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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 1 SECCIÓN PRIMERA FUENTES DE LAS

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 1 SECCIÓN PRIMERA FUENTES DE LAS

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SECCIÓN PRIMERA FUENTES DE LAS OBLIGACIONES

CAPÍTULO I TEORÍA GENERAL DE LAS FUENTES DE LAS OBLIGACIONES

a.- Las fuentes de las obligaciones en el Código civil chileno; b.- Las fuentes de las obligaciones en la doctrina.

A.- Las fuentes de las obligaciones en el código civil chileno

Francisco Messineo defina las fuentes de las obligaciones como el acto o la situación jurídica de la que nace la relación obligatoria. Veremos al avanzar este curso que las obligaciones no nacen solamente de actos o situaciones jurídicas, también de hechos jurídicos a los cuales la ley les otorga un poder creador de obligaciones. René Abeliuk M. propone definir las fuentes de las obligaciones como el hecho jurídico que le da nacimiento, que origina o genera la obligación. Consensuemos entonces en definir las fuentes de las obligaciones como hechos, actos o situaciones jurídicas generadores de obligaciones. Fuente en términos generales es aquello de donde emana algo, en este caso las fuentes de las obligaciones son los antecedentes de derecho de los cuales emanan las obligaciones.

Hablar de una teoría general de las obligaciones es tan ambicioso como irrealista, significa en términos simples en creer que existe una lógica que gobierna todo tipo de relación jurídica obligacional. El problema está en que un sistema jurídico de esta naturaleza no se encuentra ni en nuestro código civil ni tampoco ha sido hasta ahora elaborado por la doctrina. Así entonces vemos que existen tantas “teorías” o llamémoslo mejor “normas comunes” para cuanto tipo de relaciones jurídicas de contenido obligacional existan. Ya estudiamos en años pasados la “teoría de los bienes” que no es sino la manifestación de la relación jurídica de contenido real y la “teoría de las obligaciones” que no es sino la misma relación jurídica pero de contenido personal. Este año es el turno de estudiar fundamentalmente uno de los principales actos jurídicos generadores de obligaciones, el contrato y le daremos el nombre de “teoría general del contrato”. Sigamos el programa de este año y con ello a la doctrina mayoritaria en el estudio y tratamiento de las fuentes de las obligaciones en dos grandes grupos: En nuestro Código civil (A) y en la doctrina clásica y moderna (B).

Un poco de historia. Mucho se ha escrito acerca de los orígenes de las fuentes de las obligaciones tal como se nos presenta en el Código civil. Se dice que no nos viene en esa forma directamente de los romanos pues éstos distinguían dos tipos de fuentes de obligaciones: los contratos y los delitos, admitiéndose una tercera bajo la denominación de "figuras varias" (variae causarum figurae) que eran de creación pretoriana (los cuasicontratos y los cuasidelitos).

Los glosadores medievales fueron quienes establecieron la división clásica de las fuentes de los créditos, enumerando el contrato, el cuasicontrato, el delito y cuasidelito, clasificación a la cual posteriormente se agregó la ley. Lo cierto es que el trabajo de los glosadores pasa a través de J. Pothier y de J. Domat como teoría clásica en el Código civil francés, distinguiéndose, de acuerdo a lo dicho, cinco fuentes de las obligaciones, en que quedaban incluidos y agrupados todos los hechos jurídicos susceptibles de generarlas

Estas fuentes son:

1.° El contrato, la principal fuente de obligaciones, definido en el código civil (una definición por cierto restrictiva o poco afortunada) art.1438 como un acto por el cual una parte se

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obliga para con otra a dar, hacer o no hacer alguna cosa. Agregando que cada parte puede ser una o muchas personas. La doctrina prefiere mantener la definición clásica que entiende el contrato como la convención generadora de obligaciones, o desde el punto de vista del acto jurídico como el acuerdo de voluntades entre acreedor y deudor que da nacimiento a la obligación;

2.° El cuasicontrato, es por cierto una de las figuras más discutidas hoy en día. Se le definiría, si para ello se atiende al tenor literal del art.1437 como un hecho voluntario del deudor que genera obligaciones. La doctrina prefiere describirlo como el hecho voluntario, lícito y no convencional que genera obligaciones; Merece que nos detengamos un minuto en las reflexiones de Marcel Planiol sobre los cuasicontratos. Para Planiol el cuasicontrato no es un hecho voluntario. Si en él interviene la voluntad, ella no genera la obligación. A menudo en el cuasicontrato surge una obligación para una persona que, de ningún modo, ha expresado su voluntad. – Por ejemplo, en el cuasicontrato de agencia oficiosa, el agente se obliga y podrá decirse que su acto voluntario le acarrea la obligación, pero también puede resultar obligado el dueño del negocio a cumplir los compromisos contraídos por el agente y a reembolsarle las expensas útiles y necesarias a éste, art.2290. - Más evidente es la situación en el pago de lo no debido. El que recibe el pago de buena fe no tiene intención de restituir lo que se le ha pagado; con mayor razón carece de voluntad de restituir el que recibe de mala fe. Por lo que toca al que paga se excluye la idea de voluntad porque es esencial que el pago de haya verificado por error. - Para Planiol, el cuasicontrato no es un acto lícito. En todos los cuasicontratos se descubre, como rasgo común, un enriquecimiento sin causa, producido a expensas de otro. Semejante enriquecimiento es un hecho ilícito. La obligación resultante tiene por causa un estado de hecho contrario al derecho. - En suma, el cuasicontrato no es ni un hecho voluntario, ni un hecho lícito es un hecho involuntario e ilícito. -

3.° El delito civil, esto es, el acto doloso o intencional que causa daño;

4.° El cuasidelito civil, que es el acto culpable que causa daño. Tanto el los delitos como en los cuasidelitos civiles el efecto y la obligación que se generan es el mismo: la producción del daño y la obligación de reparación (indemnización de perjuicios); lo que hace la diferencia es la concurrencia del elemento intencional en el primero (dolo de parte del autor) y en el segundo, el elemento non intencional (la culpa, negligencia o imprudencia). Por lo anterior es tendencia actual de refundir el delito y el cuasidelito en una sola fuente de obligación: la responsabilidad civil extracontractual, o los actos o hechos ilícitos.

5.° La ley. La ley en verdad es el fundamento de toda obligación, la fuente primera. Es por cierto, mirada como quinta fuente en términos mediatos o directos en la generación de las obligaciones, se entiende entonces que cuando la ley es fuente no ha existido por parte del acreedor o del deudor acto alguno que provoque el nacimiento de la obligación (art.1437 inc. Final) ejemplificando con las obligaciones que nacen de la patria potestad o la obligación alimenticia. Ya hemos señalado que en un sentido amplio toda obligación encuentra su razón de ser en el ordenamiento jurídico, y en tal sentido tienen su parte de verdad las doctrinas que pretenden que la ley es la fuente única de las obligaciones. Pero también es verdad que la obligación nace muy distintamente de la ley en las obligaciones legales “stricto sensu”, en que no hay hecho alguno del deudor para dar nacimiento a la obligación, sino la sola voluntad del legislador, que en las demás fuentes de obligaciones. Por ejemplo en el contrato, la obligación nace porque el deudor lo quiere, y si

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en las extracontractuales falta esta intención, hay un hecho del deudor que fundamenta la obligación.

Las obligaciones legales propiamente tales son, pues, aquellas en que la ley es la fuente directa e inmediata de las obligaciones, y no existe un hecho del deudor en que la obligación tenga su fundamento.

Este tipo de obligaciones no son frecuentes en la parte que estudiamos, se dan mayormente en derecho de familia, por ej. la obligación alimenticia, en que la ley determina cuándo nace ella, las personas del deudor y acreedor, y la forma de satisfacerla. Podemos señalar también el ejemplo que propio código cito en el art.1437: las obligaciones entre padres e hijos de familia, pero aquí se nos presenta un problema, pues ellas no caben en el concepto de obligación tradicional más bien se trata de deberes jurídicos que de obligaciones en sentido estricto. Otros casos de obligaciones legales que se exponen como la obligación de pagar impuestos no pueden ser analizadas como obligaciones en el sentido privado de las mismas, sino como cargas de derecho público que escapan de la noción de obligación que habitualmente se da.

Las fuentes de las obligaciones y el código civil chileno. El estudio de las fuentes de las obligaciones en el código civil chileno, como ya hemos avanzado un poco al examinar el art.1437, sigue la doctrina clásica o francesa. Sin embargo el art.1437, no es la única fuente formal de las fuentes de las obligaciones, a pesar que de su tenor aparecen enumeradas las cinco fuentes clásicas. Art. 1437 “Las obligaciones nacen, ya del concurso real de las voluntades de dos o más personas, como en los contratos o convenciones; ya de un hecho voluntario de la persona que se obliga, como en la aceptación de una herencia o legado y en todos los cuasicontratos; ya a consecuencia de un hecho que ha inferido injuria o daño a otra persona, corno en los delitos y cuasidelitos; ya por disposición de la ley, como entre los padres y los hijos de familia”. El art.2284 se encarga de tratar las fuentes de las obligaciones, otras que el contrato, al disponer: “Las obligaciones que se contraen sin convención, nacen o de la ley, o del hecho voluntario de una de las partes. Las que nacen de la ley se expresan en ella. “Si el hecho de que nacen es lícito, constituye un cuasicontrato, “Si el hecho es ilícito, y cometido con intención de dañar, constituye un delito. “Si el hecho es culpable. Pero cometido sin intención de dañar, constituye un cuasidelito.”

El problema es el determinar la existencia de un numerus classus de las fuentes de las obligaciones, o por el contrario un numerus appertus. En otras palabras saber si la numeración que efectúa el Código es taxativa o no. La doctrina y una jurisprudencia constante parecen concluir que no existen otras fuentes de las obligaciones que las enunciadas, de manera que cualquiera figura jurídica que las genere habría que encuadrarla forzosamente en alguna de dichas categorías. Con ello, quedarían afuera otros hechos o situaciones jurídicas generadoras de obligaciones, como lo veremos en su momento.

Lo cierto es que la numeración clásica ha sido criticada. Las diversas posiciones doctrinarias críticas, en definitiva, se reducen a tres categorías:

1.° Las que sintetizan la enumeración; 2.° Las que consideran que ella no es completa, y 3.° Las que clasifican las fuentes según si en su generación ha habido por parte del deudor voluntad de obligarse o no

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 4 1° Las posiciones sintéticas o

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Las posiciones sintéticas o la posición de los autores que creen ver sólo al contrato y a la ley como fuentes de las obligaciones. Para algunos tratadistas debe distinguirse únicamente entre el contrato, por un lado, y la ley por el otro. En el primero, existe la voluntad de obligarse; en todos los demás casos, es la ley la que establece que el deudor ha quedado obligado. Esto último es lo que ocurre en los delitos y cuasidelitos: es la ley quien señala cuándo una persona está obligada a indemnizar los perjuicios ocasionados a otra. En los cuasicontratos, de los cuales los más característicos son el pago de lo no debido (N.° 679), y la agencia oficiosa es igualmente el legislador el que establece que quien ha recibido el pago de una obligación que no se le debe, resulta obligado a restituir y en cuáles circunstancias y condiciones, o cuándo el gerente o agente oficioso, y el dueño del negocio, resultan obligados. De acuerdo a esto, las obligaciones nacerían; pues, o de un acuerdo de voluntades entre acreedor y deudor, o por la sola disposición de la ley. Esta posición no es una posición carente de sustento positivo. Si recordamos la definición de derecho personal que nos entrega el art.578 en donde se expresa que la relación jurídica de contenido real es la que sólo puede reclamarse de ciertas personas que por un hecho suyo o la sola disposición de la ley ha contraído la obligación correlativa, se está ratificando que las fuentes de los créditos son el consentimiento (el acuerdo de voluntades) y la ley. Sin embargo, si leemos bien no es el acuerdo de voluntades sino el hecho voluntario aquello que genera la obligación, es decir, tanto los actos voluntarios (que requieren de acuerdo) como la sola voluntad unilateral, sea con o sin intención de obligarse, y del otro, la ley. Esta interpretación del art.578 esta en perfecta comunión con el art.2284, que distingue la convención, la ley y el hecho voluntario.

Dentro de estas posiciones sintéticas está la de aquellos autores que propugnan como única fuente de obligaciones a la ley, ya que cuando los interesados por medio del contrato dan nacimiento a una obligación, es porque el legislador expresamente los ha facultado para hacerlo; las partes no podrían obligarse si la ley prohibiera un determinado contrato que quieren celebrar.

Doctrina que considera incompleta la enumeración del Código civil, por existir en el mismo código otras fuentes del obligaciones

Ciertos autores se refieren principalmente al enriquecimiento sin causa y a la declaración unilateral de voluntad, que serían productoras de obligaciones, pero no participantes de la definición clásica. En efecto, la “teoría” del enriquecimiento sin causa rechaza el acrecentamiento injusto de un patrimonio a costa de otro, y se considera que lo hay cuando carece de causa jurídica. La ley acepta que una persona se enriquezca aun en perjuicio de otra, pues todo contrato oneroso se busca una ganancia, pero a condición de que el enriquecimiento tenga algún antecedente jurídico que lo justifique. Si no lo tiene, nace la obligación del enriquecido de restituir todo aquello que se ha obtenido sin causa. En su momento veremos que el enriquecimiento sin causa es tratado por nuestro código dentro del estudio de los cuasicontratos.

La teoría del acto unilateral como generador de obligaciones es una larga historia de esfuerzos de la doctrina clásica por excluirla dentro de las fuentes generadoras (comienza con Siegel a fines del siglo XIX). Se dice que el deudor podría por sí sólo obligarse para con otro que podría no saber e incluso negarse a ello.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 5 3° Ciertos autores estiman que

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 5 3° Ciertos autores estiman que

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Ciertos autores estiman que lo que habría en la división clásica serían tres categorías distintas de fuentes de las obligaciones. En efecto sta clasificación atiende a la intención del deudor de obligarse, y desde este punto de vista señala que hay fuentes voluntarias, no voluntarias y aquellas en que para nada participa el deudor, pues nacen de la sola ley. 1.° Las fuentes voluntarias son aquellas en que el deudor consiente en obligarse; la deuda nace de un acto voluntario suyo efectuado con la intención de obligarse, ya sea por un acuerdo con el acreedor, que constituye el contrato, ya sea por su sola voluntad si se acepta la declaración unilateral como fuente de obligaciones; 2.° Tratándose de las fuentes no voluntarias, el deudor no tiene la intención de obligarse, pero resulta obligado al margen de su voluntad, sea por que a) ha cometido un hecho ilícito, sea intencional (delito) o no intencional pero culpable (cuasidelito), y que impone al autor la obligación de indemnizar el perjuicio; b) sea por haber realizado un acto lícito sin intención de obligarse, como ocurre en todas las situaciones agrupadas en los cuasicontratos, y en el enriquecimiento sin causa; c) o bien sea porque es la ley la que ha creado directamente la obligación.

Esta clasificación ha sido criticada también por la preponderancia que da a la voluntad de las partes que, se señala, ha perdido incluso su importancia en muchos contratos, como los contratos dirigidos, y los de adhesión, que estudiaremos pronto. No existiría, en consecuencia, razón para distinguir tan tajantemente las obligaciones contractuales y extracontractuales que es lo que en el fondo hace esta clasificación. Pero debemos reconocer que siempre en ellos la voluntad juega un papel, ya que la persona puede escabullir la obligación negándose a contratar, mientras que, por ejemplo, no hay forma de librarse de una obligación de indemnizar el hecho ilícito.

Acerca de los modos de adquirir las obligaciones. Los créditos y su aspecto pasivo, las obligaciones, pueden adquirirse originariamente o en forma derivativa, usando los términos propios de los derechos reales, aunque la situación es un tanto diferente. En efecto, podemos decir que el crédito se adquiere originariamente en cuanto nace por primera vez en favor de su titular, sin tener existencia anterior. Ello ocurre en todos los casos de fuentes de obligaciones antes enumerados. Los modos derivativos suponen que la obligación ya existe, aunque con otro titular activo o pasivo. Tratándose del acreedor, este puede variar en el derecho personal por sucesión por causa de muerte (N.° 1.041), por tradición o cesión de créditos (N' 1.047), y por subrogación personal (N.° 652). Aunque en la práctica se haya usado con tal objeto, no ocurre lo mismo en la novación por cambio de acreedor, porque ella supone la extinción de la obligación anterior (N.° 1.131). El titular pasivo puede reemplazarse únicamente por causa de muerte (N.° 1.041), en las legislaciones que no toleran la cesión de deuda (N.° 1.149). Lo dicho anteriormente respecto de la novación por cambio de acreedor, vale en cuanto ella se efectúe por reemplazo del deudor (N.° 1.135). En los capítulos que siguen se estudian únicamente las fuentes de las obligaciones; en la Parte V hemos agrupado todas las instituciones antes mencionadas y que importan una variación subjetiva en la obligación.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 6 CAPÍTULO II y III TEORÍA

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CAPÍTULO II y III TEORÍA DEL CONTRATO. GENERACIÓN DEL CONTRATO

a.- Definiciones, función jurídica, económica y social; b.- Principios generales que informan la contratación; c.- Clasificaciones de los contratos. a.- Libertad contractual; b.- Limitaciones a la libertad contractual; c.- Contratos dirigidos y de adhesión; d.- Contratos forzosos.

a) Concepto de contrato.- Nuestro Código Civil y en general nuestro derecho recoge la idea de contrato como un acuerdo de voluntades, es en este aspecto entonces la principal de las fuentes de las obligaciones. Basar el poder obligacional de una persona en su voluntad obedece por cierto a una concepción ius-filosófica determinada, la del individualismo. Nuestro Código, siguiendo al código civil francés este impregnado de individualismo, que en teoría jurídica contractual esta reflejado en el principio de la autonomía de la voluntad y en su corolario lógico en este punto, el de la libertad contractual, todo ello unido a la preponderancia del consensualismo como forma general de manifestar los acuerdos. De todo aquello nos haremos cargo en el punto siguiente de nuestro programa de estudios. Nuestro Código define el contrato en el articulo 1438 como un acto por el cual una parte se obliga para con otra a dar, hacer o no hacer alguna cosa. Se suele señalar que esta definición confunde contrato con convención. Sabemos por nuestra base jurídica sobre el acto o negocio jurídico que convención es todo acto jurídico bilateral, cualquiera sea su función o efecto, aunque principalmente estos sean de crear, modificar o extinguir derechos y obligaciones. Dentro de ese concepto genérico se situaría el específico de contrato: convención destinada solamente a crear derechos y obligaciones. Lo cierto es que la distinción carece de relevancia, y la supuesta confusión no es privativa de Bello y nuestro Código. Los códigos italiano, francés o alemán suelen utilizar indistintamente las expresiones contrato o convención. Lo que si puede ser objeto de crítica es que dentro de la definición de contrato aparece que el objeto que se atribuye sería el de dar, hacer o no hacer algo. El objeto del contrato sin embargo, son las obligaciones (y derechos) que él genera y son éstas las que tienen como objeto una prestación determinada que puede consistir en dar, hacer o no hacer una cosa o algo. Ahora bien si analizamos el art.1460 descubrimos que Bello vuelve a confundir el objeto del acto jurídico (o declaración de voluntad) con el objeto de la obligación.

b) Función jurídica, económica y social del contrato. El contrato es desde distintos puntos de vista un instrumento jurídico de intercambio de bienes o servicios. Lo que pareciera ser un aspecto puramente económico, no es sino la realidad de una técnica jurídica al servicio de los intereses de las personas.

1.- La función económica. Innegable es sostener que el contrato es una técnica de optimización del intercambio de bienes y servicios. Por el contrato circula la riqueza desde un patrimonio a otro, por el contrato se transfieren bienes y servicios,. Por un contrato se cierran o abren mercados para explotar u obtener beneficios de una actividad determinada. En conclusión el contrato es el útil o herramienta más eficiente de plasmar las relaciones económicas de las personas. Todo contrato tiene una causa que en un análisis económico pretende en definitiva obtener la mejor eficiencia en el intercambio de bienes, pero aún más el contrato se causa en un interés tanto privado (el de las partes que contratan y que tienen en mira el beneficio que de él reportarán) como el interés público (el que tiene en vista el estado regulador)

2.- La función social Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 7 El

2.- La función social

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El derecho en sí tiene como función social, el obtener la paz social y el bien común. El contrato contribuye a este fin del derecho en el sentido que permite lograr esta paz a través de la justa colaboración entre los hombres. Que mejor manifestación de la libertad de los hombres que de la de permitirles colaborar en un contrato en donde ambos buscan la justicia a través dela correcta correlación de los intereses en juego. Un viejo adagio francés señala “quien dice justo dice contractual”. En efecto, todas las actividades sociales se basan finalmente en contratos. Piénsese sólo en la más básicas como alimentarse (para eso celebramos frecuentemente contratos de compraventa), obtener el sustento para ello (celebramos contratos de trabajos), instruirnos para poder ser más valorados por nuestros empleadores (suscribimos contratos con los colegios o universidades que nos educan a nosotros o a nuestros hijos), para transportarnos a nuestros hogares, lugares de estudio o de trabajo (suscribimos contratos de transporte), etc. El contrato impone, y con eso contribuye a la paz social también, el respeto del actuar leal y de buena fe y la dura sanción por lo tanto del actuar doloso o fraudulento. El contrato eso sí, no puede ser concebido como el sólo regulador de la vida social. Reflexiónese sobre el siguiente aspecto: el contrato voluntarista impide en ocasiones la obtención de la paz social pues genera injusticias en donde aquel que tiene más o que se encuentra en posición dominante puede imponer los contenidos de la relación contractual al más débil. Veremos en su momento que esta situación permite la intervención del Estado, para establecer los desequilibrios, sea fijando un contenido mínimo protector dentro de ese contrato a la parte que considera en desequilibrio de fuerzas (lo veremos luego en los contratos dirigidos) sea aceptando la imposición de las reglas de la contratación a una de las partes pero velando porque no se incluyan cláusulas abusivas.

3.- La función jurídica

La función jurídica del contrato puede ser analizado desde distintos puntos de vista. El contrato es un canal difusor del derecho, de la regla jurídica. A través de él las partes, los ciudadanos conocen la norma, se relacionan con la regla jurídica y se interiorizan de sus derechos y obligaciones. El contrato es una técnica jurídica insuperable para la obtención del beneficio privado como del público. De que mejor manera que a través de un contrato puede el fisco de Chile recaudar sus ingresos (cada compraventa esta gravada de IVA por ejemplo) . De que mejor manera que a través de un contrato, como técnica jurídica, podemos respetar y hacer respetar nuestros derechos o hacer exigibles las obligaciones correlativas. El contrato entre otras cosas el lugar jurídicamente más seguro e inviolable para respetar y hacer respetar nuestros compromisos, ni el juez, ni la ley ni la autoridad administrativa pueden violarlo.

El contrato si se quiere para tener un mejor orden puede además cumplir subfunciones específicas:

A) Función de cambio o circulación de los bienes: se realiza a través del los contratos traslaticios de dominio, como son la compraventa, la permuta, la donación y el aporte en sociedad. En Chile hay que tener presente que por la naturaleza compleja del procedimiento para adquirir el dominio, el solo contrato, aisladamente considerado, no cumple por sí mismo esta función de cambio, sino que es necesario que se agregue el modo de adquirir tradición, porque mientras ésta no opera, no hay transferencia de dominio. Algunos estiman que esta función de cambio o de circulación de los bienes no se cumple solamente a través de los contratos traslaticios, sino que también se estaría cumpliendo a través de los contratos de mera tenencia por un tiempo prolongado, porque estos contratos

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 8 operarían un cambio temporal, pero

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operarían un cambio temporal, pero de larga duración, de las cosas a que se refieren. Es lo que sucedería con el contrato de arrendamiento a largo plazo y con el contrato de leasing.

  • B) Función de crédito: función de carácter generalmente oneroso y la cual opera a través

de los contratos de mutuo, de apertura de crédito y, en general, de todos los contratos bancarios; es decir, todo contrato que pone a disposición de otra persona ciertos bienes, principalmente dinero, con cargo de restituirlos en ciertas y determinadas condiciones. La regla general es que estos contratos sean onerosos, excepcionalmente la función de crédito se cumple a través de un contrato gratuito, cual es el contrato de comodato.

  • C) Función de garantía: es frecuente que al contraer una obligación, se exija por la

contraparte que asegure el cumplimiento de esa obligación constituyendo alguna caución y, aquí aparece la función de garantía del contrato; porque mediante contratos accesorios

--como la prenda, hipoteca y fianza-- el deudor garantiza al acreedor el cumplimiento de la obligación principal.

  • D) Función de custodia: se cumple a través de contratos que tienen por objeto la guarda y

conservación de bienes ajenos. Es lo que sucede con el típico contrato de depósito y con

ciertos contratos atípicos o innominados bastante frecuentes como el que se refiere al arrendamiento de cajas de seguridad, los contratos de garaje, el contrato de hotelería en relación al equipaje que se introduce al hotel, etc.

  • E) Función laboral: se cumple a través de las diversas variantes que presenta el contrato

de trabajo. Pero, no solamente se logra esta función a través de este contrato, sino que también a través de otros como el contrato de arrendamiento de servicios y el mandato mercantil.

  • F) Función de previsión: la cumple por medio de contratos destinados a precaver riesgos o

a cubrir las consecuencias de esos riesgos, es lo que sucede con el contrato de seguro, que presenta una amplia y diversa gama.

  • G) Función de recreación: son numerosos los contratos que intervienen en el

cumplimiento de esta función, por ejemplo: el contrato de transporte para fines turísticos, el contrato de hotelería. Hay veces que se combinan varios de estos en uno solo, como sucede cuando se contrata un tour.

  • H) Función de cooperación: se presenta principalmente en contratos intuito persona,

como por ejemplo: en el mandato, en que hay una cooperación entre mandante y mandatario; también se nos presenta en las sociedades, especialmente en las colectivas, en que varias personas ponen algo en común con la mira de repartirse las utilidades que de ellos provengan.

B.- PRINCIPIOS GENERALES QUE INFORMAN LA CONTRATACIÓN.

  • a) El principio básico que inspira la contratación en el derecho privado y en particular en el

derecho civil chileno, es el de la autonomía de la voluntad. En el Código civil el hombre no es un cuerpo humano (este es una cosa) el hombre es esencialmente una voluntad, un ser capaz de tomar decisiones libres. Piénsese solamente que la ley es percibida como una declaración de voluntad soberana. La voluntad en efecto atraviesa todo el Código civil y en definitiva la vida del hombre como lo señala el profesor Mauricio Tapia. El matrimonio se contrae por voluntad de los cónyuges, los contratos se forman por el concurso de voluntades, se ejecutan e interpretan según la

voluntad de los contratantes, la responsabilidad supone una voluntad libre del agente, y el testador puede voluntariamente disponer de una parte de sus bienes, por no citar sino algunos ejemplos. La voluntad sería fuente y medida de los derechos y obligaciones que el contrato produce. En materia contractual rige por lo tanto ampliamente el principio de la autonomía de la voluntad, autonomía que veremos es tanto de forma (para celebrar la convención nominada o innominada que se quiera) o de fondo (para fijar el contenido del contrato, mediante la inclusión libre de elementos accidentales a la convención).

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 9 Si en materia extracontractual o

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Si en materia extracontractual o delictual, precisamente en materia de responsabilidad civil no contractual la libertad es la justificación de sus reglas pues sólo el hombre libre de gobernar sus actos puede ser declarado responsable de las consecuencias perjudiciales que su actuación puede provocar a terceros, el materia de responsabilidad contractual ellos es más evidente aún, pues el contratante es responsable porque así lo quiso en pleno conocimiento de sus obligaciones y de las consecuencias de su incumplimiento eventual, ello por su propia y sola voluntad. Más que un principio entonces según nos dice Jean Carbonnier es una teoría de filosofía jurídica según la cual, la voluntad humana tiene en ella a su propia ley, ella se crea su propia obligación, pues si el hombre se encuentra obligado por un acto jurídico, especialmente por un contrato, es porque él lo ha querido. El contrato es el principio de la vida jurídica y la voluntad individual, el principio del contrato. Esta teoría ha marcado el Código civil francés y el chileno, todo ello en armonía con la ideología del individualismo. La autonomía de la voluntad se manifiesta en cuanto al fondo y a la forma en varias etapas de la formación del contrato.

1.- En cuanto al fondo.

En plena discusión contractual, es decir, antes que el contrato sea formado, en el período de negociación, el individuo tiene una doble libertad: contratar o no contratar, entrar o salir libremente de la negociación, más todavía él puede determinar a su gusto el contenido del contrato. Esta libertad de contenido es la que se denomina corrientemente libertad contractual donde se ve la esencia de la autonomía de la voluntad. El individuo puede contratar no sólo la oferta de contratos que se encuentran en las leyes (se les llama contratos nominados o típicos) también puede crear sus propias convenciones. Ciertamente no le está permitido eliminar todas las reglas legales, pues hay algunas que son imperativas o de orden público. El orden público lo veremos más adelante es un límite a la libertad contractual. Recordemos que uno de los axiomas del liberalismo y que inunda el derecho privado es el contenido en la Declaración de Derechos del hombre de 1789, en el artículo 5, que dice que “todo lo que no está prohibido está permitido.” Podemos decir sin temor a equivocarnos que el principio de la autonomía de la voluntad y su corolario en materia de contratos, el de la libertad contractual, inundan todo el código civil y en general nuestro derecho privado.

Una vez el contrato formado cada parte se puede cobijar o atrincherar en lo pactado impidiendo que cualquiera autoridad, incluido el juez, pueda inmiscuirse en su contenido libremente pactado. Sólo las partes pueden modificar, de común acuerdo, ese contrato, pero ya no será el mismo contrato sino uno nuevo, y por lo mismo un nuevo triunfo de la autonomía de la voluntad.

2.- En cuanto a la forma

Es a la vez la existencia del contrato y su interpretación los que se encuentran en causa.

