CULTURA A N A R Q U ISTA EN LA A R G E N T IN A

A PR IN C IPIO S DEL SIG LO XX
Ia á co v O

ved

Universidad de Tel Aviv

La actividad anarquista en la A rgentina estaba muy ram ificada a
comienzos del siglo X X ; se cen trab a princip alm en te en los sindicatos
obreros y a través de ellos llegó a o b ten er m uchos éxitos, la F . O . R . A.
—la mayor de las federaciones obreras de la A rgentina en esa
época— fue fu n d ad a con su particip ació n y a p a rtir de 1902 estuvo
dirigida por líderes de sindicatos anarquistas. La actividad an arq u is­
ta se hizo presente en la vida sindical —y como derivación, tam bién
en el quehacer público — a fines del siglo X IX , sobre el trasfondo de
dos procesos im portantes: 1) La absorción de grandes olas de in ­
migrantes de E uropa, sobre todo procedentes de España e Italia:
2) El desm oronam iento de las relaciones laborales en un período de
rápida urbanización y surgim iento de la industrial local.
El lapso entre 1897 y 1905 fue decisivo p a ra la delinea ción del
anarco-com unism o sindicalista en la A rgentina, una p articu lar com ­
binación del anarquism o de esos días. P aralelam ente a esta ram ifica­
da actividad especial, debid am en te estudiada y esclarecida, 1se inició
tam bién una diversificada actividad an arq u ista en los dom inios de la
cultura, el arte y la form a de vida. Esta no ha sido aún lo suficiente­
mente analizada y el presente artículo se propone suplir su falta. Nos
circunscribirem os al período “form ativo” en la dem arcación del
cauce que siguió el anarquism o argentino, es decir, al tiem po que
media entre 1897 y 1905. A nuestro entender, se trató tam bién de
una fecunda época form ativa en todo lo concerniente a la cultura y
al a rte anarquistas.

1 Véase I. Oved, El anarquismo y el m ovim iento obrero en Argentina, México, Siglo
1978; Diego A bad de S an tillán , La F O R A .: ideología y trayectoria, Proyec­
ción, Buenos Aires. 1971; S ebastián M arotta, E l m o vim ien to sindical argentino, vols.
I- II, Buenos Aires, C alom ino, 1970.
XXI,

La actividad educativa e in telectu al — como m edio vital para m o­
delar la im agen del activista del anarquism o, y como elem ento im ­
po rtan te en la cam paña por la im agen de la sociedad y su futuro —
ocupaba un lugar destacado en la vida de los anarquistas. Los g ra n ­
des pensadores del anarquism o le atribuían g ran im portancia y en
sus escritos es factible en co n trar pareceres directos al respecto. 2 Re­
saltaba la necesidad de asignar medios y m étodos a la educación li­
b ertaria, integral, a la lucha educativa contra las instituciones de e n ­
señanza religioso-ecliesiástica, o laica-estatal responsables de las de­
formaciones de la educación en boga. La finalidad de la actividad
educativa libertaria consistía en capacitar gente que pudiera sobre­
ponerse a los conceptos y prejuicios arraigados desde hacía generacio­
nes, arrostrar el conjunto de problem as de la sociedad m oderna y
allan ar el cam ino p ara la sociedad del futuro. Los elem entos fu n d a ­
m entales en tal educación son la libertad, el antiau toritarism o, el ra ­
cionalismo, el desarrollo renovado, la “in teg ralid ad ” que conjuga co­
nocim ientos técnicos e instrucción sociológica y hum anista, acen­
tu an d o siempre que sem ejante conjugación no es un sucedáneo de la
em ancipación p o r la vía de la revolución, sino que se entrem ezcla
con ella y configura un prerrequisito irrenunciable para el éxito. A fi­
nes del siglo X IX y a comienzos del X X , los activistas anarquistas
em pezaron las experiencias de m aterializar tales ideas en la práctica,
por medio de la habilitación de instituciones educativas an arquistas. 3
Los anarquistas siguieron con sim patía, en la A rgentina, el surgi­
m iento y el desarrollo de esas experiencias educativas. En uno de los
prim eros núm eros de La Protesta H um ana ya se podía en co n trar in ­
form ación sobre una iniciativa anarquista francesa, de im plantar
una escuela libertaria; el periódico saludó esa iniciativa con beneplá­
cito. 4 Poco después asomó una iniciativa análoga tam bién en Buenos
Aires, aunque no tuvo éxito. Nos enteram os de ello al leer La Protes­
ta H um ana del 13.2. 1898, que inserta en u n lugar destacado el
2 M. B akounine, Oeuvres C om pletes, tom e V. Paris. P . V. Stock 1912. “ L 'E ducation
in te g ra le ”, p p . 135-6: 150-155, 165-158. P. K r o p o tk in , Fields, Facto ries an d Workshops Londres, Ed. T . N elson, p p . 369-406 .
3 J. M aitron, "Les A narchistes et l'enseignem ent", p p . 328-339. S obre la “escuela
m o d e rn a " de F errer W oodcock, A narchism , p p . 348-350. G. B renan, T h e Spanish
L a b yrin th , p. 165. D. A . de S antillán. "El M ovim iento a n arquista " p p . 165-168-170.
4 La Protesta H u m a n a , 2 7. 6, 1897, "L a E ducación L ib e rtaria".

program a pedagógico p a ra la escuela libertaria, elaborado por un
joven estudiante de no m b re Julio M olina y V edia. En el mismo n ú ­
mero se habla de la particip ació n de este p rom otor en una asam blea
de la Asociación de Escritores, a fin de lograr apoyo m aterial para la
em presa. El periódico recibió efusivam ente la iniciativa de crear la
escuela lib ertaria, en la que veía un medio valioso p ara fo m entar la
idea anarquista en la A rgentina. Pero el llam ado no tuvo repercusión
y poco después J. M olina y V edia anunció que retira b a su
sugerencia. 5
Pese al revés de la p rim era iniciativa, el tem a no se esfumó de los
círculos anarquistas de la A rgentina. Al año, la prensa anarquista
del país reanudó las noticias sobre el propósito de in au g u rar escuelas
libertarias. El prim er in ten to de esta índole se hizo en Rosario, donde
el C entro O brero de Estudios Sociales creó, en 1899, una escuela ele­
m ental lib ertaria en uno de los suburbios o breros. 6 Pero no tenem os
inform ación sobre la suerte corrida p o r la em presa, ni cuánto tiem po
perduró.
La prim era experiencia sería de crear una escuela libertaria —que
se sostuvo por cierto tie m p o — la hizo en Buenos Aires a fines de
1899, el grupo anarco-com unista ‘‘G rupo de P ro p ag anda L ibertaria
de Los C orrales”. Este g ru p o fue fund ad o en noviem bre de 1899, con
el objeto declarado de consagrarse antes que n a d a a ese fin. Al m o ­
m ento de su fundación lanzó un llam ado a todos los círculos a n a r­
quistas de Buenos Aires, p a ra que apoyaran su em presa. 7 La iniciati­
va se recibió positivam ente en un comienzo, al p arecer, por p arte de
los círculos anarquistas de la cap ital, y pro n to fue acogida con b e ­
neplácito y entusiasm o p o r el renom brado periodista an arquista P.
Paraire, en el artículo teórico que publicó La Protesta H um ana en
enero de 1900. En el que se lee:
Hemos en trad o ya p o r el buen cam ino, y la form ación de círculos
de estudios sociales, el establecim iento de escuelas libertarias; estos
son... intereses creados p a ra la g ran revolución... Extiéndase en
toda la R epública estos círculos sociales, m anténgase u n a relación
5 L a Protesta H u m a n a , 13. 2. 1898, "Escuela L ib e rta ria " Ib íd ., 2 0 . 2. 1898
"Q u ím ica a n arq u ista". Ib íd ., 6 . 3. 1893, "Escuela lib erta ria".
6 L a Protesta H u m a n a , 11. 6 . 1899, “M ovim iento social” .
7 E l R eb eld e, 2 1 . 12. 1899. La Protesta H u m a n a , 2 4 . 12. 1899. L 'A v v enire, 2 4 . 12.
1899.
8 L a Protesta H u m a n a , 7 . 1. 1900.

activa en tre todos, establezcan cuantas escuelas libertarias sea p o ­
sib le ... ” .8
Cabe señalar que el grupo que fundó la escuela libertaria
pertenecía, es esos tiem pos, a los círculos anarco-com unistas “a n ti­
organizadores” del periódico El R e b e ld e, y la circ unstancia de que P.
P arraire, ideólogo del grupo, se apresurara a encom iarla, prueba
que el apoyo a la escuela libertaria incluía a todas las corrientes riva­
les. Pero la rivalidad in tern a dentro del anarquism o hizo que La Pro­
testa H u m a n a redujera en m ucho la inform ación sobre la actividad
de la escuela libertaria en 1900, y el grueso de las noticias en torno a
ella debe ser extraído de los núm eros de E l R ebelde. Según dichos in ­
formes, en julio de 1900 concurrían a esas escuelas 79 niños, que “se
educan sin prejuicios religiosos ni patrióticos”. 9 La escuela funcionó
regularm ente, según parece, todo el año 1900, y a comienzos de 1901
se a p u n ta b a que la concurrencia era de 70 alum nos; tam bién se
añ adía que de haber más aulas podrían estudiar hasta 2 0 0 . 10 Acerca
del funcionam iento de esa escuela se insertaron tam bién noticias en
la prensa g eneral. En La Prensa —en la sección M ovimiento Obreroleemos: “El C lub Literario ha establecido una escuela libre para tr a ­
bajadores de ambos sexos, p ara adultos y niños, a cuota
v o luntaria”. 11
Pero en los días en que se publicó la noticia, los azotes financieros
ponían en peligro la em presa. El grupo de prom otores lanzó por ello
un llam ado a los partidarios de la educación libertaria, pidiéndoles
co ntrib u ir a los fondos de la escuela p a ra evitar su clausura. El R e ­
belde puso sus núm eros al servicio de esa cam paña, a la vez
reproducía artículos a favor de la educación lib e rta ria . 12
A m ediados de 1901 entre los lectores de E l R ebelde se notó la
anuencia a p restar ayuda a la escuela lib ertaria. P. Gori, adversario
acérrim o de esos círculos, pronunció una disertación en una fiesta de
proyecciones, cuyos beneficios se destinaron a la escuela. 13 Acciones
de esa índole ayudaron por cierto a la institución, pero no bastaron
para sacarla del creciente aprem io financiero en que se hallaba. A fi­
nes de 1901 a las dificultades financieras se sum aron las trabas pues9
10
11
12
13
14

El R e b e ld e , 1 5 . 7. 1900, "L as escuelas lib e rta ria s” .
El R e b e ld e , 1 9 . 1. 1901, "G ru p o L ibertario de los C orrales".
La Prensa, 3 1 . 3. 1901, "M ovim iento o b re ro ” .
El R e b e ld e , 2 4 . 3. 1901. I b íd ., 19.5. 1901, "A los lib erta rio s”.
El R e b e ld e , 2 6 . 5. 1901.
La P rotesta H u m a n a , 9 . 11. 1901, “El Consejo Escolar y la escuela lib e rta ria ” .

tas por el Consejo Escolar del suburbio de “Los C orrales”. Se publicó
entonces un m anifiesto co n tra esa política y se llam ó a todos los a n a r ­
quistas de Buenos Aires a reunirse p a ra discutir el posible m odo de
salvar la existencia de la escuela. El m anifiesto se publicó en La P ro­
testa H u m a n a . 14 El apoyo de los círculos anarquistas a la escuela ev i­
tó su cierre, pero su existencia, sobre todo en el renglón financiero,
siguió siendo endeble. En 1902 aparecieron varias noticias sobre el
balance m onetario negativo de la escuela, así com o sobre el déficit
que se acu m u la b a . 15 Esta difícil situación financiera m otivó al grupo
a publicar la noticia del próxim o cierre de la escuela. 16 La institución
no cerró en 1902, como se preveía pero llevó una existencia tan
deplorable que dejó de cum plir las esperanzas cifradas en ella y
quedó relegada apenas a u n rincón.
En el ínterin asom aron nuevas iniciativas, esta vez de adictos de La
Protesta H um ana. Ya en m ayo de 1901 se anunció la inauguración
de una escuela d iurna y vespertina p a ra niños y adultos en el club
“Los Caballeros de! Ideal” . 17 Sin em bargo el proyecto no prosperó y
no se sabe por tanto qué suerte corrió dicha experiencia. Em pero el
tem a de las escuelas libertarias ya no se apartó de las páginas de La
Protesta H um ana. En la segunda m ita d de 1901 se insertaron varios
artículos y com entarios al respecto, en tre los cuales sobresa lió una n o ­
ta del pensador anarquista español R. Mella, en la que juzgaba de
modo positivo el nexo que hay, en el anarquism o, entre la ideología
revolucionaria, por un lado, como u n a visión que orienta hacia el fu ­
turo, y la dedicación cotidiana al trab ajo educativo y de ilustración,
por el otro. Esta actividad, que se cum ple en parajes distintos del
m undo, —d e c ía — ejerce u n a influencia acum ulativa, una especie de
gutta cavat lapidem que en el m om ento oportuno d errib ará los m u ­
ros del régim en existente. 18 Luego aparecieron otros artículos sobre
la educación, redactados, p o r los anarquistas locales, J. Calvo y Elam
Ravel, quienes exhortaron a aprovechar el núm ero creciente de in te ­
lectuales que se plebagan a las filas del anarquism o en la A rgentina y
a em plearlos como m aestros de las diversas asignaturas, pues p o d rían
15 La Protesta H u m a n a , 22. 2. 1901; 2 6 . 7. 1902; 23. 8. 1902.
16 E l R e b e ld e , 8 . 3. 1901, "Avisos y com unicaciones” .
17 La Protesta H u m a n a , 2 0 . 7. 1901, “ La g o ta de agua".
18 La Protesta H u m a n a , 2 7 . 7. 1901, "C om unicaciones" Ib íd , 10. 8, 1901, "P or la Ins­
tru cció n " .
19 L a Protesta H u m a n a , 2 8 . 6. 1902.
20 La Protesta H u m a n a , 146. 1902, "A m igos de la enseñanza libre” .

