, Año del Libertador General
San Martín, se coloca la piedra fundamental del
monumento que esta escuela ha de erigir en
homenaje el héroe máximo de la Argentina.
En 1952 asume por concurso el puesto de
directora la Sra. María Luisa Názer de Gallo. El 23
de septiembre de 1953 se crea el cargo de Celadora,
designándose para esa responsabilidad a la Srta.
María Luisa Farías.
En 1954, asume el cargo de directora la Sra. Irma
Villarreal de Dib. Durante este período se produce
la demolición del viejo edificio escolar, dándose
comienzo a la construcción de las nuevas
instalaciones.
La Sociedad Cooperadora, presidida por la Sra.
Sofía de Bercoff, efectúa por su parte una fecunda
acción de sostén y complementa eficazmente la
labor docente escolar.
El 18 de julio de 1955, siempre bajo la dirección
de la Sra. Irma V. de Dib, se comienza a efectuar el
traslado de los alumnos al nuevo edificio escolar.
Por gestión de esta misma directora, el Gobierno de
la Provincia aprueba también el Proyecto de
Ampliación del edificio. El 6 de julio de 1956, es
designada vice directora la Sra. Irma Mitre de
Bercoff.
En 1963 se conforma la Sociedad de Ex Alumnos
de la Escuela Superior Absalón Rojas.

- 111 -
El 11 de mayo de 1965, se crea por fin el Jardín
de Infantes. Ese día se efectúa una lucida
celebración escolar, encabezada por la entonces
directora interina, Olga Mitre de Bercoff. Se
encuentran presentes la presidenta del Consejo
General de Educación, Dra. Ana M. Victoria de
Borges, la Inspectora de Jardines Municipales, Sra.
María Isabel R. de Páez, quien también asume la
representación del Centro de Residentes Icañenses
en Santiago del Estero. De entre las autoridades
locales, se destaca con un discurso alusivo el
Encargado Escolar, Dn. Benjamín Bercoff, a quien
responde conceptuosas palabras la presidenta del
Consejo, Dra. de Borges. Finalmente se sirve un
almuerzo de camaradería en el que participa el
personal docente y vecinos de Icaño.
La primera maestra jardinera fue la Srta. Lidia
Rosa Metrafano, a quien sucedería la Srta. Teresa
Magdalena Paz.
El 3 de mayo de 1966 la Sra. Irma Villarreal de
Dib, directora de la Escuela Absalón Rojas, es
ascendida a Inspectora de Escuelas por la Provincia.
La sucede en el cargo la Sra. Olga Mitre de Bercoff.
A través de su gestión se efectuarían innumerables
actividades culturales, viajes de estudio y otras
acciones educacionales de gran valor institucional.
También se reacondiciona y repara el edificio
escolar, continuando una larga labor de restauración

- 112 -
comenzada años antes y que permite contar con
instalaciones adecuadas para el buen funcionamiento
de la institución. La comunidad entera presta
colaboración para estas obras, y la vereda del
establecimiento es construida íntegramente por
alumnos de 5º, 6º y 7º grado, dirigidos por sus
maestros.
El 4 de agosto de 1970 se inauguran las
refacciones efectuadas, además de una ampliación
consistente en una oficina para la Dirección, una
cocina, un salón comedor y dos aulas, una de ellas
destinada al Jardín de Infantes.
En 1970 se renueva después de 25 años la
comisión cooperadora, resultando elegido presidente
el señor José Hons. Integran esta comisión además
las señoras Belkis Rodríguez, Miguel Dib, Victoria
Herrera y el señor Francisco Mansilla como
tesorero.
A partir de entonces la Escuela Absalón Rojas,
primera institución educacional de Icaño, naciente al
mismo tiempo que la oficialización de su carácter
municipal, asume un destacado rol en cada una de
las actividades cotidianas de esta comunidad.

Numerosos son los nombres de vecinos icañenses


que han colaborado, de una u otra manera a la
consolidación de esta empresa colectiva.
Posiblemente todas las familias de Icaño alguna vez

- 113 -
aportaron su granito de arena o esfuerzos
importantes para que esta obra trascendente fuese
realidad. Por ello es que no pudimos nombrarlos a
todos, pero sirvan estas líneas para significar que
como de tantos otros logros, la comunidad entera de
icañenses debe sentirse orgullosa de su concreción.

* En el mes de marzo de 1862 Sandes sorprendió


en los Llanos a un campamento Chachista al mando
del mayor Cicerón Quiroga, cuyos componentes
pasó a degüello cuidadosamente. En su parte –cita
obligada con referencia a este episodio– dice Sandes:
“Quedaron en nuestro poder el mayor don Cicerón
Quiroga, jefe de infantería y siete oficiales, los que
fueron pasados por las armas al día siguiente; se
cuentan 3 hombres muertos”.
Esta matanza se lleva a cabo con la autorización
escrita de Sarmiento. Más tarde Mitre le echaría en
cara este acto al sanjuanino, reproduciendo la carta
en que Sarmiento da cuenta de la masacre.
“Sarmiento –dice el historiador Rosa–, no pudo
negarla, pero atribuyó esa matanza y las que le
siguieron, al ejército de Mitre, que él por un acto de
generosidad puso a cubierto de reproches”. (Los
Coroneles de Mitre. Ricardo Mercado Luna.
Editorial Plus Ultra, 1974.)

- 114 -
12. El Conde de Icaño

“…me construí palacios, planté viñedos, me hice


huertos y parques y planté toda clase de árboles
frutales, me hice albercas para regar el soto fértil;
adquirí esclavos y esclavas, tenía servidumbre y
poseía rebaños de vacas y ovejas; acumulé también
plata y oro, contraté cantores y cantoras y tuve un
harén de concubinas para gozar como suelen los
hombres… Cuanto los ojos me pedían se lo
concedía, no rehusé a mi corazón alegría alguna…
Después examiné todas las obras de mis manos y la
fatiga que me costó realizarlas: todo resultó vanidad
y caza de viento… nada se saca bajo el sol.”
Qohelet (La Biblia). Siglo IV antes de Cristo.

El 25 de julio de 1918 un pequeño cortejo se


encaminó hacia el cementerio de Icaño bajo la
llovizna. En un modesto cajón de algarrobo,
reposaba el cuerpo sin vida de quien fuese durante
67 años el Conde Fabián Del Castaño. Había sido
reconocido hacia 1875 con este título nobiliario, por
el rey de España, luego de que colaborase de un
modo decisivo para la restitución de su trono.
El féretro permaneció algunos años en el
cementerio, pero repentinamente se profanó su

- 115 -
tumba y alguien se lo robó. Dicen que vieron a un
pequeño grupo de “porteños encopetados”, que
llegando subrepticiamente contrataron un peón para
extraer los restos, y se los llevaron.
Se supone que eran familiares del Conde –los
Anchorena, de Buenos Aires–. Esto permanece en el
misterio hasta hoy. Como muchas de las acciones en
la historia de Fabián, singular como pocas.
Pero veamos someramente los datos principales
que trascendieron en la vida de Fabián, por algunos
llamado “el Conde de Icaño”.

Fabián Tomás Gómez y Anchorena nació el 29 de


diciembre de 1850, en Buenos Aires. Era hijo del
santiagueño Fabián Gómez del Castaño y la porteña
Mercedes de Anchorena y Arana.
Tomás acaba de cumplir tres años cuando muere
su madre; tres años después, siendo él un niño de
seis, fallece también su padre. A partir de entonces
el niño será criado por su abuela, Estanislada Arana
de Anchorena, quien le designa instructores
particulares para atender su educación. “No
concurre a ninguna escuela, es educado en la casa
por preceptores privados y se desarrolla su
incipiente personalidad colmada de mimos y
halagos”, dicen sus biógrafos.
En 1868 –aún no había cumplido los 18 años–, se
enamora perdidamente a una diva del Teatro Colón,

- 116 -
Josefina Gavotti, italiana, “a quien obsequia lo
mejor del famoso bazar de Perasé, una cupé con sus
guarniciones y un collar de perlas traído de Soufflot
et Robert”, de París.
“Corre mayo de 1868, en Buenos Aires. Tiempos
de la presidencia de Sarmiento y de la Guerra del
Paraguay”. Tristes tiempos, en que centenares de
inmigrantes europeos llegan famélicos y se
alimentan “a pan y cebolla” en el puerto de Buenos
Aires, hasta conseguir que el gobierno les asigne una
chacrita o la colocación como obreros de una
fábrica. Y los indios, convertidos en vagabundos o
borrachos, cosechan el desprecio de los hombres
blancos, que los han arrojado a sobrevivir en
pequeños bolsones alejados de la civilización.
Pero las clases adineradas tenían entonces cómo
eludirlos. Gracias a las inmensas necesidades de
carne de Europa y los países industriales de Norte,
un puñado de familias terratenientes de Buenos
Aires había acumulado fortunas inmensas
dedicándose al negocio de hacer criar, faenar y
exportar carne de vaca. Favorecidos por la
Conquista del Desierto, donde Roca y otros
militares profesionales arrebataron sus tierras a los
indios luego de asesinarlos, para repartir millones
de hectáreas entre sus amigos y parientes, se había
formado esta oligarquía que, hacia fines del siglo
XIX, brillaba ante el mundo entero por su poder

- 117 -
económico y sus dislates exhibicionistas. La familia
Anchorena era una de las privilegiadas con estas
prebendas.
Cierta noche en que se representaba el Fausto de
Gounod en el Teatro Colón, un miembro lateral de
estos Anchorena se enamoró de la soprano Italiana
que lo interpretaba. Fabián Gómez y Anchorena
tenía entonces casi 18 años. Había reservado uno de
los primeros asientos, durante cada noche del
período que durase la representación operística, sólo
para ver desde lo más cerca posible a su amada. Ella
era Josefina Gavotti, una italiana con más de treinta
años y casada ─aunque esto lo sabría él bastante
después.
La mujer se entusiasmó con los regalos recibidos
y la fortuna de su cortejante, debido a lo cual no
tuvo reparos en cometer bigamia, casándose con
Fabián en Buenos Aires. Ello despertaría las iras de
su abuela, doña Estanislada, quien inmediatamente
pidió la anulación del matrimonio: “esta boda es el
gran escándalo social de la época; doña Estanislada
pide anulación del matrimonio por haber estado en
la minoría de edad y sin su consentimiento. En
plena luna de miel (Fabián) es conducido preso por
haber obligado violentamente al cura a realizar esa
boda” (ayudado por un grupo de muchachones). Así
narra el incidente Carlos Páez de la Torre, en la
revista First.

- 118 -
Pero finalmente la pareja quedó libre y partieron
rumbo a Europa, momentáneamente eufóricos. Muy
pronto comenzarían los problemas. Fabián y la
Gavotti “no se entendían”. Especialmente cuando él
se enteró de que ella estaba anteriormente casada –y
no divorciada–, con un italiano. El 14 de enero de
1870 el diario La Nación reproduce los avisos que
estaba haciendo publicar en Europa este niño
mimado de la sociedad argentina, Gómez y
Anchorena. En ellos se ofrecía un millón de pesos
(suma extraordinaria, en esa época de muy gordas
vacas argentinas), a quien “aportara datos de un tal
Fiori”, marido legal de la Gavotti. Cuando lo halló,
el incipiente play boy argentino tramitó y obtuvo
inmediatamente el divorcio.
Los hados lo protegían. En 1873 falleció su
abuela dejándolo como único heredero de una
gigantesca fortuna, calculada en más de ochenta
millones de pesos fuertes, cantidad que provocaba
mareos con sólo pronunciarla. El peso argentino era
por entonces una de las monedas más poderosas del
mundo. La herencia incluía estancias, mansiones en
diferentes ciudades y “manzanas enteras en el Barrio
Norte” de Buenos Aires.
“Lógicamente –dicen los biógrafos porteños–,
para sus ansias de buena vida, la Argentina le
quedaba chica, y Fabián se trasladó a París”.

- 119 -
Allí comenzó a vivir una vida plena de exotismo y
aventura: “en su palacio a orillas del Arno, vive en
compañía de un príncipe tuareg, de una bailarina
circasiana, de su amigo Felipe Haymer y de una
corte de ociosos, afectos a la vida regalada. Allí,
entre fiestas, comienza la leyenda de su riqueza
inagotable”. Viaja a través de toda Europa,
haciéndose admirar por donde va con su
“prodigalidad de gran señor”. Para librarse de los
mendigos, que lo asedian, “ha hecho vestir con sus
ropas a un lacayo parecido a él y por su intermedio
distribuye limosnas a quien se las pide”.
En su palacio de la Ciudad Luz, celebraba
banquetes donde hacía servir “delicadezas”, como
un salmón de dos metros relleno de caviar. Pronto
iba a comprar otro palacio más gigantesco aún, en
Madrid. Su dispendiosidad, elocuencia, ingenio y
atildamiento lo habían convertido ya en un
“perfecto dandy” (hoy se lo denomina playboy),
célebre por sus aventuras mundanas y lances
amorosos. En ellos exagera sus despilfarros y
parece siempre sobreactuar. Pero esto agrada a la
permanente claque de su entorno.
Entonces ocurre uno de los hechos más
importantes de su vida: conoce a la destronada reina
de España, Isabel II y a su hijo Alfonso, parrandero
y bon vivant como él. Alfonso era “legalmente” hijo
de la reina Isabel II y su primo, el príncipe don

- 120 -
Francisco de Asís de Borbón. Pero debido a la
homosexualidad de Francisco de Asís, diversas
fuentes apuntan como probables verdaderos
progenitores al capitán de ingenieros Enrique Puig
Moltó o al general Francisco Serrano, ambos
conocidos amantes de su madre. El triunfo de la
Revolución de 1868, que a través de un golpe militar
derrocó a la Reina, los había obligado a exiliarse en
París. Durante los años de exilio Alfonso completó
su formación académica y militar en París, Viena y
Sandhurst (Inglaterra).
Fabián Gómez de Anchorena se convirtió en uno
de los preferidos de la Reina Madre, especialmente
cuando juró poner toda su fortuna, si era necesario,
para restituir en el trono a los borbones.
En 1870, su madre abdicó en favor de su hijo
Alfonso. Las dificultades internas de la I República,
la prolongación de la guerra con Cuba y el inicio de
la tercera guerra carlista hicieron que aumentara el
número de partidarios de la causa alfonsina. Tras el
golpe de Estado del general Pavía, que acabó con la
I República, Cánovas del Castillo restauró la
monarquía borbónica, con el apoyo del Ejército, en
favor de Alfonso. Con la firma del Manifiesto de
Sandhurst (diciembre 1874), el futuro monarca se
declaraba partidario de la monarquía parlamentaria.
El 29 de ese mismo mes, en Sagunto, el general
Martínez Campos proclamó como nuevo Rey de

- 121 -
España a Alfonso XII mientras que Cánovas del
Castillo se hizo cargo del Gobierno en espera de la
llegada del nuevo rey, desde el exilio.

El rey Alfonso XII de España.

Alfonso XII llegó a Barcelona en el mes de


enero de 1875 y tres días más tarde a Madrid. Con la
- 122 -
restauración monárquica se consolidó un sistema
político dominado por el caciquismo de la
aristocracia rural y una oligarquía bipartidista: el
Partido Conservador, liderado por Cánovas del
Castillo, y apoyado por la aristocracia y las clases
medias moderadas, se repartía el poder político con
el Partido Liberal, liderado por Sagasta, y apoyado
por industriales y comerciantes.
La consolidada amistad del joven Fabián Gómez y
Anchorena con el monarca le hará obtener el título
nobiliario de Conde del Castaño. Según Pilar
Lusarreta, su primera biógrafa, “como el padre
santiagueño de Fabián, por su segundo apellido, Del
Castaño, podía tener lejano derecho a un título de
nobleza, el rey encargó a sus genealogistas realizar
los zurcidos y empalmes correspondientes… de allí
salió un título para Fabián, con escudo de armas y
todo…”
En los años locos de su existencia, con el rey de
España y el conde de Tamames “forman un trío
inseparable”. Fabián tiene un yate, el “Enriqueta”,
lujosamente equipado y siempre lleno de un grupo
de amigos que se titulan a sí mismos “Los
Peregrinos del Placer”. Juega desbocadamente a los
naipes, a la ruleta, a los caballos. Frecuenta los más
caros cabaréts.
Sus amores son siempre tempestuosos. En 1878,
visitando el Museo de Armas, el marido de la

- 123 -
bellísima joven húngara que lo acompañaba los
sorprende juntos e intenta matarlo. De un salto
Fabián Gómez y Anchorena se apodera de un gran
sable histórico que estaba en exposición y enfrenta a
su agresor, que portaba un cuchillo. Lo pone en
fuga.
El Conde adquiere alhajas carísimas, de las cuales
recubre paredes enteras de su palacio en Madrid.
Emprende una obsesiva persecución de obras de
arte, obteniéndolas a cualquier precio.
Entonces, ya que tiene título de nobleza, quiere
obtener su propio feudo: en Europa, por supuesto.
Así es que se pone a financiar a movimientos
revolucionarios de Los Balcanes, bajo la promesa de
ser coronado rey en caso de triunfar alguna de las
revoluciones que impulsa. Pero ninguno de los
grupos a quienes apoya logra el poder y otros sólo le
sacan dinero para “vivir de arriba”.
Descreído entonces de sus posibilidades como
soberano europeo, se postula para diputado en el
parlamento de España; pero su partido no obtiene
los votos suficientes. Entonces se fatiga y abandona
la idea de gobernar.
Enamorado otra vez, se casa con una joven
marquesa española, Catalina de Henestrosa y
Chacón. Orgulloso de ella, la trae a vivir a Buenos
Aires, donde le ha preparado “una casa fabulosa en

- 124 -
la manzana de Esmeralda, Suipacha, Arenales y
Sargento Cabral”, una de sus propiedades.
Mas no bien llegados, ella empieza a sentirse mal
de una rodilla, afectada por un viejo golpe por una
caída del caballo. La dolencia se agrava y aunque
consultan a los mejores médicos de Europa, no
queda más remedio –según ellos– que amputarle una
pierna. Lo hacen, y pese a ello Catalina, en poco
tiempo, muere.
El desconsuelo de Fabián es grandísimo: anuncia
que a partir de entonces ingresará a un monasterio,
para dedicar su vida a Dios viviendo como un monje
sin bienes. Pero pronto olvida ese propósito y
regresa, al parecer con más bríos, a la vida
desordenada. París, Venecia, Madrid, Roma; mesas
de juego, fiestas locas. Cabaréts. Cierta novelista
cuenta una “anécdota famosa” entre la oligarquía
porteña, “la comida que ofreció al Príncipe de
Orange, donde una cocotte célebre, Cora Pearl,
surgió desnuda del interior de un pastel de
hojaldre”. Sin embargo Pilar Lusarreta dice que no
estaba completamente desnuda: colgaba de su cuello
–afirma la historiadora– “un collar de perlas, de
ocho vueltas”, regalo de Fabián.
Finalmente la fortuna de Fabián Gómez y
Anchorena, Conde Del Castaño… se acabó. En
1890 –a los 40 años– el Conde se encuentra en
agudas dificultades económicas, ya. “Ordena a sus

- 125 -
administradores que empiecen a vender casas y
tierras y giren el importe. Así tira un tiempo más”,
informa el periodista Páez de la Torre. “Pero deberá
volver, pobre, a Buenos Aires.”
Su abogado lo aloja –como ironía de la vida– en
su casita de la estancia de ocho leguas cercana a Mar
del Plata, que Fabián le había regalado, algunos años
atrás. Con la decadencia económica vienen
aparejadas las fallas de salud. En 1897 aparece en La
Nación una nota anunciando su fallecimiento, junto
a una enjundiosa reseña de su vida. Pocos días más
tarde, el director del diario recibe una carta, firmada
por “Fabián T. Gómez de Anchorena, Conde Del
Castaño”, que desde el pueblo de General Pirán
agradecía “los para mí halagüeños conceptos de mi
anticipada necrología”. Pero les avisa que aún
permanecía con vida. Pese a ello, una aguda
enfermedad ha obligado, extrañamente, a que le
amputen una pierna: igual que a su difunta esposa, la
marquesa española.
En este período tan sensible de su vida, en que su
personalidad experimenta al parecer un vuelco
místico, conoce a quien sería el ángel guardián en la
última etapa de su tan agitada existencia. Una mujer
viuda de la clase media alta, con quien se
relacionaría por intercesión de sus amistades.
Victoria Ponce, santiagueña, se convertiría en su
tercera y definitiva esposa. El 16 de noviembre de

- 126 -
1912, según consta en el Registro Civil de esa
localidad bonaerense, contrae enlace con ella. Dulce
y refinada, doña Victoria conserva su tonada, más el
aroma profundo de la cultura nortecina.
Por entonces ha logrado arreglar un litigio judicial
con sus tíos, los Anchorena, y obtiene como
resultado una pensión mensual, que les permitirá
vivir sin lujos, pero dignamente, el resto de su vida.
Entonces decide trasladarse a Santiago del Estero, la
provincia natal de su señora y de su padre.
Hay diferentes versiones de los motivos que
llevaron a este hombre, que conoció las mayores
ciudades de Europa, el lujo y el placer de las cortes
más ricas del mundo, a decidirse finalmente por
vivir en un pueblo tan modesto como el de Icaño.
Hay quienes dicen que su destino final era
Añatuya, pero el tren tuvo un desperfecto y debió
detenerse dos días aquí. El Conde y su señora,
alojados en un pequeño hotel, se enamoraron del
lugar (por entonces todavía montuoso) y decidieron
quedarse para siempre.
Otras versiones apuntan que sencillamente el
Conde decidió venir directamente a Icaño, por haber
conocido a personas destacadas de esta población,
como los Mansilla, en Buenos Aires. Esta parece
más pertinente, teniendo en cuenta que el terreno le
fue vendido por don Antenor Mansilla,
perteneciente a una de las familias fundadoras de la

- 127 -
actual comunidad de Icaño. Antes de construir su
propia casa, se había alojado con su compañera en el
“Hotel Neme”, mudándose más tarde a la casa
solariega de otro amigo, don Erminio Sosa.
La casa y el terreno fueron escriturados a nombre
de doña Victoria. En el frontis de la vivienda,
modesta pero cómoda, hizo labrar un escudo, que
decía “V. del Castaño”: por su esposa. Las últimas
descripciones de Pilar Lusarreta dicen que “allí vivió
hasta el 25 de julio de 1918, cuando un ataque
cardíaco terminó con su vida”. En esta etapa se lo
describe como “alegre, chistoso y aunque mantenía
el orgullo de su linaje, jamás dejó de atender con su
habitual finura, a toda persona, de cualquier
categoría que fuese, que quisiera conocerlo” (Páez
de la Torre).
Orestes Di Lullo visita Icaño, hacia los años 40, y
conoce aquí a su anciana viuda. Dejemos por un
momento la voz a ese prestigioso cronista:
“Compraría un terreno a D. Antenor Mansilla,
sobre el Canal Rams y allí levantaría su pequeña
casa, para él y la condesa del Castaño y para una
corte de cuatro mujeres y dos mocetones, familiares
de Doña Victoria, y con ellos asistiría a la
coronación de la obra, cuando el rústico albañil
construiría el escudo, que aún yace en tierra,
desprendido del parapeto y que ostenta la siguiente

- 128 -
leyenda: «Casa fundada en 1915» y más abajo: «V.
del Castaño».
“Allí pasaría sus últimos años D. Fabián, al lado
de Doña Victoria y de los suyos, que le respetaban
con adoración y a los que nunca contó la historia de
su vida. Allí, a orillas del Canal Rams, a pocos
kilómetros del Río Salado, viviría acunado por sus
recuerdos él que sólo recuerdos tenía de su pasada
grandeza. Allí, rodeado de humildes labriegos, de
rostros curtidos por el sol, de desarrapados
pobladores, de viejitas y de niños, a los que reunía
de vez en vez en el patio de su casa; allí, cuidando
de un par de burritos que él cubría personalmente
con mantas como a caballos de carrera, burritos que
le servían para tirar de un pequeño coche en que
paseaba, sentado en un sillón, presidiendo el ruedo
familiar y amistoso, ya viejo, pero siempre pulcro,
acicalado, donairoso, manteniendo secreto su
apellido materno, hermético en sus referencias
personales, D. Fabián Gómez de Anchorena murió
el 25 de Junio de 1918.”
Una de las grandes ventajas de residir en un
poblado pequeño y campesino es que con muy poco
dinero se vive bien. La modesta pensión de don
Fabián Gómez –como se hacía llamar en Icaño–, le
alcanzaba para vivir dignamente e incluso para
retomar la costumbre de las limosnas. Al salir en su
tilburí, con doña Victoria, se dice que lo hacía

- 129 -
detener donde había grupos de humildes niños
jugando para repartirles puñados de moneditas.
Tampoco dejaba pasar a un indigente por cerca de
su casa, sin convidarlo aunque más no fuera con una
buena sopa.
Su don de gentes, su generosidad, la cordial
atención que ponía a cualquier problema que los
vecinos le consultaban, lo hicieron uno de los
hombres más queridos de Icaño, durante el tiempo
vivido allí. Que fue sin duda el de mayor provecho
de su existencia, pues se había convertido en una
especie de místico, bondadoso y sabio.
Los vecinos lo estimaban y disfrutaban de su
cordialidad. No pocas veces recibía de regalo un
cabrito carneado, ya listo para ponerlo en el asador,
pollos, tortitas regionales o un sinfín de manjares
que las artes de los campesinos saben tan bien
aparejar.
En ese ámbito amable y rodeado de cariño, don
Fabián falleció como quien se interna de a poquito
en el agua tibia de un río lustral. Una tarde doña
Victoria regresó de una breve salida que había hecho
al pueblo y lo encontró sentado frente a la ventana
que daba al monte, mirando la lejana cortina de los
árboles. No quiso molestarlo y siguió directamente a
la cocina. Pero al rato, con una repentina intuición,
se acercó. Don Fabián estaba casi frío ya, con los
ojos abiertos y una sonrisa en los labios.

- 130 -
“He visitado la tumba de D. Fabián” –relata
nostalgioso, Di Lullo–. “Ha llegado presuroso al
cancerbero del viejo camposanto en que reposan sus
restos. Es un hombre bajo, fornido, de cabellos
blancos. Conoce el lugar en que fue enterrado y
conoció también a D. Fabián. Me ha mostrado «el
monumento, que no es suyo sino de un pariente de
su mujer». Hay una lápida, que tampoco le recuerda
y en torno, pequeñas tumbas, blancas, azules,
rosadas y cruces.
“Y ante las tumbas, pequeños bancos de
mampostería, y en los caminos, pequeñas veredas de
ladrillo y pastos y hierbas y algunos algarrobos y
más allá campos de cultivo, y muchos árboles, y una
cinta azul en el horizonte lejano.
“He querido, luego, conocer la casa de D. Fabián.
La casa es alta y ostenta una cornisa y un parapeto
roídos. Posee una puerta y una ventana. Y en torno,
ni un árbol, ni una sombra. Nos recibe la esposa de
D. Fabián, Doña Victoria Ponce.
“Doña Victoria es una viejita enjuta. Doña
Victoria está pobremente vestida. Sus ojos tienen un
lejano vivir. Sus cabellos son blancos y bajo la piel
fina y blanca los músculos son flácidos y los huesos
largos y angulosos. Doña Victoria, orgullosa nos
muestra el retrato de su esposo y el suyo, en la
época de su casamiento. ¡Han pasado muchos años!

- 131 -
Lo veo en su rostro surcado de arrugas, en su boca
sumida, en sus ojos tristes, ensombrecidos,
nostálgicos”.
Según la escritora María Esther De Miguel, doña
Victoria Ponce anotaba las frases, cada vez más
profundas que pronunciaba el conde, en sus ahora
serenas jornadas, contemplando el monte icañense,
los pájaros que sobrevolaban la oración o el
horizonte. “El no tener nada te deja ver más claro”,
habría dicho una tarde de lluvia en que hubo tortas
fritas. Y enseguida agregó: “La vida me quitó todo,
no para hacerme más pobre sino para que tuviera
más”.
Hoy no queda en Icaño casi vestigio alguno de la
última morada del dandy, señor de la nobleza
española y finalmente monacal conde Fabián del
Castaño. Pero hasta los más jóvenes saben quién
fue. Su historia ha ido pasando, a través del relato
oral, de generación en generación. Y su nombre, en
una calle, lo recuerda.

- 132 -
13. Apogeo de un modelo

El 1 de octubre de 1852 comienzan los trabajos


para la construcción del Ferrocarril Santiago-
Valparaíso, en Chile. Su proyectista y director es el
Ingeniero estadounidense Allan Campbell, quien ya
había trabajado en la construcción de la vía entre
Caldera y Copiapó. Él determinó que la mejor
opción era una ruta que partía en Valparaíso y
recorría Viña del Mar, Concón, Quillota y luego
cruzaba hacia Santiago por el paso Tabón. Campbell
inició las faenas con alrededor de trescientos
trabajadores, los que luego se fueron incrementando
hasta llegar a alrededor de 2.400 obreros en los
últimos meses de 1853. Esto significó el
lanzamiento de una gran cantidad de trazados
ferroviarios en la vecina república de Chile, siempre
con técnicos estadounidenses. Entre estos, hacia
1880, arriba el joven Santiago Taylor Stone, quien se
especializaba en puentes. Stone encuentra afinidades
entre su personalidad y el carácter latinoamericano y
decide quedarse. En su decisión de quedarse
definitivamente en Sudamérica, influyó el haberse
enarmordo de Sara Mercedes de la Cruz Sanhueza
Eijos, joven belleza chilena. Se casa con ella y decide
venirse a vivir a Real Sayana. Poco después, lo

- 133 -
encontraremos conduciendo una de las principales
empresas madereras de Icaño. Su historia representa
un arquetipo de tantas otras del Fin de Siglo XIX:
Sudamérica se muestra entonces, para algunos
extranjeros, como una nueva Tierra Prometida.