En efecto el contrato tiene existencia jurídica por la sola fuerza de la voluntad sin que ella requiera un beneplácito de autoridad alguna. Por otro lado la interpretación de las partes obscuras del contrato debe hacerse buscando lo que los contratantes han querido en lo más profundo de su voluntad. El Código civil chileno comienza a configurar desde temprano la preeminencia de este principio. Es visible desde el artículo 12 del Código que establece la renuncia de los derechos conferidos por las leyes, siempre que los derechos que se renuncian miren al sólo interés del renunciante y su renuncia no esté prohibida por ley. El artículo 1445, ya analizado, establece que “para que una persona se obligue por un acto o declaración de voluntad es necesario: 2° que consienta en dicho acto o declaración…”; el art.1444 también analizado que faculta a las partes para introducir expresamente elementos de la naturaleza y accidentales por medio de

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 10 cláusulas consentidas mutua y libremente

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 10 cláusulas consentidas mutua y libremente

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cláusulas consentidas mutua y libremente por las partes; el artículo 1545 que determina el efecto de las obligaciones señalando que “todo contrato legalmente celebrado es una ley para los contratantes y no puede ser invalidado sino por consentimiento mutuo o causas legales”, con lo que se establece que la forma de deshacer el contrato libremente consentido es de la misma forma como éste nació a la vida del derecho, por consentimiento mutuo. Este último artículo nos retrata la fuerza de la declaración de voluntad, ella es una ley para los contratantes, en su efecto relativo ella es similar al efecto universal que tiene una ley emanada de la potestad legislativa. A tal punto es completo el alcance de la ley del contrato que procede el recurso de casación en el fondo, que sólo tiene lugar contra sentencia pronunciada con infracción de ley. Vemos que la infracción de la ley del contrato es asimilada por la Corte Suprema a la infracción de una ley de normativa corriente, emanada de la potestad legislativa. Al interpretar los contratos el artículo 1560 del Código establece como regla primera que “conocida claramente la intención de los contratantes debe de estarse más a ella que a lo literal de las palabras”. Es cierto que los flujos publicizadores son fuertes en materia de contratación imponiendo por ejemplo en ciertas áreas del derecho un contenido mínimo de justicia en la relación que surja entre los contratantes, es el caso del contrato de trabajo. En otras situaciones, como el de los contratos de adhesión, se permite que el contenido del contrato no sea libremente debatido sino que impuesto en su integridad por uno de los contratantes, pero ello no es la regla general. En el caso de los contratos de adhesión subsiste la libertad del contratante que no ha propuesto el contenido de contrato de no consentir, y al hacerlo surgiendo problemas de interpretación, esas cláusulas serán interpretadas en contra del contratante que las impuso.

Los límites del principio de la autonomía de la voluntad

1.- El primer límite que conoce la autonomía de la voluntad es la propia ley. La ley se presenta como límite en dos aspectos: a) el acto voluntario no puede transgredir la ley; y b) por el acto voluntario no se puede renunciar a aquellos derechos que la ley declara irrenunciables. En el primer caso vemos los ejemplos del objeto y de la causa ilícita. En el segundo el señalado art.12 del Código civil. 2.- El segundo límite que conoce la autonomía de la voluntad es la protección del orden público y las buenas costumbres. Según Carlos Ducci debemos entender por orden público el respeto de “ese espíritu general de la legislación a que se refiere el art. 24 del Código Civil.” Las buenas costumbres, según el mismo autor “corresponden a aquellos usos y costumbres que la sociedad considera en un momento dado como normas básicas de convivencia social.” 3.- El tercer límite está dado por la protección de los derechos legítimos de terceros. Se entiende que se afectan derechos de terceros cuando se abusa del derecho propio. En otras palabras el uso legítimo de un derecho termina donde el abuso comienza.

Del principio de la autonomía de la voluntad se derivan sub-principios como es el del consensualismo y el de la libertad contractual, el de la fuerza obligatoria y el del efecto relativo de los contratos.

1.1.- El principio del consensualismo Este principio se ha visto deteriorado últimamente por el avance de las formalidades (de publicidad, habilitantes o de prueba). El principio de la libertad contractual se ha visto deteriorado, como ya hemos señalado, en virtud del surgimiento de los contratos dirigidos, forzosos y de adhesión.

1.2.- El principio de la fuerza obligatoria de los contratos

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 11 Los contratos en tanto actos

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 11 Los contratos en tanto actos

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Los contratos en tanto actos jurídicos bilaterales producen efectos respecto de las partes que han concurrido a su celebración. Los terceros, sean éstos absolutos o relativos no se ven afectados de las consecuencias del acto sino en situaciones especiales y generalmente cuando se enfrentan crisis contractuales. En otras ocasiones el legislador se introduce en un contrato vulnerando su fuerza obligatoria. Como decíamos ello se puede producir en situaciones de emergencia, dictando leyes que ordenan suspender remates, que prorrogan los vencimientos de plazos (leyes de morosidad, apalzar plazos para el pago del crédito universitario), etc .... En otros casos, hay normas de aplicación permanente en que la ley desconoce lo pactado, como en ciertos artículos del Código Civil como el 1879 (pacto comisorio calificado) o el articulo 2180 (en el comodato, respecto de la obligación del comodatario de restituir antes del tiempo estipulado). Ha habido leyes que han alterado contratos en curso, ordenando mantener una relación jurídica contractual que a la luz del título convencional había expirado. Pero lo más grave es cuando la alteración de contratos en curso afecta por retroactividad el derecho de propiedad sobre derechos personales emanados del contrato. Ello es claro a partir de los nuevos términos en que está concebido el articulo 19 Nº 24 de la Constitución Política. Sobre esta materia ha habido múltiples recursos de protección y de inconstitucionalidad recogiendo la idea de que el acreedor es dueño de su derecho personal. Famosos fueron los recursos de inaplicabilidad contra el articulo 2o transitorio del DFL Nº 9 de 1968 que dispuso que los plazos convenidos con anterioridad a la ley debían entenderse prorrogados hasta completar 10 años. Esta norma afectaba al derecho de dominio del acreedor sobre su derecho personal a exigir la restitución en el plazo convenido de acuerdo a la ley vigente a la celebración del contrato. Por tal motivo esta materia guarda íntima relación con el articulo 22 inciso 1º de la ley sobre efecto retroactivo de las leyes.

En todo caso, aun suponiendo que exista derecho de propiedad sobre derechos personales (lo que es discutible doctrinalmente a la luz de la concepción cosificada del derecho de dominio de raigambre romanista, es perfectamente dable afirmar la legitimidad y constitucionalidad de las leyes que alteran derechos personales emanados de contratos en curso justificadas por la función social del derecho de propiedad que la misma Constitución garantiza.

El principio de la fuerza obligatoria de los contratos llevada a los ojos del juez nos

conduce a tratar al tema de la Teoría de la Imprevisión. Para comprender adecuadamente recurramos al concepto de De La Maza: define la teoría de la imprevisión como aquella “doctrina jurídica (conjunto de principios de derecho debidamente fundados) que sostiene que el juez puede intervenir a petición de cualquiera de las partes, en la ejecución de la obligación, con el objeto de atenuar sus efectos, cuando, a consecuencia de acontecimientos imprevisibles para las partes al momento de formarse el vínculo jurídico, ajenos a su voluntad y que producen una perturbación grave en relación a toda una categoría de contratantes, la ejecución de la obligación se hace más difícil o más onerosa, y siempre que aquel llegue a formarse la convicción de que siendo previsibles esas perturbaciones, las partes no se habrían obligado en las condiciones fijadas.

La doctrina alemana (Karl Larenz) ha enfatizado la intangibilidad de los contratos aún frente a cambio de circunstancias ruinosas para una de las partes, fundada en que así como no hay libertad sin riesgo, no hay libertad contractual sin riesgo contractual. Nuestra jurisprudencia (salvo algunos pocos fallos arbitrales) ha sido unánime en este aspecto. En un fallo publicado en la Gaceta de los Tribunales en 1925 y que ha servido de inspiración a la demás jurisprudencia, se afirma que “los tribunales carecen de facultad para derogar o dejar sin cumplimiento la ley del contrato, ya sea por razón de equidad o bien de costumbre o de reglamentos administrativos”. Se sustenta en la idea de la norma de derecho Pacta Sunt Servanda.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 12 Incluso Chile, al ratificar el

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Incluso Chile, al ratificar el 09 de abril de 1981 la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados de 1969, formuló una reserva al articulo 62 concerniente al problema de la imprevisión, declarando su adhesión al principio de la inmutabilidad de los tratados.

En Chile hay normas que se inspiran en una actitud favorable a la revisión, como los artículos 2180, 2227, 2003 regla 2ª y otras inspiradas en sentido contrario (1983, 2003 regla 1ª). También se ha citado el articulo 1544. Estas normas sin embargo no caen de lleno en el problema de la imprevisión. El tema de la imprevisión queda circunscrito más bien a la posibilidad de que un juez pueda en general y sin norma legal específica que lo autorice, para revisar la vigencia de un contrato que por circunstancias imprevistas se ha tornado excesivamente oneroso de cumplir para una de las partes (aunque no imposible, pues lo imposible por caso fortuito o fuerza mayor extingue la obligación -1670-), sea disminuyendo la obligación agravada, agravando la prestación recíproca, acortando la vigencia del contrato o derechamente dando por terminado el contrato por faltar la conmutatividad de las obligaciones.

En otros países se ha dado a veces soluciones legislativas para casos específicos. En enero de 1918 se dictó en Francia la Ley Faillot, que facultó a los jueces para dejar sin efecto los contratos celebrados con anterioridad a la guerra y cuyo cumplimiento se hubiere hecho excesivamente oneroso para los deudores; más tarde, tras la segunda guerra mundial, el 22 de abril de 1949 se dictó otra ley en el mismo sentido, lo que llevó a Ripert a decir, sin poca razón, que “la jurisprudencia contraria a la imprevisión ha tenido tal vez el inconveniente de incitar al legislador a hacer él mismo lo que el juez no quería hacer. Ha intervenido mediante medidas generales que han destruido aún más contratos que los que hubiere hecho la más amplia interpretación jurídica”

Una de las teorías en que se ha fundado la teoría de la imprevisión es la que la explica extrapolando al derecho privado la cláusula del derecho internacional Rebus Sic Stantibus. De acuerdo a esta explicación, los contratantes contratan en el entendido de que las obligaciones que contraen y en general la fuerza vinculante del contrato quedan supeditados a que se mantengan las circunstancias de hecho vigentes al momento de contratar. La debilidad de esta explicación radica en que presumir la cláusula Rebus Sic Stantibus en los contratos es una ficción sin base real. La verdad es que cuando se contrata lo normal es que las partes consideran tan ventajosas sus condiciones que no prevean una modificación de circunstancias. De hecho podría expresarse la cláusula, y sin embargo en la práctica rara ves se hace, salvo en los contratos internacionales (Clausula Hardship).

Otra explicación a la teoría de la imprevisión es la que la fundamenta en el

principio del enriquecimiento sin causa. Nadie tiene derecho a enriquecerse sin causa a costa ajena. Pero para que se aplique este principio es necesario a) Que haya habido un enriquecimiento de un patrimonio a costa del empobrecimiento de otro patrimonio, todo ello sin causa legítima que lo justifique y es además necesario que no haya otro medio que la acción in rem verso para conseguir la reparación.

La debilidad de la teoría que explica la posibilidad de revisión de contratos por excesiva onerosidad sobreviniente reside precisamente en que el principio del enriquecimiento sin causa supone ausencia de causa. Ahora bien, en el caso de la imprevisión, es incontrastable que la causa es el contrato. Con todo, en este fundamento (del enriquecimiento sin causa) se han sustentado algunos dictámenes de Contraloría General de la República que han acogido la teoría de la imprevisión. (Nºs 010670, de 28.08.91; 041042 de 23.11.88; y 011598 de 21.04.87)

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 13 Otros explican la teoría de

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 13 Otros explican la teoría de

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Otros explican la teoría de la imprevisión invocando el concepto de causa de los

actos jurídicos. Juan Carlos Dorr ha desarrollado muy bien esta idea que siendo ingeniosa tiene una gran debilidad. Explica que la causa no interviene sólo al momento de concertarse las voluntades, esto es, al momento de celebrarse el contrato, sino que su influencia se deja sentir hasta cuando el contrato ha sido puesto en ejecución. Así, si al momento del cumplimiento esta causa ha desaparecido, por sobrevenir circunstancias extraordinarias e imprevisibles, es que el contrato se verá carente de causa y por ende nulo. La gran debilidad de esta postura radica en que, como ha puesto de manifiesto César Parada en una ponencia en el Colegio de Abogados en 1994, “no puede aceptarse la teoría de que un contrato que nazca como válido se transforme con el transcurso del tiempo en nulo”.

También hay quienes han explicado la teoría de la imprevisión sobre la base del

concepto de contrato conmutativo, que aparece violentamente destruido con sucesos extraordinarios e imprevistos e imprevisibles. Pablo Rodríguez elabora en su libro la siguiente explicación: La obligación no es un imperativo de realizar una prestación sino que impone un deber de realizar una conducta típica, con una determinada y precisa exigencia de diligencia (articulo 1547) más allá de la cual esta no cubre el imperativo, dificultado por sucesos imprevistos.

Otros explican la teoría de la imprevisión invocando la doctrina del abuso del

derecho. Sin embargo, el problema es que, al menos en la doctrina nacional, la doctrina del abuso del derecho se ha explicado no tanto en el contexto de la funcionalidad de los derechos como en

las normas sobre responsabilidad extracontractual. Luego, desde esa perspectiva, pareciera fuera de lugar explicar en la responsabilidad extracontractual un tópico esencialmente contractual como es el de la teoría de la imprevisión.

Nos parece que la teoría de la imprevisión en Chile más bien debería sustentarse en aplicar el principio que inspira el articulo 1558 (de excluir los perjuicios

imprevistos o imprevisibles, salvo dolo). Si un incumplimiento no es doloso sino que "explicable" por la excesiva onerosidad sobreviniente, esos perjuicios imprevistos e imprevisibles provocados por un cambio imprevisto e imprevisible de las condiciones de hecho no debieran ser indemnizados. Por otra parte, en los contratos en que el deudor responde de culpa leve (1547), frente a un imprevisto cambio de circunstancias que haga excesivamente oneroso el cumplimiento, el afectado podría demandar judicialmente se declare su no exigibilidad de cumplir sin arriesgarse a ser condenado a indemnizar toda vez que cumplir, en las nuevas condiciones, sería exigirle un grado de diligencia mayor que aquel al que está obligado, esto es, el de un simple buen padre de familia.

También nos parece aceptaba la explicación de la teoría de la imprevisión sobre la

base de que los contratos deben ejecutarse de buena fe (articulo 1546). En general se señala que la teoría de la imprevisión supone la existencia de un contrato conmutativo de tracto sucesivo o de ejecución diferida. Sin embargo, en Argentina el articulo 1198 del C Civil permite accionar la resolución del contrato por excesiva onerosidad sobreviniente también en los contratos aleatorios “cuando la excesiva onerosidad se produzca por causas extrañas al riesgo propio de contrato”, dado que -agrega- "los contratos deben celebrarse, interpretarse y ejecutarse de buena fe y de acuerdo con lo que verosímilmente las partes entendieron o pudieron entender, obrando con cuidado y previsión". A igual conclusión llega el articulo 1441 del reciente y moderno Código Peruano de 1984, agregando que tambiçen procede en los contratos de ejecución inmediata cuando la prestación a cargo de las partes ha sido diferida por causas no imputables a ellas . El C.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 14 Civil italiano de 1942 (articulo

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Civil italiano de 1942 (articulo 1467) contiene una solución similar. Siempre puede sin embargo el demandado enervar la acción ofreciendo modificar equitativamente el contrato.

En el comercio internacional se suelen utilizar cláusulas de readaptación destinadas a poder enfrentar adecuadamente un cambio de circunstancias. Entre ellas está la cláusula government take clause introducidas por las grandes empresas distribuidoras de petróleo, y que les permite trasladar a los compradores del crudo los aumentos de precio impuestos por los países productores; la cláusula First refusal clause, o cláusula de alineamiento sobre las ofertas de la competencia, por la cual el vendedor se compromete a bajar el precio del suministro si bajan los precios practicados por sus competidores en el mercado; la cláusula del cliente más favorecido, por la cual el proveedor promete a su comprador proporcionarle los mismos beneficios que pudiere, en el futuro, acordarle a otros clientes. Pero la más aplicada es a cláusula hardship que permite a cualquiera de las partes exigir una adaptación del contrato si se produce un cambio de circunstancias que las llevaron a vincularse, de modo que este cambio le ocasione a ellas un rigor ("hardship") injusto.

1.3.- El principio del efecto relativo de los contratos. El contrato por regla general sólo produce efectos entre las partes y no beneficia ni perjudica a terceros. La ley del contrato lo es sólo para las partes y no para los terceros. Partes en un contrato son aquellas personas que personalmente o representadas concurren a la formación del acto. Los herederos, continuadores de la persona jurídica del causante son considerados terceros relativos. Generalmente sucederán a sus causahabientes en todas las obligaciones y derechos transmisibles, de ahí que no se descarte que los efectos de los contratos los tengan (a un momento dado – a la muerte del causante-) como parte de la convención. Aunque puede ocurrir que los herederos no adquieran los derechos y obligaciones que del contrato surgieron para su causante-parte. Ello puede ocurrir por varios motivos, como que el derecho u obligación era intuito personae, o lo era el contrato, o en el contrato se estipuló la intransmisibilidad (como en la sociedad), o el heredero aceptó limitadamente (con beneficio de inventario), ... Fuera de los terceros relativos están los terceros absolutos que son aquellos que fuera de no participar en el contrato ni en forma personal ni representados, no están ligados jurídicamente con las partes por vínculo alguno. Los causahabientes a titulo singular (legatarios, compradores, donatarios, mutuarios) se ven afectados por un acto del que no han sido parte sino sus autores, y que han generado derechos reales (artículos 792 o 2033).

Excepciones a este principio. a.- La estipulación a favor de otro

Constituye una excepción a la relatividad de los efectos del contrato en la medida en que se admita la doctrina que la explica como la creación directa de un derecho en favor de un tercero. La estipulación en favor de otro, repudiada por el derecho romano y difundida por el derecho alemán (articulo 328 del BGB, C Civil alemán), ha sido consagrada en nuestro Código en el

articulo 1449. Cualquiera puede estipular a favor de una tercera persona, aunque no tenga derecho para representarla, pero sólo esta tercera persona podrá demandar lo estipulado y mientras no intervenga su aceptación expresa o tácita es revocable el contrato por la sola voluntad de las partes que concurrieron a él. Ejemplos prácticos son el seguro, el contrato de transporte, los contratos de donación con carga en beneficio de un tercero, .. Una primera teoría explica esta institución como una oferta que hace al beneficiario el

estipulante,

titular

de

un

crédito

adquirido frente

al tercero.

En

un

segundo

acto,

el

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 15 beneficiario acepta la oferta de

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beneficiario acepta la oferta de cesión. Es decir, el crédito alcanza a ingresar al patrimonio del estipulante. Esta explicación tiene pues el inconveniente de que el crédito puede ser embargado en el patrimonio del estipulante. Además, si el estipulante falleciera antes de la aceptación del beneficiario, se habría producido una circunstancia de caducidad de la oferta.

Una segunda teoría explica la estipulación en favor de otro como una agencia oficiosa operada por el estipulante. La debilidad de esta explicación radica en que e la agencia oficiosa en agente actúa en representación del interesado, en tanto que en la estipulación en favor de otro el estipulante actúa a nombre propio. Además, dos características de la agencia oficiosa no s encuentran en la estipulación en favor de otro. a)El interesado en la agencia oficiosa debe cumplir las obligaciones contraídas por el agente si éste ha administrado bien el negocio (articulo 2290); esto no ocurre en la estipulación en favor de otro, pues el tercero, aunque el negocio haya sido bien administrado, pude rechazar la estipulación; b) El agente oficioso después de iniciada la gestión está obligado a proseguirla; en cambio el estipulante puede revocar la estipulación de común acuerdo con el promitente, mientras no acepte el tercero. Una tercera teoría explica esta institución como una declaración unilateral de voluntad generadora de obligaciones. Esto no tiene sin embargo cabida en nuestro derecho, pues nuestro Código Civil habla de un contrato entre estipulante y prometiente. Una última teoría explica esta institución simplemente como una derogación del principio del efecto relativo de los contratos. Un caso de adquisición directa de un derecho por una persona que no ha sido contratante. El derecho del beneficiario no emana de la aceptación sino del contrato. La aceptación es sólo un presupuesto para la exigibilidad del derecho. El estipulante y el prometiente son las partes del contrato. El estipulante puede demandar la resolución si el prometiente no cumple; no puede demandar nada para sí porque no es acreedor (salvo en virtud de una clausula penal), pero sí podría demandar para (en favor) del beneficiario. Prometiente y beneficiario, aunque no han pactado, se hallan en relación de deudor-acreedor. Pero el beneficiario, pese a ser acreedor en virtud de la estipulación, no puede ejercer ese derecho sino desde la aceptación. El beneficiario no podría en cambio ejercer acción resolutoria, pues no es parte contratante. Si el beneficiario muere después de la estipulación pero antes de aceptar, transmite a sus herederos el derecho de aceptar. Entre estipulante y beneficiario no hay relación jurídica alguna, si bien muchas veces están en la vida real muy íntimamente relacionados.

b.- La promesa de hecho ajeno.- Esta institución está contemplada en el articulo 1450 del Código Civil. "Siempre que uno de los contratantes se compromete a que por una tercera persona, de quien no es legítimo representante, ha de darse, hacerse o no hacerse alguna cosa, esta tercera persona no contraerá obligación alguna sino en virtud de su ratificación; y si ella no ratifica, el otro contratante tendrá acción de perjuicios en contra del que hizo la promesa". No es que una persona se obligue por un tercero. Lo que el deudor promete es un hecho (obligación de hacer) propio:lograr que otro consienta en dar, hacer o no hacer. La obligación de hacer del promitente consiste en lograr que el tercero ratifique. Si fracasa, el tercero no quedará obligado y el promitente deberá indemnizar (indemnización contractual). En el fondo el promitente es un agente oficioso.

Se habla de efecto expansivo o absoluto de los contratos cuando un contrato puede ser invocado por un tercero en su favor u opuesto a un tercero en su detrimento. Así por ejemplo, la víctima de un accidente del transito puede accionar directamente contra la Compañía de Seguros en sede contractual, aunque no haya sido parte del contrato.

Un tercero puede oponer un contrato a las partes. Así, la víctima de un accidente del tránsito

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 16 puede accionar contra el garaje

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puede accionar contra el garaje que no arregló bien el vehículo, no obstante la víctima no haber contratado con el garaje. A la inversa, un contrato puede ser opuesto por las partes a un tercero. Así, la jurisprudencia francesa ha acogido demandas indemnizatorias del promitente comprador en contra del comprador que incitó al vendedor a no respetar el contrato de promesa. Nuestra jurisprudencia ha considerado que una persona que ocupa un inmueble como promitente comprador o como arrendatario tiene derecho de oponer esos contratos al tercero que con posterioridad adquirió el inmueble y que ejerce la acción de precario.

c.- La inoponibilidad En relación al principio de la fuerza obligatoria de los contratos hay que considerar el tema de la inoponibilidad. Una clásica definición de Daniel Bastian la define como la ineficacia respecto de terceros de un derecho nacido como consecuencia de la celebración o de la nulidad de un acto jurídico. La inoponibilidad puede provenir de varios motivos:

  • a) Incumplimiento de formalidades de publicidad (artículos 1707, 1902, 2114, 2513)

  • b) Por falta de fecha cierta (articulo 1703)

  • c) Por falta de consentimiento (articulo 1815, 1916 inciso 2o, 2390, 2160, 2136)

  • d) Inoponibilidad de una nulidad (artículos 1895, 2058, 122) o de una resolución (artículos

1490 y 1491) o de la rescisión, resolución o revocación de las donaciones (articulo 1432).

  • e) Inoponibilidad de actos simulados.

La simulación no está tratada en forma sistemática en nuestro Código. La doctrina nacional la sistematizado básicamente sobre la base de la magna obra de Ferrara sobre "La simulación en los negocios jurídicos". Su clásica definición la describe como la manifestación de un contenido de voluntad no real, emitido conscientemente y de acuerdo entre las partes o entre el declarante y la persona a la que va dirigida la voluntad, con el objeto de producir con fines de engaño la apariencia de un acto jurídico que no existe o bien que es distinto de aquel que realmente se ha llevado a cabo. La simulación lícita la contempla nuestra legislación en varios casos. Así, en las asociaciones o cuentas en participación, en el mandato sin representación, se oculta a terceros la verdadera connotación del acto. La simulación es ilícita cuando tiene por objeto burlar derechos de terceros. En la simulación absoluta, el acto ostensible no oculta realidad alguna. Como el deudor que vende y transfiere sin la menor intención de hacer ambas cosas, con el objeto de eludir a los acreedores. En la simulación relativa, las partes celebran un acto jurídico real, pero lo disimulan bajo una apariencia distinta sea en la naturaleza de las cláusulas (ejemplo, se dice haberse recibido el precio y en el hecho no fue así) , sea alterando la naturaleza del acto celebrado (se aparenta una compraventa para eludir pago de impuesto en el contrato que en realidad se quiso celebrar: un mutuo). En la simulación por interposición de persona, el acto aparente es real pero con otros sujetos que los reales. (artículos 966, 1796, 2144).

En Chile no se discute que entre las partes prevalece el acto real y oculto por obre el falso y ostensible. Cualquiera de las partes puede pedir (mediante el ejercicio de la acción de simulación) que el Tribunal reste eficacia al acto ostensible y dé valor al oculto. Así se desprende de interpretar a contrario sensu el articulo 1707. La acción de simulación es una acción declarativa y requiere que junto a ella se ejerza la de nulidad o inexistencia del acto ostensible, o bien otras acciones específicas (por ejemplo, de aumento del precio del acto ostensible al precio realmente convenido). Respecto de terceros relativos, contra ellos les es inoponible el acto secreto u oculto. Pero si lo prueban, podrían prevalecerse de él. Si un tercero quiere prevalecerse del acto aparente y otro tercero quiere desconocerle valor, se produce entonces un conflicto entre los terceros. Hay en este cso una laguna legal. Pero aplicando analógicamente el principio del articulo 1817 del Código Civil se concluye, al menos, que debe preferirse la posición del tercero que es poseedor.

2.- El principio de igualdad Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 17

2.- El principio de igualdad

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La noción unitaria de persona es una muestra de ello (art.55). Se consagra la igualdad entre chilenos y extranjeros. A. Bello fue realmente innovador en este punto. Este principio lo vemos consagrado en el art.57. Cuando se dicta el Código casi todos los países hacían distinción entre nacionales y extranjeros, nuestro código establece el principio general de la igualdad. En materia patrimonial los contratantes se encuentran casi siempre (salvedad hecha en los contratos de adhesión) en igualdad de condiciones para discutir el contenido del contrato.

3.- El principio de la buena fe

Nuestro Código civil es ejemplarizador al proteger la buena fe de los contratantes y al sancionar o castigar duramente la mala fe. Más de 40 disposiciones, nos dice don Carlos Ducci, de nuestro código se refieren a la buena y a la mala fe. a comienza el Código señalando en su título preliminar lo que se entiende por dolo “la intención positiva de inferior injuria a la persona o propiedad de otro.” La mala fe aquí esta asociada a una intención positiva, aunque a veces se actúa de mala fe a través de una actitud meramente culpable (sin intención) o sin mediar actitud alguna, es decir sin hacer nada u omitiendo una información esencial, como es el caso de la reticencia dolosiva. El respeto de la buena fe se encuentra en todas las regulaciones de la vida civil que contiene el Código, y en materia contractual, en todo el iter contractual, tanto en la etapa anterior a la conclusión del contratos, en el tratamiento de los vicios de que puede adolecer la voluntad de los contratantes, en la etapa en la ejecución de los contratos (los contratos deben ejecutarse de buena fe); en la etapa de crisis del contrato en donde éste debe de interpretarse, en la etapa posterior a la completa ejecución del mismo, en donde muchas veces las partes deben respetar cláusulas de exclusividad que se basan en la buena fe en el uso de las informaciones obtenidas o de los medios empleados para la realización efectiva de los fines del contrato. En general podemos decir que existe una presunción general de buena fe en todo el ámbito del derecho privado, es la mala fe la que no se presume y por lo tanto debe de probarse en cada oportunidad. Este principio de la buena fe contractual es inspirador a su vez de otros principios o doctrinas, como la de la imprevisión, la doctrina de los actos propios (venire contra factum proprium non valet) o la de el error común (articulo 1013, 1576 inc.2o). La buena fe subjetiva es la creencia, por efecto de un error excusable, tiene la persona de que su conducta no atenta contra el derecho. Tiene aplicación en varias normas (artículos 122, 706 inciso 1o, 1842, 1859, 2300). La buena fe objetiva es la que consagra el articulo 1546, consiste en la conducción correcta o leal en el contexto de las relaciones contractuales. Se trata de un estandar legal que tiene un valor normativo flexible que queda entregado primordialmente al criterio del juez. La exigencia de la buena fe puede proyectarse ya en el ámbito de los tratos preliminares, en el de la celebración del contrato o en el ámbito del cumplimiento del contrato. A propósito de la celebración y del cumplimiento en la legislación comparada hay varias situaciones interesantes. Por ejemplo, la facultad del juez de rechazar una demanda resolutoria por incumplimiento insignificante o por algún incumplimiento cuando la buena fe permitiría hablar de una causal de inexigibilidad. En el ámbito post-contratual tambien se manifiesta la buena fe objetiva.Así, se ha sostenido en jurisprudencia extranjera que concluido un arriendo de oficinas, el ex-arrendatario tiene derecho a que el ex arrendador informe a quienes concurren, acerca de la oficina a donde se trasladó el ex arrendatario.

4.- Enriquecimiento sin causa

Regularmente se habla de enriquecimiento sin causa como una infracción a un orden que es

causal en materia de obligaciones, se trata de que toda obligación, todo acto jurídico más

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 18 generalmente hablando, debe de tener

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 18 generalmente hablando, debe de tener

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generalmente hablando, debe de tener una causa, en términos amplios, una razón de ser o de deber ser, lo que en derecho anglosajón se denomina consideration. Así todo aquello que enriquezca o aumente el patrimonio de una persona debe de situarse en una relación causal con la disminución o el empobrecimiento patrimonial del otro, esta relación es además correlativa, aunque no necesariamente de equivalencia. Como el Código civil es el código de derecho privado común este principio se encuentra en numerosas disposiciones de su texto, en la accesión (arts. 658 y ss.), en las prestaciones mutuas (905 al 917), en la nulidad de los acto de un incapaz o en la nulidad del pago (1688 y 1578), en la lesión enorme dentro de la compraventa (1889 y ss.) entre otras, pero es en materia contractual en que ella tiene su máximo esplendor, pues cuando por el contrato una parte se enriquece injustamente es porque en él ha fallado uno de los principales elementos de justicia perseguidos: la causa o interés legítimo de beneficiarse de él. Todo aquello que es recibido sin causa o inmotivado no se entiende que es donado, debe por lo tanto ser restituido: “el que da lo que no debe no se entiende que lo dona”, así la víctima tiene acciones para reclamar su restitución (actio in rem verso).

