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7276

Varios

P373

Para leerlos todos, antología de microcuentos /

2009

Varios, 1ª ed. León, Gto.: Universidad Iberoamericana León, Instituto Cultural de León, 2009 124 p.; 21 cm. (Col. Párrafos)

1. Cuentos mexicanos- Colecciones l. Varios

Daniel Huerga García Director del Centro de Difusión Cultural Universidad Iberoamericana león

M. Esther Bonilla López Cuidado Editorial

Clara Keys Alonso de Florida Diseño Editorial

Agradecemos al Mtro. Tarik Torres Mojica su valiosa colaboración para establecer comunicación con los integrantes del Jurado y el habernos facilitado el proceso operativo de dictaminación.

Primera edición, 2009

D.R. ©Promoción de la Cultura y la Educación Superior del Bajío, A.C. Universidad Iberoamericana León Boulevard Jorge Vértiz Campero 1640, Col. Cañada de Alfaro, León, Guanajuato, CP 37238 area.editorial@leon.uia.mx Consulte nuestro catálogo en www.leon.uia.mx

Instituto Cultural de León Justo Sierra 202 esq. Belisario Domínguez, Centro Histórico, León, Guanajuato, C.P. 37000.

Impreso y hecho en México Printed and made ín Mexico ISBN en trámite

Presentación

Una vez más, el Centro de Difusión Cultural de la Universidad Iberoamericana León ha confirmado su clara vocación de promotor de la producción litera- ria contemporánea, esta vez, con un concurso inter- nacional de microcu~ntos cuya finalidad fue publicar este libro que contiene lo que, a juicio del jurado, fue lo más relevante del total de los textos enviados. No fue tarea fácil la selección de los microcuen- tos publicables. Participaron 160 personas, con más de un cuento cada una, de casi todos los estados del territorio mexicano y de otros países (España, Francia, Cuba, Argentina, Ecuador y Venezuela). Las temáti- cas, variadas, y las posibilidades de estructuración de los microcuentos conformaron un abanico tan amplio que tuvimos que renunciar a la publicación del total de las aportaciones sólo por cumplir con el compromiso de seleccionar lo mejor. Los miembros del jurado, la Dra. Silvia Ruiz Otero (presidenta), la Mtra. Gabriela Valenzuela Navarrete y el Mtro. Luis Felipe Canudas Orezza Ugalde, leímos y releímos cuidadosamente los textos y, finalmente, entregamos nuestro dictamen. La lectura de los textos no sólo nos dio la posibilidad de disfrutar cada uno de los microcuentos, sino que también nos permitió darnos cuenta de la riqueza de ideas, de tonos, de emociones, de preocupaciones y de reflexiones que manifestaron los autores. ¿Qué ofrece este conjunto de microcuentos?, ¿cuáles son las líneas, las constantes en la escritura de este grupo de autores? Veamos:

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En la mayoría de los textos se refleja un muy buen manejo del humor que va desde la ironía hasta la parodia y el humor negro; desde el juego del doble sentido hasta la "irreverente" reescritura de los clási- cos infantiles y hasta la "corrección" y puesta al día de pasajes bíblicos y de mitos greco-latinos (¡viva el maestro Monterroso!). Nuestros autores se atreven a proponer nuevas formas de narrar el Génesis; a ex- plicar las verdaderas causas .del Diluvio Universal, a imaginar un Dios aburrido con su Creación y a un Dios con pesadillas; a acercarse a Caín con otros ojos. Nuestros microcuentistas le corrigen la plana a Shakespeare, a Hesíodo y a Ovidio: Romeo no recibe un mensaje de texto a tiempo, Penélope espera una llamada por el celular, Cyrano envía sus poemas por Internet y Enrique VIII se anuncia en el periódico. En estos microcuentos encontramos, igualmente, la representación de la realidad actual con toda su crudeza: indiferencia moral, asesinatos, suicidios, balazos, erotismo, violencia intrafamiliar, machismo, problemas de géneros, calentamiento global, nece- sidad de milagros, violaciones, fútbol, crítica social, narcotráfico, alcoholismo, desamor, soledad, lucha libre, enamoramiento, homosexualidad, corrupción, parrandas, drogas, niños de la calle Pero, también encontramos en estas obras la presencia de los niños con su ingenuidad, con sus ocurrencias, con sus deseos de conocer. Asimismo, encontramos brujas que son distintas a las de los cuentos clásicos; monstruos debilitados en su fun- ción de asustar; encoíltramos sueños que son bál- samos y sueños que invaden la realidad. Percibimos una seria preocupación por el paso del tiempo y su correspondiente cuestionamiento sobre la eternidad

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(cielo, infierno, purgatorio); sentimos simpatía por los vampiros; nos llama la atención la constante refe- rencia a Dios, a los profetas, a la necesidad de fe; y nos sorprende la presencia de las moscas como parte de la vida cotidiana. Por otra parte, descubrimos una sincera preocupación por el oficio de escribir. Por último, cabe mencionar que sólo uno de es- tos microcuentos refleja un tono de esperanza y de gratitud, de serenidad y de alegría. ¿Es así nuestro ·

. Sea lo que fuere, leer el presente libro será, así lo deseamos, viajar por ambientes preñados de lo que hoy podemos llamar la realidad referencial de nues- tro mundo globalizado. Deseamos que los lectores disfruten, se rían, sonrían, reflexionen y se apropien de cada uno de estos microcuentos, como lo hicimos nosotros. Un microcuento es, como bien dice uno de nuestros autores: "Un cuento vertiginoso, proteico y heterogéneo propio para la velocidad de la vida cotidiana". Aceptemos, pues, esta oferta de lectura refrescante, gozosa y, a veces, reflexiva que se puede realizar, gota a gota, en el fluir de nuestros días.

mundo?

Silvia Ruiz Otero

Presidenta del Jurado México D.F., 27 de marzo de 2009

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Hasta el infierno

El sol en mi rostro: flama intentando arder. Moscas rondando, insuficientes las manos para espantarlas, lentamente me incorporé, sacudí mis pantalones poseía un recuerdo de la fiesta de anoche: "¡Cómo fui a despertar en el basurero_ a orillas de la ciudad!". Por inercia llevé mi mar;io a la bolsa trasera: "Diablos, no está la cartera", la agarré contra una lata de aceite, le di patadas~ Las sienes me botaban, una tremenda peste parecía destrozarme la nariz, la bilis amarga de amarillenta espuma colgaba en mi barbilla. Como un poseído caminaba acechando los peligros: felino enrabiado. Los instintos no mienten, vagos me rodearon. Me atacaron, ratón atrapado:

"¡Hasta el infierno puto, vas a dar!". Entre patadas, palazos, mecían mi cuerpo; entré en un remolino, risas, música, humo y cerveza. La porquería que me inyectaba un camarada asegurando:

-"Es tan pura que hasta el infierno vas a dar".

Yo, tirado en pose fetal, cosmos.

con mis ojos viajados al

Mara Yudith Abda/a Torres Hermosillo, Sonora

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Tinto como mi vino

Una gota de vino tinto rodaba por la comisura de mis labios, la dejé bailar al filo de mi barbilla, hundirse en las curvas de mi cuello, hasta desaparecer en mis senos, como los besos húmedos de aquel desconocido. En este mismo bar lo vi, su mirada profunda: felino cauteloso. Me invitó una copa, embriagaba más su risa. Caminamos sobre callejones oscuros vestidos de complicidad. Tomó con fuerza mis manos anudándolas a mi espalda. Mi rostro se fue transformando: ojos de fuego, olfato agudo, latidos galopantes, dientes que crecían. Él, cegado de pasión, recorría sediento mi piel, no advirtió a la bestia nocturna, mis piernas abrazaban su entorno,

clavé resuelta mis colmillos en su cuello, disfruté cada gemido de vida, un líquido en el cuerpo inerte se perdía, era tinto como mi vino.

-

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A imagen y semejanza

Y Dios creó a alguien más fatalista que él mismo.

Coatlicue Aboites Manrique León, Cuanajuato

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El beso

Estaba sentada sobre la viga de acero, sus piernas caían tensas, como pétalos esperando ser deshojados. Apoyada sobre sus manos, se inclinó hacia mí y pude ver el regalo bajo su escote marchito. El tiempo había pasado besando su piel, pero el vigor juvenil de su mirada me incitaba a mirar más allá. A pesar de los gritos de mi conciencia, me acerqué para juntar sus labios con los míos y cuando abrí los ojos, vi mi labial en el espejo.

Carla Aguilar Cervantes Ce/aya, Cuanajuato

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Estruendo

Inició como un intercambio casual acerca de la naturaleza divina, ideas sueltas para llenar los huecos en que se empeña el silencio; pronto se fueron uniendo otros a la conversación con argumentos más intrincados, con opiniones que diferían apenas en un matiz pero que€n la discusión relucían como hogueras altísimas. ·

Los escépticos fueron relegados por los inquisidores

a quienes se les hacían espuma en la boca las

palabras imagen y semejanza. Cuando llegaron los recién conversos envueltos en el fanatismo ya nadie escuchaba. Hasta que las palabras fueron sólo un

ruido de jauría.

