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Apropiándome del eterno retorno

La teoría del eterno retorno desde una perspectiva vital, poniendo como centro la vida
que se sobrepone a si misma, por si misma, por su propia naturaleza.
Tanto la teoría del eterno retorno como una comprensión cosmologica, como la teoría
del eterno retorno como la máxima comprensión de la vida carecen de sentido como
concepciones de vida. El eterno retorno de todas las cosas en el universo pierde valor
desde la finitud humana y el eterno retorno como afirmación de la vida pierde valor
desde la perspectiva de la superación de la vida por si misma.
Para evaluar las teorías del eterno retorno expuestas desde el ideal del sobrehumano y
concluir su infructuosidad habría que rescatar sin embargo el peso que estas puedan
tener por sus posibles implicaciones como por ejemplo la implicación que tiene la
afirmación de la vida con la idea de que este será vivida infinitas veces; sin embargo el
eterno retorno como concepto filosófico vivo, como génesis generadora no puede
seguirse sosteniendo en sus anteriores acepciones por lo que existe la necesidad de
repensarlo para convertirlo en la fuente de inspiración que se pretendía.
A que entonces aspiraremos desde la visión de una mejor vida, la clave tal vez este en
un pensamiento de Nietzsche “todo gozo anhela la eternidad”, partiremos de eso pues
para pensar tal ideal.
Tomando como referencia el pasaje de Así hablo Zaratustra donde Nietzsche hace
referencia al puente luminoso donde Zaratustra se encuentra con un camino infinito si se
ve hacia atrás e infinito si se ve hacia delante podemos empezar entonces a vislumbrar
una analogía entre ese camino y la propia vida.
Resulta que desde esta perspectiva tanto presente como pasado y futuro no tienen
sentido mas que como referencias en nuestras vidas, ¿de donde vengo?, ¿a dónde voy?,
¿en donde estoy?. Comencemos entonces por clarificar el presente, o mejor dicho la
referencia que nos indica en donde estamos.
El presente se podría entender como la síntesis entre un pasado y un futuro, un pasado
inacabado y un futuro que no ha dado fin y del cual también podríamos decir tampoco
ha dado comienzo, es decir presente como proceso.
Presente como posibilidad contenida en el pasado pero también como consumación del
futuro que es destino.
Pasado y futuro se extienden en la vida a través del momento presente cada uno de
forma independiente como dos líneas que parten de un solo centro, un centro que no se
deja de mover, un vórtice. Presente en el cuál el pasado retorna como posibilidad futura
y el futuro retorna como posibilidad infinita.
Pasado y presente dos momentos de una vida que si se pudiera observar a si misma
concluyera la forma absurda en la que intenta abrazarse a si misma en el infinito en el
cual desea hacer convergir su tiempo, y cada uno de sus tiempos.