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Acción directa “Acción directa es la que compete al acreedor para percibir lo que un tercero debe a su deudor, hasta el importe del propio crédito. El acreedor la ejerce por derecho propio y en su exclusivo beneficio. Tiene carácter excepcional, es de interpretación restrictiva, y sólo procede en los casos expresamente previstos por la ley” (736). Resumen El Capítulo 2 del Título I (Obligaciones en general) del Libro Tercero (Derechos personales) regula dos acciones de las que dispone el acreedor para hacer efectivo su crédito, la directa y la subrogatoria, y determina qué bienes del deudor constituyen la garantía sobre la cual puede hacer efectivo su crédito en caso de incumplimiento. La acción directa es aquella concedida al acreedor para percibir lo que un tercero debe a su deudor y, de ese modo, ver satisfecho su crédito. El resultado de la acción favorece exclusivamente al acreedor que la ejerció y se puede ejercer sólo en los casos en los que la ley lo prevé en forma expresa. En esta Sección el Código fija las reglas generales de ejercicio, sin perjuicio de las disposiciones particulares que se puedan determinar en cada caso. Interpretación La regulación de las acciones directa y subrogatoria y los bienes que conforman la garantía para el cobro de la acreencia: En el Capítulo 2 del Título I, dedicado a las reglas generales sobre las obligaciones, el Código regula las acciones directa y subrogatoria, y determina los bienes que conforman la garantía de cobro del acreedor. Las normas constituyen una importante novedad, pues el código derogado no contenía reglas sobre dichas acciones y las vinculadas a los bienes del deudor, garantía de cobro del acreedor, se encontraban en normas dispersas. La acción: Concepto El artículo define de manera adecuada a la acción directa como aquella que permite al acreedor cobrar de un tercero lo que éste le debe al deudor hasta el límite del crédito del que el acreedor es titular. El código derogado carecía de normas sobre la acción directa, aunque las concedía en ciertos supuestos. A partir de las hipótesis reguladas la doctrina fue la encargada de elaborar una teoría general de las acciones directas, fijando sus requisitos y consecuencias. Así, Cazeaux y Trigo Represas, siguiendo a Acuña Anzorena, la definen como "la acción que tiene una persona contra otra, a la que personalmente no la liga ningún lazo de derecho en razón de la intervención de un tercero y que ejercita sin recurrir a este último"". La definición legal coincide con la que Pizarro y Vallespinos practicaban en ausencia de norma definitoria'. La noción se compone a partir de la existencia de tres partes, el acreedor, su deudor y un tercero (quien es deudor a su vez del deudor), y la posibilidad de que el acreedor accione en contra del patrimonio de ese tercero para el cobro de su crédito. El límite de la acción El artículo determina que el acreedor sólo puede perseguir al tercero hasta el límite de su propio crédito, más allá de que la deuda del tercero para con el deudor sea mayor. Este límite estaba reconocido por la doctrina y es lógico, pues el importe percibido ingresa directamente al patrimonio del acreedor accionante (art. 738, literal b), a diferencia de la acción subrogatoria que beneficia a todos los acreedores. Por ejemplo, si el acreedor tiene un acreencia de $ 100.000 y el tercero le debe al deudor $ 500.000, la acción tendrá un límite cuantitativo de $ 100.000. Caracteres de la acción El acreedor acciona a título propio y en su exclusivo beneficio La acción directa concede al acreedor la posibilidad de accionar sin necesidad de requerimiento ni autorización del deudor, pues es concedida como un derecho propio. Es lo que la diferencia de la acción subrogatoria, en la que el acreedor ejerce el derecho que tiene el deudor y éste no ejercita. Ello trae como consecuencia que el único beneficiado con el ejercicio de la acción es el acreedor que la impulsa, a diferencia de la acción subrogatoria, en la cual el producto de la acción engrosará el patrimonio del deudor Tiene carácter excepcional y es de interpretación