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Tema: Y les dio Autoridad

14-02-10

Texto: (Mr 13:34) “Esto es como un hombre que, antes de ponerse en camino hacia un
país lejano, distribuyó entre criados y empleados el trabajo de la casa, a fin de que
durante su ausencia tuviera cada cual su propia ocupación. Y al portero le encargó
que lo vigilase todo”. (Versión: Castellano Antiguo). (Orar).

Introducción: En esta época de una vida tan aleja de Dios y de sus principios, es
tiempo de hacer un alto para retomar lo que El Señor nuestro Dios nos dio, no solo
como seres humanos, sino como hijos de Dios (¿habrá aquí algún hijo de Dios?).
Hoy vamos a revisar lo que es la “autoridad que viene de parte de Dios” y su
importancia en la Iglesia.
Para poder comprender este principio bíblico es necesario primero poder entender qué
significa autoridad.
Autoridad es lo que desde el punto de vista del Estado, puede ser considerado como el
poder ejercido por una persona legitimada (o sea que tiene el derecho) por una
institución o razón conforme a unas funciones que le son generalmente reconocidas.
La autoridad está unida a la legitimidad, dignidad, calidad, excelencia de una institución
o de una persona.
Esto quiere decir, que para que una persona tenga autoridad en primer lugar debe haber
una institución o persona que lo respalde y que esta institución o persona tenga las
siguientes características: que sea legítima, que halla en ellas dignidad, calidad y
excelencia

Desarrollo: Ahora miremos lo que es la autoridad desde el punto de vista de la Biblia.


(Gn 41:39-44) “Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no
hay entendido ni sabio como tú.
Tú estarás sobre mi casa y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo; solamente en
el trono seré yo mayor que tú.
Dijo además Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto.
Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo
vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello;
y lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron delante de él: !!Doblad la rodilla!;
y lo puso sobre toda la tierra de Egipto.
Y dijo Faraón a José: Yo soy Faraón; y sin ti ninguno alzará su mano ni su pie en toda
la tierra de Egipto”.
Podemos ver claramente en este ejemplo que la autoridad la otorga alguien que puede
dar esa autoridad, sin olvidar lo que dice la Palabra de Dios (Ro 13:1) “Sométase toda
persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios,
y las que hay, por Dios han sido establecidas”.
Aunque Faraón tenía autoridad en la Tierra, esa autoridad y la dada a José, venían de
parte de… ¡Dios! Diga venían de parte de Dios.
Ahora bien usted se ha de preguntar ¿y todo esto qué tiene que ver conmigo?

La Iglesia del Señor Jesucristo está pasando por una crisis espiritual porque ha perdido
de vista la autoridad y como consecuencia el poder que recibió de parte del Señor
Jesucristo, y vive como si no fuera su esposa, su amada por la que se entregó así mismo.
Y aunque decimos que ya no somos religiosos tal pareciera que sí porque solo hemos
cambiado un tipo de culto por otro.
Aunque déjeme aclararle algo, no confundamos autoridad y poder en nuestra vida
cristiana con la capacidad para la solución de nuestros problemas; y que en la mayoría
de los casos esos problemas vienen por negligencia, imprudencia o ignorancia nuestra.
Pero tal parece que esto, la solución de nuestros problemas, es solo lo que queremos.
Y esto se ha dado por el tipo de doctrina que se predica “la de la oferta” o sea cree en el
Señor Jesucristo y todos tus problemas se solucionan. Hasta por ahí hay un eslogan que
dice “pare de sufrir”.
Y la otra doctrina “la del terror” en donde se enfatiza tanto al infierno que la gente solo
busca la salvación para no ir al infierno.
Tampoco la autoridad y poder fueron dados a la Iglesia para nuestra vanagloria.

Miremos para qué Usted y yo hemos recibido autoridad y poder y de qué tipo.
Miremos nuevamente (Mr 13:34) “Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa,
y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase”.
Mire, a todos y cada uno de los que somos del cuerpo de nuestro Señor Jesucristo se nos
ha dado autoridad pero junto con ella también hemos recibido una obra para hacer y
esa obra solo tiene una finalidad:
(Lc 19:10) “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había
perdido”.
(Mr 16:15-16) “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda
criatura.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”.
¿Ya vio cual es la obra? Salvar lo que se había perdido.
Usted se ha de preguntar ¿y la autoridad para qué?
(1 Co 14:12) “Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad
abundar en ellos para edificación de la iglesia”.
Para la edificación de la Iglesia.
¿Por qué quiere el Señor Jesucristo que su Iglesia sea edifica?
(Ef 5:25-27) “… así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,
para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,
a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni
arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”.
¿Ahora si entendemos para que Dios nos dio autoridad?
Para que seamos una Iglesia gloriosa y santa: esto es con poder y sin pecado.
Ya conocemos nuestra obra buscar y salvar lo que se había perdido
¿Qué autoridad hemos recibido?
(Mr 16:17-18) “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera
demonios; hablarán nuevas lenguas;
tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre
los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”.
(1 Co 12:8-11) Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro,
palabra de ciencia según el mismo Espíritu;
a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu.
A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro,
diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.
Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en
particular como él quiere”.
(Ro 12:4-8) “Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero
no todos los miembros tienen la misma función,
así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de
los otros.
De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de
profecía, úsese conforme a la medida de la fe;
o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza;
el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con
solicitud; el que hace misericordia, con alegría”.

Conclusión: Por lo tanto si hemos alcanzado la salvación es para buscar y salvar a


otros que están como nosotros estábamos: perdidos, en pecado y lejos de Dios.
(1Tes 5:11) ”Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo
hacéis”.
Y si Dios nos dio autoridad es para que nos edifiquemos los unos a los otros.

Motivación: Por lo tanto mis amados hermanos y hermanas es el tiempo de corregir la


manera de cómo hemos estado viviendo nuestra vida cristiana, entréguele sus
problemas, necesidades, carencias, enfermedades, cansancio, etc., a Dios y retome la
obra a la que ha sido llamado y aprópiese de la autoridad (DONES) que Dios-Padre,
Dios-Hijo y Dios-Espíritu Santo nos han dado a cada uno y sírvale.

¿Habrá alguien que quiera hacer esto?

Su hermano en Cristo Jesús.


Fernando Zárate