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SWEET NEMESIS

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Agradecimientos Índice Sinopsis Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9 Capítulo 10 Capítulo 11 Capítulo 12 Capítulo 13 Capítulo 14 Capítulo 15 Capítulo 16 Capítulo 17 Capítulo 18 Capítulo 19 Capítulo 20 Capítulo 21 Capítulo 22 Capítulo 23 Capítulo 24 Capítulo 25 Capítulo 26 Capítulo 27

23 Capítulo 24 Capítulo 25 Capítulo 26 Capítulo 27 3 4 6 20 32 38 44

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Capítulo 28

226

Capítulo 29

233

Capítulo 30

238

Capítulo 31

253

Capítulo 32

257

Capítulo 33

283

Capítulo 35

290

Capítulo 36

299

Capítulo 37

307

Capítulo 38

316

Próximo Libro

327

Capítulo 1

328

Sobre la Autora:

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Maté a una chica anoche. Lo hice con mis propias manos y un trozo de

Maté a una chica anoche. Lo hice con mis propias manos y un trozo de tubo que encontré cerca al basurero. Pero esa no es la parte más rara. La parte que me asustó, la parte que no puedo entender y que aún me sigue dando vueltas en la cabeza es que cuando ella me atacó, su cuerpo cambió… y entonces era una loba, todo dientes y garras extendidas.

Pero, para el momento en que me paré junto a su cuerpo sin vida, ella era nuevamente una mujer. En ese momento fue cuando entré en estado de shock… y ese fue el momento en el cual él apareció.

Ahora todo lo que puedo hacer es aceptar las verdades que están frente a

mí.

Uno: los Hombres Lobo sí existen y dos… nací para matarlos.

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Traducido por ValentinaW33 y Cri!sly Corregido por Liss.Briel — Vamos Tara, ni siquiera le diste
Traducido por ValentinaW33 y Cri!sly Corregido por Liss.Briel — Vamos Tara, ni siquiera le diste

Traducido por ValentinaW33 y Cri!sly

Corregido por Liss.Briel

Vamos Tara, ni siquiera le diste a esta noche su merecida oportunidad dijo George. Sus ojos azules tenían una mezcla de súplica y enojo.

Regresé el palo de billar al estante en la pared e intenté pensar en una respuesta razonable antes de voltear a verlo de nuevo. Fui cuidadosa de mantener mi voz baja; la pequeña sala de billar estaba atestada de personas para ser una noche de martes. La nube de humo que flotaba permanentemente en el aire y la luz tenue, daban la ilusión de privacidad alrededor de nuestra mesa en la esquina, pero me di cuenta que la pareja de la mesa junto a nosotros ya estaba mirándonos por el hombro disimuladamente, intentando parecer como si no estuviesen escuchándonos.

George, llegaste una hora tarde por mí, porque estabas trabajando en un comunicado de prensa con tu agente. Me acerqué hacia él. Un agente repetí, negando con la cabeza. En serio. Ni siquiera te has graduado, mucho menos asegurado una beca. ¿Por qué ibas a necesitar un agente?

Pasó una mano por su cabello, evidencia de su impaciencia, aunque fue

cuidadoso en mantener su tono bajo ganarme.

en

un

intento de, a

su modo de

ver,

Ya te lo dije, mi papá lo tiene arreglado. Muchos de los profesionales buscan uno con anticipación, especialmente los más famosos. Y siento mucho haber llegado tarde, pero ahora estoy aquí y estoy enfocado en nosotros. Su expresión de volvió acusadora y agregó: Más que tú, puedo decir.

Me froté las sienes, tratando en vano de masajear fuera de mí el estresante dolor de cabeza que se había vuelto una marca distintiva de nuestra relación.

Lo siento, George, pero no soy yo la que arruinó las cosas. Y no te culpo por un cambio de prioridades. El fútbol es importante para ti. Eso está bien, pero está sacando todas tus demás prioridades, incluyéndome a mí. Sería más fácil para ti, si solo lo admitieras.

Estás equivocada, puedo hacer las dos cosas insistió, negando con la cabeza vigorosamente. Su cabellera rubia se sacudió al mismo tiempo.

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Me has cancelado tres veces en la semana pasada discutí. Sin mencionar que me dejaste plantada hace dos noches.

—Tay… —empezó, usando el apodo que sólo él me decía. Levanté mi mano para silenciarlo. No podía seguir con esto.

Solo detente George. Detente con todas tus excusas. Simplemente, esto

no

va a funcionar. Deberías irte. Encontraré a alguien que me lleve a casa.

George se quedó viéndome y esperé a que discutiera un poco más. El tono

de

arrepentimiento en mi voz era obvio, pero también lo era la decisión en mis

palabras. Finalmente suspiró.

Voy encontrar la forma de arreglar esto dijo silenciosamente.

No respondí. No había nada que decir. Tomó su chaqueta de mala gana y

se fue. Lo miré hasta que la puerta osciló y se cerró tras él, después me di media

vuelta hacia nuestro juego a medio terminar. Me dirigí hacia la pared y tomé de

nuevo el palo, como si la ruptura que acababa de iniciar no me molestara en lo absoluto, y alineé mi siguiente tiro.

Ignoré las miradas curiosas de la pareja fisgona junto a mí y me enfoqué en meter la bola número tres. Solo una punzada de arrepentimiento carcomiéndome mientras terminaba el juego. No quería que las cosas terminaran con George. Nos conocíamos desde el sexto grado, y en muchas formas, era mi mejor amigo. Me importaba mucho. Pero había cambiado en los pasados meses.

Al principio fue tan lento que ni siquiera lo noté. Pasábamos dos días sin hablarnos lo que en aquel entonces era un récord para nosotrosque lentamente se convirtió en una cita perdida o un cambio de planes de último momento. Después, se consiguió un agente y nos fuimos cuesta abajo desde ahí. Y mientras odiaba pensar que estaba tirando todo lo que éramos el uno para el otro a la basura, no iba a ser una novia “no prioritaria” tampoco. Una chica debe tener un poco de auto-respeto.

Con el juego terminado y mi orgullo de alguna forma aún intacto al dejar a

un

montón de extraños en un salón de billar presenciar mi rompimiento, saqué

mi

celular y le marqué a mi amiga Angela para que me llevara a casa.

¿Hola?

Ang, ¿ocupada? pregunté dudando que lo estuviera.

Hubo un momento de duda y luego: Um, Dave y yo estamos cenando.

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¿Dave? ¿El chico de clase de pre-cálculo? Supe que mi sorpresa salió, tal vez un poco ruidosa y clara, y me sentí mal por la forma en la que lo había dicho. Es genial agregué precipitadamente.

Y sí era genial. Angela había estado albergando un enamoramiento por este chico como por cuatro meses. Y no era que no pudiese conseguir una cita; ella era realmente bonita con su cabello largo y oscuro, y sus lentes tipo bibliotecaria sexy, pero era mortificantemente tímida.

—Gracias. Acabamos de ordenar así que… ¿Está todo bien? ¿Ya volviste a casa de tu cita?

Ah,

claro,

estoy

bien.

No

te

preocupes.

Decidí

en

lugar

de

interrumpirla. Te llamo mañana, y quiero detalles.

Angela soltó una risita tonta y alejé el teléfono de mi cabeza para verlo como si se hubiese convertido en otra forma de vida. Angela nunca soltaba risitas tontas. De acuerdo, te veo mañana dijo.

Colgamos y llamé a mi amiga Sam. Aún si había salido, no me sentía ni un poco mal por interrumpirla; Sam siempre “salía”.

Desafortunadamente, todo lo que tuve fue su correo de voz. Maldición. Le colgué sin dejarle un mensaje. No tenía sentido. Ella de cualquier modo rara vez lo revisaba.

La única opción que quedaba era llamar a mi mamá, pero rápidamente lo descarté. Sin duda ella iba a tener preguntas como, por qué me había quedado

varada en primer lugar. Que podría llevarla a preguntar qué había pasado con George, lo cual que aunque la amara, era algo que no me gustaría discutir con

mi madre. No era que ella no fuese a escuchar. El problema era, que iba a

escuchar muy entusiastamente. Mi mamá era una típica mujer preocupada por todo, y por eso, se entrometía. Siempre quería saber cada simple detalle de mi

día, desde qué fue lo que comí en el receso y quién se había parado junto a mí

en gimnasia. Y parecía que mientras más años cumplía, ella aún más se

preocupaba. De ninguna manera iba llamarla.

Con todas mis opciones para transportarme agotadas, en cierto modo sentí arrepentimiento de dejar a George irse. Pero sólo un poco. Si él me hubiese llevado, hubiera extendido su argumento o sus intentos de súplica para hacerme cambiar de parecer, que al final, probablemente me hubiesen hecho enojar. Y aún guardaba la esperanza que tal vez, podríamos salvar nuestra amistad.

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Le devolví el triángulo y las bolas al encargado del bar y me dirigí a la puerta. Me paré ahí, mirando el nebuloso vidrio de la ventana de enfrente, considerando mi último recurso. Había una parada de autobús a unas pocas cuadras. No era lo ideal en la mitad de febrero en Virginia del Norte, pero era todo lo que tenía.

Metí mis brazos dentro de las mangas de mi abrigo y me dirigí hacia el pasillo de atrás del bar, pasando los baños, hacia la puerta trasera, la cual me serviría como un pequeño atajo, en vez de pasar por el callejón que estaba entre el edificio y el estacionamiento público al otro lado. El atajo me ahorraría al menos cinco minutos de mi tiempo de viaje, que eran cinco minutos menos que tendría que estar en el frío, y yo odiaba el frío.

Me deslicé por la puerta de metal hacia afuera y la empujé de vuelta hasta que hizo “clic” para asegurarme que estaba cerrada. A unos pocos metros a mi derecha la lámpara de la calle emitía un haz de luz amarillenta sobre el asfalto, pero me dirigí hacia la izquierda, en dirección de la parada de autobús, sumergiéndome dentro de la oscuridad que era mi atajo. Caminé despacio hasta que mis ojos se ajustaron, después cogí el ritmo. La oscuridad no me molestaba; había usado este atajo docenas de veces. El estacionamiento que empezaba a aparecer a mi derecha era gratuito, y lo usaba más que el que estaba a unos metros frente al bar, siempre que venía a esta parte del centro de la ciudad. Pasé a un lado del estacionamiento, deseando haber manejado por mi cuenta. Así mi Honda de segunda mano y su grandiosa calefacción, podrían haber estado esperando por mí, en vez del corriente autobús de la ciudad. De hecho, desearía no haber venido para nada. La tardanza de George habría sido la excusa perfecta para cambiar de opinión. Especialmente cuando los dos sabíamos que nuestra relación había caído en un precario balance, que se inclinaba hacia el “rompimiento”, antes de haber roto esta noche.

Estaba silencioso y mis botas retumbaban ruidosamente contra el asfalto. Me apresuré para alcanzar la parada de autobús, odiando cada aspiración de aire helado y contenta de que los edificios alrededor estuvieran frenando el viento hasta el mínimo. Acomodé mi abrigo alrededor de mi cuello, tratando de contrarrestar el frío que se filtraba hasta mi piel, poniéndome la piel de gallina.

Odiaba la piel de gallina, porque eso significaba que el vello de tus piernas iba a crecer dos veces más rápido. Y yo siempre tenía la piel de gallina por culpa de un extraño frío que recurrentemente sentía. Incluso en el verano, cuando todos están usando shorts y trajes de baño, y cuando tener las piernas depiladas es algo así como una prioridad.

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Cuando era más joven, me solía quejar con mi mamá sobre eso a veces y ella siempre decía que los Godfreys eran de sangre ligera y friolentos. Después se me quedaba viendo con una expresión extraña y desaparecía; ya fuese en el patio trasero, a desyerbar las flores, o a la despensa, a reorganizar la comida enlatada.

El hormigueo de la piel de gallina disminuyó y mis pensamientos empezaron a vagar en torno a George y a toda la historia entre nosotros. Como en sexto grado, cuando trató de dejarse crecer el cabello, diciendo que quería un look de surfista, cuando no tuve más opción que decirle que se veía… andrajoso. Cuando ser andrajoso NO estaba de moda.

En séptimo grado, volvió a cortárselo, después de que todos vimos un video, en el día de la profesión, sobre el ejército. Habló durante meses sobre unirse; hablando de lo genial que sería disparar armas para vivir. Después en octavo grado, los dos tuvimos nuestro primer beso, aunque no entre nosotros.

George se había enamorado mucho de una chica hasta que ella y su familia se mudaron. Ella era de familia militar y su padre había sido reasignado. Noveno grado, decidió unirse al equipo de fútbol y se volvió el jugador más valioso de Universidad Junior. Cambió mucho ese año, ganó auto-confianza que no tenía antes. Al final del décimo año, empecé a notarlo como más que un amigo. El verano pasado había sido incómodo entre nosotros. Me pasé todo el tiempo estresándome por el territorio desconocido de tener sentimientos por él y pensando si tal vez él podría sentir lo mismo por mí.

Nunca me cuestioné el estar con George. Se sentía natural y bien. Había sido mi mejor amigo por tanto tiempo que lo único en lo que las citas habían cambiado, fue en la adición de besos a la mezcla. Nada mal, como extras.

Frente a mí, un movimiento atrapó mi mirada, sacándome de mis pensamientos. Dejé de pensar y sentí mi pulso saltar desenfrenadamente por la compañía inesperada. No era muy común ver a nadie más por aquí, pero justo junto al siguiente contenedor de basura, una chica de cabello largo y rubio con botas de tacón de aguja estaba parada en el centro del callejón más cercano, temblando y estremeciéndose incontrolablemente.

Di un paso hacia ella, queriendo ayudarla en alguna forma, pero después me detuve al ver la mirada en su rostro. Evidentemente me estaba observando a mí, una mirada de odio tan crudo que envió un estremecimiento por mi espalda.

Um, ¿estás bien? le dije, aun tratando de entender por qué estaba prácticamente convulsionando. ¿Estaría sufriendo un ataque? Pero estaba

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tratando de mantenerse de pie. Sus manos enguantadas se habían vuelto puños a los lados de su cuerpo. Y respiraba pesadamente. Intenté de nuevo. ¿Necesitas ayuda?

Algo sobre la forma en la que me miraba hacía que mi piel hormigueara. Tuve un estremecimiento de nuevo.

Ayuda repitió a través de los dientes apretados. Sí, seguro. Sus palabras salieron con sarcasmo y malicia no disimulada.

Entonces, antes de que pudiera pensar en algo más que responder a eso, sus temblores alcanzaron el nivel más grande de intensidad y después ella… explotó. No hay en realidad alguna otra palabra para describirlo. Con un fuerte sonido de rasgadura su ropa desapareció, dispersándose en el aire en piezas pequeñas. En el mismo segundo, su cuerpo pareció vacilar y luego transformarse, dejando en su lugar el lobo más grande que jamás haya visto. Sentí cuando mi mandíbula se cayó, dejándome boquiabierta. ¿Estaba loca o esa chica acaba de transformarse en un perro gigante?

Tuve una fracción de segundo para mirarla y después se abalanzó hacia mí. El pelaje café se volvió nada más que una mancha borrosa mientras se apresuraba hacia mi dirección, con dientes al desnudo y garras extendidas. En ese momento, estaba completamente segura de que iba a morir. Ni siquiera tuve tiempo para tener miedo; todo se iba a terminar demasiado rápido.

Después, de alguna forma, aunque mi cerebro consciente no tenía nada que hacer con él, mi cuerpo reaccionó. Justo antes del impacto, me moví hacia un lado, esquivándola. Usando el impulso de mi cuerpo, levanté mi mano y giré. Ni siquiera me había dado cuenta que había hecho un puño, pero mis nudillos conectaron y escuché el sonido de un hueso al romperse, mientras mi mano se estrellaba con la mejilla del lobo. El golpe ¿la?envió hacia atrás unos pocos pasos, pero después pareció enderezarse.

Sus ojos amarillos se trabaron con mi mirada y ahí venía de nuevo. Me quité la chaqueta y la dejé caer junto a mí en el asfalto; alguna parte escondida de mí, sabía que iba a necesitar un mejor uso de mis extremidades.