Las películas de Charles Chaplin eran seguidas por


un nutrido público en Icaño, cada fin de semana. Un
operador francés, Tinell, atendía la máquina luego
de cobrar las entradas y cerrar las puertas, ya con la
sala llena. Los propietarios del cine eran además
industriales: la familia Bercoff, dueños de una
carpintería de fama nacional. Además, desde su
establecimiento fabril y comercial proveían de
electricidad a todo el pueblo, convirtiéndolo en uno
de los primeros de la provincia que podía usar esta
tecnología.
Películas con André Deed y Max Linder, Quo
vadis? (1912) o Cabiria (1914) fueron vistas
precozmente en Icaño.
Judith de Betulia, El gabinete del doctor Caligari
(1919), y hasta Un perro andaluz, de Salvador Dalí
y Luis Buñuel, fueron obras cuyas copias llegaron
aquí, casi al mismo tiempo que en las grandes
capitales del mundo.
Como es natural, se habían conformado dos
clases sociales nítidamente diferenciadas: la de los

- 134 -
terratenientes y empresarios, y la de los obreros o
servidores. Por cierto, esta última era más numerosa,
aunque las actividades de la primera sobresalían,
hasta el punto que para las publicaciones de
entonces parecen ser las únicas que existieron. Entre
estas dos franjas de la sociedad prosperaba una
amplia clase media, compuesta por administrativos
de las empresas, docentes o comerciantes, actuando
al unísono con los intereses del pequeño grupo de
poderosos que regía la vida institucional del
poblado.
Las clases más humildes tenían su desahogo y
expresión principalmente en Las Trincheras, que se
celebraban cada año en diferentes lugares, dos o tres
y hasta cuatro a veces.
Desde los sectores más pudientes se lanzó la
iniciativa de una Sociedad de Beneficencia, que
además de asistir a los más pobres o imposibilitados,
emprendía otras obras de carácter cultural, como el
apoyo a la biblioteca pública, o educacional,
sosteniendo el crecimiento de la primera escuela.
En su Reglamento, la Sociedad –que aún en 1896,
cuando se crea, denomina al pueblo “Esteban
Rams” –, dice que sus propósitos son “la fundación
de un Asilo para albergue de los pobres de
solemnidad, protección a los niños desvalidos y
fomento de la educación por todos los medios

- 135 -
posibles y practicar toda obra de caridad que pueda
dentro de la esfera de sus atribuciones”.
De los socios y socias, reglamenta que podrán ser
“activas, contribuyentes y honorarias”: la redacción
da un carácter eminentemente femenino a la
Sociedad. “Serán activas –dice en su capítulo III,
Art. 3º– todas las personas de reconocida
honorabilidad, de nacionalidad Argentina y que
abonen una cuota de ingreso de cinco pesos m/n y
un peso mensual”.
Serán “socias o socios contribuyentes todos los
que soliciten y paguen una cuota mensual a su
voluntad no pudiendo ser menos de cincuenta
centavos”.
Mientras que “socias y socios honorarios” son
quienes “presten servicios de reconocida
importancia a la Sociedad y que a juicio de la
Asamblea sean acreedoras a este título debiendo ser
acordado por mayoría de votos.”
La primera Comisión Directiva fue compuesta de
la manera que sigue:
Presidenta: Esilda S. de Nuttall.
Vice 1ª: Raimunda R. de Mansilla.
Vice 2ª: Teófila de Contreras.
Tesorera: Ana L. de López.
Pro Tesorera: Leona C. de Rodríguez.
Secretaria: Carmen Hoyos.
Pro Secretaria: Belisaria Rojas.

- 136 -
Vocalas: Alvida Rojas.
Benicia Rojas.
Suplentas: Cerviliana C. de Cisneros.
Micaela Chaparro.
Luisa Oliva.
La señora Esilda Scarrichia de Nuttall estuvo
relacionada desde su origen con la actividad cultural
y educacional de Icaño. Presidenta de la Comisión
Fundadora de la Escuela pública, tomó parte activa
para la obtención de fondos destinados a la
construcción del edificio propio.
Hija de Ángel Scarrichia y María Josefa de Navia,
nació en Buenos Aires hacia 1862 y fallecería a los
noventa años, en 1952. Se casó con el empresario
Enrique Nuttall en la Iglesia de la Concepción del
barrio San Telmo, Buenos Aires, cercana ya a sus
treinta años. El matrimonio no tuvo hijos.
En 1889, con su esposo, se establecieron en
Icaño, al frente de la empresa Barber & Nuttall,
primer establecimiento instalado en esta localidad
“para la explotación de los bosques vírgenes”, según
precisa su biografía, narrada por una sobrina-nieta,
Ivonne Scarrichia.
Barber & Nuttall, a cuya conducción se agregaría
el Sr. Guillermo Nial, tenía como administrador al
inglés John D. Ross. Industria de gigantescas
proporciones, instalaron en Icaño el primer
aserradero mecánico. Sus primeros operadores y

- 137 -
técnicos eran ingleses e italianos, a quienes
encomendaron transferir sus conocimientos para
integrar a los obreros locales. La explotación de esta
empresa “abarcaba la fábrica de durmientes para
ferrocarril, de quebracho colorado, postes de
quebracho, algarrobo y otras especies forestales,
rollizos blancos, varillas y carbón”. Según la Sra.
Olga Mitre de Bercoff “enseñaron a nuestros
criollos a ser buenos quemadores”.
Aprovecharon la fuerza motriz de las máquinas
del aserradero para mover una gran bomba, con la
cual regaban los primeros alfalfares intensivos que
se sembraron en Icaño. Además de la industria
forestal, los Nuttall instalaron una casa comercial,
dirigida por Francisco Machado y Miguel O´Keef,
que permaneció hasta el año 1903.
Es que Enrique Nuttall había quedado paralítico y
debido a esta calamidad le resultaba imposible
enfrentar las múltiples obligaciones que le imponían
sus negocios. “Con toda entereza y sacrificio, Esilda
se encargó de cuidar y acompañar a todas partes a su
esposo”, incluso en el momento en que, “debido al
agravamiento de su enfermedad, debieron
trasladarse definitivamente a Buenos Aires” cuenta
en los 70 su descendiente santiagueña.
Otros de los primeros habitantes de la Icaño
institucional eran, según doña Olga Mitre: Mariano
Palavecino, Eugenio Miranda, Gregorio Palavecino,

- 138 -
Leoncio Farías, Cayetano Mansilla, Timoteo
Pacheco, Victoriano Zarco, Bonifacio Banegas,
Gualberto Contreras, Dámaso Ramírez, Laureano
Sosa, Estanislao González, Nemecio Belizán, José
Mendoza, Justo Belizán, Benicio Rojas, Juan
Asencio Bravo, Delicio Ávila y Florentino Pogonza.
Estas familias habitaban Icaño desde la década de
1890. Otras familias destacadas de esa etapa fueron
las de Antenor Mansilla, Miguel López, Fidel
Contreras, Miguel Jorge, Lorenzo Poncio, y Mauro
Contreras. Comisario en ese periodo fue don José
Lugones.
Entre los habitantes de principios de siglo XX
destaca también don Santiago Stone, hombre
emprendedor y hábil que se había afincado en Icaño
hacia fines del siglo anterior. Santiago Taylor Stone,
de origen estadounidense, habitó originalmente
Chile. Había arribado allí contratado para el equipo
estadounidense que construyó los principales
ferrocarriles del vecino país. Stone participó en la
construcción del Ferrocarril Central de Chile y la
construcción del Puente sobre el río Bío Bío.
Terminado este, en 1889, se casó con Sara Mercedes
de la Cruz Herrera, de origen chileno. En 1895
decidieron trasladarse a Santiago del Estero,
instalándose en Real Sayana, donde adquirieron
campos.

- 139 -
Stone y su esposa prefirieron, algunos años
después, adquirir propiedades y habitar en Icaño,
zona que les pareció más atractiva. De carácter
comunicativo, los antiguos pobladores recordaban al
norteamericano Stone por sus emprendimientos
industriales. Hizo un canal que bautizó con su
nombre, y al final de este levantó un aserradero.
Para que sus tierras, situadas al otro lado de las vías
del Central Argentino, tuvieran riego, instaló una
bomba que se abastecía del canal y distribuía el agua
por medio de extensas cañerías. Stone hizo venir a
decenas de estadounidenses, amigos suyos, para
emplearlos en la producción industrial de madera.
Para alojarlos construyó una casa de 600 metros
cuadrados, junto a la suya, donde habitaba con su
familia. La empresa de Stone se especializó en
proveer de varillas y postes para la construcción y
mantenimiento del ferrocarril.
Un cronista local califica a Stone como
“extraordinario y sacrificado soñador” ya que estaba
“empeñado en elevar agua desde el río a las alturas
salitrosas, por medio de tubos y canales sin contar
con más elemento motriz que las máquinas y
calderas a vapor del tipo Stephenson”. También
menciona su empeño en la plantación de
eucaliptos.*
La esposa de Stone estaba emparentada por línea
directa con José de la Cruz Herrera, fundador de la

- 140 -
población que lleva su apellido. Una ancha calle de
Icaño, en tanto, fue denominada “Santiago Stone”.
Hacia el final de esa calle, lindando con la ruta 34,
Stone donó una hectárea de las tierras que le
pertenecían, para la construcción de la Escuela
Nacional Nº 78.
Santiago Stone tuvo nueve hijos, de los cuales el
menor nació en Icaño. Al morir, se hicieron cargo
de todo su patrimonio Luis Sanhuenza, pariente
directo de Sara De la Cruz, y su yerno, Arturo Sieira.
Angel Villalba, destacado icañense nacido en 1910
y emigrado al Chaco y Rosario, nos entregó
sensibles descripciones del pueblo en aquella época,
desde la distancia. Una de ellas dice:
¡Oh, qué misterios extraños
cuando el hombre es aún niño,
y de la madre el cariño
endulzan sus cortos años!
me ofrendó ella sin engaños
todo su amor y ventura
y está unido a su ternura
mi viejo pueblo de Icaño!

“Y apenas suelto el hilo del barrilete ya se traslada


al tiempo de…
Luz y hielo a batería
en aquél viejo taller
de don Emilio Garnier

- 141 -
que el progreso presentía.
Eran tres panaderías,
de Bercoff, Nassif y Luna
…con serenata perruna,
boliche y confitería!”
También nos informa Villalba –esta vez en prosa–
de algunas familias antiguas en la región, como los
Carrizo, Pacheco, Aymeric, así como de “el
envidiable rastreador don Liborato Villalba, o la
típica verba castiza de don Nicolás Zarco Pérez”
[…] sin faltar –dice– “los que involuntariamente
darían su nombre al lugar de su residencia, tales
como la laguna de Ubicho, y de Doña Pumusha”. Y
también sobre “un bombero ferroviario, rosarino, de
apellido Duarte”, al que apodaban “pata de palo”, ya
que tenía “una pierna artificial, de madera”.
En estas primeras décadas del siglo, según
Villalba, no pasan inadvertidos para Icaño “el
desarrollo de la Primera Guerra Mundial y el cometa
Halley”, ya que los pobladores ilustrados “sienten
los efectos de la conflagración” a la distancia. Al
cometa Halley “no se lo ve como un fenómeno
natural, y la población icañense, religiosa por
excelencia, lo consideran como un castigo de Dios”.
También por causa de “la proeza del aviador
Benjamín Matienzo”, se hacen comentarios públicos
acerca de que “Dios se va a enojar, por culpa de
esos aeroplanos”. Como consecuencia, según se

- 142 -
narra, los mayores “prohíben a los niños remontar
barriletes en Icaño”.
Villalba consigna que a principios de siglo “D.
Isaac Bercoff es autorizado a emitir cartoncitos de
cinco centavos para dar cambio”, en lugar de
monedas.
“El primer comerciante criollo en ramos
generales es don Rufino Cisneros”, dice Ángel
Villalba. Pero “la casi totalidad de los comercios
corren a cargo de los árabes, que ejercitan con
habilidad la herencia que llevan en la sangre. Los
más importantes negocios son los de Ganem,
Nassif, Chemes, Giménez, etc”. Sin embargo “las
excelentes tierras son también pobladas por árabes y
es un gusto ver el verde esmeralda de los alfalfares
de Elías Neme y de Miled Suaid. A su vez, los
obrajes requieren brazos fuertes para la leña, la
madera y el carbón, y los encuentran en los hijos de
Icaño”.
La taba, las carreras cuadreras, las Trincheras,
“don Segundo y sus ciegos violineros”, eran las
diversiones de esos hombres y mujeres de carne y
hueso que son los “hijos de Icaño”, criollos o
descendientes de aborígenes, a quienes se alude.
Entre los “bravos” de principios de siglo en esa
tierra de facones y entreveros, se menciona
especialmente a Liberato Villalba, Pancho Aymeric,
Abraham Carrizo…

- 143 -
Y les dedica unos versos:
Carrizo juega la vida
en la famosa carrera
cerca de Joaquín Contreras
porque Aymeric lo convida.
Si habrá temblado en partidas
esa vieja “carrerana”,
que semana tras semana
eran bravas las tendidas!...
En 1924, Icaño recibe la visita del “mundialmente
famoso Farfán Circus” y vive un periodo de
optimismo pues “ha visto aumentar su agricultura y
su ganadería, siendo muy conocidos los Díaz,
Nazario, Córdoba”; cuenta con el “hotel y billar
Neme **, donde también se hacen espectáculos de
salón y allí se la conoce a la enigmática Flor
Azteca”.***
También en aquél primer cuarto de siglo en
Icaño tenía su masitería “doña Catalina”, pero
además “Icaño tiene puestos permanentes en las
carnicerías de su mercado, las verdulerías del frente
están habilitadas por Antonio Miguel y Alejandro
Tayeh; del otro lado de la estación está el aserradero
de Pernigotti”. Tiene dos herrerías: “la de Arrigoni y
la de Fernández” y el único carpintero del pueblo es
“don Desiderio”.
“Pero lo más extraordinario, la más grande
sensación para esos tiempos” asegura con

- 144 -
entusiasmo Villalba “es la luz eléctrica, traída por
Mouriño que contando con un mediano motor
Crosley planta las primeras columnas y tiende los
primeros cables, haciendo que Icaño marche acorde
con la civilización”. La electricidad, entonces,
“destierra al vejo farol y sólo queda el recuerdo de
que:
Llegaban sin hacer ruido
doña Mena y Angelina,
bajo el farol de la esquina,
por don Víctor encendido.
Y sobre un final reñido,
los hinchas de los campeones,
premiaban al viejo Stone
con su aplauso más sentido.

* “Icaño en mi recuerdo”. Ángel Villalba. Tribuna


Libre, 1967.
** Di Lullo llama a este establecimiento de Icaño
“una fonda, llamado pomposamente Hotel Neme”.
En su libro Viejos Pueblos.
*** La Flor Azteca. Fragmento de un cuento del
cordobés Norberto L. Romero, que al parecer la vio
en su infancia, seguramente en los últimos años de
su actuación:
Y la luz subió un poco, pero no demasiado, y
apareció un señor vestido de negro como esos del
teatro, con sombrero alto y bastón, un hombre

- 145 -
gordo y bajito que me recordó, nada más verlo, a
don Cosme, el de acá a la vuelta, el que se quedó
viudo el año pasado; y dijo: Señoras y señores, bajo
este cielo rutilante de estrellas (que no sé por qué lo
dijo si había estado nublado y lloviendo casi todo el
día y serían las seis de la tarde), de este hermosísimo
pueblo, que es Santa María, van a ver ustedes,
respetable público, por primera vez en su vida, algo
único en el mundo, un fenómeno de la vida
humana... y dijo otras más cosas de la naturaleza,
que si se equivoca y no sé más, Bautista, que ahora
no me acuerdo, pero que otras veces ya te conté y
no te acordás; pero como nunca me escuchás, te lo
tengo que repetir todo... Y se encendió una luz
desde lo alto de la carpa, un rayo así, derechito y
amarillo, que caía directamente sobre la mesita,
encima de ese bulto negro, y el señor bajito dijo,
haciendo un ademán y señalando al bulto con el
bastón: con ustedes... y sonaron unos tambores
como en el circo cuando los trapecistas van por el
aire de un lado a otro como volando y te parece que
se van a estrellar en el suelo y despanzurrarse pero
no les pasa nada, y a mí se me encogió el corazón de
miedo, y me sudaban las manos, y no se oía ni el
vuelo de una mosca... nada, nada... Con ustedes, dijo
el gordo, tachán tachán... “La Flor Azteca”. Tiró del
trapo y todo el mundo dio un grito de puro nervio,
porque sobre la mesa había una bandeja de plata así

- 146 -
de grande con una flor amarilla preciosa, como del
tamaño de una pelota de fútbol, más o menos.
Entonces la gente respiró aliviada, pero también un
poco decepcionada pensando que eso era todo y que
habían pagado la entrada para ver una flor de trapo
de morondanga, hasta que, de pronto, la flor
empezó a abrirse muy despacito y cuando tuvo los
pétalos totalmente desplegados, vimos en medio una
cabeza de mujer. Y la cabeza, aunque vos no lo
creas, Bautista, era como de cera, con los ojos
cerrados, muy quietita como de muerto, y el pelo
negro retinto recogido a la nuca así y así, por todos
lados para que se viera bien que no había truco,
porque debajo de la mesa no había nada, nada de
nada. Y la cabeza se estuvo así, muy quietita, como
muerta mucho rato, hasta que de golpe abrió los
ojos y todos soltaron un grito de espanto. Todos
menos yo, que me había quedado muda y paralítica
del susto. Y la cabeza se puso a sonreír y a mirar al
público, y el gordo empezó a preguntarle cosas y ella
respondía, porque hablaba como si fuera una
persona entera, como si tuviera el cuerpo completo,
y tenía una voz muy suave, como la de la ma, y el
señor este bajito, que no paraba de mover el bastón
de un lado a otro, nos explicó que se trataba de una
princesa azteca (que hasta el día de hoy yo no sé si
será cierto, Bautista), que se había enamorado de un
muchacho que no era de sangre azul, o sea, que no

- 147 -
era un príncipe, ni un rey, y que se querían casar,
pero el padre de ella, el rey, que parece que era muy
severo y cruel, le cortó la cabeza por celos y para
evitar el casorio, pero como el amor verdadero es
algo tan fuerte, y ellos estaban tan enamorados
como La Julieta y el Romeo, bajó un Dios Azteca
del cielo, que no me acuerdo cómo se llamaba
porque era un nombre muy complicado lleno de
letras raras, y la convirtió en esa flor que teníamos
delante. Sí, ya sé que vos me dirás que eso era una
leyenda y una mentira, pero yo sentía, Bautista, que
el corazón se me salía del pecho y la cabeza me iba a
explotar en cualquier momento; y como no veía muy
bien a pesar del pa que me tenía alzada, me estiraba
cuanto podía y avanzaba la cabeza. […]

- 148 -
14. Los Hermanos Wagner

La sala de la Sociedad de Estudios Americanistas


de París estaba completamente abarrotada por el
público. Sobre la pantalla, un aparato por entonces
aún muy poco conocido proyectaba imágenes
magníficas, a todo color: ocarinas, urnas funerarias
infantiles, ollas de cerámica, tazas. Corría el año
1939. Un hombre delgado, calvo, con escaso cabello
rubio encanecido prematuramente y barba de sabio,
disertaba:
–Estas elegantes fusaiolas –decía–, ornadas con
motivos simbólicos, que emplearon hace miles de
años las morenas hilanderas de Santiago del Estero,
no se diferencian en nada (ni siquiera en sus más
mínimos detalles) de las que hacían girar en sus
blancas manos las princesas troyanas, cuya belleza y
virtudes domésticas ha celebrado el inmortal ciego.
Era Duncan Wagner, hablando de los
descubrimientos que su hermano, Emilio, había
realizado y enfervorizaban a los americanistas de
Francia: la Civilización Chaco Santiagueña. Las
imágenes de la pantalla, eran primorosas pinturas de
Olimpia Righetti, bella joven santiagueña a quien los
sabios habían preparado para obtener, con su

- 149 -
virtuosidad plástica, las más hermosas
reproducciones de miles de obras prehistóricas
halladas, en ocasiones fragmentariamente, en sus
incesantes excavaciones.
–Muchas de estas reliquias arqueológicas –
continuó Duncan Wagner–, son absolutamente
idénticas a las halladas por Schliemann en las ruinas
de Troya.
Aquí un murmullo de asombro y algunos
cuchicheos se hicieron oír desde la sala.
–En la imposibilidad de extenderme lo bastante
sobre un tema que ofrece tanto interés, nos
reduciremos a pediros sigáis con nosotros las
peregrinaciones de dos de estos infatigables viajeros:
el ojo en la palma de la mano, y la muy conocida y
medianamente bullanguera svástica.
El rumor sorprendido del público y los
comentarios en voz baja cundieron esta vez de un
modo más intenso aún: sobre la pantalla había
aparecido una lámina con dos bellísimas
reproducciones de milenarias pictografías
santiagueñas. Era verdad: las figuras mostradas allí
perfectamente podrían haber sido troyanas. Incluso
superaban a aquellas en sugestión y estilo.
Poco antes el gobierno de la República de
Francia había otorgado a Emilio Roger Wagner, la
máxima distinción que se confiere en este país sólo a

- 150 -
unos pocos elegidos: la medalla de la Legión de
Honor, designándolo con esta Caballero de Francia.
Emilio no necesitaba ya títulos nobiliarios: por
nacimiento había heredado a través de su madre los
de la noble casa polaca de los Miskiewicz. Su abuelo,
conde Juan, había conocido al anciano Goethe. Su
abuela, pertenecía a la casa Ratziwill. Pero la
valoración de su descubrimiento extraordinario, la
comprensión del horizonte inmenso que esto abría a
las ciencias… esto, sí… le había arrancado lágrimas.
Es que Emilio, oficial del Ejército Francés
durante la primera guerra, se había encontrado al
regresar a su querido Icaño con que su patrimonio
edificado durante 14 años había desaparecido por las
artes de su proclamado amigo, a quien como
abogado dejara en custodia. Que los
descubrimientos efectuados con sacrificio no eran
reconocidos por la indiferente Academia de
Arqueología de Buenos Aires o ni siquiera en otras
provincias argentinas. Y que los gobiernos de
Santiago del Estero, enfrascados en otras cuestiones
más “importantes”, le negaban sistemáticamente
hasta la mínima ayuda para continuar sus
descubrimientos.
Amargada su euforia victoriosa al regresar de
Francia luego de haber expulsado a los alemanes,
Emilio no tuvo más remedio que transferir su
propiedad al abogado que decía haberlo “defendido”

- 151 -
de supuestos litigios, obteniendo una tan enorme
regulación de honorarios que el sabio no hubiese
podido pagar aún trabajando con ese único objeto
por muchos años.
Ingenuo, impaciente por su obsesión de continuar
sus experimentos, aceptó entonces con alivio la
sugerencia de su “amigo”, el abogado santiagueño
Napoleón Taboada, quien le ofreció firmar como
“prenda” la escrituración a su nombre de los
enormes terrenos de Mistol Paso: “hasta que juntara
el dinero para poder pagar”. Por cierto, le dijo que
jamás lo iba a molestar y podría seguir viviendo allí
cuanto quisiera. Con cierto regusto amargo pero a la
postre feliz por sacarse de encima ese fastidio,
Emilio Wagner firmó la escrituración de sus
propiedades a nombre del abogado. Tal vez no sabía
que así estaba despojando a su familia, para siempre,
de un patrimonio que dotó a la nación argentina de
muchos de los mayores descubrimientos
arqueológicos de toda su historia. Y condenando a
su única hija, también, al desamparo.
Vigoroso, aplicado, sistemático, infatigable, recreó
la prosperidad básica de su entorno familiar en
Mistol Paso y se lanzó nuevamente a su fabuloso
empeño. Una tras otra recuperaba piececitas
fragmentadas que luego, como en un rompecabezas,
iban conformando mágicamente ánforas, ollas
rituales, vasos…Rostros, serpientes, lechuzas,

- 152 -
estrellas, esvásticas, ojos, iban apareciendo semana
tras semana, año tras año, formando ya un inmenso
museo que mostraba las maravillosas producciones
de un arte elevadísimo y singular.
Pero detengámonos aquí y veamos
ordenadamente quién era Emilio Wagner y cómo
llegó a Icaño.

- 153 -
15. Enamorado de Icaño

“Icaño era su pasión.”


Orestes Di Lullo
Viejos pueblos (1946).

Emilio Roger Wagner había nacido en Ormiston,


Escocia, de padre francés y madre polaca, en 1868.
Hizo sus estudios secundarios en St. Michel, de
Friburgo, Suiza. Más tarde estudió en la Academia
Militar de Saint Cyr – L´Ecole, de donde egresó
como oficial del Cuerpo de Dragones.
“La vocación por el estudio de las ciencias
naturales –dice su hermano Duncan– y el amor por
la belleza y la antigüedad han sido para mi hermano
y para mí cuestión de herencia: la hemos bebido,
puede decirse al mismo tiempo que la leche
materna”.
Según esas breves precisiones autobiográficas, su
abuelo materno “el conde Juan Mickiewicz, que
siendo joven conoció a Goethe en su olímpico retiro
de Weimar”, obtuvo “de la frecuentación a este
ilustre escritor apasionado por la botánica, y de los
grandes profesores del Jardín del Rey, transformado
en Museo de París […] un vivo gusto por esas
ciencias de por sí tan atrayentes”.

- 154 -
De estas relaciones juveniles viene –según
Duncan– que el conde (su abuelo) “instalara bajo el
cielo poco propicio de Varsovia, tibios invernaderos,
tan espaciosos como para que las grandes palmeras y
otras muestras de flora tropical se encontrasen
cómodas. Fue de los primeros en poseer en esas
tierras boreales, soberbias colecciones de orquídeas
de las Indias de la América del Sud”.
Duncan dice que el abuelo materno era un “gran
señor agricultor, industrial y armador”, a la vez que
“coleccionista entusiasta de antigüedades de la época
clásica y del Renacimiento”. Su fuente de recursos
provenía de ricas minas de oro y piedras preciosas
que poseía en “el Ural”. Estas industrias “le habían
permitido lo mismo que ir a buscar a Carrara y a
Paros los mármoles para su palacio de Varsovia,
hacer venir de Cuba todo un cargamento de tierra
vegetal extraída de las vírgenes florestas de esta isla
de clima tropical, a fin de asegurar a sus plantas y
flores preferidas las condiciones de existencia más
favorables”.
Del abuelo paterno, Carlos Raúl Wagner, Duncan
dice que “era a la par escultor, esmaltador y
cincelador”. Dedicado a la orfebrería “renovó
asociado a Maurice Froment los métodos
envejecidos de la joyería de arte francesa, caída
desde la Revolución y el Primer Imperio en lo banal,
lo convencional y lo monótono”. Amigo de Honoré

- 155 -
de Balzac, el prolífico escritor comparó a Carlos
Wagner con Benvenuto Cellini. Duncan recuerda de
su infancia junto a su hermano Emilio haber
admirado “sus colecciones de estampas y de
mármoles antiguos, que había reunido en sus viajes
por Italia, Grecia y Egipto”.
Luego de haber hablado de su hermano Emilio
y sus ancestros inmediatos, Duncan nos deja apenas
cinco líneas referidas a sí mismo. Atraído en la
adolescencia por la historia, se dejó llevar muy
pronto por “otras inclinaciones más vivas […],
seducciones de los trabajos artísticos y literarios y
sobre todo ambiciones de riqueza y poder”, además
de “gusto por la aventura en todas sus formas”.
Entonces vuelve a su hermano, para decir: “No
ocurrió lo mismo con Emilio, el futuro explorador
de la Mesopotamia y del Chaco de Santiago del
Estero. En él su inclinación al estudio de la
naturaleza” se convirtió en “una verdadera pasión,
destinada a ejercer una influencia decisiva sobre el
curso de toda su existencia”.
A los 27 años Emilio Wagner parte con su
hermano a Sudamérica. Interesado inicialmente por
la entomología, el gobierno de Francia lo apoya en
sus investigaciones designándolo Encargado de
Misión del Museo Nacional de Historia Natural de
París. En 1895 los Wagner recorren Santa Fe; en
1889, Tucumán, y poco después, Santiago del

- 156 -
Estero. ¿Qué sucedió en el alma de Emilio, al
ingresar a los por entonces tupidos bosques
santiagueños? No podríamos decirlo. Lo cierto es
que desde entonces no abandonaría jamás esta
región.
Luego de su primera visita, en que alcanza a
recorrer Icaño, tierra de tonocotés, lules y
comechingones, seguirá su viaje: pero ya ha herido
su imaginación, de un modo singular, el espíritu de
esta selva.
Parte para Misiones, donde recorre el Río Iguazú
y la Banda Brasileña (1892), sigue junto a su
hermano por los estados de Santa Catalina y Paraná,
las Sierras del Mar y de Mantequeira y el sertâo del
Río Negro, en el Brasil (1893). Enseguida, Emilio y
Duncan regresan a Misiones, de donde parten para
el Contestado brasileño, surcan el Río Uruguay, el
Río Alto Uruguay y el río San Antonio (1894).
Continúan por el río Alto Paraná en el Paraguay
(1894), para regresar nuevamente a Misiones (1895).
Otra vez en Brasil, recorren los estados de Santa
Catalina y de Paraná, además de los de Sierra del
Mar, Sierra Verde, río Carabatao, y Lapa Campos de
Carapaava (1896). En 1898 los hermanos Wagner
reconocen El Chaco y de allí pasan, otra vez, a
Santiago del Estero. Emilio recorre el río Salado y
queda prendado para siempre de sus bosques y sus
aguas. Decide entonces quedarse aquí. Todavía

- 157 -
efectúan expediciones a Sierras de los Órganos, la
Tijera, los Tres Hermanos y Laguna de Moranguy
Grande, en Río de Janeiro, Brasil (1899). Su
hermano en esa etapa preferiría quedarse en Brasil,
donde muy pronto lo encontramos afanado en
empresas industriales relacionadas con la Energía
Eléctrica.
Emilio compra en 1.900 Mistol Paso, y aquí
comienza la principal aventura de su vida. “¿Qué
raro misterio influye, qué razón poderosa le ata a
esta tierra, en la que más tarde había de descubrir
uno de los tesoros arqueológicos más importantes
de América?”, dice de él Di Lullo, que lo conoció:
“Icaño era su pasión. Cultiva la tierra, realiza obras
hidráulicas para levantar el agua del río, que, ahí al
borde de la casa que construye, se desliza, hondo y
manso, cubierto de una densa siembra de árboles.
Allí, vive”.

