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Nuestra Historia

Manifiestos históricos de la lucha


del pueblo de México por su independencia,
libertad, justicia, dignidad y soberanía

Tomo I
Siglo XX

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Nuestra Historia. Manifiestos históricos de la lucha del pueblo de México por su
independencia, libertad, justicia, dignidad y soberanía.
Tomo I. El siglo XX.

Gobierno Legítimo de México

Comité Ejecutivo Nacional Democrático del Sindicato Nacional de Trabajadores


de la Educación (SNTE)

1a ed., 2009

Hecho e impreso en México


Índice

Presentación
Raquel Sosa Elízaga 7

Sergio Espinal García 9

El derecho a la educación: cómo los neoliberales


intentan borrar hasta su memoria
Dra. Raquel Sosa Elízaga. Octubre de 2009 11

Programa del Partido Liberal Mexicano


Ricardo Flores Magón. Julio de 1906 17

Llamamiento al pueblo mexicano, dirigido desde la penitenciaría


de Monterrey, Nuevo León
Francisco I. Madero. Junio de 1910 23

Plan de San Luis Potosí


Francisco I. Madero. Octubre de 1910 27

Manifiesto a la Nación
Francisco I. Madero. Mayo de 1911 35

Manifiesto del Partido Liberal Mexicano


Ricardo Flores Magón. Septiembre de 1911 39

Plan de Ayala
Emiliano Zapata. Noviembre de 1911 45

Plan de Guadalupe
Venustiano Carranza. 26 de marzo de 1913 51

Manifiesto de Francisco Villa al pueblo de México


Francisco Villa. Septiembre de 1914 53

3
Nuestra Historia

Manifiesto de la Soberana Convención Revolucionaria de Aguascalientes


Noviembre de 1914 57

El Artículo 3º
Francisco J. Múgica. Diciembre de 1916 59

Constitución de 1917
Congreso Constituyente. Febrero de 1917 63

Carta abierta de Emiliano Zapata a Venustiano Carranza


Marzo de 1919 85

Plan de Agua Prieta


Plutarco Elías Calles. Abril de 1920 91

Plan sexenal para el período presidencial 1934-40


Partido Nacional Revolucionario. Diciembre de 1933 95

Mensaje al Congreso de la Unión al tomar posesión


de la primera magistratura del país
Lázaro Cárdenas del Río. Noviembre de 1934 97

Discurso del Presidente de la República a los trabajadores del país


Lázaro Cárdenas del Río. Diciembre de 1935 107

Decreto de expropiación de los bienes de las compañías petroleras


Lázaro Cárdenas del Río. Marzo de 1938 113

Los trabajadores ante la crisis del sistema ferroviario


Demetrio Vallejo. Febrero de 1959 115

Programa Movimiento de Liberación Nacional


Agosto de 1961 119

Declaración de Morelia
I Conferencia Nacional de Estudiantes Democráticos
Mayo de 1963 153

Pliego petitorio
Consejo Estudiantil Universitario. Mayo de 1996 161

Nueva provocación contra la libertad y la democracia


Partido Comunista Mexicano. Julio de 1968 163

4
To m o I . E l s i g l o x x

Manifiesto a la Nación
Consejo Nacional de Huelga. Diciembre de 1968 167

Ideario
Partido de los Pobres. Marzo de 1973 173

Declaracion de Guadalajara
Tendencia democrática del Sindicato Único de Trabajadores
Electricistas de la República Mexicana. Abril de 1975 177

Llamamiento al pueblo de México


Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Octubre de 1988 193

Primer congreso
Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Octubre de 1990 201

Primera declaración de la Selva Lacandona


Comandancia General del EZLN. 1993 211

¿De qué nos van a perdonar?


Subcomandante Insurgente Marcos. Enero de 1994 215

Los sentimientos de la nación
Comité Ejecutivo Nacional del Partido
de la Revolución Democrática. Septiembre de 1996 217

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Presentación

Desde hace dieciséis años, el gobierno de Carlos Salinas de Gortari inició una refor-
ma educativa cuyas últimas expresiones están plasmadas en la mal llamada Alianza
para la Calidad Educativa.
Como todos sabemos, esa reforma se propuso y llevó a cabo la descentralización
del sistema educativo, la reducción de recursos públicos para la educación, la aper-
tura a la privatización de escuelas normales y de universidades, la introducción de la
flexibilidad laboral y los sistemas de certificación para profesores, entre otros.
Salinas, Fox y Calderón dieron pasos importantes para que la reforma cum-
pliera su verdadero objetivo, que es someter a la educación pública a las normas, el
lenguaje y los objetivos del mercado y de las empresas. A eso le llamaron moderni-
zación educativa.
Parte importante de esa reforma fue el cambio de planes de estudio. Lo que hoy
se conoce como reforma integral de la educación básica ha tenido varios nombres,
pero significa esencialmente la introducción de las nociones de calidad, competen-
cia y certificación en las escuelas y el cambio completo de los planes y programas de
estudio para adecuarlos a estos conceptos.
Saber leer y escribir, saber contar y ejecutar órdenes son la base del “nuevo” sis-
tema educativo. Y es evidente que todo aquello en que los estudiantes puedan reco-
nocerse, con lo que puedan sentirse identificados, que tenga significado porque está
relacionado a su territorio, a su memoria, a la vida de su pueblo y de su comunidad,
no sólo sobra a esta reforma, sino que directamente estorba a sus planificadores.
Por eso es que tenemos que hacer un esfuerzo por recuperar nuestra identidad y
nuestra memoria. Este es una primera muestra de que hay otras maneras de conocer
la historia de nuestro país. Los libros Nuestra historia, en su etapa inicial, han sido
concebidos en dos tomos. El primero, trata de los acontecimientos históricos que
han marcado el siglo XX; y el segundo, de los acontecimientos que señalaron al siglo
XIX mexicano.
Sólo que los libros tienen una particularidad. No son, como los libros “oficiales”,
narraciones sin sentido ni contenido, que buscan solamente familiarizar a los estu-
diantes con el lenguaje empresarial, sino que son textos de la historia escritos por los
protagonistas de los acontecimientos históricos.
Hemos hecho una selección de manifiestos históricos de la lucha del pueblo
mexicano por su libertad, dignidad, justicia, soberanía a lo largo de dos siglos. L@s
maestr@s y estudiantes podrán conocer la obra de Morelos, Hidalgo, Juárez, Zapata,

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Nuestra Historia

Madero, Villa, Cárdenas, de los maestros, del movimiento estudiantil, de los parti-
cipantes en las luchas ferrocarrileras y en la lucha popular a través de sus propias
palabras, con el modo en que lo expresaron, en su momento, al pueblo de México.
Como toda colección de documentos, ésta es una colección limitada, que tiene
como objetivo interesar a estudiantes y profesores, a padres y madres de familia, a
integrantes de las comunidades y pueblos, en conocer y hacer suyos los valores, los
principios, la honestidad y la rectitud de quienes han luchado para hacer de México
una patria libre y con dignidad. No es la historia de los capitalistas, no es la historia
del clero, no es la historia de los mafiosos de la política.
Con la ayuda de estos textos, los lectores podrán hacer ejercicios en el aula o
en la casa para descubrir en qué circunstancias fueron escritos, pero sabrán lo que
supieron muchos antes de nosotros: cuáles fueron las razones profundas de las ac-
ciones de los hombres y mujeres que han marcado nuestra historia y, más aún, de
qué manera analizaban los grandes problemas que han aquejado a nuestra nación
desde antes de nuestra independencia.
Esto nos vincula a ellos, como tendrán ocasión de demostrarlo quienes se
acerquen a los textos, de un modo tan profundo e indeleble, que ni la mediocridad
de los textos oficiales ni las mentiras repetidas de los medios de comunicación
podrán hacer desaparecer. Por eso vale la pena el esfuerzo inmenso que ha signi-
ficado sacar adelante esta edición, con el apoyo, trabajo y patrocinio de los inte-
grantes del Comité Ejecutivo Nacional Democrático de la Coordinadora Nacional
de Trabajadores de la Educación. Si logramos su difusión, habremos hecho, al
menos un pequeño esfuerzo por evitar que el feroz neoliberalismo logre su objeti-
vo de borrarnos y borrar nuestra historia y la de todos los que dieron su vida por
transformar a México. Vale la pena.

20 de noviembre de 2009

Raquel Sosa Elízaga


Secretaria de Educación, Ciencia y Cultura
Gobierno Legítimo de México

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Presentación

En el Comité Ejecutivo Nacional Democrático del SNTE tomamos parte en la edi-


ción de la obra Nuestra Historia, como la importante acción de recuperación de
Textos, Declaraciones y Manifiestos de la lucha del pueblo de México por su in-
dependencia, libertad, justicia, dignidad y soberanía. Recrear y repensar nuestro
desarrollo histórico, es el llamado a combinar investigación, comprensión de proce-
sos sociales e interpretación de los actores en conflicto, los sectores y clases sociales
dominantes y el trayecto de los pueblos a la hora de hacerse sujetos de su historia
contra la explotación y dominación.
La obra Nuestra Historia, constituye un instrumento de primer orden en la
batalla por la recuperación del sujeto mexicano, motor de la reconstrucción y re-
fundación de la patria mexicana. Es una herramienta para la reflexión, el análisis, el
debate, la interpretación y la difusión de un conjunto de hechos que marcaron de
forma sustantiva la vida nacional.
Este Libro, es parte de la aportación de la Doctora Raquel Sosa Elizaga, Secreta-
ria de Educación, Ciencia y Cultura del Gobierno Legítimo, a la titánica resistencia
de trabajadores de la educación, estudiantes y pueblos de México en la defensa de
la escuela pública, del derecho a acceder a la cultura universal, a la formación de
una actitud científica en la escuela y una conciencia ciudadana crítica, participativa,
solidaria y transformadora.
La profundidad de la crisis económica cuyo momento más crudo arranca en
2007, la crisis política del Estado Mexicano y el grave proceso de descomposición
social, han puesto a la orden del día un conjunto de temas de la agenda nacional,
mismos que como marcos contextuales y motivaciones indagatorias pueden ali-
mentar nuestra curiosidad y deseo de leer hasta el último rincón de Nuestra Histo-
ria en este su primer tomo.
La batalla de las ideas, la vamos ganando con nuestras razones, fundadas en un
caudal de herramientas teóricas y en el humanismo de nuestros pueblos. Repensar el
ideario de nuestros pueblos nos ayuda en la noble e impostergable tarea de construir
los imaginarios populares, las utopías guía de nuestra actuación popular, hacia la
construcción de un México Libre y Soberano.
Por el comité ejecutivo democrático nacional de la CNTE.

Sergio Espinal García

9
El derecho a la educación:
cómo intentan los neoliberales
destruir hasta su memoria

Cuando en 1992 lanzó el genio del mal, Carlos Salinas, la iniciativa de realizar una
reforma educativa, las piezas parecían ya perfectamente bien colocadas: en la direc-
ción del Sindicato magisterial, su incondicional Elba Esther Gordillo, quien sería la
encargada por tiempo indefinido de controlar y reprimir cualquier descontento de
los maestros; la sucesión de crisis económicas y políticas de ajuste habían dejado en
tan mal estado a las instituciones públicas, que la oferta de modernizarlas sonaba
atractiva; y para estar a tono con los tiempos, la adopción del lenguaje empresarial
de competencias y certificación parecían completamente adecuados para iniciar en
los mejores términos posibles la relación con el Banco Mundial.
Nadie nunca tuvo que explicar qué era exactamente eso que llamaban la cali-
dad educativa. Lo que era evidente era que éste sería, en adelante, el principio por
el que se regiría una política pública que daba por hecho que los programas de
gobiernos anteriores, que al menos en el discurso estaban basados en la intención
de cumplir con el derecho a una educación pública universal y gratuita, pasaban a
considerarse asuntos del pasado. Lo que a partir de entonces verdaderamente im-
portaría sería establecer un control, de abajo hacia arriba, basado en la imposición
de la obligación a los padres y madres de familia de contribuir al gasto educativo,
es decir, aportar recursos para el mantenimiento de las escuelas y la realización de
actividades escolares; y de otra parte, disolver el obstáculo que representaban los
maestros para la realización de una reforma a fondo.
De acuerdo con algunos autores, la modernización educativa significó, en los
hechos, una reducción del orden del 35% del presupuesto educativo entre 1992 y
1996. Las movilizaciones de inconformidad de los maestros, al menos los primeros
años, se orientaron a la denuncia del cacicazgo de la dirigente sindical y a exigir
mejores condiciones de trabajo y mayor salario. Todo sería canalizado (y disuelto,
de una u otra forma), en los estados. No se presentaron marchas ni conflictos por
un tiempo en la capital. La propia disidencia magisterial acarició la idea de ganar
espacios en el sindicato mediante la conquista de las secciones estatales, y no en una
disputa de orden general. Y mientras tanto, se firmaron uno tras otro los convenios
que garantizaban que el Banco Mundial tomaría control completo de todos los
niveles y del conjunto del sistema educativo del país.
La reforma avanzó, no sin cierto escándalo, cuando llegó a los libros de tex-
to gratuito. La orgullosa celebración del quinto centenario del encuentro de dos
mundos, como se dio en llamar a la conquista de América, debió ceder el paso al

11
Nuestra Historia

cuestionamiento de académicos e intelectuales sobre la legitimidad de una nueva


versión de la historia patria en la que, conservando los títulos de los capítulos de los
libros de historia, se alteraban los contenidos y se introducían comentarios y des-
calificaciones a los héroes y las gestas del pueblo de México. Para dar sólo algunos
ejemplos, en los libros de sexto año de historia que se imprimieron en 1993 y que
han estado vigentes hasta hace unos meses, Hidalgo es descrito como “un hombre
culto, emprendedor, de ideas avanzadas, muy querido en la región”. Su obra y la
de los que lo siguieron en once años de lucha por la independencia, sin embargo,
afirman los autores de estos libros, no produjo otra cosa que el empobrecimiento
de los mexicanos, más de seiscientas mil muertes, una desorganización social y un
desorden político que el texto califica de “abrumadores”. Por su parte, el austriaco
Maximiliano, también considerado un “hombre culto y de ideas liberales”, fue con-
vencido de aceptar la corona que le ofrecían algunos mexicanos, y por ello fue fu-
silado. “Desde entonces, nadie ha vuelto a proponer un gobierno monárquico para
México.” Es decir, la intervención francesa fue, cuando más, una desatinada idea.
El paso de Juárez por el gobierno y su defensa frente a la intervención se resuel-
ven en unos cuantos párrafos, pero no dejan de señalarse las “innumerables” veces
que Juárez se reeligió como Presidente. Un émulo suyo, Porfirio Díaz, que gobernó
México “largo tiempo”, fue, en cambio, autor de importantes obras: puertos, vías
férreas, líneas de ferrocarril, intercambio comercial, correo y telégrafos, fundación
de bancos, progreso “espectacular” de la agricultura: “México tuvo un crecimiento
económico nunca antes visto”. Lamentablemente, “los indígenas perdieron mu-
chas tierras y la mayor parte de los habitantes del campo tuvieron que ocuparse
como peones en las haciendas. Allí había trabajo, pero estaban mal pagados, tenían
poca libertad y se veían obligados a gastar el poco dinero que ganaban en las tiendas
de raya…” Hasta ahí las razones de la inconformidad posible de quienes fueran
peones en las haciendas. ¿Cuántos eran éstos? Quién podría saberlo. Unos pocos o
miles. Qué más da. Siguen los logros del porfirismo, que ocupan varias páginas.
Emiliano Zapata, a quien se menciona como la persona que se rebeló contra Ma-
dero “apenas veinte días después de que éste asumiera la Presidencia”, fue, según estos
textos, en gran medida responsable de una nueva etapa de ruina del país. “La agricul-
tura, la industria y el comercio sufrieron los efectos de la guerra. Hombres y mujeres
abandonaron sus trabajos y se lanzaron a los campos de batalla.” Afortunadamente,
a decir de los autores de este libro, Carranza triunfó porque era “mejor estratega” y
porque comprendía el valor de la “unidad nacional”. Hasta aquí el recuento.
La propuesta de relectura histórica de Salinas supone una sobrevaloración del
desarrollo económico, la modernidad, la estabilidad política y las buenas relaciones
internacionales. Constituyen para él, como para los autores de estos engendros de
textos de “historia”, un riesgo inaceptable las rebeliones, porque empobrecen al
pueblo, provocan cientos o miles de muertos e interrumpen –sobre todas las cosas
la actividad productiva. No hacen falta otras explicaciones. La reorientación de la
historia está clara, y sobre todo, eso fue lo que se enseñó a varias generaciones de
niños y jóvenes de entonces a esta fecha.

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To m o I . E l s i g l o x x

La siguiente etapa de la reforma educativa vino con el gobierno de los panistas.


Ocho años de sólidas relaciones con el Banco Mundial, una confianza ciega en las
bondades del crecimiento económico y la infinita soberbia de haber derrotado, por
las buenas o por las malas a sus opositores políticos, dieron lugar a la confianza de
la élite en el poder de asegurar unos nuevos buenos años de pax porfiriana.
El estado de la educación no debiera dar lugar a demasiados festejos, pero poco
les importaron a los tecnócratas la agudización de la desigualdad social, la existen-
cia de más de seis millones de analfabetas y treinta y dos millones de personas que
no concluyeron sus estudios básicos. Tampoco, la exclusión de cientos de miles
de jóvenes de la educación en el bachillerato y las universidades. Les pareció, más
bien, que era tiempo de medir los resultados de sus esfuerzos: se sumaron a la
OCDE y aceptaron la aplicación generalizada de las pruebas PISA en México.
Año tras año, el fracaso ha sido rotundo. México califica entre los peores luga-
res en español y matemáticas, materias favoritas de la OCDE y el Banco Mundial
para consolidar su propia perspectiva de la reforma. Es por eso que vale la pena
explicar qué tiene eso que ver con la historia.

Nueva reforma educativa:


la alianza para acabar con la calidad educativa

El desorden que han producido cerca de veinte años de gobierno neoliberal son,
seguramente, más graves que lo que los “especialistas autores de los textos” dicen
que produjeron los zapatistas (los de entonces, y los de ahora). No les importa. Lle-
gado el momento, quienes se ostentan como autoridades educativas señalaron que
el verdadero objetivo de su reforma era cambiar la composición del gasto e incre-
mentar la inversión. Eso quiere decir, fundamentalmente, que era tiempo –desde
su punto de vista- para dar un golpe maestro a la educación: asegurar que se convir-
tiera en un negocio y que ese negocio se realizara, con los menores contratiempos
posibles, a partir de los recursos públicos destinados a ese sector.
De manera que pusieron manos a la obra y nombraron a su nueva empresa:
“Alianza para la calidad educativa”. Esta vez, de lo que se trataría sería de reducir
no sólo el número de maestros contratados, incrementando el número de alumnos,
sino de modificar por completo las condiciones de su contratación, introduciendo
personal interino permanente, sujeto a las nuevas condiciones de certificación. Por
su parte, las cuotas voluntarias se tornarían obligatorias y los planes de estudio se
reorganizarían a partir de las consideraciones empresariales sobre las necesarias
competencias básicas: saber leer y escribir, saber contar y ejecutar órdenes. Todo
esto sería finamente complementado con la adquisición de computadoras, lo cual
aseguraba que no hubiera errores de transmisión de las instrucciones: gradualmen-
te, la función del maestro sería sustituida por un facilitador.
Al resto del sistema educativo se aplicó una reforma que podríamos llamar
inversa. En lugar de que los planes de estudio determinaran la certificación de los
estudiantes, ahora la certificación determina los planes de estudio. Y basados en

13
Nuestra Historia

las simples nociones de calidad y competencia que popularizaron, con el apoyo de


unos llamados expertos, los funcionarios de la SEP se dieron a la tarea de terminar
la destrucción del sistema educativo. No ha habido un espacio educativo en que
no hayan intervenido a su lado los funcionarios del Banco Mundial y de la OCDE,
y es imposible, en las actuales condiciones, intentar siquiera buscar la secuencia y
articulación entre materias y niveles escolares. Todo ha sido cuidadosa y delibera-
damente desordenado y revuelto.
Los nuevos libros de historia y geografía, del quinto y el sexto grados de pri-
maria, no hacen más concesiones: la competencia central que deben certificar los
alumnos al final de los cursos es la del conocimiento del lenguaje empresarial y de
los principios en que se basa su política: globalización, cambio climático, estadís-
tica, demografía, indicadores económicos (en lugar de la geografía), y versiones
antojadizas de la llamada “historia universal”. Veamos con más detalle:
“El gobierno de Porfirio Díaz, dice el libro de quinto de primaria, alentó la
inversión extranjera y comenzaron a llegar a nuestro país empresas de varias partes
del mundo, principalmente compañías inglesas y norteamericanas. Estas se cen-
traron en sectores de la economía como la construcción de vías férrea, la minería
y en los sistemas de telecomunicaciones como el telégrafo y el teléfono. También
hubo inversiones para electrificar a las ciudades, la modernización de la agricultura
e impulsar la exportación de azúcar, algodón y café, entre otros.”
México, reitera este libro, “tuvo un crecimiento económico nunca visto an-
teriormente. Pese a ello (y desde luego, no a consecuencia de ello), los pobres de
México sufrían largas jornadas de trabajo y escasos salarios. Cuando estalló la revo-
lución, todo se complicó y no hubo beneficios para nadie: poco más podría decirse,
según estos expertos historiadores improvisados, que el que hubo una “guerra de
fracciones”. Y concluyen: “Carranza y Obregón lograron derrotar a Villa y reducir
la influencia de Zapata al estado de Morelos, gracias a su pericia militar.” Hasta allí
la lucha armada. Luego dan vuelta a la página al revés y siguen contando las bon-
dades del porfirismo: se hablaba francés, México era un centro como París o Nueva
York, y sentencia: “…la cultura y las artes tuvieron un gran desarrollo gracias al
clima de paz y al progreso económico.”
Larga etapa de paz y estabilidad después de la época de caudillos y formación
de instituciones, como denominan a más de sesenta años de historia de México,
hasta llegar al movimiento estudiantil del 68, que según el libro, se inició por una
riña entre estudiantes, en que la policía “hizo un excesivo uso de la fuerza”. La
escalada de violencia que siguió a este evento y el enfrentamiento constante con la
policía dieron lugar a que, poco menos de cuatro meses después de esta riña, los
estudiantes fueran reprimidos por “diferentes corporaciones policiacas y militares
que se encontraban en la plaza.” Nadie sabrá tampoco cómo pasaron los estudian-
tes de una riña a exigir la destitución de los principales responsables de la seguridad
del país y a defender la democracia. Poco importa. En ahorro de páginas y bien de
la superficialidad de las versiones que se entregan, el texto sigue adelante.

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To m o I . E l s i g l o x x

Entonces se llenan espacios con cifras de desarrollo económico y explicaciones


como las siguientes: “Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988), realizó diversas
medidas basadas en las sugerencias del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el
Banco Mundial (BM), por ejemplo: disminuir el gasto y las inversiones públicas y
vender las empresas paraestatales (las que el gobierno administraba) como Telé-
fonos de México, entre otras. Como consecuencia de la privatización de diversas
empresas hubo un aumento del desempleo, la migración a Estados Unidos y el
ambulantaje, y disminuyeron los salarios. Una sugerencia fundamental del FMI
para resolver la crisis y los problemas económicos del país, era que México abriera
sus fronteras al comercio internacional a través de la firma de acuerdos comercia-
les con otros países; por lo que se firmó el Tratado de Libre Comercio (TLC) con
Estados Unidos y Canadá en 1992.”
O las siguientes: en 1988, señala, “a pesar de que la mayoría de los ciudadanos
daban por seguro el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas, las autoridades electorales
dieron el triunfo al PRI; lo que motivó protestas y manifestaciones que sostenían que
había habido un enorme fraude electoral.” Nada de qué preocuparse, podía agregar.
En 1990 se crearon el PRD y el IFE, “con lo que se iniciaron una serie de reformas
encaminadas a lograr que las elecciones fueran claras y confiables.”
En sexto grado, gracias a la madurez que después de tantos conocimientos
sobre la historia de México deben haber adquirido los estudiantes, se pasea el texto
por las civilizaciones “americanas” antiguas, la caída de Constantinopla y los ini-
cios de la era moderna. Un “inesperado encuentro” con América (así llaman a la
conquista y colonización) trajo a los europeos enormes riquezas. El acontecimiento
más importante a destacar es, con todo, la invención de la imprenta.
Verdades a medias, mentiras intencionadas, ausencias, repeticiones: la Secre-
taría de Educación Pública parece empeñada en alejar a los niños y jóvenes de toda
referencia que les recuerde o con la cual relacionen hechos de su propia vida o de
las comunidades y pueblos en los que habitan. El enemigo principal del actual sis-
tema educativo es, indudablemente, la memoria del pueblo mexicano. Nadie puede
imaginar siquiera las causas de las crisis o las revoluciones por las que ha atravesado
nuestro país. Los pueblos originarios concluyen su vida con su establecimiento en
Tenochtitlan. Y la vida en el mundo continúa con la Edad Media europea. Ninguna
ruptura, ningún elemento que sorprenda, ninguna información que valga la pena
recordar. La transmisión de informaciones fragmentadas, sin sentido.

Nosotros, en el camino de reescribir nuestra historia


y devolverle sentido a la lucha por el derecho a la educación

Esta es la razón por la que resulta tan fundamental volver sobre nuestros pasos y
reconstruir nuestra historia, pero no para pegar los pedazos en que la dejaron los
neoliberales, sino para reencontrar el sentido verdadero y profundo que le han dado
nuestros pueblos. El conocimiento no puede ser ajeno a las preguntas y problemas
que éstos se plantean, como tampoco puede ignorar nuestros saberes, tradiciones,

15
Nuestra Historia

formas de organización y, sobre todo, la memoria de agravios y luchas. Nuestra ri-


queza se encuentra en nuestros recursos naturales y estratégicos, pero sobre todo, en
los hombres y mujeres libres y organizados cuya inteligencia y experiencia debe guiar
nuestras búsquedas de explicaciones, la formulación de alternativas que nos permitan
resolver nuestros problemas. Es por eso que la educación es tan cara a México como
el petróleo. Es por eso que los maestros, como los padres y madres de familia, como
los estudiantes, como nuestras comunidades y pueblos tenemos una responsabilidad
tan grande en la defensa de la educación y la exigencia de que se reconstruya nuestra
educación laica, gratuita, pública, nacional, como señala la Constitución.
Mas es por eso también que los neoliberales han aprovechado durante años
cualquier intersticio para intervenir y distorsionar los fines de la enseñanza y el
aprendizaje. La recuperación de la soberanía educativa tiene que comenzar, entre
nosotros, como hoy lo hacen los pueblos de Michoacán, de Guerrero, de Morelos,
de Puebla, de Oaxaca, de Chiapas, con la formulación de propuestas que recojan los
elementos que explican la continuidad histórica de nuestros pueblos, la orientación
de su voluntad, su indeclinable lucha por la supervivencia, su sentido y su dignidad.
Y tiene que seguir sobre la base de volver a plantear el sentido, la secuencia, las trans-
versalidades de la educación en la búsqueda de orientarnos por los principios de
recuperación de la memoria, defensa de nuestro patrimonio cultural, justicia social,
libertad, preservación de nuestros recursos estratégicos, reconocimiento de nuestra
diversidad cultural, defensa de la tierra y de nuestra agricultura, lucha por la digni-
dad y el bienestar de todos los hombres y mujeres de México, encuentro sin subor-
dinaciones ni imposiciones con otros pueblos del mundo. De allí partiremos.

Octubre de 2009
Raquel Sosa Elízaga

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Programa del Partido
Liberal Mexicano

Reformas constitucionales

1. Reducción del período presidencial a cuatro años.


2. Supresión de la reelección para el Presidente y los gobernadores de los esta-
dos. Estos funcionarios sólo podrán ser nuevamente electos hasta des­pués
de dos períodos del que desempeñaron.
3. Inhabilitación del vicepresidente para desempeñar funciones legis­lativas o
cualquier otro cargo de elección popular, y autorización al mismo para lle-
nar un cargo conferido por el ejecutivo.
4. Supresión del servicio militar obligatorio y establecimiento de la guar­dia
nacional. Los que presten servicios en el ejército permanente lo harán libre
y voluntariamente. Se revisará la ordenanza militar para suprimir de ella lo
que se considere opresivo y humillante para la dignidad del hombre, y se
mejorarán los haberes de los que sirven en la milicia nacional.
5. Reformar y reglamentar los artículos 6º y 7º Constitucionales, supri­miendo
las restricciones que la vida privada y la paz pública imponen a las libertades
de palabra y de prensa, y declarando que sólo se castigarán en este sentido la
falta de verdad que entrañe dolo, el chantaje y las violaciones de la ley en lo
relativo a la moral.
6. Abolición de la pena de muerte, excepto para los traidores a la patria.
7. Agravar la responsabilidad de los funcionarios públicos, imponien­do seve-
ras penas de prisión para los delincuentes.
8. Restituir a Yucatán el territorio de Quintana Roo.
9. Supresión de los tribunales militares en tiempo de paz.

Mejoramiento y fomento de la instrucción

10. Multiplicación de escuelas primarias, en tal escala, que queden ven­


tajosamente suplidos los establecimientos de instrucción que se clausuren
por pertenecer al clero.
11. Obligación de impartir enseñanza netamente laica en todas las es­cuelas de
la República, sean del Gobierno o particulares, declarándose la responsabi-
lidad de los directores que no se ajusten a este precepto.

17
Nuestra Historia

12. Declarar obligatoria la instrucción hasta la edad de 14 años, quedando al


Gobierno el deber de impartir protección, en la forma que le sea posible,
a los niños pobres que por su miseria pudieran perder los bene­ficios de la
enseñanza.
13. Pagar buenos sueldos a los maestros de instrucción primaria.
14. Hacer obligatoria para todas las escuelas de la República la ense­ñanza de los
rudimentos de artes y oficios y la instrucción militar, y prestar preferente
atención a la instrucción cívica que tan poco atendida es ahora.

Extranjeros

15. Prescribir que los extranjeros, por el solo hecho de adquirir bienes raíces,
pierden su nacionalidad primitiva y se hacen ciudadanos mexicanos.
16. Prohibir la inmigración china.

Restricciones a los abusos del clero católico

17. Los templos se consideran como negocios mercantiles, quedando por


tanto obligados a llevar contabilidad y pagar las contribuciones corres­
pondientes.
18. Nacionalización, conforme a las leyes, de los bienes raíces que el clero tiene
en poder de testaferros.
19. Agravar las penas que las Leyes de Reforma señalan para los infrac­tores de
las mismas.
20. Supresión de las escuelas regenteadas por el clero.

Capital y trabajo

21. Establecer un máximum de ocho horas de trabajo y un salario mínimo en


la proporción siguiente: un peso para la generalidad del país, en que el pro-
medio de los salarios es inferior al citado, y de más de un peso para aquellas
regiones en que la vida es más cara y en las que este salario no bastaría para
salvar de la miseria al trabajador.
22. Reglamentación del servicio doméstico y del trabajo a domicilio.
23. Adoptar medidas para que con el trabajo a destajo los patronos no burlen la
aplicación del tiempo máximo y salario mínimo.
24. Prohibir en lo absoluto el empleo de niños menores de catorce años.
25. Obligar a los dueños de minas, fábricas, talleres, etc., a mantener en las me-
jores condiciones de higiene sus propiedades y a guardar los luga­res de pe-
ligro en un estado que preste seguridad a la vida de los operarios.
26. Obligar a los patronos o propietarios rurales a dar alojamiento hi­giénico a
los trabajadores cuando la naturaleza del trabajo de éstos exija que reciban
albergue de dichos patronos o propietarios.

18
To m o I . E l s i g l o x x

27. Obligar a los patronos a pagar indemnización por accidentes del trabajo.
28. Declarar nulas las deudas actuales de los jornaleros de campo para con los
amos.
29. Adoptar medidas para que los dueños de tierras no abusen de los medieros.
30. Obligar a los arrendadores de campos y casas a que indemnicen a los arren-
datarios de sus propiedades por las mejoras necesarias que dejen en ellas.
31. Prohibir a los patronos, bajo severas penas, que paguen al traba­jador de
cualquier otro modo que no sea con dinero efectivo; prohibir y castigar que
se impongan multas a los trabajadores o se les hagan descuen­tos de su jornal
o se retarde el pago de la raya por más de una semana o se niegue al que se
separe del trabajo el pago inmediato de lo que tiene ganado; suprimir las
tiendas de raya.
32. Obligar a todas las empresas o negociaciones a no ocupar entre sus emplea-
dos y trabajadores sino una minoría de extranjeros. No permitir en ningún
caso que trabajos de la misma clase se paguen peor al mexicano que al ex-
tranjero en el mismo establecimiento, o que a los mexicanos se les pa­gue en
otra forma que a los extranjeros.
33. Hacer obligatorio el descanso dominical.

Tierras

34. Los dueños de tierras están obligados a hacer productivas todas las que po-
sean; cualquier extensión de terreno que el poseedor deje improduc­tiva la
recobrará el Estado y la empleará conforme a los artículos siguientes:
35. A los mexicanos residentes en el extranjero que lo soliciten los repatriará el
Gobierno pagándoles los gastos de viaje y les proporcionará tie­rras para su
cultivo.
36. El Estado dará tierras a quienquiera que lo solicite, sin más con­dición que
dedicarlas a la producción agrícola y no venderlas. Se fijará la extensión
máxima de terrenos que el Estado pueda ceder a una persona.
37. Para que este beneficio no, sólo aproveche a los pocos que tengan elementos
para el cultivo de las tierras, sino también a los pobres que ca­rezcan de estos
elementos, el Estado creará o fomentará un Banco Agrícola que hará a los
agricultores pobres préstamos con poco rédito y redimibles a plazos.

Impuestos

38. Abolición del impuesto sobre capital moral y del de capitalización, quedan-
do encomendado al Gobierno el estudio de los mejores medios para dismi-
nuir el impuesto del timbre hasta que sea posible su completa abolición.
39. Suprimir toda contribución para capital menor de $100.00, exceptuándose
de este privilegio los templos y otros negocios que se conside­ran nocivos y
que no deben tener derecho á las garantías de las empresas útiles.

19
Nuestra Historia

40. Gravar el agio, los artículos de lujo, los vicios y aligerar de contribuciones los
artículos de primera necesidad. No permitir que los ricos ajusten igualas con
el Gobierno para pagar menos contribuciones de las que les impone la ley.

Puntos generales

41. Hacer práctico el juicio de amparo, simplificando los procedi­mientos.


42. Restitución de la zona libre.
43. Establecer la igualdad civil para todos los hijos de un mismo pa­dre, supri-
miendo las diferencias que hoy establece la ley entre legítimos e ilegítimos.
44. Establecer, cuando sea posible, colonias penitenciarias de regenera­ción, en
lugar de las cárceles y penitenciarías en que hoy sufren el castigo los delin-
cuentes.
45. Supresión de los jefes políticos.
46. Reorganización de los municipios que han sido suprimidos y robus­tecimiento
del poder municipal.
47. Medidas para suprimir o restringir el agio, el pauperismo y la carestía de los
artículos de primera necesidad.
48. Protección de la raza indígena.
49. Establecer lazos de unión con los países latinoamericanos.
50. Al triunfar el partido liberal se confiscarán los bienes de los fun­cionarios
enriquecidos bajo la dictadura actual, y lo que se produzca se apli­cará al
cumplimiento del capítulo de tierras, especialmente a restituir a los yaquis,
mayas y otras tribus, comunidades o individuos los terrenos de que fueren
despojados, y al servicio de la amortización de la deuda na­cional.
51. El primer congreso nacional que funcione después de la caída de la dictadu-
ra anulará todas las reformas hechas a nuestra Constitución por el Gobierno
de Porfirio Díaz; reformará nuestra Carta Magna en cuanto sea necesario
para poner en vigor este programa; creará las leyes que sean ne­cesarias para
el mismo objeto; reglamentará los artículos de la Constitución y de otras
leyes que lo requieran y estudiará todas aquellas cuestiones que considere
de interés para la patria, ya sea que estén enunciadas o no en el presente pro-
grama, y reforzará los puntos que aquí constan, especialmente en materia de
trabajo y tierra.

20
To m o I . E l s i g l o x x

Cláusula Especial

Queda a cargo de la junta organizadora del Partido Liberal dirigirse a la mayor


brevedad a los gobiernos extranjeros, manifestándoles, en nombre del partido, que
el pueblo mexicano no quiere más deudas sobre la patria y que, por tanto, no reco-
nocerá ninguna nueva deuda que bajo cualquier forma o pretexto arroje la dicta-
dura sobre la nación, ya contra­tando empréstitos o bien reconociendo tardíamente
obligaciones pasadas sin ningún valor legal.

Reforma, Libertad y Justicia. Saint Louis Mo., julio 1° de 1906. Presidente,


Ricardo Flores Magón; vicepresidente, Juan Sarabia; secretario, An­tonio Vi-
llarreal; tesorero, Enrique Flores Magón; primer vocal, Prof. Li­brado Rivera;
segundo vocal, Manuel Sarabia; tercer vocal, Rosalío Bus­tamante.

21
Llamamiento al pueblo mexicano,
dirigido desde la penitenciaria de
Monterrey, Nuevo León

Mexicanos:

Un numeroso grupo de mis conciudadanos me ha designado como candidato a la


Presidencia de la República, en el próximo sexenio constitucional.
Publiqué desde luego mi programa de gobierno, y el entusiasmo con que me ha
aclamado el pueblo en los diversos lugares que he visitado, acaban de convencerme
que mi programa representa sus ardientes aspiraciones y que en mi personalidad
ha cifrado grandes esperanzas.
Por esa circunstancia mi misión es sumamente delicada y mi responsabilidad
inmensa.
Sé que el Pueblo Mexicano está ansioso de libertad y resuelto a restablecer el
régimen constitucional, porque el peso de la dictadura es cada vez mayor y cada vez
mayores sus desmanes y desaciertos, pues las garantías individuales son violadas
descaradamente y los fondos públicos despilfarrados de un modo lastimoso, en
obras de ornato que sirven principalmente para enriquecer a los contratistas con-
cesionarios, etc., mientras en algunas partes de la República el pueblo sufre cruel-
mente por el hambre, y la instrucción pública es desatendida.
Por tales circunstancias y otras que sería largo enumerar, el malestar en toda
la República es intenso y ha provocado en ciertos casos motines, como el de Valla-
dolid (Yuc.), en el que el pueblo desesperado se hace justicia por su mano, contra
caciques crueles y arbitrarios.
En la conciencia de todos los mexicanos ha echado profundas raíces la idea
de que, con la reelección de nuestros actuales mandatarios, la situación no haría
sino empeorar, como lo demuestran los atentados cometidos a diario contra los
miembros de los partidos independientes, y yo mismo, que encarno las aspiracio-
nes, por lo menos de una gran mayoría de los mexicanos que con toda lealtad he
luchado en la actual campaña electoral, he sido víctima de atentados sin nombre en
Saltillo, en donde un inspector de policía quiso impedirme por la fuerza que diri-
giera la palabra al público, a la vez que mandaba disolverlo a caballazos, y aquí en
Monterrey, en donde las autoridades disolvieron a caballazos y cuartazos al pueblo
que me acompañaba de la estación, redujeron a prisión a mi compañero de viaje,
el Lic. Roque Estrada, por supuestas “injurias a la policía” y a mí también, porque
a algunas personas, sin uniforme ni distintivo que lo querían detener, les pregunté
si traían orden de la autoridad competente, orden que no presentaron. Este acto

23
Nuestra Historia

mío, que no fue para favorecer la fuga del licenciado, sino para evitar que se come-
tiesen atentados contra él por personas que no aparecían como representantes de
la autoridad, pero que de ninguna manera hubiese constituido un delito, sirvió de
pretexto para que se me redujera a prisión y después para detenerme en ella, se me
acusa de ultrajes al Primer Magistrado de la Nación, ultrajes que se encuentran en
un discurso confeccionado por el Sr. Lic. Juan R. Orcí, y que según él, pronuncié
en San Luis Potosí. Este señor me acompañó desde México, comisionado induda-
blemente para tal objeto.
Si he narrado lo anterior, es porque me creo con el deber de dar cuenta a mis
conciudadanos de todos mis actos. No es cierto que haya ultrajado al Primer Ma-
gistrado de la Nación en mi discurso de San Luis, en el cual ni siquiera me referí a
él, como lo podrán comprobar todos las que lo lean, pues fue publicado desde antes
que se me privase de mi libertad.
El atentado de que he sido víctima a la vez que se cometen atentados semejan-
tes contra mis partidarios en diversas partes de la República, es con la intención de
amedrentar a los independientes para alejarlos de las urnas electorales el 26 del ac-
tual, y lograr por medio del fraude, el triunfo de las candidaturas reeleccionistas.
Y si digo fraude, es porque desde ahora se prepara, cometiéndose por las auto-
ridades innumerables irregularidades.
Pero una elección fraudulenta, ni puede tener ningún título de legalidad, ni
puede ser aceptada por el pueblo.
Por tal motivo, recuerdo a todos los mexicanos que todo poder dimana del
pueblo, y que éste ejerza su soberanía el día de las elecciones.
Deseo, pues, que el 26 del actual, el Pueblo Mexicano en ejercicio de los dere-
chos que le reconoce la Constitución y haciendo uso de su soberanía, designe los
electores que verdaderamente lo representen y conozcan sus aspiraciones; además
de esto, recomiendo a mis partidarios que para hacer este nombramiento ajusten
sus actos a la ley, especialmente a la electoral; que respeten escrupulosamente los
derechos de mis adversarios políticos; que no vayan a suplantar ni una firma, ni a
cometer ninguna irregularidad, pues si he de llegar al poder, que sea por el voto de
la mayoría de mis conciudadanos, emitido conforme a la ley, porque en verdad ¡me
avergonzaría de llegar a él por medio del fraude!
Pero así como pretendo que mis partidarios ajusten todos sus actos a ley, es
preciso que exija igual comportamiento a nuestros adversarios políticos, aunque en
su número se encuentre comprendida la mayoría de las autoridades, pues, lo repito,
el día designado por la Constitución para las elecciones, es el día en que el pueblo,
investido de su soberanía, ejerce la autoridad suprema. El pueblo está legítima-
mente representado frente a cada casilla electoral por la mayoría de los votantes allí
reunidos; así es que ninguna autoridad puede impedirle en ese día el libre ejercicio
de sus derechos, siempre que ciña sus actos a la ley electoral.
En resumen, suplico a mis partidarios ajusten todos sus actos a la Ley y respe-
ten escrupulosamente los derechos de sus adversarios; pero que también exijan a
estos últimos el cumplimiento de la ley y los obliguen a respetarles sus derechos.

24
To m o I . E l s i g l o x x

Solamente por medio de la acción uniforme, viril y resuelta de todos, el pue-


blo podrá reconquistar su soberanía y designar sus mandatarios en los próximos
comicios.
Espero que en vista de la trascendencia de este acto, el pueblo, comprendiendo
que ha llegado la hora de reivindicar sus derechos, hará un esfuerzo supremo con
tal objeto.
La circunstancia de que me encuentre preso, no os priva del derecho de votar
por mí, pues es el pueblo quien debe fallar sobre la culpabilidad de mis actos en
la actual contienda política y no mis adversarios, que no tienen ningún derecho
en confundir su papel de autoridades con el de entidades de un partido político
militante.
Mexicanos: ¡recordad que el momento supremo se acerca: que yo, en quien
habéis cifrado grandes esperanzas y a pesar de mi papel de candidato que me haría
inviolable en cualquiera nación civilizada, me encuentro reducido a prisión por
no haber vacilado en defender vuestros derechos, que no saldré de esta prisión si no
obtenéis el triunfo de mi candidatura: siempre me considerarán peligroso estando
en libertad, porque siempre seguiré defendiendo los intereses del pueblo. Por tales
motivos y si realmente consideráis vinculadas vuestras aspiraciones y vuestras es-
peranzas con mi personalidad, conquistad en las urnas vuestra libertad y la sobera-
nía del pueblo, a fin de que después me libertéis y, todos unidos, podamos dedicar
nuestros esfuerzos para lograr la prosperidad y el engrandecimiento de la Patria!

Sufragio efectivo. No reelección.

Penitenciaría del Estado, Monterrey, N. L., 14 de junio de 1910


Francisco I. Madero

25
Plan de San Luis Potosí

Los pueblos, en su esfuerzo constante porque triunfen los ideales de liber­tad y justi-
cia, se ven precisados en determinados momentos históricos a realizar los mayores
sacrificos.
Nuestra querida Patria ha llegado a uno de esos momentos: una tiranía que los
mexicanos no estábamos acostumbrados a sufrir, desde que conquis­tamos nuestra
independencia, nos oprime de tal manera, que ha llegado a hacerse intolerable.
En cambio de esta tiranía se nos ofrece la paz, pero es una paz vergonzosa para el
pueblo mexicano, porque no tiene por base el derecho, sino la fuerza; porque no
tiene por objeto el engrandecimiento y prosperidad de la Patria, sino enriquecer un
pequeño grupo que, abusando de su influencia, ha convertido los puestos públicos
en fuente de beneficios exclusivamente personales, explotando sin escrúpulos las
concesiones y con­tratos lucrativos.
Tanto el poder Legislativo como el Judicial están completamente supe­ditados
al Ejecutivo; la división de los poderes, la soberanía de los Estados, la libertad de los
Ayuntamientos y los derechos del ciudadano sólo existen escritos en nuestra Carta
Magna; pero, de hecho, en México casi puede decirse que reina constantemente la
Ley Marcial; la justicia, en vez de im­partir su protección al débil, sólo sirve para
legalizar los despojos que co­mete el fuerte; los jueces, en vez de ser los represen-
tantes de la Justicia. son agentes del Ejecutivo, cuyos intereses sirven fielmente; las
cámaras de la Unión no tienen otra voluntad que la del Dictador; los gobernadores
de los Estados son designados por él y ellos a su vez designan e imponen de igual
manera las autoridades municipales.
De esto resulta que todo el engranaje administrativo, judicial y legisla­tivo obe-
dece a una sola voluntad, al capricho del general Porfirio Díaz, quien en su larga
administración ha demostrado que el principal móvil que lo guía es mantenerse en
el poder y a toda costa.
Hace muchos años se siente en toda la República profundo malestar. debido
a tal régimen de Gobierno; pero el general Díaz, con gran astucia y perseverancia,
había logrado aniquilar todos los elementos independien­tes, de manera que no era
posible organizar ninguna clase de movimiento para quitarle el poder de que tan
mal uso hacía. El mal se agravaba cons­tantemente, y el decidido empeño del gene-
ral Díaz de imponer a la Na­ción un sucesor, y siendo éste el señor Ramón Corral,
llevó ese mal a su colmo y determinó que muchos mexicanos, aunque carentes de
reconocida personalidad política, puesto que había sido imposible labrársela du-

27
Nuestra Historia

rante 36 años de Dictadura, nos lanzáramos a la lucha, intentando reconquistar


la soberanía del pueblo y sus derechos en el terreno democrático.
Entre otros partidos que tendían al mismo fin, se organizó el Partido Nacional
Antirreeleccionista proclamando los principios de SUFRAGIO EFEC­TIVO y NO
REELECCIÓN, como únicos capaces de salvar a la República del inminente peligro
con que la amenazaba la prolongación de una dictadura cada día más onerosa. más
despótica y más inmoral.
El pueblo mexicano secundó eficazmente a ese partido y, respondiendo al lla-
mado que se le hizo, mandó a sus representantes a una Convención, en la que
también estuvo representado el Partido Nacional Democrático, que asimismo in-
terpretaba los anhelos populares. Dicha Convención desig­nó sus candidatos para
la Presidencia y Vicepresidencia de la República, recayendo esos nombramientos
en el señor Dr. Francisco Vázquez Gómez y en mí para los cargos respectivos de
Vicepresidente y Presidente de la República.
Aunque nuestra situación era sumamente desventajosa porque nuestros adver-
sarios contaban con todo el elemento oficial, en el que se apoyaban sin escrúpulos,
creímos de nuestro deber, para servir la causa del pueblo, aceptar tan honrosa de-
signación. Imitando las sabias costumbres de los paí­ses republicanos, recorrí parte
de la República haciendo un llamamiento a mis compatriotas. Mis giras fueron
verdaderas marchas triunfales, pues por donde quiera el pueblo, electrizado por las
palabras mágicas de SUFRAGIO EFECTIVO y NO REELECCIÓN, daba pruebas
evidentes de su inquebrantable resolución de obtener el triunfo de tan salvadores
principios. Al fin, llegó un momento en que el general Díaz se dio cuenta de la
verdadera situación de la República y comprendió que no podía luchar ventajosa-
mente con­migo en el campo de la Democracia, y me mandó reducir a prisión antes
de las elecciones, las que se llevaron a cabo excluyendo al pueblo de los comicios
por medio de la violencia, llenando las prisiones de ciudadanos independientes y
cometiendo los fraudes más desvergonzados.
En México, como República democrática, el poder público no puede tener otro
origen ni otra base que la, voluntad nacional, y ésta no puede ser supeditada a fór-
mulas llevadas a cabo de un modo fraudulento.
Por este motivo el pueblo mexicano ha protestado contra la ilegalidad de las
últimas elecciones; y queriendo emplear sucesivamente todos los recursos que ofre-
cen las leyes de la República en la debida forma, pidió la nulidad de las elecciones
ante la Cámara de Diputados, a pesar de que no reconocía al dicho cuerpo un ori-
gen legítimo y de que sabía de ante­mano que, no siendo sus miembros representan-
tes del pueblo, sólo acata­rían la voluntad del general Díaz a quien exclusivamente
deben su inves­tidura.
En tal estado las cosas, el pueblo, que es el único soberano, también pro­testó
de un modo enérgico contra las elecciones en imponentes manifesta­ciones llevadas
a cabo en diversos puntos de la República, y si éstas no se generalizaron en todo el
territorio nacional fue debido a terrible presión ejercida por el gobierno, que siem-

28
To m o I . E l s i g l o x x

pre ahoga en sangre cualquiera manifes­tación democrática, como pasó en Puebla,


Veracruz, Tlaxcala, México y otras partes.
Pero esta situación violenta e ilegal no puede subsistir más.
Yo he comprendido muy bien que si el pueblo me ha designado como su can-
didato para la Presidencia, no es porque haya tenido la oportunidad de descubrir
en mí las dotes del estadista o del gobernante, sino la virili­dad del patriota resuelto
a sacrificarse, si es preciso, con tal de conquistar la libertad y ayudar al pueblo a
librarse de la odiosa tiranía que lo oprime.
Desde que me lancé a la lucha democrática sabía muy bien que el ge­neral Díaz
no acataría la voluntad de la Nación, y el noble pueblo mexica­no, al seguirme a
los comicios, sabía también perfectamente el ultraje que le esperaba; pero a pesar
de ello, el pueblo dio para la causa de la Libertad un numeroso contingente de
mártires cuando éstos eran necesarios, y con admirable estoicismo concurrió a las
casillas a recibir toda clase de veja­ciones.
Pero tal conducta era indispensable para demostrar al mundo entero que el
pueblo mexicano está apto para la democracia, que está sediento de li­bertad, y que
sus actuales gobernantes no responden a sus aspiraciones.
Además, la actitud del pueblo antes y durante las elecciones, así como después
de ellas, demuestra claramente que rechaza con energía al Gobier­no del general.
Díaz y que, si se hubieran respetado esos derechos electo­rales, hubiese sido yo elec-
to para la Presidencia de la República.
En tal virtud, y haciéndome eco de la voluntad nacional, declaro ilegales las
pasadas elecciones, y quedando por tal motivo la República sin gober­nantes legí-
timos, asumo provisionalmente la Presidencia de la República, mientras el pueblo
designa conforme a la ley sus gobernantes. Para lograr este objeto es preciso arrojar
del poder a los audaces usurpadores que por todo título de legalidad ostentan un
fraude escandaloso e inmoral.
Con toda honradez declaro que consideraría una debilidad de mi parte y una
traición al pueblo que en mí ha depositado su confianza no ponerme al frente de
mis conciudadanos, quienes ansiosamente me llaman, de todas partes del país, para
obligar al general Díaz, por medio de las armas, a que respete la voluntad nacional.
El Gobierno actual, aunque tiene por origen la violencia y el fraude, desde el
momento que ha sido tolerado por el pueblo, puede tener para las naciones ex-
tranjeras ciertos títulos de legalidad hasta el 30 del mes entrante en que expiran
sus poderes; pero como es necesario que el nuevo gobierno dimanado del último
fraude no pueda recibirse ya del poder o por lo menos se encuentre con la mayor
parte de la Nación protestando con las armas en la mano, contra esa usurpación,
he designado el DOMINGO 20 del entrante noviembre para que de las seis de la
tarde en adelante, en todas las pobla­ciones de la República se levanten en armas
bajo el siguiente

29
Nuestra Historia

Plan

1° Se declaran nulas las elecciones para Presidente y Vicepresidente de la Re-


pública, Magistrados a la Suprema Corte de la Nación y Diputados y Sena-
dores, celebradas en junio y julio del corriente año.
2º Se desconoce al actual Gobierno del general Díaz, así como a todas las au-
toridades cuya poder debe dimanar del voto popular, porque además de no
haber ‘sido electas por el pueblo, han perdido los pocos títulos que podían
tener de legalidad, cometiendo y apoyando, con los elementos que el pueblo
puso a su disposición para la defensa de sus intereses, el fraude electoral más
escandaloso que registra la historia de México.
3º Para evitar hasta donde sea posible los trastornos inherentes a todo movi-
miento revolucionario, se declaran vigentes, a reserva de reformar oportu-
namente por los medios constitucionales aquellas que requieran re­formas,
todas las leyes promulgadas por la actual administración y sus reglamentos
respectivos, a excepción de aquellas que manifiestamente se hallen en pugna
con los principios proclamados en este Plan. Igualmen­te se exceptúan las
leyes, fallos de tribunales y decretos que hayan sancio­nado las cuentas y
manejos de fondos de todos los funcionarios de la ad­ministración porfirista
en todos los ramos; pues tan pronto como la revolu­ción triunfe, se iniciará
la formación de comisiones de investigación para dictaminar acerca de las
responsabilidades en que hayan podido incurrir los funcionarios de la Fede-
ración, de los Estados y de los Municipios.
En todo caso serán respetados los compromisos contraídos por la admi­
nistración porfirista con gobiernos y corporaciones extranjeras antes del 20
del entrante.
Abusando de la ley de terrenos baldíos, numerosos pequeños propietarios,
en su mayoría indígenas, han sido despojados de sus terrenos, por acuerdo
de la Secretaría de Fomento, o por fallos de los tribunales de la República.
Siendo de toda justicia restituir a sus antiguos poseedores los terrenos de
que se les despojó de un modo tan arbitrario, se declaran sujetas a revisión
tales disposiciones y fallos y se les exigirá a los que los adquirieron de un
modo tan inmoral, o a sus herederos, que los restituyan a sus primitivos
propietarios, a quienes pagarán también una indemnización por los per­
juicios sufridos. Sólo en caso de que esos terrenos hayan pasado a tercera
persona antes de la promulgación de este Plan, los antiguos propietarios re-
cibirán indemnización de aquellos en cuyo beneficio se verificó el despojo.
4º Además de la constitución y leyes vigentes, se declara Ley Suprema de la
República el principio de No REELECCIÓN del Presidente y Vicepresiden-
te de la República, de los Gobernadores de los Estados y de los Presidentes
Municipales, mientras se hagan las reformas constitucionales respectivas.

30
To m o I . E l s i g l o x x

5º Asumo el carácter de Presidente Provisional de los Estados Unidos Mexica-


nos con las facultades necesarias para hacer la guerra al Gobierno usurpador
del general Díaz.
Tan pronto como la capital de la República y más de la mitad de los Esta-
dos de la Federación estén en poder de las fuerzas del Pueblo, el Pre­sidente
Provisional convocará a elecciones generales extraordinarias para un mes
después y entregará el poder al Presidente que resulte electo, tan luego como
sea conocido el resultado de la elección.
6º El Presidente Provisional, antes de entregar el poder, dará cuenta al Con-
greso de la Unión del uso que haya hecho de las facultades que le confiere el
presente Plan.
7º El día 20 de noviembre, desde las seis de la tarde en adelante, todos los ciu-
dadanos de la República tomarán las armas para arrojar del poder a las au-
toridades que actualmente gobiernan. Los pueblos que estén retira­dos de las
vías de comunicación lo harán desde la víspera.
8º Cuando las autoridades presenten resistencia armada, se les obligará por la
fuerza de las armas a respetar la voluntad popular, pero en este caso las leyes
de la guerra serán rigurosamente observadas, llamándose especial­mente la
atención sobre las prohibiciones relativas a no usar balas explosi­vas ni fusi-
lar a los prisioneros. También se llama la atención respecto al deber de todo
mexicano de respetar a los extranjeros en sus personas e intereses.
9º Las autoridades que opongan resistencia a la realización de este Plan serán
reducidas a prisión para que se les juzgue por los tribunales de la Repúbli-
ca cuando la revolución haya terminado. Tan pronto como cada ciudad o
pueblo recobre su libertad, se reconocerá como autoridad legítima provi-
sional al principal jefe de las armas, con facultad de delegar sus fun­ciones
en algún otro ciudadano caracterizado, quien será confirmado en su cargo
o removido por el Gobierno Provisional.Una de las principales medidas del
Gobierno Provisional será poner en libertad a todos los presos políticos.
10º El nombramiento de Gobernador Provisional de cada Estado que haya sido
ocupado por las fuerzas de la revolución será hecho por el Presi­dente Pro-
visional. Este Gobernador tendrá la estricta obligación de convo­car a elec-
ciones para Gobernador Constitucional del Estado, tan pronto como sea
posible, a juicio del Presidente Provisional. Se exceptúan de esta regla los
Estados que de dos años a esta parte han sostenido campañas de­mocráticas
para cambiar de gobierno, pues en éstos se considerará como Gobernador
provisional al que fue candidato del pueblo siempre que se adhiera activa-
mente a este Plan.
En caso de que el Presidente Provisional no haya hecho el nom­bra­mien­­
to de Gobernador, que este nombramiento no haya llegado a su destino o
bien que el agraciado no aceptara por cualquiera circunstancia, entonces
el Gobernador será designado por votación de todos los Jefes de las armas
que operen en el territorio del Estado respectivo, a reserva de que su nom­

31
Nuestra Historia

bramiento sea ratificado per el Presidente Provisional tan pronto como sea
posible.
11º Las nuevas autoridades dispondrán de todos los fondos que se en­cuentren
en todas las oficinas públicas para los gastos ordinarios de la administración;
para los gastos de la guerra, contratarán empréstitos voluntarios o forzosos.
Estos últimos sólo con ciudadanos o instituciones nacio­nales. De estos em-
préstitos se llevará una cuenta escrupulosa y se otorgarán recibos en debida
forma a los interesados a fin de que al triunfar la revo­lución se les restituya
lo prestado.

Transitorio

A. Los jefes de las fuerzas voluntarias tomarán el grado que corresponda al


número de fuerzas a su mando. En caso de operar fuer­zas voluntarias y mi-
litares unidas, tendrá el mando de ellas el mayor de graduación, pero en caso
de que ambos jefes tengan el mismo grado, el mando será del jefe militar.
Los jefes civiles disfrutarán de dicho grado mientras dure la guerra, y una
vez terminada, esos nombramientos, a solicitud de los interesados, se revi-
sarán por la Secretaría de Guerra, que los ratificará en su grado o los recha-
zará, según sus méritos.
B. Todos los jefes, tanto civiles como militares, harán guardar a sus tro­pas la
más estricta disciplina, pues ellos serán responsables ante el Gobierno Pro-
visional de los desmanes que cometan las fuerzas a su mando, salvo que jus-
tifiquen no haberles sido posible contener a sus soldados y haber impuesto
a los culpables el castigo merecido.
Las penas más severas serán aplicadas a los soldados que saqueen alguna
población o que maten a prisioneros indefensos.
C. Si las fuerzas y autoridades que sostienen al general Díaz fusilan a los prisio-
neros de guerra, no por eso y como represalias se hará lo mismo con los de
ellos que caigan en poder nuestro; pero en cambio serán fusila­dos, dentro de
las veinticuatro horas y después de un juicio sumario, las autoridades civiles
y militares al servicio del general Díaz que una vez esta­llada la revolución
hayan ordenado, dispuesto en cualquier forma, trasmi­tido la orden o fusila-
do a alguno de nuestros soldados.
De esa pena no se eximirán ni los más altos funcionarios, la única excep­ción
será el general Díaz y sus ministros, a quienes en caso de ordenar di­chos
fusilamientos o permitirlos, se les aplicará la misma pena, pero después de
haberlos juzgado por los tribunales de la República, cuando ya haya termi-
nado la Revolución.
En caso de que el general Díaz disponga que sean respetadas las leyes de
guerra, y que se trate con humanidad a los prisioneros que caigan en sus
manos, tendrá la vida salva; pero de todos modos deberá responder ante

32
To m o I . E l s i g l o x x

los tribunales de cómo ha manejado los caudales de la Nación y de cómo ha


cumplido con la ley.
D. Como es requisito indispensable en las leyes de la guerra que las tro­pas beli-
gerantes lleven algún uniforme o distintivo y como sería difícil uniformar a
las numerosas fuerzas del pueblo que van a tomar parte en la contienda, se
adoptará como distintivo de todas las fuerzas libertadoras, ya sean volunta-
rias o militares, un listón tricolor; en el tocado o en el brazo.

Conciudadanos:

Si os convoco para que toméis las armas y derroquéis al Gobierno del general Díaz,
no es solamente por el atentado que cometió du­rante las últimas elecciones, sino
para salvar a la Patria del porvenir som­brío que le espera continuando bajo su dic-
tadura y bajo el gobierno de la nefanda oligarquía científica, que sin escrúpulo y a
gran prisa están absor­biendo y dilapidando los recursos nacionales, y si permitimos
que continúe en el poder, en un plazo muy breve habrán completado su obra: habrá
llevado al pueblo a la ignominia y lo habrá envilecido; le habrán chupado todas
sus riquezas y dejado en la más absoluta miseria; habrán causado la bancarrota
de nuestra Patria, que débil, empobrecida y maniatada se en­contrará inerme para
defender sus fronteras, su honor y sus instituciones.
Por lo que a mí respecta, tengo la conciencia tranquila y nadie podrá acusarme
de promover la revolución por miras personales, pues está en la conciencia na-
cional que hice todo lo posible para llegar a un arreglo pací­fico y estuve dispuesto
hasta a renunciar mi candidatura siempre que el general Díaz hubiese permitido a
la Nación designar aunque fuese al Vice­presidente de la República; pero, dominado
por incomprensible orgullo y por inaudita soberbia, desoyó la voz de la Patria y
prefirió precipitarla en una revolución antes de ceder un ápice, antes de devolver al
pueblo un áto­mo de sus derechos, antes de cumplir, aunque fuese en las postrime-
rías de su vida, parte de las promesas que hizo en la Noria y Tuxtepec.
Él mismo justificó la presente revolución cuando dijo: “Que ningún ciudadano
se imponga y perpetúe en el ejercicio del poder y ésta será la última revolución. “
Si en el ánimo del general Díaz hubiesen pesado más los intereses de la Patria
que los sórdidos intereses de él y de sus consejeros, hubiera evitado esta revolución,
haciendo algunas concesiones al pueblo; pero ya que no lo hizo... ¡ tanto mejor!, el
cambio será más rápido y más radical, pues el pueblo mexicano, en vez de lamen-
tarse como un cobarde, aceptará como un valiente el reto, y ya que el general Díaz
pretende apoyarse en la fuerza bruta para imponerle un yugo ignominioso, el pue-
blo recurrirá a esa misma fuerza para sacudirse ese yugo, para arrojar a ese hombre
funesto del poder y para reconquistar su libertad.