5.- La responsabilidad

Más que un principio de derecho privado es un principio de derecho, del ordenamiento jurídico. La responsabilidad es un principio transversal del derecho, que abarca temas de derecho público (la responsabilidad de los agentes del Estado, se habla de responsabilidad política y administrativa), la responsabilidad de los jueces por sus conductas ministeriales (se habla de responsabilidad ministerial o funcionaria), en el ámbito del derecho privado, de responsabilidad civil y penal, distinción ésta última que se recoge con claridad a partir del Código de Napoleón. Hoy la diferencia entre la responsabilidad penal que acarrea la comisión de un delito y la responsabilidad civil que consiste en la reparación de un perjuicio o de un daño ilícitamente causando se encuentra claramente establecida en nuestro ordenamiento jurídico. En materia civil el Código la distingue en dos áreas fundamentales: La responsabilidad contractual, es decir, la que incurren aquellas personas que han incumplido una obligación derivada de un contrato y; la responsabilidad extracontractual, aquella en la que incurren aquellos que dolosa o culposamente han cometido un hecho ilícito civil que causa daño a un tercero. Los partidarios de la unicidad de la responsabilidad dicen que en ambos casos hay incumplimiento de una obligación, dentro de la primera es la obligación contractual la que se incumple, mientras que dentro de la segunda es la obligación genérica de no causar daño injusto a otro la que se encuentra violada. Dentro de ésta última se suele incluir la responsabilidad precontractual que es aquella que se produce precisamente antes que nazca el vínculo contractual personal, es decir en el período de negociación del contrato. Se la incluye dentro de la responsabilidad extracontractual pues no hay aún contrato, sin embargo no se trata de la violación dolosa o culposa de la obligación genérica de no causar daño a otro, hay aquí la infracción específica de deberes morales o precontractuales que han sido incumplidas, nos referimos a los deberes de lealtad, buena fe, fidelidad, de información, etc. A falta de responsabilidad extracontractual y de responsabilidad precontractual se le aplican a las situaciones dañosas producidas en la etapa de la negociación del contrato, las reglas de la responsabilidad contractual, que es la regla general. En materia de responsabilidad no podemos dejar de asociar ésta al derecho de prenda general de los acreedores (art.2465) por cuya virtud “toda obligación personal da al acreedor el derecho de perseguir su ejecución sobre todos los bienes raíces o muebles del deudor, sean presentes o futuros, exceptuándose solamente los no embargables.” Sin esta institución el derecho de los daños o de la responsabilidad sería letra muerta.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 19 C) CLASIFICACIONES DE LOS CONTRATOS

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 19 C) CLASIFICACIONES DE LOS CONTRATOS

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C) CLASIFICACIONES DE LOS CONTRATOS

Siguiendo en un primer momento las clasificaciones legales y luego las doctrinales tenemos.

a.- CLASIFICACIONES LEGALES.

1) Contratos unilaterales y bilaterales (Art1439) Todo contrato es una convención, es decir, un acto jurídico bilateral, que requiere para su formación del consentimiento de dos o más partes. El contrato es unilateral o bilateral según que imponga obligaciones sólo a una de las partes o a ambas. Tal clasificación tiene enorme importancia pues hay una serie de problemáticas que sólo se

plantean a propósito de los contratos bilaterales. Tal sería la teoría de los riesgos, la teoría de la imprevisión (y sus derivados, es decir, la teoría de la revisión o de la resolución por excesiva onerosidad sobreviniente), la resolución por incumplimiento de obligaciones, la excepción del contrato no cumplido ("la mora purga la mora"), la cesión del contrato. Se denomina contratos sinalagmáticos imperfectos a aquellos contratos unilaterales que después de perfeccionados, generan obligaciones para aquella parte que originalmente aparecía dispensada de toda obligación. Así, el depósito, el comodato, el mutuo, (art.2235, ...

  • 2191 y 2192, 2203). Las nuevas obligaciones sin embargo no emanan del contrato sino de la

ley. De ahi que el contrato no deje de ser unilateral.

Hay una categoría contractual cercana al del contrato bilateral que es el contrato plurilateral o asociativo. El articulo 1420 del Código italiano los define como aquellos con dos o más partes, en los que las prestaciones de cada una de ellas van dirigidas a la consecusión de un fin común. Es lo que ocurre entre nosotros con el contrato de sociedad (articulo 2053 del C Civil y 349 del Código de Comercio). En la doctrina comparada que ha desarrollado la idea del contrato plurilateral se distinguen algunos caracteres especiales. Desde luego,el vicio del consentimiento que pudiere afectar a alguno de los contratantes no afectará, por regla general, a la validez del contrato en su totalidad. En segundo lugar, los contratos plurilaterales admiten la incorporación o salida de algunas partes. En tercer lugar, los contratos plurilaterales tienen vocación de permanencia en el tiempo, a diferencia de los contratos bilaterales, que normalmente se extinguen al paso de haber nacido.

2) Contratos gratuitos y contratos onerosos (art.1440) El contrato oneroso es aquel del que ambas partes reportan beneficio y contrato gratuito es aquel del que sólo una de las partes obtiene un beneficio. Esta clasificación de los contratos no dice relación con las partes que resultan obligadas sino con las partes que resultan beneficiadas. No todo contrato unilateral es gratuito y no todo contrato bilateral es oneroso. Unilateral oneroso es el mutuo de dinero (articulo 12 de la ley 18.010), el deposito en que se faculta al depositario para usar de la cosa en su provecho (articulos 2220 y 2222 Nº2), el comodato celebrado en utilidad de ambas partes (articulo 2179), la prenda, fianza o hipoteca en que el tercero que contrata con el acreedor reporta una utilidad del acreedor. En cuanto a contratos bilaterales gratuitos, se podría citar el mandato no remunerado y la donación con cargas (o "con causa onerosa" como le llama nuestro Código).

¿Qué importancia tiene la clasificación de los contratos entre gratuitos y onerosos?

Desde luego por la gradación de la culpa contractual (articulo 1547 inciso 1º). En segundo lugar, en los contratos onerosos se reglamenta la obligación de sanear la evicción (articulos

  • 1838 y s.s., 1928 y s., 2085).

Por regla general los contratos onerosos no son intuito personae (salvo excepciones, como la

transacción -articulo 2456-; en tanto que los contratos gratuitos son por regla general intuito

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personae. Tiene importancia también la clasificación desde el punto de vista de los presupuestos para el ejercicio de la acción pauliana (articulo 2468), para analizar cuando el adquirente de una cosa arrendada está obligado a respetar el arriendo (articulo 1962), para la procedencia de la reivindicación en el pago de lo no debido (articulo 2303).

En materia de gradación de la culpa se refleja claramente la importancia de distinguir entre contratos gratuito y oneroso. Art. 44 define la Culpa estableciendo una infracción estándar de cuidado y diligencia. En los contratos la culpa ayuda a determinar el grado de responsabilidad por el que se debe responder el deudor: Se distingue entonces entre culpa grave, leve y levísima. Si ahora recurrimos al art.1547, sobre el efecto de las obligaciones, vemos que aparece otra vez la distinción entre estos contratos. En el contrato oneroso que supone un estándar de cuidado similar a la culpa leve, responde de esta culpa en el fondo por que este tipo de contratos se celebran en beneficio recíproco de ambos contratantes. Por ej., en la compraventa. En el contrato gratuito, en cambio el deudor, como consecuencia de que él no recibe beneficio que sólo se beneficia el acreedor, responde sólo de culpa grave. Por ej. En el contrato de depósito, en donde al depositario se le pide únicamente un cuidado mínimo ya que como contrapartida no recibe beneficio alguno.

Finalmente cuando hay sólo beneficio para el deudor éste responde de la culpa levísima. Por ej. en el mutuo, en donde el único beneficiado es quien recibe la cosa para su uso, por lo mismo se le pide (para después poder restituirla) que tenga un nivel de exigencia mayor. En conclusión para determinar los grados de culpa hay que analizar la estructura del contrato.

Las partes, eso sí, pueden alterar sus grados de culpa o de responsabilidad en el contrato ya que estas normas son dispositivas.

Un ej. lo encontramos en el art.2219 que habla del depósito calificándolo de gratuito, pero si

estipula remuneración esto cambia, debiendo asumir culpa leve.

3.- Contratos conmutativos o aleatorios (Art.1441). Critica:

Esta norma supone injustificadamente que los contratos onerosos son siempre bilaterales, en circunstancias de que un contrato oneroso pude ser, como hemos visto, unilateral. Además, excluye de los contratos conmutativos a aquellos que engendran obligaciones de no hacer. Más bien se podría decir que el contrato conmutativo es aquel en que las partes pueden, en los tratos preliminares y al momento de la conclusión del contrato, apreciar o valorar los resultados económicos que el contrato le ocasionará. Únicamente en los contratos conmutativos, las partes están en condiciones de pronosticar si el contrato les reportará utilidad o no, cómo, en cuanto y por qué. En el contrato aleatorio ningún cálculo es posible. El destino del contrato queda enteramente supeditado al azar, la suerte, a la total incertidumbre. Cuando se celebra un contrato bajo una condición, hay incertidumbre acerca de la existencia del contrato, pero en modo alguno acerca de los efectos económicos del contrato, si llega a existir. En tanto que en el contrato aleatorio hay total certidumbre acerca de la existencia del contrato; pero hay incertidumbre acerca de los efectos económicos del contrato. La mayoría de los contratos onerosos son conmutativos. Nuestro Código califica de aleatorios el seguro, la renta vitalicia, el censo vitalicio, el juego o la apuesta. El seguro es aleatorio desde el punto de vista del asegurado pero no lo es desde la perspectiva del asegurador. En el caso de la compraventa de cosas que no existen pero se espera que existan, el contrato puede ser conmutativo-condicional o aleatorio-puro y simple, según las circunstancias (articulo 1813).

Esta clasificación de los contratos tiene importancia desde la perspectiva de la lesión enorme y de la teoría de la imprevisión.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 21 4.- Contratos principales y accesorios

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 21 4.- Contratos principales y accesorios

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4.- Contratos principales y accesorios (art.1442) Contratos principales son los autónomos, que se bastan a sí mismos, y accesorios los que presuponen otra obligación. Las cauciones son obligaciones de garantía. No necesariamente presuponen un contrato de garantía. El contrato de garantía no sólo es dependiente de una obligación principal, sino que además tiene por objeto garantizar esa obligación principal. Un contrato que depende de otro pero que no tiene un objeto de garantía es un contrato "dependiente" (como las capitulaciones matrimoniales). La importancia de esta clasificación radica en el principio de que lo accesorio sigue la suerte de lo principal (articulos 2381 Nº3, 2434, 2516)

5.- Contratos consensuales, reales y solemnes (Art.1443) Según que requiera para su perfeccionamiento del sólo consentimiento, o de la entrega o tradición de una cosa o del cumplimiento de cierta formalidades exigidas en consideración a la naturaleza del acto. Pero el consentimiento es siempre necesario. En nuestro Código, inspirado en el consensualismo, los contratos consensuales son la regla general. Esto significa, por ejemplo, que las solemnidades, al ser excepcionales, hay que interpretarlas restrictivamente. Pero muchos contratos consensuales, sin dejar de serlos, deben cumplir de hecho con muchas formas (de publicidad, habilitantes, de prueba). En los contratos reales, quien entrega la cosa perfeccionando el contrato, se transforma en acreedor de la obligación restitutoria.

b.- CLASIFICACIONES DOCTRINARIAS

Siguiendo entonces la forma como Jorge López Santa María divide es estudio de los contratos, conentrémonos a partir de ahora en las clásificaciones que ha efectuado la doctrina.

6.- Contratos nominados o innominados Contratos nominados o "típicos" son los que la ley ha reglamentado, en forma expresa; innominados o atípicos aquellos que la ley no ha reglamentado en esta forma. Si uno analiza de cerca las expresiones “típico” e “innominado” no tienen ninguna relación de sinonimia, jurídicamente hablando típico es algo que obedece a un tipo determinado, que responde a cada una de sus características, mientras innominado es algo que no tiene nombre. Por lo mismo, no todos los contratos nóminados son típicos ni todos los contratos atípicos son innominados. Existe un sinnúmero de contratos que son nóminados pero no por ello son típicos, por ejemplo cuando contratamos un camión de mudanza celebramos un contrato de mudanza pero éste no está regulado, lo mismo cuando contratamos a un jardinero, contratamos un “mantenimiento de jardines” o de “talaje” de árboles sin que en parte alguna se encuentre regulado, los escomrbos que mantenemos en nuestra propiedad después de una remodelación los hacemos extraer por una empresa que nos extiende un contrato de retiro de escombros que es nominado pero no típico. La existencia de los contratos atípicos nace del principio de la libertad contractual y no tiene más limitación que el cumplimiento de los requisitos generales de todo acto jurídico y en particular los relativos al objeto lícito y a la causa lícita. Cuando las partes no han previsto en el contrato atípico una determinada situación y debe recurrirse a las disposiciones supletorias de la ley, han de aplicarse las normas del contrato típico más parecido, ¿quiere decir esto que los contratos atípicos o innominados para seguir con la distinción criticada no son ley para las partes? Claro que no. Los contratos atípicos son ley para las partes lo que sucede es que los términos de ese contrato no son suplidos, salvo calificación en contrario, por ninguna reglamentación determinada a priori.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 22 7.-Contratos de ejecución instantánea y

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 22 7.-Contratos de ejecución instantánea y

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7.-Contratos de ejecución instantánea y de tracto sucesivo.- Para recordarnos de estos contratos podemos cambiarle el nombre y llamarlos contratos de cumplimiento instantáneo, de cumplimiento diferido o de cumplimiento constante o escalonado en el tiempo. Contratos de ejecución instantánea son aquellos en que las obligaciones nacen y se sumplen apenas se celebra el contrato que las genera. Podemos decir que el contrato nace y se extingue apenas celebrado, como sucede cuando compramos un café de contado. Si el cumplimiento queda diferido en el tiempo, estamos frente al contrato de ejecución diferida (ejemplo, compraventa a plazo). Contratos de tracto sucesivo son aquellos en que el nacimiento de las obligaciones, del mismo modo que su cumplimiento, se prolonga en el tiempo (ejemplo:arrendamiento, contrato de trabajo, contrato de suministro)

Importancia

En los contratos de ejecución instantánea, sea de cumplimiento instantáneo o diferido, la nulidad y la resolución operan retroactivamente. En cambio, en los contratos de tracto sucesivo, la nulidad o la terminación operan sólo hacia futuro. La distinción de los contratos de ejecución instantánea tiene interés también en relación a la teoría de los riesgos (art.1550, 1820 y 1950), a la caducidad del plazo (legal y convencional -"cláusulas de aceleración", como la prevista por el articulo 19 de la ley 4.702), a la teoría de la imprevisión y .

8) Contratos individuales y contratos colectivos.- Contrato individual es aquel para cuyo nacimiento o formación es indispensable la manifestación de voluntad de todas las personas que resultan jurídicamente vinculadas. El contrato colectivo es aquel que obliga a personas que no concurrieron a celebrarlo, que no consintieron o que incuso disintieron. El contrato colectivo es, pues, una excepción al principio de la relatividad de los efectos de los contratos. Historicamente ha sido lo caracteristico de los contratos a que se llega como consecuencia de una negociación colectiva. También se presenta en la ley de quiebras (articulos 180 y 191 de la ley Nº 18.175) y en el articulo 58 Nº 6 de la ley Nº 6.071.

9) Contratos de adhesión y de libre discusión.- El contrato de libre discusión o de gré à gré es aquel en que las partes han deliberado en

cuanto a su contenido, examinando y ventilando discuten en un plano de igualdad y libertad.

El contrato de adhesión, en cambio,

es

aquel

en

las cláusulas del contrato. Las partes

que

una

de

las

partes ha dictado

o

redactado las cláusulas y la otra parte se ha limitado a aceptar, adhiriendo en bloque a

dichas cláusulas.

En el contrato de adhesión hay ciertas características típicas. Se trata de contratos con un destinatario general, de caracter permanente y muy minuciosos, casos de ellos vemos en los contratos de transporte o de seguros. Lo característico, sin embargo. del contrato de adhesión es el desequilibrio en el poder negociador de ambas partes.

En doctrina cláisica hay quienes han discutido que los contratos de adhesión sean tales (Saleilles, Duguit, Hauriou). Estos autores plantean más bien que que se trata de actos jurídicos unilaterales cuyos efectos, una vez verificada la adhesión por el tercero, se determinan según la sóla voluntad del oferente. Otros estiman, en cambio, que son contratos porque, aunque poco libre a veces, el consentimiento existe (Ripert, Demogue, Josserad, Colin y Capitant), en términos que el contratante es libre de contratar o no.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 23 Por otra parte, resulta interesante

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 23 Por otra parte, resulta interesante

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Por otra parte, resulta interesante destacar que la adhesión supone un desequilibrio en la fuerza negociadora de las partes. Ahora bien, esa situación puede ser distinta en la etapa de la formación del consentimiento a lo que ocurre en la etapa de cumplimiento del contrato. En la etapa de cumplimiento del contrato la parte débil suele transformarse en más poderosa. Nuestra jurisprudencia, aunque excepcionalmente, ha hecho aplicación de la doctrina del contrato de adhesión, restando valor a ciertas cláusulas en que aparece de manifiesto la falta de libertad al aceptarlas por una de las partes. Tales cláusulas no serían contractuales sino verdaderos actos jurídicos unilaterales insertos en un contrato.

Hay dos reglas tradicionales de interpretación especiales del contrato de adhesión que se pueden enunciar del siguiente modo:

a.- la regla de la interpretación en contra del redactor (articulo 1566 inciso 2º) y b.- la regla de la preferencia de la cláusula manuscrita por sobre la cláusula impresa (que se desprende del articulo 1560).

Los inconvenientes de la adhesión han ido siendo paliados mediante diversos mecanismos. Desde luego, la regulación de ciertas cláusulas en los contratos de adhesión ("contrato dirigido"). Otro mecanismo que se suele aplicar es la necesidad de la aprobación previa por la autoridad de los modelos de ciertos contratos (ejemplo:articulos 62 y 63 de la ley No 18.302, que reglamentan los contratos de seguros contra riesgos por energía nuclear). La protección contra las cláusulas abusivas en este tipo de contratos (ley de protección al consumidor) es también un buen remedio para temperar los efectos perversos de la ausiencia de libertad en la discución del contenido del contrato.

10.- Contratos preparatorios y definitivos. Contrato preparatorio o precontrato o avant contrat es aquel mediante el cual las partes estipulan la celebración de un contrato futuro. Generan por tanto, estos contratos, una obligación de hacer, que consisten precisamente en suscribir dentro de un plazo o verificada que sea una condición otro contrato futuro. Son de este tipo los contratos de promesa

(art.1554).

Contrato definitivo es aquel que se celebra en cumplimiento precisamente de la obligación contraída en el el contrato preparatorio.

c.- OTRAS CATEGORÍAS CONTRACTUALES.- Sigamos con el mismo plan de trabajo del profesor López Santa María.

11.- El contrato dirigido. Alessandri lo define como aquel “reglamentado y fiscalizado por los poderes públicos en su formación, ejecución y duración o aquel en que el poder público establece la fijación predeterminada y oficial de algunas de sus principales condiciones”. Podemos definirlo como aquellos contratos en los cuales, generalmente el poder público, interviene fijando imperativamente las cláusulas más relevantes a fin de cautelar los intereses de la parte más débil.

Muchas veces el legislador se ha encargado de establecer imperativa y normadamente el contenido de ciertos contratos. Así, el D.L. 600 sobre inversión extranjera, la ley No 18.010 sobre operaciones de credito de dinero, la ley 18.045 de mercado de valores. Otras veces esa reglamentación proviene ilegítimamente de normas dictadas por la autoridad administrativa, sin sustento legal. En ocasiones, también, ocurre que la autoridad "dirige" el contrato estableciendo la persona del contratante. Asi ocurría, por ejemplo, bajo la vigencia de la ley de arrendamiento de predios rústicos del año 1968, en la que se

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 24 establecía que si el arrendador

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establecía que si el arrendador del predio rústico decidía enajenarlo, debía ofrecerle la primera opción al arrendatario. Hoy dia, en virtud del articulo 10 del Código de Minería, el Estado tiene un derecho de compra preferente respecto de minerales en que haya presencia de torio y uranio. También se podría citar el articulo 25 de la ley No 18.046, que establece la primera opción para suscribir nuevas acciones, en favor de los accionistas de las Sociedades Anónimas.

12.- El contrato forzoso. Es aquel que el legislador obliga a ciertas y determinadas personas celebrar o da por celebrado. No hay que confundir aqui con lo recién visto en relación a los contratos preparatorios y definitivos, tampoco se trata de contratos que se celebran forzadamente por causa de circunstancias de hecho excepcionales (como el depósito necesario). El profesor López Santa María clasifica estos contratos forzosos en dos tipos: el contrato forzoso ortodoxo y el contrato forzoso heterodoxo. El contrato forzoso ortodoxo o puro tiene dos etapas. En una primera etapa existe una orden o mandato de la autoridad exigiendo contratar. En la segunda el contratante celebra el contrato libremente, en el sentido que puedeelegir su contratante y determinar el contenido de las cláusulas respectivas. Por ej. En el art.374 que se refiere a la obligación de rendir caución a los guardadores, o en el art.775 la misma obligación para el usufructuario), la del art.30 de la ley No 18.045 la obligación de rendir caución para los corredores de bolsa, o más cotidianamente, sobre todo en este mes de marzo de pago de permisos de circulación el del seguro obligatorio para los vehículos motorizados. En el contrato forzoso heterodoxo, en cambio, no hay libertad contractual alguna o autonomía de la voluntad ni de fondo ni de forma, pues el legislador elabora el contrato “de un sólo golpe” como dice López Santa María. En efecto, todo el contenido del contrato viene predeterminado por la autoridad. Pongamos el caso de la enajenación de empresas quebradas como unidades económicas, por el sólo ministerio de la ley, se entienden constituidas hipotecas en los inmuebles y prendas en los muebles, para garantizar las obligaciones del adquirente (articulo 129 de la ley

18.175).

13.- El contrato tipo.- El contrato tipo responde a la corriente jurídica denominada de standarización contractual, por ello se trata de acuerdos de voluntades en que las partes predisponen las cláusulas de futuros contratos o establecen lo que se denomina “condiciones generales de la contratación” que van a repetirse una y otra vez. Siguiendo al progfesor Leslie Tomassello podemos decir que son aquellos en que se estipulan las condiciones generales que deberán observar los contratos individuales ulteriores antes las partes, las cuales habrán de ser aceptadas por ellas a través de la elaboración de un modelo o standar, contenido en un formulario destinado a servir de base a los contratos que más adelante se concluyan. Podemos decir que tienen la ventaja de reducir la fase de negociación, pero presentan el gran inconveniente de que se prestan para la introducción de cláusulas abusivas, como renuncia a derechos, plazos de caducidad ("clausulas de aceleración"), renuncia a acciones, cláusulas de irresponsabilidad. Hay contratos tipo unilaterales (que en el fondo son además de adhesión) como las pólizas de seguros, los contratos de transporte aereo, y contratos tipo bilaterales (como los contratos individuales de trabajo luego de una negociación colectiva).

Manifestación de la contratación tipo es la estandarización de los términos de las

compraventas internacionales ( CIF, FOB, FAS,

...

)

Es importante destacar la diferencia entre

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 25 el contrato tipo y el

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 25 el contrato tipo y el

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el contrato tipo y el contrato de adhesión. El contrato tipo es normalmente el instrumento del que se vale el oferente en la contratación de adhesión.

Resulta interesante exponer aqui la reflexión del profesor Tomasello quien señala que entre el contrato de adhesión, el contrato dirigido y el contrato tipo hay muchas veces una relación secuencial. En efecto, ”los contratantes, ya sea individualmente o conjuntamente con el grupo económico de que forman parte, cuando están en condiciones de dictar a sus futuros clientes o contrapartes los términos del contrato, suele elaborar un contrato tipo que en el futuro será fuente de contratos singulares de adhesión, con los riesgos que una contratación de esta naturaleza encierra y que muchas veces mueve al poder público a intervenir para dirigir el contrato, dñandose el fenómeno del contrato dirigido ” ...

14.- El contrato-ley.-

Con el objeto de fomentar el desarrollo de determinadas actividades productivas o en general alcanzar ciertas metas económicas o sociales, muchas veces el Estado otorga por ley franquicias o regalías, en general estatutos jurídicos de excepción. Ahora bien, como el poder legislativo podría en cualquier momento por ley poner fin a estos estatutos jurídicos excepcionales, y eso genera una incertidumbre que conspira precisamente contra la confianza que se pretende lograr, se han ideado como figura jurídica nueva los contratos leyes. Podemos definirlos como aquel tipo de contrato mediante los cuales el Estado garantiza que hacia el futuro (aunque normalmente dentro de un espacio de tiempo limitado), no se alterarán esos estatutos jurídicos excepcionales otorgados como incentivo, regalía o franquicia a un momento dado. Ejemplos históricos el DFL Nº2, de 1959 de franquicias tributarias para viviendas económicas, o la invariabilidad del régimen tributario establecido en el artículo 7º del D.L. Nº

600.

Bajo la actual Constitución, se han dictado Contratos Leyes, como la ley Nº 18.392, de enero de 1985, que establece por 25 años un régimen de franquicias tributarias y aduaneras en

favor de empresas que se establezcan en la XIII Región o en la Antártica.

Lo anterior nos conduce al tema de la intangibilidad de los derechos personales emanados de los contratos. Durante mucho tiempo se ha discutido si en nuestro derecho sólo es concebible la propiedad sobre los derechos reales o también lo es sobre los derechos personales. Hoy, sobre la base del articulo 19 Nº 24 de la Constitución, se admite en general que también cabe concebir propiedad sobre derechos personales en el acreedor, por lo que sería inconstitucional una ley que los vulnerara sin previa indemnización. A pesar de lo claro del argumento anterior, la jurisprudencia no ha seguido una línea clara en cuanto a reconocerlos.

15) El Subcontrato.- Es aquel contrato nuevo derivado y dependiente de otro contrato de la misma naturaleza. Maria del Pilar Baeza lo define como “aquel contrato en virtud del cual una parte transfiere a otra, por vía de una sucesión constitutiva, derechos u obligaciones que han nacido para ella de una relación contractual previa, sin que esta última relación se extinga”. Se alude a una sucesión constitutiva, pues los derechos y obligaciones que integran el contrato derivado tieen como base el contrato original, en términos tales que la posición del contratante intermediario en el primero pasa a un tercero que es parte en el contrato derivado. Nuestro Código lo contempla a propósito del arrendamiento (articulos 1946, 1963, 1973 y articulo 5o de la ley Nº 18.101), del mandato (articulos 2135, 2136 y 2138), en el contrato de construcción por suma alzada (articulo 1003 Nº 5), en el contrato se sociedad (articulo 2088). También en el Código de Comercio (articulos 168, 261 a 267).

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 26 Últimamente este tema ha sido

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 26 Últimamente este tema ha sido

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Últimamente este tema ha sido desarrollado en profundidad por la doctrina nacional Tomasello, Baeza, Palavecino, etc. y cobrado gran interés además en el área de la construcción en donde los denominados “sucontratistas” y en especial sus trabajarores eran excluidos de las más elementales normas de protección para los trabajadores de ese sector.

El contrato derivado o subcontrato debe tener el mismo objeto del contrato básico. Los derechos y las obligaciones de éste puede ser modificadas cuantitativamente -sin exceder sus límites-, pero no pueden transformarse cualitativamente. Cuando el objeto cambia sustancialmente, no hay subcontratación sino lo que la doctrina ha definido como subcontratación impropia (Ejemplo: el arrendatario da en comodato).

Lo mismo puede decirse de la causa. El subcontrato se constituye y actúa sobre unas relaciones ya existentes, de manera que la causalidad-finalidad jurídica y económica que motiva al contratante intermediario necesariamente ha de ser análoga a la de la primerac relación.

No debe confundirse la subcontratación con la delegación. En la delegación, una persona da una orden o autorización a otra, con el fin de que ésta realice una determinada prestación en favor de un tercero, de modo que esa prestación ( o la promesa en que aquella puede consistir), se entienda hecha por cuenta de quien dio la orden. La delegación tiende en la práctica a concentrar dos prestaciones entre tres personas en una sola prestación entre dos. En cambio, en la subcontratación, el contratante que subcontrata no se libera de la relación jurídica base en que es parte y el tercero subcontratante no entra en una relación jurídica con el co-contratante de quien subcontrató. El contratante que subcontrata, al igual que el delegante, se sirve de un tercero. Pero con la diferencia que la delegación produce una modificación de la relación jurídica existente, en tanto que el subcontrato no, sin perjuicio de que se crea otra relación jurídica.

Tampoco ha de confundirse la subcontratación con la cesión de créditos. La cesión de créditos no es una forma o categoría de contrato sino la tradición de los derechos personales. La cesión de créditos supone una sustitución de un acreedor en el lugar de otro; en tanto que en la subcontratación, el acreedor que ha subcontratado permanece plenamente vinculado, tanto en la relación base como en la relación derivada. Por los mismos motivos, tampoco ha de confundirse la subcontratación con la “asunción de deudas” también denominada en la doctrina transmisión pasiva de la obligación. La asunción de deudas es una elaboración de la doctrina moderna, que rompe con lo esquemas clásicos para los cuales por causa de muerte podían transmitirse tanto créditos como deudas, en tanto que por acto entre vivos sólo podían transferirse créditos. Desde otro punto de vista, tampoco ha de cofundirse la subcontratación con la cesión de contrato. La cesión de contrato es el traspaso por uno de los contratantes a un tercero de su íntegra posición jurídica (no sólo de su calidad de acreedor o de deudor) en un contrato determinado. En el subcontrato, el primer contratante del contrato base no pasa a vincularse con el segundo contratante del subcontrato. En cambio, en la cesión de contrato, el cesionario pasa a vincularse directamente con el primer contratante; y el cedente desaparece jurídicamente de la relación. Es decir, en el subcontrato hay simultaneidad de dos relaciones jurídicas. En la cesión de contrato, hay sustitución de una unidad jurídica a otra. Además, en la cesión de contrato el traspaso es necesariamente total, en tanto que e la subcontratación, es posible que el subcontrato involucre sólo parte de los derechos y obligaciones emanados del contrato base.

16.- El autocontrato.- Podemos decir que es el acto jurídico que una persona celebra consigo misma, pero en calidades diferentes. No es por tanto necesario la concurrencia de otra persona, en razón de

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que el compareciente actúa a la vez -como parte directa y como representante de otra, -o bien simultaneamente como representante de partes diferentes, -o bien, por último, como titular de dos patrimonios ( o fracciones de un patrimonio) sometidos a estatutos jurídicos diferentes. Pongamos varios ejemplos al respecto. Imaginemos que actuamos dentro de un negocio como vendedores directos de una cosa y como mandatarios del comprador para adquirirla. O viceversa donde vemos el caso del mandatario que compra para sí lo que el mandante le ha ordenado vender, siempre que no le haya sido prohibida la operación. Podemos actuar para comprar una cosa de un tercero como mandatarios del comprador y a la vez como mandatarios del vendedor (como lo corredores de Bolsa de Comercio). Analicemos la situación de la denominada “partición consigo mismo” que se da en la sociedad conyugal cuando la mujer aporta un terreno del cual es comunera con un tercero y luego durante el matrimonio adquiere con su patrimonio reservado la cuota del tercero. Se formará una curiosa comunidad consigo misma que habrá que partir, a fin de definir qué parte del inmueble puede ella administrar y cual en cambio está sometida a la administración del marido.