16. La Civilización Chaco Santiagueña

En Vidas Paralelas, el griego Plutarco desarrolla


las biografías de hombres del mundo antiguo por
pares, tomando a un héroe romano y otro griego
para mostrar similitudes salientes en sus principales
acciones.

- 158 -
En la vida de Emilio Wagner es difícil eludir la
comparación con el creador de la Teoría de las
Especies, Charles Darwin. Ambos fueron
entomólogos –estudiosos de los insectos–. Ambos
aprovecharon viajes a Sudamérica para profundizar
sus estudios sobre la naturaleza. Y ambos, de un
modo al parecer repentino, dieron un vuelco
dejando la actividad científica desarrollada durante
toda la primera etapa de sus vidas, para pasar a otra
distinta. Darwin se lanzó al plano más vasto y
extenso de la biología antropológica; Wagner al de la
Arqueología y ciencias de la Historia.
Pero las teorías desarrolladas por Emilio Wagner
sugieren un tercer paralelismo: este con su
homónimo Richard, uno de los más gigantescos
compositores alemanes.* Con el compositor de
Parsifal lo unen otros aspectos menos difundidos,
como su proyección metafísica, o la escasa
importancia que dieron a cuestiones materiales, cosa
que los llevó en muchos pasajes de sus vidas a
depender de pequeños canallas, que los sometieron a
humillaciones por sus carencias económicas.
Y todavía un cuarto: con el también alemán
Heinrich Schliemann, durante décadas tomado para
la burla por los académicos europeos debido a su
teoría de que Troya había sido un poblado real y no
imaginario, como sostenía la ciencia de entonces.

- 159 -
Urna funeraria santiagueña. Reproducción de Graciela
Zelaya.

Hacia 1902 encontramos pues a Emilio otra vez


en Icaño, construyendo lo que sería su lugar en el

- 160 -
mundo. Pese a esta decisión, no deja de viajar con
su hermano Duncan, todavía enfrascados en
investigaciones principalmente entomológicas. Así,
recorren Santa Fe, el río Las Garzas (1903); río
Rabón y Loma Negra, en Brasil (1904) y es entonces
cuando Emilio regresa a Santiago del Estero para
terminar su casa y montar su explotación
agropecuaria en Mistol Paso.
Es en esta etapa de su vida, a los 36 años, que
comienza a gestarse en su imaginación el esquema
de su tesis antropológica, llamada a revolucionar las
ideas de entonces. Admirado de los fragmentos de
vasijas antiguas y otros enseres de altísima calidad
estética, que encuentra casi en cada lugar donde
excava en Mistol Paso, se figura que estos dibujos
no podrían haber sido efectuados por “salvajes
crinados cubiertos con pluma de avestruz”, como se
describía por entonces a los nativos con desprecio.
“Estas obras de arte –piensa Wagner– son
semejantes a las creadas por el neolítico helénico,
incluso superiores”.
Su hermano Duncan describe así este momento:
“Mientras contemplaba (Emilio) los túmulos que
diseñan en el horizonte su perfil más o menos
acentuados e interrumpen algo la monotonía de los
paisajes formados por planicies cortadas por
extensiones boscosas como sucede en el interior de
la provincia de Santiago del Estero, su interés se vio

- 161 -
vivamente solicitado por los fragmentos de vasos
pintados de vivos colores que él hollaba con su
planta. Los resultados de las primeras excavaciones
le permitieron enviar al Museum de Paris cierto
número de piezas de cerámica, algunas marcadas con
el sello de rara y original belleza”. Según Duncan,
las autoridades del Museum de Paris “le rogaron
proseguir esas investigaciones”.
Allí comenzaría entonces una verdadera maratón,
no exenta de sinsabores, entre obtener las pruebas
con valor científico que sostuvieran su magnífica
tesis, cosa no poco trabajosa, para la cual debía
pasarse horas explorando, sin remuneración alguna,
y las exigencias de la imprescindible subsistencia
cotidiana.
El estallido de la Primera Guerra Mundial lo
coloca ante la disyuntiva ética de acudir en defensa
de su país o quedarse, a proseguir con sus
fascinantes investigaciones y construcción del
espacio paradisíaco donde había decidido fundar su
hogar. La decisión que toma define claramente su
alta dimensión moral: parte hacia su Patria, donde se
alista como oficial voluntario.
Confía el cuidado de todos sus bienes a un amigo
que se presentaba como entrañable, Napoleón
Taboada, un abogado de Santiago. Cuando regresa,
eufórico por la victoria francesa, encuentra que su
ganado ha desaparecido: fue llevado a una estancia

- 162 -
de los Taboada, en Pinto, y por manejos
inadecuados, no existe más. “Las pocas vacas que
quedaron, están todas engusanadas”, le contó
Miguel Aymeric, su principal colaborador. Y su
“amigo del alma”, le presenta además una situación
equívocamente peligrosa, en la cual cae, llevado por
su bonhomía e ingenuidad.
Supuestamente el alemán Otto Wulff había
reclamado el pago de $ 200 de entonces por
alquileres atrasados de un médico italiano, amigo de
Emilio, a quien saliera de garante. Parece que al
alemán lo impulsaba también animosidad política,
dados los enconos de guerra por los cuales Emilio
había partido hacia Europa a luchar contra el país
del demandante. Entonces Taboada, en vez de
arreglar el litigio con un acuerdo (con vender dos
vacas de las centenares que había podría habérsele
pagado, dice la hija de Wagner), decide litigar contra
él en los Tribunales de Santiago. Gana el juicio,
eximiendo con ello a Emilio de pagar la deuda de su
ausente amigo italiano y “salva su buen nombre y
prestigio”. Pero la regulación de honorarios por tal
“defensa” arroja a favor de Taboada la bonita suma
de… ¡$ 25.000!...
La hija del sabio Emilio Wagner narra, en dolida
crónica todavía inédita, detalles de la sinuosa
operación:

- 163 -
“Según Aymeric me expresó” dice Haydée
Wagner, “Taboada aprovechó muy bien la euforia de
don Emilio que volvía de ganar la guerra expulsando
a los invasores de su Patria. Entonces lo hizo
transferir la propiedad, en prenda por sus
honorarios, sin más, cosa que don Emilio hizo
pensando que alguna vez la recuperaría. Nunca pudo
aunque hasta los últimos años de su vida lo deseara,
según Canal Feijóo, que estaba en esos trámites
cuando don Emilio falleció en 1949”.
Pese a ello, Taboada permitió (con sospechosa
generosidad, según la hija de Wagner) que don
Emilio habitara en la propiedad, supuestamente
hasta que pudiera juntar la cantidad necesaria para
recuperarla. Esta prenda maldita debe de haber
envenenado amargamente toda la vida del sabio.
¡Cuántas veces en sus sacrificadas expediciones a la
selva, con un solo caballo donde cargaban los
enseres de excavación con su hermano, habrá vuelto
a su mente esa preocupación constante,
principalmente por el futuro de su familia!... En
carta a Canal Feijóo, sintiendo ya acercarse el ocaso
de su vida, don Emilio prácticamente implora a
Gaspar Taboada, administrador de esa linajuda
familia, para recuperar aunque más no fuera por
caridad la posesión plena de su campo en Mistol
Paso. “Quiero que te entiendas con Canal Feijóo”
dice por carta a Taboada fechada en diciembre de

- 164 -
1946 “para ver si me hacen condiciones y precio
acomodado para que pueda comprarles Mistol Paso,
ya que deseo aprovechar el año lluvioso y mis
últimos años de actividad, y buscar resucitar mi
antiguo nido para tener en donde descansar en paz,
y dejar un hogar a mi hijita Haydée, que es todo lo
que queda de mí y de mi otra familia. ¡Vos sos
archimillonario y Napoleón está muy, muy bien!”,
señala, en una apelación que –como se vería luego
de su fallecimiento– no obtendría más que las típicas
respuestas elusivas a que son tan afectos árabes e
hispánicos santiagueños. Pero que ocultan una
voluntad de rapiña implacable, pues la familia sería
finalmente despojada de todas sus propiedades.
Pero volvamos a 1918: finales de una guerra
victoriosa para Francia y Emilio, veterano oficial
triunfante, con 50 años de edad, sólo está
obsesionado por aplicar todas sus fuerzas a
recuperar los años invertidos en el campo de batalla
europeo. Le importa casi únicamente la
investigación científica. Monta como puede una
explotación de alfalfa, con sus propias manos
construye centenares de cajones para criar abejas,
destinadas a la producción de miel. Arregla las
enfardadoras, construye galpones para
almacenamiento, abre canales para riego,
iniciándolos en el río. Mas anhela con ansiedad,
únicamente, encontrar suficientes piezas

- 165 -
arqueológicas, que apuntalen su teoría científica, y
escribir los libros que leguen estos extraordinarios
hallazgos a la posteridad.
Cuenta con los títulos revalidados de Encargado
de Misión y Enviado Especial y Representante del
Museo de Historia Natural de París para la
Argentina, Brasil y Paraguay, a los cuales se agrega
en 1919 el de Encargado de Misión del Ministerio de
Instrucción Pública y Bellas Artes de Francia en la
América del Sud. Pero es poco probable que,
además de abrirle puertas oficinescas, le hayan
dotado de alguna suma que le alcanzara para sus
investigaciones. Su hermano Duncan, en conferencia
de 1932, se queja elípticamente de la carencia de
recursos y apoyo oficial con que debieron efectuar
sus trabajos científicos: “lo que la previsión y la
perseverante voluntad del hombre mejor preparado
para alcanzarlo no había logrado, un capricho de la
suerte estuvo destinado a ponerlo de golpe al
alcance de su mano”. Duncan describe este hecho
fortuito, así:
“Una pequeña ocarina con sonidos más o menos
melodiosos fue encontrada en el borde de un
sendero del Chaco por un modesto leñador […] y en
las proximidades algunos vasos pintados con
brillantes colores. Este descubrimiento, de por sí
insignificante, tuvo esta vez, el don de llamar la
atención de la prensa local y de algunas

- 166 -
notabilidades de la capital de la Provincia. Mi
hermano se ofreció a verificar la verdad de los
rumores esparcidos, los poderes públicos entraron
en movimiento. Una pequeña suma fue puesta a
disposición del director del Museo Arqueológico, las
primeras excavaciones emprendidas se vieron
coronadas del mayor éxito y desde entonces no
fueron jamás completamente interrumpidas”.**
Había recibido hasta entonces el desprecio de la
comunidad universitaria argentina. “…ni el eco de
las vibrantes y proféticas palabras pronunciadas […]
por Francisco Moreno, ni la exclamación
emocionada de Juan B. Ambrosetti” a favor de los
descubrimientos de Wagner, “ni las palabras de
Florentino Ameghino lamentándose de que la
pequeña colección que había motivado el juicio
hecho por Francisco Moreno «haya sido perdida
para la ciencia», ninguna de esas manifestaciones de
los grandes precursores de la arqueología argentina,
había tenido la virtud de despertar el interés de los
representantes de la ciencia oficial. El nombre de
Santiago del Estero parecía que debía quedar para
siempre fuera de los fastos del Americanismo”.
En 1927, Duncan Wagner, desilusionado de sus
actividades empresariales en Brasil, había decidido
unirse a la búsqueda apasionante de su hermano.
Orestes Di Lullo pinta así al Duncan Wagner de esa
etapa:

- 167 -
“Duncán, del secretariado de la Usina Central de
Azúcar de Pojuca, Brasil, pasa a la publicaci6n de su
libro Le Banquet. De la fundación de múltiples
ingenios y colonias a la redacción de la Revista
Franco-Brasileña. De la empresa comercial al
estudio de la arqueología, con el mismo ahínco y la
misma tenacidad de su espíritu inquieto. Y si fracasa
en sus afanes industriales y se malogran sus
propósitos, triunfa en cambio en vida de sus afectos
más caros, en el mundo de la ciencia y de la cultura,
ayudando a su hermano a salvar del olvido una de
las civilizaciones más antiguas del continente”.
Por su parte, el publicista y explorador francés
describe esos tiempos:
“…las primeras etapas de nuestro largo viaje han
sido realizadas en las condiciones más modestas y
menos confortables. Un pequeño grupo compuesto
de cinco o seis hombres, a lo más conducido por mi
hermano y yo, veteranos, es verdad de la maleza y de
los bosques, era todo lo que constituía el personal
de la Misión.
“En calidad de medio de transporte poseíamos
por todo y para todo, un viejo caballo de buena raza
criolla, valiente y servidor acostumbrado, como sus
amos, a afrontar con ecuanimidad las rudas marchas
y de un alimento casi siempre insuficiente, como de
costumbre”.

- 168 -
El tesón y la fortaleza de estos hombres son
proverbiales. La escritora Clementina Rosa Quenel
los encuentra saliendo de la tupida foresta, cubiertos
de tierra hasta la cabeza, las manos partidas de tanto
cavar, con la piel casi negra por el ardiente sol, pero
en el rostro brillando como gemas sus azules ojos
por el entusiasmo de los descubrimientos.

* Su hija Haydee dice que don Emilio Negaba


cualquier relación con el músico alemán Richard
Wagner. Para acentuarlo aseguraba, incluso, que su
apellido se pronunciaba “Vagnég”, es decir, era
netamente francés. Ocurre que don Emilio sentía,
también, algo de aversión hacia los alemanes. Quizá
las raíces de ello, fuera que su origen familiar
paterno provenía de la región Alsacia-Lorena, como
se sabe largamente asolada por los ejércitos
alemanes.
** La Civilización Chaco-Santiagueña.
Conferencia del Señor Duncan Wagner, Vice
Director del Museo Arqueológico de Santiago del
Estero, pronunciada en el Centro Naval de Buenos
Aires el 23 de Abril de 1932.

- 169 -
17. Mistol Paso

Emilio no había podido olvidar unos ojos de


mujer santiagueña durante los más o menos
treintaiséis meses que estuvo en la guerra. Lleno de
fastidio cuando en la capital Taboada imponía las
condiciones de su expoliación, sólo pensaba en
volver a Icaño para buscarla. Una tarde, con el
pretexto de pactar algunos trabajos con su padre, a
quien conocía, Emilio fue a su casa con la esperanza
de volver a verla.
Una frescura, una paz, un dulce confortamiento
acarició su corazón cuando la muchacha alta,
delgada, de cabellos suaves y rasgos delicados
apareció como una maravillosa proyección de sus
ensueños por una puerta enmarcada en quebracho.
Con mano temblorosa recibió ese mate de plata que
la hermosa mujer le alcanzaba.
Algún tiempo después, sólo el suficiente para
terminar de reconstruir Mistol Paso, que había caído
mucho después de la “administración” Taboada, se
casaron. Eladia González era hija de un criollo
icañense, hombre noble y sencillo, hachero que con
su familia alquilaban su fuerza de trabajo para tareas
forestales. El sensible francés había encontrado en
ella aquél misterioso refinamiento, la bella

- 170 -
irradiación de la tierra, que en ninguna otra mujer
argentina, hasta entonces, percibiera. Y eso que él se
había manejado, desde que llegase 20 años atrás,
entre las clases que a sí mismas se denominan
“altas”.
En todos los años que compartirían, desde allí,
Eladia sería para Emilio la encarnación viva de su
entelequia: la Cultura Chaco Santiagueña. *
En 1923 les nació la primera niña, a quien
bautizaron Adela. “Era tan bella que los vecinos de
100 leguas a la redonda venían a verla”, narraban
luego de su fallecimiento, dos años después. Por
algún misterioso sino de su existencia, Emilio y
Duncan parecían destinados al dolor.
Pero como el piloto del esquife atrapado por la
tempestad en alta mar, que se resiste a los furiosos
embates del viento y el agua congelante aferrado al
timón, Emilio quiso tener otra hija y junto a Eladia
lo consiguió. En 1926 nació Haydee, quien los
acompañaría hasta el final y más tarde sería la mejor
garantía para que su lucha no se pierda.
Icaño era y tenía en los años 20 todo lo que un
alma sensible necesitaba para ser feliz. Haydée –hoy
con 81 años– recuerda las maravillosas tardes de
otoño cuando con su padre y su madre salían a
tomar el té sobre la leve gramilla en la ribera del
Salado. “Poníamos un mantelito en el suelo”,
cuenta, “mi madre destapaba las canastillas donde

- 171 -
había masitas, bizcochos, palitos de miel, que había
preparado... y en tacitas de porcelana, nos servía el
té...”
Con el suave rumor del río como cortina
armoniosa miles de pájaros tejían infinitos tonos
musicales entre la floresta.
“Los árboles eran tantos en Mistol Paso, tantos y
tan tupidos”, cuenta doña Haydee “que formaban
larguísimos túneles, sombrillas naturales sobre los
caminos...”
El paseo hasta elegir un sitio donde tomar el té
aquellas tardes era un delicioso transcurrir por sobre
alfombras de hojas, “los algarrobos se juntaban en
techo, los chañares, formaban larguísimas sombrillas
amarillas protegiendo los caminitos”.
Tía Cecilia, una francesa casada con Duncan,
reprochaba a la ya adolescente Haydee que una
indiecita, a quien habían adoptado luego de salvarle
la vida en Brasil, aprendiera francés y en cambio ella
no. Pero Haydee aprendió quichua. A Haydee le
interesaba más conocer la lengua de su madre que la
de los europeos. No fue algo deliberado, sino
natural. Allí aprendió quizás que el amor enseña más
que la racionalidad. Pues más tarde sería autora del
“Método Wagner”, de educación para los más
pequeños, que enseñaría a leer a miles de niñitos
santiagueños.

- 172 -
A su casa de Mistol Paso iban todo tipo de
personajes, muchos de ellos extranjeros. A veces se
hacían fiestas. Se escuchaba a Mozart, Vivaldi,
Haendel, en tocadiscos a batería. Se hablaba de los
abuelos de los Wagner, por parte de madre condes
también de Ratziwill, aquellos que se rebelaron
contra la dominación del zar, y fueron perdiendo
casi todo por causa de esto.** “Por el lado de los
Ratziwill vendríamos a ser también parientes de
Jacqueline Kennedy”, dice doña Haydee Wagner.
Pero cuando niña a ella sólo le importaba jugar
junto al río, leer, y aprender las melodiosas palabras
del quichua, que oía hablar también a su padre
francés con los hombres que trabajaban el campo.
Wagner era un hombre de costumbres austeras,
disciplinado, de mente pura, corazón noble y cuerpo
sano. Durante horas podía hachar un gigantesco
árbol, hasta derribarlo, solamente si lo necesitaba.
Por lo general cuidaba hasta a las hormigas, en
Mistol Paso no se debía tocar nada de lo natural,
salvo que fuese estrictamente necesario. Cuando caía
un árbol, por alguna tormenta, don Emilio lo
quitaba de en medio; se lo utilizaba para leña,
construcción de techos u otro fin, pero luego
cuidaba amorosamente la raíz. “Vamos a dejarle este
gajito, este gajito y este...” decía, mientras lo
limpiaba “el pobre no tendrá fuerzas para los más
grandes, después de lo que le ha pasado, pero de

- 173 -
estos chiquitos se va a recuperar...” Y los árboles
volvían a crecer, recuerda su hija con emoción.
A don Celasio, uno de los trabajadores del campo,
una tarde se le acercó pues él fumaba y fumaba...
–¿Por qué fumas, Celasio?, le preguntó. Como
única respuesta el rudo campesino se encogió de
hombros.
–No fumes, Celasio, te va a hacer mal... no es
bueno fumar...
Celasio nunca le hizo caso. Y murió de cáncer a la
faringe.
Doña Haydee Wagner recuerda que había un
hombre, Geno Córdoba, que se dedicaba a cazar
aves, de las cuales luego vendía sus plumas. “Tenía
una escopeta muy antigua, de esas que se cargaban
por el caño... mi padre le regaló una flamante, que
había traído de Europa... en casa teníamos un
armero, en la pared, donde había todo tipo de
escopetas, fusiles, y también espadas...”
–¿Cuánto estás cobrando el kilo de plumas,
Geno?–, le preguntó don Emilio.
–Tanto don Emilio.
–¿Y cuántas de estas son un kilo de plumas?
–Y... más o menos esto, don Emilio– dice Geno,
mostrando una de las alforjas llenas que colgaban de
sus hombros.

- 174 -
–No... eso es muy mucho... te están estafando,
Geno... vení, vamos a hacer una balanza y pesar...–le
argumentó.
De su oficina sacó piolín y con una vara, dos
tapas de cajas de té y una moneda de oro improvisó
una balanza.
–A ver, aquí vamos a poner las plumas, y aquí la
moneda...–dijo don Emilio. –La moneda de oro pesa
tantos gramos, entonces así, y así, vamos poniendo
aquí hasta hacer un kilo...
“Así”, cuenta doña Haydee Wagner, “mi padre le
indicó a don Geno Córdoba cuánto era en realidad
un kilo de plumas... y desde entonces, don Geno
empezó a irse para arriba, económicamente...” se ríe
doña Haydee.
También recuerda que otro francés, a quien los
Bercoff habían puesto como encargado del cine,
solía llevar la máquina de proyección a Mistol Paso
para brindarles funciones privadas. Tinell, que así se
llamaba, proyectó la primera vez una película de
Chaplin, que Haydee, por entonces con 6 años,
nunca olvidó. “Tengo en la memoria cada detalle”,
narra. “Después vi, en el cine de Icaño, todas las
películas de Chaplin”.
La existencia en Mistol Paso no estaba exenta de
peligros. “Un día”, recuerda, “vino a visitarnos don
Santiago Ponce, cuyo campo era vecino al nuestro...
el día anterior lo había atacado uno de los asesinos

- 175 -
que habían matado a esa familia italiana, los
Becchero, en Malbrán...”

Rogelio Sosa, uno de los peligrosos asesinos que asolaban


la región.(Foto: El Liberal, 1931.)

Santiago Ponce contó que la tarde anterior


mientras tomaba los últimos mates en su rancho, vio
aparecer lentamente desde la penumbra a un
individuo. Su esposa y sus hijos chicos se
preparaban para dormir. “Pase, pase, amigo...
sientesé... tome un mate...”, invitó. Se había dado
cuenta ya de que el otro no tenía buenas
intenciones, y era forastero, pero quería ganar
tiempo, dejándolo hacer. El otro pasó y se sentó en
la punta de la silla. Ponce le alcanzó un mate “que
recibió con la punta de los dedos”...

- 176 -
–Tome, tome tortilla, sirvasé–, le dijo Santiago
Ponce, acercándose. “Y mientras le alcanzaba la
tortilla, con el codo empecé a tantear para atrás a
ver si tenía el facón...”
El otro se dio cuenta de ese movimiento y en el
acto sacó un cuchillo grande. Entonces Ponce, que
no llevaba el suyo, con una mano le agarró la hoja,
mientras con el brazo libre lo envolvió por el cuello
y lo volteó. La mujer con la chiquita huyeron, por la
ventana de la habitación, pero el varoncito, como de
diez años, respondió a los llamados de su padre y le
alcanzó un lazo de tiento. Con eso redujo al
peligroso asesino, y lo entregó a la policía.

Don Santiago Ponce con autoridades policiales. (Foto: El


Liberal, 1931.)

- 177 -
“Mire, mire, cómo me ha quedado la mano, don
Emilio”, decía Santiago Ponce, mostrando los
profundos tajos en su palma.
“Hicieron mucha alharaca con la hazaña de
Ponce”, cuenta doña Haydee: “los jueces, los
comisarios, se sacaron fotos, que publicaron en el
diario... pero don Santiago nunca cobró la
recompensa que había ofrecido el gobierno por los
delincuentes”, asegura doña Haydee Wagner.

- 178 -
Otra imagen de don Santiago Ponce, donde puede verse
su mano vendada. (Foto: El Liberal, 1931.)

Por esa misma época, mediando los años 30, la


suerte de los Wagner cambió. Debido a un
acontecimiento fortuito –el hallazgo de pequeñas
piezas arqueológicas en el Chaco, la participación de
los Wagner en el discernimiento de su antigüedad y
la repercusión mediática que había tenido el asunto–
, algunos de los gobernantes santiagueños
parecieron comprender la importancia del asunto y
comenzaron a apoyar económicamente las
investigaciones. Esto llenó de júbilo a los hermanos
Wagner y pese a que eran cantidades mínimas las
que recibían, jamás dejaron de mostrar su
agradecimiento por poder dedicarse casi a tiempo
completo a buscar los indicios de su amada
Civilización Chaco Santiagueña.
Uno de sus sueños se concretó: en 1934 vio la luz
la magnífica obra concebida durante esos treinta
años de esfuerzo extraordinario. La Civilización
Chaco Santiagueña “y sus correlaciones con las del
Viejo y Nuevo Mundo”, calificado como “el libro
más bello que se haya editado desde Santiago del
Estero”, presentaba preciosas ilustraciones a todo
color, con reproducciones exactas pintadas una a
una, a mano, por Olimpia Righetti. El libro causó
admiración. Una ola de fervor investigativo, el
- 179 -
debate público por lo avanzado de las propuestas,
que muchos denostaron o intentaron descalificar,
recorrió el ambiente intelectual argentino. Y también
tuvo sus importantes ecos en Europa,
particularmente en Francia, que por esas
investigaciones, muy pronto otorgaría su máxima
condecoración, la Legión de Honor y el
nombramiento de Caballeros, a los Wagner.
Ese periodo fue hermoso y feliz para todos. De
aquí y allá los invitaban a dar conferencias, iban y
volvían a Europa, a otras provincias argentinas, a
Brasil, Paraguay, Chile... siempre financiados por
universidades, gobiernos o fundaciones, pues en lo
económico, seguían subsistiendo con recursos
exiguos.
La pobreza parece ser el destino de los grandes
talentos. Pero si se la asume con serenidad, no actúa
en su detrimento, por el contrario, a veces parece
darles más alas, mayor libertad. En la última etapa
de su vida, cuando su amada Eladia ya había
fallecido y él luchaba con la cicatería de los
Taboada, para dejarle aunque más no fuera la
propiedad donde había crecido a su hija, don Emilio
a veces solía dejarse ganar por un cierto
escepticismo. En una de esas tardes, la entonces
niña Haydee recuerda haberle oído pronunciar:
“Hija... el mundo se va a morir de civilización”.

- 180 -
* Entelequia: En la filosofía de Aristóteles, fin u
objetivo de una actividad que la completa y la
perfecciona. (Diccionario de la Real Academia
Española.)
** La insurrección estalló en Varsovia el 29 de
noviembre de 1830. Fue creado un gobierno
autónomo, la dieta destronó al zar. Comenzó la
guerra polaco-rusa. El ejército del Reino,
excelentemente preparado y armado, luchó hasta
septiembre de 1831. Tuvo que sucumbir a la
abrumadora fuerza humana y económica de Rusia.
El fracaso de la insurrección tuvo nefastas
consecuencias: la supresión de Ia constitución, la
liquidación del ejército del Reino, el cierre de la
universidad y la construcción de una ciudadela en
Varsovia. Se recrudecieron las persecuciones de los
polacos en Lituania, Bielorrusia y Ucrania; muchos
de ellos fueron castigados con destierro y
confiscación de bienes. Fue cerrada la universidad
de Vilna. También las autoridades prusianas (la
provincia de Poznan) y las austriacas (Galicia)
aplicaron represalias contra polacos.
Tras el fracaso, alrededor de 10.000 polacos, entre
ellos líderes y soldados de la insurrección, emigraron
a Francia. En París se instalaron los poetas Adam
Mickiewicz y Juliusz Slowacki, el compositor
Federico Chopin y el historiador Joachim Lelewel.

- 181 -
Se creó la Sociedad Democrática Polaca cuyos
miembros se reunían para discutir sobre las causas
de la derrota y las posibilidades de continuar la lucha
armada. El duque Adam Czartoryski desarrolló una
campaña diplomática para mantener la actualidad de
la causa polaca. Historia de Polonia. Guerras e
insurrecciones nacionales en el siglo XIX. Embajada
de la República de Polonia en La Habana. 2007.

