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POESÍA FOLKLÓRICA: VALOR

Y VIGENCIA ACTUAL

Eduardo Ninamango Mallqui

Por las últimas investigaciones etnolingüísticas y


literarias, queda demostrado que la primeras manifestaciones de esta poesía
cobraron vigencia en tribus o grupos étnicos que antecedieron a los incas,
porque si bien es cierto que floreció en el Incanato, su producción se remonta
a los albores de los primeros hombres que lograron constituirse en grupos
socialmente organizados, quienes al lograr este estatus modificaron su
conducta y comenzaron a crear una serie de normas y pautas de carácter
espiritual que regulaban sus actividades cotidianas.
Por esta razón, quiérase o no, si hacemos una
revisión de todas las investigaciones realizadas por especialistas en la rama,
se deducirá que esta afirmación es correcta y significativa. Esta hipótesis que
en lingüística y literatura nos permite formular la noción de arte verbal, fue la
piedra angular de todas las producciones artístico – religiosas de los grupos
precolombinos, que fueron trasuntándose en diferentes formas de discurso,
por cierto acompañado de música. Al respecto, Hokett, refiere; "ciertos
discursos, breves o largos, que los miembros de la sociedad concuerdan en
valorar positivamente y en cuya repetición periódica, en forma esencialmente
idéntica, todos ellos insisten. Tales discursos constituyen la literatura de esa
sociedad"(1).

Volviendo al tema, estas actitudes conductuales


de naturaleza colectiva, que de ningún modo podían ser individuales, tienden a
su universalización en el seno de los ayllus a través de posturas filosóficas,
religiosas, amorosas y la valoración al descubrimiento de una nueva forma de
vida, justifica su real dimensión como grupo social. Por ello, el tópico que sirve
de indicio es sin duda el ayllu, pues solamente a través del estudio de estos
grupos étnicos llámese nómades, semisedentarios o sedentarios, se llega a
la conclusión de que fueron los germinadores de toda la inquietud espiritual
que posteriormente logró su perfección en grupos de mayor radiación como
fue la cultura de los Incas u otras que se desarrollaron en Latinoamérica (2).

Posteriormente cuando llegan al pleno


desarrollo del sedentarismo y conocen la domesticación de animales o la
agricultura, surge un carácter particular en el seno de los ayllus y estos,
frente a este nuevo factor que gravita en sus acciones, dan valor a los
elementos que conforman estos descubrimientos. Tal es el caso en la
agricultura, la tierra adquiere una importancia vital conjuntamente con sus
recursos y absorbe casi totalmente al individuo que anteriormente no reparaba
en su valor esencial. Esta traslación en su modo de vivir y marca el
surgimiento de una escala de valores espirituales en base a su condición
psicológica haciendo que de allí para adelante busquen nuevos sistemas
organizativos que puedan normar su evolución como grupo. En este período el
ayllu, sistematiza su modo de vivir, organizando su propio estado social que
sirve como transición al advenimiento de las primeras culturas primitivas que
habitaron en el Perú.

En esta etapa, es decir, en el período pre-inca


es cuando salta a la vista culturas como Mochica, Chimú, Chavín, Nazca, etc;
y con ellos, la dación de la poesía folklórica en forma imperceptible y con
matices mágico religiosas. Sin embargo este no induce a deducir que su
estado gestacional no haya tenido su origen en esta época, por el contrario,
aquí es donde logra enraizar su corpus y se constituye en una manifestación
primaria en el accionar de estas culturas. Si bien es cierto que estas
afloraciones fueron rústicas y confusas, mal podría negarse que la prodigiosa
imaginación del hombre primitivo aún no estuviera en juego, sin antes
encuadrar la evolución de estos grupos y calibrar su capacidad de aprensión
y entendimiento (3).
Al respecto, es primordial afirmar que
solamente la habilidad creadora del hombre, su relación, con el medio natural
o en el último de los casos, su identificación cosmogónica, pudo lograr
vivencias de esa naturaleza a lo largo de su existencia. Por tal razón, lo que
caracterizó a las diversas culturas primitivas en su evolución cognoscitiva y
ordenamiento social, fue la constante búsqueda de nuevos valores que
ampliaran sus conocimientos rudimentarios de Astronomía, Arquitectura,
Agronomía, Cerámica, Pintura, Poesía etc. que descubrieron primigeniamente
como producto de sus luchas con el universo que les tocó habitar. Es más, en
ese constante flujo de ir creando valores y sistemas lo conlleva a determinar
su existencia frente a su realidad.