Lo que cabe preguntarse es si hay allí verdaderamente contrato o no. A primera vista la respuesta es positiva, pues –al menos en los dos primeros casos- concurre una sola persona pero expresando voluntades distintas. En el tercero la situación escapa a la naturaleza contractual y se inserta más bien dentro del contexto de un cuasicontrato, el de comunidad.

En la doctrina comparada hay varios autores que han aceptado la idea de que el autocontrato es, propiamente, un contrato, se dice que el autocontrato es un acto jurídico unilateral que produce los efectos de un contrato desde que compromete dos patrimonios diferentes. Otros han sostenido que no hay contrato pues todo contrato supone dos voluntades y no puede haber dos voluntades en una sola persona (Baudry-Lacantierie, Masnatta,). Lo que vale una reflexión es la determinación de como resolvemos el conflicto de intereses que se podría presentar en estos casos, con exclusión de aquellos en que la ley prohibe la autocontratación, pensemos en el caso del mandatario.

La naturaleza jurídica del autocontrato Alessandri ha sostenido que se trata de un acto jurídico unilateral, toda vez que un contrato es la conciliación de voluntades opuestas, lo que en la especie no ocurriría. Han profundizado esta opinión Avelino Leon y David Stitchkin. Claro Solar, en tanto, ha sostenido que el autocontrato es propiamente contrato pues se manifiestan dos voluntades diferentes por parte de una misma persona. Esta idea ha sido perfeccionada por Jorge López, de quien hemos venido siguiendo sus opiniones. En nuestra legislación hay casos restringidos o regulados de autocontratación (articulo 412, 1796) que evidencian que la regla general sería la posibilidad abierta.

En la representación legal de las personas naturales, cabe citar los articulos 410 y 412 en relación al 1799 (respecto a tutores y curadores), los articulos 1796 en relación al 124, 130, 188, 252, 257 y 258 (en relación al padre o madre de familia), los articulos 1137, 1138 en relación al 1796 y 1899 (en relaciónal marido y mujer). En la representación convencional de los particulares, hay autocontratos especialmente prohibidos al mandatario (2144) y se regula el autocontrato del mandatario relativo al mutuo de dinero (2145). Fuera de los casos de los articulos 2144 y 2145, hay que distinguir las siguientes situaciones:

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Si el mandante ha prohibido la autocontatación, lo obrado por el mandatario violando la prohibición será inoponible al mandante; si el mandante la ha autorizado, el mandatario pdrá autocontratar eficazmente aunque haya conflicto de intereses, pero sin perjuicio de que el mandante podrá accionar contra el mandatario si la conducta de éste es dolosa o culposa; y, si nada ha dicho el mandante, el mandatario podrá autocontratar, salvo que se produzca un conflicto de intereses. En la representación de las personas jurídicas, la autocontratación será posible siempre que no exista alguna prohibición legal o estatutaria o que en definitiva se acredite que estamos en presencia de un conflicto de intereses. Por ejemplo en materia societaria la ley de sociedades anónimas en su art.44 señala que se puede celebrar actos o contratos en los que uno o más directores tengan interés por sí o como representantes de otra persona, cuando dichas operaciones sean conocidas y aprobadas por el directorio y se ajusten a condiciones de equidad similares a las que habitualmente prevalecen en el mercado. Podemos decir siguiendo a Tomasello que el autocontrato será inadmisible en todos los casos en que la ley lo haya prohibido expresamente y en todos aquellos en que suscite un conflicto de intereses, lo último aunque no exista un texto legal que expresamente lo prohiba, puesto que las prohibiciones legales están basadas precisamente en la contraposición de intereses y cuado la ley ha querido permitir la autocontratación, no obstante tal contraposición de intereses, la ha sometido a determinadas condicioes que debe llenarse si se pretende que el acto tenga valor; de lo contrario no valdrá asi como o valen los expresamente prohibidos.

Un tópico que se suele olvidar en esta materia es la mal llamada autocontratación en materia judicial, el denominado “autolitigio”. Aunque en nuestro derecho no hay una regla que lo establezca en terminos formales y explícitos, no es posible que una persona actúe en un proceso por sí y como representante de otro o como representante de los dos litigantes, pues cada vez que surgen conflictos de intereses, se hace necesario el nombramiento de un curador especial (articulos 154, 188, 257, 506). Sin embargo no son pocos los casos en los cuales, por ejemplo, al firmar una escritura de compraventa y mutuo estamos obligados a dar poder a uno de los abogados del banco mutuante para que en caso de no pago sea él el que nos represente.

17.- El contrato

corresponda.-

por persona a nombrar y el contrato por cuenta de quien

Contrato por persona a nombrar es aquel en que una de las partes se reserva la facultad de designar, mediante una declaración ulterior, a la persona que retroactivamente adquirirá los derechos y contraerá las obligaciones inicialmente radicadas en su patrimonio (art.256 C.com). Contrato por cuenta de quien corresponda es aquel en el cual una de las partes, inicialmente queda indeterminada o en blanco, en la seguridad de que después será individualizada (no por voluntad unilateral de ese contratante sino por un hecho externo). Una de las partes lo es sólo aparente o al menos transitoriamente.

CAPITULO IV CONTENIDO Y EFECTOS DE LOS CONTRATOS

a.- Contenidos de los contratos; b.- Ejecución y efectos de los contratos entre las partes y respecto de terceros; c.- Lesión, imprevisión, riesgos y saneamientos; d.- Invalidación de los contratos

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Hablar del contenido de los contratos nos evoca inmediatamente uno de los principios que informan la contratación: la autonomía de la voluntad, principalmente en su aspecto de fondo que tiene directa relación con el principio de la libertad contractual, por cuanto las partes son libres en razón de que son movidos por su propia voluntad para fijar el contenido del contrato que celebran, es decir, para determinar las cláusulas del mismo, cuidando por cierto de respetar la trilogía de base que ya estudiamos (ley, orden público y buenas costumbres). Decíamos además que del principio de la autonomía de la voluntad se derivan sub-principios como es el del consensualismo y el de la libertad contractual, ya mencionado, el de la fuerza obligatoria y el del efecto relativo de los contratos. Los dos primeros sub principios los relacionaremos directamente con la génesis o nacimiento del contrato y en parte con su contenido, mientras los dos últimos con los efectos de los contratos. De esta manera abriremos y cerraremos este capítulo IV.

El contenido de los contratos

Fijar el contenido del contrato nos obliga, primero, a redescubrir el estudio de los elementos propios de todo acto jurídico (el contrato lo es, bilateral). En todo contrato (y en todo acto jurídico en general) debemos de analizar si se dan los elementos de existencia y los de validez que hacen posible que la convención pueda nacer, válidamente además, a la vida del derecho. Dentro de los elementos de la esencia, estudíabamos los que son generales a todo acto jurídico entre los cuales reconocíamos los elementos de existencia, y aquellos especiales para cada convención, los primeros los estudiábamos en la primera parte del art.1444, es decir, aquellos sin los cuales el acto o contrato no producía efecto alguno, mientras que los segundos los encontrábamos en la segunda parte del mismo, cuando se señalaba que sin ellos el contrato degenera en otro diferente. El contrato además se integra de los llamados elementos de la naturaleza, aquellos que no siendo esenciales en la forma señalada se entienden pertenecerle sin necesidad de cláusulas especiales. Finalmente las partes podían incorporar al contrato todos los pactos especiales que estimarán convenientes, lo que la ley llama elementos accidentales, que adquieren importancia, cuando producen como efecto el de alterar los efectos normales del contrato, ocasión en la que estudiamos las llamadas “modalidades”. Sin embargo los elementos accidentales del contrato no se refieren siempre necesariamente a las modalidades, en general podemos decir que todo elemento incorporado por medio de una cláusula especial al acto o contrato que no sea de aquellos de la esencia o naturales, modifiquen o no los efectos normales del contrato, son elementos accidentales. Pues bien tenemos entonces a las partes libres de decidir si contratan o no, y decididas a contratar libres para fijar el contenido del mismo. Estudiábamos con ocasión de la clasificación de los contratos, y en particular, con el acápite de las otras formas contractuales, que esta libertad de contenido del contrato se nos limita fuertemente cuando el estado interviene en sus cláusulas (contrato dirigido y contrato forzoso) o bien cuando una de las partes ofrece el contenido del mismo a la otra la que sólo se puede sentir libre de contratar o no, pero no de discutir el contenido de las cláusulas (contratos de adhesión). La gran mayoría de los contratos, afortunadamente, continúan de ser libremente discutidos, por lo que las partes pueden esforzarse en fijar su contenido.- En esta parte quiero llamar la atención de los alumnos en cuanto al rol que ocupa el jurista en el contenido del contrato. El contrato nunca debe dejar de ser la técnica jurídica que refleje primero que todo los intereses de los contratantes. El jurista entonces puede servirse de los modelos o stándares pero no subyugarse a ellos. Al momento de contratar no debe sino velar porque el contrato refleje lo querido por las partes.

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Ejecución y efectos de los contratos entre las partes y respecto de terceros

Desde el preciso momento en que las voluntades de los contratantes se reencuentran (la oferta del policitante y la aceptación del destinatario) tratándose de contratos consensuales, o desde el momento en que por mandato de la ley se exteriorizan en una forma determinada esas voluntades (mediante la entrega en los contratos reales y la observancia de las formalidades requeridas en los contratos solemnes) el contrato comienza a producir efectos, es decir, nacen de él, las obligaciones respectivas. El contrato, entonces, desde ese momento puede ejecutarse, entendido este último término como “cumplirmiento”. En otras palabras, desde el momento en que el contrato se perfecciona, las obligaciones que de él derivan deben cumplirse. De toda evidencia, en esta parte, habrá que estar a la forma del contrato, es decir, si se trata de un contrato cuyas obligaciones se cumplen instatáneamente o su cumplimiento es diferido o escalonado en el tiempo, en el primer caso hablábamos de contrato de ejecución instantánea, en el segundo de ejecución diferida y en el tercero, de tracto sucesivo. Salvo la existencia de una modalidad que altere los efectos normales del acto (contratos sujetos a modalidad) el contrato va a producir sus efectos in actum (contratos puros y simples). Pues bien, la regla general es que los efectos del contrato alcancen a las partes que con su propia voluntad o debidamente representados han concurrido a celebrarlos. Excepcionalmente los contratos, en sus efectos, alcanzarán a terceros que no han participado en su generación. Estas exepciones ya las analizamos con ocasión del estudio del principio de la fuerza obligatoria de los contratos y su corolario del efecto relativo de los mismos.

Repasemos algunas ideas. Decíamos que los contratos en tanto actos jurídicos bilaterales producen efectos respecto de las partes que han concurrido a su celebración. Los terceros, sean éstos absolutos o relativos no se ven afectados de las consecuencias del acto sino en situaciones especiales y generalmente cuando se enfrentan crisis contractuales. Así como el contrato por regla general sólo produce efectos entre las partes, no beneficia ni perjudica a terceros que por definición no han concurrido con su voluntad a la celebración del mismo.

¿Porqué el contrato es obligatorio para las partes, o sea porque es una ley para ellos? Se ha pretendido justificar la obligatoriedad del contrato por varias razones que muchas veces escapan al derecho positivo para adentarse más en una cuestión jus-filosófica. - J. Bentham, gran representante del utilitarismo, justifica la obligatoridad del contrato en la noción de utilidad o interés individual, que impulsa -por motivos de conveniencia- a cumplir las promesas. Así los contratos tienen fuerza obligatoria por que es útil y conveniente para los interesados que las promesas se cumplan, de no cumplirse nadie contrataría. - Samuel Von Pudendorf, filósofo alemán del derecho natural, basa la obligatoriedad del contrato en un pacto social tácito, según el cual cada hombre se compromete con los demás a guardar fidelidad a su palabra. - Giorgi por su parte recurre al concepto de veracidad pues estando el hombre obligado a decir la verdad y a obrar en conformidad a ella, este deber se presenta al momento de obligarse. - Ruggiero, postula que el verdadero fundamento de la obligatoriedad del contrato se encuentra en la voluntad o más precisamente en la “unidad de la voluntad contractual”. Las voluntades individuales al momento de rencontrarse pierden su propia autonomía y al fundirse dan lugar a una voluntad unitaria (voluntad contractual). Las voluntades aisladas no pueden sustraerse a la voluntad contractual, porque su contenido se ha independizado totalmente.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 31 Que el contrato es ley

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Que el contrato es ley y obliga no hay dudas, La ley del contrato lo es en todo caso sólo para las partes y no para los terceros. Sabemos que partes en un contrato son aquellas personas que personalmente o representadas concurren a la formación del acto. También sabemos que hay terceros relativos y absolutos. Los herederos, continuadores de la persona jurídica del causante, son considerados terceros relativos. Señalábamos que generalmente suceden en todo su patrimonio a sus causahabientes, es decir, en todas las obligaciones y derechos transmisibles, de ahí que no se descarte que los efectos de los contratos los tengan (a un momento dado – a la muerte del causante-) como parte de la convención, pero de ningún modo lo son al momento de celebrarse ella. Veíamos los ejemplos en los cuales podrían no adquirir los derechos y obligaciones que del contrato surgieron para su causante-parte (contratos intuito personae o por cláusula de intransmisibilidad o por aceptación con beneficio de inventario). Los causahabientes a titulo singular (legatarios, compradores, donatarios, mutuarios) se ven afectados por un acto del que no han sido parte sino sus autores, y que han generado derechos reales (artículos 792 o 2033).

Fuera de los terceros relativos están los terceros absolutos que son aquellos que no participaron tampoco en el contrato ni en forma personal ni representados, y que tampoco están ligados jurídicamente con las partes por vínculo alguno.

En su momento estudiamos también las excepciones a este principio, a lo cual nos remitimos expresamente, señalando que lo eran, la institución de la estipulación en favor de otro (art.1449), la promesa de hecho ajeno (art.1450), o la sanción de ineficacia llamada “inoponibilidad”. Como situación de excepción tratamos también la simulación.

Con claridad en las dos primeras veíamos casos en los que los efectos de los contratos podían alcanzar a terceros, aunque a decir verdad, estos no se obligaban sino concurriendo su voluntad, lo que no es sino la misma regla general del efecto relativo de los contratos. La inoponibilidad se analizaba más bien desde el punto de vista de la negación de los efectos relativos del contrato, por cuanto ciertos terceros podían alegar el “no respeto” o desconocimiento de la convención por haberse omitido exigencias de forma o de fondo. La simulación se traducía más bien en las consecuencias del fraude proveniente de las partes, dentro de la convención, que podía ser motivo de desconocimiento de sus efectos por los terceros a ella.

Lesión, imprevisión, riesgos y saneamientos. El programa nos exige de ahora en adelante analizar ciertas instituciones que, sea han sido vistas anteriormente en este mismo curso (como la imprevisión) o bien en cursos anteriores (lesión y saneamiento). Nos limitaremos a recordar ideas generales, dando por pasado los contenidos ya vistos.

LA LESION

Nuestro código la considera como un vicio del contrato, más que un vicio de la voluntad. En

el proyecto del Código civil la lesión se consideraba como un vicio de la voluntad propiamente, pero con posterioridad se eliminó.

La lesión es el perjuicio que una parte sufre con motivo de la celebración de un acto jurídico bilateral, oneroso y conmutativo a consecuencia de la desproporción económica de las prestaciones que el acto impone. En aquellos casos en que la lesión es aceptada la sanción es la nulidad del acto.

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La lesión no se da nunca en los actos jurídicos aleatorios, sólo en los conmutativos. En los actos jurídicos gratuitos tampoco opera la lesión porque una sola de las partes se grava, por lo que hay desproporción en las prestaciones.

Para explicar la naturaleza jurídica de la lesión hay dos teorías:

1.- Teoría de la escuela objetiva

Para esta corriente de pensamiento la lesión debe existir para evitar los enriquecimientos injustos, porque cuando hay enriquecimiento indebido se afecta el orden público.

2.- Teoría de la escuela subjetiva

Para esta postura la lesión es un vicio de la voluntad. En efecto, esta escuela considera que la lesión implica un engaño que hace que la voluntad de la parte afectada se exprese en forma distorsionada. La mayoría de los códigos modernos adhieren a esta teoría, pero nuestro c.civ adhirió a al teoría objetiva, es decir, en nuestro sistema la lesión se acepta en forma excepcional para evitar enriquecimientos injustos, como excepcional que es sólo procede entonces en los casos expresamente regulados por la ley, y en los casos en que se acepta se establece con un criterio matemático u objetivo, donde la ley se encarga de decir cuando hay lesión es decir el juez no puede interpretar con libertad.

Casos en que se acepta la lesión como vicio en nuestro código civil

1.- En la compra venta de bienes raíces (art.1888 y 1889) El código denomina a la lesión en este caso “lesión enorme”. Art. 1889 “El vendedor sufre lesión enorme, cuando el precio que recibe es inferior a la mitad del justo precio de la cosa que vende” Por ejemplo si vendo mi casa en 30 y el justo precio es 80. Lo importante es que el justo precio debe ser más del doble, no igual al doble.

Por su parte “el comprador sufre lesión enorme cuando el justo precio de la cosa que compra es inferior a la mitad del precio que paga por ella” Por ejemplo el justo precio de la casa es 50 y yo pague 101. El justo precio dice el Código se va a determinar al momento de celebrar el contrato. Determinar el justo precio es una cuestión de hecho y varía en cada caso, debe por lo tanto el juez determinar si ha habido o no lesión enorme sobre la base del justo precio que se fija. La lesión enorme por expresa disposición de la ley no opera en:

a.- En la compraventa de bienes muebles. b.- En la compraventa que se hace por el ministerio de la justicia. En remate público. c.- En las compraventas de pertenencias mineras por su carácter aleatoria (art. 1881).

La lesión enorme cuando opera tiene como sanción la nulidad relativa y según la ley en este caso la acción para pedir la nulidad relativa o rescisoria prescribe en 4 años por regla general, contados desde la fecha que se celebró el contrato (art.1896)

2.- En la aceptación de una asignación hereditaria

El código la llama lesión grave (art.1234). “Hay lesión grave cuando se disminuye el valor total de la asignación en mas de la mitad” Por ejemplo si el heredero acepta la herencia porque estima que va a recibir 100 y no sabe que por existir una deuda sólo va a recibir 40, en ese caso el heredero puede pedir dejar sin efecto la aceptación por lesión grave. La sanción es que queda sin efecto la aceptación.

3.- En la partición de bienes (art.1348 inc.2°) El código en este caso habla sólo de lesión, sin apellidos.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 33 Opera cuando uno de los

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Opera cuando uno de los co-asignatarios o comuneros es perjudicado en más de la mitad de su cuota.

4° En el mutuo de dinero (ley 18.010) Cuando se celebra un mutuo se pueden pactar dos intereses distintos:

- Los intereses corrientes, que son los que se fijan todos los meses por la superintendencia de bancos e instituciones financieras (SBIF) y corresponde a los intereses promedio que han cobrado las instituciones financieras el mes anterior. Si nada se ha dicho en el préstamo de dinero el interés pactado se presume que es corriente. - Interés máximo convencional que es el interés máximo que las partes pueden pactar, autorizado por la ley. Se funda en la autonomía de la voluntad, tiene como límite que no puede exceder más allá del 50% del interés corriente. Imaginemos que el interés corriente es de 1% y el máximo convencional es 1,5%. Si las partes fijan un interés superior, la sanción es que se reduce el interés al corriente, no al convencional.

5° En la cláusula penal (art.1544) Aquí la ley denomina a la lesión “cláusula penal enorme” La cláusula penal es en general una garantía o caución. Por ella una persona para asegurar el cumplimiento de una obligación principal se sujeta a una pena que debe pagar en caso de no cumplir la obligación principal. La ley dice que la cláusula penal es enorme cuando la pena que se conviene excede al doble de lo debido, incluyendo la pena en ese doble. Por Ejemplo, imaginémonos que yo les presto mi código de comercio que cuesta $10.000 obligándose ustedes a devolvérmelo. Para asegurar el cumplimiento de esa obligación se sujetan al pago de una pena. La pena puede ser de hasta $20.000 y no 21.000; si hay cláusula penal enorme la sanción es que se reduce la pena al límite legal.

6° En la anticresis (art.2443) La anticresis es un contrato por el cual se le entrega al acreedor un bien raíz, para que se pague con sus frutos. La ley señala que las partes pueden estipular que los frutos de ese bien raíz se compensan con los intereses en ese caso se aplican las limitaciones que rijan para el mutuo de dinero.

7° En la permuta (art.1900) Este es un contrato que se somete en todo lo que sea aplicable a las reglas de la compraventa, pues las partes se obligan mutuamente a dar un cuerpo cierto o especie por otra. De ahí que cuando la permuta se refiere a un intercambio de bienes raíces se le aplicaran las reglas de la compraventa de bienes raíces y consencuencialmente las reglas de la lesión enorme (Art. 1888 y 1889) Fuera de estos 7 casos no hay otros casos de lesión, son los únicos casos en que le ley acepta la lesión y en todos ellos la ley aplica un criterio sistemático y por lo tanto objetivo. La lesión en estos casos por regla general tiene como sanción la nulidad relativa del acto o contrato, y el vicio en caso de lesión debe estar presente al momento de celebrarse el acto o contrato.

LA TEORÍA DE LOS RIESGOS. En los derechos personales, el riesgo se presenta justamente cuando la obligación se ha hecho imposible sin que la imposibilidad pueda imputarse al deudor. Si hay responsabilidad para éste, no ha habido riesgo, porque el deudor no cumplirá la obligación que se hizo imposible, pero deberá indemnizar los perjuicios.

Básicamente habrá que distinguir si hay una sola parte obligada o lo están ambas.

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Lo primero ocurre normalmente en las obligaciones extracontractuales, y en las convencionales, si el contrato es unilateral. Pensemos en un contrato de comodato. Si se da en comodato un automóvil, sólo existe la obligación del comodatario de restituirlo a la expiración del contrato. Si el vehículo se destruye por culpa o dolo del comodatario no podrá ya cumplir esta obligación, pero deberá hacerlo por equivalencia, indemnizando al comodante. Pero si la destrucción se debe a un caso fortuito, la obligación de restituir se extingue sin ulteriores consecuencias para las partes.

En el contrato bilateral existen prestaciones recíprocas para ambas partes; cada una es acreedor y deudor a la vez de la otra, y bien puede ocurrir que una de las obligaciones se haga imposible. Si ha habido culpa o dolo del deudor, cuya prestación se ha hecho imposible, la contraparte puede pedir la resolución del contrato y la indemnización de perjuicios, y si se le pretendiera exigir su propia prestación, podrá defenderse con la excepción del contrato no cumplido. Pero si la prestación se hizo imposible por caso fortuito, el deudor de ella queda liberado de cumplirla en naturaleza, porque a lo imposible nadie está obligado, ni por equivalencia, ya que no es responsable de la imposibilidad. Su obligación se ha extinguido sin ulterior consecuencia para él, pero ¿qué ocurrirá en tal caso con la de la contraparte? ¿Deberá ella cumplirla, o se extinguirá también, y en caso de haberla ya cumplido, tendrá derecho a la restitución de lo dado o pagado? Por ejemplo, se compra un vehículo para entrega a dos meses, y pagadero con tanto al contado y el saldo en mensualidades, y aquél se destruye fortuitamente antes de la entrega, ¿deberá el comprador seguir pagando el precio, o antes por el contrario tiene derecho a dejar de hacerlo y exigir la devolución del anticipo? 1 El mismo problema puede darse en todo contrato bilateral, y así, en el arriendo si se destruye el objeto arrendado, etc. La teoría del riesgo tiende precisamente a solucionar este problema, esto es, a determinar qué ocurre con la obligación de la contraparte, que no se ha hecho imposible: si ella se extingue también o subsiste, a pesar del incumplimiento recíproco.

Soluciones

No hay sino dos alternativas posibles para solucionar el problema planteado en el número anterior: determinar que el riesgo es de cargo del deudor, cuya prestación se ha hecho imposible, o del acreedor a quien no se le va a cumplir la contraprestación por imposibilidad.

1.° Riesgo del deudor (res perit debitori). El riesgo es de cargo del deudor cuya prestación se ha hecho imposible por caso fortuito, si no puede exigir a la contraparte el cumplimiento de la obligación de ésta. Su propia deuda se extinguió por caso fortuito; no la cumplirá ni en naturaleza ni por equivalencia; en el ejemplo, ni entrega el vehículo ni indemniza los perjuicios, pero tampoco el comprador (acreedor de la obligación de entregar que se ha hecho imposible) deberá cumplir la suya de pagar el precio, y si ya lo hizo, podrá repetir lo dado o pagado.

2.° Riesgo del acreedor (res perit creditori). El riesgo es de cargo del acreedor cuando éste, no obstante qua la obligación del deudor se ha extinguido por caso fortuito, esta obligado a cumplir su propia obligación, y si ya lo hizo, nada puede reclamar. En el ejemplo señalado, el acreedor, no obstante no recibir el vehículo, deberá pagar el precio, y no podrá exigir el cumplimiento en naturaleza de la contraprestación, ni la indemnización de perjuicios, ni la resolución del contrato, ni oponer a

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 35 la demanda contraria de cobro

Curso de Derecho Civil V

Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 35 la demanda contraria de cobro

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la demanda contraria de cobro del saldo de precio adeudado la excepción del contrato no cumplido.

Finalmente, las legislaciones en las obligaciones de dar suelen aplicar otro principio para determinar si el riesgo es del deudor o del acreedor, y se basan en cuál de los dos es el dueño de la cosa; el problema se resuelve con la regla res perit domino, las cosas perecen para su dueño.

Las legislaciones modernas en la forma señalada y la inmensa mayoría de los autores están contestes en que por regla general el riesgo debe estar a cargo del deudor cuya prestación se ha hecho imposible. Porque si bien es justo que éste quede liberado de responsabilidad por el caso fortuito, no es equitativo, en cambio, que la contraparte que nada recibe siga siempre obligada a cumplir su propia prestación. Hemos visto que en los contratos bilaterales existe una íntima interdependencia de las obligaciones recíprocas de las partes; si cada una de ellas se obliga, es porque espera recibir la prestación contraria; si el comprador, en el ejemplo utilizado, se compromete al precio, es porque desea tener un automóvil. Si tuviera el riesgo de no obtenerlo en definitiva, no se comprometería a pagar el precio. Y así, en todo contrato bilateral. Luego, es lógico y equitativo que si por accidentes que están más allá de su potestad, en definitiva no va a recibir su contraprestación, tampoco quede obligado a cumplir la propia que por la imposibilidad ajena ha quedado desprovista de toda razón de ser, de causa, como dirían los causalistas; aunque esto último no es del todo exacto, porque la causa existió al tiempo del contrato; es un hecho posterior el que priva de toda razón de ser a la contraprestación que no se ha hecho imposible. Se ha pretendido justificar la posición contraria, diciendo que es una contrapartida al beneficio que la ley otorga al acreedor de percibir los aumentos y mejoras de la cosa cuya entrega se le deba, pero semejante ventaja es muy pobre frente al riesgo que importa no recibir nada a cambio del propio cumplimiento. También, como hemos visto, se hace una diferenciación cuando el adquirente ha pasado a ser dueño en virtud del solo contrato; aunque el problema nos es ajeno, pues en nuestra legislación se precisa la tradición para que el título traslaticio transforme al adquirente en dueño, el principio res perit domino nos parece un justificativo más bien débil, porque no se trata de un problema de dominio, sino de reciprocidad en las prestaciones de un contrato bilateral, frente a un caso de imposibilidad en el cumplimiento para una de las partes.

Requisitos para la aplicación de la teoría de los riesgos

Según lo que hemos venido diciendo, y a modo de recapitulación, son ellos:

1.° Que se trate de un contrato bilateral. Es el único en que se presenta el problema del riesgo en el sentido señalado en el N.° 1.205,

ya que en él hay obligaciones recíprocas. En el contrato unilateral existe un riesgo del contrato, en ,él sentido de que si la obligación del deudor se ha tomado imposible ,por caso fortuito, nada puede reclamar el acreedor. Y así, si se ha dado un automóvil en comodato, y antes de su restitución se destruye, el comodante nada puede reclamar si ha operado un caso fortuito. Sin embargo, si el contrato bilateral deriva en sinalagmático imperfecto (N.° 59), no hay inconveniente alguno en aplicar la teoría del riesgo. Es el mismo ejemplo anterior, pero el comodante debía al comodatario indemnizaciones por reparaciones efectuadas por éste en el vehículo. Al destruirse éste por caso fortuito se extingue la obligación del comodatario de restituir, y del comodante de pagar dichas indemnizaciones.

2.° Que una de las partes deje de cumplir su obligación por imposibilidad. La obligación no cumplida puede ser de cualquier naturaleza; nuestro Código sólo se preocupó de las de dar, pero igualmente puede aplicarse el riesgo en las de hacer y no

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 36 hacer; la única exigencia es

Curso de Derecho Civil V

Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 36 hacer; la única exigencia es

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hacer; 2 la única exigencia es que se trate de una obligación determinada, 3 esto es, en principio si es de dar, de especie o cuerpo cierto, y de hacer o no hacer, infungibles, porque en caso contrario no se dará la imposibilidad absoluta. Con mayor razón aún que en la condición resolutoria tácita (N.° 532) y que en la excepción del contrato no cumplido (N.° 943), creemos eso sí que la obligación extinguida por imposibilidad inimputable debe ser de las principales del contrato y no una secundaria, y 3.° Que el incumplimiento por imposibilidad sea inimputable. Es decir, la obligación debe extinguirse por imposibilidad absoluta no imputable, en los casos que hemos señalado al tratar de este modo de extinguir las obligaciones en las secciones anteriores.

Efectos del riesgo. La aplicación de la teoría del riesgo produce efectos totalmente distintos, según que éste se coloque por cuenta del deudor o del acreedor. 1.° Riesgo del deudor cuya prestación se hizo imposible. En este caso, produce el efecto de extinguir la obligación de la contraparte. O sea, pone término al contrato, porque ninguna de las partes debe cumplir su obligación, y si el acreedor de la prestación que se ha hecho imposible ha cumplido ya la suya, tendrá derecho a repetir lo dado o pagado. No hay lugar a la resolución del contrato ni necesidad de oponer la excepción del contrato no cumplido. Si el deudor cuya prestación se hizo imposible pretende demandar el cumplimiento de su propio deudor, éste se excepcionará con la teoría del riesgo. 2.° Riesgo del acreedor. Si el riesgo es del acreedor, la obligación de su deudor queda extinguida por imposibilidad en el cumplimiento, pero aquél no puede excusar el suyo y deberá pagar su obligación. En consecuencia, el deudor cuya prestación se ha hecho imposible podrá demandar el cumplimiento, o retener lo ya dado o pagado por el acreedor de la obligación extinguida, sin que éste pueda exigir repetición, pedir la resolución del contrato u oponer la excepción del contrato no cumplido.