- 182 -
18. Desde los 60 a la actualidad

A principios de siglo, algunos de los hacendados


locales comenzaron a ejercitar la producción de
cultivos agrícolas a gran escala. Esta circunstancia se
veía favorecida por la ubicación de Icaño, entonces
abundantemente regada por el cercano curso del río
Salado. Así pues, Icaño tuvo aún antes que en la
mayor parte de la república Argentina, prósperos
cultivos basados en este tipo de riego por
inundación. También una incipiente actividad
ganadera, aunque en menor escala.
Su mejor época sin duda fue entre los años 1910 y
1930, en que se unieron la actividad agrícola,
ganadera, forestal y comercial en esta región,
movilizando un intenso mercado comercial.
A partir de allí en adelante, sólo quedó la
agricultura , dado que los intereses forestales se
habían modificado, dejando sin sustento financiero a
dicha actividad.

- 183 -
Pero también la agricultura enfrentaba ya un grave
problema, que terminaría por destruirla
prácticamente en el transcurso de algunos años: la
disminución del riego.
Una crónica de la época nos cuenta que desde el
año “1933 viene marchitándose progresivamente,
disminuyendo su población con el abandono
consiguiente de viviendas e instalaciones y lo que es
peor, el ánimo de sus pobladores ha ido decayendo
frente a la impotencia e incertidumbre para
conseguir agua para el riego de sus tierras.” La
crítica situación se agudiza debido a “las cantidades
decrecientes de agua que cada año trae el Río Salado
a esta zona, consecuencia de factores coincidentes
como ser mayores usos del Río Salado en sus
crecientes de la vecina provincia de Salta, grandes
cantidades de agua perdida por las fluctuaciones del
río en bañados y disminución general de lluvias en
las fuentes” del río.
“La deforestación, el sobrepastoreo y las prácticas
inadecuadas de cultivo son también causas que
producen la mayor alteración del ciclo hidrológico”,
nos indican además los especialistas Carlos
Moscuzza, Alejo Pérez Carrera, Juana Garaicoechea
y Alicia Fernández Cirelli, de la Universidad de
Buenos Aires. En su estudio “Relación entre las
actividades agropecuarias y la escasez de agua en la
provincia de Santiago del Estero”, señalan que este

- 184 -
proceso se verifica “a través de la disminución de
los caudales disponibles y el deterioro de la calidad
del agua. […] La sobreexplotación del recurso, allí
donde es escaso, generalmente destinado a
actividades agropecuarias, provoca la salinización de
suelos con pérdidas de la productividad y trae como
consecuencia el éxodo rural”.
Entonces una intensa movilización de
productores agrícolas de la región consigue lo que se
presenta como una esperanza luminosa: el Proyecto
Dique de Embalse Figueroa y Jume Esquina.
Desde el año 1936, en que comienzan los estudios
por parte del Estado Provincial para su realización y
se dictamina su “factibilidad”, no cejan los
productores rurales y campesinos de la región de
movilizarse por tras de este objetivo.
Debido a esta fuerte presión, finalmente se logra
que se construyan las obras mencionadas.
“Con la construcción del Embalse de Figueroa se
ha dado un paso hacia delante para volver a nuestra
zona la prosperidad de antaño y crear una economía
estable, en base a cultivos respaldados por la
seguridad de un aprovechamiento racional de los
canales del Río Salado”, celebra un comunicado de
los agricultores… ¡treinta años después!, en 1966.
Solicitan, además, continuar las obras “con la
terminación del canal alimentador con aguas del Río
Dulce a esta zona y el Embalse de Jume Esquina”

- 185 -
para dar “alivio a la angustia que soportan desde
hace años los pueblos de Herrera, Añatuya, Colonia
Dora, Icaño, Real Sayana y circunvecinos”.
Para reforzar sus demandas, los agricultores de la
zona constituyen en 1967 la Sociedad Agrícola
Icañense. En su proclamación sostienen que se deja
constituida “una sociedad gremial, cuyo objetivo
será la atención de los intereses generales de la masa
agraria”. Para reforzar su constitución, llegan a
Icaño los dirigentes Carlos de Arzuaga y Abel A. de
la Garma, presidente y coordinador de la Federación
Agraria Santiagueña, filial a su vez de la Federación
Agraria Argentina (FAA).
“De común acuerdo –según se consigna– y
primera medida, decidieron agilizar las gestiones
para la prosecución de los trabajos de unión de los
ríos Dulce y Salado en Jume Esquina”.
El gobierno accede, y se construye el canal, que
arrancando en la progresiva del Km. 21,756 del
canal matriz, alimentado por el dique nivelador de
Los Quiroga, debe dirigirse al encuentro de la
cuenca del Río Salado a lo largo de 60 Km.,
siguiendo una línea transversal respecto del Río
Dulce.
Los primeros 30 Km. correrán ligeramente hacia
el sur (punto de cruce con el Ferrocarril Belgrano)
para desviarse ligeramente hacia el norte, en los 19
Km. restantes.

- 186 -
En la primera parte debe cruzar el departamento
Banda, tocar tangencialmente el departamento
Robles, para entrar al departamento Figueroa, donde
terminará, en la depresión natural que le servirá de
vaso al Embalse Jume Esquina.
Este trazado prevé entregas para riego en los
primeros 30 Km., respetándose las acequias por
entonces existentes, las cuales serían alimentadas
por el canal. “En el curso inferior no se ha
contemplado ninguna toma para riego”, dice la
información del diario El Liberal.
Finalmente, el 3 de mayo de 1968 se inaugura el
Canal de Jume Esquina. Gobierna el país una
dictadura militar, su delegado local es el general
Carlos A. Uriondo. Con lujo de detalles en
publicaciones de la época se describe la ceremonia:
“El significativo acto que marcará un nuevo
horizonte para aquellas poblaciones que se servirán
del canal, que por derecho les pertenece y está
asegurada por los convenios firmados con las
provincias de Salta, Tucumán y Córdoba sobre
distribución y utilización de los ríos Salado y Salí-
Dulce, se iniciaron con la ejecución del Himno
Nacional Argentino.
“Usaron de la palabra el vicepresidente de la
Federación Agraria y Sociedad Cooperativa
Algodonera de La Banda, un agricultor
representante del departamento Figueroa y el

- 187 -
gobernador de la provincia, general Uriondo, para
destacar la importancia y significación de la obra.
“Luego el obispo diocesano, monseñor Manuel
Tato, procedió a la bendición de las aguas.
“Por último el gobernador y el Ing. Torreguitart,
procedieron a la apertura de las compuertas que
dieron paso a las aguas por el Canal de Jume
Esquina.
“Al mismo tiempo la Banda de Música de la
Provincia ejecutó Diana y un avión de la Dirección
Provincial de Aeronáutica sobrevoló el lugar”
(Tribuna Libre, Nº 12, Mayo de 1968).
Pero tanta fanfarria y alegría pronto se trocaría en
decepción y tristeza: a pocos días de inaugurarse, los
agricultores reclaman por los periódicos que… ¡el
canal no tiene agua!
Tribuna Libre, publicación independiente de
Icaño, informa así sobre esta especie de burla
oficial:
“A muy pocos días de levantarse las compuertas
del canal matriz revestido, para dar paso a las aguas
del Río Dulce por Jume Esquina al Salado, para que
este último lleve el riego a las fincas de los
departamentos Taboada y Avellaneda, insólitamente
se interrumpe el curso libre del preciado y esperado
líquido en las regiones sureñas. […]
“Personas de reconocida seriedad de la localidad,
Real Sayana y Colonia Dora, así lo informan […]

- 188 -
después de haber recorrido el curso nuevo del canal,
el que momentáneamente mantiene seco su flamante
cauce.
“Sin desvirtuar por completo la promesa del
gobernador, hay síntomas de inquietud por este
extraño evento, suscitándose verdadero escepticismo
en la industria, comercio y agro, habiéndose
producido ya en este último el cambio esperado con
la preparación de acequias para riego, desmontes,
adquisición de semillas y roturación de tierras”.
Pronto este escepticismo se deslizaría hacia la
amargura y muchas familias comenzarían a
abandonar, definitivamente, sus campos, equipos de
trabajo y viviendas, algunas vendiéndolos por
mucho menor valor y trasladándose a otras
provincias.
Pero ¿qué había sucedido con el agua destinada a
Icaño?
“…ocurrió lo inesperado”, nos informa Tribuna
Libre. “Esa masa de agua, largada entre la algarabía
de los presentes en la barrera 4 el día de la
inauguración, fue desviada unos kilómetros más
adelante. En su casi totalidad se desplazó por el
canal sud, en dirección a Beltrán y Fernández.
“Para ello, en el tramo y puente construido en el
cruce con el canal sud y ruta 5, se colocaron tablas a
manera de compuertas provisorias […] De ese modo

- 189 -
se contuvo el agua, que tomó por el cauce abierto
del canal Sud hacia Fernández”.
Estos bloqueos irregulares del agua en sitios no
previstos, además, provocaron acumulación de
filtraciones en otros sitios, desbordándose
finalmente al acumularse y desperdiciándose por
hacerlo en zonas no cultivadas.
“Con la nefasta noticia –escribe el cronista–, el
desaliento nuevamente crea cierta psicosis de duda
con respecto al riego, mientras tanto otras familias
abandonan definitivamente sus tierras que laboraron
por muchísimos años para trasladarse a otros
centros, porque tampoco creen que se produzca el
milagro capaz de transformar la fisonomía de esta
zona abandonada por los hombres del pavimento”.
Como suele ocurrir con lamentable frecuencia, el
tiempo otorgaría una vez más la razón a quienes
reflexionaban con escepticismo. Porque Icaño no
recuperó jamás la prosperidad agrícola que supo
mantener incluso hasta entrados los años 50.
Pero como ninguna sociedad que se entrega a la
depresión puede llevar una vida prolongada, muchos
icañenses se desentendieron de estos avatares de la
política y se entregaron de lleno a tareas culturales,
sociales o deportivas.

Poco tiempo después, hacia fines de 1968, se


instala una cabina telefónica. Esto renueva el

- 190 -
optimismo en la comunidad, que a partir de
entonces ve crecer el área de las comunicaciones,
llegando en la actualidad a poseer telefonía
domiciliaria, inalámbrica e Internet.
La vida social de Icaño, entonces, continuó con
sus ritmos apacibles o intensos, de acuerdo a las
épocas, con la celebración anual de las Trincheras,
reuniones sociales en casas de familia, peñas y
bailes.
En 1966, en tanto, un técnico local, el Sr.
Francisco Mansilla, había provocado verdadera
conmoción en Icaño al hacer funcionar, en su taller,
el primer televisor. Aunque las imágenes eran aún
bastante borrosas, muchos vecinos se apresuraron
pronto a comprar televisores, pues consideraron que
enseguida podría obtenerse una mejor señal. Y no se
equivocaron. Este sería el comienzo de la televisión
en Icaño, que actualmente ha alcanzado un nivel
semejante al de cualquier ciudad moderna.
Mención especial merecen las instituciones del
deporte, que desde la década de 1950 comenzaron a
desarrollarse cada vez con más vitalidad en Icaño.
Ellas son los clubes sociales y deportivos Atlético y
Alumni, que fueron creciendo a despecho de
tiempos difíciles que vivió la comunidad por causa
de las sucesivas crisis económicas locales.
El primero, Atlético, fundado a principios de siglo
XX, continúa hasta la actualidad con sus actividades

- 191 -
deportivas. En tanto Alumni, que se le sumó a
mediados del siglo pasado, pronto se convirtió en el
contendiente obligado y representante junto al
anterior de la práctica deportiva en Icaño.
Luego de un periodo de cierta actividad gremial
del sector agrícola, que desemboca en el desengaño
de las obras de riego, toda la región, paulatinamente,
se va introduciendo en una cada vez más aguda
crisis económica.
Puede decirse que desde los años 70 a los últimos
del siglo XX, una etapa vegetativa se abatió sobre
Icaño, debido principalmente a la bancarrota de la
agricultura y ganadería de la zona. Sin embargo,
aspectos positivos pueden extraerse aún de este
período. Ellos son, por una parte, los
emprendimientos comerciales de algunos vecinos
que se comprometieron con Icaño, como los
hermanos Russi, bonaerenses afincados aquí, o la
resistencia de algunas familias de agricultores, como
la de don Isidoro Pereyra , de La Costa.
No dejaron de surgir cultores del arte,
representados por valores originarios de Icaño,
como Alfonso Nassif, quien llegó a ocupar altos
cargos en la Sociedad Argentina de Escritores
(SADE), o Shalo Leguizamón, folklorista destacado,
residente en Buenos Aires, que llevó la música de su
tierra a escenarios internacionales.

- 192 -
Ángel Leguizamón (“El Negro”) fue un famoso
enfermero de aquellos, que una población donde
suelen escasear los médicos, toman como sus
“galenos de cabecera”. Resolvía todo tipo de
problemas, desde una infección, administración de
medicamentos a cualquier hora y hasta pequeñas
operaciones. Normalmente era quien atendía los
partos, y aunque fuesen a buscarlo a las tres o cuatro
de la mañana, jamás se le escuchó algún tipo de
rezongo. Una calle de Icaño, muy merecidamente,
lleva su nombre.
Nuevamente en el área cultural, los resultados de
cierta introversión reflexiva, fue provocando un
cambio en la mentalidad de jóvenes generaciones,
que tomaron conciencia de la importancia de
estudiar el pasado, no sólo el limitado por la
conquista, sino el de nuestros ancestros aborígenes,
verdadera clave para comprender los sentidos
ocultos de esta región.
En los últimos años fue dándose un proceso de
crecimiento mesurado, pero sin pausa,
concretándose una serie de obras de mejoramiento
edilicio, como la pavimentación de calles céntricas o
la construcción de un nuevo barrio, que ensanchó
notablemente la zona urbana de esta comunidad.
También es un hecho de singular trascendencia la
construcción de un edificio propio para la biblioteca
municipal Emilio y Duncan Wagner, dotada además

- 193 -
con un completo equipo informativo de seis
unidades.
El apoyo dado a las actividades culturales, sociales
y educacionales desde el área gubernamental, ha
generado un clima de optimismo en la población,
que augura cada vez mayores concreciones.
Pues solamente con un pueblo orgulloso de sí
mismo y de sus raíces, con ánimo emprendedor, se
puede afianzar una sociedad equilibrada, culta y
sustentable.

- 194 -
19. Las Trincheras

“Al igual que los lule-vilelas, los tonocotés eran


gente alegre, aficionada a cantar, a bailar y
embriagarse”, nos dice María Mercedes Tenti de
Laitán en su Historia de Santiago del Estero (1995).
Los Hermanos Wagner, por su parte,, señalan
que:
“En numerosos lugares excavados, hemos
recogido constantemente estatuillas y efigies de
terracota, modeladas en relieve o en medio relieve,
esculpidas en piedra o pintadas, de una divinidad
cuyas principales características son las siguientes:
“ ―Su cabeza recuerda a la vez al pájaro y al
hombre; sus ojos derraman generalmente lágrimas
humanas; su cara carece de boca. (La “mujer sin
boca”, así designada por los arqueólogos europeos.)
“ ―Su cuerpo es a veces el de una serpiente, o de
aspecto ofídico, conformación que toma
particularmente cuando se trata de estatuillas.

- 195 -
“ ―Es divinidad trinitaria (hombre, pájaro y
serpiente).
“ ―Suele ser andrógina, otras veces masculina o
femenina, aunque la mayoría de las veces su sexo no
está indicado.
“ ―A menudo est á colocada entre dos felinos,
jaguares, pumas o aguaráes, o entre dos águilas o
dos palomas y también entre dos serpientes o
acompañada de serpientes.
“ ―Suele estar representada en forma simb ólica
de cono, de lingam, de herma, de betilo, de menhir,
etcétera.
“El Museo Arqueológico de Santiago del Estero
posee 3.569 representaciones de esa divinidad
trinitaria, la mujer pájaro.” *

- 196 -
Las Trincheras de Carnaval, en Icaño (2007).

Al pisar nomás el actual predio de Las


Trincheras, un alma sensible capta el hálito de lo
sagrado. Este espacio disputado entre españoles y
aborígenes durante dos siglos, debe haber sido el
centro cultual de los pobladores originarios, desde
milenios atrás. Todo está dispuesto naturalmente
para esa función. Árboles gigantescos, que parecen
abrazar y dar techumbre al espacio, donde un
arroyito amable invita a la mirada al ensueño
observando perderse entre las retamas el angosto
brazo del río Salado, que transcurre apacible a su
espalda. En el medio de los mayores árboles y junto
- 197 -
al río, una pista natural, ovalada, y a su alrededor,
pequeñas lomas, de tierra maciza, que se muestran
como graderías formada para los espectadores de la
ceremonia.
Ceremonia, sí. Quien observa
desapasionadamente el lento desfilar de centenares
de jinetes, alrededor de la pista, mientras en ella
bailan las parejas los ritmos contagiantes de
chamamés y guarachas, no puede evitar un
estremecimiento por la intuición de estar
contemplando un movimiento ancestral. Esto ocurre
en las actuales Trincheras de Icaño, que se celebran
anualmente, durante una semana, hacia mediados de
febrero.
Varios pobladores de esta comunidad recuerdan
vagamente haber oído hablar a sus abuelos de “lo
que les contaban su abuelos”, esto es “las
ceremonias indígenas de Las Trincheras”. ¿Y cuáles
habrían sido esas ceremonias indígenas? Nadie lo
sabe con precisión. Unos dicen que podrían haber
sido festejos por “un año más de resistencia al
invasor español”, o luego de alguna victoria
importante. Entonces los tonocotés se habrían
entregado a la fiesta casi tal como se hace hoy,
desfilando en caballos alrededor de la pista, pues
para entonces –siglo XVIII– ya se habían convertido
en avezados jinetes. (Como se sabe, los aborígenes
fueron mucho mejor obedecidos por sus caballos, ya

- 198 -
que en vez del brutal proceso de doma al que
sometían los españoles al equino, por medio de
golpes y agobio, los aborígenes lo convertían en su
amigo, hablándole con paciencia y suavidad,
acariciando su cuerpo suavemente hasta que lo
calmaban.)
Pero deben de haberse celebrado ceremonias más
antiguas en este predio. Los hermanos Wagner nos
hablan de los innumerables indicios que hallaron en
Icaño de una religión pacífica y altamente metafísica,
que se expresaba en una simbolización artística
refinada. Los Wagner aseguran que aquí no se
practicaron jamás los sanguinarios sacrificios,
costumbres de otros pueblos indígenas como los
Aztecas o los Mayas. Esto porque en millares y
millares de representaciones artísticas sobre las
cerámicas locales no encontraron ni una sola que
aludiera a algún tipo de sacrificio. Pero deben de
haberse celebrado otras ceremonias más antiguas en
este predio. **
Podríamos imaginar, de acuerdo con esto, un
espacio donde los alegres tonocotés bailaban en el
medio de un incesante desfile de hombres y mujeres
portando ofrendas vegetales alrededor, vestidos con
sus mejores trajes, de las más finas telas, ornadas
con figuras de alta calidad estética, dando gracias
por la fertilidad de la tierra, o pidiendo por el fin de

- 199 -
las guerras, a la deidad andrógina que posiblemente
los protegía.
Bellísimas muchachas y esbeltos jóvenes llevarían
posiblemente en sus manos canastas y fuentes con
frutos del lugar, algarroba, chañar, zapallitos,
mandioca, mistol, mientras otros en canastillas
artesonadas con fibras vegetales, presentarían el
chañar, la sal y las espigas, así como el nutritivo pan
obtenido del maíz y el trigo macerados en sus
atahonas.
Flores rojas, azules, amarillas, adornarían los
cabellos de las muchachas, finos mocasines de vitela
envolverían sus pequeños pies, danzando al son de
la música jovial que ejecutaba la orquesta, formada
por timbales, sikus, pincuyos, tamboriles, panderos y
flautas.
A los costados, esparcidos alrededor del inmenso
escenario, los ancianos fumarían en rituales pipas de
piedra ese antiguo humo del cebil, destinado a abrir
las puertas de la imaginación hacia los horizontes de
los dioses.
Al llegar al inmenso óvalo entre los árboles, el
cortejo festivo desfilaría durante horas y horas,
renovándose cada vez pues los bailarines relevarían
a sus amigos y a su turno estos pasarían al centro
para continuar el baile.
Al ver esto los sacerdotes españoles,
comprendieron que no sería un rito muy fácil de

- 200 -
erradicar. Pero tampoco podían permitir que
siguiera teniendo carácter sagrado, pues como se
sabe su misión era imponer que el mundo podía
tener una sola religión y era la de los europeos.
Entonces aplicaron una táctica milenaria de la
organización poderosísima que por entonces era ya
el catolicismo: la fagocitación de los símbolos. Esta
consiste en adueñarse de las ceremonias de
importancia central para las culturas que se aspira a
dominar. Pero modificándolas en su sentido, para
neutralizar con esto su gravitación ideológica. Así
fue que conservaron las Trincheras, pero
transformándolas en “Carnaval”, acentuando de
paso, con esto, su neto carácter “pagano”. ***
De esta manera perduran hoy. Una fiesta de
Carnaval, pero atípica, que dura cinco días, no
siempre coincidiendo con las fechas fijadas por el
calendario.
La fiesta comienza al atardecer, cuando
centenares de jinetes –incluyendo algunas mujeres–
se dirigen hacia el predio de Las Trincheras, a tranco
pausado y conversando animadamente entre ellos.
Van vestidos con sus mejores ropas: los hombres
suelen ostentar bombacha y botas, rastra, algunas
veces con monedas de plata, oro, o ambos metales
combinados, sombrero –y hasta algunos pocos años
atrás, facón. El facón ha sido prohibido hoy por las
autoridades, debido a los constantes muertos y

- 201 -
heridos que se daban en Trincheras de antaño.
Muchos –incluso jóvenes– añoran aquellos duelos a
facón y dicen “sin peleas las trincheras ya no son las
trincheras”... Entonces el gaucho que llega hoy al
portal de Las Trincheras tiene que dejar el facón en
el puesto policial, y pasar únicamente con la vaina
en la cintura, que muchas veces es también de plata.
La ropa de los gauchos suele ser generalmente
azul o negra, camisa blanca, pañuelo al cuello –
blanco o rojo–, aunque excepcionalmente se ven
gauchos vestidos de verde, morado, marrón, u otras
combinaciones algo más exóticas.
Las mujeres ya no visten con largas polleras
floreadas, como antes, pues desde los años sesenta,
una lluvia de bombitas de goma, semiinfladas con el
agua del río, las acosa desde que empieza la fiesta
hasta su final. Generalmente pequeñas bandas de
adolescentes son quienes se divierten de esa manera,
pues los jóvenes y mayores prefieren bailar o lucirse
sobre los caballos. Ahora suelen llevar vaqueros y
blusas, shorts, lo más livianos posibles, puesto que
en esta época Santiago del Estero puede presentar
sus temperaturas más altas.
También se juega echándose unos a otros,
hombres y mujeres, al agua fresca del ancho estero
en que termina un brazo del río Salado, justo detrás
de la pista. Allí los jugadores –principalmente

- 202 -
jóvenes y adolescentes–, se embadurnan el cuerpo
con barro mutuamente.
Antiguos pobladores cuentan que estas fiestas se
hacían un siglo atrás en dos o tres lugares, como
celebraciones espontáneas a la que los vecinos no
habían querido renunciar. Entonces, al son de
música ejecutada con arpa y violines, se bailaba bajo
las copas de añosos árboles, tomando la aloja –y más
tarde el vino o cerveza– que a falta de heladeras, se
conservaba fresca en fosos cavados en la tierra,
rellenos con una pequeña fruta silvestre, el ancochi,
de características refrescantes.****
En aquellos tiempos que hoy se recuerdan con
romanticismo, de las Trincheras, destacaba don Gil
Orellano, bandoneonista, quien por entonces era el
único músico profesional de la de la zona. Los que
tienen más de cincuenta años recuerdan sus
interpretaciones, mentadas como sin nada para
envidiar a las del viejo Tarragó Ros. Tenía un amigo
inseparable, don Jorge Garzón, hombre
emprendedor, que se inició en los negocios con una
carnicería, llegando a poseer más tarde una empresa
de construcción. Él enseñó el oficio a los albañiles
de Icaño, y su equipo hizo tradición, pues al
transmitir esos conocimientos por generaciones,
elevó muy alto el prestigio de los profesionales de
este rubro en la región.

- 203 -
Hacia los años 80 y 90 del siglo XX hubo un
decaimiento en los festejos, como parte quizá del
descreimiento general que se abatía sobre muchos
sectores sociales de la provincia. Incluso hubo algún
de los años de este fin de siglo en que el tradicional
Encuentro Anual de Las Trincheras no se realizó.
Afortunadamente, a partir de 2002, nuevos
funcionarios sensibles al sentir popular, fueron
haciéndose responsables del mantenimiento y
cuidado de su principal pista, el sitio hoy
denominado precisamente Las Trincheras, por
considerarla una fiesta cuya existencia es el signo
vivo más importante de la identidad cultural de
Icaño.
En los últimos años de este tercer milenio,
entonces, se han hecho trabajos de mejoramiento
paulatino del inmenso predio, y se han delimitado
claramente sus límites, para evitar también la
apropiación privada de un espacio comunal.
Bajo este paraguas oficial ha ido creciendo la
fiesta hasta convertirse en una experiencia social
inolvidable, en donde participan unas cuatro o cinco
mil personas cada día, desde su inicio a las tres de la
tarde hasta que se da por cerrado el ciclo a las
nueve de la noche.
Muchos de estos participantes vienen de otras
provincias, principalmente Buenos Aires, pero
suelen ser generalmente si no icañenses, sí hijos o

- 204 -
nietos de emigrantes, que vienen a recuperar
energías de la tierra de sus ancestros para poder
seguir con sus duras luchas cotidianas en la gran
ciudad.
Los conjuntos más afamados ocupan ahora el
gran escenario, montado de tal manera como para
que todos puedan verlos desde cualquier lugar, y con
los adelantos técnicos sonoros y de iluminación más
avanzados.
Recientemente se han incorporado las Peñas, que
se efectúan entre las nueve de la noche y la
madrugada, durante dos noches intermedias, en que
no se habilitan los juegos carnavalescos, dedicando
el espacio únicamente a esto. Las Peñas resultaron
un éxito extraordinario, también, constituyendo un
acontecimiento cultural y festivo que complementa
perfectamente a las Trincheras tradicionales. Las
familias, como los jóvenes y niños, pueden ir a estas
peñas con sus mejores ropas y tranquilidad, pues
como no se permiten bombitas ni se moja a la gente,
nadie corre peligro de que le arruinen algún vestido
de calidad o simplemente lo molesten. Durante las
Peñas desfilan los conjuntos de mayor refinamiento
por el escenario, tanto folklóricos como de música
bailable. También se presentan las academias
folklóricas del departamento, lo cual resulta un
espectáculo magnífico, pues decenas de niños y
adolescentes de ambos sexos, exhiben en el

- 205 -
proscenio sus ropas cuidadosamente confeccionadas
en vivos colores, y un maravilloso espectáculo de
danza que han preparado durante todo el año.
Algunas muestras de esta Fiesta principal de Icaño
y descripciones de sus últimas realizaciones, pueden
hallarse en el sitio web de la Comisión Municipal:
http://www.icanio.com.ar
En los últimos años una afluencia creciente de
turistas, argentinos o extranjeros, ha hecho pensar a
las autoridades locales que Las Trincheras de Icaño
están muy cerca ya de convertirse en un
acontecimiento cultural de trascendencia, cada vez
mayor, hacia fuera incluso de nuestras fronteras.
Debido a ello, se ha decidido continuar con la
profundización de la investigación sobre sus
orígenes, como parte de un proyecto de gobierno
que considera que, para desarrollarse, un pueblo
debe necesariamente conocerse, y respetarse a sí
mismo. Este libro es parte de ese empeño.