Tres veces más logre esquivar al lobo cuando se lanzó en mi contra. En la cuarta, sus garras alcanzaron mi camisa, desgarrándola a ambos lados de mi abdomen, llevándome hacia atrás. Tropecé y caí. Mi espalda se estrelló contra el pavimento con un duro golpe. Una vez más, acepté mi inevitable muerte. Miré mientras continuaba acercándose a mí, más lenta y segura ahora que yo estaba en el suelo. Todo lo que podía ver eran sus colmillos caninos dirigidos a mi

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garganta. Me estremecí y di la vuelta, incapaz de mirar a esos brillantes ojos amarillos, sabiendo lo que venía. Cuando me di la vuelta, un brillo de luna plateado iluminó un trozo de tubería que estaba cerca; probablemente era para la basura, pero de alguna manera había llegado hasta aquí.

Una vez más, el razonamiento inconsciente tomó el control y sentí como llegaba hasta este, mi mano cerrándose alrededor del frío acero. Con un gruñido, lo levanté.

No había esperado realmente lograr detener el golpe y no esperaba que el estruendo fuera tan fuerte. Sentí las vibraciones subiendo por mi brazo, pero me las arreglé para mantener el tubo hasta que sentí el peso del lobo aligerarse y se desplomó en una pila, la mitad sobre mí. Lo hice a un lado, lo cual no fue fácil, y me puse de pie. Después de eso, me quedé ahí, mirando hacia abajo a la gran masa de piel y preguntándome cómo en el mundo nadie se había percatado de lo que acababa de suceder.

Mientras yo miraba, el bulto del lobo comenzó a sacudirse y luego a brillar en los bordes, haciéndose brumoso. Entonces, finalmente, era una chica otra vez. Su largo cabello cubría su rostro con fibrosas ondas, apelmazadas en su cabeza en el lado donde el tubo la golpeó La sangre fluía lenta y constante desde la herida hasta el pavimento. Su cuerpo estaba desnudo y acurrucado, casi en posición fetal, excepto por su rodilla acuñada en un ángulo antinatural. Pude ver que sus ojos estaban abiertos y con la mirada perdida, pero no me detuve en eso. No pude. Mis ojos estaban muy abiertos, no lo podía creer; quedé asombrada con lo que había ante mí. Me esforcé por aceptar lo que veía. De ningún modo. Era imposible. Las personas no pueden ser… lobos. Eso era un mito. Una manera en la que Hollywood ganaba dinero.

Pero no había error alguno. La chica tumbada frente a mí era sin dudas la misma chica de antes. Y olía, distintivamente, como un animal.

Seguí esperando que ella se moviera, o por lo menos gimiera, por el dolor del trauma de su cabeza. Ignorando los rasgos femeninos de su cuerpo desnudo, la miré fijamente a los hombros y a su pecho, buscando cualquier señal que me indicara que estaba respirando. No vi ninguna. Y supe, en lo más profundo, que no lo haría.

Mis manos empezaron a temblar. Tal vez por el frío, pero estaba muy entumecida como para sentir la temperatura en mi piel. Di un paso hacia atrás y tropecé.

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Manos se cerraron a mi alrededor, manteniéndome parada. Me sacudí e intenté escapar de su agarre. Un grito ahogado salió de mis labios mientras las manos me daban la vuelta para enfrentar a mi atacante.

Whoa. Está bien. No voy a hacerte daño dijo.

No respondí. No podía recordar cómo hablar en el momento y si hubiera podido, saldría como un grito de todas formas. Mi respiración se volvió entrecortada y él esperó hasta que logré controlarme.

Había preocupación en sus ojos, pero eso no funcionaba conmigo. Noté vagamente que sus ojos eran exactamente del mismo color de su cabello, una especie de marrón bronce. El color era fascinante; diferente a lo que jamás había visto y parecían tener un borde oscuro que sugerían problemas, sin importar que tan amables se pusieran. El resto de él tampoco se veía mal. Su rostro combinaba con sus ojos, rugosos y duros bordes desde sus pómulos hasta su mandíbula. Cuando me dio la vuelta, me había agarrado para no perder el equilibrio y aún ahora mis manos descansaban en sus hombros, donde primero lo había agarrado. Debajo de mis dedos y el cuero de su chaqueta, era puro músculo.

El hecho de que en realidad lo estuviera chequeando justo después de haber matado a una chica, era la primera prueba de que estaba en shock.

¿Estás bien? Su mirada me recorrió sin esperar por una respuesta, críticamente inspeccionando el resto de mi cuerpo, no diferente de la que yo le había dado.

Noté que estaba tratando de ayudarme, y gracias a Dios, eso calmó lo suficiente mi pánico como para encontrar mi voz. Entonces, ahora que mi cerebro estaba convencido de que el peligro realmente había pasado, algo pareció liberarse, dándome el permiso de enloquecer.

Creo que sí respondí automáticamente, sin saber realmente si lo estaba o no. Me sentí adormecida y extraña en mi propia piel.

¿Ella te mordió?

Su voz parecía venir desde lo profundo de un túnel. Parpadeé para intentar despejar la confusión.

¿Qué?

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¿Ella te mordió? Su voz era más firme ahora y sus manos presionaron mis hombros hacia abajo, tratando de mantener mi atención.

No respondí, resultándome más fácil el concentrarme si lo miraba a sus inquebrantables ojos, ojos salpicados en oro.

que

arqueara sus cejas hacia abajo con nueva preocupación. ¿Estás sola aquí? ¿Tienes alguna forma de volver a casa?

Bien.

Una mirada de

alivio

real pasó por

su

rasgos antes de

—Yo… —tartamudeé para recordar y mantuve mis ojos fijos mientras esperaba que la respuesta viniera a mí. Esperaba el autobús. Mi aventón se fue antes.

Sus cejas se curvaron aún más profundamente por eso y lanzó casi una imperceptible mirada al expuesto cuerpo tendido detrás de mí. Sus manos finalmente cayeron lejos de mis hombros.

Bueno, no te dejaré aquí murmuró, casi para sí mismo. Pareció debatir algo por un largo momento y después sacó un teléfono de su bolsillo, presionando un solo botón.

Jack es Wes. Tenemos un problema. Liliana está muerta. Hubo una pausa mientras él escuchaba a quien sea que estaba en el otro lado. Luego: No, no fue así. Fue una chica pero… es confuso. No puedo leer nada en lo absoluto de ella. Otra pausa y luego. Estoy en el callejón detrás de la calle Fleet. Ella estará en el basurero hasta que llegues… No, no la chica, Liliana.

Palidecí y sentí el pánico aumentando mientras terminaba la llamada. Cualquier otra cosa que haya dicho no pasaron de la alarma de peligro en mis oídos. Debió haber visto mi rostro, porque rápidamente puso sus palmas arriba, frente a mí y habló tranquilamente.

Quise decir ella, la chica con la que luchaste. No quise decir tú.

Asentí, respirando profundamente para calmar la adrenalina que corría dentro de mí. Realmente necesitaba controlarme. Esto era ridículo. Probablemente parecía y sonaba como una idiota, y el hecho de que estuviera temblando tampoco ayudaba. Eso me recordó la forma en que la chica había estado temblando, justo antes de que…

¿Cuál es tu nombre?

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Su voz me sacó de mí misma, cortando la repetición que mi cerebro estuvo

a punto de darme.

Tara respondí en una voz que sonó más débil de lo había planeado. Tara Godfrey repetí, más fuerte.

Tara, yo soy Wes y voy a ayudarte, si me dejas. ¿Puedo llevarte a casa?

¿Llevarme? ¿En serio? Lo miré. Acabo de matar a esa chica. Tenemos que llamar a la policía, al fiscal, a alguien.

Hice una llamada y alguien está en camino a encargase.

Negué con la cabeza. Sí, eso no sonaba exactamente oficial. Y la llamaste por su nombre. Liliana. ¿La conoces? ¿Qué está pasando?

Mira, obviamente viste lo que pasaba dijo un poco impaciente. Esa chica no era humana. Y creo que ninguno de nosotros quiere responder la pregunta que podría venir con admitirle eso a la policía. No es que te vayan a creer en primer lugar. Por lo tanto, me estoy encargando de ellodiscretamente. A menos que quieras terminar en una habitación acolchada, tú harías lo mismo.

De acuerdo, tenía un punto especialmente con la parte de la habitación acolchada. O sea, lo vi con mis propios ojos y aún me costaba aceptarlo. Podía imaginar cómo sonaría, tratando de explicarle todo a la policía o a los doctores.

No se sentía bien, mentir sobre algo como esto, pensé. Acababa de matar

a una chica o un perroo lo que fuera. Pero tal vez podría lidiar con eso si conseguía las respuestas sobre qué diablos realmente estaba pasando.

Bien, lo haremos de tu manera, pero tienes que darme algo a cambio

dije.

Me miró con cautela. ¿Qué?

Respuestas. Una explicación. Quiero decir, en serio, este tipo de cosas no son reales. O no están supuestas a serlas. Pero aquí están. Y pareces saber mucho sobre esto, así que, ¿de qué se trata?

Suspiró en respuesta, pero no discutió mi petición. Tal vez la había esperado.

Te diré en el auto. Por ahora, vamos a sacarte de este callejón antes de que alguien nos vea. Vamos.

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De ninguna manera. Hablaremos aquí y después tomaré el autobús, como lo tenía planeado.

Bajó la mirada hacia mi camisa esbozando una sonrisa irónica.

No creo que eso sea prudente. Levantarías una considerable cantidad de… atención.

Mire hacia abajo también y noté por primera vez que mi camisa estaba toda destruida. Colgaba de mí como un trapo, con marcas a ambos lados de mi abdomen, a lo largo de mis costillas. Debajo de la tela, podía ver las marcas de los cortes en mi piel. Las heridas estaban en carne viva y se veían como si me hubiera enfrentado con un gato. Oh, espera. Perro.

Bajé la mano para subir la cremallera de mi chaqueta y recordé que no la tenía puesta.

Aquí dijo, sosteniéndola para mí.

Gracias. La tomé y me la puse, totalmente preparada para subir la cremallera y cubrir todos los daños. No tuve tanta suerte. La cremallera no estaba simplemente rota; sino que había desaparecido por completo, al igual que una gran parte de mi manga, cerca de mi muñeca. Aparentemente la loba se había acercado con sus dientes más de lo que había pensado.

Mierda.

Suspiré,

extendida

y

fuertemente,

dejándole

saber

exactamente cómo me sentía sobre esta idea. Bien, puedes llevarme a casa.

Vamos.

Se giró y comenzó a caminar, disminuyendo su paso para igualarlo con el mío y bloqueando mi vista para que no viera a la chica mientras pasábamos de nuevo por el callejón. Terminamos en el estacionamiento público. El estacionamiento estaba iluminado con farolas de bombillas amarillas en cada esquina y en el centro. Eran como focos deslumbrantes comparados con la oscuridad del callejón. Mis sentidos se pusieron alerta. Algo dentro de mí me golpeó. Tal vez finalmente estaba saliendo de la conmoción en la que había estado, o tal vez había alcanzado un nuevo nivel pánico.

En cualquier caso, a la vista de las luces, me congelé. Traté de poner un pie delante del otro, pero eso no iba a suceder. Estaba temblando mucho ahora, lo suficiente para hacer que mis dientes castañearan, aunque me sentía extrañamente adormecida y no me afectaba el frío.

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Ni siquiera tenía la piel de gallina. Mi corazón empezó a golpear, haciendo eco fuertemente en mis oídos. Detrás de eso, hubo un rápido sonido que hizo que me mareara.

¿Tara? Escuché a Wes llamándome. No lo había notado estando de pie

allí. Tara, tenemos que irnos. Mi auto está por aquí. Su mano se cerró sobre

mi brazo y me envió sobre el límite.

Salté fuera, sorprendiéndonos y le devolví la mirada con pánico. Esto simplemente era demasiado.

Tara. La voz de Wes era baja y suave. Sé que estás asustada, pero no voy a hacerte daño. Estoy tratando de ayudarte. Deja que lo haga. Se acercó un paso más a mí.

Algunas partes de mi cerebro me pedían a gritos que me lo quitara de encima y que dejara de actuar como una completa lunática. Pero no era capaz

de calmarme.

Puedo ver que estás en shock dijo Wes, aun acercándose mientras yo luchaba contra el impulso de huir. No puedo llevarte a ninguna parte para que

te atiendan, así que voy a hacer algo por ti. Voy a ayudarte a olvidar, sólo por

ahora. Desaparecerá por la mañana; de no ser así, te ayudaré a recordar. Pero

por ahora, es mejor si te olvidas por un rato. ¿De acuerdo?

No le respondí. En parte porque me daba miedo que, si trataba de hablar, gritaría como una loca y en parte porque ni una sola cosa de lo que él acababa

de decirme tenía sentido.

Al parecer, él tomó mi silencio como un consentimiento, porque asintió con la cabeza y dijo:

Bueno, ahora relájate. Estaba usando un tono de voz con el que pretendía tranquilizarme. Pero me miraba como si yo fuera un animal salvaje, listo para huir. Así que mantuvo la distancia. Ahora sólo tienes que mantener tus ojos en los míos. Así es. Sólo concéntrate en mí

Murmuró palabras tranquilizadoras y en algún momento alrededor de la

tercera o cuarta, me sentí atraída por ellas. Miré hacia abajo, pero mi cuerpo no

se había movido. Era mi mente, algo dentro de mí, que parecía tirar más y más

hasta que sentí que podía alcanzarlo y tocarlo.

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Aquí mismo, Tara. Sólo mira aquí, en mis ojos. Todo estará bien. Levanté la vista y nuestros ojos se encontraron. Sostuvo una mirada penetrante que parecía detener todo a mí alrededor y por el otro lado.

Entonces, todo desapareció.

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Traducido por Alyshia Cheryl, Whiteshadow — ¿Tara? Es hora de despertar. Corregido por LissBriel De

Traducido por Alyshia Cheryl, Whiteshadow

¿Tara? Es hora de despertar.

Corregido por LissBriel

De mala gana, entreabrí un ojo contra la alegre luz del sol que se filtraba por la ventana. Mi madre estaba de pie en mi puerta abierta, como una centinela. Ambas sabíamos que no era una madrugadora y también sabíamos que ella no iba a irse hasta que estuviera convencida de que realmente estaba en pie.

Vamos, a moverse dijo, ligeramente más impaciente mientras miraba

mi lento progreso.

Me di la vuelta y me quejé, sólo lo suficientemente despierta como para ser consciente de mi cuerpo, que dolía y crujía en protesta por tener que moverse.

Mamá. Mi voz salió como un gruñido. No me siento muy bien.

¿Qué pasa? La impaciencia de mi madre cambió a preocupación. Quizás

no era una madrugadora, pero rara vez he decaído o enfermado.

Me duele todo el cuerpo. La cabeza me golpeó como un bombo con cada sílaba. Ella cruzó hasta mi cama y puso una mano en mi frente.

—Hmm… estás bastante caliente. —Sus dedos acariciaron mi mejilla. Probablemente cogiste el virus que está pasando alrededor. Supongo que pasarás el día en la cama. Voy a llamar a la escuela y hacerles saber.

Bien logré decir. Sus dedos se sentían deliciosamente bien contra mi

piel.

¿Quieres que me quede en casa contigo hoy? preguntó, de repente

La miré de nuevo, un par de ojos azules que perfectamente hacían juego con los míos, y sacudí mi cabeza, no estaba dispuesta a preocuparla.

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No hay necesidad. Sólo voy a dormir.

Te dije que no salieras con el clima de anoche dijo severamente, haciendo una suave transición de criadora a profesora.

¿Qué clima? Traté de recordar la noche anterior.

Ese brutal viento que nos azotó dijo. Obviamente. Quiero decir, te dije anoche, también. Era simplemente muy agudo y además este virus de la gripe dando vueltas. Ella me hizo un gesto, como si yo fuera la portadora oficial o algo así. La miré fijamente, tratando de averiguar de lo que estaba hablando. Quiero decir, sabía que estar enferma podría hacer sentir confuso a mi cerebro, pero no tenía ni idea de lo que estaba hablando. No había ido a ninguna parte ayer por la noche. Abrí la boca para decirle pero ella siguió hablando.

De todos modos, espero que George no se contagie esto, también. Él no necesita retrasarse decayendo. No con esos reclutadores dando vueltas alrededor. Se volvió de nuevo hacia mí, estudiándome. ¿Él está bien, cierto? Me di cuenta de que no fue él quien te dejó. ¿Está enfermo, también?

—Yo… yo no lo creo.

Entonces, ¿quién te dejó?

Bueno, obviamente debería recordar esto, mi madre estaba sin

duda segura de lo que había sucedido. Pero no tenía ni idea. Todo era borroso, desde el momento en que había llegado a casa de la escuela hasta que, bueno, ahora básicamente. Mantuve mi boca cerrada, sin embargo. Tenía miedo de que si mencionaba eso, mi mamá me llevara rápidamente a la sala de emergencias más cercana. Volví a mirar su rostro expectante, todavía no había respondido. Um, Angela.