San Luis Potosí, 5 de octubre de 1910


Francisco I. Madero

33
Manifiesto a la Nación

Mexicanos:

Cuando, según el Plan de San Luis Potosí, os invité a tomar las armas para reconquis-
tar las libertades y los derechos perdidos, acudisteis a mi llamado y, en seis meses,
debido a nuestro heroico esfuerzo, derrocamos al régimen dictatorial que por trein-
ta y cinco años oprimió a la patria. Hemos obtenido un triunfo completo. En lo su-
cesivo la justicia será igual lo mismo para el rico que para el pobre, para el poderoso
o para el humilde; la libertad cobijará en sus anchos pliegues a todos los mexicanos
para que, unidos fraternalmente trabajemos por el engrandecimiento de la patria.
De haberse continuado la revolución hasta el fin, hubiera sido yo quien gober-
nara el país en calidad de Presidente Provisional y quien convocara a elecciones
generales, según lo estipulado en el mismo Plan de San Luis Potosí, pero a fin de
terminar la guerra fratricida nos vimos obligados a probar que no era el triunfo
de determinadas personalidades, sino el de vigorosos principios el que deseába-
mos. Éstos han triunfado; hemos asegurado el porvenir de la República, bajo un
régimen de absoluta libertad.
El general Díaz y don Ramón Corral presentaron sus renuncias, y, aceptadas,
dejaron el poder al señor licenciado don Francisco de la Barra (sic). En vista de
esto, me pareció obrar de acuerdo con los intereses de la Patria, suspendiendo las
hostilidades y poniendo punto final a sangrienta guerra fratricida.
Tanto en los campos de batalla como en el territorio entero de la Repúbli-
ca, debe reconocerse, como legítima autoridad, al licenciado don Francisco de la
Barra, quien llegó al poder por acuerdo mutuo de ambos partidos contendientes.
Es imposible que yo siga asumiendo el cargo de Presidente Provisional, y por ese
motivo hago formal renuncia ante la Nación y ante todos mis compatriotas que me
siguieron, cuando los invité a los comicios en junio del año próximo pasado, y que
después me siguieron con las armas en la mano para reconquistar sus libertades.
Así espero que ahora todos secunden mis esfuerzos para restablecer pronta-
mente la paz y la tranquilidad de la República. Muy pronto el pueblo mexicano
disfrutará el bienestar que debe proporcionarle el nuevo régimen de gobierno que
hoy se inaugura, con la Presidencia del señor de la Barra, quien ha admitido tan alto
y honroso puesto, únicamente con la mira de servir a su Patria y de ser un inter-
mediario ante el gobierno despótico del general Díaz, y el gobierno eminentemente
Popular que resultará de las próximas elecciones generales.

35
Nuestra Historia

El señor licenciado de la Barra no tiene más apoyo en el poder que la opinión


pública, y ésta, unánimemente proclama los principios de la revolución; de tal modo,
que podemos decir que el actual presidente de la República está enteramente con
nosotros. A ello lo ha llevado el alto sentimiento de justicia y enaltecido patriotismo
de que ha dado pruebas; a el lo lo han llevado el tacto que tuvo al formar su actual
gabinete en el cual están ampliamente representados los elementos que llevaron a
cabo la actual revolución, los cuales han sido designados de mutuo acuerdo entre cl
señor de la Barra y los principales de la revolución a quienes pude consultar.
Espero, pues, que así como públicamente reconozco al señor licenciado don
Francisco L. de la Barra, como presidente interino de México, todos mis conciu-
dadanos que han defendido los principios de la revolución, y que me reconocen
como su Presidente Provisional, deben de reconocer en lo sucesivo al señor de la
Barra, con el carácter indicado, y secundarlo eficazmente para el restablecimiento
del orden y la tranquilidad de la República.
Los que tantos años fueron víctimas de la tiranía, no pueden temer celada algu-
na de sus antiguos opresores; no deben temer nada, porque el pueblo ha demostra-
do ya su omnipotencia y yo, antes de renunciar a la Presidencia Provisional. con-
certé con el señor de la Barra, medidas que aseguraran las aspiraciones nacionales
para las próximas elecciones, y que la voluntad del pueblo sea respetada. Entre esas
medidas está la renuncia de todos los gobernadores, que deberán ser substituidos
por ciudadanos que sean una garantía para el nuevo régimen. Puede objetarse que
esto constituye un ataque a la soberanía de los Estados; pero con la franqueza que
siempre me ha caracterizado, declaro: que si se ha convenido en que el señor de la
Barra ocupe la Presidencia, es porque considero que es un hombre honorable, que
nunca ha servido de instrumento para burlar el voto popular. No digo lo mismo
respecto de los Gobernadores ni de las Legislaturas, ni tampoco del general Porfi-
rio Díaz, ni de don Ramón Corral, y si, contrariando el Plan de San Luis Potosi, he
aceptado, en nombre dela revolución, que sigan funcionando las Cámaras Federa-
les y las Legislaturas de los Estados, es por evitarnos mayores trastornos y dificulta-
des, y siempre que francamente acepten las Cámaras el nuevo régimen.
Considero que el partido revolucionario ha hecho amplias concesiones al régi-
men antiguo, y si en ese documento lo hago constar así, es porque es conveniente que
el nuevo gobierno, apoyado eficazmente por el partido emanado de la revolución,
pueda obrar con libertad a fin de dar cumplimiento a las aspiraciones nacionales.
Los gobernadores designados, unos por el pueblo y otros que han sido can-
didatos en diversas oportunidades, y los nuevos que surjan, serán nombrados de
acuerdo con las aspiraciones populares, serán una garantía para las libertades fu-
turas, tanto más cuanto que podrán, según los faculta la Constitución, dejar en pie
de guerra o en calidad de milicias del Estado, parte de las fuerzas insurrectas que
estimen convenientes.
Algunos sacrificios reportará la Nación porque no se pueden satisfacer con
amplitud todas las aspiraciones contenidas en la cláusula tercera del Plan de San
Luis Potosí; pero las pérdidas que haya por este capítulo, serán indudablemente

36
To m o I . E l s i g l o x x

inferiores a las que hubiere ocasionado la prolongación de la guerra. Además, por


los medios constitucionales, procuraremos satisfacer los legítimos derechos con-
culcados a que se refiere dicha cláusula.
En cuanto a los grados militares que corresponden a los jefes de la revolución,
se reconocerán según el Plan de San Luis Potosí, por los Gobernadores de los Es-
tados, y se nombrará una comisión que determine cuáles deberán ser gratificados
por el Gobierno Federal.
Mexicanos: cuando os invité a tomar las armas, os dije que fuéseis invenci-
bles en la guerra y magnánimos en la victoria. Habéis cumplido fielmente con mi
recomendación, causando admiración del mundo entero, pues bien: ahora os re-
comiendo que como habéis sabido empuñar las armas para defender vuestros de-
rechos, sigáis con ellas en calidad de guardias nacionales, y pongáis a gran altura
vuestros nuevos deberes, que consisten en hacer guardar el orden, que constituye
una garantía que da a la sociedad el nuevo régimen de cosas. Los que os retiréis a la
vida privada, esgrimid la nueva arma que habéis conquistado:
EL voto. Usad libremente de esta poderosísima arma, y pronto veréis que ella
os proporciona victorias más importantes y más duraderas que las que os ha pro-
porcionado vuestro rifle.
Al retirarme a la vida privada en calidad de simple ciudadano, seguiré consi-
derándome jefe del actual partido revolucionario, y colaboraré con el gobierno del
señor licenciado de la Barra poniendo a su servicio todas mis energías. Comprendo
que, desde el momento que fui quien promovió la revolución, soy el jefe del partido
de ella y tengo el sagrado deber de contribuir al restablecimiento del orden y la paz
pública. También debo seguir velando por los intereses del Partido político que
depositó en mí su confianza.
Lo único que pido a todos mis conciudadanos es que colaboren conmigo y con
el actual gobierno, para que todos unidos dediquemos nuestros esfuerzos a trabajar
por el engrandecimiento y gloria de nuestra querida Patria.

Sufragio efectivo. No reelección.

Ciudad Juárez, 26 de mayo de 1911


Francisco I. Madero

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Manifiesto del Partido Liberal Mexicano

Mexicanos:

La Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano ve con simpatía vuestros es-
fuerzos para poner en práctica los altos ideales de emancipación política, económi-
ca y social, cuyo imperio sobre la tierra pondrá fin a esa ya bastante larga contienda
del hombre contra el hombre, que tiene su origen en la desigualdad de fortunas que
nace del principio de la propiedad privada.
Abolir ese principio significa el aniquilamiento de todas las instituciones políti-
cas, económicas, sociales, religiosas y morales que componen el ambiente dentro del
cual se asfixian la libre iniciativa y la libre asociación de los seres humanos que se ven
obligados, para no perecer, a entablar entre si una encarnizada competencia, de la
que salen triunfantes, no los más buenos, ni los más abnegados, ni los mejor dotados
en lo físico, en lo moral o en lo intelectual, sino los más astutos, las más egoístas, los
menos escrupulosos, los más duros de corazón, los que colocan su bienestar perso-
nal sobre cualquier consideración de humana solidaridad y de humana justicia.
Sin el principio de la propiedad privada no tiene razón de ser el gobierno, nece-
sario tan sólo para tener a raya a los desheredados en sus querellas o en sus rebeldías
contra los detentadores de la riqueza social; ni tendrá razón de ser la Iglesia, cuyo ex-
clusivo objeto es estrangular en el ser humano la innata rebeldía contra la opresión
y la explotación por la prédica de la paciencia, de la resignación y de la humildad,
acallando los gritos de los instintos más poderosos y fecundos con la práctica de
penitencias inmorales, crueles y nocivas a la salud de las personas, y, para que los
pobres no aspiren a los goces de la tierra y constituyan un peligro para los privilegios
de los ricos, prometen a los humildes, a los más resignados, a los más pacientes, un
cielo que se mece en el infinito, más allá de las estrellas que se alcanzan a ver...
Capital, Autoridad, Clero: he ahí la trinidad sombría que hace de esta bella
tierra un paraíso para los que han logrado acaparar en sus garras por la astucia,
la violencia y el crimen, el producto del sudor, de la sangre, de las lágrimas y del
sacrificio de miles de generaciones de trabajadores, y un infierno para los que con
sus brazos y su inteligencia trabajan la tierra, mueven la maquinaria, edifican las
casas, transportan los productos, quedando de esa manera dividida la humanidad
en dos clases sociales de intereses diametralmente opuestos: la clase capitalista y
la clase trabajadora; la clase que posee la tierra, la maquinaria de producción y los
medios de transportación de las riquezas, y de la clase que no cuenta más que con
sus brazos y su inteligencia para proporcionarse el sustento.

39
Nuestra Historia

Entre estas dos clases sociales no puede existir vinculo alguno de amistad ni de
fraternidad, porque la clase poseedora está siempre dispuesta a perpetuar el siste-
ma económico, político y social que garantiza el tranquilo disfrute de sus rapiñas,
mientras la clase trabajadora hace esfuerzos por destruir ese sistema inicuo para
instaurar un medio en el cual la tierra, las casas, la maquinaria de producción y los
medios de transportación sean de uso común.
Mexicanos: El Partido Liberal Mexicano reconoce que todo ser humano, por
el solo hecho de venir a la vida, tiene derecho a gozar de todas y cada una de las
ventajas que la civilización moderna ofrece, porque esas ventajas son el producto
del esfuerzo y del sacrificio de la clase trabajadora de todos los tiempos.
El Partido Liberal Mexicano reconoce, como necesario, el trabajo para la sub-
sistencia, y, por lo tanto, todos, con excepción de los ancianos, de los impedidos
e inútiles y de los niños, tienen que dedicarse a producir algo útil para poder dar
satisfacción a sus necesidades.
El Partido Liberal Mexicano reconoce que el llamado derecho de propiedad indi-
vidual es un derecho inicuo, porque sujeta al mayor número de seres humanos a tra-
bajar y a sufrir para la satisfacción y el ocio de un pequeño número de capitalistas.
El Partido Liberal Mexicano reconoce que la Autoridad y el Clero son el sostén
de la iniquidad Capital, y por lo tanto, la Junta Organizadora del Partido Liberal
Mexicano ha declarado solemnemente guerra a la Autoridad, guerra al Capital,
guerra al Clero.
Contra el Capital, la Autoridad y el Clero el Partido Liberal Mexicano tiene
enarbolada la bandera roja en los campos de la acción en México, donde nuestros
hermanos se baten como leones, disputando la victoria a las huestes de la burguesía
o sean: maderistas, reyistas, vazquistas, científicos, y tantas otras cuyo único propó-
sito es encumbrar a un hombre a la primera magistratura del país, para hacer nego-
cio a su sombra sin consideración alguna a la masa entera de la población de México,
y reconociendo, todas ellas, como sagrado, el derecho de propiedad individual.
En estos momentos de confusión, tan propicios para el ataque contra la opre-
sión y la explotación; en estos momentos en que la Autoridad, quebrantada, des-
equilibrada, vacilante, acometida por todos sus flancos por las fuerzas de todas las
pasiones desatadas, por la tempestad de todos los apetitos avivados por la esperan-
za de un próximo hartazgo; en estos momentos de zozobra, de angustia, de terror
para todos los privilegios, masas compactas de desheredados invaden las tierras,
queman los títulos de propiedad, ponen las manos creadoras sobre la fecunda tie-
rra y amenazan con el puño a todo lo que ayer era respetable: Autoridad y Clero;
abren el surco, esparcen la semilla y esperan, emocionados, los primeros frutos de
un trabajo libre.
Éstos son, mexicanos, los primeros resultados prácticos de la propaganda y de
la acción de los soldados del proletariado, de los generosos sostenedores de nues-
tros principios igualitarios, de nuestros hermanos que desafían toda imposición y
toda explotación con este grito de muerte para todos los de arriba y de vida y de
esperanza para todos los de abajo: ¡Viva Tierra y Libertad!

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To m o I . E l s i g l o x x

La tormenta se recrudece día a día: maderistas, vazquistas, reyistas, científicos,


delabarristas os llaman a gritos, mexicanos, a que voléis a defender sus desteñidas
banderas, protectoras de los privilegios de la clase capitalista. No escuchéis las dulces
canciones de esas sirenas, que quieren aprovecharse de vuestro sacrificio para estable-
cer un gobierno, esto es, un nuevo perro que proteja los intereses de los ricos. ¡Arriba
todos; pero para llevar a cabo la expropiación de los bienes que detentan los ricos!
La expropiación tiene que ser llevada a cabo a sangre y fuego durante este gran-
dioso movimiento, como lo han hecho y lo están haciendo nuestros hermanos los
habitantes de Morelos, Sur de Puebla, Michoacán, Guerrero, Veracruz, Norte de
Tamaulipas, Durango, Sonora, Sinaloa, Jalisco, Chihuahua, Oaxaca, Yucatán, Quin-
tana Roo y regiones de otros Estados, según ha tenido que confesar la misma prensa
burguesa de México, en que los proletarios han tomado posesión de la tierra sin
esperar a que un Gobierno paternal se dignase hacerlos felices, conscientes de que
no hay que esperar nada bueno de los Gobiernos y de que “La emancipación de los
trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos”.
Estos primeros actos de expropiación han sido coronados por el más risueño
de los éxitos; pero no hay que limitarse a tomar tan sólo posesión de la tierra y de
los implementos de agricultura: hay que tomar resueltamente posesión de todas las
industrias por los trabajadores de las mismas, consiguiéndose de esa manera que las
tierras, las minas, las fábricas, los talleres, las fundiciones, los carros, los ferrocarri-
les, los barcos, los almacenes de todo género y las casas queden en poder de todos y
cada uno de los habitantes de México, sin distinción de sexo.
Los habitantes de cada región en que tal acto de suprema justicia se lleve a cabo
no tienen otra cosa que hacer que ponerse de acuerdo para que todos los efectos que
se hallen en las tiendas, almacenes, graneros, etcétera, sean conducidos a un lugar
de fácil acceso para todos, donde hombres y mujeres de buena voluntad practicarán
un minucioso inventario de todo lo que se haya recogido, para calcular la duración
de esas existencias, teniendo en cuenta las necesidades y el número de los habitantes
que tienen que hacer uso de ellas, desde el momento de la expropiación hasta que en
el campo se levanten las primeras cosechas y en las demás industrias se produzcan
los primeros efectos.
Hecho el inventario, los trabajadores de las diferentes industrias se entenderán
entre sí fraternalmente para regular la producción; de manera que, durante este
movimiento, nadie carezca de nada, y sólo se morirán de hambre aquellos que no
quieran trabajar, con excepción, de los ancianos, los impedidos y los niños, que
tendrán derecho a gozar de todo.
Todo lo que se produzca será enviado al almacén general en la comunidad del
que todos tendrán derecho a tomar todo lo que necesiten según sus necesidades,
sin otro requisito que mostrar una contraseña que demuestre que está trabajando
en tal o cual industria.
Como la aspiración del ser humano es tener el mayor número de satisfacciones
con el menor esfuerzo posible, el medio más adecuado para obtener ese resultado es
el trabajo en común de la tierra y de las demás industrias. Si se divide la tierra y cada

41
Nuestra Historia

familia toma un pedazo, además del grave peligro que se corre de caer nuevamente
en el sistema capitalista, pues no faltarán hombres astutos o que tengan hábitos
de ahorro que logren tener más que otros y puedan a la larga poder explotar a sus
semejantes; además de este grave peligro está el hecho de que si una familia trabaja
un pedazo de tierra, tendrá quetrabajar tanto o más que como se hace hoy bajo el
sistema de la propiedad individual para obtener el mismo resultado mezquino que
se obtiene actualmente; mientras que si se une la tierra y la trabajan en común los
campesinos, trabajaran menos y producirán más. Por supuesto que no ha de faltar
tierra para que cada persona pueda tener su casa y un buen solar para dedicarlos
a los usos que sean de su agrado. Lo mismo que se dice del trabajo en común de
la tierra, puede decirse del trabajo en común de la fábrica, del taller, etcétera; pero
cada quien, según su temperamento, según sus gustos, según sus inclinaciones po-
drá escoger el género de trabajo que mejor le acomode, con tal de que produzca lo
suficiente para cubrir sus necesidades y no sea una carga para la comunidad.
Obrándose de la manera apuntada, esto es, siguiendo inmediatamente a la
expropiación la organización de la producción libre ya de amos y basada en las
necesidades de los habitantes de cada región, nadie carecerá de nada a pesar del
movimiento armado, hasta que, terminado este movimiento con la desaparición
del último burgués y de la última autoridad o agente de ella, hecha pedazos la ley
sostenedora de privilegios y puesto todo en manos de los que trabajan, nos estre-
chemos todos en fraternal abrazo y celebremos con gritos de júbilo la instauración
de un sistema que garantizará a todo ser humano el pan y la libertad,
Mexicanos: Por esto es por lo que lucha el Partido Liberal Mexicano. Por esto
es por lo que derrama su sangre generosa una pléyade de héroes, que se baten bajo
la bandera roja al grito prestigioso de ¡Tierra y Libertad!
Los liberales no han dejado caer las armas a pesar de los tratados de paz del
traidor Madero con el tirano Díaz, y a pesar también, de las incitaciones de la bur-
guesía, que ha tratado de llenar de oro sus bolsillos, y esto ha sido así, porque
los liberales somos hombres convencidos de que la libertad política no aprovecha a los
pobres, sino a los cazadores de empleos, y nuestro objeto no es alcanzar em-
pleos ni distinciones, sino arrebatarlo todo de las manos de la burguesía, para que
todo quede en poder de los trabajadores.
La actividad de las diferentes banderías políticas que en estos momentos se
disputan la supremacía, para hacerla que triunfe, exactamente lo mismo que hizo el
tirano Porfirio Díaz, porque ningún hombre, por bien intencionado que sea, puede
hacer algo en favor de la clase pobre cuando se encuentra en el Poder; esa actividad
ha producido el caos que debemos aprovechar los desheredados, tomando ventajas
de las circunstancias especiales en que se encuentra el país, para poner en práctica,
sin pérdida de tiempo, sobre la marcha, los ideales sublimes del Partido Liberal
Mexicano, sin esperar a que se haga la paz para efectuar la expropiación, pues para
entonces ya se habrán agotado las existencias de efectos en las tiendas, graneros,
almacenes y otros depósitos, y como al mismo tiempo, por el estado de guerra en
que se habrá encontrado el país, la producción se habrá suspendido, el hambre

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To m o I . E l s i g l o x x

sería la consecuencia de la lucha, mientras que efectuando la expropiación y la or-


ganización del trabajo libre durante el movimiento, ni se carecerá de lo necesario
en medio del movimiento ni después.
Mexicanos: si queréis ser de una vez libres no luchéis por otra causa que no sea
la del Partido Liberal Mexicano. Todos os ofrecen libertad política para después del
triunfo: los liberales os invitamos a tomar la tierra, la maquinaria, los medios de
transportación y las casas desde luego, sin esperar a que nadie os de todo ello, sin
aguardar a que una ley decrete tal cosa, porque las leyes no son hechas por los po-
bres sino por Señores de levita, que se cuidan de hacer leyes en contra de su Casta.
Es el deber de nosotros los pobres trabajar y luchar por romper las cadenas que
nos hacen esclavos. Dejar la solución de nuestros problemas a las clases educadas
y ricas es ponernos voluntariamente entre sus garras. Nosotros los plebeyos; nos­
otros los andrajosos; nosotros los hambrientos; los que no tenemos un terrón don-
de reclinar la cabeza; los que vivimos atormentados por la incertidumbre del pan
de mañana para nuestras compañeras y nuestros hijos; los que, llegados a Viejos,
somos despedidos ignominiosamente porque ya no podemos trabajar, toca a noso­
tros hacer esfuerzos poderosos, sacrificios mil para destruir hasta sus cimientos el
edificio de la vieja sociedad, que ha sido hasta aquí una madre cariñosa para los
ricos y los malvados, y una madrastra huraña para los que trabajan y son buenos.
Todos los males que aquejan al ser humano provienen del sistema actual, que obli-
ga a la mayoría de la humanidad a trabajar y a sacrificarse para que una minoría privi-
legiada satisfaga todas sus necesidades y aun todos sus caprichos, viviendo en la ociosi-
dad y en el vicio. Y menos malo si todos los pobres tuvieran asegurado el trabajo; como
la producción no está arreglada para satisfacer las necesidades de los trabajadores sino
para dejar utilidades a los burgueses, éstos se dan maña para no producir más que lo
que calculan que pueden expender, y de ahí los paros periódicos de las industrias o la
restricción del número de trabajadores, que proviene, también del hecho del perfeccio-
namiento de la maquinaria, que suple con ventaja los brazos del proletariado.
Para acabar con todo eso es preciso que los trabajadores tengan en sus manos
la tierra y la maquinaría de producción, y sean ellos los que regulen la producción
de las riquezas atendiendo a las necesidades de ellos mismos.
El robo, la prostitución, el asesinato, el incendiarismo, la estafa, productos son
del sistema que coloca al hombre y a la mujer en condiciones en que para no morir
de hambre se ven obligados a tomar de donde hay o a prostituirse, pues en la ma-
yoría de los casos, aunque se tengan deseos grandísimos de trabajar, no se consigue
trabajo, o es éste tan mal pagado, que no alcanza el salario ni para cubrir las más
imperiosas necesidades del individuo y de la familia, aparte de que la duración del
trabajo bajo el presente sistema capitalista y las condiciones en que se efectúa, aca-
ban en poco tiempo con la salud del trabajador, y aun con su vida, en las catástrofes
industriales, que no tienen otro origen que el desprecio con que la clase capitalista
ve a los que se sacrifican por ella.
Irritado el pobre por la injusticia de que es objeto; colérico ante el lujo insul-
tante que ostentan los que nada hacen; apaleado en las calles por el polizonte por

43
Nuestra Historia

el delito de ser pobre; obligado a alquilar sus brazos en trabajos que no son de su
agrado; mal retribuido, despreciado por todos los que saben más que él o por los
que por dinero se creen superiores a los que nada tienen; ante la expectativa de una
vejez tristísima y de una muerte de animal despedido de la cuadra por inservible;
inquieta ante la posibilidad de quedar sin trabajo de un día para otro; obligado a ver
como enemigo aun a los mismos de su clase, porque no sabe quién de ellos será el
que vaya a alquilarse por menos de lo que él gana, es natural que en estas circuns-
tancias se desarrollen en el ser humano instintos antisociales y sean el crimen, la
prostitución, la deslealtad, los naturales frutos del viejo y odioso sistema, que que-
remos destruir hasta en sus más profundas raíces para crear uno nuevo de amor, de
igualdad, de justicia, de fraternidad, de libertad.
¡Arriba todos como un solo hombre! En las manos de todos están la tranqui-
lidad, el bienestar, la libertad, la satisfacción de todos los apetitos sanos; pero no
nos dejemos guiar por directores; que cada quien sea el amo de sí mismo; que todo
se arregle por el consentimiento mutuo de las individualidades libres. ¡Muera la
esclavitud! ¡Muera el hambre! ¡Viva Tierra y Libertad!
Mexicanos: con la mano puesta en el corazón y con nuestra conciencia tranqui-
la, os hacemos un formal y solemne llamamiento a que adoptéis, todos, hombres
y mujeres los altos ideales del Partido Liberal Mexicano. Mientras haya pobres y
ricos, gobernantes y gobernados, no habrá paz, ni es de desearse que la haya porque
esa paz estaría fundada en la desigualdad política, económica y social, de millones
de seres humanos que sufren hambre, ultrajes, prisión y muerte, mientras una pe-
queña minoría goza toda suerte de placeres y de libertades por no hacer nada.
¡A la lucha!; a expropiar con la idea del beneficio para todos y no para unos
cuantos, que esta guerra no es una guerra de bandidos, sino de hombres y mujeres
que desean que todos sean hermanos y gocen, como tales, de los bienes que nos
brinda la Naturaleza y el brazo y la inteligencia del hombre han creado, con la única
condición de dedicarse cada quien a un trabajo verdaderamente útil.
La libertad y el bienestar están al alcance de nuestras manos. El mismo esfuerzo
y el mismo sacrificio que cuesta elevar a un gobernante, esto es, un tirano, cuesta
la expropiación de los bienes que detentan los ricos. A escoger, pues: o un nuevo
gobernante, esto es, un nuevo yugo, o la expropiación salvadora y la abolición de
toda imposición religiosa, política o de cualquier otro orden.

Estando en la ciudad de los Angeles, estado California,


Estados Unidos de América, a los 23 días del mes de septiembre de 1911.
Ricardo Flores Magón
Librado Rivera
Anselmo L. Figueroa
Enrique Flores Magón

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Plan de Ayala

Plan libertador de los hijos del Estado de Morelos, afiliados al Ejército insurgente
que defienden el cumplimiento del Plan de San Luis Potosí con las Reformas que ha
creído conveniente aumentar en beneficio de la Patria Mexicana.
Los que suscribimos, constituidos en Junta Revolucionaria para sostener y lle-
var a cabo las promesas que hizo la revolución de 20 de noviembre de 1910, próxi-
mo pasado, declaramos solemnemente ante la faz del mundo civilizado que nos
juzga y ante la Nación á que pertenecemos y amamos, los principios que hemos
formulado para acabar con la tiranía que nos oprime; y redimir á la patria de las
dictaduras que se nos imponen las cuales quedan determinadas en el siguiente

Plan

1°. Teniendo en consideración que el pueblo mexicano acaudillado por


Dn. Francisco I. Madero fué á derramar su sangre para reconquistar
sus libertades y reivindicar sus derechos conculcados, y no para que
un hombre se adueñara del poder violando los sagrados principios que
juró defender bajo el tema de “Sufragio Efectivo no-Reelección” ultra-
jando la fé, la causa, la justicia y las libertades del pueblo; teniendo en
consideración: que ese hombre a que nos referimos es Dn. Francisco I.
Madero, el mismo que inició la precipitada revolución el cual impuso
por norma su voluntad é influencia al Gobierno Provicional de Ex-
presidente de la República Lic. Dn. Francisco L. de la Barra por haberle
aclamado el pueblo su Libertador, causando con éste hecho reiterados
derramamientos de sangre, y multiplicara desgracias á la Patria de una
manera solapada y ridícula, no teniendo otras miras que satisfacer sus
ambiciones personales, sus desmedidos instintos de tirano y su pro-
fundo desacato al cumplimiento de las leyes preexistentes emanadas
del inmortal Código de 57 escrito con la sangre de los revolucionarios
de Ayutla; teniendo en consideración: que el llamado Gefe de la revo-
lución libertadora de México Dn. Francisco I. Madero, no llevó á feliz
término la revolución que gloriosamente inició con el apoyo de Dios
y del pueblo; puesto que dejó en pié la mayoría de poderes gubernati-
vos y elementos corrompidos de opresión del gobierno dictatorial de
Porfirio Díaz, que no son, ni pueden ser en manera alguna la legítima

45
Nuestra Historia

representación de la soberanía nacional, y que por ser acérrimos ad-


versarios nuestros y de los principios que hasta hoy defendemos, están
provocando el malestar del país y abriendo nuevas heridas al seno de
la Patria para darle á beber su propia sangre; teniendo en considera-
ción que el supradicho Sr. Francisco I. Madero actual Presidente de la
República trata de eludirse del cumplimiento de las promesas que hizo
á la Nación en el Plan de San Luis Potosí, ciñendo las precipitadas pro-
mesas a los convenios de Ciudad Juárez, ya nulificando, persiguiendo ó
matando a los elementos revolucionarios que le ayudaron a que ocupa-
ra el alto puesto de Presidente de la República por medio de sus falsas
promesas y numerosas intrigas á la Nación; teniendo en consideración
que el tantas veces repetido Sr. Francisco I. Madero ha tratado de ocul-
tar con la fuerza bruta de las bayonetas y de ahogar en sangre á los pue-
blos que le piden, solicitan ó exigen el cumplimiento de sus promesas
en la revolución llamándolos bandidos y rebeldes, condenando á una
guerra de exterminio sin conceder ni otorgar ninguna de las garantías
que prescriben la razón, la justicia y la ley teniendo en consideración
que el Presidente de la República señor Dn. Francisco I. Madero, ha
hecho del Sufragio Efectivo una sangrienta burla al pueblo ya impo-
niendo contra la voluntad del mismo pueblo en la Vice Presidencia de
la República al Lic. José María Pino Suárez, ó ya á los gobernadores de
los Estados designados por él, como el llamado general Ambrosio Fi-
gueroa verdugo y tirano del pueblo de Morelos, y así entrando en con-
tubernio escandaloso con el partido científico, hacendados feudales y
caciques opresores enemigos de la revolución proclamada por él a fin
de forjar nuevas cadenas y de seguir el molde de una nueva dictadura,
más oprobiosa y más terrible que la de Porfirio Díaz, pués ha sido claro
y patente que ha ultrajado la soberanía de los Estados, conculcando
las leyes sin ningún respeto a vidas e intereses, como ha sucedido en
el Est. de Morelos, y, otros conduciéndonos a la más horrorosa anar-
quía que registra la historia contemporánea; por estas consideraciones
declaramos al susodicho Francisco I. Madero, inepto para realizar las
promesas de la revolución de que fué autor, por haber traicionado los
principios con los cuales burló la fé del pueblo, y pudo haber escalado
el poder incapaz para gobernante por no tener ningún respeto á la ley y
á la justicia de los pueblos, y traidor a la Patria por estar á sangre y fue-
go humillando á los mexicanos que desean sus libertades, por compla-
cer á los científicos, hacendados y caciques que nos esclavizan, y desde
hoy comenzamos á continuar la revolución principiada por él, hasta
conseguir el derrocamiento de los poderes dictatoriales que existen.
2°. Se desconoce como Jefe de la Revolución al C. Francisco I. Madero y
como Presidente de la República por las razones que antes se expresan,
procurando el derrumbamiento de este funcionario.

46
To m o I . E l s i g l o x x

3°. Se reconoce como Jefe de la Revolución libertadora al ilustre General


Pascual Orozco, segundo del caudillo Dn. Francisco I. Madero, y en
caso de que no acepte este delicado puesto, se reconocerá como Gefe
de la Revolución al C. General Emiliano Zapata.
4°. La Junta Revolucionaria del Est. de Morelos manifiesta a la Nación
bajo formal protesta que hace suyo el Plan de San Luis Potosí con las
adiciones que a continuación se expresan en beneficio de los pueblos
oprimidos, y se hará defensora de los principios que defiende hasta
vencer ó morir.
5°. La Junta Revolucionaria del Est. de Morelos no admitirá transacciones
ni componendas políticas hasta no conseguir el derrumbamiento de los
elementos dictatoriales de Porfirio Díaz y Dn. Francisco I. Madero; pues
la Nación está cansada de hombres falaces y traidores que hacen pro-
mesa de libertadores, pero que llegando al poder, se olvidan de ellas y se
constituyen en tiranos.
6°. Como parte adicional del Plan que invocamos hacemos constar, que
los terrenos, montes y aguas que hayan usurpado los hacendados cien-
tíficos ó cacíques á la sombra de la tiranía y de la justicia penal entrarán
en poseción de estos bienes inmuebles desde luego los pueblos ó ciu-
dadanos que tengan sus títulos correspondientes á esas propiedades,
de las cuales han sido despojados, por la mala fé de nuestros opresores,
manteniendo á todo trance con las armas en la mano la mencionada
posesión, y los usurpadores que se consideren con derecho á ellos, lo
deducirán ante tribunales especiales que se establezcan al triunfo de la
Revolución.
7°. En virtud de que la inmensa mayoría de los pueblos y ciudadanos
mexicanos, no son más dueños que del terreno que pisan, sufriendo los
horrores de la miseria sin poder mejorar su condición social ni poder
dedicarse á la industria ó á la agricultura por estar monopolizados en
unas cuantas manos las tierras, montes y aguas por esta causa se expro-
piarán previa indemnización de la tercera parte de esos monopolios á
los poderosos propietarios de ellos, á fin de que los pueblos y ciudada-
nos de México obtengan ejidos, colonias, fundos legales para pueblos
ó campos de sembradura ó de labor, y se mejore en todo y para todo la
falta de prosperidad y bienestar de los mexicanos.
8°. Los hacendados, científicos, ó caciques que se opongan directa ó in-
directamente al presente Plan, se nacionalizarán sus bienes y las dos
terceras partes que a ellos les correspondan, se destinarán para indem-
nizaciones de guerra pensiones de viudas y huérfanos de las víctimas
que sucumban en la lucha del presente Plan.
9°. Para ajustar los procedimientos respecto á los bienes antes mencio-
nados, se aplicarán leyes de desamortización y nacionalización según
convenga; pues de norma y ejemplo pueden servir las puestas en vigor

47
Nuestra Historia

por el inmortal Juárez, á los bienes eclesiásticos que escarmentaron á


los déspotas y conservadores, que en todo tiempo han pretendido im-
ponernos el yugo ignominioso de la opresión y del retroceso.
10°. Los Jefes Militares insurgentes de la República; que se levantaron con
las armas en la mano a la voz de Dn. Francisco I. Madero, para defen-
der el Plan de Sn. Luis Potosí y que ahora se opongan con fuerza arma-
da al presente Plan, se juzgarán traidores á la causa que defendieron y á
la Patria, puesto que en la actualidad muchos de ellos por complacer á
los tiranos por un puñado de monedas, ó por cohecho ó soborno están
derramando la sangre de sus hermanos que reclaman el cumplimiento
de las promesas que hizo a la Nación Dn. Francisco I. Madero.
11°. Los gastos de guerra serán tomados conforme á lo que prescribe el
Artículo XI del Plan de San Luis Potosí, y todos los procedimientos
empleados en la Revolución que emprendemos, serán conforme a las
instrucciones mismas que determine el mencionado Plan.
12°. Una vez triunfante la Revolución que hemos llevado á la vía de la reali-
dad, una Junta de los principales Jefes revolucionarios de los diferentes
Estados, nombrarán o designarán un Presidente interino de la Repúbli-
ca, quien convocará á elecciones para la nueva formación del Congreso
de la Unión, y esta á la vez convocará a elecciones para la organización
de los demás poderes federales.
13°. Los principales Jefes revolucionarios de cada Estado en Junta designa-
rán el Gobernador provisional del Estado á que correspondan, y este
elevado funcionario convocará á elecciones para la debida organiza-
ción de los Poderes públicos, con el objeto de evitar consignas forzadas
que labran la desdicha de los pueblos, como la tan conocida consigna
de Ambrosio Figueroa en el Est. de Morelos, y otras que nos conducen
al precipicio de conflictos sangrientos sostenidos por el capricho del
dictador Madero y el círculo de científicos y hacendados que lo han
sugestionado.
14°. Si el Presidente Madero y demás elementos dictatoriales del actual y
antiguo régimen, desean evitar inmensas desgracias que afligen á la Pa-
tria, que hagan inmediata renuncia de los puestos que ocupan, y con
eso, en algo restañarán las graves heridas que han abierto al seno de
la Patria; pues que de no hacerlo así, sobre sus cabezas caerá la sangre
derramada de nuestros hermanos, y
15°. Mexicanos; considerad que la astucia y la mala fé de un hombre está
derramando sangre de una manera escandalosa por ser incapaz para
gobernar, considerad: que su sistema de gobierno está agarrotando á
la Patria hollando con la fuerza bruta de las ballonetas, nuestras ins-
tituciones; y así como nuestras armas las levantamos para elevarlo al
Poder ahora las volveremos contra él por faltar a sus compromisos con
el pueblo mexicano y haber traicionado la revolución iniciada por él:

48
To m o I . E l s i g l o x x

no somos personalistas, somos partidarios de los principios y no de los


hombres.

Pueblo mexicano: apoyad con las armas en la mano este Plan, y hareis la prosperi-
dad y bienestar de la Patria.

Justicia y Ley
Ayala, Nov. 28-1911

General Emiliano Zapata.- General Otilio E. Montaño.- General José Trini-


dad Ruiz.- General Eufemio Zapata.- General Jesús Morales.- General Pró-
culo Capistrán.- General Francisco Mendoza.

Coroneles: Amador Salazar.- Agustín Cázares.- Rael Sánchez.- Cristóbal


Domínguez.- Fermín Omaña.- Pedro Salazar.- Emignio L. Marmolejo.-
Pioquinto Galis.- Manuel Vergara.- Santiago Aguilar.- Cleotilde Sosa.- Julio
Tapia.- Felipe Vaquero.- Jesús Sánchez.- José Ortega.- Julio Aldame.- Al-
fonso Morales.- Quintín González.

Capitanes: Manuel Hernández.- Feliciano Domínguez.- José Pineda Am-


brosio López.- Apolinar Adorno.- Porfirio Cázares.- Antonio Gutiérrez.-
Odilón Pérez.- Agustín Ortiz.- Pedro Balbuena Huertero.- Catarino Ver-
gara.- Margarito Camacho.- Serafín Rivera.- Teófilo Galindo.- Felipe
Torres.- Simón Guevara.- Avelino Cortés.- José María Carrillo.- Jesús Esca-
millas.- Florentino Osorio.- Camerino Menchaca.- Juan Esteves.- Francisco
Mercado.- Sotero Guzmán.- Melesio Rodríguez.- Gegorio García.- José Vi-
llanueva.- L. Franco. J. Estudillo.- F. Caspeta.- P. Campos.-
Tenientes: Alberto Blumenkron.

28 de noviembre de 1911
Emiliano Zapata

49
Plan de Guadalupe

Manifiesto a la Nación

Considerando que el general Victoriano Huerta, a quien el Presidente Constitu-


cional don Francisco I. Madero había confiado la defensa de las insti­tuciones y
legalidad de su Gobierno, al unirse a los enemigos rebelados en contra de ese mis-
mo Gobierno, para restaurar la última dictadura, cometió el delito de traición para
escalar el poder, aprehendiendo a los C. C. Presi­dente y Vicepresidente, así como
a sus Ministros, exigiéndoles por medios vio­lentos las renuncias de sus puestos, lo
cual está comprobado por los mensajes que el mismo general Huerta dirigió a los
Gobernadores de los Estados co­municándoles tener presos a los Supremos Ma-
gistrados de la Nación y su Gabinete. Considerando que los Poderes Legislativo y
Judicial han recono­cido y amparado en contra de las leyes y preceptos constitucio-
nales al gene­ral Victoriano Huerta y sus ilegales y antipatrióticos procedimientos,
y con­siderando, por último, que algunos Gobiernos de los Estados de la Unión han
reconocido. al Gobierno ilegítimo impuesto por la parte- del Ejército que con­sumó
la traición, mandado por el mismo general Huerta, a pesar de haber violado la
soberanía de esos Estados, cuyos Gobernadores debieron ser los primeros en des-
conocerlo, los suscritos, Jefes y Oficiales con mando de fuer­zas constitucionalistas,
hemos acordado y sostendremos con las armas el si­guiente

PLAN

1º Se desconoce al general Victoriano Huerta como Presidente de la Re-


pública.
2° Se desconocen también a los Poderes Legislativo y Judicial de la Fede-
ración.
3º Se desconocen a los Gobiernos de los Estados que. aún reconozcan a
los Poderes Federales que forman la actual Administración, treinta
días des­pués de la publicación de este Plan.
4º Para la organización del Ejército encargado de hacer cumplir nues­tros
propósitos, nombramos como Primer Jefe del Ejército que se denomina-
rá “Constitucionalista” al ciudadano Venustiano Carranza, Goberna-
dor Constitu­cional del Estado de Coahuila.

51
Nuestra Historia

5º Al ocupar el Ejército Constitucionalista la ciudad de México se en­


cargará interinamente del Poder Ejecutivo el ciudadano Venustiano
Carran­za, o quien lo hubiere substituido en el mando.
6º El Presidente Interino de la República convocará a elecciones gene­
rales, tan luego como se haya consolidado la paz, entregando el Poder
al ciu­dadano que hubiere sido electo.
7º E1 ciudadano que funja como Primer Jefe del Ejército Constituciona­
lista en los Estados cuyos Gobiernos hubieren reconocido al de Huerta
asumi­rá el cargo de Gobernador Provisional y convocará a elecciones
locales, des­pués que hayan tomado posesión de sus careos los ciudada-
nos que hubiesen sido electos para desempeñar los altos Poderes de la
Federación, como lo pre­viene la base anterior.

Firmado en la Hacienda de Guadalupe, Coahuila,


26 de marzo de 1913

52
Manifiesto de Francisco Villa
al pueblo de México

Al Pueblo Mexicano:

Al derrocamiento del gobierno democrático del señor Madero, obra grandiosa del
movimiento revolucionario de 1910, el pueblo mexicano se lanzó de nuevo a la
conquista de sus libertades, demostrando a la nación y al mundo entero que han
terminado para siempre en nuestro país los gobiernos impuestos por la fuerza y
que sólo aceptará y respetará a los emanados de la voluntad popular.
La palabra CONSTITUCIONALISMO grabada sobre los colores de nuestra
bandera, encierra todo el programa político de la Revolución, dentro del cual serán
resueltas sobre bases legales y por ende estables, las reformas encaminadas al mejo-
ramiento social y económico de nuestro pueblo.
Aunque el plan de Guadalupe, lanzado por el C. Venustiano Carranza, ofrecía
solamente el restablecimiento del Gobierno Constitucional, fue aceptado sin em-
bargo por los jefes revolucionarios, porque confiaban en que el Primer Jefe de la
Revolución era partidario de establecer no sólo un gobierno democrático sino las
reformas económico-sociales indispensables para asegurar el mejoramiento de las
clases desheredadas.
Desgraciadamente, los actos del señor Carranza, y sus declaraciones, engen-
draron en el ánimo de muchos revolucionarios el temor de no ver realizados los
compromisos que la revolución había contraído con el pueblo.
La División del Norte, que había sido objeto de las intrigas políticas del señor
Carranza, temiendo más que cualquiera otra que fueran defraudados los ideales
revolucionarios, propuso, de acuerdo con el Cuerpo del Ejército del Noroeste, en
las conferencias de Torreón, el establecimiento de una Convención sobre bases de-
mocráticas, para obligar al Primer Jefe a cumplir con el programa revolucionario,
garantizando el establecimiento de un gobierno democrático y las reformas nece-
sarias en beneficio del pueblo.
El señor Carranza se rehusó a aceptar la Convención sobre las bases propuestas
en el pacto de Torreón y resolvió que al entrar a la capital de la República el Ejército
Constitucionalista, convocaría a una Junta a los generales y a los gobernadores de
los Estados para estudiar los problemas políticos y sociales de la Revolución.
Si la División del Norte había perdido la confianza en el Primer Jefe, no podía
tenerla tampoco en una Junta cuyos miembros eran de hecho designados por él,

53
Nuestra Historia

supuesto que él era quien tenía facultades para conferir el grado de General y para
nombrar a los gobernadores, por lo que tendría siempre una mayoría asegurada.
Al tomar posesión el señor Carranza de la ciudad de México, debido al triunfo
de las armas revolucionarias, en el que la opinión pública ahora y la historia ma-
ñana, han puesto y pondrán en el lugar que corresponde a la División del Norte,
empezaron a revelarse, de una manera fuera de toda duda, las intenciones del señor
Carranza de permanecer en el Poder un tiempo indefinido y gobernar con un ab-
solutismo que ningún gobierno había tenido en nuestra historia.
El Primer Jefe rehusó aceptar el título de Presidente Interino que, conforme
al mismo Plan de Guadalupe, le correspondía, y que lo colocaba bajo restricciones
constitucionales, conservando únicamente el de Primer Jefe del Ejército Consti-
tucionalista, Encargado del Poder Ejecutivo. Varió la fórmula de la protesta cons-
titucional. No formó su gabinete de acuerdo con la Constitución, dejando a los
encargados de su administración con el carácter de Oficiales Mayores. Asumió en
su persona los tres Poderes constitucionales, suprimiendo las autoridades judicia-
les y dejando la vida y los intereses de los mexicanos al arbitrio de Jefes milita-
res, sin restricción legal alguna. Decretó reformas constitucionales de la exclusiva
competencia de las Cámaras, como la supresión del Territorio de Quintana Roo.
Ha autorizado la violación de garantías otorgadas por la Constitución, entre otras,
la libertad de conciencia permitiendo a muchos gobernadores que, exagerando el
justo resentimiento del Partido Constitucionalista, contra los miembros del clero
católico que tomaron parte en el cuartelazo y en el sostenimiento de la dictadura,
supriman el culto, impongan penas por prácticas religiosas autorizadas por las leyes
y lastimen profundamente el sentimiento religioso del pueblo con actos reprobados
por la civilización y el Derecho de gentes. Por último, a la anarquía que y a existe en
la capital de la República y en la mayor parte de los gobiernos de los Estados, por los
desaciertos políticos y la falta de energía del señor Carranza, se agregará muy pronto
la miseria pública, ocasionada por la intranquilidad y falta de seguridades en las
ciudades y en los campos, y la depreciación cada vez más grande del papel moneda,
cuya última emisión de $ 130,000,000 decretada por él sin garantía ninguna, hará su
valor a un grado ínfimo y elevará a un precio fuera del alcance de las clases pobres
los artículos de primera necesidad.
Frente a una situación que amenaza comprometer el triunfo de la Revolución,
alcanzado con tanto sacrificio, arrojando al país a la anarquía y a la miseria, la Divi-
sión del Norte envió a la ciudad de México una delegación para presentar al Primer
Jefe un programa de gobierno interino que es, en resumen, el restablecimiento in-
mediato del orden constitucional por medio del sufragio electoral y la implantación
de reformas agrarias; programa firmado por el General Obregón en representación
del Cuerpo del Ejército del Noroeste y por mí en la División del Norte.
El señor Carranza rehusó a convocar inmediatamente a elecciones, determi-
nando que la Junta por él convocada para el 1o. de octubre sería la que habría de
fijar el tiempo y la forma de su celebración. Esto significaba que en último resultado
el señor Carranza sería el que fijara el tiempo y la forma de esas elecciones.

54
To m o I . E l s i g l o x x

Efectivamente, como la Junta se constituiría de todos los generales con mando y


todos los gobernadores, de antemano se podía asegurar que a la hora de las votacio-
nes en el seno de la Junta, la mayoría de sus miembros sería de la misma opinión del
señor Carranza, toda vez que concurriendo dichas personas con su carácter militar
y no como representantes de ningún grupo de ciudadanos, dependería jerárquica-
mente del Primer Jefe del Ejército y quedarían sometidos a su influencia moral.
Esto no obstante, y a pesar de la creencia fundada de que la Junta sería sólo un
pretexto para que el Primer Jefe continuara indefinidamente en el Poder, los Jefes
del Grupo del Ejército del Noroeste y la División del Norte dando un testimonio
de su espíritu de conciliación aceptaron mandar sus delegados, poniendo sólo por
condición que en la Junta se tratarían de preferencia estas tres cuestiones: confir-
mación en favor del C. Venustiano Carranza de su cargo de Presidente Interino de
la República, el cual le corresponde según lo proclama en el Plan de Guadalupe; el
restablecimiento del orden constitucional mediante la elección de un gobierno po-
pular en el plazo más breve posible, y , por último la adopción de medidas suficien-
temente eficaces para garantizar la resolución del problema agrario en un sentido
prácticamente favorable para las clases populares.
Cuando ya iban en camino para la ciudad de México el señor general Obregón,
Jefe del Cuerpo del Ejército del Noroeste, y algunos delegados de la División del
Norte, un incidente imprevisto detuvo su marcha. El Primer Jefe, violentado por
noticias alarmantes e infundadas por la prensa amarilla, suspendió el tráfico con
los lugares ocupados por la División del Norte dando a conocer de esta manera su
resolución de iniciar las hostilidades contra los que ejercían presión sobre él para
obligarlo a cumplir con los compromisos de la Revolución, que llevó al pueblo a la
lucha armada, no era para imponer la voluntad de alguien, sino para que el mismo
pueblo impusiera la suya.
Ante la consideración de que todo esfuerzo posible sería inútil para obligar al
Primer Jefe a entregar oportunamente el Poder al que la voluntad popular desig-
nara, y comprendiendo que la salvación de la Patria y de los intereses del pueblo
encarnados en los principios revolucionarios dependen de la inmediata resolución
de sus grandes problemas, la División del Norte ha resuelto desconocer como Pri-
mer Jefe del Ejército Constitucionalista, Encargado del poder Ejecutivo, al C. Ve-
nustiano Carranza.
Este desconocimiento no encierra un acto de ambición de mi parte, ni de nin-
guno de los generales de la División del Norte, y solemnemente declaro con la
debida autorización, que ni ellos ni y o aceptaremos los cargos de Presidente Inte-
rino ni Constitucional de la República, así como tampoco los de Vicepresidentes
y Gobernadores, y que de acuerdo con los demás generales, jefes y oficiales del
Ejército Constitucionalista que quieran coadyuvar con nosotros lucharemos por
establecer un Gobierno Civil que garantice todos los derechos y todas las libertades
de los ciudadanos.
En esta virtud invito a todos los ciudadanos mexicanos:

55
Nuestra Historia

primero. - A desconocer al C. Venustiano Carranza como Primer Jefe Encargado


del Poder Ejecutivo de la Nación.

segundo. - A unirse a la División del Norte contribuyendo en la forma más eficaz


que les sea posible, para exigir la separación del C. Venustiano Carranza de
la Jefatura del Ejército Constitucionalista y del Poder Ejecutivo.

Inmediatamente que se hay a conseguido esta separación, los generales con


mando de tropa designarán una persona civil que con el carácter de Presidente In-
terino de la República, convoque desde luego a elecciones para restablecer el orden
constitucional e inicie las reformas económico-sociales que la Revolución exige.
Con el fin de que la agitación electoral no se repita apenas verificada la elec-
ción, atento al precepto constitucional vigente y de que el Presidente electo pueda
llevar a la práctica el programa de la Revolución, el Presidente Provisional someterá
a la aprobación de las Cámaras, la reforma de que el período presidencial de seis
años se empiece a contar desde la fecha que el electo tome posesión.
La División del Norte ofrece establecer el orden y la tranquilidad en los lugares
que vaya ocupando y respetar la vida y los intereses de sus habitantes pacíficos, y a
sean nacionales o extranjeros.

Conciudadanos:

Es muy doloroso para mí exigir del pueblo mexicano un nuevo sacrificio para que la
Revolución pueda definitivamente realizar sus caros ideales, pero tengo la seguridad
de que todo ciudadano honrado comprenderá que sin este último esfuerzo del pue-
blo, se derrumbaría toda la obra revolucionaria, porque habríamos derrocado una
dictadura para substituirla por otra.
El mexicano que no contribuya a dar vida a este grandioso movimiento libertario
llevará sobre su conciencia el remordimiento de no haber sabido amar a su Patria.

Chihuahua, 22 de septiembre de 1914


El General Francisco Villa (Rubrica)

56
Manifiesto de la Soberana Convención
Revolucionaria de Aguascalientes

Mexicanos:

La Convención del 1o de octubre se ha reunido con el objeto de unificar el criterio


revolucionario, para determinar las bases y orientación del nuevo Gobierno de la
República inspiradas en la opinión de la mayoría de sus ciudadanos armados, para
que ese Gobierno realice los ideales de la Revolución y las instituciones democrá-
ticas, pues de este modo cumplimos con el compromiso solemne contraído con
la Nación, de sustituir a la tiranía por un gobierno que satisfaga las necesidades
públicas actuales.
Y esa misma Convención se ha declarado soberana, para hacer efectivas y obli-
gatorias sus resoluciones para todos los jefes del ejército, evitándose de esta manera
la dictadura que podría resultar de permitir a cualquiera de ellos que tratara de
imponer aisladamente su voluntad y su opinión al resto de los ciudadanos de la
República.
Somos el Poder Supremo nacional porque hemos sido el Supremo Poder de
la Revolución. Nuestro movimiento armado no triunfó de la reacción debido al
esfuerzo de uno solo de sus jefes, sino en virtud del concurso que hemos prestado
todos para ello.
Y del mismo modo que obedecimos a una sola idea y estuvimos animados de
una sola aspiración de redención y de progreso para lanzarnos contra la dictadura,
de esa misma manera e impulsados por los mismos sentimientos, nos hemos reuni-
do en esta Convención, ya no para derrocar y para destruir, sino para organizar y
construir al nuevo Gobierno Republicano en el cual se han de sintetizar todos nues-
tros ideales y todas nuestras tendencias.
Esta Convención es soberana, porque en ella están sintetizadas la fuerza y el
pensamiento de la Revolución.
Para nosotros deben concluir los tiranos y para la Convención es una necesi-
dad primordial hacer efectiva la paz en la República.
Constituidos así en Asamblea para ser escuchados, y en Poder Supremo de la
Nación para ser obedecidos, podremos acabar para siempre con las ambiciones
individuales de poder, con las intrigas de gabinete y con la inmoral y antipatriótica
labor del incondicionalismo.
La República entera ha cifrado todas sus esperanzas de mejoramiento social y
político en esta Convención, y para satisfacer sus anhelos, debemos hacer respetar

57
Nuestra Historia

nuestras resoluciones, no precisamente porque contamos con la fuerza de las armas


para ello, sino porque nos apoya la inquebrantable fuerza de la opinión pública.
Se ha pretendido relegarnos a un papel secundario con el pretexto de que so-
mos o debemos ser la representación genuina de un hombre; siendo así que cons-
tituimos la base democrática del futuro gobierno, en nuestro carácter de Asamblea
Preconstituyente.
Conscientes, pues, del papel histórico que desempeñamos en este instante, y
asumiendo la responsabilidad de la suerte de la República, hemos elegido al presi-
dente provisional de ella, y declaramos que estamos resueltos a sostenerlo, a pesar
de todos los obstáculos, contra todas las rebeldías y sobre todas las ambiciones de
aquellos que inspirados sólo en intereses mezquinos no se resuelvan a colaborar en
la nueva organización del Gobierno Nacional emanado de la Revolución.

Mexicanos:

La primera Asamblea Preconstituyente emanada del movimiento revolucionario que


derrocó a las dictaduras que acaban de pasar, os demanda vuestra colaboración unáni-
me en la cual están vinculadas los destinos nacionales, y debéis estar ciertos de que al
proceder así, habéis merecido el bien de la Patria.

Aguascalientes, 6 de noviembre de 1914.

Presidente, Antonio I. Villarreal. Primer vicepresidente, J. Isabel Robles. Se-


gundo vicepresidente, Pánfilo Natera. Secretario, Mateo Almanza. Secreta-
rio, V. Alessio Robles.

Siguen nombres de generales y de representantes de generales y de la comisión del


Ejército Libertador (zapatistas).

58
El Artículo 3o

Señores diputados:

Estamos en el momento más solemne de la Revolución. Efectivamente, señores; ni allá


cuando en los finales del mes de febrero de 1913 el respetable, enérgico y grande go-
bernador de Coahuila dirigía una iniciativa a la Legislatura de su Estado para pedirle
que de ninguna manera y por ningún concepto se reconociera al Gobierno usurpador;
ni allá cuando en los campos eriazos, en donde se asienta la hacienda de Guadalupe,
en una mañana memorable, estampábamos muchos de los que hemos pasado por los
campos de la Revolución, batallando por los ideales del pueblo, firmamos el Plan de
Guadalupe; ni allá, cuando la honradez acrisolada y el patriotismo sin tacha de don
Venustiano Carranza consignaba de una vez los principios primordiales de la Revo-
lución; ni allá, cuando uno de los más ilustres caudillos de la Revolución derrotaba
a la reacción encarnada en Francisco Villa, en los campos de Celaya, ni cuando las
agitaciones de la Convencion hacían temer a muchos espíritus pobres y hacían dudar
a muchos espíritus fuertes en el triunfo; ningún momento, señores, de los que la Re-
volución ha pasado, ha sido tan grande, tan palpitante, tan solemne como el mo-
mento en que el Congreso Constituyente, aquí reunido, trata de discutir el articulo 3°
de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos. ¿Y por qué, señores? Porque
en aquellas etapas gloriosas no se trataba más que de vencer de una vez por todas
al que tenía el Poder usurpado en sus manos o de acabar con la reacción, y aquí,
señores, se trata nada menos que del porvenir de la patria, del porvenir de nuestra
juventud, del porvenir de nuestra niñez, del porvenir de nuestra alma máter, que
debe engendrarse en los principios netamente nacionales y en principios netamen-
te progresistas, y evidentemente, señores, la ciencia pedagógica ha hablado ya mucho
sobre la influencia que la enseñanza religiosa, que la enseñanza de las ideas absurdas,
ejerce sobre los individuos, para degenerarlos, no sólo en lo moral, sino también en lo
físico. Yo soy profano en estas cosas; pero hay aquí en esta Asamblea muchos pro-
fesores eminentes que pueden hablar más claro que yo sobre este capítulo y a ellos
dejo la palabra. Pero no sólo es esa la faz principalísima de la enseñanza religiosa
en México; es también la política y es también la social. Sobre estos dos puntos, seño-
res, aunque arduos y yo incompetente para tratarlos profundamente, quiero hablarles
aunque sea unas cuantas palabras, a trueque de que se me considere enemigo del cle-
ricalismo, pues si así se me considera, si así se me juzga, si con ese calificativo pasa a

59
Nuestra Historia

la Historia mi palabra, no importa, señores, porque, efectivamente, soy enemigo del


clero, porque lo considero el más funesto y el más perverso enemigo de la patria.
Veamos, señores, la faz política de esta cuestión. La enseñanza es indudable-
mente el medio más eficaz para que los que la imparten se pongan en contacto con
las familias, sobre todo, para que engendren, por decirlo así, las ideas fundamentales
en el hombre; y, señores diputados, ¿cuáles ideas fundamentales con respecto a política
puede el clero imbuir en la mente de los niños? ¿Cuáles ideas fundamentales puede el
clero llevar al alma de nuestros obreros? ¿Cuáles ideas puede llevar el clero al alma de
la gleba mexicana, y cuáles puede llevar al alma de los niños de nuestra clase media y clase
acomodada? Las ideas más absurdas, el odio más tremendo para las instituciones
democráticas, elodio más acérrimo para aquellos principios de equidad, igualdad y
fraternidad, predicados por el más grande apóstol, por el primer demócrata que hubo
en la ancestralidad de los tiempos, que se llamó Jesucristo. Y siendo así, ¿vamos a enco-
mendar al clero la formación de nuestro porvenir, le vamos a entregar a nuestros hijos,
a nuestros hermanos, a los hijos de nuestros hermanos, para que los eduquen en sus
principios? Yo creo francamente que no, porque haríamos en ese caso una labor anti-
patriótica. ¿Cuál es, señores diputados, la moral que el clero podría transmitir como
enseñanza a los niños? Ya lo hemos visto: la más corruptora, la más terrible. Yo
traeré a la consideración de esta Asamblea, en un momento más oportuno que éste,
documentos, mejor dicho, el proceso más terrible que se haya escrito contra el clero,
y, admírense ustedes, señores, escrito por el mismo clero. Yo creo, señores, que no
necesito descender a pruebas prácticas; yo creo que con las razones generales que he
expuesto es suficiente para que yo, en nombre de la Comisión, justifique el porqué pre-
tendemos que la enseñanza se quite de las manos del clero, es decir, que no se le permita
tomar parte en ella; pero si esto no fuera suficiente, yo os traería al actual momento
histórico y os preguntaría, señores, quién es el que todavía resiste, quién es el que de
una manera Formidable nos hace todavía la guerra, no sólo aquí en el interior de la
República, buscando el medio de dividir los caudillos, soplándoles al oído como Satanás
soplaba al oído de Jesús, no sólo aquí en nuestra patria, sino en el extranjero mismo?
¿De dónde nos viene este embrollo de nuestra política internacional? ¿Será de las
flaquezas del Gobierna constitucionalista? No, señores; porque hemos visto que
nuestro gobierno, que nuestro Ejecutivo, en este sentido ha sido más grande, más
enérgico y más intransigente que Juárez; pues sabedlo, señores, esa oposición, esa
política malvada que se debate allá en el exterior en contra nuestra provocando la
intervención, viene del clero. No necesito descender a traeros aquí pruebas. Está en la
conciencia de todos ustedes y el que no lo crea puede ocurrir a fuentes oficiales„ en
donde podrá desengañarse ampliamente. Pero no es esto todo; el clero es el eterno
rebelde; no se conforma con ser vencido una vez, quiere ser vencido siempre y está al
acecho de ocasiones, está sembrando, está preparando el terreno para más tarde dar
el golpe, y ¿será posible que el partido liberal, que vence cada vez que se le lleva a los
campos de batalla, cada vez que se le obliga a tomar el arma para vencer a su eterno
enemigo el partido conservador, será posible, digo, que después de sus triunfos y en
esta vez de nuevo abandone sus conquistas? No, señores; haríamos una mala obra,

60
To m o I . E l s i g l o x x

una mala obra, de inconscientes, si no Pusiéramos remedio desde hoy para evitar
en lo futuro que nuestros asuntos ya no se resuelvan por medio de las armas, sino
que nuestras disensiones intestinas se resuelvan en la tribuna, en los parlamentos, por
medio del libro, por medio de la palabra, por medio del derecho, y de ninguna manera
otra vez por medio de las armas, porque aunque gloriosas las revoluciones que se
hacen por principios, no dejan de ser dolorosísimas, porque cuestan mucha sangre
y cuestan muchos intereses patrios. Sí, señores; si dejamos la libertad de enseñanza
absoluta para que tome participación en ella el clero con sus ideas rancias y retrospecti-
vas, no formaremos generaciones nuevas de hombres intelectuales y sensatos, sino que
nuestros postreros recibirán de nosotros la herencia del fanatismo, de principios in-
sanos, y surgirán más tarde otras contiendas que ensangrentarán de nuevo a la patria,
que la arruinarán y que quizá la llevarán a la pérdida total de su nacionalidad.