Invalidación de los contratos

En general cuando hablamos de invalidación de un contrato se nos presentan varias situaciones que podemos resumir ya sea cuando el contrato se afecta en su validez o en su eficacia. Un contrato nace a la vida del derecho pero un hecho sea que arrastre desde su nacimiento puede afectar su validez o existencia o bien ese hecho sobreviene al contrato una vez ya formado, lo que redunda en su ineficacia. De ahí que se suela hablar de sanciones de ineficacia y de invalidez. Esta materia ha debido ser tratada concretamente en cursos anteriores por lo que haremos un breve resumen de ellas. Partamos definiendo las sanciones de ineficacia. Son sanciones civiles que se presentan cuando un acto jurídico válido no produce sus efectos por cualquier razón que no esté vinculada a la validez del acto o contrato.

Casos de ineficacia

1.- La resciliación (art.1567). Es una convención, un modo de extinguir las obligaciones en virtud del acuerdo de voluntades de las partes que convienen en dejar sin efecto una determinada obligación. La doctrina discute si resiciliación y mutuo disenso son sinónimos. La mayoría de los autores considera que hay una relación de género a especie, donde la resciliación sería el género y el mutuo disenso la especie.

22 Por Por vía vía dede ejemplo, ejemplo, Fueyo, Fueyo, ob. ob. cit., cit., T.T. 2º,
22
Por
Por vía
vía dede ejemplo,
ejemplo, Fueyo,
Fueyo, ob.
ob. cit.,
cit., T.T. 2º,
2º, Nº
Nº 632,
632, pág.
pág. 221.
221.
33
Hernán
Hernán Matus
Matus Valencia,
Valencia, El
El problerna
problerna del
del riesgo
riesgo enen los
los contratos,
contratos, M.
M. dede PP.,., Imprenta
Imprenta Universit
Universitaria
aria S.A.,
S.A., Stgo,
Stgo,

1955, pág.

1955,

pág. 24.

24.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 37 Por la resciliación se puede

Curso de Derecho Civil V

Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 37 Por la resciliación se puede

37

Por la resciliación se puede convenir poner término de cualquier obligación existente entre las partes, mientras que por el mutuo disenso se conviene en relación a las obligaciones nacidas de un contrato. Sea como sea el código no ha hecho tal distinción y las trata como sinónimas.

2.- La resolución. Es una sanción civil de ineficacia que se presenta cuando una de las partes de un contrato no ha cumplido con su obligación correlativa, ello faculta a la parte cumplidora, si el contrato es bilateral, para pedir al juez que resuelva o deje sin efecto el contrato. Por regla general la declara el juez, salvo en la condición resolutoria ordinaria que opera de pleno derecho.

3.- La revocación. Se presenta cuando una de las partes unilateralmente pone fin al contrato, en aquellos casos excepcionales en que ello procede. Por ej. en el contrato de mandato el mandante puede poner término unilateralmente al contrato y en ese caso se llama revocación. Cuando quien pone término al mandato es el mandatario se llama renuncia, el mismo nombre recibe en el contrato de sociedad. En los contratos de tracto sucesivo como el arrendamiento la revocación se llama desahucio o terminación.

4.- La inoponibilidad. Es una sanción civil de ineficacia que se verifica cuando un acto jurídico no obstante su validez no produce efectos respecto de ciertas personas. Por ej en el contrato de compraventa de cosa ajena, el contrato es válido entre vendedor y comprador pero le es inoponible al dueño de la cosa.

En cuanto a las sanciones de invalidez podemos partir diciendo que ellas son sanciones civiles por cuya virtud el acto jurídico celebrado, omitiendo algún requisito de existencia o validez, o no produce efectos o deja de producirlos. Los casos de invalidez son dos: inexistencia y nulidad.

Inexistencia jurídica

El código civil no reguló la inexistencia en forma sistemática, por lo que su regulación es enteramente doctrinaria. Por lo mismo no hay consenso en los autores acerca del hecho que sea ésta la máxima sanción civil que contemple nuestro ordenamiento jurídico. Una parte de la doctrina sostiene que al no regular en forma ordenada y expresa esta sanción, quiere decir que la sanción civil máxima es la nulidad absoluta. Sabemos que en materia de sanciones la regulación debe de ser completa pues no se pueden aplicar por interpretación o analogía. Estos autores se apoyan además en la redacción del art.1682 que consagra tanto los requisitos de existencia como los de validez en su texto, no advirtiéndose en parte alguna la inexistencia como sanción sino sólo la nulidad absoluta. Se dice además que cada vez que en el Código ha querido aludir a la sanción civil más grave siempre recurre a la nulidad absoluta. Además la Excma. Corte suprema ha confirmado reiteradamente que la sanción civil máxima es la nulidad absoluta.

Una opinión ilustrada de don Luis Claro Solar pretende convencernos de lo contrario. Claro Solar nos dice que el Código si reconoció la inexistencia, por cuanto:

1.- De la lectura de los art.1444 y 1681 se desprende claramente que ley distingue entre inexistencia y nulidad. El art.1444 cuando se refiere a los elementos de la esencia dice que el acto o no produce efecto alguno (inexistencia) o degenera en otro, mientras que el art.1681 nos dice cuando un acto es nulo, señalando que lo es cuando falta un requisito de

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 38 validez, sin referirse a los

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 38 validez, sin referirse a los

38

validez, sin referirse a los de existencia, por lo que faltando un requisito de existencia, la sanción debe ser otra que la nulidad, es decir la inexistencia. 2.- En muchas otras disposiciones del código se puede apreciar la diferencia que hace el legislador entra la inexistencia y la nulidad: Art. 1701, 1801, 1809, 1814, 2027, 2055, etc.

Cuadro comparativo entre la inexistencia y la nulidad

Inexistencia

 

Nulidad

 

1.-opera cuando falta requisito de existencia

Cuando falta requisito de validez

 

2.-el acto no produce efecto alguno

 

El

acto

nace

a

la

vida

del derecho

 

viciado

y produce

los mismos

efectos

que un

acto

valido

hasta

que

es

declarada judicialmente la nulidad

3.-juez solo la constata, pleno derecho

opera de

Debe ser declarada por el juez

 

4.- opera cada

vez

que

falta

un

Necesita

texto

expreso

de

la

ley,

requisito de existencia

 

causales especificas

 

5.-puede ser alegada por cualquier persona

Solo ciertas personas

 

6.-

no

puede

sanearse

por

el

Si puede sanearse

 

transcurso del tiempo

 

7.- nunca puede darse ratificación de

Hay que

distinguir:

vicio nulidad

las partes por que no existe

relativa, partes pueden ratificar el acto, se convierte en valido (ficción). Nulidad absoluta: acto no puede ratificarse por que esta comprometido un interés de

orden público.

 

8.-acción

para

alegarla

es

Prescribe acción: nulidad absoluta diez

imprescriptible

 

años, relativa cuatro.

 

Resumen acerca de las sanciones por la falta de los requisitos de existencia del acto jurídico.

Voluntad

Para algunos autores si falta la voluntad

en

el acto jurídico

la

sanción debería ser la

inexistencia, pues es imposible que el acto pueda nacer a la vida del derecho. Para otros en cambio la sanción es la nulidad absoluta, porque de acuerdo a la ley cuando falta un requisito exigido en atención a la naturaleza del acto o contrato la sanción que prevee la ley es la nulidad absoluta. Ley: actos celebrados por un absolutamente incapaz no hay voluntad.

Objeto

La falta de objeto debería sancionarse con la inexistencia jurídica del acto por las siguientes razones:

1.- El acto que nace sin objeto no existe y así lo dice, por ejemplo, el art.1814. 2.- En el contrato de sociedad, el objeto de la obligación de los socios es el aporte, si no hay aporte no hay contrato y así lo señala el art.2045. 3.- La ley expresamente señala que si hay objeto ilícito hay nulidad absoluta y no es lógico que si no hay objeto se aplique la misma sanción que habiéndolo pero ilícito.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 39 Ante esta postura la corriente

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 39 Ante esta postura la corriente

39

Ante esta postura la corriente se piensa que el objeto al igual que la voluntad es un requisito exigido en atención a la naturaleza del acto o contrato, por lo que si falta debería haber nulidad absoluta.

Causa

Cabría hablar de inexistencia cuando en un acto jurídico no hay causa por cuanto la ley señala expresamente que no hay obligación sin una causa real o lícita (art.1467). De ahí que no sea lógico que la falta de causa y la causa ilícita tengan la misma sanción, pues sabido es que la causa ilícita es sancionada por la nulidad absoluta. La doctrina mayoritaria sin embargo piensa que es la nulidad absoluta, por ser la sanción civil máxima que reconoce nuestro ordenamiento jurìdico.

Solemnidades

Cierta parte de la doctrina piensa que si faltan las solemnidades cuando la ley las exige como requisito de existencia, es decir, como forma de exteriorizarse la voluntad, la sanción debería ser la inexistencia (Por ej. art.1701 que establece que la falta de un instrumento público no puede suplirse por ninguna otra prueba cuando la ley exige esa solemnidad y el acto se mirara como no ejecutado o no celebrado. Otra parte de la doctrina, la mayoritaria, en cambio, piensa que la sanción es la nulidad absoluta, por que es la sanción que se aplica cuando falta algún requisito exigido por la naturaleza del acto o contrato. Por lo anterior la norma del art.1701 la miran como una norma prohibitiva cuya infracción trae aparejada la nulidad absoluta como sanción.

LA NULIDAD

Concepto

Es una sanción civil de invalidez en virtud de la cual un acto deja de producir efectos por

haber omitido algún requisito que la ley que exige en atención a la naturaleza del acto o contrato o al estado o calidad de las partes.

Clasificación (art.1681):

I.-Absoluta o relativa Nulidad absoluta: Es la sanción civil de invalidez en virtud de la cual un acto deja de producir efectos por haberse omitido un requisito exigido en atención a la naturaleza del acto o contrato. Nulidad relativa: Es la sanción civil de invalidez en virtud de la cual un acto deja de producir efectos por haber omitido un requisito exigido en atención al estado o calidad de las partes que intervienen en al acto o contrato.

II.- Total o parcial Nulidad total: Es aquella que afecta a la integridad del acto o contrato. Nulidad parcial: Se da cuando el vicio afecta una determinada parte del acto jurídico, subsistiendo validamente en las demás. Por ej. en un testamento se encuentra viciada una de sus cláusulas, no se vicia todo el testamento y subsisten válidamente las demás disposiciones del mismo.

III.- Principal o consecuencial Nulidad principal: Hay nulidad principal cuando se ve afectado un acto jurídico en particular producto de la existencia de un vicio que lo invalida. Nulidad consecuencial: Se da cuando el acto jurídico se ve viciado como consecuencia de la nulidad que afecta a acto jurídico, un acto jurídico principal. Por ej. declarada la nulidad de un matrimonio por ese hecho el acto dependiente que son las capitulaciones matrimoniales se ven igualmente viciadas.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA Naturaleza jurídica de la nulidad 40

Curso de Derecho Civil V

Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA

Naturaleza jurídica de la nulidad

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40

Como lo indica su definición, es una sanción civil, es decir, tiene ésta un carácter sancionatorio, en términos de concebirse como un castigo que la ley impone al acto viciado privándolo de valor. La nulidad sanciona un vicio congénito, originario del acto, por ello es jurídicamente imposible que un acto nazca válido y se convierta en nulo. Sin embargo un un acto que nace viciado puede luego convertirse en valido. La nulidad como tiene carácter sancionador, y como toda sanción sus causales las establece la ley, por lo que las partes convencionalmente no pueden crear causales de nulidad, tampoco pueden convenir la nulidad de un acto. Las causales nulidad están señaladas en la ley y sólo el juez puede declarar la nulidad. Se habla de nulidad, por regla general cuando nos refrimos a la nulidad absoluta y cuando hablamos de nulidad relativa el Código prefiere usar el término rescisión. Esta, la nulidad relativa es la regla general, por ello cuando el código señala que la sanción es la nulidad del acto se entiende que se refiere a la nulidad relativa. Entre la nulidad absoluta y la relativa existen diferencias sustanciales, sin embargo ambas producen los mismos efectos jurídicos. Evidentemente que estos efectos se van a producir como consecuencia de una sentencia judicial que declare la nulidad, sentencia ésta que debe encontrarse firme o ejecutoriada. Mientras esto no ocurra sabemos que el acto viciado produce los mismos efectos que el valido (art.1687, 1689 y 1567 N°8). Según el principio del efecto relativo de la resoluciones judiciales (art.3, inc.2º), las sentencias sólo afectan a las partes del juicio. Por esto el art.1690 dice que la nulidad no aprovecha a terceras personas. Hay que distinguir entre efectos entre las partes y respecto de terceros:

EFECTOS DE LA NULIDAD ENTRE LAS PARTES

Hay que volver a distinguir:

1ª situación: Si las obligaciones no se han cumplido. En este caso si las obligaciones no se han cumplido, la declaración de nulidad opera como medio de extinguir las obligaciones, Art.1567 N°8.

2ª situación: Si las obligaciones se han cumplido íntegramente o sólo

parcialmente. Se produce lo que se conoce como restituciones mutuas (que se estudia como efecto propio del acogimiento de la acción reivindicatoria) que no es más que el efecto en virtud del cual las partes deben volver al mismo estado en que se encontraban al momento anterior al de celebrarse el acto nulo.

Una vez declarada la nulidad entonces se produce un efecto retroactivo pues se vuelve al estado previo al de la celebración del acto o contrato. La ley dice que hay que aplicar las reglas de las prestaciones o restituciones mutuas

(art.1687).

Estas reglas están ubicadas como se dijo en la acción reivindicatoria., sin embargo son de aplicación general.

EFECTOS DE LA NULIDAD RESPECTO DE TERCEROS

La regla general es que la declaración de nulidad no afecte a terceros. Sin embargo, una vez declarada la nulidad nace acción reivindicatoria para exigir la restitución de la cosa. Esta acción en definitiva puede afectar a los terceros. Aquí no se distingue si los terceros están de buena o mala fe y esta es una importante diferencia entre nulidad y resolución, por que en la última, cuando se declara la resolución del contrato por sentencia judicial ejecutoriada sólo hay acción reivindicatoria contra

terceros poseedores de mala fe.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 41 En la nulidad en cambio

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 41 En la nulidad en cambio

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En la nulidad en cambio la acción reivindicatoria se ejerce respecto de cualquier tercero. Esta nulidad opera con efecto retroactivo, pues las partes vuelven al estado anterior al de contratar y nadie puede transferir más derechos que los que tiene. Se aplica entonces el principio que “resuelto el derecho del autor, queda resuelto el derecho del adquirente” En este curso estudiaremos al final la acción reivindicatoria y veremos que ésta es la que protege el dominio (Art.889). Se le define como la acción que tiene el dueño de una cosa singular de que no está en posesión para que el poseedor de ella, sea condenado a restituírsela. Hay casos excepcionales en que no nacerá acción reivindicatoria:

a.- Cuando un tercer poseedor adquiere el dominio por prescripción adquisitiva (dos años muebles, 5 inmuebles). b.- Cuando se declare la nulidad por lesión enorme tampoco nace acción reivindicatoria respecto de terceros (art.1893 inc.2). c.- En el caso de la muerte presunta, cuando el desaparecido reaparece la ley señala que recibe los bienes en el estado que se encuentran, con todos los gravámenes y limitaciones (art.94 N°4) por lo que subsisten las enajenaciones que se hayan hecho durante su ausencia.

LA INOPONIBILIDAD

La inoponibilidad pertenece a las sanciones de ineficacia que no se vinculan a la infracción de

requisitos del contrato, precisamente por cuanto el acto nace válido y produce todos sus efectos entre las partes, sin embargo no será oponible frente a terceros.

Supongamos que la ley exige que un acto sea puesto en conocimiento de terceros mediante una subinscripción en un registro o una publicación en un diario. El acto jurídico es válido entre las partes pero al no cumplir con la exigencia, en este caso por vía de publicidad, los terceros no son tocados respetarlo, se dice entonces que respecto de ellos, el acto es inoponible. Por lo general, los actos son inoponibles sólo frente a determinadas personas, lo que no implica bajo ningún aspecto que el acto no sea válido. El contrato produce todos sus efectos entre las partes, salvo en cuanto puedan afectar la situación del mencionado tercero. Otras situaciones que tampoco implican infracción de normas (tal como la inoponibilidad), y que son posteriores a la celebración del contrato, son las modalidades que veremos más adelante. El profesor Troncoso Larronde sigue la definición del jurista francés Bastian señalando que la

inoponibilidad es la ineficacia respecto de un tercero de un derecho nacido como consecuencia de un acto jurídico o de la declaración de nulidad de un determinado

acto jurídico. Cuando explicábamos el efecto relativo de los contratos decíamos que el acto jurídico bilateral en general, y el contrato -en particular- produce efectos relativos, es decir sólo respecto de las partes que con su voluntad concurrieron a su celebración. A los terceros los efectos de este acto o contrato no les alcanzan, pero si debían respetarlo porque el acto existe. Con la inoponibilidad precisamente es este último efecto el que no se produce, las partes quedan obligadas por el contrato, como es natural, pero los terceros no tienen obligación de respetarlo, actúan como si él no existiese, de allí que se mire el fenómeno como una sanción civil de ineficacia, aunque nosotros no estemos del todo de acuerdo, pues el acto jurídico es válido respecto de aquellos a quienes afecta. Insistimos. La inoponibilidad no afecta de manera alguna la validez del acto jurídico, a diferencia de lo que sucede con la nulidad. Quien impugna de inoponible un acto no pretende invalidarlo, sino que alega que el acto no produce efectos respecto de él.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 42 El código no trató la

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 42 El código no trató la

42

El código no trató la inoponibilidad en forma orgánica, sólo mencionó casos en que ella se produce. Por ej. en los arts.1707 y 1902. Según el art.1707 una escritura pública destinada a alterar el contenido de otra escritura pública anterior no produce efectos en contra de terceros si no se ha anotado al margen de la matriz de la primera escritura y de la copia en virtud de la cual ha obrado el tercero. De esa manera las anotaciones marginales de la segunda escritura en la matriz y en la copia de la primera, tienen entonces el valor de formalidades de publicidad, de modo que el contenido de la nueva escritura, modificatoria de la antigua, no es obligatorio para el tercero sin el cumplimiento de tales formalidades. El art.1902, es un ejemplo respecto de la cesión de créditos personales, al que nos referiremos eun poco más adelante. Sin embargo, hay veces que la inoponibilidad se plantea como consecuencia de la nulidad de un acto y es la situación que se plantea por ej. en el art.2058 respecto de la nulidad del contrato de sociedad: “la nulidad del contrato de sociedad no perjudica a las acciones que corresponden a terceros de buena fe, contra todos y cada uno de los asociados por las operaciones de la sociedad, si existiere de hecho.”

La inoponibilidad puede ser alegada por todo aquel tercero a quien le perjudique el acto celebrado o la declaración de nulidad.

Forma de alegarla:

Por vía de acción (por ej. la acción pauliana), pero principalmente se alega por vía de excepción, cuando se intente hacer valer los efectos del acto jurídico o de la declaración de nulidad. Se puede hacer valer contra cualquier persona sea o no parte del acto o contrato.

Efectos de la inoponibilidad

Hay que distinguir:

A.- Entre las partes: el acto jurídico produce todos sus efectos.

B.- Respecto de terceros: el acto no puede invocarse o bien la declaración de nulidad del acto no puede alegarse. Los terceros si eventualmente les llegara a convenir el acto celebrado o la declaración de nulidad pronunciada pueden aprovecharse de los efectos de la inoponibilidad, para ello basta simplemente no alegarla.

CAPÍTULO V INTERPRETACIÓN DE LOS CONTRATOS

a.- Principios generales que rigen la contratación; b.- reglas legales de

interpretación.

Generalidades. La interpretación de los contratos tiene una enorme importancia práctica, toda vez que permite definir los efectos del contrato a falta de acuerdo entre las partes. Básicamente pueden ser interpretados de una manera subjetiva y de una manera objetiva. En el primer caso, se pretende buscar la intención o voluntad de los contratantes. En el segundo caso se intenta descubrir, al margen de la voluntad de los contratantes, qué es lo socialmente más útil o que es lo que en justicia parece más razonable.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 43 La interpretación subjetiva de los

Curso de Derecho Civil V

Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 43 La interpretación subjetiva de los

43

La interpretación subjetiva de los contratos.- Para la doctrina clásica, que inspira el Código Civil chileno, la voluntad es la causa eficiente del derecho. El Código chileno, establece en el articulo 1560 que conocida claramente la intención de los contratantes debe estarse a ella más que a lo literal de las palabras. Por lo anterior todo nuestro sistema legal interpretativo se sustenta en las intenciones de los contratantes. Así, en presencia de un contrato dudoso, lo más verosímil es que cada una de las partes le haya atribuído el sentido que más le favorece; sin intención común. La norma del art.1560 expresa el ideal del voluntarismo jurídico liberal. Intenta impulsar al intérprete a desarrollar un trabajo de investigación sicológica. Se trata de una labor muy compleja que, de llegar a tener éxito, muchas veces será gracias al buen sentido más que a las normas legales sobre interpretación que supuestamente sirven de guía o ayuda al interprete. En todo caso se puede decir que la misión del intérprete consiste en establecer presunciones, nunca certezas, acerca de la voluntad común. Ahora bien, el juez no debe detenerse en el sentido literal de los términos, sino que debe tomar en consideración las "circunstancias de la especie", es decir, todos los hechos susceptibles de esclarecer el sentido de la convención. Esta idea la recoge nuestro Código al señalar en el art 1564 inc 2o que "las cláusulas de un contrato podrán también interpretarse por las de otro contrato entre las mismas partes y sobre la misma materia".

Se ha planteado un problema que en Chile es polémico tanto en la doctrina como en la jurisprudencia, y se refiere a si todo contrato debe ser interpretado o sólo aquel oscuro. En Chile la reciente tendencia se dirige a considerar que todo contrato, claro u oscuro, debe ser interpretado, siguiendo con ello en cierto modo el mismo criterio para interpretar la ley.

Las controversias que hacen necesaria la interpretación de un contrato pueden ser innumerables, pero podrían agruparse del siguiente modo:

a) Ambiguedad

en

el contrato.

El contrato

admite

dos

o

más sentidos

diferentes y

perfectamente razonables. Puede producirse esta situación ya sea por palabras o frases

equívocas.

 

b) Oscuridad del contrato. El contrato tiene contradicciones internas de modo tal que no presenta ningún sentido determinado. Un contrato, por ejemplo, puede contener referencias que permitan calificarlo de donación y otras que sólo lo expliquen como compraventa.

c) Los términos del contrato son claros pero insuficientes o excesivos o haberse empleado de manera dudosa. Nuestro Código no sólo contempla reglas de interpretación, sino que también establece casos de interpretación legal, esto es, situaciones frente a las cuales el legislador no se limita a dar una directriz al intérprete sino que interpreta anticipadamente, dictando una solución que el juez deberá aplicar en todos los casos que correspondan a la hipótesis legal. Desde luego, en ciertos casos el legislador fija el sentido que deberá atribuirse a una determinada cláusula dudosa si las partes la introducen en algún acto o contrato, sin explicar su extensión (articulos 567 a 575, 1242 a 1244, 1823, 1829, 1874, 1879, 1956, ... En otros casos, los contratantes no se pronuncian sobre un aspecto particular de la convención. Entonces, el legislador suple el silencio "adivinando" cual habría sido la voluntad de los contratantes si hubiesen previsto la interrogante prevista por el legislador. Por último, hay casos en que la voluntad de las partes es derechamente interpretada por el legislador (Ejemplo: si en el matrimonio nada se dice se entiende celebrado bajo el regimen de sociedad conyugal).

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 44 Las reglas de interpretación las

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 44 Las reglas de interpretación las

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Las reglas de interpretación las podríamos clasificar en dos grandes bloques según se refieran a los elementos intrínsecos o a los elementos extrínsecos del contrato.

I.- Reglas de interpretación relativas a los elementos intrínsecos del contrato. Esto es, reglas que llevan a interpretar el contrato en sí mismo, considerando sólo los elementos que es posible hallar en el contrato. Estas reglas carecen de jerarquía. No hay entre ellas un orden de preferencia.

  • a) Regla de la armonía de las cláusulas (artículo 1564 inciso 1o). Supone que en todo

contrato las cláusulas son interdependientes.

b) Regla

de

la

utilidad de

las cláusulas

(articulo 1562). Pothier pone el siguiente

ejemplo: se conviene entre Pedro y Pablo que Pablo "podrá pasar por sus heredades". Aunque puede interpretarse que se refiere ya sea a las heredades de Pedro o a las de Pablo, debe interpretarse que se refiere sólo a las de heredades de Pedro, ya que no tendría sentido ni efecto la cláusula en que se autoriza a Pablo a pasar por las heredades de su

propiedad.

Eso

que

si

una

cláusula

intentarla darla por válida.

es nula,

no

podrí, a pretexto

del articulo 1562,

  • c) Regla del sentido natural.(articulo 1563 inciso 1o). Ejemplo:Si no se dice

en

aun

arrendamiento de inmuebles urbanos los períodos de pago de las rentas, se deben entender mensuales.

II.-Reglas de interpretación relativas a los elementos extrínsecos del contrato. Se refiere a indagar en los que en la doctrina clásica se denominan las "circunstancias de la especie". Pienso que estas circunstancias deben ser consideradas en cualquier contrato, no sólo consensual sino también solemne. Claro que si se trata de un contrato solemne, no podría recurrirse a pruebas extrínsecas para desfigurar una cláusula del contrato. Para probar estas circunstancias extrínsecas no regirán las limitaciones a la prueba testimonial pues se tratará de probar hechos y no actos jurídicos.

  • a) Regla de la aplicación restringida del texto contractual. (articulo 1561). Un ejemplo

de nuestra jurisprudencia. Si se estipula que en la administración de os bienes del poderdante, podrá el banco mandatario prestar y exigir fianzas, la facultad de afianzar que se concede sólo se refiere al otorgamiento de fianzas dentro de la administración de los bienes del poderdante. En relación a la transacción, se repite la regla en el articulo 2446. Si se llega a una transacción en un juicio de nulidad de un embargo, ello no obsta a que se podría demandar con posterioridad indemnización de perjuicios producidos por la traba del embargo.

  • b) Regla de la natural extensión de la declaración.(articulo 1565). Ejemplo de Pothier:

Si en una capitulación matrimonial se dice que los esposos estarán en comunidad de bienes, en la cual entrará el mobiliario de las sucesiones que pudiere tocarles, ello no obsta a que entren al regimen todas las demás cosas que de acuerdo a la ley corresponde que ingresen.

  • c) Regla de los otros contratos entre las mismas partes y sobre la misma materia,

sea anteriores o posteriores al contrato que se trata de interpretar (articulo 1564 inciso 2o).

  • d) Regla de la interpretación auténtica (articulo 1564 inciso 3o). En el fondo, los

contratantes han "interpretado" el contrato de común acuerdo y en un mismo sentido al aplicarlo de una determinada forma. El contratante que en la aplicación práctica le da un determinado sentido, no podría después ir contra sus propios actos intentando desvirtuar

esa interpretación. Sin embargo, el interprete debe actuar con prudencia, toda vez que se de

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cuenta que la aplicación práctica llevada a cabo fue motivada, en una de las partes, por algún error.

III.-Reglas subsidiarias de interpretación contractual. En otras legislaciones, dicen relación con la costumbre y la equidad. En nuestro Código se limitan a la costumbre.(articulo 1546).

a) Regla de las cláusulas usuales. 1563 inciso 2°. Lamentablemente nuestra jurisprudencia ha dado a esta norma un alcance muy restringido, relacionándola con los llamados "elementos de l naturaleza" de los contratos. La razón de tan limitante alcance radica en que en nuestra legislación la costumbre sólo excepcionalmente constituye derecho cuando la ley se remite a ella. b)Regla de la última alternativa (articulo 1566 inciso 1o). Esta norma es rígidamente supletoria y en último lugar.

Se interpreta a favor del deudor. Pero no se sustenta en la equidad como se ha creído sino en la regla de que incumbe probar las obligaciones al que las alega, al acreedor. Actori incumbit probatio. (articulo 1698). La persistencia de una duda evidencia falta de prueba (de parte del acreedor). Pero si la duda proviene de una cláusula ambigua redactada por alguna de las partes, se interpretará en contra de esa parte, siempre que la ambiguedad provenga de la falta de une explicación que debió darse (articulo 1566 inciso 2o). Esta última regla de ha aplicado mucho en al

interpretación

de

contratos

de

adhesión.

Se consideró por algun tiempo que las reglas de interpretación son simples consejos que el legislador da al juez, sin carácter vinculante. Hasta el punto que si el tribunal no aplicara

estas

reglas o

las

apicara mal,

no

podría enmendarse por la vía

de casación. Nuestra

jurisprudencia mayoritaria y más reciente, en cambio sostiene que "la doctrina de que la

interpretación de los contratos constituye un hecho de la causa que los jueces del fondo pueden apreciar con facultades privativas, no se opone a la obligación que tienen de someter a la ley su criterio jurídico en esta materia, aplicando las reglas especiales establecidas por la propia ley para determinar, en desacuerdo de los contratantes, el verdadero alcance de la

convención"

...

"La

infracción de estas reglas puede dar motivo a un recurso de casación en el

fondo" (R T 17, S 1ª, p 444).

La interpretación objetiva de los contratos.- El sistema subjetivo de interpretación se funda en el voluntarismo jurídico que concibe la voluntad de los contratantes como fuente única del derecho, al margen de hechos sociales. Para la escuela objetiva de interpretación, llegado el momento de interpretar un contrato no interesa como acto genético de constitución de la relación jurídica, sino como relación jurídica ya formada. La corriente objetiva de interpretación ha tenido acogida particularmente en el Código Civil Aleman de 1900. El artículo 133 dice:"En la interpretación de una declaración de voluntad, será necesario investigar la voluntad real sin atenerse al sentido literal de las palabras". El articulo 157 agrega que "Los contratos deben ser interpretados como lo exige la buena fe en correlación con los usos sociales". No interesa la voluntad que tuvieron las partes al concluir el contrato, sino que interesa desentrañar el alcance que debe dársele al contrato de modo que los efectos jurídicos sean los que cualquier hombre razonable atribuiría a la convención.