* Arqueología comparada. Resumen de


prehistoria. Emilio R. Wagner, Olimpia Righetti,
Buenos Aires, 1946.
** “Está permitido creer que esta gente de
costumbres aparentemente más dulces que la de
cualquier otro pueblo precolombiano, había
ignorado la práctica de sacrificios humanos pues
nunca hicieron figurar en el decorado de sus

- 206 -
alfarerías (lo que constituye un hecho excepcional)
esas horrorosas cabezas trofeos, chorreando sangre,
de las cuales la ideografía americana ha hecho triste
abuso.
“[…]Pastores, agricultores, tejedores de una
habilidad consumada, y como alfareros maestros
entre los maestros, estos pueblos sedentarios no
vivieron por cierto una existencia miserable. Muchos
indicios nos llevan a creer que gozaron periodos de
paz largamente prolongados. No se encuentra
ningún rastro de combate sangriento,
amontonamiento de armas o esqueletos
abandonados, miembros humanos destrozados y
dispersados, cráneos rotos con las marcas de
mortales heridas”. Emilio y Duncan Wagner, en “El
sentimiento religioso y las costumbres en la
Civilización Chaco-Santiagueña”. Ver: Documentos.
*** “A partir del siglo III, el éxito del
maniqueísmo sacude los cimientos de la Iglesia; la
influencia del maniqueísmo se mantendrá durante
toda la Edad Media. Por otra parte, algunas ideas
religiosas iranias -concretamente ciertos motivos de
la Navidad, la angelología, el tema del magus, la
teología de la luz, ciertos elementos de la teología
gnóstica- terminaron por ser asimilados en el
cristianismo y el Islam; en algunos casos es posible
seguirles los rastros desde la alta Edad Media hasta
el Renacimiento y la Ilustración”. Historia de las

- 207 -
Creencias y de las Ideas Religiosas. Mircea Eliade,
Ediciones Cristiandad, Madrid, 1979.
**** Ancochi. Arbusto. –Valleria glabra– de hojas
verdes y frutitas blancas, como perlas, a las que se
compara con carabanas, un antiguo modelo de
zarcillos. (Folklore santiagueño. Recopilación de
Dn. Julián Cáceres Freyre. Inédito)

Documentos

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Carta del Jefe Indio Seattle

En 1845 el “Gran Jefe Blanco de Washington”,


hizo una oferta por una gran extensión de tierras
indias. En su contestación, el jefe Seattle hacía notar
cómo los blancos podrán decir que el indio es un

- 209 -
pueblo atrasado, pero en realidad, decía “ustedes
caminarán hacia su destrucción”.
Ese Jefe Indio intuía que la actitud de dominio
hacia la tierra acabaría por destruir al hombre. Al
contrario, cuando sabemos que la tierra no
pertenece al hombre sino que el hombre pertenece a
la tierra, somos capaces de disfrutar con cosas que
otros no pueden ni siquiera ver.

“¿Cómo se puede comprar o vender el


firmamento, ni aún el calor de la tierra? Dicha idea
nos es desconocida. Si no somos dueños de la
frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿Cómo
podrán ustedes comprarlos?. Cada parcela de esta
tierra es sagrada para mi pueblo, cada brillante mata
de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota
de rocío en los bosques, cada altozano y hasta el
sonido de cada insecto es sagrado a la memoria y al
pasado de mi pueblo. La savia que circula por las
venas de los árboles lleva consigo las memorias de
los pieles rojas.
Los muertos del hombre blanco olvidan su país de
origen cuando emprenden sus pasos entre las
estrellas; en cambio, nuestros muertos nunca pueden
olvidar esta bondadosa tierra, puesto que es la
madre de los pieles rojas. Nunca podemos olvidarla
porque ella es parte de nosotros. Las flores
perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el

- 210 -
caballo, la gran águila: éstos son nuestros hermanos.
Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor
del cuerpo del caballo y el hombre, todos
pertenecen a la misma familia. Por todo ello, cuando
el Gran Jefe Blanco de Washington nos envía el
mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos
está pidiendo demasiado. También el Gran Jefe nos
dice que nos reservará un lugar en el que podamos
vivir confortablemente entre nosotros. El se
convertirá en nuestro padre y nosotros en sus hijos.
Por ello consideramos su oferta de comprar nuestras
tierras. Ello no es fácil, ya que esta tierra es sagrada
para nosotros.
El agua cristalina que corre por ríos y arroyuelos
no es solamente el agua, sino también representa la
sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos
nuestra tierra deben recordar que es sagrada, y a la
vez deben enseñar a sus hijos que es sagrada, y que
cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los
lagos cuenta los sucesos y memoria de las vidas de
nuestras gentes. El murmullo del agua es la voz del
padre de mi padre. Los ríos son nuestros hermanos
y sacian nuestra sed; son portadores de nuestras
canoas y alimentan a nuestros Hijos. Si les
vendemos nuestra tierra, ustedes deben recordar y
enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros
hermanos y también lo son suyos y, por tanto deben
tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un

- 211 -
hermano. Sabemos que el hombre blanco no
comprende nuestro modo de vida.
El no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y
otro, ya que es un extraño que llega de noche y toma
de la tierra lo que necesita. La tierra no es su
hermana sino su enemiga y, una vez conquistada,
sigue su camino dejando atrás la tumba de sus
padres sin importarle. Les secuestra la tierra a sus
hijos. Tampoco le importa. Tanto la tumba de sus
padres como el patrimonio de sus hijos son
olvidados. Trata a su madre, la tierra, y a su
hermano, el firmamento, como objetos que se
compran, se explotan y se venden, como ovejas o
cuentas de colores. Su apetito devorará la tierra
dejando atrás sólo un desierto.
No sé pero nuestro modo de vida es diferente al
de ustedes. La sola vista de sus ciudades apena los
ojos del piel roja. Pero quizás sea porque el piel roja
es un salvaje y no comprende nada. No existe un
lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco,
ni hay sitio donde escuchar cómo se abren las hojas
de los árboles en primavera o cómo aletean los
insectos. Pero quizás también esto debe de ser
porque soy un salvaje que no comprende nada. El
ruido parece insultar nuestros oídos. Y, después de
todo, ¿para qué sirve la vida si el hombre no puede
escuchar el grito solitario del chotacabras ni las

- 212 -
discusiones nocturnas de las ranas al borde de un
estanque?. Soy un piel roja y nada entiendo.
Nosotros preferimos el suave susurro del viento
sobre la superficie de un estanque, así como el olor
de ese mismo viento purificado por la lluvia del
mediodía o perfumado con aromas de pino. El aire
tiene un valor inestimable para el piel roja, ya que
todos los seres comparten el mismo aliento: la
bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el
mismo aire.
El hombre blanco no parece consciente del aire
que respira, como un moribundo que agoniza
durante muchos días es insensible al hedor. Pero si
les vendemos nuestras tierras deben recordar que el
aire nos es inestimable, que el aire comparte su
espíritu con la vida que sostiene. El viento que dio a
nuestros abuelos el primer soplo de vida, también
recibe sus últimos suspiros. Y si les vendemos
nuestras tierras, ustedes deben conservarlas, como
cosa aparte y sagrada, como un lugar donde el
hombre blanco pueda saborear el viento perfumado
por las flores de las praderas.
Por ello consideramos su oferta de comprar
nuestras tierras.
Si decidimos aceptarla, yo pondré condiciones: el
hombre blanco debe tratar a los animales de esta
tierra como a sus hermanos. Soy un salvaje y no
comprendo otro modo de vida. He visto a miles de

- 213 -
búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros
por el hombre blanco desde un tren en marcha. Soy
un salvaje y no comprendo cómo una máquina
humeante puede importar más que el búfalo al que
nosotros matamos sólo para proveernos de
alimento. ¿Qué sería el hombre sin los animales?. Si
todos fueran exterminados, el hombre también
moriría de una gran soledad espiritual, porque lo que
les sucede a los animales también le sucederá al
hombre. Todo va unido.
Deben enseñar a sus hijos que el suelo que pisan
son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus
hijos que la tierra está enriquecida con las vidas de
nuestros semejantes a fin de que sepan respetarlas.
Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a
los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo
que le ocurra a la tierra les ocurrirá a los hijos de la
tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se
escupen a sí mismos. Esto sabemos: la tierra no
pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra.
Esto sabemos: todo va unido, como la sangre que
une a una familia. Todo va unido.
El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo
un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí
mismo. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios
pasea y habla con él de amigo a amigo, queda exento
del destino común. Después de todo, quizás seamos
hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que

- 214 -
quizás el hombre blanco descubra un día: nuestro
Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar
ahora que Él les pertenece, lo mismo que desean que
nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. Él es
el Dios de los humanos, y su compasión la
comparten por igual el piel roja y el hombre blanco.
Esta tierra tiene un valor inestimable para Él, y si se
daña se provocaría la ira del Creador. También los
blancos se extinguirían, quizás antes que las demás
tribus. Contaminen los lechos de sus ríos y una
noche aparecerán ahogados en sus propios
desperdicios. Pero ustedes caminarán hacia su
destrucción rodeados de gloria, inspirados por la
fuerza del Dios que los trajo a esta tierra y que por
algún designio especial les dio dominio sobre ella y
sobre el piel roja. Ese designio es un misterio para
nosotros, pues no entendemos por qué se
exterminan los búfalos, se doman los caballos
salvajes, se saturan los rincones secretos de los
bosques con el aliento de tantos hombres, y se
atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con
cables parlantes.
¿Dónde está el matorral?. Destruido. ¿Dónde está
el águila?. Desapareció. Termina la vida y empieza la
supervivencia”.

Jefe Indio Seattle

- 215 -
Icaño

Por: Andrés A. Figueroa


Director del Archivo Histórico de la Provincia
Los Antiguos Pueblos de Indios de Santiago del
Estero
Ediciones del Archivo de la Provincia, 1948.

Ubicado este pueblo en la costa del Salado, o por


lo menos bajo su influencia, en la región donde
existían varios pueblos de indios desde el tiempo de
la conquista, fue descubierto indudablemente por
los restos de la expedición de Diego de Rojas, Felipe
Gutiérrez y Nicolás de Heredia, al mando de éste
último, a su regreso al Perú, en 1546 más o menos.
Y esa región estuvo habitada por los feroces lules,
algunos de cuyos individuos cayeron en manos de
Diego de Álvarez, enviado en descubierta a esa
dirección, quienes le informaron dónde podrían
encontrar con qué matar el hambre que padecían los
españoles. Así descubrió algunos depósitos de maíz
y se apresuró a volver donde estaba el resto de sus
compañeros dándoles cuenta del éxito de la
empresa.
Ante la grata nueva, todo el pequeño ejército se
dirigió a ése rumbo teniendo la suerte de encontrar
maíz que empezaba a madurar y frutos silvestres en

- 216 -
sazón, retirándose con ese rumbo al Norte así que
consumieron tales víveres. También aprovecharon la
pesca abundante y variada que les ofreció el Salado,
de lo que hicieron provisiones.
Como ya se ha visto en la información citada de
1589, fue primer encomendero de un grupo de
pueblos sobre el Salado, Juan Díaz Caballero y debió
contarse el de Icaño entre ellos, a juzgar por la
circunstancia de que otro personaje de éste apellido
apareció después, también como encomendero.
La fecha más remota que hallamos el nombre de
dicho pueblo de indios es la de 1717, con motivo de
los padrones que levantó Dn. Alonso de Alfaro por
orden del Gobernador Don Estevan de Urizar y
Arespacochaga. En 5 de abril de dicho año, aquel
funcionario, en el pueblo de Lasco, decía: “mandé
parecer en éste dicho pueblo al mandón e indios del
pueblo de Icaño por no tener pueblo en forma, ni
iglesia, y le mandé juntase sus indios en éste dicho
pueblo de Lasco en mi presencia y del licenciado
Dn. Francisco Lascano, cura interino de éste partido
y el protector é intérprete nombrados por quien di a
entender a dicho mandón e indios si tenían que
pedir o demandar a su encomendero un otra persona
para hacerles pagar y desagraviar y en esta
conformidad se hizo el padrón” […] “En dicho año
aparece como su encomendera Da. Josefa de la
Cerda, viuda del Capitán Diego Ramírez”.

- 217 -
En otros documentos del archivo aparece en
1763, como su encomendero en segunda vida, Dn.
Agustín Díaz Caballero, hijo de Dn. Joseph Díaz
Caballero.
Al fallecimiento de Dn. Agustín debió declararse
vacante la encomienda o el pueblo se disolvió, pues
no figura en padrones posteriores.
ICAÑO – Corresponde a Chingolo, o jilguero,
pajarito que abunda en nuestros campos.

Facciones de los tonocoté, según un grabado europeo del


siglo XVIII.

- 218 -
El fuerte de Mancapa

Original transcripto por Andrés A. Figueroa en la


Revista del Archivo Histórico de la Provincia
(1946).

El Mtre. De Campo de Infantería española Dn.


Joseph de Aguirre y Araoz, Thente. de Gobernador
Justicia Mayor y Capn. a Guerra de esta Ciud. de
Santiago del Estero, etc. Por cuanto combiene al
mejor Gobierno y reximen del fuerte nombrado La
Conzepción que esta zituado en el Paraje de
Mancapa frontera del enemigo del Rio Salado para
hacer ordenanzas Militares: Por el presente ordeno y
mando. Al Capitán Juan Porcel de Peralta, quien a
de servir la guardia de dho fuerte con cincuenta
hombres de los que tiene la compañia de su cargo y
diez indios amigos de armas que tengo hordenado
en dho fuerte; y asimismo a los demas capitanes que
alternativamente sirvieren dha guardia que precisa
inviolablemente guarden, cumplan y ejecuten las
siguientes, pena por de hacer omisión o
contravención serán castigados rigurosamente segun
leyes militares.

- 219 -
Primeramente ordeno que al recibir el dho fuerte,
sus armas, gente de guerra, y demas municiones y
pertrechos, el estandarte o bandera Real que está
enarbolada, hagan juramente de fidelidad, de no
permitir que por descuido u omisión sea apoderado
del enemigo, antes sí lo defenderan hasta perder la
vida y la de toda la gente de armas que tuvieran a su
cargo.
Item. Al dicho tiempo de recivirse del fuerte, sus
armas, municiones y demas pertrechos de guerra,
daran los capitanes que entraren de guardia recibo,
el que acabado su tiempo saliere, de todo con toda
expresión y claridad el cual recibo se me entregará
para que me conste.
Item. Precisa e inviolablemente todos los dias sin
faltar ninguno, rezaran a coros el Santisimo Rosario,
de la Virgen Santisima, y en saliendo a la campaña
en seguimiento y alcance del Enemigo harán lo
mismo.
Item. Despacharan dos soldados i un cabo, que
los tres sean de los de maior cuidado y vijilancia y de
la satisfaccion del capitan al paraje que llaman del
Paso de Alvaro para que en dicho paraje esten de
centinela avanzada reconociendo y observando por
la parte de la venida del enemigo, el camino, para
que con lo que vieren, y observaren, luego y sin
dilacion, y antes que sean sentidos del enemigo, den
aviso en el Fuerte al Capitan de la Guardia, quien

- 220 -
luego que reciba la noticia se pondrá en armas y a
caballo dentro de dicho Fuerte, con quarenta
hombres y diez indios, todos bien instruidos de lo
que deban ejecutar, y amunicionados bien, los que
ocuparen las bocas del fuego; y si reconociere que el
enemigo es en número corto de forma que lo pueda
castigar, saldrá violentamente del dicho fuerte a
operarles y castigarles con todo empeño, y si
echaren a la fuga, seguirles hasta alcanzarlos, pero la
salida y alcance sea con toda precaucion y reparo de
forma que no logre el enemigo la astucia de alguna
emboscada que pueda tener tramada, por lo que irán
siempre recelando y en union formal, sin apartarse
unos de otros, para en tal caso retirarse
defendiendose a ganar el fuerte, en donde al tiempo
de salir, dejara diez hombres, en ellos un cabo, para
que cerrada bien la puerta, la guarden y defiendan,
haciendo fuego de armas desde los Cubos para ello
que se defenderá muy bien, según su regular
disposición; y asimismo luego al punto que tuviere
dicho Capitan de la Guardia el aviso de la centinela
avanzada, de que viene el enemigo hacia el Fuerte,
despachará al instante aviso al paraje de Chincho, a
dar noticia al Mtre. de Campo, Sargento Maior o
Capitan comandante Francisco Orellana para que
cualquiera de ellas acuda de socorro con la gente
desta frontera a dicho Fuerte a la disposición del
castigo del Enemigo hallandolo puesto o siguiendo

- 221 -
su alcance; y el dicho capitan que asi estuviere de
guarda en el Fuerte, ejecutará con toda la gente de
su cargo las ordenes por cualquiera de los tres cabos
mayores nominados, se le dieren; por combenir asi
al servicio y mejor castigo del enemigo, y los tres
hombres expresados que se despacharen de
centinela al paso de Alvaro, será todos los dias, sin
perder ninguno, de forma que han de ir de mañana
muy temprano, y han de volver a la oración dando
razón de lo que hubiere habido.
Item. Asimismo despacharan dos o tres hombres,
todos los dias a correr y reconocer si ha habido
algunos rastros, por los rastrojos viejos del campo
de Mancapa para abajo en distancia de dos leguas
poco mas o menos y reconocido con si hubiere o
no, vuelvan luego hecha la diligencia, al Fuerte.
Item. Mantendran la caballada y ganado de la
manutencion sobre el Rio de una y otra parte, en los
rincones que hay para arriba de la situación de dicho
fuerte, soltandolos de noche y como mejor les
parezca para la conservación y seguro dellos.
Item. De dia mantendrán en el Fuerte una
centinela alta en el paraje donde está la bandera,
para que con todo cuidado vigie y reconozca el
territorio que alcanzare, y dé voz a la centinela que
hubiere en el cuerpo de guardia, de todo lo que
reconociere de gente, polvo, u otra seña de las que

- 222 -
ofrece el campo, como de humo, correr animales,
levantarse pájaros en el bañado etc.
Item. De noche, a la oracion se retirara la
centinela de arriba bajando la bandera, y la entregará
en el cuerpo de guardia y pondrán los capitanes o
sus oficiales mayores, en cada cubo de los que tiene
dicho Fuerte, una centinela para que vigien y
reconozcan con todo cuidado lo que se les ocurriere
a la vista y oido y den luego voz a la centinela del
cuerpo de guardia para que este la dé a los cabos de
guardia y se ejecute lo que combenga.
Item. De noche mandaran los capitanes de
guardia, o sus oficiales mayores ande por dentro del
Fuerte una ronda de regimiento para las centinelas,
que los sujetos desta y dellas, se mudaran a las horas
regulares, segun la disposición que para ello se diere.
Item. Que de dia claro, se provean del Rio, del
agua que necesitaren para los menesteres de la gente
del Fuerte, y estos acarreadores vayan con guardia,
no embargante de estar cerca dho Rio, dos cuadras
del Fuerte; y lo mismo observaran al acarrear la leña;
aunque haga frío no haran fuego de noche las
centinelas en los cubos; y de dia y de noche tendrán
los caballos que hubiere para montar, dentro del
corral que está unido con el dho Fuerte, y defendido
de dos cubos; con sola puerta para dentro y de dia
los tendrán ensillados precisamente, y de noche
sueltos, o como mejor les parezca.

- 223 -
Item. Prevengo, ordeno y mando que por el mes
de Agosto, o antes si combiniere, manden dhos
capitanes pegar fuego a las maciegas y espesuras de
la otra banda del Rio y por sobre él, en las cercanias
de dho Fuerte y lo mismo en todos sus contornos
dél y cortarán los chilcales inmediatos, con los
indios, teniendo estos su escolta y guardia.
Item. Para en cuento al regimen de la providencia
de carne observarán dhos capitanes el matar un día
sí, y otro no, una rez, o cada dos dias, si se puede
mediante buen gobierno para ello y para que todos
los cueros de dhas reces que se mataren no se
desperdicien, tendrán dichos capitanes de guardia el
cuidado de mandar se estaqueen, y bien secos se
guarden sin disponer dellos por ningun motivo; y
para que todo lo contenido tenga el debido
cumplimiento sin contravenir a ello por pretesto
alguno; menos en aquellos cabos que salidos del
Fuerte se les pueden ofrecer a los capitanes, así en
regimiento de los enemigos como en otras
circunstancias de operar contra ellos; que en tales
casos dispondrán y ejecutaren, según que hallaren
por conveniente como quien tiene la cosa presente y
se les ordenare, en la ocurrencia de los referidos
cabos superiores; y quedando copia de estas órdenes
autorizadas en dho Fuerte en poder del capitan de
guardia, estas originales se pondrán en la capitanía
de guerra de mi cargo para que quede y conste; y lo

- 224 -
firmé por ante mí y testigos de este paraje de
Chincho en veintitrés días del mes de Junio de mil
setecientos y veintisiete años. Joseph de Aguirre.
Tgo. Dn. Francisco de Luna y Cardenas. Tgo. Dn.
Pedro Joseph de Luna y Cardenas.

- 225 -
Una mujer aborigen quemada por “bruja”

El 9 de noviembre de 1716 es quemada en la


hoguera una mujer a quien se había juzgado
sumariamente por “brujería”. Firman como “testigos
de la ejecución” Juan Díaz Caballero y Juan
Saavedra Gramajo.

Acta de la Sentencia.
En la causa criminal que de oficio de la Justicia
que ante mi Juzgado pende contra Juana Pasteles,
India del pueblo de Tuama por las muertes del Indio
Pedro y de su marido y del Indio que confiesa del
pueblo de Guaipe natural del Salado que dichas
muertes las ejecutó con el mal arte de hechizos y
encantos que por las pruebas y su confesión consta
contra la dicha Juana Pasteles, visto los autos y
méritos del proceso y que ver se debe:
Fallo que haciendo Justicia debo condenar y
condeno a la dicha Juana Pasteles en pena de muerte
para la cual será sacada de la cárcel pública y
prisiones y montada sobre una bestia con albarda
con soga al cuello y llevada públicamente por las
calles públicas de esta ciudad con voz de pregonero
que manifieste su delito hasta el lugar del suplicio
extramuros donde se le dará que naturalmente

- 226 -
muera. Y estándolo será quemada en una hoguera
que para el objeto se prenderá para ello que su dicho
cuerpo encenizado se reduzca debajo de custodia en
condigna pena por su delito.
Y por esta mi sentencia definitivamente juzgando
así pronuncio y mando y firmo.

Dn. Juan de Paz y Figueroa


(Archivo General de la Provincia. Transcripto en
el libro Chaupi P´unchaupi tutayarka, de Maximina
Gorostiaga. Santiago del Estero, 2005.)

- 227 -
Original de la comunicación de Rams y Rubert, en el
Archivo General de Santa Fe.

- 228 -
Esteban Rams y Rubert al Ministro de Gobierno
de Santa Fe. Comunica que el día de mañana iniciará
la Navegación del Río Salado con el vapor Santa Fe

ARCHIVO GENERAL DE LA PROVINCIA DE


SANTA FE. A. G. T. 16. 1857

(Santa Fe, 26 de Enero de 1857)


Transcripción:

Santa Fe’, 26 de enero de 1857.

Exmo Sor. Ministro de Gobierno


Dr. Dn. Juan Francisco Segui

Exmo Sor.:
Llegado a este Puerto en el Vapor
denominado Santa Fé; tengo la honrosa satisfaccion
de poner en conocimiento de V.E. que prontos ya
los elementos necesarios para el primer viage al Rio
Salado, zarparé mañana de estas aguas, para surcar
las de aquel Rio cuya navegacion debe producir
resultados de tanta consideracion é importancia para
estos pueblos.
La decidida cooperacion del Exmo
Gobierno Nacional y la del Exmo. Gobierno a quien

- 229 -
tengo el alto honor de dirigirme me inspiran gran
confianza en el buen exito de la Empresa de tanto
bien para la Republica Argentina.

Dios guarde á V.E.

Estevan Rams y Rubert


Enero 26 de 1857.
Santa Fe

- 230 -
Carta de la señorita Trinidad Luna al Presidente
del Consejo de Educación

Icaño, 28 de febrero de 1891

Señor Presidente
Consejo General de Educación
Provincia de Santiago del Estero
Dn Agustín Sánchez

La que suscribe, vecina del Dpto.


Vuelta a Usted respetuosamente expongo: que
encontrándome sin ocupación y cuanto más el
Consejo me creyera útil según mis aptitudes cuyo
informe podrá darlo la preceptora de la escuela de
Yanda, donde mis repetidas ocasiones hice de
ayudante honoraria, vengo a pedir por intermedio
del Consejo se sirva confiarme como digo algunas
de las escuelas de la Provincia. Por lo tanto a Ud.
Pido que teniéndome por presentada y previo
informe que me hiciera se digne acceder a mi
pedido.
Dios guarde a Usted.

Trinidad Luna
Libro de Actas del Consejo General de
Educación, Nº 45, Folio 126.

- 231 -
Informe del inicio de clases

Icaño, Abril 29 de 1891

Señor Presidente
Consejo General de Educación
Provincia de Santiago del Estero
Dn Agustín Sánchez

Tengo el alto honor de dirigirle por su intermedio


a ese Honorable Consejo que dignamente preside la
presente nota, comunicándole haber abierto la
Matrícula el Día 1º de Abril y terminado el 29 del
presente, comenzando al mismo tiempo con mis
clases con la asistencia de 51 alumnos.
Con este motivo me es muy grato saludar al Sr.
Presidente.

Trinidad Luna
Libro de Actas del Consejo General de
Educación, Nº 45, Folio 329.

- 232 -
Leyes del Senado y Cámara de Diputados de
Santiago del Estero sobre el actual territorio de
Icaño

Villa 28 de Marzo

La expropiación y trazado de una plantilla urbana


para la “Villa 28 de Marzo”, son un antecedente
inmediato de la creación posterior de la Estación de
trenes y el pueblo de Icaño. Esta ley se aprobó en
sesión del 13 de agosto de 1885.

LA HONORABLE LEGISLATURA DE LA
PROVINCIA HA SANCIONADO CON FUERZA
DE LEY:

Art. 1º: Declárase de utilidad pública la


expropiación de cuatrocientas setenta y cuatro
hectáreas y doce áreas de terreno en el
Departamento Mailín, Distrito Bracho.
Art. 2º: El P. E. procederá a adquirir dicho
terreno, de conformidad a la ley general de
expropiación y fundará en él una Villa con el
nombre “28 de Marzo”.
Art. 3º: El pueblo se compondrá de cien
manzanas de una hectárea divididas en ocho solares

- 233 -
y separadas por calles de veinte metros de ancho, y
estará rodeado por una calle de cuarenta metros de
ancho.
Las quintas serán de dos hectáreas y las chacras
de cuatro.
Art. 4º: El P. E. reservará el terreno que crea
necesario para establecimientos públicos, plazas y
paseos, debiendo demarcarse éstos en los planos
respectivos.
Art. 5º: Los solares del pueblo y los lotes de
quintas y chacras, serán cedidos durante el primer
año a los que los solicitaren y cumplieren las
condiciones exigidas en esta Ley, pero una misma
persona, familia o sociedad, no podrá obtener
gratuitamente más de dos solares y dos lotes de cada
clase.
Art. 6º: La concesión de solares se hará en papel
sellado de dos pesos nacionales, la de quintas en
papel de tres pesos y la de chacras en papel de
cuatro.
Art. 7º: Los títulos de propiedad serán extendidos
por el Escribano de Gobierno, en el papel sellado
correspondiente, previo pago al Consejo General de
Educación de la suma de cinco pesos nacionales
para el fondo de las escuelas.
Art. 8º: El P. E. reglamentará la forma en que ha
de proveerse a las solicitudes de tierras y extenderse
el certificado de concesión que debe servir de título

- 234 -
de propiedad provisional, hasta que llenadas las
condiciones de la presente Ley, puedan otorgarse las
escrituras públicas respectivas.
Art. 9º: La tierra que no haya sido solicitada hasta
un año después de promulgada esta Ley, se venderá
en remate público al mejor postor en fracciones y en
la época que determine el P. E.
Art. 10º: Todos los terrenos que se enajenen, sea
por cesión privada, sea en licitación pública, se hará
bajo las siguientes condiciones:
1º Si es solar o pueblo, que se edifique al frente
de la calle con una pieza de material y se cerque su
totalidad.
2º Si es lote de chacra, que se cerque y se labre
una mitad de ella.
Art. 11º: La edificación, cercado y plantaciones
empezarán dentro de tres meses y deberán
terminarse dentro de un año, a contar desde la
enajenación.
Art. 12º: Si vencidos los plazos señalados, los que
hayan obtenido terreno no hubiesen cumplido las
condiciones establecidas, el P. E. rescindirá el
contrato sin indemnización ninguna a los que hayan
obtenido gratuitamente la concesión, y devolviendo
la mitad del precio a los que la hubiesen obtenido en
licitación, quedando la otra mitad a beneficio del
Estado.

- 235 -
Art. 13º: Los lotes que queden vacantes por
inejecución del contrato, podrán ser solicitados por
otras personas en los términos y condiciones
establecidas por esta Ley.
Art. 14º: Queda autorizado el P. E. para hacer los
gastos que demande la ejecución de la presente Ley
imputándolos a la misma.
Art. 15º: Comuníquese al P. E.-
SALA DE SESIONES, Santiago, Agosto 14 de
1885.

Ángel Guzmán Maximio Ruiz


Secretario Presidente

(Original en la Biblioteca de la Honorable Cámara


de Diputados de la provincia de Santiago del
Estero.)

- 236 -
Estación Icaño

En sesión efectuada el día 15 de julio de 1891, y


consignada en el Libro de Actas al día siguiente, se
aprueba el espacio que ocuparía Estación Icaño,
antes llamada “28 de Marzo”. En el INDICE de
TODAS las LEYES ORGANICAS y ESPECIALES
de CARÁCTER PERMANENTE, desde 1856 hasta
el año 1942, el Director General de Estadística de la
provincia de Santiago del Estero, Dn. Amado
Olmos, la asienta como “Ley del 15 de julio de
1891”, denominándola: “Fundación del pueblo de
Icaño, en la estación Icaño, departamento
Avellaneda”. (Página 6.)