Um

Ella asintió y se levantó, pareciendo medio satisfecha.

Bueno, tengo que irme. Julie tiene la mañana libre y necesito regar todo antes de que abramos.

Mamá era dueña de una tienda de flores en el diminuto trozo que se conoce como el Centro, aunque la versión de centro de Federico Falls no era muy impresionante. Ni siquiera tenemos nuestro propio centro comercial. Tendrías que conducir al siguiente condado para eso. Sin embargo, ella está bien aquí su pasión y talento por todas las cosas botánicas al parecer se había saltado una generación conmigoy aunque quizás estaba confusa y adolorida. No quería mantenerla aquí. Ni quería importunarla.

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¿Estás segura de que vas a estar bien?

Asentí con la cabeza y me recosté contra la almohada tratando de darle a mis adoloridos músculos algo de alivio.

Voy a asegurarme de estar en casa para la cena dijo, dirigiéndose a la puerta.

Está bien. Oye mamá le dije. ¿A qué hora llegué anoche?

Me dio una mirada extraña. Diez y media. Justo a tiempo para el toque de queda. ¿Por qué?

Sólo preguntaba. Que tengas un buen día. Forcé una sonrisa.

y

desapareció por el pasillo. Unos minutos más tarde oí la puerta principal abriéndose y cerrándose, y la llave deslizándose en la cerradura.

Ella

me

devolvió la sonrisa, aún

con una

pregunta en

sus ojos,

Luego, silencio.

Durante la siguiente hora me quedé acostada en mi cama e intenté, sin éxito, recordar los detalles de la noche anterior. Mamá había dicho que había salido con George, y recordé hacer planes con él en la escuela pero los detalles todavía eran borrosos. Entrecerré los ojos con el esfuerzo de recordar la conversación que había tenido después de la última campana

Tay, mira, sé que las cosas han sido difíciles para ti. Mi programa, el

lo entiendo. Pero al menos me dan la

oportunidad de trabajar afuera. Había dicho George. Yo había dado golpecitos

equipo y mis fines de semana lejos

con mi pie contra el suelo impacientemente.

George, no es realmente acerca de cualquiera de esas cosas. Se trata de ti, o el nuevo tú, supongo. Has cambiado y no creo que pueda seguir haciendo esto.

Mi vida ha cambiado argumentó. El fútbol siempre ha sido una parte de mí, sin embargo, y en el fondo sigo siendo la misma persona.

Levanté una ceja.

Me dejaste dos veces para hacer una entrevista para el periódico escolar. La mitad de la portada es tu imagen.

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Las redes sociales son necesarias en este momento. Era su voz, pero las palabras eran de un extraño, un nuevo George, con el que no podía conectar, aunque lo intentara. Intenté pensar en una manera agradable de decirlo y simplemente acabar de una vez. Pero nunca había sido buena en las rupturas. George se aprovechó de mi silencio y continuó.

Tay, hemos sido amigos desde la secundaria. ¿De verdad quieres tirar todo por la borda? Sus ojos eran suaves y suplicantes; me evocaron recuerdos del viejo George. Era una mirada que normalmente me habría acelerado la respiración o algo.

Pero había pasado por esto ya y le había dado un montón de segundas oportunidades.

George, mira…

Él me cortó.

Vamos a salir esta noche, sólo tú y yo. Haremos algo

divertido. Te va a recordar al verdadero George. El verdadero nosotros.

—George… —Froté la punta de un dedo en círculos sobre mi frente, tratando de suavizar la tensión.

Por favor, Tay. Podemos jugar al billar.

Bueno, dejando la debilidad por el billar a un lado, la oferta era tentadora. Una parte de mí sentía que le debía tanto a George. Como él dijo, habíamos sido amigos durante mucho tiempo. Y podía sentir mi determinación

vacilante. Odiaba sentirme

mezquina.

Está bien. Billar de esta noche. Luego decido, y que no se discuta.

Trato. George sonrió y me di cuenta que veía esto como una victoria.

George. Eddie, el mejor amigo de George, agitó la mano y le gritó desde el fondo del pasillo donde se encontraba con la mitad del equipo de fútbol. George miró de reojo y luego se volvió hacia mí con una expresión de culpabilidad que había llegado a reconocer también en el último par de meses.

Mierda. Hice planes con Eddie para repasar algunas de las imágenes sin editar de nuestro último partido. Su papá nos dijo que podíamos verla en su sala de video en la gran pantalla. Debió haber visto mi expresión y se lanzó antes de que yo pudiera responder. Es el primer equipo que enfrentaremos en las eliminatorias, y tenemos que aprender sus señales. Voy hacerlo mucho tiempo, sin embargo, la promesa. Te recogeré a las seis.

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Entonces me dedicó una radiante sonrisa y se alejó.

Mi memoria estaba difusa después de eso y dejé que las imágenes se

desvanecieran. Ni siquiera podía recordar salir de la escuela. ¿Qué virus podía posiblemente haber capturado y borrado mis recuerdos de toda una tarde? Ni siquiera estaba segura que la gripe podría causar algo como esto. Pero, ¿qué otra cosa podía ser?

Nada como esto había ocurrido nunca antes. Ni siquiera la noche del cumpleaños decimosexto de mi amiga Sam, había bebido mucho esa noche; algunos brebajes frutales que olían a fresas en esteroides alcohólicos. El punto

culminante fue cuando caí en la piscina y casi me ahogué. George había saltado y “me salvó” tirando de mí hasta que me di cuenta de que sólo tenía cuatro pies

de agua. Incluso entonces, había recordado la mayor parte de lo que pasó al día

siguiente por desgraciaque era por lo que había jurado no volver a beber.

Pero esto

esto se sentía diferente. Estaba empezando a preocuparme.

Suspiré, y me di la vuelta, ignorando el dolor que causó en mis músculos el desplazamiento. Piezas de ropas tiradas al azar en la alfombra en mi habitación, la evidencia de mi tendencia a la postergación de lavandería. Más cercana a mi cama, un trozo de tela de brillante color rojo me llamó la atención. Una blusa de seda con cuello en V, mi favorita, estaba en un montón, debajo de una toalla todavía húmeda.

Me agaché y tiré de ella liberándola, tratando de recordar cuando me la

había puesto. Pensé que todavía estaba en mi armario. Luego miré con más atención. La camisa estaba rota en varios lugares, el tejido de seda del cual colgaban hilos en algunos lugares. Me quedé mirando con un sentimiento de inquietud que se apoderó de mí. Una imagen destelló en mi mente: yo, mirando

mi reflejo en el espejo del baño, el cabello revuelto y descontrolado. La camisa

desgarrada colgando de mis hombros y las costillas expuestas en ambos lados. Arañazos con sangre se evidenciaban a través de los desgarros en la tela.

Dejé caer la camisa, y contuve el aliento.

Vacilante, tiré lejos las frazadas y levanté mi camiseta de pijama de la Pantera Rosa. En varios lugares a lo largo de las costillas, pude ver los arañazos que terminaban en quebrada por mi torso. Eran limpios y poco profundos, como si hubiera estado en una pelea con un gato. El único problema, yo no tenía un gato.

—¿Qué…? —dije, a la habitación vacía.

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Podría haber sido peor respondió una voz masculina.

Levanté la cabeza. Un muchacho con cabello castaño y ojos cobrizos, estaba inclinado contra el marco la puerta de mi dormitorio.

Agarré las sábanas, los nudillos blancos por el esfuerzo.

¿Quién eres tú? ¿Qué estás haciendo aquí? A pesar de lo rasposa que había estado mi voz más temprano, me las arreglé para gritar bastante bien.

Cálmate, Tara, no voy a hacerte daño dijo.

Su tono era tranquilo y un poco paternalista, pero había dicho mi nombre

con familiaridad. Eso me sorprendió lo suficiente como para bloquear el miedo

por un momento.

¿Cómo me conoces?

De la misma manera que tú me conoces. Nos conocimos ayer por la noche. Soy Wes.

No sé quién eres, pero necesito que te vayas, o llamo a la policía. Agarré mi teléfono móvil de la mesilla de noche sin romper el contacto visual. Lo levanté en el aire, como un arma.

Se apartó de la puerta, dando un paso hacia la habitación. El cuero negro

de su chaqueta se arrugó cuando se movió.

Mira, no quiero herirte más de lo que ya estás, pero tampoco voy a marcharme, por lo que puedes dejar el teléfono. Además, te has comprometido a ser “discreta” ¿recuerdas?

Lo miré con los ojos muy abiertos.

—¿Qué quieres decir con… herirme más de lo que ya estoy? ¿Tú me has

hecho esto? ¿Nosotr…? —Oh, Dios. Visiones de los especiales de después de la escuela y las advertencias sobre las violaciones de la clase de Salud bailaron en

mi cabeza.

A mitad de camino por la habitación, se volvió y agarró mi silla de

escritorio, haciéndola girar a su alrededor para hacerle frente a la cama antes de

sentarse

No, no lo hice. Sus labios temblaron. Y no, no lo hicimos.

Murmuré una silenciosa oración de gratitud y luego regresé la mirada a él.

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¿Pero sabes quién me hizo esto?

Sí.

Esperé, y luego me di cuenta de que no iba a decir más. ¿Y bien? ¿Vas a decirme quién fue?

No lo he decidido.

Elevé mis manos en frustración. Entonces, ¿por qué estás aquí? ¿Qué quieres?

Te lo dije, quiero hablar contigo.

Algo en el tono de su voz, la cadencia de sus palabras, me irritaba. Me era familiar, pero no completamente. Lo miré fijamente durante un minuto, esperando a que algún recuerdo aflorase en mi memoria y así deducir de dónde podía llegar a conocerlo. Nada vino, pero tuve la misma sensación incómoda que había tenido cuando la camisa rota había estado en mis manos, algo desconocido y diferente a cualquier cosa experimentada.

Sé que probablemente sonará como una tontería porque solo había estado

en torno a él durante unos minutos, pero tenía la clara sensación de que él no se

parecía en nada a nadie que hubiera conocido antes. Ni siquiera cerca de

parecerse.

Cuadré los hombros. Así que habla le dije, tratando de sonar recia.

Pero no lo hizo, no de inmediato. Se limitó a seguir mirándome con ojos relajados y analíticos. Recorrieron mi rostro y brazos, y luego miró especulativamente el edredón que aún mantenía hasta la barbilla.

Fuerte, increíblemente fuerte dijo en voz baja, casi para sí mismo.

¿Qué?

¿Qué recuerdas de anoche? preguntó bruscamente.

Sus ojos se encontraron con los míos, y me llamaron la atención por su

singular color. El verano pasado, había hecho un viaje a California, para visitar a

mi abuela. Ella y yo habíamos ido de excursión a la cima de un acantilado que

daba a un bosque, cubierto de árboles de secuoyas, hicimos un picnic allí, sólo nosotras dos. Sus ojos me recordaban a las secuoyas, una mezcla de remolinos de color marrón rojizo.

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Parpadeé, tratando de recordar la pregunta.

Nada, realmente. Lo cual es muy frustrante, déjame decirte. ¿Vas finalmente a decirme de dónde provienen estos arañazos?

Como he dicho, no fui yo. Sólo acababa de pasar, justo en el momento adecuado.

¿Qué significa eso?

Mi celular sonó, interrumpiendo su respuesta. Miré alrededor, sólo para recordar que todavía lo llevaba en la mano. Aflojé mi agarre y miré la pantalla.

Adelante dijo Wes, haciendo un gesto hacia el teléfono. Esperaré.

Abrí el teléfono. ¿Hola?

¿Tara?

George. Oye.

¿Estás bien? Angela estaba en la oficina y oyó que tu madre llamó y dijo que estabas enferma.

Dudé. Estaba totalmente dispuesta a divulgar mi situación es decir, gritar por ayudaa la primera persona que llamara y a continuación, esperar a ser rescatada de Wes, el loco acosador de dormitorios. Miré por encima de él, preguntándome por qué incluso había dejado que contestara el teléfono. Si iba a hacerme daño, podría haberlo hecho ya y definitivamente no me hubiera dejado atender la llamada. Sus ojos brillaron hacia mí, en un silente desafío. ¿Estaba dispuesto a arriesgarse a que le contara a alguien? ¿Por qué? ¿Qué era exactamente lo que estaba pasando aquí?

Sí, estoy enferma dije finalmente. Gripe, creo.

Escucha, Tay, lo de anoche. Realmente creo que deberíamos hablar de

eso.

Tan pronto como me di cuenta dónde conducía esto, mi dolor de cabeza empezó a golpear al unísono con la voz de George.

George, no me siento bien. Ahora no es un buen momento.

Está bien, lo entiendo. Casi podía oír sus hombros hundirse. ¿Te puedo llamar más tarde?

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Dudé. Sí, claro.

Colgamos y me encontré a Wes observándome. No gritaste para pedir

ayuda.

Lo miré a los ojos, sí, sin duda, un reto ahí.

Quiero saber que está pasando. ¿Qué me ocurrió la noche pasada?

Fuiste atacada.

Asentí con la cabeza. Su respuesta no fue del todo sorprendente. Lo había descifrado después de ver los arañazos en mi abdomen. Sólo esperaba que “el ataque” no significara… No quería pensar en eso.

¿Atacada por quién?

Su nombre era Liliana.

¿Fui atacada por una chica? Bueno, sé que probablemente suene sexista, pero esperaba, totalmente, que mi atacante fuera de sexo masculino. Quiero decir, soy un muchacha de diecisiete años, estudiante de preparatoria. He visto los especiales después de la escuela. Sé lo que “atacada” significaba, por lo general, para una chica como yo.

Wes se pasó una mano por el pelo, obteniendo un aspecto más despeinado, y se movió en la silla.

¿Qué recuerdas?

Nada. Luego añadí: En realidad recuerdo una cosa, un destello de algo en realidad. De mirarme en el espejo, ensangrentada y con moretones. Pero eso es todo.

Hmm. Debió haber funcionado mejor de lo que pensaba. Estaba mirando a un punto en la pared, parecía estar hablando consigo mismo de nuevo. Su reticencia realmente estaba molestándome.

¿Podrías sólo escupirlo de una buena vez? ¿Por qué fui atacada?

Está bien. No sé cómo fue que empezó. No estaba allí para esa parte. En el momento en que llegue allí, Liliana ya estaba en el suelo.

¿En el suelo? ¿Quieres decir que la herí?

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Sí, sin duda fue una sorpresa para mí y es el porqué de que me encuentre ahora aquí. Pero lo que tú necesitas saber es que Liliana era más que a una chica. Era una mujer lobo.

Wes pudo haber seguido hablando después de eso, pero todo el sonido y el movimiento cesaron de pronto para mí. Aún continuaba atrapada en la última palabra: Mujer Lobo. Me habría reído en voz alta a continuación, pero no se podía negar la seriedad de Wes. Absolutamente creía que esta chica Liliana era una mujer lobo y la expresión de su rostro me decía que discutirlo no cambiaría nada. Debí de haberlo esperado; el hombre más sexy que he visto nunca, sólo conmigo en mi habitación, y estaba completamente chiflado.

Interrumpí abruptamente lo que él estaba diciendo.

En serio acabas de decir mujer lobo, ¿no?

Se detuvo a mitad de la frase, y sus hombros se hundieron un poco.

Sí.

¿Tengo que explicar lo loco que eso suena? Decidí intentar un acercamiento verbal mucho menos chocante que podría ser el “estás loco”, lo cual era lo estaba pensando.

Lo que no entiendo es lo que eres tú dijo, básicamente haciendo caso omiso de mi pregunta.

¿Hola? ¿Me estás escuchando?

Sí, solo estoy tratando de resolver esto dijo, distraídamente.

Eso nos hace dos murmuré.

Suspiró, como si estuviera perdiendo la paciencia. Esto será más fácil cuando recuerdes. Cierra los ojos.

¿Qué?

Cierra los ojos.

¿Por qué?

Voy a ayudarte a recordar.

Me quedé mirándolo, esperando a que explicara más, pero no lo hizo.

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¿Qué vas a hacer? le pregunté, tratando de sonar con más confianza de la que sentía. Estaba empezando a preguntarme si había cometido un error al no decirle a George acerca de esto.

No voy a hacerte daño. Ni siquiera voy a moverme de mi silla. Si me oyes levantarme o moverme en absoluto, puede abrir los ojos, gritar, llamar a la policía, lo que quieras.

Lo miré con desconfianza, pero podía sentir mi curiosidad ganándole a mi miedo. Realmente, realmente quería saber lo que me había sucedido la noche anterior.