La interpretación y la calificación del contrato frente al recurso de casación en el fondo.- El problema se plantea, como es sabido, dado que nuestro Código concibe el contrato como "ley" para los contratantes.-

La calificación de un contrato consiste en establecer su naturaleza jurídica, encuadrándolo en alguno de los tipos que regula la ley o en otro que, no estando considerado por ella, sea expresión de la libertad contractual de las partes. Pero operando siempre sobre la base de la

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esencia misma de los hechos que configuran el acto y nunca sobre la denominación que las partes haya dado al acto. Nuestra jurisprudencia ha sido reiterada en sostener que es indiferente la calificación que las partes hayan dado al acto. En verdad sin embargo, dentro del contexto del voluntarismo jurídico que inspira las normas de calificación o interpretación contractual en el régimen chileno, la calificación de las partes no es del todo inútil; puede ser indicativa de la voluntad subjetiva de ellas.

La interpretación y la calificación no siempre van unidas. Puede ocurrir que se requiera de una pero no de la otra, o de necesiten ambas. En todo caso, cuando se requieren ambas, la interpretación es siempre previa a la calificación. Cuando una sentencia califica erróneamente el contrato, está violando; a)el propio contrato (que para la partes es ley); b)la ley que define el contrato realmente celebrado; c) la ley que define el contrato que la equivocada calificación supone celebrado. Sin embargo, nuestra jurisprudencia ha estimado que la calificación de un contrato es una cuestión de hecho. En caso de errónea interpretación del contrato, ha habido varias opiniones:

a) El recurso de casación en el fondo es improcedente, pues las reglas de interpretación no son normas jurídicas que vinculen al juez sino meros consejos. b) El recurso de casación por errónea interpretación del contrato procede cuando la interpretación ha significado desnaturalizar el contrato. c) El recurso de casación por errónea interpretación procede siempre pues la interpretación supone la aplicación de normas jurídicas

CAPÍTULO VI DE LOS CONTRATOS EN PARTICULAR

a.-Contratos atípicos: Referencia a algunos de ellos; b.- Los Contratos Típicos:

Preparatorios, definitivos y de garantía; c.- El contrato de promesa; d.- El

mandato; e.- La compraventa; f.- El arrendamiento; g.- La sociedad; h.-

Operaciones de crédito de dinero (Mutuo); i.- Los demás contratos reales; j.-

Contratos de garantía; en particular la Hipoteca y la Prenda; k.- Contrato de

Financiamiento y de inversión. El contrato de inversión extranjera; l.-

Transacción; m.- Derecho legal de Retención; N.- Contratos aleatorios

A.-CONTRATOS ATÍPICOS: REFERENCIA A ALGUNOS DE ELLOS;

En clases pasadas analizábamos clasificaciones doctrinarias de los contratos. En ellas estudiamos las de los contratos nominados e innominados que decíamos en su momento no son lo mismo que los contratos típicos a atípicos. Señalábamos en su oportunidad que el contrato típico es el que está regulado por el ordenamiento jurídico y encaja por lo tanto de una estructura o tipo prestablecido. Como consecuencia de ello, decíamos, que se exigía la concurrencia de los elementos de la esencia especiales del contrato en cuestión y por supuesto que de los de la esencia generales que deben estar presentes en la celebración del contrato y ser respetados por las partes. La falta de estos elementos producía como consecuencia jurídica que el contrato no producía efecto alguno o degeneraba en otro diferente. También señalábamos que el contrato atípico es el creado por las partes en virtud del principio de la autonomía privada. Exponíamos que el contrato innominado tenía las mismas “virtudes” que el nominado, pero su “defecto” consistía en que sus efectos debían ser regulados enteramente por las partes. El mentado defecto se presentaba en realidad cuando la regulación que hacían las partes era deficiente. La tendencia del derecho, como fenómeno social que se moderniza es que los contratos innominados (que responden a una necesidad de los contratantes y de la sociedad) con el tiempo pasen a ser nominados, y poníamos como ejemplo el contrato de leasing.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 47 El contrato nominado e innominado

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El contrato nominado e innominado debe respetar las normas que regulan la estructura del contrato, ambos deben cumplir con los requisitos propios de la estructura del contrato:

consentimiento, consentimiento no viciado, causa, objeto, etcétera. Pero, en los elementos de la esencia particulares, ambas figuras se diferencian, en los contratos nominados aquéllos son determinados por la ley. De esta forma, en la compraventa no puede faltar la cosa y el precio, en cambio los elementos particulares de la esencia en los contratos atípicos no los establece la ley, sino las partes. En resumen, los contratos innominados no gozan de una estructura particular tipificada. Concluíamos que no todos los contratos nóminados son típicos ni todos los contratos atípicos son innominados. Señalábamos que existe un sinnúmero de contratos que son nóminados pero no por ello son típicos, y ejemplificamos diciendo que cuando contratamos un camión de mudanza celebramos un contrato de mudanza pero éste no está regulado, lo mismo cuando contratamos a un jardinero, contratamos un “mantenimiento de jardines” o de “talaje” de árboles sin que en parte alguna se encuentre regulado, los escombros que mantenemos en nuestra propiedad después de una remodelación los hacemos extraer por una empresa que nos extiende un contrato de “retiro de escombros” que es nominado pero no típico.

Una subclasificación de los contratos atípicos.

El profesor R. Barcia nos enseña una subclasificación del contrato atípico que puede ser:

1.- Inédito e híbrido o mixto, 2.- Coligado o complejo. Este autor nos dice que en los ordenamientos jurídicos en que el principio de la autonomía privada se manifiesta con más fuerza se ha desarrollado fuertemente la teoría de los contratos atípicos 4 . Esta libertad en la creación de nuevas figuras y su regulación se ha topado, sin embargo, frente a la dificultad de determinar la solución aplicable frente a un vacío de regulación “ex-voluntae” o “ex-lege”. Las sub-clasificaciones de los contratos típicos y atípicos intentan determinar los criterios conforme a los cuales el Juez debe resolver un problema frente a un contrato atípico.

El contrato atípico inédito e híbrido

Es inédito aquel que no corresponde en nada a los tipos reglamentados por el legislador, como el “franchising” o “engeneering”. Son contratos híbridos aquellos que mezclan distintos tipos contractuales, como el leasing.

El contrato atípico mixto, coligado o complejo.

El contrato mixto es aquel en el cual dentro de un único contrato confluyen elementos que pertenecen a tipos de contratos diferentes. El contrato coligado es aquel en que las partes yuxtaponen varios contratos típicos en un negocio único, para tratar de alcanzar con la unión de todos ellos la finalidad empírica que persiguen. El contrato complejo es aquel en que las prestaciones de cada una de las partes, las obligaciones asumidas y los pactos establecidos, aisladamente considerados, pertenecen a un tipo contractual preexistente del cual parcialmente se aíslan para integrarse en el

negocio.

B.- LOS CONTRATOS TÍPICOS: PREPARATORIOS, DEFINITIVOS Y DE GARANTÍA;

Dentro de la categoría de los contratos típicos estudiaremos tres tipos de contratos

regulados:

1.- El contrato preparatorio.

4 En estos países se han creado una serie de teorías que pretenden hacer frente al problema de vacío de regulación de los contratos innominados o atípicos.

2.- El contrato definitivo. 3.- Los contratos de garantía. Curso de Derecho Civil V Prof. Dr.

2.- El contrato definitivo. 3.- Los contratos de garantía.

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Contrato preliminar o preparatorio.

2.- El contrato definitivo. 3.- Los contratos de garantía. Curso de Derecho Civil V Prof. Dr.

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Ya lo habíamos analizado anteriormente, así que recurramos a lo ya dicho. Contrato preparatorio, preliminar, precontrato o avant contrat es aquel mediante el cual las partes estipulan la celebración de un contrato futuro. Generan por tanto, estos contratos, una obligación de hacer, que consisten precisamente en suscribir dentro de un plazo o verificada que sea una condición, otro contrato futuro. Son de este tipo los contratos de promesa (art.1554). En consecuencia el objetivo del contrato preliminar o preparatorio es establecer las condiciones necesarias a fin de hacer factible la celebración de un contrato en el futuro. Contrato definitivo es aquel que se celebra en cumplimiento precisamente de la obligación contraída en el el contrato preparatorio. Son contratos accesorios las cauciones, en los términos del Código Civil, que constituyen contratos, prenda, hipoteca, fianza. (Las que a su turno pueden ser reales o personales).

Es importante no confundir los contratos accesorios que son de garantía con los dependientes que subordinan su existencia a otro contrato sin asegurar su cumplimiento. En Chile es de la esencia del contrato accesorio garantizar el cumplimiento de otra obligación. Por eso, los contratos dependientes no son contratos accesorios. Un ejemplo que ya habíamos dado de contrato dependiente es el de “capitulaciones matrimoniales”, que necesitan del contrato de matrimonio ya que se celebran para regular las relaciones patrimoniales entre los futuros cónyuges. Como consecuencia de su caracter dependiente los derechos que nacen de las capitulaciones matrimoniales son eventuales, ya que se consolidan sólo por el matrimonio. No están sujetos a condición suspensiva, ya que celebrado el matrimonio, los derechos consolidados valen desde el día de la celebración y no nacen con efecto retroactivo.

La garantía que tiene un acreedor para los efectos de hacer valer su crédito se consagra en el mal denominado “Derecho de Prenda General”, mediante el cual el deudor afecta su patrimonio al cumplimiento de una obligación (art.2465). Este derecho de prenda general se fundamenta en la idea de patrimonio como universalidad. Como señalábamos suele ser el derecho de prenda general insuficiente para la seguridad del crédito del sujeto activo ya sea porque como señalába,os no es sino una fotografía en un momento dado de la solvencia del deudor lo que no impide la circunstancia que los bienes salgan de su patrimonio, o sea porque tampoco impide que éste, con esa misma fotografía, pueda obligarse en nuevos créditos que no hagan sino distribuir ese patrimonio entre más acreedores. En conclusión, en muchos de los casos los acreedores necesitan o eventualmente pueden necesitar que se les asegure adicionalmente el cumplimiento de la obligación, lo que se suele lograr mediante la celebración de los contratos de garantía que son contratos accesorios de uno principal.

Contratos accesorios, según el art.1442 son aquellos que tienen por objeto la seguridad del cumplimiento de una obligación principal. Son en síntesis cauciones. El art.46 define lo que es caución. Caución: Es cualquier obligación que se contrae para la seguridad de otra obligación propia o ajena. Son especies de caución la Fianza, la Hipoteca y la Prenda. En consecuencia tenemos 2 términos que tienen relación de genero a especie:

a.- Garantía (término genérico). Por ejemplo, el derecho de prenda general que es una garantía para el cumplimiento de una obligación. El derecho legal de retención también es una garantía, pero no es una caución. b. Caución (es la especie). Las cauciones pueden ser reales o personales:

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 49 b.1.- Las cauciones reales, se

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 49 b.1.- Las cauciones reales, se

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b.1.- Las cauciones reales, se caracterizan por que se afectan determinados bienes al cumplimiento de una obligación. Suelen ser más restringidas que las personales, ya que en esta última generalmente se comprometen patrimonios completos, pero más eficaces (Ej. hipoteca, prenda, anticresis). b.2.- Las Cauciones Personales, que aseguran el cumplimiento de una obligación, por regla general, mediante la incorporación de un tercer patrimonio al cumplimiento de una obligación. Por ej., la solidaridad pasiva y la fianza. Decimos por regla general pues hay casos en que es el propio deudor es el que otorga una caución personal, por ej. en la cláusula penal, que es una caución en la que el propio deudor como seguridad de que va a cumplir la obligación contraída, avalúa anticipadamente y contractualmente los perjuicios que su posible incumplimiento pueda causarle al acreedor. En consecuencia, en las cauciones personales no se toman en cuenta bienes determinados que posea el que garantiza la obligación, sino que su solvencia, y en cierto modo, la confianza que merezca al acreedor.

Entremos al estudio de los contratos en particular, partiendo por los contratos preparatorios y una breve clasificación:

A.- Contrato preliminar nominado e innominado

El contrato preparatorio puede estar establecido y regulado por la ley, en cuyo caso será

nominado, como sucede con la promesa, el leasing habitacional, el corretaje o las arras- o ser un contrato de libre creación de las partes, como sucede con la opción.

B. Contrato general y especial

Esta clasificación se refiere a si el contrato definitivo es un tipo abierto o cerrado. Para don F. Fueyo el contrato preparatorio de arbitraje o cláusula compromisaria sería típicamente un contrato especial, ya que el contrato definitivo es cerrado. Así, la cláusula compromisoria sólo puede llevar a un arbitraje. En cambio, la promesa sería un tipo general, ya que el contrato definitivo puede ser consensual, real o solemne.

C.- EL CONTRATO DE PROMESA

El contrato de promesa esta regulado en el título XII del libro IV del Código civil, relativo al efecto de las obligaciones, a continuación del art.1553 que trata las obligaciones de hacer.

El contrato de promesa, como todo contrato preparatorio, engendra obligaciones de hacer, y la prestación que él impone es la de celebrar un acto o contrato. Lo primero que debemos de decir es que su nombre correcto o completo es el de “contrato de promesa de celebrar un contrato”.

Concepto

Art. 1554. “La promesa de celebrar un contrato no produce obligación alguna; salvo que concurran las circunstancias siguientes:

1ª Que la promesa conste por escrito; 2ª Que el contrato prometido no sea de aquellos que las leyes declaran ineficaces; 3ª Que la promesa contenga un plazo o condición que fije la época de la celebración del contrato; 4ª Que en ella se especifique de tal manera el contrato prometido, que sólo falten para que sea perfecto, la tradición de la cosa, o las solemnidades que las leyes prescriban. Concurriendo estas circunstancias habrá lugar a lo prevenido en el artículo precedente”

Lo que nos dice esta norma es que el contrato de promesa es excepcional, y se deben cumplir todos los requisitos que la norma indica, pues en caso contrario no tienen valor.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 50 Este es un contrato que

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 50 Este es un contrato que

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Este es un contrato que genera muchos problemas, eso significa que hay que conocerlo bien, que hay que ser cuidadoso al redactarlos. Esta es una institución tan peligrosa como útil. El c.civ. trata el contrato de promesa en el art.1554, curiosamente a propósito del efecto de las obligaciones, como se advierte claramente no lo define.

El profesor R. Ramos P. Lo define como un contrato por el cual las dos partes se obligan a

celebrar

un contrato

determinado

en

determinada condición”.

un cierto

plazo

o

en

el evento

de

cumplirse una

I.- Características

1.- Genera obligaciones de hacer. La de realizar un acto jurídico, de celebrar el contrato prometido. 2.- Es solemne, La somenidad consiste en que debe constar por escrito (art.1554 Nº1). El escrito en que debe constar puede ser cualquiera, bastando nada más que esté firmado por las partes. No se requiere por lo tanto instrumento público. Sin embargo, cuando el acto prometido requiere escritura pública, se estima que existe comunicabilidad en la solemnidad y se exige que deba otorgarse también por escritura pública, siguiendo con ello la misma línea del mandato. Pongamos por ejemplo el contrato de promesa de celebrar un contrato de compraventa sobre un inmueble. Sabemos que la compraventa de un inmueble es solemne y la solemnidad consiste en la escritura pública, se deduce entonces que la promesa también. Lo cierto es que esta no es una solución dada por la ley, pues el art.1554 Nº1 en parte alguna exige instrumento público. No es sino la práctica la que lo ha impuesto por razones de seguridad jurídica.

3.- Es un contrato preparatorio. Se celebra antes del contrato futuro y precisamente para preparar éste, por lo que nace la obligación de las partes o de una de ellas de celebrarlo en el futuro. En consecuencia la promesa supone siempre otro contrato (contrato prometido). Por tratarse de contratos distintos por lógica jurídica y en estricta´teoría cada contrato, tanto el preparatorio como el definitivo, deberían satisfacer por separado los requisitos de existencia y de validez. Además es un contrato preparatorio de carácter general, pues es un contrato que prefigura o anticipa cualquier otro contrato, asi podemos encontratos contratos de promesa de sociedad, de promesa de mutuo, etc.

4.- Es un contrato esencialmente sujeto a modalidad. El art.1553 Nº 3 dispone que para que la promesa tenga valor ha de contener un plazo o condición que fije la época en que ha de celebrarse el contrato prometido.

5.- Por regla general, es un contrato bilateral. Ambas partes resultan obligadas, y la obligación consiste en celebrar, ambas partes, el contrato prometido. Sin embargo, nada impide que sólo una de ellas se obligue a celebrar el contrato prometido. En este caso estamos en presencia de un contrato de promesa unilateral (contrato de promesa asociado a la cláusula de opción). También puede ser unilateral o bilateral el contrato prometido. Pueden haber promesas de:

- Celebrar promesa unilateral de contrato bilateral. Ej. Pedro y Juan desean celebrar una compraventa, prometiendo Pedro que lo celebrará, mientras Juan se reserva la posibilidad de hacerlo o no.

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- Promesa bilateral de contrato unilateral. Ej. Pedro y Juan se prometen celebrar comodato. - Promesa bilateral de contrato bilateral. Ej. Pedro y Juan prometen celebrar una compraventa. - Promesa unilateral de contrato unilateral. Ej Ej. Pedro y Juan desean celebrar un mutuo, donde Pedro es el mutuante y Juan el mutuario. Pedro promete que lo celebrará (que prestará el dinero a Juan), mientras Juan se reserva la posibilidad de hacerlo o no (de pedir en definitiva el dinero).

La doctrina en Chile a discutido la validez de la promesa unilateral de celebrar un contrato bilateral, a lo que la jurisprudencia no ha contribuido a esclarecer. Esto se ha visto en la promesa unilateral de compraventa.

Las razones fundamentales son dos:

i) Importa una condición que depende de la sola voluntad del deudor y en consecuencia inválida, pues se trataría de una condición meramente potestativa (Art. 1478). ii) El numerando 4º del Art. 1554 dispone que para que el contrato de promesa sea válido es necesario que en él se especifique de tal manera el contrato prometido que sólo falten para que sea perfecto la entrega de la cosa o las solemnidades que las leyes prescriban. En consecuencia no puede faltar el consentimiento del contrato prometido, pues no se cumpliría el requisito contemplado en dicho precepto. En la promesa unilateral de contrato bilateral falta el consentimiento de aquel que no se obliga a celebrar el contrato prometido, sino que tiene la opción de celebrarlo o no. Lo más curioso de esto es que la misma doctrina que así opina, señala que en cada contrato deben de darse los elementos de existencia y validez, por lo que llegaríamos al absurdo que todos los contratos prometidos serían inexistentes o nulos por haberse otorgado el consentimiento al contrato en otra convención anterior, y volverse a manifestar la voluntad en el prometido (nadie puede consentir en el mismo contrato dos veces), a menos que pensemos en una confirmación del consentimiento anterior, lo que no tiene ningún sentido.

7.- No se podría prometer la celebración de contratos consensuales. Esto se deduciría del art.1554 Nºque parece dar a entender que el contrato prometido solo puede ser real o solemne.

II.- Requisitos para la validez del contrato de promesa

1.- La promesa debe constar por escrito. La exigencia de escrituración transforma a la promesa en un contrato solemne. La solemnidad consiste nada más en que debe constar por escrito, ya sea instrumento privado o público. La jurisprudencia incluso ha sostenido que no es necesario que el consentimiento de ambos contratantes consten en un mismo escrito, puede ser en distintos instrumentos. Con todo, en razón del carácter solemne de la promesa, el consentimiento de las partes debe ser expreso.

La comunicabilidad de la solemnidad

Señalábamos recién que se presentaba el problema de saber si la solemnidad del contrato prometido se comunicaba al contrato de promesa, en cuando el contrato prometido era una compraventa de inmuebles. La opinión unánime en la jurisprudencia y en la doctrina afirmaba que no cabe confundir el contrato de promesa con el contrato prometido, en razón que los requisitos de validez de la promesa son autónomos de aquellos que debe satisfacer el contrato prometido. Se concluía lo anterior relacionando los numerandos 1º y 4º del art.1554. En efecto el número 4º establece que en el contrato de promesa debe especificarse de tal manera el contrato prometido que sólo falte para que sea perfecto la tradición de la cosa o la

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 52 solemnidad respectiva, lo que permite

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solemnidad respectiva, lo que permite la celebración de una promesa de contrato solemne, dejando la solemnidad del contrato prometido pendiente. De ahí que resultaba lógico cncluir que exigir la solemnidad del contrato prometido a la promesa del mismo, significa confundir los requisitos del contrato de promesa con aquellos del contrato prometido. Se concluía entonces, lo qe sigue siendo lógico, que la promesa por instrumento privado de compraventa de bienes raíces. El número 1° ratificaba esta interpretación. Este precepto se refiere sólo a la escrituración del contrato de promesa sin señalar que deba tratarse de escritura pública. A pesar de lo anterior, en la praxis, no habría como convencer a un Notario o Conservador de extender o inscribir una promesa de celebrar una compraventa de inmueble que no conste de instrumento público.

2.- Para que la promesa sea válida el contrato prometido no debe ser de aquellos que la ley declara ineficaces. Dos interpretaciones pueden darse de esta segunda exigencia:

1° Que al tiempo de celebrarse la promesa el contrato prometido deba ser eficaz. 2° Se exige que el contrato prometido sea eficaz, no al tiempo de celebrarse la promesa, sino al tiempo de perfeccionarse el contrato prometido. Esta segunda postura es la más aceptada. En efecto parece ser la más lógica y razonable, si se piensa que el contrato de promesa permite asegurar la celebración de un contrato que por ahora no puede celebrarse. Los sujetos celebran la promesa cuando el contrato prometido no puede ser celebrado en el presente, ya sea por no quererlo o por impedimentos legales. Luego, parece claro que la eficacia del contrato prometido debe comparecer a la época que se fije para celebrarlo y no al momento de celebrarse la promesa. Para advertir las consecuencias de cada interpretación, basta considerar lo previsto en el art.1464, sobre el objeto ilícito. El art.464 N°3 señala que hay objeto ilícito en la enajenación de las cosas embargadas por decreto judicial, a menos que el juez lo autorice o el acreedor consienta en ello. Por su parte el art.1810 nos dice que no se puede celebrar compraventa respecto de aquellos objetos cuya enajenación se encuentra prohibida por las leyes, entonces si tengo un inmueble embargado de mi propiedad, se que no puedo venderlo o enajenarlo, pero ¿podré prometer venderlo? La respuesta depende de la interpretación que se adopte del 1554 N°3. La segunda interpretación permite la promesa de cosas cuya enajenación se encuentra actualmente prohibida, permite, por ej., que lo herederos puedan, sin practicar ninguna de las inscripciones previstas en el art.688 prometer vender un inmueble que forma parte de la masa hereditaria o posibilita que el fallido, no obstante el desasimiento, pueda prometer vender un bien bajo condición de que cese el estado de quiebra.

Existe una tercera interpretación del art.1554 N°2. Se excluiría la posibilidad de prometer contratos prohibidos por las leyes, pero no las promesas de contratos sometidos a leyes imperativas de requisito, aunque al momento de celebrarse la promesa estos requisitos no se encuentren cumplidos. Según esta interpretación, no se podría prometer vender una cosa incomerciable, pero si se podrá prometer vender una cosa embargada. Lo mismo cuando existe respecto de un bien una prohibición convencional de enajenar, porque impide al dueño del bien prometer vender, bajo condición que cese la prohibición de enajenar.

3.- Es necesario que en la promesa se contenga un plazo o condición que fije la época de celebración del contrato prometido. La promesa esta esencialmente sujeta a modalidad, en consecuencia la ausencia de modalidad provoca que la promesa no produzca efectos.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 53 La modalidad que fija la

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La modalidad que fija la época de celebración del contrato puede ser: condición, plazo o mezcla de ambos. Como se sabe, la condición se clasifica en suspensiva y resolutoria, ambas pueden utilizarse para fijar la época de celebración del contrato prometido, aunque sus efectos son diametralmente distintos. Así entonces si se fija una condición resolutoria se podrá exigir la celebración del contrato prometido hasta el momento en que la condición se cumpla, pues cumplida se extingue el derecho. Si se trata en cambio de una condición suspensiva la facultad de exigir el cumplimiento del contrato nacerá sólo cuando se verifique el hecho del que pende la condición. En este caso la condición suspensiva normalmente irá asociada a un plazo determinado. En ambas condiciones se satisface el requisito de fijar la época de celebración del contrato. La clasificación de las condiciones en determinadas e indeterminadas tiene relevancia en el contrato de promesa. Condición determinada es aquel hecho futuro e incierto que suponiendo que vaya a suceder, se sabe cuando, por ej. la edad de una persona. Condición indeterminada es aquella que suponiendo que ocurra, no se sabe cuando, por ej. que Pedro se reciba de abogado. El problema que presenta la condición indeterminada es que en principio no resulta posible precisar cuando se ha cumplido o cuando debe estimarse fallida. Imaginémonos que una sociedad constructora celebra sendas promesas de compraventa de acciones y en el mismo contrato la empresa constructora se obliga a construir un club de golf mediante una sociedad anónima, cuyas acciones han sido prometidas vender a los prometientes compradores. Sin embargo, en la promesa no se establece plazo para cumplir con la obligación.

Primera postura

Se ha sostenido que en el evento que en la promesa se establezca una condición indeterminada, ésta no satisface el requisito contemplado en el numerando tercero del art.

1554, porque no fija ninguna época de celebración del contrato prometido. En consecuencia una promesa con condición indeterminada sería nula.

Segunda postura

Sostiene que en el evento que se pacte una condición indeterminada en la promesa, la ley de modo supletorio establece un plazo que llegado determina si la condición se ha cumplido o ha fallado. El mensaje del Código civil en el párrafo XXIX consigna que una regla fundamental es la prohibición de fideicomisos sucesivos, ya que éstos entraban la libre circulación de los bienes, en ese párrafo se contiene una idea más general que tiende al mismo objetivo: la limitación de las condiciones, las cuales se reputan fallidas si tardan más de treinta años en cumplirse. El plazo de treinta años estaba establecido en el antiguo art.739, hoy este plazo es de cinco años. De lo anterior se seguiría que las condiciones indeterminadas se reputan fallidas si al cabo de cinco años no se cumplen. Hay otros autores que sostiene que la regla enunciada por Bello en el mensaje tiene por objeto reputar fallidas las condiciones en el plazo máximo establecido en el Código. Por lo tanto las condiciones indeterminadas se entenderían fallidas al transcurrir 10 años. La jurisprudencia ha fallado en ambos sentidos, aunque mayoritariamente se estima que la condición indeterminada se entiende fallida una vez transcurridos 10 años. En todo caso, debe tomarse la precaución de establecer condiciones determinadas al redactar una promesa de contrato. El plazo también puede ser una modalidad que fije la época de celebración del contrato prometido.

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Según sabemos, el plazo también admite clasificaciones:

  • - plazo suspensivo y

  • - plazo extintivo.

En el caso que se estipule como modalidad un plazo extintivo, su cumplimiento importa la caducidad del contrato de promesa, pues la llegada del plazo de naturaleza extintivo deja sin efecto las obligaciones emanadas del contrato de promesa. La época de celebración del contrato prometido se puede entonces configurar a la vez por medio de condición y plazo. Caso típico de condición y plazo, se verifica cuando la condición es determinada. Otra combinación posible es que se estipule una condición suspensiva que verificada establece el inicio de un plazo. Sabemos que los herederos no pueden disponer de los inmuebles hereditarios sin practicar las inscripciones que se establecen en el art.688. La expresión disponer que emplea el citado precepto ha de ser entendida como la expresión “enajenar”, el art.688 entonces no impide prometer vender. La promesa cumple con el requisito del número 3º. Basta estipular una cláusula del siguiente tenor: "el contrato prometido se celebrará dentro de lo seis meses siguientes a la inscripción especial de herencia". A contrario sensu, es posible estipular un plazo seguido de una condición para celebrar el contrato prometido: "se celebrará tal contrato siempre que acaezca tal condición dentro del

plazo de

....

días".

4.- La promesa debe especificar de tal manera el contrato prometido que sólo falten para que sea perfecto la entrega de la cosa o el otorgamiento de la solemnidad prescrita en la ley. La exigencia fundamental es la necesidad de especificar el contrato prometido. Lo importante es saber ¿qué se entiende por especificar?.

Dos opiniones al respecto. 1ª Especificar equivaldría a configurar en el contrato de promesa todos y cada uno de los aspectos del contrato prometido, incluso sus requisitos de validez, faltando solamente la entrega (si el contrato prometido es real), o el otorgamiento de la solemnidad (si el contrato prometido es solemne). Por ej. si lo prometido es un contrato de compraventa, se satisfaría el requisito que estamos considerando si se detalla el contrato de compraventa que en el futuro se pretende celebrar. En otras palabras especificar el contrato prometido llebvaría al exremo de dejarlo establecido en tales términos que cuando llegue la época de celebrarlo, nada más haya que reemplazar las expresiones prometiente vendedor y prometiente comprador, por las expresiones vendedor y comprador, y, luego, otorgar el contrato por escritura pública.

2ª La Corte Suprema señaló que especificar equivaldría a individualizar. es decir, se cumpliría el requisito cuando se individualiza suficientemente el contrato prometido, por que significa de acuerdo al art.1444 señalar nada más que los elementos esenciales del contrato que se pretende celebrar. Por ej. en el mismo caso de la compraventa, indicar la cosa y el precio. En cuanto a los elementos de la naturaleza y accidentales no sería necesario establecerlos, pues los primeros están previstos por la ley y los segundos no son obligatorios, sino que están supeditados a la voluntad de las partes. ¿y el consentimiento del contrato prometido? Se ha sostenido que el consentimiento respecto al contrato prometido no constituye un requisito del contrato de promesa. Esta afirmación permite la admisión de la promesa del contrato consensual. El principio que se sigue del numerando 4º del art.1554 es la clara y absoluta independencia entre el contrato de promesa y el contrato prometido. Por lo mismo y en la medida que se

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trate de dos contratos distintos, poseen requisitos diferentes y por lo tanto resulta errado exigir para la validez de la promesa requisitos que son propios del contrato prometido.

