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CRISTIANISMO VS.

COMUNISMO
Por Norberto Herrera

Los admiradores del comunismo afirman que este es la teoría económico-


política de mayor rigor científico que el hombre haya estructurado. Que su
carácter dialectico le permite irse transformando permanentemente. Que se
basa en el surgimiento de una idea –antítesis– , y que de éstas dos emerge
una tercera –síntesis– que satisface por un tiempo, hasta que surge otra
nueva tesis. Y así sucesivamente, dialécticamente. O sea, lo nuevo se hace
viejo y va siendo reemplazado por algo más nuevo, que a su vez también
llega a envejecer.

(…) El carácter dogmático de esta doctrina no le permite evolucionar,


respirar aire fresco. La apertura que la investigación científica supone como
fundamental, per se, se estrella frente a lo intocable e inmutable de los
escritos clásicos del marxismo. Los comunistas, que critican lo dogmatico de
la religión como algo “reaccionario”, son más fanáticos en cuanto a sus
propias doctrinas.
Un ejemplo de lo afirmado atrás: El Manifiesto del Partido Comunista,
escrito en 1847, y publicado por Marx y Engels en Londres en 1848, tuvo
una edición alemana publicada en Leipzig en 1872, con prólogo firmado
también por Marx y Engels. En ese prólogo ambos se defienden de las
críticas hechas al Manifiesto en los veinticinco años transcurridos desde su
primera aparición. Argumentan de esta manera:

“Aunque las condiciones hayan cambiado mucho en los últimos veinticinco


años, los principios generales expuestos en esta Manifiesto siguen siendo
hoy, en grandes rasgos acertados. Algunos puntos deberían ser retocados…
por tanto, no se concede importancia excepcional a las medidas
revolucionarias enumeradas al final del capítulo II. Este pasaje tendría que
ser redactado hoy de distinta manera, en más de un aspecto… Sin embargo,
el Manifiesto es un documento histórico que ya no tenemos derecho a
modificar”.

O sea que Marx y Engels reconocen que las condiciones habían “cambiado
mucho”; que el documento debía ser “retocado”. El “hoy” al que se refieren
es 1872 (hace más de un siglo), pero no lo pueden “modificar”. O sea que el
Manifiesto es algo infalible, inmutable, dogmático. Lo dialéctico no funciona
en el documento fundamental del comunismo, porque nadie, ni los propios
autores tienen derecho a modificar.
El asunto es de fondo. ¿Cuáles son las medidas revolucionarias enumeradas
al final del capítulo II? Nada menos que las que han sido llamadas El
Decálogo del Comunismo, que éste implementa una vez que toma el poder.
Trascribimos literalmente del Manifiesto, algunas de esas ‘medidas
revolucionarias’:
· Expropiación de la propiedad territorial y empleo de la renta para
los gastos del Estado.
· Fuerte impuesto progresivo
· Abolición del derecho de herencia.
· Confiscación de la propiedad de todos los emigrados y sediciosos.
· Centralización del crédito en manos del Estado por medio de un
Banco Nacional con capital del Estado y monopolio exclusivo.
· Centralización en manos del Estado de todos los medios de
transporte.
· Multiplicación de las empresas fabriles pertenecientes al Estado y
de los instrumentos de producción.

Vez tras vez estas medidas confiscatorias y totalitarias fracasan en los países
comunistas, empobreciendo cada vez más a sus pueblos. No obstante, los
ideólogos no rectifican su teoría “científica”, porque según ellos se basa en
principios inmutables. Algunos estudiosos del comunismo y amigos
personales de Lenin y Troski, como Max Eastman, desde su inicio
cuestionaron el alegado carácter científico de esa doctrina, que no
evoluciona al paso del tiempo: “A medida que la batalla entre el mundo
comunista y la civilización occidental se ha intensificado, se pone de
manifiesto el fondo de superstición que se agita en el pensamiento marxista,
y su carencia absoluta de base científica” [1]

En el capítulo anterior se han expuesto los conceptos marxistas. Seguiremos


ese orden para hacer un breve análisis de esas concepciones.

1. CONCEPTO DEL HOMBRE

Los cristianos creemos que Jesucristo es Alfa y Omega, principio y fin,


primero y último. El hombre es creado por Dios para ser señor de la tierra:
“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo Creó; varón y
hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: Fructificad y multiplicaos;
llenad la tierra y sojuzgadla y señoread en los peces del mar, en las aves de
los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis
1:27, 28).

El hombre viene a la historia traído expresamente por Dios; no es un ente


aparecido por casualidad o accidente sino un ser creado por Dios y poseedor
de fuerzas materiales y espirituales sin límites. El comunista dice que el
hombre se creó a través de su propio trabajo, del trabajo humano. Nunca el
marxista explica claramente el origen del hombre, por la sencilla razón de
que dialécticamente la prima tesis es Dios y ellos no la aceptan. El citado
pasaje de Génesis nos habla del señorío del hombre sobre los animales y no
del señorío del hombre y sobre el hombre y su conciencia. El comunista, en
cambio, tiene como meta, no la igualdad de los hombres, sino como dice el
propio Manifiesto: “la elevación del proletariado a clase dominante”.

El hombre, para el marxista, es la prueba de su propia creación. Para el


cristiano el hombre es imagen de Dios que fructifica y conquista la creación
para su propia felicidad. Hombre y creación son claramente explicados en la
Biblia. En su primer libro –Génesis- aparece ese proceso creativo. Lo que
algunos ridiculizaron en el pasado, ahora es confirmado por la ciencia. Si
pudiéramos hacer de nuevo el universo –dijo un científico– lo haríamos
siguiendo el mismo orden indicado en la Biblia: Luz, agua y tierra (reino
mineral); hierba (reino vegetal); lumbreras (constelaciones espaciales);
seres vivientes (reino animal); y finalmente, como corona de la creación,
“creo Dios al hombre”.

El hombre libre se ha preocupado siempre por explicarse de dónde venimos


y hacia dónde vamos. Cuando un escritor se expresa libremente y no en
función de un Partido, puede decir como Boris Pasternack en su Doctor
Zhivago “somos viajeros a medio camino”. El cristiano busca en el más allá
la expectativa gloriosa de verse y juntarse con Dios, su creador. El
comunista no se interesa en la búsqueda de lo trascendente, se limita al aquí
y al ahora. Para él con la muerte se acaba todo. Pero Cristo dijo: “El que
guarda mi palabra, nunca verá muerte” (Juan 8:51).

Tomado del Libro ¿Comunismo o Cristianismo? Norberto Herrera. Edit. ICED.


El Paso, Texas págs: 53 - 57

1. La Rusia de Stalin, Editorial Adain Books, Nueva York, 1958