Está bien.

Cerré los ojos y esperé.

Ahora, relájate y despeja tu mente.

Intenté no pensar en lo mucho que sonaba como el vídeo de yoga de mi madre. Respiré hondo y solté el aire, lo más lento que pude, imitando lo que había visto a mi madre hacer cuando ella intentaba meditar, lo que realmente me parecía una estafa para dormir. Entonces esperé.

Un momento después, sentí algo. No era un sentimiento físico, sino más bien mental, una extraña sensación de cosquilleo en mi mente, como cuando te esfuerzas mucho para recobrar un viejo recuerdo. Di un salto y empecé a abrir los ojos.

Mantén los ojos cerrados. Ya casi termino.

Jugueteé con el edredón, pero mantuve los párpados fuertemente cerrados. Ráfagas de luz en blanco y azul bailaban detrás de mis párpados, arremolinándose en imágenes abstractas que me recordaban a las manchas de tinta que un psiquiatra podría usar en un paciente loco.

Un momento después, el hormigueo se retiró, y luego jadeé sorprendida por las imágenes que inundaron mi mente.

Mis ojos se abrieron de golpe y me encontré con Wes viéndome. Sus labios estaban apretados en una línea. Todo lo que pude hacer fue mirarlo con la mandíbula floja, mientras las imágenes se reproducían una y otra vez en mi cabeza. Lo que vi era casi demasiado. Imposible, de verdad.

¿Funcionó? ¿Te acuerdas? preguntó, aunque estaba bastante claro que él sabía que lo había hecho. Me las arreglé para contestar, de todos modos.

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suspiré.

Los recuerdos regresaban y luego se repetían una y otra vez como un vídeo atascado en avance rápido y repetir. Podía sentir los ojos de Wes en mí, asimilando mi reacción. Quería decir algo, preguntarle qué había hecho y cómo lo había hecho, pero las imágenes en mi mente eran demasiado difíciles de hacer a un lado.

Primero, una imagen de mí en la cocina. El reloj por encima de la estufa marcaba las seis-cuarenta y cinco. George estaba retrasado. No había sorpresa allí. Luego, la repetición de mi último intento de cita con él, en Moe, mi salón de billar favorito. La discusión. Él hablando por teléfono a su papá o a un agente a mitad de un juego de bola nueve. La inevitable ruptura. Entonces, tomé un atajo por el callejón para llegar a la parada de autobús.

Dejé que la imagen se desvaneciera, ya sabiendo lo que venía después. ¿Cómo era todo esto posible? Más que el recuerdo de la noche era el

conocimiento. De alguna manera había sabido qué hacer, para luchar contra

criatura. Pero, ¿cómo? ¿Qué clase de persona era lo suficientemente fuerte

como para luchar y ganarcontra un hombre lobo? No un humano normal, eso era seguro. ¿Y cómo podían existir hombres lobo y que nadie siquiera supiese sobre ellos? ¿Y por qué, de todos los que podrían haber quedado atrapados en

algo como esto, tenía que ser yo?

esa

Las preguntas continuaron llegando y llegando, finalmente teniendo que excluirlas para pensar con claridad. Sólo podía esperar que Wes pudiera contestar algunas de ellas, pero sinceramente no podía ni siquiera imaginar por dónde empezar. En su lugar me concentré en lo que sabía. Uno, los hombres lobos eran, de hecho, muy reales. Y dos, Wes de alguna manera había manipulado mis recuerdos. Dos veces.

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Traducido por Jimenyta Corregido por Liss.Briel Miré hacia Wes, centrándome primero en todo el asunto
Traducido por Jimenyta Corregido por Liss.Briel Miré hacia Wes, centrándome primero en todo el asunto

Traducido por Jimenyta

Corregido por Liss.Briel

Miré hacia Wes, centrándome primero en todo el asunto del borrado de memoria, ya que eso era en realidad más fácil que discutir sobre la existencia de los hombres lobo. Me había estado observando atentamente todo el tiempo en que las imágenes se habían reproducido en mi mente y me di cuenta que estaba esperando que dijera algo.

No puedo creer que maté a algo dije, cuando finalmente hallé mi voz. Los ojos de Wes se estrecharon y por primera vez, parecía sospechar.

¿Realmente nunca antes hiciste esto?

¿Debería haberlo hecho?

Teniendo en cuenta la facilidad con la que te encargaste de Liliana, diría que sí. Pero basado en tu reacción, no estoy tan seguro.

Realmente nunca hice esto antes le aseguré. Sacudí la cabeza. En

Guau.

¿Hombres lobo? Está bien ¿pero qué hay acerca de los vampiros? ¿Y de los duendes? ¿Y de las hadas? ¿Son todos ellos reales también?

serio esto no puede ser cierto. Quiero decir, sé que lo es, pero

Wes puso los ojos en blanco. Nop. Sólo estamos nosotros, los lobos.

¿Nosotros? repetí, mis cejas levantándose. ¿Quiso decir

?

Se removió en la silla. Tuve la impresión de que no había querido decir esa última parte.

Sí. Soy un hombre lobo.

Subí el edredón apretándolo más alrededor de mi barbilla y sentí mis ojos abrirse. No había tenido la intención de mostrar miedo pero no pude evitarlo. Había un hombre lobo sentado a un metro de distancia. Y si mi primera impresión era indicación de algo, un metro era peligrosamente cerca. Sin embargo, una vez que tuve un momento para pensar en ello, me di cuenta de que en realidad no tenía miedo. Al menos, no como lo había tenido anoche. Mierda, estaba hecha un desastre anoche. Un grande, gordo y tembloroso desastre especialmente cerca del final. Una pequeña cantidad de vergüenza se apoderó de mí por cuán

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completamente idiota había sido. Lógicamente, sabía que Wes estaba en lo cierto. Había estado en shock médico. Pero aun así, debo haberme una cobarde total.

Además de eso, Wes había sido el que había ayudado a recuperarme después del ataque. Me había traído y ayudado a pasar a hurtadillas a mi madre y en cuanto al asunto del borrado de memoria, tenía que admitir que ciertamente había sido necesario. No podía estar realmente enojada con él por eso. Y lo más importante, tenía respuestas, que era algo que aún deseaba. Así que, en lugar de llamar la atención hacia mi reacción, cambié de tema.

¿Cómo lo hiciste?

¿Hice qué?

Meterte con mi cabeza de esa manera. ¿Cómo me hiciste olvidar todo?

Pensé que recordabas.

Lo hago. Quiero decir, te recuerdo a ti diciéndome que ibas a hacerlo y recuerdo aceptar. Cerré los ojos y un minuto los recuerdos estaban allí y al siguiente minuto se habían ido. Quiero saber cómo.

Se encogió de hombros.

Es un don. Algunos de nosotros estamos dotados con especiales. Alterar memorias es una de las mías.

habilidades

¿Qué, como un súper poder o algo así?

O algo así.

Entonces, ¿todos los hombres lobo tienen

dones extras, o sólo tú?

La mayoría de los hombres lobo pueden manipular la memoria en algún nivel. Nos ayuda a mantener nuestro secreto.

Pero, ¿cómo lo haces? insistí.

¿No deberías estar más preocupada por tu papel en todo esto? espetó. Parpadeé, tratando de entender qué había dicho para irritarlo tanto de repente.

Supongo que todavía no he llegado a esa parte.

Extendió los brazos a los costados. Bueno, aquí estamos.

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Mis ojos se estrecharon. Estaba cansada de su actitud y en lugar de sentir culpa por haberla causado de alguna forma, me estaba haciendo enojar.

No, aquí estoy yo. Gracias por ayudarme anoche, pero estoy bien. No tienes que estar aquí todavía.

En realidad sí tengo discutió.

¿Y por qué es así?

Para determinar qué tipo de amenaza eres.

¿Amenaza? ¿Para quién?

Para los hombres lobo por supuesto.

Pero ella vino detrás de mí. Me estaba defendiendo.

De todas, sólo un Cazador habría tenido esa clase de fuerza. Lo que significa, que podría suceder de nuevo. Es sólo cuestión de tiempo que lo entiendas y cuando eso pase, necesito saber del lado de quién estarás.

Estaba tratando de seguir lo que estaba diciendo, pero nada de eso tenía sentido.

¿Hay lados?

Sí.

No dio más detalles. Traté de mantener la irritación fuera de mi voz.

Está bien, entonces no sabremos de qué lado estoy hasta que entienda todo esto, así que qué tal si me pones al corriente, desde el principio.

Frunció el ceño y estaba segura de que se iba a negar, por lo que me sorprendió cuando empezó a hablar.

Liliana estaba en la ciudad por la noche y dijo que quería reunirse.

trabajando en algo juntos. Se me hacía tarde así que atajé

por el callejón, que es la única razón por la que te encontré. Para entonces,

Liliana ya estaba fuera de juego y tú parecías como si estuvieras a punto de entrar en shock. No podía dejarte correr de nuevo adentro y traer humanos a esto, así que decidí ayudarte.

Habíamos estado

No me había perdido la forma en que había dudado sobre porqué se iba a reunir con Liliana. ¿Era posible que fueran pareja? Si era así, no me extrañaba

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que pareciera molesto. Sin embargo, no pregunté al respecto. Algo me decía que pondría fin a la conversación y todavía había mucho más que quería saber.

Me llamaste Cazadora.

Asintió.

Debes serlo. Es la única forma posible de que tengas la fuerza suficiente para matar a uno de nosotros. Me dio una mirada extraña antes de continuar.

La cuestión es que, ni siquiera percibo una sensación acerca de ti… sí pero no es

no sé. Lo que sin dudas no tiene

sentido. Además de eso, es obvio que tienes cero entrenamiento y armas por lo que puedes entender por qué tengo más que un poquito de curiosidad acerca de

ti.

como se sentiría un Cazador normal. Es

¿Por qué no me dijiste nada de esto anoche?

Me dirigió una mirada afilada. Estabas bastante afectada. No creo que hubiese salido bien.

Estoy bien ahora dije, elevando el mentón un poco.

Levantó una ceja. ¿Lo estás?

Está bien, como sea, me descontrolé. A cualquiera le hubiese pasado en

mi

situación. Pero estoy lidiando con ello ahora y no voy a perder el control. Eso

no

volverá a suceder.

Sí, lo hará. Me interrumpió antes de que pudiera discutir. No el que pierdas el control por lo menos espero que nopero el ataque, matar a un hombre lobo. Esa parte pasará de nuevo. Si uno te encontró, también pueden hacerlo otros y a pesar de que no puedo sentir al “cazador” en ti, sólo puedo suponer que Liliana lo hizo. Lo que significa que ellos lo harán también y atacarán tan pronto como lo sientan.

Lo que sea, sólo estás tratando de asustarme.

No respondió, pero la mirada que me dirigió no dejó duda de que hablaba

en serio.

Saber que tenía razón causaba cosas extrañas en mis entrañas. Daba miedo, una vez que lo aceptabas y creías todo. ¿Quién querría tener que mirar por encima de su hombro por hombres lobo enojados toda su vida? Pero, si esto era real y estaba comenzando lentamente a reconocer que lo eraentonces

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tenía que estar preparada. Tenía que afrontarlo. La verdad era siempre mejor que una mentira, sin importar cuán terrorífica pudiera ser.

De acuerdo, entonces, ¿qué debo hacer? pregunté.

Primero

Cazadora.

que

nada, tenemos que

¿Cómo hacemos eso?

averiguar

si

realmente

eres una

La mejor forma es acercarte a otros que quizás puedan sentirte mejor. Aunque, ¿estás segura de que te recuperaste del shock?

Una imagen apareció en mi cabeza, de ver mi reflejo en el espejo del baño después. La expresión de mi rostro había sido de shock y por debajo de ella, terror puro.

Creo que debo haber estado un poco asustada de mí misma admití. Pero sí, estoy bien ahora. Lo prometo.

Asintió y su expresión era casi de comprensión. Me estudió por un minuto

más.

Vamos dijo finalmente, levantándose de la silla de mi escritorio. Vístete.

¿Qué? ¿Por qué?

Voy a llevarte a ver a alguien. Tratar de resolver esto. Puso la silla de nuevo bajo el escritorio y tomó su posición original, apoyado contra el marco de la puerta.

No me moví de la cama. ¿Quién?

Amigos. Como dije, quizás ellos puedan descifrarte.

No tenía idea de qué quería decir con “descifrarme”, pero estaba interesada en respuestas. De todos modos, no sabía dónde podía llevarme, ni a quién. Podía ser peligroso, alguna especie de trampa.

No voy a hacerte daño y tampoco lo hará nadie más añadió Wes en voz baja, viéndome vacilar.

¿Promesa?

Promesa.

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No tenía idea de por qué le estaba haciendo prometer. Todavía no sabía si podía confiar plenamente en él, pero justo ahora era mi única posibilidad de descubrir la verdad. Y así como daba miedo, necesitaba conocer la verdad. Algunas cosas eran simplemente demasiado grandes como para barrerlas bajo la alfombra. Esta definitivamente era una de ellas.

Tiré las mantas a un lado y me levanté de un salto, haciendo mi camino hacia el baño. Sentí los ojos de Wes en mí y mis mejillas se calentaron automáticamente en respuesta. Su mirada se detuvo en mi abdomen y sólo entonces recordé que mi camiseta era lo suficientemente corta como para revelar el extremo de los rasguños a lo largo de mis costillas. Entonces, mis mejillas se sonrojaron aún más cuando me di cuenta de que no me había estado

mirando en la forma en que había creído. Me di vuelta, esperando que no se hubiese dado cuenta de mi vergüenza, y huí hacia el baño. En el camino, estiré

la mano y agarré un par de vaqueros y una camiseta limpia del cesto de la ropa.

Me puse la ropa y pasé un cepillo por mi enredado cabello, usando el resto del tiempo para maquillarme. Oscuros círculos rodeaban mis ojos e hice mi mejor esfuerzo para cubrirlos. Medianamente satisfecha, extendí la mano hacia la puerta y me detuve. Realmente no tenía idea de adónde me llevaba Wes, o a quién o quéiba a ver. Quizás quienquiera que viera estaría enojado porque había matado a Liliana.

Necesitaba un arma algo que pudiera ocultar en mi cuerpo pero que

fuese fácilmente accesible, si era necesario. Miré alrededor en el pequeño baño. Las opciones eran limitadas. No creía que mi afeitadora fuera a servir demasiado,

a no ser que mi atacante se detuviera y me demandase un corte de pelo.

Pinceles y potes de base de maquillaje llenaban la encimera, junto con mi cepillo

de dientes. De nuevo, nada que sirviera.

Mis ojos se posaron en el destapador de inodoros escondido detrás de este. Lo agarré y tomé los extremos del mango de madera con cada mano. Usando mi rodilla como abrazadera, la bajé con fuerza y tuve la satisfacción de verlo partirse en la base. Rompí la madera de nuevo, así que ahora sostenía una parte en cada mano y las metí en mis bolsillos traseros, usando mi camiseta para cubrirlos. Tiré la solapa en el gabinete para esconderlo de mi madre. Tendría que servir.

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Traducido por Mais020291 Corregido por amiarivega — Lista — anuncié, dando un paso hacia atrás
Traducido por Mais020291 Corregido por amiarivega — Lista — anuncié, dando un paso hacia atrás

Traducido por Mais020291

Corregido por amiarivega

Lista anuncié, dando un paso hacia atrás en mi dormitorio

¿Qué fue ese sonido? preguntó inmediatamente Wes. Aunque se veía más curioso que sospechoso.

No tenía ninguna duda de que Wes me había escuchado y mi respuesta fue arrogante.

Ah, nada, se me cayó la polvera en el lavamanosdije suavemente. Sombras de ojos por todos lados. Voy a tardar toda la vida limpiarlo.

Levantó una ceja y se encogió de hombros.

Vamos.

Pensé en garabatear una nota para mi madre, pero luego decidí que no lo haría. Tenía mi celular si intentaba llamar y de todos modos había planeado regresar antes que ella. Sus reglas decían que si estabas muy enferma para ir al colegio, también lo estabas para salir con tus amigos. Y aunque no sentía que Wes era exactamente mi amigo, no creía que ella iba a ver esto a mi manera. Y tampoco estaba lista para explicárselo. Cerré la puerta detrás de mí y le eché seguro. El girar la llave en la cerradura me hizo pensar en algo.

Ey, ¿cómo entraste si la puerta estaba con seguro antes…? —Me quedé en silencio mientras me volteaba.

