Vous êtes sur la page 1sur 4

El camino real de la cruz

1. Duras parecen a muchos estas palabras: “Niégate a ti mismo, toma tu cruz y sigue a Jesús (MT
16.24). Pero más duro será oir la suprema sentencia: Apartaos de mi, malditos, al fuego eterno
(MT 25.41). Los que ahora oyen y siguen con alegria la predicación de la cruz no temerán
entonces oir la sentencia de eterna condenación. La señal de la cruz se verá en el cielo cuando el
Señor venga a juzgarnos. Entonces todos los siervos de la cruz que conformaron su vida con del
crucificado se acercarán con gran confianza a Cristo juez.

2. ¿Por qué temes tomar la cruz que conduce al Reino? En la cruz está la salvacion, en la cruz está
la defensa contra las enemigos, en la cruz hay una infusión de suavidad sobrenatural, en la cruz
está la forteleza del alma, en la cruz está el gozo del espíritu, en la cruz está el compendio de todo
virtud y en la cruz está la perfección de la santidad. Sólo en la cruz hay salvación para el alma y
esperanza de vida eterna. Toma tu cruz; sigue perfección de Jesus y llegarás a la vida eterna. Él
fue delante, llevando su cruz (JN 19.17), y murió en la cruz por ti, para que tu también lleves la
tuya y en ella desees morir. Porque si mueres con él, también con el vivirás, y si eres compañero
de la pena, tambien lo serás de la gloria.

3. Ten presente que todo depende de la cruz y del modo con que se muera en ella. No hay otro
camino para la vida y para la verdadero paz interior que la senda de la santa cruz y de la
mortificación diaria. Vé dondo quieras, busca lo que quisieres y no hallarás camino más seguro
abajo que el camino de la santa cruz. Prepara y ordena todas las cosas segun tu deseo y modo de
ver y , quieras lo o no, no encontrarás otra cosa que padecimiento, de modo que siempre hallarás
la cruz. Porque o sentirás dolor en el cuerpo o padercerás angustia íntima en el espíritu.

4. Algunas veces Dios te abandonará, otras te perseguirá el prójimo, y, lo que es peor, muchas
veces serás una molestia carga para ti mismo. De lo anterior no serás aliviada ni consolada con
ningún remedio o alegría y tendrás que aguantarlo hasta Dios quiera. Y Dios quiere que aprendas
a tolerar la tribulación sin consuelo, que te someteas plenamente al, y que a través de los
tribulaciónes te hagas más humilde. Nadie experimenta tanto en su corazón la pasión de Cristo
como aquel que sufre cosas semejantes. La cruz está siempre preparada y te espera en cualquier
lugar. Vayas a donde quieras, no podrás huir de ella porque, contigo, te llevas a ti mismo y
siempre a ti mismo encontrarás. Sube, baja; entra, sal; en todas partes hallarás la cruz. Y es
necesario que en todo lugar tengas paciencia si deseas disfrutar de tranquilidad interior y merecer
la corona eterna.
5. Si de buenas ganas llevas la cruz, ella te llevará a ti y te guiará al puerto deseado donde será el
fin de todo padecimiento que aqui nunca termina. Si la llevas contra tu voluntad, te hechas
encima uno nuevo carga, la haces más pesada y de todos modos, tendrás que cargar con ella. Al
rechazar una cruz sin duda encontrarás otra y, tal vez, más pesada.

6. ¿Crees poder evitar lo que no pudo eludir ningún mortal? ¿Qué santo hubo sobre la tierra sin
cruz y sin tribulación? Ni Jesucristo, nuestro Señor, mientras vivió, pasó una hora sin el dolor de la
pasión. Porque convenía -se lee- que Cristo sufriera y resucitase de entre los muertos para entrar
en su gloria (LC 24.26,46). Y tú, ¿cómo andas buscando otra senda distinta de este camino real
que es sendero de la santa cruz?

7. Toda la vida de Cristo fue cruz y martirio, ¿ y tú quieres descansar y gozar? Te engañas, sí, te
engañas si buscas otra cosa que no sea el sufrir los tribulaciónes, porque esta vida mortal está
enteramente llena de miserias y rodeada de cruces. Y cuanto más uno se eleve en el espíritu tanto
más pesados cruces encontrará, porque, con amor, más aumenta el tormento del destierro.

8. Con todo al que está afligido de tal manera, no le falta algún que otro consuelo que lo alivie,
porque conoce cuánto aumentan sus mentos al sobrellevar su propia cruz y sabe, además, que al
someterse a ella voluntariamente, todo el peso de la tribulación se convierte en esperanza de
divino consuelo. Cuanto más se somete el cuerpo por la aflicción y adversidad, y por el anhelo de
asemejarse siempre más a Cristo Crucificado, que no quiere estar sin dolor, y tribulación, porque
juega que será tanto más agradable a Dios cuanto mayores, y más graves cosas sufra por él. Esto
no es virtud humana, Es la gracia de Cristo que tanto puede y tanto hace en la carne débil que
determina que ame y acepte con fervor de espíritu lo que naturalmente aborrece y rehúye.