Querétaro, 13 de diciembre de 1916.


Francisco J. Mújica

61
Constitución de 1917

(Artículos 1º a 48)

Venustiano Carranza, Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Encar­gado del


Poder Ejecutivo de los Estados Unidos Mexicanos, hago saber:
Que el Congreso Constituyente reunido en esta ciudad el 19 de diciem­bre de
1916, en virtud del decreto de convocatoria de 19 de septiembre del mismo año,
expedido por la Primera Jefatura, de conformidad con lo pre­venido en el artículo
49 de las modificaciones que el 14 del citado mes se hicieron al decreto de 12 de di-
ciembre de 1914, dado en la H. Veracruz, adicionando el Plan de Guadalupe, de 26
de marzo de 1913, ha tenido a bien expedir la siguiente:

Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos


que reforma la del 5 de febrero de 1857

Título primero
Capítulo i
De las Garantías Individuales

Art. 1° En los Estados Unidos Mexicanos todo individuo gozará de las garan-
tías que otorga esta Constitución, las cuales no podrán restringirse, ni
suspenderse, sino en los casos y con las condiciones que ella misma
establece.
Art. 2° Está prohibida la esclavitud en los Estados Unidos Mexicanos. Los es-
clavos del extranjero que entren al territorio nacional alcanzarán, por
ese solo hecho, su libertad y la protección de las leyes.
Art. 3° La educación que imparta el Estado —Federación, Estados, Mu­
nicipios— tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del
ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la patria y la conciencia
de la solidaridad internacional en la independencia y en la justicia:
I. Garantizada por el artículo 24 la libertad de creencias, el criterio que
orientará a dicha educación se mantendrá por completo ajeno a cual-
quier doc­trina religiosa y, basado en los resultados del progreso cien-
tífico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los
fanatismos y los pre­juicios. Además:

63
Nuestra Historia

a) Será democrático, considerando a la democracia nosolamente


como una estructura jurídica y un régimen político, sino como
un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento eco-
nómico, social y cultural del pueblo.
b) Será nacional, en cuanto —sin hostilidades ni exclusivismos—
atende­rá a la comprensión de nuestros problemas, al aprovecha-
miento de nuestros recursos, a la defensa de nuestra independencia
política, al aseguramiento de nuestra independencia económica y
a la continuidad y acrecentamiento de nues­tra cultura.
c) Contribuirá a la mejor convivencia humana, tanto por los elemen-
tos que aporte a fin de robustecer en el educando, junto con el
aprecio para la dignidad de la persona y la integridad de la fami-
lia, la convicción del interés general de la sociedad, cuanto por el
cuidado que ponga en sustentar los idea­les de fraternidad e igual-
dad de derechos de todos los hombres, evitando los privilegios de
razas, de sectas, de grupos, de sexos o de individuos;
II. Los particulares podrán impartir educación en todos sus tipos y gra­
dos. Pero por lo que concierne a la educación primaria, secundaria y
normal y a la de cualquier tipo o grado, destinada a obreros y a campe-
sinos, debe­rán obtener previamente, en cada caso, la autorización ex-
presa del poder pú­blico. Dicha autorización podrá ser negada o revoca-
da, sin que contra tales resoluciones proceda juicio o recurso alguno;
III. Los planteles particulares dedicados a la educación en los tipos y gra-
dos que especifica la fracción anterior, deberán ajustarse, sin excep-
ción, a lo dispuesto en los párrafos inicial, I y II del presente artículo y,
además, deberán cumplir los planes y los programas oficiales;
IV. Las corporaciones religiosas, los ministros de los cultos, las socieda­des
por acciones que, exclusiva o predominantemente realicen actividades
edu­cativas, y las asociaciones o sociedades ligadas con la propaganda
de cualquier credo religioso, no intervendrán en forma alguna en plan-
teles en que se im­parta educación primaria, secundaria y normal y la
destinada a obreros o a campesinos;
V. El Estado podrá retirar discrecionalmente, en cualquier tiempo, el re­
conocimiento de validez oficial a los estudios hechos en planteles par-
ticulares;
VI. La educación primaria será obligatoria;
VII. Toda la educación que el Estado imparta será gratuita, y
VIII. El Congreso de la Unión, con el fin de unificar y coordinar la educación
en toda la República, expedirá las leyes necesarias, destinadas a distri-
buir la función social educativa entre la Federación, los Estados y los
Municipios, a fijar las aportaciones económicas correspondientes a ese
servicio público y a señalar las sanciones aplicables a los funcionarios

64
To m o I . E l s i g l o x x

que no cumplan o no hagan cumplir las disposiciones relativas, lo mis-


mo que a todos aquellos que las infrinjan.
Art. 4° A ninguna persona podrá impedirse que se dedique a la profe­sión, in-
dustria, comercio o trabajo que le acomode, siendo lícitos. El ejercicio
de esta libertad sólo podrá vedarse por determinación judicial, cuando
se ata­quen los derechos de tercero, o por resolución gubernativa, dicta-
da en los términos que marque la ley, cuando se ofendan los derechos
de la sociedad. Nadie puede ser privado del producto de su trabajo,
sino por resolución ju­dicial.
La ley determinará en cada Estado cuáles son las profesiones que
necesi­tan título para su ejercicio, las condiciones que deban llenarse
para obtenerlo y las autoridades que han de expedirlo.
Art. 5° Nadie podrá ser obligado a prestar trabajos personales sin la justa retri-
bución y sin su pleno consentimiento, salvo el trabajo impuesto como
pena por la autoridad judicial, el cual se ajustará a lo dispuesto en las
frac­ciones I y II del artículo 123.
En cuanto a los servicios públicos sólo podrán ser obligatorios, en los tér-
minos que establezcan las leyes respectivas, el de las armas y los de jurados,
así como el desempeño de los cargos concejiles y los de elección popular, di‑
recta o indirecta. Las funciones electorales y censales tendrán carácter
obligatorio y gratuito; los servicios profesionales de índole social serán
obligatorios y retribuidos en los términos de la ley y con las excepcio-
nes que ésta señale.
El Estado no puede permitir que se lleve a efecto ningún contrato, pacto
o convenio que tenga por objeto el menoscabo, la pérdida o el irrevoca-
ble sacrificio de la libertad del hombre, ya sea por causa de trabajo, de
educación, o de voto religioso. La ley, en consecuencia, no permite el
establecimiento de órdenes monásticas, cualquiera que sea la denomi-
nación u objeto con que pretendan erigirse.
Tampoco puede admitirse convenio en que el hombre pacte su proscrip­
ción o destierro, o en que renuncie temporal o permanentemente a ejer-
cer de­terminada profesión, industria o comercio.El contrato de trabajo
sólo obligará a prestar el servicio convenido por el tiempo que fije la
ley, sin poder exceder de un año en perjuicio del trabaja­dor, y no podrá
extenderse, en ningún caso, a la renuncia, pérdida o menos­cabo de cual-
quiera de los derechos políticos o civiles.
La falta de cumplimiento de dicho contrato, por lo que respecta al
traba­jador, sólo obligará a éste a la correspondiente responsabilidad ci-
vil, sin que en ningún caso pueda hacerse coacción sobre su persona.
Art. 6° La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisi­ción
judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque la moral, los de­
rechos de tercero, provoque algún delito, o perturbe el orden público.

65
Nuestra Historia

Art. 7° Es inviolable la libertad de escribir y publicar escritos sobre cual­quiera


materia. Ninguna ley ni autoridad puede establecer. La previa censu-
ra, ni exigir fianza a los autores o impresores, ni coartar la libertad de
imprenta, que no tiene más límites que el respeto a la vida privada, a la
moral y a la paz pública. En ningún caso podrá secuestrarse la imprenta
como instrumento del delito.
Las leyes orgánicas dictarán cuantas disposiciones sean necesarias para
evi­tar que, so pretexto de las denuncias por delitos de prensa, sean en-
carcelados los expendedores, “papeleros”, operarios y demás emplea-
dos del establecimien­to de donde haya salido el escrito denunciado, a
menos que se demuestre pre­viamente la responsabilidad de aquéllos.
Art 8o Los funcionarios y empleados públicos respetarán el ejercicio del de-
recho de petición, siempre que ésta se formule por escrito, de manera
pa­cífica y respetuosa; pero en materia política sólo podrán hacer uso’
de ese derecho los ciudadanos de la República.
A toda petición deberá recaer un acuerdo escrito de la autoridad ‘a
quien se haya dirigido, la cual tiene obligación de hacerlo conocer en
breve término al peticionario.
Art. 9° No se podrá coartar el derecho de asociarse o reunirse pacífica­mente con
cualquier objeto lícito; pero solamente los ciudadanos de la Repú­blica po-
drán hacerlo para tomar parte en los asuntos políticos del país. Nin­guna
reunión armada tiene derecho de deliberar.No se considerará ilegal, y no
podrá ser disuelta, una asamblea o reunión que tenga por objeto hacer
una petición, o presentar una protesta por algún acto .a una autoridad, si
no se profieren injurias contra ésta, ni se hiciere uso de violencias o ame-
nazas para intimidarla u obligarla a resolver en el sentido que se desee.
Art. 10. Los habitantes de los Estados Unidos Mexicanos tienen libertad de
poseer armas de cualquier clase, para su seguridad y legítima defensa,
he­cha excepción de las prohibidas expresamente por la ley y de las que
la nación reserve para el uso exclusivo del Ejército, Armada y Guardia
Nacional; pero no podrán portarlas en las poblaciones sin sujetarse a
los reglamentos de policía.
Art. 11. Todo hombre tiene derecho para entrar en la República, salir de ella,
viajar por su territorio y mudar de residencia, sin necesidad de car­ta
de seguridad, pasaporte, salvoconducto u otros requisitos semejantes.
El ejer­cicio de este derecho estará subordinado a las facultades de la
autoridad ju­dicial, en los casos de responsabilidad criminal o civil, y a
las de la autoridad administrativa, por lo que toca a las limitaciones que
impongan las leyes sobre emigración, inmigración y salubridad general
de la República, o sobre extran­jeros perniciosos residentes en el país.
Art. 12. En los Estados Unidos Mexicanos no se concederán títulos de nobleza,
ni prerrogativas y honores hereditarios, ni se dará efecto alguno a los
otorgados por cualquier otro país.

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To m o I . E l s i g l o x x

Art. 13. Nadie puede ser juzgado por leyes privativas, ni por tribunales espe-
ciales. Ninguna persona o corporación puede tener fuero, ni gozar más
emolumentos que los que sean compensación de servicios públicos y
estén fi­jados por la ley. Subsiste el fuero de guerra para los delitos y
faltas contra la disciplina militar; pero los tribunales militares, en nin-
gún caso y por nin­gún motivo, podrán extender su jurisdicción sobre
personas que no pertenez­can al Ejército. Cuando en un delito o falta
del orden militar estuviese com­plicado un paisano, conocerá del caso
la autoridad civil que corresponda.
Art. 14. A ninguna ley se dará efecto retroactivo en perjuicio de persona alguna.
Nadie podrá ser privado de la vida, de la libertad, o de sus propiedades,
posesiones o derechos, sino mediante juicio seguido ante los tribunales
previa­mente establecidos, en el que se cumplan las formalidades esen-
ciales del pro­cedimiento y conforme a las leyes expedidas con anterio-
ridad al hecho.
En los juicios del orden criminal queda prohibido imponer, por simple
analogía y aun por mayoría de razón, pena alguna que no esté decretada
por una ley exactamente aplicable al delito de que se trata.
En los juicios del orden civil, la sentencia definitiva deberá ser conforme
a la letra, o a la interpretación jurídica de la ley, y a falta de ésta se fun­dará
en los principios generales del derecho.
Art. 15. No se autoriza la celebración de tratados para la extradición de reos
políticos, ni para la de aquellos delincuentes del orden común que
hayan tenido, en el país donde cometieron el delito, la condición de
esclavos; ni de convenios o tratados en virtud de los que se alteren las
garantías y derechos establecidos por esta Constitución para el hom-
bre y el ciudadano.
Art. 16. Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o
posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad com-
petente, que funde y motive la causa legal del procedimiento. No podrá
librarse ninguna orden de aprehensión o detención, a no ser por la au-
toridad judicial, sin que preceda denuncia, acusación o querella de un
hecho deter­minado que la ley castigue con pena corporal, y sin que estén
apoyadas aqué­llas por declaración, bajo protesta, de persona digna de fe
o por otros datos que hagan probable la responsabilidad- del inculpado,
hecha excepción de los casos de flagrante delito en que cualquiera per-
sona puede aprehender al de­lincuente y a sus cómplices, poniéndolos
sin demora a disposición de la auto­ridad inmediata. Solamente en casos
urgentes, cuando no haya en el lugar ninguna autoridad judicial, tratán-
dose de delitos que se persiguen de oficio, podrá la autoridad adminis-
trativa, bajo su más estrecha responsabilidad, de­cretar la detención de
un acusado, poniéndolo inmediatamente a disposición de la autoridad
judicial. En toda orden de cateo, que sólo la autoridad judi­cial podrá ex-

67
Nuestra Historia

pedir y que será escrita, se expresará el lugar que ha de ins­peccionarse,


la persona o personas que hayan de aprehenderse y los objetos que se
buscan, a lo que únicamente debe limitarse la diligencia, levantándose,
al concluirla, un acta circunstanciada, en presencia de dos testigos pro-
puestos por el ocupante del lugar cateado, o en su ausencia, o negativa,
por la auto­ridad que practique la diligencia.
La autoridad administrativa podrá practicar visitas domiciliarias única­
mente para cerciorarse de que se han cumplido los reglamentos sanita-
rios y de policía; y exigir la exhibición de los libros y papeles indispen-
sables para comprobar que se han acatado las disposiciones fiscales,
sujetándose en estos casos a las leyes respectivas y a las formalidades
prescritas para los cateos.
Art. 17. Nadie puede ser aprisionado por deudas de carácter puramente civil.
Ninguna persona podrá hacerse justicia por sí misma, ni ejercer violen­cia
para reclamar su derecho. Los tribunales estarán expeditos para adminis­
trar justicia en los plazos y términos que fije la ley; su servicio será gratui-
to, quedando, en consecuencia, prohibidas las costas judiciales
Art 18. Sólo por delito que merezca pena corporal habrá lugar a prisión pre-
ventiva. El sitio de ésta será distinto del que se destinare para la extin-
ción de las penas y estarán completamente separados.
Los gobiernos de la Federación y de los Estados organizarán, en sus
res­pectivos territorios, el sistema penal —colonias, penitenciarías o
presidios— sobre la base del traba;o como medio de regeneración.
Art. 19. Ninguna detención podrá exceder del término de tres días, sin que se
justifique con un auto de formal prisión, en el que se expresarán: el
delito que se impute al acusado; los elementos que constituyen aquél;
lugar, tiempo y circunstancias de ejecución y los datos que arroje la
averiguación previa, los que deben ser bastantes para comprobar el
cuerpo del delito y hacer probable la responsabilidad del acusado. La
infracción de esta disposi­ción hace responsables a la autoridad que or-
dene la detención, o la consienta, y a los agentes, ministros, alcaldes o
carceleros que la ejecuten.
Todo proceso se seguirá forzosamente por el delito o delitos señalados
en el auto de formal prisión. Si en la secuela de un proceso apareciere
que se ha cometido un delito distinto del que se persigue, deberá aquél
ser objeto de acu­sación separada, sin perjuicio de que después pueda
decretarse la acumula­ción, si fuere conducente.
Todo maltratamiento en la aprehensión o en las prisiones; toda mo-
lestia que se infiera sin motivo legal; toda gabela o contribución en las
cárceles, son abusos que serán corregidos por las leyes y reprimidos
por las autoridades.
Art. 20. En todo juicio del orden criminal tendrá el acusado las siguien­tes ga-
rantías:

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To m o I . E l s i g l o x x

I. Inmediatamente que lo solicite será puesto en libertad bajo fianza que


fijará el juez tomando en cuenta sus circunstancias personales y la gra-
vedad del delito que se le impute, siempre que dicho delito merezca ser
castigado con pena cuyo término medio aritmético no sea mayor de
cinco años de pri­sión, y sin más requisito que poner la suma de dinero
respectiva a disposición de la autoridad u otorgar caución hipotecaria
o personal bastante para asegu­rarla, bajo la responsabilidad del juez en
su aceptación.
En ningún caso la fianza o caución será mayor de $ 250,000.00, a no ser
que se trate de un delito que represente para su autor un beneficio eco-
nómico o cause a la víctima un daño patrimonial, pues en estos casos
la garantía será, cuando menos, tres veces mayor al beneficio obtenido
o al daño oca­sionado.
II. No podrá ser compelido a declarar en su contra, por lo cual queda ri-
gurosamente prohibida toda incomunicación o cualquier otro medio
que tienda a aquel objeto.
III. Se le hará saber en audiencia pública y dentro de las cuarenta y ocho
horas siguientes a su consignación a la justicia, el nombre de su acusa­
dor y la naturaleza y causa de la acusación, a fin de que conozca bien el
hecho punible que se le atribuye y pueda contestar el cargo, rindiendo
en este acto su declaración preparatoria;
IV. Será careado con los testigos que depongan en su contra, los que de­
clararán en su presencia si estuviesen en el lugar del juicio, para que
pueda hacerles todas las preguntas conducentes a su defensa;
V. Se le recibirán los testigos y demás pruebas que ofrezca, concedién­
dosele el tiempo que la ley estime necesario al efecto y auxiliándosele
para obtener la comparecencia de las personas cuyo testimonio solici-
te, siempre que se encuentren en el lugar del proceso;
VI. Será juzgado en audiencia pública por un juez o jurado de ciudada­nos
que sepan leer y escribir, vecinos del lugar y partido en que se come­
tiere el delito, siempre que éste pueda ser castigado con una pena ma-
yor de un año de prisión. En todo caso serán juzgados por un jurado
los delitos co­metidos por medio de la prensa contra el orden público o
la seguridad exte­rior o interior de la nación;
VII. Le serán facilitados todos los datos que solicite para su defensa y que
consten en el proceso;
VIII. Será juzgado antes de cuatro meses si se tratare de delitos cuya pena
máxima no exceda de dos años de prisión; y antes de un año si la pena
máxima excediere de ese tiempo;
IX. Se le oirá en defensa por sí o por persona de su confianza, o por ambos,
según su voluntad. En caso de no tener quien lo defienda, se le pre­sentará
lista de los defensores de oficio para que elija el que o los que le conven-
gan. Si el acusado no quiere nombrar defensores, después de ser reque­

69
Nuestra Historia

rido para hacerlo, al rendir su declaración preparatoria, el juez le nombra-


rá uno de oficio. El acusado podrá nombrar defensor desde el momento
en que sea aprehendido, y tendrá derecho a que éste se halle presente en
todos los actos del juicio; pero tendrá obligación de hacerlo comparecer
cuantas veces se necesite, y
X. En ningún caso podrá prolongarse la prisión o detención, por falta de
pago de honorarios de defensores o por cualquiera otra prestación de
di­nero, por causa de responsabilidad civil, o algún otro motivo análogo.
Tampoco podrá prolongarse la prisión preventiva por más tiempo del
que como máximo fije la ley al delito que motivare el proceso.
En toda pena de prisión que imponga una sentencia, se computará el
tiem­po de la detención.
Art. 21. La imposición de las penas es propia y exclusiva de la autoridad judicial.
La persecución de los delitos incumbe al Ministerio Público y a la poli-
cía judicial, la cual estará bajo la autoridad y mando inmediato de aquél.
Compete a la autoridad administrativa el castigo de las infracciones de
los reglamentos gubernativos y de policía, el cual únicamente consistirá
en multa o arresto hasta por treinta y seis horas; pero si el infractor no pa-
gare la multa que se le hubiese impuesto, se permutará ésta por el arresto
correspon­diente, que no excederá en ningún caso de quince días.
Si el infractor fuese jornalero u obrero, no podrá ser castigado con mul-
ta mayor del importe de su jornal o sueldo en una semana.
Art. 22. Quedan prohibidas las penas de mutilación y de infamia, la marca, los
azotes, los palos, el tormento de cualquiera especie, la multa exce­siva,
la confiscación de bienes y cualesquiera otras penas inusitadas y tras­
cendentales.
No se considerará como confiscación de bienes la aplicación total o
par­cial de los bienes de una persona, hecha por la autoridad judicial,
para el pago de la responsabilidad civil resultante de la comisión de un
delito, o para el pago de impuestos o multas.
Queda también prohibida la pena de muerte por delitos políticos, y en
cuanto a los demás, sólo podrá imponerse al traidor a la patria en gue-
rra extranjera, al parricida, al homicida con alevosía, premeditación o
ventaja, al incendiario, al plagiario, al salteador de caminos, al pirata y
a los reos de delitos graves del orden militar.
Art. 23. Ningún. juicio criminal deberá tener más de tres instancias. Na­die pue-
de ser juzgado dos veces por el mismo delito, ya sea que en el juicio se
le absuelva, o se le condene. Queda prohibida la práctica de absolver de
la instancia.
Art. 24. Todo hombre es libre para profesar la creencia religiosa que más le
agrade y para practicar las ceremonias, devociones o actos del culto
respectivo, en los templos o en su domicilio particular, siempre que no
cons­tituyan un delito o falta penados por la ley.

70
To m o I . E l s i g l o x x

Todo acto religioso de culto público deberá celebrarse precisamente


den­tro de Ios templos, los cuales estarán siempre bajo la vigilancia de
la autoridad.
Art. 25. La correspondencia que bajo cubierta circule por las estafetas estará
libre de todo registro, y su violación será penada por la ley.
Art. 26. En tiempo de paz ningún miembro del Ejército podrá alojarse en casa
particular, contra la voluntad del dueño, ni imponer prestación al­guna.
En tiempo de guerra, los militares podrán exigir alojamiento, bagajes,
alimentos y otras prestaciones, en los términos que establezca la ley
marcial correspondiente.
Art. 27. La propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites
del territorio nacional, corresponde originalmente a la nación, la cual ha
tenido y tiene el derecho de trasmitir el dominio de ellas a los particula­
res, constituyendo la propiedad privada.
Las expropiaciones sólo podrán hacerse por causa de utilidad pública y
mediante indemnización.La nación tendrá en todo tiempo el derecho
de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés
público, así como el de regular el aprovechamiento de los elementos
naturales susceptibles de apropiación, para hacer una distribución equi-
tativa de la riqueza pública y para cuidar de su conservación. Con este
objeto, se dictarán las medidas necesarias para el fraccionamiento de
los latifundios; para el desarrollo de la pequeña pro­piedad agrícola en
explotación; para la creación de nuevos centros de pobla­ción agrícola
con las tierras y aguas que les sean indispensables; para el fo­mento de
la agricultura y para evitar la destrucción de los elementos natura­les y
los daños que la propiedad pueda sufrir en perjuicio de la sociedad. Los
núcleos de población que carezcan de tierras y aguas, o no las tengan en
cantidad suficiente para las necesidades de su población, tendrán dere-
cho a que se les dote de ellas, tomándolas de las propiedades inmediatas,
respetando siempre la pequeña propiedad agrícola en explotación.
Corresponde a la nación el dominio directo de todos los minerales o
subs­tancias que en vetas, mantos, masas o yacimientos, constituyan
depósitos cuya naturaleza sea distinta de los componentes de los terre-
nos, tales como los mi­nerales de los que se extraigan metales y metaloi-
des utilizados en la indus­tria; los yacimientos de piedras preciosas, de
sal de gema y las salinas for­madas directamente por las aguas marinas;
los productos derivados de la descomposición de las rocas, cuando su
explotación necesite trabajos subte­rráneos; los yacimientos minerales
u orgánicos de materias susceptibles de ser utilizados como fertilizan-
tes; los combustibles minerales sólidos; el petróleo y todos los carburos
de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos.
Son también propiedad de la nación las aguas de los mares territoriales
en la extensión y terminos que fija el Derecho Internacional; las de las

71
Nuestra Historia

la­gunas y esteros que se comuniquen permanente o intermitentemente


con el mar; las de los lagos interiores de formación natural que estén
ligados direc­tamente a corrientes constantes; las de los ríos y sus afluen-
tes directos o in­directos, desde el punto del cauce en que se inicien las
primeras aguas per­manentes, intermitentes o torrenciales, hasta su des-
embocadura en el mar, lagos, lagunas o esteros de propiedad nacional;
las de las corrientes constantes o intermitentes y sus afluentes directos o
indirectos, cuando el cauce de aqué­llas, en toda su extensión o en parte
de ella, sirva de límite al territorio na­cional o a dos entidades federativas,
o cuando pase de una entidad federativa a otra o cruce la línea divisoria
de la República; la de los lagos, lagunas o esteros cuyos vasos, zonas o
riberas estén cruzados por líneas divisorias de dos o más entidades o en-
tre la República y un país vecino, o cuando el límite de las riberas sirva
de lindero entre dos entidades federativas o a la Repú­blica con un país
vecino; las de los manantiales que broten en las playas, zonas marítimas,
cauces, vasos o riberas de los lagos, lagunas o esteros de propiedad na-
cional, y las que se extraigan de las minas. Las aguas del sub­suelo pue-
den ser libremente alumbradas mediante obras artificiales, y apro­piarse
por el dueño del terreno, pero cuando lo exija el interés público, o se
afecten otros aprovechamientos, el Ejecutivo Federal podrá reglamentar
su ex­tracción y utilización y aun establecer zonas vedadas, al igual que
para las demás aguas de propiedad nacional. Cualesquiera otras aguas
no incluidas en la enumeración anterior, se considerarán como parte in-
tegrante de la propie­dad de los terrenos por los que corran o en los que
se encuentren sus depó­sitos, pero si se localizaren en dos o más predios,
el aprovechamiento de estas-aguas se considerará de utilidad pública, y
quedará sujeto a las disposiciones que dicten los Estados.
En los casos a que se refieren los dos párrafos anteriores, el dominio de
la nación es inalienable e imprescriptible y sólo podrán hacerse conce-
siones por el Gobierno Federal a los particulares o sociedades civiles o
comerciales constituidas conforme a las leyes mexicanas con la condi-
ción de que se esta­blezcan trabajos regulares para la explotación de los
elementos de que se trata y se cumpla con los requisitos que prevengan
las leyes. Tratándose del pe­tróleo y de los carburos de hidrógenos só-
lidos, líquidos o gaseosos, no se expe­dirán concesiones y la Ley Regla-
mentaria respectiva determinará la forma en que la nación llevará a
cabo las explotaciones de esos productos.
La capacidad para adquirir el dominio de las tierras y aguas de la na-
ción, se regirá por las siguientes prescripciones:
I. Sólo los mexicanos por nacimiento o por naturalización y las socieda­
des mexicanas, tienen derecho para adquirir el dominio de las tierras,
aguas y sus accesiones, o para obtener concesiones de explotación de
minas, aguas o combustibles minerales en la República Mexicana. El

72
To m o I . E l s i g l o x x

Estado podrá conceder el mismo derecho a los extranjeros siempre


que convengan ante la Secretaría de Relaciones en considerarse como
nacionales respecto de dichos bienes, y en no invocar, por lo mismo,
la protección de sus gobiernos por lo que se refiere a aquéllos; bajo la
pena, en caso de faltar al convenio, de perder, en beneficio de la nación,
los bienes que hubieren adquirido en virtud del mismo. En una faja de
cien kilómetros a lo largo de las fronteras y de cincuenta en las pla­yas,
por ningún motivo podrán los extranjeros adquirir el dominio directo
sobre tierras y aguas.
El Estado, de acuerdo con los intereses públicos internos y los prin-
cipios de reciprocidad, podrá, a juicio de la Secretaría de Relaciones,
conceder auto­rización a los Estados extranjeros para que adquieran, en
el lugar permanente de la residencia de los Poderes Federales, la pro-
piedad privada de bienes in­muebles necesarios para el servicio directo
de sus embajadas o legaciones;
II. Las asociaciones religiosas denominadas iglesias, cualquiera que sea
su credo, no podrán, en ningún caso, tener capacidad para adquirir,
poseer administrar bienes raíces, ni capitales impuestos sobre ellos; los
que tuvie­ren actualmente, por sí o por interpósita persona, entrarán al
dominio de la nación, concediéndose acción popular para denunciar
los bienes que se halla­ren en tal caso. La prueba de presunciones será
bastante para declarar fun­dada la denuncia. Los templos destinados
al culto público son de la propiedad de la nación, representada por el
Gobierno Federal, quien determinará los que deben continuar destina-
dos a su objeto. Los obispados, casas curales, semina­rios, asilos o cole-
gios de asociaciones religiosas, conventos o cualquier otro edificio que
hubiere sido construido o destinado a la administración, propa­ganda
o enseñanza de un culto religioso, pasarán desde luego, de pleno de­
recho, al dominio directo de la nación, para destinarse exclusivamente
a los servicios públicos de la Federación o de los Estados en sus respec-
tivas juris­dicciones. Los templos que en lo sucesivo se erigieren para el
culto público, serán propiedad de la nación;
III. Las instituciones de beneficencia, pública o privada, que tengan por ob-
jeto el auxilio de los necesitados, la investigación científica, la difusión
de la enseñanza, la ayuda recíproca de los asociados, o cualquier otro
objeto lícito, no podrán adquirir más bienes raíces que los indispen-
sables para su objeto inmediata o directamente destinados a él; pero
podrán adquirir, tener y administrar capitales impuestos sobre bienes
raíces, siempre que los plazos de imposición no excedan de diez años.
En ningún caso las instituciones de esta índole podrán estar bajo el pa-
tronato, dirección, administración, cargo o vigilancia de corporaciones
o instituciones religiosas, ni de ministros de los cultos o de sus asimila-
dos, aunque éstos o aquéllos no estuvieren en ejercicio;

73
Nuestra Historia

IV. Las sociedades comerciales, por acciones, no podrán adquirir, poseer o


administrar fincas rústicas. Las sociedades de esta clase que se constituye­
ren para explotar cualquiera industria fabril, minera, petrolera, o para
algún otro fin que no sea agrícola, podrán adquirir, poseer o adminis-
trar terrenos únicamente en la extensión que sea estrictamente necesaria
para los estableci­mientos o servicios de los objetos indicados, y que el
Ejecutivo de la Unión, o los de los Estados, fijarán en cada caso;
V. Los bancos debidamente autorizados, conforme a las leyes de institu­
ciones de crédito, podrán tener capitales impuestos sobre propiedades
urbanas y rústicas de acuerdo con las prescripciones de dichas leyes,
pero no podrán tener en propiedad o en administración más bienes
raíces que Ios enteramente necesarios para su objeto directo;
VI. Fuera de las corporaciones a que se refieren las fracciones III, IV y V, así
como de los núcleos de población que de hecho o por derecho guar­den el
estado comunal, o de los núcleos dotados, restituidos o constituidos en
VII. centro de población agrícola, ninguna otra corporación civil podrá tener
en propiedad o administrar por sí bienes raíces o capitales impuestos
sobre ellos, con la única excepción de los edificios destinados inmediata
y directa­mente al objeto de la institución. Los Estados, el Distrito Fede-
ral y los Terri­torios, lo mismo que los Municipios de toda la República,
tendrán plena ca­pacidad para adquirir y poseer todos los bienes raíces
necesarios para los servicios públicos.
VIII. Las leyes de la Federación y de los Estados en sus respectivas jurisdiccio­
nes, determinarán los casos en que sea de utilidad pública la ocupación
de la propiedad privada, y de acuerdo con dichas leyes la autoridad
administra­tiva hará la declaración correspondiente. El precio que se fi-
jará como indem­nización a la cosa expropiada, se basará en la cantidad
que como valor fiscal de ella figure en las oficinas catastrales o recauda-
doras, ya sea que este valor haya sido manifestado • por el propietario,
o simplemente aceptado por él de un modo tácito por haber pagado
sus contribuciones con estad base. El exceso de valor o el demérito que
haya tenido la propiedad particular por las me­joras o deterioros ocu-
rridos con posterioridad a la fecha de la asignación del valor fiscal, será
lo único que deberá quedar sujeto a juicio pericial y a re­solución judi-
cial. Esto mismo se observará cuando se trate de objetos cuyo valor no
esté fijado en las oficinas rentísticas.
IX. El ejercicio de las acciones que corresponden a la nación, por virtud
de las disposiciones del presente artículo, se hará efectivo por el pro-
cedimiento judicial; pero dentro de este procedimiento y por orden de
los tribunales co­rrespondientes, que se dictará en el plazo máximo de
un mes, las autoridades administrativas procederán desde luego a la
ocupación, administración, remate o venta de las tierras o aguas de que
se trate y todas sus accesiones, sin que en ningún caso pueda revocarse

74
To m o I . E l s i g l o x x

lo hecho por las mismas autoridades antes de que se dicte sentencia


ejecutoriada;
X. Los núcleos de población, que de hecho o por derecho guarden el es-
tado comunal, tendrán capacidad para disfrutar en común las tierras,
bos­ques y aguas que les pertenezcan, o que se les haya restituido o res-
tituyeren.
XI. Son de jurisdicción federal todas las cuestiones que por límites de
terre­nos comunales, cualquiera que sea el origen de éstos, se hallen
pendientes, o se susciten entre dos o más núcleos de población. El
Ejecutivo Federal se avocará al conocimiento de dichas cuestiones y
propondrá a. los interesados la resolución definitiva de las mismas. Si
estuvieren conformes, la proposición del Ejecutivo tendrá fuerza de re-
solución definitiva y será irrevocable; en caso contrario, la parte o par-
tes inconformes podrán reclamarla ante la Su­prema Corte de Justicia
de la Nación, sin perjuicio de la ejecución inmediata de la proposición
presidencial.
La ley fijará el procedimiento breve conforme el cual deberán tramitar-
se las mencionadas controversias;
XII. Se declaran nulas:
a) Todas las enajenaciones de tierras, aguas y montes pertenecientes
a los pueblos, rancherías, congregaciones o comunidades, hechas
por los jefes politicos, gobernadores de los Estados, o cualquiera
otra autoridad local en contravención a lo dispuesto en la Ley de
25 de junio de 1856 y demás leyes y disposiciones relativas.
b) Todas las concesiones, composiciones o ventas de tierras, aguas
y montes, hechas por las Secretarías de Fomento, Hacienda o
cualquiera otra autoridad federal, desde el día 19 de diciembre de
1876, hasta la fecha, con las cuales se hayan invadido y ocupado
ilegalmente los ejidos, terrenos de común repartimiento o cual-
quiera otra clase, pertenecientes a los pueblos, ran­cherías, con-
gregaciones o comunidades, y núcleos de población.
c) Todas las diligencias de apeo o deslinde, transacciones, enajena­
ciones o remates practicados durante el período de tiempo a que
se refiere la fracción anterior, por compañías, jueces u otras auto-
ridades de los Estados o de la Federación, con los cuales se hayan
invadido u ocupado ilegalmente tierras, aguas y montes de los
ejidos, terrenos de común repartimiento, o de cualquiera otra
clase, pertenecientes a núcleos de población.
Quedan exceptuadas de la nulidad anterior únicamente las tie-
rras que hu­bieren sido tituladas en los repartimientos hechos con
apego a la Ley de 25 de junio de 1856 y poseídas en nombre pro-
pio a título de dominio por más de diez años, cuando su superfi-
cie no exceda de cincuenta hectáreas;

75
Nuestra Historia

XIII. La división o reparto que se hubiere hecho con apariencia de legí­tima


entre los vecinos de algún núcleo de población y en la que haya habido
error o vicio, podrá ser nulificada cuando así lo soliciten las tres cuartas
par­tes de los vecinos que estén en posesión de una cuarta parte de los te-
rrenos, materia de la división, o una cuarta parte de los mismos vecinos
cuando estén en posesión de las tres cuartas partes de los terrenos;
XIV. Los núcleos de población que carezcan de ejidos o que no puedan lo-
grar su restitución por falta de títulos, por imposibilidad de identifi-
carlos, o porque legalmente hubieren sido enajenados, serán dotados
con tierras y aguas suficientes para constituirlos, conforme a las nece-
sidades de su pobla­ción, sin que en ningún caso deje de concedérseles
la extensión que necesiten, y al efecto se expropiará, por cuenta del
Gobierno Federal, el terreno que baste a ese fin, tomándolo del que se
encuentre inmediato a los pueblos inte­resados.
La superficie o unidad individual de dotación no deberá ser en lo suce­
sivo menor de diez hectáreas de terrenos de riego o humedad o, a falta
de ellos, de sus equivalentes en otras clases de tierras, en los términos
del pá­rrafo tercero de la fracción XV de este artículo;
XV. Para los efectos de las disposiciones contenidas en este artículo y de las
leyes reglamentarias que se expidan, se crean:
a) Una dependencia directa del Ejecutivo Federal encargada de la apli­
cación de las leyes agrarias y de su ejecución.
b) Un cuerpo consultivo compuesto de cinco personan que serán
desig­nadas por el Presidente de la República y que tendrá las fun-
ciones que las leyes orgánicas reglamentarias le fijen.
c) Una Comisión Mixta compuesta de representantes iguales de la
Fe­deración, de los gobiernos locales, y de un representante de
los campesinos, cuya designación se hará en los términos que
prevenga la ley reglamentaria respectiva, que funcionará en cada
Estado, Territorio y Distrito Federal, con las atribuciones que las
mismas leyes orgánicas y reglamentarias determinen.
d) Comités particulares ejecutivos para cada uno de los núcleos de po­
blación que tramiten expedientes agrarios.
e) Comisariados ejidales para cada uno de los núcleos de población
que posean ejidos;
XVI. Las solicitudes de restitución o dotación de tierras o aguas se pre­sentarán
en los Estados y Territorios directamente ante los gobernadores.
Los gobernadores turnarán las solicitudes a las Comisiones Mixtas, las
que substanciarán los expedientes en plazo perentorio y emitirán dicta-
men; los gobernadores de los Estados aprobarán o modificarán el dic-
tamen de las Co­misiones Mixtas y ordenarán que se dé posesión inme-
diata de las superficies que, en su concepto, procedan. Los expedientes
pasarán entonces al Ejecutivo Federal para su resolución.

76
To m o I . E l s i g l o x x

Cuando los gobernadores no cumplan con lo ordenado en el párrafo


an­terior, dentro del plazo perentorio que fije la ley, se considerará des-
aprobado el dictamen de las Comisiones Mixtas y se turnará el expe-
diente inmediata­mente al Ejecutivo Federal.
Inversamente, cuando las Comisiones Mixtas no formulen dictamen
en pla­zo perentorio, los gobernadores tendrán facultad para conceder
posesiones en la extensión que juzguen procedente;
XVII. La dependencia del Ejecutivo y el Cuerpo Consultivo Agrario dic­
taminará sobre la aprobación, rectificación o modificación de los dic-
támenes formulados por las Comisiones Mixtas, y con las modifica-
ciones que hayan introducido los gobiernos locales, se informará al
ciudadano Presidente de la República, para que éste dicte resolución
como suprema autoridad agraria;
XVIII. Los propietarios afectados con resoluciones dotatorias o restituto­rias de
ejidos o aguas, que se hubiesen dictado en favor de los pueblos, o que
en lo futuro se dictaren, no tendrán ningún derecho, ni recurso legal
ordina­rio, ni podrán promover el juicio de amparo.
Los afectados con dotación, tendrán solamente el derecho de acudir al
Gobierno Federal para que les sea pagada la indemnización correspon-
diente. Este derecho deberán ejercitarlo los interesados dentro del plazo
de un año, a contar desde la fecha en que se publique la resolución res-
pectiva en el “Diario Oficial” de la Federación. Fenecido ese término,
ninguna reclama­ción será admitida.
Los dueños o poseedores de predios agrícolas o ganaderos, en explota-
ción, a los que se haya expedido, o en lo futuro se expida, certificado de
inafec­tabilidad, podrán promover el juicio de amparo contra la priva-
ción o afec­tación agraria ilegales de sus tierras o aguas;
XIX. Las Comisiones Mixtas, los gobiernos locales y las demás autorida­des
encargadas de las tramitaciones agrarias no podrán afectar, en ningún
caso, a pequeña propiedad agrícola o ganadera en explotación e incu-
rrirán en responsabilidad, por violaciones a la Constitución, en caso de
conceder dotaciones que la afecten.
Se considerará pequeña propiedad agrícola la que no exceda de cien
hec­táreas de riego o humedad de primera o sus equivalentes en otras
clases de tierras, en explotación.
Para los efectos de la equivalencia se computará una hectárea de riego
por dos de temporal; por cuatro de agostadero de buena calidad y por
ocho de monte o de agostadero en terrenos áridos.
Se considerarán, asimismo, como pequeña propiedad, las superficies que
no excedan de doscientas hectáreas en terrenos de temporal o de agos-
tadero susceptible de cultivo; de ciento cincuenta cuando las tierras se
dediquen al cultivo del algodón, si reciben riego de avenida fluvial o por
bombeo; de tres­cientas, en explotación, cuando se destinen al cultivo de

77
Nuestra Historia

plátano, caña de azú­car, café, henequén, hule, cocotero, vid, olivo, quina,
vainilla, cacao o árboles frutales.
Se considerará pequeña propiedad ganadera la que no exceda de la su­
perficie necesaria para mantener hasta quinientas cabezas de ganado ma-
yor o su equivalente en ganado menor, en los términos que fije la ley, de
acuer­do con la capacidad forrajera de los terrenos.
Cuando debido a obras de riego, drenaje o cualesquiera otras ejecuta-
das por los dueños o poseedores de una pequeña propiedad a la que se
le haya expedido certificado de inafectabilidad, se mejore la calidad de
sus tierras para la explotación agrícola o ganadera de que se trate, tal
propiedad no podrá ser objeto de afectaciones agrarias aun cuando, en
virtud de la me­joría obtenida, se rebasen los máximos señalados por
esta fracción, siempre que se reúnan los requisitos que fije la ley;
XX. Las tierras que deban ser objeto de adjudicación individual debe­rán
fraccionarse precisamente en el momento de ejecutar las resoluciones
pre­sidenciales, conforme a las leyes reglamentarias;
XXI. El Congreso de la Unión y las legislaturas de los Estados, en sus res-
pectivas jurisdicciones, expedirán leyes para fijar la extensión máxima
de la propiedad rural, y para llevar a cabo el fraccionamiento de los
excedentes, de acuerdo con las siguientes bases:
a) En cada Estado, Territorio y Distrito Federal se fijará la extensión
máxima de tierra de que pueda ser dueño un solo individuo, o
sociedad le­galmente constituida.
b) El excedente de la extensión fijada deberá ser fraccionado por el
propietario en el plazo que señalen las leyes locales, y las fraccio-
nes serán puestas a la venta en las condiciones que aprueben los
gobiernos, de acuerdo con las mismas leyes.
c) Si el propietario se opusiere al fraccionamiento, se llevará éste a
cabo por el Gobierno local, mediante la expropiación.
d) El valor de las fracciones será pagado por anualidades que amorti­cen
capital y rédito, a un tipo de interés que no exceda de 3% anual.
e) Los propietarios estarán obligados a recibir bonos de la Deuda
Agra­ria local para garantizar el pago de la propiedad expropiada.
Con este objeto, el Congreso de la Unión expedirá una ley facul-
tando a los Estados para crear su Deuda Agraria.
f) Ningún fraccionamiento podrá sancionarse sin que hayan queda-
do satisfechas las necesidades agrarias de los poblados inmedia-
tos. Cuando exis­tan proyectos de fraccionamiento por ejecutar,
los expedientes agrarios serán tramitados de oficio en plazo pe-
rentorio.
g) Las leyes locales organizarán el patrimonio de familia, determinan-
do los bienes que deben constituirlo, sobre la base de que será ina-
lienable y no estará sujeto a embargo, ni a gravamen ninguno, y

78
To m o I . E l s i g l o x x

XXII. Se declaran revisables todos los contratos y concesiones hechos por los
gobiernos anteriores desde el año de 1876, que hayan traído por con-
secuencia el acaparamiento de tierras, aguas y riquezas naturales de la
nación, por una sola persona o sociedad, y se faculta al Ejecutivo de la
Unión para declararlos nulos cuando impliquen perjuicios graves para
el interés pú­blico
Art. 28. En los Estados Unidos Mexicanos no habrá monopolios, ni eas­tancos
de ninguna clase; ni exención de impuestos; ni prohibiciones a título
de protección a la industria; exceptuándose únicamente los relativos
a la acu­ñación de moneda, a los correos, telégrafos y radiotelegrafía,
a la emisión de billetes por medio de un solo banco que controlará el
Gobierno Federal, y a los privilegios que por determinado tiempo se
concedan a los autores yartistas para la reproducción de sus obras, y a
los que, para el uso exclusivo de sus inventos, se otorguen a los inven-
tores y perfeccionadores de alguna mejora.
En consecuencia, la ley castigará severamente y las autoridades
persegui­rán con eficacia toda concentración o acaparamiento en una
o pocas manos de artículos de consumo necesario y que tenga por ob-
jeto obtener el alza de los precios; todo acto o procedimiento que evite
o tienda a evitar la libre concurrencia en la producción, industria o
comercio, o servicios al público; todo acuerdo o combinación, de cual-
quiera manera que se haga, de produc­tores, industriales, comercian-
tes y empresarios de transportes o de algún otro servicio, para evitar
la competencia entre sí y obligar a los consumidores a pagar precios
exagerados; y, en general, todo lo que constituya una ventaja exclusiva
indebida a favor de una o varias personas determinadas y con per­juicio
del público en general, o de alguna clase social.
No constituyen monopolios las asociaciones de trabajadores, formadas
para proteger sus propios intereses.
Tampoco constituyen monopolios las asociaciones o sociedades coope-
rativas de productores para que, en defensa de sus intereses o del interés
general, vendan directamente en los mercados extranjeros los produc-
tos nacionales o industriales que sean la principal fuente de riqueza de
la región en que se produzcan, y que no sean artículos de primera nece-
sidad, siempre que dichas asociaciones estén bajo la vigilancia o amparo
del Gobierno Federal o de los Estados, y previa autorización que al efec-
to se obtenga de las legislaturas res­pectivas en cada caso. Las mismas
legislaturas, por sí o a propuesta del Eje­cutivo, podrán derogar, cuando
las necesidades públicas así lo exijan, las auto­rizaciones concedidas para
la formación de las asociaciones de que se trata.
Art. 29. En los casos de invasión, perturbación grave de la paz pública o cual-
quiera otro que ponga a la sociedad en grande peligro o conflicto, so­
lamente el Presidente de la República Mexicana, de acuerdo con el

79
Nuestra Historia

Consejo de Ministros y con aprobación del Congreso de la Unión, y


en los recesos de éste, de la Comisión Permanente, podrá suspender
en todo el país, o en lugar determinado, las garantías que fuesen obstá-
culo para hacer frente, rápida y fácilmente, a la situación, pero deberá
hacerlo por un tiempo limitado, por medio de prevenciones generales
y sin que la suspensión se contraiga a de­terminado individuo. Si la sus-
pensión tuviese lugar hallándose el Congreso reunido, éste concede-
rá las autorizaciones que estime necesarias para que el Ejecutivo haga
frente a la situación. Si la suspensión se verificase en tiempo de receso,
se convocará sin demora al Congreso para que las acuerde.

Capítulo ii
De los mexicanos

Art. 30. La nacionalidad mexicana se adquiere por nacimiento o por na­


turalización.
I. Son mexicanos por nacimiento:
a) Los que nazcan en territorio de la República, sea cual fuere la
nacio­nalidad de sus padres;
b) Los que nazcan en el extranjero de padres mexicanos; de padre
me­xicano y madre extranjera, o de madre mexicana y padre des-
conocido, y
c)Los que nazcan a bordo de embarcaciones o aeronaves mexicanas,
sean de guerra o mercantes.
II. Son mexicanos por naturalización:
a) Los extranjeros que obtengan de la Secretaría de Relaciones carta
de naturalización, y
b) La mujer extranjera que contraiga matrimonio con mexicano y
ten­ga o establezca su domicilio dentro del territorio nacional
Art. 31. Son obligaciones de los mexicanos:
I. Hacer que sus hijos o pupilos, menores de quince años, concurran a las
escuelas públicas o privadas, para obtener la educación primaria ele-
mental y militar, durante el tiempo que marque la Ley de Instrucción
Pública en cada Estado;
II. Asistir en los días y horas designados por eI Ayuntamiento del lugar en
que residan, para recibir instrucción cívica y militar que los mantenga
aptos en el ejercicio de los derechos de ciudadano, diestros en el mane-
jo de las armas y conocedores de la disciplina militar;
III. Alistarse y servir en la Guardia Nacional, conforme a la ley orgá­nica
respectiva, para asegurar y defender la independencia, el territorio, el
honor, los derechos e intereses de la patria, así como la tranquilidad y
el or­den interior, y

80
To m o I . E l s i g l o x x

IV. Contribuir para los gastos públicos, así de la Federación como del Esta-
do y Municipio en que residan, de la manera proporcional y equitativa
que dispongan las leyes.
Art. 32. Los mexicanos serán preferidos a los extranjeros en igualdad de cir-
cunstancias, para toda clase de concesiones y para todos los empleos,
car­gos o comisiones del Gobierno en que no sea indispensable la cali-
dad de ciudadano. En tiempo de paz ningún extranjero podrá servir en
el Ejército, ni en las fuerzas de policía o seguridad pública.
Para pertenecer a la Marina Nacional de Guerra o a la Fuerza Aérea,
y desempeñar cualquier cargo o comisión en ellas, se requiere ser
mexicanopor nacimiento. Esta misma calidad será indispensable en
Capitanes, Pilotos, Patrones, Maquinistas, Mecánicos y, de una mane-
ra general, para todo el personal que tripule cualquier embarcación o
aeronave que se ampare con la bandera o insignia mercante mexicana.
Será también necesaria la calidad de mexicano por nacimiento para
desempeñar los cargos de Capitán de Puer­to, y todos los servicios de
practicaje y Comandante de Aeródromo, así como todas las funciones
de Agente Aduanal en la República.

Capítulo iii
De los extranjeros

Art. 33. Son extranjeros los que no posean las calidades determinadas en el artí-
culo 30. Tienen derecho a las garantías que otorga el Capítulo I, Tí­tulo
Primero, de la presente Constitución; pero el Ejecutivo de la Unión
tendrá la facultad exclusiva de hacer abandonar el territorio nacional,
inme­diatamente y sin necesidad de juicio previo, a todo extranjero
cuya perma­nencia juzgue inconveniente.
Los extranjeros no podrán, de ninguna manera, inmiscuirse en los
asuntos políticos del país.

Capítulo iv
De los ciudadanos mexicanos

Art. 34. Son ciudadanos de la República los varones y las mujeres que, teniendo
la calidad de mexicanos, reúnan, además, los siguientes requisitos:
I. Haber cumplido dieciocho años, siendo casados, o veintiuno, si no lo
son, y
II. Tener un modo honesto de vivir.
Art. 35. Son prerrogativas del ciudadano:
I. Votar en las elecciones populares;

81
Nuestra Historia

II. Poder ser votado para todos los cargos de elección popular y nom­
brado para cualquier otro empleo o comisión, teniendo las calidades
que es­tablezca la ley;
III. Asociarse para tratar los asuntos políticos del país;
IV. Tomar las armas en el Ejército o Guardia Nacional para la defensa de
la República y de sus instituciones en los términos que prescriben las
leyes, y ejercer en toda clase de negocios el derecho de petición.
Art. 36. Son obligaciones del ciudadano de la República:
I. Inscribirse en el catastro de la municipalidad, manifestando la pro­
piedad que el mismo ciudadano tenga, la industria, profesión o trabajo
de que subsista: así como también inscribirse en los padrones electora-
les, en los términos que determinen las leyes;
II. Alistarse en la Guardia Nacional;
III. Votar en las elecciones populares en el distrito electoral que le co­
rresponda;
IV. Desempeñar los cargos de elección popular de la Federación o de los
Estados, que en ningún caso serán gratuitos, y
V. Desempeñar los cargos concejiles del municipio donde resida, las fun­
ciones electorales y las de jurado.
Art. 37.
I. La nacionalidad mexicana se pierde:
a) Por adquisición voluntaria de una nacionalidad extranjera;
b) Por aceptar o usar títulos nobiliarios que impliquen sumisión a un
Estado extranjero;
c) Por residir, siendo mexicano por naturalización, durante cinco
años continuos, en el país de su origen, y
d) Por hacerse pasar en cualquier instrumento público, siendo mexi-
cano por naturalización, como extranjero, o por obtener y usar
un pasaporte extranjero.
II. La ciudadanía mexicana se pierde:
a) Por aceptar o usar títulos nobiliarios que impliquen sumisión a un
Gobierno extranjero;
b) Por prestar voluntariamente servicios oficiales a un Gobierno
extran­jero sin permiso del Congreso Federal, o de su Comisión
Permanente;
c) Por aceptar o usar condecoraciones extranjeras sin permiso del
Con­greso Federal, o de su Comisión Permanente;
d) Por admitir del Gobierno de otro país títulos o funciones sin pre-
via licencia del Congreso Federal o de su Comisión Permanente,
exceptuando los títulos literarios, científicos o humanitarios que
puedan aceptarse libremente;

82
To m o I . E l s i g l o x x

e) Por ayudar, en contra de la nación, a un extranjero, o a un Go-


bierno extranjero en cualquiera reclamación diplomática, o ante
un Tribunal Inter­nacional, y
f) En los demás casos que fijan las leyes.
Art. 38. Los derechos o prerrogativas de los ciudadanos se suspenden:
I. Por falta de cumplimiento, sin causa justificada, de cualquiera de las
obligaciones que impone el artículo 36. Esta suspensión durará un año
y se impondrá además de las otras penas que por el mismo hecho seña-
lare la ley;
II. Por estar sujeto a un proceso criminal por delito que merezca pena
corporal a contar desde la fecha del auto de formal prisión;
III. Durante la extinción de una pena corporal;
IV. Por vagancia o ebriedad consuetudinaria, declarada en los términos
que prevengan las leyes;
V. Por estar prófugo de la justicia, desde que se dicte la orden de aprehen-
sión, hasta que prescriba la acción penal, y
VI. Por sentencia ejecutoria que imponga como pena esa suspensión. La
ley fijará los casos en que se pierden y los demás en que se suspenden
los derechos de ciudadano, y la manera de hacer la rehabilitación.

Capítulo i
De la soberanía nacional y de la forma de Gobierno

Art. 39. La soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pue­blo.


Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de
éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o
mo­dificar la forma de su gobierno.
Art. 40. Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República repre-
sentativa, democrática, federal, compuesta de Estados libres y sobera-
nos en todo lo concerniente a su régimen interior; pero unidos en una
federación establecida según los principios de esta ley fundamental.
Art. 41. El pueblo ejerce su soberanía por medio de los Poderes de la Unión, en
los casos de la competencia de éstos, y por los de los Estados, en lo que
toca a sus regímenes interiores, en los términos respectivamente esta­
blecidos por la presente Constitución Federal y las particulares de los
Estados, las que en ningún caso podrán contravenir las estipulaciones
del Pacto Federal.

83
Nuestra Historia

Capítulo ii
De las partes integrantes de la Federación
y del territorio nacional

Art. 42. El territorio nacional comprende el de las partes integrantes de la Fede-


ración y además el de las islas adyacentes en ambos mares. Compren­
de, asimismo, la isla de Guadalupe, y las de Revillagigedo, situadas en
el Océano Pacífico.
Art. 43. Las partes integrantes de la Federación son los Estados de Aguas­
calientes, Baja California, Campeche, Coahuila, Colima, Chiapas, Chi-
huahua, Durango, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, México,
Michoacán, More­los, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, Puebla, Queréta-
ro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tabasco, Tamaulipas, Tlaxcala,
Veracruz, Yucatán, Zacatecas, Distrito Federal y Territorios de la Baja
California Sur y de Quintana Roo.
Art. 44. El Distrito Federal se compondrá del territorio que actualmente tiene, y en
el caso de que los Poderes Federales se trasladen a otro lugar, se erigirá
en Estado del Valle de México, con los límites y extensión que le asig­ne el
Congreso General.
Art. 45. Los Estados y Territorios de la Federación conservan la exten­sión y
límites que hasta hoy han tenido, siempre que no haya dificultad en
cuanto a éstos.
Art. 46. Los Estados que tuviesen pendientes cuestiones de limites, las arregla-
rán o solucionarán en los términos que establece esta Constitución.
Art. 47. El Estado de Nayarit tendrá la extensión territorial y límites que com-
prende actualmente el Territorio de Tepic.
Art. 48. Las islas de ambos mares que pertenezcan al Territorio Nacional de-
penderán directamente del Gobierno de la Federación, con excepción
de aquellas sobre las que hasta la fecha hayan ejercido jurisdicción los
Estados.

84
Carta abierta de Emiliano Zapata
a Venustiano Carranza

Cuartel General del Ejército Libertador


en el Estado de Morelos, Marzo 17, 1919

Al C. Venustiano Carranza.- México, D. F.

Como ciudadano que soy, como hombre poseedor del derecho de pensar y hablar
alto, como campesino conocedor de las necesidades del pueblo humilde al que per-
tenezco, como revolucionario y caudillo de grandes multitudes, que en tal virtud y
por eso mismo he tenido oportunidad de reconocer las reconditeces del alma na-
cional y he aprendido a escudriñar en sus intimidades y conozco de sus amarguras
y de sus esperanzas; con el derecho que me da mi rebeldía de nueve años siempre
encabezando huestes formadas por indígenas y por campesinos; voy a dirigirme a
usted, C. Carranza, por vez primera y última.
No hablo al Presidente de la República, a quien no conozco, ni al político, del
que desconfío; hablo al mexicano, al hombre de sentimiento y de razón, a quien
creo imposible no conmuevan alguna vez (aunque sea un instante) las angustias
de las madres, los sufrimientos de los huérfanos, las inquietudes y las congojas de
la patria.
Voy a decir verdades amargas; pero nada expresaré a usted que no sea cierto,
justo y honradamente dicho.
Desde que en el cerebro de usted germinó la idea de hacer revolución, primero
contra Madero y después contra Huerta, cuando vió que aquél caía más pronto de lo
que había pensado; desde que concibió usted el proyecto de erigirse en jefe y director
de un movimiento que con toda malicia denominó “constitucionalista”; desde en-
tonces pensó usted, primero que nada, en encumbrarse, y para ello, se propuso usted
convertir la revolución en provecho propio y de un pequeño grupo de allegados, de
amigos o de incondicionales que lo ayudaron a usted a subir y luego lo ayudasen a dis-
frutar el botín alcanzado: es decir, riquezas, honores, negocios, banquetes, fiestas sun-
tuosas, bacanales de placer, orgías de hartamiento, de ambición de poder y de sangre.
Nunca pasó por la mente de usted que la revolución fuera benéfica a las gran-
des masas, a esa inmensa legión de oprimidos que usted y los suyos soliviantan con
sus prédicas. ¡Magnífico pretexto y brillante recurso para oprimir y para engañar!
Sin embargo, para triunfar fué preciso pregonar grandes ideales, proclamar
principios, anunciar reformas.

85
Nuestra Historia

Pero para poder evitar que la conmoción popular (peligrosa arma de dos filos)
se volviese contra el que la utilizaba y la esgrimía; para impedir que el pueblo, ya
semilibre y sintiéndose fuerte, se hiciera justicia por sí mismo, se ideó la creación de
una dictadura, a la que se dió el nombre novedoso de “dictadura revolucionaria”.
Se encontró luego la fórmula apropiada; se pronunciaron palabras sugestivas;
eran precisas, indispensables, la unidad de dirección y de impulso, la cohesión
entre los revolucionarios, la rapidez para concebir, la energía y la prontitud para
ejecutar.
Todo eso, que no podrá tener cabida en una asamblea deliberante, se otorgó
a un solo hombre, que fué usted, y desde entonces fué el único amo de las filas del
constitucionalismo.
Para hacer triunfar las reivindicaciones libertarias de la revolución, se ne-
cesitaba un dictador -se dijo entonces-. Los procedimientos autocráticos eran
inevitables para imponerse a una sociedad refractaria a los principios nuevos.
En otros términos, la fórmula de la política llamada constitucionalista, fué
esta: “Para establecer la libertad hay que valerse del despotismo.”
Sobre estos sofismas se fundó la autoridad de usted, el absolutismo y la omni-
potencia de usted.
¿Cómo y de qué forma ha hecho usted uso de esos exorbitantes poderes, que
habían de traer el triunfo de los principios?
Aquí es preciso, para no pecar de ligero, analizar con calma y pasar revista retros-
pectiva a los hechos desarrollados durante la ya bien larga dominación de usted.
En el terreno económico y hacendario, la gestión no puede haber sido más
funesta.
Bancos saqueados; imposiciones de papel moneda, una, dos o tres veces, para
luego desconocer, con mengua de la República, los billetes emitidos; el comercio
desorganizado por estas fluctuaciones monetarias; la industria y las empresas de
todo género, agonizando bajo el peso de contribuciones exorbitantes, casi confis-
catorias; la agricultura y la minería pereciendo por falta de garantías y de seguridad
en las comunicaciones; la gente humilde y trabajadora, reducida a la miseria, al
hambre, a las privaciones de toda especie, por la paralización del trabajo, por la
carestía de los víveres, por la insoportable elevación del costo de la vida.
En materia agraria, las haciendas cedidas o arrendadas a los generales favoritos;
los antiguos latifundios de la alta burguesía, reemplazados en no pocos casos, por
modernos terratenientes que gastan charreteras, kepí y pistola al cinto; los pueblos
burlados en sus esperanzas.
Ni los ejidos se devuelven a los pueblos, que en su inmensa mayoría continúan
despojados; ni las tierras se reparten entre la gente de trabajo, entre los campesinos
pobres y verdaderamente necesitados.
En materia obrera, con intrigas, con sobornos, con maniobras disolventes, y ape-
lando a la corrupción de los líderes, se han logrado la desorganización y la muerte
efectiva de los sindicatos -única defensa, principal baluarte del proletariado en las
luchas que tiene que emprender por su mejoramiento.