restrictiva En vigencia del código derogado la doctrina remarcaba estos caracteres. El carácter excepcional es consecuencia de que estas acciones se dirigen en contra de terceros con quien el acreedor no tiene relación contractual, por lo que constituye una excepción al principio general de que los contratos no benefician ni perjudican a terceros, receptado en los artículos 1021 y 1022. En ciertos supuestos se permite la acción que pone en contacto a personas sin un vínculo obligacional previo, con fundamento en cuestiones de orden práctico y de causa común de los créditos en juego". En consecuencia, sólo puede ejercerse la acción directa cuando lo disponga una norma expresamente y, ante la duda, debe interpretarse que el acreedor no puede ejercer los derechos de su deudor. La acción directa sólo procede cuando la ley expresamente la concede Consecuencia de su carácter excepcional y la interpretación restrictiva que precede su aplicación, es que sólo procede cuando la ley expresamente la concede. En vigencia del código derogado se reconocía que existían acciones directas en el contrato de locación de cosas (arts. 1591 y 1592); locación de obra (art. 1926); mandato (art. 1926); gestión de negocios (art. 2305, in fine); honorarios del abogado en contrato del condenado en costas (leyes de honorarios nacional y provinciales). El Código reconoce el derecho de accionar directamente en los siguientes casos: (i) (ii) Subcontrato (arts. 1071 y 1072): en todo supuesto de subcontrato (definido en el art. 1069) el subcontratado tiene acción directa contra la otra parte del contrato principal, "en la extensión en que esté pendiente el cumplimiento de las obligaciones de éste respecto del subcontratante" y quien no ha celebrado el subcontrato dispone de las acciones que corresponden "al subcontratante contra el subcontratado, y puede ejercerlas en nombre e interés propio". Locación de cosas (art. 1216): "...el locador tiene acción directa contra el sublocatario para cobrar el alquiler adeudado por el locatario, en la medida de la deuda del sublocatario. También puede exigir de éste el cumplimiento de las obligaciones que la sublocación le impone, inclusive el resarcimiento de los daños causados por uso (iii) (iv) indebido de la cosa. Recíprocamente, el sublocatario tiene acción directa contra el locador para obtener a su favor el cumplimiento de las obligaciones asumidas en el contrato de locación..." Leasing (art. 1232): el tomador puede accionar contra el vendedor del bien, en los supuestos en que el dador lo compre a persona indicada por el tomador, según especificaciones del tomador o según catálogos, folletos o descripciones identificadas por éste o cuando el dador sustituye al tomador en un contrato de compraventa celebrado por éste (art. 1231, literales a, b, y c). Mandato (art. 1327): el mandante tiene acción directa en contra del submandatario por el cumplimiento de la gestión encomendada. Requisitos de ejercicio El ejercicio de la acción directa por el acreedor requiere el cumplimiento de los siguientes requisitos: a) un crédito exigible del acreedor contra su propio deudor; b) una deuda correlativa exigible del tercero demandado a favor del deudor; c) homogeneidad de ambos créditos entre sí; d) ninguno de los dos créditos debe haber sido objeto de embargo anterior a la promoción de la acción directa; e) citación del deudor a juicio. Resumen Para que el acreedor pueda ejercer la acción directa es necesaria la existencia de dos créditos homogéneos, uno del accionante en contra de su deudor y otro del tercero demandado a favor del deudor, los que deben encontrarse expeditos. Es menester la citación del deudor a juicio. Requisitos para el ejercicio de la acción Créditos homogéneos del acreedor y del deudor Para que sea procedente la acción directa es necesario que el acreedor accionante sea titular de un crédito en contrato de su deudor, y que éste lo sea de un crédito en contra del tercero accionado. Ambos créditos deben ser exigibles; así, no será procedente si alguno de los créditos está sujeto a plazo no vencido o condición no cumplida, o se halle extinguido por cualquier modo. Ambos