Problemas jurisprudenciales

1.- La promesa unilateral de celebrar un contrato bilateral. La promesa unilateral de contrato bilateral es aquel por el cual una de las partes se obliga a celebrar el contrato prometido y la otra si bien acepta la promesa, no compromete su

voluntad de celebrarlo. Se trata, pues, de un contrato, pues ambas partes consienten en la promesa, pero unilateral, ya que solo una de las partes resulta obligada, quedando la otra a salvo de aceptar o rechazar la celebración del contrato prometido. No debe confundirse la promesa unilateral de celebrar un contrato bilateral con la oferta de contrato o con la declaración unilateral de voluntad. En estas instituciones no existe contrato. La promesa, por su parte, constituye un contrato, existe intercambio de voluntades que forman el consentimiento. El beneficiario de la opción consiente en la promesa de contrato. Esto no lo transforma en acreedor de la obligación que puede generarse del contrato prometido, pues no ha manifestado todavía su consentimiento. El beneficiario de la opción tiene la posibilidad de hacer efectivo el contrato prometido. En la práctica comercial existe una institución cuyo desarrollo dogmático es bastante pobre. Las empresas constructoras suelen ofrecer la venta de departamentos y con anterioridad a la celebración de la promesa de compraventa se exige una “reserva” que obliga a la empresa constructora a no vender el departamento en cuestión, según consta en un documento por escrito, de manera tal que si el posible comprador no celebra la promesa de compraventa, el dinero entregado para la “reserva” queda para la empresa constructora. La verdad es que en este caso estamos claramente en presencia de un contrato de promesa unilateral, pues la empresa constructora se obliga a no vender el respectivo departamento, en cambio, el beneficario de la opción no contrae obligación alguna. El beneficiario de la opción (posible comprador) no se obliga a celebrar la promesa ni menos la compraventa del departamento, sino que a pagar un precio por tener la opción de celebrar la promesa respectiva. Sin embargo la promesa unilateral de contrato bilateral ha sido cuestionada en Chile, no así en el derecho comparado. Se esgrimía como argumento en contra de la validez de este tipo de promesa el mismo numeral 4º del art.1554 pues se sostenía que la promesa debe especificar el contrato prometido de tal manera que solo falte la entrega o la solemnidad correspondiente, por lo que se violaba esta exigencia desde el momento que la promesa unilateral dejaba pendiente el consentimiento del beneficiario de la opción de celebrar o no el contrato prometido. Podemos observar que esta forma de pensar no hace sino confundir el contrato de promesa con el contrato prometido y entender la voz “especificar” en el primer sentido estudiado. Especificar el contrato prometido no puede significar que este deba identificarse con el contrato de promesa. En la promesa unilateral de compraventa, todos los elementos de la compraventa están especificados en la promesa (cosa, precio), pero el comprador no se obliga a celebrar la compraventa o el vendedor no se obliga a vender la cosa. El consentimiento, en efecto, queda pendiente y este sólo se verificará al momento de celebrarse el contrato prometido, por lo que si el beneficiario de la opción hace efectiva la promesa podrá ejercer todos los derechos previstos en el art.1553. El profesor Ramos señala que el aceptar la promesa unilateral de contrato bilateral no soluciona todos los problemas, pues no plantea problemas si el contrato prometido es un contrato solemne, por ej. una compraventa de inmueble, deberá el beneficiario consentir en la compraventa y otorgarse la solemnidad respectiva (que no es sino la forma que la ley exige para exteriorizar ese consentimiento), pero el autor se pregunta qué ocurre si se trata

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de una compraventa de bien mueble ¿Puede celebrarse una promesa de contrato consensual?. ¿Cumpliría este contrato con la condición prevista en el artículo 1554 Nº4? Nosotros respondemos porque no, conforme a todo lo razonado anteriormente y que analizaremos una vez más a continuación.

2.- Problema de la promesa de contrato consensual. Para descartar la promesa de contrato consensual se invocaba también el numeral 4º, pues de é se desprendería que el contrato prometido sólo podría ser un contrato real o solemne, mas no consensual, ya que estos serían los únicos casos en que sólo puede faltar la entrega de la cosa o el otorgamiento de la solemnidad para su perfección.

Dos fundamentos doctrinarios para reconocer la validez de la promesa de un contrato consensual.

1° La historia fidedigna del art.1554. En el proyecto de 1853 el actual numeral 4º establecía que en el caso que el contrato prometido fuere consensual, el contrato de promesa se identificaba con él. Luego, en el proyecto denominado inédito que antecede al actual Código civil, esa parte del numerando 4º se suprimió. A partir de esta constatación se dice que Bello comprendió que la promesa de contrato consensual era válida. Sin embargo, se señala que dicha frase habría desaparecido por ser obvia la identificación entre el contrato de promesa y el contrato prometido consensual. Con todo este problema se puede salvar señalando de manera precisa en el contrato solemne que el contrato prometido consensual se somete a una determinada solemnidad convencional pactada en el contrato de promesa. 2° Uno de los principios básicos para interpretar el contrato de promesa es advertir que siempre en el contrato de promesa comparecen dos contratos con requisitos de validez independientes, el contrato de promesa, por una parte, y el contrato prometido, por otra. El consentimiento en el contrato de promesa se encamina única y exclusivamente a una obligación de hacer (los sujetos de derecho consienten en hacer un contrato en el futuro), por lo que no puede confundirse el contrato de promesa y el contrato prometido, pues consentir en la promesa no significa consentir en el contrato prometido. Ambos consentimientos son independientes y pueden verificarse en momentos distintos. La posición de la jurisprudencia se encamina en este sentido, por ej, la Corte Suprema ha señalado que “el art.1554 se refiere a la promesa de toda clase de contratos"

3.- La promesa y el régimen matrimonial. El Código civil establece como régimen matrimonial de pleno derecho la “sociedad conyugal”. Según los preceptos aplicables y luego de la reforma introducida por la Ley 18.802, la mujer casada es plenamente capaz. No obstante la capacidad legal de la mujer casada bajo sociedad conyugal, ésta no administra sus bienes propios, sino que son administrados por el marido. Además el marido administra los bienes comunes del matrimonio que forman el haber social. A pesar que la administración de los bienes sociales y propios de la mujer casada bajo régimen de sociedad conyugal corresponde al marido, el art.1754, somete esta administración a especiales exigencias, así por ej. el marido no podrá enajenar ni gravar los bienes raíces de la mujer sin el consentimiento de ésta, lo mismo establece el art. 1749 respecto de los bienes sociales. Con la modificación de la ley 18.802 se estableció que el marido no podriá enajenar, prometer enajenar, ni gravar o prometer gravar los bienes raíces sociales sin autorización de la mujer, ni tampoco los derechos hereditarios de la mujer.

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El problema se presenta con el art.1754 que señala que “no se podrán enajenar ni gravar los bienes raíces de la mujer, sino con su voluntad”. Como se advierte en parte alguna se impide prometer enajenar o prometer gravar los bienes propios de la mujer por el marido. Somarriva sostenía que la promesa sin el consentimiento de la mujer respecto de sus bienes propios era inválida, pues la promesa constituye un principio de enajenación. Agregaba que si se aceptaba la promesa de enajenar se estaría permitiendo que el marido burlara la ley al no contar con el consentimiento de la mujer. Por ej. se celebra por el marido un contrato de promesa de enajenar un bien raíz de la mujer sin su consentimiento con plazo de un año. Llegado el plazo el marido puede señalar que no puede celebrar el contrato prometido, ya que no cuenta con la autorización de la mujer, lo que permitiría al acreedor prometiente comprador de solicitar la ejecución forzada de la promesa (art.1553). Sin embargo, esta posición es errada. La promesa es válida, pues no existe precepto alguna que impida al marido prometer enajenar o gravar bienes propios de la mujer, salvo sus derechos hereditarios. La promesa no constituye enajenación. Este contrato sólo genera obligaciones de hacer.

El problema en realidad es otro. El contrato de promesa celebrado por el marido involucra una promesa de hecho ajeno, cual es la autorización de la mujer para celebrar el contrato prometido. El juez no puede proceder a la ejecución forzada de la promesa. El prometiente comprador sólo puede entonces exigir la indemnización de perjuicios en contra del marido (1553 Nº4).

4.- La promesa de compraventa de inmuebles y la lesión enorme. El contrato de compraventa de inmuebles posee una específica forma de rescisión, que ya hemos estudiado anteriormente: la lesión enorme. Sabemos que cuando hay lesión enorme, el contratante afectado puede interponer la acción de nulidad relativa. El otro contratante puede aceptar que se rescinda el contrato o impedir su rescsión pagando el justo precio. El problema que se plantea es si puede demandarse la rescisión por lesión enorme respecto del contrato de promesa de compraventa. Quienes pretenden que se puede rescindir han invocado el numerando 2º del art.1554, por cuanto la promesa sería nula porque el contrato prometido sería ineficaz. La opinión mayoritaria señala que no puede anularse la promesa de compraventa por lesión enorme.

Argumentos:

  • a) No es cierto que la compraventa prometida en este caso sea ineficaz.

El demandado puede evitar la rescisión enterando el justo precio o con deducción de una décima parte o restituir el exceso del precio recibido aumentado en una décima parte. Dicho de otra manera, el demandado de lesión enorme tiene la opción de consentir en la rescisión o hacer pervivir el contrato, lo que pasa es que esta alternativa sólo puede verificarse una vez que se encuentre otorgado el contrato prometido.

  • b) De aceptarse el argumento de nulidad del contrato de promesa de compraventa, sería de

nulidad absoluta, al faltar un elemento esencial del art.1554. Esta solución significaría el absurdo que la sanción sería mayor en la promesa de compraventa que en el contrato de compraventa, respecto del cual se regula la rescisión por lesión enorme.

  • c) La nulidad del contrato de promesa de compraventa por lesión enorme infringiría dos

principios:

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1°- El principio según el cual las sanciones son de derecho estricto. La lesión, en efecto, está prevista para el contrato de compraventa y no para la promesa de compraventa, por lo que no cabe hacerla extensiva a la promesa. 2°.- Se infringe el principio que obliga a no confundir la promesa con el contrato prometido.

Todavía en relación a la lesión enorme, se ha planteado la interrogante si puede rescindirse la compraventa cuando la lesión se configuró al tiempo de la promesa. Precisemos el problema. La pregunta que cabe resolver es si resulta válida una promesa de venta si al momento que debe otorgarse el contrato prometido, la cosa cuya venta se prometió ha aumentado en su valor en más del doble del justo precio o, por el contrario, ha disminuido su valor en más de la mitad del justo precio. Supongamos que el precio pactado en la promesa se ajustaba al justo precio a la época de su celebración, pero al momento de otorgar la compraventa, existe lesión enorme.

Argumentos para rechazar el cumplimiento de la promesa. 1° Se sostiene que el contrato de promesa no sería válido, pues adolece de lesión enorme o es nulo absolutamente por ser ineficaz el contrato prometido. 2° Si bien se reconoce validez al contrato de promesa, la alteración en las circunstancias posteriores a su celebración darían lugar a la imprevisión. Frente a esta posición aparece otra que rechaza los argumentos precedentes y estima que el contrato prometido debe cumplirse, esta es la opinión mayoritaria. La posición minoritaria, aquella que rechaza el cumplimiento de la compraventa pues estima aplicable la lesión enorme al contrato de promesa requiere que la lesión se verifique al momento de la celebración de la promesa. En esta época las partes acuerdan el precio por la cosa y, en consecuencia, en este momento debe verificarse la lesión para rescindir el contrato de promesa. Una vez más vemos que se confunde el contrato de promesa y el contrato prometido (la compraventa). Además sabemos que las sanciones civiles son de derecho estricto y no corresponde extender la lesión contemplada respecto a la compraventa al contrato de promesa. Para que haya lesión se requiere que exista la compraventa, así lo ha señalado, por lo demás, la Corte Suprema.

Descartada la posibilidad de exigir la rescisión por lesión enorme del contrato de promesa, cabe interrogarse sobre las posibles consecuencias de existir lesión al momento de celebrarse la promesa o con posterioridad a su perfección. Si la lesión se produce al momento de la promesa de compraventa, puede estimarse que el contrato prometido no es eficaz según lo exige el artículo 1554 Nº 2. Aquí procede la nulidad absoluta del contrato de promesa por no cumplirse con la condición prevista en el Nº2. ¿Que pasaría si la lesión desaparece con posterioridad a la celebración de la promesa?, ¿qué ocurre si la desproporción desaparece con posterioridad a la promesa? En este caso no cabe descartar la nulidad, pues la condición de eficacia del contrato prometido debe concurrir al momento de la celebración de la promesa.

Cuestión distinta se verifica cuando la lesión ocurre con posterioridad a la celebración del contrato de promesa. Aquí no cabe anular la promesa, pues a la época de su celebración el contrato prometido era eficaz. La única posibilidad de restar eficacia al contrato de promesa sería aceptar la teoría de la imprevisión y, por esta razón, proceder a la resolución del contrato de promesa o el reequilibrio del mismo. Sin embargo, como ya vimos, esta teoría no es aceptada por la jurisprudencia, pese a la opinión favorable de la doctrina.

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Por último, al momento de celebrarse la compraventa prometida puede que persista la desproporción entre el precio y la cosa. En aplicación del art.1889 procede la rescisión por lesión enorme de este contrato, aunque se ejecute en virtud de una promesa y que al tiempo de celebrarse esta no existiere la lesión. Al perfeccionarse la compraventa puede configurarse la lesión y el contratante afectado puede hacer efectiva las reglas previstas en los artículos 1889 y ss.

EFECTOS DEL CONTRATO DE PROMESA

1.- El contrato de promesa es un contrato y sólo genera una obligación de hacer y por tratarse de una obligación de hacer ha de someterse, en sus efectos, a lo previsto en el

art.1553.

2.- Las cláusulas del contrato de promesa y la verificación de si satisfacen o no los requisitos del art.1554 han de interpretarse en términos estrictos. La promesa de celebrar contrato no produce por regla general efecto alguno, a no ser que satisfagan los requisitos allí previstos.

3.- La promesa de celebrar contrato no priva al prometiente vendedor de la facultad de disponer del inmueble que promete vender. Lo único que allí se verifica es el incumplimiento de la obligación contractual de hacer que da lugar a la indemnización de perjuicios. Sin embargo, el tercero adquirente puede verse expuesto a pagar una indemnización de perjuicios en calidad de cómplice en el incumplimiento de una obligación contractual. El prometiente vendedor puede enajenar el inmueble a un tercero, aunque exista cláusula de no enajenar pues esa cláusula de no enajenar también genera una obligación de no hacer, cuya infracción produce los efectos previstos en el art. 1555.

4.- El contrato de promesa de celebrar contrato, incluso de celebrar compraventa de inmuebles, no requiere inscripción. Aún cuando se practique ésta carece de efectos.

5.- Si bien el contrato de promesa no tiene efectos reales, sino puramente obligacionales, el contrato de promesa excepcionalmente tiene valor de título posesorio en el caso del D.L.2695 sobre regularización de la pequeña propiedad raíz.

D.- EL MANDATO;

Está regulado en el titulo XXIX del libro IV ( art.2116 y ss.)

Concepto

Art. 2116. “El mandato es un contrato en que una persona confía la gestión de uno o más negocios a otra, que se hace cargo de ellos por cuenta y riesgo de la primera. La persona que confiere el encargo se llama comitente o mandante, y la que lo acepta, apoderado, procurador, y en general, mandatario”

Características

1. El mandato es un contrato consensual (art.2123) Art. 2123. “El encargo que es objeto del mandato puede hacerse por escritura pública o privada, por cartas, verbalmente o de cualquier otro modo inteligible, y aun por la aquiescencia tácita de una persona a la gestión de sus negocios por otra; pero no se admitirá en juicio la prueba testimonial sino en conformidad a las reglas generales, ni la escritura privada cuando las leyes requieran un instrumento auténtico”

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 60 Esta es la regla general,

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 60 Esta es la regla general,

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Esta es la regla general, como excepciones pueden nombrarse el mandato judicial que es solemne (art.6° CPC) y el mandato para contraer matrimonio que también es solemne

(art.103).

¿Cuando el mandato se da para ejecutar un acto solemne, debe el mandato cumplir con la misma solemnidad? Es el mismo punto que se nos planteó respecto de la comunicabilidad de la solemnidad del contrato prometido al contrato de promesa. La opinión que prima actualmente es que se trata de dos actos jurídicos distintos, y aun cuando el acto por el cual se da el mandato sea solemne, no es necesario que el mandato sea solemne. La tesis contraria esta relacionada con la teoría del nuncio o mensajero o de la ficción en relación con la teoría de la representación en la formación del consentimiento, pues según estas teorías la voluntad que concurre a la celebración el acto jurídico es la del mandante y por tanto es el quien debe cumplir con la solemnidad.

  • 2. Es un contrato bilateral

En efecto surgen obligaciones para ambas partes, el mandante tiene la obligación de proveer al mandatario de lo necesario para ejecutar el mandato y de pagar la remuneración pactada, y el mandatario asume la obligación de ejecutar lo pactado y de rendir cuenta. Algunos dicen que si el mandatario no es remunerado, el contrato seria unilateral. Concluir lo anterior es reducir las obligaciones del mandante sólo al pago de la remuneración, lo que es un error, pues éste se obliga también a proveer de lo necesario para el cumplimiento del cometido. En todo caso pese a que es un contrato bilateral, se estima que no opera la condición resolutoria tacita, porque cuando el contrato se celebra a través de un mandatario hay un tercero que pudiese verse afectado por la condición.

  • 3. Es un contrato naturalmente oneroso

Si nada se dice en el contrato, entonces el mandatario tiene derecho a una remuneración llamada "honorario", este es un elemento de la naturaleza que las partes pueden modificar pactando que sea gratuito. Otra cosa es que no se haya estipulado la cuantía de la remuneración, en este caso la ley da la solución en el art.2158 señalando que el monto de los honorarios del mandatario será el "usual".

  • 4. Dentro de la onerosidad es un contrato conmutativo

Excepcionalmente será aleatorio cuando la remuneración del mandatario quede subordinado al éxito o fracaso de un negocio.

  • 5. Es un contrato principal

  • 6. Es un contrato de confianza

Esta característica se encuentra en la propia definición.

Consecuencias de ello:

  • a) Es un contrato intuito personae

  • b) Termina por voluntad de cualquiera de las partes.

En el caso del mandante puede revocar, y el mandatario puede renunciar.

  • c) Termina por la muerte de cualquiera de las partes

Excepción a esta regla es el mandato judicial (Art. 7 del CPC)

  • d) Termina también cuando al mandatario o mandante cae en incapacidad sobreviniente.

El mandato y la representación

En tanto contrato el mandato supone acuerdo de voluntades.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 61 La representación en cambio no

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La representación en cambio no es una convención, es tomada según la doctrina moderna como una modalidad del acto jurídico, lo que la cátedra no comparte. Como consecuencia de su caracter de modalidad se concluye que debe de pactarse por las partes e incluirse dentro del contrato por medio de cláusulas especiales. De lo anterior se colige que puede haber representación sin mandato, como ocurre con los representantes legales y que puede haber mandato sin representación, situación que en nuestro código contempla el art.2151.

Art.2151. “El mandatario puede, en el ejercicio de su cargo, contratar a su propio nombre o

al del mandante; si contrata mandante”

a

su

propio nombre, no

obliga respecto de

terceros al

Este artículo en todo caso nos demuestra todo lo contrario del caracter accidental de la representación dentro de los actos jurídicos, ante nosotros se nos presenta como un elemento de la naturaleza del contrato del mandato, que las partes pueden excluir si así lo desean. Convengamos que la idea de representación, no es esencial, porque puede perfectamente el mandatario contratar a nombre propio y no a nombre del mandante, así lo dice expresamente el art.2151. Si contrata a nombre propio, no obliga al mandante respecto de terceros. Si contrata a nombre del mandante lo obliga respecto de terceros, pues éstos presumen que contratan con un representante del mandante. En este caso caso la representación en el mandato es un elemento de la naturaleza que no es necesario precisar, pues la ley suple el silencio de las partes.

Ahora bien el mandato que no lleva la idea de representación puede ser de dos clases. En ciertos casos, el que contrata con el mandatario sabe que éste está actuando a nombre de un tercero, como sucede con la comisión. Pero en otros casos el mandato se oculta; el que contrata con una persona cree que contrata directamente con él, cuando en el fondo no es sino un mandatario que obra por cuenta ajena. El mandante aquí por diversas razones, puede tener interés en no dar a saber a los terceros que la operación se celebra por su cuenta. Que de la definición del código aparezca que el mandatario actúa “por cuenta y riesgo” del mandante no significaría para algunos autores que los efectos del acto se radiquen en éste o que el mandatario actúe representando al mandante sino que se interpreta como que el negocio le interesa al mandante y no al mandatario, es decir se subrayaría que todo mandatario ejecuta el encargo como algo que le es ajeno.

El problema está en la interpretación que se tiene de lo que es un elemento de la naturaleza

Sabemos que el mandatario puede cumplir el encargo sea actuando bajo su propio nombre o en nombre de su mandante (nombre ajeno). Sabemos también que la actuación a nombre propio del mandatario o fuera de los límites del mandato, es más bien una gestión de negocios, un cuasicontrato y no un contrato propiamente tal. Sabemos que se concluye entonces que la representación es un elemento de la naturaleza y no de la esencia del mandato civil, el problema se nos presenta con la consecuencia de esta conclusión: los autores señalan entonces que si nada se dice sobre la representación se entiende que el mandatario puede actuar a nombre propio o a nombre ajeno. Es en esta parte que la cátedra no comparte esta consecuencia, pues si se le considera a la representación como elemento de la naturaleza, si nada se dice en el contrato se presume que el mandatario actúa en la representación del mandante. Esa es realmente la función de los elementos de la naturaleza (aquellos que no siendo esenciales en él se entienden pertenecerle sin necesidad de una cláusula especial que los introduzca).

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 62 En materia comercial el art.259

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 62 En materia comercial el art.259

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En materia comercial el art.259 c.com. dispone que en caso de duda se presume que el mandatario ha actuado en nombre propio, por lo que la representación no es elemento de la naturaleza del mandato comercial. Dicho de otro modo, la no representación es el elemento de la naturaleza del mandato mercantil.

La principal diferencia entre actuar a nombre propio o en nombre de un tercero, es que en este último caso opera la representación (elemento accidental de los actos jurídicos, pero no del mandato según nuestro razonamiento), en cuya virtud los efectos del acto se radican directamente en el patrimonio del representado por lo cual éste goza de acción directa contra el otro contratante, como también queda obligado directamente para con éste. Cuando el mandatario actúa en su propio nombre los efectos del acto se radican en su patrimonio y no en el de su mandante, quien para todos los efectos resulta ser un extraño en la relación jurídica, de forma tal que el mandatario en su momento, al rendir cuenta, deberá transferir al mandante los derechos que para él hubiere adquirido. Lo que pasa es que si el mandatario actúa a nombre del mandante en el mandato civil, el contratante presume que ha contratado con un representante del mandantante. A nuestro juicio entonces el mandatario en este caso se obliga a transferir al mandante, cuando a éste así le convenga, los derechos que para él hubiere adquirido pero de ahí a concluir que deba de transferírselos en todo caso es otra cosa. Cuando los autores interpretan la representación como elemento de la naturaleza en el mandato civil en términos que, sea que el mandatario actúe a nombre propio o por cuenta del mandante, en definitiva es este último quien soporta las pérdidas y beneficios del negocio, es discutible según la cátedra.

¿Mandato y poder es lo mismo?

Regularmente nos expresamos sin distinción señalando “aqui esta mi mandato” o “este es mi poder”, hablamos de “mandatario o apoderado”, etc. Podemos decir que el mandato es el continente y el poder el contenido. Los límites del mandato son los poderes conferidos. El apoderado tiene poder en virtud de un mandato. Confiemos en el sentido natural y obvio de las palabras, el poder es la capacidad de hacer algo, recordemos siempre la pregunta ¿qué es lo que podemos hacer en virtud del mandato que se nos ha conferido? En cuanto a las extensiones del poder del mandatario en materia civil (lo veremos enseguida en la clasificación de mandato general y especial) es más reducido que en materia comercial. El poder como contenido de las facultades otorgadas al mandatario, en materia comercial, a falta de determinación o en su silencio es suplido por la ley en el artículo 340, por cuya virtud se le otorga al mandatario facultades de disposición, lo que obviamente no sucede en materia civil.

Capacidad de las partes para celebrar el contrato de mandato

Hay que distinguir entre el mandante y el mandatario.

Del mandante

En cuanto al mandante, la ley no establece reglas especiales y por tanto se aplican las reglas

generales de capacidad.

Del mandatario

Respecto del mandatario hay reglas especiales, que están en el art. 2128.

La ley distingue dos situaciones.

Art. 2128. “Si se constituye mandatario

a un menor adulto, los actos ejecutados

por el

mandatario serán válidos respecto de terceros en cuanto obliguen a éstos y al mandante;

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 63 pero las obligaciones del mandatario

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pero las obligaciones del mandatario para con el mandante y terceros no podrán tener efecto sino según las reglas relativas a los menores”

El mandatario puede ser menor adulto. Es lógico pues si le doy un mandato a un menor adulto, no es el patrimonio del menor adulto que corre peligro, sino el del tercero y el del mandante. Lo que dice la ley es que en cuanto a las obligaciones que contraiga el mandatario tanto respecto del mandante como respecto de terceros, se rigen por las reglas generales sobre su validez, pero los actos ejecutados por el mandatario son siempre válidos en cuanto generan obligaciones entre el mandante y los terceros.

Clasificación del mandato

  • A. Atendiendo a la naturaleza del encargo

Hay mandato civil, comercial y judicial.

  • - Mandato civil es aquel en que el negocio encomendado es de naturaleza civil.

  • - Mandato Comercial es aquel en el que el negocio encomendado es un acto de comercio.

  • - Mandato Judicial, se rige por las reglas especiales del CPC.

    • B. Atendiendo a su extensión

Hau mandato general y especial.

  • - Especial, es el que se da para uno o más negocios especialmente determinados (art.2130)

  • - General es el que se da para todos los negocios del mandante. (art.2130).

Esta clasificación se hace atendiendo al texto del Art. 2130, no tiene que ver con las facultades del mandatario.

Art. 2130. “Si el mandato comprende uno o más negocios especialmente determinados, se llama especial; si se da para todos los negocios del mandante, es general; y lo será igualmente si se da para todos, con una o más excepciones determinadas. La administración está sujeta en todos casos a las reglas que siguen”

  • C. En cuanto a las facultades del mandatario

Puede ser

de

general o especial.

El

general

a

su

vez

puede ser

de

simple

o

de

libre

administración. En todo caso sea que el mandato sea general o especial no da al mandatario más facultades que las que el mandante le ha conferido, salvo que la ley lo faculte para obrar de otra manera (art.2131). Art. 2131. El mandatario se ceñirá rigurosamente a los términos del mandato, fuera de los casos en que las leyes le autoricen para obrar de otro modo”

MANDATO GENERAL

1) Mandato de simple administración (art.2132 inc.1°) Art. 2132. “El mandato no confiere naturalmente al mandatario más que el poder de efectuar los actos de administración; como son pagar las deudas y cobrar los créditos del mandante, perteneciendo unos y otros al giro administrativo ordinario; perseguir en juicio a

los deudores, intentar las acciones posesorias e interrumpir las prescripciones, en lo tocante a dicho giro; contratar las reparaciones de las cosas que administra; y comprar los materiales necesarios para el cultivo o beneficio de las tierras, minas, fábricas, u otros objetos de industria que se le hayan encomendado”

La regla entonces es que el mandatario sólo esta facultado para efectuar los actos de administración que digan relación con el giro administrativo ordinario. Actos administrativos son los que tienden a la conservación del patrimonio.

- Son actos
-
Son actos

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aquellos en que

se

de mera conservación

requiere el nivel

64 mas bajo de
64
mas bajo
de

facultades para actuar. Son tales por ejemplo: contratar reparaciones necesarias de aquello que administra, comprar lo necesario para el cultivo o beneficio de un inmueble. - Son actos de administración aquellos que dicen relación con actos propios del giro del negocio. Por ejemplo: interrumpir prescripciones, intentar acciones posesorias, cobrar créditos, percibir dineros, pagar deudas etc. - Son actos de disposición aquellos que se refieren al nivel mas pleno de facultades conferidas, toda vez que ellas habilitan para la enajenación jurídica o material de las cosas que se dan en administración. Sobre este punto no hay que ser tan categóricos pues si lo enajenado recae sobre cosas que forman parte del giro ordinario del negocio, el acto es de administración y no de disposición, por ejemplo: venta de zapatos en una zapatería; mientras que será acto de disposición la venta del local de la zapatería, puesto que ello no es parte del giro del negocio, y por tanto requiere poder especial.

Concluyamos entonces que el mandato no confiere naturalmente al mandatario sino las facultades de administración, dentro de las cuales se engloban o comprenden las de administración propiamente tales y las de conservación, pero en caso alguno las de disposición las cuales siempre requieren de pacto expreso, tal como lo dispone el inciso final del art.2132 que señala que todos los actos que salgan de estos límites, (facultades de administración y conservación) necesitarán de poder especial.

2.- Mandato de libre administración (art.2133 inc.2° y arts.1629 y 1580) “Por la cláusula de libre administración se entenderá solamente que el mandatario tiene la facultad de ejecutar aquellos actos que las leyes designan como autorizados por dicha cláusula”

MANDATO ESPECIAL O CON PODER ESPECIAL

De acuerdo al art.2132 inc.2º son aquellos que exceden la limitación de administración de los actos del mandante: “Para todos los actos que salgan de estos límites, necesitará de poder especial”

Efectos del mandato

Hay que distinguir los efectos respecto de las partes y los efectos respecto de terceros.

EFECTOS ENTRE LAS PARTES A. Obligaciones del mandatario 1.- Cumplir el encargo en la forma convenida. (art. 2131 y 2134)

Art. 2131: “El mandatario se ceñirá rigorosamente a los términos del mandato, fuera de los casos en que las leyes le autoricen para obrar de otro modo”

Art.2134. “La recta ejecución del mandato comprende no sólo la substancia del negocio encomendado, sino los medios por los cuales el mandante ha querido que se lleve a cabo. Se podrán, sin embargo, emplear medios equivalentes, si la necesidad obligare a ello y se obtuviere completamente de ese modo el objeto del mandato”

En

el fondo

lo

que nos

dice

el art.2134

no

es sino

aplicación del art.1546., pues

si

el

mandatario está imposibilitado de cumplir con el mandato rige el art.2150.

Art.2150. “El mandatario que se halle en la imposibilidad de obrar con arreglo a sus instrucciones, no es obligado a constituirse agente oficioso; le basta tomar las providencias conservativas que las circunstancias exijan.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 65 Pero si no fuere posible

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 65 Pero si no fuere posible

65

Pero si no fuere posible dejar de obrar sin comprometer gravemente al mandante, el mandatario tomará el partido que más se acerque a sus instrucciones y que más convenga al negocio. Compete al mandatario probar la fuerza mayor o caso fortuito que le imposibilite de llevar a efecto las órdenes del mandante”

El código en seguida establece una serie de reglas especiales en los art.2139, 2142 y 2143.