El estruendo de la discusión lo alcanzó todo, hasta

llegar a Dios, quien cansado de escuchar las múltiples variaciones de la misma idea equivocada, mandó el diluvio, y dejó sólo a dos de cada especie, todos ellos

mudos.

Edilberto Aldán Aguascalientes, Aguascalientes

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Condena

La obsesión por ver era tal que no le importaba quedar ciego. Esa mirada febril fue la que convenció al ángel que era un fuego en medio de la zarza que no se consumía, y lo dejó pasar. Ante Dios, no cubrió su rostro, no tenía miedo de mirar.

Le fue dado observar la tierra y el tiempo infinito, a las bestias y su corazón paciente, a los hombres y todas sus almas.

Se retiró saciado, sin pestañear, dispuesto al castigo. No sintió cambio alguno, no llegó la muerte, tampoco el lento crepúsculo amarillo, no se convirtió en sal.

La memoria era su condena: el mundo palidecía ante el recuerdo de lo observado en los ojos de Dios.

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Distracción

Leyó las instrucciones. El mecanismo era tan simple que resultaba difícil creerlo. Ganó la curiosidad:

insertó una moneda y con una sonrisa mordaz giró la perilla que indicaba el tiempo que deseaba regresar. Lo distrajo el paso de un ave volando bajo, dejó la flecha apuntando a Ún minuto.

Esperó.

Ingenuo, no existe tal cosa como una máquina del tiempo.

Una máquina del tiempo, descubrió.

Leyó las instrucciones. El mecanismo era tan simple que resultaba difícil creerlo. Ganó la curiosidad:

insertó una moneda y con una sonrisa mordaz giró la perilla que indicaba el tiempo que deseaba regresar. Lo distrajo el paso de un ave volando bajo, dejó la flecha apuntando a un minuto.

Esperó.

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Aprendizaje

No se promete una hora exacta para lo increíble, le insinuó la mirada de los fieles congregados a su alrededor. Ante el murmullo creciente sólo acertó a pedir calma con un movimiento tembloroso de las manos.

Lo que ocurrió una vez que se agotó la paciencia de su público fue precipitado, la multitud pasó del silencio con que se convoca la sorpresa al rumor que despierta el inicio del desencanto, la ira que la. desilusión cierra en puño.

Desencantados reclamaron la ausencia del prodigio, la palabra incumplida, lo golpearon y escupieron, lo abandonaron ansiosos de un nuevo espectáculo.

Ya sin espectadores, Él sintió un toque de aire en los talones. No lo escucharon gritar, iban demasiado lejos cuando al fin comenzó a volar. Aprendió que los milagros no se convocan en público.

Aprendió

que

los

milagros

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convocan

en

público.

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Arte poética

No

palabra.

deja

de

sonreír

mientras

escribe

la

última

Aspira profundamente antes de colocar el punto final. Con un gesto suave deja reposar, al fin, el. centenar de hojas. Exhala satisfecho.

I

Escribió la obra perfecta. Resta un último paso: las cenizas se elevan con el vuelo de los pájaros al atardecer cuando prende fuego al manuscrito.

Está listo para comenzar de nuevo.

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• ·' Veneno personal

Cuando

miraba,

sus

ojos

lanzaban

dardos

con

curare.

Un día la encontraron muerta.

El espejo sólo tenía dos puntos estrellados.

María del Carmen Almanza Nieto lrapuato, Guanajuato

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Solitario

Para ver el mundo, construyó una montaña en el corazón de su casa.

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lintenkiller

Si el destino está escrito, ¿dónde se consigue el borrador para hacerle algunas correcciones?

Diana María Amador Malina Atizapán, Estado de México

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Predicción

Al igual que los grandes mundos desarrollados, éste también murió por la decepción.

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Rubén Bahena Juárez Tultit/án, Estado de México

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La princesa está llorando

La llamada

-Deja

de

llorar-

le

dijo

el

duende

a

la

bella

Ujum, sí, ajá, ajá, aaah, pus sí, humm, ajá, ¿a

princesita.

 

poco?, humm, ajá ¿ella le dijo?, ajá, sí, uta, ajá, y él se fue, uyy, sí pus sí, ajá, humm, otra vez sola, pues

No sabía

que ella tenía

un

puñal clavado en

el

sí, ajá, con la otra, ajá, aaah! ¿cómo crees?, ujum, sí,

pecho.

no pus no, ujum, ¡pschitst, ¿lo envenenó?, órale, ajá, pues claro, ajá, sí, pus .bien ¿no?

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20

/rerisabel Eduwigis Campos A/va México, D. F.

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Cuentos

Un cuento cuyo título era tan irónico y lúdico que sus letras se alejaban de él. Un cuento con una introducción tan súbita, un desarrollo tan instantáneo, un nudo tan fugaz, que sugerían toda una novela. Un cuento tan corto que se leía en un suspiro. Un cuento tan rápido de leer que se hojeaba en un parpadeo. Un cuento que da tal impresión de oniridad, que cuando volvemos a la realidad, da. la impresión de que leemos un cuento. Un cuento con tal inventiva que explicaba en un relámpago a otro cuento. Un cuento que a pesar de ser tan ultracorto, sintetizaba una estructura paradójica y un sentido alegórico con una latente sofisticación y erudieión literaria. Un cuento que a pesar de ser tan hiperbreve su protagonista podía escribir un cuento, cuyo protagonista escribía otro cuento. Un cuento vertiginoso, proteico y heterogéneo propio para la velocidad de la vida cotidiana.

Alejandro Campos Oliver Cuautla, More/os

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Bajo la cal

Todos los años, cuando llegaba el buen tiempo, encalaba la fachada y el patio interior de la casa en la que vivía sola, con su luto y su moño desde que murió su madre y, al mes siguiente, desapareció su marido.

Ya casi nadie recordaba a aquel joven apuesto que no tuvo tiempo de darle un hijo, ni siquiera los vecinos, que, desde sus casas oían las palizas de las que Felisa era objeto en su juventud. Pero ella, a sus 75 años, sí lo recordaba y cada primavera, al repartir la cal por la rugosa pared del patio, lo hacía con la misma furia y fuerza con la que mucho tiempo atrás emparedó a José tras su última borrachera.

José Luis Castellanos Segura Ciudad Real, España

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La llamada

El bombero no se atrevió a descolgar el móvil que sonaba semienterrado entre el amasijo de hierros, los cristales rotos y la sangre y los restos del conductor.

Al otro lado de la línea, su jefe dejaba en el contestador un mensaje: "Se ha anulado la cita; quédate hoy en casa".

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Nadie recuerda su nombre

Tras sufrir la primera embestida, consigu10 esca- bullirse por uno de los múltiples pasadizos. En la oscuridad -la llama del candil ya estaba apagada- intentó buscar una salida, pero su fuerza también se estaba consumiendo. Se detuvo. El laberinto se estaba apoderando de ,su embotado cuerpo. Todo daba vueltas. Cerró los ojos y se desplomó.

Al recuperar el conocimiento, sintió primero huesos de cadáveres clavarse por todo su cuerpo malherido y, seguidamente, cerca del cuello su impaciente respiración mortífera. En ese momento supo que jamás volvería a ver la luz.

Fuera, Teseo esperaba su turno.

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Museología

l. (El cuadro fantástico)

Un pintor -se propuso un cuadro que retratara la realidad cambiante del mundo. Consiguió una obra que mostraba el deterioro del paisaje, el cansancio de las personas, el renacer de la hierba, el cielo de noche y de día, las calles agitadas. Plasmó el presente de la época y todos se maravillaron de su genio. El cuadro permaneció algún tiempo en el Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad; pero, un día, un terrorista del arte se abrió paso entre la multitud de admiradores de la obra y se echó encima la maldición de los siete años de mala suerte.

11. (Museo de la caricatura)

Por muchos años, el Museo de la Caricatura fue lugar de visita obligada y punto de referencia para los artistas de todo el país, hasta que, aprovechando un descuido del personal de vigilancia, un hombre atentó contra varias obras. Desde entonces se prohíbe la entrada con gomas de borrar.

José Alejandro Carro Sánchez México, D.F

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Sagradas escrituras

y al séptimo día, descansó".

Se quedó dormido,-/

padece pesadillas y todavía no despierta.

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María Teresa Cuevas Fournier Chihuahua, Chihuahua

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Historias simultáneas

-Somos demasiados ya- pensó justo antes de jalar el gatillo del arma que sostenía debajo de su paladar.

-Somos demasiados ya- pensó justo antes de desviar hacia el precipicio el tren que conducía.

-Somos demasiados ya- pensó justo antes cie cerrar las ventanas, abrir el gas y acostar a sus niños.