brin d ar conocim ientos generales y elevar el nivel de la conciencia
ideológica. 19
En jun io de 1902 se supo de dos intentos sindicales de habilitar es­
cuelas libertarias en Buenos Aires. Una en A lm agro, dirigida por el
periodista Julio C am ba20 (aunque parece que sin éxito) y otra en el
suburbio obrero d e La Boca, por iniciativa de u n grupo de estibado­
res denom inados “Amigos de la Enseñanza Libre". Este grupo se con­
sagró con energía y constancia a la tarea, y logró frutos. En la prim e­
ra inform acón se anunciaba la fecha de inauguración de la escuela
—lo . de ju lio — y el program a de estudios.
“Prim er g rad o —prim era sección: R udim entos de lectura, id. de
escritura. D eletrear y silabear. Paleografía, etcétera lecturas, prim e­
ras nociones de escritura.
“Segunda sección. Las mismas asignaturas en más adelante.
“Segundo g rad o - Prim era sección: Lecturas corrientes, escritura
sencilla, aritm ética (rudim entos), gram ática (id . ), principios de d i­
bujo.
“Segunda sección. Lecturas varias (m anuscrito), escritura (ensayos
de dictado), aritm ética, sistema decim al, gram ático en g rado medio.
Dibujo lineal.
“T ercer y cu arto grados: L ectura corriente y m anuscrita,
caligrafía. A ritm ética: sistema decim al. G eom etría: dibujo lineal, de
adorno, de figura (en copia y en m odelo). Nociones generales de
geología, astronom ía, anatom ía, quím ica y física. Sociología, trato
social, historia, geografía, política y econom ía” 21
El grupo cum plió su prom esa y a comienzos de julio se inauguró la
escuela. Se inició como escuela p rim aria, pero se prom etió que con el
tiem po se a b riría n nuevos grados y se am pliaría la esfera de la docen­
cia. La actividad en La Boca en torno a la escuela, repercutió sobre­
m anera en la prensa general. En la sección Asociaciones y Gremios
de La Prensa se anunciaban espectáculos y fiestas artísticas con
m uchos participantes, cuyos ingresos se d estinarían a la escuela; 22 al
parecer dichos espectáculos, tuvieron considerable éxito. Por su p a r­
te la tesorería de los organizadores tuvo un desem peño eficaz, y, co­
mo resultado, ya en los prim eros meses, los balances arrojaban supe­
rávits. Sin em bargo, circunstancias externas (relativas a los conflictos
que azotaron al barrio obrero) constriñeron el ím petu de la obra. D e­
21 L a Prensa, 1 7 . 6. 1902; 2 3 . 6 1902,
22 L a Protesta H u m a n a , 6 . 9. 1902. L a Organización O brera, 2 5 . 7. 1902.

be tenerse en cuenta que la inauguración de la escuela (y sus p rim e­
ros meses de vida) coincidieron con un período difícil p ara la clase
trabajad o ra de Buenos Aires; el foco de los problem as se enco n trab a
en La Boca y el sindicato de estibadores que prom ovía y m antenía la
escuela, estaba directam ente inm iscuido en ellos. No sorprendió e n ­
tonces que la escuela y lo que se hacía por ella incom odaran a los ele­
mentos que vigilaban incesantem ente el curso de los acontecim ientos
en ese suburbio que, según rum ores, debía convertirse en centro de la
revolución social. C uando en los días de las luchas obreras un ágil
corresponsal del diario Tribuna (de los círculos gubernam entales),
descubrió la existencia de una escuela an arq u ista en La Boca, esa
"revelación” suscitó una torm enta en los m edios de difusión. The
Standard, diario en lengua inglesa de los conservadores, replicó a la
noticia de T ribuna con las siguientes palabras:
T he description of an A narchist School at th e Boca with its
h u n dred pupils and staff of teachers given by T ribuna Yesterday,
was read with blank astonischm ent by m any people. N o wonder
th at crim e increases in th e city. T h e question is why do not a u th o ­
rities close such a pestilent and subversive establishm ent. 23
El periódico anarquista L 'Avvenire, en su nú m ero del 15 de n o ­
viembre de 1902 juzgó la n ota de Tribuna com o instigadora a una
“cruzada” contra la escuela de La Boca y contra la actividad a n a r­
quista en ese barrio obrero, y previno contra el peligro de un ataque
inm inente por p arte de las autoridades de la c iu d a d . 24 Pocos días des­
pués, por cierto, aunque p o r causas distintas a las previstas por L ’A v ­
venire, el suburbio se convirtió en escenario de confrontaciones
violentas, sin precedentes en la A rgentina, entre las clase tra b aja d o ra
y las fuerzas del gobierno, d u ran te la huelga general del 23 de n o ­
viembre de 1902. Esta huelga, que term inó con la paralización total
de la actividad de los sindicatos obreros y anarquistas en la capital,
llevó tam bién a la supresión de la escuela an arq u ista de La Boca.
En 1903, al reanudarse las actividades obreras y anarquistas, revi­
vió tam bién la labor educativa y de ilustración. Prim ero sólo en el
25 T h e S tandard (Buenos Aires) 8 . 11. 1902, “Editor's T a b le ” .
24 L ’A vvenire, 1 5 . 11, 1902, “L ’A narchism o alla Boca".
25 La Protesta, 4 . 4. 1902. “Las dos escuelas” Ibíd. 20. 9. 1903, “ L a E d u cació n ” , Ibíd.
1 0 . 10. 1903, “H acia la educación in teg ral". Ib íd . 1 7. 10. 1903, "H acía la educación in ­
tegral".

dom inio periodístico, pero pronto hubo asimismo intentos concretos
de inau g u rar escuelas an arquistas. 25 Ese año la F . O . R . A. se tornó en
un factor de estím ulo a los sindicatos obreros en el cam po de la ed u ­
cación; en el III Congreso (6 al 9 de junio de 1903) se aprobó la si­
guiente resolución:
“El tercer congreso de la F . O . A. considera de urgente necesidad la
fundación de escuelas libres donde, excluyendo cualquier educa­
ción sectaria, se exponga al niño la m ayor sum a de conocimientos
evitando así la deform ación cerebral y p re p a ra n d o criterios
amplios, capaces de com entar y com parar m ás tarde todo género
de doctrinas. El lem a de estas escuelas será la libertad por la edu­
cación, y la instrucción estética y el aprendizaje m anual deberán
unirse a la enseñanza científica, teniendo com o punto de m ira el
desenvolvim iento integral de todas las facultades”.26
Esta tendencia de la F . O . A. pudo m aterializarse poco después del
congreso, cu an d o un com pañero inform ó que estaba dispuesto a
contribuir con 5 000 pesos p ara fu n d ar una “escuela libertaria in ­
tegral”, en u n a colonia infantil, donde se im p artiera educación se­
gún los principios form ulados por K ropotkin en su libro Campos,
fábricas, talleres. Pero planteó un prerrequisito: que a su contribu­
ción se sum ara la sum a de 15 000 pesos del sindicato obrero. En caso
contrario, indicaba, llevaría su contribución a E spaña. 27 La Protesta
H um ana respaldó la iniciativa del donante anónim o y exhortó a los
sindicatos obreros a apoyarlo. En un artículo editorial se pidió a los
sindicatos obreros que usaran los fondos de huelgas para ese fin. Al
parecer había grandes sumas de dinero en esos fondos, y se presenta­
ba una o p o rtu n id ad p a ra darles un destino eficaz, que se ajustaba a
los objetivos de los sindicatos. 28 La ausencia de inform ación adicional
sobre la suerte de la iniciativa es prueba de que no se m aterializó.
26 La Protesta, 14. 6, 30. 6, 1903, “El T ercer C ongreso” D. A. de S antillán, M ovim ien­
to anarquista, p . 168.
27 La Protesta, 2 5 . 7. 1903, “A las sociedades obreras".
28 La P rotesta, 2 2 . 8. 1903, “ H ay dinero p ara todo, h ab ien d o b uena voluntad".
29 La Protesta, 1 9 . 12. 1902, “Cosas V iarias”.
30 L a P rotesta, 2 6 . 3. 1904: 1 1. 5 1904; 27. 9. 1904; 7 . 10. 1904 L a Organización O bre­
ra, 2 5 . 9. 1904, "A d elan te” .
31 Un testim onio d e su existencia y actividad puede hallarse tam bién en las d elib era­
ciones del congreso A rg en tino, en las palabras del d ip u ta d o R oldán. Véase: Diario de
Sesiones, C á m a ra d e D ip u tados (1904), p . 557.

Tam poco tenemos datos p a ra explicar el por q u é de la anulación.
Sea como fuere, el interés p o r la actividad educativa no desapareció y
a fines de año se supo de u n nuevo grupo en La Boca, form ado p a ra
fom entar la enseñanza p o r escrito a los trab ajad o res y p a ra establecer
una escuela destinada a los niños. 29
Tras esfuerzos y preparativos que d u raro n un año (en cuyo tra n s­
curso se sum aron otros grupos a la ta re a ), 30 se habilitó de nuevo una
escuela anarquista en La B oca. 31 La reanudación de la labor e d u c a ­
tiva anarquista en La Boca se destacó en un artícu lo editorial de L a
Protesta H um ana, que la saludó con beneplácito, y la llam ó “una
iniciativa feliz”; tam bién elogió los principios educativos. La red ac ­
ción veía en esa escuela la satisfacción de una necesidad “que se im ­
pone a los luchadores de b u en a y sana voluntad, p a ra quienes la p re ­
paración del porvenir no puede ser la obra del acaso’’. 32
Esta escuela (como su predecesora, de 1902) fue efím era; la c a m ­
paña de persecusiones con tra los dirigentes obreros y anarquistas, a
raíz de la revolución radical de febrero de 1905, la dañó m ucho. Esta
vez, igual que anteriorm ente, se rean u d aro n las actividades por la
rehabilitación de la escuela liberaría, y en el mes de ju n io se publicó
en Buenos Aires un llam ado a todos los grupos anarq uistas y a los
representantes de las Sociedades de Resistencia p a ra que se reunieran
a debatir el plan de acción respectivo. 33 A los activistas en la e d u c a ­
ción e ilustración se añadió en esos días un grupo de jóvenes e stu d ian ­
tes, encabezados por A lejandro Sux (quien se convertiría en uno de
los anarquistas más activos y destacados en el periodism o, sobre todo
en la sección literaria). Este grupo empezó a im p a rtir enseñanza a los
trabajadores, dictando clases vespertinas y p ro n u n cian d o series de
conferencias populares. 34
EL V Congreso de la F . O . A. siguió con la tradición de los a n te ­
riores y consagró debates y resoluciones a la educación y la ilu stra ­
ción. Recom endó a los sindicatos adheridos la asignación de una su ­
m a de sus fondos p ara la creación y el fortalecim iento de escuelas li­
bertarias, como parte integral de la actividad educativa, de ilustra­
ción y propagandística en el seno de la clase tra b a ja d o ra.
La actividad educativa, por cierto, acom pañó a la actividad de los
32
33
34
35

La Protesta, 5 . 11.
La Protesta, 2 7 . 6.
La Protesta, 15. 8.
D A. de S antillán,

1904, "L as escuelas libertarias"
1905, “Escuelas libres".
1905, "L a iniciativa de los estudiantes".
op. cit. p p . 169-170.

grupos anarquistas y de los sindicatos obreros anarquistas a todo lo
largo de la época analizada. Sus logros no fueron m uchos, pero la
constancia dem uestra que form aba parte integral de la acción a n a r­
quista. Esta actividad no cesó en los años subsiguientes. 35
En síntesis: la lista de intentos incesantes de establecer escuelas li­
bertarias (aunque no se lograron éxitos particulares) perm ite indicar
la im portancia que los an arquistas de la A rgentina atrib u ían a esta
actividad. La labor prosiguió tam bién después de 1905. En el
período entre 1905 y 1914 se h abilitaron escuelas, Ligas de E duca­
ción R acionalista, y se ed itaro n diversas publicaciones que a b o rd a­
ban el tópico de la educación, tan to en Buenos Aires como en el in te ­
rior (M endoza, Rosario y M ar del Plata).

