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Del nomadismo abstracto a la estetización de lo cotidiano

Being an artist now means to question the nature of art Joseph Kosuth, Art After Philosophy, 1969

1. El Imperio de la Estética

Fue Alexander Gottlieb Baumgarten (1714-1762) quien acuñó el término estética para designar a una nueva disciplina filosófica encargada de estudiar el arte y la naturaleza de lo bello. En tanto reflexión filosófica sobre el arte, la estética alcanzó su momento climático con Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831). La estética hegeliana (una filosofía espiritual del arte) es una profecía sobre el fin del arte. Es una “oración funeraria”, según el filósofo neohegeliano Benedetto Croce (1866-1952). Más aún: la profecía hegeliana anuncia también el colapso de la estética tradicional. Sucede que gran parte del arte del siglo XX fue una reacción contra el concepto tradicional de estética. Los autores, las corrientes y los movimientos artísticos que en ese siglo cuestionaron la noción tradicional del arte, confirmaron en la práctica la visión apocalíptica hegeliana. Hegel presagió la desaparición de la forma en el arte y éste se “evaporó” a lo largo de esa centuria. Esto fue posible gracias a un largo camino de desconstrucción artística, que fue al mismo tiempo un proceso de desestetización y desdefinición del arte.

En los años diez del siglo pasado, Marcel Duchamp, mago posmoderno, se sacó de la chistera un urinario que finalmente transformaría el arte. Andy Warhol, icono frío de los años sesenta, se sumó a la empresa y convirtió productos comerciales en objetos artísticos. El resultado de estas posturas subversivas muy pronto se hizo presente. La estetización de lo cotidiano, la idea de que cualquier objeto, por banal u ordinario que pueda ser, es potencialmente un objeto artístico, terminó por imponerse. De pronto, toda nuestra vida cotidiana se volvió estética. En la actualidad todo puede ser arte, ya no existe una delimitación entre el objeto artístico y el objeto cotidiano; la frontera entre el arte y la realidad se desvaneció.

La estética contemporánea no busca escudriñar en nuestros sentidos para revelar la esencia del arte y el misterio de la belleza. La estética contemporánea se ajusta cada vez más al nuevo régimen del arte. Ya no es una estética de las obras, sino una estética de las actitudes, de las experiencias, de los procedimientos, de los proyectos y las locuras de los artistas contemporáneos. Hoy la estética está en todos lados: en los anuncios espectaculares, las cajas de zapatos, los envases de refresco, las llantas de coche, los partidos de futbol, los pasteles de chocolate… Hoy la estética ya no se pregunta: ¿qué es el arte?, sino ¿cómo se puede hacer arte?, ¿cuándo hay arte?, ¿por qué razón existe el arte? En la aldea global del arte, ¿alguien puede sustraerse al Imperio de la Estética?

Mirar al objeto

En el año 2006, Eduardo Romo (Ciudad de México, 1966) dio un giro a su producción. Luego de años de trabajar y experimentar con la escultura, decidió reclamar su derecho a la contemporaneidad y sumarse al arte global de nuestro tiempo. Inició entonces el proyecto: Buscando la otredad, una reflexión en torno al objeto artístico y su relación con el objeto cotidiano. Cuestionando su propio quehacer escultórico, Romo tomó una obra de su autoría, una escultura circular de madera, para buscar objetos similares en el entorno urbano. Durante cuatro meses, recorrió la Ciudad de México buscando los referentes de su pieza tridimensional: aquellos objetos citadinos parecidos a la escultura en su estructura básica, sin importar que el color, el material, el tamaño o la textura de ellos fuera diferente. En palabras del artista, este proyecto fue: la historia de una escultura abstracta que pasea por la Ciudad de México buscando su identidad en los objetos a los cuales cree parecerse o pertenecer a su grupo familiar.

Esta historia de nomadismo abstracto tuvo un final feliz. La escultura circular encontró hermanos y hermanas objetuales por aquí y por allá. Romo se encargó de tomar fotografías de estos (re)encuentros familiares para dejar un registro de lo que apenas fue el comienzo de su nueva aventura.

Tras su descubrimiento de la estética presente en el ámbito urbano, Eduardo Romo decidió ser más ambicioso, ampliar su proyecto para seguir reflexionando sobre el objeto estetizado de nuestro tiempo. En su proyecto actual: Siete miradas del objeto hacia la idea del objeto, reflexiona sobre la estética general que distingue al mundo globalizado en el que vivimos. El proyecto consiste en siete trabajos que son estrategias de acercamiento del artista hacia el objeto cotidiano. En todos y cada uno de ellos, Romo explora la interacción del objeto con su entorno, para hacer evidente que un objeto determinado es sólo un objeto hasta que lo denominamos obra de arte y, al mismo tiempo, que la obra de arte es en sí misma un objeto. Romo se acerca a la realidad cotidiana, centra su mirada en los objetos, los estudia en su contexto, los manipula, analiza su color, su forma y el material con que están hechos, para finalmente descubrir sus cualidades estéticas e incluirlos en su nuevo discurso.

Consciente de la existencia de una estética envolvente, convencido de que los objetos cotidianos pueden provocar afectos afines a los que despiertan objetos artísticos tradicionales, cierto de que los artistas contemporáneos tienen en este mundo un arsenal casi inagotable para hacer arte, Eduardo Romo inició hace tres años una nueva etapa en su producción, acorde con los requerimientos del mainstream. Para este escultor y artista visual, la producción

artística ya no puede plantearse en términos de la estética tradicional, sino que debe consistir (como lo dijo Kosuth en su célebre ensayo de 1969) en una reflexión sobre la propia naturaleza del arte, en una exploración de los mecanismos de la creación y en un análisis de los signos lingüísticos que la integran. Fotografía, obra tridimensional y video, son los frutos que ya está produciendo la nueva aventura artística de Eduardo Romo.

Antonio Espinoza Crítico de arte, México, D.F., abril de 2008