Francisco GIL CRAVIOTTO

PRÓLOGO
(Sebastián Roch, novela de Octave Mirbeau)
I. El personaje : Octave Mirbeau
Un niño de la alta burguesía rural
Octave Marie-Henri Mirbeau nació en Trévières 1 (Calvados,
Baja Normandía, tierra de prados, manzanos, vacas lecheras y
acantilados) el 16 de febrero de 1848 – precisamente el año de la
revolución que dio al traste con la monarquía de Luís Felipe de
Orleáns –, su padre era oficial de salud 2 y sus dos abuelos notarios.
Su infancia, en Rémalard3, a donde en 1849 fue a parar la familia,
hasta que entró en el colegio jesuítico de Vannes 4, no fue mejor ni
peor que la de cualquier niño de la alta burguesía rural francesa de
aquella época. Es posible encontrar algunas pinceladas de la misma
en sus llamadas novelas autobiográficas, especialmente en la titulada
Le Calvaire. Fue a los once años cuando entra interno en el colegio
San Francisco Javier de Vannes. Allí permaneció cuatro años que
después él calificó de auténtico “infierno”. Sus notas son
deplorables5. El 9 de de junio de 1863 es expulsado del colegio. Años
después, en la novela autobiográfica Sebastián Roch – quizás la obra
1 Trevières : Pueblo francés del departamento de Calvados (Baja Normandía) de 938
habitantes (en la época de Mirbeau llegó a los 1 100 habitantes), atravesado por el río Auré.
Entre sus monumentos se encuentra la casa donde nació Octave Mirbeau.
2 Los oficiales de salud habían hecho sus estudios de medicina, pero sin alcanzar el grado de
doctor. Esta forma de ejercicio de la profesión fue suprimida en 1892.
3 Rémalard : Comuna francesa del departamento del Orne, Baja Normandía. Población actual:
1 297 habitantes.
4 Vannes : Ciudad francesa, situada en el departamento del Morbihan, (Bretaña) en el
estuario del río Marle, a 15 kilómetros del Atlántico. Población actual: 60 000 habitantes. En
la época de Mirbeau: 1 .690.
5 En la novela Sebastián Roch, Mirbeau nos dice que, cuando un alumno inteligente tiene
malas notas, está utilizando la única manera que tiene para protestar de sus maestros.

más crítica contra los colegios de curas que hasta ahora se ha escrito
– nos da su visión del colegio y el profesorado. No puede ser más
negativa. Será en 1866, como alumno libre, cuando obtendrá, de la
Academia de Caen6, el diploma de bachiller en letras.
Ni médico ni notario: escritor
Ese mismo año, en noviembre, ya está en París. En teoría es
estudiante de Derecho. El deseo de la familia es que sea abogado y
después notario. También hubiesen aceptado la carrera de medicina,
pero en modo alguno la de escritor. Sin embargo, él no siente la
menor atracción por ninguna de estas dos carreras y, aunque
matriculado en Derecho, apenas si visita la facultad. Desde su llegaba
a París, se dedica a disfrutar de los encantos femeninos y, si creemos
a Edmond de Goncourt, durante cuatro meses fue esclavo del opio.
En 1868 abandona totalmente los estudios de derecho.
El 19 de julio de 1870 Napoleón III declara la guerra a Prusia.
Mirbeau, en edad militar, se alista en la guardia móvil del Orne
(cuarto batallón, cuarta compañía). El 31 de julio participa en el
primer combate. El 4 de septiembre, tras la derrota de Sedán, el
Imperio es reemplazado por la III República, que sigue la lucha
contra Alemania, y el día 27 de septiembre de ese mismo año
Mirbeau es ascendido a lugarteniente. Será en otro de sus libros Le
Calvaire – una de sus obras más polémicas y comentadas por amigos
y enemigos –, donde Mirbeau, a través de su alter ego Jean Mintié,
nos da cuenta de su estancia en el ejército.
Periodista y escritor
En 1872, tras diversas aventuras y desventuras, termina su
época militar. Está de nuevo en París y decide dedicarse al
periodismo y la literatura. Sus primeros pasos periodísticos tienen
lugar en las páginas de L´Illustration. También colabora en el
periódico bonapartista L´Ordre, (El Orden), donde se ocupa de la
6 Caen : Capital y la ciudad más grande de la Baja Normandía. Población actual 109
630 habitantes.

crítica de arte. Tiene que vivir y para vivir no le queda más solución
que aceptar lo que le cae. Y lo que le cae, de momento, como él dirá
después, es, la “negrura”: hace de “negro” y, durante unos diez años,
escribe folletines para los periódicos que, contrariamente a sus
críticas de arte, siempre firma con seudónimo. Es la época que él
llamará después de la prostitución de su pluma. A comienzos de los
años ochenta decide romper con tal sistema de trabajo, escribir con
su nombre y apellido y, aunque un poco tarde, inicia su integración
en las letras francesas.
La revista Les Grimaces
Es también en esta época –año 1883- cuando funda, junto con
Paul Hervieu7, Alfred Capus8 y Étienne Grosclaude, la revista Les
Grimaces (“Las Muecas”), publicación semanal de pequeño formato
que apadrina y subvenciona Edmond Joubert, vicepresidente del
banco de Paris y Pays-Bas. El primer número sale a la luz el 21 de
julio de ese año.
Para Mirbeau la revista era sobre todo un órgano de combate
contra los oportunistas que están en el poder a los que acusa de ser
una banda de bandoleros que están saqueando Francia. Aprovecha la
circunstancia de la aparición de una terrible epidemia de cólera 9 para
insertar en ese primer número su Ode au cholera (“Oda al cólera”)
que, debido a su aire sarcástico y panfletario, muy pronto se hará
famosa. Comienza así;
¡Yo te saludo, cólera!...
Tu misión es sublime. (…)
Instálate aquí, ¡oh mi bello rey arrogante!,
pues es aquí donde se congregan
las podredumbres y los crímenes que tú vas a barrer. (….)
Instálate en los tronos abandonados,
¡oh soberano arrogante!, y reina como amo,
sublime y justiciero.
7 Paul Hervieu : Neuilly-sur-Seine, 2 de septiembre de 1857, París, 1915. Escritor y
periodista.
8 Alfred Capus : Aix-en-Provence, 25 de noviembre de 1857; Neuilly-sur-Seine, 1 de
noviembre de 1922. Escritor y periodista.
9 En la novela Dans le ciel también aparece una epidemia de cólera que se lleva, entre otras
muchas personas, a los padres del protagonista

La revista Les Grimaces publicó varios artículos antisemitas,
cosa normal, dado que el patrocinador, la BNP, la subvencionaba,
precisamente para luchar contra el banco Rothschild 10, que era su
principal adversario. El 12 de enero de 1884 apareció el último
número de la revista Les Grimaces. El patrocinador había cerrado el
grifo de la subvención. A pesar de tan corta vida –tan sólo 26
números y cinco meses de existencia-, Mirbeau, debido al obstinado
énfasis de sus artículos, aunque no colaboró en los tres últimos
números, tuvo tiempo suficiente para cosechar multitud de insultos y
nada menos que cuatro duelos. De todos salió vivo.
Un pacifista beligerante
Desde el año 1883, en el que se inicia la publicación de la
revista Les Grimaces, hasta el año 1913, en el que aparece Dingo,
último libro de nuestro autor, transcurren treinta años, que
corresponden a la época creativa de Mirbeau. Detrás está la etapa de
lo que él llamó “prostitución de su pluma”, en la que siempre firmó
con seudónimos; delante, sólo le quedan cuatro años de enfermedad y
agotamiento total, sin la menor producción literaria. Ni siquiera pudo
terminar su último libro. Murió en París el 16 de febrero de 1917 –
día de su cumpleaños –, justo cuando la primera guerra mundial
estaba en todo su apogeo.
El total de su existencia suma sesenta y nueve años, ni un día
más ni un día menos, que don Octavio aprovechó para escribir –
teatro, novela, infinidad de artículos (dicen que era el periodista
mejor pagado de su tiempo), cuentos y críticas de literatura y arte,
(fue el gran promotor de los impresionistas) –, vivir ardientes amores
y desamores, polemizar contra todos los gerifaltes de la derecha de
entonces – le llamaban el “millonario rojo” –, denostar contra curas,
burgueses y banqueros y, redomado hedonista, disfrutar de todos los
deleites de la vida.
Infatigable denunciador.
10 Rothschild : Una familia judeo alemana, algunos de cuyos integrantes fundaron un banco
en el siglo XVIII y acabaron convirtiéndose en el XIX en uno de los linajes banqueros más
influyentes de Europa.