86
To m o I . E l s i g l o x x

La mayor parte de los sindicatos sólo existen de nombre; los asociados han per-
dido la fe en sus antiguos directores, y los más conscientes, los que valen, se han
dispersado llenos de desaliento.
Hoy se trata, al parecer, de infundirles vida nueva, pero con miras políticas (como
siempre) y bajo la corruptora sombra del poder oficial. Acabamos de ver mítines obre-
ros presididos y “patrocinados” (!) por un gobernador de provincia bien conocido
como uno de los servidores incondicionales de usted.
Y ya que se trata de combinaciones de orden político, asomémonos al terreno
de la política, en el que usted ha desplegado todo su arte, toda su voluntad y toda
su experiencia.
¿Existe el libre sufragio? ¡Mentira! En la mayoría, por no decir en la totalidad de
los Estados, los gobernadores han sido impuestos por el centro; en el Congreso de la
Unión figuran como diputados y senadores creaturas del Ejecutivo y en las eleccio-
nes municipales los escándalos han rebasado los límites de lo tolerable y aun de lo
verosímil.
En materia electoral, ha imitado usted con maestría y en muchos casos supe-
rado a su antiguo jefe Porfirio Díaz.
Pero ¿qué digo? En algunos Estados no se ha creído necesario tomarse siquiera
la molestia de hacer elecciones. Allí siguen imperando gobernadores militares im-
puestos por el Ejecutivo Federal que usted representa, y allí continúan los horrores,
los abusos, los inauditos crímenes y atropellos del período preconstitucional.
Por eso decía yo al principio de esta carta, que usted llamó con toda malicia, al
movimiento emanado del Plan de Guadalupe, revolución constitucionalista, siendo
así que en el propósito y en la conciencia de usted estaba el violar a cada paso y sis-
temáticamente la Constitución.
No puede darse, en efecto, nada más anticonstitucional que el gobierno de usted; en
su origen, en su fondo, en sus detalles, en sus tendencias.
Usted gobierna saliéndose de los límites fijados al Ejecutivo por la Constitu-
ción: usted no necesita de presupuestos aprobados por las Cámaras; usted establece
y deroga impuestos y aranceles; usted usa de facultades discrecionales en Guerra, en
Hacienda y en Gobernación; usted da consignas, impone gobernadores y diputados,
se niega a informar a las Cámaras; protege al pretorianismo y ha instaurado en el
país, desde el comienzo de la era “constitucional” hasta la fecha, una mezcla híbrida
de gobierno militar y de gobierno civil, que de civil no tiene más que el nombre.
La soldadesca llamada constitucionalista se ha convertido en el azote de las pobla-
ciones y de las campiñas. Según confesión de los más altos jefes de usted (nada menos
que el secretario de Guerra, José Agustín Castro), la revolución se extiende y nuevos
rebeldes aparecen cada día, en gran parte debido a los excesos y desmanes de jefes sin
honor y carentes de todo escrúpulo, que, olvidando su carácter de guardianes del or-
den, son los primeros en trastornarlo con sus crímenes y sus actos de vandalismo.
Esa soldadesca, en los campos, roba semillas, ganados y animales de labranza;
en los poblados pequeños, incendia o saquea los hogares de los humildes, y en
las grandes poblaciones especula en grande escala con los cereales y semovientes

87
Nuestra Historia

robados, comete asesinatos a la luz del día, asalta automóviles y efectúa plagios en
la vía pública, a la hora de mayor circulación, en las principales avenidas, y lleva
su audacia hasta constituir temibles bandas de malhechores que allanan las ricas
moradas, hacen acopio de alhajas y objetos preciosos, y organizan la industria del
robo a la alta escuela y con procedimientos novísimos, como lo ha hecho ya la céle-
bre maffia del “automóvil gris”, cuyas feroces hazañas permanecen impunes hasta
la fecha, por ser directores y principales cómplices personas allegadas a usted o de
prominente posición en el ejército, hasta donde no puede llegar la acción de un
Gobierno que se dice representante de la legalidad y del orden.
Y, sin embargo, usted acaudilló a todos esos hombres; usted, su Primer Jefe;
usted sigue siendo el responsable ante la ley y ante la opinión civilizada, de la marcha
de la administración y de la conducta del ejército, y sobre usted recaen esas manchas
y a usted salpica ese lodo.
¡Con cuánta razón los gobiernos extranjeros no tienen confianza en el de usted,
y con qué justo motivo el de Francia se ha negado a recibir al enviado constitucio-
nalista, considerándolo como el representante de una facción y no como el funcio-
nario de un gobierno!
Las naciones extranjeras recuerdan la conducta de usted durante el período
del gran conflicto guerrero, y no tienen para usted sino recelos, desconfianza y
hostilidad.
Usted protestó ser neutral, y se condujo como furioso germanizante; permitió
y azuzó la propaganda contra las potencias aliadas, protegió el espionaje alemán,
obstruccionó y perjudicó el capital, los intereses y las finanzas de los extranjeros
hostiles al káiser.
Usted, con sus desaciertos y tortuosidades, con sus pasos en falso y sus desleal-
tades en la diplomacia, es la causa de que México se vea privado de todo apoyo por
parte de las potencias triunfadoras, y si alguna complicación internacional sobrevie-
ne, usted será el único culpable.
Usted ha orillado a nuestro país a la ruina en lo económico, en lo financiero, en
lo político y en el orden internacional.
La política de usted ha fracasado ruidosamente.
Usted ofreció y anunció que por medio de un régimen dictatorial que disfra-
zó con el nombre de Primera Jefatura, haría la paz en la República, mantendría
la cohesión entre los revolucionarios, consolidaría el triunfo de los principios de
reforma.
La paz no se ha hecho, ni se hará nunca con los procedimientos que usted em-
plea y con el desprestigio que sobre usted pesa. Los revolucionarios, los de la facción
constitucionalista, los que usted ofreció unir, están cada vez más desunidos: así lo
confesó usted en su último manifiesto, y en cuanto a los ideales revolucionarios, ya-
cen maltrechos, destrozados, escarnecidos y vilipendiados por los mismos hombres
que ofrecieron llevarlos a la cumbre.
Nadie cree ya en usted, ni en sus dotes de pacificador, ni en sus tamaños como
político y como gobernante.

88
To m o I . E l s i g l o x x

Es tiempo de retirarse, es tiempo de dejar el puesto a hombres más hábiles y


más honrados. Sería un crimen prolongar esta situación de innegable bancarrota
moral, económica y política.
La permanencia de usted en el poder es un obstáculo para hacer obra de unión
y de reconstrucción.
Por la intransigencia y los errores de usted, se han visto imposibilitados de co-
laborar en su Gobierno, hombres progresistas y de buena fe que hubieran podido
ser útiles a México.
Esos hombres, esos intelectuales, esa juventud pletórica de ideales, esa gen-
te nueva, no mancillada, no corrompida ni gastada, esos revolucionarios de ayer,
se han apartado de la cosa pública llenos de desencanto; esos jóvenes que se han
iniciado en los grandes principios de la revolución y sienten infinita ansia de rea-
lizarlos; esos enamorados del ideal, que hoy llevan el alma impregnada de anhelo
por un gobierno serio, honrado, fuerte, impulsado por anhelos generosos y atento
a cumplir los compromisos contraídos en hora solemne.
Devuelva usted su libertad al pueblo, C. Carranza; abdique usted sus poderes
dictatoriales, deje usted correr la savia juvenil de las generaciones nuevas. Ella puri-
ficará, ella dará vigor, ella salvará a la patria.
Y si usted, como simple ciudadano, puede colaborar en la magna obra de re-
construcción y de concordia, sea usted bienvenido.
Pero, por deber y por honradez, por humanidad y por patriotismo, renuncie
usted al alto puesto que hoy ocupa y desde el cual ha producido la ruina de la Re-
pública.
Nuevos horizontes se presentan para la patria. El señor doctor don Francisco
Vázquez Gómez, hombre conciliador y atingente, antiguo y firme revolucionario,
invita a la unión a los mexicanos, y ha encontrado una fórmula de unificación y
de gobierno, dentro de la que caben todas las energías sanas, todos los impulsos
legítimos, el esfuerzo de todos los intelectuales de buena fe y el impulso de todos
los hombres de trabajo.
Bajo esa nueva dirección se podrá hacer patria, se fundará una paz definitiva,
se reorganizará el progreso, se consolidará un gran Gobierno de la unificación re-
volucionaria.
Y para allanar esa obra que de todas maneras habrá de realizarse, sólo hace falta
que usted cumpla con un deber de patriota y de hombre, retirándose de lo que usted
ha llamado Primera Magistratura, en la que ha sido usted tan nocivo, tan perjudicial,
tan funesto para la República.

Emiliano Zapata

89
Plan de Agua Prieta

Considerando:

I. Que la Soberanía Nacional reside esencial y originalmente en el pueblo;


que todo Poder Público dimana del pueblo y se instituye para su bene-
ficio; y que la potestad de los mandatarios públicos es únicamente una
delegación parcial de la soberanía popular, hecha por el mismo pueblo.
II. Que el actual Presidente de la República, C. Venustiano Carranza, se
ha constituído Jefe de un Partido Político, y persiguiendo el triunfo de
ese Partido, ha burlado de una manera sistemática el voto popular; ha
suspendido, de hecho las garantías individuales, ha atentado repetidas
veces contra la soberanía de los Estados y ha desvirtuado radicalmente
la organización política de la República.
III. Que los actos y procedimientos someramente expuestos, constituyen,
al mismo tiempo, flagrantes violaciones a nuestra Ley Suprema, delitos
graves del orden común y traición absoluta a las aspiraciones funda-
mentales de la Revolución Constitucionalista.
IV. Que habiéndose agotado todos los medios pacíficos para encauzar los
procedimientos del repetido Primer Mandatario de la Federación, por
las vías constitucionales, sin haberse logrado tal finalidad, ha llegado el
momento de que el pueblo mexicano asuma toda su soberanía, revocan-
do al mandatario infiel el poder que le había conferido, y reivindicando
el imperio absoluto de sus instituciones y de sus leyes.

En tal virtud, los subscritos, ciudadanos mexicanos, en pleno ejercicio de nues-


tros derechos políticos, hemos optado en todas sus partes y protestamos sostener
con entereza, el siguiente

Plan orgánico del Movimiento


Reivindicador de la Democracia y de la Ley

Art. 1. Cesa en el ejercicio del Poder Ejecutivo de la Federación, al C. Venus-


tiano Carranza.
Art. 2. Se desconoce a los funcionarios públicos cuya investidura tenga ori-
gen en las últimas elecciones de Poderes Locales verificadas en los

91
Nuestra Historia

Estados de Guanajuato, San Luis Potosí, Querétaro, Nuevo León y


Tamaulipas.
Art. 3. Se desconoce, asimismo, el carácter de Consejales del Ayuntamiento
de la Ciudad de México, a los ciudadanos declarados electos con moti-
vo de los últimos comicios celebrados en dicha capital.
Art. 4. Se reconoce como Gobernador Constitucional del Estado de Nayarit,
al C. José Santos Godínez.
Art. 5. Se reconoce también a todas las demás autoridades legítimas de la Fe-
deración y de los Estados. El Ejército Liberal Constitucionalista sos-
tendrá a dichas autoridades siempre que no combatan ni hostilicen al
presente movimiento.
Art. 6. Se reconoce expresamente como Ley fundamental de la República, a la
Constitución Política de cinco de febrero de mil novecientos dicisiete.
Art. 7. Todos los Generales, Jefes, Oficiales y soldados que secunden este Plan,
constituirán el Ejército Liberal Constitucionalista. El actual Goberna-
dor Constitucional de Sonora, C.Adolfo de la Huerta, tendrá interina-
mente el carácter de Jefe Supremo del Ejército, con todas las facultades
necesarias para la organización militar, política y administrativa de
este movimiento.
Art. 8. Los Gobernadores Constitucionales de los Estados que reconozcan y se
adhieran a este movimiento en el término de treinta días, a contar de
la fecha de promulgación de este Plan, nombrarán, cada uno de ellos,
un representante debidamente autorizado, con objeto de que dichos
delegado, reunidos a los sesenta días de la fecha del presente, en el sitio
que designe el Jefe Supremo del Ejército Liberal Constitucionalista.
Art. 9. Si en virtud de las circunstancias originadas por la campaña, la Junta
de Delegados de los Gobernadores Constitucionales a que se refiere
el artículo anterior, no reune mayoría en la fecha indicada, quedarán
definitivamente como Jefe Supremo del Ejército Liberal Constitucio-
nalista el actual Gobernador Constitucional del Estado de Sonora, C.
Adolfo de la Huerta.
Art. 10. Tan luego como el presente Plan sea adoptado por la mayoría de la
Nación y ocupada la ciudad de México por el Ejército Liberal Cons-
titucionalista, se procederá a designar un Presidente Provisional de la
República, en la forma prevista por artículos siguientes:
Art. 11. Si el movimiento quedare consumado antes de que termine el actual
período del Congreso Federal, el Jefe Supremo del Ejército Liberal
Constitucionalista convocará al Congreso de la Unión a sesiones ex-
traordinarias, en el lugar donde pueda reunirse, y los miembros de am-
bas Cámaras eligirán al Presidente Provisional, de conformidad con la
Constitución vigente.
Art. 12. Si el caso previsto por el artículo anterior llegare a presentarse con pos-
terioridad a la terminación del período constitucional de las Cámaras

92
To m o I . E l s i g l o x x

actuales, el Jefe Supremo del Ejército Liberal Constitucionalista asumi-


rá la Presidencia Provisional de la República.
Art. 13. El Presidente Provisional convocará a elecciones de Poderes Ejecutivo
y Legislativo de la Federación, inmediatamente que tome posesión de
su cargo.
Art. 14. El Jefe Supremo del Ejército Liberal Constitucionalista nombrará Go-
bernadores Provisionales de los Estados de Guanajuato, San Luis Poto-
sí, Querétaro, Nuevo León y Tamaulipas; de los que no tengan Gober-
nador Constitucional y de todas las demás Entidades Federativas, cuyos
primeros mandatarios combatan o desconozcan este movimiento.
Art. 15. Consolidado el triunfo de este Plan, el Presidente Provisional autori-
zará a los Gobernadores Provisionales para que convoquen inmedia-
tamente a elecciones de Poderes Locales, de conformidad con las leyes
respectivas.
Art. 16. El Ejército Liberal Constitucionalista se regirá por la Ordenanza General
y las Leyes militares actualmente en vigor en la República.
Art. 17. El Jefe Supremo del Ejército Liberal Constitucionalista y todas las au-
toridades civiles y militares que secunden este Plan, darán garantías a
nacionales y extranjeros y protegerán muy especialmente, el desarrollo
de la industria, del comercio y de todos los negocios.

Sufragio efectivo. No reelección.

Agua Prieta, Sonora, 23 de abril de 1920.


General de División, P. Elías Calles.
Generales de Brigada: Ángel Flores, Francisco R. Manzo
y muchas otras firmas.

93
Plan sexenal para
el periodo presidencial 1934-1940

El Partido Nacional Revolucionario..., afirmando que el problema social de mayor


importancia en nuestro país es, sin género de duda, el relativo a la distribución de
la tierra y a su mejor explotación, desde el punto de vista de los intereses nacio-
nales, vinculado íntimamente con la liberación económica y social de los grandes
núcleos de campesinos que directamente trabajan la tierra; por lo cual, continuará
luchando por convertirlos en agricultores libres, dueños de la tierra y capacitados,
además, para obtener y aprovechar el mayor rendimiento de su producción.
Consiguientemente, el ideal agrario contenido en el artículo 27 de la Constitu-
ción General de la República seguirá siendo el eje de las cuestiones sociales mexica-
nas, mientras no se haya logrado satisfacer, en toda su integridad, las necesidades
de tierras y aguas de todos los campesinos del país... El límite único de las dotacio-
nes de tierras y aguas será la satisfacción de las necesidades agrícolas de los centros
de población de la República mexicana... Teniendo en cuenta que el ejido es una
forma incompleta y restringida de satisfacer las necesidades de tierras y aguas para
la agricultura, por lo cual es menester abrir nuevos caminos de mayores alcances
para lograr una mejor distribución agraria, se complementará el procedimiento
ejidal con tres clases de medidas que deberán ser objeto de inmediata atención...

I. Fraccionamiento de latifundios... II.—Redistribución de la población rural,


buscando un nuevo asiento agrícola, con oportunidades, a los excedentes de la po-
blación... III.—Colonización interior, llevada a cabo con nacionales... para la libe-
ración económica y social de los peones acasillados en las haciendas... Las obras de
irrigación se consideran por el Partido Nacional Revolucionario como un comple-
mento forzoso de la política encaminadas a obtener el progreso agrícola del país...
...El Partido Nacional Revolucionario hará que sus miembros en el Poder desa-
rrollen una política francamente sindical, fomentando y estimulando, por todos los
medios posibles, la organización de los trabajadores sin más límite que el señalado
por las leyes... Como una derivación del desarrollo sindical, habrá de fomentarse y
consolidarse la contratación colectiva del trabajo, procurando llegar a convertirla
en la forma única, o por lo menos preponderante, de poner en relación a los indus-
triales y a los trabajadores. La implantación del Seguro Social obligatorio, aplicable
a todos los trabajadores, y que cubra los principales riesgos no amparados por la
Ley del trabajo...

95
Nuestra Historia

El Partido Nacional Revolucionario considera que el fomento de la Educación


Pública deberá ser una de las más serias preocupaciones del Estado, porque con ella
se coadyuva eficazmente al mejoramiento de las condiciones sociales y económica
de la población... ; declara que... el Presupuesto Federal nunca baje este ramo del
15% del total de los gastos de la Federación...
El Partido Nacional Revolucionario... reconoce y proclama que la escuela pri-
maria es una Institución Social y que por lo mismo, las enseñanzas que en ella se
imparten y las condiciones que deben llenar los maestros para cubrir la función
social que tienen, deben ser señalados por el Estado, como representante genuino y
directo de la colectividad, no reconociéndose a los particulares (con falso y exage-
rado concepto de la libertad individual) derecho absoluto para organizar y dirigir
planteles educativos ajenos al control del Estado....
La escuela primaria será laica, no en el sentido puramente negativo abstencio-
nista, en que se ha querido entender el laicismo por los elementos conservadores
y retardatarios, sino que en la escuela laica, además de excluir toda enseñanza re-
ligiosa, se proporcionará respuesta verdadera, científica y racional a todas y cada
una de las cuestiones que deben ser resueltas en el espíritu de los educandos, para
formarles un concepto exacto y positivo del mundo que les rodea y de la sociedad
en que viven, ya que de otra suerte la escuela dejaría incumplida su misión social...

Diciembre de 1933
Partido Nacional Revolucionario

96
Mensaje al Congreso de la Unión
al tomar posesión de la primera
magistratura del país

Honorable Congreso de la Unión: deseo en estos momentos expresar al pueblo


mexicano palabras de honda reflexión sobre mis propósitos de gobierno.
La Revolución Mexicana ha seguido desde su origen y a través de su historia un
anhelo de justicia social y dentro de este anhelo ha tratado de vencer las múltiples
resistencias de carácter económico, político y moral que toda revolución encuen-
tra. Pero esta consideración no debe ocultarnos la realidad permanente en que se
desenvuelve la vida de la República y en la que perduran todavía muchos aspectos
de explotación a pesar de los esfuerzos que el gobierno revolucionario ha venido
haciendo hasta hoy.
Tengo presentes de una manera indeleble las impresiones que durante mi cam-
paña electoral pude recoger: profundas desigualdades e inicuas injusticias a que
están sometidas grandes masas de trabajadores y muy particularmente los núcleos
indígenas, que deben constituir para nosotros una honda preocupación.
Nada puede justificar con más elocuencia la larga lucha de sacrificios de la Re-
volución Mexicana, como la existencia de regiones enteras en las que los hombres
de México viven ajenos a toda civilización material y espiritual, hundidos en la igno-
rancia y la pobreza más absoluta, sometidos a una alimentación, a una indumenta-
ria y a un alojamiento inferiores e impropios de un país que, como el nuestro, tiene
los recursos materiales suficientes para asegurar una civilización más justa.
La gira que hice por toda la República me ha permitido conocer y estudiar
todos estos distintos problemas que la Revolución Mexicana tiene enfrente, y a
los que atenderá con preferencia para lograr que se implante en los campos y en
las ciudades un tipo de vida económica superior y formas morales y educativas de
acuerdo con las aspiraciones que tiene el proletariado y que ya están contenidas en
el plan sexenal, que servirá como norma a mi gobierno.
Debemos tener presente, por otra parte, la urgencia para conjurar las duras
condiciones en que se encuentran los hombres que carecen de trabajo, o que lo
tienen con angustiosa irregularidad o con salarios vergonzosos. La única mane-
ra de combatir esa irregularidad y esa miseria, es crear nuevas oportunidades de
trabajo. Las obras públicas que el gobierno desarrollará intensamente, facilitarán
estas oportunidades; pero estarán muy lejos de ser las suficientes para concluir el
problema de la desocupación y de los bajos salarios.
Para ayudar a resolver este serio problema, tenemos el creciente programa que
aparece en la plataforma del movimiento revolucionario: fomentar y organizar la

97
Nuestra Historia

explotación de nuestros recursos naturales bajo las normas y sistemas de socializa-


ción, enunciados claramente en el plan sexenal. Las grandes riquezas inexplotadas
en el país nos esperan. Si el trabajo y el entusiasmo de nuestro pueblo se apresta a
explotarlas directamente, en colaboración con el gobierno, creando empresas cons-
tituidas por organizaciones de trabajadores, vendrá como consecuencia una pode-
rosa economía nacional y la positiva revolución económica y social de México.
Es fundamental ver el problema económico en su integridad y advertir las co-
nexiones que ligan cada una de sus partes con las demás. Sólo el Estado tiene un
interés general y, por eso, sólo él tiene una visión de conjunto. La intervención del
Estado ha de ser cada vez mayor, cada vez más frecuente y cada vez más a fondo.
Hay que principiar por catalogar los recursos agrícolas y mineros, por clasi-
ficarlos, delimitarlos en zonas y distritos, y ponerlos a trabajar en orden, con mé-
todo, por núcleos organizados, dirigidos y apoyados por el Estado. Ha de ser esta
una obra de rasgos nacionales tan claros, de un beneficio social tan patente, que no
podrán desvirtuarla ni los escépticos ni los interesados.
La agricultura es una de nuestras mayores riquezas; en ella ganan su sustento
las tres cuartas partes de nuestra población; es la única que aún está casi íntegra-
mente en manos de mexicanos. Nada se avanzará en ella, sin embargo, si su aspecto
más extenso y más hondo, el sistema de propiedad de la tierra, no se termina de
cambiar.
Y mientras nuestra agricultura no produzca mucho más, en cantidad, en calidad,
en variedad, las fuerzas de transformación de que se esperan tan grandes resultados,
como la salubridad y la educación, seguirán obrando en un terreno deleznable y pre-
cario. Simultáneamente la educación y el crédito conducirán a la etapa final: a una
transformación honda de los elementos naturales, pobres o limitados, con que ahora
trabaja la agricultura y a un reacomodo de la población agrícola, a la que hay que po-
ner en el terreno más propicio.
La industria minera cuenta con recursos y con una larga tradición marcada
por una serie de pueblos florecientes, en decadencia o en ruinas, que nacen y des-
aparecen al unísono de la bonanza o al agotamiento de la riqueza minera. Ninguna
huella permanente ha dejado hasta ahora, por que su explotación ha sido siempre
privilegio de unos cuantos, ocasión para amasar grandes fortunas y oportunidad
para constituir monopolios.
Frente a esta situación, el Estado seguirá tomando las medidas necesarias para
reorganizar la actual industria e integrarla con la futura. La transformación no es
precisamente, de un orden técnico, sino habrá de conseguirse más que nada, reor-
ganizando las fuerzas de trabajo que en la minería intervienen.
En cuanto a las industrias manufactureras, la transformación es de mucho más
fondo; es pobre, empírica, no cubre todas las posibles fuentes de producción, con-
sumo y es desordenada, ya que dentro de ella cada industria carece de una impor-
tancia graduada en relación con las exigencias sociales y económicas del país.
Nuestro comercio tiene que mejorarse paralelamente a la producción. La cir-
culación más fácil y el consumo más abundante, tienen que operar el cambio. Por

98
To m o I . E l s i g l o x x

eso, nuestras vías de comunicación deben obedecer estrictamente a necesidades


económicas y no a otras de carácter superfluo; sus servicios de transporte han de
entenderse como servicios públicos; sus cuotas han de corresponder a ese criterio,
las subvenciones y ayuda del Estado sólo han de darse a cambio de un verdadero
servicio público.
Por lo que toca al comercio exterior, urge, así mismo, racionalizar la política
arancelaria, para facilitar la exportación de nuestros productos y a la vez importar
todo aquello que no produzcamos aún; política que nos ayudará a realizar nuestros
planes de poner en actividad nuevas fuerzas de producción.
Al intercambio y a la circulación de la riqueza han de contribuir en una gran
medida el crédito. El gobierno ha fundado instituciones nacionales para atender las
necesidades que no pudo ni quiso atender la iniciativa privada. Además de los recur-
sos con que ahora cuentan, habrá que concederles cada vez mayores; y para que se
aprovechen hasta su máximo, las instituciones nacionales establecerán mayor con-
tacto con el Banco de México, para que en este encuentren mayor apoyo que juntos,
y estrechamente unidos realicen con una noción clara de su carácter de instituciones
nacionales y estatales, los planes de promoción trazados por el Estado, siempre con
vista al interés nacional del país.

Problema agrario

La administración a mi cargo prestará especial atención a la resolución de este im-


portante problema, que es uno de los temas más apasionantes de la Revolución Mexi-
cana, y que debemos apresurar su resolución para seguir construyendo más nuevas
modalidades, nuevas fuentes de producción económica y de bienestar social.
Es cierto que en algunas regiones del país se ha detenido hasta la fecha, por di-
versas y accidentadas circunstancias, la dotación de las tierras que deben entregarse
a los pueblos en cumplimiento de nuestras leyes, y estimo por lo mismo más conve-
niente manifestar que también ahí se llevará hasta su fin la resolución del problema
agrario, pues hemos dicho, en multitud de ocasiones, que en esta cuestión no cabe
otro recurso ni otro medio que el de entregar a los pueblos y a los trabajadores del
campo lo que por siglos ha sido su fuente de vida.
La crítica de los disidentes contra el ejido nos obliga a advertir que el gobierno
continuará su política de dotación de tierras a los pueblos, con la organización agrí-
cola y refaccionamiento del ejido, pues desea lograr desde luego una producción
eficiente y abundante para las necesidades y evolución de nuestro pueblo y contestar
así a las objeciones de los enemigos, que aseguran la incapacidad de los campesinos
para una función de verdaderos productores, cuando es lo único que representaron
como siervos y es lógico que lo sepan representar mejor como hombres libres.
Además, la política agraria del gobierno no se limitará a dar las dotaciones
pendientes, sino que iniciará las reformas legales necesarias para señalar zonas a
los campesinos que hayan sido dotados de tierras impropias para eso así como para
sustituir las que estén comprendidas dentro de las reservas forestales ya decretadas

99
Nuestra Historia

o que se decreten en lo sucesivo. Esta sugerencia nos la da la observación compro-


bada en muchos lugares del país en que se dieron a los campesinos tierras estériles,
una veces contrariando las resoluciones presidenciales y otras por no haber existi-
do tierras adecuadas para el cultivo dentro de límites legales; dando por resultado
que se hayan dado casos en que los pueblos dotados de tierras no pueden resolver
siquiera el problema de su subsistencia mucho menos el de la producción.
Pero si este recurso no fuera el suficiente para resolver satisfactoriamente las
necesidades locales señaladas, queda aún el recurso al poder público de poder dar
de las grandes reservas de las tierras fértiles, fácilmente cultivables, a lo que sólo
sería menester hacerles algunas obras de transformación y de saneamiento dotán-
dolas a la vez del crédito refaccionario suficiente para despertar en áreas rurales el
necesario impulso de colonizarlos; el éxito alcanzado en varios sistemas de riego ya
existentes y la demanda de terrenos irrigables, son prueba suficiente de la facilidad
con que nuestra población campesina desplaza sus lugares de nacimiento hacia las
zonas más fértiles y mejor colocadas al cultivo.
Coadyuvarán a este propósito las carreteras nacionales y locales ya en función
o en proyecto, así como la vías férreas que se inician hacia el sureste o la de Sonora
a Baja California; la de Ejutla a la Laguna de Chacahua costa oaxaqueña; la de Urua-
pan, Mich., al Pacífico, y la de Durango a Marías que atravesarán grandes territo-
rios de tierras cultivables y sobre los que proyectaremos nuevos distritos agrícolas.
Las clases laborantes se debaten en una lucha doble: las que llevan a la defensa
de sus intereses como clase y las que desarrollan intergremialmente, darse al calor
de pasiones y egoísmos, con lo que sólo han logrado debilitar y retardar el logro de
sus aspiraciones.
Para remediar esto es que he venido propugnando y llamando a los trabajadores
a la formación del frente único, no para que se destruyan las organizaciones o existan
por separado, sino que pienso que, puesto que las necesidades de los trabajadores
son idénticas, bien pueden ellos mismos, respetando la personalidad en su agrupa-
ción integrar un solo frente con un programa general en el que entendidas sus justas
demandas y por las que repito, mi gobierno ha de precisar fundamentalmente.
Así podrá la misma organización empeñarse por realizar los anhelos de todos
los trabajadores, llevando su acción hasta aquellos elementos que encuentren dis-
persos, los que sin sumar grandes factores gremiales permite constituir sindicatos
para su defensa y protección, son, sin embargo, valiosas mujeres que desempeñan
el servicio doméstico, los operarios del taller rudimentario, los asalariados de la
pequeña industria o de la pequeña propiedad rural todos aquellos ciudadanos que,
representando una acción laborante, carecen en absoluto de organismo protector.
Natural consecuencia de un mejoramiento económico preconizado, mediante
una labor legislativa, para que los obreros del campo y de la ciudad, es la partici-
pación activa de estos elementos en la administración municipal del país y en el
organismo dirigente de la función del ciudadano.
Fijaremos la atención de modo especial en el problema electoral del munici-
pio que, siendo la más pequeña célula de nuestras instituciones políticas, es donde

100
To m o I . E l s i g l o x x

radica el más sincero entusiasmo por el sufragio y las más grandes pasiones por la
identidad de los electores con los candidatos; de donde puede inferirse que en ese
inmenso número de pequeños poblados se encuentra el medio más propicio para
iniciar el descontento de los ciudadanos si ven burlada su fuerza numérica o des-
virtuada su tendencia localista.
El Partido Nacional Revolucionario fue creado como estatuto político de la
Revolución para organizar y respetar el voto de las masas, voto que, orientado en
el sentido de sus necesidades, represente una doctrina nacional para la evolución
cultural y económica del pueblo.
Y a garantizar este ejercicio electoral se encaminará el esfuerzo de nuestro par-
tido, a fin de que los obreros y los campesinos entiendan y palpen que representa
para ellos una función, algo más que la elemental del votante, el hecho de inscri-
birse en el padrón de su municipio, entre las filas de una agrupación encaminada a
cuidar que las clases obreras y campesinas cuenten con facilidades que garanticen
la pureza del voto emitido y a vigilar que los ciudadanos elevados al poder cumplan
con las obligaciones contraídas con el mismo pueblo.
En la magnitud del problema educacional de un país que durante centurias no
mereció de los distintos regímenes que en él imperaban sino una egoísta y limitada
atención, hay tres hechos iniciados por la Revolución Mexicana que revelan el en-
tusiasmo con que se ha arrogado esta cuestión trascendental por todos los revolu-
cionarios y por los gobernantes que han surgido del nuevo régimen.

1. Los Presupuestos de educación han sido en continuo ascenso numéri-


co hasta colocarse en el segundo lugar de las partes proporcionales que
del total presupuesto general se señala para los gastos públicos.
2. Ha multiplicado el personal docente en respetables proporciones que le
han permitido ensanchar de modo considerable la educación popular; y
3. Ha definido con toda claridad y valor la tendencia más adecuada para
lograr que la conciencia de los niños abarque y comprenda las activi-
dades humanas dentro de un punto de vista científico y generoso.

Así ha nacido la escuela socialista, a la que el gobierno a mi cargo le impar-


tirá un franco impulso para hacer que la enseñanza corresponda a las necesida-
des y aspiraciones legítimas que tiene el pueblo mexicano, no solo multiplicando
y mejorando los centros docentes en el campo y en la ciudad, sino concretando su
finalidad social en el sentido de que, lo que la escuela socialista persigue, es identi-
ficar a los alumnos con las aspiraciones del proletariado, fortalecer los vínculos de
solidaridad y crear para México de esta manera, la posibilidad de integrarse revolu-
cionariamente dentro de una firme unidad económica y cultural.
De este modo la escuela ampliará sus actividades, constituyéndose como la
mejor colaboradora del sindicato, de la cooperativa, de la comunidad agraria, y
combatiendo, hasta destruirlos, todos los obstáculos que se oponen a la marcha
liberadora de los trabajadores.

101
Nuestra Historia

La educación socialista presupone un fuerte y decidido apoyo por parte de los


maestros revolucionarios, sin cuya colaboración será imposible realizar el programa
que, conectándose con las formas económicas en que se está desarrollando nuestra
Revolución, pretende armonizar las fuerzas del trabajo de hoy con la conciencia que
va a sustentar la acción de los hombres de mañana. Por esto el gobierno a mi cargo
estimará los nobles esfuerzos que en este sentido lleven a cabo los trabajadores de la
enseñanza rectificando a la escuela antigua, cuyo fin era preparar a los individuos
para luchar contra sus semejantes y creando una escuela nueva en la que, educados
los alumnos bajo la actividad en común, puedan sentir, entender y amar la transfor-
mación pacífica de las normas sociales que hay que esgrimir para llegar al terreno de
bienestar económico y moral que ambicionamos para México.
El generoso movimiento de mi antecesor en el ejercicio del Poder Ejecutivo,
declinando la facultad legal para nombrar y remover libremente al personal ad-
ministrativo de su jurisdicción, trajo como consecuencia inmediata una corriente
de justo entusiasmo entre los servidores públicos, quienes iniciaron desde luego
sus organizaciones propias para defender y cuidar sus conquistas y periódicamente
están haciendo gestiones por que esa situación se consolide.
Paralelamente a estos sucesos se han producido ciertas reacciones de opinión
adversa entre distintos grupos populares, que consideran el intento de inamovili-
dad de los empleados del estado o sea el establecimiento del servicio civil, como una
oportunidad afortunada para que algunos elementos no identificados con la Revo-
lución y un tanto cuanto antagónicos a las tendencias sociales del poder público,
logren una situación privilegiada que ningún esfuerzo les costó conseguir.
Son estas circunstancias las que me obligan a considerar de importancia trazar
aquí los lineamientos que deben servir para plantear el problema del servicio civil.
Es indispensable, ante todo, promover la reforma constitucional respectiva,
con objeto de que el beneficio sea general para todos los servidores de los tres po-
deres que constituyen el gobierno.
Hay que considerar enseguida la necesidad de limitar entre los 20 y los 60 años
el periodo más adecuado y propicio para los servidores de la nación, logrando con
ello disminuir el número de los aspirantes y mejorar los servicios públicos.
Estas circunstancias deben servir de complemento al requisito esencial de la
competencia y de la identificación con el régimen, pues se trata con ello de crear un
grupo de trabajadores organizados y responsables por su preparación, de la eficacia,
de la rapidez y de la honestidad con que los negocios públicos deben despacharse.
En los momentos en que se habla de evolucionar y transformar progresiva-
mente todos los organismos de la nación, atacando sus problemas y analizando
sus dificultades, es lógico consagrar también nuestra atención al sostén de nuestras
instituciones de hoy y creador del movimiento social de ayer.
La abnegación del ejército debe ser correspondida no solamente con la esti-
mación de la sociedad, que ha encontrado en él un escudo, ni sólo con el aplauso
del pueblo, que tiene en él un reflejo constante de sus aspiraciones y un valuarte

102
To m o I . E l s i g l o x x

decidido de sus conquistas, sino con progreso positivo del orden material que eleve
su bienestar y su decoro y con nuevas ideas que fortifiquen su espíritu, dándole
funciones sociales y disciplinas más de acuerdo con sus características de institu-
ción humana esencialmente constituida para proteger y salvaguardar el desenvol-
vimiento económico, intelectual y moral del pueblo.
En esta virtud, sus alojamientos y hospitales, escuelas y haberes, serán motivo
de honda preocupación por parte de mi gobierno.
Multiplicaremos por todas las zonas del país las escuelas, internados para los
hijos del ejército, a efecto de relevar a la tropa de la obligación trascendente que tiene
de educar a sus hijos y que se ve imposibilitada de verificarlo, debido a la frecuente
movilidad de sus cuerpos.
Haremos que el ejército obtenga como beneficio que la ley de disciplina del ejérci-
to y la armada y la ordenanza general del ejército abroguen todas aquellas disposicio-
nes que prohíben al subalterno (soldado, clase y oficial) recurrir libremente ante sus
superiores jerárquicos y otra autoridad competente, haciendo representaciones en pro
de su mejoramiento personal o para exponer quejas contra sus superiores inmediatos
por lesiones recibidas en sus intereses privados o en su dignidad de hombres.
Pero hay algo más importante para los componentes de la institución armada y
que, viendo sus intereses vitales, me propongo atender desde luego y es: la imposi-
bilidad material en que se encuentran gobierno y miembros del ejército de otorgar
y alcanzar ascensos, matando así el progreso moral del instituto y las más legítimas y
naturales aspiraciones de sus componentes. Plétora de oficiales que nos lega pri-
mero la Revolución y que han aumentado más tarde las luchas de facción cuando
habíamos logrado constituirnos, son la causa primordial de este problema que año
con año ha venido agudizando las progresivas reducciones a las corporaciones mi-
litares que en distintos períodos del gobierno se han verificado y que seguramente
nosotros también nos veremos obligados a verificar, obedeciendo a circunstancias y
condiciones económicas o políticas del país, de incontrastable acción y por lo mismo,
serán inusitados los recursos para obtener el remedio.
Tenemos que llevar el personal de oficiales y jefes excedentes en el ejército a
otras dependencias de la administración, seleccionando a los mejor capacitados
para que los servicios públicos no sufran menoscabo alguno en su funcionamiento
y conservando para el personal desplazado sus derechos de antigüedad y sus consi-
deraciones militares para el caso de que el servicio de su rama exija su retorno.
Nuestro ejército seguirá identificándose con los núcleos obreros y campesinos
en sus actividades sociales y en las diferentes fases de su lucha de clases; ambos gru-
pos proletarios son la matriz de donde toma el ejército nacional sus más valiosos
elementos y, unidos campesinos y obreros, constituyen las reservas de energía con
que se renueva constantemente la fuerza nacional de cuyas fuentes han de brotar
muy pronto nuevos grupos de milicias locales que, constituyendo la benemérita
guardia nacional, asuma los múltiples servicios de seguridad regional, que hoy
gravitan sobre el ejército de línea, para que este pueda disponer de suficientes ele-

103
Nuestra Historia

mentos económicos para realizar su mejoramiento y perfeccionar su instrucción,


así como para que el gobierno constituido logre eliminar el nuevo reducto de la
reacción organizada bajo el nombre de guardias blancas y que, por circunstancias
especiales, se han venido colocando a guisa de pantalla entre la celosa vigilancia
de los poderes públicos y los bastardos de intereses que defienden en contra de las
aspiraciones populares.
Con respecto a nuestras relaciones exteriores, México seguirá conservando su
política de cordialidad y buen entendimiento, ajustándose, como hasta ahora, a man-
tenerse dentro de los estrictos cánones que marca el derecho internacional, estre-
chando los fuertes lazos de amistad que lo unen con las demás naciones del mundo.
Tanto más cuanto que, el más caro deseo que podemos abrigar, está en que se
nos comprenda en nuestra calidad de pueblo joven que propugna por concluir con
la supervivencia de un régimen de explotación y que esta fincando los basamentos
de una sociología más justa y más humana, en donde se remedien las miserias de
nuestras clases laborantes y muy especialmente de las clases indígenas.
Comprendo, como dije al principio de mi campaña política, que solo una cons-
ciente estimación de los grandes problemas nacionales por parte del pueblo y una
íntima unión del gobernante con la nación, pueden constituir el secreto del éxito y
deseo declarar en estos momentos que, para conservar el contacto con los ciudada-
nos, el lazo de unión y la fuerza de opinión que me permita conducir al país por un
sendero de adelanto y tranquilidad, estableceré una hora fija diariamente para que
mediante el radio o un hilo telegráfico directo a las dependencias presidenciales,
me dirijan los ciudadanos o las agrupaciones sus quejas, sus necesidades, sus con-
flictos, y así poder concurrir en su auxilio solidarizándome con su situación.
El pueblo debe sentir la responsabilidad de mi exaltación al puesto más eleva-
do del país, como una demostración irrecusable de que la vida institucional, que
constituye uno de los principios vitales de nuestra Revolución, va realizándose. Y
esto me obliga a declarar con firmeza, que la constitución y las leyes de la República
serán mi norma infranqueable en el cumplimiento de mi deber. La Revolución ha
ido convirtiendo en normas jurídicas y morales sus postulados y sus tendencias,
dignificándose así como gobierno de instituciones.
Si en algún instante la ley no responde a las exigencias de nuestro programa
en constante renovación, tendremos la fuerza bastante en nuestras organizaciones
políticas y el camino constitucional abierto para modificar la ley; pero no debemos
violar los principios legales que dan poderosa vida institucional y garantía de respe-
tabilidad, dentro y fuera de la República, a la marcha de la Revolución.
A llegado el momento en que debemos mantenernos dentro de una firme dis-
ciplina ciudadana – de la que no esté excluida la sana crítica – que nos permita, sin
injustificadas agitaciones, movidos todos con un amplio espíritu de trabajo, entre-
garnos por entero a la inmensa labor de construcción que estamos comprometidos
a realizar.
Ninguna noble ambición, ni la confianza nacional, pueden sustentarse a base
de promesas, si éstas no se convierten en realidades perdurables.

104
To m o I . E l s i g l o x x

Todos los auspicios nos son favorables: inspirados en las necesidades de nuestro
pueblo; apoyado en la ley y en nuestro partido, y con el más hondo propósito de me-
recer en todo instante la confianza de las clases trabajadoras, llego a la presidencia
del país invocando de todo el pueblo que me ha elevado a un puesto de tan grande
responsabilidad, su cooperación entusiasta y su fé en los destinos de la República.

México, D. F. 30 de Noviembre de 1934


Lázaro Cárdenas del Río

105
Discurso del Presidente de la República
a los trabajadores del país

Trabajadores de la República: Cuando un grupo apasionado pretende agitar al país


con fines personalistas; cuando la intriga y la mentira constituyen la única arma
que esgrimen en su necia aventura, tengo la obligación de dirigirme a todos los
habitantes de mi patria, para expresarles a qué se debe esta acometida.
Las necesidades del pueblo mexicano son ampliamente conocidas por to-
dos us­tedes. En mi gira a través de la República, expresé, descarnadamente, las
necesida­des obreras y campesinas, así como la situación precaria de los pue-
blos. En tales condiciones era indispensable que la Revolución hecha gobierno,
de una vez por todas, cumpliera con los compromisos que había contraído en
los campos de bata­lla. Desde entonces entendí que mi misión como presidente
de la República no es otra que realizar sus obligaciones.
Sin embargo, el pueblo mexicano sabe que toda reforma, toda acción que pueda
afectar los intereses creados o los intereses conservadores, tienen que encontrar se­rios
obstáculos en su camino. ¿Qué de extraño tiene, entonces, que el pueblo mexi­cano
esté presenciando hoy una acometida de intrigas, tortuosidades y perfidias? En toda la
historia hemos observado agresiones semejantes que provienen, no sólo de la facción
conservadora, sino, por desgracia, de elementos que, impulsados por bastardas ambi-
ciones, dejándose arrastrar por camarillas de explotadores, llegan a olvidar los sufri-
mientos de la clase a la que pertenecieron y abandonando las filas de la Revolución, se
solidarizan con los eternos enemigos de ella, para combatir los beneficios alcanzados
por los trabajadores en sus luchas emancipadoras y aho­gar los justos anhelos de mejo-
ramiento cuya satisfacción reclaman del poder pú­blico.
El pueblo mexicano y en particular las organizaciones de trabajadores, no deben
sorprenderse de esta última acometida. Las nuevas reformas que lesionan los inte­
reses creados, la afectación de la tierra, los esfuerzos porque la distribución de la
riqueza sea más equitativa, tienen que traer forzosamente esas reacciones. No debe
extrañar que los hombres que estuvieron al frente del poder, que fueron conduc­
tores de las masas, hicieran ayer bandera de las necesidades del pueblo y traten hoy
de poner un dique a la acción integral, a la labor organizada que tratamos de realizar
en beneficio de los intereses nacionales.
Todo México, el país entero sabe que han tomado como pretexto para la re­
ciente acometida al régimen institucional, la formación de un llamado partido po-
lítico; pero todo el país sabe también cómo los individuos que quieren integrarlo
han estado recorriendo la República tratando de sobornar a los encargados del po-

107
Nuestra Historia

der público y aun a algunos pundonorosos militares, hablándoles de la necesidad


de defenderse de las organizaciones proletarias, a las que atribuyen dizque la dis­
gregación del propio gobierno; afirmándoles que éste lleva un mal camino y que
desarrolla una labor completamente disolvente. Esta es la acción que han venido
efectuando muchos de los elementos que, afortunadamente para el país, son de
sobra conocidos.
Le pregunto al pueblo mexicano: ¿acaso existe en el país una anarquía produ­
cida por los trabajadores?
¿Acaso el elemento campesino no ha sido consecuente atendiendo a las indica­
ciones del gobierno cuando éste le ha dicho: esperen a que estemos en condiciones
más favorables para aumentar el número de ingenieros y acelerar así la dotación
de las tierras?
¿Acaso la misma clase campesina no está enterada de que lo que no se pudo
ha­cer de 1915 a 1934, en el año en curso se ha realizado al entregar veinte millones
de pesos para el crédito de los ejidos? ¿El mismo pueblo no está enterado de la ac-
ción integral que tratamos de llevar a cabo para el progreso de la nación? ¿En qué
consiste entonces la disgregación? ¿Qué no estamos pugnando por consolidar las
instituciones y sin desvirtuar el espíritu revolucionario afianzamos cada vez más
los derechos que les corresponden a las gentes que trabajan? Para seguir con nues­
tra obra, ¿no contamos con un ejército debidamente organizado, que está dando
muestras de verdadera lealtad y pruebas de que tiene conciencia de su responsa­
bilidad, identificándose con los problemas de las clases laborantes?
Hemos repetido en distintas ocasiones que nuestro programa es integral, que
tra­tamos de cumplir con las obligaciones que la Revolución ha contraído con el pue­
blo mexicano, que no nos liga compromiso con ninguna camarilla; y si la since­ridad
de nuestros propósitos nos hace ver el panorama social tal cual es, presen­tándonos
la situación angustiosa en que viven los poblados indígenas, la miserable condición
que guardan muchos núcleos de campesinos y las ansias insatisfechas de algunos
grupos obreros de la ciudad, debemos robustecer nuestra convicción de que es pre-
ciso seguir adelante; ¡ si se lastiman intereses, eso no nos importa!
Es mentira que haya labor disolvente de los obreros y campesinos organizados.
Debemos explicarnos que si hay manifestaciones, algunas veces hasta de carácter
tumultuario de algún grupo, éstas no son más que expresiones del dolor que se en-
cuentra entre las masas obreras y campesinas. Hemos dicho también, como es la rea-
lidad, que los trabajadores y campesinos no son inconsecuentes ni con la situa­ción
del gobierno ni con la que a ellos les afecta; que tienen conciencia de su responsabi-
lidad y saben hasta dónde podemos ir; saben asimismo que hay necesidad de esperar
a que el propio régimen, a que la propia Revolución, formada por falanges de ellos
mismos, pueda realizar integralmente el programa que permita mejorar las condi-
ciones económicas, culturales del pueblo mexicano. En todo el país no he advertido
esa labor disolvente que quieren hacer aparecer los elementos que ayer estuvieron al
lado de ustedes: se trata únicamente de un propósito de restauración de privilegios y
de una organización defensora de los poderosos inte­reses creados. Ustedes mismos

108
To m o I . E l s i g l o x x

conocen quiénes están empeñados en esa perversa aventura: son los hombres que ya
han cumplido su misión histórica. Ya el pueblo sabe lo que pudieron hacer, ya sabe
lo que dieron de sí. No les queda a éstos más que reconocer que son las generaciones
nuevas, los hombres nuevos, los que tienen que venir a desplazarlos de los puestos
públicos de orden oficial y social, para que las masas puedan recibir el beneficio de
orientaciones producidas por hombres que no estén gastados, por hombres que no
se hayan acostumbrado al halago, al poder o a la comodidad.
Por eso es, trabajadores organizados, pueblo todo de México, que el gobierno
de mi cargo no ha tenido necesidad de usar medidas drásticas, porque sabe per­
fectamente bien que la fuerza organizada del país, que la fuerza de los trabajado­res,
que la fuerza moral que representamos nos da la suficiente base para poder reprimir
a estos elementos que han venido hoy únicamente con una finalidad per­sonalista. Por
eso mi gobierno viene recomendando a todos los sectores de la Re­pública que estén
tranquilos, que guarden serenidad, que mantengan su confianza en que la respon-
sabilidad que yo tengo como jefe del Ejecutivo Federal sigue en pie velando por los
intereses de toda la nación, y especialmente por los intereses de la clase trabajadora.
Ya en Puebla, en alguna ocasión, llamé a estas asambleas “Tribunal Popular”,
considerándolas capacitadas para juzgar a todos los hombres públicos en sus dis­
tintas responsabilidades y en sus diversas actuaciones. Ahora repito a ustedes lo
que en aquella vez expresé: que sean los trabajadores, que sean los grupos orga­
nizados, que sea el pueblo de México, los que vengan a señalar con índice de fuego
todo el mal, todo el daño que intencionalmente se haga o se trate de hacer en per-
juicio de los intereses nacionales. Cabe repetir también que necesitamos ante todo
honestidad en los servicios públicos y es oportuno señalar en esta vez, que para
poder mantener la unidad del pueblo mexicano, es indispensable gobernar con el
ejemplo, ser sinceros con nuestras convicciones y cumplir celosamente con el pro-
grama administrativo que se ofreció al país. Si los componentes de mi go­bierno —y
yo mismo en lo personal— a la sombra del puesto que desempeñamos llegáramos
a efectuar negocios particulares con detrimento de los intereses de la nación, que
sea este tribunal del pueblo el que se encargue de señalar su nombre para que ese
individuo vaya a la calle. Y si, al terminar mi misión al frente de la presidencia de la
República, algunos de los funcionarios o empleados del gobierno, yo inclusive, he-
mos sacado de las arcas del erario cantidades mayores de las que nos corresponden
por concepto de sueldos, entonces, en 1940, cuando el pueblo trabajador de México
esté más organizado, seguramente que no se detendrá para posesionarse de todas
las propiedades y de todo aquello que hayamos robado a la nación.
Soy el primero en lamentar que estos vigorosos esfuerzos de ustedes se estén
gastando contra una acometida politica, cuando debiéramos todos dedicar nuestro
tiempo a la labor constructiva; pero que entienda el pueblo mexicano, que lo en­
tiendan los países extranjeros, que nosotros no hemos llamado a la puerta: es el
enemigo el que ha venido a tratar nuevamente de lanzarnos a la calle.
Deploro también que se denigre a los hombres que estuvieron al frente de las
masas, que desempeñaron ayer un puesto de gran responsabilidad, que sus nom-

109
Nuestra Historia

bres figuren en leyendas ofensivas, que se ridiculicen .sus figuras en cartelones;


pero no somos nosotros los que hemos provocado esta situación: han sido los ami-
gos de ellos, los que a toda costa quieren seguir lucrando a su alrededor.
Hace pocos días, la agitación que varios elementos trataron de provocar en
diferentes partes de la República, quería encubrirse a través de la organización de
un pretendido partido político, diciendo que no tenía ningún empeño en lesionar
los intereses del gobierno o de las clases laborantes; pero el pueblo no cree esto,
porque sabe quiénes son los que provocan esta nueva agitación. Hace tres días que
todavía estos elementos, seducidos por el canto de las sirenas, declararon a los co­
rresponsales de la prensa extranjera que el movimiento de México es disolvente,
que sus tendencias son marcadamente comunistas, que el gobierno no tiene abso­
lutamente ningún control, que las masas están desenfrenadas; en fin, que se des­
arrolla una labor anárquica en perjuicio de los intereses nacionales. Ya es necesario
que el pueblo de México vea en todo esto una traición a la patria: ¿ por qué moti­vo
agitar otros sectores extraños que tienen distintos problemas, tan serios que les
impiden volver los ojos a nuestro país? ¿Por qué incitarlos a ver a nuestro pueblo
con desconfianza cuando el gobierno, el principal responsable, está manifestando
constantemente —y esto es la verdad— que no hay ninguna desintegración, que no
hay labor disolvente, que tenemos a todas las fuerzas vivas contribuyendo a realizar
una labor benéfica para la nación, con la creación de nuevas fuentes de trabajo?
Nuestro programa de acción es bastante amplio, y cuando empezábamos nues-
tra obra constructiva aparecen los nuevos reaccionarios con sus apetitos insaciables.
El pueblo mexicano debe saber que no podrán hacer retroceder la obra social de la
Revolución, que no podrán dominar la situación de la República; que el gobierno de
los Estados Unidos de América, lo mismo que los de los otros países extranjeros, no
se dejarán influir por estos malos mexicanos, porque los conocen y saben que pre-
tenden una finalidad personalista: el gobierno norteamericano seguramente no va
a intervenir en nuestros asuntos interiores, primero porque nos ha dado múl­tiples
pruebas del respeto que siente por la soberanía de los demás países con su trascen-
dental política del buen vecino y después, porque se preocupa hondamente por la
resolución de los problemas que atañen a su territorio.
Conviene también que todo el pueblo de México sepa por qué ha venido esta
acometida contra el gobierno de la Revolución.
La administración que presido, cumpliendo con el deber de ser leal a la
Revo­lución y dignificarla en todos sus actos, quiso ante todo exterminar los cen-
tros de explotación, los centros de vicio. ¿Y quiénes los regenteaban?
¿Quiénes ocasionaban las lágrimas y la sangre recogidas en estos lugares de
prostitución? ¿ Acaso nosotros? ¿Acaso el gobierno?
Vino después la cancelación del Seguro del Pasajero, ¿ quiénes recibieron las anua-
lidades que se percibían y que montaron a más de un millón de pesos cuando sólo. se
liquidaron indemnizaciones por noventa mil pesos? Este millón sobrante ¿quién lo
recibió? ¿mis colaboradores?

110
To m o I . E l s i g l o x x

Viene luego nuestra acción definida y concreta en el aspecto agrario: vamos a


afectar las distintas propiedades del país de acuerdo con la ley. Sin salirnos de ella,
se reparte la hacienda de Guaracha y anexas de los familiares del yerno del señor
general Calles.
Viene también, por el gobierno, el desplazamiento del señor general Tapia
de la Beneficencia Pública, por ser un elemento desorganizado, porque nos dejó
aque­lla institución en una situación completamente ruinosa.
Y es entonces cuando todos estos individuos, sintiéndose afectados en sus inte­
reses, no tienen otro camino más que el que últimamente han señalado: demostrar
al gobierno que no tiene programa, que el gobierno no tiene control, que el go-
bierno va a arruinar al país. Y todas estas calumnias no tienen otro origen que el
escozor que les causan los latigazos que han recibido de la propia Revolución por la
necesidad de sanear el ambiente, para que el programa que se ha formulado pueda
tener simpatías, no solamente de la clase trabajadora, sino aun de los in­diferentes.
Viene en seguida la tala inmoderada de los bosques del estado de Michoacán.
Hace una semana que visité los montes de Ocuilan, Méx., que pertenecen a die­ciocho
pueblos y suspendí allí mismo las explotaciones que tiene Agustín Riva Palacio
Decretamos la restitución de las tierras de los pueblos indígenas de Mezquital,
estado de Durango, en donde, contra el artículo 27 constitucional, el Ejecutivo lo-
cal procedió a rematar en treinta y dos mil pesos, ciento noventa mil hectáreas de
bosques por un adeudo de veintiocho mil pesos que tenían las comunidades. El ex
presidente de los Ferrocarriles Nacionales formó entonces una compañía en la que
incluyó a tres o cuatro funcionarios y fueron a la explotación de esos bosques, que
acabamos de restituir hace cuatro o cinco meses a sus legítimos propietarios, los
indígenas. Se sienten, pues, estos señores, afectados en sus intereses.
Hace pocos días se libraron órdenes para que a la Nieto y Melchor Ortega,
sociedad que explotaba los bosques de los indígenas de Michoacán desde hace
muchos años, se les cancelaran los permisos correspondientes, expulsándolos del
estado por ser nocivos a los intereses de los indígenas y es natural que todos estos
elementos, que se encuentran a los pies del hombre que ha querido operar una
restauración, estén empeñados en esta acometida.
Yo digo al pueblo mexicano, a los grupos organizados: no hay por qué decretar
la expulsión del país de ninguna persona; no hay por qué ir a pedir su prisión al
territorio extranjero; el general Calles y sus amigos no son un problema ni para el
gobierno ni para las clases trabajadoras. Y que éstas convengan en que es aquí, en
territorio nacional, donde deben quedar esos elementos, ya sean delincuentes o
tránsfugas de la Revolución, para que sientan la vergüenza y el peso de sus respon­
sabilidades históricas.

México, D. F., 22 de diciembre de 1935


Lázaro Cárdenas del Río

111
Decreto de expropiación
de los bienes de las compañías petroleras

Considerando. Que es del dominio público que las empresas petroleras que operan
en el país y que fueron condenadas a implantar nuevas condiciones de trabajo por el
Grupo Número 7 de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje el 18 de diciembre
último, expresaron su negativa a aceptar el laudo pronun­ciado, no obstante de haber
sido reconocida su constitucionalidad por ejecutoria de la Suprema Corte de Justicia
de la Nación, sin aducir como razones de dicha negativa otra que la de una supuesta in-
capacidad económica, lo que trajo como consecuencia necesaria la aplicación de la
fracción XXI del artículo 123 de la Constitución General de la República en el sentido
de que la autoridad respectiva declarara rotos los contratos de trabajo derivados del
mencionado laudo.

Considerando. Que este hecho trae como consecuencia inevitable la suspensión


total de actividades de la industria petrolera y en tales condiciones es urgente que el
Poder Público intervenga con medidas adecuadas para impedir que se produzcan
graves trastornos interiores que harían imposible la satisfac­ción de necesidades co-
lectivas y el abastecimiento de artículos de consumo necesario a todos los centros
de población, debido a la consecuente paralización de los medios de transporte y de
las indus­trias; así como para proveer a la defensa, conservación, desarrollo y aprove-
chamiento de la riqueza que contienen los yacimientos petrolíferos, y para adoptar
las medidas tendientes a impedir la consu­mación de daflos que pudieran causarse
a las propiedades en perjuicio de la colectividad) circunstan­cias todas éstas deter-
minadas como suficientes para decretar la expropiación de los bienes destinados a
la producción petrolera.
Por lo expuesto y con fundamento en el párrafo segundo de la fracción VI del
artículo 27 Constitucional y en los artículos 1, fracciones V, VII y X, 4, 8, 10 y 20
de la Ley de Expropiación de 23 de noviembre de 1936, ha tenido a bien expedir el
siguiente:

DECRETO

Art. 1° Se declaran expropiados por causa de utilidad pública y a favor de la


Nación, la maquinaria, instalaciones, edificios, oleoductos, refinerías,
tanques de almacenamiento, vías de comunicación, carros-tanque,
estaciones de distribución, embarcaciones y todos los demás bienes

113
Nuestra Historia

muebles e inmuebles de propiedad de la Compañía Mexicana de Pe-


tróleo El Aguila, S.A., Compañía Naviera de San Cristóbal, S.A., Com-
pañía Naviera San Ricardo, S.A., Huasteca Petroleum Company, Sin-
clair Pierce Oil Company, Mexican Sinclair Petroleum Corporation,
Stanford y Compañía, S. en C., Penn Mex Fuel Company, Richmond
Petroleum Company de México, California Standard Oil Company of
Mexico, Compañia Petrolera el Agwi, S.A., Compañía de Gas y Com-
bustible Imperio, Consolidated Oil Company of Mexico, Compañía
Mexicana de Vapores San Antonio, S.A., Sabalo Transportation Com-
pany, Clarita, S.A. y Cacalilao, S.A., en cuanto sean necesarios, ajuicio
de la Secretaria de la Economía Nacional para el descubrimiento, cap-
tación, conducción, almacenamiento, refinación, y distribución de los
productos de la Industria petrolera.
Art. 2° La Secretaría de la Economía Nacional, con intervención de la Secre-
taria de Hacienda como administradora de los bienes de la Nación,
procederá a la inmediata ocupación de los bienes materia de la expro-
piación y a tramitar el expediente respectivo.
Art. 3° La Secretaría de Hacienda pagará la Indemnización correspondiente a
las Compañías expropiadas. de conformidad con lo que disponen los
artículos 27 de la Constitución y 10 y 20 de la Ley de Expropiación, en
efectivo y en un plazo que no excederá de 10 años. Los fondos para hacer
el pago los tomará la propia Secretaria de Hacienda del tanto por ciento
que se determinará posteriormente de la producción del petróleo y sus
derivados, que provengan de los bienes expropiados y cuyo producto
será depositado mientras se siguen los trámites legales, en la Tesorería
de la Federación.
Art. 4°. Notifíquese personalmente a los representantes de las Compañías ex-
propiadas y publíquese en el «Diario Oficial de la Federación

18 de marzo de 1938

114
Los trabajadores ante la crisis
del sistema ferroviario

Al exigir revisión de tarifas, el sindicato ferrocarrilero defiende los intereses nacionales.

El problema principal de las líneas férreas mexicanas, y especialmente de los Ferroca-


rriles Nacionales es su irracional explotación. La forma en que han operado sólo puede
calificarse de antipatriótica y antipopular.
¿Por qué los ferrocarrileros afirmamos lo anterior?
Porque los Ferrocarriles Nacionales de México, concebidos por las empresas
extranjeras como una prolongación de las líneas norteamericanas en nuestro suelo
para el saqueo de minerales, no han perdido esa característica. Más aún, el Estado, a
través de una empresa descentralizada, ha subsidiado e impulsado esa explotación.
En realidad, los Ferrocarriles Nacionales de México se han convertido en botín
de un reducido grupo de capitalistas y especuladores, cuya principal preocupación es
exportar productos agrícolas nacionales.
Por medio de bajas tarifas y a costa de su propia existencia, se obliga a los ferro-
carriles nacionalizados a otorgar un antieconómico subsidio que puede estimarse en
MIL MILLONES DE PESOS ANUALES, y que va a parar principalmente a los bolsi-
llos de los monopolios mineros norteamericanos y de los exportadores en general.
A causa de esto, fundamentalmente los Ferrocarriles Nacionales están en quie-
bra perpetua y registran el fenómeno -contrario a lo que debe suceder en toda em-
presa capitalistas- de que las pérdidas se elevan al mismo ritmo que aumenta la
cantidad de Flete transportado. Es decir, a mayor cantidad, mayor déficit.
El anterior gerente de las líneas nacionales, licenciado Roberto G. Amorós
—que junto con el licenciado Manuel R. Palacios comparte la responsabilidad
principal en el actual desastre de los ferrocarriles—, estimó para 1959 un deficiente
de explotación que se eleva a la suma de 356 millones de pesos.
¿Pueden los ferrocarriles seguir operando en esas condiciones? ¿No es una sen-
tencia de muerte para nuestras líneas su funcionamiento en beneficio de los mono-
polios mineros norteamericanos y de los explotadores en general?