créditos deben ser homogéneos, es decir, de la misma naturaleza; por ejemplo, ambas deudas deben ser dinerarias, o de la misma especie y calidad de cosas fungibles. Ambos créditos deben estar expeditos Al momento del ejercicio de la acción ambos créditos, el del acreedor accionante y el de su deudor para con el tercero, deben estar expeditos, libres de embargos u otra restricción que impida su ejercicio. Citación al deudor El Código impone la citación al juicio del deudor titular del crédito que ejerce directamente el acreedor'. A pesar de que el acreedor actúa a título propio y no del deudor, se ha considerado necesario imponer esta citación, a fin de que el deudor pueda exponer u oponer las defensas que tuviere en contra de su acreedor. Efectos. La acción directa produce los siguientes efectos: a) la notificación de la demanda causa el embargo del crédito a favor del demandante; b) el reclamo sólo puede prosperar hasta el monto menor de las dos obligaciones; c) el tercero demandado puede oponer al progreso de la acción todas las defensas que tenga contra su propio acreedor y contra el demandante; d) el monto percibido por el actor ingresa directamente a su patrimonio; e) el deudor se libera frente a su acreedor en la medida en que corresponda en función del pago efectuado por el demandado. Resumen El ejercicio y admisión de la acción directa produce diversos efectos, que el artículo discrimina. La notificación de la demanda produce el embargo del crédito a favor del acreedor accionante y el tercero demandado puede oponer todas las defensas que el deudor tenía en contra del acreedor y las propias que tuviera en contra su propio acreedor (deudor de la obligación que habilita la acción). La sentencia puede condenar al tercero sólo hasta el monto menor de ambas obligaciones, el resultado de la condena engrosa el patrimonio del acreedor accionante y, en dicha medida, el deudor se libera de la obligación. Interpretación La norma determina los efectos de la promoción de la acción directa y su resolución, que exponemos: La notificación de la acción implica el embargo del crédito a favor del acreedor Desde el momento en que el tercero demandado es notificado de la demanda se produce el embargo del crédito a favor del acreedor accionante, por lo cual adquiere preferencia de pago sobre otros acreedores del deudor y el demandado no puede pagarle ese crédito a su deudor. Defensas oponibles El tercero demandado puede oponerle al acreedor accionante todas las defensas que tuviere en contra de su propio acreedor (el deudor de la obligación que origina la acción directa), y las propias que tuviere en contra del propio acreedor. Límite de la condena La condena tiene como límite el monto menor de ambas obliga ciones Por ejemplo, si el acreedor A es acreedor de $ 100.000, y su deudor B es acreedor de C por $ 150.000, la condena a C puede ascender sólo a $ 100.000, consecuencia lógica de constituir una acción ejecutiva que persigue el cobro de la acreencia y beneficia exclusivamente al accionante. Destino de la condena El monto que se obtenga ingresa directamente al patrimonio del acreedor accionante, pues se trata de una acción ejecutiva en beneficio exclusivo de quien demanda. Liberación del deudor El deudor se libera de su obligación hasta el monto en que el acreedor obtenga por el ejercicio de la acción directa. Acción pauliana “Todo acreedor puede solicitar la declaración de inoponibilidad de los actos celebrados por su deudor en fraude de sus derechos, y de las renuncias al ejercicio de derechos o facultades con los que hubiese podido mejorar o evitado empeorar su estado de fortuna” (338) Resumen El Código confiere acción revocatoria a los acreedores que ven burlados sus derechos por actos de disposición patrimonial celebrados por el deudor. La demanda tiene por objeto solicitar la declaración de inoponibilidad. No sólo los actos de enajenación o desapoderamiento celebrados por el deudor sino también los que impiden su enriquecimiento, como las renuncias de derechos o facultades, pueden ser objeto de la acción de fraude o pauliana. Interpretación Esta norma trata del fraude a los