-Somos demasiados ya-pensó justo antes de poner el veneno en los desayunos escolares que serían distribuidos esa mañana.

-Somos demasiados ya- pensó justo antes de salir a una más de sus expediciones nocturnas de exterminio por los barrios bajos.

-Somos demasiados ya-pensó justo antes de ingerir por completo el contenido del frasco de somníferos y acariciar por última vez su vientre de seis meses.

-'-Somos

de

ametrallear desde lo alto del edificio, a los transeúntes

que seleccionaba en su mira

demasiados

ya-

pensó

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Escritores

Existen ciertos autores a quienes no les bastan los muchos temas que la gran escena de la vida propor-

ciona

Entonces levantan falsos, crean imaginarias

enemistades con otros escritores dedicados a escri- bir

Desconozco qué logran los primeros, los segundos:

libros.

·

Martha Eisa Durazzo Magaña Boca del Río, Veracruz

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Bíblico

"Dejarás a tu padre y a tu madre

bíblica

car a León,· Guanajuato calzado.

", reza la sentencia

Anita, dejó padres y casa, para irse a radi-

Tal era su afición al buen

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Pregunta existencial

Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces

De pronto detuvo su trabajo y dijo con una amplia sonrisa:

-¿Y por qué hablo en plural?

José de Jesús Flores Figueroa México, D. F.

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Amor animal

Y tanto amaba a su viejo burro, que cuando murió el joven Caín guardó los huesos muy cerca de él.

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Era inútil, llevaba varios días a la deriva desde que su posicionador satelital había fallado. No había señal para el celular y sólo podía escuchar de vez en vez la dulce voz: "No tiene caso que te deje mensaje, si jamás contestas".

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La tormenta arreciaba y el futuro era más incierto.

Ya de noche frente al espejo ella peinaba su larga cabellera. De reojo veía su celular. Tenía 1O años esperando algún mensaje, alguna llamada. El último texto decía: "Te amo, espérame, volveré pronto."

-El muy canalla nunca cambiará- dice entre labios mientras toma su tejido y Penélope comienza a deshilarlo de nuevo.

Rubén Flores Flores León, Guanajuato

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"El número que marcó es probable que se encuentre apagado o fuera del área de servicio".

-i No puedo creerlo, a este güey se le acabó el crédito! Nervioso, con prisa e imprecisiones comenzó a escribir el mensaje urgente y vital que tenía que enviar ahora mismo en ese extraño lenguaje críptico que manejaban los jóvenes hoy día.

En la oscuridad destella como un relámpago una lucecita sobre el piso.

Ella despierta del profundo sueño, dolor de cabeza y confusión rodean ese momento. A sus pies distingue un cuerpo, es su amado de hinojos, con las venas y el corazón atravesados por un puñal. No tiene tiempo de llorar, apenas comprende. Toma el celular que centellea en el suelo de piedra. Con dificultad lee

"Mi señor Romeo, no se espante ni precipite, Julieta duerme ya, tomó la poción especial, espere a que despierte y llévela con usted a la felicidad".

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Demoró unos segundos en presionar el botón "send", pero una vez más lo hizo. Una vez más había escrito el nombre de las estrellas y del fuego, una vez más había dejado una parte de su corazón en llamas, en cada verso, en cada palabra; una vez más había escrito el poema más , hermoso del mundo, para Roxana; y una vez más había dejado que otro se llevara el crédito de su amor.

Lejos de ahí y al acabar de leer el bellísimo poema recién recibido, Cristián comenzó a teclear y segundos después apareció en la pantalla:

"Cristián dice: Merci". Pero apareció un mensaje que leía: "Cyrano aparece como no conectado, recibirá tus mensajes la próxima vez que se conecte".

át,

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Jorge Luis Flores Hernández León, Cuanajuato

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El contenedor

Yo tengo un contenedor de mundos. Es un artefacto que cabe en la palma de mi mano. Quién diría que dentro de· ese pequeño cilindro de plástico podrían estar escondidos los pensamientos de un erudito, las frases de amor de dos adolescentes, los textos completos de tres escritores, los esbozos fantásticos de cuatro ingenieros aeroespaciales o los garabatos de cinco jóvenes que nunca pondrán atención durante la clase de civismo.

Extraer la información del contendor es muy fáciL Tan sólo se requieren tres pasos:

1. Tome el cilindro con la parte aguda hacia abajo.

2. Coloque la punta sobre un papel.

3. Y escriba.

Víctor Antera Flores Zertuche Saltillo, Coahuila

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Estas antigüedades

-¡No lo toques! -gritó la tía abuela.

-¿Por qué?-dije soltando el puñal sobre el cojín de terciopelo rojo.

Ella se acercó a la mesita y lo acomodó religiosamente en la posición correcta.

-Ese puñal es muy antiguo, tiene como doscientos años. Perteneció a mi abuelo.

Lo inspeccioné con curiosidad. Su hoja de dos filos refulgía como la plata y el mango, labrado en madera, parecía no haber sido tocado por cinco generaciones. Inclusive, las iniciales del tatarabuelo, talladas con letra rúnica, estaban como recién hechas.

-No parece tan antiguo.

-Es que ya lo han reparado varias veces. El torpe de tu padre le rompió el mango hace como cinco años y hubo que ponerle uno nuevo y el año pasado tu

tío le rompió la hoja

me costó muy caro ponerle

una nueva. Así que no lo ~oques. Estas antigüedades deben conservarse intactas.

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-Ah, órale.

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El final

Tengo un problema con los finales. No me gusta que algunas cosas terminen y no me gustó ver cómo el planeta Tierra quedó convertido en una enorme ciruela pasa color azul. Sus continentes se arrugaron, los océanos perdieron toda proporción. África se golpeó contra América y Europa quedó sobre Asia. Los meridianos y paralelos dejaron de ser líneas circulares y se convirtieron en ondas y rulos

desatinados

y todo por permitir que una niña de

ocho años jugara con mi globo terráqueo inflable.

Vlctor Antera Flores Zertuche

Sa!Ul/0 1 Coahuila

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El recaudador de prendas

No hay días mejores que los de verano, cuando el calor obliga a todos a usar ropa más corta. Es así como me estoy haciendo de una colección de minifaldas. Todas van puestas en las chicas de la calle, esperando a que yo las colecte.

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El padre dormido

El niño mira amorosamente al hombre dormido sobre

el sofá. Sabe que lo quiere. La manta está en el piso.

La levanta·y lo cobija. Es el único momento del día

en que puede disfrutar de la presencia de su padre

y aún así, siente miedo. Lo Imagina despertando con amigable actitud, haciendo algún· comentario

divertido antes de salirse a la calle. Cómo anhela eso

no

y mejor no lo mira más porque

quiere ni pensarlo. El pequeño imagina que no es malo. Hay tanta paz en su padre dormido que prefiere

irse de puntillas, para que el cansado hombre tenga un rato más de felicidad.

si lo despierta

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Un zumbido

María escuchaba el zumbido disuelto entre las voces.

No podía abrir losojos, peroadivinabael zigzagueo de

la mosca en la habitación. A veces sentía el contacto

de una mano cálida sobre las suyas y percibía un fuerte olor a café. Pero la mosca interfería con todo aquello. Su aleteo abrasivo chilló muy cerca de sus oídos y se detuvo abruptamente en su mejilla. Soportó las patas del díptero picándole la piel, pero no podía levantar la mano para sacudirse ese tormento. La sintió caminar por su labio superior y entrar por una de sus fosas nasales. La mosca debió sentirse atrapada porque comenzó a aletear con desesperación y María creyó que un diminuto taladro se abría camino hacia su cerebro. El agudo chillido retumbó en su cabeza

y

le cosquilleó enloquecedoramente el interior de

la

nariz. De pronto sus pulmones se convulsionaron

y

se incorporó violentamente para jalar aire por la

boca.

El estornudo fue explosivo.

La mosca se estrelló en la cara de una plañidera.

María había dejado su estado cataléptico.

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De lejos

Desde aquí las veo. Son las habitantes cotidianas de

la cocina. Se pasan de inquietas, se mueven mucho,

a veces desesperan. Dan vueltas por todos lados,

hurgan en la comida y mientras hacen eso no les

gusta mi presencia. Por eso las veo de lejos mujer y a esa mosca.

a mi

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Conmiseración

Un ratón cruzaba rápidamente la cocina para entrar en su pequeño refugio, pero segundos antes de lograrlo, sintió un jalón en la cola. Era el gato que lo había atrapado.

El pequeño ratón alarm;ido ingenió rápidamente una

coartada para liberarse de aquella penosa situación, buscando la misericordia del gato para salvarse el pellejo.

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-Señor Gato, no me coma por favor. Hoy fue uno de los peores días de mi vida. Primero, desperté con dolor de barriga a causa del hambre. Después, la señora de

la casa me ha visto y me dio un tremendo escobazo. En

todo el día no he podido encontrar alimento alguno.

Todo esto le decía con profundo sentimiento y lágrimas en los ojos.

