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Encauzamiento emocional

Por Cecil A. Poole, F.R.C. Revista El Rosacruz A.M.O.R.C.

Nunca hasta ahora se había concedido la debida importancia a las emociones, ni se les había creído dignas de un estudio serio. Se les conceptuaba como algo estrictamente personal y privado, habiendo una marcada tendencia, entre los que se consideraban bien identificados con la sociedad, a negarles evidencia.

Se acostumbraba enseñar a los niños que no manifestasen en público sus emociones, sino que
Se acostumbraba enseñar a los niños que no manifestasen en público sus emociones, sino
que más bien las restringiesen dentro de sí mismos, sin permitir que tales reacciones fuesen
conocidas de los que les rodeaban. Los avances que se han hecho en el estudio de la
psicología especialmente desde que el desarrollo de la psicología experimental logró que la
aproximación al problema de la conducta humana fuese más bien científica que especula-
tiva, han ido fijando la atención cada vez más, en la seria consideración de las emociones.
La gente sensata se ha dado cuenta, gradualmente, de que las emociones no deben tomarse
a la ligera en el estudio o evaluación del comportamiento humano general, ya que son
manifestaciones naturales que nos acompañan durante la vida y, como tales, son parte del
molde de la humana conducta, como lo son también los procesos fisiológicos y los mentales
con los que tenemos que contender en nuestras relaciones sociales.
Este estudio detallado de la conducta emocional nos ha revelado que las emociones tienen
efectos de considerable alcance, tanto individualmente como en la sociedad. Claramente se
ha demostrado que nuestras emociones personales están íntimamente relacionadas con la
salud y bienestar general. Las reacciones psicológicas de ciertas experiencias emocionales
se han manifestado en evidentes desórdenes físicos, siendo obvio que algunas condiciones
orgánicas son causadas por influencias emocionales.
Las reacciones físicas de las situaciones emocionales han demostrado el efecto que tienen
las emociones; de igual manera, cuando éstas son totalmente restringidas o confinadas a lo
más recóndito de nuestro propio ser pueden también ocasionar desórdenes físicos y
mentales.
Todo esto ha hecho que la gente reflexiva se dé cuenta cabal de que el estudio de la vida
emocional de cada uno es tan importante como lo es, por ejemplo, el estudio de la fisiología
y
el de la higiene. No obstante, el estudio de las emociones no ha hecho variar por completo
la
actitud en el promedio de personas en quienes fue imbuido el concepto de que deberían

restringirse las emociones.

Consciente o inconscientemente, a la generalidad de los niños se les enseña el control emocional. Por medio del ejemplo y de mandatos se inculca en ellos ese dominio. Si bien es acertado tratar de que el niño llegue a hombre bien compenetrado de que las emociones deben funcionar bajo control, también es posible ampliar su punto de vista permitiendo que las experiencias emocionales formen parte de un comportamiento equilibrado.

Esto no significa que debe abandonarse por completo el control emocional, ya que si diéramos completo desahogo a nuestras reacciones emocionales en cada situación de la vida, el resultado sería la confusión.

El control emocional no significa que deben ignorarse las emociones, o que no ha de permitirse su funcionamiento. Es necesaria una conveniente expresión de nuestras emociones para el desarrollo equilibrado de la vida. Las emociones, como todas las demás cosas que forman nuestras experiencias diarias, deben tener su lugar apropiado; el problema radica en no dominarlas hasta el punto de impedirles existencia, sino en la adecuada manifestación de las mismas.