M o r a l y Es t il o

de

V id a

No sería com prensible la consagración constante a las actividades
educativas, si no se la liga a la labor propagandística corriente, si no se
tom a en cuenta el papel principal del ideal m oral entre los anarquis­
tas conscientes. El ideal m oral era, entre ellos, un principio n o rm ati­
vo que g uiaba el estilo de vida, y determ inaba la “realización perso­
n a l, ” es decir la búsqueda afanosa de un estilo de vida que se ajustara
a los ideales m orales, así como la certeza de q ue era necesaria una
educación personal como prerrequisito p ara ed u car al prójim o3 5a
Este enfoque m oral, básico, (que era com partido por las corrientes
principales del anarquism o en la A rgentina de esa época), no h a ­
bía sido ap ro b ad o aún en tre 1890 y 1897. En la prensa anarquista
de esos años p u eden leerse enfoques am orales, form ulados sobre todo
por los círculos anarco-individualistas y una p arte de los anarcocom unistas extrem os que, en nom bre de la “L ibertad individual” a b ­
soluta, desdeñaban cualquier m oral hum ana y ju stificaban cualquier
delito o deform ación como “antítesis de la m oral b urguesa”. El voce­
ro de tales enfoques era el periódico La A narquía de La Plata, y la
cam paña en su contra fue. lib rad a por E l O prim ido, que dirigía I.
C reaghe. En uno de los prim eros núm eros del periódico, el director
35a La Protesta, 2 0 . 2. 1904, “N uestro ideal".
36 E l O prim id o , 1 . 8. 1895 (2), “L a M oral".
37 E l O p rim id o , 6 . 2. 1897, “El robo y la m oral an arq u ista" I b id , 14. 3. 1897. "L a mo­
ra l” Ib id . 14. 3. 1897, “El an tim o ralism o ” .

I. Creaghe, consagra un artículo editorial al te m a y ataca a c e rb a ­
m ente a los am orales, diciendo.
Hay com pañeros que se h a n distinguido p o r su em peño en hacerse
pasar por tan adelantados y ta n buenos anarquistas que h an r e ­
chazado cualquier m o ra l... R echazar toda m o ral equivale a rech a­
zar toda razón... T enem os nuestra m oral an arq u ista, la que nos
enseña y m an d a respetar nuestro Dios: la R azón” .36
La discusión con los am orales debe haber sido aguda v pro lo n g a­
da, y sus ecos asoman en los núm eros de E l O prim ido hasta el año
1897, cuando dejó de aparecer. 37
La publicación de La Protesta H u m a n a , en 1897 —que inició una
época nueva en la historia del anarquism o en la A rg en tin a — motivó
tam bién la eliminación de los criterios am orales. Desde sus prim eros
números, La Protesta H u m a n a expresó un enfoque “m oralista”
inequívoco que dem ostraba u n a “m oral a n a rq u ista ” . Este enfoque se
expresó en dos dominios principales: 1) en el dom inio teóricoconceptual, al apoyarse en los escritos de los pensadores m ás des­
collantes del anarquism o; 2) en el dom inio periodístico local, al r e ­
currir a expresiones variadas de los activistas del lugar: artículos, n o ­
tas breves, cartas a la redacción y extractos de lite ra tu ra o poesía.
Desde los prim eros núm eros de L a Protesta H u m a n a y d u ran te to ­
da la época estudiada, se dedicaron m uchas colum nas del periódico
a artículos teóricos sobre la m oral anarquista, escritos por célebres
pensadores del anarquism o: P; K ropotkin, J. Greave, S. Faure, R.
Mella; así como capítulos del filósofo G tuyau, cuyos criterios morales
juzgó Kropotkin como dignos de fu n d am en tar los principios m orales
anarquistas. Esos artículos cum plieron un papel educativo y o rien ta­
dor en el m ovim iento argentino y estim ularon a m uchos periodistas
del país a tom ar en cu enta el tem a. Debido al interés especial en las
actividades anarquistas en la A rgentina, consagrarem os la parte
principal del estudio relativo a este tem a a la presentación de las
líneas de pensam iento que resaltaron en las notas de los com entaris­
tas locales, pero nos abstendrem os de analizar las teorías tom adas de
los grandes pensadores, pues ello no corresponde a nuestro trabajo.
Cabe señalar que en cuanto a las cuestiones de m o ral y estilo de vida
en el período que m edia en tre 1897 y 1905, se puede en co n trar un
denom inador com ún entre los adictos a la organización y sus adver­
sarios; com entarios anim ados por u n espíritu parecido se publicaron
en La Protesta H um ana, L ’A vvenire y El R eb eld e.

Entre los asuntos principales que se publican en esas notas, señala­
remos en p rim er térm ino el llam ado a la educación personal, a la
concreción de u n estilo de vida anarquista que se ajuste a los ideales.
“No basta que yo me llam e anarquista p ara serlo, es necesario que
mis ideas, mis procedim ientos, mis acciones públicas y privadas, mi
conducta, en fin, justifique mis aspiraciones, sin lo cual será vano
cuanto yo diga acerca de mi anarquism o... p a ra ser real y verdadera­
m ente an arq u ista hay que poseer una m en talid ad y una elevación
m oral, una honestidad de conducta, y un am or a las ideas de em an­
cipación ob rera, y un espíritu am plio y se re n o ... ”38
La im agen ideal del anarquista es la del activista, el propagandis­
ta, el que p ro c u ra sin treg u a ilustrarse, am p liar los horizontes afian­
zar más su concepción del m undo, atento a las problem áticas de la
sociedad y que reacciona a ellas con un anhelo profundo de m ate­
rializar una vida de justicia social. El anarquista es un tipo estudioso,
reflexivo, consciente del medio en que se mueve.
El an arq u ista, a u n de limitados conocim ientos, es un tipo culto,
digno de ser com o dice que es, de proceder como dice que piensa... ”.39
“El anarquista, ro b an d o horas al reposo, tra ta de aprender y procura
enseñar... La vida del obrero anarquista es doblem ente activa que la
de cualquier tra b a ja d o r sin ideales. Después de la tarea diaria del
taller, viene la ta re a de enseñar y p ro p a g a r... El afán de proselitis­
mo, el espíritu de sacrificio en la lucha o brera, el desprecio a los p e­
ligros, el espíritu de sacrificio en la lucha o b rera, el desprecio a los
peligros, el espíritu de rebelión y de lucha, la actividad y un radica­
lismo absoluto y constante, son p arte de la cond u cta an arq u ista”.40
El enfoque del valor decisivo en la existencia de un estilo de vida
según los principios ideológicos, deparó tam b ién derivaciones en la
determ inación de norm as de conducta en el queh acer cotidiano. Los
anarquistas fuero n llam ados a llevar un estilo de vida m odesto y se­
38 La Protesta, 6 . 2. 1904, “N uestro Ideal” .
39 La Protesta H u m a n a , 1 9. 1. 1901, “La p ro p a g a n d a p o r la c o n d u c ta ” .
40 La Protesta, 6 . 2. 1904, “N uestro Ideal” , Ibíd. 2 5 . 3. 3. 1904, "N uestro Ideal” ,
Ibíd. 2 6 . 3. 1904, "N u estro Id e a l” . Sobre esos motivos en la co n d u cta an arq u ista, véase
tam bién: La P rotesta H u m a n a , 10. 6. 1900, "C arta de N ad ie a T odo el M undo”. El
R ebelde, 3 0 . 12. 1901, “ Los an arq u istas” . I b íd . 3 . 9. 1899, “El espíritu de rebeldía”
L a Protesta, 1. 8. 1903, "R edím ete tú m ism o” Ib íd . 1 . 1. 1904, “Nosotros y todos los d e ­
m ás”. Ib íd , 5 . 3. 1904, “N uestro ideal - De la conducta a n a rq u ista ", Ib íd . 8 . 10. 1904,
"P alestra”.
41 La Protesta H u m a n a , 2 0 . 7. 1901, “El alcoholism o y la clase o b re ra ” La Organiza­
ción Obrera, 2 5 . 7. 1902, “ Los vicios” Ib íd . 2 5 . 8. 1904, “El ju e g o ”.

rio, abstenerse de la b eb id a, alejarse de las cantinas (no de los cafés,
donde los anarquistas p asaro n m uchas horas de discusión), evitar el
despilfarro de dinero en juegos de azar y apuestas, ap artarse de los vi­
cios que perjudican la vida norm al y m odesta. “ La em briaguez y el
sensualismo no son vicios anarq u istas, al co ntrario, m uchos que eran
víctimas de esos vicios lograron independizarse de ellos al iniciarse en
la nueva d o ctrin a... Conozco m uchos anarquistas que al serlo, d e ja ­
ron de fum ar y ju g a r... T o d o individuo anárq u icam en te consciente,
es un equilibrado, física, m o ral e in telectualm ente h a b la n d o ... ”.41
Al parecer, las aspiraciones y esperanzas en este dom inio re b a sa ­
ban lo que se podía suponer entre las masas de adherentes que lle g a­
ron al anarquism o de las m ás distintas m aneras, y de trasfondos so ­
ciales y nacionales dispares. El ideal del estilo de vida an arquista fue
m aterializado sólo por m uy pocos, m ientras que la m ayoría siguió vi­
viendo según la corriente en el m edio am biente no anarq u ista. U n
testimonio del desnivel en tre los ideales y la realid ad , se puede e n ­
contrar en u n núm ero de artículos, com entarios y cartas de
lectores,42 y sobre todo en u n a nota extensa de Lydia Pelea, que e x a ­
m ina las transgresiones a b u n d an tes a las norm as de vida an arq u ista,
y censura a los cientos de adherentes de Buenos Aires que se lla m a ­
ban anarquistas y no cu m p lían con un estilo de vida ajustado a sus
principios. 43 Sea como fuere, cabe suponer que au n q u e hubo m uchas
transgresiones, entre los an arq u istas había dificultades p ara llegar a
normas de conducta obligatorias, pues se ap licab an sanciones, sin
que eso socavara los principios de la libertad personal, el hecho m is­
mo de que se diera p u b licid ad a eso se convirtió en un factor e d u c a ti­
vo tal que prom ovía u n estilo de vida basado en la “m oral
anarquista”.44

C o l o n ia s A n a

rco

-C o m

u n is t a s

En los prim eros años de la década de 1890 el anhelo de vivir según
42 E l R eb eld e, 12. 8. 1900, “C o m u n icad o ” Ib íd 7 . 1. 1900, “ P re g u n ta ” L a Protesta,
6. 6. 1903, “Servilismo p o p u lar” I b íd . 4 . 5. 1904; 8 . 5. 1904, “D e la co n d u cta a n a rq u is ­
ta ” . I b í d , 28. 4. 1904, “De tu lib e r ta d ” . Ib íd 1 5. 10. 1904, “ P a le stra ” . I b íd . 4 . 2. 1905,
“C arn av al” .
43 E l R eb eld e, 2 0 . 2. 1902, “H ablem os claro, Lydia pelea” .
44 J. M aitron, op. cit., pp. 359-379. El C a p . IV (“M ilieux L ib res”) está consagrado
por en tero a este tem a.