El primer libro que Mirbeau firma con su nombre y apellido,
Lettres de ma chaumière, apareció en 1885. Es un conjunto de relatos
de tema rural en los que ya es posible percibir un claro matiz
denunciador. Valga de ejemplo este fragmento:
Un hombre mata a otro para robarle la cartera; se le detiene, se le
encarcela, se le condena a muerte y muere ignominiosamente maldito
por las multitudes. (…) Un pueblo asesina a otro pueblo para robarle sus
campos, sus casas, sus riquezas, sus costumbres, se le aclama, las
ciudades se engalanan para recibir a los que entran cubiertos de sangre y
despojos; los poetas les cantan versos embriagadores, los músicos les
dedican fiestas y cortejos de honor con banderas y fanfarrias. (…) A los
que más han asesinado, más han robado, más han incendiado, se les
conceden títulos rimbombantes, honores gloriosos, que deben perpetuar
sus nombres para siempre.

El siguiente libro, Le Calvaire, publicado en 1886, aún más
subversivo y denunciador, tuvo un extraordinario éxito de ventas.
También recibió su autor toda clase de insultos y amenazas. Sus
dardos más fuertes iban contra la milicia y los belicistas.
En el año 1888 aparecen dos publicaciones de Mirbeau, L´Abbé
Jules (“El Abate Julio”) – el cura que oscila del fervor religioso al
más descarado ateísmo –, y La Grève des électeurs (“La huelga de
los electores”), ensayo de tinte anarquizante, que primero apareció en
Le Figaro y después lo publicó en formato de libro. En este ensayo
podemos leer frases tan significativas como las que traduzco a
continuación:
Los corderos van al matadero. No se dicen nada ni esperan nada.
Pero al menos no votan por el matarife que los sacrificará ni por el
burgués que se los comerá. Más bestia que las bestias, más cordero que
los corderos, el elector designa a su matarife y elige a su burgués. Ha
hecho revoluciones para conquistar ese derecho.

¿Desencanto ante los pésimos resultados que la clase obrera
había conseguido en Francia después de tantas revoluciones, huelgas
y barricadas? Indudablemente que sí, pero también fruto de la
asimilación de las doctrinas anarco-libertarias que consideraban que
el voto es un asunto meramente burgués, que no le afecta para nada a
las clases trabajadoras y que, ganen unos u otros, su situación no
cambiará.

En el año 1890, con la publicación de Sebastián Roch, Octave
Mirbeau llega a la cumbre de sus novelas-denuncia, pero el estudio
de este libro lo reservamos para la segunda parte de este prólogo.
“L´affaire Dreyfus”
El caso Dreyfus11, que llena los últimos años del siglo XIX y
primeros del XX, dividió a los franceses en dos grandes grupos: los
que estaban a favor del capitán Dreyfys, injustamente condenado por
unos delitos que no había cometido, y los que estaban en contra, es
decir, a favor de los militares que lo condenaron. La posición de
Mirbeau fue neta y decidida desde el primer día – siempre a favor del
capitán Dreyfus y en contra de los militares –, pero se hizo
especialmente engagé a partir de 1898, cuando Émile Zola 12, se
partió el pecho con su famoso J´accuse13, publicado en el periódico
L’Aurore.
En los comienzos del siglo XX, aparte de varios libros menores
y una interesante y exitosa producción teatral, Mirbeau nos dejó dos
importantes novelas, Le Jardin des supplices (“El Jardín de los
suplicios”), marcadamente anticolonialista, y Le Journal d´une
femme de chambre (“Diario de una camarera”), crítica y
antiburguesa, que años después llevaría Luís Buñuel al cine, al
tiempo que, siempre defensor de las vanguardias artísticas, se
convirtió en el gran valedor de los impresionistas 14. Así lo
demuestran sus valiosísimas críticas de arte.

11 El caso Dreyfus.- Es un conflicto político y social que tuvo lugar durante la III República.
El capitán Alfred Dreyfus, francés de origen judío, fue, acusado de alta traición, pero
finalmente resultó inocente. El hecho conmocionó a la sociedad francesa, que durante doce
años, de 1894 a 1906, se dividió en dos grupos opuestos: Los “dreyfusards”, partidarios de la
inocencia del capitán, y los antidreyfusards”, partidarios de su culpabilidad.
12 Sin embargo jamás compartió los credos literarios de Zola..
13 El artículo de Émile Zola J´accuse, publicado en el periódico L’Aurore en 1898, provocó
una sucesión de crisis políticas y sociales, que tuvieron su momento álgido en 1899 y dividió
a los franceses en dos campos opuestos: dreyfusards (partidarios de Dreyfus) y
antidreyfusards (enemigos de Dreyfus). Tanto Zola como Mirbeau fueron ardientes defensores
de Dreyfus. El caso Dreyfus ha pasado a la Historia como el símbolo moderno y universal de
la iniquidad en nombre de la razón de Estado.
14 Mirbeau fue amigo personal de Claude Monet – con él mantuvo una interesantísima
correspondencia –, de Pissarro y Rodin.

Ecologista “avant la lettre”
Otro punto importante en la biografía de Octave Mirbeau, es su
decidida posición ecologista15 – un ecologista “avant la lettre” – y su
inconfundible amor por los animales y las plantas. Él fue el primer
escritor francés que, además de haber publicado numerosos cuentos
de tema bestiario, incluso escribió un cuento en el que el protagonista
es un sapo, dedicó un libro completo a un animal: su perro, Dingo.
Otro punto que tampoco podemos olvidar es su posición pacifista, en
una época en que el pacifismo se podía pagar con la vida.
Recordemos el caso de Jean Jaurés16, asesinado por un fanático.
Etapa final
Los últimos años de Octave Mirbeau fueron particularmente
duros y tristes: prematuramente viejo y enfermo, llegó un momento
en que ni siquiera podía escribir y tuvo que buscarse un “negro” para
lograr terminar su último libro, el ya mencionado Dingo. Tuvo la
suerte de dar con un hombre extraordinario: el joven Leon Werth, que
años después, sería un importante escritor. Por último, con el
estallido de la Primera Guerra Mundial, a sus muchos achaques unió
el dolor de ver que la idiotez humana seguía imparable y, día tras día,
lo mejor de la juventud de entonces, iba muriendo en las trincheras
Falleció, como ya sabemos, en plena guerra, el 16 de febrero de 1917
– el mismo día de su cumpleaños – e inmediatamente su viuda, la
bella ex-actriz de teatro Alice Regnault17 – siempre actriz secundaria
de obras secundarias – se apresuró a malvender su magnífica
biblioteca y su extraordinaria colección de cuadros, una de las
mejores de la época. Uno de los muchos cuadros que malbarató fue el
de los Lirios de Van Gogh. Pero también cayeron otros de Cézanne,
15 Ecología : Parece que la palabra “ecología” (“ekologie” en alemán) ha sido creada
en 1866 por Ernest Haeckel. […] En cuanto a las preocupaciones ecológicas propiamente
dichas, no aparecen, y muy modestamente, hasta los años veinte. –Nota tomada de la edición
francesa de Pierre Michel
16 Jean Jaurés : Castres (Francia), 3 de septiembre de 1859; París 31 de3 julio de 1914.
Político y pensador socialista. Fundó el periódico L´Humanité en 1904. Murió asesinado.
17 Alicia Regnault : Augustine-Alexandrine Toulet, más conocida por el seudónimo de Alice
Regnault. 5, febrero, 1849; 12, julio, 1931. Actriz de poco talento y gran belleza. Contrajo
matrimonio con Octave Mirbeau en Londres, mayo de 1887.