Wes estaba de pie en la esquina del patio, al lado de lo que podía asumir que era su auto. Supongo que no había pensado en cómo viajaríamos. Tal vez, después de aprender sobre lo que tenía de criaturas míticas, asumí que correríamos o volaríamos, o algo mágicamente parecido. En lugar de eso, se mantuvo sosteniendo la puerta del pasajero del automóvil más lindo y costoso que hubiera visto. Los recuerdos que había reunido de la noche anterior no incluían esto y solamente podía asumir que había estado muy perdida como para notarlo en ese entonces.

Era plateado, elegante y gritaba velocidad. Además de eso, no tenía ni idea de qué era, pero de todos modos me quedé boquiabierta.

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¿Qué es eso?

Un carro dijo, obviamente divertido.

Caminé

hacia

el

carro,

sin

dejar

de

mirar

las

elegantes

líneas.

Simplemente no teníamos autos como estos en Frederick Falls.

Lo sé. ¿Qué clase de carro?

Aston Martin, Volante.

Había escuchado del primero, pero no del segundo. Ante su gesto me deslicé en el asiento del copiloto y cerró la puerta. Inhalé la esencia de “auto nuevo” y alcancé el cinturón de seguridad mientras él caminaba alrededor y se deslizaba en el asiento del conductor.

¿Cuántos años tienes? pregunté.

Lo suficiente para conducir respondió, girando la llave en el encendido. El motor del vehículo ronroneó con vida; incluso el sonido de este era elegante, como el ronroneo de un gato.

¿Este es el auto de tu padre?

Se vio ofendido. No, es mío.

¿Vas al colegio por aquí?

Educación en casa.

Por alguna razón, eso fue todo lo que necesitaba para alzar mis sospechas de los mitos y leyendas, y películas sangrientas de bajo presupuesto.

¿Cuántos años tienes? pregunté, mi cabeza se inclinó hacia un lado.

Diecinueve.

¿Y por cuánto tiempo has tenido esa edad?

Me miró como si tuviera un tornillo suelto.

¿Desde que dejé de tener dieciocho?

¿Así que has estado en este planeta por diecinueve años?

Usualmente eso es lo que implica la edad. Tenía su cabeza inclinada de tal manera que no podía ver su expresión, pero sonaba como si estuviese

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intentando no reír. Un minuto después agregó: ¿Qué hay con las veinte preguntas?

Me sentí algo estúpida por asumir… realmente no quería admitir lo que acababa de estar pensando, así que dije:

Es solo que nunca había visto un auto tan lindo, especialmente conducido por alguien de mi edad.

Fondo fiduciario dijo, manteniendo sus ojos en el camino.

El paseo fue suave y silencioso, y me hizo sentir como si los neumáticos estuviesen flotando por encima del suelo. Tal vez había magia involucrada después de todo. O tal vez su auto era increíble. Prendió el aire caliente y luego presionó otro botón pequeño cerca de mi asiento.

Este es tu calentador de asiento. Puedes apagarlo si se pone muy caliente.

Asentí. ¿Calentador de asiento? Caray, el Taurus de mi madre tenía dos rejillas de ventilación a cada lado del auto y yo pensaba que eso era un lujo.

Condujo por mi vecindario y luego volteó en la Ruta 1, lejos de la ciudad. Las luces del tráfico se convirtieron en casi nada de tráfico mientras nos alejábamos. Wes aumentó la velocidad y los otros autos se alejaron. Mientras los árboles sin hojas y escenarios del invierno amortiguado se precipitaban cada vez más rápido, observé el medidor de velocidad y jadeé.

¡Baja la velocidad!

Me miró con una sonrisa maliciosa.

¿Asustada?

No, pero vas a tener una multa si la sigues aumentando.

Sacudió su cabeza. No lo creo.

¿Cómo lo sabes?

No respondió, pero vi que el medidor de velocidad disminuyó un par de Km. Relajé mi agarre en el apoyabrazos por unos pocos centímetros.

¿A dónde vamos? pregunté unos minutos después. Habíamos salido de la carretera unas millas más atrás y habíamos volteado en varios caminos. Era triste de decirlo, ya no sabía dónde estábamos.

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—Te dije… a ver un amigo.

La pista secundaria que estábamos siguiendo ahora tenía secciones de campos abiertos intercalados con incluso secciones más largas de bosque por el medio. Había pasado mucho desde que me había dado cuenta de que este “amigo” no vivía cerca, pero empezaba a preguntarme exactamente qué tan lejos estábamos yendo. En lugar de preguntarle de nuevo, desde que estaba casi segura que él había dicho todo sobre nuestro destino, decidí usar mi tiempo para aprender todo sobre mi nuevo yo.

Mencionaste algo sobre necesitar saber en qué lado estaría yo. ¿Qué significa eso?

Significa que hay una alternativa en la que yo podría terminar en el lado equivocado de su juego. Y prefiero saber eso con anticipación, si no te importa.

Mis ojos se abrieron.

¿Crees que te mataría?

Sus labios se curvaron en una sonrisa irónica.

Podrías intentar. De nuevo, sin entrenamiento no es muy común que llegues tan lejos. Algo en lo que debes pensar

¿Entrenamiento? ¿Por qué?

Liliana no te estaba buscando. Ella te encontró por accidente. Es cuestión de tiempo hasta que pase de nuevo.

—¿Así que piensas que debería entrenar para pelear… contra ellos? —No podía poner a Wes en la misma categoría que Liliana. ¿Quién me entrenaría?

—Tus padres… —empezó. Sacudí mi cabeza.

Mi madre no es una opción. No quiero ni pensar en lo que ella diría si intento contarle una historia como esta.

Entonces tu padre.

Mi padre falleció cuando era un bebé. Un incendio en la casa.

Wes no respondió de inmediato. Parecía que estaba pensando en sus próximas palabras y me tensé, esperando que me preguntara más acerca de ello, pero no lo hizo.

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Puede que conozca a alguien más.

Uh-uh y ¿cómo exactamente alguien entrena para matar a un hombre

lobo?

Peleas simuladas, bastante parecidas a las que tuviste ayer por la noche. Correr. Ejercicio. Mantenerse en forma. Acondicionamiento. Se encogió de hombros. Piensa en ello como un entrenamiento de la UFC 1 o algo.

—Genial. Suena…

¿Útil?

Que consume tiempo. No sería capaz de explicarle algo así a la gente. Además… —Mi teléfono sonó con un nuevo mensaje. Lo abrí. Era Angela, chequeando dónde estaba. Tipié una respuesta, diciendo que estaba somnolienta y noqueada por la medicina, esperando que dejara de llamar, o peor, que se apareciera en mi casa. La última cosa que necesitaba era que se diera cuenta que algo sucedía. Presioné enviar y cerré de un golpe el celular.

A través del parabrisas podía ver que nos estábamos acercando de nuevo a una sección de bosques e intenté ahogar el malestar que estaba creciendo dentro de mí. El área era remota y desconocida para mí. No quería pensar en cómo llegaría a casa si tenía que irme ante una emergencia. Me desplacé en mi asiento, intentando aliviar la presión que se estaba volviendo dolorosa por el destapador de inodoros que estaba contra mi espalda.

Sin ninguna advertencia, el pie de Wes pisó fuerte el freno, lanzándome hacia adelante contra mi cinturón de seguridad. Mi cabeza se irguió para observar lo que había hecho que se detuviera de pronto. Un masivo lobo negro estaba en medio del camino a unas cuantas yardas; incluso a esa distancia podía ver que su cabeza podía alcanzar fácilmente mis hombros, tal vez más arriba. Nos miraba con sus ojos amarillos y sin pestañear, y no hizo ningún intento de moverse de nuestro camino mientras el auto finalmente patinó hasta detenerse.

¿Qué diablos? chillé, sosteniéndome del tablero de instrumentos ante el impulso del auto.

Wes no respondió. El lobo lo estaba mirando. Parecía que ni me notaba. Sus ojos permanecieron enganchados por un largo momento y luego,

1 Ultimate Fighting Championship: Es una empresa de artes marciales, con sede en Estados Unidos.

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abruptamente, el lobo se volteó y se alejó hacia los árboles. Cuando se fue, Wes puso el auto en marcha de nuevo y nos movimos hacia adelante.

¿Qué fue eso? demandé. Mi corazón dio un vuelco fuerte en mi pecho y tuve que concentrarme en tomar un par de respiraciones profundas para calmar la corriente de adrenalina que fluía por mis venas.

Wes me observó con una mirada de preocupación. Me hizo preguntarme cuánto mostraba mi rostro.

Perdón si te asusté. No hay nada de qué preocuparse. Él era un amigo.

Lo miré boquiabierta.

¿Eso era tu amigo? pregunté, sin poder creerlo.

Sí.

¿Por qué no se movió del camino? Lo podríamos haber golpeado.

Wes rodó sus ojos. Tara, nos detuvimos con bastante antelación.

Está bien, pero ustedes ni siquiera se hablaron. ¿Por qué huyó?

Me aseguraré de preguntarle cuando lleguemos ahí. Aquí estamos agregó, antes de que pudiera responder.

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Traducido por SWEET NEMESIS Corregido por LadyPandora Giramos por un camino de grava, rodeado por
Traducido por SWEET NEMESIS Corregido por LadyPandora Giramos por un camino de grava, rodeado por

Traducido por SWEET NEMESIS

Corregido por LadyPandora

Giramos por un camino de grava, rodeado por frondosos árboles de abeto a ambos lados. Más adelante, el camino se curvaba y observé cómo, gradualmente, una destartalada casa aparecía ante la vista. Era de dos pisos, y probablemente estuvo pintada de azul alguna vez, aunque ahora se había desvanecido a gris y estaba descascarada.

Los postigos de las ventanas colgaban torcidos, y parecían como si sólo necesitaran una ventisca para terminar de caer. Wes, directamente, aparcó el coche en la parte de delante, donde el borde del césped se reunía con la grava. Guiando hasta la puerta, habían unos pequeños escalones de piedra, todos ellos resquebrajados. El césped estaba muerto y amarillento por la época, aunque me preguntaba si la casa se vería mejor o peor con un césped frondoso y verde.

Wes apagó el motor y salió hasta llegar a mi puerta. Dejé que abriera la puerta por mí, y entonces me puse a un paso por detrás de él, no queriendo ser la primera en ir por el camino. Todo estaba muy silencioso, dándole a todo el lugar un aire misterioso, a pesar de los alegres rayos del sol.

No había timbre, solo una opaca aldaba de bronce. Wes la usó para llamar dos veces, y a continuación nos quedamos en silencio, hombro con hombro. Escuché buscando algún movimiento al otro lado de la puerta, pero no oí nada. Pasó un minuto.

Tal vez no hay nadie en casa.

Están en casa. Dales un minuto dijo Wes, mirándome. ¿Lo había dicho en voz alta?

Antes de que pudiera preguntarle, o más bien, extrañarme por su rara respuesta, se oyó el sonido de una cerradura siendo destrabada desde el interior, y la puerta se abrió de par en par. Cerré mis manos en puños, para resistirme a la urgencia de extender la mano hacia atrás y agarrar el trozo de mango del destapador que llevaba en el bolsillo trasero. Al mismo tiempo, una extraña sensación de hormigueo se extendió por mi espalda y mis brazos.

Un hombre estaba parado en la puerta, aunque era más grande que cualquier humano que yo hubiera visto. Me recordaba a un oso, con amplio pecho

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y enormes hombros. Una espesa barba gris cubría la mayor parte de su rostro, y algunos tupidos mechones marrón grisáceos cubrían su cabeza. Se fijó en nosotros y se quedó mirándome con una amplia sonrisa.

Wes, mi chico. ¿Cómo demonios estás? Agarró a Wes en un abrazo y palmeó su espalda lo bastante fuerte para competir con la técnica de Heimlich 2 .

Wes sonreía cuando se echó hacia atrás.

Supongo que podría estar peor. ¿Y tú?

Solo aliviado de que seas tú y no algún vecino entrometido. Hubiera odiado tener que matar a alguien tan temprano. Sonrió de nuevo, y entonces sus ojos se fijaron en mí. ¿Y quién es esta?

Wes dio un paso hacia atrás para estar a mi lado de nuevo.

Esta es Tara Godfrey. Tara, este es Jack.

Jack extendió su mano y yo la estreché automáticamente, todavía un poco reacia por el comentario de Jack de matar a alguien. Estaba bastante segura de que bromeaba pero, ¿quién sabe?

Un placer conocerte, Tara. Cualquier amigo de Wes es amigo mío, aun si es una Cazadora dijo con un guiño. Entrad.

Se echó hacia atrás, y nos dejó pasar.

Gracias murmuré, insegura de cómo responder. Ahí estaba esa palabra de nuevo. ¿Pero como lo sabía? Especialmente cuando Wes parecía tan confundido por eso. Eché un vistazo a Wes, pero tenía una expresión seria y evitaba mi miraba. Por su perfil, pude ver los músculos de su mandíbula flexionándose adelante y atrás.

Caminé más adentro, y parpadeé un par de veces para dejar que mis ojos se ajustaran a la luz mucho más tenue. Cuando la habitación se enfocó, me sorprendí de lo bonito que era. El piso era de madera, color caoba oscuro, y las paredes eran tan sólo unos tonos más claros. Las sillas y las mesas estaban terminadas en diferentes tonos de marrón, dándole al habitáculo una sensación térrea. El mayor toque de color era un sillón color cereza y sillas a juego en el

2 Técnica de Heimlich: Llamada Compresión abdominal es un procedimiento de primeros auxilios para desobstruir el conducto respiratorio, normalmente bloqueado por un trozo de alimento o cualquier otro objeto. Es una técnica efectiva para salvar vidas en caso de asfixia por atragantamiento.

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centro de la habitación. Las lámparas proveían una suave luz y la fogata en la chimenea de piedra emitía el suficiente calor para hacerlo todo acogedor.

Después del ver el áspero exterior, esta era una placentera sorpresa.

Al oír voces susurrando, me giré. Wes y Jack estaban arrimados, junto a la puerta, con las cabezas juntas y las voces bajas. Sólo pude captar unos pedazos de lo que decían.

—… confirmado. Estaba trabajando para el otro lado —decía Jack.

Lo sé. Te oí antes dijo Wes. Sabía que tenía algo que ver con ella.

Me echó un vistazo. Me cambié de sitio, pero ya era demasiado tarde, ambos se dieron cuenta de que les estaba prestando atención.

Jack se apartó y entró a la habitación, su expresión transformándose en cordial y falsa.

Siéntate y dime de qué trata todo esto.

Me hundí en una de las enormes sillas frente al sofá y me quité la chaqueta. Por una parte porque el cuarto estaba cálido, y por otra porque así podría alcanzar más fácilmente el destapador si hacía falta. ¿Qué había querido decir Wes cuando dijo que había oído a Jack más temprano?

Hubiera asumido que se refería a una llamada de teléfono o que había venido aquí antes, pero algo en la forma en que lo dijo me hizo sentir como si me estuviera perdiendo algo.

¿Y quien estaba trabajando para el otro lado?

Todavía seguía nerviosa, y el extraño hormigueo se había intensificado desde que habíamos entrado. Estaba comenzando a picarme y, distraídamente, me froté los brazos. Wes tomó un lugar en el sofá y se inclinó hacia adelante, viéndose tenso y distraído. No respondería a mi mirada.

Jack tomó la otra silla, y su enorme cuerpo llenó cada milímetro del asiento.

Así que, ¿de qué trata esto?

Es sobre Tara le dijo Wes, señalándome con la cabeza. Ella es de quién te hablé anoche. Creo que podría necesitar tu ayuda. Es una Cazadora dijo, aunque la última parte salió más bien como una pregunta.

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Jack me miró con abierto interés y con un brillo en sus ojos.

Entonces, ¿ella es la que mató a Liliana? Su voz se redujo, y se volvió más meditabundo. Prácticamente podía ver los engranajes girando en su mente. Sólo deseaba tener alguna idea de lo que estaba pensando.

Golpeándola en la cabeza con un trozo de tubería de la basura dijo

Wes.

Maldita sea, pensé. ¿Podía ser más contundente?

Lo miré y recé porque Jack no fuera el mejor amigo de Liliana, porque si el brillo en sus ojos era un indicio de algo, definitivamente, Jack estaba interesado en esta pieza de información. Noté que no se veía muy triste o desanimado por las noticias, aunque sí le disparó una dura mirada a Wes, quien sacudió su cabeza casi imperceptiblemente, antes de girarse hacia mí.

¿De metal? preguntó Jack. Wes asintió. Impresionante. Especialmente por su edad. ¿Dónde entrenabas? me preguntó Jack.