los principios an arquistas más íntegros, em pujó a un núm ero de
anarquistas, en diversos recodos del m undo, a tra ta r de constituir co­
m unidades com unales d o n d e se llevara un estilo de vida anarcocom unista. V arias experiencias de esta índole se hicieron en
Francia. 44 Pero uno de los poblados anarquistas más conocidos se
fundó lejos de las fronteras francesas y más cerca de la A rgentina. Es­
te fue la “Colonia C ecilia” , en el sur del Brasil, fu n d ad a en 1890 por
anarquistas italianos, y q u e se m antuvo hasta 1894. En 1891 la locali­
dad llegó a estar pob lad a p o r 200 m iem bros y las noticias sobre su d e­
sarrollo se d ifundieron e n tre los m ovimientos anarquistas en todo el
m undo. En 1896, después de su disolución, se publicó en la A rgenti­
na un folleto sobre la vida en Cecilia, escrito p o r Ju a n Rossi, uno de
los activistas m ás destacados de la colonia. En el folleto, editado por
la publicación m ensual L a Question Sociale, el autor señalaba, entre
otras cosas, las causas de la disolución:
“ ... la colonia Cecilia no cayó p orque fuera com unista y m ucho
menos p o rq u e fuese an arq u ista, cayó p o rq u e fue pobre, y fue
pobre porque principió con poquísimos recursos, con personas in­
capaces p a ra los trab ajo s agrícolas, y porque se encontraba sola en
el m undo, que le era económ icam ente e x tra n je ro ... Gozábamos de
libertad en nuestras relaciones internas, pero nos faltab a el bienes­
ta r m aterial. N uestro pequeño m undo an arq u ista era demasiado
peq u eñ o ... Si el m u n d o entero se h ubiera hecho ciciliano, sostengo
que aún subsistiría... Según mi parecer, la “Cecilia” no ha sido un
fracaso. H a sido u n experim ento que pasará a la historia, que duró
lo suficiente p a ra que la idea orgánica de la a n arq u ía pudiese ser
puesta a p ru e b a ” .45
Los com entarios sobre los intentos de fu n d ar com unidades com u­
nales en distintos parajes del m undo, ocuparon u n lugar nada desde­
ñable en las publicaciones de los círculos anarquistas de la A rgenti­
na. La Protesta H u m a n a , en sus prim eros años, evidenció m ucho in­
terés en ello y lo encaró con sim patía. Se p ublicaron notas inform ati­
vas ya en sus prim eros núm eros. En diciem bre de 1897 se com enza­
45 Ju a n Rossi, Un episodio de am or en la colonia C ecilia, Buenos Aires, Ed.
B iblioteca "La Q u estio n e S ociale” , 1896, p p . 27-28. Sobre la C olonia Cecilia, ver: El
Perseguido, 2 9 . 1. 1893, Brasil, C olonia socialista Cecilia.
46 La Protesta H u m an a, 2 6 . 12. 1897, "U na colonia a n a rq u ista en In g la te rra ” Ibíd.
2 . 1.
1898. Ib íd . 9 . 1. 1898. I b íd . 1 6 . 1. 1898.

ron a insertar cartas de In g laterra, copiadas del periódico anarquista
parisino Les Tem ps N ouveaux, que se referían a la fundación y d e ­
sarrollo de un poblado com unal pequeño, Forest H all, en la zona de
Newcastle on T a ne. El poblado se fundó en 1895, por iniciativa de
una anarquista de origen checoslovaco, que reunió a 30 anarquistas
ingleses p ara establecer u n a colonia que funcionaba según principios
comunales. Las cartas describían detallad am en te las etapas de
consolidación y la lucha por la existencia en el prim er año. A com ien­
zos de 1898 se suspendió la publicación de las cartas, y no se explicó
la suerte corrida por la experiencia com unal. 46 Varios meses después
el periódico volvió a describir poblados com unales y se refirió con
am plitud a una com unidad colectivista en la isla de Bomis, en el
Océano Pacífico, integrado por m iem bros de diversas nacio n alid a­
des, (ingleses, franceses, españoles, italianos, escandinavos). El
artículo presenta esa com unidad como ejem plar de un estilo de vida
anarquista, y como una pru eb a de que el anarquism o no es una
utopía irrealizable. 47 Puede decirse, en líneas generales, que La Pro­
testa H um ana se mostró p a rtid a ria siem pre de las com unas, en todas
partes del m undo. En sus núm eros pueden encontrarse com entarios
aprobatorios sobre poblados com unales en C an ad á49 y sobre intentos
de la mism a índole en H olan d a y Estados U nidos. 50
En El Sol, otro periódico an arq u ista, el crite rio p re v a le c ie n te es
otro. En 1901 se publicó un extenso artículo del pensador anarquista
Eliseo Reclus, quien hacía u n a censura acérrim a a las teorías u tó p i­
cas de Cabet y F o u r ie r . Al respecto Reclus form ula la siguiente p re ­
gunta retórica:
“¿Crearán los anarquistas falanges para su uso p articu lar en el
m undo burgués? ” Y se contesta: “¡Ni lo creo ni lo deseo! ” Luego seña­
la el fracaso de todos los intentos de com una em prendidos por los
anarquistas:
“N ada nos cuesta reconocer que, hasta el presente, casi todos los
intentos formales de establecim iento de colonias anarquistas en
Francia, Rusia, Estados Unidos, México, Brasil, etcétera, han fra c a ­
sa d o ...”
47
48
49
mo
50

La Protesta
La Protesta
La Protesta
ag rario ” .
La Protesta

H u m a n a , 2 9 . 5. 1898, “En la a n a rq u ía ”
H u m a n a , 4 . 9. 1898. Ibíd. 12. 3. 1902, "C olonia a n a rq u is ta ”.
H u m a n a , 1 9 . 12. 1903, “Los D ukhobors” Ibíd. 12. 3. 1904, “C om unis­
H u m a n a , 1 9 . 12. 1903, “El com unism o p rá c tic o ” .

En las circunstancias existentes —alega el a u to r— no podía darse
otra cosa que el fracaso. La consecuencia que Eliseo Reclus extrae,
es:
“.. . por ningún pretexto ni interés de ningún género debemos en ­
cerrarnos, es preciso perm anecer en el amplio m undo p a ra recibir de
él todos los impulsos... R etirarse unos cuantos amigos al cam po para
pasearse y hablar de las cosas externas a la m an era de los discípulos
de Aristóteles, es abandonar la lu c h a ... ”.51
Cabe subrayar que pese a la relación positiva con las com unas por
parte del principal periódico anarquista, La Protesta H um ana, los
anarquistas en la Argentina no m aterializaron ningún intento de cre­
ar una com una duradera. H ubo varios comienzos, pero sin resulta­
dos efectivos. En 1900 El R ebelde publicó una noticia sobre la in i­
ciativa de un grupo de anarquistas argentinos, deseosos de fundar un
poblado comunal “ ...p ara p racticar el comunismo anarquista, hasta
donde lo perm ita una sociedad como la presente, tan cargada de vi­
cios... ”.52 O tras noticias sobre esta iniciativa se p ublicaron tam bién
en La Protesta H um ana, d an d o cuenta de que el grupo form aba un
fondo p ara financiar la colonización y buscar un p araje adecuado en
la provincia de San Ju a n . 53 Esas noticias empero se suspendieron y ca ­
be suponer que el intento frac asó. En 1901 se supo de otro intento de
crear un poblado com unal, p o r iniciativa de un grupo de anarquistas
argentinos. Ese grupo colonizador, “Tierra y L ib ertad ” , se fundó el
15 de septiem bre de 1901 y u n a declaración form ulada a L a Protesta
H um ana, señalaba que “Se propone fundar u n a colonia agrícola in ­
dustrial en la forma más an árquica que p rácticam ente perm ita el
am biente burgués”.54
Al parecer esos grupos tuvieron éxito el prim er año y en 1902 se su ­
po de la com pra de 500 hectáreas de tierra, donde se levantaría un
poblado anarquista. El grupo prom otor exhortó a los com pañeros a
adherirse. 55 Pero después no volvieron a aparecer noticias, por lo que
51 El Sol, 16. 12. 1900, “Las colonias anarquistas".
52 El R eb eld e, 10.6. 1900, “C olonia A n arq u ista”
53 La Protesta H u m a n a , 3 . 11. 1900, “Colonia L ibertaria".
54 La Protesta H u m a n a , 28. 9. 1901, "G rupo colonizador T ie rra y L ib e rta d ". P orm e­
nores sobre este g ru p o se pu b licaro n tam bién en: El R ebelde, 1 1 . 11. 1901, “Grupo
T ierra y L ibertad".
55 La Protesta H um ana. 22. 2. 1902, “El G rupo Colonizador T ie rra y L ibertad". El
R eb eld e , 2 0 . 2. 1902, "Grupo C olonizador T ierra y libertad".

es de suponerse que el g ru p o corrió la misma suerte que los a n te ­
riores. Entre 1902 y 1905, la época torm entosa en las luchas obreras,
no se tuvo ningún indicio de actividad anarquista p ara form ar g ru ­
pos de colonización com unal en la A rgentina.

C o o p e r a t iv a s

En cuanto a las cooperativas, h ab ía una controversia en el m ovi­
miento anarquista m undial. El tem a iba a ser d ebatido en el C ongre­
so A narquista de París que se celebraría en septiem bre de 1900.56 P e ­
ro ese congreso, como se sabe, no se llevó a cabo, y en la reunión
secreta de los anarquistas activos, en París, cuando se supo de la a n u ­
lación del congreso, el tem a no se tra tó . La cuestión siguió pendiente
de las vacilaciones y los debates en el m ovim iento an arq u ista del
m undo, y no se logró una concordancia de ideas. 57
En la A rgentina, el tem a de las cooperativas se planteó entre los
anarquistas, en m om entos de consustanciam iento con las luchas
obreras y al acentuarse el apego a las mismas. A comienzos de 1901
La Protesta H um ana inform ó sobre la tendencia a crear una coope­
rativa de som brereros, com o m edio p a ra ayudar a los trabajadores de
esa ram a, sum ergidos en esos días en una huelga p ro lo n g a d a. 58 En la
segunda m itad de 1901 se inform ó en La Protesta H u m a n a sobre la
creación de u n a cooperativa de obreros de cigarrillos: la Unión de
T rabajadores Unidos. El periódico saludó la idea expresando: “D e­
seamos que esta iniciativa siga a d e la n te ... ".59
A fines de 1901 y comienzos de 1902 surgieron cooperativas de
obreros panaderos, en su m ayoría afiliados al sindicato anarquista.
Esas cooperativas cum plieron un pap el im portante en la g ra n huelga
de obreros panaderos, en 1902.60 En el II Congreso de la F . O . A., des­
pués de que los socialistas a b an d o n aro n la federación y ésta quedó
sujeta a la influencia de los anarq u istas activos, se aprobó una resolu­
ción explícita sobre las cooperativas:
“El Congreso considera que las cooperativas de producción sólo
56 La Protesta H u m a n a , 2 4 . 11. 1900, "El C ongreso In tern acio n al".
L. M aitron, op. cit., pp. 339-345. El R ebelde, 16.2. 1901, “O rganización, iniciativa”.
58 La Protesta H u m a n a , 2 6 . 1. 1901, “La hu elg a de so m brereros”.
59 La Protesta H u m a n a , 3 0 . 11. 1901, “M ovim iento social”.
60 La Protesta H u m a n a , 2 . 8; 9 . 8; 2 8 . 10. 1902.

pueden aceptarse como m edio accidental de defensa y recom ienda la
creación de cooperativas de consum o que puedan em anciparse de los
interm ediarios que nos explotan y nos envenenan”.61
La redacción reticente de esta cláusula, pone de m anifiesto las va­
cilaciones ideológicas. Su expresión literal no tard ó en oírse. El 30 de
mayo de 1902 L a Protesta H um ana publicó una carta del com pañero
G allardo, recalcando su disgusto p o r la resolución equívoca del
congreso de la F . O . A. respecto a las cooperativas, y alegando que se
las debía re fu ta r sin m iram ientos. En su respuesta, la redacción seña­
laba que se d ebía distinguir entre un congreso anarquista y uno de
obreros. En u n congreso obrero no era posible velar por un criterio
anarquista ín te g ro . 62 En cuanto a qué se entiende por “criterio a n a r­
quista” en el cooperativism o de producción o consumo, no se dio una
respuesta clara. El tema siguió inq u ietan d o a los círculos anarquistas
de todas las tendencias y corrientes ideológicas, y desde septiem bre
de 1902 pasó a ocupar lugar destacado tam bién en la prensa a n a r­
quista. En uno de los núm eros de E l R ebelde se insertó una cantidad
de preguntas de lectores, entre ellas: “¿Se deben aprobar las coopera­
tivas?” . El interesado en saber — R. Cantos, un anarquista del
interior — señaló que lo im pulsaba la expresión positiva que advertía
en la prensa a n a rq u ista . 63 La respuesta de la redacción no se dio en
ese núm ero, pero en un extenso artículo firm ado por Galileo (que a d ­
quirió renom bre meses después en ese periódico) se repudió to ta l­
m ente a las cooperativas, por considerarlas un elem ento dañino y d e ­
form ador del espíritu revolucionario. 64
En octubre de 1902 La Protesta H um ana perm itió tam bién la d i­
lucidación teórica del tópico relativo a las cooperativas y publicó una
serie de artículos de pensadores anarquistas. El prim er artículo fue
de P. K ropotkin y la redacción, en un prólogo, recalcaba que su
transcripción se debía al g ran interés que entre lectores había sus­
citado el tem a. El artículo de K ropotkin em pieza analizando el de­
sarrollo del cooperativism o de consum o y de producción en Gran
B retaña, y señala la form ación de una m entalidad conservadoraburguesa entre los m iem bros de las cooperativas procedentes de la
clase tra b a ja d o ra. En su opinión, el capitalism o aprovechaba los
logros del cooperativism o y fortalecía por su interm edio el régimen
61 Véase el C ap . IV sobre las deliberaciones del congreso I de la F . O . R . A.
62 La Protesta H u m a n a , 30. 5. 1902.
63 El R eb eld e, 13. 9. 1902.