Gauguin, Maurice Denis, Pissarro, Renoir, Monet, Seurat, Roussel,
etc. Antes de todo esto Alice, después de treinta años de convivencia,
traicionó a su marido publicando un falso “Testamento político de
Octave Mirbeau”, obra de Gustave Hervé18, personaje tránsfuga del
socialismo a la derecha más conservadora, que estaba en las
antípodas del verdadero pensamiento del escritor.
Después de muerto Mirbeau, durante bastantes años, estuvieron
apareciendo obras póstumas. Hasta doce libros póstumos podemos
contar hoy en el conjunto de su obra. El primero de ellos, publicado
por Flammarion poco después de su muerte, en 1918, es La Vache
tachetée (La vaca manchada); el último, Des écrivains, (De los
escritores), dividido en dos partes, lo publicó el mismo editor en
1926.
Presentado, aunque sea muy someramente, el personaje, me
parece indispensable adentrarnos en la obra que el lector tiene en las
manos.
** *
II. La novela Sebastián Roch
Un precedente
Antes de entrar en el libro de Mirbeau, me parece de justicia
señalar, al menos en algunos aspectos, un importante precedente: la
novela L´Enfant de Jules Vallés19 (1832-1885), primer tomo de su
autobiografía novelada, publicada en París en 1878. Sólo con echar
18 Gustave Hervé (1871-1944) : Político francés, primero socialista y después
fascista., en 1917, a petición de Alicia Regnault, escribió un falso “Testamento político de
Octave Mirbeau” y posteriormente pronuncia un discurso sobre la tumba del gran escritor que
hizo huir a todos los verdaderos amigos de Mirbeau.
19 Jules Vallès : Escritor francés. Nace en Le Puy en 1882 y muere en París en 1885.
Su primer libro El Dinero es un virulento ataque contra el financiero Mirés. Poco después
participa en una conspiración contra Napoleón III. En 1870 funda el periódico Le Cri du
peuple (“El grito del pueblo”), desde el que apoyaba a la Comuna de París. Tras la semana
sangrienta logró huir a Inglaterra. Fue condenado a muerte en rebeldía y no pudo volver a
Francia hasta 1883. Falleció dos años después. Lo más importante de su obra es el ciclo de sus
novelas autobiográficas: El Niño, El Bachiller, El Insurrecto.

una ojeada a la dedicatoria que figura al comienzo del libro ya se está
viendo que se trata de una obra eminentemente crítica con la familia
y la escuela de la época. Dice así:
“A todos los que se mueren de aburrimiento en el colegio o a los
que les hicieron llorar en la familia, a los que en su infancia fueron
tiranizados por sus maestros o apaleados por sus padres, dedico este
libro”.

La familia y la escuela también van a ser dos importantes
puntos de atención y denuncia en la novela Sebastián Roch, pero,
junto a ellos, como en seguida vamos a ver, hay otros aspectos
completamente inéditos en esta novela de Mirbeau que nada tienen
que ver con la obra de Jules Vallés.
En cuanto a la obrita Le Petit Chose de Alphonse Daudet, una
auténtica joya literaria, publicada en 1866, el parentesco con la
novela de Mirbeau es aún más lejano
Una apasionada denuncia contra los colegios de curas
La novela Sebastián Roch20, publicada doce años después que L
´Enfant, de Jules Vallés y treinta y cuatro después que Le Petit
Chose, de Alphonse Daudet, está considerada como la más acusadora
denuncia literaria contra los internados de curas y frailes que hasta
ahora se ha escrito. En ella Mirbeau pone al descubierto uno de los
secretos mejor guardados durante siglos: los abusos sexuales en los
centros docentes o de caridad regentados por la Iglesia. Mirbeau lo
hace con un encono tan profundo y dolorido que, todavía en 1902, en
una encuesta de la Revue Blanche, a una pregunta sobre este
particular, nuestro escritor respondió estas palabras:
“Yo no tengo más que un odio en el corazón, pero es un odio
profundo y vivo: la educación religiosa”

Ese mismo odio es el que aparece en la novela. Un odio que
afecta a todas las religiones y muy especialmente a la católica, a

20 Primero se publicó, en forma de folletín, en el periódico L´Écho de Paris; después
apareció en formato libro el 26 de abril de 1890, publicada por la editorial Charpentier.

cuyos representantes, los curas y frailes, acusa de adoctrinamiento y
manipulación de los cerebros.
Los mencionados curas y frailes, así como el resto de la Francia
bienpensante, en solidaridad con ellos, respondieron al ataque
declarando al escritor la guerra del silencio. Ni una palabra sobre el
libro en toda la prensa que, de una manera más o menos descarada,
controlaba la Iglesia – lo que papas y obispos llamaban entonces la
“buena prensa“.
La guerra del silencio
Que la Iglesia, en lugar de presentar batalla optase por el
silencio, sin arremeter en ningún momento contra el libro, se explica
por el rotundo éxito de la novela anterior de Mirbeau, Le Calvaire.
Contra ella y su autor toda la prensa conservadora desenvainó plumas
y espadas. El resultado de tal combate fue aleccionador: en menos de
ocho días se agotó la primera edición y, en cuestión de unos pocos
meses, el libro había llegado a la décima edición. Escarmentados ante
tan desalentadora experiencia, esta vez optaron por la estrategia
contraria: la conspiración del silencio. Así consiguieron que la novela
Sebastián Roch pasara sin pena ni gloria. Esta conspiración del
silencio no pudo impedir que las mentes más esclarecidas de
entonces – Claude Monet, Rodin, Hervieu, Mallarmé, Daudet, etc. –
recibieran las obra con los mayores elogios.
Ahora, algo más de un siglo después, es el anterior papa,
Benedicto XVI, el que, al pedir perdón en Sidney por los abusos
sexuales cometidos por curas y frailes en colegios católicos, trae a la
actualidad el lejano y acusador libro de Mirbeau, cuyo tema principal
es, precisamente, ése: la doble violación – de mente y de cuerpo – de
un niño, Sebastián Roch, en un colegio de jesuitas, el colegio San
Francisco Javier de Vannes (Bretaña), que el escritor nos define
“como una gran prisión de piedra gris”. Una vez dentro la idea de
cárcel se confirma y amplía. Una cárcel en la que a los condenados –
condenados por el solo delito de ser niños y no disponer de su
voluntad –, se les adoctrina, se les manipula y viola.
Génesis de la novela

Sabemos que Mirbeau comenzó a escribir su novela en 1888.
También sabemos que el primer título que había pensado para la obra
era Petit Meuble; pero, dado que recordaba demasiado el Petit Chose
de Alphonse Daudet y gracias a los buenos oficios del amigo común
Paul Hervieu, ambos escritores se habían reconciliado, para evitar
posibles suspicacias, decidió cambiarle el título y utilizar como tal el
nombre del protagonista, Sebastián Roch, el niño que, cuando entra
en el colegio San Francisco Javier de los jesuitas, es “un alma
ingenua, sana, portadora de una sensibilidad de artista” y, cuando
cuatro años después sale expulsado del mismo, “es un adolescente
desorientado, desequilibrado, culpabilizado, con una sensibilidad
traumatizada e incapaz de elaborar un pensamiento original”. Tan
cruel transformación es la obra del colegio mediante un
envenenamiento progresivo que lo mismo afecta al cuerpo que al
espíritu. Sigue Mirbeau así su razonamiento:
Cuando llegó era ignorante y cándido; cuando salió era ignorante
y mancillado. Llegó lleno de fe ingenua; salió lleno de dudas
hostigadoras. Aquella paz del alma, aquella tranquilidad del cuerpo que
tenía cunando entró en esta casa maldita, un vicio atroz y devorador lo
reemplazaba, y con él iban los remordimientos, el hastío, las angustias
perpetuas.