No entreno.

Jack parpadeó confundido.

¿Nunca has entrenado?

Negué con la cabeza.

No supe lo que yo era hasta anoche, o supongo que esta mañana. Tan sólo pasó.

Jack le envió a Wes una mirada que no pude leer.

Sin entrenamiento, es bastante inexperta para ser capaz de ayudar a la

Causa.

No siseó Wes. No la traje para eso. Necesita ayuda, alguien que le explique y pensé… —se quebró pareciendo inseguro.

Estaba

ansiosa

por

saber

a

que

“causa”

se

refería

Jack,

interrumpí. Las cejas de Jack se juntaron.

pero

no

¿Qué respuestas puedo darle que no puedas dárselas tú?

Déjame preguntarte algo. ¿Cómo supiste que era una Cazadora cuando entramos?

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Lo sentí, por supuesto.

Huh.

Wes se echó hacia atrás en el sofá, mirando un punto en el piso.

¿Por qué preguntas?

Wes se sacudió los pensamientos y miró de nuevo a Jack.

Porque no puedo sentirla, al menos no como Cazadora.

Jack se sentó.

¿En absoluto?

—Hay algo… pero no es parecido a nada que haya sentido antes.

Descríbelo.

Wes

expresar.

vaciló,

obviamente

concentrándose

en

localizar

lo

que

quería

Bueno, científicamente hablando, en vez de repelerme, es más como una atracción, como un imán.

¿De veras? Jack se acarició la barba, sus ojos brillaban con fascinación mientras miraba de uno al otro.

Con la descripción de Wes, mi corazón palpitó un par de veces extras en mi pecho, pero lo ignoré y me dije a mí misma que no había manera de que se refiriera a atracción física. Aunque, algo en su explicación parecía encajar con cómo me había sentido respecto a él en ese primer momento cuando lo había visto en mi cuarto, una parte de eso, al menos para mí, definitivamente había sido atracción física.

Noté que los dos habían caído en una especie de comunicación silenciosa por medio de la mirada. Y yo que creía que sólo las chicas podían hacer eso.

—Hola… Chicos, están hablando de mí como si no estuviera. ¿Podría alguien por favor ponerme al corriente?

Ambos me miraron, pero fue Jack quien habló.

Tara, ¿cómo te sientes ahora mismo?

Um, bien, supongo. Confundida.

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Jack sonrió.

Físicamente digo. ¿No sientes… algo diferente pasando en tu cuerpo?

Frío.

¿Nada mas?

La piel de gallina.

Cuéntame sobre eso.

Levanté las cejas como diciendo “¿estás seguro?” y “esto es raro”, todo al mismo tiempo. Él solo asintió.

En la piel tengo como una especie de hormigueo y un picor, todo a la vez. Como si tuviera hormigas caminando sobre mí o algo así. Me encogí de hombros. Me sucede a veces.

Jack miró hacia Wes, quién me miraba con los ojos entrecerrados. Entonces volvió de nuevo hacia mí.

¿Y cuando comenzó eso exactamente? ¿Cuándo viste a Wes? ¿En el auto? ¿En mi casa?

Cuando entramos, creo.

Jack acarició su barba.

¿Te has sentido así antes?

Lo pensé.

—Sí. Anoche con… Liliana.

Tuve que luchar para decir su nombre en voz alta. Mas que nada porque no quería recordarle eso a Jack, hasta estar segura de que no iba a intentar atacarme como venganza.

Y tal vez otras veces. Como he dicho, siempre se me pone la piel de gallina. Vi que intercambiaba otra críptica mirada con Wes. ¿Por qué? ¿Qué significa?

Miré a Wes de nuevo, que parecía menos enojado y más perplejo en esos momentos. Jack se aclaró la garganta.

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Lo que estás sintiendo ahora mismo, es algo que todos los Cazadores sienten cuando un hombre lobo está cerca. Es como una especie de sistema de alarma de tu cuerpo. Te hace saber cuando estamos cerca, así no eres atrapada con la guardia baja explicó Jack. Los hombres lobos tienen la misma cosa.

Entonces, ¿estás diciendo que la piel de gallina es como un sistema de alarma contra los hombres lobo? Era una anomalía que siempre había desestimado como un raro tic personal o algo parecido.

¿Ahora Jack me estaba diciendo que cada que había sentido escalofríos era porque había un Hombre lobo cerca?

mesita de café,

completamente satisfecho. Parecía como si acabara de llegar a su casa del trabajo y estuviera feliz de haber terminado por ahora. Pero ahora, yo tenía incluso más preguntas que cuando llegué.

Sip.

Jack se

sentó en su silla

y subió

sus

pies a

la

Miré a Wes, los engranajes girando lentamente, juntado las cosas.

Y es jodido para ti, porque no puedes sentirme.

Y al parecer, tú tampoco puedes sentirme.

Me miró y supe que estaba esperando a que lo contradijera o que al menos admitiera que también sentía la cosa esa de la atracción por él, pero mantuve la boca cerrada. De ninguna manera iba a admitirle en voz alta, a este chico, que me sentía atraído por él, aunque creyera que era algo científico. Cuando no respondí, se volvió de nuevo hacia Jack.

¿Habías oído algo así antes?

No admitió Jack. Aunque es interesante… —Enlazó sus manos detrás de su cabeza, y entonces la llevó hacia atrás, mirando el techo. Especialmente considerándote a ti.

Todos nos quedamos en silencio después de eso. Miles de pensamientos, preguntas e increíbles respuestas se arremolinaban en mi mente.

Parecía que cuanto más aprendía, más preguntas se formaban. Por ahora, imaginé que era seguro asumir que definitivamente era una Cazadora. Y que una Cazadora, era alguien que podía matar a un hombre lobo. Básicamente, sólo con sus manos desnudas. Miré hacia mis propias manos maravillada.

Me sorprendía que en el interior de mi delgado y, bueno digamos que menos que atlético cuerpo, yaciera la fuerza de un superhumano. ¿Y qué era eso

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de Wes y yo, no pudiendo sentirnos el uno al otro? O al menos, no de la forma normal, como había mencionado.

No parecía algo importante para mí hasta que Jack dijo que nunca había oído algo así antes. Y al parecer, yo sí sentía a Jack. Me froté los brazos, intentando disminuir el hormigueo.

Volví mi atención de regreso a Jack y a Wes. Estaban enfrascados en una silenciosa conversación. Wes se había movido hasta el otro lado del sofá, ambos inclinados hacia adelante, con sus cabezas apenas separadas.

Estaban susurrando muy bajito, pero de vez en cuando la respuesta de Wes se volvería más como un siseo.

Me esforcé por escuchar sin que fuera muy obvio que estaba prestado atención.

Puedo entrenarla dijo Jack. Cuando Wes asintió, continuó: ¿Sabes? podríamos usar otra Cazadora, una joven, en nuestro lado.

No espetó Wes en un siseo. No quiero arrastrarla a nuestras políticas. Es demasiado joven e inexperta. Y es demasiado peligroso.

Jack levantó una mano.

De acuerdo, cálmate, solo será entrenamiento. Su expresión se veía pensativa. Sabes tanto como yo que una vez que esta puerta se abra, no podrás cerrarla otra vez. Otros vendrán por ella.

Lo sé.

La respuesta susurrada por Wes fue siniestra y su expresión la acompañó. Algo acerca de eso provocó una sensación de hundimiento en mi pecho, aunque una vez más, no tenía ni idea que es lo que significaba.

Las cosas que sí sabía eran las que me preocupaban.

Como el hecho de que ambos estaban convencidos de que mi encuentro con Liliana, una mujer lobo, no había sido un incidente aislado. Además del hecho que había estado diecisiete años en ciernes.

Con todas las explicaciones y medias respuestas que me habían dado, sentía como si estuviese llegando al borde de algo, solo que no sabía de qué se trataba.

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Su conversación parecía haber terminado, así que alejé mi mirada como si

no los hubiera notado. Podía sentir sus ojos en mí, así que mantuve mi rostro hacia abajo y distraídamente jugué con un mechón de cabello, torciendo las

marrones hebras en bucles sin fin. Un hábito nervioso.

¿Tara? me llamó Wes.

Miré hacia arriba, manteniendo mi expresión en blanco.

¿Qué piensas?

¿De qué?

Wes suspiró.

No finjas que no nos oíste. Sobre entrenarte. Sería una buena idea que aprendieras a defenderte a ti misma.

No lo sé.

Mira, necesitas prepararte por si lo que sucedió anoche vuelve a pasar. Lo hará. Sólo es cuestión de tiempo. Así que saber como defenderte apropiadamente es una buena idea. Jack puede ayudarte.

Antes de que pudiera responder, el hormigueo bajo mi piel de pronto se intensificó. Me estremecí y miré hacia abajo.

Mi piel se había erizado, y los vellos de mis brazos estaban levantados.

Unos pasos se acercaron por detrás de mí. Me giré en mi silla, sabiendo lo que esa sensación significaba: otro hombre lobo estaba llegando. Pensé en agarrar el destapador, aún guardado en mi bolsillo trasero. Mi corazón golpeteaba con la repentina adrenalina y me preparé para la amenaza.

Cuando la amenaza apareció, mi mandíbula cayó en sorpresa. Una hermosa mujer rubia estaba parada en el marco de la puerta.

Llevaba una jarra y cuatro vasos en una bandeja y su cabello se balanceaba ligeramente sobre su rostro mientras se movía. Estaba vestida cómodamente con unos vaqueros y un suéter blanco, pero más que relajada, se veía preocupada, había algo en ella que de inmediato me hizo sentir tranquila.

Tara esta es mi esposa, Fee dijo Jack.

Hola Tara, es un placer conocerte dijo, sonriéndome en una forma que alcanzó sus ojos haciéndome saber que lo decía en serio.

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Para mí también. Pude sentir la adrenalina drenándose de mí. Estaba realmente contenta de no haber sacado el destapador.

Aunque el hormigueo persistía, la sensación de ansiedad y peligro se habían pasado tan pronto como Fee había hablado. Obviamente, no era una amenaza y en realidad me sentí culpable por lo que había estado a punto de hacer.

La observé mientras se acomodaba en el borde del sofá y vertía líquido en cada vaso. Sus movimientos eran fluidos y elegantes, y algo me dijo que debía ser una hermosa loba.

¿Té? preguntó ofreciendo uno a Jack. Él tomó el vaso y lo terminó de un solo trago.

Wes. Le pasó uno. Me alegro de verte, como siempre. Se inclinó hacia delante y besó su mejilla cuando él alcanzó el vaso. Le sonrió afectuosamente. Entonces, se giró hacia mí. Cualquier amiga de Wes es nuestra amiga. ¿Té? preguntó, sosteniendo uno.

Acepté la taza que me ofrecía.

Sí, gracias.

Jack dejó su vaso vacío en la mesa y se lamió los labios con aprecio.

Tara es la Cazadora, Fee. La que Wes encontró anoche. Estábamos hablando de la posibilidad de entrenarla. ¿Qué crees? ¿Te apuntas?

Ya ha pasado un tiempo desde que nos encargamos de un nuevo estudiante reflexionó Fee. Se giró hacia mí. Jack es conocido por ser una especie de maestro duro, pero creo que nos equilibramos el uno al otro. Además, sólo es una actuación, de todas maneras. En realidad es un gran blandengue dijo con una carcajada. Oh, y será tan divertido tener a otra chica con nosotros.

Jack acarició su barba de nuevo, o ignorando, o no contrariando la descripción de él.

Será un montón de trabajo, claro, pero por lo que estoy escuchando, tiene suficiente talento natural que podrá compensar el tiempo perdido.

De acuerdo, espera. Dejé mi vaso y levanté una mano. Detente ahí. Nunca acepté ningún entrenamiento.

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Jack se veía sorprendido.

Asumí que por eso es que Wes te trajo aquí.

Podría haberlo sido, pero no he tenido un voto en ese plan dije lanzándole una mirada de advertencia a Wes. Lo que quería sobre todo eran respuestas. Las cuales aún no creo haber recibido.

Fee le echó a Jack una mirada de regaño y se volvió hacia mí.

Déjame adivinar, te hizo decirle todo lo que quería saber, pero no ofreció nada a cambio.

Iba a hacerlo dijo Jack a la defensiva.

Fee rodó sus ojos hacia él, y volvió a mirarme.

Ven conmigo dijo. Se levantó y se alejó sin esperar una respuesta. Miré a Wes y entonces también me levanté y me apresuré detrás de ella.

Me condujo por un estrecho pasillo y se detuvo frente a una estriada puerta de madera, con pomo de latón. Pescó una pequeña llave de su bolsillo y entonces dio un paso hacia atrás y me dejó entrar.

Lo hice cautelosamente, medio esperando encontrar una cámara de tortura o algo igual de horrendo, pero me detuve después de un par de pasos, aliviada y sorprendida por lo que encontré. La habitación era vieja y deteriorada, al igual que todo lo que había en ella. Olía a polvo y a periódicos viejos, pero no había rastros de violencia o tortura. A menos que contaras la lectura pesada como tortura, lo cual no me lo parecía. Las paredes estaban cubiertas de libros, interrumpidos sólo por decoraciones en la pared que servían como tenue iluminación. Sillas con aspecto antiguo estaban marcadas por los años y el uso. El cuarto y todo en este, era encantador, era una mezcla de clásico y antiguo. Me sentía como si hubiera entrado a un castillo.

Detrás de mí, Fee presionó un interruptor, cubriendo todo con una brillante luz en el techo que le agregaba un toque moderno, y se dirigió directo a la pared posterior y sacó un desgastado libro encuadernado con cuero de un cajón del medio. Lo trajo hacia la mesa, y me señaló que tomara una silla.

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Este libro se llama el Draven 3 dijo, usando una mano para limpiar el polvo de la cubierta y después sacudiéndoselo en los pantalones.

Motas de polvo volaron por todas las direcciones, pequeñas partículas bailaron con la luz sobre nuestras cabezas. El libro estaba unido con pesado cuero y había un símbolo grabado que no reconocí, aun con el polvo removido.

Contiene la historia de la raza Cazadora. Abrió una página marcada, revelando una escritura en cursiva. Los cazadores comienzan a entrenar alrededor de los cinco años, justo cuando comenzarías la escuela primaria. En ese momento casi todo es teoría y la mayoría viene de este libro. No te voy a aburrir yendo página por página, pero deberías leerlo en tu tiempo libre. Contestará un montón de preguntas sobre de dónde vienes.

Ojeó un par de páginas y vi que estaba dividido por temas y categorías, e incluso tenía rudimentarias imágenes que retrataban diversas armas y técnicas de lucha.

Observé las páginas durante unos minutos, asimilándolo todo.

Así que, si hubiera sabido que es lo que soy, ¿hubiera cargado esta cosa en vez de mi libro de Historia Mundial?

Bueno, no está exactamente. Este fue un regalo de una buena amiga, hace años. Es una impresión original. Pocas familias de Cazadores tienen una impresión original.

¿Estás segura de que quieres sacarlo? pregunté preocupada.

Sí, lo estoy. Me sonrió tranquilizadoramente y fui golpeada de nuevo por lo abierta y honesta que su era expresión. Me hizo confiar en ella en un nivel que no podía explicar, pero decidí seguir mis instintos, porque se sentía bien confiar en alguien.

Gracias dije. Entonces, el primer comentario de Fee me golpeó. ¿Cómo lo saben los padres? Me refiero a que sus hijos son cazadores. Dijiste que empezaban a entrenar a los cinco años. Pero, ¿cómo lo saben los padres?

Fee dudó, y hubo algo ilegible en su usualmente sincera mirada.

3 Draven: Derivado de la palabra draefend del inglés antiguo, tiene como significado Cazador Oscuro.

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Bueno, la respuesta a tu pregunta está en los genes. Tus dones fueron pasados a través de la sangre, como también pasarán a la sangre de tus hijos.

Parpadeé.

Entonces, uno de mis padres es un Cazador.

Sí.

Me miró con una mirada de entendimiento, y entonces esperé un momento para que eso se asentara.

Mis pensamientos iban de aquí para allá. Mi primer pensamiento fue mi madre. Ella era exactamente lo opuesto a todo lo que imaginaba que un Cazador seria. (Yo soy delgada, pero no es que ella fuera muy musculosa).

Era la persona menos violenta que había conocido, ni siquiera le gustaban las escenas de peleas en las películas, por el amor de Dios. Entonces pensé en papá.

Tal vez era él. Había muerto cuando era muy joven, así que no había manera de que realmente pudiera saberlo. Y qué tal si se lo había mantenido oculto a mamá. Podría no haber tenido ni idea. Lo cual significaría que nunca me creería si se lo dijera.