acreedores, denominado fraude pauliano, en honor al pretor Paulo que introdujo entre las acciones personales el interdictum fraudatorum. La acción revocatoria se concede a los acreedores contra los deudores que ponen en peligro la garantía común al realizar actos de - disposición patrimonial que provocan o agravan la insolvencia para sustraer bienes que deberían ser ejecutados. El artículo en comentario empieza el análisis del instituto estableciendo directamente el efecto principal de la acción de fraude. Señala al respecto que, a pedido del acreedor, podrá declararse la inoponibilidad de los actos celebrados por su deudor en fraude de sus derechos, y de las renuncias al ejercicio de derechos o facultades con los que hubiese podido mejorar o evitado empeorar su estado de fortuna. De esta forma queda clara la distinción entre los efectos de la acción de simulación —la nulidad— y este supuesto que integra la nómina de actos ineficaces (ver coment. al art. 382). En este supuesto de inoponibilidad, la ineficacia del acto no se extiende erga orines. El negocio en sí mismo es válido y eficaz pero, para algunas personas, concretamente aquellas que resultan perjudicadas, no es oponible, esto quiere decir que dichos acreedores pueden comportarse como si el acto no se hubiese efectuado. En otros términos, esos terceros pueden oponerse a que el acto produzca efectos en su contra. Por supuesto, la inoponibilidad solamente favorece al acreedor que ha promovido la acción y hasta el importe de su crédito. De modo que como el acto es válido per se, una vez desinteresado el acreedor que promovió juicio, los efectos del acto se producen normalmente entre las 'partes. De ahí, si luego de ejecutado queda un remanente, éste ingresa al patrimonio del adquirente, que es el titular de la cosa. Actos impugnables Aunque los actos de enajenación patrimonial son los que con mayor frecuencia dan lugar al ejercicio de la acción revocatoria o pauliana, también pueden agravar o provocar la insolvencia otro tipo de actos. Así, el pago de una deuda no vencida; la partición de una herencia que asigna al deudor bienes de un valor inferior al que le hubiera correspondido; la renuncia a un privilegio o a una herencia o a una prescripción ganada. También es susceptible de ser impugnada por fraudulenta la renuncia a percibir una indemnización. El Código, siguiendo en este punto la interpretación que fórmula la doctrina, considera que no solamente los actos de enajenación realizados en fraude a los acreedores pueden ser objeto de la acción sino que también los actos de no-enriquecimiento —como rechazar una herencia— pueden ser llevados a cabo en fraude a los acreedores y, como tales, pueden ser atacados por vía de la acción revocatoria o pauliana. Asimismo, se introduce la posibilidad de que, además de los actos jurídicos perfectos sean objeto de revocación las facultades, tal como la posibilidad de oponer la prescripción de una acción. Por supuesto, si dichas facultades son inherentes a la persona o tienen un contenido moral, como esta facultad de solicitar la revocación de una donación por ingratitud (art. 1573), la inacción del titular no será susceptible de ser cuestionada por el acreedor. Acreedores que pueden deducir acción revocatoria En principio, cualquier acreedor —sin distinción de categorías— puede prommier acción revocatoria. Anteriormente se reconocía ese derecho únicamente a los acreedores quirografarios, esto es, aquellos que ho tienen ninguna' preferencia para el cobro de sus créditos porque se entendía que los acreedores privilegiados se encuentran debidamente . _ . resguardados con sus respectivas garantías. Sin ea:jai-go, li dóctnna entendía que era posible para estos últimos promover acci6n si una • Wit'ejlefifadtrel bien- -asiento del privilegió quedaba-algún-remanente que debía ser ejecutado COntra otros ,bienes del obligado Requisitos. Son requisitos de procedencia de la acción de declaración de inoponibilidad: a) que el crédito sea de causa anterior al acto impugnado, excepto que el deudor haya actuado con el propósito de defraudar a futuros acreedores; b) que el acto haya causado o agravado