De este bagaje de conocimientos


adquiridos, en particular, interesa los valores espirituales, porque a la par que
descubrían la belleza que escondía la naturaleza y el rol que ésta cumplió en
su estado de ánimo marca la génesis de su comportamiento y estilo de vida.
Dentro de este afán asimilativo fue desarrollándose la poesía folklórica, pues,
el hombre de esta época logra captar las sensaciones que la naturaleza
emanaba y se convierte en un ser cosmogónico, panteísta o supersticioso que
a la final será la exteriorización de seres divinos, fiestas, tradiciones,
expresiones míticas entre otras. Parámetros que servían como base, para
que ellos adoraban o rendían culto para luego crear ritos o takis que
sublimaran el elemento que consideraban sagrado o importante.

Pero donde ya se puede hablar de una poesía


folklórica con características que la sitúan en este género es en el incanato;
pues mientras el imperio llegaba a la cúspide de su florecimiento, la difusión
de esta poesía fue casi total y si no alcanzó la totalidad fue por su carácter
popular y anónimo. Por cierto, esta característica en ningún momento afectó
su expresividad lírica, tampoco su contenido porque a la vez que justificaba
su importancia en actos como la siembra, cosechas o fiestas costumbristas
etc., también se adentró en el terreno sentimental, enriqueciendo su mundo y
quizás alcanzando su máximo esplendor como poesía pura. Merced a ello, los
elementos que circundaban al hombre incaico, pasan a un primer plano y se
sitúan en lugares preferentes de su mente influyendo desde allí en cada uno
de sus actos.

En ese sentido a través de las manifestaciones líricas


populares, de carácter anónimo representa una de las manifestaciones
amorosas, telúricas y mágico religiosos del hombre incaico en todas sus
facetas y también de hacer participar a la naturaleza como si fuera un
elemento vivo más del mundo cosmogónico que fue construyendo desde el
estado precolombino. Por los estudios realizados por Garibay, Jesús Lara,
José María Arguedas y Edmundo Bendezú (4), entre otros, el pasado,
presente y futuro de la poesía folklórica, mantiene una vigencia y actualidad
muy bien encaramado en la música popular. Justamente, Bendezú refiere: “El
hombre andino nunca dejó de cantar en su intimidad lo que había aprendido
de sus antepasados, aunque mucho había olvidado, y siguió creando su arte
verbal sobre la base de formas aprendidas y ejercitando su memoria dentro de
los esquemas de composición poética y narrativa, altamente popular y
repetitiva” (5).