EL SENADO Y LA CÁMARA DE
DIPUTADOS DE LA PROVINCIA DE
SANTIAGO DEL ESTERO, REUNIDOS EN
ASAMBLEA LEGISLATIVA, ORDENAN CON
FUERZA DE LEY:

Art. 1º: La expropiación de los terrenos de


propiedad particular autorizada por la Ley de 3 de
Julio de 1888, para la fundación de la Villa “28 de
Marzo”, deberá limitarse a una extensión que no
exceda las quinientas hectáreas o que no sea menor

- 237 -
de doscientas, la cual se erigirá en la misma Estación
Icaño del Ferro Carril Sunchales.
Art. 2º: Una vez aprobado por el P. E. el trazado
del pueblo, los solares de éste y los lotes de quintas
y chacras, serán vendidos en remate público, en la
forma establecida por la Ley de Tierras de 20 de
Diciembre de 1889.
Art. 3º: El excedente del costo total de la
expropiación y gastos que se originen en el trazado
de la Villa y venta de lotes, se destinará para
construcciones escolares, casa municipal o de policía
y demás obras públicas.
Art. 4º: Los diversos lotes de terrenos, se
rematarán mediante una solicitud del interesado por
los lotes en los que se interesase.
Art. 5º: Nadie podrá solicitar la venta de más de
tres lotes; siendo entendido, que el solicitante tendrá
derecho a la compra por igual precio al mejor
postor.
Art. 6º: Quedan derogadas todas las disposiciones
legislativas en contrario a la presente Ley.
Art. 7º: Comuníquese, etc.-
SALA DE SESIONES DE LA H.
LEGISLATURA DE LA PROVINCIA, Santiago,
Julio 16 de 1891.

Manuel Beltrán M. Coronel


Angel Guzmán Abel García

- 238 -
Secretario del Senado Secretario H. C. de
DD.

Carta del Ministro de Gobierno, Pablo Lascano, a


la presidenta de la Sociedad de Beneficencia de
Icaño

Santiago, Octubre 18 de 1896

A la Sra. Presidenta de la Sociedad de


Beneficencia
Dª Esilda S. de Nuttall
Icaño

He tenido la satisfacción de recibir la nota de Ud.


Comunicándome que, debiendo colocarse en esa
localidad, en esta fecha, la piedra fundamental de un
edificio para escuela, he sido designado padrino de
dicho acto.
Al aceptar tan honrosa designación, cúmpleme
manifestar a Ud. que atribuyo al acto que va á
realizarse una trascendencia remarcable y que
lamento no asociarme a él personalmente.
Una escuela que se proyecta es el futuro templo
erijido al culto de una religión sublime: la de la
enseñanza, y allí donde los vecindarios se agrupan
en su óbolo para fundar esas casas de verdadera
beneficencia, debemos hallarnos presentes todos los

- 239 -
que fiamos el éxito de nuestras empresas a la
educación de las masas.
Vengo de recorrer, en compañía del Sr.
Gobernador, largas extensiones de las Provincias de
Santa Fé y Córdoba, entregadas a la colonización, y
traemos las impresiones más gratas del espectáculo
abierto ante nuestros ojos.
Campos que hasta ayer fueron moradas incultas
del salvaje, son hoy centros de población civilizada;
y al lado del templo con sus campanas sonoras y sus
torres enhiestas, hemos contemplado la escuela
común que no hace distinción de sectas ni de
creencias para iluminar las mentes y forjar el alma de
las generaciones. En ese mundo abierto a la
observación, he evocado muchas veces á nuestra
querida Provincia anhelando para ella los mismos
beneficios de que veía gozando á sus habitantes, y
puede Ud. creerme que esa importante fracción de
Santiago ha estado siempre presente en mis sueños
de progreso.
Tenemos el sentimiento del bien, ardiente y puro;
y si, como se ha dicho, la fé pulveriza las montañas,
debemos confiar en que esas comarcas incipientes se
trocarán en breve término en centros de abundancia
y de cultura. La miseria no abate ni perdura cuando
hay una energía bregando impertérrita en la
demanda.

- 240 -
Los habitantes de Icaño comprometen la gratitud
pública iniciando obras como la que hoy se
inaugura, y la piedra fundamental que colocan en
medio de las alegrías generales, es el principio de
grandes transformaciones en el órden moral, político
y social.
Hay tinieblas todavía densas en los espíritus, y
necesitamos á semejanza de uno de los personajes
de Shakespeare, pedir luz, mucha luz, para disiparlas
cuanto antes. Hagamos esfuerzos por que se
produzca fulgente y vívida en las conciencias, para
que el hombre ensanche el campo de sus
aspiraciones, para que sea más feliz siendo también
más útil al a patria, y para que, multiplicando la
fuerza productora del Estado, acreciente su propio
bienestar.
Ruego a la señora Presidenta hacer presente estos
sentimientos á los vecinos de Icaño y aceptar los
[tachado: sentimientos] de mi distinguida
consideración.

Pablo Lascano

Original en el Libro de Oro de la Escuela


Superior Absalón Rojas, Icaño, Santiago del Estero.

- 241 -
La leyenda del Cacuy

Por Emilio Wagner


Traducido del Journal de la Société des
Americanistes de Paris
T.VI, Fascículos I y II, 1906. (Inédito hasta ahora
en castellano.)

El cacuy es un ave de costumbres esencialmente


nocturnas, de plumaje gris como la sombra en la
cual se complace en vivir; cruzan sobre su cuerpo de
golondrina, largas alas de “ataja-camino”. Su pico es
chico, su boca enorme. Sus ojos grandes, claros;
llenos de una expresión humana ocupan un tercio de
su cabeza. Su nombre proviene de su grito. Jamás se
lo ve volar en las horas del día, se queda en los
bosques más sombríos, pegado al tronco de un
grueso árbol, en la anfractuosidad de algunas ramas.
Sólo levanta vuelo a la entrada del sol.
En las bellas y claras noches de luna llena, se
puede a veces descubrirlo encaramado en la
extremidad de una rama seca, derecho y
perfectamente inmóvil, parece una prolongación del

- 242 -
gajo muerto; sólo estando muy acostumbrado se lo
puede descubrir.
Su grito lo ha hecho legendario: imita
exactamente el largo llamado amoroso de una mujer
de su país. Su timbre es claro, el sonido de la voz
absolutamente humano, la queja triste, desolada,
lamentosa, se arrastra largamente bajo la bóveda de
verduras. En la calma de los grandes bosques,
cuando en el silencio de la noche se oye resonar ese
triste llamado humano, no se puede evitar el sentir
una profunda impresión de melancolía, aunque uno
esté advertido que sale del pico de un pájaro.
Ese sentimiento no es extraño a los rústicos
habitantes de las lejanas tierras de Santiago. Muchas
leyendas corren referentes a ese pájaro fantasma.
Algunos dicen que la persona que lo ve por
casualidad, muere infaliblemente antes de acabarse
el año; otros pretenden que son las almas de los
antiguos caciques que lloran sobre sus tribus
destruidas y sus ricos territorios de caza arrebatados
por el extranjero.
Pero un viejo cazador y buscador de miel de
meliponas, “melero”, me contó al respecto esta
curiosa leyenda.
Para él, el cacuy no se sino una mujer del país que
la desgracia visitó en la primavera de su vida.

- 243 -
Antaño, me dijo, vivían en los confines de los
grandes bosques, una joven mujer con su amante y
su hermano.
Quería a su amante, adoraba la criatura que había
tenido con él y era sumisa y respetuosa con su
hermano mayor cuyo brazo vigoroso y su destreza
maravillosa mantenía abundante caza en su sencilla
choza hecha con troncos de palmera. Ella era tanto
más sensible a esta riqueza cuanto que era muy
golosa, a decir verdad, era para ella irresistible
inclinación. Cada mañana en el albor del día, su
hermano tomaba sus armas y salía a cazar, mientras
su amante se dirigía hasta el río vecino porque era él
un hábil pescador.
Una tarde sin embargo, ni el amante ni el
hermano volvían. Ella, la morena hija de los grandes
bosques, había hecho adormecer su niño y luego
masticaba lentamente un pedazo de venado. Al fin el
cazador llegó, cansado, quemado por el sol de fuego,
rasguñado todo por las espinas. La caza debía haber
sido dura, pero con seguridad fue infeliz, ya que los
fuertes hombros del cazador no se doblaban bajo el
peso de un venado o de un pecarí y sus manos
estaban vacías.
La joven mujer sintió una viva contrariedad y sin
levantar la cabeza siguió comiendo en silencio su
pedazo de venado. Su hermano, habiéndose sentado
sobre un tronco de árbol delante de la puerta de la

- 244 -
choza, le pidió algo para comer, pero ella,
escuchando sólo su glotonería siguió comiendo el
pedazo de venado que tenía en la mano y que era
todo lo que quedaba de su provisión.
Cuando hubo roído el último hueso se levantó
llena de disgusto y escuchando sólo el mal consejo
de su gula le tiró el hueso a su hermano y olvidando
todo respeto le dijo: “Aquí está lo que tengo para
dar a un «cazador» como vos”. Y agregó al sarcasmo
el insulto diciendo: “Felizmente mi amante va a
volver cargado de pescados, pues veo que tu caza no
nos va a dar nada para comer”.
El hermano sintió vivamente la ofensa; sin
embargo, se levantó sin decir nada y tomando
solamente su cuchillo se internó en el bosque
vecino.
Después de un momento, he aquí que sale del
bosque y vuelve con paso alegre hacia la choza,
diciendo a la hermana, como si hubiese olvidado
todo: “Ven pronto conmigo, he encontrado un
hermoso nido de lechiguanas en la copa de un árbol
y vamos a comer miel”.
Rápida, la joven mujer siguió a su hermano al
bosque hasta el pie de un árbol en cuya cima veíase
un gran nido de “meliponas”.
Olvidándose de que “el buey manso también
patea fuerte cuando está enojado” subió ella primero
queriendo comer miel, por la cual era loca. Su

- 245 -
hermano la siguió silenciosamente de rama en rama,
pero cuando la vio entregada a su gula en la copa del
árbol, comenzó a bajar despaciosamente cortando
con su gran cuchillo todas las ramas a ras del tronco
y se fue.
Pasando cerca de la choza se agachó y levantó el
hueso que su hermana le había tirado poco antes. Se
dirigió a la orilla del río donde pescaba el amante de
su hermana y habiéndosele acercado tranquilamente
mató al hombre de una puñalada en pleno pecho
con su gran cuchillo, luego le atravesó en la boca el
hueso que le había tirado la joven, lavó en el río sus
manos y su cuchillo, volvió a poner este en su
cintura y se perdió en la espesa floresta. El Espíritu
del Mal que había guiado su venganza dirigió para
siempre sus pasos lejos de esos tristes lugares.
Pero la noche se acercaba, la sombra invadía la
tierra, sola, en la cima de ese árbol elevado, la joven
morena, inquieta, desconsolada, dejaba escapar
largos quejidos llamando a su amante.
Pero el pescador dormía con los ojos al cielo, con
un hueso maldito a través de la boca y la arena de la
playa acababa de beber toda su sangre.
Asida a una rama, inclinada sobre la negra selva
que cebraban ya los fuegos verdes de los insectos, la
joven enloquecía. Sentía claramente llorar su criatura
abandonada en la choza y su corazón se partía cada
vez que oía gritar al zorro o rugir al puma.

- 246 -
Las horas pasaban, toda esperanza se desvanecía,
la sed más ardiente sucedió al dulce sabor de la miel
activamente comida y la devoraba. Entre dos
últimos gritos de llamado, su pobre corazón hizo
sentir este supremo deseo: “¡Ay de mí, que no tengo
como un pájaro alas para volar hasta ustedes, ojos
para verlos en la noche y voz para llamarlos
todavía!” Y sus manos amortiguadas no pudiendo
más sostenerse, inclinada hacia la choza donde
lloraba la criatura se dejó caer.
El Espíritu de los Grandes Bosques que guía al
cazador en la selva profunda y a menudo juega a la
luz de la luna sobre el liviano follaje en la cima de
los grandes árboles, oyó este voto supremo. No dejó
que el cuerpo moreno y suave de la mujer se
destrozase en el suelo. Le dio alas, le dejó grandes
ojos humanos que ven en las tinieblas y le conservó
su voz que llama en vano a su amante. Él no le
puede contestar, está muerto, con el hueso de
venado atravesado en la boca.
Ella es la que desde entonces, en las claras noches
del verano, llora en el fondo de la selva su felicidad
pasada, su criaturita abandonada y su amante
perdido.

Nota [de Julio Carreras (h)]: Esta versión abre al


menos dos grandes interrogaciones que sería
interesante dilucidar.

- 247 -
La primera, es respecto del verdadero carácter de
la leyenda, ya que de estar constituido el grupo no
por “dos hermanos”, como indica la transcripción
más difundida, sino por una pareja normal y el
hermano de ella, dejaría fuera toda posibilidad de
considerar el incesto como uno de sus componentes
centrales.
La segunda, es el por qué de la escasa publicidad
–si no del ocultamiento– de esta versión, dando
crédito en todas las ediciones solamente a la otra,
esto es, la que habla exclusivamente de los
hermanos. Una definición de las palabras que
conforman la onomatopeya, acerca más pistas sobre
su sentido, y sustenta además, según nuestro
criterio, a la versión de Wagner como la más
coherente:
Cacuy. En quichua cacu es jovencito, no el
chango de cualquier edad sino el que tira a
adolescente, zagal, mancebo, efebo; la y final es
posesivo, así que cacuy es mi muchacho.
Túray. En quichua tura es el varón hermano de la
mujer, ñaña es la hermana de la mujer, pana la
hermana del varón y huaucke el hermano del varón.
La y final es posesivo; mi hermano. (Folklore
santiagueño. Recopilación efectuada por Dn. Julián
Cáceres Freyre. Inédito).
Entonces la mujer estaría llamando
lastimeramente a dos personas en su auxilio, cuando

- 248 -
repite una y otra vez “Cacuy, Turay”. Es decir, “mi
muchacho”, o “mi amante”, como traduce Wagner,
y también “hermano”, o “mi hermano”. La
tradicional interpretación era que esto significaba
“Cacuy” (nombre propio del hermano) y “Turay”
(hermano, como reafirmación del vínculo).

El sentimiento religioso y las costumbres en la


Civilización Chaco Santiagueña

Por Emilio y Duncan Wagner

Ha sido imposible determinar exactamente la


fecha de este artículo en el diario El Liberal, dado
que nos fue provisto por la Sra. Alba Céliz de
Paviolo, que lo heredó de sus mayores, sin esa
precisión a la vista. Pero gracias a otras noticias en
su anverso, puede inferirse que debió haber sido
publicado entre 1936 a 1938.

“No ha habido pueblo ateo”, dice Ratzel, y el


estudio profundizado que nosotros hemos hecho del
arte cerámico de los antiguos habitantes de Santiago
del Estero, no nos ha llevado a contradecir en lo
más mínimo la opinión emitida por el célebre
etnógrafo.
Los escritores que más cuidadosamente han
estudiado las ideas religiosas de los distintos pueblos

- 249 -
del nuevo continente, están contestes en afirmar que
estos habían llegado más de una vez a un nivel
moral que nunca fue sobrepasado en las antiguas
civilizaciones del Viejo Mundo. Insisten sobre la
religiosidad muy marcada de los indígenas actuales,
de la que también dan prueba los indios
precolombianos. Fue de ellos que dijo Brinton: “En
cada pecho hay un altar al Dios Desconocido”. En
cuanto a nosotros, personalmente, siempre hemos
simpatizado con el sentimiento en el que se inspiró
Luis de Launay cuando escribía: “En todas partes he
visto hombres en plegaria, cualquiera que fuese su
Dios, me he sentido tentado de inclinarme con ellos,
a su modo, o al menos a comprenderlos”.
Así, en el primer volumen de nuestra obra,
refiriéndonos al arte religioso de los antiguos
habitantes de las llanuras santiagueñas hemos escrito
lo que sigue: “Las opiniones que acabamos de citar,
de hombres que han consagrado sus vidas al estudio
de estas complejas disciplinas intelectuales, nos
apoyan en la elevada idea que hemos expresado
desde el comienzo de nuestras investigaciones,
acerca de la divinidad prehistórica que los antiguos
habitantes de Santiago del Estero veneraron, al
parecer, con exclusión de toda otra. Pero no
hubiéramos pensado en hacer mérito de ello, si en el
caso que nos ocupa, la copiosa documentación
reunida no hubiese venido a confirmar nuestras

- 250 -
primeras impresiones y proclamar con la
convincente elocuencia de los hechos, que entre
pueblos “que no tuvieron historia”, como se ha
dicho, la idea religiosa había alcanzado el grado de
“desenvolvimiento espléndido” de que habló Ratzel.
Testimonios elocuentes de su fe profunda en un
más allá misterioso es el culto piadoso que
tributaron a los seres queridos de los cuales los
había separado la implacable segadora que jamás se
cansa de tronchar los lazos que unen a los hombres
aquí abajo.
Necesitaríamos largas páginas si quisiéramos si
quisiéramos describiros las innumerables piezas
comprobatorias, unas de notable suntuosidad, otras
de simplicidad conmovedora, que hemos podido
reunir.
Todas nos cuentan la historia de un pueblo que
supo doblar las rodillas con humildad delante del
Dios de sus padres, la gran Divinidad Alada
Primordial de las primeras edades del mundo, que,
tal como lo escribió Dechelette, “velaba por el
reposo de los vivos y lloraba sobre las tumbas de los
muertos”.
Todo lo que nosotros podemos hacer para
reemplazar las descripciones demasiado largas, es
hacer revivir delante de vuestros ojos un número
bastante considerable de efigies de la Divinidad
Antropo-Ornito-Ofideana que han venerado durante

- 251 -
largos siglos, pueblos vueltos después de millares de
años, al reposo de la tierra. Tiernas manos
femeninas moldearon y pintaron con suma piedad y
nos parece encontrar allí todavía el rastro de sus
lágrimas. Pero la falta de espacio nos priva aquí de
ese recurso, y debemos conformarnos con invitar a
nuestros lectores a visitar nuestro magnífico museo
arqueológico.
Son esas hermosas piezas de cerámica funeraria
las que hicieron decir a Callegari, y nos
complacemos en repetirlo una vez más, pues eso nos
consuela de tantas incomprensiones lamentables,
que pueblos que sabían honrar con tan profunda
emoción la memoria de sus hijos “son dignos de
nuestro más grande respeto, de toda nuestra
admiración”.
Un sentimiento de profunda religiosidad y de
notable simpatía humana emana de este arte tan
esencialmente calmo y ponderado, de una absoluta
castidad, que ha esquivado con cuidado lo grotesco,
lo obsceno y las truculentas monstruosidades.
Está permitido creer que esta gente de
costumbres aparentemente más dulces que la de
cualquier otro pueblo precolombiano, había
ignorado la práctica de sacrificios humanos pues
nunca hicieron figurar en el decorado de sus
alfarerías (lo que constituye un hecho excepcional)
esas horrorosas cabezas trofeos, chorreando sangre,

- 252 -
de las cuales la ideografía americana ha hecho triste
abuso.
Una atmósfera de belleza espiritual muy elevada,
envuelve a este arte donde el simbolismo ha ejercido
una influencia que parece haber obrado, sobre todo,
en el sentido de una idealización muy sutilmente
refinada, que parece haber sido particularmente cara
a esas Viejas Razas de la Argentina, tan
notablemente dotadas. Es ese rasgo esencial que
distingue al arte cerámico de la civilización Chaco-
Santiagueña, y su extraordinaria significación no
podría escapar a ningún espíritu realmente cultivado.
Desearíamos podernos formar alguna idea acerca
de cuáles fueron las condiciones de vida de esos
pueblos del lejano pasado cuyas tumbas
abandonadas hollamos bajo nuestra planta.
Cuando recorremos hoy los lugares, a menudo
desiertos, que ellos tanto tiempo llenaron con los
mil rumores de su vida industriosa y apacible, nos
parece sentir pasar sobre las hierbas ondulantes de
la pradera su invisible aliento y ver dibujarse
confusamente entre las brumas que flotan sobre la
llanura, su imagen borrosa, que querríamos hacer
revivir en vuestro pensamiento.
Pastores, agricultores, tejedores de una habilidad
consumada, y como alfareros maestros entre los
maestros, estos pueblos sedentarios no vivieron por
cierto una existencia miserable. Muchos indicios nos

- 253 -
llevan a creer que gozaron periodos de paz
largamente prolongados. No se encuentra ningún
rastro de combate sangriento, amontonamiento de
armas o esqueletos abandonados, miembros
humanos destrozados y dispersados, cráneos rotos
con las marcas de mortales heridas.
Entre esos pueblos que gozaron de una
civilización ya muy avanzada, todo indica que el lujo
que desplegaban en la fabricación de la cerámica
debió ir a la par con el que aplicaban a su vestido.
Las 1.900 fusaiolas artísticamente trabajadas que
existen en nuestras colecciones nos suministran la
prueba. Las finas telas de las cuales una muestra ha
llegado felizmente hasta nosotros, las innumerables
perlitas, verdaderas joyas, la turquesa, lapislázuli, y
otras piedras preciosas, han proporcionado el
material en que han sido hábilmente talladas,
debieron servir para adornar los vestidos
confeccionados en dichas telas.
Numerosos instrumentos de música, en hueso o
tierra cocida, nos hablan de danzas y fiestas en que
esos hermosos vestidos debieron ser llevados. El
bello estilo de la alfarería doméstica indica, como
Ambrosetti lo explicó ya claramente, una vida
tranquila y próspera.
La fabricación de la alfarería tuvo, sin duda, un
lugar de los más importantes en sus actividades
diarias. En cuanto al trabajo en madera ellos no lo

- 254 -
ignoraron ciertamente, pero ni el menor rastro ha
quedado de los objetos a los cuales, evidentemente,
supieron aplicarlo.
Las prácticas religiosas y las ceremonias de un
carácter probablemente muy suntuoso a juzgar por
el número y la belleza de las alfarerías rituales,
debían ocupar una gran parte del día.
Según la señora Cox Stevenson Cushing, y otros
autores norteamericanos que los visitaron por largo
tiempo, los Indios Pueblos despliegan en el
decorado de la cerámica y el simbolismo que la
caracteriza, un lujo que se aproxima notablemente al
que se observa entre los antiguos pueblos de
Santiago del Estero y los ejercicios religiosos
absorben casi seis meses de cada año, o sea la casi
mitad de su tiempo.
Bajo aspectos, hechos a veces para sorprendernos
y desconcertarnos no poco por su rareza, las
ceremonias religiosas de los Zuní y de los Hapi,
responden a conceptos animistas y panteístas y a
preocupaciones de moralidad de una notable
elevación. Los orígenes de su teogonía, de las más
complicadas, así como los de su cultura, se pierden
en la noche de los tiempos.
Es muy probable, en suma, que el modo de
existencia de los constructores de túmulos de
Santiago del Estero debió evolucionar bajo la
influencia de condiciones psicológicas que no se han

- 255 -
apartado mucho de las de los Clif [ilegible] weller
del Arizona.
He aquí todo lo que nos han enseñado las
reliquias del pasado que tantas veces hemos dado
vuelta entre nuestras manos y consultado
pacientemente.
Es poca cosa, diréis. Lo suficiente sin embargo
para que nos inclinemos con sentimiento de
melancólica simpatía hacia esos hombres y esas
mujeres de un muy lejano pasado, que conocieron
nuestras alegrías y nuestros dolores y persiguiendo a
su manera un sueño de belleza, alimentaron
sublimes esperanzas que les ayudaban a soportar
mejor las tristezas de la vida.

- 256 -
Desentrañaron el pasado de Santiago

Por: Olimpia Righetti

Olimpia Righetti, santiagueña, fue la principal


colaboradora de los hermanos Wagner en su tarea
arqueológica. Libro 50º aniversario de El Liberal,
1948.

El trabajo de Emilio y de Duncan Wagner es


demasiado múltiple y fecundo para poder describirlo
en todos sus aspectos en una reducida monografía.
No haremos pues sino señalar una parte modesta de
la carrera de naturalistas y arqueólogos, cumplida en
Santiago.
Cuando el gobierno de la provincia llama a Emilio
Wagner en 1923, para organizar el Museo Arcaico,
para Wagner es ya un hecho el descubrimiento de la
civilización Chaco-Santiagueña. Al hacerse cargo
aportó, con sus caudalosos conocimientos, su
hermosa colección arqueológica y otra de
coleópteros.
Los trabajos personales de Wagner progresan
enormemente, pero el éxito ante los poderes
públicos es nulo. Fue necesario que en 1927 un
hallazgo casual, de una ocarina, despierte el interés
de un corresponsal de El Liberal y repercuta entre

- 257 -
los intelectuales de La Brasa, quienes entrevistaron a
don Emilio y obtuvieron del gobernador Domingo
Medina, el 5 de mayo de 1927, un subsidio de mil
pesos para que el director del museo se trasladara al
terreno, estableciera el fundamento de las
informaciones del corresponsal de El Liberal y
juzgara con conocimiento de causa la importancia
que tendría para la ciencia el hallazgo denunciado.
Establecieron campamento en Llajta Mauca. Desde
entonces las excavaciones se realizaron sin
interrupción cada año.
El museo creció aceleradamente. No había
vitrinas para conservar las colecciones. A falta de
ellas, don Emilio construyó mesas con cajones de
embalaje, cuyo precio es reducido. Duncan escribía
y dibujaba sobre ellas. Sobre ellas se realizaron las
primeras exposiciones y se dictaron clases a las
escuelas. La que escribe, que ya concurría al museo,
empezó sus estudios en esas mesas. El trabajo se
hizo amplio. Don Emilio buscó en el terreno, reunió
material donde se asentara la obra y lo estudió
arrancándole sus secretos. Duncan investigó en el
libro, escribió el resultado de los estudios, dibujó y
pintó.
En 1932 el éxito de sus trabajos llegó a Francia, la
que ha estimado tan alto la obra de sus hijos, que
condecoró como Caballero de la Legión de Honor a
don Emilio y acordó igual distinción al gobernador

- 258 -
que le prestó ayuda. En 1934 el museo arqueológico
cuenta con 17.000 piezas no completas, pero con lo
suficiente para que los Wagner las reconstruyeran
íntegramente. Un fragmento era suficiente para que
las interpretaran.
En esto, sólo Ameghino los iguala. Con esa base
publicaron el tomo I de la gran obra “La
Civilización Chaco-Santiagueña y sus correlaciones
con las del nuevo y viejo mundo”. Los diez años
siguientes la obra experimentó un notable progreso
como consecuencia de los numerosos
descubrimientos que don Emilio realizó en el campo
de la investigación, confirmando lo que expusieron
en el primer volumen. Tal los símbolos y signos
alfabetiformes de los torteros; el culto del fuego; la
cerámica negra; el hombre fósil; el culto del cono de
trascendencia mundial; el metal en América; la
migración de la raza de ojos horizontales y la de ojos
oblicuos; el carácter proteiforme de la deidad chaco-
santiagueña, etcétera.
Desde el año 1928 don Emilio Wagner tomó a su
cargo el museo, aumentó su valor científico en la
misma proporción que las colecciones han pasado
de 3000 piezas (cuando su fundación) a 75.000 que
poseemos actualmente. [en 1948] Volviendo los ojos
sobre ellas, don Emilio solía decir: “He pagado mi
deuda de gratitud a este país hospitalario con haber
formado este museo”.