No más tarifas de privilegio

Es evidente que se impone el cambio de la política de tarifas. Al proclamar lo ante-


rior, los trabajadores ferrocarrileros están defendiendo los intereses nacionales.
Naturalmente esta opinión de los obreros ferroviarios encuentran una fuerte
oposición. Pero quienes se enfrentan a nuestra afirmación, olvidan o pretenden

115
Nuestra Historia

olvidar que sólo un país en el mundo tiene tarifas tan bajas como las de México; que
en Estados Unidos el transporte ferroviario cobra un promedio de 10.78 centavos
por cada kilómetro que se mueve una tonelada.
Esto contrasta con los 7.4 centavos que, como promedio, cobran los ferrocarriles
Nacionales por tonelada-kilómetro. Y, desde luego, tiene gran diferencia con los 5.95
centavos que se cobró por tonelada-kilómetro a las empresas mineras norteamerica-
nas durante el mes de junio de 1958.
Es decir que, a pesar de tener un sistema ferroviario mucho más atrasado que el de
Estados Unidos, nos damos el lujo de cobrar apenas dos tercios, en promedio de lo que
cobran los ferrocarriles estadunidenses, y menos de la mitad en el arrastre de minerales.
(No es ocioso informar a este respecto que, mientras las empresas mineras norte-
americanas y sus abogados claman porque en México se sostengan las ruinosas tarifas
actuales, las compañías estadunidenses que manejan ferrocarriles en América Latina
cobran tarifas elevadísimas que llegan a representar hasta el 25 por ciento de los pro-
ductos transportados).
Los precios de los materiales necesarios a los ferrocarriles han aumentado nota-
blemente durante los últimos años – especialmente por las sucesivas devaluaciones
del peso -, los costos de operación igualmente; los ferrocarriles afrontan gastos ma-
yores en general, pero las tarifas reales son muy inferiores a las de 1949, año en que se
produjo un alza general de tarifas. Si se tratara de mantener las tarifas reales tomando
como base 1949, actualmente la tonelada-Kilómetro debería cobrarse a 9.9 centavos,
pero, como quedó señalado antes, la empresa sólo recibe 7.49 centavos.

El pretexto

Para impedir la justa elevación de tarifas, el argumento ha sido: “¡Cuidado, puede


provocarse el aumento de precios!” Incluso el ex presidente de la república Adolfo
Ruiz Cortines prefirió ofrecer 87 millones de pesos del erario, antes que permitir el
aumento, pues, decía, éste habría producido mayor carestía.
Pero, en realidad tal argumento no es más que un pretexto, destinado a ocultar
la verdad, pues sin aumento de tarifas los precios en los artículos de primera nece-
sidad no han dejado de subir.
Un ejemplo es el del arroz. Éste cuenta con tarifa de privilegio, pero el precio
del artículo, que en 1931 era de $290.00 la tonelada, aumentó en veinte años hasta
$1 990.00. En 1931 la tarifa ferroviaria representaba el 8.9 por ciento del valor del
arroz, mas en 1951 ya sólo significaba el 0.2 por ciento o sea un descenso de 44
veces en relación con el precio del arroz.
Y lo mismo ha sucedido con el azúcar, la sal molida, el aceite mineral, la man-
teca, el jabón corriente, el maíz, etcétera.
Una importante consecuencia de las bajas tarifas que otorgan a los exporta-
dores es la fuga hacia el extranjero de artículos que son necesarios al mercado na-
cional. La escasez que así se provoca trae consigo su encarecimiento. Esto sucede,
por ejemplo, con el jitomate y el cemento. Mientras en México ambos artículos son
caros y escasos, se exportan en grandes cantidades, y... ¡con tarifas de privilegio!

116
To m o I . E l s i g l o x x

¿Es necesario subrayar que las bajas tarifas ferrocarrileras se sostienen no para
abaratar la vida, sino para favorecer el enriquecimiento ilícito de especuladores de
toda laya, en particular extranjeros?
¿Es necesario aportar más pruebas de que la política tarifaria de los ferrocarri-
les tiene un contenido antipopular, puesto que, para favorecer a un grupo de espe-
culadores, pone en grave peligro a la industria que es, o debería ser, patrimonio de
todo el pueblo y elemento fundamental para el desarrollo de México?

Las tarifas mineras

Pero si grave es el hecho de que usen las tarifas de privilegio para enriquecer a los
agricultores nylon y a intermediarios y especuladores del mismo apellido, todavía es
peor que los monopolios mineros norteamericanos - American Smelting, American
Metal, Peñoles y Anaconda, Copper Co.- disfruten de tarifas más bajas aún para el
arrastre de minerales.
Ejemplos: en 1955, los Ferrocarriles Nacionales movieron 2 117 millones de to-
neladas-kilómetro de productos agrícolas y 3 271 millones de toneladas-kilómetro
de productos minerales; ambos renglones, a pesar de la enorme diferencia de to-
nelaje transportado, produjeron cada uno ingresos por 133 millones de pesos a las
líneas nacionales. En 1957 se obtuvieron 172 millones de pesos por el transporte de
2 482 millones de toneladas-kilómetro de productos agrícolas, y sólo 176 millones
por 3 197 millones de toneladas-kilómetro de productos minerales.
El año pasado obtuvimos este dato: en 839 kilómetros de recorrido el con-
centrado de minerales de fierro pagó 527.35 por tonelada; el maíz $42.85 y la papa
$81.65. Mientras las pérdidas por productos agrícolas transportados fueron en pro-
medio de 2.3 centavos por tonelada-kilómetro en el mes de junio pasado, los
productos minerales sustraían a la economía de los Ferrocarriles 3.9 centavos.
Las devaluaciones monetarias han constituido en materia de tarifas auténticos
regalos a las empresas mineras, al no elevarse aquellas en la misma proporción en
que disminuía el valor del peso. Un ejemplo: cuando una empresa pagaba 86.50 de
flete en marzo de 1954, su erogación equivalía a 10 dólares; en abril, después de la
devaluación, la misma compañía pagaba solamente 6.92 dolares. La utilidad extra de
las empresas por este concepto fue de 602 millones de pesos en 1956.

Pretexto similar

En este caso, cuando se habla de aumentar las tarifas, los opositores exclaman: “¡Ale-
jaréis a los inversionistas! ¡Las empresas se retirarán o bajarán su producción!”
Mentira. Las empresas, con sus ganancias, soportarían sin problema el aumen-
to de tarifas. Los números hablan claro y según ellos de 1900 a 1949 las empresas
tuvieron ingresos de 14 200 millones de pesos; de ellos 5 130 correspondieron a
ganancias; 3 100 a salarios; 2 850 a impuestos y 1 140 a transportes. Por otro lado,
el informe de 195 del Banco de México registra utilidades de las empresas mineras

117
Nuestra Historia

por 232.5 millones. Finalmente hay que decir que las estadísticas revelan un conti-
nuo incremento de las ganancias a expensas de los salarios y del transporte.
Y sin embargo, además de las tarifas, ya no de privilegio sino de regalo, que las
empresas disfrutan, todavía reciben canonjías. En relación con esto mencionaremos
un hecho escandaloso —que denunciamos ante todo el pueblo—, demostrativo de
las prácticas contrarias a la nación que siguen los gerentes de las líneas nacionales.
La Compañía Minera San Francisco Mines of Mexico Limited solicitó can-
celación de sus adeudos por renta de carros, que datan de septiembre de 1957 y
ascienden a $ 230 670, y en el colmo del descaro pidió que ya no se le cobre esa
renta. Amorós aceptó la solicitud aunque no firmó los documentos, pero el actual
gerente, Benjamín Méndez, ya dictó acuerdo en el sentido que pedía la empresa.
Esos acuerdos de los gerentes, contrarios al interés nacional y que sólo tienden
a aumentar la exportación de ganancias de las compañías extranjeras, son atracos
que debieran ser castigados con energía.
¿Es necesario ofrecer más pruebas de que la política tarifaria en el renglón de
minerales sirve exclusivamente para beneficiar a las empresas extranjeras, dilapi-
dando los recursos de una empresa que es, o debiera ser, patrimonio del pueblo?
¿Qué otro nombre que el de antipatriótica cuadra a esta política?
A la vista de los hechos anteriores, los trabajadores ferrocarrileros, conscien-
tes de nuestro deber patriótico, presentamos las siguientes proposiciones:

1. Deben ser revisadas las tarifas de los Ferrocarriles Nacionales de Méxi-


co, sentando el criterio de que ningún producto debe transportarse con
pérdida.
2. Cuando el gobierno federal considere necesario subsidiar el transporte
de algún artículo, la Secretaría de Hacienda deberá cubrir la diferencia
con la tarifa normal.
3. Debe eliminarse toda canonjía en materia de tarifas y reestructurarse la
empresa hasta hacerla una entidad rentable.
4. El aumento parejo a las tarifas no sería razonable pues algunos produc-
tos pagan precios cercanos a su costo de transporte. Consecuentemen-
te deberá hacerse una tabla de tarifas que observe este hecho, pero que
se rija por el principio anotado en el punto 1.

México, D. F., a 9 de febrero de 1959


Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana
Por el Comité Ejecutivo Nacional
Demetrio Vallejo Martínez, Secretario General
Gilberto Rojo Robles, Secretario de organización, educación y propaganda
Roberto Gómez Godínez, Presidente del consejo general de vigilancia

Por la Comisión de Propaganda del Comité General de Huelga


Jesús Rangel, Nicolás Araujo, Rafael Aguayo, David Espinoza Coba,
Primitivo Razo Razo.

118
Programa
Movimiento de Liberación Nacional

Soberanía nacional

Considerando: Que la existencia soberana del Estado mexicano está fun­dada en


un régimen constitucional o de derecho, produc­to de la voluntad del pueblo mexi-
cano expresada en el congreso constituyente de Querétaro en 1917.
Que, de acuerdo con el artículo 39 de la Constitución de la república, “la sobe-
ranía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder político
dima­na del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pue­blo tiene en todo
tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.
Que, tradicionalmente, la soberanía ha sido violada por enemigos extranjeros
—el imperialismo, no sólo territorialmente considerado, sino sobre todo desde el
punto de vista económico-político—, y por enemigos inter­nos: las fuerzas antipopu-
lares y reaccionarias directamen­te relacionadas con aquél.
Que el pueblo mexicano tiene el derecho inalienable, como todos los pueblos,
de alcanzar su plena soberanía nacional —libre de toda tutela extranjera— y de
defen­derla por todos los medios posibles.
Que una de las formas de reivindicación y ejercicio de la soberanía son las leyes
que el propio pueblo se va dando en ejercicio de la misma.
Que esas leyes han cristalizado en nuestras constitu­ciones políticas, como es el
caso de la ley fundamental de 1917.
Que en dicha Constitución se encuentran los medios, individuales sociales, para
luchar por la reivindicación y afianzamiento de la soberanía nacional y popular.
Que, en la lucha por conquistar la emancipación de México de la dependencia
extranjera, el pueblo mexicano se apoya, también, en el principio e inviolable dere-
cho de autodeterminación.
Que la soberanía nacional está íntimamente vinculada a la plena democracia, no
formal sino real, es decir, una democracia en que las fuerzas populares mayoritarias
sean los factores determinantes en el progreso histórico de Mé­xico, dado que la lucha
por la democratización del régi­men político es una de las necesidades fundamentales
del país y que dicha democratización debe expresarse en la participación en el gobier-
no de las fuerzas populares, úni­cas capaces de realizar la emancipación económica.
Que, en ejercicio de su soberanía nacional, el pueblo tiene el derecho indiscu-
tible de rescatar y explotar para su beneficio todos los recursos y riquezas naturales
en ma­nos de extranjeros.

119
Nuestra Historia

Que el pleno ejercicio de la soberanía nacional cubre dos aspectos: uno interno
o nacional y otro exterior. El Movimiento de Liberación Nacional resuelve:

I. Soberanía interna

1. Exigir el absoluto cumplimiento de la Constitución política.


2. Luchar, de acuerdo con el artículo primero consti­tucional, por soste-
ner en su plena vigencia las garantías individuales y sociales consigna-
das en la propia Constitu­ción de la república, que constantemente son
violadas.
3. Pugnar, de acuerdo con los principios anteriores, por el respeto efec-
tivo a la soberanía de los estados que integran la federación y por una
auténtica autonomía municipal.
4. Luchar por el respeto absoluto del sufragio univer­sal, directo y secreto
y por la instauración del sistema de representación proporcional.
5. Asegurar, por este medio, una política democrática que, originándose
en el cabildo municipal y pasando por las legislaturas locales y federales,
realice la teoría consti­tucional y los anhelos populares de independencia
muni­cipal y estatal, así como la independencia y el equilibrio entre el
poder ejecutivo, el legislativo y el judicial.
6. Obtener el respeto a la autonomía del municipio y a la soberanía de los
estados, eliminando la centralización politica y el caciquismo, y hacer
efectivos los poderes de la unión, condición indispensable para el pro-
greso de­mocráctico y el fortalecimiento de la soberanía nacional.
7. Luchar porque el poder judicial goce de cabal inde­pendencia respec-
to de los otros poderes, y porque la justicia en México sea expedita y
eficaz, aplicando las leyes con un sentido progresista y defensor de las
clases populares.
8. Luchar contra la corrupción que se manifiesta en todos los sectores de la
vida política y administrativa, así como en la aplicación de la justicia.
9. Exigir la expedición de una nueva ley electoral, de acuerdo con las con-
diciones políticas del país, que es­tableciendo la representación propor-
cional, garantice el respeto al sufragio y termine con las limitaciones
al re­gistro de los partidos políticos y con el monopolio elec­toral del
partido oficial.
10. Pugnar porque los trabajadores aseguren la plena democracia sindical
y campesina, eliminando los vicios que actualmente imperan en sus
organizaciones.
11. Exigir el respeto de los preceptos constitucionales que garanticen los
derechos de asociación, de reunión, de pensamiento, de contratación
colectiva y de escalafón.
12. Reafirmar la independencia absoluta para el régi­men sindical interno,
tanto respecto del Estado como de los patrones.

120
To m o I . E l s i g l o x x

13. Obtener la plena libertad de afiliación política de los miembros de los


sindicatos.
14. Reafirmar el derecho de huelga y las demás garan­tías sindicales.
15. Luchar para que los jóvenes gocen de enseñanza gratuita en todos los
grados, tengan derecho al trabajo y la tierra, participen en la vida cívica
y política del país, y se desarrollen espiritual y materialmente en un
clima de li­bertad efectiva.
16. Pugnar porque la mujer mexicana disfrute efecti­vamente de sus dere-
chos constitucionales y participe en la vida cívica y política del pais en
igualdad de condiciones con el hombre.
17. Pugnar por la igualdad real de derechos de las ma­sas indígenas con el
resto de la población mexicana, así como por el respeto a la elección de
sus autoridades y el fortalecimiento de la propiedad comunal y, ade-
más, por su mejoría integral y su elevación cultural.
18. Luchar por la desaparición del articulo 145 del Código Penal, es decir,
del llamado delito de “disolución social”, violatorio de las garantías in-
dividuales y sociales consagradas en nuestra Constitución.
19. Exigir la disolución de los servicios e instrumentos policiacos, como la
Dirección Federal de Seguridad, poli­cías secretas de las distintas insti-
tuciones oficiales que ac­túan al margen de la Constitución, así como de
toda clase de policías privadas.
20. Demandar que se prohiba el empleo del ejército nacional y de los cuer-
pos de policía en los conflictos labo­rales y condenar el uso de los mis-
mos como medios de represión contra los trabajadores.

II. Soberanía externa

Considerando:
Que es un principio de derecho, universalmente acep­tado en la comunidad interna-
cional de las naciones, el principio de la igualdad jurídica de los estados.
Que el principio de autodeterminación de los pueblos para darse la forma de
gobierno que deseen es un derecho emanado directamente del ejercicio de la sobe-
ranía na­cional.
Que como derecho correlativo del anterior, surge el principio de no intervención
por parte de cualquier po­tencia o grupo de Estados en la vida de los gobiernos que los
pueblos, en uso de sus derechos soberanos, se van dando.
Que, del respeto y estricto cumplimiento de los princi­pios anteriormente ex-
presados, depende la vida pacífica y ordenada de la comunidad internacional.
El Movimiento de Liberación Nacional resuelve:

1. Fundar sus acciones en los principios de igualdad política de los Estados,


de autodeterminación y de no in­tervención a fin de preservar la paz en el

121
Nuestra Historia

mundo y, conse­cuentemente, exigir la anulación de todos los tratados,


convenios y acuerdos que menoscaben la soberanía nacional de México.
2. Pugnar por el fortalecimiento de una política de unidad latinoamericana
en todos los sentidos, es decir, política, económica y culturalmente, no
sólo con el pri­mordial objeto de acercarse a la realización de los ideales boli-
varianos, sino de protegernos colectivamente de las cotidianas agresiones
del imperialismo norteamericano.

Lucha contra el imperialismo

Considerando:
Que el imperialismo norteamericano es la principal fuerza que detiene y altera el
desarrollo progresivo de nuestro pueblo, que explota sus riquezas naturales y su
fuerza de trabajo, se apodera de las ramas principales de la economía nacional, con-
trola el comercio exterior, reprime las luchas populares, ejerce presiones por medio
de las actividades de su representación diplomática, la cual dirige las maniobras de
las fuerzas más reaccionarias y antipatrióticas —enmascaradas bajo el disfraz del
anti­comunismo— e influye, también, en aspectos fundamen­tales de la orientación
cultural y el desarrollo técnico del país.
El Movimiento de Liberación Nacional considera que es un deber y un derecho
del pueblo mexicano:

1. Luchar organizadamente y en forma sistemática por la liberación del


país del imperialismo norteamericano.
2. Rescatar, de acuerdo con el articulo 27 constitu­cional, las riquezas na-
cionales que se encuentran en ma­nos de monopolios extranjeros.
3. Luchar por la anulación de los tratados, convenios y pactos bilaterales
o multilaterales, como el de Río de Ja­neiro, las resoluciones de la IX y X
conferencias interame­ricanas —Bogotá y Caracas, respectivamente—
y los acuerdos de la conferencia de cancilleres de San José de Costa
Rica, que intentan revivir la “doctrina Monroe”.
4. Exigir la supresión de la “rastreadora” norteameri­cana de satélites ins-
talada en Guaymas, Sonora.
5. Oponerse terminantemente a la Junta Interamerica­na de Defensa y a la
Comisión Militar México-Americana de Defensa Conjunta, y reclamar
la desaparición y la sali­da de México de estos organismos destinados
a encadenar a nuestro pueblo a los fines bélicos del gobierno norte­
americano.
6. Oponerse a los diversos instrumentos al servicio de los monopolios
estadunidenses en el campo económico, técnico, cultural, del periodis-
mo y del movimiento sindi­cal, como el punto IV del plan Truman, la
“Alianza para el Progreso” de Kennedy, la Sociedad Interamericana de
Prensa (SIP) y la Organización Interamericana del Traba­jo (ORIT).

122
To m o I . E l s i g l o x x

7. Luchar porque la política exterior de México, en su colaboración con la


ONU y otros organismos interna- cionales, obedezca exclusivamente a
los intereses del pue­blo, sea independiente, se pronuncie activamente
en fa­vor de la paz y la liberación de los pueblos. La soberanía nacional,
de acuerdo con lo anterior, deberá expresarse categóricamente en la
actitud de la representación mexi­cana ante la ONU y otras asambleas
internacionales.
8. Demandar la desaparición de la OEA y pugnar por la denuncia, por
parte del gobierno de México, del pacto que constituyó este instru-
mento de penetración del imperialismo norteamericano en la América
Latina. Esto conduciría a sustituir la política panamericanista que ca-
racteriza a la OEA por una asociación de gobiernos libres y populares,
genuinamente democrática, de la América Latina.
9. Condenar el anticomunismo como un instrumento de penetración y
división al servicio del imperialismo nor­teamericano, dirigido abier-
tamente contra toda acción democrática y popular, contra la lucha
patriótica del pueblo mexicano para conquistar su total emancipación
económica y su plena soberanía.
10. Luchar por rescatar las partes del territorio nacio­nal ocupadas por Es-
tados Unidos. Por la reintegración a la soberanía nacional de la zona
del Chamizal, abierta­tamente retenida por Estados Unidos pese a los
laudos in­ternacionales que le reconocen a México pleno dominio sobre
dicha zona.
11. Rescatar para la nación las propiedades extranje­ras que violando la
Constitución existen a lo largo de las fronteras y costas del país, así
.como luchar contra la vio­lación de las aguas territoriales y el saqueo
de las riquezas pesqueras por piratas extranjeros.
12. Pugnar por el respeto al espacio aéreo del país con frecuencia violado,
sobre todo en la zona fronteriza del norte, por Estados Unidos.
13. Oponerse a la construcción del canal interoceánico de Tehuantepec,
que además de no responder en la pre­sente etapa a las necesidades na-
cionales, sería otro instru­mento de subordinación de México al impe-
rialismo. Opo­nerse a la construcción de gasoductos para el transporte
de gas extranjero a través del territorio nacional.
14. Exigir la salida del pais de los agentes de la FBI y de otros organismos
policiacos y de espionaje del imperialis­mo que, en flagrante violación a la
soberanía nacional, actúan con las policías nacionales como instrumento
de control y represión contra las fuerzas democráticas y po­pulares.
15. Rechazar toda forma de asociación y de alianza de México con las fuer-
zas agresivas del imperialismo y el co­lonialismo.
16. Condenar la discriminación racial y en particular la que sufren los tra-
bajadores mexicanos en Estados Uni­dos.

123
Nuestra Historia

17. Estimular la solidaridad de los trabajadores mexi­canos con los asalaria-


dos de otros países que luchan tam­bién por su emancipación económi-
ca y su liberación defi­nitiva.

Libertad de los presos políticos

Considerando:
Que con flagrante violación de las garantías individuales, particularmente aquellas
consignadas en los artículos 6, 7, 9 y 14 de nuestra Constitución, y los correspon-
dientes pre­ceptos de la Declaración universal de los derechos del hombre, promulgada por
la ONU y adoptada oficialmente por México, han venido instaurándose procesos
penales contra dirigentes politicos y sindicales, periodistas, viejos revolucionarios
y aún precursores de la revolución de 1910, con un claro propósito de represión
política.
Que el instrumento seudoespecífico para lograr esos objetivos, a que recurren
tanto las autoridades federales como estatales, lo constituyen los llamados “delitos
de disolución social” previstos por el artículo 145 del Códi­go Penal para el distrito y
territorios federales, en materia del fuero común, y para toda la república en materia
fe­deral.
Que esto es asi, porque el texto de esa norma vuelve di­rectamente negatorias no
sólo las garantías de referencia, sino otros derechos constitucionales (de huelga, de
activi­dades políticas y sindicales, etcétera), además de que su vaguedad y profusión
de términos permite que se aplique caprichosamente contra cualquier persona.
Que estos atentados anticonstitucionales y contra los derechos del hombre,
afectan a sectores cada vez más am­plios de la sociedad mexicana.
Que la represión política señalada es, precisamente, la que perturba la paz y
el orden públicos, que la legislación sobre “delitos de disolución social” pretende
preservar.
Que los actuales presos políticos, en su gran mayoría han permanecido más
de dos años en las prisiones sin que se hayan dictado los fallos definitivos a que
obliga nues­tra carta magna, en el plazo de un año, además de que son objeto de
un trato ilegal e inhumano, por sus carceleros.
Que la represión antidemocrática y concretamente el empleo de los “delitos
de disolución social” sirven a los intereses de los enemigos internos y externos de
nuestro pueblo.
El Movimiento de Liberación Nacional resuelve:

1. Crear un comité nacional por la libertad de los pre­sos políticos.


2. Coadyuvar a la lucha por la libertad de los presos politicos y demandar
la derogación del artículo 145 del Código Penal para el distrito y terri-
torios federales, en materia de fuero común, y para toda la república en
ma­teria federal, asi como de aquellos preceptos análogos que existan
en las leyes estatales.

124
To m o I . E l s i g l o x x

3. Luchar contra la aplicación con fines politicos represivos de toda otra


disposición legal y de las prácticas anticonstitucionales que atacan las
libertades fundamen­tales del hombre.

Solidaridad con Cuba

Considerando:
Que por haber acumulado las grandes potencias arma­mento atómico suficiente para
destruir toda forma de vida sobre la Tierra, la violación al principio de autodetermina­
ción de los pueblos es, en nuestros días, no sólo incompati­ble con el derecho interna-
cional, con la carta de las Na­ciones Unidas y con la paz mundial, sino que constituye
una amenaza real y concreta para toda la humanidad.
Que por tener América Latina raíces históricas, étnicas y culturales semejantes,
por tener problemas socioeconó­micos análogos, por tener idénticos objetivos de
sobera­nía y desarrollo, la intervención directa o indirecta de un país cualquiera en
perjuicio de un gobierno constituido de América Latina, como en el caso del gobier-
no revolu­cionario de Cuba, aparte de contrariar el derecho interna­cional, deforma el
desarrollo económico, político, social y cultural de los demás países latinoamerica-
nos, lesiona su soberanía y ofende la dignidad de sus pueblos.
Que por ser México, un pais de vieja cultura en el con­tinente y una nación
gravemente dañada por el imperia­lismo de Estados Unidos, a los mexicanos co-
rresponde una responsabilidad histórica y continental cuando el im­perialismo nor-
teamericano amenaza el desarrollo y la paz de América Latina.
Que por concordar las relaciones de la revolución cu­bana con las aspiraciones y
luchas del pueblo mexicano en favor de la reforma agraria, de la diversificación del
comercio exterior, de la alfabetización y de la educación, en defensa de la cultura
nacional en contra del imperialis­mo, de las fuerzas antinacionales y de las fuerzas
de la reacción, interesa a todos los mexicanos conocer y defen­der a la revolución
cubana.
El Movimiento de Liberación Nacional resuelve:

1. Apoyar decididamente al pueblo y al gobierno re­volucionario de Cuba


creando, al efecto, un comité na­cional de solidaridad con Cuba.
2. Promover la creación de comités de defensa de la revolución cubana,
de solidaridad con Cuba o simplemente de respeto a Cuba.
3. Estimular y ayudar las actividades de solidaridad con la revolución cu-
bana que ya existen en el país, ade­más de coordinar éstas entre si y con
las del comité nacional del Movimiento de Liberación Nacional.
4. Dar a conocer en el pais, con la mayor amplitud so­cial y geográfica,
la trayectoria, las relaciones y los obje­tivos de la revolución cubana, y
denunciar las maniobras económicas, diplomáticas o militares que se
enderecen contra Cuba.

125
Nuestra Historia

5. Mostrar a los católicos mexicanos que la revolución cubana busca la


superación material y espiritual de su pueblo y respeta toda creencia
religiosa.
6. Velar porque nuestro gobierno, en todo asunto in­ternacional relacio-
nado con Cuba, mantenga inalterados los principios de no interven-
ción y de autodeterminación sostenidos hasta ahora, que otorgue un
trato respetuoso y democrático a todos los viajeros que van o vienen de
Cu­ba, y respete la inviolabilidad de la correspondencia con­sagrada en
nuestra Constitución.
7. Pugnar porque nuestro gobierno mantenga y am­plíe las relaciones co-
merciales con Cuba que durante los dos últimos años han descendido
notablemente, en espe­cial para la exportación de nuestros combustibles.

Emancipación económica: principios generales

Considerando:
Que los objetivos de un verdadero desarrollo económi­co deben ser elevar el nivel
de vida de las grandes masas populares y fortalecer la independencia económica de
la nación.
Que, dado el rápido crecimiento de la población mexi­cana, es indispensable
acelerar el ritmo de aumento de la producción nacional.
Que la velocidad del proceso de desarrollo no sólo de­pende del volumen y
canalización de la inversión pública y privada, sino de la medida en que se logre
transformar la economía del país y superar los obstáculos de diversa naturaleza
que entorpecen el progreso económico y social.
Que la política económica seguida durante los últimos altos ha hecho recaer
desproporcionalmente sobre los tra‑ bajadores del campo y la ciudad el peso del
desarrollo económico.
Que en las actuales condiciones del país no es posible ni conveniente hacer
descansar el ritmo y la proyección social del desarrollo económico en las activida-
des que los particulares realizan con fines de lucro, y que sólo la ac­ción decidida del
Estado puede acelerar el crecimiento en favor de las mayorías y afirmar la indepen-
dencia econó­mica nacional.
Que para elevar el nivel de vida del pueblo es indispen­sable lograr un reparto
justo del ingreso nacional y en ge­neral de la riqueza social.
Que la independencia económica es condición indis­pensable para la indepen-
dencia política de la nación, y que sólo ha de lograrse a través de una lucha de todas
las fuerzas democráticas y patrióticas contra el imperialismo.
Que el imperialismo no sólo opera desde el exterior, sino que cuenta con pode-
rosos aliados dentro de la república.
El Movimiento de Liberación Nacional resuelve luchar porque:
1. El Estado adopte una activa política de promoción del desarrollo eco-
nómico regional y nacional, que des­canse en los principios siguientes:

126
To m o I . E l s i g l o x x

a) racionalizar la ex­plotación de los recursos naturales,


b) reivindicar los re­cursos y actividades que se hallan en poder de
monopo­lios nacionales y extranjeros,
c) realizar una reforma agraria integral,
d) acelerar el progreso técnico, sobre to­do en las actividades más
atrasadas,
e) aprovechar al má­ximo y en bien del país los recursos financieros
disponi­bles,
f) diversificar la producción, coordinar el desarrollo de las diversas
actividades económicas y mejorar la orga­nización de los produc-
tores pequeños y medianos,
g) acele­rar la industrialización y prestar una creciente atención al
fomento de industrias básicas,
h) ampliar las fuentes de trabajo productivas y lograr un mejor re-
parto del ingreso nacional,
i) corregir los sistemas de abasto, combatir efi­cazmente la especula-
ción con alimentos, productos y ser­vicios básicos para el pueblo e
implantar un sistema de sanciones positivamente eficaz, que im-
pida aumentos injustificados en los precios de estos artículos y
servicios,
j) evitar disparidades y desequilibrios geográficos, económi­cos y
sociales en el proceso de desarrollo, y
k) tomar medi­das adecuadas para desalentar la emigración perma-
nente de mexicanos a Estados Unidos, que según informacio­nes
de este país alcanza volúmenes muy importantes.
2. El Estado formule programas de desarrollo a corto y largo plazo, a los
cuales se ajuste la politica económica na­cional, y se sujete obligatoria-
mente la inversión pública.
3. El Estado intervenga, directa o indirectamente en todos aquellos cam-
pos de la economía en que su partici­pación sea útil o necesaria para
lograr el mayor bienestar general.
4. El Estado regule, oriente y defina los cauces genera­les de la inversión pri-
vada, a fin de que ésta satisfaga las necesidades nacionales.
5. La política económica del Estado sea verdadera­mente democrática, es de-
cir, que atienda a las necesida­des y responda a los intereses del pueblo.
6. La política económica internacional de México se sujete estrictamente a la
Constitución de la república, a los principios de respeto y cooperación es-
tablecidos en la carta de las Naciones Unidas y al propósito de contribuir
al mantenimiento de la paz y al bienestar de la comunidad internacional.

127
Nuestra Historia

Nacionalización

Considerando:
Que el control y el pleno disfrute de los recursos natu­rales y de las actividades de
mayor importancia económi­ca y social, son esenciales para el logro de un desarro-
llo nacional independiente.
Que muchos de tales recursos y actividades se encuen­tran en poder de empresas
y monopolios extranjeros, cu­ya penetración es creciente.
Que los intereses de los monopolios internacionales son contrarios al anhe-
lo de independencia económica, al progreso social y al desarrollo democrático de
nuestro país.
Que el funcionamiento de las empresas nacionalizadas ha sido desvirtuado con
frecuencia, subordinándolo a in­tereses particulares y desvinculándolo del resto de
la polí­tica económica.
El Movimiento de Liberación Nacional decide luchar por una política que res-
ponda a los propósitos siguientes:

1. Garantizar el desarrollo y la integridad de la indus­tria nacionalizada


del petróleo, incluyendo, desde luego, la petroquímica básica. Para este
fin, debe respetarse íntegramente la legislación petrolera en las disposi-
ciones reglamentarias o administrativas subsecuentes.
2. Proceder, cuando así lo aconsejen los intereses ge­nerales, a la expro-
piación por causa de utilidad pública, de los bienes que ilícitamente se
hallen en poder de extran­jeros o empresas mercantiles de monopolios
internacionales que operan en la república.
3. Prohibir la reinversión de las sumas que se cubran por indemnización
o compra de empresas extranjeras, en el mismo o en otros sectores de
nuestra economía, que sean de especial interés para la nación.
4. Decretar la nacionalización de los recursos y activida­des que se hallen
en manos de monopolios extranjeros, que por su naturaleza e impor-
tancia, como plantas de beneficio, concentración o fundición de mi-
nerales, la producción de ácidos y álcalis industriales, fertilizantes e
insecticidas, la publicidad y otras más, deben quedar bajo el control de
la nación.
5. Cancelar las concesiones y contratos para la explo­tación del azufre y
de otros recursos minerales en peligro de ser agotados o cuya exporta-
ción actual puede compro­meter el desarrollo futuro del país, y pugnar
porque no se renueven las concesiones mineras en vigor a empresas
ex­tranjeras, aun cuando se suponga a estas últimas aso­ciadas en mino-
ría con el capital nacional, asociación que casi siempre oculta la sub-
ordinación completa al capital mexicano o es simplemente ficticia, así
como declarar la caducidad de las concesiones en casos de incumpli-
miento de parte de los titulares de las mismas.

128
To m o I . E l s i g l o x x

6. Evitar toda asociación con el capital extranjero, que constituya una for-
ma de penetración del imperialis­mo en la economía mexicana.
7. Prohibir el otorgamiento de concesiones para la ex­plotación de recursos
básicos por parte de extranjeros en las industrias nacionalizadas y, en los
términos de la ley reglamentaria del articulo 27 constitucional en materia
de petróleo, limitar la contratación con particulares en estas industrias a
la realización de obras y a la prestación de servicios auxiliares.
8. Rescatar las propiedades que se hallan en poder de extranjeros a lo lar-
go de los litorales y las fronteras, en contra de lo dispuesto por la Cons-
titución de la república.
9. Asegurar la explotación del mar territorial y de la plataforma continen-
tal de la nación exclusivamente por mexicanos, y combatir y sancionar
toda forma de pirate­ría o de aprovechamiento de los mismos por parte
de ex­tranjeros. La explotación de la industria petrolera nacio­nalizada
debe abarcar la plataforma continental.
10. Combatir la tesis conforme a la cual los buenos negocios deben quedar
en manos de particulares y las in­versiones ruinosas deben ser absorbi-
das por el Estado, a costa de los intereses generales del pueblo.
11. Lograr que las empresas nacionalizadas se sujeten a los principios si-
guientes:
a) Subordinar su funciona­miento al interés general.
b) Prevenir y sancionar seve­ramente la deshonestidad administrati-
va, y suprimir los elevados sueldos y gratificaciones, así como los
gastos dispendiosos de los altos funcionarios.
c) Evitar la bu­rocratización.
d) Asegurar que la designación de fun­cionarios a los cargos directi-
vos se haga de acuerdo con su capacidad y experiencia técnica, y
no por considera­ciones políticas circunstanciales.
e) Alcanzar los más al­tos niveles de organización, eficiencia técnica
y productivi­dad.
f) Abastecerse de preferencia en el mercado nacional y en particular
en las propias empresas estatales.
g) Mejo­rar la calidad de la producción.
h) Fijar precios razo­nables a sus productos que les permitan operar
costeablemente y obtener los recursos indispensables para hacer
frente a sus necesidades reales de capitalización.
i) Res­petar la autonomia y la libertad de los sindicatos a que perte-
nezcan sus trabajadores y mantener una política de altos salarios.
j) Asegurar, en los consejos de administra­ción, la representación de
sus trabajadores.
k) Defender resuelta y lealmente el patrimonio de la nación.

129
Nuestra Historia

Reforma agraria

Considerando:
Que México no podrá alcanzar el pleno goce de sus li­bertades ni el nivel de vida hu-
mano a que tiene derecho, de acuerdo con los progresos de la ciencia, sin la realiza­
ción previa de una reforma agraria integral.
Que la reforma agraria para ser integral requiere pri­mordialmente de la distri-
bución equivalente de toda la tie­rra agrícola entre quienes la trabajan, así como de
la organi­zación, la asistencia técnica y financiera a la producción, su distribución y
consumo, asegurando el beneficio del tra­bajo a quienes lo realizan y afirmando una
continua ele­vación de sus niveles de vida.
Que para llevar a cabo dicha reforma es fundamental que el campesino goce de
libertad y determine su propio destino.
Que la reforma agraria en nuestro país no sólo es el fru­to de la lucha de los
campesinos por poseer la tierra que cultivan, sino una exigencia politica surgida del
ideario de la revolución de 1910, un principio elevado a la categoría constitucional
desde 1917 y un requisito básico de la trans­formación económica, social y politica
de la república.
Que esta misma reforma agraria no ha llegado hasta ahora a consumarse, ni
menos a ser integral, y que exige la defensa de lo que hasta ahora se ha logrado y la
de los campesinos que aún carecen de tierra donde aplicar su fuerza de trabajo.
Que las resoluciones de la Conferencia Latinoamerica­na por la Soberanía Na-
cional, la Emancipación Económica y la Paz, destacan la importancia de la implan-
tación de una reforma agraria integral y que ésta es esencialmen­te un proceso con-
dicionado por factores económicos, so­ciales y políticos, cuya realización depende
de la indepen­dencia, organización y responsabilidad, de la iniciativa y combativi-
dad de la propia clase campesina y del apoyo que ésta encuentre en la clase obrera
y en los demás gru­pos trabajadores y progresistas.
El Movimiento de Liberación Nacional resuelve luchar por los siguientes ob-
jetivos:

1. Crear la liga de defensa agraria.


2. Llevar adelante la reforma agraria, haciéndola inte­gral, con el propó-
sito de acabar definitivamente con los Latifundios y demás formas de
concentración de la tierra que impidan dicha reforma, distribuyéndo-
los en ejidos entre los campesinos carentes de tierra o que la tengan en
cantidad insuficiente, adoptando las medidas convenien­tes para hacer
del ejido una unidad productiva, que satis­faga las necesidades de la
población campesina y contri­buya eficientemente al desenvolvimiento
de la economía nacional.
3. Para lograr lo anterior, el movimiento considera indispensable:
a) Restablecer el texto del artículo 27 constitucional vigente hasta di-
ciembre de 1946, y derogar el articulo 104 del código agrario en vi-

130
To m o I . E l s i g l o x x

gor, conservando únicamente su fracción 1, con el objeto de que a


través del estudio posterior de las características y particularidades
de cada zona del país, se limite en ellas la pequeña propie­dad a la
extensión de tierra que asegure el trabajo y nive­les de vida satisfacto-
rios en el campo.
b) Propugnar la modificación del artículo 27 constitucional, eliminan-
do de su texto el derecho de amparo en materia de inafecta­bilidad de
la propiedad rural afectable.
c) Pugnar por la derogación de las disposiciones sobre inafectabilidad
de las propiedades para efectos de restitución y dotación de eji­dos.
d) Perseguir de oficio, hasta terminar, los fraccionamientos simu-
lados y todas las formas de concentra­ción de la tierra, que se han
realizado o se realicen a través de arrendamientos, aparcerías, per-
mutas, falsos contratos de crédito o por cualquier otro procedi-
miento que fre­ne el cumplimiento de la reforma agraria integral.
e) Pugnar porque la restitución, dotación y ampliación de tierras y
aguas se conceda de oficio a todos los núcleos de población que
tengan derecho a ellas y, en todo caso, presentar la solicitud co-
rrespondiente a nombre de los campesinos de esos poblados.
f) Modificar las leyes de riegos y de colonización vigentes, con el
objeto de resta­blecer el régimen de expropiación de los terrenos
mejora­dos con obras que construya el gobierno federal, en la pro-
porción en que aumente el valor de las mismas como consecuen-
cia de dichas obras, y destinar esos terrenos exclusivamente para
los campesinos que carezcan de tie­rra o la tengan en cantidad in-
suficiente, por la via ejidal.
g) Pugnar porque se dé solución definitiva, para benefi­cio de la po-
blación campesina y de la economía nacional, a los problemas de
grandes regiones como la henequenera, las algodoneras, cañeras,
cafetaleras, etcétera, que exi­gen enfoques y planteamientos espe-
ciales, con el fin de corregir graves situaciones de detención y re-
troceso de la reforma agraria.
h) Sostener la igualdad de la mujer en el derecho a la tierra, con igua-
les prerrogativas a las de los hombres y su incorporación a las
organizaciones agra­rias y sindicales, con los mismos derechos
politicos, eco­nómicos, sociales y sindicales.
i) Promover la modifica­ción de las legislaciones estatales que impi-
den el desenvol­vimiento de la reforma agraria integral.
j) Luchar porque se restituya a las comunidades indígenas la tierra
de que han sido o vienen siendo despojadas, porque se aliente la
tenencia y explotación comunal de sus terrenos y porque se re-
gularicen los límites y derechos de ellas, con el pro­pósito de que
la explotación de sus bienes se organice co­lectivamente, con la

131
Nuestra Historia

asistencia técnica y crédito del Esta­do, eliminando interferencias


de intereses que perturben su organización y el pleno disfrute de
sus recursos.
k) Pugnar por la implantación de una auténtica demo­cracia en el go-
bierno de los ejidos y comunidades indígenas, a fin de que elijan
sus representantes libremen­te y administren sus economias sin
injerencias extrañas.
l) Luchar porque se conceda el crédito necesario de avío, refaccio-
narlo, inmobiliario y comercial a los núcleos eji­dales.
m) Tender a la estructuración de los bancos regio­nales de crédito
ejidal y agrícola, con la genuina y directa participación de los
campesinos en el gobierno, organi­zación y administración de
esas instituciones.
n) Exigir a los bancos oficiales la liquidación oportuna a los campe­
sinos que operan con ellos, al terminar cada ciclo agrícola.
o) Combatir la inmoralidad de los funcionarios y empleados de las
instituciones o empresas del Estado que intervienen en la orga-
nización ejidal, y exigir el cumplimiento de las sanciones a que se
hagan acreedores.
4. Enfrentarse en actitud objetiva y científica al estu­dio del problema de
la tenencia de la tierra y la organiza­ción de una agricultura moderna,
altamente productiva y racionalmente industrializada, con base en su
diversifica­ción, y para el desarrollo y fomento del mercado interno y la
elevación de los niveles de vida de los sectores popula­res. Para ello se
recomienda:
a) Pugnar porque los cam­pesinos, ejidatarios y genuinos pequeños
propietarios, se organicen en forma cooperativa para producir,
concen­trar y almacenar sus cosechas, elaborar o industrializar
sus productos y venderlos en el mercado interior y exte­rior.
b) Promover el reagrupamiento de parcelas ejidales o de ejidos, y
de las muy pequeñas propiedades donde exista el minifundismo,
para constituir unidades produc­tivas y lograr la unificación de
los intereses de los campe­sinos.
5. Estudiar y revisar toda la legislación agropecuaria y forestal vigente, a fin de
que se adapte a las condiciones que actualmente privan en el país, y a que
dicha legisla­ción sea un instrumento cada vez más eficaz para lograr los
propósitos siguientes:
a) Implantar planes de produc­ción agropecuaria y forestal para cada
región, que tengan como propósito principal el desarrollo de estas
activida­des en todos sus aspectos, aprovechando al máximo los re-
cursos productivos disponibles. Con esta finalidad, es­tudiar regio-
nalmente el territorio para ampliar las posi­bilidades de desarrollo.

132
To m o I . E l s i g l o x x

b) Eliminar la intermediación de los grandes consorcios internacio-


nales en la explotación y comercio de los productos agropecua-
rios como algodón, ca­fé y otros artículos y sostener las ventajas
de vender a to­dos los países, así como concertar operaciones de
inter­cambio para la adquisición de maquinaria, implementos
agrícolas, fertilizantes, insecticidas, etcétera.
c) Proscri­bir la política de indemnización en efectivo por dotacio­nes
o restituciones de tierras en poder de extranjeros o empresas mer-
cantiles, que se encuentren en las zonas cos­teras y fronterizas que
la Constitución previene, evitando toda discriminación con los na-
cionales.
d) Fijar precios de garantía justos y remunerativos para la produc-
ción agrícola, interviniendo el Estado de manera directa y per­
manente a fin de eliminar intermediarios innecesarios, y todas las
formas de especulación que encarecen los pro­ductos agrícolas y
reducen los ingresos de los agriculto­res, promoviendo la creación
de cooperativas de compra­venta; interior y exterior.
e)Fortalecer la cooperación obrero-campesina, como fuerza decisiva
para lograr la consolidación económica de la estructura agraria
creada por la reforma, el bienestar social de los campesinos y el
desarrollo general del país.
6. Considerar como inseparables de una reforma agra­ria integral, los si-
guientes propósitos:
a) Establecer un sistema de educación rural, que restablezca los pro-
pósitos de la escuela rural mexicana y de las escuelas regionales
campesinas, así como sostener la conveniencia de que las supe-
riores de agricultura y los centros de experimentación agrícola se
organicen y funcionen en beneficio preferente de los campesinos,
eliminando la influencia imperialista en los programas de pro-
moción agrícola.
b) Extender y perfeccionar el Seguro Social en el campo, con objeto de
garantizar a la familia la asistencia en los casos de enfer­medad, inva-
lidez, cesantía, vejez y muerte.
c) Generalizar y perfeccionar el seguro agrícola que verdaderamente
ga­rantice a los campesinos sus inversiones y el fruto de su trabajo,
y en el que las utilidades se reinviertan en benefi­cio de ellos mis-
mos, complementando la seguridad agrícola oficial con mutuali-
dades de seguro agrícola integral, propiedad de los campesinos.
d) Encauzar la acción oficial y delas cooperativas para la construcción
y mejoramiento de viviendas y servicios para los campesinos.
e) Establecer tiendas populares, cooperativas de consumo y almace-
nes locales y regionales, de los campesinos, para evitar la especu-

133
Nuestra Historia

lación y el encarecimieno del costo de la vida en las zonas rurales,


así como sistemas directos de distribución de los productos agrí-
colas a los centros de consumo.
f) Fomentar en el medio rural el establecimiento de industrias que
com­plementen la actividad agrícola y que transformen la pro­
ducción del campo.
g) Mejorar, de preferencia, los siste­mas de comunicación y trans-
porte de las zonas agrícolas y construir caminos vecinales en co-
nexión con las vías ferroviarias y las carreteras.
h) Pugnar por la abolición de las alcabalas, la revisión y modifica-
ción de la tributación fiscal, de manera que éste fomente y com-
plemente el desa­rrollo económico general, sin lesionar los intere-
ses de los campesinos.
i) Organizar el mercado regional y nacional de productos agrícolas,
crear lonjas o bolsas y establecer sis­temas de información pública
en beneficio de los campe­sinos y agricultores.
j) Crear en cada región agrícola esta­ciones pesadoras y clasificadoras
de los productos rurales que se venden a los intermediarios de todo
tipo, incluyen­do dependencias oficiales, con la intervención de los
agri­cultores, y operadas por personal bien calificado y hones­to.
k) Elevar el monto de los créditos de habilitación y avío por hectá-
rea que otorguen los bancos agrícolas ofi­ciales, en todos aquellos
cultivos en los que los topes ac­tuales son insuficientes, en especial
a los campesinos po­bres, y ampliar los programas de crédito re-
faccionario y otros a plazos medio y largo.
l) Intensificar, de acuerdo con las posibilidades de cada región, el
aprovechamiento de todos los recursos hidráulicos —presas, ríos,
arroyos, jagüeyes, estanques—, mediante el desarrollo de progra­
mas de piscicultura rural que eleven el ingreso de los campe­sinos
y contribuyan a mejorar su alimentación.
m) Ampliar las instalaciones de almacenes y plantas de congelación,
según las condiciones de cada región, que permitan con­servar los
productos agrícolas y regular su oferta.
7. Dar a conocer al campesino mexicano, de manera objetiva, las reali-
zaciones de la reforma agraria en Cuba, con el objeto de que pueda
impulsar su lucha por una re­forma agraria integral en México.
8. Rechazar el plan norteamericano conocido como “Alianza para el Pro-
greso”, y en particular el llamado “Plan de Alimentos para la Paz”, que
a pretexto de ali­viar el hambre de los pueblos latinoamericanos, en
reali­dad sólo retardará la reforma agraria integral que soste­nemos.

134
To m o I . E l s i g l o x x

Industrialización

Considerando:
Que el desarrollo industrial debe ser el medio para aprovechar y beneficiar las ma-
terias primas producidas por la agricultura, la pesca, la industria petrolera y la mi­
nería nacionales, y alcanzar grados mayores de integra­ción económica.
Que la industrialización auténticamente nacional permi­tirá consolidar la inde-
pendencia económica del país, obtener términos más satisfactorios en el intercam-
bio comercial con otras naciones y reducir el efecto de las fluctuaciones impuestas
por las potencias imperialistas en la demanda y los precios de nuestros productos
de exportación.
Que el desarrollo industrial debe ser el medio principal para elevar el volumen de
ocupación, aumentar los sala­rios y prestaciones de las masas trabajadoras y diversifi­
car e incrementar la producción nacional.
Que el incipiente crecimiento industrial de México se debe en primer término
al sacrificio impuesto al pueblo trabajador, y en segundo lugar a la intervención del
Esta­do que produce directamente bienes y servicios funda­mentales, y fomenta y
financia nuevas actividades con re­cursos del pueblo.
Que además de la peligrosa y creciente inversión de empresas extranjeras en la
industria, la subordinación técnica de las empresas mexicanas comprende inclusi-
ve a las industrias nacionalizadas.
Que la falta de una auténtica política de desarrollo in­dustrial ha dado lugar a
la creación de industrias innece­sarias, a la aparición de grandes plantas junto a pe-
queñas empresas, a la falta de inversiones en campos fundamen­tales, al despilfarro
de recursos y a la concentración de in­dustrias en unas cuantas regiones.
El Movimiento de Liberación Nacional resuelve luchar por los siguientes objetivos:

1. Acelerar la industrialización principalmente sobre la base de inversiones


del Estado, dando preferencia a las industrias que deben ser consideradas
como fundamenta­les, tanto porque son indispensables para el desarrollo
de las demás plantas industriales, como porque permiten sustituir im-
portaciones innecesarias y porque son espe­cialmente importantes para
el mejoramiento del nivel de vida del pueblo.
2. Impulsar y proteger especialmente las inversiones del Estado en las
industrias siderúrgicas, de maquinaria, moto­res, útiles, herramientas,
refacciones y partes de repuesto, química básica, combustibles, fertili-
zantes, insecticidas energía eléctrica, medicamentos básicos, escuelas,
hospitales y plantas industriales; industrias rurales, material rodan­te
para ferrocarriles, camiones, remolques, tractores, ma­terias primas y
otros bienes de producción.
3. Depurar y reorganizar a fondo las empresas indus­triales del Estado, casti-
gar a los malversores y asegurar la libre organización de los trabajadores y
la libre elección de sus dirigentes.

135
Nuestra Historia

4. Reestructurar la política de crédito a la industria, aplicar recursos cre-


cientes al fomento de actividades ne­cesarias y fincar el desarrollo indus-
trial en condiciones equitativas para los trabajadores.
5. Establecer las bases para un desarrollo indepen­diente, iniciando e
impulsando en las industrias naciona­lizadas la investigación cientí-
fica y tecnológica en las mate­rias correspondientes.
6. Acelerar la integración de la industria petrolera, sobre la base principal-
mente de recursos mexicanos, in­crementando en particular la explora-
ción en las regiones de mayores perspectivas, la producción de derivados
en las zonas del pals donde aún se importan y la producción petroquími-
ca de mayor significación para la agricultura y la industria nacionales.
7. Reorganizar a fondo la industria eléctrica naciona­lizada, para que las
empresas gubernamentales dejen de ser sociedades mercantiles y cen-
tralizar su administración para reducir costos administrativos, así como
interconec­tar sistemas existentes y lograr mayor eficiencia, reducir cos-
tos de generación, transmisión y distribución, bajar tarifas a las capas
más amplias del pueblo, acelerar la electrificación rural y alentar el cre-
cimiento industrial en zonas que carecen de fluido eléctrico barato.
8. Reorientar la política vial, para reducir los costos de transporte de mate-
rias primas y artículos terminados mediante la mayor coordinación de
los ferrocarriles con el autotransporte y otros medios de comunicación,
para asegurar lá más adecuada comunicación de zonas con perspectivas
mineras e industriales que no pueden desa­rrollarse, entre otras cosas,
por falta de estos medios.
9. Reestructurar la industria de la construcción para reducir costos, abolir
el sistema de contratos mediante la creación de empresas constructoras
del Estado, especiali­zadas y eficientes técnicamente, que permitan apli-
car las utilidades actuales de los grandes contratistas de obras públicas
a la construcción de nuevas obras de beneficio para la nación.
10. Fomentar la integración de la minería, con la cons­trucción de nuevas
plantas de beneficio, concentración o fundición y el desarrollo de las
industrias que procesen crecientemente los actuales minerales de ex-
portación, y reducir dichas exportaciones al mínimo requerido para
cubrir importaciones indispensables. Asegurar que la ma­yor parte po-
sible de dichas exportaciones sirva para fi­nanciar empresas industriales
que beneficien los mine­rales.
11. Propiciar y vigilar el desarrollo de las industrias que elaboren los pro-
ductos de la agricultura, la ganadería, la silvicultura y la pesca, que aba-
raten la alimentación, el vestido y la habitación del pueblo, y que al mis-
mo tiempo proporcionen nuevas y crecientes fuentes de trabajo bien
remunerado.
12. Fomentar la industrialización en todas las regiones del país, y no sólo en
aquellas que por disponer de mayo­res mercados de consumo, recursos

136
To m o I . E l s i g l o x x

de crédito, energía y combustibles, transportes y otros servicios indis-


pensables —como ocurre particularmente en el valle de México—, dan
lugar a concentraciones desproporcionadas, a la lo­calización antieconó-
mica de nuevas plantas industriales y al establecimiento de empresas de
magnitud ineficiente, todo ello en detrimento del desarrollo económico,
espe­cialmente de la provincia.
13. Acabar radicalmente con los monopolios —de acuerdo con el artículo
28 constitucional— que sólo ac­túan en favor de pequeñas minorías y
de grandes empre­sas, que emanan de verdaderos privilegios arancela-
rios, crediticios y fiscales, así como de los bajos salarios preva­lecientes.
14. Proteger a los pequeños y medianos industriales, en particular a los de
tipo rural, sobre la base de propor­cionarles los medios para incremen-
tar su eficiencia, redu­cir sus costos y precios y alentar la modernización
de sus instalaciones.
15. Reducir aquellos aranceles, subsidios y permisos de importación en
vigor, que junto con los bajos salarios im­perantes, permitan la sub-
sistencia de plantas ineficientes cuya operación sólo beneficia a los
empresarios que pro­ducen a costos bajos y venden a precios elevados,
que dan lugar a utilidades extraordinarias en detrimento del pue­blo, que
favorecen al contrabando y son un estimulo más a los inversionistas
extranjeros. Cancelar subsidios y exenciones de empresas que no han
cumplido las condi­ciones por las que fueron otorgados.
16. Alentar la formación de auténticas cooperativas industriales de traba-
jadores, especialmente en industrias rurales, así como en las artesanías
y en aquellas activida­des que descansan en el trabajo a domicilio.
17. Asegurar que los programas de integración industrial y de sustitución
de importaciones se realicen sólo con el interés de proteger y alentar
a la industria auténtica­mente nacional, sin contemplaciones ni con-
cesiones a in­versionistas extranjeros, importadores y empresarios na­
cionales ineficientes, como ocurre hasta ahora.
18. Impedir las importaciones del gobierno y sus em­presas, de artículos
terminados, materias primas y partes que ya son producidas en Méxi-
co, y extender firmemente este control a las importaciones privadas.
19. Regular, de acuerdo con los intereses generales del país, el estableci-
miento de nuevas industrias, evitando la creación de aquellas que sean
antieconómicas o redun­dantes.
20. Revisar y redefinir, de acuerdo con los intereses generales del país, los
objetivos de la política del Estado en materia de industrialización.
21. Combatir los programas patronales de aumento de la productividad
industrial, que sólo tienden a aumen­tar la explotación del trabajador,
22. Intensificar y reorganizar los programas oficiales de investigación tec-
nológica, de cuantificación de los re­cursos naturales y de exploración
geológica en todo el te­rritorio nacional.

137
Nuestra Historia

23. Demandar el estricto cumplimiento de las disposi­ciones legales sobre


normas de calidad y de procesos in­dustriales, a fin de evitar adultera-
ciones, abusos y viola­ciones en perjuicio del público.

Financiamiento del desarrollo económico nacional

Considerando:
Que para acelerar el desarrollo económico de México es preciso aumentar sustan-
cialmente el monto absoluto y relativo de la inversión nacional.
Que el aumento de la inversión no debe traducirse en la reducción de la capa-
cidad de consumo ni en el abasteci­miento de los ya muy bajos niveles de vida de
los sectores populares.
Que la aceleración del desarrollo económico y en particu­lar del incremento
de los recursos destinados a fines social­mente productivos debe descansar en la
distribución de la riqueza y el ingreso nacionales, a través de medidas que reduzcan
el consumo suntuario o superfluo de las mino­rías que viven en condiciones privi-
legiadas.
Que la utilización de recursos financieros internacio­nales debe ser complemen-
taria a la movilización y el me­jor aprovechamiento de los recursos internos, y que
los empréstitos e inversiones del exterior sólo deben admitir­se cuando realmente
contribuyan al progreso económico y social del país y no entrañen limitaciones o
presiones de cualquier naturaleza.
Que para lograr lo anterior y asegurar un desarrollo económico más rápido e
independiente, es preciso formu­lar una política financiera, que además de asegurar
un mejor aprovechamiento de los recursos disponibles, res­ponda cabalmente a los
intereses de la nación.
El Movimiento de Liberación Nacional resuelve luchar por los siguientes ob-
jetivos:

1. Aumentar la inversión y destinar a renglones bási­cos de la producción


una parte creciente de la renta na­cional.
2. Aumentar, en particular, la inversión pública, y abandonar la tesis se-
gún la cual el Estado debe ir a la zaga y limitarse a suplir las deficiencias
o a estimular a los in­versionistas privados.
3. Reconocer que el Estado tiene la obligación de in­tervenir, directa e in-
directamente, en todos aquellos cam­pos de la economía en que su par-
ticipación sea útil o ne­cesaria para lograr el mayor bienestar general.
4. Pugnar porque la inversión pública se canalice ha­cia actividades de alta
productividad económica y social, y en particular hacia industrias bási-
cas o fundamentales.
5. Oponerse a toda medida de carácter monetario, fis­cal o financiero, que
directa o indirectamente contribuya a deprimir los niveles de vida de
los sectores populares.

138
To m o I . E l s i g l o x x

6. Adoptar una política fiscal y para el manejo de la deuda pública, que res-
ponda los siguientes principios fundamentales:
a) Acelerar el desarrollo y afirmar la in­dependencia económica de
la nación.
b) Lograr un mejor reparto del ingreso nacional y de la riqueza social.
c) Ha­cer depender crecientemente los ingresos del estado del au-
mento de impuestos directos que graven a los sectores sociales
cuyos niveles de vida son más altos.
d) Liberar de gravámenes a los asalariados o pequeños productores
independientes cuyos ingresos apenas les permitan satis­facer sus
necesidades más apremiantes.
e) Decretar altos impuestos al consumo de artículos suntuarios.
f) Com­batir y sancionar enérgicamente la evasión en el pago de los
tributos, así como la inmoralidad en la administración fiscal.
g) Lograr más justa y adecuada distribución de los ingresos fiscales
entre el gobierno federal, los estados y los municipios.
h) Abandonar el otorgamiento de excenciones y subsidios que se
traduzcan en ventajas o privilegios injustificados para ciertos
empresarios o inversionistas, y abolir toda exención a empresas
extranjeras.
i) Esforzarse para que los programas de obras y servicios públicos
se financien, en la mayor medida posible, a través del sistema tri-
butario.
j) Manejar la deuda del gobierno de manera que la colocación de
los valores del Estado no se traduzca en presiones inflacionarias
que influyan desfavorablemente sobre los precios y el nivel de
vida del pueblo.
k) Obligar a los bancos, las instituciones de seguros y finanzas y
otros inversionistas, y absorber mayores inversiones en valores
públicos y a estimular el desarrollo del mercado de valores.
l) Aplicar los ingresos públicos exclusivamen­te en obras y servicios
del mayor interés social, eliminan­do todos aquellos de carácter
suntuario o no necesario para la comunidad.
m) Mejorar los sistemas de elabora­ción y control del presupuesto
del gobierno federal, a fin de que la política financiera del Estado
contribuya más eficazmente al desarrollo económico del país.
7. Adoptar una política monetaria sujeta a los principios siguientes:
a) Mantener absoluta independencia respecto al Fondo Moneta-
rio Internacional y no aceptar ninguna recomendación o pre-
sión del mismo que pueda lesionar en cualquier forma los inte-
reses del país.
b) Regular volumen de moneda y otros medios de pago de acuerdo
con las condiciones económicas y financieras, las necesi­dades de

139
Nuestra Historia

carácter general y, en su caso, la conveniencia de financiar activi-


dades fundamentales.
c) Evitar las deva­luaciones dictando oportunamente medidas de
diversa naturaleza tendientes a estimular la industrialización,
re­visar la política fiscal, de distribución y precios y equili­brar la
balanza de pagos.
d) Reorganizar el Banco de México a fin de que su política contribu-
ya eficazmente al mejor aprovechamiento de las divisas disponi-
bles y a la canalización del crédito bancario hacia las actividades
de mayor importancia para el desarrollo de la economía del país
y la elevación del nivel de vida del pueblo.
e) Pre­venir y sancionar con energía cualquier especulación que
pueda afectar la estabilidad de la moneda.
f) Hacer efec­tiva la prohibición de usar monedas extranjeras en lugar
de la moneda nacional, especialmente en la frontera norte del país.
8. La política de crédito debe ajustarse a las siguientes exigencias:
a) Reorganizar y extender el radio de acción de las instituciones
controladas por el Estado.
b) Coordi­nar la acción de los bancos oficiales, a fin de que el crédi­to
público se destine a las actividades fundamentales para el desa-
rrollo, integración y diversificación de la economía mexicana, y
se distribuya en la forma más amplia posible. Nacionalizar los
grandes bancos comerciales del país, a través de los cuales se con-
centra y moviliza buena parte e los ahorros de la comunidad, o
por lo menos introduci­r reformas fundamentales a las leyes ban-
carias a fin de asegurar que la mayor proporción de los recursos
financ­ieros se canalice hacia las actividades de mayor impor­
tancia económica y social.
d) Prohibir a los bancos toda clase de operaciones que alienten la
especulación o sólo se traduzcan en el enriquecimiento de unos
cuantos.
e) Com­batir el crédito de agiotistas o intermediarios que operan las
condiciones más onerosas o con el único interés de explotar a los
productores y consumidores.
f) Someter a un control estricto la contratación de crédito en el
extranje­ro por parte de instituciones que integran el sistema ban-
cario.
g) Regular y limitar el importe del crédito que los bancos del país
puedan otorgar a empresas extranjeras, y no avalar obligaciones
de dichas empresas.
h) Regular el crédito que se destine a facilitar las compras en abonos
de artículos de consumo, y evitar que dicho crédito entrañe abu-
sos que perjudiquen a los consumidores o a los productores.