existente y la explotación de los trabajadores. R eprueba las teorías de
los socialistas, quienes alegaban que el cooperativism o prep araría a
los obreros p ara la cooperación. Kropotkin a p u n ta b a que las coope­
rativas se basaban en elem entos egoístas, que no fom entarían la te n ­
dencia a la vida en com una. En cu an to a la actitu d anarquista al res­
pecto, dice:
"Nosotros sabemos q u e... la asociación de consum idores y de los
productores, será una de las form as de la sociedad naciente. Pero no
queremos saber nada de esta asociación que tiene por objeto m eter
en caja su plus-valor o su beneficio" . 64
Los titubeos teóricos en torno al tópico se expresaron igualm ente
en las páginas de La Organización Obrera, de la F . O . A. C onsideran­
do la realidad, con ideas diferentes, la redacción inició una sección
llam ada “T rib u n a L ibre”, donde los com pañeros publicarían sus
puntos de vista. El prim er artículo fue de Pellico (Pellicer Paraire),
en el que el autor expresó una idea similar a la de Kropotkin, repudió
las cooperativas y las vio como un cam ino hacia el aburguesam iento
del obrero, hacia el aletargam iento de su lucidez revolucionaria. 65
En 1902 no se celebró el deb ate teórico sobre el tem a, pues estalla­
ron cam pañas obreras (las de noviem bre de 1902) y luego sobrevino
la paralización resultante del estado de sitio.
AI reanudarse la actividad an arq u ista en 1903, volvió a plantearse
la cuestión de las cooperativas y se entrelazó por entero en las ca m p a ­
ñas obreras en que particip aro n los anarquistas; el tem a adquirió
expresión teórica en los debates de los congresos.

An

t im il it a r is m o

Los pareceres antim ilitaristas h a b ía n sido com unes a todos los m o ­
vimientos anarquistas, prescindiendo de sus tendencias. Se diferen­
ciaban por la form a de a ctu ar, p o r su intensidad, p o r los objetivos y
formas de lucha, pero no en el repudio sustancial del m ilitarism o y

64 El R eb eld e, 2 3 . 11. 1902, “Las coo p erativ as” . La Protesta H u m a n a , 2 5 . 10. 1902,
“C ooperación y socialism o" S obre este tem a se publicaron artículos en La Protesta
H um ana, R. M ella, “El C ooperativism o a n te las escuelas sociales" ( 1 . 11. 1902, 8 . 11.
1902, 1 5 . 11. 1902. )
La organización obrera, 2 5 . 10. 1902, "L as cooperativas o b rera s” .

del patriotism o estatal. 66 No extraña entonces que esos enfoques se
arraigaran tam b ién en el anarquism o argentino desde sus primeros
pasos y que crecieran a comienzos del siglo X X , cuando aum entó su
actividad en el país. La Protesta H um ana asum ió una posición enér­
gicamente an tim ilitarista desde sus prim eros núm eros; adem ás de los
artículos antim ilitaristas copiados de la prensa anarquista francesa,
española, etcétera, se centró en la p ropaganda contra la guardia n a ­
cional. El tem a se abordó en los artículos antim ilitaristas publicados
en 1897 y 1898.67 C uando se prom ulgó la ley del servicio m ilitar obli­
gatorio en la A rgentina, en 1901, la prensa an arq uista se lanzó a una
cam paña enérgica en su contra. La Protesta H u m a n a publicó notas
de censura a esa ley y contra su perniciosa influencia sobre los jóvenes
y diversos aspectos de la vida. La p ro p ag an d a an tim ilitarista y la re­
sistencia a la conscripción obligatoria se intensificaron en 1902 y se
expresaron tam b ién en resoluciones del II Congreso de la F . O . A. 68
La Protesta H u m a n a insertó en sus núm eros de ese año varios
artículos de repudio enérgico a la conscripción m ilitar. En uno de
ellos, dirigido d irectam ente a los candidatos al enrolam iento, el ejér­
cito fue descrito como el escudo de la p ro p ied ad privada, de la ley y
del régimen capitalistas, y como un in strum ento de los ricos y fuertes
para oprim ir a los pobres. No se escatim aron p alabras de crítica:
“El ejército, conscriptos, es, en fin , el vam piro monstruoso que os
chupa la sangre, que os estruja, que os retuerce y que os arroja des­
pués inútiles e im potentes, lejos, muy lejos, donde no poda is turbar
sus festines crim inales. Y ahora, soldados, m ed itad y o b rad com o
mejor os plazca. Id a engrosar las filas del ejército abdicando de
vuestra personalidad p ara prostituiros en el cuartel y descargar los
fusiles hom icidas contra vuestros herm anos, o ponéos al lado de estos
para echar por tierra el edificio gigante de la injusticia social”.69
66 Sobre el an tim ilitarism o y el antipatriotism o en F ran cia, véase. J . M aitron, op. cit.
pp. 346-354, C ap . “Les A narchistes et L ’A ntim ilitarism e”.
67 La Protesta H u m a n a , 15. 9. 1897, “la G u ard ia N a c io n a l” I b íd . 12. 6. 1898, “La
p atria y el m ilitarism o ” .
68 La Protesta H u m a n a , 17. 5. 1902 Véase tam bién el c a p itu lo sobre el II congreso
de la F. O . A.
69 La Protesta H u m a n a , 2 5 . 10 1902, “P ara los conscriptos de la R epública A rgenti­
n a ”. Otros artículos sobre el m ism o tem a: La Protesta H u m a n a , 7 . 12. 1901, “N ota al
d ía” I b íd . 14. 12. 1901. Ib íd . 8 . 11. 1902, “C rím enes del m ilitarism o". El Sol, 1.6.
1901. I b íd . 2 4 . 12. 1901; 1. 5. 1902; 1.7. 1902. E L R ebelde, 2 3 . 9. 1900, “El servicio m i­
litar”; 18.3. 1901, “A los soldados” .

La prop ag an d a antim ilitarista enérgica, y el llam ado a negarse a
la conscripción obligatoria, así com o la invitación a la deserción de
las filas del ejército - en artículos publicados en 1902— concorda­
ban con las tendencias de varios m ovimientos anarquistas del m undo
y en especial de Francia por esa época. 70 La Protesta H um ana, en un
artículo titulado “ Por buen cam ino” , inform a del fortalecim iento de
la corriente antim ilitarista en Francia, la encom ia con beneplácito y
transcribe el m anifiesto a los soldados que apareció en el periódico
anarquista francés “Le L ib ertaire”. 71 La propaganda antim ilitarista
en la A rgentina no tuvo im pulso y el estado de sitio la apagó, igual
que toda la actividad an arq u ista, en noviem bre de 1902.
Un argum ento adicional p ara la p ro p ag an d a antim ilitarista entre
1898 y 1902 fue la tensión argentino-chilena en torno a las fronteras
andinas entre los dos países. Cada vez que se intensificaba la tensión
en la A rgentina, la prensa an arq u ista atacaba con energía lo que lla ­
m aba “histeria bélica an tich ilen a” . El tem a fue abordado conside­
rablem ente por La Protesta H um ana en 1898-1901.72 C ierta am biva­
lencia en el enfoque an tim ilitarista, se reveló en los enfoques de La
Protesta H u m a n a sobre la g uerra h ispano-norteam ericana en Cuba,
en 1898. En un artículo se analiza la concatenación de los aconteci­
mientos que llevaron al estallido de la guerra, y expresa sim patía p o r
los soldados cubanos revolucionarios, aunque con reticencias en
cuanto a las m etas lim itadas que se fijaron en la lucha por la lib e r­
tad. Al fin de cuentas —dice el a u to r — “somos neutrales en esta co n ­
tienda”. 73
A comienzos de 1903, al abolirse el estado de sitio y reanudarse la
actividad an arq u ista legal, volvió tam bién la p ro p ag an d a an tim ilita­
rista en la prensa. La em pezó Ju an Creaghe, en ese entonces la im a ­
gen central en tre los activistas del m ovim iento, con un artículo en La
Protesta H u m a n a . En el estilo de las notas redactadas en 1902,
exhortó a no enrolarse y a desertar del ejército. 74 En la propaganda
antim ilitarista de 1903 se renovó tam bién el apego al m ovim iento a n ­
tim ilitarista francés, y la prensa anarquista de la A rgentina re p ro d u ­
70 J. M aitron . op. c it.. p. 348.
71 La Protesta H u m a n a , 11. 10, 1902, "P or buen cam in o ” .
72 La Protesta H u m a n a , 13. 2. 1898, “Q u ieren ustedes callarse". I b íd . 18. 3. 1898,
“El rein ad o del sab le". Ib íd . 1. 4. 1898, "E ntusiasm o nefasto". Ib íd . 1. 5.1898, “O b se­
sión p a trió tic a ” . I b íd 9 . 10. 1898, “ La cuestión de lím ites” . Ibíd. 1 . 10. 1899, ‘‘G u erra
al m ilitarism o ” . I b íd . 2 4 . 12. 1899, “G u erra al m ilitarism o” .
73 La Protesta H u m a n a , 15.5. 1898, “ La guerra h ispano-norteam ericana" .
74 La Protesta H u m a n a , 28. 3. 1903, “ El m ilitarism o ” .

jo los manifiestos procedentes de F rancia. 75 Ese año ab u n d aro n los
artículos teóricos y notas de réplicas actuales, a fines de año La Pro­
testa H um ana empezó a p u b licar, en capítulos, el libro del anarquis­
ta activo Elam Ravel: El m ilitarism o en la A rg e n tin a . 76
U na evidencia de la intensidad de la p ro p ag an d a antim ilitarista de
1903 puede encontrarse en el artículo editorial de La Protesta H u ­
m ana, a comienzos de 1904; en una reseña de lo acaecido en el año
que había term inado, señ alab a que una de las expresiones anarquis­
tas descollantes de 1903 h a b ía sido “que la p ro p ag an d a antim ilitaris­
ta empieza a acentuarse en tre nosotros”.77 En los dos años siguientes
siguió con fuerza la actividad antim ilitarista, y se convirtió en uno de
los frentes más tempestuosos. La prensa insertó m uchos artículos (en
p arte traducciones de los periódicos anarquistas del exterior y en p a r­
te fruto de la plum a de anarquistas activos locales, volcados con en ­
tusiasmo a la cam paña). Desde octubre de 1904 La Protesta H um ana
habilitó una sección p erm an en te p ara la p ro p ag an d a antim ilitarista,
donde se d ab an noticias sobre revelaciones negativas en los cuarteles
del ejército, sobre los individuos que se resistían a la conscripción, y
sobre los éxitos de la p ro p ag an d a antim ilitarista entre los soldados. 78
Esas acciones asum ieron u n carácter organizado y se volvieron muy
eficaces al crearse el Consejo A ntim ilitarista, en cargado de dirigir la
cam paña de propaganda y de concentrar las actividades. El Consejo
organizó asam bleas de esclarecim iento y recurrió a los servicios d in á ­
micos de los militantes de la F . O . A.: Hucha, Béjar, Jaquet, etcétera. 79
En esos años, la cam p añ a antim ilitarista se engarzó en la cam paña
general de la F . O . R . A., y en todos los congresos que celebró, la
cláusula antim ilitarista se volvió respetable y p e rm a n e n te . 80

A n t ic l e r ic a l is m

o

En las postrimerías del siglo X IX , se operaron m odificaciones e n
las relaciones entre la Iglesia y el Estado en A rgentina. En la época
75
76
77
78
79
80

La Protesta H u m a n a , 4 . 4. 1903, “A ntim ilitarism o".
L a Protesta, 1 9 . 12. 1903, “El m ilitarism o en la A rgentina".
L a Protesta, 1 . 1. 1904, “N uestro A ño".
La Protesta, 2 7 . 10. 1904, “ Las infam ias del c u a rte l” .
La Protesta, 2 1 . 9. 1904, “C a m p a ñ a an tim ilitarista".
Véase los capítulos que tra ta n sobre el IV y el V C ongreso de la F . O . R . A.