Realismo denunciador
Contrariamente a otras obras de Mirbeau, en las que el
escenario en donde transcurre la acción del libro queda envuelto en la
niebla de la desmemoria – “en un lejano lugar”, se nos dice, por
ejemplo, en las Lettres de ma chaumière –, o se nos da un nombre
falso, como ocurre en Dingo, en la novela Sebastián Roch nuestro
autor no puede ser más preciso: la acción comienza en un pueblo de
Normandía, Pervenchères21, y continúa en un colegio jesuítico de
Bretaña, el colegio San Francisco Javier de Vannes. Incluso los
lugares más secundarios se nos describen con una precisión casi
notarial. Tal es el caso, por ejemplo, cuando se habla del viaje de
21 Pierre Michel señala que, aunque Mirbeau localiza las primeras páginas de Sebastián Roch
en Pervencheres, aldea que entonces tan solo llegaba a 186 habitantes, en realidad el pueblo
que nos está describiendo es Rémalard, de 1 200 habitantes, donde Mirbeau pasó la mayor
parte de su infancia.

Sebastián de Pervenchères a Vannes o el de la romería a Santa Ana de
Auray. Cabe preguntarse: ¿Por qué esta precisión casi notarial en una
novela? La respuesta es obvia: se trata de una denuncia y, así como
no existe el menor error ni exageración en los datos geográficos que
se nos ofrecen y el lector los puede comprobar en todo momento,
tampoco existe el menor error ni exageración en el meollo que en la
obra se denuncia: los abusos sexuales en colegio San Francisco
Javier de Vannes del que Mirbeau había sido alumno en los mismos
años que Sebastián y – se nos ocurre pensar –, habría pasado por
idénticas o muy parecidas situaciones a las que en la novela se
describen.
Este realismo no le impide a Mirbeau realizar una profunda
penetración psicológica, evidente sobre todo en los principales
personajes del libro – se ha dicho que Mirbeau es el primer novelista
freudiano de Francia –, en la que también tienen cabida – ¡y con qué
fuerza! – el mundo del subconsciente y el onírico. Entre los varios
sueños que aparecen en el libro cobra una especial importancia, por
su indudable simbolismo, la terrible y cruel pesadilla de las
mariposas.
Estábamos en el teatro de Vannes: en medio de la escena había una
especie de cubeta llena de mariposas22 palpitantes, de colores vivos y
luminosos. Eran las almas de los niños. El padre Rector, con las mangas
de la sotana subidas, los riñones protegidos por un delantal de cocina,
hundía las manos en el cubo y retiraba puñados de almas encantadoras,
que palpitaban y lanzaban pequeños gritos lastimeros. Después los echaba
en el mortero, los aplastaba y trituraba y hacía una pasta roja que extendía
sobre rebanadas de pan que luego echaba a los perros, unos perros
voraces, alzados sobre sus patas alrededor de él y con la cabeza cubierta
de birretes. ¿Acaso hacen otra cosa?

“La santa Trinidad”
Cabe preguntarse: si el niño entró sano en el colegio y salió en
el estado de desolación que ya conocemos, ¿quién es el responsable
22 En la simbología de Mirbeau la mariposa simboliza el alma, la inteligencia y la
creación. Así aparece también en otro de sus libros, Les 21 jours d´un neurasthénique, cuando
un poeta loco se queja de que le han robado su inteligencia que era una pequeña y frágil
mariposa.

de tal catástrofe? La palabra que inmediatamente surge en la mente
del lector es el colegio, pero al instante vienen otras. El niño no ha
podido ir hasta allá solo, tampoco es él quien paga las mensualidades
por estar en aquel antro de perversión, ni le es posible marcharse por
más que lo intente. Hay, al lado del colegio, otros responsables
menores – familia y sociedad –, a los que Mirbeau, lejos de pasar de
largo, también lanza sus dardos. Recordemos en este aspecto las
páginas que el escritor dedica al padre del pequeño Sebastián. Basta
este pensamiento de orgullo de monsieur Roch – “Mira, dirá la gente,
ése es el padre del chico que está en los jesuitas” –, para comprender
toda la responsabilidad de la familia, lo mismo que basta detenerse
en los consejos y comentarios del cura del pueblo para darse cuenta
de la implicación del entorno. Los tres elementos –familia, sociedad
y colegio – constituyen lo que Pierre Michel llama “la sainte Trinité”,
en la que se basa la "educastración", que pide la burguesía, realiza el
colegio y el libro denuncia. El tema ha sido ampliamente estudiado
por la crítica moderna y muy especialmente por el indiscutible
maestro Pierre Michel23.
En cuanto a estamentos sociales, sería una visión
extraordinariamente miope si la limitásemos al colegio y a los
jesuitas. La denuncia de Mirbeau va mucho más allá y afecta, tanto a
la pequeña y emergente burguesía – tal es el caso del padre de
Sebastián –, como a la orgullosa y perezosa nobleza – “esos
hombres, nos dice Mirbeau, que viven entre los otros hombres como
la bestia carnívora vive junto a sus víctimas” –, cuya connivencia con
los jesuitas se hace evidente en todo el libro, y, en las últimas páginas
de la novela, sus dardos también alcanzan a militares y belicistas.
Una vez metido en el tema social, don Octavio se recrea en
ofrecernos, a través de su alter ego, su irrevocable vinculación con el
pueblo:
Porque él llevaba la sangre del pueblo en sus venas, alimentado de
fermentos proletarios, de una larga sucesión de antepasados de manos
callosas y espaldas inclinadas sobre la tierra, depositarios seculares de
sufrimientos y revueltas eternas, todo esto que surgía del sueño atávico,
estallaba en su pequeña alma de niño, ignorante y cándida, y sin embargo
en ese instante el inmenso amor y el inmenso odio de toda la humanidad.
23 El libro Combats pour l´enfant, con introducción y notas de Pierre Michel, nos ofrece un
amplio y detenido estudio sobre el tema.