140
To m o I . E l s i g l o x x

i) Pugnar porque el crédito, sobre todo el que se destina a produc-


tores de escasos recursos, se conceda a tipos bajos de interés, con
la debida oportunidad a plazos satisfactorios y sin la participa-
ción de intermediarios o especuladores.
j) Reorganizar los sistemas de financiamiento de la producción, a
fin de que todas aquellas ramas de actividad que sean fundamen-
tales, puedan obtener créditos a plazos largos para instalaciones,
maquinaria y equipo, obras de mejoramiento perma­nente, y en
general, para inversiones que requieren plazos amplios para su
amortización.
k) Impedir que el crédito de la banca, el sistema de seguros y finan-
zas y otras insti­tuciones, se destinen a financiar fraccionamientos
urba­nos, construcciones residenciales de lujo o edificios comer-
ciales no indispensables o que se hagan con fines especulativos, y
lograr en cambio que estos recursos se dediquen en proporciones
mayores a la construcción de viviendas baratas y otras obras de
interés para el pueblo.
l) Regular la proporción de recursos bancarios que deben invertirse
en las propias regiones en que se obtienen.
9. La política sobre inversiones y empréstitos extran­jeros debe ajustarse a los
siguientes principios. Por lo que hace a las inversiones privadas directas:
a) Respetar nues­tra soberanía nacional acatando plenamente las
leyes y las decisiones de los tribunales mexicanos.
b) Realizarse conforme a los principios de cooperación establecidos
en la carta de las Naciones Unidas.
c) Subordinarse a la políti­ca económica y a las exigencias de nuestro
desarrollo eco­nómico y social.
d) No formar parte de consorcios y mo­nopolios.
e) No desplazar ni competir desfavorable o ruinosamente con el ca-
pital nacional.
f) No permitir su asociación con capitales mexicanos, públicos o
privados, en aquellos campos en que, por razones de interés na-
cional deban prohibirse las inversiones extranjeras.
g) Contribuir al aumento de la producción y al equilibrio de la ba-
lanza de pagos.
h) Adaptarse a las necesidades de inte­gración de la economía mexi-
cana, canalizándose hacia actividades que no impliquen simples
procesos finales de ensamble, preparación o envase.
i) Entregar al Estado los estudios que realicen sobre los recursos
naturales del país.
j) Utilizar preferentemente los servicios de técnicos nacionales y
obligar a las empresas a adiestrar a dichos técnicos en todos los
procesos tecnológicos utilizados.

141
Nuestra Historia

k) Regular y controlar los movimientos por utilidades, regalías, in-


tereses, etc., así como la fluencia de nuevos capitales o la reinver-
sión de los mismos en el país.
l) Aplicar estrictamente las disposiciones legales en vigor que afec-
tan a los capitales extranjeros, tales como el decreto de junio de
1944 y el acuerdo que creo la comisión intersecretarial de inver-
siones extranjeras de 1947
m) Reglamentar en forma completa y amplia las inversiones ex-
tranjeras, con el objeto de dar unidad a la política del Estado y
establecer los campos y condiciones en los que, de acuerdo con
los intereses generales del país y el propósito de lograr la plena
independencia económica nacional, hayan de permitirse, y en
su caso, prohibirse las inversiones del exterior, y evitar que me-
diante sociedades anónimas con acciones al portador, oculten su
nacionalidad.
n) Prevenir violaciones a la ley por parte de los inversionistas extran-
jeros y aplicarles severas sanciones en caso de incumplimiento.
o) Expropiar, por causas de utilidad pública, las propiedades de ex-
tranjeros que ilegalmente se encuentran en manos de prestanom-
bres mexicanos.
10. Por lo que se refiere a los empréstitos y créditos extranjeros:
a) Que la contratación de los mimos, por el Estado y los organismos
descentralizados, se ajusten estrictamente a lo dispuesto por la
constitución, y sea aprobada por lo tanto, por el congreso de
la República.
b) Que el monto de las operaciones a largo plazo no este expuesto a
súbitas y violentas fluctuaciones que afecten desfavorablemente
nuestra balanza de pagos.
c) Que principalmente consistan en transacciones gubernamentales.
d) Que se contraten con los países que ofrezcan las condicione más
ventajosas.
e) Que su plazo de vencimiento sea el más, amplio posible, los ti-
pos de interés bajos y su amortiza­ción adecuada en razón de la
naturaleza y productividad de las inversiones a que se destinen,
prefiriendo aquello, susceptibles de ser pagados con productos
nacionales de exportación, sobre la base de las cotizaciones más
eleva­das en el mercado internacional.
f) Que no limiten a nues­tro país a gastar su importe total en el país
acreditante.
g) Que, en los casos de préstamos de fomento, los acredi­tantes per-
mitan el empleo de una parte de su importe en gastos en moneda
nacional.

142
To m o I . E l s i g l o x x

h) Que los recursos que de ellos se obtengan se canalicen exclusiva-


mente al desarro­llo de industrias y actividades fundamentales con-
troladas por el Estado o por el capital nacional.
i) Que para obte­ner crédito en las mejores condiciones, se exa-
minen todas las posibilidades y se den a conocer públicamente
los tér­minos de las operaciones y las razones por las cuales las
haya preferido el gobierno federal o, en su caso, las enti­dades u
organismos descentralizados.

Considerando:
Que el comercio exterior puede y debe ser un factor de estímulo al desarrollo eco-
nómico nacional.
Que los desequilibrios de la balanza comercial y de pa­gos obedecen a defectos
estructurales de la economía me­xicana y sobre todo a la presión que el imperialismo
nor­teamericano ejerce sobre nuestro país.
Que a fin de que el comercio exterior contribuya a ace­lerar el desarrollo econó-
mico de México es preciso adop­tar una política independiente, que amplíe al máxi-
mo las posibilidades de diversificación de productos y mercados y haga posible el
mejoramiento de las relaciones del inter­cambio.
Que la creciente y anárquica salida de capitales nacio­nales y de utilidad de em-
presas extranjeras retarda el desarrollo económico nacional, da lugar a graves des-
ajustes en la balanza de pagos, y es factor decisivo de las devaluaciones monetarias.
El Movimiento de Liberación Nacional resuelve:

1. Luchar por la adopción de una política de comercio exterior que res-


ponda a los intereses de la nación y que se sujete a los principios si-
guientes:
a) Contrarrestar el défi­cit de la balanza comercial, limitando y
eliminando las importaciones no indispensables o necesarias,
sustituyen­do aquellas que puedan producirse en el país y fomen-
tando la exportación de productos excedentes, que tengan el ma-
yor grado posible de elaboración.
b) Implantar un control de cambios que regule el uso de las divisas
dispo­nibles, a fin de lograr su mejor aprovechamiento desde el
punto de vista económico y social.
c) Prevenir y sancio­nar la fuga de capitales nacionales al extranjero
y regular el gasto de mexicanos en el exterior, así como la salida
de las utilidades de empresas extranjeras.
d) Fijar el monto de las importaciones de acuerdo con la capacidad
de pago y las necesidades reales del país.
e) Prohibir la importa­ción de artículos suntuarios y sancionar enér-
gicamente su introducción ilegal a la república, así como toda
clase de contrabandos.

143
Nuestra Historia

f) Restringir, reorganizar y en su caso acabar con las zonas y pe-


rímetros libres, a fin de ampliar el mercado a disposición de los
productos nacionales.
g) Mo­dificar la política arancelaria, para que sin menoscabo de una
protección legítima de los productos nacionales, di­cha política no
resulte en beneficios o privilegios que lesionen el interés general.
h) Eliminar a los intermediarios extranjeros que intervienen en el fi-
nanciamiento, distribución o venta de productos mexicanos que
se destinan al comercio exterior (algodón, café, legumbres, fru-
tas, ga­nado vacuno, minerales, etcétera), y que especialmente ex-
plotan a los productores pequeños y medianos en la agri­cultura,
la ganadería, la pesca y la minería.
i) Incremen­tar el establecimiento de relaciones comerciales di-
rectas con todos los países, sobre bases recíprocas ventajosas, y
eliminar a los intermediarios, sobre todo norteamerica­nos, cuya
intervención es perjudicial para nuestro país;
j) Pugnar por el mejoramiento de las relaciones de intercambio,
fundamentalmente a través de la adopción de una política que,
resuelta, sistemática y patrióticamente, renuncie y rechace las
maniobras de los países imperialistas;
k) Reducir la dependencia comercial respecto a Estados Unidos e
intensificar el comercio con todas las naciones en particular con
los países socialistas y las democracias populares, que hasta ahora
han sido discriminadas en el comercio exterior de México.
l) Evitar que la participa­ción de México en la Asociación Latinoa-
mericana de Libre Comercio se traduzca en ventajas para el capi-
tal extranjero y en particular para el capital norteamericano que
opera en los países miembros de dicha asociación;
m) Fomentar el intercambio con los países subdesarrollados de Amé-
rica Latina, Asia y África, y establecer con ellos acuerdos y formas
de cooperación que tiendan a me­jorar su posición competitiva, a
obtener precios razo­nables, a unificar sus ofertas y demandas y a
romper la hegemonía comercial de las grandes potencias.
n) Inten­sificar las relaciones comerciales con Cuba, en condicio­nes
mutuamente ventajosas, que contribuyan a diversifi­car el inter-
cambio de México y a contrarrestar el boicot con que el imperialis-
mo norteamericano ha tratado de destruir la revolución cubana.
o) Pugnar porque el fo­mento del turismo extranjero tenga un claro
sentido de defensa de la cultura nacional y porque las empresas
de ser­vicio al turismo estén controladas por mexicanos.

144
To m o I . E l s i g l o x x

Elevación del nivel de vida del pueblo

Considerando:
Que los sectores populares siguen viviendo en México en condiciones precarias y a
menudo verdaderamente mi­serables.
Que la elevación del nivel de vida de los campesinos, obreros y amplios grupos
de la clase media no sólo se jus­tifica en atención a razones sociales y humanitarias,
sino El ocaso de los mitos que es indispensable para ampliar los causes del progreso
económico de la nación.
Que la tesis según la cual no es posible el rápido aumento en el nivel de vida de
las masas es una tesis falsa, reaccionaria y antipatriótica.
Que para elevar el nivel de vida del pueblo es menester revisar a fondo toda la
política económica nacional, respetar inflexiblemente los derechos de los trabaja-
dores y ampliar las prestaciones a favor de los mismos.
Que los servicios sociales, prestaciones y seguros deben integrarse en un solo
sistema nacional que abarque a todo el pueblo, absorbiendo los diferentes orga-
nismos que operan en forma fraccionada para grupos específicos de la población,
y reservando la acción asistencial para aquellos grupos que no hayan alcanzado
todavía derechos contractuales.
El Movimiento de Liberación Nacional resuelve luchar por los objetivos si-
guientes:

1. Acabar con los sindicatos “blancos”, sanear el movimiento sindical del


país a fin de que las organizaciones de los trabajadores sean instrumen-
tos eficaces en la defensa de sus intereses y garantizar su independen-
cia, autonomía y libertad, repudiando toda forma de intervención en
ellos del gobierno y los patrones.
2. Promover y depurar, con el mismo propósito, la organización de los
campesinos, y en particular de los ejidatarios.
3. Pugnar por la creación de verdaderas cooperativas de producción y
consumo y por la liquidación de aquellas que sólo lo son de membrete
y que operan al margen de la ley.
4. Combatir todas las formas de inmoralidad y corrupción que directa o
indirectamente afectan a la población trabajadora, empezando con los
tribunales de trabajo y las instituciones relacionadas con los campesinos.
5. Vigilar el estricto cumplimiento de los artículos 4º y 5º y 123 de la
Constitución, así como de las leyes secundarias que otorguen benefi-
cios a los trabajadores.
6. Combatir el desempleo y el subempleo en el campo y las ciudades,
abriendo nuevas fuentes de ocupación. Es de importancia inmediata
lograr que todas las obras públicas que lo permitan se realicen a base
de mano de obra.

145
Nuestra Historia

7. Pugnar porque los salarios se eleven en la misma es­cala en que aumente


la productividad del trabajo y, en su caso, el costo de la vida, así como
esforzarse porque los salarios mínimos que se fijen correspondan a 10
estatuido por la Constitución.
8. Alentar la organización sindical de los empleados de la banca y el co-
mercio, de los campesinos y obreros ru­rales no organizados y de los
trabajadores a domicilio, procurando extender los beneficios del esta-
tuto jurídico y de los servicios sociales de los empleados federales, a los
trabajadores de la federación que aún no los reciben, y a los empleados
oficiales de los estados y municipios.
9. Mejorar los sistemas de distribución de los artículos de consumo in-
dispensable, eliminando intermediarios nocivos y reducir sus precios,
así como prevenir y sancio­nar enérgicamente la especulación en esos
artículos. En particular, combatir los monopolios.
10. Evitar y sancionar la discriminación de las mujeres trabajadoras, tanto
en los salarios como en las oportuni­dades de ocupar puestos directivos,
hacer cumplir las dis­posiciones legales que protegen a las madres tra-
bajadoras, y extender los servicios de guarderías infantiles y jardines de
niños en poblados, fábricas, oficinas y barriadas po­pulares.
11. Castigar severamente la explotación del trabajo de menores de edad.
12. Proteger eficazmente a los braceros agrícolas.
13. Unificar y ampliar considerablemente los progra­mas de construcción
y mejoramiento de viviendas rurales y urbanas; acabar con las “vecin-
dades” y tugurios; pro­porcionar medios para la construcción o termi-
nación de las casas iniciadas por los propios campesinos y trabaja­dores
urbanos; impedir el aumento a los alquileres y reba­jar los que pagan
los sectores de bajos ingresos, no prote­gidos por la congelación de
arrendamientos. Implantar topes estrictos a los precios de los terrenos
urbanos e impuestos elevados sobre terrenos baldíos, para frenar la es-
peculación.
14. Integrar un sistema único de seguridad social que en forma progresiva
comprenda a todos los sectores de la población, especialmente a los cam-
pesinos, dentro del cual la asistencia se imparta en forma obligatoria, como
un complemento del sistema de seguros sociales.
15. Definir y ampliar la política de salud pública para que cumpla la res-
ponsabilidad constitucional de preser­var las condiciones generales de
higiene, salubridad y pre­vención de enfermedades, sin dispersarse en
campos distintos de su acción específica.
16. Intensificar los programas de introducción de agua potable en los po-
blados y zonas urbanas que carecen de ella y mejorar estos servicios
sobre la base de tarifas justas.
17. Reforzar la lucha contra toda clase de enfermeda­des endémicas o epi-
démicas.

146
To m o I . E l s i g l o x x

18. Asegurar la rápida elevación del nivel higiénico del país, en los esta-
blecimientos de servicio público, en la producción y distribución de
alimentos, en los lugares de trabajo y en los hogares.
19. Combatir la desnutrición, mediante la ampliación del consumo de ali-
mentos básicos e intensificar la venta de alimentos que forman parte
reducida en la dieta actual del pueblo de México, como los productos
marítimos, haciéndolos llegar a los consumidores a bajo precio, regu-
larmente y con una calidad adecuada.
20. Proteger a los pequeños comerciantes y productores que desempeñan
una función útil, ampliando el crédito a su disposición y facilitando su
organización.
21. Asegurar que las comunidades indígenas ejerzan todos sus derechos
e impulsar la organización para la producción y distribución de sus
productos.
22. Promover la unidad y la estrecha alianza de los trabajadores entre sí y
con las demás fuerzas democráti­cas y populares del país.

Cultura y educación

Considerando:
Que el desenvolvimiento educativo y cultural de nuestro pueblo es indispensable
para lograr la soberanía na­cional y la emancipación económica.
Que el bajo nivel de vida de los sectores populares y la condición social de los
mismos impide el acceso a la edu­cación.
Que el fanatismo y el imperialismo son dos grandes obstáculos para la eleva-
ción del nivel cultural del pueblo.
Que la penetración imperialista y la acción de fuerzas retardatarias empeñadas
en mantener su hegemonía económica y la pretensión del clero político de volver
las cosas en el país a la situación liquidada por la reforma, son factores fundamen-
tales que deforman y desvían la educación nacional.
El Movimiento de Liberación Nacional resuelve:
1. Auspiciar la creación de un comité de promoción y defensa de la cultu-
ra nacional y la educación popular.

Enseñanza elemental y media

1. Luchar porque el sistema educativo tenga una orien­tación nacional,


que forme en los educandos una concien­cia de los intereses y los pro-
blemas del pueblo mexicano, así como un espíritu de fraternidad hacia
los pueblos del mundo, y de manera especial hacia los pueblos latino­
americanos.
2. Pugnar porque se aplique estrictamente el artículo 3 constitucional;
porque se supriman todos los subsidios que se otorgan a los colegios

147
Nuestra Historia

particulares y se canalicen estos fondos hacia la enseñanza impartida


por el Estado; porque se vigile la actividad que realizan dichos colegios
y se les obligue a ajustarse a los programas en vigor; y por­que se apli-
quen las disposiciones que obligan a los institu­tos de seguridad social y
la fracción XII del artículo 123 de la Constitución para que las empresas
establezcan y mantengan escuelas para los hijos de los trabajadores.
3. Lograr la multiplicación del número de escuelas pri­marias hasta satis-
facer plenamente las necesidades de toda la población escolar y promo-
ver el mejoramiento de la enseñanza en todos sus aspectos.
4. Pugnar por planes de asistencia social que faciliten la concurrencia a la
escuela de todos los niños, otorgando los servicios que sean necesarios
para ese fin.
5. Considerar como impositiva la tarea de alfabetizar a toda la población
que no sabe leer ni escribir, y porque en esa labor participen todos los
que sí saben leer y escribir.
6. Lograr que se incremente el sistema de becas y de internados y otros
servicios necesarios, para evitar la pér­dida que significa para la nación
el que jóvenes bien dota­dos no puedan estudiar por falta de recursos.
7. Fomentar la formación de los maestros necesarios para atender las cre-
cientes necesidades de las enseñanzas primarias y secundarias.
8. Luchar porque se garantice la libertad ideológica y la libertad de opi-
nión que deben caracterizar el ambiente en el que se desarrolle toda
la enseñanza, y exigir una re­tribución económica que permita a los
maestros cumplir con sus difíciles tareas.
9. Pugnar porque se amplíe el presupuesto dedicado a la educación, de
acuerdo con las necesidades del país, a efec­to de eliminar sus insuficien-
cias y desviaciones, generadas, en parte, merced a las aportaciones econó-
micas privadas que imponen criterios antinacionales y anticientíficos a la
enseñanza.

Enseñanza profesional y subprofesional

1. Luchar porque la educación subprofesional y pro­fesional proporcione a


los estudiantes una comprensión certera de los principios científicos y de
los principales problemas sociales, económicos e históricos nacionales.
2. Pugnar porque las universidades y las escuelas técni­cas revisen sus pla-
nes de estudios, para que estén acordes con la revolución científica y
técnica actual y con la realidad nacional.
3. Estimular al máximo el intercambio de información entre todas las insti-
tuciones y con todos los países del mundo, por todos los medios, así como
el intercambio nacional e internacional y una absoluta libertad subprofe-
sional y profesional.

148
To m o I . E l s i g l o x x

4. Reorganizar y ampliar los servicios sociales que prestan los estudiantes


al término de sus carreras.

Investigación científica

1. Impulsar la investigación científica planeándola y coordinándola de


acuerdo con las necesidades del país.
2. Sostener que la investigación científica debe tener una estrecha cola-
boración con los centros docentes y la actividad productiva.
3. Promover el intercambio científico internacional, especialmente con
los países de América Latina.
4. Rechazar la Intromisión del imperialismo extranje­ro en cualquier acti-
vidad científica o técnica, cuyos fines sean subordinar la investigación
nacional a sus intereses.
5. Luchar porque se reconozca la importancia de la in­vestigación científi-
ca y porque se estimule, proteja y respete la personalidad y los derechos
del trabajador de la ciencia en todos los aspectos.

Defensa de la cultura nacional

1. Sostener como principio fundamental la defensa y el desarrollo de la


cultura nacional, oponiéndose a cual­quier tentativa de menoscabarla o
envilecerla, desvirtuando nuestras tradiciones y costumbres útiles para
nuestro progreso.
2. Propiciar los más amplios intercambios culturales con todos los pue-
blos, para enriquecer así el propio caudal y facilitar el mayor creci-
miento, comprensión y amistad como factores de solidaridad y para la
salvaguarda de la paz.
3. Defender la libertad de creación y expresión artística y literaria en todas
sus manifestaciones, y denunciar todas las formas de censura y todos los
atentados que contra ella se realicen.
4. Pugnar porque las grandes mayorías tengan acceso a todas las autén-
ticas manifestaciones culturales y artísticas, en especial aquellas cuyo
contenido sea de un alto sentido nacional y que reflejen la esencia de
nuestra personalidad.
5. Repudiar y combatir toda mistificación del arte y de la cultura naciona-
les en cualquiera de sus manifestaciones.
6. Denunciar y luchar firmemente y con todos los medios posibles contra
la penetración imperialista en el ámbito de la cultura y de las artes na-
cionales, que esta prostituyendo las expresiones artísticas y la sensibili-
dad delpueblo mexicano.

149
Nuestra Historia

7. Luchar para que los medios de difusión no sean utilizados con fines
antinacionales y antipopulares, princi­palmente con los siguientes ob-
jetivos:
a) Desenmascarar y combatir por todos los medios la acción des-
orientadora y antinacional de la prensa pro imperialista y de las
agencias extranjeras que nutren sus servicios informativos; apo­
yar, en cambio, todo esfuerzo en favor de una prensa veraz y al
servicio de los intereses populares.
b) Propugnar porque se reglamente la actividad de la radio y la tele-
visión, y porque los programas tengan un contenido educativo y
des­pierten el interés por los valores auténticos del arte y el sa­ber
nacionales.
c) Combatir la nociva difusión de las llamadas “tiras cómicas” y
“cuadernos de muñequitos” así como en general de la caricatura
política y todas las expresiones plásticas aplicadas a la prensa y a
la publicidad que tengan un carácter belicista, pro-imperialista,
antipopular o estupidizante y que tiendan a deformar la mentali-
dad pública.
d) Luchar porque la cinematografía nacional contenga el mensaje
de arte y cultura que des­pierte el interés y contribuya a formar en
el público de otros países la imagen real del pueblo mexicano.
e) Ampliar con la acción de todos los medios de difusión para que
sirvan como vehículos de comprensión y acercamiento a todos
los habitantes del país.
8. Contrarrestar la influencia del imperialismo y la consecuente corrup-
ción y el envilecimiento de la cultura nacional, sobre todo en la región
fronteriza con Estados Unidos y en las localidades que reciben una co-
rriente mayor de turismo.
9. Preservar del saqueo y la destrucción el patrimonio artístico y arqueológi-
co de México y fomentar la fundación de colecciones artísticas y arqueo-
lógicas debidamente reglamentadas.
10. Estimular el auténtico folklore nacional y repudiar en cambio, su mis-
tificación y comercialización.
11. Propiciar el acercamiento, el intercambio de experiencias y la orga-
nización de los artistas e intelectuales sobre la base de defender sus
intereses comunes y de impulsar y multiplicar las obras de creación,
respetando las ideas estéticas y las concepciones de cada quien y su
derecho a expresarlas.
12. Luchar para que se cumplan los reglamentos orgánicos de los Institu-
tos Nacionales de Bellas Artes, de An­tropología e Historia y de la inves-
tigación científica, en cuanto garanticen la preservación y el desarrollo
de la cul­tura nacional.

150
To m o I . E l s i g l o x x

13. Pugnar porque el Estado organice una red de es­cuelas de arte y activida-
des culturales y formule un siste­ma de becas que abarque a la mayoría de
aquellas perso­nas que manifiesten talento artístico.

Educación indígena

1. Estudiar los problemas económicos y sociales que afectan a los indí-
genas a fin de encauzarlos y ayudar a resolverlos, respecto a las expre-
siones culturales propias de dichas comunidades. Para ello se requiere
conocer:
a) Las condiciones geográficas y económicas en que viven.
b) Las formas de vida política propias: costumbres, relaciones cultu-
rales, producción artística, artesanías, comercio, tradiciones, etc.
c) La organización del trabajo y formas de explotación que sufren.
2. Atraer antropólogos, etnólogos y otros especialistas del movimiento,
para que orienten los planes de preservación y fomento de las culturas
indígenas.

Agosto de 1961
Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Narciso Bassols,
Heberto Castillo, Ignacio García Téllez, Eli de Gortari,
Alonso Aguilar, Enrique González Pedrero,
Francisco López Cámara, Luis Villoro, Carlos Fuentes,
entre otros.

151
Declaración de Morelia

Ante la necesidad de que las fuerzas progresistas estudiantiles de México se organicen


para la defensa de sus reivindicaciones inmediatas, se reunieron en la ciudad de More-
lia, Michoacán, 200 delegados, representantes de más de 100 mil estudiantes de todo
el país, con el propósito de discutir su participa­ción en la lucha revolucionaria con
base en la unidad, democracia e inde­pendencia de las organizaciones estudiantiles.
La Central Nacional de Estudiantes Democráticos tiene lugar precisamente aquí, en
donde la cam­paña para abatir la enseñanza científica y la tendencia democrática de
los centros de cultura superior, ha pugnado por imponer un tipo de educación confe-
sional, golpeando todo principio de legalidad constitucional y culminando en forma
dramática con el asesinato del compañero Manuel Oropeza García.
La plena solidaridad estudiantil nacional hacia todo movimiento democrático
y popular, se manifiesta ahora en la justa lucha de los estudiantes michoacanos.
Y este acto solidario es una clara adver­tencia a las fuerzas oscurantistas de lo que
pueden lograr los jóve­nes organizados de México.

I. ¡Por la unidad del pueblo y de los estudiantes


en la lucha contra nuestros enemigos comunes!

Las grandes luchas libradas por los estudiantes y el pueblo contra los enemigos del
progreso, han estremecido el país en los últimos años. La creciente agudización de la
situación económica que padecen las ma­sas populares ha provocado graves conflic-
tos en los que participan combativamente obreros y campesinos con el fin de lograr
un régimen más democrático y resolver sus propias necesidades.
En estas luchas del pueblo, los estudiantes han aportado su de­cidida colabo-
ración. A consecuencia de la penetración del imperia­lismo norteamericano la si-
tuación se agrava cada día; el país se encuentra en un trágico estancamiento de su
economía.
En la última década, el movimiento estudiantil ha sido probado a través de im-
portantes hechos significativos: la heroica huelga de la Escuela de Agricultura “An-
tonio Narro” de Saltillo, Coahuila, contra el punto cuarto del Plan Truman; durante
los años 56 y 57 los estudiantes del Politécnico, los de la Universidad Nacional y los
de las Normales Rurales, combatieron por la defensa de los servi­cios asistenciales y
con ello defendieron las bases y garantías de la educación popular; la lucha sostenida
en 58-59 por los estudian­tes de México, Puebla y Monterrey contra el alza de los

153
Nuestra Historia

precios de los transportes urbanos (medida antidemocrática que habían apli­cado


los monopolios camioneros), etc., son todos ellos aconteci­mientos que demostraron
el gran potencial combativo de los estudiantes y nos enseñaron, de manera sobre-
saliente, que las di­recciones improvisadas de los movimientos juveniles sólo podían
llevar a la entrega de estas acciones al gobierno y a las empresas monopolistas.
En 1960 el movimiento estudiantil adquiere nuevo impulso con las acciones
de los universitarios de Chilpancingo, Guerrero, contra los crímenes y despotismo de
Raúl Caballero Aburto, gobernador del es­tado, y con la campaña de los estudiantes
normalistas del Distrito Fe­deral para desenmascarar los aspectos demagógicos del
Plan de Once Años y la intención gubernamental de dispersar a los más combativos
cuadros estudiantiles, como medida de “profilaxis política”.
En ese mismo año, después de prolongados e intensos esfuerzos, los estudiantes
michoacanos arrancan a las autoridades de su estado una Ley Orgánica progresista
que normara la vida de su Universidad.
La invasión a Cuba, perpetrada por mercenarios adiestrados por la Central In-
telligence Agency (CIA), movilizó a los estudiantes de todo el país en protesta por la
descarada intervención del imperia­lismo norteamericano en los asuntos internos de
ese pueblo herma­no. La humillante derrota del imperialismo en Playa Girón, signi-
ficó una brillante victoria de los movimientos de liberación d los pueblos oprimidos.
Las grandes conquistas de la Revolución Cubana han espantado a la reacción y al
imperialismo, los que se han lanzado a una histérica campaña contra los centros de
enseñan­za reprimiendo y mediatizando a las organizaciones estudiantiles porque
se dan cuenta de la gran fuerza que éstas han demostrado tener en sus luchas por el
progreso de México. En todos los conflic­tos señalados arriba, el estudiantado hubo
de enfrentar la hostilidad del gobierno quien, en la mayoría de los casos, ha actuado
en com­plicidad con el imperialismo y ha pactado con la reacción.
El heroico combate que han librado recientemente los estudian­tes michoaca-
nos,* demuestra que las causas que han motivado el movimiento democrático del
país, se han agravado. La economía mexicana, pese a los discursos e informes ofi-
ciales en contrario, se encuentra en crisis; el empobrecimiento de la clase obrera
y de los campesinos es cada vez más dramática, la penetración imperialis­ta en los
ámbitos de la educación y la cultura se ha acentuado. Mientras esta situación per-
sista, seguiremos luchando.

II. ¡A la lucha por una educación popular y científica!

Las principales luchas estudiantiles en la última década no han sido sino reflejo de
una profunda crisis en la educación, crisis que se acentúa por las embestidas reac-
cionarias y gobiernistas contra todo vestigio de educación popular y científica.
A los estudiantes nos afectan profundamente las medidas antipopulares, anties-
tudiantiles y antidemocráticas que el gobierno lleva adelante en materia educativa.
Por lo tanto, los estudiantes democráticos del país, fijamos ahora nuestra posición
ante tan gra­ve problema.

154
To m o I . E l s i g l o x x

Estamos en contra de una educación que en la medida que pasa el tiempo, se


sitúa en abierta contradicción con los intereses popu­lares, que nos trata de incul-
car un “humanismo” que considera “hombre” al hombre de negocios, al banquero
próspero, al gran comerciante y, en fin, a todo aquel que tiene dinero producto de la
explotación a que está sometido nuestro pueblo; el “humanismo” que desprecia al
obrero, al campesino, que discrimina al indio; el “humanismo” que pregona el des-
precio al trabajo y predica la hol­ganza y el parasitismo, el ascender en la “jerarquía
social” y el “prestigio”, como objetivos vitales de la juventud; el “humanismo” que
enseña a los estudiantes a ser enemigos mortales del hombre. a arruinar al compe-
tidor por cualquier medio, a no tener escrúpu­los, a ser mezquinos y mercantilistas;
el “humanismo” que con fra­ses trata de encubrir los intereses de los explotadores
del trabajo del hombre, los estudiantes lo despreciamos porque es sólo la expre­sión
de una sociedad moribunda, en descomposición, en la cual los que trabajan viven
en la miseria y los parásitos son respetados y estimados en las “altas esferas” y en
el mundo oficial.
Se pretende producir hombres y mujeres con arreglo a las nece­sidades exclu-
sivas de los explotadores. Seres humanos estandari­zados, deshumanizados y como
piezas y refacciones de la maquinaria que la clase social dominante requiere para
la expan­sión de su actividad económica de lucro. Es evidente que la gran mayoría
de los técnicos y profesionistas sólo se preocupan por sí mismos, sirviendo a quien
les paga, integrándose a la minoría ex­plotadora y adquiriendo todos sus vicios y
estilo de vida.
El conformismo y la pasividad a que nos trata de conducir, obe­decen al in-
terés de que tal estado de cosas persista, a justificar su régimen de explotación y
privilegios. Nuestro silencio sería la com­plicidad. Por eso nos revelamos contra la
situación que priva en el país en el campo de la enseñanza y trataremos de trans-
formarla.
Queremos no una educación abstracta ni hipócrita, sino concre­ta, justa y ver-
dadera. Deseamos que se formen hombres íntegros. que posean una visión precisa
de la sociedad en que viven y de sí mismos, para que puedan comprender el sentido
de su actividad. Estamos contra el humanismo abstracto que sólo beneficia a los ex-
plotadores; estamos por el humanismo concreto, el que ve al hombre real, al obrero,
al campesino, al trabajador sometidos a la explotación de su trabajo diario; estamos
por el humanismo que tiende a transformar la estructura socioeconómica en bene-
ficio de las grandes masas populares.
Estamos contra la técnica deshumanizada, esa otra faceta del humanismo teóri-
co; estamos contra la creación de técnicos que desconocen los problemas del pueblo
y sólo sirven como empleados de las minorías privilegiadas. Estamos por una técni-
ca al ser­vicio del pueblo.
Para que la educación cumpla con sus principios fundamentales, es necesario
que no se nos oculte la verdad, que no se nos den ideas falsas, alejadas de la realidad.
Que se parta de la problemática eco­nómica, política y social del país, que se parta
de la realidad objeti­va para poder transformarla. Es imposible transformar al país si

155
Nuestra Historia

no lo conocemos. Mientras nuestro pueblo siga explotado y en la miseria, no pode-


mos callar quiénes son sus explotadores, tenemos que denunciarlos y combatirlos.
Se deben formar hombres capa­ces de transformar al país, de derrotar la opresión
imperialista y lograr la liberación económica y política de México; hombres capaces
de construir una sociedad sin explotación, miseria ni in­justicia.
Junto a una enseñanza cada día más ligada a los intereses reac­cionarios y pro-
imperialistas, existe una instrucción que no respon­de a los adelantos de la ciencia
y la técnica, que impide que los profesionistas dirijan sus esfuerzos y capacidades a
la racional explotación de los recursos naturales y medios de producción, al apro-
vechamiento científico de las fuentes de energía, de la maqui­naria y de las indus-
trias, todo ello en beneficio de las masas traba­jadoras y de nuestra independencia
económica y política.
Impartida esta educación mediante métodos artesanales y regre­sivos, nos con-
ducen a la dependencia técnica y científica respecto del imperialismo y ratifica nues-
tra condición de esclavos de las grandes industrias monopolistas; los métodos que
se utilizan para la enseñanza son el dogmatismo y la memorización sin posibilidad
de comprobar los conocimientos en la práctica.
Los convenios de ayuda técnica, así como los planes trazados en el programa de
la Alianza para el Progreso, son un medio de pe­netración imperialista encamina-
dos a deformar todavía más la enseñanza en México y obstaculizar todo desarrollo
de la investi­gación científica. Los rasgos generales de la educación en México cons-
tituyen así un sistema antipopular y anticientífico. La educa­ción superior, como
institución nacional, entra en abierta contradic­ción con los intereses populares.
El camino para resolver esta contradicción se inicia con la lucha por una Refor-
ma Educativa Nacional que plantee la problemática real del país, que planifique la
enseñanza en todos sus grados e imparta una enseñanza que forje técnicos y huma-
nistas que estén identificados con los intereses populares.
No queremos crear una cultura para el pueblo, sino con el pue­blo; creemos
que el pueblo, que hasta ahora ha sido el tema de las disquisiciones de unas cuan-
tas personas que no lo conocen, se le­vante, se apodere de las universidades, de las
instituciones técni­cas, de las normales, de todo el aparato de enseñanza superior,
para transformarlo. Que se forjen las armas que habrán de servir al pue­blo para
enfrentarse a sus enemigos. La participación de él en la lucha por la Reforma Edu-
cativa, habrá de ser la más sólida garan­tía de que la educación esté enteramente a
su servicio.
Aumentan cada día las medidas que hacen de la enseñanza supe­rior y media
el patrimonio de una élite, de los hijos de los ricos, pues de cada mil niños que
empiezan la instrucción primaria, sólo uno de ellos logra terminar una carrera pro-
fesional. Por cada diez mil habi­tantes de las clases privilegiadas y económicamente
fuertes asisten 95 estudiantes a los centros de enseñanza superior, mientras que de
cada diez mil habitantes de la clase trabajadora asisten cinco.
En la actualidad, para modificar sustancialmente la composición clasista de los
estudiantes y evitar que ingresen a las universidades jóvenes provenientes de las

156
To m o I . E l s i g l o x x

clases populares, se les somete al “fil­tro purificador” de estudios socioeconómicos,


pruebas de inteligen­cia (¿?), exámenes de admisión, cuotas elevadas de inscripción.
becas de soborno, etc., y se liquida todo vestigio de sistemas asistenciales para es-
tudiantes de escasos recursos, con medidas tales como el cierre de internados, de
comedores estudiantiles, dis­minución de las raquíticas becas, etcétera.
Planes como el “Once Años”, lanzado por la Secretaría de Edu­cación en 1960, no
demuestran sino la desesperación del régimen para distraer al pueblo con promesas
demagógicas y mantenerlo alejado de los verdaderos términos del problema. ¿Cómo
afirmar que sobran estudiantes y maestros normalistas en un país en el que de cada
100 habitantes, 45 no saben leer ni escribir?
En resumen: sólo logrando que existan condiciones para que los jóvenes de
escasos recursos asistan a los centros superiores de en­señanza y garantizando la
terminación de sus estudios podemos considerar que existe realmente la educación
popular. Todos los datos mencionados prueban una cosa: que el pueblo no asiste a
educarse por falta de recursos económicos.
Por tanto, nosotros, estudiantes salidos con grandes esfuerzos de las capas ne-
cesitadas de la población, entendemos claramente que sólo en estrecha solidaridad
con las luchas que el pueblo libra para mejorar sus condiciones de vida, podrán es-
tablecerse firmemente las condiciones generales para lograr una educación fincada
en les intereses populares. Por eso estamos por la Reforma Agraria Radi­cal, por la
democracia e independencia de los sindicatos, así como con los movimientos reivin-
dicadores que libra el pueblo trabajador contra la explotación de los monopolios in-
ternacionales y sus cóm­plices criollos; en una palabra, con el movimiento general que
li­bere a nuestro pueblo de las ataduras que lo agobian. Los objetivos del pueblo son
los nuestros. Y nuestros objetivos en la educación son los de él. Nuestra solidaridad
en la lucha por sus reivindicacio­nes es indeclinable y la condición de nuestro triunfo
es contar con la solidaridad de las clases trabajadoras del país.

III. ¡Por la unidad y organización independiente


del estudiantado democrático y revolucionario!

Las autoridades gubernamentales y universitarias, al servicio de los explotadores y


opresores de nuestro pueblo, utilizan la demagogia, la corrupción y el soborno con
todos los medios a su alcance, para divi­dir a los estudiantes y frenar su lucha por
sus más auténticas demandas. Un claro ejemplo de esto son los últimos aconteci-
mientos en las uni­versidades de Puebla, Monterrey, Guadalajara y Morelia.
Los estudiantes de México, ante tal situación, necesitan un ins­trumento de lu-
cha independiente, que garantice la defensa de sus derechos y la consecución de sus
objetivos; necesitan de un orga­nismo propio que encuentre en su independencia
frente al gobier­no la premisa básica de su existencia. Las organizaciones obreras,
estudiantiles y campesinas que controla el gobierno, son precisa­mente antiobreras,
anticampesinas y antiestudiantiles. El asesinato de líderes populares como Rubén
Jaramillo y Román Guerra Montemayor, el encarcelamiento de líderes obreros

157
Nuestra Historia

como Demetrio Vallejo y Valentín Campa; las salvajes represiones de que son ob­
jeto las organizaciones democráticas y las manifestaciones popu­lares; la persecución
y encarcelamiento de líderes estudiantiles
Por tanto, nosotros, estudiantes salidos con grandes esfuerzos de las capas ne-
cesitadas de la población, entendemos claramente que sólo en estrecha solidaridad
con las luchas que el pueblo libra para mejorar sus condiciones de vida, podrán es-
tablecerse firmemente las condiciones generales para lograr una educación fincada
en les intereses populares. Por eso estamos por la Reforma Agraria Radi­cal, por la
democracia e independencia de los sindicatos, así como con los movimientos rei-
vindicadores que libra el pueblo trabajador contra la explotación de los monopolios
internacionales y sus cóm­plices criollos; en una palabra, con el movimiento general
que li­bere a nuestro pueblo de las ataduras que lo agobian. Los objetivos del pueblo
son los nuestros. Y nuestros objetivos en la educación son los de él. Nuestra solida-
ridad en la lucha por sus reivindicacio­nes es indeclinable y la condición de nuestro
triunfo es contar con la solidaridad de las clases trabajadoras del país.

III. ¡Por la unidad y organización independiente


del estudiantado democrático y revolucionario!

Las autoridades gubernamentales y universitarias, al servicio de los explotadores y


opresores de nuestro pueblo, utilizan la demagogia, la corrupción y el soborno con
todos los medios a su alcance, para divi­dir a los estudiantes y frenar su lucha por
sus más auténticas demandas. Un claro ejemplo de esto son los últimos aconteci-
mientos en las uni­versidades de Puebla, Monterrey, Guadalajara y Morelia.
Los estudiantes de México, ante tal situación, necesitan un ins­trumento de lu-
cha independiente, que garantice la defensa de sus derechos y la consecución de sus
objetivos; necesitan de un orga­nismo propio que encuentre en su independencia
frente al gobier­no la premisa básica de su existencia. Las organizaciones obreras,
estudiantiles y campesinas que controla el gobierno, son precisa­mente antiobreras,
anticampesinas y antiestudiantiles. El asesinato de líderes populares como Rubén
Jaramillo y Román Guerra Montemayor, el encarcelamiento de líderes obreros
como Demetrio Vallejo y Valentín Campa; las salvajes represiones de que son ob­
jeto las organizaciones democráticas y las manifestaciones popu­lares; la persecu-
ción y encarcelamiento de líderes estudiantiles como Enrique Cabrera en Puebla y
Efrén Capiz en Morelia, son ejemplos palpables de la situación actual.
Las razones antes expuestas y las propias experiencias del movi­miento estu-
diantil nacional demuestran que solamente con la inde­pendencia frente al gobier-
no es posible luchar por nuestras reivindicaciones. Es necesario el conocimiento
cabal y profundo de los problemas que nos afectan para lograr la participación
activa y consciente de los estudiantes democráticos, por sus demandas más urgen-
tes. La única forma efectiva de lucha es la de formar un solo frente, pues la expe-
riencia demuestra que cuando los estudiantes no hemos estado unidos, las fuerzas
enemigas nos han derrotado. La unidad del movimiento estudiantil es la condición

158
To m o I . E l s i g l o x x

fundamental para alcanzar el triunfo. Una organización amplia y representativa,


ba­sada en la democracia interna, es el objetivo que nos plantea aho­ra la realidad.
Los estudiantes de México tenemos una gran responsabilidad frente a nuestro
pueblo; la lucha por transformar el actual sistema de enseñanza, en un sistema de
educación popular y científica, ajus­tado a las necesidades del país y al mejoramien-
to del nivel de vida de las masas trabajadoras, encuentra su camino en la lucha por
una Reforma Educativa sin claudicaciones.
Forjando la unidad de todo el estudiantado, de manera democrá­tica e inde-
pendiente y batallando en forma entusiasta y responsable, cumpliremos la misión
histórica que nos corresponde.

¡Viva la reforma educativa popular!


¡Viva la unidad de los estudiantes con su pueblo!
¡Viva la democracia e independencia estudiantil!
¡Viva la unidad combativa y revolucionaria del estudiantado!

Morelia, Michoacán, a 17 de mayo de 1963.


“Luchar mientras se estudia”
Central Nacional de Estudiantes Democráticos

Aprobado por unanimidad y con aclamación en la última sesión plenaria de la I Cen-


tral Nacional de Estudiantes Democráticos celebrada en Mo­relia, Michoacán, duran-
te los días 15, 16 y 17 de mayo de 1963. Comi­sión de redacción: Raúl Álvarez Garín,
Walter Ortiz Tovar, David Aguilar Mora, Antonio de Haro.

159
Pliego petitorio

Los estudiantes universitarios consideramos que la democracia y auto­nomía en


nuestra máxima casa de estudios son condiciones imprescin­dibles para el correcto
funcionamiento de la misma. Con base en ello nos hemos lanzado a este movi-
miento y hemos elevado una serie de de­mandas a fin de que estos principios tengan
una real efectividad. Pug­namos porque la cultura superior no sea privilegio de unos
cuantos, sino que esté al alcance del pueblo.
A nuestro juicio la Universidad debe ser una institución de carác­ter docente en
la que se forjen profesionistas preparados, capaces de afrontar los problemas que la
realidad misma ofrece.
No obstante, esto no sucede así, puesto que una serie de desviaciones de carác-
ter económico, político y administrativo lo evitan. Una perspec­tiva profunda del
problema nos muestra que la Universidad es una es­tructura de poder, en el cual
los intereses políticos de las autoridades administrativas llegan a pesar más que los
intereses académicos.
El nivel de la enseñanza es bajo, los planes de estudio anacrónicos y desarti-
culados, hay un gran número de maestros incompetentes y la falta de práctica es
grave. Por otro lado, los recursos económicos son canalizados de manera arbitraria
y el derroche es notorio.
La participación estudiantil en el gobierno de la Universidad es mínima, y los
mecanismos formales cumplen una función discrimi­natoria al respecto.

Mayo de 1966
Consejo Estudiantil Universitario

161
Nueva provocación contra la libertad
y la democracia

Ante la opinión pública mexicana e internacional se ha planteado por tercera vez en


el curso de este año la acusación contra el Par­tido Comunista Mexicano de atentar
contra el orden publico y preparar las tras fantásticas conjuras.
Las “pruebas” que en esta ocasión se muestran al público no pueden ser reas
impresionantes: combates callejeros entre noticias y estudiantes durante varias ho-
ras, escaparates destrozados, más de 500 heridos, cientos de encarcelados, allana-
mientos de moradas, espectaculares cateos de las oficinas del PSM y de los talleres
de su periódico, amén de patéticas acusaciones contra los “agitadores profesiona-
les” que infiltrándose en la masa estudiantil la conducen a los peores excesos
Durante el mes de mayo, pocos días después de que el Presidente de la Repú-
blica recibiera, al Presidium del Comité Central del Partido Comunista Mexicano,
el polizonte norteamericano Edgar J. Hoover, jefe del FBI, hizo distribuir en el país
y en el extranjero la burda especie de que los comunistas mexicanos procedían al
acopio de armas para lanzarse a una rebelión; la opinión pública mexicana enten-
dió el sentido de este infundio y ser burló del decrépito espía.
Un poco antes, en febrero de este año, durante los días en que se desarrollaba
la Marcha Estudiantil por la Ruta de la Libertad, funcionarios policiacos lanzaron
públicamente la calumnia de que un accidente ferroviario normal era obra de un
sabotaje de los comunistas mexicanos.
Los intentos de febrero y mayo fracasaron estrepitosamente. Y, ahora, se mon-
ta una nueva provocación, más espectacular que las anteriores, pero de la misma
factura macartista.
Las acusaciones de febrero, de mayo y la reciente del día 26 de julio son esla-
bones de la misma cadena. Constituyen partes de un plan premeditado, representa
una provocación de carácter político con el objeto directo de agredir a la única
fuerza de oposición consecuentemente antiimperialista y revolucionaria, que actúa
en nuestro país. Se trata de impedir que esta agrupación de mexicanos ejerza los
derechos que nuestras leyes otorgan a todos los ciudadanos.
Pero no sólo de eso se trata. Se trata igualmente de carcomer aun más el am-
biente político nacional; de mantener un clima de persecución, de cacería de bru-
jas, de inhibir la acción popular amedrentando a las masas con el fantasma de la
“anarquía y el desorden comunista”; de represión antidemocrática, que va dirigi­da
contra todas las fuerzas progresistas del país y no sólo contra los comunistas.

163
Nuestra Historia

Toda la experiencia histórica demuestra que la creación de un ambiente de


histeria anticomunista sirve sólo de pretexto para una mayor penetración del impe-
rialismo norteamericano en la vida política interna y para justificar las pretensiones
antipatrióticas de los sectores ultraderechistas, que actúan al amparo del totalita-
rismo policiaco.
La agresión policiaca del 26 de julio fue debidamente preparada como parte
de una provocación política. Ante el fracaso de los intentos de febrero y mayo se
trataba ahora de provocar un incidente de grandes proporciones, que justificara los
designios del imperialismo y de los grupos reaccionarios del gobierno.
1. El 23 de julio, miembros del cuerpo de granaderos allanaron el recinto
de la escuela vocacional de Ciencias Sociales del Instituto Politécnico Na-
cional y golpearon salvajemente a maes­tros, empleados y alumnos de!
plantel.
2. El 26 de julio, en señal de protesta por los hechos anteriores y en de-
manda de la destitución de los jefes de la policía preventiva del Dis-
trito Federal, Luis Cueto Ramírez y Raúl Mendiolea Cerecero,
estudiantes de diversas escuelas del Institu­to Politécnico Nacional orga-
nizaron una manifestación por las ca­lles de la Ciudad de México.
3. El mismo día, en conmemoración del XV aniversario del asalto al
cuartel Montada, la Central Nacional de Estudiantes Democráticos
(CNED) y las sociedades de alumnos de diversas escuelas del Politéc-
nico y la Universidad organizaron una manifestación y un mitin.
4. Ambas demostraciones públicas fueron debidamente “permitidas” por
las autoridades respectivas, quienes, violando la Cons­titución, se arrogan
el derecho de “autorizar” o “desautorizar” el ejercicio de un derecho
constitucional.
5. Las manifestaciones y los mítines transcurrieron con entera normalidad
y se desarrollaron en perfecto orden, durante el tiempo en que los grana-
deros y los múltiples cuerpos policíacos se mantu­vieron a la expectativa,
6. Fue solo a partir del momento en que los agentes policíacos recibie-
ron la orden de lanzarse a la carga contra ciudadanos momento que
ejercían sus derechos constitucionales, cuando se inició el desorden
y empezaron los combates callejeros.
7. A las 9:30 de la noche, antes de que termina la repre­s ión contra los
estudiantes, brigadas de agentes de la Dirección Federal de Seguridad,
auxiliados por miembros del Servicio Secreto y las otras policías, alla-
naron las oficinas del Comité Central del Partido Comunista Mexica-
no, en Mérida l86, y ocuparon los talleres donde se imprime el semana-
rio La Voz de México. Los “responsables” habían sido ya descubiertos.

Al día siguiente, 27 de julio, una comisión de miembros del PCM, encabezada


por los camaradas Gerardo Unzueta, miembros del Presidium del CC del PCM y
Arturo Ortiz Marbán, miembro del Comité del DF del PCM, acudieron a las oficinas

164
To m o I . E l s i g l o x x

de Mérida 186 a tomar posesión de ellas, ya que hasta ahora no ha sido dicta­da dis-
posición judicial alguna que prohíba la actividad del Parti­do Comunista Mexicano.
Pero en lugar de hacer entrega de las oficinas, los agentes policiacos sucedieron a
aprehender los y ahora aparecen entre los “instigadores” de los sucesos del viernes.
No nos cabe la menor duda de que la arbitrariedad policiaca que sigue la línea del
anticomunismo de oficio, podrá acomodar los hechos a su arbitrio. Pero ello no
cambiará la realidad, de la que fueron testigos decenas de miles de estudiantes y
ciudadanos que vivieron y sufrieron el ataque de los “guardianes del orden”
Cueto y Mendiolea tienen, como prueba de su acusación con­tra el PCM, la
presencia de militantes de nuestro Partido en las filas de los manifestantes del vier-
nes. No lo ocultamos. Los miembros del PCM apoyan tanto la demanda de que
sean destituidos Cueto y Mendiolea como la conmemoración del aniversario del
asalto al cuartel Montada. Pero ello no exime a los jefes policiacos y a quienes con
ellos planearon la provocación del día 26 de toda la responsabilidad por todo lo
sucedido.
Por lo anterior el Presidium del Comité Central del Partido Comunista Mexi-
cano demanda:

1. El inicio de una investigación a fondo para definir quié­n es son los


promotores y verdaderos responsables de los sucesos del 26 de
Julio.
2. La destitución inmediata de los generales Luis Cueto Ramírez y Raúl Men-
diolea Cerecero, jefe y subjefe, respectivamente, de la policía preventiva
del Distrito Federal.
3. La desaparición del cuerpo de granaderos.
4. La liberación inmediata de todos los detenidos.
5. La devolución incondicional de las oficinas del Comité Central del
PCM, de los talleres de la Voz de México y de todos los objetos
que fueron sustraídos de estos lugares por agentes policiacos.

Los demócratas y revolucionarios mexicanos se enfrentan de nuevo por tercera


vez, en este año, a la ofensiva de las fuerzas más reaccionarias del aparato estatal
y del extranjero, que quieren acabar con todo vestigio democrático. ¡Cerremos el
paso a los organizadores de la conjura policiaca!

¡Proletarios de todos los países, uníos!

México, D.F., a 28 de julio de 1968.


Presidium del Comité Central del Partido Comunista Mexicano

165
Manifiesto a la Nación

Durante los últimos meses de 1968, el país se ha visto sacudido por la protesta de
miles de estudiantes que a través de la demanda de solución de un pliego petitorio
que consta de seis puntos cuestionan ante el mundo la imagen que de México la
clase dominante ha pretendido crear y en la que presentan como rasgos esenciales
la paz, la estabilidad y la riqueza.
El movimiento estudiantil de julio ha surgido como resultado de viejos pro-
blemas planteados a un régimen que los ignora, los nie­ga o que pretendiendo re-
solverlos, en realidad sólo consigue agravarlos y ha evidenciado ante el mundo la
situación de miseria y falta de libertades políticas en las que viven la mayoría de los
mexicanos.
Efectivamente, este movimiento es expresión de las profundas desigualdades
en la distribución del ingreso, consecuencia de la con­centración en unas pocas
manos de la riqueza generada por el pue­blo, de la cada día más creciente depen-
dencia de la economía mexicana al imperialismo norteamericano, revelado en el
crecimien­to vertiginoso de las inversiones extranjeras; de una política de de­sarrollo
que favorece esencialmente al capital privado, propiciando vastos desequilibrios
regionales, beneficiando exclusivamente los intereses de una clase por medio de
un sistema impositivo que am­para a los grandes capitales y que va en detrimento
de quien sólo posee su salario como fuente de vida; de la irresponsabilidad de un
gobierno que elude actuar en beneficio de las grandes mayorías de campesinos y
obreros, quienes aún no encuentran satisfechas sus necesidades vitales de alimen-
tación, vestido y vivienda.
En resumen, las decisiones políticas y económicas del gobierno mexicano re-
presentan los intereses de una clase, propician y ampa­ran la explotación de las de-
más y crean un marco de irracionalidad en el que los problemas socioeconómicos
del pueblo hallan sólo una relativa solución.
Así, los jóvenes campesinos, obreros y estudiantes no tienen acceso a perspecti-
vas dignas de vida, pues las fuentes de trabajo se crean en beneficio de intereses par-
ticulares y no de la colectividad, dándose entonces, por ejemplo, la paradoja de una
sociedad que crea técnicos y profesionales a quienes no ofrece empleo y que, ade­más,
no crea aquellos técnicos que necesita y los trae del extran­jero. Así los jóvenes viven
escuchando las halagadoras palabras de quienes les ofrecen el futuro del país, pero les
niega sistemá­ticamente toda oportunidad de ser un presente actuante y partícipe de
las decisiones, provocando en ellos la necesidad de transfor­mar esta sociedad.

167
Nuestra Historia

El carácter antidemocrático de las estructuras políticas del país, que se manifiesta


en su incapacidad para resolver auténticas de­mandas populares, es resultado de prác-
ticas políticas obsoletas y que no solucionan los problemas de la sociedad mexicana
actual, la democracia en México es un mero concepto, una forma más, pues la política
se hace al margen de las mayorías populares, de sus aspiraciones, intereses y exigen-
cias, las determinaciones son toma­das por un restringido núcleo de personas que
obstaculizando la participación política del pueblo, lo niegan como instancia última
de decisión.
La sistemática represión a todo intento de organización política independiente,
el sistemático encarcelamiento o asesinato de los líderes más honestos, la construc-
ción de marcos jurídicos que im­piden por decreto toda participación organizada, y la
falta de in­formación nacional veraz, han impedido y frenado el surgimiento y desa-
rrollo de organizaciones obreras, campesinas, estudiantiles y en general ciudadanas,
que puedan participar libre, responsable y combativamente en contra de las medidas
de opresión del gobier­no. Así, Demetrio Vallejo y Rubén Jaramillo, que no aceptaron
el sometimiento a las disposiciones gubernamentales, fueron asesina­dos. Conside-
rando también como asesinato el encarcelamiento in­justo de un líder justo.
También es parte de este marco de la política nacional la mani­pulación a través
de la corrupción de la opinión pública, el fraude electoral y consecuentemente, la
apatía, el desinterés y el marginalismo en la participación política. La ausencia de ac-
titudes críticas, uno de los más altos valores que definen a la ciudadanía y elemento
esencial del desarrollo de cualquier sociedad que tenga pretensiones democráticas.
El movimiento estudiantil se ha expre­sado en la demanda de puntos concretos: el
pliego petitorio y el diálogo público, a través de ellos se encierra una crítica profunda
a las bases en que se sustenta el sistema político, económico y so­cial en que vivimos.
Al responder a las arbitrariedades de los fun­cionarios públicos y logrando que éstas
no queden sin respuesta ha expresado la necesidad de que el monólogo oficial sea
sustituido por un diálogo en el que participe la nación entera.
En adelante el gobierno deberá esperar una respuesta del pueblo a los actos
de arbitrariedad de quienes abusan de sus atribuciones utilizando al Ejército y la
policía para atropellar los legítimos de­rechos del pueblo. El movimiento ha sido re-
sultado espontáneo de la indignación de prácticamente todos los integrantes de las
insti­tuciones de educación superior del Distrito Federal y de otros lu­gares del país;
de la indignación sentida por amplios sectores del pueblo de México ante la arbi-
trariedad y brutalidad policiacas al agredir a grupos estudiantiles que hacían uso de
un derecho consa­grado en la Constitución al manifestarse públicamente en pro-
testa a anteriores agresiones ordenadas por funcionarios irresponsables. Ello debe
considerarse como la expresión del descontento y la pro­testa latente del pueblo
frente a la injusticia. Descontento que se ha canalizado en los últimos meses a tra-
vés del Movimiento estudian­til. El Consejo Nacional de Huelga, máxima expresión
organizativa del Movimiento, no ha asumido una posición ideológica homogé­nea
porque ha acogido en su seno a todas aquellas corrientes que luchan por el avance
democrático del país, por la vigencia de la Constitución y por una sociedad en la

168
To m o I . E l s i g l o x x

que todos nuestros compa­triotas encuentren oportunidades para expresarse y de-


sarrollarse ca­balmente como hombres y ciudadanos
Es esta última demanda implícita del Movimiento, en lo que coincide con los
movimientos estudiantiles de otros países que exi­gen para el presente y el futuro,
sociedades en que la expresión cabal del hombre sea una realidad. De aquí que nues-
tro movimiento haya recibido el apoyo de todos los estudiantes y ciudadanos cons­
cientes del mundo.
El Consejo Nacional de Huelga ha demandado la democratiza­ción de las prác-
ticas políticas y lo ha hecho dando ejemplo de de­mocracia, ya que todos los centros
educativos participantes han tenido permanente e irrestrictamente voz y voto en
las decisiones tomadas, los órganos soberanos de nuestro movimiento han sido las
asambleas de estudiantes y el pleno del Consejo Nacional de Huel­ga, representante
auténtico de dichas asambleas. En ellas no se le ha negado la voz a nadie a pesar de lo
que han pretendido órganos de información interesados en desvirtuar al Movimien-
to. Hemos demandado la democracia porque la hemos practicado irrestricta­mente.
Si hemos exigido un diálogo público, no ha sido buscando la forma de eludir la
solución del conflicto, sino porque considera­mos, y es una cuestión de principio en el
movimiento, que los asun­tos que afectan al pueblo deben ventilarse abiertamente.
Hemos demandado la libertad de los presos políticos porque es­tamos conven-
cidos de que los disidentes de los criterios oficiales y los opositores al régimen no
son delincuentes. La existencia de presos políticos es una de las mayores lacras del
sistema y es ca­racterística de los regímenes autoritarios en todas partes y en todas
épocas. Son presos políticos: Vallejo, Campa. Y son presos políti­cos nuestros com-
pañeros que fueron aprehendidos a partir del ini­cio de este Movimiento, pues su
único delito consistió en haber marchado junto con todos nosotros, los estudiantes
y el pueblo de México en las manifestaciones públicas que recorrieron las calles de
la ciudad; el haber utilizado las tribunas creadas por el Movi­miento para expresar
su disidencia con el gobierno, y, en fin, en haber hecho uso del legítimo derecho de
expresión para protestar contra los abusos gubernamentales.
Pese a las dificultades a que hemos debido enfrentarnos, pese a la intransi-
gencia y la intolerancia del gobierno expresada el 2 de octubre en la Plaza de las
Tres Culturas en Tlatelolco, pese a todo ello, el Movimiento ha arrancado al Estado
algunas demandas y ha abierto nuevas perspectivas en la vida política del país, mar-
cando nuevas etapas en su desarrollo.
Las demandas arrancadas son: la discusión pública del artículo 145 del Códi-
go Penal, antigua demanda de los sectores democráticos del país y que sólo hasta
ahora adquiere las dimensiones de un debate nacional, y no nos referimos a la farsa
montada en la Cámara de Diputados, sino al cuestionamiento que se ha hecho del
aparato jurídico a raíz de la discusión sobre el citado artículo.
El reconocimiento que el Poder Ejecutivo tuvo que hacer del descontento ge-
neral y legítimo se deja ver en el momento en que se nombran representantes
presidenciales ante el CNH, hacemos público que a pesar de haber reconocido la
fuerza de la represen­tatividad del CNH, el gobierno sólo ofreció soluciones limita-

169
Nuestra Historia

das. La desocupación de la mayor parte de los locales educativos, los com­pañeros


liberados, la defensa de la Universidad expresada a través del apoyo del CNH al
rector de la misma, sobre quien pretendían gentes interesadas en terminar con la
institución, arrojar la respon­sabilidad de nuestro Movimiento, son algunos de los
resultados de nuestra permanencia activa y militante y no graciosas concesiones
del gobierno.
Existen, además, otra serie de logros que aunque menos concre­tos son más im-
portantes para la vida política de México. El Movi­miento ha abierto en el país una
etapa de discusión, de crítica y de reflexión política revelando las lacras del sistema,
promoviendo así que amplios sectores del pueblo, indiferentes muchas veces ante
los graves problemas que afectan a nuestra comunidad, tomaran con­ciencia de esos
problemas y estuvieran dispuestos a luchar por la solución de ellos.
Ha demostrado que en México es posible movilizar a grandes sectores de pue-
blo, al margen de los controles oficiales, en mani­festaciones y mítines en los que la
participación fue resultado de la convicción y no de presiones o recompensas.
Uno de los logros fundamentales del Movimiento es el haber acercado a través
de las “brigadas políticas” a los estudiantes, con el pueblo de México y sus problemas.
En las colonias proletarias, en las fábricas, en Topilejo, los estudiantes conocieron
de una ma­nera concreta a ese pueblo que la retórica oficial ha convertido en mera
abstracción, y en la que sus problemas quedan ocultos con un alud de palabras.
Por otra parte, en las brigadas los estudiantes han demostrado su capacidad
organizativa y de militancia política, han demostrado en Topilejo que su participa-
ción en la resolución de los problemas del país puede ir más allá de pintar fachadas
los domingos y de participar en carreras de bicicletas, como pretende el criterio
oficial. Es­tos triunfos parciales han costado mucho en vidas y sacrificios y no han
satisfecho de ninguna manera las demandas que formulamos desde el principio,
dada la intransigencia de los poderes públicos y su definitiva incapacidad para re-
conocer las demandas del pue­blo expresadas en el Movimiento estudiantil.
Se ha acusado a los estudiantes de intransigentes, pero en las distintas fases
del Movimiento se ha demostrado disposición para solucionar el conflicto y así
fue que de la exigencia de la resolución de los seis puntos, como condición para el
retorno a clases, pasa­mos al cumplimiento sólo de tres prerrequisitos y al no obte-
ner una respuesta del gobierno y ante el peligro real que amenaza la subsis­tencia
de las estructuras democráticas de nuestras instituciones de educación superior,
peligro más grave aún que el de la represión en contra de las personas, puesto que la
pérdida de la democracia en nuestras instituciones significaría la imposibilidad de
continuar el presente Movimiento, y de promover como Universidad y Politéc­nico,
verdaderamente abiertos al pueblo movimientos semejantes en otros sectores de la
población, decidimos el retorno a las aulas.
Las perspectivas que se ofrecen al movimiento consisten en or­ganizar a niveles
cada vez más elevados la protesta y la oposición a un régimen cada vez más incapaz
para satisfacer las justas reivin­dicaciones populares. Esta organización en adelante
deberá contar. para ser eficaz no sólo con los estudiantes sino y sobre todo, con los

170
To m o I . E l s i g l o x x

sectores productivos de nuestra sociedad, los que con su trabajo dominan y trans-
forman a la naturaleza así en la ciudad como en el campo.
Los estudiantes nos aliaremos de manera definitiva con estos sectores que ob-
jetivamente están destinados a promover los cam­bios verdaderamente revolucio-
narios que nuestra patria requiere. La organización estudiantil debe concluir nece-
sariamente en la organización popular que oponiéndose a las trabas que frenan el
desarrollo histórico de México convierta en realidad el lema de nuestro movimien-
to: Libertades Democráticas.
El gobierno mexicano debe tomar muy en cuenta que ante la obstrucción siste-
mática y reiterada que de los canales democráti­cos realiza, no puede pedir actitudes
eternamente pasivas y sumi­sas y que las vías que siga el pueblo de México para el lo-
gro de una auténtica democracia estarán esencialmente determinadas por la posición
que se asuma frente a las exigencias de reivindicaciones populares que se aproxima.
Sin embargo, cualquiera que sea la vía todo mexicano luchador por la democracia
actuará con la respon­sabilidad que la historia le confiera.