-¡Y ahora me agarras tú!

El ratón se sintió victorioso al ver la cara abnegada

y llena de compasión del minino; así como sus ojos tranquilos y comprensivos.

-Está bien. Te ayudaré -Dijo el gatito tragándoselo de un solo bocado.

Karla Evelia Gasea Macías León/ Guanajuato

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El taxista

Los taxis pasaban llenos, unos decían "Sitio Anaya", otros "Sitio Bojay", "Sitio Santa Ana", "Sitio San Pedro",

yo

debía tomar uno que dijera "Sitio Tepetitlán". Era

mi

primer día de trabajo por ese rumbo.

Después de diez minutos, se estacionó un Maverik. iA Tepe, a Tepe! Gritó el chofer. Venía vacío.

Rápidamente lo abordamos, tres adelante, cuatro atrás. A mí me tocó a la derecha del chofer. Entonces me percaté de que era un niño. Avanzó. Me quedé mirándolo, mientras conducía con destreza.

-¿Diga señor?- dijo con mucha seguridad-. -¿Cuántos años tienes? -pregunté-. -Trece años señor-fue su respuesta-. -¿lienes licencia para conducir? -interrogué-. -Claro que sí, mírela-la tomó del tablero y me la extendió-.

La miré, tenía su foto, su nombre, estaba vigente.

-Y a tus trece años ¿cómo es que te la dieron? -le consulté-. -Con dinero, Señor, aquí en México el dinero afloja más que el sebo -respondió con sabiduría-.

Salomón Cómez Isidro San Juan Tepa, Hidalgo

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Machismo y feminismo

El mundo ya estaba hecho y se sentó a observarlo. Los árboles eran tan perfectos que se aburrió. Entonces agregó animales, unos salvajes y otros decentes, pero ambos eran tan perfectos que aún se aburrió. Entonces arrojó al hombre, pero éste era tan perfecto que todavía se aburrió. Determinó entonces crear la versión cómica del hombre, y agregó a la mujer. Rió a carcajadas.

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El mundo ya estaba hecho y se sentó a observarlo. Los árboles eran tan perfectos que se aburrió. Entonces agregó animales, unos salvajes y otros decentes, pero ambos eran tan perfectos que aún se aburrió. Determinó entonces crear el ser más creativo jamás pensado, y arrojó a la mujer. Su aburrimiento cesó. Pero la mujer era tan perfecta que al poco tiempo ésta se aburrió de sí misma. Entonces se le buscó un pasatiempo, y el hombre existió.

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áscar Adrián Conzález Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco

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La lavadora

Ayer mamá vendió la lavadora. No sé por qué lo hizo

si la piedra siempre le sangra los dedos. Ayer también

vendió el refrigerador, lo bueno es que estaba vacío, si no la comida ahorita estaría sobre la mesa echándose

a perder; nomás se están muriendo de calor las cervezas de papá y la insulina de la abuela.

Hoy mamá se fue a vender la televisión. Apenas y la

podía cargar, ¡pero, quién le manda andar vendiendo nuestras cosas! Yo creo que se está volviendo loca. Papá no ha regresado casi en un mes, pero cuando

lo haga y encuentre la casa vacía de segurito que se

va a enojar, por eso le pega tanto a mamá, pero ella no lo entiende.

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El milagro que jamás se supo

La madre enfermó cuando el hijo tenía doce años. El mal avanzó hasta vencerla y condenarla a extinguirse en cama, y ahí, postrada en su diminuta mas tormentosa isla desierta, ya no fue capaz de proveer el pan a la mesa. Entonces el hijo tuvo que dejar la escuela y consagrarse al cuidadq de su madre y a ratos salir a pedir limosna. Ella fue perdiendo facultades hasta el punto de confundir la agonía con el purgatorio. De pronto él se cansó de velar un maniquí, y con el dolor de su corazón decidió marcharse. Era noche de luna llena cuando huyó sigiloso mientras la madre parecía rezar.

Quizá fuera el fervor de su rezo lo que conmovió a los santos, quizá fuera un capricho de la biología, quizás esto o quizá lo otro, pero aquella misma noche la madre se vio completamente sana. Se levantó y buscó al hijo. Ella estaba sola.

Muchos años después el hijo regresó, miró de lejos la casa y no se atrevió a acercarse. Antes ya había buscado inútilmente la tumba en todos los panteones. "Fue enterrada sin nombre", concluyó, dio la media vuelta y llorando se marchó otra vez y para siempre. Entretanto, tras un repentino sobresalto, la anciana en casa trataba de acordarse si alguna vez había tenido un hijo.

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El jardín del Edén

Por los tiempos del calentamiento global el nuevo profeta apareció desnudo: "Es así como Dios quiere al hombre -predicó-, el pecado nos obliga a cubrir nuestros cuerpos". Muchos se convencieron de sus palabras e imitaron su ejemplo. La secta creció a niveles insospechadas, cantidad de conversiones se suscitaron y en pocos meses no hubo rincón en la Tierra sin hombres y mujeres vagando cuales recién nacidos. Sorpresivamente, los grandes líderes religiosos abrazaron la nueva fe y tanto el Vaticano como la Meca y el Tíbet regalaron sus ropas a los pobres. El pudor desapareció en el Orbe y los pobres también dejaron sus prendas, ya no hubo a quién regalarlas y fueron quemadas por montón. Las marcas del vestir se declararon en quiebra y con ellas desapareció la moda y el consumismo. Andar desnudo se volvió tan natural que la lujuria casi se erradicó y las bailarinas exóticas tuvieron que vestirse y las revistas para caballeros exhibieron faldas a los tobillos.

Entonces ya nadie se acordó del profeta, éste se entristeció y se vistió de túnica. Fue tal su atrevimiento, que se le quemó vivo. Así fue como la manzana de Adán se· restituyó y el hombre regresó a los primeros tiempos.

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Mi cuento

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Nunca quise poner en el correo este cuento. No creo por ello, que alguna vez lo reciban. Si así ocurre de seguro se tratará de un error administrativo. Seguido sufrimos por ese tipo de errores. En verdad nunca tuve la intención de que este cuento se conociera y menos que se publicara. Repito, nunca quise enviárselo a nadie. Es más, ni lo escribí. Ni lo cuento.

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Gonzalo J. Gonzále_z Calzada Vil/ahermosa, Tabasco

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Di por qué, dime abuelita

-Abuelita -Sí hijita, dime.

-Abuelita ¿por qué no te has muerto? Ya estás muy viejita. -Ay hijita, ni yo misma lo sé. -Ah

habrá

olvidado de

-La que se ha olvidado de morir eres tú abuelita. -Quizás hijita, quizás, pero yo no soy la dueña del destino. -Pero sí te vas a morir algún día -Espero que sí y será mi redención. A decir verdad, ya lo deseo. En ese momento se escucharon unos toques firmes y ansiosos en la puerta. La niña corrió hacia la entrada de la habitación, dio vuelta a la manija abriendo la puerta y gritó en alboroto:

-La

muerte

a mí? Quién sabe

veces

es

muy

ingrata.

¿Se

-¡Abuelita, abuelita, ya vinieron por ti! ¡Ya vinieron por ti!

En el velorio, todo el mundo con tristeza infinita consolaba a la abuelita.

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Variable Newtoniana

La pasión es directamente proporcional a la fuerza de atracción gravitatoria entre dos cuerpos

y a la magnitud de la variable que se sumerge y experimenta un empuje de abajo hacia arriba en estado de movimiento rectilíneo uniforme. La fuerza de resistencia es propo~cional al movimiento de los dos cuerpos en contacto mientras uno reposa sobre una superficie plana y horizontal donde es sometido a una fuerza vertical creciente en intensidad hasta que experimenta una reacción tangencial. Al aumentar

la intensidad de la fuerza del cuerpo en movimiento

el sólido comienza a deslizarse sobre la superficie

y se transforma en fluido. Los fluidos son sustancias que mediante la aplicación apropiada de una fuerza experimentan escurrimientos. Todo fluido soporta fuerzas normales y perpendiculares a sus fronteras sin que haya escurrimientos, debido a una resistencia externa al cuerpo en movimiento. Sin embargo, un fluido no resiste la acción de una fuerza tangencial

porque genera que éste responda deslizándose sobre sus fronteras, provocando el escurrimiento hacia el cuerpo en reposo generando una variable no deseada.

Rodrigo Sergio González Cristópulos Guanajuato, Guanajuato

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En defensa del gol

Los intelectuales aborrecen los estadios.

Ser hincha-es profundo, aunque responde a un mero juego.

Excita reacciones buenas ya malas que conmueven. más allá de lo racional, lo conveniente, lo consabido.

Ser hincha viene de la noche de los tiempos y eso, nunca es poca cosa.

Cualquiera que haya gritado un gol inolvidable, perdido entre la multitud de las gradas, sabe que eso viene de una esencia misteriosa de lo humano, que es como inhumano.