Novela autobiográfica
La crítica actual, de manera unánime, califica este libro como
novela autobiográfica. No le faltan razones: el niño Sebastián Roch
estudia en el mismo colegio en que Octavio Mirbeau había estudiado;
entra, interno como él a los once años, y, después de cuatro cursos de
auténtico infierno, ambos terminan expulsados en muy extrañas
circunstancias. En todos estos aspectos las coincidencias no pueden
ser más exactas, pero hay un punto al que hasta ahora no ha podido
responder la crítica: el relativo a la violación. ¿Fue violado por uno
de los curas del internado de Vannes el niño Octave Mirbeau, al igual
que lo fue su alter ego Sebastián Roch? Todo apunta a la respuesta
afirmativa – incluso se ha dicho que el cura De Kern de la novela es
la reencarnación literaria del jesuita Stanislas du Lac –, pero, a pesar
de tanto esfuerzo investigador, siempre quedará la sombra de una
duda: también puede ser que Octave Mirbeau haya mezclado las
experiencias vividas por él con otras presenciadas o referidas por
compañeros.
Este asunto posiblemente habría sido aclarado por los
investigadores modernos si el expediente del alumno Octave Mirbeau
se hubiese conservado en el colegio de Vannes, lo que nos permitiría
conocer las razones aducidas por el colegio para decidir su expulsión;
pero, a fin de evitar todo intento de investigación, alguien se tomó el
trabajo de hacerlo desparecer. No obstante estas dificultades Pierre
Michel, el estudioso número uno de la obra de Mirbeau, concluye así
su razonamiento sobre este espinoso asunto:
He llegado a la íntima convicción que, lo más verosímil y sin
poder precisar el detalle de lo que efectivamente ocurrió, es que el joven
Mirbeau habría sido víctima de una agresión sexual, cuyo traumatismo
fue durable y las consecuencias multiformes, y él trató tardíamente de
exorcizar el recuerdo mediante la ejecutoria de la transposición
novelesca.

Los cuatro frentes de ataque.

La agria crítica que Mirbeau lanza contra el clericalismo –”Le
clericalisme, voilá l´ennemi”, solía él repetir – se apoya en diversos
frentes o ángulos de ataque. Merece la pena detenerse en ellos.
Helos aquí:
1) La sangre derramada, a través de los siglos, por la Iglesia
católica: cruzadas, exterminación de los albigenses, guerras papales
para extender los dominios del Vaticano, hogueras inquisitoriales,
etc. Aunque no es nuevo en la literatura francesa – recordemos los
nombres de Rabelais, Montaigne, Voltaire, Diderot, Meslier, los
filósofos ilustrados, Stendhal, Zola, etc. –, ni termina con Mirbeau –
recordemos a Anatole France, Jean-Paul Sartre, Camus, Michel
Onfray, etc. –, adquiere en Mirbeau un énfasis muy especial. Ni
siquiera salva la figura omnipotente de Dios.
… un Dios inexorable y grotesco, con la barba erizada, siempre
furioso y tronando, una especie de bandido poderoso y omnipotente, que
no se sentía feliz más que matando y que, adornado de tempestades y
coronado de relámpagos, se paseaba gritando a través de los espacios o
bien se ocultaba detrás de algún astro, para empuñar el rayo en una mano
y la espada en la otra. Sebastián se negaba a aceptar por Dios a este
demonio sanguinario y él continuaba amando a un Dios muy suyo.

2) Religión, igual a opio del pueblo y muy especialmente de la
infancia. Tampoco esto es nuevo, pero nuestro autor tiene el enorme
mérito de mostrarnos los diferentes métodos de administración de ese
cotidiano opio en los colegios: los recreos y paseos más o menos
guiados, las romerías igualmente guiadas a lugares sagrados – tal la de
santa Ana d´Auray con todo detalle narrada en el libro –, la profusión
de leyendas piadoso –idiotizantes que día tras día iban vertiendo los
curas en sus alumnos. Sólo una como ejemplo: la del persa que llegó a
Francia sin saber una palabra de francés. Bastó con que alguien le
pusiera en la lengua una medallita de santa Ana para que comenzara
hablar la lengua de Molière mejor que muchos franceses y se
convirtiera al catolicismo inmediatamente.
Pero entre todas estas prácticas de adoctrinamiento, por su
importancia y repetición, hay dos que destacan muy especialmente en
el libro: la confesión – ese gran invento de la Iglesia para dominar a

todos los pueblos por los que ha pasado – y la enseñanza. La crítica
que Mirbeau nos ofrece sobre la práctica de la confesión no puede ser
más negativa.
El cura interrogaba sobre su familia, las costumbres de su padre,
sobre todo el entorno físico y moral de su infancia, apartando con una
mano brutal todas las intimidades hogareñas, forzando a este pequeño ser
a informarlo de posibles vicios, vergüenzas probables, removiendo con
una lentitud odiosa el fango que se deposita en el fondo de las casas más
limpias, así como en el corazón de las gentes más honestas. Sebastián
sentía por este hombre que estaba allí, muy cerca de él, la repulsión
nerviosa, irritante, que sentimos cuando vemos ciertos bichos rampantes y
blandos. Le parecía que las palabras lentas, húmedas, que salían de esta
invisible boca, se condensaban, se aglutinaban sobre todo su cuerpo en
forma de babas pegajosas.

Y ésta es su opinión sobre la enseñanza de los jesuitas:
Una vez la chapuza de sus deberes terminada y sus lecciones
recitadas, no le quedaba nada en la memoria que le hiciese reflexionar,
nada que le interesara o le preocupara; nada consecuente, ni formas, ni
ideas, ni reglas que cristalizasen en el fondo de su aparto cerebral, y él
no hacía otra cosa que olvidarlo. […] Lo atiborraban de fechas perdidas,
de nombres muertos, de leyendas groseras, cuyo monótono horror lo
aplastaba. Lo paseaban por los cementerios entristecidos del pasado, lo
obligaban a embestir contra tumbas vacías. Y eran siempre batallas,
hordas salvajes en marcha hacia la destrucción, sangres ruinas, y
horribles figuras de héroes borrachos, brutos indomables, conquistadores
horribles, odiosos y sangrantes fantoches, vestidos con pieles de bestias
o cubiertos de armaduras que simbolizaban el Deber, el Honor, la Gloria,
la Patria, la Religión.

Todo esto, nos dice Mirbeau, ayuda a la indigestión de la mente
y, en consecuencia, a la imbecilidad programada. Es lo que nuestro
autor califica de “educastración“.
3) Los grandes crímenes, que se cometen en los centros
docentes o de caridad controlados por la Iglesia. Entre estos
crímenes destaca uno, hasta entonces impune y tabú, del que él puede
dar fe: los abusos sexuales de los curas hacia sus educandos, que en
muchos casos llegan a la violación.
Es en este tercer punto, el de los grandes abusos sexuales en los
colegios controlados por la Iglesia, donde Mirbeau pone todo su

empeño y consigue su mayor efecto denunciador. Además de romper
un tabú – él es el primero que se atreve a hablar de este tema –, lanza
un grito de alerta a la sociedad sobre el peligro que supone internar a
un niño en ese mundo cerrado y depravado de los colegios de curas.
Algo que hasta entonces nadie se había atrevido a tocar. El precio que
tuvo que pagar fue extraordinariamente alto.
4) Hipocresía clerical
A todo esto hay que añadir otro más: la puesta en evidencia de la
redomada hipocresía clerical. Es algo que salpica todo el libro. Ya en
el primer capítulo, cuando el cura encargado de ir recogiendo a los
niños en los pueblos, conoce a Sebastián hace gala de esta sublimada
hipocresía: “¡Qué encantador niño, monsieur Roch, y cómo lo vamos
a amar!”, le dice al padre de Sebastián y, en cuanto entran en el tren y
desaparece de sus ojos el padre del niño, se olvida de Sebastián en
todo el viaje. Es el niño, a pesar de su corta edad, el que comprende
por qué a él no lo pueden amar como a los otros: “Ellos –nos dicetienen caballos, escopetas de caza, castillos, palacios, etc. y yo no
tengo nada”. Esta sutil hipocresía continuará salpicando todas las
páginas del libro, pero es en el capítulo relativo a la expulsión de
Sebastián del colegio jesuítico de Vannes, en el que Octave Mirbeau
nos muestra el más acabado ejemplo de hasta qué extremos de
perfección y sutileza puede llegar, en manos de un jesuita, dicha
hipocresía. Baste señalar que, antes de que el niño ponga los pies en la
calle, el cura que hasta entonces parecía más humano y digno de
confianza, toma a Sebastián por su cuenta y no cesa hasta hacerle jurar
que jamás dirá a nadie una sola palabra de cuanto allí le ha ocurrido.
Huelga añadir que, si tal episodio es autobiográfico, como parece, a
los curas les salió el tiro por la culata: nada menos que un libro de
trescientas páginas informa a todo el que quiera leerlo de cuanto le
ocurrió al protagonista en aquel antro de perversión e hipocresía.
Las secuelas.
Tras la expulsión, el libro nos relata, ahora en primera persona,
– el novelista utiliza fragmentos de unas supuestas memorias de
Sebastián Roch, escritas cinco años después de salir del colegio –, las

