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biptioreca 1. 1.6.5.0, indice La ciudad de la disciplina... La ciudad planificada.. La ciudad poshistérica . Apéndice I: Berlin.. 2. La visi6n sociolégica de la ciudad. La ciudad global La ciudad dual La ciudad del espectéculo La ciudad sostenible... Apéndice Il: Los Angeles 3. La vision organicista de la ciudad La ciudad como naturaleza. S La ciudad de los cuerpos... La ciudad vivid Apéndice Ill: 4.La vision tecnolégica de la ciudad. La ciberciudad La ciudad chi Apéndice IV: Houston Bibllografiaisscs:c 38:5. c/,icge end. Os eRe, 226 Indice de nombres. Indice de ciudades... Créditos fotograficos.... CHOAY Francoise Uinborieme Uropies eres, Ectiore ds Seu Paris. 1385, ersén cavtelana El aban, Utzplos ¥ reaiodes, Lumen, Barcelona, 1983), id, pie Introduccién En |965, Frangoise Choay, actualmente profesora emérita de la Université Paris Vil yen su momento, pionera en el estudio de la historia del pensamiento urbanistico, escribié Ef urbanismo, Uteplas y reaidades,' un lioro que determins el devenir de dicha materia durante las décadas posteriores. Esta arquitecta belga indicé dos periodes en la historia del urbanismo: el preurbanismo" (siglo x0x) y el “urbanis- mo" (siglo x); 2 la vez que establecio dos modelos que hacian la funcisn de cate- gorias historiogréficas: el “progresista” y el ‘culturalista”. Supuestamente, ambos modelos nacieron en el siglo xm camo respuesta a los requisitos de la incipiente ciudad industrial y siguieron incidiendo en el urbanismo durante més de cien afos. Con esta clasiicacién, Choay consiguié agrupar a la mirvada de pensadores que, desde las mas diversas atalayas intelectuales, se habian ocupado de la cuestién de la ciudad en el espacio de tiempo comprendido entre la segunda mitad cel siglo ax y la década. de 1960, es decir, desde Rabert Owen, Charles Fourier y john Ruskin, hasta Lewis Mumford, Jane Jacobs y Kevin Lynch, | texto arrancaba con una sentencia: "La sociedad industrial es urbana. La ciudad es su horizonte”,’ EI de la sociedad posincustrial también...La intencisn del presente libro es retornar la tarea iniciada por Frangoise Choay en su deseo de explicar ios ciscursos tedri= cos que subyacian detrds de la practica urban’stica y la arquitectura de las ciudades. Lo que se pretende, en este caso, es extender su andliss alas tres Ultimas décadas, es decir, estudiar las teorfas urbanas mas recientes, encuadrarias en marcos con- ceptuales més amplios, y recomponerias en un mapa intelectual que resulte com= prensible En este sentido, este trabajo comienza donde Choay lo dejé. Jane Jacobs, Kevin Lynch y otv0s teéricos de la ciudad ce la década de | 960 servirin de predmbulo al perfodo histérico que nos interesa: el que comienza a mediados de la década de 1970 con la denominada Crisis de| Petrdieo y culmina en la actualidad, es decir, el que comprende la irrupcién y posterior evolucién de lo que se ha dado en llamar “tardocapitalsmo" y del modelo sociocultural 2 é! esociado: la “posmo- demidad’’ £1 objetivo, por tanto, es analizar cémo afronta la cultura urbanistica el nuevo siglo, cudles san sus instruments y sus carenclas, sus certezas y sus preo- cupaciones. Pero no sélo covisiste en una prolongacién temporal del discurso de Choy. En paralelo aesta tarea, y en aras de una mayor coherencia intelectual, ha sido nece- serio asumir otra: adaptarlo a las pautas de pensamiento contemporiineas, Los modelos y categorfas que planted Choay podrian identificarse actualmente como “metarrelatos’, término que utlizé el fidsofo francés Jean-Francois Lyotard? para denunciar las construcciones histaricas lineales y coherentes que la modernidad labors para conseguir legttimarse social, polttica y culturalmente. Por ello,en nues- ‘tro caso hemos sustituido el concepta demodela" par el de visidn”. Las “visiones urbanas" nos remiten a formas de mirar es decir;ne tanto a"cémo es" la ciudad, sino a" qué" nos interesa de ella, cémo la fitramos, cdmo la proyectames y como nos proyectamas sobre la misma. Esta muktiplicidad de miradas no se tracuce en un nico metarrelato, sino en multi tud de pequefios relatos separados y unidos por sensibilidades civersas. Ast los rela- ‘ios han sido agrupados en cuatro visiones, en funcién de las diversas sensibilidades. Cada visién esté guiada por una disciplina que define sus preferencias: la historia marca el tono de la visicn culturalista de la ciudadt la sociologia y la economia el de la visién socioldgica; la ciencia y la fllosoffa el de la visidn organicistar y la técnica el de la visidn tecnolégica, Su entrecruzamiento con la arquitectura y el urbanismo nos informa del impacto que las multiples realidacles contemporéneas —cuttura, politi ca, sociedad, economia, flosofia, etc.