de la presidencia del G ral. Julio A. Roca, se p rodujo una crisis en las
mismas, que finalizó al iniciarse la segunda p residencia. 81 El año
1899 señala los comienzos del m ejoram iento de las relaciones con el
V aticano y la actividad católica en la República se intensificó n o ­
tablem ente. El núm ero de sacerdotes y emisarios del V aticano creció
en grado sum o y con m u ch a rapidez. Se levantaron nuevas iglesias y
se am pliaron las escuelas religiosas. T am bién ad quirieron conside­
rable ím petu los organism os de trabajadores católicos que existían en
el país desde 1892 y que, adem ás de su labor principal en el cam po
de la ayuda m u tu a , consideraban su función servir de freno a la
influencia socialista y a n a rq u ista . 82 El d esp ertar general de los
círculos católicos en la R epública, en todos los dom inios, inquietó a
los grupos liberales y de izquierda, tanto socialistas como anarquistas.
En 1899 se notó en la prensa an arq u ista una preocupación crecien­
te por la actividad eclesiástica en la A rgentina, sobre todo en lo re la ­
tivo a la enseñanza religiosa; m uchos com entarios repudiaron enérgi­
cam ente el peligro que e n tra ñ a b a la form ación de la im agen de la j u ­
ventud y del carácter de la sociedad. 83
En 1900 la opinión pública se estremeció al revelarse los crueles
métodos punitivos que aplicaba el p ad re P ertran a en la cárcel de m e ­
nores. La Protesta H um ana insertó un artículo donde se describían
los procedim ientos, con base en la inform ación sum inistrada p o r el
juez Gallegos; en tre otras cosas, se dio a conocer u n a lista de jóvenes
flagelados, de 30 a 100 veces, en los últimos m eses. 84 La prensa g en e­
ral tam bién escribió sobre el tem a.
La opinión creó un m ovim iento de protesta con tra el predom inio
de los clérigos en los institutos de jóvenes, y ab arcó a diversos círculos
anticlericales. Se em pezaron a p re p a ra r asam bleas públicas de p ro ­
testa. En u n a reunión p re p a ra to ria, el 22 de diciem bre de 1900, p a r ­
ticiparon representantes de 30 grupos políticos y sociales variados:
desde republicanos masones, hasta socialistas y anarquistas. En la
reunión se resolvió la realización de una m anifestación de protesta
para el mismo día y se redactó un m anifiesto de protesta anticlerical.
81 M ab rag aña, op. cit., p. 2.
82 H. S palding, op. cit., p. 499-503, y 523.
83 E l R eb eld e, 1 7 . 9. 1899, “D esastre nacio n al". Ib íd . 1. 4. 1900. “ Invasión u ltra m o n ­
ta n a ” . Ib íd . 2 2 . 4. 1900, "A vances de la reacción”. I b íd . 4 . 11. 1900, “Basta de
religión” . La Protesta H u m a n a , 2 4 . 6, 1900, "Convicto y confeso”.
84 La Protesta H u m a n a , 8 . 12. 1900, “ La o b ra de curas” El Sol, 1 . 12. 1900, “El a te n ­
ta d o ”

Firmaron el m anifiesto los representantes de todos los grupos p artic i­
pantes en la reu n ió n , 85 y con ello pusieron de relieve una cooperación
excepcional y especialísima.
La m anifestación de protesta no se llevó a cab o en la fecha previs­
ta, pues la policía la prohibió. La prohibición tam bién despertó la
ira de círculos no involucrados. U na p ru eb a de ello la constituyó La
Prensa.86 Según una nota aparecida en La Protesta H um ana a co­
mienzos de enero, se com prueba que, pese a la prohibición policial,
se congregaron 15 000 personas. La policía las dispersó por la fuerza,
pero el público hizo m anifestaciones en grupos pequeños en distintos
lugares de la c a p ita l. 87 Los círculos organizadores no claudicaron ni
renunciaron al derecho de m anifestarse. T ras u n a lucha pública con­
siguieron permiso p ara hacerlo en una fecha posterior, el 13 de enero
de 1901, en que se realizó una asam blea p ú b lica y hablaron los so­
cialistas A. Patroni y N. Repetto, y el anarquista A rturo
M ontesano.88
Después de esa m anifestación, no hubo cooperación entre los a n a r­
quistas y otros círculos en la actividad anticlerical. En ju nio de 1901
se trató otra vez de form ar una comisión p ú b lica p ara una protesta
anticlerical. Los anarquistas invitados a p a rtic ip a r abandonaron en
seguida la comisión preparatoria, pues se n eg ab an a presentar una p e ­
85 Círculo L ib ertario de Estudios Sociales, C entro Socialista O brero A rgentino, G ran
O riente A rgentino (M asonería N acional A . ), G rupo y Periódico L'A vvenire, Club
Giordano B runo, Asociación O b rera de Socorros M utuos, G rupo, S. A. "L a
A ntorcha”, A sociación A nticlerical, Círculo Socialista N o rte , Com ité E. del P artido
Socialista A rgentino, Logia M asónica "Figli D ’lta lia ” (B oca), G . O . A. L ogia M asónica
“G. G arib ald i” (B oca), G . O . A. L ogia M asónica “E strella del O rie n te ”, G . O . A. V eci­
nos de Villa Ballester (p artid o de San M artín), Logia M asónica “Unión Italian a P ri­
m era” , G . O . A. S ociedad de O breros Pintores, Id. M arm oleros, Id . Yeseros, Id. Artes
Gráficas, Id. C u rtid o res, Id. H ojalateros, Id. Cepilleros, Id . U nión O breros Ebanistas,
Id. O breros P an ad ero s. Un g ru p o de constructores de c a rru a je s y carros, S ociedad de
Resistencia O breros M ecánicos y anexos, D iario E l T ie m p o , Periódicos: La Protesta
H um ana, El Obrero Panadero, E l R ebelde, La V anguardia, A B C del Socialism o,
Progreso de la Boca, revista M asónica, revista E l S o l. La c o p ia original de esta circular
se en cu en tra en el A rchivo IISG en la colección privada M ax N ettlau , L egajo A rg en ti­
na 1900, A m sterdam .
86 La Prensa, 3 1 . 12. 1900, “El derecho de reu n ió n ” . C a b e señalar que, en la nota
p u blicada por La P ren sa, no se m encionó a los grupos a n a rq u ista s activos en la o rg an i­
zación de la m anifestación. En cam bio, el diario R eview o f th e R iver Pla te, presentó a
la m anifestación com o una "m anifestación a n a rq u ista ” . R eview o f th e R iver Plate,
5 . 1.
1901, "T he A n archist".
87 La Protesta H u m a n a , 5 . 1. 1901, “El m itin a n tic le ric a l” El R ebelde, 6 . 1. 1901,
"M ovimiento Social” . E l Sol, 8 . 1. 1901.
88 La Protesta H u m a n a , 1 9 . 1. 1901, “El m itin in fe rn a l” .

tición al gobierno. “No es el cam ino —aleg ab an — al peligro, negro
oponer el peligro rojo”.89 Y en reacción a la m anifestación anticlerical
realizada sin los anarquistas —que terminó con una petición al
gobierno — escribió con sarcasm o el periódico del sindicato de obreros
panaderos, de tendencia anarquista: “O tra petición... al hum o”.90
La cooperación espontánea en la m anifestación de protesta a n ­
ticlerical se registró en o ctu b re 1901, en cuanto las organizaciones de
los trabajadores católicos, encabezados por el p ad re G rotté, o rg a n i­
zaron un a peregrinación a L uján, cruzando las calles de Buenos
Aires. M ultitudes de obreros —anarquistas y socialistas, así como un
público anticlerical hostil— se apostaron en las veredas y se burlaron
de la procesión, causándole molestias. La policía actuó con energía
contra los prom otores del desorden y detuvo a decenas de ellos (inclu­
sive a anarquistas, socialistas y masones libres). 91
En los años subsecuentes, la actividad anticlerical de los an arq u is­
tas se centró en la cam p añ a contra los organism os de obreros cató li­
cos, que se agudizó al crecer la agitación o b rera en la A rgentina, a
comienzos del siglo X X . Los organism os católicos, que se fijaron por
m eta la lucha contra los sindicatos obreros an arquistas y socialistas,
socavaban y debilitaban a la clase tra b a ja d o ra, y de su seno
provenían la m ayoría de los rom pehuelgas q u e d a ñ a b a n los paros
proclam ados por los sindicatos obreros. Entre 1899 y 1902 el núm ero
de sus m iem bros creció de 6 762 a 13 115, y la cantidad de sus
círculos aum entó de 33 a 50 expandiéndose en el interior. En 1902,
el reglam ento de los Círculos de O breros Católicos fue aprobado en
las institu ciones de la Iglesia católica en la A rgentina. El 24 de n o ­
viem bre de 1902 (en los días de la g ran huelga general), el arzobispo
de Buenos Aires publicó u n a Pastoral de encom io a los Círculos y
exhortando a todos los creyentes a apoyarlos. 92 E ntre 1902 y 1905 se
ahondó el odio entre anarquistas y los Círculos O breros Católicos,
llegando a suscitarse incidentes sangrientos d u ra n te las grandes h u el­
gas de los panaderos y tra b a ja d ores portuarios.

89 La Protesta H u m a n a , 2 2 . 6. 1901, “C o n tra el vicio de p e d ir” .
90 El Obrero, 2 2 . 9 , 1901, “El M eeting liberal".
91 La Protesta H u m a n a , 5 . 10. 1901, “G u erra a la R eacción. A rb itra rie d a d policial”
O tra versión sobre el in cidente, T h e R eview o f the R iver P la te , 5 . 10. 1901, “G eneral
S u m m ary ” .
92 H . Spalding, op. cit., p. 512, 513 y 524.

En las publicaciones an arquistas de la A rgentina, desde sus albo­
res, se puede encontrar m ucho espacio dedicado a re p u d ia r la insti­
tución de la fam ilia en el régim en existente, su sujeción a los princ­
pios de la propiedad privada y a la influencia de la Iglesia. Los d a r­
dos de la crítica se o rientaron sobre todo con tra el c a rá cter au to rita­
rio del hom bre en la fam ilia, así com o a la inferioridad de la m ujer y
su subyugación a moldes coercitivos. En artículos sobre el tem a, se
planteó la necesidad de conjugar la liberación de la h u m an id ad de
las cadenas de las instituciones autoritarias, de la p ro p ied ad privada,
del Estado y de la Iglesia, con la liquidación de la institución familiar
patriarcal y con la liberación de la m ujer. En este conjunto asomó
tam bién la ideal del “am or libre”, como esfera a p ro p iad a y no coer­
citiva para las relaciones de los dos sexos, y para la creación de una cé­
lula fam iliar basada en la igualdad y la libre v oluntad, sin ningún ti­
po de esfera coercitiva. 93 E ntre 1895 y 1897, se advirtió un despertar
especial de la actividad al respecto. El grupo a n a rq u ista que editaba
el periódico La Questione Sociale, comenzó a p u b licar una serie de
folletos titulada “P ro p ag an d a anarquista en tre las m ujeres”, que se
consagraba a los temas: fam ilia, liberación de la m ujer, problem as
de la m ujer trab ajad o ra, educación de las jóvenes p a ra llevar una vi­
da de trabajo y quehacer social. 94 El afam ado periodista anarquista,
E . Z. A rana, abordó con am plitud el tem a en sus conferencias, y el
grupo anarquista rosarino “El G rupo de P ro p ag an d a A nárquica
Ciencia y Progreso” editó sus disertaciones en u n folleto especial, en
dos ediciones de 1500 ejem plares cada u n a . 95
La actividad más notable e interesante en lo concerniente a la
em ancipación de la m ujer, fue llevada a cabo p o r m ujeres anarquis­
tas que organizaron un grupo fem inista an arco-com unista, que
publicaba un periódico propio: La Voz de la M ujer. Este periódico
empezó a aparecer a principio de 1896 , y se publicó hasta 1897. En el

93 El Perseguido, 2 9 . 11. 1891, "Sobre el am or libre” Ib íd . 1 3 . 12. 1891, “La m ujer y la
fam ilia”.
94 P ro p ag an d a an arq u ista en tre las m ujeres. Ed. B iblioteca de "L a Q uestione So­
ciale" P ublicación N o. 1. A las hijas del p u eb lo , A na M aría M azzone, Buenos Aires
1895. Publicación No. 2. A las m uchachas que estudian, Buenos A ires, 1895. Publica­
ción No. 5. Un episodio de a m o r en la colonia Cecilia, Buenos A ires, 1896.
95 Dr. E . Z. A ran a, La m u jer y la fa m ilia , Rosario de S a n ta Fe, 1897.