terribles secuelas de la violación. El joven Roch ha quedado, al
menos temporalmente, invalidado para el amor y una inevitable
repugnancia hacia todo lo relacionado con el mundo del sexo, hace
que todas las caricias de su novia de infancia, la bella y ardiente
Margarita, caigan en campo baldío. ¿Quedará Sebastián Roch para
siempre privado de los goces de la carne? La entrega de Margarita en
una noche de amor y plenilunio parece salvar la situación. Poco
importa. Al día siguiente comienza la guerra franco-prusiana y
Sebastián, en edad militar, tiene que entrar en el cuartel. Morirá en el
campo de batalla; sin que se pueda decir que murió luchando contra
los prusianos, ya que se prometió a sí mismo no disparar ni un solo
tiro contra el enemigo, porque ninguno de los Prusianos era enemigo
suyo ni le había hecho nada, y hasta el último instante de su vida
cumplió su promesa. Por eso Mirbeau, huyendo de los ditirambos
que patrioteros y militares suelen usar en estos casos, simplemente
dirá que murió “absurdamente sacrificado al Dios de la guerra“. Con
su muerte termina la novela.
A pesar de todo, entre la crítica social y la denuncia literaria,
Mirbeau siempre encuentra el momento para, igual que en libros
anteriores, aquí y allá, ofrecernos hermosos remansos de prosa
poética. Valga de ejemplo este fragmento sobre la diminuta península
de Rhuys24:
Sebastian disfrutaba de estos paseos con un placer infinito. No
dejaba de admirar el espectáculo de ese pequeño mar interior que cerraba
a derecha la costa de Arradon, a la izquierda las colinas de Arzón y de
Sarzeau y se abre al Océano, por una estrecha embocadura, entre la punta
afilada de Loqmariaker y los promontorios cuadrados de la península de
Rhuys. […] Una multitud de islas que emergen de las aguas; unas
cultivadas, como la isla de los Monjes y otras salvajes, como Gavrinis 25,
en la que los templos druídicos26 erigen sus bloques bárbaros de granito.
[….] Percibía todas las notas, recogía todas las vibraciones, desde el
24 Rhuys : Es una pequeña península situada en la fachada atlántica de Francia, en el extremo
meridional del golfo de Morbihan y el septentrional de la bahía de Quiberón, región de
Bretaña
25 Gavrinis : Isla en el golfo de Morbihan, (Bretaña). en la que existe un túmulo prehistórico
de grandes dimensiones
26 Druídico : Relativo a los druidas. Los druidas fueron miembros de la clase
sacerdotal en Gran Bretaña, Irlanda, Galia (Francia) y Galicia durante la Edad del Hierro e
incluso antes. No hay registros escritos por los propios druidas y las únicas evidencias de que
disponemos son las descripciones de griegos y romanos.

ronquido sordo, lastimero, desesperado, venido de lo más hondo y
misterioso, hasta las canciones de las calas rosadas y las alegres
armonías infantiles y rebotantes que el agua producía al extenderse sobre
la arena de las riberas.

Dardos contra el militarismo.
Las últimas páginas del libro, aprovechando la circunstancia de
que el protagonista de la novela entra en filas y es tiempo de guerra,
las dedica Mirbeau a fustigar a otro de sus grandes enemigos: el
militarismo, el tema escándalo de Le Calvaire, que de nuevo aparece:
… el cuartel, la brutalidad de los jefes, el despotismo bárbaro de la
disciplina, esa decadencia del hombre reducido al estado de bestias
alimentadas con despojos. […] La patria… es dos o tres bandidos que se
arrogan el derecho de hacer de ti algo menos que un hombre, menos que
una bestia, menos que una planta: un número. […] Yo no siento el
heroísmo militar como una virtud, yo lo siento como la variedad más
peligrosa y desoladora del bandolerismo y el asesinato.

Y mientras va arrojando denuestos contra curas y militares, en
los remansos de su demoledor discurso, Mirbeau hace un alto para
ofrecernos, a través de su alter ego, el ideal de sociedad que él desea.
Valgan como ejemplo estas líneas:
¿Hay en alguna parte una juventud ardiente y reflexiva, una
juventud que piensa y que trabaja, que se libera y nos libera de la pesada,
criminal y homicida mano del cura, tan fatal para la mente humana? Una
juventud que, frente a la moral establecida por el cura y las leyes que
aplica el gendarme, ese complemento del cura, diga valientemente: “Yo
seré inmoral y yo seré rebelde.”

Fueron estos gritos de acusación – toda la novela es una
constante acusación – lanzados a la cara de una sociedad hipócrita e
inicua los que hicieron que más de un crítico calificara esta obra de
tea subversiva. La conspiración del silencio fue la respuesta de
aquella sociedad a la descarada osadía de Mirbeau. Los denuestos de
ayer se convierten hoy en elogios y el libro, como el ave Fénix,
resurge de las cenizas de la sociedad que le vio nacer y cerró ojos y
oídos a todas sus denuncias.

¿Un nuevo género literario?
Con la publicación de Sebastián Roch Octave Mirbeau acaso
acierta a crear un nuevo género o subgénero literario – el de la novela
de niños en colegios de curas o frailes –, que en seguida tuvo
seguidores. El primero de ellos fue Édouard Estaunié 27 (Dijon, 4 de
febrero de 1862; París, 2 de abril de 1942), ingeniero y “escritor de la
vida secreta del alma” – como se llamaba él –, cuya novela L
´Empreinte (“La huella”), igualmente ambientada en un colegio
jesuítico, el colegio San Luís Gonzaga de Nevers 28, apareció tan sólo
cinco años después que la de Mirbeau. En ella, como Mirbeau, pero
con menos énfasis, Édouard Estaunié denuncia los métodos de
educación de los jesuitas, sus sistemas de captación de supuestas
vocaciones, así como la descarada manipulación – unas veces
conseguida y otras, no-, de los exalumnos de la orden.
Todo esto constituye el meollo de L´Empreinte. En ella el
protagonista de la novela, Leonard Clan, un alumno
extraordinariamente brillante y con aparente vocación sacerdotal,
renuncia en el último momento a entrar en el noviciado de los jesuitas.
Ya adulto, convertido en prestigioso abogado y periodista de París, sus
antiguos profesores intentan manejarlo a su antojo y beneficio, pero él
no se deja hacer. Desde ese momento sus antiguos valedores se
convierten en sus peores enemigos y, siempre en la sombra y a la
mayor gloria de Dios, deciden su hundimiento y destrucción, que sólo
consiguen a medias. Este extraño comportamiento lleva a Leonard a
hacerse determinadas preguntas que terminan conmocionando su fe.
Sin embargo, jamás va a lograr borrar completamente una última
huella del colegio – el martilleo jesuítico sobre la castidad –, que va a
perturbar sus relaciones amorosas primero con Marcelle y luego con
Madeleine. Ofrezco al lector una de las páginas más significativas y
demoledoras del libro: los comentarios que hace Leonard Clan de los
27 Édouard Estaunié es un escritor muy propenso a reutilizar temas ya tratados por
otros autores. Así ocurrió con su obra Stéphane, muy parecida a Pierre et Jean de Guy de
Maupassant. Guy le escribió una carta llena de ironía en la que, a pesar de que el libro de
Édouard Estaunié era posterior, aceptaba que ambos hubiesen tenido la misma inspiración.
28 Es una ciudad del centro de Francia, departamento de la Nièvre, región de Bourgogne.
Población actual: 36 760 habitantes. Su capital regional es Dijon.