Venceremos

Diciembre de 1968.
Consejo Nacional de Huelga.

171
Ideario

Al pueblo de México
A todos los trabajadores

El Partido de los Pobres, organismo que ha nacido de las entrañas más profundas
del pueblo mexicano y que día a día se templa, se consolida y desarrolla en la lucha
y en la guerra revolucionaria armada de los explotados contra los explotadores,
expone en forma general los objetivos esenciales que fundamentan su razón de ser,
su conducta y acción.
Nuestros principios y objetivos esenciales son:

1. Luchar consecuentemente con las armas en la mano junto a todas las


organizaciones revolucionarias armadas, junto a nuestro pueblo tra-
bajador y hacer la revolución socialista; conquistar el poder político;
destruir al Estado burgués explotador y opresor; construir un Estado
proletario y formar un gobierno de todos los trabajadores; construir
una nueva sociedad, sin explotados ni explotadores, sin oprimidos
ni opresores.
2. Destruir el sistema capitalista: abolir la propiedad privada, base y esen-
cia de la explotación del hombre por el hombre; aniquilar a la burguesía
como clase privilegiada explotadora y opresora, ya que el capital y la
riqueza acumulada y concentrada en sus manos ha sido creada por el
trabajo, el sudor y la sangre de la clase, de los campesinos y de todos
los trabajadores, en consecuencia, será reivindicada la justicia histórica
de la clase obrera, del campesino y de muchas generaciones de trabaja-
dores. Lo que ha sido creado por el trabajo y sacrificio del pueblo, debe
pertenecer al propio pueblo.
3. Consecuentemente, después del triunfo armado de la revolución socialista
y de la toma del poder político por el pueblo, será destruida la estructura
del sistema económico-social explotador y conquistado el poder econó-
mico, para ello, serán expropiadas y socializadas las empresas industria-
les, comerciales, agrícolas y las instituciones financieras, etcétera, hoy en
poder de la burguesía. Al ser expropiadas y socializadas las fábricas, los
medios e ins­trumentos de producción, los recursos naturales, los ban­cos,
etcétera, serán administrados por los propios traba­jadores y por el estado

173
Nuestra Historia

proletario. El comercio externo e interno estará bajo control del Estado


de todos los traba­jadores, y las relaciones económicas, políticas y sociales
con todos los países habrán de basarse en los intereses fundamentales de
los pueblos, en igualdad y ayuda mutua.
4. Se acabará con la explotación y la opresión en el campo; los latifun-
dios, las haciendas y todas las propiedades de los capitalistas del cam-
po serán expropiados. La tierra será colectivizada y administrada por
quienes la tra­bajen; el Estado de todos los trabajadores dotará a todo
el campesinado de maquinaria, técnica, medios y recur­sos suficientes
para elevar la producción y el nivel de vida de los campesinos; la tierra
y la producción serán de quienes la trabajen.
5. Los grandes propietarios de viviendas serán expropiados de ellas, y sólo
se les permitirá lo necesario para vivir dignamente. Las mansiones de
lujo, los hoteles, moteles y centros vacacionales, hoy en poder y al ser-
vicio de la burguesía, pasarán a manos de los trabajadores.
6. Los grandes sanatorios, consultorios, farmacias y laboratorios, los cen-
tros de salud y hospitales, serán expropiados y puestos al servicio del
pueblo para garantizar la salud y evitar la mortalidad por falta de aten-
ción médica.
7. El transporte aéreo, marítimo y terrestre; las comunicaciones: teléfono,
telégrafo y correo, serán socializados y puestos al servicio de toda la
sociedad.
8. La cultura burguesa, por ser contrarrevolucionaria e in compatible con
los intereses de los trabajadores, será destruida. El pueblo desarrollará y
creará su propia cultura. La técnica y la ciencia que el estado capitalista
utiliza para aumentar la explotación, la opresión y la muerte de las ma-
sas trabajadoras, pasará al servicio del pueblo para transformar el país,
elevar la producción y el nivel de vida de la sociedad. La educación, la
cultura, la técnica y la ciencia perderán el carácter comercial en la nue-
va sociedad. La educación será impartida y administrada gratuitamente
por el Estado revolucionario a todo el pueblo a fin de acabar radical-
mente con el analfabetismo, la ignorancia y el atraso cultural en que lo
ha mantenido el régimen capitalista; la educación será científica, es de-
cir, se basará estrictamente en la verdad, en la materialidad del universo,
del mundo y de la sociedad.
9. Serán expropiadas la prensa, la radio y la televisión, ya que constituyen
un instrumento más de poder de la burguesía para someter y enajenar
al pueblo, deformar la verdad, crear falsos valores morales y culturales,
aumentar sus ganancias y riquezas. Al ser expropiadas la prensa, la ra-
dio y televisión, el Estado y el gobierno revolucionario se encargarán de
transformar la orientación y el contenido de esos medios masivos de in-
formación y comunicación, cuyo fin fundamental será orientar, educar

174
To m o I . E l s i g l o x x

y elevar la conciencia y la moral revolucionarias del pueblo y ayudar a


la formación del hombre nuevo.
10. Las leyes de todo el sistema jurídico burgués, que garantizan la propie-
dad privada y legalizan la explotación de la burguesía contra los traba-
jadores, serán abolidas. El ejército y todas las corporaciones policiacas
que forman la maquinaria represiva y criminal, defensoras y sostén fun-
damental del Estado y del orden burgués, serán destruidos. El Estado
proletario creara leyes, propondrá tribunales que expresen, representen
y defiendan únicamente los derechos e intereses de todos los trabaja-
dores y de toda la sociedad, cuya base fundamental será la democracia
socialista, que habrá de considerar a todos los trabajadores en plenitud
de derechos y obligaciones y colocar a la mujer en un plano de igualdad
ante el hombre, ante el trabajo y ante la sociedad. El Estado revolucio-
nario consolidará y desarrollará a su propio ejército y armará a todo el
pueblo; la casa de cada trabajador será transformada en una trinchera
de combate y cada trabajador se convertirá en un soldado revolucio-
nario para defender al país de sus explotadores internos y externos. El
pueblo no depondrá las armas hasta no acabar con el último reducto de
explotación y con el último enemigo de la enemigo de la revolución.
11. El trabajo del hombre estará exento de toda explotación y opresión; dejará
de ser una mercancía y ya no podrá ser considerado como una maldi-
ción, ni como un castigo, sino como la actividad racional y fundamen-
tal del hombre encaminada a la superación infinita, a la transformación
de la naturaleza, a la creación de los valores morales y espirituales de
la sociedad y a la producción de bienes materiales. La producción y la
riqueza serán distribuidas justamente, tomando en cuenta los intereses
y necesidades fundamentales de todos los trabajadores.
12. La lucha del pueblo mexicano por su plena eman­cipación es parte inte-
grante del movimiento revoluciona­rio internacional por la liberación
total de la humanidad; las fronteras artificiales instauradas e impuestas
por los explotadores para separar a los pueblos deben ser barri­das por
la lucha y por el internacionalismo revoluciona­rio. Por ello, estamos
plenamente identificados y solida­rizados con todos los pueblos explota-
dos, con todos los hombres y mujeres que combaten consecuentemen-
te en todo el mundo contra el enemigo común: el capitalismo. Estamos
profundamente hermanados con todos los pueblos que han logrado su
emancipación política, económica y social y constituyen para nosotros
un ejemplo revolucionario.

Para alcanzar y lograr los objetivos señalados, los trabajadores tienen que librar
y inevitablemente una guerra a muerte irreconciliable contra laburguesía, contra
los imperialistas, se hace necesario desarrollar, profundizar y generalizar la guerra
de movimiento y decisiones rápidas y extender la guerra de guerrillas a todo el país.

175
Nuestra Historia

La guerra de guerrillas llevará a todo el pueblo a formas cada vez más superiores de
lucha, hasta la insurrección general y la toma del poder, hasta destruir a la burgue-
sía y sepultarla junto con su sistema capitalista, explotador y opresor.
Las condiciones históricas, económicas, políticas y sociales necesarias para or-
ganizar y desarrollar la revolución socialista en nuestro país, están dadas. La tarea
inmediata de los explotados es agruparse en organizaciones clandestinas armadas
y actuar. La teoría y la práctica revolucionaria tendrán que crear y generar la or-
ganización general revolucionaria de vanguardia, política y militarmente capaz de
dirigir la guerra y coordinar las acciones revolucionarias.
La práctica revolucionaria consecuente tendrá que definir y unir a los revolucio-
narios y separarlos de los oportunistas, renegados, traidores y agentes de la burguesía
en el seno del movimiento revolucionario.
Llamamos a todos los trabajadores a unirse, a organizarse, armarse y luchar
contra la burguesía y contra todos los medios e instrumentos de que se valen para
explotar y mantener su dominio.
Llamamos a los obreros a liquidar política y físicamente al charrismo sindical,
a tomar las fábricas, transformarlas en centros insurreccionales y luchar por sus
objetivos históricos.
Llamamos al campesinado pobre a tomar por la fuerza de las armas las hacien-
das y las tierras en poder de los capitalistas del campo e integrarse consecuente-
mente a la lucha armada.
Llamamos al estudiantado combativo y a la intelectualidad revolucionaria a
convertir las escuelas y centros de trabajo en trinchera de combate por la revolu-
ción socialista.
Llamamos a todo el pueblo a combatir a los ricos capitalistas, dondequiera que
éstos se encuentren, atacar sus riquezas y sus bienes y destrozar sus fuerzas policiaco-
militares y su sistema explotador y opresor.
El deber de todo revolucionario es hacer la revolución con las armas en la mano:
Vencer o morir.

Sierra de Guerrero, marzo de 1973


Partido de los Pobres

176
Declaracion de Guadalajara

Proclamada el 5 de abril de 1975 en la Plaza de la Liberación, de Guadalajara,


durante el mitin de los trabajadores electricistas democráticos de todo el país

De los electricistas democráticos al pueblo de México

Está librándose en el gremio electricista una lucha de vida o muerte por la demo-
cracia sindical, por la unidad de todos los trabajadores de nuestra rama, por la
integración, reestructuración y reorientación de la industria eléctrica nacionaliza-
da, para que sirva a los intereses mayoritarios de México. Es una lucha ya antigua.
Unas veces se ha desenvuelto sin espectacularidad, pero en otras se ha manifestado
con indispensables batallas abiertas. En los últimos meses, esa lucha, la misma, ha
alcanzado una extraordinaria agudeza. Nadie puede negar que ha sido prolongado,
paciente y sincero el esfuerzo de la corriente democrática de los electricistas para
lograr los objetivos mencionados sin desatar conflictos desgarradores ni caer en
situaciones que pudieran lesionar la industria eléctrica, una industria patrimonial
del pueblo mexicano. Finalmente, no ha podido evitarse que aquellos que han he-
cho de la industria estatal y del sindicato verdaderos botines particulares, salieran
rabiosamente en defensa de sus fortunas mal habidas, de sus canonjías y privile-
gios, empleando contra nosotros los mismos métodos arteros que les han permiti-
do elevarse a los puestos que ocupan y actuar luego a su antojo. Estos señores han
demostrado, y lo demuestran ahora, que están dispuestos a llegar a todo, sin que
ningún escrúpulo los limite, en su desesperado intento por conservar —obviamen-
te por encima de los más altos intereses del país— el sistema de rapiña capitalista
e inmovilismo obrero que ha conducido a una profunda crisis, de la que urge salir,
no sólo a la industria eléctrica, sino al conjunto de la economía nacional. Nuestro
deber, por consiguiente, es plantearnos esta nueva fase de la lucha de acuerdo con
las condiciones reales que la explican y determinan.
El pueblo de México conoce los hechos. Hemos informado ampliamente,
puesto que nada tenemos que ocultar, sobre nuestra conducta y nuestras finalida-
des. Llevamos adelante la movilización de los electricistas mexicanos con banderas
claras y limpias; si a esa movilización se suman, cada vez en mayor número, otros
trabajadores y otros sectores populares, es porque ellos entienden, como lo enten-
demos todos, que están librándose batallas decisivas no sólo en interés de los elec-

177
Nuestra Historia

tricistas, sino en el de todas las masas mexicanas, batallas decisivas para el progreso
de México, para alcanzar la plena emancipación nacional frente al imperialismo,
desarrollar al país en la independencia y conquistar para todos la vida digna y justa
a que tenemos derecho tras largos siglos de explotación y luchas desventajosas.
Es muy claro que existe una relación íntima entre la desmovilización obrera
y popular, impuesta con la camisa de fuerza del charrismo y el caciquismo, y la
política desarrollista que ha facilitado el saqueo del país por el imperialismo y sus
socios dependientes, así como la transformación equívoca del patrimonio nacional
en fuente de acumulación privada.
Esa política no ha sido y no es más que una desviación del rumbo fundamental
que dieron a la nación su gesta revolucionaria de 1910-17 y las grandes huelgas,
movilizaciones de masas y decretos nacionalizadores del luminoso periodo histórico
presidido por Lázaro Cárdenas. El México contemporáneo no se explicaría sin la po-
lítica nacionalizadora de empresas básicas. La extensa noche colonial que envolvió al
país, determinó un hecho histórico que es preciso comprender cabalmente: cuando
México se encontraba apenas en los inicios del desarrollo capitalista, ya en el mundo
se daba el primer gran auge del capital financiero internacional, de las que hoy se
llaman, eufemísticamente, empresas transnacionales, que no son sino consorcios
imperialistas. Frente a esas potencias económicas que extendían sus tentáculos por
el mundo entero, nuestros capitalistas nativos se encontraban en evidente desven-
taja. Podían, es cierto, explotar empresas pequeñas; pero aquéllas que constituyen
la base, por un lado, y la vanguardia, por otro, de la economía (es decir, petróleo,
electricidad, ferrocarriles, industria pesada), requerían recursos de capital en tan
grandes volúmenes, que la burguesía mexicana fue incapaz de aportarlos. Fue así
como estas empresas fundamentales cayeron en manos del imperialismo.
Y se llegó al punto en que el país estuvo en serio peligro de convenirse en mero
apéndice imperial, en tierra de conquista para fuerzas económicas y no necesaria-
mente militares. Pero las profundas contradicciones que estos hechos generaron
en la entraña misma de México, pusieron a las masas en pie de guerra, y así la Re-
volución Mexicana planteó un camino propio para el desarrollo nacional, camino
legitimado y refrendado en los dos grandes auges revolucionarios de 1910-17 y
de 1934-40. Ante la inexistencia de una burguesía nacional con el vigor necesario
para enfrentarse al imperialismo y explotar los recursos del país, y contando asi-
mismo con el arraigado sentimiento nacionalista (antiimperialista) de las masas de
obreros, campesinos y pueblo pobre, el Estado nacional-revolucionario, el Estado
surgido de una insurrección por la tierra y por el rescate de los recursos naturales,
tenía que actuar como principal gestor económico, o haría traición a su origen y a
su misión La Revolución Mexicana, varias veces frenada, no borró al imperialismo
de nuestra realidad, pero consiguió arrebatarle importantísimos recursos básicos,
varias industrias estratégicas dentro del marco general de la economía. El país se
recuperó a sí mismo. Las nacionalizaciones y el sistema ejidal rescataron no sólo
riquezas que eran nuestras por legítimo derecho, sino, lo que es invaluable, la sobe-
ranía y la dignidad de la nación.

178
To m o I . E l s i g l o x x

Desde el fin de las grandes movilizaciones sindicales y políticas que fueron


alentadas por el ascenso cardenista (y que a la vez le sirvieron de apoyo), hasta
nuestros días, en el país se ha desarrollado y concentrado la industria sobre la base
de saquear al ejido y al sector estatal. Durante treinta años de desviación desarrollis-
ta, se ha entregado al imperialismo la explotación de grandes riquezas nacionales.
Es urgente, por tanto, reemprender con energía el camino de las nacionalizaciones
y de la democracia revolucionaria con el apoyo central del movimiento obrero,
que hoy es más fuerte. La clase obrera ha crecido numéricamente y se encuentra
concentrada en las grandes ciudades; es un hecho, pues, que ha aumentado consi-
derablemente su peso social. Pero el movimiento obrero, que fue fundamental para
imponer las medidas nacional revolucionarias que aún determinan la estructura
productiva del país, ahora se halla relegado a un plano secundario; su peso político
se ha reducido. Sólo así pudo empujarse al país al despeñadero del desarrollismo
burgués, cuyo costo social se ha cargado sobre el campesinado, sobre las llamadas
clases medias y, por supuesto, sobre el trabajador asalariado. Treinta años de desa-
rrollismo: treinta años de contrarrevolución.
No obstante, el país está entrando en una fase nueva. Desde hace un largo rato
se discute en todos los tonos y en todos los foros cuál es el rumbo que ha de seguirse
en adelante: si el del desarrollismo de las tres pasadas décadas o el del nacionalismo
revolucionario. Desde luego, no es una discusión que se de en el aire, sino que tiene
base cada día más sólida y amplia en la creciente movilización obrera y popular, que
precisamente se levanta contra los frutos malolientes de la política desarrollista y
que, afortunadamente, encuentra ecos alentadores aun en sectores del gobierno que
han comprendido la necesidad de corregir el rumbo a tiempo y salvar a México del
desastre. Pero el cambio no podrá darse sin lucha, porque —como lo está probando
el accidentado proceso de la integración de la industria eléctrica y de la unidad de
sus trabajadores— han echado profundas raíces los intereses surgidos en esas tres
décadas de abandono del camino de nuestra revolución nacional, y quienes repre-
sentan esos intereses y ese abandono tienen múltiples razones para apoyarse mutua-
mente, para protegerse entre sí y abrazarse unos a otros como náufragos.
Esa cofradía de la corrupción nos ofrece a los electricistas interesantes mues-
tras. Por ejemplo, es evidente el permanente maridaje entre los funcionarios de
la CFE y los líderes postizos. Son incontables los convenios que se han celebrado
para robustecer artificialmente la estructura sindical charrista. Ahí están los casos
de creación de nuevos departamentos, de reacomodos de personal, de retabula-
ciones, de creación arbitraria de puestos de confianza y de base sin respetar en lo
más mínimo el compromiso de congelar el ingreso de personal en tanto tomaba
cuerpo la reestructuración industrial y sindical. Además, se nombra “delegados de
capacitación” no a técnicos, no a especialistas que entiendan de estas cuestiones,
sino a vulgares soplones sindicales, a agentes del sindicalismo postizo que natural-
mente no van a cumplir tarea alguna relacionada con la capacitación, sino que son
instruidos para promover la corrupción y la discordia entre hermanos. Finalmente,
ha sido la propia CFE la que ha auspiciado activamente el “congreso” espurio di-

179
Nuestra Historia

rigido contra los trabajadores electricistas y contra los dirigentes democráticos del
SUTERM, como ha sido la CFE la que ha pagado, con dinero del pueblo, los gastos
de los supuestos “delegados”, o sea de los mismos canallas a los que ha habilitado
como lidercillos en ese maridaje.
Los recursos nacionales dilapidados en tan innobles tareas, protegen negocios
sin cuento Encubren el contratismo de todo tipo, desde el que entrega a compa-
ñías constructoras fantasmales las obras de la CFE hasta el que firma compromisos
antinacionales con monopolios imperialistas como la General Electric. De esos re-
cursos se nutre una cáfila de líderes falsos que impiden la revisión de los libros por
parte de los trabajadores y el control de los obreros sobre la administración. Son
recursos para la complicidad con el derroche, la corrupción y el bandidaje, para el
disimulo de la irresponsabilidad y la ineptitud. El charrismo es, pues, la primera
línea de defensa de todo un sistema que ahoga los intereses nacionales.
En realidad, cada sector de la clase obrera, cada sector del pueblo, pueden ofre-
cer sus propios testimonios. Lo están haciendo al enfrentar, en numerosas luchas
concretas, los abrumadores —por su número— problemas similares que hieren
profundamente a la nación. Lo mismo en las batallas por la autodeterminación
obrera que en las que se libran por aumentos de salarios; lo mismo en el diario
combate campesino que en los afanes de educación popular, en todos los frentes
de esta enorme obra revolucionaria que está cambiando el rumbo de México, se
expresan miles y miles de ejemplos de todo cuanto hay que transformar. Que eso
puede hacerse, lo demuestran las pequeñas y grandes victorias, las nuestras y las
de otros pueblos, como los de Indochina, que están venciendo, ya sin posibilidad de
vuelta atrás, al imperialismo y sus títeres.
La discusión sobre el rumbo que ha de seguir el país, se produce ahora en cir-
cunstancias cruciales: las de la sucesión presidencial. En efecto, ante la proximidad
de la designación del candidato a la Presidencia de la República, está intensificán-
dose el conflicto que estremece a la nación y queda muy claramente planteada la
siguiente disyuntiva: si una sólida alianza popular revolucionaria ha de reencauzar
a México por la vía del nacionalismo revolucionario y garantizar así su progreso
y su genuina vida soberana, o si el imperialismo y sus agentes podrán, aprove-
chando la coyuntura política que se avecina, crear las condiciones de confusión y
violencia que les permitan imponer el rumbo de la subordinación y aun sus formas
pinochetistas. La actividad febril de Fidel Velázquez y su camarilla está enmarcada
precisamente por los planes contrarrevolucionarios del imperialismo. Porque el
charrismo no es sólo robo de cuotas, venta de contratos o persecución de obreros.
Como lo muestran los hechos que ya hemos expuesto, el charrismo ha devenido
una estructura política básica del imperialismo, de la burguesía subsidiaria y de los
funcionarios corruptos que cambian traicioneramente el patrimonio nacional por
un plato de lentejas. El charrismo, íntimamente entrelazado con aparatos de espio-
naje y provocación como la ORIT, brazo sindical de la CIA, es una de las fuerzas
que el imperialismo ha destacado en nuestro suelo para servirse de ellas según sus
designios.

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To m o I . E l s i g l o x x

La agresión charrista a los electricistas es, si se ve claro, una agresión a toda la


clase obrera y a toda la nación. Forma parte de los preparativos golpistas del im-
perialismo, sus socios y agentes. Y esto los propios jefes del charrismo se encargan
de patentizarlo. Menos de media hora antes de que Fidel Velázquez se presentara
al congreso espurio auspiciado al alimón por la CTM y la CFE, Joaquín Gamboa
Pascoe lanzaba un abierto chantaje al gobierno con la historieta burda de la “aus-
cultación” sobre el posible candidato presidencial. He ahí, a la vista de todo el mun-
do, lo que se pretende. El charrismo —es decir, el imperialismo— juega la carta de
aplastar a cualquier precio la insurgencia obrera y popular para impedir que el país
retome su cauce revolucionario y forzar el lanzamiento de un candidato compro-
metido desde el primer día con la reacción mundial y con las fuerzas internas de
la corrupción. Frente a esas infamias golpistas, el proletariado ha de organizar y
abanderar programáticamente una firme y combatiente alianza popular revolucio-
naria. Al dirigirnos. en esta declaración, a todos los hombres y mujeres honrados
de México, lo hacemos con la plena conciencia del momento decisivo que estamos
viviendo.
El país reclama con urgencia la más profunda renovación de sus estructuras
sindicales, agrarias, políticas, económicas, culturales. Reclama la democracia como
reclama el oxígeno. Y esto es lo que va a surgir de esta lucha histórica. Nuestra
contienda tiene banderas propias, definidas por las características concretas de los
problemas que enfrentamos. El carácter de nuestro combate no le viene del hecho
de estar en contra o a favor del gobierno; más aún, rechazamos como impropia de
las clases y sectores revolucionarios la triste y vana conducta de los que sólo saben
denostar o adular al gobierno, haga éste lo que haga. A los obreros, campesinos,
estudiantes, maestros, amas de casa, hombres y mujeres revolucionarios, lo que
nos define es la lucha por los objetivos que corresponden al interés mayoritario de
la nación. Sólo gente muy ciega, o muy mal intencionada, ha de proclamar su des-
confianza porque en tales objetivos llegue a coincidir el gobierno de la República o
porque el interés popular se vea reflejado en medidas o planteamientos del titular
del Poder Ejecutivo. Nosotros sostenemos que cuando el desarrollismo se encuen-
tra en franca crisis y el propio presidente Echeverría levanta banderas nacionalistas
y revolucionarias, estamos ante victorias populares indiscutibles y ante una sensi-
bilidad política indesdeñable.

¡Compañeros trabajadores!
¡Pueblo de México!

Levantemos, pues, con el mayor entusiasmo, nuestras claras banderas de lucha.


Los electricistas democráticos llamamos a todos los obreros y campesinos, a los
trabajadores de todas las ramas, a .las mujeres y los jóvenes, a todos los mexicanos
nacionalistas y antiimperialistas, a discutir los puntos programáticos que en segui-
da proponemos, y a organizamos todos convenientemente para ejecutarlos en la
práctica.

181
Nuestra Historia

1) Democracia e independencia sindicales. Reivindicación fundamental del


movimiento obrero es el derecho a controlar sus propios organismos de lucha, y
en primer lugar sus sindicatos, mediante la participación democrática de la base.
Hoy existe un movimiento creciente en la base de los sindicatos para recuperar-
los como instrumentos de lucha de la clase obrera. Otros sectores de la población,
como el campesinado, luchan también por la democracia en sus organizaciones.
La vida sindical democrática es indispensable no sólo para la defensa de los dere-
chos laborales mínimos, sino también para conquistar las reivindicaciones sociales,
económicas y políticas de la clase obrera. Asimismo, es indispensable para que la
clase obrera participe con el resto del pueblo en las urgentes tareas nacionales que
tenemos planteadas. La democracia sindical, siendo una finalidad en la lucha pre-
sente, es también un medio para lograr otros objetivos, para realizar las demandas
económicas, sociales y políticas que se enumeran en este programa.
Parte básica de la democracia sindical es, sin duda, la elección democrática de
los dirigentes. Pero la democracia sindical es, sobre todo, un funcionamiento sindi-
cal permanente basado en asambleas frecuentes y en el acatamiento de los acuerdos
colectivos; es información constante y amplia a la base sindical para que ésta pueda
intervenir activamente en toda la vida sindical; es la responsabilidad ineludible de
los dirigentes ante la asamblea; es la revocabilidad de mandatos de los dirigentes
por la asamblea o por el organismo que los nombró; es manejo honrado del patri-
monio sindical y rendición regular de cuentas.
Otro aspecto capital de la democracia en los sindicatos es que las discusiones se
vean enriquecidas y complementadas con reuniones en grupos más reducidos que la
asamblea seccional —grupos de departamento, de área de trabajo, etcétera—, natural-
mente sin que estos grupos o unidades de base dejen de estar sometidos a los acuerdos
generales de la asamblea. Además de ser adecuados canales para ventilar problemas
departamentales o locales en tanto que los mismos se llevan a la consideración de una
asamblea seccional, tales unidades de base ayudan a profundizar la discusión de los
problemas generales y así favorecen una mayor participación de los trabajadores.
La democracia sindical, en suma, es el ejercicio de la voluntad colectiva de los
trabajadores en sus organismos de lucha. Ese ejercicio, para ser real y fecundo, exige
la independencia plena de los sindicatos respecto del gobierno, de los patrones y de
toda fuerza ajena al movimiento obrero. En la vida sindical, que es asunto exclusivo
de los trabajadores, no son admisibles las injerencias. La garantía de la independen-
cia sindical radica en la lucha de los trabajadores en torno a su propio programa.
Los electricistas estamos construyendo en la lucha un sindicato democrático.
2) Reorganización general del movimiento obrero. La dispersión organizativa
en miles de pequeños sindicatos de empresa o de gremio, debilita al movimien-
to obrero y propicia su sometimiento. No es posible mantener las conquistas ya
logradas ni alcanzar objetivos mayores si no se va reorganizando y unificando el
movimiento obrero, hoy monstruosamente fragmentado. La inoperancia de las or-
ganizaciones obreras ha sido una de las causas principales de la desviación del país
de su camino revolucionario. Y esta desviación ha traído como consecuencia la

182
To m o I . E l s i g l o x x

crisis económica, social y política en que hoy se encuentra sumida la nación. Salir de
esta crisis, y de los evidentes peligros que implica, sólo será posible sobre la base
de un movimiento obrero renovado.
Se impone, pues, como tarea política nacional de primera importancia, el res-
cate de las organizaciones obreras y su reestructuración sobre nuevas bases. A par-
tir de los avances logrados en casi un siglo de lucha, es imperativo conquistar ahora
la organización proletaria unitaria, fincada en sindicatos nacionales de industria,
democráticos y con independencia política.
Los sindicatos nacionales de industria ya existentes, no deben ser desmem-
brados, sino que dentro de ellos es preciso conquistar la democracia e impulsar su
reestructuración para que funcionen como verdaderos sindicatos unitarios. Aque-
llos sindicatos de cada rama que actualmente tienen estructura de sindicatos de
empresa, deben incorporarse a los sindicatos nacionales de industria ya existentes.
Asimismo, hay que crear sindicatos industriales en las ramas en que aún no los
haya. Los electricistas, precisamente por ello, luchamos por nuestra unidad democrá-
tica, por un sindicato único en la rama.
Sin embargo, dentro de los grandes sindicatos por rama industrial la democra-
cia no sería posible sin una autonomía relativa de las secciones dentro de la unidad
combativa del sindicato industrial. La autonomía relativa debe consistir, primor-
dialmente, en la administración del interés profesional de los agremiados, el derecho
de cada sección a contar con cuotas, locales y periódicos propios, y en la celebración
de asambleas seccionales en las que se puedan discutir los problemas generales del
sindicato y de la clase y no sólo problemas locales. Las secciones, para que puedan
funcionar eficazmente, deben constituirse por lugar o centro de trabajo —o, en ge-
neral, por cercanía geográfica—, y no por oficio o especialidad, ya que esto último
debilita la unidad, llegando a enfrentar los intereses de las distintas especialidades
entre sí o a dejar que cada especialidad luche separadamente por sus demandas, que
aparecen como si sólo a ella afectaran. Los estatutos del SUTERM, en este sentido,
representan un avance fundamental, a pesar del intento charro de pisotearlos.
La autonomía relativa de las secciones en los sindicatos industriales no implica
que cada sección actúe por su cuenta, sino al contrario. Debe haber una actividad
sindical unitaria en cada movimiento general, y solidaridad con los movimientos
locales. Cuando un sindicato industrial contrata con varias empresas, hay que pe-
lear por un contrato tipo para la rama, que contenga las condiciones laborales gene-
rales obligatorias para todas las empresas de la rama y a partir de las cuales puedan
establecerse las particularidades de cada sección. Todos los contratos deben expirar
en la misma fecha, para permitir la lucha por su revisión en forma conjunta. Así se
puede llegar, en breve plazo, a la celebración de Contratos-ley y Contratos únicos
para toda una rama industrial.
El avance de las luchas obreras permitirá que todos los trabajadores queden
agrupados en sindicatos industriales nacionales, con la perspectiva de constituir
al fin una Central Única de Trabajadores, democrática, revolucionaria e indepen-
diente de los patrones y del gobierno.

183
Nuestra Historia

3) Sindicalización de todos los asalariados. Más de la mitad de los trabajadores


asalariados del país no están sindicalizados, y por ello no tienen posibilidades efec-
tivas de defensa frente a los patrones. De hecho, no tienen ni derechos laborales, ni
contrato colectivo, ni seguridad en el trabajo, ni prestaciones. Es necesario apoyar
las luchas de estos compañeros por lograr una plena vida sindical. En diversos gra-
dos, padecen esta situación una parte considerable del proletariado industrial en
que no se han formado sindicatos sea por falta de conciencia o porque los patrones
reprimen de inmediato cualquier intento de organización; los trabajadores al ser-
vicio del Estado, que tienen derechos sindicales restringidos porque se rigen por el
Apartado B del artículo 123 constitucional; una gran cantidad de trabajadores de
empresas privadas, que no pueden sindicalizarse junto con el resto de los trabaja-
dores porque se les cataloga como empleados de confianza, cuando en realidad no lo
son; los trabajadores de la banca y las finanzas, y el proletariado agrícola —que no
están sindicalizados y no tienen derechos sindicales mínimos como la contratación
colectiva, la seguridad en el trabajo, la jornada fija, el pago de horas extras, el seguro
social, el derecho de huelga. Debemos luchar por los derechos sindicales de todos
estos trabajadores, y pasar inmediatamente a su organización para el combate.
4) Aumentos generales de salarios. Escala móvil. Los precios de los artículos de
consumo popular aumentan constantemente, y en los últimos años se ha desatado
una terrible carestía que reduce rápidamente el poder adquisitivo del salario. En esas
condiciones, es correcto y necesario luchar por aumentar en forma general los sala-
rios; pero es un hecho que para cuando esto se logra, la situación económica de los
trabajadores se ha deteriorado aún más. Es fácil comprobar que el aumento de
salarios se queda siempre corto al lado del aumento de los precios. Una forma
de desalentar a los voraces hambreadores y de regular la relación salarios-precios,
es imponer en la contratación colectiva la Escala móvil de salarios, es decir, un
mecanismo que permita aumentar los salarios correlativamente al aumento de
precios. Pero las privaciones y sufrimientos causados por el alza desmesurada en
el costo de la vida, son todavía mayores entre los trabajadores no organizados, que
por serlo no cuentan con medios para lograr o hacer efectivos los aumentos. Estos
trabajadores hacen mayoría, y entre ellos puede incluso incubarse cierta base so-
cial para un golpe de derecha, porque su grave situación induce el resentimiento
contra los obreros, porque éstos sí logran aumentos, y contra el gobierno, porque
no dicta medidas eficaces que frenen la carestía. Así pues, la lucha de los sindica-
tos por la defensa del salario y la lucha por la sindicalización y la plenitud de dere-
chos laborales de los trabajadores aún no organizados, están estrechamente vincu-
lados y son de vital interés para todos.
5) Lucha a fondo contra la carestía. Debemos exigir, en primer término, la
congelación de los precios de todos los artículos de primera necesidad, medida que
debe ser vigilada en su cumplimiento estricto por comités populares. Para apoyar
y hacer efectiva esa medida, es preciso desarrollar los canales de distribución de
interés social, no lucrativos, como las tiendas de la CONASUPO y del ISSSTE, las
tiendas sindicales, las cooperativas obrero-campesinas, los centros de oferta de los

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To m o I . E l s i g l o x x

campesinos y de demanda de los obreros, que eliminen intermediarios y funcionen


en común con apoyo del Estado. Para la lucha contra el mercado negro, hay que
imponer el control obrero sobre los manejos del patrón en la empresa privada, y
de los administradores en la empresa pública, así como organizar comités de vigi-
lancia popular.
La carestía no es sólo artimaña de comerciantes e intermediarios; también es
promovida por los empresarios industriales y financieros, como lo muestra, entre
otros, el ejemplo de la Fundidora de Monterrey y sus maniobras especulativas. En
casos de lucro excesivo, como el de la industria químico-farmacéutica, que vende
sus productos a un precio varias veces más alto que el costo de producción; o en
casos de persistencia en el abastecimiento al mercado negro y en la ocultación o
negativa de entrega de mercancías a la CONASUPO; o en casos de actitud patronal
provocadora y golpista, lo mismo que en casos de quiebras reales o fraudulentas, no
queda otro recurso que la expropiación y posteriormente la estatización o naciona-
lización de las empresas o ramas en cuestión. Las empresas estatales que ya operen
produciendo artículos de primera necesidad, como la Industrial de Abastos (IDA)
, deben reorientarse para que, en vez de ser manejadas como negocio particular,
sean conducidas con criterio social, se fortalezcan y eliminen de su seno corruptelas
y burocratismo.
6) Defensa, ampliación y perfeccionamiento del sistema de Seguridad Social. El
sistema mexicano de Seguridad Social es una indisputable conquista obrera. Pero,
al igual que otras conquistas, ha sido limitada y desvirtuada por la duplicidad, el
burocratismo, la injerencia patronal y, en particular, por los negocios que hacen a
su costa los monopolios químico-farmacéuticos. Para darle plena vigencia a esta
conquista, en primerísimo lugar, los patrones deben ser privados de todo derecho
de intromisión en las decisiones del IMSS. La integración tripartita de la dirección
del IMSS con representantes del gobierno, de la patronal y de los trabajadores, debe
ser suprimida para que la dirección sea sólo paritaria, de los trabajadores y del
gobierno. Para asegurar el buen funcionamiento de la medicina socializada, los
trabajadores derechohabientes, en cada clínica de adscripción, deben organizarse
en comités de vigilancia de la seguridad social.
Además, debe lograrse la integración inmediata de los diferentes servicios mé-
dicos estatales o paraestatales —como el IMSS, el ISSSTE, la SSA, los hospitales
de empresas estatales, etcétera— en un servicio único al que tenga acceso toda la
población trabajadora, sin discriminación alguna. Para dar un mejor servicio al
creciente número de demandantes, y para desarrollarse con recursos propios, la
medicina estatal deberá absorber sin miramientos a toda esa serie de pretendidas
“beneficencias”, manejadas en realidad como pingües negocios a costa de la salud
de quienes no tienen acceso a ellas. La institución estatal centralizada deberá actuar
en forma coordinada con la industria químico-farmacéutica, cuya nacionalización
es urgente. Se debe desarrollar la medicina preventiva capaz de evitar el grueso de
las actuales enfermedades; en segundo lugar, debe desarrollarse la medicina del tra-
bajo, especializada en accidentes de trabajo y en enfermedades profesionales.

185
Nuestra Historia

Debe crearse sin demora el Seguro del Desempleo, con fuertes cuotas pagadas
por la patronal y con aportaciones del Estado.
7) Educación popular y revolucionaria. La burguesía trata de aprovechar la en-
señanza y la educación para difundir su ideología y para capacitar mano de obra
barata y formar hombres al servicio de la explotación, desde técnicos, profesionis-
tas y obreros calificados, hasta ideólogos y represores. Apoyándonos en la expe-
riencia de la educación socialista durante el cardenismo, así como en las múltiples
enseñanzas que ofrecen las naciones que han iniciado un proceso de reconstruc-
ción socialista de la sociedad, debemos pugnar porque se capacite para el trabajo,
pero con una orientación popular y revolucionaria, mediante sistemas educativos y
programas de estudio que ayuden a entender los problemas del país y del mundo
y la forma de resolverlos. Asimismo, es preciso luchar por el acceso de las masas a
la educación en todos los niveles. Las escuelas deben ser gobernadas democrática-
mente, con intervención popular.
8) Vivienda obrera. Congelación de rentas. Municipalización, del transporte co-
lectivo. Servicios municipales para todos. Faltan millones de viviendas. Para atender
este problema, es preciso que el -Estado no dependa de industriales voraces, de aca-
paradores de varilla y cemento, de especuladores con terrenos. Independientemen-
te de que en los contratos colectivos pueda hacerse valer la obligación que tienen
los patrones, por ley, de proporcionar viviendas a sus trabajadores, siempre que
éstos sean más de 100, se requieren soluciones de fondo: expropiación de terrenos
por causas de utilidad pública, y construcción masiva de viviendas por una empresa
estatal constructora como la que existe para construir escuelas (CAPFCE), misma
que cuente con una industria también estatal de cemento, varilla, etcétera.
Lo anterior debe ser complementado con la congelación de todas las rentas, con
la municipalización del transporte urbano y con programas de urbanización que do-
ten de agua, luz, drenaje y todos los servicios municipales a las colonias proletarias.
Comités de barrio deben exigir y vigilar el cumplimiento de estas demandas.
9) Colectivización agraria. Fin del latifundismo, derogación del derecho de am-
paro a terratenientes. Nacionalización del crédito, del transporte de carga, de la ma-
quinaria agrícola. Planificación de la agricultura. Supresión de intermediarios. En
México, como en todos los países productores de materias primas, la cantidad de
habitantes dedicados a las actividades agrícolas es muy grande. Además de los mi-
llones de jornaleros agrícolas, indiscutiblemente proletarios, existen millones de
ejidatarios y miles de pequeños propietarios. Su participación política es indispen-
sable para imponer la reorientación revolucionaria del país. Y la aguda crisis por
la que atraviesa la producción de alimentos y materias primas pone de manifiesto
la necesidad de que obreros y campesinos, en firme alianza, busquemos nuevas
formas de explotación de la tierra y sus productos. Se trata de una cuestión socio-
política, y sólo secundariamente técnica.
Es indispensable acabar con todos los latifundios y organizar la colectiviza-
ción de los ejidos, como pasos firmes hacia la creación de combinados agrícolas
e industriales. Ese es el único camino por el que pueden resolverse los problemas

186
To m o I . E l s i g l o x x

del desempleo y el subempleo en el campo. Los pequeños propietarios deben salir


de su actual situación, eliminando a la vez su aislamiento como minifundistas me-
diante la creación de cooperativas de producción. Para que los ejidos colectivos y
las cooperativas puedan funcionar, hace falta un régimen interno auténticamente
democrático, pero también créditos, semillas, fertilizantes, electricidad, riego, asis-
tencia técnica, etcétera. Esto implica un sistema nacional y estatal de promoción
agropecuaria que cubra el ciclo entero, desde la semilla hasta la comercialización,
absorbiendo y expropiando la banca privada, reorganizando la banca estatal y
orientando todo el crédito con criterio de servicio social. Ese sistema, naturalmen-
te, supone la elaboración y ejecución de una política unificada, que. cuente con el
asentimiento y la intervención directa del campesinado, así como la centralización,
en un solo órgano del Estado, de las distintas dependencias oficiales que actual-
mente se relacionan con el campo y sus problemas económicos y sociales.
Dentro de ese sistema nacional del Estado, deben quedar comprendidas tam-
bién las empresas estatales ya existentes que sirven a la producción rural, como
Guanos y Fertilizantes y la Comisión Federal de Electricidad. Igualmente, deberán
incorporarse, previa estatización o nacionalización, las empresas imperialistas que
producen maquinaria agrícola (Ford, International Harvester, John Deere, etcéte-
ra). Es inaplazable que una sólida alianza obrero-campesina, y en torno de ésta to-
das las fuerzas del pueblo, reclame al Congreso de la Unión la derogación inmediata
de todas las reformas reaccionarias introducidas al artículo 27 constitucional por el
alemanismo en perjuicio de la reforma agraria. Y si hemos de ser consecuentes con
el espíritu verdadero del derecho de amparo y con los principios programáticos de
la Constitución, debe reclamarse, también, la derogación del derecho de amparo a
los terratenientes, cuya existencia, abierta o disfrazada, es absolutamente ilegal.
La comercialización de la producción agrícola debe tender a suprimir inter-
mediarios, combinando la acción de la CONASUPO con la creación de centros de
oferta por campesinos que se relacionen con centros de oferta por campesinos que
se relacionen con centros de demanda organizados por los obreros.
La única forma de luchar con éxito contra el caciquismo y evitar la corrupción
imperante hasta ahora en organismos campesinos y dependencias oficiales liga-
das a los problemas del campo —que es lo que ha permitido que se desvirtúen las
conquistas ya logradas— es la participación democrática de los interesados. Esto
implica asambleas frecuentes, renovación de los comisarios ejidales cada vez que
así lo decidan los propios ejidatarios (derecho de revocar mandatos), respeto a la
voluntad colectiva, permanente alianza obrero-campesina.
10) Expropiación de empresas imperialistas. Monopolio estatal del comercio exte-
rior. Alianza orgánica con todas las naciones productoras que defienden sus materias
primas de las garras imperialistas. Detrás de cada explotador está el imperialismo, al
que todos se hallan integrados. Los monopolios imperialistas dominan la vida eco-
nómica de un gran número de países mediante inversiones directas en áreas claves
de la economía, préstamos y financiamientos, control del mercado de productos in-
dispensables para el desarrollo de la producción, monopolización de conocimientos

187
Nuestra Historia

tecnológicos o del derecho de usarlos, etcétera. Todos esos medios de dominación


son empleados, en mayor o menor grado, por parte del imperialismo, especialmen-
te el norteamericano. Luchar contra el dominio imperialista exige, entonces, como
medida cardinal, la expropiación de empresas imperialistas, la diversificación del
comercio exterior, la búsqueda de acuerdos comerciales, tecnológicos y científicos
con los países del campo socialista, y otras medidas económicas que, como la nacio-
nalización de la banca, siendo generales, permiten la captación y distribución racio-
nales de los recursos. Además de ello, debe tomarse en cuenta que el imperialismo
afianza su hegemonía con medios políticos, militares y culturales. La asimilación y
elaboración de la ciencia y la tecnología, aprovechando cuanto se pueda aprender de
otros países, son indispensables para nuestra independencia nacional.
Otros pasos necesarios son la solidaridad con la lucha nacionalista y revolucio-
naria de los pueblos de América Latina tendiente a lograr la integración latinoame-
ricana en la posición internacionalista de la clase obrera, y la formación de bloques
en defensa de los precios de las materias primas: apoyo a la OPEP, frente en defensa
del plátano con los países centroamericanos, formación de un bloque con los países
productores de algodón, fortalecimiento del bloque de productores de café. Todo
ello empezando, en el orden interno, por el monopolio estatal del comercio exte-
rior, necesario para impedir que los consorcios imperialistas saboteen esos bloques.
La formación de proyectos de desarrollo comunes con otros países latinoamerica-
nos —si se rigen por intereses populares—, es muy de desearse.
11) Intervención obrera en la defensa, reorganización, ampliación, reorientación
social, regeneración interna y desarrollo planificado del sector estatal de la economía.
El sector estatal de la economía es objeto de ataques cada vez más feroces por parte
del imperialismo y la enclenque burguesía subsidiaria, que han visto limitado su
campo de acción y han sido desplazados de la propiedad en ramas básicas como el
petróleo, la electricidad, los ferrocarriles, etcétera. El imperialismo y la burguesía
nativa han saqueado a las empresas estatales con la connivencia de funcionarios
corruptos y en aras del desarrollismo, obteniendo así productos y servicios a pre-
cios de regalo, vendiendo muy caros al Estado los productos que éste adquiere,
recurriendo al más viciado contratismo, robando lisa y llanamente. Además, aho-
ra se intenta dejar a algunas empresas estatales sin materia de trabajo, como a la
Constructora Nacional de Carros de Ferrocarril, y devolver algunas otras al sector
privado, o cuando menos de desmembralas, como es el caso de Ferrocarriles con la
formación de la empresa separada Carros de Comedor y Pullman Los graves pro-
blemas del sector estatal, incluida la corrupción, no proviene de sus características
intrínsecas, sino de la acción corruptora, disolvente y parasitaria del sector privado,
con el imperialismo a la cabeza. Nuestra burguesía enclenque y dependiente no
puede tener otras formas de acumplación que las más sucias e ilegítimas.
Reorientar al sector estatal significa manejarlo con fines sociales y no de lucro;
dejar de subsidiar a las empresas privadas y principalmente al imperialismo; po-
nerlo al servicio del desarrollo nacional independiente. Significa también satisfacer
las necesidades populares, y no las de los capitalistas. El buen. funcionamiento del

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sector estatal requiere su integración por rama industrial, para eliminar duplicida-
des, reducir el burocratismo y la corrupción y aumentar su capacidad productiva.
Eso implica nacionalizar los pasos de la producción de los que dependa la empresa
estatal y que aún estén en manos privadas, así como formar combinados y planifi-
car su funcionamiento. Incluye, también, la necesidad de una política nacional de
electricidad, y energética en general, instrumentada mediante una administración
nacional de energéticos. Urge eliminar la corrupción, el burocratismo, el despil-
farro, las “aviadurías”, el exceso de empleados de confianza, los altos sueldos de
los funcionarios. Urge, finalmente, el desarrollo de la industria pesada estatal para
ir eliminando la dependencia en lo que se refiere a partes, equipos y tecnología
respecto de las empresas transnacionales y del imperialismo en general. De modo
especial, se plantea como tarea apremiante la expropiación de la maquinaria agrí-
cola y de las fábricas de aparatos eléctricos y electrónicos, que venden al Estado a
precios superiores al valor comercial.
12) Fiscalización obrera. La reorientación del sector estatal de la economía se-
ría imposible con sólo tomar medidas administrativas o burocráticas. No basta
nombrar funcionarios honestos ni multiplicar los inspectores. Es imprescindible la
participación democrática de los propios trabajadores en el control sobre los admi-
nistradores: controlar gastos, nóminas, contratos, planes de desarrollo, etcétera. En
ese proceso, los obreros van recuperando su personalidad e iniciativa, su poder de
decisión sobre la producción que ellos mismos realizan. La democratización de la
gestión del sector estatal es impostergable. Los electricistas debernos hacer efectivas
las cláusulas del Contrato Único que nos dan facultades de control, y ampliarlas.
La misma fiscalización debe ejercerse en las empresas privadas. Ya se mencionó
el papel de la vigilancia obrera para combatir la especulación, pero también se trata
de evitar evasiones de impuestos, boicots, sustracción ilícita de ganancias del país o
transferencias de fondos de las filiales de las empresas imperialistas a sus matrices,
cierres arbitrarios de departamentos, quiebras fraudulentas, maniobras especulati-
vas. La intervención fiscalizadora de los trabajadores en nombre y representación
de toda la sociedad, debe extenderse, con este criterio, a todas las ramas de la activi-
dad económica, como elemento básico de la democracia revolucionaria.
Las formas de participación van desde la denuncia pública de irregularidades
descubiertas, hasta la formación de comités permanentes de control sobre admi-
nistradores o empresarios. En todo caso, debe cuidarse de que no se vea compro-
metida la independencia de la clase obrera, y ésta resulte colocada a la cola de una
política no proletaria.

¡Compañeros trabajadores!
¡Pueblo de México!

Los electricistas democráticos hemos contraído el compromiso de llevar estas ban-


deras a la victoria, con el apoyo de todos los mexicanos nacionalistas y revolu-
cionarios. Existen las condiciones para realizar la gran tarea. El nuevo auge de la

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Nuestra Historia

insurgencia obrera y popular —y la concomitante crisis de los aparatos de control


sindical y político— nos favorecen y al mismo tiempo nos impulsan para cumplir
los deberes aquí expresados. Sabemos perfectamente que el movimiento obrero
mexicano ha de renacer con todo su vigor en plazo más bien breve, a condición de
derribar al charrismo y aun en la lucha misma contra ese cáncer social. El combate
de los electricistas, los trabajadores nucleares y los de la electrónica, por la unidad
y la democracia, es el ariete que primero está golpeando las puertas que pronto se
abrirán para dar paso a la renovación de las estructuras sindicales, a una organiza-
ción, un programa y una línea de acción genuinamente proletarios. No cejamos ni
un momento en este empeño.
Otros destacamentos obreros se ponen ya en pie de lucha. Minero-metalúrgicos
y ferrocarrileros, obreros del automóvil y textiles, trabajadores de la química y de la
industria hulera, en fin: las fuerzas de una clase que empieza a luchar organizándo-
se, elevando su conciencia social, movilizándose para cumplir su misión histórica.
Porque ya nadie puede negarlo: nuestra responsabilidad es muy grande; el porvenir
de México está íntimamente ligado a la acción de la clase obrera. En nuestra histo-
ria, en la que la lucha de las masas ha tenido un papel fundamental y determinante,
no sólo para el progreso del país, sino para que éste haya podido subsistir como tal
frente a los embates del imperialismo en las diversas épocas, todas las clases sociales
han tenido un momento crucial en que han ocupado el primer plano y enfrentado
la responsabilidad de la conducción de México. En las tres décadas posteriores al
cardenismo, una política desarrollista ha puesto a la burguesía en el papel usurpado
de clase rectora, y a sus intereses se ha subordinado el poder público. Hoy la clase
obrera aparece claramente como la reserva histórica de México.
Es el charrismo el que ha impedido a la clase obrera jugar su papel. El charris-
mo es hoy la principal fuerza que se opone a los cambios que urgen a la nación. Su
amalgama con los caciques rurales, con la burguesía y con el imperialismo, lo ha
convertido en la primera fuerza de choque que defiende la persistencia de las es-
tructuras del saqueo, la explotación y la corrupción. Derrocar al charrismo y abrir
las compuertas de la reestructuración integral del país —resumida en los puntos
programáticos antes enunciados—, son una y la misma cosa.
El resto del pueblo está junto a nosotros. Podemos tener la mirada levantada,
puesta en las metas, en el triunfo de la insurgencia obrera y popular. Con ello en
mente, edificaremos comités de base en todos los sindicatos, en todas las escuelas,
en todos los ejidos, en todos los barrios; discutiremos y nos organizaremos. De esa
organización de base, y no de simples proclamas, surgirá la verdadera alianza po-
pular revolucionaria para llevar adelante nuestras tareas. La alianza popular revo-
lucionaria es acción de masas y no existe. Aquí está, viva, la Revolución Mexicana,
no petrificada en definiciones y discursos vacuos, sino palpitante en los hechos
revolucionarios de las masas mexicanas. El futuro es nuestro. La alianza popular
revolucionaria, encabezada por el proletariado, renovará a México. El esfuerzo his-
tórico de los insurgentes de 1810, de los revolucionarios de Ayutla, de los miles de

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mexicanos que dieron su vida siguiendo a Villa y Zapata, de los trabajadores que
hicieron las primeras huelgas mexicanas, de Lázaro Cárdenas, tiene y tendrá su
continuidad en nuestra lucha y en nuestra inevitable victoria.

Guadalajara, Jal., 5 de abril de 1975.


Tendencia democrática del Sindicato Único
de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana

191
Llamamiento al pueblo de México

El partido al que una pluralidad de fuerzas políticas y sectores populares dieron


nacimiento el 6 de julio, aparece formalmente en la vida nacional en momentos
críticos y cruciales para el país y para los mexicanos patriotas.
Hemos vivido seis años de una crisis que no termina, de recesión económi-
ca, de cerrazón y autoritarismo políticos, de deterioro grave de las condiciones de
vida de las clases trabajadoras, de crímenes impunes, de alzas incontroladas de los
precios, de despidos de burócratas y de traba­jadores en general, de recortes presu-
puestales que nunca ha autorizado el Congreso y que cance­lan de las pocas acciones
tendientes a mejorar el bienestar de la colectividad, de concentración del manejo
de la economía en estratos sociales cada vez más pequeños y de reducción del papel
del Estado en el desarrollo, que se corresponden con un monopolio en la toma de
decisiones fundamentales por estrechos círculos de la cúpula gobernante ligados a
los especuladores finan­cieros del país y del exterior, de una desocupación creciente
y de insensibilidad y desprecio a los sentimientos y reclamos populares.
Seis años que el gobierno que encabeza Miguel de la Madrid ha empleado día
con día para ceder conscientemente porciones de soberanía a intereses externos
de dominación y disminuir así nuestra capacidad de decisión autónoma, para ir
destruyendo de manera sistemática la obra de reivindicación social de la Revo-
lución Mexicana y minando y deshaciendo las estructuras y valo­res económicos,
políticos y culturales que nos dan identidad como nación y como pueblo inde­
pendientes y han constituido y constituyen nuestras resistencias ante los embates
de la dependen­cia y la explotación.
La crisis económica se encamina a nuevas alzas en los precios y muy probable-
mente a otra fuerte devaluación del peso, lo que significará mayores limitaciones
para los grupos populares. Se reciben nuevos préstamos del exterior, que elevan
el endeudamiento, para apuntalar a un régimen corrompido y en decadencia que
pretende prolongarse y continuar con el pago puntual de la deuda externa en sus
términos actuales como eje y prioridad de la economía, cancelando por un tiem-
po más la posibilidad de recuperar un crecimiento económico que se traduzca en
mejora­miento social.
En lo político el gobierno afirmó el 4 de marzo de 1987 una línea de conducta
que había venido siguiendo y que desde esa fecha hizo más evidente y la acentuó: la
de un presidencialismo auto­ritario, que es hoy la expresión más acabada del despo-
tismo del Estado, de antidemocracia, de intolerancia frente a la disensión. No existe

193
Nuestra Historia

deslinde político personal entre el Presidente que termina y el impuesto Presidente


Electo y el primero dicta al segundo conductas y acciones a seguir para no inte-
rrumpir la entrega del país ni el empobrecimiento de las clases trabajadoras.
En este año, habrán de celebrarse elecciones locales en diez Estados. Tuvo lugar
ya la munici­pal de Veracruz. La Comisión Estatal Electoral, en una conducta que está
extendiéndose e impo­niéndose nacionalmente, se arrogó arbitrariamente facultades
y dictó medidas que sólo podía legalmente tomar el Congreso para cerrar espacios
democráticos. Fraudes mayores, violencia ejercida por el poder público y atropellos
contra las fuerzas democráticas han caracterizado de nueva cuenta esa elección. Esta
parece ser la línea dictada por el gobierno federal para preservar una supuesta seguri-
dad nacional, que así llaman los altos personeros del gobierno a la protección de sus
intereses económicos y políticos, de sus privilegios y de la entrega que hacen de la
sobera­nía y los recursos del país a sus socios y mandantes del extranjero.
Hace un año comenzó un proceso de alianzas entre los partidos, las agrupacio-
nes y millones de ciudadanos, que dio nacimiento al Frente Democrático Nacional.
Este, por la pluralidad de su composición, su capacidad para actuar en función de
las’ coincidencias, la presentación de una propuesta política acorde al sentir ma-
yoritario y por haber generado corrientes de confianza entre el electorado y sus
candidatos, desarrolló la movilización popular más importante que se haya dado
en épocas recientes en el país.
Esa movilización logró las votaciones más altas para el Frente Democrático Na-
cional en la elección presidencial y en muchos estados y distritos. La representación
reconocida y obtenida no corresponde a los resultados reales. Razones de ello las
conocemos y mucho las hemos discu­tido. Las más importantes para las tareas que
tenemos por delante son el no haber superado los obstáculos para presentar, en ma-
yor número, candidaturas comunes, y la falta de organización, no para contar con
representantes en las casillas y organismos electorales, que los tuvimos en número
suficiente para que dieran constancia de los resultados electorales favorables al Fren-
te, sino para haber impedido la violencia desatada por el gobierno y la violación a
los procedimientos legales en las casillas, en los comités distritales, en la Comisión
Federal Electoral y en los colegios electorales.
La gran mayoría de los mexicanos hemos decidido dar la lucha por cambiar las
actuales condi­ciones de entrcguismo, explotación, injusticias y antidemocracia con
procedimientos pacíficos y dentro del marco de nuestras leyes.
Por eso votamos el 6 de julio masivamente, como no se había visto en eleccio-
nes anteriores. Por eso seguimos participando en las elecciones locales. Pero acúdir
a depositar nuestros votos no está resultando suficiente para lograr los cambios
necesarios al país frente a la fuerza del fraude y de la imposición.
Es preciso entonces desarrollar las capacidades que nos permitan llevar a cabo
los cambios por las vías constitucionales en las que el pueblo sigue confiando.
Es necesario fortalecer al Frente Democrático Nacional y a todos y cada uno de los
partidos y agrupaciones que lo integran, continuar impulsando los procesos de unifi-
cación y abrir cauces de participación política permanente para los no organizados.

194
To m o I . E l s i g l o x x

La Comisión política del Frente ha iniciado la revisión de su programa de ac-


ción para esta etapa posterior a las elecciones, así como de la estructura que nacio-
nal y localmente debe adoptar para dar mayor eficacia a sus acuerdos y acciones;
convino también en planear la participación electoral con mayor anticipación, a
fin de estar en capacidad de superar los problemas que pue­dan presentarse a las
candidaturas comunes y a la participación al amparo de un solo registro, y articular
mejor su acción legislativa.
La actividad del Frente habrá de realizarse no sólo en el terreno electoral, sino
concertarse las distintas fuerzas también pata dar las batallas políticas que con-
duzcan a los grandes cambios democráticos que el país reclama: respeto al voto
ciudadano; reformas al código electoral, estableciendo una representación igual
para los partidos en los organismos electorales y la supervisión, por los partidos en
su conjunto, del origen de los fondos que cada partido maneja; una nueva ley de
televisión y radio para democratizar y poner al servicio del interés nacional los me-
dios masivos de comunicación, garantizando al mismo tiempo, al través de ellos,
la expre­sión plural de la sociedad; la creación del Estado de Anáhuac en el actual
territorio del Distrito Federal; la modificación del Artículo 27 constitucional, para
volver su texto al que tenía antes de la reforma de diciembre de 1946; terminar con
el acaparamiento y renta de la tierra; fortalecer políticamente, en su organización y
económicamente, al ejido, y dar prioridad al fomento de las producciones rurales,
como vía para un desarrollo económico sano e independiente; evitar el desmante-
lamiento de la economía pública, racionalizar su administración, organización y
desen­volvimiento, combatir la corrupción y revisar el texto del Artículo 28 consti-
tucional, a fin de precisar los procedimientos para incorporar y desincorporar de
la calidad de ramas estratégicas o prioritarias a las distintas actividades económi-
cas; limitar las facultades del Ejecutivo en materia de contratación de créditos y de
asignación de recursos, que en todos los casos deberán hacerse con la aprobación
previa del Congreso; suspensión del pago de la deuda externa en sus términos ac-
tuales y asignación de recursos para fomentar el crecimiento económico, el empleo
y el mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores populares; modernizar
la planta productiva, sin que ello ocasione reducción al empleo o mayores depen­
dencias; terminar con la especulación financiera institucionalizada por el gobierno
de Miguel de la Madrid en una banca paralela.
El 14 de septiembre pasado convocamos a organizar la unidad revolucionaria
que entre todos hemos conformado, y hacerlo bajo la bandera primigenia de la
Constitución de 1917 y los gran­des principios de la Revolución Mexicana.
«México requiere -dijimos ese día- que formemos una organización que sea la
expresión polí­tica del voto ciudadano del 6 de julio, así como del cambio cultural
que la conciencia colectiva está viviendo en estos tiempos de lucha y de esperanza.
No nos proponemos que sea la herra­mienta sólo para ganar elecciones y consti-
tuir gobiernos. Queremos eso y también queremos mucho más: queremos abrir los
cauces para que la sociedad pueda reorganizarse a sí misma y a sus instituciones
en libertad, con tolerancia y justicia... iremos preparando y creando en la reali­dad

195
Nuestra Historia

de nuestra vida social, las ideas, los elementos y las condiciones para el cambio de
régimen, que en la legalidad y en el ejercicio de las libertades, construya la nueva
legitimidad».
A este llamado respondieron positivamente la diversidad de fuerzas políticas
que unieron sus esfuerzos en la pasada elección.
Miles de ciudadanos, mujeres y hombres de todo el país, se han sumado a la
iniciativa de crear una organización política nueva, expresión de la pluralidad de
quienes coincidimos el 6 de julio, que tome como compromiso impulsar el proyec-
to nacional de la Revolución Mexicana.
La misma respuesta han dado los miembros del Partido Verde, de Fuerzas
Progresistas, el Consejo Nacional Obrero y Campesino de México, Organización
Revolucionaria Punto Crítico, Partido Liberal, Movimiento al Socialismo, Grupo
Poliforum, de la Asamblea de Barrios, Aso­ciación Cívica Nacional Revolucionaria,
Consejo Nacional Cardenista, Convergencia Democrá­tica y OIR-Línea de Masas.
La participación de sus integrantes en la formación de nuestro partido de
hecho se está dando ya. A lo largo de años de lucha se han conformado valiosos
equipos de trabajo, que tienen una experiencia acumulada que hoy en conjunto
debemos aprovechar.
El Partido Socialdemócrata ha decidido conservar su condición actual, mante-
niendo su actitud de alentar la creación de nuevas organizaciones políticas, dejando
en libertad a sus miembros para participar en el partido al que damos nacimiento y
expresando ya su voluntad de mantener con él una estrecha unidad en la acción.
El Partido Auténtico de la Revolución Mexicana expresó respecto al llamado
para crear un partido nuevo, el 14 de octubre: considerando la propuesta lanzada
por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas de intentar la crea­ción de un nuevo institu-
to político con características que se identifiquen con el ideal que fuera sustento del
movimiento armado de 1910 y con la Constitución de 1917 y tomando en cuenta
las fundamentales coincidencias que entre su proyecto y nuestros documentos bá-
sicos: programa de acción, declaración de principios y estatutos, existen, estamos
abiertos al diálogo y a la concertación de esfuerzos, en busca de la unidad.
“Con estas orientaciones ideológicas, los parmistas del país atendemos el lla-
mado de Cuauhtémoc Cárdenas, quien convoca a las fuerzas nacionalistas y re-
volucionarias a consolidar la unidad. Manifestamos nuestra voluntad íntegra de
luchar junto con él hasta encontrar la forma idónea, para organizarnos en beneficio
de México...”
Agradezco al Partido Auténtico de la Revolución Mexicana y a sus dirigentes
la confianza que me expresan y su respuesta al llamado que hemos hecho. Iniciare-
mos de inmediato el diálogo con nuestros compañeros y amigos del PARM y estoy
cierto, como fuimos capaces de hacerlo desde el 14 de octubre de 1987 hasta hoy,
que seremos capaces nuevamente de concertar nuestros esfuerzos para seguir tra-
bajando juntos por llevar a la práctica el proyecto nacional de nuestra Revolución.
Desde el primer momento el Partido Mexicano Socialista acogió con simpatía
y entusiasmo la idea de contribuir a consolidar el partido que nació el 6 de julio.