Y si el gol Señor Juez, es el orgasmo del eso lo maté.

por

Por fallar el tiro penal, en el último segundo, dejándome excitado y robándome el placer de gritar iiGooooool!!

Washington Daniel Gorosito Pérez lrapuato, Guanajuato

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Huesos

Los bloques basálticos parecen criaturas que se organizan con mudas miradas. Son los huesos de la tierra. Los temblores son ataques de fiebre reumática.

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Hamo torcidus

El hombre cangrejo te mira serio sin pestañear nunca va derecho.

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Collage

Su mirada se clava autómata en las entrañas del animal. La sangre y las vísceras resplandecen en medio del entorno sobrio y oscuro. Las moscas vuelan golosas sobre el olor a muerte y mugre pegada. La rata va tomando rigidez ceremonial. Mientras, por instinto, el niño esconde, sus ojos bajo sus manitas.

Segundos más tarde, en su diminuta boca se mezclan la carne cruda con la saliva. El hambre asesina todo, hasta el horror; entonces, el sabor se vuelve una soportable bendición y el fétido aroma es ya omisión.

A Tobías, con cinco años de edad, el miedo se le ha ido recorriendo por la piel.

Afuera de la alcantarilla, amanece.

Rosa Delia Guerrero lrapuato, Guanajuato

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La lejanía

Al terminar el viaje, supo que había dejado su alma en otro lado.

Liza Di Georgina Ciudad fuárez, Chihuahua

Oelirium

Perseguido por el elefante, afiló la botella.

Guerra de cárteles

Llegó a la ciudad, y una bala acudió a recibirlo.

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Juntos

Su sueño era envejecer juntos. Pero, por culpa de la cirugía plástica, él siempre le llevaría la delantera.

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Fernando Gutiérrez Olmos Zapopan, Jalisco

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El tiempo

Fin de la historia dijo Fukuyama. Fin de la utopía dice el Fondo Monetario Internacional. Las periferias del mundo, gritan todavía: acá las historias no se cuentan, acá se hacen: ¡Nos!.,; C.a.g.amos enelfin d;e la h.i.s.t.o.ria

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Descompuesto

Hoy el espejo amaneció descompuesto, amaneció irreverente, hereje, hippie, comunista. ¡Al paredón el espejo! Hoy el espejo amaneció mostrándome de frente al Otro.

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La fortuna

hoy al mediodía, la Fortuna se me presentó bajo la forma de una hermosísima mujer. Mientras la admiraba boquiabierto, me sonrió. Muy triste, me di la vuelta y seguí mi camino; mi suerte no podía ser tan buena

José Martín Hernández Valdez San Andrés Cho/u/a, Puebla

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Te tengo malas noticias, m'hijita. Le dijo la bruja a Blanca Nieves: Las doncellas lindas como tú, serán las brujas de mañana, ji ji.

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Francisco de Hoyos Pérez México, D.F.

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Le dije: te amo. Me contestó: adiós.

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La princesa besó un sapo, se convirtió en cucaracha y el sapo s~ la comió.

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Frotó una lámpara y de la nada apareció un conejo. -Perdón, exclamó el animalito, me equivoqué de cuento. Y de un salto regresó a la nada.

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Pero ya era tarde, Nicasio se había hecho pipí.

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Ana Karen Lee Ca/indo León, Cuanajuato

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A fuerza de mordidas la silla desapareció.

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Si eso era un beso, había vivido engañada por su oso de peluche.

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Mamá

Dicen que las brujas son malas y vuelan en escobas y se quitan los pies para dormir y se comen a los niños. Pero no es cierto. Mi mamá es buena. Se duerme con los pies bien puestos y hasta con calcetines porque es friolenta. Le gusta dormirse temprano y despertar tarde; le presta sus vestidos de bruja a mi hermana cuando· va a .fiestas. Y no come bebés. Mi mamá es buena y cuandq hace frío hace galletas para que la casa esté calientita. Eso sí, las que tienen forma de niño son de ella.

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Sergio Loo México, D. F.

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Orden

Es muy noche. Minerva, la conductora, choca contra el semáforo. Dentro del auto Gabriela, con el rostro recargado en el cristal, parece inconsciente. Sus labios reventados y su quijada como fuera de la cabeza. Minerva sale mostrando un brazo roto. Grita

pidiendo auxilio. Toca timbres y puertas; lanza piedras

a

las ventanas. Se dirige a un teléfono público. nene

el

auricular arrancado. Comienza a golpear la lámina

con la mano sana, a ver si alguien se asoma a verlas.

Gabriela se arrastra para abandonar su cuerpo a mitad de la calle, cerca del semáforo. Nadie contesta los gritos de ayuda, nadie se asoma, ni siquiera por morbo. Es muy noche y todo sigue en orden. Los casi aullidos de Minerva se expanden por las calles sin lograr nada. Pasa media hora, y luego de cansarse, ambas suben al auto para estrellarse en un mejor lugar.

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Mi cuarto lleno de monstruos

Cuando el diablo aparece con sus patas de cabra llega mamá con una escoba y lo saca por la ventana. Cuando viene la bruja con su gato negro, mi hermano pone una silla frente a mi cama, enciende la luz y espera hasta que me duerma. Cuando sale

del clóset el monstruo con cuerpo de pato y cabeza de niña y patas de alacrán mi papá viene a mi cuarto cada media hora para ver cómo estoy, entonces, el monstruo se tiene que esconder debajo de mi cama junto con los vampiros y las serpientes. En fin, nunca

he podido tener una fiesta en pijama.

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El argumentador

No había Corte suficientemente justa ni cliente demasiado culpable, su florida retórica resultaba invariablemente vencedora. Sólo en las noches de angustia acumulada, cuando discutía consigo mismo, seguía perdiendo a cada ocasión.

Hugo López Araiza Bravo México, D. F.

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El atelier

Lo pintó de nuevo con un pincel de sus propias pestañas y tinta de lágrimas de poeta arrepentido. Lo había dibujado infinitas veces apoyada en la memoria de rostros encontrados en el camino, en

el polvo zumbante de las caras citadinas. Le hacía los cabellos lacios, luego rizados, después calvo; a veces lo creaba artista y otras sabio, pocas cuerdo. Sin embargo era siempre el mismo, siempre con los labios sellados para no poder pronunciar promesas artificiales.

Al trazarlo lloraba, reía y gritaba para que él se acostumbrara a las metamorfosis de su alma. Lo delineó oblicuo como su mirada fantástica, le esbozó un guiño sincero y observó satisfecha su obra terminada. Pero él no se movió, permaneció inerte en su tinta de lágrimas de poeta arrepentido. Ella montó en cólera, lo arrugó hasta no reconocerlo, lo arrojó a la pila de sus demás semblantes y de un escupitajo les prendió fuego. Con una maraña de humo él nació, vivo al fin por el efecto de tanta pasión acumulada. La tomó con sus brazos de nube sucia, la abrazó, la rodeó con orlas de vapor quemado, reilenó con cenizas los hoyuelos de sus mejillas y la asfixió en un alarde de caricias de nicotina.

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Isaac

Cuando el sabio inglés llegó a las alturas por obra de la irrefrenable naturaleza, los ángeles lo repudiaron por haber convertido en ley sus más oscuras pesadillas. Fue entonces cuando Dios -siempre conciliador- decidió dotarlos de alas.

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Seguí intentando

Zúñiga me preguntó: -¿Vas a seguir intentando? ¿qué no te cansas de ser un perdedor en la vida?

-No. Estoy esperando a que la vida se canse de

hacerme perder

-respondí sereno y pensativo.

Ese

empleado.

día

seguí

intentando

ahora

Zúñiga

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Cristián Macouzet Pérez León, Cuanajuato

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Electra

Ya frente al altar, miró a su derecha, izquierda, y no supo con quién quedarse.

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Gisela Vanesa Mancuso Buenos Aires, Argentina

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Escena de la locura

No es verdad que haya sido un alarido desgarrador lo que cerró la fama de la gran soprano, como aseguran los detractores del bello canto. Salvo un ligero trémolo al final, juro que aquello fue un admirable sí bemol,

tan largo y sostenido, que el tiempo pareció detenerse mientras ella lo mantuvo en el aire exactamente, inolvidablemente, durante quince pisos.

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Eugenio Mandrini Buenos Aires, Argentina

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El cuento de mi sueño

Despertó alterado. Le conté un cuento a mi sueño más tranquilizado. Se durmió y me comenzó a soñar.

Robert Martínez Frías León, Guanajuato

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Hiperactivo

Me cuesta trabajo detenerme, siempre andando de un lado a otro, no dejo de moverme, a veces me llaman los pequeños como yo, y por un momentito les pongo atención, pero me aburro muy rápido y siento que debo seguir, andar por todos lados sin frenarme demasiado, cuando los grandes me piden que los escuche hago un enorrrie esfuerzo para poner mis orejas y ojos atentos a ellos, pero pasa una mariposa llena de tantos colores y lo único que puedo ver ya son sus alitas moverse, es entonces cuando a lo lejos oigo que hablan de mí "no pueden detenerse, no presa atención, no aprende, no puede contenerse", aunque ande tan de prisa puedo escucharlos y la tristeza me alcanza pues es mas rápida que yo, a veces yo también quisiera poder ir despacio y apreciar con atención los números, las letras y los dibujos, pero no sé cómo, creo que tendría que dejar de ser un trompo, y trompo es lo que soy.