Evangelios. En este caso se trata del milagro de la higuera que no
tenía higos porque no era época de higos:
Las frases eran luminosas. Contaban sin sorpresas ni comentarios la
injusticia de Jesús, atacando con una maldición el árbol que no tiene fruto
cuando no es la estación. ¡Injusto Él, el cristo, Dios! […] O Dios no existe
o Él es soberanamente justo y el Evangelio mentía…Sin embargo, ¿cómo
habría podido el Evangelio mentir si es la obra de Dios e incluso fue
escrito bajo su dictado? Lógica funesta. Se inclinase a un lado u otro la
conclusión era idéntica y destructiva. Loco de inquietud Leonard
murmuró: “¿Y si todo no fuese más que una mentira” (L´Empreinte, pág.
195.)

Estaunié conocía muy bien el mundo jesuítico y la manera de
actuar de la orden, ya que había sido alumno – siempre, a diferencia
de Mirbeau, alumno brillante –, sucesivamente, nada menos que de
tres colegios: el de Dole, en el que sólo estuvo unos meses, el de
Dijon y el de la calle de la Poste 29 de París, donde tuvo de director a
Stanislas du Lac30, que había sido el jefe de estudios de Mirbeau
quince años atrás y sobre el que la crítica moderna hace recaer la
violación del niño Sebastián Roch.
Pierre Michel, el prestigioso especialista en Mirbeau, en un
espléndido artículo sobre ambos escritores, concluye así:
Mirbeau y Estaunié han llevado a cabo un trabajo de
desmitificación y, sobre la base de sus propias experiencias, han descrito
los destrozos del veneno religioso. En la cuenta atrás de su formación
han escrito novelas de la deformación. Pero, si el primero rompe para
siempre con la ideología religiosa y, prototipo del intelectual
comprometido, ha llevado su rebeldía individualista hasta sus últimas
consecuencias lógicas, el anarquismo que sostiene su novela; el otro, que
ha conservado como su héroe la nostalgia de Dios, jamás será un
refractario y se instalará cómodamente en los valores de la vida burguesa
y conservadora.

Creo que se puede considerar Les Années mortes (“Los años
muertos”) de Alain Nadaud, publicado en 2004 por la editorial
29 Rue de la Poste : Se halla en el distrito V de París.
30 La crítica moderna considera que el cura De Kern de la novela Sebastián Roch, es
la reencarnación literaria del jesuita Stanislas du Lac, el personaje que viola al protagonista de
la novela.

Grasset de París, como el último libro sobre el tema. Un detalle
curioso: en la novela de Mirbeau, como ya sabemos, el colegio tiene
el aspecto de “una prisión de piedra gris”. Ahora, en la novela de
Nadaud, el aspecto del colegio es el de un cuartel. ¡Notable mejoría
del mismo lugar de tortura en el transcurso de unos cien años!
Dos autores españoles y un cubano.
Quizás sea exagerado decir que Mirbeau logró “exportar” al
extranjero – al menos, en cuanto moda literaria – este género de
novela del internado en un colegio de curas. En España, a pesar de la
censura de la época, mucho más rígida que la de Francia, ya existían
novelas más o menos cargadas de dardos contra la Iglesia, algunas tan
descaradamente anticlericales como Criadero de curas31 de Alejandro
Sawa32, cuyo título ya nos está indicando su contenido, publicada en
1888, pero la especialidad antijesuítica no comienza hasta un poco
después de la publicación de Sebastián Roch. Son dos autores de
primera importancia, Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928) y Ramón
Pérez de Ayala (1881-1962) y un cubano-español, Alberto Insúa (La
Habana, 1885; Madrid, 1963) los que en el breve espacio de unos
pocos años, cada uno de ellos publica una novela sobre este mismo
tema jesuítico.
La primera de estas obras es la de Vicente Blasco Ibáñez 33, La
araña negra, se publicó en 1892. Tan sólo dos años después de
Sebastián Roch. Se trata de un folletín, de acción muy larga y
31 Sobre la novela Criadero de curas de Alejandro Sawa el periódico El Globo del 31 de
mayo de 1888 escribió lo siguiente: “Es un fidelísimo cuadro, tomado del natural, en que el
autor ha pintado magistralmente las miserias y vilezas de la vida del Seminario. El
protagonista, cuyo espíritu se rebela a permanecer en aquel antro de corrupción y perversidad,
huye de él; pero, apresado luego, es encerrado en inmundo calabozo, y rodeado por sus
verdugos, que contemplan con satisfacción todos los detalles de su agonía. La narración es
interesantísima, y el estilo correcto y elegante”. Nota tomada de la biografía de Alejandro
Sawa de Amelina Correa.
32 Alejandro Sawa : Escritor español. Nace en Sevilla el 15 de marzo de 1862, fallece en
Madrid el 3 de marzo de 1909. En su libro Luces de bohemia Valle Inclán lo retrata asÍ:
“Absurdo, brillante y hambriento”.
33 Vicente Blasco Ibáñez : Está considerado uno de los novelistas españoles más
importantes del siglo XIX y principios del XX. Nace en Valencia el 29 de enero de 1867 y
fallece en Menton (Francia) el 28 de enero de 1928. Su estilo naturalista ha sido causa de que
se le compare en Zola.

variada, en el que las páginas dedicadas a los colegios de frailes y
monjas no constituyen el tema exclusivo de la novela. Los dardos
que Vicente Blasco Ibáñez lanza contra los curas, especialmente
contra los jesuitas españoles, tampoco tienen nada que envidiar a los
que don Octavio lanzó dos años antes contra los jesuitas franceses. El
título del libro, La araña negra, ya nos está anunciando su contenido
anticlerical.
La segunda de estas novelas es la que Alberto Insúa 34 publicó
en la revista La República de las Letras en 1907. Se trata de un
folletín titulado De un colegio de jesuitas. Dulces memorias35. El
crítico e investigador Arturo del Villar Santamaría36 nos resume así la
novela:
En este primer capítulo describía la llegada al internado del niño
Gaspar de Isla, y su difícil adaptación a las costumbres impuestas.
Concluía con una escena nocturna en el dormitorio, cuando un fraile
lujurioso le sienta sobre él y le acaricia y besa, lo que hace gritar
angustiado al niño y huir al fraile crapuloso.

La novela de Insúa –nos sigue informando Arturo del Villar – termina
con la violación del niño por uno de los curas y posterior expulsión.
La razón de tal expulsión es que a Gaspar se le ha ocurrido vestirse de
fraile para delatar a uno de estos frailes que se aprovechaba
sexualmente de los alumnos. Concluye así el crítico:
¿Eso es dulce? Lo único que podría ser calificado así es el hecho de
haber sido expulsado el protagonista de ese lugar nefando, después de
haber comprobado por sí mismo y en los demás el desenfreno lujurioso de
los frailes, que no sabían enseñar más que pederastia.