- 259 -
En Icaño, vivió D. Emilio Roger Wagner,
estudioso de la arqueología santiagueña

Por Orestes Di Lullo

¿Quién no ha conocido a D. Emilio? Desde


principios de siglo, en persecución de propósitos
vinculados con entomología y a favor de
insobornables inclinaciones naturales, establecióse
en Icaño, en el vecino lugar de Mistol Paso, sobre
las barrancas del Río Salado Y allí vivió consagrado
a la ciencia durante medio siglo.
Era D. Emilio hijo de Raúl Carlos Wagner, casado
con Adelaida Mikiewickz, de la nobleza polaca, y
emparentado con los Ratzeville y la Princesa
Alexandrovich. De niño había conocido América,
por las misiones que su padre debió cumplir como
agente diplomático de Francia, de modo que al
cumplir su servicio militar en la patria D. Emilio
vuelve a América, recorriendo Brasil, Paraguay,
Tucumán, Santiago del Estero.
¿Qué raro misterio influye, qué razón poderosa le
ata a esta tierra, en la que más tarde había de
descubrir uno de los tesoros arqueológicos más
importantes de América? Icaño era su pasión.
Cultiva la tierra, realiza obras hidráulicas para

- 260 -
levantar el agua del río, que, ahí al borde de la casa
que construye, se desliza, hondo y manso, cubierto
de una densa siembra de árboles. Allí, vive.
Es ya conocido en el mundo científico. Ha
publicado varios libros: “L ‫ ۥ‬Allemagne et l‫ۥ‬
Amerique latine”, “La Revanche de la Kulture”, “A
travers la fórest brésilienne”. Es un patriota. Regresa
a Francia para defenderla en la guerra del 14. Ha
obtenido títulos y distinciones oficiales, desde
Miembro Correspondiente del Muséum d ‫ ۥ‬Histoire
Naturelle de París hasta la Legión de Honor. Y a
poco de su designación de Director del Museo
Arcaico, fundado por el Dr. Alejandro Gancedo en
Santiago del Estero, sorprende al mundo con sus
estudios de arqueología, que culminan con su obra:
“La Civilización Chaco-Santiagueña”, publicada en
1934.
Desde 1927 le ha ayudado en estos trabajos su
hermano Duncán Ladislao Wagner, poeta, escritor,
hombre de cultura y de empresa. También él se
soterra en Icaño. También él siente la poderosa
atracción de la naturaleza y acaso escucha la voz de
los siglos, que no pasan en vano, cuando hay un
espíritu que recoge su eco y lo devuelve,
transfigurado, magnificado, a la inmensidad del
mundo del arte y de la ciencia. Duncán, del
secretariado de la Usina Central de Azúcar de
Pojuca, Brasil, pasa a la publicación de su libro “Le

- 261 -
Banquet”. De la fundación de múltiples ingenios y
colonias a la redacción de la Revista Franco-
Brasileña. De la empresa comercial al estudio de la
arqueología, con el mismo ahínco y la misma
tenacidad de su espíritu inquieto. Y si fracasa en sus
afanes industriales y se malogran sus propósitos,
triunfa en cambio en vida de sus afectos más caros,
en el mundo de la ciencia y de la cultura, ayudando a
su hermano a salvar del olvido una de las
civilizaciones más antiguas del continente.
Y luego, atraída por estos hombres, desfila una
corte de personajes interesantes, productos del
refinamiento europeo, que llegan, se aposentan y se
marchan, dejando en Icaño la estela de su boato y
señorío: el Barón De Marchi, la Condesa Romani,
Emilia Lieto Bogliaro di Prato, escritora y poetisa
consagrada, el Conde Pocci y el médico Eugenio Di
Giovanni. Aún se recuerdan los años de
magnificencia pasados en Mistol Paso: los criados de
pelucas y calzón corto, los festines de manjares y
bebidas importadas, la cristalería de bacarat y las
vajillas de plata en que eran servidos, las colgaduras
y tapices, la rica colección de armas y libros…
Nada de ello existe ahora. A tres kilómetros de
Icaño, después de cruzar algunos matorrales de
arbustos raquíticos, de seguir un camino estrecho y
zigzagueante, he llegado a Mistol Paso. He
Penetrado bajo la umbría de un bosquecillo tupido

- 262 -
de mistoles. Y de pronto, majestuosa, sombría,
imponente, emerge la casa que fue residencia de D.
Emilio y de su hermano Duncán. El techo cae a dos
aguas casi hasta el nivel del suelo. Sus muros
muestran la mordedura del tiempo. Un polvillo fino
revienta bajo la fofa capa de cal. Los vidrios de los
ventanales están empolvados. Las arañas han tejido
gruesas telas polvosas en los intersticios de los
vanos, entre las maderas, bajo el alero de tejuelas
roídas y rotas.
He penetrado al largo vestíbulo que atraviesa de
una a otra parte la casa.
He sentido una gran tristeza viendo los aposentos
sumidos en el silencio y la sombra, sin vida y sin
objeto, en la fría atmósfera del aire confinado,
sintiendo la muerte de todo en la nada. Luego, me
he asomado a la habitación en que D. Emilio y
Duncán trabajaban y he visto la mesa, y la lupa, y los
libros, y algunos fragmentos de urnas funerarias.
Todo estaba como era, pero ahora un manto de
polvo cubre las cosas.

(Cortesía de Miguel Pajón)

- 263 -
El Imperio de las Planicies

Por: Duncan L. Wagner


(Fragmentos de la conferencia “Treinta años de
arqueología en la Mesopotamia y en el Chaco de
Santiago del Estero”)

Icaño formaba parte central en el amplio


territorio que los hermanos Wagner consideraron
existente hace milenios, cohesionado por la
civilización chaco-santiagueña.

[…] En el primer volumen de nuestra obra hemos


descripto los rasgos más salientes de la civilización
de esos pueblos del pasado y establecido
exactamente, como por el momento es posible
hacerlo, el trazado de las fronteras del vasto
territorio que ellos colmaron de los mil rumores de
sus actividades diarias y donde su existencia nacional
parece haberse desarrollado próspera y
relativamente tranquila, durante muchos años.
[…] De esta construcción del espíritu, basado
sobre la solidez de los hechos, la parte que se refiere
al simbolismo muy particularmente sutil y refinado
de aquellos pueblos desaparecidos, donde el
esoterismo ha debido tener, todo mueve a creerlo,

- 264 -
un rol considerable, es ciertamente una de las más
interesantes de estudiar, como estando
esencialmente ligada a la idea que nosotros también
nos hacemos de esos enigmáticos habitantes
prehistóricos de la planicie santiagueña.
Ese simbolismo intensivo y las fórmulas de arte
religioso y hierático a los cuales ha dado nacimiento,
son dignos de ocupar un lugar aparte, y de los más
importantes por cierto, no solamente en el estudio
de los caracteres propios de las viejas razas de la
Argentina sino de las diferentes manifestaciones más
sugestivas de la inteligencia humana de que tenemos
conocimiento. En ningún otro lugar han sido
encontrados parecidos.
Este estudio nos ofrece la ocasión de penetrar
hasta cierto punto en los meandros infinitamente
complicados de una mentalidad donde el misticismo
ha tenido una gran parte y que no ha sido
ciertamente el de los pueblos bárbaros y groseros,
compuestos de tribus errantes y miserables.
El Imperio de las Planicies ha hecho su entrada en
la escena cambiante del mundo en condiciones y una
fecha que permanecen, hasta el momento, cubiertas
de un velo de misterio impenetrable y bien parece
que se hubiera retirado con la misma desconcertante
discreción.
[…] En materia absoluta, los únicos datos que
conviene aceptar como verdaderos nos son

- 265 -
suministrados por las correlaciones positivas y
completamente indiscutibles que existen entre los
productos del arte cerámico de los antiguos
habitantes de Santiago del Estero y los de la época
neolítica de la Eurasia.
[…] Esos numerosos pueblos se mostraron,
poseemos pruebas irrecusables, agricultores.
Cultivaron el maíz y por consiguiente otras plantas
alimenticias; fueron pastores cuidadosos sin duda,
de sus rebaños de guanacos u otros auchenias,
tejedores de una notable habilidad y alfareros
incomparables, maestros entre los maestros . Entre
los pueblos prehistóricos no hay ninguno que los
haya aventajado en esta rama de las actividades
humanas, en ciertos aspectos de la cual ni siquiera
han sido igualados.
Pero lo que envuelve la fisonomía de esos pueblos
del lejano pasado en una atmósfera singularmente
atrayente, algo turbadora sin embargo, es la
impresión de espiritualidad intensa, de ferviente
religiosidad y de esoterismo netamente indicado que
se desprende de un arte cerámico de la más extraña
y original belleza, cuyas concepciones no han
podido ser inspiradas sino por un sentimiento de lo
divino y del más allá notablemente desarrollado.
Esas curiosas gentes habían llevado el simbolismo a
tal grado de perfección y como acabamos de decirlo,

- 266 -
de sutil refinamiento, que sorprende a la
imaginación.
En ningún otro pueblo, en efecto, hallamos el
ejemplo de un número tan considerable de
ideogramas ingeniosa y hábilmente combinados y
aplicados al arte decorativo con tanta elegancia,
precisión y seguridad.
La admirable serie de simbolizaciones, con
frecuencia extrañamente estilizadas que va a pasar
ante vuestros ojos ha sido seleccionada de un
conjunto muy vasto que comprende un estudio
completo del rol tenido en la iconografía de los
constructores de túmulos en Santiago del Estero por
el símbolo de la mano unida a la serpiente.
[…] Notablemente impregnados de sentimiento
religioso y de una piadosa veneración hacia aquellos
de quienes la muerte los había separado, esos
pueblos no parecen haber vivido librados a los
instintos sanguinarios que han impreso un sello de
truculencia tan poco agradable de contemplar, a las
artes plásticas de otros pueblos precolombinos. Por
otra parte, las escenas chocantes de un erotismo
exasperante que hieren casi siempre nuestras
miradas en la iconografía de los antiguos pueblos
americanos, y que no siempre han respetado el
augusto estilo de las tumbas, no se encuentran
jamás, ni aún débilmente insinuadas en el arte de tan

- 267 -
absoluta castidad de esas viejas razas de la
Argentina.
Ciertos indicios parecerían señalar que ese
poderoso Imperio de las Planicies no fue
particularmente belicoso ni conquistador pero que
pudo, sin embargo, durante larga serie de años, tener
los perros de la guerra alejados de sus fronteras, lo
que explicaría su aparente prosperidad.
Esto permite entrever la existencia de pueblos
disciplinados, obedientes a una autoridad centralista,
firmemente establecida, probablemente teocrática y
de costumbres no desprovistas de amenidad donde
debían ocupar uno de los lugares más importantes
las ceremonias religiosas, acompañadas de danzas y
juegos de los que dan fe ricamente decorados que no
están ciertamente hechos sólo para contener el agua
sacada de los más próximos receptáculos, los
instrumentos de música de todo género y las
numerosas fichas encontradas en los túmulos.
Los tejidos destinados a los vestidos eran de una
fineza notable como lo prueban algunos raros
fragmentos de una hermosísima tela, encontrada
adherida a los adornos de una urna funeraria, así
como impresiones de tejidos, que hemos encontrado
preservadas entre dos capas de arcilla. Las fusaiolas
* en tan gran número y el cuidado puesto en su
confección, serían suficientes por lo demás para
apoyar la convicción de hasta qué punto el arte del

- 268 -
hilado y por consiguente el del tejido fue tenido en
honor por esos pueblos apasionados de la belleza
plástica bajo todas las formas que encontraron a su
alcance.
Adornadas de perlas de nácar, de turquesa, de
lapislázuli y otras piedras semi preciosas encontradas
en los túmulos y de los cuales nuestro Museo posee
una muy bella colección, las telas con las que se
vestían los antiguos habitantes de Santiago del
Estero no debían ceder un punto en suntuosidad a
las magníficas cerámicas policromas que hacen
todavía ahora la admiración de los entendidos. Esos
pueblos no fueron pues bárbaros recién escapados
de los paraderos primitivos. Todo observador, aún
poco atento, convendría con nosotros que una
civilización que tiene tales rasgos, no ha podido ser
la obra de pocos siglos, sino el fruto de una serie de
evoluciones sucesivas que ha debido extenderse
sobre un lapso al que es imposible asignarle un
límite pero que por fuerza tuvo que comprender
muchos siglos.
[…] Ante nosotros se levanta, vigorosamente
diseñada, la imagen de un pueblo numeroso que
estuvo muy ciertamente dotado de cualidades
mentales de una poderosa originalidad y de un
sentimiento de la belleza notablemente desarrollado.
No tememos afirmar que en ningún otro pueblo en
efecto, la vida social, política y religiosa, se ha

- 269 -
mostrado aureolada de un simbolismo místico tan
intenso, habiéndose manifestado bajo las formas de
una suntuosa e impresionante belleza. Si es verdad
que la historia de un pueblo puede leerse en la de su
cerámica, cuan llena de emocionantes perspectivas
ha debido ser la de un pueblo donde este arte llegó a
un grado de perfección tan notable y donde estuvo
al servicio de la más singular riqueza ideográfica que
sea posible imaginar.
Sobre piezas de cerámica innumerables, signos
enigmáticos han sido pintados o grabados,
emblemas, símbolos, siempre los mismos, siempre
llevando el sello de la misma escuela cualquiera que
sea la distancia que separan las localidades en las que
se las ha encontrado.
[…] Nos reduciremos ahora, al final de la
presente, a reafirmar nuestra convicción ya muchas
veces manifestada de que la existencia de una
Atlántida de más grande envergadura que la de
Platón, en donde había reinado una civilización
primordial, madre de todas las otras, cuya sede
principal estuviera en América, tal como el doctor
Robert Henseling, profesor de Arqueología de la
Universidad de Berlín no teme afirmar, es una
suposición tan perfectamente concebible como
científicamente admisible. La conquista del Imperio
Prehistórico, cuya majestuosa imagen acabamos de
evocar, ha aportado una hipótesis semejante, un

- 270 -
material constructivo, cuya extraordinaria
importancia sería imposible querer negar.
Es a la Arqueología Comparada universal tal
como la comprenden y la enseñan en la Escuela de
Santiago del Estero, que incumbe la tarea de
determinar el verdadero valor de esta nueva
documentación, así como las conclusiones que
conviene sacar de ellas y a las cuales será en vano
querer substraerse.

* Fusaiola: Pieza de cerámica, con forma circular


y un orificio en el centro, utilizado para pasar un
huso de hilar, generalmente fabricado con hueso.

- 271 -
La mujer en la civilización Chaco-Santiagueña

Por Olimpia L. Righetti

(Conferencia pronunciada en la Sociedad


Científica Argentina, el 15 de septiembre de 1941)

Desde esta tribuna que tengo el honor de ocupar


me propongo dirigiros algunas palabras a fin de
interesaros a examinar conmigo cierto número de
documentos arqueológicos y a considerar juntos los
hechos que, surgiendo de por sí, permiten
formarnos una opinión sobre los pueblos que en un
pasado muy lejano vivieron en las tierras de
América, donde con pie indiferente profanamos
muchas veces sus cenizas y los vestigios de sus
actividades pasadas.
Es de la mujer de la civilización Chaco-
Santiagueña de quien deseo hablaros.
Su rol, ciertamente importante, si no
preponderante, podemos juzgar del hecho que, las
estatuillas de aquella divinidad son mucho más
numerosas bajo la forma femenina que masculina.
Circunstancia que ha llamado la atención de los
arqueólogos del Viejo Mundo, quienes la han

- 272 -
bautizado con el nombre de “mujer sin boca”, sin
haber seguido más lejos las investigaciones que los
habrían llevado a comprender que esas efigies son
antropo-ornitomorfas (hombre-pájaro) y que la
nariz, siendo a la vez pico de pájaro, ocupa
naturalmente el lugar de la boca.
Por otra parte, el trabajo tan complicado de la
cerámica, que sorprende por la variedad de sus
formas y encanta los ojos por la elegancia, la pureza
y el sentido artístico de sus motivos simbólicos
decorativos, es uno de los atributos de la mujer.
La impresión de sus dedos pequeños y
fuseiformes se encuentra constantemente en el
modelado de las cerámicas o de las estilizaciones
ofídicas muy usadas, como las barretas en relieve,
portadoras de cúpulas dejadas por la impresión de la
yema de los dedos.
Esas impresiones provienen de dedos redondos,
delgados y terminados por uñas redondeadas y poco
salientes; la costumbre de dejar crecer las uñas como
armas defensivas, no parece haber estado de moda
entre las morenas alfareras de manos livianas y ágiles
de la prehistoria, que nos han dejado tantas pruebas
de su habilidad en la fabricación de las más finas y
delicadas alfarerías, modeladas todas con maestría,
muchas de las cuales deben considerarse obras
maestras del arte cerámico prehistórico.

- 273 -
Entre estas últimas, se destacan las fusaiolas,
provenientes de las excavaciones del subsuelo y de
los túmulos de Santiago del Estero, de las cuales
poseemos 6000 ejemplares de todas las formas y
dimensiones. La gran mayoría están grabadas o
esculpidas en bajo relieve u ornadas con motivos
simbólicos hechos por una sucesión de pequeñas
impresiones practicadas en su superficie cuando la
arcilla estaba aún fresca, antes de la cocción, o
trabajadas con una punta aguda de bordes cortantes,
que dejó trazos tan netos como los que hace un
grabador sobre el metal.
No sabríamos admirar demasiado la precisión del
trabajo y la seguridad de las manos que las hacían; es
evidente que eso ha sido conseguido merced a una
educación especial y a una gran práctica.
Estos pequeños instrumentos de terracota,
llamados vulgarmente torteros, fusaiolas por los
arqueólogos y muyumas en lenguaje quichua, se
colocan en la base del huso para hilar. De este
modo, mantienen el movimiento de rotación bajo el
impulso de los dedos de la hilandera y contribuyen a
mantener la posición vertical del huso.
La infinita variedad de formas y decorados y el
cuidado que ha presidido su fabricación, indican que
servían para trabajos de hilandería muy fina.
El empleo del hilo delgado parece haber sido
común para la fabricación de telas de igual calidad.

- 274 -
Esta aseveración está reforzada por la lógica de las
conclusiones que surgen de los documentos: pues,
en razón del peso del tortero, está el espesor del
hilo. Vale decir, que un tortero chico debe producir
hilos delgados. Y aquí viene lo interesante de esta
verdad: en la magnífica colección que nuestro museo
posee, hay un porcentaje considerable de torteros
pequeños, entre los cuales algunos sólo alcanzan a
pesar un gramo; 1,10 gramos y tienen una
circunferencia menor que la del anillo de un dedo de
bebé. Los más comunes sólo pesan 9,30 gramos.
Además, no debemos despreciar la elocuencia de
los números. Seis mil torteros ¿no sugieren la idea
de 6000 mujeres entregadas al útil arte de hilar para
cubrirse? Tomamos el número íntegro, porque si
bien es cierto que una misma tejedora podía ser
dueña de varios de estos instrumentos como ocurre
en el Viejo Perú, no debemos olvidar que el tiempo,
agente destructor, ha debido hacer perecer
muchísimos más, y así las colecciones reunidas en
nuestro museo constituyen una parte ínfima del
tesoro arqueológico que duerme en las entrañas de
la provincia de Santiago del Estero.
No solamente los magníficos ornamentos de los
torteros, el cuidado de su pulido, la prolijidad en su
aspecto, la variación en su forma, las elegantes
combinaciones en sus decorados, denuncian el
refinamiento de aquellas hábiles artistas, alfareras y

- 275 -
tejedoras, sino que también hay un hecho que resalta
y hace pensar con admiración en sus gustos y
costumbres; es el de haberse encontrado en las
excavaciones que practica la Misión Arqueológica de
Santiago del Estero, uno de estos torteros trabajado
en una piedra semipreciosa.
Las cerámicas chaco-santiagueñas, pintadas o
grabadas casi sin excepción, indican que las telas que
se hacían con aquellos hilos debían llevar también
esos mismos dibujos, ya en colores o hechos en la
trama, como ocurre con los tejidos encontrados en
las tumbas peruanas.
Un tejido del Viejo Perú que forma parte de las
colecciones del Museo de Santiago, hace ver el
empleo de los motivos simbólicos-decorativos de
esa provincia.
El único fragmento de tela, milagrosamente
conservado hasta nuestros días, fue encontrado
adherido al fondo de esta urna funeraria. Es
sumamente delgado y evidentemente se usó para el
vestido. Su estudio, practicado por René d’Harcourt,
especialista en tejidos americanos, confirma lo que
el examen cuidadoso de los torteros sugería. Veamos
lo que el especialista nos dice después del prolijo
estudio practicado en Francia sobre dicho fragmento
de vestido: “Presenta, sobre una de sus caras, líneas
paralelas de pequeñas riendas dobles incorporadas
regularmente en la tela a distancias fijas. Todo el

- 276 -
interés del análisis del tejido reside en la
demostración del modo de la obtención de esas
riendas…”
“Por cada centímetro cuadrado, se cuentan 30
hilos de cadena, más o menos, contra 23 hilos de
trama…”
“No he encontrado hasta ahora tejidos del Viejo
Perú ofreciendo sistemáticas comparables a las que
acaban de ser descriptas. Se puede admitir una
intención decorativa si el hilo de la trama es de color
diferente del hilo de la cadena; en ese caso, siendo la
trama casi invisible en las partes tejidas, el género
presentaría un fondo de color liso sobre el cual se
destacaban en claro o en oscuro, pequeñas líneas
paralelas constituidas por las riendas.”
No hemos de abandonar el rico tema que nos
brinda el arte de tejer sin antes hablar de los
pequeños instrumentos que se usaban en los telares.
Nos referimos a las agujas de hueso, trabajadas con
sumo esmero, las que como los torteros despiertan
interesantes sugestiones. Ellas están a la altura de las
delicada manos que las usaron y del refinamiento de
aquellos instrumentos.
Para hacerlas, el material mismo parece haber sido
ennoblecido por el hombre y por magia de algún
procedimiento hoy desconocido, les dieron el
aspecto de marfil. En una de ellas, sobre una
superficie finamente pulida, se ha dibujado un

- 277 -
reticulado, que estiliza el cuerpo de la serpiente
sagrada; en otra extiende, zigzagueante, su cuerpo
ofídico. Así, los objetos de uso práctico conservaban
en su delicadeza, su carácter religioso. Veamos lo
que dice mi sabio maestro, refiriéndose a un alfiler
de hueso por él encontrado en los túmulos del
Chaco-Santiagueño, el que, según toda probabilidad,
servía para prender las mantas que llevaban las
mujeres de aquella lejana época. “Esta aguja fue
obra multimilenaria de un cazador artista, que al ver
deslizarse un cisne sobre las aguas de una laguna
notó que la elegante ave dejaba tras de sí al nadar,
una larga estela sobre el espejo de las aguas
dormidas, y comprendió que había allí un motivo
para hacer un alfiler para asegurar la manta de una
persona querida, o tal vez para adornar sus
cabellos.”
Con una admirable paciencia y la ayuda de una
astilla de sílex cortante entre sus dedos, un
fragmento de hueso cobró vida y se transformó en
el hermoso cisne nadando que aquí admiráis.
Investigando siempre sobre documentos
arqueológicos que tan generosamente nos regalan
los túmulos de Santiago del Estero, y los que nos
proporcionan las provincias circunvecinas, hemos
podido conocer algunos peinados de la época y el
cuidado que dedicaban al arreglo del cabello.

- 278 -
Un vaso antropomorfo que representa a una
mujer con los brazos en jarra nos da el ejemplo de
un peinado muy elegante que hoy en día no
tendríamos a menos llevar. Éste se compone de una
“banana” o rodete alargado y dos bucles que caen
sobre la nuca. Ningún cronista nos habla de
peinados así, ni en Santiago, ni en toda la región del
Tucumán; y los historiadores contemporáneos nos
hacen conocer más bien algunos muy sencillos,
generalmente melenas. Todos los puntos que
acabamos de establecer con pruebas materiales,
incontrovertibles, permiten formarnos una opinión
positiva sobre lo que fueron en las lejanas edades los
pueblos que habitaban el Chaco-Santiagueño y sus
regiones adyacentes, y nada autoriza a pensar que
sobrevivieron hasta la Conquista.
No es necesario hacer la aclaración de que se trata
de una reconstrucción muy modesta, basada en
documentos reveladores de que esta parte de
América no estuvo en un pasado muy lejano, cada
día mejor esclarecido, poblado por tribus
semisalvajes, compuestas por individuos vestidos
con plumas y taparrabos. Por el contrario, hubo una
civilización apacible y exquisita, con un alto grado
de evolución artística, que ocupó el centro y norte
de nuestro país. Los tesoros inapreciables de esa
civilización se conservan y estudian en el Museo
Arqueológico de Santiago del Estero.

- 279 -
* Dos conferencias sobre el imperio de las
llanuras santiagueñas. Buenos Aires, 1942.

Historia de Mistol Paso

Por: Haydee Wagner de Costas


(Hija de Emilio R. Wagner)

A principios del año 1.900 don Emilio R. Wagner


estuvo por Icaño. En 1904 se lo ve construyendo su
casa en Mistol Paso (hay fotos). La propiedad fue
adquirida a Otto Wulff, por esos años.
Cuando en 1914 estalló la Primera Guerra
Mundial, don Emilio pensó que su lugar debía estar
en Francia y se enroló como voluntario en defensa
de su Patria lejana. Todos sus bienes quedaron bajo
la tutela del abogado don Napoleón Taboada, que se
decía gran amigo y hombre de confianza.
Cuando después de la muerte de mi padre, fui a
ver la casa donde yo había nacido, pude enterarme
por don Absalón Aymeric, su ahijado, de algunos
detalles de cómo don Emilio perdió mistol paso.
Cuando yo le dije que no contaba con la cantidad de
dinero que pedía la Sucesión Taboada (ahora a
cargo, luego de la muerte de Napoleón Taboada) y
que papá la había transferido por una deuda. “¡Qué

- 280 -
deuda! –dijo don Absalón– si mi padrino era
inmensamente rico. ¡No debía un centavo a nadie!”
Lo que pasó es que Taboada le hizo una mala
jugada. Don Emilio había firmado una garantía por
el alquiler de una casa en Icaño para un médico
amigo, creo que el Dr. Eugenio de Giovanni, de
noble familia italiana y huésped por entonces de don
Emilio en Mistol Paso.
El propietario era Otto Wulff, el alemán que le
había vendido Mistol Paso a don Emilio, y
Napoleón Taboada no encontró nada más
conveniente que pleitear con el alemán (mi padre,
francés, estaba en guerra contra el país de Wulff) y
ganar. Claro que con vender un par de novillos, se
habría pagado esa cuenta que era de $ 200
(doscientos). En esa época una vaca se vendía a
$100 por la guerra europea. Pero más le convenía a
Taboada entablar y ganar el pleito. Así se presentó
triunfante ante mi padre. Había vencido al alemán
con su victoria a lo Pirro (para Wagner) y presentada
en bandeja dorada…pero detrás venía la cuenta, de
$25.000 (veinticinco mil), que don Emilio arruinado
por la guerra no pudo pagar.
Según Aymeric me expresó, Taboada aprovechó
muy bien la euforia de don Emilio que volvía de
ganar la guerra expulsando a los invasores de su
Patria. Entonces lo hizo transferir la propiedad, en
prenda por sus honorarios, sin más, cosa que don

- 281 -
Emilio hizo pensando que alguna vez la recuperaría.
Nunca pudo aunque hasta los últimos años de su
vida lo deseara, según Canal Feijóo, que estaba en
esos trámites cuando don Emilio falleció en 1949
(hay cartas).
Aunque ya dueño de Mistol Paso, Taboada
permitió a mi padre seguir viviendo en la misma
casa que construyera, nunca se comentó nada.
Quedaba muy mal que un patriarca como Napoleón
Taboada, haya dejado en la ruina, y más completa
miseria a un caballero de noble estirpe, como don
Emilio Roger Wagner… Y todo se tapó para el resto
de la gente.
Yo no sabía nada de eso, hasta que un día, allá
por 1937, cuando yo tendría unos once años, mi
madre y yo vimos desde un ventanal de la casa a un
hombre joven y rubio, vestido con ropa de montar
de corderoy marrón observando todo. Entonces
papá dijo:
–Ese es uno de los Taboada: –era el Gringo
Ramos Taboada (un sobrino) –, no es la primera
vez que anda merodeando–.
Gaspar (hijo de Napoleón) preparó un documento
que está en lo del Juez de Paz de Icaño, por el que
no se permite a nadie sacar nada de Mistol Paso ya
que todo pertenece a la “Sucesión”. Aún lo veo
examinando una máquina de cortar alfalfa, una Mc
Cormic, inutilizada por no conseguirse repuestos.

- 282 -
Solía venir en compañía de algunos de la familia
Mansilla, de Icaño, en cuya casa se hospedaba.
Cuando años después de la muerte de papá, le
recordé ese episodio, lo negó. Dijo que nunca
estuvo en Mistol Paso. Yo, una huérfana sin familia,
amigos ni dinero, pensé aunque no se lo dije: “Que
Dios lo anote en tu cuenta!” Cinco años después lo
llamó.
En apariencia don Emilio Wagner seguía siendo el
dueño de Mistol Paso y todo se cubrió como si nada
hubiera pasado a pesar de que tuvo que hachar leña
con sus propias manos y venderla en Icaño para
sobrevivir… (hay una carta de N. Taboada
reprochándole por quejarse de su suerte). Papá
comenzó a crear un colmenar… siempre decía que
las abejas lo salvaron ya que años después, por la
década del treinta, tenía el más magnífico y principal
colmenar de la zona. Volvió a cultivar alfalfa y criar
ganado y “reverdecer Mistol Paso”, como decía, con
el único apoyo de mi madre y su férrea voluntad.
Cuatro años después de la muerte de ella, papá
también murió. Hacía unos dos años que declinaba,
no podía atender todo desde Santiago, ya muy
anciano y sin la dirección de mi madre en Mistol
Paso.
Cuando don Emilio había ido a la guerra, Taboada
dispuso que toda la hacienda caballar y vacuna de
raza y demás, fuera llevada a la estancia que tenía en

- 283 -
Quebrachito, cerca de Pinto, bajo la dirección de
Leandro Taboada, otro de sus hijos (según se decía
“la oveja negra” de la familia). Allí desapareció para
siempre, se pensó que don Emilio no volvería nunca
de la guerra, que había muerto, y Taboada dispuso
de todo como dueño y señor.
La curtiembre de Mistol Paso, que exportaba
cueros a Europa, sin dirección adecuada, sucumbió,
así como toda la actividad agrícola ganadera.
Pero “graciosamente” los Taboada permitieron
seguir viviendo a don Emilio en Mistol Paso, hasta
su muerte, es decir, desde que le compró la
propiedad a Otto Wulff en 1900, hasta 1949. Unos
cincuenta años en total.
De Mistol Paso, desde que don Emilio se hizo
cargo del Museo Arcaico, luego Arqueológico,
partieron todas las misiones de búsqueda y
recolección de material científico que luego
constituiría el más rico acervo de nuestro pasado
remoto. Ahí nació el Museo Arqueológico, como él
llamaba. Durante un tiempo lo acompañó su erudito
hermano Duncan, que lo complementaba hasta que
se radicó en Santiago como vice director. Y tanto el
Museo como Mistol Paso, recibieron las visitas de
los más distinguidos personajes de la ciencia y la
cultura.
Tras la muerte de don Emilio, la Sucesión
comenzó a desarmar la casa y vender todo lo

- 284 -
vendible. Antes que esto sucediera yo hablé con el
Dr. Gaspar Taboada, quien aunque parecía bien
dispuesto ya que me conocía desde que nací, me
decía que todo dependía de la Sucesión, de la cual él
era “sólo una parte”. Me dijo que él no cobraría su
parte, pero la Sucesión no aceptaba los $7.000 (siete
mil) que era lo único que tenía como seguro. Pedían
$12.000.
El Dr. Horacio Germinal Rava, que me asesoraba
y se decía amigo, pero resultó ser uno de los
abogados de la Sucesión, me aconsejó que retirara
todo lo que pudiera de la casa (muebles, libros,
enseres domésticos, etcétera) porque me “iban a
robar”. Yo por ese entonces era maestra en Suncho
Corral y el resto del tiempo vivía con mi tía Cecilia,
viuda de Duncan Wagner, en Santiago. En Mistol
Paso sólo quedaba la cuidadora y el que fuera
capataz, don Eduardo Aymeric, que vivía en las
cercanías.
Cuando tiempo después volví a insistir y escribí al
Dr. Gaspar que vivía en Buenos Aires, este me dijo
que tratara con el Gringo Ramos Taboada, que era
ahora el encargado. Y aunque ya sabía quién era, fui
a verlo. Este me dijo si “para qué quería Mistol
Paso, ahora que nadie se acuerda de los Wagner”,
que “la propiedad era grande”, 120 (ciento veinte)
hectáreas, y que “la dividirían en cuatro”. Entonces
le pedí que me avisara y me reservara la parte con la

- 285 -
casa. Y aunque lo prometió, nunca lo hizo. Ocho
años después supe que la había vendido a un tal
Barrón, de La Banda y su socio de apellido Laprida.
Cuando le conté a Rava lo que me contestó
Ramos Taboada, me comentó: “Si no hubieras
sacado las cosas te habríamos podido hacer la
posesión treintenal”… ¿Y no fue él mismo quien me
dijo que las sacara porque me iban a robar?... Ya
habían entrado cuando la cuidadora se había
ausentado un día para ver un familiar enfermo.
Comprendí entonces que estaba completamente
sola.
La Sucesión no encontró nada mejor que
establecer un obraje. Arrasar con todos los árboles
centenarios de la propiedad, luego de vender la casa
parte por parte. Estaba levantada en ladrillo,
quebracho colorado, con los dos frentes con
mamparas de vidrio labrado. Cuando fui y vi lo del
obraje, le pedí al cuidador que por favor no cortaran
los árboles que rodeaban la casa, y el hombre, cuyo
nombre ignoro, tuvo la gentileza de salvar dos
mistoles, dos algarrobos, bajo uno de ellos estaba la
fragua, y un chañar al borde del río en el que se solía
atar el bote. Además, desarmaron y vendieron el
enorme galpón de pinotea y zinc, bajo el cual
entraban las chatas a descargar alfalfa y retirar los
fardos.