E/da Georgina Mojica García León, Guanajuato

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La nueva ninfa Eco

El rostro perfectamente esculpido del muchacho, sus ·gestos seguros y tiernos y su cuerpo esbelto, la hacían suspirar. Ella se sentía grosera y basta. Lo miraba embobada y si se dirigía a ella, apenas alcanzaba a repetir la última palabra de su indiferente interlocutor:

¿Te pasa algo? -Algo.

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¿Estás bien?

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Bien.

Las palabras se le hacían un nudo en el estómago. Nunca se fijaría en ella. Necesitaba cambiar. Ser otra. Menos tosca, más bella, más delicada.

Consumida por su amor, dejó de comer alimentada por un deseo de perfección que la hiciera acreedora de su perfecto amado. Su alma se llenaba de fuerza y amor al tiempo que su cuerpo se vaciaba de cuerpo. Fue una lucha sin cuartel entre espíritu y materia; entre lo que deseaba ser y lo que era; entr_e lo que la ataba a la gravidez de la tierra y lo que la hacía ascender a un mundo celeste ideal, sin complejos.

Pasó el tiempo y llegó a olvidar el objetivo final de su cruzada. Se fue convirtiendo en una ninfa delicada,

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en un Eco lejano, en un lánguido suspiro, en un soplo de aire, en una sombra, y finalmente, en nada.

Narciso, ignorándolo todo, no fue a llevarle flores a su funeral.

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Esther Nieto Moreno de Diezmas Ciudad Real, España

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El último trabajo de Hércules

La hidra resistía mis ataques: se había ocultado y escupía veneno mortal desde sus siete cabezas. Sortear su~ palabras emponzoñadas era cuestión

de vida o muerte. Al fin la descubrí en su escondite

y con un movimiento audaz conseguí clavarle la

espada. El monstruo estaba tan cerca que podía oír su respiración. En sus ojos acuosos pude leer el miedo y

la incredulidad. Iba a asestarle el golpe final, cuando

uno de sus tentáculos enlazó mis pies. Me hizo caer y perdí la espada. Un escalofrío recorrió mi cuerpo.

Intentó quitarme el arma, pero yo fui más rápido y se

la clavé de nuevo. Lo hice una y otra vez, pero seguía

en pie. Tuve que empujarla y arrojarla al vacío.

Un grito de horror sacudió la columna vertebral del

edificio. Las vecinas rodeaban el cadáver de la mujer en el patio de luces y dirigían sus rostros hacia arriba.

El marido, cuchillo en mano, seguía asomado a la

ventana. Parecía no haber comprendido todavía que

él era el monstruo.

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Dudas

Viví una semana en el cuarto número uno. Les comparto mi experiencia: en todo momento me sentí feliz. Diario comía manzanas a la misma hora y detalle curioso, el tiempo y cada uno de sus minutos pasaban como réplicas exactas de una fábrica implacable.

Después de eso, viví· una semana en el cuarto número dos; lo admito, tuve momentos alegres pero también momentos de duda, enojo, tristeza, mezclas constantes de emociones encontradas. Las horas eran

variedad de colores, y a diferencia del cuarto anterior diario comía diferente; mangos, piñas, sandías,

a veces nada, a veces

naranjas, peras, uvas, cerezas un poco de todo.

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Más tarde me enteré: Soy uno de los seres que han tenido la oportunidad de conocer el cielo y el infierno.

Y ahora no dejo de preguntarme cuál era cuál.

Christian Nájera jiménez León, Guanajuato

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Provocación

Aprovechas que en este momento no le temes a su uno noventa de estatura, ni a su oficio de luchador rudo y mucho menos a sus ciento cincuenta kilos de músculo y te decides a molestarlo. Le dices que se siente un cabrón perdonavidas pero que a ti no te apantalla y para demostrárselo le mientas la madre. No sabe qué decir, eso te envalentona y te vuelve un bravucón. Apenas puedes creer que estés retando al Ciclón enmascarado, sin importarte que acabe de llegar de Filipinas con el campeonato mundial de

El Ciclón enmascarado

reacciona, suelta una retahíla de palabrotas que te apabullan el oído. Entonces gritas: ¡Cállate, pendejo,

o te acomodo una madriza! y, antes de que te suelte más bravatas, cuelgas la bocina del teléfono.

lucha libre entre las manos

Queta Navagómez

Coyoacán/ D.F.

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Horarios

Con cualquier pretexto dices su nombre, porque es necesario que escape y aletee; porque no aguantas dentro su nombre pequeñito: manchón de mariposas que busca libertad. La evocas a cada momento:

tu cabeza es un remolino en que su imagen gira y se repite. Recuerdas una a una sus palabras y el gracioso mohín que atormenta tu soledad. Amas sus ojos recién salidos de la adolescencia; la voz alegre que a las ocho de la mañana te saluda y se instala en el escritorio contiguo; también el perfume que desbarata tu melancolía. Tu corazón de hombre recio se reblandece con su risa. Desde que ella llegó, odias los fines de semana: lapsos en que eslabonas deseos resucitados.

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De lunes a viernes detestas el fin de turno. A las tres de la tarde la miras alejarse contenta, abrazada por un muchacho. La hora de la salida llega puntual. Te arrastra hacia tus rutinas de hombre de cincuenta y dos años, te lleva al techo aplastante de tu casa y te deja -inerme- frente a tu mujer, agria de insatisfacción.

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Ante tu muerte

Mientras las balas te atraviesan, inicias una danza torpe que terminas en el suelo. No puedo moverme, contemplo tu frente ensangrentada y me horroriza la opacidad que va cubriendo tus pupilas.

Los recuerdos flagelan mi memoria. A jirones, estampas del romance pasan ante mis ojos, parecen naipes que cayeran como profusa lluvia. Tú escondiéndote de tu esposa y yo escabulléndome

del marido. Tú y yo tomados de la mano; estrenando ansiedades y sonrisas; recorriendo el centro de esta ciudad cómplice que nos arropa con calles y cafés mal iluminados; con rincones en penumbra

y ruinosos hoteles. Tú desplomándonos.

y

yo

en

todos

los

naipes,

Vuelvo a mirarte: las manos que conocen los rumbos de mi cuerpo, los ojos entusiastas que besé entre

juegos; la boca y su sonrisa. Todo se derrumba contigo. Te toco, te abrazo, exijo que despiertes. Grito que te amo, que perdones mis celos. No contestas. Me arrastra el remolino de la histeria, sollozo, te beso,

aferro tu cuerpo

suelto la pistola.

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Regalo

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La nena pidió un muñeco de fuego para cumpleaños. Los padres, al considerarlo peligroso, le obsequiaron un oso de peluche. Meses después ella exigió el muñeco de fuego para Navidad, e hizo un berrinche que duró hasta Año Nuevo. El Día de Reyes, papi llegó cargando el pesado est.uche de piedra volcánica. Mami desató las gruesas cuerdas en forma de moño

y arrancó los sellos que advertían los riesgos de un

mal uso, dejando a la vista el gran juguete recubierto

y relleno con lava ardiente. Emocionada, la niña lo tomó con largas tenazas. Ya en su recámara lo accionó

a control remoto. Fue la primera noche que durmió tranquila: ni fantasmas, ni brujas, ni monstruos de clóset pudieron burlar a aquel maniquí en llamas que iba y venía por el cuarto, resguardando la pequeña cama.

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Mi cuento

Yo tenía un cuento corto; luego, lo perdí

María de la Paz Esther Ordaz Miranda Metepec, Estado de México

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Britney a los 11

La bañaron, la vistieron, le plancharon el cabello, la maquillaron. La entregaron y se la sopletearon.

Beatriz Ortiz Wario Zapopan, Jalisco

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Una y otra

Pos dicen que las dos andaban con él, verdad, enton's una salió embarazada, yo creo pa' amarrarlo. Y se juntaron, pero el indino no dejó a la otra. Y que al rato ésta también encarga chamaco. Pos ¿no le va poniendo casa ahí a la vueltita de la otra?

Uh, así estuvieron muchos años, el cabrón con sus siete hijos y sus dos viejas ahí a la mano y ellas, pos haciéndose de la vista gorda. Primero que'zque por amor, y luego por las criaturas y ahí se fueron tragando el orgullo. Ya después hasta se saludaban cuando se encontraban, así, que en el mercado, o en la tienda.

