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Nº 69

Año 20,

agosto-

noviembre

2011

Nº 69 Año 20, agosto- noviembre 2011 Viaje al otro lado del puente Gabriel Ángel Moscovici
Nº 69 Año 20, agosto- noviembre 2011 Viaje al otro lado del puente Gabriel Ángel Moscovici

Viaje al otro lado del puente

Gabriel Ángel Moscovici Vernieri

Libreta de campo········································································

Viaje al otro lado del puente

Gabriel Ángel Moscovici Vernieri

30 de marzo de 2011. Sin señal de celular, ni televisión, ni Internet. Apenas escuchamos la señal intermitente de una radio de un po- blado no muy lejano. Hoy nos toca respirar el perfume del aire fresco rionegrino, siempre renovado. Y otra vez esa intriga que pesa sobre el trabajo co- lectivo de los últimos días. A esta altura y pese a lo peculiar de cada experiencia, de cada pincelada sobre el polvo sepultado de otros tiempos y otros mundos, o de esas pa- labras cargadas de suspiros mientras se cue- la y revisa la tierra sacada del pozo… a esta altura, las preguntas suelen ser las mismas año tras año: ¿qué más esconderá este lugar?, ¿qué sentido le daremos a lo hallado?, ¿cómo estará la gente que extrañamos? Estoy en el valle del río Manso inferior, en el sitio arqueológico que fue bautizado como Población Anticura por el apellido de la fami- lia dueña del campo en el que se encuentra. Me cuesta dimensionar que la historia huma- na de este valle haya comenzado mil años an- tes de Cristo. Pero así lo indican las muestras analizadas en laboratorio, que arrojaron in- formación sobre varias ocupaciones humanas del sitio desde hace 3180 años. Es el cuarto año consecutivo de esta ex- cavación y el apoyo político y económico en ciencia se hace sentir tanto como las expec- tativas que envuelven a la información ar- queológica salvada del olvido. Cargados de indicios sobre los antiguos habitantes, re- aparecen bajo nuestras miradas fragmentos de cerámica, puntas de lecha, raspadores,

fragmentos de cerámica, puntas de lecha, raspadores, Puente sobre el arroyo. (Foto: Archivo Comarca Andina)

Puente sobre el arroyo. (Foto: Archivo Comarca Andina)

perforadores, cuchillos, cuentas de valva, instrumentos de molienda, desechos de ta- lla, pigmentos, valvas, carbones y huesos de animales. A lo largo de estos años las bolsas que cla- siican lo hallado según el sector, la profundi- dad y el tipo de material, fueron aumentando junto a los temas de trabajo y los compañeros del equipo de investigación que trabaja en la Comarca Andina del Paralelo 42° y el valle del río Manso inferior, en Chubut y Rio Negro. Los temas desarrollados invitan a pensar in- inidad de cuestiones: cómo se construye el patrimonio cultural y cómo es posible cuidar los recursos culturales, cómo las comunida- des se apropian del pasado, cuáles son los motivos dibujados sobre laderas, bardas, pa- redones y aleros, cuándo fueron realizados, qué indica su distribución en más de veinte

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sitios cercanos a ríos. Otros temas revelan el tipo de materiales e instrumentos usados para pintar, cocinar, cortar, raspar y moler, las distancias recorridas para obtenerlos, la importancia del huemul y otros mamíferos en la dieta, el tipo y las funciones de los ins- trumentos, etcétera. Un etcétera plagado de esfuerzos personales, colectivos e institu- cionales, un etcétera lleno de expectativas, misterios y largas esperas. En ese juego de expectativas, misterios y largas esperas se fue construyendo un espa- cio que algunos llaman “arqueología”, “his- toria”, “ciencias sociales” o “antropología”, pero un espacio de trabajo que más allá de los rótulos, entiende a la historia de la vida humana de este valle, ya no como una disci- plina desvinculada de lo cotidiano, sino como proceso que atraviesa y construye a la gente que hoy habita y visita este lugar. De ese le- gado hablamos la semana pasada en las es- cuelas del valle, mientras en los pizarrones dibujábamos una recta histórica sobre el pa- sado regional señalando al inal del recorrido el garabato de un hombrecito. Entre ese per- sonaje que representa niños, docentes, ve- cinos, turistas e investigadores, y la historia reciente y remota del lugar, hay un puente que hoy intentaremos cruzar. Son las 10 de la mañana y las escuelas empiezan a llegar. Entre la tranquera del corral de ovejas, donde chicos y docentes esperan, y el sitio arqueológico, hay 600 pasos de hombre so- bre un sendero tan impregnado de secretos como los que esconde ese pozo excavado de dos metros de profundidad. Bajo a recibir- los para transitar juntos ese camino al sitio y encuentro a niños y docentes mirando un ex- traño cartel donde se puede leer “hoy”. Ellos preguntan qué signiica y respondo en clave, con una propuesta casi tan rara como el car- tel: “con cada paso que demos hacia el sitio, vamos a retroceder cinco años al pasado”. El viaje comienza. No damos ni dos pasos desde