Cuando por cuestión de pequeños incidentes, o situaciones que tengan por base el egoísmo, se
Cuando por cuestión de pequeños incidentes, o situaciones que tengan por base el egoísmo,
se expresan fuertes emociones llegando a extremos, entonces es del todo necesario ejercitar
el dominio emocional. Si un niño o un adulto se dejan arrebatar por la cólera cada vez que
se hace caso omiso de sus deseos, sin que consideren las consecuencias que ello tiene en lo
concerniente a sus relaciones con los demás, tales arranques emocionales son
completamente inadecuados.
La debida expresión emocional, conducente al bienestar del individuo y de la sociedad, es
una reacción perfectamente natural, ya que la falta de expresión emocional puede ser tan
peligrosa como la libre expresión que no conoce restricciones.
Proporción en los sentimientos
Hay veces en que debe darse escape a ciertas emociones. Aquellos arranques emocionales
en los que intervienen la razón y la inteligencia, resultan provechosos para resolver algunos
problemas de la sociedad moderna. Hay ocasiones en que es necesaria la expresión de una
justa ira.
Si todas las personas que poseen sentido común demostraran indignación ante las fuerzas
que avanzan tendiendo a quebrantar las altas normas éticas y morales, base de nuestra
sociedad, podrían lograr que dichas influencias, que tratan de socavar las ideas de virtud,
economía, cooperación y demás logros meritorios, se debilitaran.
Es preciso manifestar enojo en algunas ocasiones al tratar con aquellos que, para alcanzar
fines egoístas, se empeñan en quebrantar las altas normas de moralidad que deben
inculcarse en la mente juvenil.

Ciertamente es justificable la ira hacia los que tratan de conseguir ganancias personales formulando y propagando escritos, películas, programas de radio, etc., o que tratan de promover alguna actividad semipública que pudiera dar lugar a cualquier forma de crimen, perversión o, por lo menos, relajamiento de la conducta que formaba el ideal de la persona. A menos que la gente sensata y moral exprese su enojo contra los que tratan de socavar los ideales de la sociedad, esas fuerzas seguirán funcionando sin control.

El miedo es una emoción fuerte que puede hacer mella en el sistema general y aún en el balance mental de las personas que, por otra parte, son enteramente normales. Sin embargo, si el temor que se experimenta es injustificado debe dominarse.

Mas el temor a las consecuencias que puede traer a la sociedad una influencia nociva, haciendo bambolear sus normas, es, ciertamente, motivo justificable para manifestar tal emoción. Si usted nota ahora que las influencias a que nos referimos en este artículo pueden contribuir a debilitar el carácter de las generaciones futuras, es conveniente que exprese su temor por esas tendencias y que lo transforme en acción para prevenir que dichas condiciones continúen, y no que entierre en su consciencia ese complejo que irá formando el temor del futuro.

Las emociones más comunes son aquéllas que van aparejadas con la alegría y felicidad. Ciertamente
Las emociones más comunes son aquéllas que van aparejadas con la alegría y felicidad.
Ciertamente que en un mundo tan complicado como en el que hoy vivimos, el gozo y la
felicidad verdaderos son la natural ambición de los que se detienen a pensar, más que en lo
presente, en un más allá.
Tan importante como el abecedario y la aritmética debería ser el aprendizaje del desarrollo
de la habilidad para disfrutar las cosas que contribuyen al contento y felicidad. Restringir la
alegría sana que no daña a nadie es penalizar nuestro propio desarrollo y obstruir un bien
provechoso a la sociedad.
Una de las emociones más poderosas y fundamentales es el amor. Es la base del hogar, de la
familia, que constituye la unidad principal de la sociedad. Si allí no existen la armonía, el
respeto y la bondad, jamás podremos esperar que tales rasgos se manifiesten en unidades
mayores de la sociedad, aun cuando hay todavía personas que opinan que el amor es asunto
muy privado, y a pesar, también, de ver que muchos niños que crecen y llegan a adultos
están hambrientos de las más sencillas experiencias emocionales, que se basan en el
respeto mutuo, íntima relación y buena voluntad.
Estas cuantas ilustraciones demuestran que el control emocional es un factor importante en
el desarrollo psicológico de cada individuo. Pero es ya tiempo de que se reexamine tal
entusiasmo y se le dé el énfasis necesario para inyectar en nuestro sistema educacional,
tanto en las escuelas como en el hogar, principios adecuados para la acertada dirección
emocional.

Debería enseñarse que cada fase del comportamiento requiere estudio y consideración, y que el ser humano, como entidad, puede dirigir, por lo menos en un grado razonable, todos sus procesos físicos, mentales y emocionales. Aún más, se podría enseñar que mientras mejor se aprenda a coordinarlos individualmente en una conducta sana y racional, más pronto los problemas de la sociedad en que vivimos, compuesta de muchos seres humanos, alcanzarán solución.