Pos con el tiempo hasta metieron a los escuincles a la misma escuela, n'ombre las señoras se turnaban para ir a recogerlos, un día y un día. Igual el señor, unos días en una casa y luego en la otra, cómo ve. Hasta que se les peló el muy hijo de la tiznada, creo ya ni les pasa dinero. No, si cuando son canijos, son canijos. Lo curioso es que ya mejor se acomodaron ellas con los chiquillos en una éasa, mire y pos ahí la van llevando.

Beatriz Ortiz V'v'ario

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El microbús

El microbús, el gallo de oro, el aguacero, el vaho, la huellita, el asiento, tu bigote, tu short, mi mano, tu pito, sus miradas, mi erección.

Beatriz ()rtiz \i\/arío

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La bailarina

De porte distinguido, cuello largo, marmóreo; cabello

Sin dudar, la seguí a

rojizo, recogido en un chongo

su

clase de ballet, pero no entré; esperé a la sombra

de

un edificio. Cuando salió, sus mejillas parecían

de

grana. Al llegar a su casa, me escondí atrás de un

árbol. Su recámara quedaba enfrente. Salió al balcón, feliz. Su cabello caía bajo sus hombros como cascada

de

fuego. Tomó un baño y salió por un momento con

la

cabeza envuelta en una toalla. Esperé la noche.

Vi

luz en su ventana. Ella

leía recostada

en tanto

yo

aguardaba arrobado de amor. Al apagar la luz, la

luna entró furtiva a iluminar las sábanas y la seda áurea de su camisón que reflejaba complacida la brillantez lunar. ¡Oooh! Era tan bella mi bienamada. Su cabeza descansaba en una almohada con los rizos esparcidos. Miré la luna agradecido. Contemplé

aquel cuello un instante, y entonces volé hacia él a hincarle mis colmillos.

Ruth Pérez Aguirre Villahermosa, Tabasco

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Galileo encadenado

a Beatriz Espejo

El cura está por repetir aquello de que hasta que la muerte los separe. La lúbrica virgen (constancia médica de por medio) mira de reojo al sexagenario consorte.

El novio, al verle el rostro confundido,

eppur si muove. El casamentero (ducho en latín y otros asuntos de la lengua), atento, mira sin querer

la bragueta del prometido y, mientras bebe el vino de consagrar, da fe y constancia de que, en efecto, se ha movido

le susurra:

Carlos Pineda México, D. F.

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In taberna

Ya sin más apremio que el delirio, el célebre elefante

no había

ningún dinosaurio

i rosa me despertó y, tengo testigos, allí:

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Aún no han muerto

Las aves volaron, los ciervos huyeron hacia la maleza, hasta las serpientes desaparecieron.

Sólo el pueblo y los coyotes aullaron a la luna, todos juraron defender su tierra. Cantos y gruñidos se hicieron una misma oración.

Cuando llegaron los enemigos, mataron a los coyotes, los naturales bajaron la cabeza. Pero cuidado, aún ahora de vez en cuando, nace un niño con ojos dorados como de coyote.

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María de Lourdes Prado Núñez León, Guanajuato

97

¿Cuál es la realidad?

Despertó y se vio en el espejo. ¿Qué había pasado en su rostro?, varias arrugas lo surcaban, las pupilas

apagadas, paja y no pelo en la

Buscó sus

ropas juveniles, encontró chales y ropa oscura; vistió ese cansado cuerpo, se tiró sobre la cama y lloró. ¡Anoche aún era joven!

cabeza

Durmió otra vez un largo rato. Abrió los ojos, una blanca sonrisa iluminó el espejo, vio una piel fresca y su mirada chispeó. Se enfundó unos jeans, salió a la universidad y tarareó una canción, pero no pudo quitarse esa extraña sensación de estar soñando.

98

Al día siguiente

Otra vez los pinches pájaros. Me caga que canten tan temprano; no dejan dormir en paz. Puta madre, otra vez están quemando el baldío de enfrente. El humo me fastidia.

De todos modos no pienso levantarme en un rato. Anoche hicimos demasia,das mamadas a lo güey.

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Chale, fue un debraye, una noche de esas herrando por todos lados y haciendo un chingo de cosas sin hacer nada. El alcohol, las viejas, plaquear bardas y aventar huevos, eso sí fue una mamada. Pero creo que la doña que salió de la escuela no nos reconoció; quién sabe qué andaría haciendo ahí a esas horas, pinche vieja loca.

Luego llegar a dormir y soñar con que mato a un velador con unas piedras y luego quemamos una fabriquilla. Así ni descansa uno a gusto. Para colmo pinches pájaros ruidosos.

Como sea, igual tengo que levantarme algún día. Ten- go que lavarme toda esta ¿sangre? Chale ¿de dónde

¡ salió?

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Ana Gabriela Rábago Ramírez León, Guanajuato

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Enrique VIII

Remató matrimonio de medio uso y compró cabeza nueva.

Patricia Norma Rosiles Aguado lrapuato, Guanajuato

100

El purgatorio

Después de muchos años de sufragios y uno que otro milagro, dejó de existir el Fuego Santo.

Un Papa reformista, lo mandó directo al infierno.

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Corrupción

-Caite con lo del piso, con el entre para el líder, con la mordida para los chotas y la mochada para el diputado que nos apoya. ¡Ah! y no se te olvide que mañana te toca estar en el plantón. Si no puedes ir, manda a tu jefa.

-No la friegues "Solomillo", a mi jefecita le hace daño el sereno, ya está re viejita para andar en esos argüendes. En los Pinos, pega re duro el aire en la madrugada.

-Te jodes Jonás, los otros veinte plantones ya están cubiertos y se acabó el mole de olla, o vas, o te lleva

la tía de los guarachas. Por allí andan más de diez

"indeviduos" que quieren tu lugar, y ésos sí le entran

a los mandarinazos, no son zacatones como tú,

comprenderás. No le hagas al cuento, nomás porque

mi jefa era carnala de tu jefa, te considero, si no, me

cae que el líder ya había vendido tu lugar. ¿O qué?, no cuenta que siempre que hay operativo le doy el pitazo para que te pongas al tiro. "Si chupa faros", la

culpa la tiene el maldito gobierno.

Échale ganas pa' que sigas trabajando

te faltó lo de mi soda, carnal.

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Caite cadáver,

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Oración por los niños

Osear es un niño resiliente, entusiasta, sencillo, empático, solidario, alegre. Solamente tiene ocho años y su corazón es de su tamaño: muy grande. Todas las noches cuando llega la hora de orar, lo hace de manera especial y espontánea por los niños que no tienen comida, éasa y papás; ruega y confía en que los niños que viven en las calles, casas cuna o casas hogar pronto puedan tener una familia·;·

Él era uno de ellos, era. Ahora tiene un hogar y unos papás nuevos -así les dice a los adoptivos-, por eso valora la familia. Él conoció el frío, por eso disfruta el calor. Lloró solo, por eso aprecia la compañía. Encontró gente buena, por eso tiene esperanza.

Antes oraba por sobrevivir, ahora lo hace para vivir. Antes pedía para sí mismo, ahora pide para los demás.

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Gaudencio Rodríguez Juárez León, Guanajuato

103

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Ducha

-Métete a bañar.

-No quiero, yo ya me bañé.

-¿Cuándo te bañaste?

-La última vez.

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Sangre de Cristo

Es la primera vez que el niño asiste a una misa católica. En la consagración el sacerdote levanta el "

cáliz mientras dice: "

El ritual continúa. Llegado el momento, el sacerdote vuelve a tomar el cáliz, se lo lleva a la boca y le da un

sorbo. El niño brinca de su asiento como un resorte mientras exclama: "¡No p·uede ser, se tomó la sangre, le va a hacer daño!"

ésta

es la sangre de Cristo

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105

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El cazador

Inmóvil observó su objetivo. El viento levantó una nube de polvo q~e lo envolvió y lo hizo toser; se restregó con el dorso de la mano los ojos, cegados momentáneamente por la tierra que les entró.

El sol implacable caía sobre su cabeza. Impasible como

una estatua, seguía hincado: Las manos le sudaban y se

las secaba en el pantalón.

Observó con detenimiento a su víctima, por ningún motivo quería errar el tiro. Rezó una silenciosa oración. Un gozo enorme lo invadió al pensar lo cerca que estaba su objetivo. Esperó ese momento por mucho tiempo.

Apoyó la mano izquierda en el suelo y se balanceó

a los lados, no quería darle oportunidad a su presa.

Con la mano derecha quitó unas piedras y basura que tenía enfrente. Sudaba a chorros y detrás de sus orejas

escurría un hilo de lodo.

Ya no quiso perder más el tiempo. Apuntó con cuidado, sin parpadear por instantes que le parecieron años. Contuyo la respiración y tiró. Su habilidad quedó manifiesta al dar certero al blanco.

-¡Te di, te di! -gritó eufórico. -¡Ya me chingaste güey! -contestó el otro.

-Ni modo

Son diez canicas

Marco Antonio Rueda Becerril México, D. F.

106

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los amorosos son los que abandonan,"

Ya.