la tranquera que aparece otro cartelito es- crito con una fecha, dice “2003”. Los chicos dan vuelta este cartel y ven el título de un tema abordado en el libro que tengo en mis manos: el sitio arqueológico Piedra Pintada. Reconocen el libro y el lugar. Hace dos semanas la presentación del li- bro “Memorias para las historias de El Manso” había convocado a decenas de chicos, padres y abuelos en las inmediaciones de la escue- la 92. En este libro, investigadores y viejos pobladores del valle habían plasmado un diálogo entre la arqueología, la historia y la memoria social. Hoy ese diálogo se recreaba para muchos de sus nietos, hijos y amigos. Empezamos a recapitular sobre el 2003. “En ese año nos vinimos a estudiar el si- tio arqueológico que muchos conocen como Piedra Pintada, donde además se tomaron medidas para que pueda ser visitado sin ser dañado” les dije mientras recordaba al dueño del campo donde se encuentra el sitio: Oscar Lanfré, un reconocido y sabio historiador de El Manso. La mayoría había visitado este pa- redón, y había escuchado a Don Lanfré hablar sobre la excavación del sitio mencionado en el cartel. Delante nuestro había decenas de carte- les, ubicados uno atrás de otro como momen- tos en una línea de tiempo, que desaparecían en el puente de madera que atraviesa el pe- queño arroyo, antes del bosque, la pendien- te, el alero y el sitio. Recorriendo ese sendero fuimos recordando el legado de una historia que posibilitó ser lo que somos. Una histo- ria que recuerda que desde hace trece años se vienen realizando talleres con antropólo- gos, que hace veintiséis años se construyó el puente verde sobre el río Foyel, que durante las dictaduras militares en Chile y Argentina el paso fronterizo de este valle fue usado como una vía de escape por los perseguidos políticos. Una historia que rememora la joven escuela 66, la fundación de la escuela 23

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hace cuarenta y siete años, o el mejoramien- to de los caminos y el terremoto en la década de 1960. Una historia que no olvida la gran nevada del ’44, el primer Juez de Paz del ´51 o la creación del Parque Nacional Nahuel Huapi hace setenta y cinco años. Una historia que también se acuerda de la fundación de la escuela 92 hace ochenta y tres años. Atrás quedaron los extraños carteles car- gados de historias. El último recordaba el poblamiento del valle hace cien años por parte de las viejas familias del lugar. Fue un momento conmovedor porque muchos chicos y grandes tienen ese apellido que es Turra, Gallardo o Anticura, Barría, Chávez o Can- delaria, Orrego, Henríquez o Rojel, Oyarzo o Uribe, y nos conmueve porque no es ajena esa historia, es propia. ¿Qué más es propio? Estamos a unos sesenta pasos del puente que cruza el arroyo, y a veinte del principio. Retrocedimos 25 años, es el año 885, cuan- do es derrotado en combate con el gobierno argentino el líder “manzanero” Sayhueque. Digo que junto con su captura se termina par- te de una resistencia armada de la que par- ticiparon personas que vivían en este lugar desde hace miles de años. Caminamos hasta el puente. Un último cartel señala que hace 500 años se encontraron los pueblos europeos con los pueblos originarios de América. ¡Justo en el puente! Compartimos el asombro. Por- que ese puente inaugura el encuentro entre dos orillas en varios sentidos. Es el encuentro de esas orillas del arroyo, pero también es nuestro encuentro con la historia remota del valle que evoca el momento del choque cultu- ral. Y es también signiicativo que después de este puente nos espere un camino con menos detalles, con menos carteles. Porque del otro lado del puente el pasado ya no nos cuen- ta su historia a través de registros escritos y orales, sino que nos habla en clave. Se trata de un pasado que se imagina revisando los in- dicios de una historia olvidada. Es un pasado

los in- dicios de una historia olvidada. Es un pasado La Escuela 166 visita el sitio