artículo editorial del p rim er núm ero se presentaron las m etas del p e ­
riódico y, entre otras cosas, se decía: “H astiadas ya de tan to llanto y
m iseria... hastiadas de p ed ir y suplicar, de ser el juguete, el objeto de
los placeres de nuestros infam es explotadores o de viles esposos, h e ­
mos decidido levantar n uestra voz en el concierto social y exigir
nuestra parte de placeres en el banq u ete de la vid a... C om prendim os
que teníamos un enemigo poderoso en la sociedad actual, y fue entonces
tam bién que m irando a nuestro alrededor vimos muchos de nuestros
compañeros luchando contra tal sociedad... Decidimos ir con ello en
contra del enemigo común, más como no queríamos depender de nadie,
alzamos nosotras tam bién un jirón del rojo estandarte... ”96
La aparición de ese periódico suscitó pronto una tem pestad e n tre
los anarquistas, cuando los dardos de sus crítica ap u n taro n tam bién
contra la hipocresía existente entre los anarquistas varones, que no
eran capaces de liberarse de la actitu d de jactan cia delante de las
m ujeres y que, en la vida fam iliar, no llevaban a la práctica un estilo
adecuado al an arq u ism o . 97 El periódico, que sobresalía por su estilo
polémico agudo, fue un elem ento de agitación en el cam po an arq u is­
ta y despertó una actitud enérgica en cuanto a la posición de la m ujer
en la fam ilia y a la cam p añ a por derechos iguales p ara las mujeres en
todos los dom inios de la sociedad. Una de las colaboradoras p rin ci­
pales del periódico fue Pepita G uerra. El periódico dejó de p u b lica r­
se al em pezar el año de 1897 y cabe suponer que en ese entonces ta m ­
bién se disolvió el grupo fem inista, pero el tem a no desapareció del
orden del día; en 1897 los círculos anarquistas siguieron consagrando
su interés a la liberación de la m ujer.
La Protesta H um ana, que empezó a publicarse en el año arriba se­
ñalado, insertó en su p rim er núm ero un extenso artículo, “La M ujer
y la Fam ilia”, criticando a la fam ilia que en el orden existente m a n ­
tiene atad a a la m ujer, y hace un llam ado a liberarla de sus cadenas.
Em pero p o r o tra parte, el artículo destacaba el g ran potencial de v a ­
lores solitarios, ayuda m u tu a y conexión interpersonal. El texto re p u ­
diaba la estabilidad coercitiva, a la vez que a p ro b ab a las relaciones
libres y voluntarias, sin m arcos perm anentes y obligatorios. Por ú lti­
mo llam aba a los jóvenes a escoger el “am or lib re ”, sin someterse a la
96 La Voz de la M ujer. (Buenos Aires, Periódico C om unista A nárquico), 8 . 1. 1896.
" N uestros P ropósitos” .
97 L a Voz de la M ujer, 3 1 . 1. 1896, " A pareció A quello” . Ib íd . 20. 2. 1896, “A los c o m ­
p añ ero s” .

institución de la fam ilia. 98 C om entarios en el m ismo espíritu (aunque
con matices distintos) se reprodujeron en núm eros posteriores de La
Protesta H u m a n a , firm ad o s p o r los c o la b o ra d o re s m ás
descollantes. 99
La prolongada y constante cam p añ a de los círculos anarquistas y
sus periódicos en pro de la liberación de la m u jer —como p arte de la
cam paña por la liberación de la sociedad100— atrajo a varias mujeres
activas en el queh acer público, sobre todo a las trab ajadoras. La m u ­
jer más destacada entre las anarquistas activas era V irginia Bolten,
que inició su trayectoria entre las m ujeres anarquistas de R osario. 101.
Las anarquistas de Rosario centraron su actividad en los sindicatos
obreros. En el inform e que elevó el m inistro del Interior, J. V. G onzá­
lez, sobre la situación de la clase trab ajad o ra en el interior, Bialet
Massé se refirió a esa actividad diciendo: “En Santa Fe”, las mujeres
que en trar p o r ese cam ino (la actividad en los sindicatos obreros:
I. O . ) son francam ente anarquistas y anarquistas exaltadas, algunas
se hacen notar por sus facultades oratorias. H ay en Rosario u n a joven
puntana de p a la b ra m ágica y dom inante, que arrastra m ultitudes;
más enérgica que Luisa Michel, tiene indudablem ente mejores fo r­
mas que esta”102 (Estas últim as palabras de B. Massé se refieren a V.
Bolten, llam ada con el tiem po la Luisa Michel argentina: I . O . ).
Después que se aplicó la Ley de Residencia, V irginia Bolten pasó a
ser una de las figuras más populares entre los p ropagandistas a n a r­
quistas. Su labor se extendió a m uchos cam pos: conferencias, giras
de propaganda, actividad en los sindicatos obreros y en el Consejo de
la F. O . A., y no se circunscribió al cam po fem inista. A dem ás, en sus
tareas y conferencias exhortaba a las mujeres a integrarse a la c a m ­
paña general, a dejar la lucha fem inista restringida, de la que dijo

98 La Protesta H u m a n a , 13. 6. 1897, “La m u jer y la fa m ilia ” .
99 La Protesta H u m a n a 3 1 . 10. 1897, “Brisas de p rim a v e ra ” , Ib íd . 2 0 . 2. 1898, “ La
fam ilia". Ib íd . 1 5 . 10. 1899, “L a m ujer y la fam ilia". I b íd . 2 6 . 11. 1899, “A taxia fem e­
nil". Ib íd 30. 8. 1902, “A m or con am or se p ag a". Ib íd 6 . 9. 1902, "E m an cip ació n fe m e ­
n in a ”.
100 No faltaron por supuesto críticas a la dis paridad entre las palabras y el estilo de vida
de los propios a n a rq u ista s, en lo concerniente a sus relaciones fam iliares. Un artícu lo
de crítica ex trem a se publicó en: El R ebelde 10. 6. 1900, “El m a trim o n io y el am o r
libre".
101 La Protesta H u m a n a , 1.4. 1900, “Las p ro le ta ria s” I b íd . 13. 7. 1901, “ M ovim iento
Social. Las lib ertad es". Ib íd 8 . 2 1902, "M ovim iento S ocial” . Ib íd . 5 . 3. 1902, "Movi
m iento Social” .
102 J . Bialet Massé, op. cit., p. 453.

que “no era otra cosa que un paliativo, al fin co ntraproducente, y
que no conduce a ningún resultado práctico”. 103
La trayectoria y las ideas de V. Bolten en ese entonces, respecto a
la liberación de la m ujer y sus derechos, caracterizaban el cauce de
las otras anarquistas activas; la tendencia general era integrarse en la
cam paña total de los sindicatos obreros. T am b ién los sindicatos y el
Consejo de la F . O . A. se esforzaban por integrar a las m ujeres en sus
actividades. En el periódico de la F . O . A. se publicaban artículos
exhortando a las trab ajad o ras a plegarse a los sindicatos como
m iem bros con iguales derechos, o crearse sindicatos propios. En La
Protesta, periódico an arq u ista, se creó una sección titu lad a “Notas
Fem eninas”, que tam bién se fijaba esos mismos objetivos. 104 Los es­
fuerzos parecen haber logrado éxito y a fines de 1904, el periódico de
la F . O . A. destacaba que uno de los hechos más notables d u ra n te ese
año fue “ ... la en trad a de la m ujer en las Sociedades de Resistencia y
su energía p a ra la l u c h a . . . "Luego añadía: “ ... puede decirse que has­
ta el presente eran muy contadas las mujeres que se decidieron a aso­
ciarse y este año las hemos visto en las huelgas, m ás decididas y más
rebeldes que nosotros los h o m b re s... ”. 105
Detalles aleccionadores sobre la adhesión de los trabajadores jóve­
nes y adolescentes a las filas del anarquism o, en ese año, pueden
hallarse en el libro de m em orias de una de las anarquistas activas más
destacadas —Ju a n a Rouco B uelaque —, que en 1904, a los 15 años
de edad, se afilió a la actividad en los círculos anarquistas y tres años
después, en 1907, se contó entre las fundadoras del C entro Fem enino
A narquista que funcionaba en las esferas de la F . O . A . 106

P u b l ic a c io n e s Id e o l ó g ic a s , L

it e r a t u r a y

T

ea tro

En la actividad de los grupos anarquistas de la A rgentina resaltaba
una tendencia notable a difundir publicaciones ideológicas: folletos,
m anifiestos, libros, a p a rte de los abundantes periódicos a los que nos
referimos en párrafos anteriores. Un gran estím ulo a esa inclinación
103 L a Protesta, 5 . 9. 1903, "C onferencias".
104 L a organización obrera, 2 5 . 9. 1903, “C om pañeras obreras" La P rotesta, 1 5 . 10.
1904, “N otas fem en in as”.
105 L a O rganización Obrera, 2 5 . 12. 1904, " La m ujer en la lu c h a ” T a m b ié n en un
artícu lo ed ito rial” . L a P rotesta lo rec a lc a ” La P rotesta, 8 . 12. 1904, " Acción
fe m e n in a ”.
106 J. R ouco Buela, H istoria de un ideal vivido p o r una m ujer, (E d. B .A . 1964).

fue la realidad argentina en una época de prevalencia de la libertad
de im prenta que perm itió a los anarquistas im prim ir y p u b lica r su li­
teratura sin trabas. Entre 1890 y 1905 se editaron en Buenos Aires y
se difundieron en la República (así como en países vecinos) 90 libros
y folletos de autores anarquistas, principalm ente europeos, y de alg u ­
nos activistas locales. De este modo Buenos Aires, a fines del siglo x i x
y principios XX, se convirtió en uno de los dos centros principales en
el continente am ericano p a ra la difusión de publicaciones an a rq u is­
tas (el otro era Paterson, en Estados U nidos). 107 La p ro p a g a n d a escri­
ta en ese entonces, por interm edio de las publicaciones, tuvo am plia
difusión; adem ás de la literatu ra im presa en Buenos Aires, A rgenti­
na era un vasto m ercado p ara absorber literatu ra a n a rq u ista euro­
pea: francesa, italiana y sobre todo española. Los libros, periódicos y folle­
tos de las editoriales anarquistas de Barcelona y M adrid llegaban pronto a
Argentina y eran acaparados por un público lector num eroso. 108
Al exam inar la lista de publicaciones difundidas en ese entonces en
el país, descuella de inm ediato la tendencia anarco -com unista. En la
nóm ina de autores resaltan P. K ropotkin, E. Reclus, E. M alatesta, J.
Greave, etcétera. La m ism a tendencia prevalecía tam b ién entre los
autores locales cuyos trabajos se p ro p ag ab an . O tra característica se
daba en la reducida contribución de los pensadores lugareños. D.
A bad de Santillán, en un artículo minucioso sobre la B ibliografía
A narquista A rgentina, recalca este detalle: “Los p ro pagandistas de
la A rgentina, ya sea por su carácter de extranjeros en su m ayor n ú ­
mero y por lo tan to inestables, bien por el exceso de actividad o por
las m odalidades de la lucha y de la p ro p ag an d a, no alcan zan un nivel
intelectual e x tra o rd in a rio ... ” . Respecto al rendim iento ideológico de
esas publicaciones, redactadas por autores locales, añ ad e D. A bad de
Santillán: “Se h an divulgado ideas, no se han pensado, el m ovim ien­
to argentino fue un vehículo excelente, pero no ha ofrecido al m undo
m ucho de original”. 109
Esta apreciación de D. A bad de Santillán concuerda con nuestro
criterio. Tam bién nosotros opinamos que no hay en la literatura ideo­
lógica original de la A rgentina enfoques novísimos de teoría a n a r­
107 M ax N ettla u , "C o n tribución bibliográfica an arq u ista en: C erta m en In te rn a ­
cional de la Protesta (Bs. As. 1927), p. 17.
108 D . A. de S an tillán , op. cit. p p . 72-73.
109 D . A. de S an tillán , “B ibliografía an arq u ista a rg e n tin a ” , en T im ó n (B arcelona),
septiem bre de 1938, p. 182.