- 286 -
Después cuando le vendieron a Barrón y Laprida,
terminaron con el alambrado de siete hilos y postes
de quebracho. Los lugareños se encargaron de no
dejar ni un solo ladrillo. Ya se llevaron los del dique,
ahora están desarmando los calicantos de la
curtiembre, que estaba sobre el borde del río ahora
seco desde hace años.
Así es como la Provincia pagó la obra de los
Wagner… su entrega y sacrificio, no obstante que en
su testamento mi padre pide protección “para su
hija y su madre que tanto hicieron para ayudar a
realizar las magníficas colecciones del Museo”.
Nunca conseguí siquiera audiencia, y pedir que me
escucharan. Si Santiago se conoció en el mundo, fue
por el Museo y los Wagner.
Mi intención fue que si yo no lo podía adquirir
nuevamente, pediría que pasara al Consejo General
de Educación, para que luego de refaccionar la casa,
se creara una escuela infantil, con el nombre de los
Wagner. Nunca me escucharon. Más bien no
quisieron escucharme. No pudo ser. Ahora sólo
unos cuántos árboles y un pozo, que a este no
pudieron llevárselo, marcan el sitio. Leí que ahora
buscan sitio para escuelas y no encuentran, por lo
que propongo a las autoridades educacionales pensar
en Mistol Paso. Pasarlo como Patrimonio Histórico
de la Provincia y crear allí una escuela granja. En

- 287 -
especial, apicultura, por los chañarales que hacen
que la miel sea curativa.
La propiedad tenía riego a perpetuidad. Habría
que habilitar nuevamente el viejo Río Salado, el que
navegara Esteban Rams llegando justo hasta el
frente de donde estaba la casa y donde mi padre me
señalaba los tocones de gigantescos árboles que se
cortaron para que pasara la embarcación.
Dejo la inquietud a las actuales del Museo
Arqueológico Wagner para gestionar esto que
considero positivo para la educación de niños y
jóvenes. La UNSE podría asesorar en esto ya que la
educación es la base en la que se sustenta el
progreso. Quien la tiene, sabe cuidar su salud,
procurarse trabajo y construir su vivienda. Hay
mucho por hacer después de cincuenta años de
postración e ineficiencia.

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Una carta póstuma de Dn. Emilio R. Wagner

Al Dr. Bernardo Canal Feijóo


Para remitirlo al Dr. Gaspar Taboada, de parte
mía.

Santiago del Estero, 12/46.


Caro Gaspar:
Te escribí hace pocos días para mandarte miel y
remitirte la guía, porque como no va por carga,
puede ir a parar a la loma del diablo, como pasó una
vez ya y también para anunciarte que te voy a
mandar un buen cuchillo – machete de caza
encabado para vos que te prometí hace tiempo. Pero
quiero conocer la dirección más segura porque no
quiero que se pueda perder, ya que es la última hoja
que me queda y no he de encontrar otra igual. Dame
pues a vuelta de correo la dirección segura. Otra
cosa, quiero que te entiendas con Canal Feijóo para
ver si me hacen condiciones y precio acomodado
para que pueda comprarles Mistol Paso, ya que
deseo aprovechar el año lluvioso y mis últimos años
de actividad, y buscar resucitar mi antiguo nido para
tener en dónde descansar en paz, y dejar un hogar a
mi hijita Haydee, que es todo lo que queda de mí y
de mi otra familia*. – Vos sos archimillonario y
Napoleón está muy, muy bien. Verás si te entiendes

- 289 -
con Bernardo, que es un buen y fiel amigo y te
arreglas para cederme esta porción de suelo
santiagueño, en donde he pasado tantos días buenos
y malos y que tenga, en mi vejez, el placer de morir
en mi casa.
Bernardo y vos, tomen las disposiciones para
hacer que sea posible y que veas asegurado tu
interés. Me has dado muchas pruebas de afección,
me darás todavía esta. Cuento sobre vos. Mi salud es
mejor, pero nadie conoce mi hora. Tengo tanta
experiencia adquirida, que tal vez haga reverdecer el
viejo Mistol Paso. Las tierras habrán descansado y
pueden darme otra vez un poco de alfalfa, en todo
caso, mejoraría Mistol Paso.
Dejo esto entre Gaspar y Bernardo, que más
entiende que yo de estas transacciones y le he
rogado que te escriba al propósito.
He vuelto a Santiago por algunos días o meses,
esto depende de Jorge Argañarás, que es mi
Ministro hoy en día. Espero que me ayude
acordándose de los días en que cazábamos patos
juntos en los bañados del Salado. De estos días me
acuerdo siempre como del buen tiempo pasado.
Muchas cosas amistosas a Napoleón, gánalo a mi
causa para me sea favorable.
Un fraternal abrazo de tu viejo compañero.

Emilio R. Wagner

- 290 -
* “mi otra familia”: se refiere a la que dejara en
Europa. Los Wagner eran 7 hermanos: además de
Emilio y Duncan, Andrés, Raúl, Eduardo, Sabina y
Lucía. Eduardo murió en 1900, como funcionario de
la embajada francesa en China, durante la rebelión
de los boxers. Por lo demás, eran una extensa
familia, cuyas ramas se extendían, además de
Francia, por Escocia y Polonia.

- 291 -
Un tesoro desaparecido

Una periodista contemporánea se pregunta, al


final de esta nota, adónde están las 65.000
valiosísimas piezas arqueológicas que faltan en la
colección del Museo Arqueológico, formado por los
Hnos. Wagner en la ciudad capital de Santiago del
Estero.

[…] Olimpia Leandra Righetti (1910-1989), la


mujer discípula […] de los Wagner […] llegó a ser
directora del ahora denominado Museo de Ciencias
Antropológicas y Naturales Emilio y Duncan
Wagner.
Mereció representar a la investigación de Santiago
del Estero en otras provincias del país y en el
exterior, y como directora del Museo realizó una
gran labor de difusión y resguardo del patrimonio
cultural santiagueño.
En una nota, cuyo fragmento se incluye en estas
páginas, Olimpia declara que en 1948 la institución
poseía un patrimonio de 75.000 piezas resguardadas,
lo mismo dice el propio don Emilio Wagner para El
Liberal, el 3 de noviembre de 1948: 75.000 piezas
documentadas. Después de haber consultado
algunos archivos del propio museo; de haber leído
textos de O. Righetti y de E. Wagner; el último libro

- 292 -
sobre estos científicos publicado por Martínez,
Taboada y Auat; y de haber entrevistado al actual
director del museo, quien declaró que recibió un
inventario de alrededor de 10.000 piezas, queda la
pregunta ineludible: ¿quién es el responsable del
faltante del patrimonio del Museo Arqueológico que
dejaron los Wagner hace más de 50 años?

Marta Graciela Terrera


El Liberal/Cultura. 8 de enero de 2006

- 293 -
Icaño, Ricardo Rojas y El País de la Selva

Por Cristóforo Juárez

[…] Evoco mi infancia en un pueblito gris, de


calles anchas y soleadas, polvorientas a veces,
anegadas por la lluvia otras, transitadas por hombres
y bestias con un andar cansino.
Las vías del ferrocarril le daban límite por un
lado; más allá un malezal de jumes y chañares; por el
otro, un riacho angosto, brazo del río Salado,
sinuoso canal que fue aprovechado por aquel
visionario civilizador que fue don Esteban Rams.
Me veo entre gente de habla e indumentaria bien
distinta. Mientras aquí una mujer dialoga en quichua,
lenguaje que conocía por haberlo oído de mi madre;
más allá turcos, rusos e italianos, platicaban con sus
familiares o compatriotas en idiomas distintos o en
su media lengua ridícula, gesticulaban mostrando sus
mercaderías a los criollos, que dejando sus
cabalgaduras atadas a sendos postes, hacían acopio
de telas y comestibles, en improvisados mercados
sobre las aceras o en amplios negocios.
Ponchos y alforjas de variado colorido daban
pintura a aquel cuadro típico, que borrábase a la
siesta.

- 294 -
Veíase a algún viejo criollo de chiripá y largo
cuchillo el cinto, cuya empuñadura de plata
sobresalía cintura atrás.
Por la calleja que daba al río, rodaban bordelesas
tiradas por muchachones en busca de agua. Junto a
las barrancas del riacho había un profundo pozo de
donde se extraía el agua, cuando el lecho estaba
seco.
Por portalones y zaguanes, veíase el brocal de los
aljibes, con su chirriante roldada, donde se
almacenaba el agua de lluvia para beber. Muchas
casonas de tipo antiguo, tenían galería sobre la calle.
Esto era Icaño, la aldea que yo ví, allá por el año
1906.
Habíame dejado mi madre en casa de una sobrina
de mi padre, esposa de don José Fernández Frías, en
los primeros meses de ese año. Allí concurrí a la
escuela “Absalón Rojas” y aprendí los primeros
signos del alfabeto.
Pero lo que quiero relatar es un episodio singular
que dejó en mi alma huellas indelebles.
Una mañana fresca de otoño, divisé a alguien que
llamaba con el timbre, sobre el pequeño portón que
daba acceso a la casa, por una vereda sombreada de
tarcos, árboles que en cierta época del año se cubren
de hermosas flores lilas.
Atravesando el ancho jardín, corrí hasta la puerta
donde me encontré con un elegante joven, vestido

- 295 -
de negro, que me preguntó por el dueño de casa,
señor Fernández Frías. Ante mi respuesta afirmativa,
penetró por el sendero, apoyando su mano sobre mi
cabeza, al tiempo que me hacía diversas preguntas.
Dialogó con mi prima, a quien conocía, la que lo
llamó simplemente Ricardo. Mientras tanto, sentado
en un sofá esterillado, manteníame cariñosamente
entre sus rodillas.
Años después, creo que en 1942, fui a saludar en
el Plaza Hotel, al eminente escritor don Ricardo
Rojas.
Conocía su primer libro, El País de la Selva, pero
tenía mis dudas, de si aquel apuesto joven, que vi en
Icaño, era Ricardo Rojas.
Respondiendo a mi pregunta de si estuvo en
Icaño en 1906, me dijo que sí; y agregó: fui a verlo a
Celso Mansilla, para que me prestara un sulki con el
que podía internarme selva adentro, más allá de
Tacañitas y Averías. Recoger de los propios
moradores de esas regiones, narraciones y leyendas,
y documentarme sobre diversos aspectos de mi libro
en preparación.
Comentando estos sucesos con mi prima –viejita
ya– en 1943, me corroboró estas circunstancias y
agregó: “Había en Icaño un conjunto de guitarras
que obsequiaron con chacareras y aires nativos a tan
ilustre personaje. A su requerimiento, es de suponer,

- 296 -
le transmitieron una serie de coplas, algunas de las
cuales, figuran en El País de la Selva.
Firmaba el director del conjunto con el sonoro
pseudónimo quichua, “Cachasoranco”, que
traducido al castellano quiere decir: “te lo ha
mandado”, apelativo que pasó a ser su apodo, por
muchos años.
Quiero dejar constancia de que aquella villa
legendaria, fue mojón señero y punto inicial de la
obra de aquel gran escritor, que hizo de la tradición
y la leyenda santiagueña un baluarte de la
argentinidad.

- 297 -
Década de los 60: clamor por el agua

A continuación reproducimos la carta de un


agricultor a la revista Así, de Buenos Aires. Esta era
en aquel tiempo una publicación de gran
popularidad nacional y la incluyó con el título de
“Desamparo” en su sección Tribuna del Lector (20
de abril de 1967).

Como icañense y santiagueño, elevo esta justa


queja a todos los gobiernos que se vienen
sucediendo en nuestra provincia desde un tiempo a
esta parte.
El mal de nuestra zona no es reciente, es viejo y
considero que por negligencia, ineptitud o
indiferencia de los señores gobernantes aún no se ha
conseguido el remedio.
La zona del departamento Avellaneda y Taboada,
se caracteriza por ser en su totalidad agrícola, cuenta
con tierras fértiles consideradas quizás una de las
mejores de nuestro país; la principal producción es
la alfalfa considerada también como la mejor de la
República y de donde se extrae la mejor clorofila
para usos tan variados; asimismo, se siembra
algodón cuya calidad de fibra es superior al del
Chaco y es de vital importancia el sembrado de
sandía y melón, cuya producción consume en su

- 298 -
mayor parte la Capital Federal y alrededores. En
resumen, es una zona inmensamente rica y
productiva, pero que los malos gobiernos la
empobrecen.
El principal río que nos suministra agua para el
regadío de las tierras, es el Salado, que nace en la
provincia de Salta. Es de tanta fertilidad esta tierra,
que con un solo riego al año es suficiente dada la
bondad de la misma. Pero hace ya tres años
consecutivos que estas zonas están sedientas.
En su desesperación, los colonos –por cierto
numerosísimos– realizan continuos viajes a Santiago
del Estero en busca de solución a este grave
problema y regresan siempre con sus alforjas llenas
de falsas promesas.
Cansados ya y ante la indiferencia de las
autoridades competentes, se ven en la imperiosa
necesidad de emigrar a provincias vecinas en busca
de trabajo, para que sus familiares no se vean
privados de lo más elemental que es la subsistencia,
haciendo abandono de sus campos y herramientas
de trabajo, que tantos años de lucha y sacrificio les
costó para adquirir.
La situación actual de nuestra zona, me trae el
recuerdo del éxodo de colonos en su mayoría
extranjeros en el año 1930; es lamentable cuanto
está ocurriendo en uno de los lugares más
importantes de la provincia y es doblemente

- 299 -
doloroso porque creíamos que llegaba la hora de la
justicia, de la equidad, pero desgraciadamente,
estamos sufriendo en carne propia el engaño y la
mentira.
Se ha buscado como solución a este gravísimo
problema la unión de los ríos Dulce y Salado en el
dique de Jume Esquina, ya que el río Dulce todos
los años trae inmenso caudal de agua, que se pierde
inútilmente en grandes bañados que no benefician a
nadie. Los gobiernos que se sucedieron,
prometieron una y mil veces que esta obra de enlace
entre el Dulce y el Salado sería una realidad. Todo
quedó en promesas. Agua y Energía de la Nación
que era la empresa que realizaba los trabajos, tuvo
que paralizar por falta de dinero.
Los colonos aún a pesar de su pobreza, realizan
nuevas reuniones y nuevos viajes a Santiago a
golpear las puertas de estos gobiernos, regresando
nuevamente con promesas que jamás se cumplen.
Yo me pregunto: ¿por qué los señores gobernantes
no vienen a nuestra zona a comprobar la magnitud
de este desastre, de esta miseria, de esta orfandad y
buscan los medios de no matar una zona tan
importante del país? ¿O es que no tienen amor a la
Patria o desconocen la palabra sensibilidad?
General Carlos A. Uriondo, no olvide usted señor
gobernador, que nuestro porvenir, nuestro futuro y
el de nuestros hijos están en sus manos. Como buen

- 300 -
argentino y como hijo dilecto de esta noble tierra
santiagueña, haga justicia.

Simón Tayeh

- 301 -
Fiesta Aniversario de Icaño: se celebra por primera
vez

Crónica publicada por el sitio web de la


Comisión Municipal, al celebrarse por primera vez la
Fiesta Aniversario de Icaño, el 15 de julio de 2007.

Durante la Fiesta Aniversario de la comunidad de


Icaño, este domingo tuvo lugar con singular éxito la
Marcha de los Sulkis, que se efectúa por primera vez
en nuestra provincia. Previamente se había
celebrado un fogón criollo, que pese al frío concitó
gran cantidad de adherentes. Posteriormente, tuvo
lugar el acto oficial celebratorio por el cumpleaños
de la población, en un día pleno de alegría y sol.
Durante toda la tarde desfilaron por el escenario
conjuntos locales y provinciales.
La Marcha de los Sulkis, que había generado gran
expectativa en toda la provincia, contó con la
participación de 112 sulkis -sobre 123 inscriptos-, y
fue acompañada por gran número de pobladores que
los siguieron a pie y en otros vehículos.
Esta demostración de amor a la identidad adquirió
visos de gran pintoresquismo, ya que la mayoría de
los tripulantes de los sulkis, generalmente
matrimonios con sus hijos, vestían variados ropajes

- 302 -
gauchescos. Los hombres con camisa blanca,
pañuelo al cuello, sombrero, rastra y botas,
mayormente de negro, y las mujeres con coloridos
ropajes de chinas criollas. En la mayor parte de los
sulkis ondeaban banderas argentinas, de todos los
tamaños, y también provinciales.
Un completo cuerpo de baile de las academias
locales de folclore habían preparado una carroza, en
cuyo ancho tablado superior mostraba a jóvenes y
niños, de ambos sexos, ataviados con las típicas
ropas gauchescas, con sus bordes sobreorlados por
banderas argentinas.
La Marcha de los Sulkis partió a las 11 de la
mañana desde el centro de la urbanización principal
de Icaño. Encabezaban la columna principal el Indio
Froilán González y su esposa Tere Castronuovo,
quienes fueron aclamados por la población.
Desde tres puntos distintos confluyeron los sulkis
hacia un punto de encuentro previamente
concertado, para ingresar juntos por el camino
principal de tierra que conduce a las famosas
Trincheras.
Un eficaz operativo policial había sido montado
para cortar la ruta 34, donde numerosos camioneros
y vehículos de todo tipo debieron detenerse para
contemplar asombrados el pasaje del colorido
desfile.

- 303 -
Al llegar a las Trincheras, efectuaron su desfile
triunfal alrededor del tradicional escenario,
montando entre gigantescos árboles centenarios,
para estacionarse luego a su alrededor en espera del
acto protocolar.

Fogón criollo

Desde las 21 de la noche anterior numerosos


participantes de un fogón criollo esperaban la fiesta.
Unos 200 jóvenes se habían congregado desde esa
noche en el inmenso predio de Las Trincheras,
mientras por un improvisado escenario entre dos
árboles desfilaban conjuntos santiagueños y
nacionales.
Cuatro inmensos fogones proveían de un calor
inusitado en una noche muy fría, y los empleados de
la comuna prepararon un exquisito locro, que fue
repartido gratuitamente entre la población.
Los alumnos de la escuela secundaria local habían
habilitado una cantina donde se vendían bebidas y
sandwiches a precios muy accesibles.
Varios puestos de comidas y artesanías fueron
instalados para la oportunidad, todos pertenecientes
a iglesias o grupos estudiantiles, que así obtuvieron
beneficios para sus necesidades filantrópicas.
Ya durante la mañana del domingo, un sol
espléndido acompañaba la celebración. Mientras

- 304 -
iban llegando los sulkis a las Trincheras, retumbaba
la música criolla desde los poderosos equipos de
amplificación. Dos animadores locales, Marcela
Comán y Pedro Farías, y un recitador de coplas,
improvisaban ingeniosos aportes poéticos desde el
escenario.
Rubén Páez, tradicional músico chamamecero de
Icaño, fue el encargado de abrir la lista de
espectáculos, a las 12:00, mientras se reunía una
gran cantidad de público -calculado en unas 1.500
personas- de todas las edades para el acto principal.
A las dos de la tarde el Comisionado Municipal,
emitió su discurso, rodeado por delegaciones de las
escuelas de Icaño Superior Absalón Rojas y el
colegio secundario, así como de pueblos del área de
influencia, como Vacas Níoj y Tramo Nº 2. Se
encontraban presentes también autoridades de
Desarrollo Rural y delegaciones de Añatuya, Colonia
Dora, La Costa, Mancapa y otros. En su discurso, el
Sr. Luis E. Herrera se refirió a la necesidad de
recuperar el origen indígena de la cultura icañense.
Luego siguió un variado desfile de conjuntos de
bailes folclóricos, y la actuación estelar de El
Mestizo, quien hizo las delicias de los bailarines con
su música donde se mezclan ritmos locales
santiagueños con otros nacionales e internacionales.
Singular resonancia tuvo la actuación del pastor
evangélico de Icaño, Beto Sánchez, quien con su

- 305 -
grupo de rock hizo un conmovedor llamado al
cuidado y recuperación del patrimonio ambiental y
ecológico de la humanidad.
Entre la población se sortearon numerosos
regalos, destacándose principalmente un riquísimo
equipo completo de arneses para un sulki, que fue
ganado por el Sr. Antonio Álvarez.
Finalmente, cerró el desfile musical el famoso
conjunto de Jorge Véliz, que fue ovacionado
reiteradamente por los icañenses y toda la
concurrencia.
Hacia las siete de la tarde terminó este primer
cumpleaños de la población icañense, retirándose
grandes y chicos profundamente gratificados por
haber vivido un día de gran alegría y reafirmación
formidable de nuestra identidad nacional.

- 306 -
Fuentes consultadas

Argentina indígena. Vísperas de la conquista. A. Rex González, J.


A. Pérez. Paidós, Buenos Aires, 1987.
Los antiguos pueblos de indios en Santiago del Estero. Andrés A.
Figueroa. Archivo General de la Provincia de Santiago del Estero,
1948.
Breve Historia de las Razas de América. Dick Edgar Ibarra Grasso.
Editorial Claridad, Buenos Aires. 1989.
La Civilización Chaco-Santiagueña. Emilio y Duncan Wagner.
Cia. Impresora Argentina, Buenos Aires, 1934.
Arqueología comparada. Emilio R. Wagner, Olimpia L. Righetti.
Cia. Impresora Argentina, Buenos Aires, 1946.
Nuestros paisanos los indios. Carlos Martínez Sarasola. Emecé,
Buenos Aires, 1992.
Historia de Santiago del Estero. José Néstor Achával. Universidad
Católica de Santiago del Estero. 1993.
Historia de América. Diego Barros Arana. Ediciones Ánfora,
Buenos Aires, 1973.
Tradiciones Peruanas. Ricardo Palma. Centro Editor de América
Latina, Buenos Aires, 1979.
Los orígenes de nuestra cultura autoritaria. José Ignacio García
Hamilton. Albino y asociados, editores. Buenos Aires, 1991.
Santiago del Estero, Madre de Ciudades. 1553-2003. Guillermo
A. Abregú. Municipalidad de la Capital, Santiago del Estero, 2003.
Índice de todas las leyes orgánicas y especiales de carácter
permanente. Desde 1856 hasta el año 1942. Amalio Olmos Castro.
Director General. Dirección General de Estadísticas de la Provincia de
Santiago del Estero. 1942.
Biblioteca de la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia
de Santiago del Estero. Leyes desde 1856 hasta 1896.

- 307 -
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mecanografiada).
La agonía de los pueblos. Orestes Di Lullo. Santiago del Estero,
1946.
Viejos Pueblos. Orestes Di Lullo. Santiago del Estero, 1954.
Los papeles de Ibarra. Andrés A. Figueroa. Santiago del Estero,
1942.
Los coroneles de Mitre. Ricardo Mercado Luna. Editorial Plus
Ultra, Buenos Aires, 1974.
Folklore santiagueño. Recopilación efectuada por don Julián
Cáceres Freyre. Ordenamiento y edición del Ing. Juan Manuel
Aragón. 20 de diciembre de 1999. Inédito. Cortesía de Juan Manuel
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El indio en la provincia de Santiago del Estero. Francisco René
Santucho. Librería Aymará, 1954.
Chaupi P´unchaupi tutayarka. Maximina Gorostiaga. Santiago del
Estero, 2005.
Historia de Santiago del Estero. María Mercedes Tenti de Laitán.
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Tribuna libre. Periódico independiente. Icaño, números 4 al 12,
desde septiembre de 1966 hasta mayo de 1968.
Cartas manuscritas. De: Ricardo Rojas, Antenor Mansilla,
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Bernardo Canal Feijóo, Pablo Lascano.
Libro de Oro. Escuela superior Absalón Rojas, preparado por la
Sra. Olga Mitre de Bercoff. 1970.
Homenaje a Absalón Rojas. Comisión integrada por: Antenor
Mansilla, José M. Blanes, Manuel Mansilla, Juan E. Chazarreta, Elías
Neme, Rufino E. Cisneros, Manuel M. Luna, Celso Mansilla y Luis
Contreras. Imprenta López, Buenos Aires, 1916.
Actas. Del Centro Absalón Rojas. 1908.
Reglamento. Sociedad de Beneficencia. Pueblo Esteban Rams
(Icaño). Imprenta del Asilo de Niños Desvalidos, Buenos Aires, 1896.

- 308 -
Artículos numerosos y documentación, provistos por la Prof.
Haydee Wagner de Costas. Biblioteca Emilio y Duncan Wagner,
Icaño, Santiago del Estero, 2007.
El Ferrocarril en Chile. Ernesto Vargas Cádiz, José T. Bretón Jara,
Gonzalo Iglesias Hernández, Patricio Espejo Leupin, Ian Thomson,
Abel Manríquez , Pablo Valdivia Lobos, Marilyn Palma Román.
Sociedad “Amigos del Tren”.
Adaptación de la Artillería al medio americano: las guerras
calchaquíes en el siglo XVII. Francisco A. Rubio Durán. Militaria.
Revista de Cultura Militar. Madrid, 1997.
Diseños y formas cerámicas compartidas por las tradiciones
culturales Chaco-Santiagueña y Santamariana. Ponencia de Pablo
Ignacio Mignone Gambetta. UNSa. Sociedades Agropastoriles. II
Congreso Nacional de Estudiantes de Arqueología. Coordinadores:
Sara M. L. López Campeny (UNT) y Gabriel Montini (UNT). San
Pedro de Colalao, Tucumán, septiembre de 2002.
Sociedades indígenas y encomienda en el Tucumán Colonial.
Judith Farberman y Roxana Boixadós. Revista de Indias, 2006, Vol.
LXVI, núm. 238.
Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas “Emilio y Duncan
Wagner”. Amalia Gramajo de Martínez Moreno y Hugo Martínez
Moreno. 1974.
Derecho de los Pueblos Indígenas. Teodora Zamudio. Facultad de
Derecho, UBA. Equipo de Docencia e Investigación. 2005.
Testimonios. De numerosos pobladores de Icaño, jóvenes, maduros
y ancianos, de diferentes sectores sociales. Febrero a Agosto de 2007.
Revista Historia, “declarada de interés científico y cultural por la
Cámara de Senadores de la Nación”. Tomo XIV, Nº 56, diciembre de
1994, febrero de 1995.
Biografía del Conde del Castaño. Carlos Páez de la Torre, revista
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Un dandy en la corte del Rey Alfonso. María Esther de Miguel.
Editorial Planeta. Buenos Aires, 1998.
Historia de Polonia. Guerras e insurrecciones nacionales en el
siglo XIX. Embajada de la República de Polonia en La Habana. 2007.

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Olimpiadas Nacionales de Contenidos Educativos en Internet.
Instituto Nacional de Educación Tecnológica (INET), 2007.
Historia del Chaco. Altamirano - Dellamea de Prieto - Sbardella.
(Para Internet.) 2007.

Desde la Comisión Municipal de Icaño, Editora de este libro,


invitamos a investigadores, descendientes de antiguos pobladores, u
otras personas que posean datos, documentos, fotografías, etcétera, a
contactar con nosotros para enriquecer próximas ediciones.
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