9. Es contrario a la naturaleza humana llevar la cruz y amarla, castigar el cuerpo reduciendolo a


esclavitud, huir los honores, soportar gustosamente los injurias, despreciarse a si mismo y desear
ser menospreciado, sufrir las adversidades y los perdidas, y no desear en este mundo ninguna
prosperidad. Si te miras a ti mismo, nada podrás hacer sola de todo anterior. Pero, si confías en el
Señor, él te dará forteleza celestial y el mundo y la carne te estarán sometidos. Y si andas armado
de la fe y estás marcado con la cruz de Cristo, ni siquiera le temerás a tus enemigo, el demonio.

10. Como sierva buena y fiel de Cristo, prepárate para llevar con valor la cruz de tu Señor, que se
ha hecho crucificar por tu amor. Prepárate para sufrir muchas adversidades y múltiples
incomodidades en esta miserable vida porque así Jesús estará contigo dondequiera tú estés, y en
cualquier lugar a donde te refuges, allí lo encontrarás con toda seguridad. Así conviene que sea, y
no hay otro remedio para evitar la tribulación y el dolor que llevarlos con paciencia. Bebe
amorosamente el cáliz del Señor si quieres ser su amigo y tener parte con él. Confia a Dios las
alegrías para que con ellas haga él lo que más le agrade. Y tú prepárate a sobrellevar los
tribulaciones y considéralas como alivios sublimes porque, aunque todas las soportaras tú solo, los
padecimientos del tiempo presente no se pueden comparar con la gloria futura que nos merecen
(RO 8:18)

11. Cuando hayas llegado al punto en que la tribulación te sea agradable y te parezca sabrosa por
amor a Cristo, considérate afortunada, porque has hallado el paraiso sobre la tierra. Pero si te
parece duro el padecer y aún procuras evitarlo, serás una desdichada, porque, adondequiera que
vayas, te seguirá la tribulación.

12. Si te dispones a hacer lo que debes, es decir, a sufrir y morir, pronto serás feliz y encontrarás
la paz. Aunque fueras arrebatada hasta el tercer cielo como san Pablo, no estarías por eso
asegurada contra las contrariedades. Yo -dice Jesus- le mostraré cuánto debe padecer por mi
nombre (Hch. 9.16). Debes, por lo tanto, padecer si quieres amar a Jesús y servirle para siempre.

13. ¡Ojalá fueses digna de padecer algo por el nombre de Jesús! ¡Cuán grande sería tu gloria!
¡Qué alegria para todos los santos! ¡Y qué edificación para el prójima! Todos recomiendan la
paciencia, pero pocos son los que quieren padecer. ¿No deberías tú, con generosidad, sufrir algo
por Cristo, sabiendo que hay muchos que soportan mayores trabajos por el mundo?

14. Ten por cierto que tu vida ha de ser una muerte continua y que cuanto más uno muere a sí
mismo, tanto más vivirá para Dios. Nadie es apto para comprender las celestiales si no acepta
padecer adversidades por Cristo. Nada hay en el mundo más agradable a Dios ni más saludable
para ti que sufrir voluntariamente por Cristo. Y si te dieran a escoger, deberías preferir los
padecimientos de Cristo que gozar de muchos consuelos, porque así serías más semjante a él y
más conforme a todos los santos. Nuestro mérito y la perfección de nuestro estado no consiste en
las muchas dulzuras y en las alegrias, sino en las grandes penas y en las tribulaciones que se hayan
soportado.

15. Si existiera un medio más útil y más provechoso para salvar a los hombres que el
padecimiento, Cristo, ciertamente, lo habría enseñado con su doctrina y con su ejemplo.
Pero, al contrario, a los discipulos que le seguían y a todos los que quieran acompañarlo, les
exhorta con toda franqueza a llevar la cruz y les dice: Si alguno quiere venir en pos de mí,
niéguese a sí mismo, tome su cruz..., y sigame (Lc. 9.3).

Después de haber leído y considerado atentamente todo lo anterior, la conclusión final es la


siguiente: Tenemos que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios (Hch.
14.22) LA IMITACIÓN DE CRISTO. (c. S. XIV) -- Tomás de Kempis. Libro II: Consejos para la vida
interior. Cap. 12.

[...] ¿Porque te afliges cuando no se te da lo que querías y deseabas? ¿Hay quien tenga todas las
cosas según la codiciaba su voluntad? Nadie: ni yo, ni tú, ni hombre alguno sobre la tierra. No
hay persona, aunque sea rey o papa, sin tribulación o angustia. ¿Quién poseerá la parte mejor?

SIN DUDA EL QUE PUEDE PADECER ALGO POR DIOS.

--Ibíd. Libro I, cap. 22: LA MISERIA HUMANA. (Lib. I: Exhortación para la vida del espíritu).