quista. La originalidad principal del anarquism o argentino no debe
buscarse en la teoría, sino en la form a de conjugar la teoría con la
práctica.
Desde comienzos del siglo puede notarse un foco adicional en la
difusión del anarquism o en la A rgentina por m edio de publicaciones
escritas: la creación literaria artística. A p a rtir de esa época, e m ­
piezan a publicarse obras de autores argentinos q u e eran anarquistas
activos o propensos a su influencia ideológica. Este hecho, de por sí,
evidencia el arraig o del anarquism o en la recam a de la sociedad de la
República. D. A bad de Santillán, al exam inar la posición del a n a r­
quismo argentino en la literatu ra de la época, escribe: “N o hay país
donde el ariarquism o haya tenido ta n ta influencia en la literatura co ­
mo en la A rgentina, si exceptuam os un cierto período en F rancia...
Se puede decir que la g ran m ayoría de los jóvenes escritores en la A r­
gentina se han ensayado desde 1900... como sim patizantes del a n a r­
quismo, como colaboradores de la prensa an arq u ista y algunos como
m ilitantes... ”. 110
A nuestro parecer esta estim ación es exagerada y D. A bad de S an ­
tillán no logra ap ro b arla en el capítulo que consagra al tem a, c u a n ­
do examinadla actividad literaria de varios autores an arquistas. Pero,
sin duda, el anarquism o ejerció influencia sobre u n núm ero de a u to ­
res jóvenes destacados en la prim era década del siglo X X . 111 En esos
años la bohem ia p orteña y los círculos anarquistas eran m uy próxi­
mos entre sí, varios de los cafés más famosos de Buenos Aires, por ser
lugar de cita de los bohem ios (“Los Inm ortales” , “La Brasileña”,
“Colón”) eran conocidos tam bién com o lugares de reunión de a n a r­
quistas activos. Se celebraban contactos m utuos y fructíferos, conver­
saciones intensas y discusiones prolongadas hasta m uy altas horas de
la noche. J. A ntonio Saldías, en sus evocaciones de esos días, lo señala
am pliam ente en su libro La inolvidable bohemia p o rte ñ a . 112
El anarquista más destacado en esos círculos, e ra A lberto G hiral­
do, quien se sum ó al anarquism o en 1900, tras un período de activi­
dad literaria en tre los jóvenes poetas que ro d eab an a R ubén Darío.
110 D . A. de S an tillán , op. cit. p. 121.
111 F. Giusti, "N osotros", n ú m ero aniversario (1907-1927). S obre la influencia del
anarquism o en los escritores jóvenes a com ienzos del siglo X X , véase H . A. Cordero, A.
Ghiraldo, p. 120-122.
112 José A. Saldías, La inolvidable bohem ia porteña, Buenos Aires, E d. F reeland,
1968, p p . 61-66. S obre los cafés anarquistas, véase tam b ién , “ Los cafés, institución
p o rteñ a” Revista T o d o es H istoria, No. 21, 1/1969, pp. 86-88).

En esa época escribió dos compilaciones de poesías: A h í van (1892) y
Fibras (1895), así como algunos trabajos en prosa: Sangre y Oro
(1897), Gesta (1899). T am bién fundó la publicación literariaartística m ensual E l Sol (1897) que, desde 1901 pasó a ser un periódi­
co anarquista com batiente y se publicó hasta fines de 1903. A co­
mienzos de 1904, poco después que dejara de a p arecer E l Sol, G hiral­
do fundó un nuevo periódico M artín Fierro. La elección del nom bre
no fue casual y quería in d icar con él la tendencia a expresar un ap e­
go más profundo hacia la realidad y la tradición popular
argentin a. 113 Las páginas del periódico sirvieron de trib u n a a escrito­
res, poetas y dram atu rg o s jóvenes de la R epública, propensos a!
anarquism o, así como a varias figuras descollantes de la literatura y
la poesía latinoam ericana: Rodó, U garte, Payró, Darío, etcétera. El
lo. de septiem bre de 1904, Ghiraldo asum ió la dirección del diario
anarquista La Protesta e introdujo todos los días colum nas literarias
y poéticas. A comienzos de octubre de 1904 convirtió el sem anario
M artín Fierro en suplem ento literario sem anas de La P rotesta. 114 En
1904, en medio de su actividad anarquista, p u b licó un nuevo libro de
poesías, Música Prohibida, donde dio expresión franca a sus enfo­
ques ideológicos. T am b ién empezó su labor de d ram atu rg o , al ofre­
cer la pieza teatral “A las”, donde sobresalen los motivos sociales li­
bertarios.115
La conjugación de la concepción de m undo y las acciones a n a r­
quisas de A. G hiraldo p o r u n lado, y la creación literaria y dram ática
por el otro, era el fruto de un enfoque principista básico respecto al pa­
pel y a la. posición del artista en la sociedad. A. G hiraldo lo expresó
ya en los albores de su trayectoria anarq u ista, en un artículo en El
Sol, el 24 de abril de 1901, titulado “T eatro de Ideas” . En algunos
párrafos expuso su credo: “¿El d ram a por el d ra m a ? ” ¡No! El dram a
por la vida! Es decir, El d ram a por la idea. Lo dem ás era sólo asunto
de feria, espectáculo de circo, negocio, n ad a m ás que negocio, a lo
sumo goce infecundo, p lacer de solitarios. H ay que hacerse hom bre
para saber h ab lar a los hom bres. Y no m an ejan d o títeres con mayor
113 H . A. C ordero. A lb erto G hiraldo, pp. 86-88.
114 La Protesta, 4 . 10 1904, "M artín Fierro" A p artir del 2 9 . 9. 1904, La Protesta inser­
tó u n a sección p erm an en te de crítica teatral, "T eatros". A p a r tir del 3 . 1. 1905 se in ­
sertó u n a colum na d e poesía p opular. “R om ancero A n a rq u ista ” , y se publicó
d iariam en te hasta fines de enero de 1905. Luego se in se rta b a de ta n to en tanto.
115 L a Protesta, 8 . 5. 1904, “ V eladas” Ib íd . 11. 5. 1904 " T e a tro ” . T a m b ié n se puede
ver. H . A. C ordero, op. cit., p. 140.

o m enor habilid ad escenográfica... com o se llevará a cabo una obra
duradera. Hay que echarse en la v id a ... sin a d u la r a m inorías privile­
giadas o m ayorías sin criterio, p ara poder realizar obra de verdadero
a rte ... ” . En cu an to a la conexión del artista con los problem as de la
sociedad, dijo: “Qué han de hacer llorar dolores convencionales y
añejos, cuando a la vista, ta n cerca de nuestros ojos, tenemos tanto
dolor fresco, que simboliza pena social, floreciendo en flores rojas y
floríficas... ”.
G hiraldo no se conform a con el llam ado a estar alerta ante las p r i­
vaciones sociales, sino que exhorta a los artistas a que se acerquen al
anarquism o y reconozcan su valor: “Advertid q u e tenéis frente a vo­
sotros, p ara estudiar de cerca, ejem plares de héroes como K ropotkin,
cuya odisea a través de E uropa, p ropagando el principio de un idea!
gigante encierra más poesía que todas las luchas em peñadas por z a ­
res y em peradores... Escribid, en dram áticos diálogos, la epopeya de
la idea nu ev a... Creedm e: recién entonces h abréis realizado el ideal
del a rte ”. G hiraldono se lim itó a form ular un llam ado a los autores
jóvenes, sino que se esmeró por atraerlos al anarquism o. Por ser una
figura destacada en la bohem ia p orteña —y p o r dirigir revistas
literarias— m an ten ía numerosos contactos con escritores, poetas y
dram aturgos jóvenes. En esos vínculos no se abstenía de o b rar a favor
de su acercam iento al anarquism o. G hiraldo no era el único, por
cierto; otros artistas anarquistas tam b ién lo h acían , pero él sobresalía
como el alm a viva de la acción.
Florencio Sánchez, uno de los dram aturgos m ás notables de p rin ci­
pios de siglo, pertenecía a u n grupo de anarquistas activos. Nació en
Montevideo y allí inició su labor an arq u ista, p ero debió exiliarse de
su p a tria y la m ayor parte de su tarea la cumplió en A rgentina, donde
compuso piezas teatrales que le confirieron u n lu g ar prom inente en
la d ra m atu rg ia argentina. Prim ero llegó a R osario donde trabajó co ­
mo periodista en La R epública, a la vez que proseguía su labor a n a r­
quista y le dio expresión en sus colaboraciones p a ra la prensa local.
En Rosario, en 1902, escribió su pieza “Gente H onesta”, un sainete
de costum bres rosarinas. Pero cu ando quiso ponerla en escena, la
policía local lo im pidió, pues conocía las ideas radicales de su autor.
Florencio Sánchez, no se am ilanó y poco después tra tó de representar
una nueva pieza, “C anillita”, un sainete, apodo de un vendedor de
diarios en Rosario, esta vez sin intervención policial. El público a co ­

gió la pieza con entusiasmo, pero la prensa lugareña la objetó por sus
ideas radicales.
En 1903 Florencio Sánchez pasó a Buenos Aires, y siguió su labor
de periodista y dram aturgo. La p rim era pieza que escribió en esta
ciudad fue “M ’hijo el dotor", cuyo éxito fue im presionante, lo que le
valió al autor la consagración en el teatro rioplatense. En los años si­
guientes creó otras obras de éxito. “C édulas de San Ju a n ” (1903), “La
pobre gente” (1904), “B arranca ab a jo ” (1904), “M ano S an ta”
(1905), “En F am ilia” (1905), “Los M uertos” (1905).
En esos años consolidó su posición de d ram atu rgo venerado en
Buenos Aires, creando un nuevo estilo donde el elem ento m ás d e sta­
cado era el apego por los problem as sociales. Florencio Sánchez, co ­
mo A. G hiraldo, conjugó sus ideas anarquistas con las creaciones
artísticas; su m ayor aporte fueron los vaticinios y mensajes co n ten i­
dos en su obra, así como su p opularidad en la A rgentina de aquella
época. 116
A ese grupo de anarquistas activos —que desem peñó un papel tan
notable en la vida espiritual de la A rgentina — puede añadirse ta m ­
bién a Félix B asterra, periodista y d irector de varias publicaciones
anarquistas literarias (El cuento del tío, Nuevos rum bos). En 1903
editó su libro E l crepúsculo de los g a uchos, que desembozó la im a ­
gen de la sociedad argentina a comienzos del siglo XX y censuró el
aprovecham iento social y la cam paña de opresión contra los elem en­
tos radicales. El libro se publicó a raíz de las deportaciones causadas
por la Ley de Residencia y vio la luz en M ontevideo.
La valorización del libro en los círculos literarios argentinos se
refleja en un artículo del escritor judeoargentino A lberto G erch u ­
noff, en la revista literaria Ideas, de octubre de 1903. G erchunoff c ri­
tica en ese com entario a la prensa local que ignoró el libro, pese a su
valor literario, porque el auto r es an arq u ista y porque critica al ré g i­
m en. Afirm a, “ ... es una obra saludable, hecha con talento y sinceri­
d a d ... el libro es un trabajo digno de aplauso, ya por su franqueza y
por su con ten id o ... Libros de esta clase hacen falta a la A rgentina
para adqu irir el sentido de la siniestra realidad que nos
a b r u m a . .117
"
116 D . A. de Santillán, Movimiento anarquista, o p cit., pp. 124-127 Gran Enciclopedia
A rgentina, “Florentino Sánchez". R . F. Giusti, Florencio Sánchez, su vida y su obra,
Buenos Aires. 19020. p. 80.
117 La Protesta H u m a n a , 2 4 . 10. 1903, “Juicios sobre el libro de B asterra".

En 1904 Basterra publicó un nuevo libro, Leyendas de H u m ildad,
que tam bién m anifestó valor lite ra rio . 118 Basterra escribió adem ás
artículos sobre los intelectuales de la A rgentina y su apego a las
luchas obreras y a los problem as sociales. 119
Entre otros intelectuales anarq u istas que sobresalieron en la lite ra ­
tura, en la poesía y en el arte, m encionarem os a José de M aturana,
poeta y autor d ram ático que cum plió funciones en la redacción de
La Protesta, donde publicó a b u n d an tes notas y poesías sobre temas
artísticos y políticos. En esos años publicó Cromos, una colección de
sonetos (1901) y Poemas de Color (1903). A él se deben m uchas
piezas teatrales y obras breves sobre tem as variados.
S. Locascio —que descolló en esa época en los círculos anarcocomunistas y en sus periódicos— es el au to r de varias creaciones lite ­
rarias: Rasgos sociales (1899), Los M ártires de Chicago (1904), Gius­
seppe Giancabilla (1905). Recordem os tam bién a Más y Pi, cuyas
obras se insertaron en todas las com pilaciones literarias anarquistas:
Otras figuras fueron J. M olina y V edia y Alfonso Grijalvo, que escri­
bió en 1904 una pieza teatral d o m in ad a “El corazón R ebelde” .
Un exam en de la prensa an arq u ista perm itiría e n co n trar otros
nombres, entre ellos los de escritores y poetas que se acercaron por un
espacio de tiem po al m ovim ie nto y luego se alejaron de él, así como
algunos que se m antuvieron ligados constantem ente Sea como
fuere, todos los m encionados hasta ah o ra y muchos otros m enos p ro ­
minentes en el terreno de las artes (poesía, pintura, representaciones,
etcétera) m antuvieron lazos estrechos con los círculos anarquistas y
sus periódicos hasta 1905, año en que finaliza nuestra investigación.

118 D . A. de Santillán, op. cit. p . 130.
119 E l Sol, 8 . 6. 1901, Más "Varas Disciplinarias"
Literatura”.

Ibid,

1 . 12.

1901, "Triste

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