— estin ejerciendo sobre el espacio urbano. Sin embargo, aqui no acaba la apuesta por los pequefios relatos como forma de aproximacién a la ciudad. Silas cuatro visiones urbanas descritas nos remiten a las distintas sensibllidades que reglan su estudio, dentro de cada una de ellas se des: pliegan diferentes intereses que nos conducen a ideologias y afectos atin mas espe- cificos. Estos también han sido agrupados —en este caso en los capftulos que com- ponen cada una de las cuatro partes del lbro— y aluden, ahora si, “modelos” de ciudad. pero a modelos que no son universales ni generalizables, sino pequenios relatos limitados en el espacio y en el tiempo, circunserites a territorios determi- nados por intereses concretos El resultado de esta canfluencia de sensibilidades & intereses son las doce "ci udades" que componen el texto’ la ciudad de la cisciplina, la ciudad planificada,l2 ciudad poshistérica, la ciudad global, la cluded dual, la cluciad del especticulo, la ciudad sostenible, la Cudad como naturaleza, la ciudad de los ‘cuerpos, la ciudad vivida, la ciberciudad y la ciudad chip Finalmente, para concretar fisicamente este bagaje teérico, cada una de las cuatro partes del lioro se complementa con un apéndice decicado a una ciudad espectfca LYOTARD Jeavfrargois to CCenditon pocemodre. Report, surle sony, Edtions 6e Mir, Pars, 1973; ersibn castelana a concn posed, Irjeme sobre o ster Ediciones Cited, Maced, 1934, pees. 9- 12} El apéndice |.asociado a la vision culturalsta, se ocupe de Berlin;e! Il vinculado la socioligica, de Los Angeles; el il igado 2 la. organicista, de Tokio: y el IV; comple mento de la teonoldgica, de Houston, Doce ciudades, doce realidades urbanas que confluyen, coma side una sucesin de capas se tratara, en una misma: en la ciudad de! siglo 209. en la ciudad hojaldre. El sentido original del iérmino “culturalismo” aplicado a la ciudad fue propagaco por Francoise Choay' un sentido que, aunque ¢on matices, permanece en nues- tro texto Segiin Choay los onigenes ce la visidn culturalista se remontan a la segunda mitad del siglo xix cuando se conforms un hilo intelectual que enlazaba 2 August WN, Pugin con John Ruskin y Willian Morris, a éstos con Camillo Sitte y Raymond Unwin, ya en el siglo 2x Todos estos autores coincidieran en una mis- ma interpretacién: la ciudad era, ante todo, un hecho cultural A finales de! siglo 0x, apostar por la cultura suponia posicionarse contra otro con- cepto ligado a fa emergente sociedad industrial de acuellos aftos: cvilizacién’. A partir de 1860, los defensores de una y otra manera de entender el mundo se erzarzaron en una agria polémica que duraria casi cien afios. Lo que caracterizaba a los “culturalistas”, y les diferenciaba de los “progresistas”, era su predileccién por los valores espirituales de la persona, frente a sus necesidades materiales; por un clucadano entendido como componente de un grupo humano con identidad y tradiciones, frente a un ciudacano entendide como un ser cuantificable seguin sus requisitos fisiolégicos; por el sentido estético y artistico de la ciudad frente a su légica funcional. ‘Come ponen de manifesto los autores que determinaron su propio origan, tras la visi6n culturalista de la ciudad siempre hubo una palpitante vena nostdlgica subya- cente. En su encarnizada cruzada contra los sectores mas positivistas de la socie~ dad, demostraron un cierto desprecio, cuando no un abierto rechazo, hacia los rracientes valores ce la civilizacién industrial, Desde el principio, la visidn cutturalis- 4a adquirié compromisos con el pasedo, del que rescataba ciertas cualidades que centendia esenciales: la comunidad, a artesania, la agricultura,la religidn, etc, Al ser traducide a coordenadas urbanas,todo ello desembocé en la mitificacidn de la ciu- dad tradicional, que fue dent‘icada camo una unidad orgénica, expresién espacial de una comunidad-formada por individuos que compartian los mismos valores, costumbres e identidades. Es decir la ciudad tradicional era, ante todo, cuttura. Esta poderosa vocacién nostalgica determins el devenir historico de la visién cuk ‘turalista: sus momentos