Sólo lee el libro cuando tengas oportunidad, y hablaremos más de eso después dijo Fee finalmente.

Asentí, aún aturdida. Fee comenzó a levantarse de su silla, y eso me sacó de la ensoñación. Había mucho más que no sabía.

Espera, tengo otra pregunta dije. ¿Cuál es el motivo? Es decir, ¿por qué los Cazadores se entrenan para luchar o existen para ese fin? ¿Cuál es el propósito?

Bueno, el resumen es: Los Hombres lobo y los Cazadores son enemigos, lo han sido durante siglos. Hay muchas leyendas sobre cómo todo comenzó, pero nadie puede estar seguro. Lo que sí sabemos es que los Cazadores están aquí

amistosos con los

humanos. Ahí es cuando un cazador entra en acción. Entrenan para luchar desde que son muy jóvenes para perfeccionar su velocidad y fuerza, porque sin entrenamiento, e incluso con los atributos físicos agregados, es casi imposible ganarle a un lobo enojado.

para proteger a los humanos. Muchos hombres lobos no son

Quieres decir, como yo y Liliana dije.

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Fee asintió.

Sí, tienes suerte de haber sobrevivido. Es por eso por lo qué Jack y yo vamos a ayudarte. Sin entrenamiento, eres un blanco fácil.

Pero nunca me había encontrado con otros hombres lobo. Tal vez no lo haga más.

Es posible que tengas razón, pero no es probable. Lo principal que debes saber, entrenes o no, es que pueden sentirte. Y te atacarán si creen que pueden vencerte. Ahora, como Cazadora tienes fuerza y velocidad extra de tu lado, pero también eres susceptible a su veneno.

¿Los hombres lobo tienen veneno?

Fee asintió y su expresión se volvió seria.

No olvides eso. Es la parte más importante. El mordisco de un Hombre

lobo es venenoso para una Cazadora. Un mordisco, si no se trata, puede matarte

en

cuestión de horas.

¿Qué hay de sus uñas? pregunté, recordando los rasguños de debajo de

mi camisa.

Fee sacudió su cabeza.

Te queman como nunca en el momento, pero se curan por sí mismas. El veneno está en su saliva, por eso es que los mordiscos son tan peligrosos.

¿Y para los humanos? ¿El mordisco de un Hombre lobo no es peligroso para ellos? pregunté.

No de la misma manera. Todo lo que necesitas para ser infectada es que sus dientes penetren tu piel. Un humano no se infecta de esa forma. Pero sus cuerpos son más frágiles que los nuestros y físicamente, no son rivales para un Hombre lobo que intenta atacarlos. Mueren por la pérdida de sangre o por algún daño interno.

Me estremecí.

Oh.

Lo que intento decirte, Tara, es que si eliges no entrenar, podrías estar poniéndote en más peligro. Si ellos te sienten, un Hombre lobo te atacará. Y puede que seas capaz, o no, de contraatacar.

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Lo hice bien anoche dije, obstinadamente.

Sí. Estuvo de acuerdo. ¿Pero estás dispuesta a correr el riesgo la próxima vez?

No respondí. No podía. ¿Entrenarme para luchar contra Hombres lobo? ¿Por una antigua promesa de defender a la raza humana? Esto no estaba sucediéndome a mí. Era ridículo descabellado e imposible. Y aún si lo creía, lo cual no quería admitir, no podía sólo abandonarlo todo y entrenar durante horas cada día. No era una karateca ni nada de eso. Y mi madre y mis amigos definitivamente sabrían que algo estaba sucediendo, no algo que pudiera explicarles, ni algo que pudieran creerse.

E incluso ahora, habían dos pensamientos que eran claros, se habían

yo nací para

grabado en mi mente: Uno, los Hombres Lobos existían, y dos matarlos.

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Traducido por Clo Corregido por Liss.Briel Volví la mirada hacia Fee, en tono de disculpa.

Traducido por Clo

Corregido por Liss.Briel

Volví la mirada hacia Fee, en tono de disculpa.

Mira, agradezco la oferta, pero necesito algo de tiempo. Todo esto es un poco demasiado, y demasiado rápido. Lo siento.

Entiendo me aseguró Fee. Y pude decir por la manera en que me miraba, que lo decía de corazón. Volvamos a salir, ¿te parece?

Levanté el libro y lo metí debajo del brazo mientras la seguía al exterior. Fee volvió a cerrar con llave la habitación y nos abrimos camino nuevamente hacia la sala de estar.

¿Y bien? retumbó Jack.

Fee respondió por mí. Ella necesita tiempo.

Jack asintió con la cabeza, pero pude ver su decepción.

Por supuesto.

Wes sólo sacudió la cabeza, como si hubiera renunciado a discutir. Me envolví en mi chaqueta, preparándome para salir. Aún necesitaba regresar antes que mi mamá. Fee me detuvo en la puerta y me apretó el brazo.

Tómate un poco de tiempo y deja que todo se asimile. Incluso si decides no entrenar, Jack y yo estamos aquí por si necesitas algo.

Gracias dije, esbozando una sonrisa.

* * *

Fueron muy amables dije, cuando Wes y yo estuvimos en el coche. Él no respondió, pero ignoré a propósito su falta de respuesta, diciéndome que era un comportamiento normal en él y seguí adelante. Sin embargo, estoy sorprendida. Fee lo hizo parecer como si todos los hombres lobos fueran asesinos sedientos de sangre y como si me fueran a atacar ni bien me vieran. Sin embargo, ustedes tres no han tratado de dañarme en absoluto. Por el contrario, me han ayudado más de lo que necesitaba.

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No todos los hombres lobos son como nosotros dijo él. Una explicación no tan detallada como la había estado esperando pero mejor que nada. Presioné.

¿Cómo los conoces?

Ellos me criaron después de que mis padres murieron.

Oh. No lo sabía. Lo siento. ¿Cómo murieron?

Vaciló. Hombres Lobo.

Sus labios se apretaron en una línea fina y un músculo de su mandíbula se flexionó. Había malicia en esa única palabra y asco, y finalmente entendí su comentario anterior.

—¿Eso es a lo que te referías con “Bandos diferentes”?

Sí.

Finalmente, estaba sintiendo como si estuviera llegando a algún lado con

él.

¿Tiene esto algo que ver con la causa que mencionó Jack?

Olvídate de eso, de acuerdo. No es para ti.

¿No debería eso ser asunto mío, al igual de la elección de a qué bando quiero pertenecer?

Él me dirigió una mirada dura. No.

Resoplé con frustración. El chico era una contradicción andante. Intenté otra táctica.

¿Cuál es tu color favorito?

Torció la comisura de la boca. ¿Por qué?

Porque quieres que elija un bando pero todavía no me has dicho lo suficiente como para hacerme decidir si puedo confiar en ti.

Te he dicho un montón.

Negué con la cabeza.

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No, Jack y Fee me han dicho un montón. Tú no me has dicho nada. Vi que estaba a punto de discutir y continué. Devolverme mis recuerdos no cuenta. Estos ya eran míos.

Está bien, pero ¿cómo saber mi color favorito ayudara a que confíes en

mí?

Se puede decir mucho por el color favorito de una persona insistí. Por ejemplo, el mío es el azul, porque amo el océano y el cielo.

Bien, entonces, verde. Levantó una ceja. ¿Qué deduces de eso?

Bueno, podría ser por el dinero, pero no lo creo reflexioné. El bosque, supongo.

También podría ser por la envidia, ya sabes dijo, su voz asumiendo una veta burlona que me sorprendió y confundió. Hace tan solo un momento había estado cortante y silencioso, rayando lo mal educado.

Pareces de mejor humor dije, con cuidado. Wes giró en mi barrio y se detuvo ante la señal de “Pare” antes de contestar.

Tara, es imposible estar de mal humor a tu alrededor.

Lo miré de nuevo, sorprendida, sin saber qué decir ante eso. Era por lejos lo más lindo que me había dicho desde que nos habíamos conocido.

¿Gracias? Torció los labios, haciéndome querer saber el significado detrás de su críptico elogio. ¿Siempre eres tan difícil de leer? le pregunté, por fin.

¿Siempre te es tan difícil tomar cumplidos?

Todavía estoy tratando de averiguar si se trataba de uno.

Lo fue.

Algo acerca de la forma en que dijo esas dos palabras me acaloró el rostro y brazos. El aire en el coche se espesó hasta algo casi tangible y recordé lo que él le había dicho a Jack, sobre el imán. Sin duda estaba ocurriendo ahora, un tirón o polaridad entre nosotros. Era desconcertante y agradable al mismo tiempo, y me moví en el asiento, intentando estar cómoda en mi propia piel. Me pregunté si él también lo sentía, pero cuando lo miré, sus cejas estaban fruncidas hacia abajo, tanto en un pensamiento profundo o con confusión.

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En mucho menos tiempo de lo que le hubiera tomado a una persona normal o un coche normalestacionamos frente de mi casa, y él apagó el motor. No esperé a que diera la vuelta y abriera mi puerta. Necesitaba un minuto para aclarar la mente, pero la ráfaga de aire frío que me recibió cuando salí, lamentablemente no fue suficiente, aunque por lo menos pude respirar con más facilidad ahí, en el frío aire abierto de la parte delantera de mi casa.

Estaba bastante segura a menos que las costumbres de los hombres lobos fueran totalmente diferentesque Wes acababa de coquetear conmigo. El problema era que me había sentido reaccionar ante ello. Mi pulso estaba acelerado y tenía un raro revoloteo en el estómago. Y sentí que con una mirada a mi rostro él sabría todas estas cosas. Así que me aseguré de quedarme por delante de él mientras me seguía hasta la puerta. Busqué las llaves, de pronto ridículamente nerviosa. Wes esperó pacientemente, sin hacer ningún comentario mientras finalmente deslizaba el cerrojo a un lado y forcejeaba para sacar la llave nuevamente. Cuando ya no pude evitarlo más, me volví hacia él.

Realmente no sé qué decir por todo lo que has hecho, pero gracias le

dije.

Guau, suena como que me mandas de paseo.

¡No! Mi respuesta salió un poco más fuerte de lo que había sido mi intención y entonces, sentí mi rostro sonrojarse ante el humor que noté en su expresión, sólo había sido una broma. Quiero decir, no tenías que hacer todo esto, y te lo agradezco.

Él extendió la mano, como si estuviera a punto de tomar mi mano, y luego se detuvo. En su lugar, metió las manos en los bolsillos y miró hacia el suelo.

—Tara, hay algo…

La puerta de un coche, muy cerca, se cerró de golpe y Wes se detuvo. Ambos echamos una mirada al mismo tiempo y refunfuñamos por la silueta que se acercaba rápidamente a mi puerta. A mi lado, pude sentir la tensión en Wes mientras miraba recelosamente a nuestro visitante.

George dije, con falsa calma, sobre todo para que Wes se diera cuenta que no era una amenaza. Sin embargo, no lo sentí relajarse realmente.

Hola nena. La sonrisa de George decayó al ver a Wes y estrechó ligeramente los ojos.

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Miré de nuevo a George, intentando desesperadamente encontrar una forma de explicar esto de una manera que no incluyera la verdad.

George, Wes. Wes, George. Hice señas de ida y vuelta entre ellos y me detuve. Ninguno de los dos habló. Wes estaba observando a George con una mirada intensa. No era amenazadora, necesariamente, pero contenía un desafío que no me gustaba. George le devolvió la mirada a Wes y le dirigió un hola medio gruñido. Sentí que mi paciencia disminuía ante el espectáculo de testosterona mutua. George, ¿qué estás haciendo aquí?

Finalmente apartó la mirada de Wes, rompiendo cualquiera haya sido la machista mirada en la que estaban trabados y me miró nuevamente.

Me imaginé que dado que estabas ausente por enfermedad podía venir y ver si necesitabas algo. Tal vez cuidarte. Su expresión se endureció un poco. Pero parece que no estás enferma en absoluto.

Estaba enferma, George. Quiero decir, estoy enferma. George me ignoró. Sus ojos se volvieron nuevamente hacia Wes.

¿Quién eres tú, de todos modos? Me tensé. Por el rabillo del ojo, pude ver a Wes inmóvil como una estatua.

Soy un amigo contestó Wes, finalmente. Sin embargo, su tono no fue muy amigable. Los ojos de George se redujeron aún más.

Conozco a todos los amigos de Tara y no te conozco.

Entonces supongo que no conoces a todos los amigos de Tara respondió

Wes.

Exhalé audiblemente, esperando dejar de manifiesto la poca paciencia que me quedaba para todo esto.

George, Wes es un amigo de otra ciudad. No sabía que iba a venir. De cualquier manera, no es asunto tuyo. Tú y yo ya no estamos juntos.

Pareció que a George le tomó un minuto aceptar esto, pero eventualmente, pareció entenderlo. Metió las manos en los bolsillos y murmuró algo sobre seguir preocupándose por mí. Le lanzó otra mirada a Wes y luego se acercó y me plantó un muy deliberado beso en la mejilla.

Nos estamos viendo, Tay dijo y se dirigió a su coche. Yo simplemente lo observé marcharse, preguntándome para beneficio de quién había sido el beso. Para el mío o para el de Wes.

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Esperé hasta que George había retrocedido y se había alejado antes de girar hacia Wes.

¿Qué fue eso? susurré.

Sus ojos brillaban. ¿Qué fue qué?

Tú lo estabas provocando.

Se encogió de hombros.

No me gusta mucho. Le dirigí una mirada de reproche. Tu mamá va a estar pronto en casa dijo.

Mierda. Me olvidé de eso. Es mejor que te pongas en marcha. Vacilé y luego añadí: ¿Te veré otra vez?

Sacó una pequeña tarjeta de su bolsillo y me la entregó.

Aquí, toma esto. Son mi número y el de Jack. Por si acaso.

—Gracias, creo que… te veré por ahí —le dije, con la esperanza de sonar casual en vez de con la punzante decepción que sentía. Sus labios se curvaron en un lado.

Probablemente.

Luego se fue.

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Traducido por LuceGrigori Corregido por SWEET NEMESIS A la mañana siguiente, Ángela estaba esperando por

Traducido por LuceGrigori

Corregido por SWEET NEMESIS

A la mañana siguiente, Ángela estaba esperando por mí en mi casillero.

¿Te sientes mejor? preguntó ella.

Mucho. Supongo que toda la medicina para el resfriado tuvo éxito en mí.

¿De veras? apremió, elevando una oscura ceja detrás de sus gafas. Volví la mirada inexpresivamente hacia ella. ¿Qué ocurre contigo y George? Lo vi ayer, se veía tan melancólico como un niño con un cachorro perdido.

Hice una mueca y hurgué dentro de mi casillero por mi libro de inglés.

Terminamos.

Lo imaginé. ¿Qué sucedió?

Me enderecé y guardé mi libro dentro de mi mochila antes de afrontarla.

¿Quieres decir además del hecho de que su cabeza ha crecido demasiado grande para su cuerpo? Nada.

Me dio una mirada comprensiva.

¿Estas bien?

Lo estoy, en realidad. Pensé que estaría más molesta, pero en su mayor parte, solo me siento mal porque se podría haber arruinado nuestra amistad, ¿sabes?

Bien, me alegro de que te estés sintiendo mejor. Estaba preocupada que estuvieras molesta sobre la ruptura. Casi voy a verte después de la escuela.

Traté de no parecer aliviada de que no lo hubiera hecho, así que me encogí de hombros.

Probablemente hubiera estado dormida.

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La referencia de Ángela al día anterior causó cosas extrañas a mi estómago, pero traté de ignorarlas y comencé a caminar junto a ella, rumbo a clases.

Gasté la noche entera básicamente develada y eludiendo locos pensamientos, como visiones de entrenamientos con un Hombre Lobo para aprender cómo luchar en contra de otros Hombres lobos. O de no entrenar, y ser atacada por una jauría de ellos en un callejón en alguna parte.

Y por supuesto, Wes. La forma en que él me había mirado cuando me salí de la cama y los comentarios que podían o no haber sido evidencia de su interés en mí. Y entonces estaba la extraña atracción entre nosotros que solo parecía intensificarse cuando sus ojos mantenían los míos por un momento particularmente largo. ¿Estaba realmente atraída a él? ¿O todo era simplemente producto de su sensibilidad por la presencia de un animal?

Mientras más lo pensaba, más decidía que de ninguna manera él estaba coqueteando. ¿Burlándose de mí? Probablemente. ¿Coqueteando? No tanto. Quiero decir, estaba muy segura que él estaba de alguna forma involucrado con Liliana. Lo cual por supuesto me trajo al hecho que yo había matado a alguien.