“Art. 2139. En la inhabilidad del mandatario para donar no se comprenden naturalmente las ligeras gratificaciones que se acostumbra hacer a las personas de servicio” “Art. 2142. El poder especial para vender comprende la facultad de recibir el precio” “Art. 2143. La facultad de hipotecar no comprende la de vender, ni viceversa”

Prohibiciones del mandatario

Art.2144. “No podrá el mandatario por sí ni por interpuesta persona, comprar las cosas que el mandante le ha ordenado vender, ni vender de lo suyo al mandante lo que éste le ha ordenado comprar, si no fuere con aprobación expresa del mandante”

Art.2145. “Encargado de tomar

dinero

prestado,

podrá prestarlo

él mismo

al

interés

designado por el mandante, o a falta de esta designación, al interés corriente; pero facultado para colocar dinero a interés, no podrá tomarlo prestado para sí sin aprobación del mandante”

Art

..

2146.

“No podrá el mandatario colocar a interés dineros del mandante, sin su expresa

autorización. Colocándolos a mayor interés que el designado por el mandante, deberá abonárselo íntegramente, salvo que se le haya autorizado para apropiarse el exceso”

Art. 2147. “En general, podrá el mandatario aprovecharse de las circunstancias para realizar su encargo con mayor beneficio o menor gravamen que los designados por el mandante; con tal que bajo otros respectos no se aparte de los términos del mandato. Se le prohíbe apropiarse lo que exceda al beneficio o minore el gravamen designado en el mandato. Por el contrario, si negociare con menos beneficio o más gravamen que los designados en el mandato, le será imputable la diferencia”

2.- Debe indemnizar al mandante de los perjuicios que le cause

El art.2129 señala que el mandatario responde hasta de culpa leve y luego agrega reglas

especiales.

Art. 2129. “El mandatario responde hasta de la culpa leve en el cumplimiento de su encargo. Esta responsabilidad recae más estrictamente sobre el mandatario remunerado. Por el contrario, si el mandatario ha manifestado repugnancia al encargo, y se ha visto en cierto modo forzado a aceptarlo, cediendo a las instancias del mandante, será menos estricta la responsabilidad que sobre él recaiga”

El art.2152 responde la interrogante de la responsabilidad del mandante ante la solvencia de los deudores. Si no hay pacto especial no responde de la solvencia de estos.

Art.2152. “El mandatario puede por un pacto especial tomar sobre su responsabilidad la solvencia de los deudores y todas las incertidumbres y embarazos del cobro. Constitúyese entonces principal deudor para con el mandante, y son de su cuenta hasta los casos fortuitos y la fuerza mayor”

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 66 El art.2153 establece una regla

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 66 El art.2153 establece una regla

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El art.2153 establece una regla especial en relación con el principio de las cosas se pierden para su dueño.

Art.2153. “Las especies metálicas que el mandatario tiene en su poder por cuenta del mandante, perecen para el mandatario aun por fuerza mayor o caso fortuito, salvo que estén contenidas en cajas o sacos cerrados y sellados sobre los cuales recaiga el accidente o la fuerza, o que por otros medios inequívocos pueda probarse incontestablemente la identidad”

3.- Obligación de rendir cuenta

El mandatario es obligado a rendir cuneta de su administración. Agreguemos que en cualquier momento el mandante pude pedir cuenta al mandatario del estado de los negocios (art.2155 y 2156)

Art.2155. “El mandatario es obligado a dar cuenta de su administración. Las partidas importantes de su cuenta serán documentadas si el mandante no le hubiere relevado de esta obligación. La relevación de rendir cuentas no exonera al mandatario de los cargos que contra él justifique el mandante”

Art.2156. “Debe al mandante los intereses corrientes de dineros de éste que haya empleado en utilidad propia. Debe asimismo los intereses del saldo que de las cuentas resulte en contra suya, desde que haya sido constituido en mora”

B. Obligaciones del mandante (art.2158) El mandante es obligado:

  • 1. A proveer al mandatario de lo necesario para la ejecución del mandato;

  • 2. A reembolsarle los gastos razonables causados por la ejecución del mandato;

  • 3. A pagarle la remuneración estipulada o usual;

  • 4. A pagarle las anticipaciones de dinero con los intereses corrientes;

  • 5. A indemnizarle de las pérdidas en que haya incurrido sin culpa, y por causa del mandato.

No podrá el mandante dispensarse de cumplir estas obligaciones, alegando que el negocio encomendado al mandatario no ha tenido buen éxito, o que pudo desempeñarse a menos

costo; salvo que le pruebe culpa”

6.- Además el mandante debe cumplir respecto de terceros las obligaciones contraídos por el mandatario (art.2160)

Art.2160. “El mandante cumplirá las obligaciones que a su nombre ha contraído el mandatario dentro de los límites del mandato. Será, sin embargo, obligado el mandante si hubiere ratificado expresa o tácitamente cualesquiera obligaciones contraídas a su nombre”

Delegación del mandato

Como el mandato es un contrato de confianza, el código ha dado reglas especiales en cuanto a la posibilidad de delegarlo. La regla general es que se puede delegar el mandato (art.2135 inc.1°).

Art.2135. El mandatario podrá delegar el encargo si no se le ha prohibido; pero no estando expresamente autorizado para hacerlo, responderá de los hechos del delegado, como de los suyos propios”

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 67 En definitiva pueden darse tres

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 67 En definitiva pueden darse tres

67

En definitiva pueden darse tres situaciones distintas:

  • a) Que al mandatario no se le haya autorizado ni prohibido, puede delegarse

  • b) Si al mandatario se le ha prohibido delegar, no puede hacerlo.

  • c) Si se autoriza expresamente.

En este caso pueden presentarse dos situaciones distintas:

- Autorizó designando al delegado, en ese caso se entiende constituido un nuevo mandato

entre el mandante y el delegado, los actos del delegado obligan al mandante (art.2137) - Si autoriza para delegar pero no indica en quien (art.2135 inc.2°)

Art. 2137. “Cuando la delegación a determinada persona ha sido autorizada expresamente por el mandante, se constituye entre el mandante y el delegado un nuevo mandato que sólo puede ser revocado por el mandante, y no se extingue por la muerte u otro accidente que sobrevenga al anterior mandatario”

Art.2135 inc.2° “Esta responsabilidad tendrá lugar aun cuando se le haya conferido expresamente la facultad de delegar, si el mandante no le ha designado la persona, y el delegado era notoriamente incapaz o insolvente”

EFECTOS RESPECTO DE TERCEROS

Ya habíamos señalado que si el mandatario contrata a su propio nombre no obliga al

mandante respecto de terceros. Si el mandatario contrata a nombre del mandante obliga al mandante siempre que haya actuado dentro de sus facultades.

Terminación del mandato (art.2163)

Art. 2163. “El mandato termina:

  • 1. Por el desempeño del negocio para que fue constituido;

  • 2. Por la expiración del término o por el evento de la condición prefijados para la terminación

del mandato;

  • 3. Por la revocación del mandante;

  • 4. Por la renuncia del mandatario;

  • 5. Por la muerte del mandante o del mandatario;

  • 6. Por la quiebra o insolvencia del uno o del otro;

  • 7. Por la interdicción del uno o del otro;

  • 8. Derogado.

  • 9. Por la cesación de las funciones del mandante, si el mandato ha sido dado en ejercicio de

ellas”

Particularidades de la revocación del mandante

Es una situación especial pues la regla general es que el contrato sea ley para las partes y no pueda terminar por voluntad unilateral, esto se debe a que es un contrato de confianza. Es importante pues se discute si la facultad de revocar es un elemento de la esencia del contrato o solo de la naturaleza. El profesor D. Stichkin dice que este elemento no es de la esencia sino que de la naturaleza, por lo que las partes podrían acordar mandatos irrevocables. Además el mandato debe entenderse como irrevocable en cuanto compromete el interés de un tercero. Esto lo extrae del art.241 c.com. que establece este principio en materia mercantil y lo aplica por analogía en materia civil. En el caso de la revocación, de acuerdo con el art.2165, se produce la terminación del mandato tan pronto como el mandatario tiene conocimiento de ella, pero sin erjuicio de lo dispuesto en el art. 2173, del cual de desprende:

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 68 a) Que no tiene ninguna

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 68 a) Que no tiene ninguna

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  • a) Que no tiene ninguna responsabilidad el mandatario por los actos que hubiere ejecutado

con posterioridad a la revocación del mandato, siempre que no hubiere tenido conocimiento de la revocación.

El mandante revoca, pero el mandatario no conoce la revocación; los hechos posteriores a la revocación obligan al mandante y no afecta responsabilidad al mandatario.

  • b) Que aun en el caso de ponerse la revocación en conocimiento del mandatario, queda el

mandante obligado por los actos posteriores a la revocación con respecto a los terceros del buena fe. El mandato se revocó en enero pero el mandatario, teniendo todavia en su poder el

documento que lo acreditaba como tal contrata en febrero con un tercero que ignora la revocación. El tercero de buena fe (el que no tiene conocimiento de la revocación) no queda afecto a la revocación y el mandante tendrá que cumplir con la obligación que contrajo el mandatario con este tercero de buena fe. Si el mandante hace pública la revocación por medio de avisos y carteles, queda al arbitrio del juez eximir de resposabilidad al mandante, es decir, desligarlo de responsabilidad por los actos que pudiera ejecutar el mandatario a nombre del mandante. Respecto de estos avisos, la jurisprudencia ha resuelto que por este sólo hecho no tiene derecho el mandante a solicitar indemnización de perjuicios. La revocación del mandato no libra al mandante de pagar los perjuicios que hubiese sufrido el mandatorio, porque entonces el mandante liberaría siempre mediante la revocaión.

Particularidades de la renuncia del mandatario

De acuerdo con este art.2167, el mandatario está obligado a continuar atendiendo los negocios del mandante mientras éste se halle en situación de hacerse cargo del mandato, so pena de indemnizarle de perjuicios, a menos que el mandatario se halle en la imposibilidad de administrar por enfermedad u otra causa o sin grave perjuicio de sus intereses propios. Esta facultad del mandatario es una consecuencia de la facultad del mandante de revocar el mandato.

La muerte como causa de extinción del mandato

Termina el mandato por la muerte, tanto del mandante como del mandatario.- Se extingue por muerte de ambos porque es un contrato intuito persona. El mandante confiere mandato porque tiene confianza en el mandatario , y puede que no la tenga en sus herederos; y el mandatario lo acepta en consideración a quien se lo confiere, pero no en consideración a sus herederos. Aquí hay una diferencia con el mandato judicial, el cual no expira por la muerte del mandante. Ha resuelto la Corte Suprema que si un mandatario vende una cosa una vez fallecido el mandante, estaría vendiendo una cosa ajena, siempre que el mandatario tenga conocimiento de la muerte del mandante pues de lo contrario, la venta obligaría a los herederos de éste. Sin embrargo, hay un caso en que el mandato no se extingue por la muerte del mandante; está contemplado en el art.2169, y se refiere al mandato que debe ejecutarse despúes de fallecido el mandante, como sucede con el albacea, que es mandatario del testador. De toda evidencia no se extingue este mandato porque precisamente el albacea va a ejercitar sus funciones cuando muera el testador.

La quiebra y la insolvencia como causa de extinción del mandato

Termina el mandato por la quiebra o insolvencia del mandatario o mandante.- La ley considera que la quiebra o insolvencia del mandante o del mandatario es un hecho que pone fin a la recíprocidad que debe presidir las relaciones de ambos.

La declaración de interdicción

Termina también el mandato por la interdicción del mandante o del mandatario.-

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 69 Por la declaración de interdicción

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 69 Por la declaración de interdicción

69

Por la declaración de interdicción se priva a una persona de la facultad de administrar sus bienes. Si el mandante carece de esta facultad, es lógico que tampoco pueda hacerlo su mandatario, ya que éste sólo manifiesta la voluntad se su mandante. Además, al declarse la interdicción deberá darse al interdicto un curador, y será éste el que entrará a representarlo. En cuanto al mandatario, si ha sido colocado en interdicción es porque carece de aptitudes para manejar sus negocios, y es razonable estimar que quien no sabe administrar lo suyo tampoco sabrá hacerlo con lo ajeno.

La cesación de las funciones del mandante

El mandato termina cuando han cesado las funciones del mandante, si el mandato ha sido dado en ejercicio de ellas.

10.- Extinción especial en caso de existir mandatarios conjuntos.-

De acuerdo con el art.2172, si se ha dado mandato a dos o más mandatarios y por la constitución del mandato se ha establecido que están obligados a obrar conjuntamente, la

falta de uno de ellos por cualquiera de las causas antedichas podrá fin al mandato.

La prueba en el mandato

El mandato, en cuanto a su prueba, está sujeto a las reglas generales establecidas por la ley para probar la existencia de los derechos y obligaciones. El hecho de que por regla general el mandato sea un contrato consensual, no impide que, por lo que respecta a la prueba, se le apliquen las limitaciones de los art.1708 y 1709 si se trata de un mandato para un asunto de más de dos UTM. En todo caso, la prestación de los servicios que constituyen el mandato, puede acreditarse por testigos, cualquiera que sea el valor de ellas.

LA COMPRAVENTA

Concepto

“Art. 1793. La compraventa es un contrato en que una de las partes se obliga a dar una cosa

y la otra a pagarla en dinero. Aquélla se dice vender comprador da por la cosa vendida, se llama precio”

y

ésta

comprar. El dinero

que

el

La compraventa es un contrato

consensual

como

veremos, no

real, esto

lo

dice

señala

expresamente el código cuando señala que en este contrato “una de las partes se obliga a dar”, no dice que da. De lo anterior se colige que tampoco es un modo de adquirir, pues de

este contrato nacen obligaciones, para el vendedor de dar la cosa vendida y para el comprador, la de pagar su precio en dinero.

Caracteristicas 1.- Es un contrato consensual por regla general

Es excepcionalmente solemne en los casos del art.1801 inc.2°. “La venta de los bienes raíces, servidumbre y censos, y la de una sucesión hereditaria, no se reputan perfectas ante la ley, mientras no se ha otorgado escritura pública” La venta es solemne y la solemnidad consiste no en que conste por escrito simplemente, sino en la escritura publica. La venta de una sucesión hereditaria se refiere a la venta del derecho real de herencia, por cierto. Cuando se refiere a que la venta de bienes raices es solemne, se refiere a los bienes inmuebles por naturaleza puesto que los por adherencia o por destinacion se reputan muebles por anticipación

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 70 El c.civ. permite en el

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 70 El c.civ. permite en el

70

El c.civ. permite en el art.1802 solemnizar las compraventas simplemente consensuales, lo que no es extraño en derecho de contratos, los contratantes pueden entonces estipular (elemento accidental) que la venta de otras cosas se vendan por escritura pública pero la sanción por la omision en caso alguno sera la nulidad absoluta, pues una cosa es hacer solemnes actos que por su naturaleza no lo son y otra es, establecer una sanción (que son de derecho estricto y por lo tanto de interpretación restringida) de aquellas que si afectan a los actos solemnes. Pueden las partes también acordar que la escritura sea privada. Concluyamos que las partes pueden acordan solemnidades pero el efecto de su omisión no puede ser el de los actos solemnes por naturaleza. El efecto entonces es distinto, prueba de ello es que cualquiera de las partes puede arrepentirse hasta que no se haya otorgado la escritura o se haya entregado la cosa.

Art.1802. “Si los contratantes estipularen que la venta de otras cosas que las enumeradas en el inciso 2° del artículo precedente no se repute perfecta hasta el otorgamiento de escritura pública o privada, podrá cualquiera de las partes retractarse mientras no se otorgue la escritura o no haya principiado la entrega de la cosa vendida”

2.- Es un contrato principal

Porque subsiste por si solo y no está destinado a garantizar otra obligación.

3.- Es un contrato bilateral

Ambas partes se obligan recíprocamente, el vendedor comprador debe pagar el precio.

entrega la

cosa vendida

y

el

4.- Es un contrato oneroso y, por regla general, conmutativo.

Porque las partes se gravan reciprocamente y conmutativo, por regla general. Excepcionalmente será aleatorio en la venta de cosa futura (art.1813)

“Art. 1813. La venta de cosas que no existen, pero se espera que existan, se entenderá hecha bajo la condición de existir, salvo que se exprese lo contrario, o que por la naturaleza del contrato aparezca que se compró la suerte”

5.- Es de ejecucion instantánea Porque por su naturaleza las obligaciones nacen y se extinguen en un solo acto. Ello es importante porque se puede resolver, no como los de tracto sucesivo que terminan. Aquí las partes vuelven al estado anterior al del momento de celebrarse la convención.

6.- Es un titulo translaticio de dominio (art.703 inc.2º). No es que transfiera el dominio sino que sirve, porsu propia naturaleza, para ello. Los titulos translaticios de dominio generan para una de las partes la obligacion de efectuar la tradición de la cosa, si no cumple con ello el contrato puede ser resuelto. Si el vendedor es dueño de la cosa transfiere el dominio, si no lo es, sólo transfiere los derechos que tiene sobre la cosa tradida. En todo caso la venta de cosa ajena es título posesorio, pues pone en posesión de la cosa al comprador quien podría llegar a ganarla por prescripcion. (Art.683)

Art. 703. “El justo título es constitutivo o translaticio de dominio. Son constitutivos de dominio la ocupación, la accesión y la prescripción. Son translaticios de dominio los que por su naturaleza sirven para transferirlo, como la venta, la permuta, la donación entre vivos”

ELEMENTOS DE LA COMPRAVENTA

A. Elementos de la Esencia Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 71

A. Elementos de la Esencia

Curso de Derecho Civil V

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A. Elementos de la Esencia Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 71

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Los requisitos de existencia y validez generales son los mismos para todo contrato. Los especiales o especificos son la cosa y el precio. Ellos permiten tipificar el contrato. Analicemos estos elementos esenciales especiales, es decire, aquellos sin los cuales el contrato degenera en otro distinto.

a.- La Cosa

El art.1793 habla de una cosa que puede ser corporal o incorporal. La cosa es el objeto de la obligación del vendedor, por lo que si falta el objeto en el acto, en este caso, la cosa, el acto es nulo de nulidad absoluta.

Requisitos

1.- Debe ser comerciable; susceptible de poder ser enajenada (art. 1810) Art. 1810. “Pueden venderse todas las cosas corporales o incorporales, cuya enajenación no esté prohibida por ley”

2.- Debe ser real; debe existir la cosa o esperarse que exista

Luego la venta de cosa futura es valida según lo vimos en el art.1813. La venta de cosa futura puede presentarse bajo 2 formas:

a) Como una venta condicional suspensiva, esto es sujeta a la condición de que la cosa exista. Si la condición falla, no habrá venta, porque no habrá objeto. b) Como una simple venta aleatoria, es decir, aquella en que de la naturaleza del contrato aparece que se compró la suerte.

3.- Debe ser determinado en especie y cantidad y la cosa deber ser singular

La ley no permite que se enajenen patrimonios según se desprende del art.1811, pues la cosa vendida debe siempre singularizarce. Lo anterior no es sino aplicación de la teoría clásica del patrimonio para la que éste es un atributo de la personalidad, por lo que no se podría enajenar todo el patrimonio sin dejar de ser persona. Sin embargo la misma doctrina clásica admite la enajenación del derecho de herencia, lo que no es sino un patrimonio o al menos una cuota de él.

Art.1811. “Es nula la venta de todos los bienes presentes o futuros o de unos y otros, ya se venda el total o una cuota; pero será válida la venta de todas las especies, géneros y cantidades, que se designen por escritura pública, aunque se extienda a cuanto el vendedor posea o espere adquirir, con tal que no comprenda objetos ilícitos. Las cosas no comprendidas en esta designación se entenderán que no lo son en la venta:

toda estipulación contraria es nula”

4.- La cosa comprada no debe ser propia (art.1816) “Art. 1816. La compra de cosa propia no vale: el comprador tendrá derecho a que se le restituya lo que hubiere dado por ella”

Falta en la venta de cosa propia otro elemento de existencia de todo acto jurídico: la causa. La obligación del comprador carecería de causa (la de pagar el precio). En el código de minería, cuando no se paga la patente y ésta sale a remate, la puede comprar uno mismo. No confundir en todo caso con las ventas que se hacen en pública subasta donde se permite que el deudor pague hasta antes del remate, pues allí no hace el deudor posturas para adjudicarse lo que es suyo.

Decíamos que la compra de cosa propia carece de causa, pero la venta de cosa ajena no, ésta vale según lo prescribe el art.1815, no le afecta vicio alguno de nulidad, lo que pasa es

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 72 que es inoponible al dueño

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 72 que es inoponible al dueño

72

que es inoponible al dueño por falta de concurrencia. El verdadero dueño tiene accion reivindicatoria, que es la forma especial que tiene de hacer valer la inoponibilidad, salvo cuando el tercero que la adquirió haya ganado la cosa por prescripción o cuando el dueño hubiere ratificado la venta. Ciertos autores dicen que aquí el vendedor al vender cosa ajena no estaría cumpliendo con su obligación de transferir el dominio y en tal caso podría pedirse la resolución.

“Art. 1815. La venta de cosa ajena vale, sin perjuicio de los derechos del dueño de la cosa vendida, mientras no se extingan por el lapso de tiempo”

A propósito de la prescripción, ¿el título del comprador en este caso es justo o injusto? Lo anterior es importantísimo pues de ello sabremos si el adquirente de la cosa podrá ganarla por prescripción ordinaria o extraordinaria. Atodas luces es un titulo justo pues no está mencionado dentro del catálogo del art.704 que taxativamente menciona los titulos injustos. ¿Porqué no cae dentro del 704 Nº3? Simplemente porque la venta es válida.

b. El precio

Concepto. Art.1793. “El dinero que el comprador da por la cosa vendida, se llama precio” El precio es el objeto de la obligación del comprador; si él falta, la obligación del vendedor carecería de causa y sería nula.

Requisitos 1.- El precio debe estipularse en dinero

Ello no obstante que pueda pagarse parte en dinero y parte en otras cosas, o también otra cosa mediante una dación en pago. Pero el precio no puede ser íntegramente una cosa, pues

degeneraría la compraventa en un contrato distinto: la permuta.

2.- Debe ser real

No es real el ridículo o irrisorio o simulado, lo que no hay que confundir con “precio justo”.

Cuabdo el precio no es justo la ley permite la rescición por lesión enorme tratándose de la compraventa de bienes raíces según lo prescribe el art.1888.

Art. 1888. “El contrato de compraventa podrá rescindirse por lesión enorme”

3.- Debe ser determinado (art.1808)

Art. 1808. “El precio de la venta debe ser determinado por los contratantes. Podrá hacerse esta determinación por cualesquiera medios o indicaciones que lo fijen. Si se trata de cosas fungibles y se vende al corriente de plaza, se entenderá el del día de la entrega, a menos de expresarse otra cosa”

El precio puede ser determinado por las partes de cualquier forma, usando cualquier medio que ellas hayan acordado. Puede también determinarlo un tercero (art.1809) y en ese caso si él no lo hace puede hacerlo otra persona que las partes convengan, y si los contratantes no se ponen de acuerdo no habrá venta. Lo que si es de toda lógica que el precio no puede dejarse al arbitrio de uno de los contratantes.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 73 “Art. 1809. Podrá asimismo dejarse

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 73 “Art. 1809. Podrá asimismo dejarse

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“Art. 1809. Podrá asimismo dejarse el precio al arbitrio de un tercero; y si el tercero no lo determinare, podrá hacerlo por él cualquiera otra persona en que se convinieren los contratantes; en caso de no convenirse, no habrá venta. No podrá dejarse el precio al arbitrio de uno de los contratantes”

Las arras (arts. 1803, 1804, 1805) Las arras consisten generalmente en un objeto o suma de dinero que una de las partes da a la otra como garantía o señal de formalización de un contrato cualquiera. En el Derecho Comercial las arras tienen un sentido distinto al que le otorga el Derecho Civil. El Código Civil las trata con ocasión del contrato de compraventa que estamos estudiando, no obstante lo cual se ha entendido que son aplicables a todo tipo de contrato. En Derecho Civil, por norma general, la dación de arras otorga el derecho de retractarse del contrato, el que las ha dado, perdiéndolas, y el que las ha recibido, restituyéndolas dobladas

(art.1803)

Hace excepción a esto el caso de que se estipule por escrito que las arras se dan como parte del precio o en señal de quedar convenidos los contratantes (art.1805). En derecho comercial la dación de arras, según el art.107 c.com., no importa reserva del derecho de arrepentirse del contrato, ya perfecto, a menos que se hubiese estipulado lo contrario, las arras -entonces- no facultan a las partes para arrepentirse de la celebración del contrato, ellas constituyen, por lo contrario, una garantía de que el contrato se celebrará.

Art. 1803. “Si se vende con arras, esto es, dando una cosa en prenda de la celebración o ejecución del contrato, se entiende que cada uno de los contratantes podrá retractarse; el que ha dado las arras, perdiéndolas; y el que las ha recibido, restituyéndolas dobladas”

Art. 1804. “Si los contratantes no hubieren fijado plazo dentro del cual puedan retractarse, perdiendo las arras, no habrá lugar a la retractación después de los dos meses subsiguientes a la convención, ni después de otorgada escritura pública de la venta o de principiada la entrega”

Art. 1805. “Si expresamente se dieren arras como parte del precio, o como señal de quedar convenidos los contratantes, quedará perfecta la venta; sin perjuicio de lo prevenido en el artículo 1801, inciso 2. No constando alguna de estas expresiones por escrito, se presumirá de derecho que los contratantes se reservan la facultad de retractarse según los dos artículos precedentes”

LA COMPRAVENTA Y EL MANDATO

La compraventa puede celebrarse personalmente o a través de mandatario. Cuando se tiene poder para vender se tiene para hacer la tradición y también recibir el precio. En las ventas forzadas, como consecuencia de la ejecución llevada a cabo contra el deudor el juez actúa como representante legal del vendedor. En estos casos no tiene cabida la lesión enorme.

CAPACIDAD

La regla general es la capacidad (art.1446), es decir, toda persona capaz puede celebrar contratos de compraventa. En los casos de incapacidad absoluta, por este tipo de incapaces deben comprar y vender sus representantes legales. Tratándose de incapacidades relativas, venderán los representantes legales o los incapaces autorizados por éstos.

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 74 Tratándose esta vez de las

Curso de Derecho Civil V

Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 74 Tratándose esta vez de las

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Tratándose esta vez de las incapacidades particulares o especiales (art.1447. inc. Final) para vender, para comprar, o para vender y comprar, la sanción es la nulidad absoluta, al tratarse de una norma prohibitiva.

Casos de incapacidades especiales. 1ª. La del art.1796: “Es nulo el contrato de compraventa entre cónyuges no separados judicialmente, y entre el padre o madre y el hijo sujeto a patria potestad”. La sanción como se aprecia es la nulidad absoluta

2ª . La del art.1797: “Se prohibe a los administradores de establecimientos públicos vender parte alguna de los bienes que administran, y cuya enajenación no está comprendida en sus facultades administrativas ordinarias; salvo el caso de expresa autorización de la autoridad competente”. La sanción también es la nulidad absoluta

3ª. La del art.1798. “Al empleado público

se

prohibe comprar los bienes públicos

o

particulares que se vendan por su ministerio; y a los jueces, abogados, procuradores o escribanos los bienes en cuyo litigio han intervenido, y que se vendan a consecuencia del litigio; aunque la venta se haga en pública subasta” LA ley no distingue si la venta es forzada o voluntaria, la prohibición subsiste. Don M. Somarriva U. Estimaba que en las ventas que se hacían por el partidor en la partición esta norma no se aplicaba.

4ª. La del art.1799 en relación con el art.412, que se trataría imperativa y no prohibitiva.

más bien de una

norma

Art. 1799. No es lícito a los tutores y curadores comprar parte alguna de los bienes de sus pupilos, sino con arreglo a lo prevenido en el título De la administración de los tutores y curadores

“Art. 412. Por regla general, ningún acto o contrato en que directa o indirectamente tenga interés el tutor o curador, o su cónyuge, o cualquiera de sus ascendientes o descendientes, o de sus hermanos, o de sus consanguíneos o afines hasta el cuarto grado inclusive, o alguno de sus socios de comercio, podrá ejecutarse o celebrarse sino con autorización de los otros tutores o curadores generales, que no están implicados de la misma manera, o por el juez en subsidio. Pero ni aun de este modo podrá el tutor o curador comprar bienes raíces del pupilo, o tomarlos en arriendo; y se extiende esta prohibición a su cónyuge, y a sus ascendientes o descendientes”

5ª. La del art.1800. “Los mandatarios, los síndicos de los concursos, y los albaceas, están sujetos en cuanto a la compra o venta de las cosas que hayan de pasar por sus manos en virtud de estos encargos, a lo dispuesto en el artículo 2144” Se trata entonces de una prohibición para comprar. A los mandatarios y síndicos se les aplica el art.2144. A los albaceas según el art.1294 también se les aplicaría el 2144, sin embargo los albaceas deben estar expresamente autorizados para ello y siempre deben comprar en publica subasta, siempre y cuando se trate de bienes muebles. Tratándose de inmuebles jamás por impedírselo el art.412.

EFECTOS DEL CONTRATO DE COMPRAVENTA

A.- Obligaciones del Vendedor

Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 75 El Art. 1824 nos dice

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Curso de Derecho Civil V Prof. Dr. Gonzalo RUZ LÁRTIGA 75 El Art. 1824 nos dice

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El Art. 1824 nos dice que las obligaciones del vendedor se reducen a dos. Por nuestra parte agreguemos que cuando la venta recae en una especie o cuerpo cierto, se tiene también la de cuidar la cosa.

“Art. 1824. Las obligaciones del vendedor se

reducen

en

general a

dos:

la

entrega o

tradición, y el saneamiento de la cosa vendida. La tradición se sujetará a las reglas dadas en el Título VI del Libro II”

Entrega de la cosa vendida

Si la cosa se destruye entre la fecha de celebración del contrato y la entrega, de acuerdo a las reglas generales, el riesgo de la cosa debida es de cargo del comprador. (Art. 1820)

“Art. 1820. La pérdida, deterioro o mejora de la especie o cuerpo cierto que se vende, pertenece al comprador, desde el momento de perfeccionarse el contrato, aunque no se haya entregado la cosa; salvo que se venda bajo condición suspensiva, y que se cumpla la condición, pues entonces, pereciendo totalmente la especie mientras pende la condición la pérdida será del vendedor, y la mejora o deterioro pertenecerá al comprado”

Esta regla ya lo habíamos visto al estudiar la teoría de los riesgos es tremendamente injusta y contraria al aforismo que las cosas perecen para su dueño, pues el comprador no ha adquirido todavía el dominio de la cosa vendida, y por aplicación del principio señalado lo lógico sería que el riesgo fuese del vendedor. En todo caso esta regla está bastante atenuada pues no rige tratándose de la compraventa condicional. El inciso 2º del art.1824, nos dice que la tradición se someterá a las reglas del titulo VI del libro II. La entrega es el pago de la obligación, por lo que habrá de estarse a las reglas del pago (art. 1587 y ss.)

Momento de la entrega de la cosa vendida. (Art. 1826) El inciso