196
To m o I . E l s i g l o x x

Dio ya los primeros pasos estatutarios que permiten a sus miembros participar en
esta nueva edificación política, por la vía de la afiliación individual, que mantienen
así la vocación unitaria que permitió los acuerdos del 7 de junio y fortalece desde
entonces la acción conjunta de las fuerzas democráticas del país. En unos meses,
de acuerdo a sus normas, celebrará el Congreso nacional que podrá aprobar la di-
solución del partido.
El Partido Popular Socialista y el Partido del Frente Cardenista de Reconstruc-
ción Nacional han decidido, por sus respectivos compromisos con los programas y
proyectos políticos que sostienen, mantener sus actuales condiciones de organización
y coincidir en el Frente Democrá­tico Nacional con el partido que estamos creando.
Ahí seguirá dándose, cada vez más fuerte, la acción unitaria, solidaria y decidida en
favor de las mejores causas del país.
Tenemos por delante un intenso trabajo y una trascendental tarea: construir el
partido de la democracia, de la Revolución Mexicana, de la unidad patriótica, de las
reivindicaciones naciona­les y populares, de la constitucionalidad y del progreso; el
partido donde tengan cabida, sin exclusiones ni vetos, los millones de mexicanos
no organizados, los miembros de los agrupamientos políticos y sociales que no mi-
litan partidariamente y los integrantes de los partidos con registro que por decisión
estatutaria y nacional decidan acompañarnos en este esfuerzo.
Será un partido plural, como plurales fueron las participaciones políticas que
condujeron a los resultados del 6 de julio, donde se respeten y reconozcan las di-
ferentes corrientes de pensamien­to,’ que deben tener garantizados canales abiertos
para expresarse y actuar, un partido donde circulen las ideas y receptivo a la crítica,
una organización donde no existan estructuras ni apara­tos, más allá de los previstos
estatutariamente, que se maneje internamente con una democracia transparente, un
partido, como queremos a la nación, no alineado en bloques, independiente de toda
organización internacional y que mantenga al mismo tiempo relaciones de amistad
con los partidos que luchan por la democracia, el ejercicio pleno de las soberanías
nacionales y la colabo­ración internacional sobre bases de equidad.
Vamos a coincidir y a convivir, como lo hemos venido haciendo en esta lucha,
pero ahora en un agrupamiento que nos dé unidad orgánica, quienes tenemos dife-
rentes formaciones filosóficas y políticas, distintos orígenes políticos o partidarios
y hemos seguido rutas muy diversas en la actuación pública.
Dar este paso para fundar el partido de todos, a la vista de la nación, debe
significar para todos mantener congruencia ideológica, política y con nuestros an-
tecedentes y trayectorias; debe re‑
presentar también un paso en ascenso al apreciar objetivamente la realidad
nacional y llegar a la conclusión que sólo en la coincidencia, en el respeto a nuestras
diferencias y en la unidad de acción seremos capaces de vencer los obstáculos que
hoy se oponen al progreso democrático de México y a la igualdad, ante la ley y en
la práctica, de todos los mexicanos.
La base de nuestro entendimiento está en que todos estamos convencidos que
hoy, para supe­rar los problemas que el país y el pueblo enfrentan y para asegurar

197
Nuestra Historia

el tránsito hacia estadios superiores en nuestra organización política y social, así


como en la convivencia internacional, es indispensable llevar a la práctica el pro-
yecto nacional de la Revolución Mexicana, que se expresa en la carta constitucional
del 17 y en la proyección de sus principios a la actualidad y al futuro.
Nuestra Revolución se propuso desde el inicio o en su desenvolvimiento: crear
una sociedad democrática en lo político, económico y social, con oportunidades de
me­joramiento y superación para todos, sustentada y permanentemente legitimada
en el cumplimien­to de la constitución y las leyes; el respeto y efectividad del sufra-
gio; constituir una nación cabalmente soberana e independiente; la distribución
equitativa de la riqueza entre el conjunto de la población y las distintas regiones
del país; erradicar la corrupción; una estructura agraria donde coexistan el ejido, la
comunidad indígena y la pequeña propiedad en producción, con todas sus tierras
aprovechadas y con la productividad óptima; el ejido como eje y motor principal
de la economía rural, organizado democráticamente; garantizar una economía de
pleno empleo, derecho al trabajo para todos los mexicanos y la posibilidad práctica
de ejercitarlo; un régimen de seguridad y servicios sociales que brinde protección
integral a todos los habitan­tes del país; trabajadores con derechos a la huelga, a un
salario remunerativo, a la vivienda, con participa­ción efectiva de las utilidades de
las empresas; trabajadores organizados, con sindicatos independientes, democrá-
ticamente estructurados; mantener un Estado laico; una educación sustentada en
los principios de la Revolución, como lo establece el Artículo 3o. constitucional, sin
concesiones ni desviaciones, como base para ir creando unidad y desarrollan­do la
igualdad social al través de la formación de niños y jóvenes; desarrollo educativo,
cultural, científico y tecnológico independiente, que fortalezca la identi­dad y los va-
lores y dé respuesta a los intereses nacionales; respeto y estímulo a la expansión de
las distintas culturas de la nación y oportunidades reales para los pueblos indígenas
de compartir los beneficios del desarrollo; fortalecimiento del régimen de econo-
mía mixta; desarrollo de las formas cooperativas de participación y gestión de los
trabajadores en las actividades productivas; fortalecimiento del sector público de
la economía mediante su integración, racionalización administrativa, expansión,
modernización y diversificación (casos de las industrias petrolera, petroquímica
primaria y derivada, fertilizantes, siderurgia, minería básica, materiales nucleares,
así como el abasto popular; fomento a la inversión privada y social y atracción de
la inversión extranjera en aquellas áreas convenientes al país, cuidando no tenga
efectos descapitalizadores; finanzas públicas sanas; presupuestos gubernamentales
formulados en función de los ingresos fiscales; ejercicio de la autodeterminación;
cooperación internacional sobre bases de equidad; solución pacífica de las contro-
versias internacionales; acercamiento, mayor colaboración y pasos para la integra-
ción económica y política con las naciones latinoamericanas.
A partir de este acuerdo fundamental nos pondremos a trabajar, desplegando
todas las iniciati­vas que consideremos sean útiles para avanzar en la organización,
que en cada caso deberá adop­tar las formas que respondan la las condiciones exis-
tentes, nacionales, regionales, de sector, loca­les, etc.

198
To m o I . E l s i g l o x x

Habrá que crear y desarrollar la organización territorial del partido. Hagamos


surgir nuestros comités en los pueblos, ejidos, en las colonias, centros de trabajo,
constituyamos las unidades de base que puedan coordinarse en los municipios, en
las ciudades, en los estados, nacionalmente o para un sector o actividad específica.
Comités que cumplan sus tareas políticas y sean al mismo tiempo centros para
promover el mejoramiento social y económico, actividades productivas, artísticas,
culturales y deportivas.
Es importante que hoy, aquí, aprobemos la formación de una comisión promo-
tora de nuestro partido. Nuestras direcciones, lo han dicho muchos compañeros,
debieran ser en lo general colec­tivas y renovarse con regularidad Esa comisión debe
abocarse de inmediato a trazar el programa para llevar al partido hasta su consti-
tución formal en una convención nacional, cumpliendo con todos los requisitos
que establece el Código Electoral. Antes de esa convención, deberán celebrarse las
estatales y en todas ellas aprobarse la declaración de principios, el programa y los
estatutos del partido.
Una primera tarea de la comisión promotora será designar, para cumplir con
la encomienda que vamos a darle, comisiones cuya función se prolongue, al igual
que para la propia promotora, únicamente hasta el día de la fundación formal del
partido: de coordinación política, organiza­ción, divulgación y propaganda, acción
electoral, relaciones nacionales e internacionales, finan­zas, estudios y las encarga-
das de redactar los proyectos de declaración de principios, programa dé acción y
estatutos, es decir, los documentos básicos del partido, que deberán corresponder
en letra y espíritu al texto constitucional de 17 y a sus reformas revolucionarias.
Todas deberán ser comisiones abiertas en lo que hace a su integración, que de
inmediato for­mulen sus programas de trabajo y pasen a la acción. Al mismo tiem-
po que van a ir surgiendo comités de base por iniciativa de los militantes, habrá que
fomentar su creación donde no nazcan desde los primeros momentos y será nece-
sario ir desarrollando las redes y mecanismos de comu­nicación y coordinación.
La formulación de la declaración de principios, programa de acción y estatutos
deberá realizar­se mediante una amplia consulta nacional, conducida de manera
democrática. Estos documentos son indispensables» para la creación del parti-
do. Podríamos plantearnos como meta someterlos el próximo 5 de febrero a una
asamblea nacional, que los discuta y apruebe y a partir de ahí, presen­tarlos en las
convenciones estatales que prevé el Código Electoral. El tiempo es corto, nuestro
trabajo debe ser sólido, pero a paso acelerado.
En esa misma reunión podríamos discutir y aprobar el programa de organiza-
ción del partido, todo el trabajo de organización conviene hacerlo con un nombre.
Con carácter temporal me permito proponerles que a partir de hoy emprendamos
la tarea de edificar el Partido de la Revo­lución Democrática, el que en esta disputa
a fondo por el poder, va a ser capaz de contribuir de manera definitiva a cambiar, a
favor del pueblo, la correlación de las fuerzas políticas del país.
El 14 de septiembre anunciamos que un grupo de ciudadanos haríamos el ll ama-
miento para constituir un nuevo partido político. Somos unos cuantos. Pudimos ha-

199
Nuestra Historia

ber sido muchos más y también muchos menos. Pudimos convocar para reunirnos
en otra ciudad del país. En cualquier caso, sabemos que no están aquí muchos que
podían habernos acompañado, si se hubiera dado otro diseño a este acto. Siempre
hubieran faltado compañeros.
Los que estamos aquí somos un grupo tan representativo o tan falto de repre-
sentación como cualquier otro que se hubiera reunido. Había que empezar y eso es
hoy lo único importante.
Voy a someter a su consideración el texto de un llamamiento que de apro-
barse podemos firmar los presentes. Si están de acuerdo, ese texto puede quedar
abierto a la firma de las mujeres y los hombres que quieran acompañarnos en esta
empresa. Quienes lo suscribieran de aquí a que cele­bremos la convención nacional
constitutiva, serían considerados fundadores del Partido de la Revolución Demo-
crática, con el que el pueblo formará gobierno y transformará democrática­mente
a la nación.

21 de octubre de 1988
Cuauhtémoc Cárdenas

200
Primer Congreso

Extracto

Mesa 2. Carácter, estructura y funcionamiento del snte

Introducción

La lucha sindical es también una lucha política es decir, cuando vamos a la defensa
real de nuestros intereses ya sean económicos, políticos, laborales e ideológicas nos
enfrentamos como gremio sector, bloque o clase social a un poder que detenta una
clase dominante con la cual somos antagónicos e irreconciliables; los sindicatos
surgieron por la necesidad de contar con una organización que cohesionara a los
trabajadores para luchar por la defensa de sus intereses.
La lucha Sindical es Clasista y no como nos la interpretan las élites de control
sindical que afirman y llevan a sus agremiados a encerrarse en los marcos de su
sindicato y no rebasando las normas legaloides burguesas. El carácter original del
sindicato lo define como una organización de combate, fuera del control legal, con
independencia política y orgánica de la burguesía y su estado, que unidos solida-
riamente con otros sindicatos u organizaciones estarán creando su propio poder
y enfrentándose como clase social. Por eso defendemos y reindicamos la practica
sindical en su carácter original.
En la actualidad el régimen ha impulsado un reordenamiento corporativo de
los sindicatos; esto es, está adecuándolos a su política modernizadora aplazando a
viejos líderes por otros, sobre todo a los que ya no son útiles por que están despres-
tigiados ante las masas o porque representan un serio obstáculo para la concreción
de su proyecto modernizador en el terreno económico, social y político, mante-
niendo en lo fundamental la estructura corporativa de los sindicatos.

Caracterizacion del snte y el charrismo sindical

1. El SNTE es un organismo sindical auspiciado por el Estado y como tal


sirve como órgano de control y sometimiento de los trabajadores de la
Educación.

201
Nuestra Historia

2. Las camarillas que se han adueñado del a Dirección del SNTE, sin el
consenso de las bases lo han convertido en una trampolín político y de
usufructo personal.
3. Estas camarillas subordinadas al Estado reprimen a la clase traba-
jadora con la suspensión de salarios, cambios arbitrarios, despidos,
etc., e inclusive llegan al asesinato haciendo uso de las fuerzas repre-
sivas y manipulando medios de comunicación.
4. El charrismo sindical es el instrumento utilizado por el Estado para
controlar y someter ideológicas política y orgánicamente a los trabaja-
dores y la relación entre estos dos se expresa a través de prebendas que
el Estado otorga a sus fieles servidoras para la defensa de sus intereses.
5. Las contradicciones que se dan SEP charros del SNTE. No son antagó-
nicas sino por cuota de poder que en ocasiones confundan al magis-
terio nacional dando la apariencia que existe diferencia de principios.
Cuando estos sólo son de forma, los cuales no se resuelven por medios
de las cuales no se resuelven por medio de la lucha de clases sino a
través de preguntas que el Estado otorga a sus fieles servidores para la
defensa de sus intereses.
6. El charrismo como sindicato con practicas corporativas; soslaya los
problemas o intereses de las bases y utiliza los eventos sindicales (Asam-
bleas delegaciones, congresos estatales y nacionales).
7. Los charros con el afán de frenar el ascenso en la lucha. Con una amplia
participación de las bases en la toma de decisiones y por no poder se he-
gemonía utiliza todas las instancias, recursos que se encuentra, tanto en
los delante su política vertical y antidemocrática.
8. Con la caída de Carlos Jonguitud Barrios no se logra romper totalmen-
te con la estructura de Vanguardia Revolucionarla ya que sigue exis-
tiendo con fuerza en algunas secciones del país y tan solo han cambia-
do de nombre llamándose institucionales para entrar a la modernidad
salinista en el SNTE por Elba Esther Gordillo.
9. Actualmente el charrismo ha cambiado su discurso pero su práctica si-
gue siendo la misma abriendo las puertas a grupos o corrientes que se
identifican con ellos y sin representación ni consenso de las bases, im-
pulsa la lucha por los espacios políticos compartiendo el poder con los
charros reforzando el proyecto salinista.
10. Al interior del SNTE encontramos dos posiciones politicas sindicales
con sus objetivos de clase bien definidos: La del charrismo, que apoya
al Estado burgués mexicano y como consecuencia trata de tener en-
cajonado en su política entreguista corporativa, al magisterio y hace
de lado los problemas particulares de cada sección y los generales del
magisterio. La que se aglutina en la CNTE y que hace suyas las reivin-
dicaciones inmediatas y mediatas de los trabajadores de la educación,

202
To m o I . E l s i g l o x x

la cual se caracteriza por ser democrática y clasista. Esta posición no es


homogénea, a su interior encontramos varios niveles de compromiso o
divergencias respecto a principios estratégicos y planteamientos tácti-
cos: demostrándose en la práctica la posición de clase de cada destaca-
mento e integrantes.

Análisis de los estatutos del snte

1. Los estatutos del SNTE tanto en su declaración de principios como su


práctica son de amplio respaldo a la política de Estado y su estructura
vertical y antidemocrática impide la participación de las bases en la
toma de decisiones.
2. No es suficiente una reforma a los estatutos, porque en nada resuelve la
antidemocracia se necesita un nuevo proyecto de estatutos, declaración
de principios y reglamente general de asambleas, discutidos y aproba-
dos por las bases.

Posición política del congreso en relacion al consejo extraordinario


que convocara el cen del snte para reformar los estatutos

Conclusiones.
1. Impugnar los actuales estatutos del SNTE recuperación de principios y
Reglamento general de Asambleas.
2. No asistir al Congreso Nacional convocado por el CEN del SNTE como
rechazo a la propuesta de reforma estatutaria por no haber, consulta
previa a las bases.
3. Elaborar un nuevo proyecto de Estatutos, Declaración de Principios y
reglamentos General de Asamblea que responda a los intereses de los
trabajadores de la educación.

Alternativas.
1. Nombrar una comisión que elabore un proyecto de Estatutos. Declaración
de principios y programas que responde a los intereses de las bases y plan-
tea el tipo de sindicato a que aspiramos un auténtico sindicato de clase.
2. Difundir ese proyecto en forma masiva para discusión y análisis por las
bases.
3. Convocar a un evento estatal primero y luego nacional para su aproba-
ción a impulsos y que sea retomado y reconocido por todos los traba-
jadores de la Educación.
4. Que el nuevo proyecto comprenda a todos los trabajadores de la edu-
cación sin distingos en la consecución de los beneficios económicos y
prestaciones sociales.

203
Nuestra Historia

Balance de la cnte en sus 10 años de lucha

1. Desde su fundación el SNTE ha sufrido los efectos de la aplicación de


una política de bajos salarios y antidemocrática: pues desde su origen
las direcciones han estado plegadas a los gobiernos en turno. En con-
secuencia se han registrado luchas históricas al interior de la misma
como las realizadas durante 1955, 1966, las cuales fueron duramente
reprimidas por el régimen; El resultado fue el reflujo de casi dos dé-
cadas en las que no se registraron luchas organizadas y los cacicazgos
de Jesús Robles Martínez y Carlos Jonguitud Barrios mantuvieron un
control efectivo.
2. Las antipopulares condiciones económicas impuestas a los trabaja-
dores durante el auge petrolero en Tabasco y Chiapas provocaron la
inconformidad de los sectores explotadores en estas condiciones que
surgen las primeras manifestaciones de protesta organizada que die-
ron origen en 1979 a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la
Educación y a los CCLs de Chiapas, Tabasco, Montaña de Guerrero y
Contingentes del D.F.
3. En sus orígenes, la CNTE funcionó con consejos centrales de lucha, co-
rrientes políticas y activistas disidentes de las prácticas antidemocrá-
ticas de Carlos Jonguitud Barrios; posteriormente de fortaleció con la
incorporación de contingentes masivos de los Estados de Oaxaca, Valle
de México, Morelos e Hidalgo que condujeron a la conquista de co-
mités ejecutivos secciónales y CCLs fortalecidos convirtiéndose estos
en el soporte del movimiento Como respuesta al charrismo endureció
su posición reprimiendo al movimiento, cortando la vida reconocidos
dirigentes magisteriales, maestros de base y gente de pueblo: Esto dio
lugar a un debilitamiento general del movimiento durante 1984-1988,
período en que no dejaron registrarse importantísimas jornadas de lu-
cha en Oaxaca y Chiapas pero que no llegaron a la conquista de solu-
ciones favorables.
4. En abril y mayo de 1989, la CNTE. Juega un importante papel aglutinado
de las protestas que permitieron arrancar valiosas conquistas políticas
y económicas que condujeron a la consolidación de las secciones 7 de
Chiapas, 22 de Oaxaca y 9 del D.F., así mismo se amplió en gran medida
el movimiento de la CNTE en la 18 de Michoacán 10 y 11 del D.F. y 14
de Guerrero. En esta jornada de lucha derrocamos al cacicazgo de Carlos
Jonguitud Barrios.
5. La CNTE después de las jornadas de abril y mayo del año pasado ha
venido reduciendo el grado de movilización, pues las realizadas en
octubre-noviembre fueron menores y posteriormente a ellas, no ha
habido acciones nacionales coordinadas y unitarias que involucren a
la totalidad del movimiento democrático por demandas centrales ge-

204
To m o I . E l s i g l o x x

nerales. En esta situación intervienen factores externos e internos que


debemos ir superando como:
— La falta de un proyecto sindical clasista.
— La ausencia de un plan de acción y un pliego petitorio condensa-
dos a nivel nacional
— La polarización de las divergencias internas y la necesidad de re-
orientarlos por métodos democráticos
6. La experiencia de 10 años de lucha ha demostrado que es importante la
conquista de las estructuras estatutarias, pero también es fundamental
y determinante desarrollo y mantenerla estructura no estatutaria de los
consejos centrales de lucha o de otro tipo que en esencia representan lo
mismo
7. Del último período de movilización, organización y lucha que se da
en octubre noviembre hasta el día de hoy, la CNTE ha sido incapaz
de articular y desarrollar acciones de carácter nacional que involucre
en acciones conjuntas y sincronizadas a los diversos contingentes que
la componen. Ha faltado un plan nacional considerando sólo la suma
de planes seccionales o estatales como tal y alrededor de los cuales ha
girado la actividad de la coordinadora.
8. La CNTE ha crecido cuantitativa y cualitativa sobre todo a partir de
la movilización nacional de abril y mayo de 1989, incorporando a
amplios sectores de trabajadores que no son del SNTE. Ha desperta-
do la simpatía de sectores de trabajadores universitarios e inclusive
particulares, lo que le abre inmensas perspectivas de crecimiento y
consolidación a concisión de transformarse orgánicamente y definir
su línea ideológica nacional .
9. Ha sido correcto participar aunque no con la incidencia que debiera en
los frentes de lucha nacional multisectoriales como FNDSCAC, ANO-
CP, FNOM, CNPA, CONAMUP, que ha potenciado la coordinación
nacional de las mesas explotadas del país.
10. Señalamos que las jornadas nacionales no han podido ser totalmente
unitarias por falta de coordinación entre el comité, Dirección y bases
ya que no se han impulsado correctamente ha sí mismo señalamos
como error el aprobar acciones que no han sido consultadas debida-
mente en las fases por lo que –coyunturalmente– no ha resultado a
favor del movimiento.
11. La lucha ideológica liberada permanentemente en el seno de las mesas
y sobre todo en los distintos eventos político-sindicales, han confir-
mado que la diversidad de corrientes políticas en el seno de la CNTE y
el método de lucha ideológica unidad política para dirimir las discre-
pancias, lejos de debilitar han fortalecido consolidándola las bases de
un futuro SNTE democrático. Es de observarse también de lo que se
debilita es la lucha ideológica mal conducida.

205
Nuestra Historia

12. Los desacatos de acuerdos nacionales Generales que ponen a riesgo la


unidad de la CNTE promueve un manejo convenenciero y antiunitario
de la llamada “Autonomía Seccional” o “Autonomía de Contingentes”,
particularmente hace falta una valoración completa de la CNTE, res-
pecto a la táctica de aceptación de caracteres en l Congreso Nacional
del SNTE en 1983, en Cozumel y 1990 Nayarit. Así como la táctica de
no asistir al congreso nacional ultimo del SNTE en los términos acor-
dados por la CNTE
13. La CNTE en los 10 años de lucha ha sufrido represión en sus distintas
formas propuestos enemigos de clase: El Estado la SEP y el Charrismo.
Pasan revista en este congreso los compañeros Misael Nuñez Acosta,
Pedro Palma Baltazar, Celso W. López Díaz, Cenobio Fito Lopéz , Pau-
lino Martínez Della y más de 80 profesores asignados en todo el país.
14. En las jornadas de abril y de mayo de1989 la comisión nacional ha ne-
gociado integrada por los representantes legítimos de los contingentes.
Logró tomar el papel de Dirección nacional y llevó a la práctica una ne-
gociación que obtuvo soluciones altamente favorables para la CNTE
15. Ha sido importante a lo largo de sus 10 años de lucha de la CNTE con-
tar con el apoyo del pueblo trabajador y sus aliados mas cercanos : Los
padres de familia y los estudiantes.
16. El Congreso Nacional de la SNTE en enero pasado nos permitió co-
nocer y valorar la fuerza de la CNTE. Ha logrado también en el mar-
co estatutario ganando 142 delegados que representan más de 2000
miembros del SNTE.
17. La CNTE ha convocado a 5 foros y un congreso de Educación Alter-
nativa en los 10 años de lucha, en los cuales se han tenido logros al
rescatar documentos y experiencias que nos permitieran hoy convocar
al primer congreso nacional pedagógico para definir y elaborar nuestro
Proyecto de Educación Alternativa Nacional.

Fuerzas al interior de la cnte. Formulación de unidad

Se reconoce que la CNTE es un movimiento con carácter de masas democrático re-


presentativo, y que en el seno de ella existe un abanico de posiciones políticas que
actúan en los diversos contingentes, pero que se deben disciplinar a los principios,
plataforma de demandas, programa y planes de acción acordados democráticamente
por sus componentes.

Caracterización de la cnte

La CNTE es una organización de masas conformada por los trabajadores de la edu-


cación democráticos del país , independientemente de la burguesía y su estado, del
charrismo sindical y de cualquier organismo político, es decir, no es propiedad de

206
To m o I . E l s i g l o x x

nadie mas que de los propios trabajadores de la educación. Es un frente de clase,


porque participan en ella trabajadores de la educación que aceptan el principio
universal de lucha de clases, independientemente del color, sexo, credo religioso e
ideología política lo fundamental es que estén dispuestos a luchar por sus intereses
de clase, por la solución de sus demandas económicas, sociales, laborales, profe-
sionales y políticas. No es anti-partido, al contrario, respeta la libre militancia de
sus miembros en cualquier organismo político, pero aclarando que es de carácter
individual y que respeta las decisiones e intereses del propio movimiento. La CNTE
aglutina a las masas consientes y su objetivo es reconquistar al SNTE, para que sirva
a los intereses de las bases y no los de la patronal. La CNTE no es otro sindicato,
tampoco otro CEN, es una organización de masas, no de membretes, que lucha al
interior del SNTE por su democratización.
La base principal de la composición de la CNTE son los organismos de masas
secciones democráticas y Consejos Centrales de Lucha. En donde el movimiento
democrático no se ha consolidado, existen Comisiones Promotoras o Bloque de
Delegaciones que se forman con el objetivo central de llegar a construir un movi-
miento amplio de bases que permitan rescatar las direcciones sindicales estatutarias
de manos del charismo sindical. Para ello es necesario aglutinar más contingentes y
continuar fortaleciendo a la CNTE que en la práctica representa una organización
democrática y clasista que lucha por las reivindicaciones de los trabajadores de la
educación y por la democratización del CNTE. Al mismo tiempo la lucha ideo-
lógica se impulsa al interior de la CNTE con todas las fuerzas que contribuyen al
desarrollo del movimiento del movimiento magisterial para conservar la unidad.
En la actualidad integran la CNTE secciones con Comités Secciónales estatutarios
en su totalidad (7 y 40 de Chiapas, 9 de D.F y 22 de Oaxaca). Secciones que disputan
el reconocimiento de representación mayoritaria ( 10 y 11 en e3l D:F 18 en Mich,
14 de Gro y 34 de Zac) secciones con fuerzas minoritarias ( todas las demás ). Ac-
tualmente las corrientes sindicales que actúan al interior de la CNTE desarrollan
una labor importante en la medida que contribuyen en la formación de cuadros
políticos y aportan propuestas que las bases legitiman con su aprobación conforme
a las instancias que cada contingentes y la propia CNTE han establecido las co-
rrientes sindicales que no valoren este criterio cuentan con mínimas posibilidades
para hacer trascendentes sus propuestas ante el movimiento.

Principios

— No se niega ninguna forma de lucha y organización y sus posibles com-


binaciones siempre que no obstruya la educación de las bases no rebaje
su nivel político. Su conciencia y su combatividad.
— No se plantea la destrucción del Sindicato, sino la recuperación de su con-
tenido revolucionario que la burguesía y sus agentes le han destruido.
— Busca destruir al charrismo.
— Elige democráticamente. Su dirección es colectiva, rechaza la afiliación

207
Nuestra Historia

forzosa y obligatoria a cualquier partido, construye órganos perma-


nentes de vigilancia y fiscalización.
— Combina la movilización con la negociación de los pliegos petitorios.
— Es una escuela preparatoria para la lucha general contra la burguesía y su
estado en su objetivo de destrucción del sistema capitalista.
— Eleva la conciencia de clase y educa políticamente. No concilia ni trata
de armonizar sus intereses con los del enemigo. No mediatiza ni divide
la organización y la lucha.
— Lucha constante y consecuentemente por el mejoramiento de las con-
diciones de vida y la defensa de sus intereses y derechos de clase.
— Lucha contra el charrismo sin hacer alianza y componendas con él
identifica a la burguesía y su estado como el enemigo principal. Reco-
noce a la clase obrera y al campesino como la principal fuerza social
para el cambio estructural de la sociedad
— Comprende el estrecho vinculo entre la lucha económica y la políti-
ca. Combate el apoliticismo y reconoce que el destino histórico de la
humanidad es la sociedad sin explotados ni explotadores. Utiliza toda
las fuerzas de lucha de manera creativa sin sectarismos ni desviaciones
gremiales.
— Practica la crítica y la autocrítica oportunas, constructivas y fraternal-
mente, así como la solidaridad de clase. Las bases tienen el poder de
decisión, impulsa la formación de cuadros políticos. Tiene consciencia
de necesidad de la construcción de la organización que encabece la lu-
cha general de la clase trabajadora.
— Conserva la unidad entre los miembros de nuestra organización y pro-
mueve con las demás organizaciones la unidad para lograr la integra-
ción de los hechos de un sindicalismo de clase.
— Pondera la importancia de la estructura estatutaria desde los centros de
trabajo para ponerlas al servicio de los trabajadores y sin menos preciar
de ninguna manera la importancia fundamental de la estructura no
estatutaria
— Respeto absoluto a los acuerdos emanados de las asambleas como foros
nacionales de la CNTE.
— Practica la libre elección y revocabilidad en las diferentes instancias de
dirección de la CNTE.
— Reivindica el principio universal de la lucha de clases.
— La CNTE es solidaria con la lucha de otros pueblos y reivindica el
principio del internacionalismo proletario, puntualizando que en la
actualidad existen tres fuerzas motrices que pugnan por el cambio en
el mundo: la clase obrera en los países industrializados , la lucha de
liberación de las naciones oprimidas y los países que continúan reivin-
dicando el socialismo como una sociedad justa y democrática .

208
To m o I . E l s i g l o x x

— Retoma la lucha ideológica como elemento importante para el avance del


movimiento bajo el principio de unidad- lucha –ideológica – unidad.
— Ningún contingente tiene la facultad de revocar un acuerdo de asam-
blea nacional y aun cuando no se coincida, se deben acatar los acuerdos
mayoritarios, ya que de que no hacerlo, se agudiza el problema de la
unidad.

Programa

— Contra el imperialismo y por la solidaridad con la lucha de los pueblos


por su liberación:
— Contra la política “modernizadora del régimen Salinista.
— Contra la Modernización.
— Por una Educación Crítica, Científica y Popular.
— Por sus mejores condiciones de vida a y trabajo para los trabajadores
de la educación.
— Por la defensa del trabajo.
— Por aumento salarial y democracia sindical.
— Por el rescate del SNTE como un arma de lucha colectiva de clase tra-
bajadora para la consecución de sus bienes inmediatos e históricos.
— Contra el Charrismo.
— Rechazo a la política de “concertación”de Elba Esther Gordillo Mortales.
— Por la Construcción del Gran frente Nacional de los trabajadores que
potencie la lucha general de la Burguesía y su Estado.
— Por la libertad de todos los presos políticos y por la represión.

Resolutivo especial

1. El congreso mandata a la comisión permanente nacional para que se amplíe y


desarrolle el presente programa aprobado.

Táctica

La CNTE debe establecer mecanismo que garanticen la plana solidaridad entre los
trabajadores de la educación y demás trabajadores del país.
La CNTE debe impulsarla formación de Frentes Regionales y Estatales con
miras a formar un gran frente Nacional para enfrentar la políticas antipopular del
Estado.
La CNTE reconoce la lucha de todos los Frentes del mundo por lograr una
sociedad más justa: por lo que debe establecer vínculos estrechos con sindicatos y
organizaciones de otros países.
La CNTE debe realizar acciones nacionales coordinadas, demandas conjuntas
y negociaciones unitarias.

209
Nuestra Historia

La CNTE debe mantener por sobre todas las cosas la Unidad en la acción y la
tácticas de Movilización-Negociación-movilización.
La CNTE utilizara las formas de lucha posible siempre y cuando estas sean
resultado de las consultas de base.
La CNTE por su mismo carácter de movimiento de masas que lucha por con-
quistar el SNTE y ante los embates del gobierno y los charros con diferentes medios
que van desde la cooptación hasta el asesinato de militantes del movimiento demo-
crático ha aplicado por esa misma circunstancia diferentes tácticas que corresponde
necesariamente a la correlación de fuerzas en las secciones a nivel nacional. Por eso
debe quedar claro que no puede existir una táctica única y para todo momento den-
tro de la CNTE sin embargo en la historia en la CNTE se han ampliado tácticas que
aunque se asumen por algunos contingentes como particulares afectan el desarrollo
de la CNTE en lo general.
En cuanto a las carteras ostentan Juan González Meza y Gabriel Aguilar Ortega
la CNTE ratifica su decisión de no aceptar ninguna representación dentro del CEN
del SNTE .y por lo tanto a lo tanto ellos no la representan en esa instancia.

Resolutivo especial

Ante la situación muy concreta por la que atraviesa la CNTE y ante la definición
de que los charros pudieran avanzar con la presencia de alguno de los militantes
de la CNTE en el CEN, se propone que sean las bases de cada sección, bajo un
mecanismo y un documento sección, bajo un mecanismo y un documento espe-
cifico que instrumente la Comisión Permanente quienes decidan y hagan llegar a
la asamblea nacional su posición respecto a si perjudica o ayude en este momen-
to permanecer en el CEN y la resolución que la CNTE debe tomar en su caso.
Las decisiones de bases deberían presentarse a más tardar en diciembre de 1990.

Estrategia

Democratizar al SNTE. Para lograr la CNTE debe desarrollar trabajo permanente


desde los centros de trabajo permanente desde sus centros de trabajos a través de
los Consejos Centrales de Lucha. Las Coordinadoras Estatales, las Promotoras etc.
combinados con la estructura estatuaria.
Democratizar la enseñanza. Para lograr la CNTE debe apoyar cotidianamente
en un gran plan nacional que incluye una serie de actividades donde los principales
actores sean los maestros, los padres de familia y los alumnos. En el entendido de que
esta gran empresa se inicia con el cambio de actitud profesional de los compañeros.
Democratizar el país para lograrlo la CNTE debe participar en la más amplia
convergencia con los demás sectores de trabajadores del país y en la lucha cotidiana
contra los estragos de la explotación.

Mexico D.F., octubre de 1990


Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación

210
Primera declaración
de la Selva Lacandona

HOY DECIMOS ¡BASTA!

Al pueblo de México:
Hermanos mexicanos:

Somos producto de 500 años de luchas: primero contra la esclavitud, en la guerra


de Independencia contra España encabezada por los insurgentes, después por evi-
tar ser absorvidos por el expansionismo norteamericano, luego por promnulgar
nuestra Constitución y expulsar al Imperio Francés de nuestro suelo, después la
dictdura porfirista nos negó la aplicación justa de leyes de Reforma y el pueblo
se rebeló formando sus propios líderes, surgieron Villa y Zapata, hombres pobres
como nosotros a los que se nos ha negado la preparación más elemental para así
poder utilizarnos como carne de cañón y saquear las riquezas de nuestra patria sin
importarles que estemos muriendo de hambre y enfermedades curables, sin imor-
tarles que no tengamos nada, absolutamente nada, ni un techo digno, ni tierra, ni
trabajo, ni salud, ni alimentación, ni educación, sin tener derecho a elegir libre y
democráticamente a nuestras autoridades, sin independencia de los extranjeros,
sin paz ni justicia para nosotros y nuestros hijos.
Pero nosotros HOY DECIMOS ¡BASTA!, somos los herederos de los verdade-
ros forjadores de nuestra nacionalidad, los desposeídos somo millones y llamamos a
todos nuestros hermanos a que se sumen a este llamado como el único camino para
no morir de hambre ante la ambición insaciable de una dictadura de más de 70 años
encabezada por una camarilla de traidores que representan a los grupos más conser-
vadores y vendepatrias. Son los mismos que se opusieron a Hidalgo y a Morelos, los
que traicionaron a Vicente Guerrero, son los mismos que vendieron más de la mi-
tad de nuestro suelo al extranjero invasor, son los mismos que trajeron un príncipe
europeo a gobernarnos, son los mismos que formaron la dictadura de los científicos
porfiristas, son los mismos que se opusieron a la Expropiación Petrolera, son los
mismos que masacraron a los trabajadores ferrocarrileros en 1958 y a los estudiantes
en 1968, son los mismos que hoy nos quitan todo, absolutamente todo.
Para evitarlo y como nuestra última esperanza, después de haber intentado todo
por poner en práctica la legalidad basada en nuestra Carta Magna, recurrimos a ella,
nuestra Constitución, para aplicar el Artículo 39 Constitucional que a la letra dice:

211
Nuestra Historia

«La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo


el poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El
pueblo tiene, en todo tiempo, el inalienable derecho de alterar o modificar
la forma de su gobierno.»

Por tanto, en apedo a nuestra Constitución, emitimos la presente al ejército


federal mexicano, pilar básico de la dictadura que padecemos, monopolizada por
el partido en el poder y encabezada por el ejecutivo federal que hoy detenta su jefe
máximo e ilegítimo, Carlos Salinas de Gortari.
Conforme a esta Declaración de guerra pedimos a los otros Poderes de la Na-
ción se aboquen a restaurar la legalidad y la estabilidad de la Nación deponiendo
al dictador.
También pedimos a los organismos Internacionales y a la Cruz Roja Interna-
cional que vigilen y regulen los combates que nuestras fuerzas libran protegiendo
a la población civil, pues nosotros declaramos ahora y siempre que estamos sujetos
a lo estipulado por la Leyes sobre la Guerra de la Convención de Ginebra, forman-
do el EZLN como fuerza beligerante de nuestra lucha de liberación. Tenemos al
pueblo mexicano de nuestra parte, tenemos Patria y la Bandera tricolor es amada y
respetada por los combatientes INSURGENTES, utilizamos los colores rojo y ne-
gro en nuestro uniforme, símbolos del pueblo trabajador en sus luchas de huelga,
nuestra bandera lleva las letras «EZLN», EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERA-
CIÓN NACIONAL, y con ella iremos a los combates siempre.
Rechazamos de antemano cualquier intento de desvirtuar la justa causa de
nuestra lucha acusándola de narcotráfico, narcoguerrilla, bandidaje u otro califica-
tivo que puedan usar nuestros enemigos. Nuestra lucha se apega al derecho consti-
tucional y es abanderada por la justicia y la igualdad.
Por los tanto, y conforme a esta Declaración de guerra, damos a nuestras fuer-
zas militares del Ejército Zapatista de Liberación Nacional las siguientes órdenes:

Primero. Avanzar hacia la capital del país venciendo al ejército federal mexicano,
protegiendo en su avance liberador a la población civil y permitiendo
a los pueblos liberados elegir, libre y democráticamente, a sus propias
autoridades administrativas.
Segundo. Respetar la vida de los prisioneros y entregar a los heridos a la Cruz
Roja Internacional para su atención médica.
Tercero. Iniciar juicios sumarios contra los soldados del ejército federal mexica-
no y la policía política que hayan recibido cursos y que hayan sido ase-
sorados, entrenados, o pagados por extranjeros, sea dentro de nuestra
nación o fuera de ella, acusados de traición a la Patria, y contra todos
aquellos que repriman y maltraten a la población civil y roben o aten-
ten contra los bienes del pueblo.

212
To m o I . E l s i g l o x x

Cuarto. Formar nuevas filas con todos aquellos mexicanos que manifiesten su-
marse a nuestra justa lucha, incluídos aquellos que, siendo soldados
enemigos, se entreguen sin combatir a nuestras fuerzas y juren respon-
der a ls órdenes de esta Comandancia General del EJÉRCITO ZAPA-
TISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.
Quinto. Pedir la rendición incondiconal de los cuarteles enemigos antes de en-
tablar los combates.
Sexto. Suspender el saqueo de nuestras riquezas naturales en los lugares con-
trolados por el EZLN.

PUEBLO DE MÉXICO: Nosotros, hombres y mujeres íntegros y libres, esta-


mos conscientes de que la guerra que declaramos es una medida última pero justa.
Los dictadores están aplicando una guerra genocida no declarada contra nuestros
pueblos desde hace muchos años, por lo que pedimos tu participación decidida
apoyando este plan del pueblo mexicano que lucha por trabajo, tierra, techo, ali-
mentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz.
Declaramos que no dejaremos de pelear hasta lograr el cumplimiento de estas de-
mandas básicas de nuestro pueblo formando un gobierno de nuestro país libre y
democrático.

INTÉGRATE A LA FUERZAS
INSURGENTES DEL EJERCITO ZAPATISTA
DE LIBERACIÓN NACIONAL

Comandancia General del EZLN


Año de 1993

213
¿De qué nos van a perdonar?

Señores:

Debo empezar por unas disculpas (“mal comienzo”, decía mi abuela). Por un error
en muestro Departamento de Prensa y Propaganda, la carta anterior (de fecha 13
de enero de 1994) omitió al semanario nacional Proceso entre los destinatarios.
Espero que este error sea comprendido por los de Proceso y reciban esta misiva sin
rencor, resquemor y re-etcétera.
Bien, me dirijo a ustedes para solicitarles atentamente la difusión de los comu-
nicados adjuntos del CCRI-CG del EZLN. En ellos se refieren a reiteradas violacio-
nes al cese al fuego por parte de las tropas federales, a la iniciativa de ley de amnistía
del ejecutivo federal y al desempeño del señor Camacho Solís como Comisionado
para la paz y la reconciliación en Chiapas.
Creo que ya deben haber llegado a sus manos los documentos que enviamos el
13 de enero de los corrientes. Ignoro qué reacciones suscitarán estos documentos ni
cuál será la respuesta del gobierno federal a nuestros planteamientos, así que no me
referiré a ellos. Hasta el día de hoy, 18 de enero de 1994, sólo hemos tenido cono-
cimiento de la formalización del “perdón” que ofrece el gobierno federal a nuestras
fuerzas. ¿De qué tenemos que pedir perdón? ¿De qué nos van a perdonar? ¿De no
morirnos de hambre? ¿De no callarnos en nuestra miseria? ¿De no haber aceptado
humildemente la gigantesca carga histórica de desprecio y abandono? ¿De habernos
levantado en armas cuando encontramos todos los otros caminos cerrados? ¿De
no habernos atenido al Código Penal de Chiapas, el más absurdo y represivo del
que se tenga memoria? ¿De haber demostrado al resto del país y al mundo entero
que la dignidad humana vive aún y está en sus habitantes más empobrecidos? ¿De
habernos preparado bien y a conciencia antes de iniciar? ¿De haber llevado fusiles al
combate, en lugar de arcos y flechas? ¿De haber aprendido a pelear antes de hacerlo?
¿De ser mexicanos todos? ¿De ser mayoritariamente indígenas? ¿De llamar al pue-
blo mexicano todo a luchar de todas las formas posibles, por lo que les pertenece?
¿De luchar por libertad, democracia y justicia? ¿De no seguir los patrones de las
guerrillas anteriores? ¿De no rendirnos? ¿De no vendernos? ¿De no traicionarnos?
¿Quién tiene que pedir perdón y quién puede otorgarlo? ¿Los que, durante
años y años, se sentaron ante una mesa llena y se saciaron mientras con nosotros
se sentaba la muerte, tan cotidiana, tan nuestra que acabamos por dejar de tenerle
miedo? ¿Los que nos llenaron las bolsas y el alma de declaraciones y promesas?

215
Nuestra Historia

¿Los muertos, nuestros muertos, tan mortalmente muertos de muerte “natural”,


es decir, de sarampión, tosferina, dengue, cólera, tifoidea, mononucleosis, tétanos,
pulmonía, paludismo y otras lindezas gastrointestinales y pulmonares? ¿Nuestros
muertos, tan mayoritariamente muertos, tan democráticamente muertos de pena
porque nadie hacía nada, porque todos los muertos, nuestros muertos, se iban así
nomás, sin que nadie llevara la cuenta, sin que nadie dijera, por fin, el “¡YA BAS-
TA!”, que devolviera a esas muertes su sentido, sin que nadie pidiera a los muertos
de siempre, nuestros muertos, que regresaran a morir otra vez pero ahora para
vivir? ¿Los que nos negaron el derecho y don de nuestras gentes de gobernar y
gobernarnos? ¿Los que negaron el respeto a nuestra costumbre, a nuestro color,
a nuestra lengua? ¿Los que nos tratan como extranjeros en nuestra propia tierra y
nos piden papeles y obediencia a una ley cuya existencia y justeza ignoramos? ¿Los
que nos torturaron, apresaron, asesinaron y desaparecieron por el grave “delito”
de querer un pedazo de tierra, no un pedazo grande, no un pedazo chico, sólo un
pedazo al que se le pudiera sacar algo para completar el estómago?
¿Quién tiene que pedir perdón y quién puede otorgarlo? ¿El presidente de la re-
pública? ¿Los secretarios de estado? ¿Los senadores? ¿Los diputados? ¿Los goberna-
dores? ¿Los presidentes municipales? ¿Los policías? ¿El ejército federal? ¿Los gran-
des señores de la banca, la industria, el comercio y la tierra? ¿Los partidos políticos?
¿Los intelectuales? ¿Galio y Nexos? ¿Los medios de comunicación? ¿Los estudian-
tes? ¿Los maestros? ¿Los colonos? ¿Los obreros? ¿Los campesinos? ¿Los indígenas?
¿Los muertos de muerte inútil?
¿Quién tiene que pedir perdón y quién puede otorgarlo? Bueno, es todo por
ahora.
Salud y un abrazo, y con este frío ambas cosas se agradecen (creo), aunque
vengan de un “profesional de la violencia”.

18 de enero de 1994
Subcomandante Insurgente Marcos

216
Los sentimientos de la nación

Preámbulo

Han transcurrido 183 años desde que el gran patriota José María Morelos dictó los
Sentimientos de la Nación, puntos básicos para redactar la constitución Política de
un país que quería surgir a la vida independiente y soberana.
Durante esos años, aquellos sentimientos han sido reconocidos como precep-
tos fundacionales de México y, aunque no todos conservan su vigencia, la mayoría
sigue siendo aspiración y guía de los mexicanos.
El tributo que hay que rendir a Morelos no consiste sólo en reconocer su figura
histórica, sino también en pugnar para que las aspiraciones de justicia y democra-
cia, presentes en nuestra patria desde antes del surgimiento del movimiento de in-
dependencia, se conviertan en realidad cotidiana. Desde Chilpancingo, hoy capital
del Estado de Guerrero, sede inicial del Congreso de Anáhuac, y al rendir de tal for-
ma un homenaje a quienes iniciaron el movimiento de independencia de México y
ofrendaron su vida en pos de la democracia y la justicia, exponemos ante el país las
presentes notas para una nueva carta constitucional mexicana, unos sentimientos
de la nación, producto de la experiencia y la lucha de tantas generaciones que han
hecho esfuerzos para conquistar aquellos anhelos fundacionales de nuestra patria y
para avanzar hacia nuevos derechos y libertades.

1º Que la soberanía resida efectivamente en el pueblo y sea éste quien de-


termine, en uso de su libertad y responsabilidad, su forma de gobierno
y elija, sin coacción o limitaciones a sus gobernantes. Que se acabe con
el sistema de partido de Estado. Que se ponga fin definitivamente al
autoritarismo de siglos.
2º Que se termine el divorcio entre el pueblo y sus gobernantes. Que na-
die usurpe la voluntad mayoritaria en beneficio de unos cuantos. Que
se establezca el derecho del pueblo a exigir cuentas a sus gobernantes y
a ser consultado, mediante referéndum o plebiscito, sobre las decisio-
nes de interés colectivo o nacional que se tomen en su nombre.
3º Que la administración federal, estatal, municipal y comunal sea una
función de servicio y no una fuente de servicio personal. Que todo fun-
cionario haga pública anualmente su riqueza y posesiones. Que el uso
de los recursos públicos a su cargo, sea conocido por los ciudadanos y

217
Nuestra Historia

sometidos a periódica vigilancia para evitar abusos y dispendios. Que


sea abolido para siempre los gastos secretos y las erogaciones discre-
cionales. Que se aumente el castigo a los funcionarios públicos que in-
curran en actos de corrupción y se confisquen los bienes malhabidos.
Que los ingresos y gastos gubernamentales sean fiscalizados por órga-
no imparcial y autónomo, designado por los legisladores.
4º Que se establezca la separación de las diversas ramas del poder público.
Que se haga realidad el principio de equilibrio de poderes. Que los legis-
ladores actúen de conformidad con los intereses y deseos de sus represen-
tados. Que se instituya el derecho del pueblo a iniciar leyes. Que las leyes
se aprueben después de que el pueblo conozca su contenido y posible
trascendencia, pudiéndose expresar a través de los órganos de opinión
pública y directamente. Que la actuación de los legisladores sea conocida
y evaluada por sus electores. Que se establezca el juicio político parlamen-
tario contra los gobernantes que violen la Constitución y las leyes.
5º Que se imparta justicia igual para todos a través de tribunales confiables.
Que los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y los ma-
gistrados de los tribunales supremos de los estados sean elegidos median-
te voto universal, secreto y directo. Que el sistema de procuración e im-
partición de justicia proteja al débil de los abusos del poderoso. Que los
engargolados del orden y la seguridad pública sean civiles, profesionales
y eficaces, y estén sujetos al escrutinio de la colectividad. Que se acaben
fueros y privilegios. Que nadie esté al margen o por encima de la ley.
6º Que se suprima el registro legal forzoso y el control gubernamental so-
bre cualquier tipo de asociación lícita de los mexicanos para la defensa
de sus intereses y derechos. Que cada ciudadano pueda afiliarse a la
organización social, civil, religiosa, cultural y política de su preferencia
y se respete su derecho de ejercer la representación que ésta le otorgue.
Que no sea condición para tener un empleo o dedicarse a cualquier
profesión, comercio o industria el ingresar y permanecer en alguna
asociación.
7º Que ningún ser humano sea discriminado por motivos de origen, gé-
nero, raza, clase social, ideología, religión, cultura o preferencias. Que
el estado mexicano reconozca a plenitud los derechos de los mexicanos
residentes en el extranjero, que los defienda y que todos ellos puedan
seguir siendo mexicanos independientemente de su ciudadanía.
8º Que se prohíba y persiga todo monopolio de medios de comunicación,
incluyendo las tendencias monopólicas y los oligopolios, y toda limita-
ción al ejercicio de la libertad de expresión y a la libre circulación de las
ideas. Que sea valido el derecho del pueblo a recibir información de los
asuntos públicos. Que se forme un órgano estatal encargado de defen-
der el ejercicio de este derecho. Que se instituya y haga valer el derecho
de réplica en todos los medios de comunicación. Que la violación de

218
To m o I . E l s i g l o x x

las nuevas leyes sobre prensa y otros medios sea juzgada en tribunales
ordinarios y la autoridad administrativa carezca de poder para sancio-
nar definitivamente transgresiones legales o revocar concesiones. Que
la propaganda electoral en medios concesionados sea gratuita y se pros-
criba la pagada. Que las comunicaciones vía satélite estén bajo el control
de la nación a través de la ley. Que nunca más existan archivos guber-
namentales secretos y que todos ellos se abran a la consulta pública.
Que el Estado asuma la responsabilidad de garantizar la libre creación y
difusión del arte y la cultura.
9º Que los ayuntamientos sean producto de la voluntad popular y sólo que-
den bajo el control de los ciudadanos. Que el cabildo sea el parlamento
del pueblo, sesione en público y se abra a las propuestas de los habitantes
del municipio. Que el presidente municipal acate en todo la decisión ma-
yoritaria del ayuntamiento, integrado éste mediante reglas de pluralidad
y proporcionalidad. Que se eleven las facultades de los ayuntamientos
en materia fiscal y libre utilización de los recursos municipales, aumen-
tando las participaciones de los municipios al 20 %, por lo menos, de la
recaudación nacional, cuya entrega debe ser oportuna e incondicional.
Que el gobierno municipal colegiado promueva el desarrollo social. Que
las comunidades, dentro de los municipios, tengan también su propio
consejo de representantes, elegido democráticamente, con capacidad ad-
ministrativa y política.
10º Que se reconozcan en la ley y en la práctica los derechos de los indíge-
nas y de los pueblos indios, y que éstos gocen de especial representación
en las legislaturas de todos los niveles. Que se permita la creación de
órganos autónomos de gobierno en regiones donde tienen su asiento
los pueblos indios sobre la base de la participación igualitaria de todos,
independientemente del orden étnico de cada ciudadano, en el marco
de los derechos humanos, el sistema democrático y las leyes del país.
11º Que el Estado garantice, a través de la Constitución que todos los
mexicanos tengan condiciones de vida digna, sin que el derecho social
quede supeditado a decisiones gubernamentales y mucho menos a dic-
tados de organismos transnacionales o gobiernos extranjeros. Que el
derecho social sólo pueda ser modificado mediante consulta popular.
Que todos los mexicanos, por serlo, tengan derecho a la educación, la
salud, la vivienda y la pensión digna de retiro por enfermedad y edad
avanzada. Y que el Estado, en sus diversos niveles, se encargue de obte-
ner la cooperación equitativa, proporcional y justa de toda la sociedad
para hacer efectivo el derecho social.
12º Que la mujer goce de verdadera igualdad a través de leyes que garanticen
el pleno ejercicio de sus derechos y de su participación en la vida social,
económica y política del país. Que todo niño, por el sólo hecho de serlo,
goce de educación, esparcimiento, salud y alimentación, independiente-

219
Nuestra Historia

mente de la condición social de sus padres. Que los jóvenes puedan for-
marse en el estudio, el deporte y el esparcimiento colectivo sin limitacio-
nes impuestas por el Estado o los particulares.
13º Que el salario sea suficiente para garantizar el sostenimiento familiar
y se reconozca la capacidad productiva del trabajo. Que se instaure el
verdadero salario mínimo y que éste sea determinado mediante decre-
to legislativo. Que los tribunales del trabajo sean integrados por jueces
imparciales, pertenecientes al poder judicial, y nunca más el gobierno
asuma funciones de juez y parte en materia laboral. Que la libertad
sindical de los trabajadores sea una de las libertades fundamentales de
todos los mexicanos y que el trabajo se aprecie y respete como una de
las funciones vitales del individuo en la sociedad.
14º Que la ley y el gobierno impidan la usura y promuevan la salvación de
las empresas y particulares arruinados por deudas. Que se establezca
una moratoria temporal de embargos por causa de insolvencia com-
probada. Que los recursos públicos no se usen para garantizar el cobro
de altas e injustas tasas de interés y que éstas sean reguladas por la ley
para impedir, tanto la expropiación del ahorro como el cobro desme-
surado de réditos.
15º Que cada quien pague impuestos según su riqueza e ingreso y que se
acaben las exenciones y prebendas fiscales, para que el erario sea sufi-
ciente a efecto de sufragar los gastos que requiere la sociedad, redistribuir
el ingreso y combatir la pobreza. Que se impulse el ahorro interno y se
garantice la utilización productiva del mismo, combatiendo la especula-
ción, la ganancia fácil y la concentración y centralización del capital y la
producción. Que sean buenas las leyes para perseguir los monopolios y
las tendencias monopólicas.
16º Que adquiera prioridad estratégica el fomento de las actividades pro-
ductivas y la creación de empleos, respaldándose a los sectores privado
y social. Que el Estado asuma la responsabilidad de apoyar a la pequeña
y mediana empresa a través del crédito, la desregulación administra-
tiva y el trato fiscal adecuado. Que cada campesino, asociado o inde-
pendiente, tenga el crédito necesario para producir y que los precios de
sus productos sean justos para evitar las transferencias de riqueza del
campo a la ciudad y lograr la autosuficiencia alimentaria del país. Que
la producción agrícola cuente con procesos industriales en las mismas
regiones y se suprima la intermediación innecesaria.
17º Que se respete la posesión y usufructo de la tierra de ejidos y comunida-
des. Que se promueva la libre asociación de los campesinos para que la
tierra rinda más. Que se evite el neolatifundismo y se persiga toda forma
de expoliación de los productores rurales. Que el obrero agrícola tenga
todos sus derechos garantizados por la ley y respetados por el gobierno,
los patronos y los tribunales.

220
To m o I . E l s i g l o x x

18º Que se proteja el medio ambiente a través de leyes justas y de la aplica-


ción escrupulosa de las mismas. Que se instituya el derecho de todos a un
medio ambiente sano. Que las comunidades y toda persona pueda pre-
sentar denuncia jurídica de los atentados contra el equilibrio ecológico y
la violación de las leyes de protección del ambiente. Que todo mexicano
reciba educación tendiente a respetar y preservar la naturaleza.
19º Que se reconozca el aporte de cada región a la riqueza nacional me-
diante la asignación de recursos de acuerdo con los beneficios que en
ella se generen, así como a las necesidades de su población. Que ningu-
na región carezca de medios para garantizar la vida digna de sus habi-
tantes. Que la federación mexicana sea una realidad, en el marco de la
unidad de la dación y de los principios básicos del Estado Nacional.
20º Que los recursos naturales estratégicos y su utilización se encuentren
bajo el pleno control de la nación mexicana y no se enajenen a favor de
intereses extranjeros. Que los hidrocarburos y sus derivados sean pro-
piedad efectiva de la nación. Incluyendo la petroquímica, y que se bus-
que disminuir hasta su eliminación la venta de petróleo crudo. Que la
tierra no sea concesionada para la construcción u operación privada de
ferrocarriles, carreteras, ductos, puertos y aeropuertos. Que se preser-
ven como tales los parques nacionales y las reservas ecológicas, y se de-
fienda el mar patrimonial que en las comunidades, municipios y estados
reciban provecho de los recursos naturales de sus regiones y adquieran
el derecho a participar en la protección de éstos.
21º Que la ley imponga límites al establecimiento de obligaciones con el
extranjero. Que se renegocien montos, plazos y condiciones de pago
de la deuda externa, y se haga valer el postulado de que nadie está obli-
gado a lo imposible. Que se modifiquen o denuncien las clausulas lesi-
vas a la soberanía nacional en los convenios y tratados internacionales.
Que las leyes y convenios comerciales se finquen en la igualdad jurídica
entre las partes, la equidad y el reconocimiento de los desequilibrios
económicos internacionales.
22º Que las fuerzas armadas sean leales al pueblo de México y resguarden
la soberanía y la integridad territorial. Que no se realicen prácticas ni
convenios de colaboración que puedan poner en peligro la soberanía
popular o la paz internacional. Que los militares no sean usados para
suplir las incapacidades políticas de los gobernantes.
23º Que al honrar a los héroes de la patria y reconocer el valor de quie-
nes han luchado por la independencia, la democracia y la justicia, los
mexicanos profundicen su relación con todos los pueblos del mundo,
finquen sus vínculos internacionales en el humanismo, la igualdad de
los seres humanos, el principio de autodeterminación de los pueblos
y las relaciones mutuamente benéficas entre las naciones, sin vínculos
de supeditación de un país sobre otro o de un poder transnacional so-

221
Nuestra Historia

bre un Estado independiente. Que el proceso histórico hacia formas de


gobierno mundial en los aspectos de interés de toda la humanidad se
realice en libertad y pleno respeto a la diferencia, la autodeterminación
y el bienestar y felicidad de los pueblos de la Tierra.

Mexicanas, mexicanos:

Nuestra patria se encuentra en una encrucijada: se logra la refundación de la Repú-


blica sobre bases de libertad, democracia y justicia, o el autoritarismo lanza al país
hacia caminos de violencia, intolerancia, degradación social y desorden. Una vez
más, la opción por el cambio progresista es la opción del pueblo.
El medio para obtener esa refundación republicana tendría que ser el del pacto
nacional, el de un amplio acuerdo para garantizar el tránsito de México a la demo-
cracia en el marco del pleno reconocimiento de las responsabilidades sociales del
Estado y la defensa de la soberanía nacional.
Convocamos a ese pacto nacional, el cual sería producto de una decisión y un
compromiso de las fuerzas políticas, sociales y culturales de México que desembo-
que en una nueva Constitución Política en la que se plasmen los derechos y liber-
tades que hoy son indispensables para garantizar la pertenencia de nuestra nación
al mundo de nuestra época.
Es hora de grandes y trascendentes reforma, de cambios progresivos en todos los
órdenes de la vida del país. Que no sea la violencia y el temor lo que postergue esas
transformaciones que ya están maduras. Que no sea la intransigencia o la protección
de intereses sectarios lo que impida ese pacto nacional. Que sea la voluntad colectiva,
e esfuerzo patriótico, lo que conduzca a México a un nuevo capítulo de su historia.

DEMOCRACIA YA, PATRIA PARA TODOS

Chilpancingo, Guerrero, 13 de septiembre de 1996


El Comité Ejecutivo Nacional del
Partido de la Revolución Democrática

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