La Escuela 166 visita el sitio Población Anticura. (Foto: Archivo Comarca Andina)

que por misterioso y poco conocido parece ajeno, pero que es tan americano como el

paisaje de bosque que nos espera desaiante

al

otro lado del puente. Quedan unos cuatrocientos pasos hasta

el

sitio y los carteles desaparecieron. Cruzar

ese puente signiica aventurarnos a otra for-

ma de concebir la historia. Una en donde los hechos suceden entre fechas aproximadas y

las pistas pueblan el paisaje. Porque esta vie- ja historia imagina con asombro y dudas el mundo de ese pasado misterioso y distante. Un mundo con personas viajando del bosque

a la estepa, atravesando más de doscientos

kilómetros en busca de piedras de calidad para tallar. Una vieja historia que no conoce nombres ni apellidos, sino hombres, mujeres y niños que no conocían la propiedad priva- da, que juntos cazaban y consumían huemu- les. Personas que fabricaban los pigmentos que luego usaban para expresar sus ideas en pinturas en la pared. Ideas misteriosas que contemplamos con asombro. Ese que aparece como susurrado, entre la tierra y el pincel, entre el tamiz y los dedos, entre el suspenso

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y sus mil aproximadas respuestas… ese mismo que susurra a los arqueólogos que aguardan en el sitio un tímido “hola”, cuando chicos y docentes inalmente llegan a su encuentro. Ese, que aparece siempre que volvemos al valle, después de la tranquera de ovejas y del puente que cruza el arroyo.

Bibliografía de consulta

Bellelli, Cristina; Pablo Fernández; Vivian Scheinsohn y Mariana Carballido. 2007. In- vestigaciones arqueológicas en el valle del río Manso inferior (Pcia. de Río Negro). En: XVI Congreso Nacional de Arqueología Argentina, Tomo III, pp. 309-314. San Sal- vador de Jujuy, Argentina. Bellelli, Cristina; Mercedes Podestá y Vivian Scheinsohn. 2008. Arqueología de pasos cordilleranos: un caso de análisis en la Comarca Andina del Paralelo 42° y áreas vecinas durante el Holoceno tardío. En:

Boletín del Museo Chileno de Arte Preco- lombino. Museo de Arte Precolombino de Chile, Chile. Cabrera, Sebastián, Darío Xicarts y Soledad Caracotche. 2008. Una propuesta para abordar el poblamiento del valle de El Manso a principios del S.XX. Diálogos en- tre la antropología e historia. En: III Jor- nadas de Historia de la Patagonia. Antro- pología e Historia: interdisciplinariedad, convergencias disciplinares y estudios de caso en Patagonia. San Carlos de Barilo- che, Argentina. Caracotche, Soledad; Laura Margutti y Se- bastián Cabrera. 2010. Memorias para las

Margutti y Se - bastián Cabrera. 2010. Memorias para las historias de El Manso. Administración de

historias de El Manso. Administración de Parques Nacionales, Reserva de Biósfera Andino Norpatagónica Argentina, INAPL y CONICET. Fernández, Pablo; Cristina Bellelli; Mariana Carballido Calatayud; Mercedes Podestá; y Anabella Vasini. 2010. Primeros resulta- dos de las investigaciones arqueológicas en el sitio Población Anticura (Río Negro, Argentina). En: XVII Congreso Nacional de Arqueología Argentina. Mendoza, Argenti- na.

Nacional de Arqueología Argentina. Mendoza, Argenti - na. Vista del sitio Población Anticura. (Foto: Archivo Comarca

Vista del sitio Población Anticura. (Foto: Archivo Comarca Andina)

na. Vista del sitio Población Anticura. (Foto: Archivo Comarca Andina) Novedades de Antropología | Año 20,

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