Estos factores y quizás muchos más, hicieron que la


mente del hombre incaico se agudizara y los elementos como el río, el sol, el
peñasco, la sequía, la siembra, la paloma etc., por decir así, se transfiguraran
en caracteres simbólicos individuales o colectivos. De allí que haya habido
una fuerte predominancia de elementos cósmicos en la vida del hombre
incaico impregnado de telurismo, panteísmo e inmortalidad (6) .Esta afluencia
de caracteres hizo que en el incanato adquiera una importancia y sobre todo
en los sectores menos favorecidos por la nobleza, quizás por esta
segregación entre nobleza y pueblo su auge lo tuvo en las masas populares,
pero sin perder su fluidez, lirismo, expresividad; por el contrario sus versos son
profundos y en cada uno de ellos vienen los estados de ánimo del morador
incaico(7).
Mientras transcurría la colonia, es de aceptar que
esta poesía no sufrió alteraciones en su contenido, mucho menos en su
esencia y siguió desarrollándose como si el fenómeno de transculturizacion
no afectara en lo mínimo su universo. Sin embargo cuando la cultura
dominante de los españoles quiso apuntalar su dominio en este campo, el
rechazo fue total, porque esta poesía era celosamente conservada en el seno
de los vencidos en materia pero no en espíritu, pues lejos de asimilarse a la
cultura invasora como pasó con la poesía imperial religiosa, se constituyó en
un hilo de ligazón entre las generaciones ancestrales de vencidos pero que
seguían desarrollando la vena creativa de sus mayores venidas desde la etapa
precolombina.
Como lazo espiritual fue haciéndose indestructible
y sentó su raíz en la ponderación telúrica, expresión burlesca o descripción
satírica, rechazando la imposición de los colonizadores para finalmente
irradiar su difusión desde la clandestinidad como eslabón de generaciones
que solamente se comunicaron a través de un lenguaje oral. Además,
cuando la colonia quiso exterminar este bastión, inconscientemente fortificó
su vena pues sabiamente asimiló lo positivo y fue transportándolo a su
mundo para luego convertirse en una expresión eminentemente indígena.
Quizás aquí está la simiente del término de poesía popular, sin embargo los
términos no vienen a ser la suma de los contenidos, porque la esencia en sí
no varía sino las manifestaciones, pero lo importante de la poesía folklórica
en la colonia radica en no haber perdido su vitalidad, pues de lo contrario, hay
la posibilidad de creer que en la República no habría testimonio del rol que
cumplió en bien de la masa marginada y de ser un eslabón vital en la
pervivencia de las costumbres y tradiciones que hasta hoy perduran en
pueblos de la zona andina a través de la música popular(8).

La República como suceso político marca un hito en la


continuidad de la poesía folklórica, por ello, lo que inicialmente fue una
manifestación de una sola clase, es decir, de la casta marginada o popular;
más adelante será también de una nueva clase que se ovuló en la colonia
pero que recién aparece como fenómeno social en la República. Socialmente
esta época sirve como eje para una serie de cambios que el Perú ha vivido,
pero en el arte, sobre todo en el Indígena no hubo variaciones; solamente la
aparición del mestizo, confunde un tanto la expresividad indígena; pues los
mestizos como clase devinieron en la mayoría de la clase India y por efecto
de la hibridación fueron marginados por los españoles y también por los
indios, sin embargo esta marginación duró poco, pues gradualmente fueron
asimilándose a la cultura andina, para más tarde hacer como suyas muchas
vivencias que anteriormente pertenecieron a la masa indígena (9).
En este período de dilaciones, mientras aún no se
define la nueva cultura peruana, los mestizos tienen cierta pujanza en
diversas actividades como el caso de hacer aparecer el charango como
instrumento dulce y lacónico, pero una vez que los criollos suben al poder y
establecen su actitud de ejercer la misma política de los españoles y quien
sabe más cruel y tenaz, tanto los mestizos como la masa indígena volverán a
sufrir las vejaciones y discriminaciones generacionales que los caracterizó
como estrato social totalmente marginado(10) .En tal sentido el cambio político
de los españoles a los criollos no hizo otra cosa que marginar nuevamente a
estas dos clases, pero a la cabeza estaban los mestizos, porque sufrían más
o igual que la masa indígena.
Pese a estas dificultades, el resultado no se
esperó, la poesía folklórica única arma que aún no había sido quebrantada
sirve para justificar el lamento del mestizo y del indígena, testimoniando su
melancolía en la creación de géneros lacónicos como el yaraví, triste o
estampas que llegan a tener la catadura de popular pero lo importante de
este fenómeno es recalcar que la poesía folklórica, tuvo cierta absorción y
enriquecimiento, pues por acción de los mestizos convierte su contenido en
versificaciones populares, ahora no solo por la expresividad verbal, sino con el
adentramiento de instrumentos musicales que a la larga será conocido como
arte popular, vigente en la actualidad contemporánea, aunque sin perder su
esencia que prevalecía aunque la letra o música fueran cambiados (11).
Por esa razón, en la actualidad cuando hablamos de
poesía folklórica, casi siempre se aborda desde el consenso de la poesía
popular manifestado generalmente en el huayno, pero la transmutación de
valores que deviene de tiempos pretéritos es latente en los pueblos actuales,
pues el huayno sirve como antena que cataliza los acontecimientos que se
dan en la vida de los grupos y cumple el rol de reflejar los valores de estas
masas que difícilmente pueden ser registradas por ciencias que no conocen
esta realidad (12). Es de entender que estas manifestaciones vivenciales, por
no decir testimonios, surgen como producto de la discriminación o
segregación social en el que se encuentra el poeta indio, pues lejos de
valorizar su arte, su capacidad creadora o su rol protagónico, se le
caracteriza como un ser sin porvenir y sin lugar en la cultura peruana.
Sin embargo la realidad es otra, debemos
comprender y quizás reconocer que solamente en este artista, hasta ahora
ignorado y casi desconocido en el arte verbal, se encuentra el alma de la
cultura andina, quienes a través de diferentes y variados trovas populares
acompañado de música, danzas y cultos, reflejan las diversas
manifestaciones costumbristas que por cierto no son de ahora, sino de sus
antepasados, es decir, aunque contaminados con la modernidad cultural, son
testigos presenciales de su acontecer histórico ancestral. Hecho que nos invita
a pensar que aquí puede estar la respuesta al enigma de la tesis pluricultural
y multilingüe que el Perú vive (13). Por ello es imprescindible que se revalore
al folklore en general, desusando los análisis formalistas que en nada
contribuyen en explicar este fenómeno social, débilmente propuesto por los
estudios actuales de interculturalidad.
Para terminar, no se debe desmerecer la labor de
José María Arguedas, quien según Martín Lienhard, asume el rol histórico de
ser un etnólogo literario (14) y se caracteriza por buscar lo genuinamente
andino, pero circunscrito al contexto político y cultural, es decir, que intenta
recopilar los hechos culturales del hombre andino para demostrar el valor del
arte indígena o popular como hoy se le quiera llamar. Vale traer a colación
una cita que Arguedas hace del huayno:”El wayno anónimo en cuyos versos
esta el corazón del pueblo desnudo y visible, el wayno del norte, del sur, del
este y del oriente, de la quebrada y de la puna alta: del indio de la puna
grande, solitario, aislado dominado por la fuerza y la imagen que en su interior
de los “Apus”(montañas);del indio de quebradas negociante, enamorado,
frecuente en que el mestizo empieza a ser poeta visible ,y famoso en su
provincia; huaynos en los que el alma del mestizo, guía del Perú está tan
clara y tan visible como el alma popular de todos los tiempos del Perú en el
wayno anónimo… ” (15).