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Mario A. Sánchez Carbajal

Netzahualcóyotl, Estado de México

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Metafísico

En medio de la carretera miró un letrero que decía:

"Todos los caminos conducen a Roma". Nomás no me hallo, pensó

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Sabiduría popular

El que ríe al último ríe mejor. Vociferaba Tánatos mientras Sísífo, con resignación, subía cuesta arriba el peso de su existencia.

Daimary Sánchez Moreno Tecate, Baja California

109

Diluvio universal

Cuando Dios notó el caos de su creación no tuvo más remedio que tapar el sol con nubes.

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110

Olvidar

Cuando mi padre cumplió 65 años le pregunté:

"Después de vivir tanto tiempo, ¿qué es para ti lo más importante de la vida?" Sin pensarlo demasiado me respondió:

"La capacidad de olvidar".

Me quedé perplejo. Siempre creí que éramos acumuladores de recuerdos. La vida, para mi, era una incesante lucha por tratar de arrebatarle al olvido momentos cruciales, cosas que conforman nuestra identidad y que irremediablemente se van perdiendo. Las fotografías, las grabaciones, los diarios, los libros, cualquier expresión artística es un símbolo que representa esta lucha. Nos da tristeza desaparecer sin huella. Nos da miedo morir completamente, aunque de antemano sabemos que la lucha ya está perdida. Al atardecer del mismo día, después de tomar unos sorbos del mismo vino tinto que tomábamos cada fin de semana, mi padre dijo: "Qué maravilloso vino. Jamás he probado algo igual".

Rafael Ludwik Smolinski Kurek León, Guanajuato

111

El eterno retorno

Comer en paz

Conozco esa mirada. Tu mirada que trata de explorar

-¿Es mejor creer en nada que creer en un absurdo?-

mi

culpabilidad. No te lo diré de nuevo. Un hombre

Preguntaba Martín mientras mordía una torta de

nunca dejará° su vida, su mujer, sus hijos por irse con

milanesa. Samuel, Eugene, Antonin y Lulú se miraron,

la

amante. Me da tristeza por ti porque sé que lo sabes

se encogieron de hombro~ y siguieron comiendo.

y

aun así sigues empeñándote en lucir bella para

mí. Vuelvo a sentirme como un canalla, pero creo que me voy haciendo inmune. De nuevo estamos

desnudos, de nuevo la poesía y el juego a ser lo que

no somos. Todo se repite. Tú misma eres un reinvento de mi vida sentimental. Las mismas palabras, las

caricias y tus sutiles amenazas de suicidio. Por eso

ya no me levanto del sofá cuando corres al balcón y

te arrojas al vacío. Media hora después escucho tus pasos en las escaleras y apareces en la puerta con la

cabeza sangrando y la pelvis destrozada. Te abrazo

y juntos desde el balcón escuchamos las sirenas y

nos reímos de los paramédicos que vienen a diario a

recoger tu cuerpo.

P.afae! Lud1vil< Srno!inski Kurek

112

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-A lo mejor no vale laipena ni siquiera creer, y hablo de cualquier credo, Ó ¿qué dicen ustedes?- volvió a interrogarlos. Se volvieron a mirar y regresaron a sus tortas. Eugene le disparó a Martín. Samuel sólo empujó a un lado el cuerpo. Lulú le pidió los chiles a Antonin.

Agustín René Solano Andrade Puebla, Puebla

113

Gramática

De pequeña, papá me reprendía por no usar la palabra adecuada: "No digas agarrar porque las niñas educadas y rindas como tú no tienen garras". Desde entonces aprendí a no agarrar sino a coger.

Esther Tirado Soriano México, D. F.

114

En vida

Al darse cuenta de sus errores, su corazón dio el último latido

Daniel Torres Hernández León, Cuanajuato

115

Vida de un drogadicto

Al abrir los ojos ya no supo en qué realidad estaba.

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116

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Larga noche

Cuando despertó, se dio cuenta de que no todo había sido un sueño.

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117

ÍNDICE

Presentación Mara Yudith Abdala Torres

 

3

Hasta el infierno

 

7

linto como mi vino

 

8

Coatlicue Aboites Manrique

 

A

imagen y semejanza

 

;

9

Carla Aguilar Cervantes

 

El

beso

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1 O

Edilberto Aldán

Estruendo

11

Condena

12

Distracción

13

Aprendizaje

14

Arte poética

15

María del Carmen Almanza Nieto

 

Veneno personal

16

Solitario

17

Diana María Amador Malina

 

lintenkiller

18

Rubén Bahena Juárez

Predicción

19

La princesa está llorando

20

lrerisabel Eduwigis Campos Alva

 

La llamada

21

Alejandro Campos Oliver

 

Cuentos

:

22

José Luis Castellanos Segura

 

Bajo la cal

23

La llamada

24

Nadie recuerda su nombre

 

25

José Alejandro Carro Sánchez

 

Museología

26

María Teresa Cuevas Fournier

 

Sagradas escrituras

 

27

Historias simultáneas

28

119

Martha Eisa Durazzo Magaña

Rosa Delia Guerrero

Escritores

 

29

Collage

55

Bíblico

30

Liza Di Georgina

 

José de Jesús Flores Figueroa

 

La

lejanía

56

Pregunta existencial

 

31

Delirium

57

Amor -animal

32

Guerra de cárteles

58

Rubén Flores Flores

 

Juntos

59

(Sin título)

 

33

Fernando Gutiérrez Olmos

 

(Sin título)

34

GloBabelización

60

Jorge Luis Flores Hernández

 

El tiempo

!

61

(Sin título)

 

35

Descompuesto

62

Víctor Antera Flores Zertuche

 

José Martín Hernández Valdez

 

El contenedor

 

36

La

fortuna

63

Estas antigüedades

37

Francisco de Hoyos Pérez

 

El final

38

(Sin título)

64

El recaudador de prendas

39

(Sin título)

65

El padre dormido

 

•.

40

(Sin título)

66

Un

zumbido

41

(Sin título)

67

De

lejos

42

Ana Karen Lee Galindo

 

Karla Evelia Gasea Macías

 

(Sin título)

68

Conmiseración

 

43

(Sin título)

69

Salomón Gómez Isidro

 

(Sin título)

70

El taxista

 

44

Sergio Loo

Óscar Adrián González

 

Mamá

71

Machismo y feminismo

 

45

Orden

72

La

lavadora ··············································'······ 46

Mi

cuarto lleno de monstruos

 

73

El milagro que jamás se supo

 

47

Hugo López Ara iza Bravo

 

El

jardín del Edén

,

48

El argumentador

7 4

Gonzalo J. González Calzada

 

El atelier

75

Mi

cuento

49

Isaac

76

Di

por qué, dime abuelita

50

Cristián Macouzet Pérez

 

Rodrigo Sergio González Cristópulos

 

Seguí intentando

77

Variable Newtoniana

 

51

Gisela Vanesa Mancuso

 

Washington Daniel Gorosito Pérez

 

Electra

78

En

defensa del gol

52

Eugenio Mandrini

 

Huesos

 

53

Escena de la locura

79

Horno torcidus

54

Robert Martínez Frías

 
 

El cuento de mi sueño

 

80

120

121

Mario A. Sánchez Carbajal

Elda Georgina Mojica García

 

(Sin título)

 

107

Hiperactivo

81

Metafísico

 

108

Esther Nieto Moreno de Diezmas

 

Daimary Sánchez Moreno

 

La nueva ninfa Eco

 

82

Sabiduría popular

 

109

El último

trabajo de Hércules

84

Diluvio universal

 

11 O

Christian Nájera Jiménez

 

Rafael Ludwik Smolinski Kurek

 

Dudas

85

 

Olvidar

 

111

Queta Navagómez

 

El eterno retorno

112

Provocación

86

Agustín René Solano Andrade

 

Horarios

87

Comer en paz

:

113

Ante tu muerte

88

Esther Tirado Soriano

 

Regalo

89

Gramática

 

114

María de la Paz Esther Ordaz Miranda

 

Daniel Torres Hernández

 

Mi

cuento

90

 

En vida

 

115

Beatriz Ortiz Wario

 

Vida de un drogadicto

116

Britney a los 11

 

91

Larga noche

117

Una y otra

92

Índice ••

••

••

••••

••.•••.•.•

••.•.•

•.•.•

•• • •

119

El microbús

93

Ruth Pérez Aguirre

 

La bailarina

 

94

Carlos Pineda

Galileo encadenado

95

In taberna

96

María de Lourdes Prado Núñez

Aún no han muerto

97

¿Cuál es la realidad?

98

Ana Gabriela Rábago Ramírez

Al

día siguiente

99

Patricia Norma Rosiles Aguado

Enrique VIII

100

El purgatorio

101

Corrupción

102

Gaudencio Rodríguez Juárez

Oración por los niños

103

Ducha

104

Sangre

de Cristo

105

Marco Antonio Rueda Becerril

El cazador

122

· 106

123

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