A la hora de analizar la novela de Insúa el investigador Arturo
del Villar la califica de “precedente” de AMDG de Pérez de Ayala,
indudablemente mucho más importante. Puede que sí, pero después de
leer la novelística de Mirbeau, la primera idea que nos viene a la
mente es que se trata de una burda imitación de Sebastián Roch que
34 Alberto Insúa : La Habana, 1885, Madrid, 8 de noviembre de 1963. Escritor cubano
instalado en España. Su obra, muy extensa, comprende más de cuarenta títulos, de los cuales
el más conocido es El negro que tenía el alma blanca.
35 La construcción correcta en español sería: “Dulces recuerdos de un colegio de jesuitas.”
36 Arturo del Villar Santamaría (Santander, 1943) : Es un escritor, poeta, periodista y
editor español. Actualmente reside en Madrid.

roza el plagio. Sabemos que Insúa conocía la obra de Mirbeau, pues
en el segundo tomo de sus Memorias, publicadas en Madrid en 1953,
habla de dos de sus obras, el libro de viajes La 628-E8 y Le Journal d
´une femme de chambre – en ambos casos muy despectivamente37 –,
pero calla sus indudables relaciones con la novela Sebastián Roch del
mismo autor.
La tercera novela antijesuitica española es AMDG., de Ramón
Pérez de Ayala38, publicada por la editorial Renacimiento de Madrid
en 1910, veinte años después que la novela de Mirbeau. En esta
novela el colegio de curas –jesuitas, como en Sebastián Roch y en L
´Empreinte, sí constituye el tema exclusivo de la novela. El retrato
que Ramón Pérez de Ayala, nos ofrece del colegio de curas no difiere
mucho del que unos años antes nos describió Mirbeau de su colegio
de Vannes. Dice así:
Es una mole cuadrangular, cuyas terribles dimensiones hácenla
medrosa; la desnudez de todo ornato, inhóspita y la rojura viva del
ladrillo de que está fabricada, insolente. No tiene estilo. Su fachada lisa
[…] se ofrece a la mirada inquisitiva del viandante con la tristeza sorda y
hostil de los presidios

Sin embargo, en el interior del colegio, sí percibimos una
notable diferencia respecto al ambiente que nos presentó Mirbeau en
su libro: aquí los castigos a los chicos son mucho más duros e
inhumanos y, algo que jamás vimos en Sebastián Roch, los curas
más bestias y malvados, no se privan de apalear a los alumnos que le
son más antipáticos. Aunque en la novela de Pérez de Ayala, no hay
ninguna violación – tampoco lo habría permitido la censura española
de la época –, sí aparecen otros abusos sexuales menores,
perfectamente destacados en el libro. He aquí un ejemplo:
37 Estas son las líneas que Alberto Insúa dedica a Octave Mirbea:en el segundo tomo de sus
Memorias: “Mirbeau, a la vuelta de un recorrido de Bélgica en automóvil, había escrito un
libro, La 628-E8 – sarcástico y arbitrario, como todos los suyos-–, en el que presentaba a
Bruselas como una parodia ridícula de París y no se cansaba de caricaturizar, biliosamente
[sic] a los Belgas. Yo no admiraba al hepático autor del Journal d’une femme de chambre,
porque las plumas corrosivas me resultan detestables”. Hasta aquí la cita.
38 Pérez de Ayala, Ramón : Escritor y periodista español. Nace en Oviedo el 9 de agosto de
1880 y fallece en Madrid el 5 de agosto de 1962. Estudió con los jesuitas, primero en el
colegio San Zoilo de Carrión de los Condes (Palencia) y luego en La Inmaculada de Gijón.
Después estudió Derecho en Madrid. Principales obras: A.MDG, Troteras y Danzaderas, La
pata de la raposa, Tigre Juan, etc. También cultivó la poesía: La paz del sendero.

Llegó el hermano Echevarría, enfermero, el cual le hizo varias
preguntas, inquiriendo los síntomas de la dolencia; le pulsó, le tocó las
sienes, por ver si tenía calentura, y, a la postre, introduciendo la mano
por debajo del embozo, le tanteaba con dos dedos el vientre, punto por
punto, e interrogaba: ¿Te duele aquí? ¿Y aquí?, bajando siempre, con
tendencia a la coyuntura de los muslos, hasta llegar a lo que Celestina
denominó graciosamente el rabillo de la barriga, al cual tomó por la base,
así como al descuido y a manera de accidente en el examen facultativo;
entretúvose con él un buen espacio de tiempo, que fuera de cierto más
largo si la manifiesta inquietud y turbación del muchacho no le hubieran
obligado a abandonar la débil presa.

También el masoquismo y la represión sexual del jesuita más
bestia y depravado de todo el libro – el padre Mur, el curita mimado
del padre Rector –, aparecen páginas adelante, en toda su crudeza y
realismo:
… muy avanzada la noche, se le apareció Mur de pronto. Venía
envuelto en una manta de Palencia y descalzo. Sin decir palabra
arremetió sobre Bertuco a puñadas y rodillazos, empujándolo contra los
hierros de la cama. Con el furor de la arremetida, la manta se le
desprendió de los hombros, dejándolo en ropas muy menores y
descuidadas, a través de las cuales mostraba velludas lobregueces, y las
vergüenzas enhiestas. Cuando tuvo al niño bien molido, se fue.

Exactamente igual que en el caso de Sebastián Roch, a pesar
del cambio de los nombres reales por otros ficticios, la crítica
moderna ha logrado averiguar la verdadera identidad de alguno de
los personajes. Así el padre Atienza, cultísimo y siempre
menospreciado por sus compañeros, que al final logra escapar de
aquel antro, es la reencarnación de Julio Cejador39. El desprecio que
los otros jesuitas sienten hacia él, al tiempo que Pérez de Ayala lo
aprovecha para poner en evidencia la falta de cultura de los otros
curas, también le ayuda para producir un extraordinario efecto de
humor. Así ocurre, por ejemplo, cuando el detestado padre Mur llama
viejo al padre Atienza. “No –-responde éste –, somos más a menos de
la misma edad: la vejez no comienza en el hombre hasta los sesenta
39 Julio Cejador y Frauca : Erudito español. Nace en Zaragoza el 7 de enero de 1864 y
fallece en Madrid el 1 de enero de 1926. Fue filólogo, crítico literario, historiador de la
literatura española, epigrafista, helenista, y cervantista. Llegó a saber nueve lenguas. Su poco
acomodo a la Compañía de Jesús fue causa de que pasase al clero secular.

años, mientras que un burro con veinte ya es viejo.” El libro tiene el
indudable mérito de mostrarnos las luchas interiores en el seno de la
orden, el santo odio que unos jesuitas sienten por otros, la barbaridad
de los castigos a los niños, las palizas a seres inocentes que no podían
defenderse y el clima de miedo carcelero que invade toda la obra.
Cuando al final uno de los personajes le pregunta al padre Atienza si
cree que se debería suprimir la Compañía de Jesús, su respuesta no
puede ser más contundente: “De raíz”.
Desde el punto de vista cronológico podríamos considerar el
libro Años de penitencia de Carlos Barral40 el último de estos libros
jesuítico – es decir, antijesuíticos –, que se publica en España.
Respecto a otros autores que a lo lago del siglo XX han tratado el
tema de los internados de curas – Gabriel Miró, Manuel Azaña,
Azorín, Ramón Sender, Enrique Morón, etc. –, me parece fuera de
lugar relacionarlos con Mirbeau y su conocida y discutida novela del
internado de Vannes.
Francisco Gil Craviotto

40 Carlos Barral : Editor, escritor y político español. Nace en Barcelona en 1928;
fallece en la misma ciudad en 1989.

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