El hecho que el “alguien” era también un “algo” hizo un poco más sencillo el proceso, pero parte de mí se sentía lo suficientemente culpable como para marchar derecho hacia la estación de policía y ofrecer mis muñecas para las esposas.

Y todo esto solo se sumaba para dar una completamente, imposible y surreal, rareza. No tenía idea de qué hacer con ello.

Tara, ¿escuchaste algo de lo que acabo de decir? preguntó Ángela. Estábamos de pie afuera del aula de inglés ahora. Me forcé a mí misma a prestar atención bajo el escrutinio de Ángela.

Lo siento, supongo que aún estoy un poco fuera de mi. Me hubiera sentido culpable por la mentira que mantenía sobre estar enferma, pero la afirmación que acababa de hacer, era en realidad la completa verdad. Definitivamente me sentía…fuera de ello.

Dije, Sam preguntó si queríamos ir al centro comercial y conseguir vestidos para el baile de la próxima semana dijo Ángela, un poco impaciente.

Como si la mención de su nombre la hubiera llamado, mi amiga Sam nos saludó desde el otro lado del mar de cuerpos que abarrotaban el vestíbulo y empezó a tramar su camino hacia nosotras.

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Hey chicas. Sin esperar por una respuesta, ella se precipitó. No van a creer lo que Cindy Adams usó en la escuela ayer. La primera campana sonó y Sam la ignoró. OhDiosMío, era esta cosa hecha en casa con tela a cuadros. Di-vertidísimo. Tengo una foto en mi teléfono. Mira. Nos mostró su teléfono.

Tú ni siquiera estuviste aquí ayer dijo Angela.

Sam se encogió de hombros. Lo sé, pero Jenny Slater estaba, y ella tiene clases con Cindy así que me la envió. Me reí como por veinte minutos.

¿No estuviste aquí, tampoco? pregunté.

Sam guiñó el ojo.

Mi noche del martes estuvo un poco fatigante.

Sacudí mi cabeza. Tu calendario social me cansa.

Lo cual es el por qué tengo derecho a todo un día extra de recuperación dijo ella, acomodando su cabello. Además, en Macy’s tenían eso de compra uno y llévate dos de las sombras de ojos que tanto amo.

Rodé mis ojos y a su solicitud, eché un vistazo a su teléfono que sostenía. Era bastante malo.

Guau, vaya dije con una risa.

A decir verdad, Cindy Adams era la cosa más cercana que tenía a un archienemigo. Cuando estábamos en sexto grado, ella y yo competimos una contra la otra para presidente estudiantil. Ni siquiera había querido hacerlo, pero la profesora no nos había dado elección; nuestros cargos habían sido asignados a nosotras. Cindy no podía haber estado más feliz. Ella me había deseado suerte y entonces se lanzó a si misma dentro de la campaña electoral, haciendo elaborados carteles, e incluso preparando un discurso para dar un discurso en la mañana. Desafortunadamente para Cindy, en sexto grado todo se trata sobre quién conoces, y el círculo de amigos de Cindy era considerablemente más pequeño que el mío. Cuando ella vio que todos iban a votar por mí, comenzó a jugar sucio, esparciendo rumores y mentiras para afirmar su oportunidad.

Varios rumores diferentes volaron alrededor, los más agradables eran que ella me había encontrado en una posición comprometedora con su gato, durante

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la última fiesta de pijama que tuvimos. Sí, tienes que procurar ser muy retorcido para salir con las cosas que ella hizo.

No hace falta decir, que fue el fin de cualquier amistad o cortesía que pudiéramos haber tenido. Ella ganó la elección, que había estado bien por mí, excepto ahora que no podía soportarla. Así que, disfrutábamos de una tranquila, sin embargo viciosa, rivalidad desde entonces. Como consecuencia, verla a ella en un traje como este me alegraba el día.

¿Dónde consiguió eso y por qué piensa que es bonito? pregunté cuando Sam cerró su teléfono.

No lo sé. Tal vez ella no tiene una amiga que le diga lo malo que es. Sam esbozó una malvada sonrisa. Tal vez deberíamos ser ésas amigas.

Tal vez deberíamos estuve de acuerdo.

El timbre de advertencia sonó, y todos nos desparramamos para llegar a

clases.

Encuéntrame al almuerzo llamó Sam, navegando por el rápidamente vaciado vestíbulo, su cabello negro ondeando tras ella.

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Traducido por Alyshia Cheryl y Jo Corregido por amiarivega — Este vestido sería perfecto para

Traducido por Alyshia Cheryl y Jo

Corregido por amiarivega

Este vestido sería perfecto para mi cita con Ryan dijo Sam, sosteniendo un minivestido negro con lentejuelas en la cintura.

Pensé que el vestido que compraste en la última tienda era para tu cita con Ryan dijo Ángela.

No, ese era para mí cita con Chad corrigió Sam. Angela rió.

Yo no podría mantener algo como eso.

Siéntete libre de elegir a alguno en cualquier momento, Ang dijo Sam, sonriendo y moviendo las cejas.

No, gracias. Además, una vez que sales con estos chicos, ellos se enganchan. Te siguen a todos lados como si fueras el Pied Piper 4 .

Lo sé. Pobrecitos. Sam suspiró dramáticamente. Ángela y yo nos limitamos a sonreír y seguir mirando ropa. Estábamos en el centro comercial en busca de un vestido para el baile en el cual estaba pensando cada vez más y más en no asistir. George habría insistido, por compromisos sociales, al menos. Pero en realidad yo era libre de decidir por mí misma, y la idea de ir sola era simplemente inapelable.

Voy a probar esto en negro dijo Sam. Tara, ¿puedes sostener mis bolsas?

Seguro. Tomé sus cuatro bolsas y las puse en el suelo y me dejé caer en una silla. Esto podría durar un gran rato.

4 Pied Piper: Se le llama así a una persona que induce a los demás a imitar su ejemplo, un hombre persuasivo, un líder que hace promesas irresponsables.

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Sam era una compradora excesiva, no había nada inigualable como buscar ropa para ella. Todo sobre Sam era de esa manera, impulsiva, indulgente y divertida… siempre divertida.

Ey, Ang, al final nunca me dijiste cómo te fue en tu cita con Dave le

dije.

Fue realmente genial dijo Angela, con su sonrisa volviéndose algo soñadora. Era algo divertido de ver, Angela nunca se veía fantasiosa.

¿Vas a salir con él de nuevo? pregunté.

Sí, me invitó a ir al baile.

Oh por Dios. ¿Acabo de oír que Angela, la bibliotecaria, tiene una cita? ¿Algo como una verdadera cita con un chico de verdad? dijo Sam desde el vestuario.

Ja, ja, Sam dijo Angela.

¡Bueno, esto es malditamente bueno, que emocionante es esto! ¿Es bueno besando? preguntó en voz demasiado alta.

La cara de Angela se puso roja y echó un vistazo a la tienda, ajustando sus gafas. ¿Puede haber alguien que hable más fuerte que Sam?

Probablemente. Se oyó el ruido del pestillo abriéndose y entonces salió Sam, con el pequeño vestido negro ajustándose a ella como un guante. Bueno, ¿qué les parece?

Lancé un silbido. Vaya.

Angela estaba asintiendo con la cabeza.

Sin duda es algo sensacional. ¿Qué tan corta es esa cosa?

Sam se giró lentamente, examinándose en el pequeño espejo a su lado.

Lo suficientemente corto, diría yo. ¿Quieres pedirlo prestado, Ang?

Las mejillas de Ángela se enrojecieron un poco.

Estoy bien, gracias.

Lo capto dijo Sam. ¿Y qué hay de ti Tara? Ni siquiera te has probado

nada.

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No creo que vaya al baile.

¿Qué? ¿Por qué?

Me di cuenta de que había olvidado decirle. George y yo hemos roto.

Se inclinó y puso sus brazos alrededor de mí.

Lo siento mucho, Tay. ¿Estás bien? simpatía.

Se incorporó y me

miró con

Sí, estoy bien, en realidad. Creo que era lo correcto. Pero él no está de acuerdo o parece no aceptarlo.

Está bien, eso es todo. Tienes que conseguir algo nuevo declaró Sam. Si vas a estar aburrida y no vas a conseguirte un vestido nuevo, por lo menos consíguete un nuevo par de vaqueros. Ya sabes, los que aprietan el culo como un tornillo y tienes que fijar la cremallera. Alzó una ceja. Eso te hará sentir mejor.

Me eché a reír. No quiero un par de vaqueros que me corten el aire. Y si cambio de opinión, de seguro tomaré algo prestado de ti.

Está bien. Pero voy a cambiarme y luego NOS vamos a encontrarte algo nuevo. Es una regla. Después de una ruptura tienes que comprar ropa nueva.

Bien accedí.

Nosotras esperamos mientras Sam se cambiaba, luego salimos, y nos dirigimos hacia los estantes de ropa.

Tara, esto es lindo, ven a ver llamó Ángela un momento después.

Me acerqué para ver de cerca y me congelé. Era una sudadera con capucha, con la cara de un lobo en el frente. Incluso peor, su cara se dividía en dos, una mitad en cada lado de la cremallera. Traté de mantener mi expresión neutra mientras mentalmente me encogía de vergüenza.

Creo que voy a pasar de esta. Me moví tan rápido como pude.

¿Qué tal este? llamó Ángela otra vez, levantando otra sudadera. Esta tenía un sinfín de diferentes tonos de un solo color: el verde.

Perfecto le dije, quitándosela de las manos.

No tienes nada como eso sostuvo Sam.

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Lo que significa que tendré que llevarlo argumenté de vuelta. Sam rodó los ojos.

En el momento en que llegamos al patio de comidas por hamburguesas, me di cuenta que estaba de muy buen humor y más relajada de lo que había estado en días. Estaba disfrutando de la normalidad, algo que seriamente había dado por sentado hasta cuarenta y ocho horas antes.

Tal vez, a pesar de todo lo ocurrido, nada cambiaria para mí después de

todo. Tal vez nada como eso nunca volvería a suceder, lo que también significaba que probablemente nunca vería a Wes de nuevo. Y así, mi buen humor se

evaporó.

En

el camino hacia el coche vi que algunas nubes habían aparecido,

haciendo el cielo de un tono invierno gris, y había humedad en el aire, lo que

hacía sentir el frío mucho más pesado. Me puse mi abrigo y mantuve la cabeza baja hasta que casi llegamos al auto cuando lo sentí.

Mi piel se erizó en alerta, dándome la sensación de que algo estaba

avanzando hacia mí. Me estremecí y me di la vuelta, esperando ver a un lobo al acecho en algún lugar entre los autos estacionados, pero cuando me volví, no había nada allí. Seguí buscando, dándome una vuelta completa, mientras mis ojos buscaban cualquier movimiento, peludo o no. Nada.

Pensé en el mango roto de mi destapador, aún bajo el lavamanos del baño donde lo había escondido la noche anterior. Probablemente debería haberlo traído conmigo, por si acaso.

¿Tara? ¿Estás bien? preguntó Ángela.

Por el rabillo del ojo vi que ella y Sam me miraban con una expresión muy confusa, pero no les hice caso y seguí inspeccionando el lote de autos.

Sí, estoy bien vuelta para enfrentarlas.

solo me pareció ver algo dije finalmente, dándome la

¿Cómo qué? presionó Ángela. La expresión en su rostro me dijo que estaba pensando que me estaba volviendo loca.

Un pájaro, supongo dije, sin convicción. Me encogí de hombros y me senté en el asiento trasero.

Tal vez la ruptura te afectó más de lo que pensábamos dijo Sam, mientras sacaba el auto a la carretera.

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No le respondí. Estaba pendiente de mis escalofriantes sensaciones. Todavía estaba sintiéndolo. Afortunadamente la sensación se desvaneció a medida que nos metimos dentro del tráfico y suspiré de alivio.

O, tal vez, no estás tan recuperada como pensaba, de cualquiera sea el virus que tenías sugirió Ángela.

Solo estoy distraída, chicas. Tengo muchas cosas en la mente.

Ves, te dije que es la ruptura dijo Sam.

No es la ruptura argumenté.

haya alguien más.

Sam me echó una mirada a través del espejo retrovisor. Cuando no respondí, sus ojos se abrieron de par en par.

No tienes nada más en que pensar. A menos de que

Oh mi

conocemos?

Dios, hay alguien

más. ¿Quién es él?

¿Va

a

la escuela? ¿Lo

Ángela se volvió y me miró.

¿Es verdad lo que dice Sam? Vamos, Tara, tienes que decirnos.

Dudé, debatiendo en cómo responder. Si no les decía, nunca me dejarían ir y, finalmente, comenzada a sospechar de la razón por la que no estaba. Por otro lado, si les decía, escogiendo las palabras cuidadosamente, no me sentiría tan reservada.

Y se habría sentido bien tener a mis chicas para hablar sobre eso. Al menos las partes de las que podía hablar.

Bien, sí, Sam tiene razón. Conocí a alguien. Algo así. Es algo complicado, sin embargo.

Sam se giró en el asiento del conductor, de alguna manera recordando mantener sus manos en el volante.

Lo sabía. Esto es tan emocionante. Cuéntanos todo.

Bien. Su nombre es Wes. Nos conocimos hace dos noches, en el salón de pool. Fue luego de que George se fuera. Hablamos y… estuvimos juntos y luego me dio un aventón a casa.

Ángela se giró en su asiento para poder verme.

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¿Lo verás de nuevo?

—Bueno… vino ayer.

¿Y? demandó Sam—. ¿Qué pasó? ¿Acaso ustedes…?

No tenía que verla para saber que estaba moviendo sus cejas, su código para sexo.

No, Sam no lo hicimos. Ni siquiera nos besamos. Estaba enferma, ¿recuerdas?

¿Te cuidó? preguntó suavemente Ángela. Podía escuchar los engranajes románticos girando dentro de su cabeza.

Supongo. Hablamos y solo pasamos el rato. Pero, no sé si lo veré de

nuevo.

¿Por qué no? preguntó Ángela.

Porque no dijo nada sobre eso. Todo lo que dice es tan… enigmático — suspiré. Me dio su número, sin embargo. No agregué que había mirado fijamente la tarjeta tantas veces que prácticamente lo sabía de memoria.

¡Llámalo! gritaron juntas.

Sonreí. A pesar de los detalles vagos que había dado, se sentía realmente bien tener a alguien con quien hablar.

Tal vez. Se siente raro ser la que llama.

Sam sacudió su cabeza. A los chicos les gusta una chica que toma la iniciativa. Deberías llamarlo. Esta noche.

Ángela giró en su asiento de nuevo.

Por una vez, estoy de acuerdo con Sam. Deberías dar el primer paso y llamarlo. No te habría dado su número si no lo quisiera.

No respondí. El problema era que lo había hecho sonar como si debiera llamarlo solo si lo necesitaba. Como si se atravesaba otro hombre lobo enojado o algo. Pero no podía exactamente divulgar ese detalle.

Sam llevó el auto hacia mi entrada y giró.

Llámalo. Estaremos esperando escuchar qué pasa así que llámanos mañana. Sin excusas.

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Sonreí de nuevo.

Bien acordé, respirando profundamente. Gracias chicas. Las veo mañana.

* * *

Adentro, intenté pasar por mamá con la menor cantidad de preguntas. Había estado mirándome un poco raro desde ayer en la mañana. Creo que sospechaba que algo estaba pasando cuando actué tan confundida sobre dónde había estado la noche que… peleé con Liliana —todavía no quería decir matar, ni siquiera a mí misma. Así que había estado intentando continuar derecho hasta que me convenciera de que podía actuar normal efectivamente. O hasta que se olvidara de eso.

Mamá, estoy en casa le grité, tirando mi chaqueta en el armario de enfrente.

Estoy aquí. Su voz flotó desde la parte trasera de la casa.

La encontré en la terraza interior, inclinada sobre un suelo de hierbas que ella estaba plantando. Levantó la vista y sonrió cuando llegué y me di cuenta de una mancha de suciedad a través de su frente. Tenía las manos negras con la tierra y allí había paquetes de semillas extendidos sobre la mesa que estaba a su lado.

¿Te has divertido? preguntó.

Sí, las chicas tienen sus vestidos para el baile de la semana que viene y tengo una camiseta nueva.

Frunció el ceño.

¿No compraste un vestido también?

No creo que vaya. Tomé una respiración profunda. George y yo hemos terminado.

Ella me miró con curiosidad.

¿Eso es bueno o malo?

Me reí de eso.