de depresién fueron asociadas 2 perfodos marcados por la efervescencia tecnolégica y economicista: sus momentos éigidos coincicieron con las crisis de los modelos progresistas E| més reciente de estos titimos se oro- duje en la década de 1970 cuando, expaleada por la Crisis de! Petrdleo de 1973,la visiGn cutturalista resurgié del ostracismno al que se habia visto abocada durante la optimista décadla de 1960. No es de extrafiar que el privilegiado campo de expan- CHOAY, Francois, Lirbarisme Ltopies ec realeés Etions du Seu Fars, 1968; Gerson castelang Elurbarisma Utopias y outdes Lurnen, Barcslona, 1983, SAINZ. GUTIERREZ, Victorian, eeu bare ot posrodemiad ldo Rosy su camo, Air Sela, 1999, sion de este renacimiento fuera la ciudad europea, el entorno urbano contempo- réneo donde la presencia. del pasado es més evidentepero también el entorno social, donde la crisis ecorndmica de la década de 1970 generé mas incertidumores La actual visién culturalista ha heredado de sus ancestres la reivindicacién de la tra- dicidn y la identidad locales, Sus demonios ya no son ni la chilizacién nila sociedad indusviles, sino la globalizecién y la cultura de masas. La defensa de la ciudad tra- dicional (un concepto que, paraddjicamente, hoy también incluye a la ciudad del siglo XX tan derostada por sus predecesores) sigue siendo e! principal estandarte de los culturalistas.A partir de esta base han ido enriqueciendo su ciscurso hasta conformar un corpus tedrico aetualizado y novedoso cuyos términas han variado seglin épocas y entornos geogréfices. En el sur de Europa se ha centrado en la defensa de la disciplina arquitectdrica; en los pafses anglosajones han interesada més acercamientos de tipo historicista, Otra serie de cuestiones, como las de! plan urbanistico,y alguna que otra preocupacién, come la de la manipulacién de la his= toria, se sumaron, ya en la década de |9B0, a los Gebates de la visi6n culturalista De todo ello nos ocuparemos en los tres capitulos qué-componen esta primera parte del libro, dedicados a la ciudad de la disciplina la ciudad planificada y la ciue dad poshistorica. La ciudad de la disciplina Wi La refundacién “cientifica” del urbanismo: Aldo Rossi y la Tendenza En la década de |960, Europa redescubné los valores de la ciudad tradicional. A comienzos de dicha década, un grupo de arquitectos milaneses, autodenominado la Tendenaa y técitamente dirigido por Aldo Rossi, comenzé a cimentar las bases sobre las que se tendria que erigicel pensarniento urbano mas influyente del iti- mo tercio del siglo xx en Europa’ Plenamertte encuadrable dentro de la vision cule ‘luralista de la ciudad, nacié como parte de un proyecto cultural mucho mas amplio: el revisionismo marxisia del politica italiano Antonio Gramsci y su intento de cons truccidn una nueva cultura de izquierdas. La Tenderwa aspiraba ‘a incorporar la arquitectura y el urbanismo en este proyecto, para lo que se plantearon la necesi- ded de redefinir ambas disciplinas. De hecho, por aquellos afios, se abatian sobre ambas disciplinas grandes incerti- dumbres La crisis del movimiento moderna las hab’a dejado huérfanas del sopor- te de legitimidad social, politica y cultural que el gran metarrelato moderno, para~ fraseando a Jean-Francois Lyotard, les haba garantizado durante décadas, a icrup- cidn del pensamiento posmoderne las desvinculé de otros campos del saber con Jos que tradicionalmente estuvieron conectadas, como la sociclogia, la filosafia, el arte,la economia, ete. Por tanto, la nica manera de integrarlas en los objetivos de la izquierda politica era refundarlas como disciplinas auténomas. Nacia ast el pro- yecto de repensar la ciudad desde términos astrictarnente cisciplinares, es decir, nacia la ciudad de la disciplina, la primera capa de la ciudad hojaldre. Ello suponfa una tarea ingente: elaborar una teor’a coherente y articulada que se basara sobre principios exclusivamente disciplinares. La opcién que planted Aldo Rossi fue definir una ciencia urbana construida: sobre parimetros Unicamente arguitecténicos,es decir, un urbanismo donde la ciudad fuera considerada desde el esiricto punto de vista de la construccidn, de su esencia racional, La identidad clu- dad-arquitectura quedaba asi corisagrada como clave de la ciudad de la disciplina, Latinica érea de conacimiento ajena al-urbanismo que pareca,no séio no contra- decir sino ser esencial para reafirmar su autonomfa, era la historia, ya que, al ser la