NOTAS:

1 Hockett, Charles F. Curso de lingüística moderna. Trad. De Emma


Gregores y Jorge Alberto Suárez, Buenos Aires, 1971.
2. Castro Pozo, Hildebrando: Del Ayllu al cooperativismo socialista de
los Incas. Mejia Baca editor. Lima 1969
3. Lemann, Henri: Las culturas Precolombinas. Ed. Eudeba. Buenos Aires
1969.
4. Iberico Rodríguez mariano: El Sentimiento de la vida cósmica. Ed.
Losada. Buenos Aires 1949.

5. Garibay, Angel María. Historia de la literatura náhuatl, Porrúa, México,


1992.

6. Bendezú A., Edmundo Literatura quechua. Biblioteca Ayacucho, Caracas,

1980.

7. Lara, Jesús. Poesía quechua. Fondo de Cultura Económica, México,


1979.

8. Guamán Poma de Ayala Felipe: La Nueva Corónica y Buen Gobierno.


C.E.M. Lima 1965

9. Revista Histórica: Tomo XXVII pp.274, Lima 1965


10. Arguedas José María: Realidad Nacional Tomo II. Retablo de Papel Ed.
Lima 1975
11. Mariátegui José Carlos: Siete ensayos de la realidad peruana. Ed.
Amauta Lima 1975.
12. Bajtín, Mijaíl: “ La palabra, el diálogo y la novela”, en Intertextualité.
Francia en el origen de un término y el desarrollo de un concepto.
Navarro, Desiderio (comp..). La Habana: UNEAC/Casa de las Américas,
1997.
13. Torero, Alfredo: El quechua y la historia social andina. Edit. Universidad
Ricardo Palma. 1985
14. Revista Folklore: Año II, Nº 4. Marzo 1943.
15. Arguedas José María: La canción popular Mestiza en el Perú. La
Prensa de Buenos Aires, Agosto de 1965.

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