la insolvencia del deudor; c) que quien contrató con el deudor a título oneroso haya conocido o debido conocer que el acto provocaba o agravaba la insolvencia. Que el crédito en virtud del cual el acreedor intenta la acción sea de fecha anterior al , acto del deudor realizado en fraude Este requisito tiene una explicación evidente. Es sabido que el patrimonio del deudor constituye la garantía común de los acreedores. Éstos han tenido en cuenta la composición patrimonial de aquél y han obrado en función de ello. De modo que si mientras se desarrolla una relación jurídica determinada el obligado enajena bienes en forma fraudulenta, el acreedor puede ver frustrada la expectativa de cumplimiento debido a la insolvencia sobreviniente del obligado. No es necesario que el crédito del acreedor tenga fecha cierta porque la exigencia legal tiene por objeto prevenir la acción defraudatoria del deudor que podría antedatar su título para frustrar el resultado de la acción. Por el contrario, si el crédito fuere de fecha posterior, el deudor tendría la posibilidad de probar que no se cumple el recaudo legal. Sin embargo, el Código establece una excepción: que el deudor haya actuado con el propósito de defraudar a futuros acreedores. Se trata de los casos en que el sujeto preordena un resultado determinado y se desapodera de sus bienes teniendo en miras el futuro incumplimiento de la obligación que no está dispuésto a pagar. Por supuesto, en este caso el- acreedor deberá probar la conexión entre la intención de defraudar y la deuda posterior como así también la complicidad del tercer adquirente cuando el acto es a título oneroso (v. infra inc. c, y art. 340). Que el acto haya causado o agravado la insolvencia del deudor El dermandante debe acreditar que la enajenación de bienes atacada ha provocado o agravado la insolvencia del deudor. Si ésta se produce con posterioridad al acto no dará acción para solicitar la declaración de inoponibilidad. Que el que contrató con el deudora título oneroso haya conocido o debido conocer que el acto provocaba o agravaba la insolvencia El acto fraudulento supone que se verifique la intención del deudor y del adquirente de defraudar o conscius fraudis. Por supuesto, esta exigencia rige exclusivamente cuando el acto impugnado es oneroso, porque si fuera gratuito no es necesario acreditar la complicidad del tercero ya que la ley decididamente se inclina por favorecer al acreedor defraudado por su deudor antes que al subadquirente que no tuvo que realizar ningún sacrificio económico para obtener el bien o lograr algún otro beneficio de parte del deudor. Se presume la complicidad del tercero si conocía o debía conocer que el acto provocaba o agravaba la insolvencia (art. 340). Se trata de una presunción juris tantum474, porque es razonable aligerar la carga probatoria del acreedor para quien probar un estado psicológico, como es la complicidad en el fraude, puede resultar extremadamente dificultoso. No podría imponerse como una presunción jure et de jure en beneficio del acreedor porque las consecuencias de una conducta dolosa representan una modalidad agravada de la responsabilidad. De allí, es preciso equilibrar las exigencias del tráfico jurídico y la tutela del acreedor defraudado, sin mengua de las garantías constitucionales. Un modo de realizarlo es si se establece una presunción de complicidad, pero admitiendo la posibilidad de Producir prueba en contrario. El tercero puede, entonces, acreditar no sólo que desconocía la insolvencia del deudor sino que, aun conociéndola, le realizó —verbigracia— un préstamo que si bien tiene entidad para agravarla, puede tener el propósito de ayudar financieramente al obligado para que pueda atender sus obligaciones. Es preciso aclarar que el estado de insolvencia no implica necesariamente un estado de cesación de pagos, aunque pueden coexistir. Aquélla supone carencia de bienes patrimoniales para que los acreedores se cobren sus créditos. La cesación de pagos importa que el acreedor —aunque tiene bienes ejecutables— carece de liquidez para hacer frente a sus deudas. En síntesis, el ánimo de defraudar se presume por el conocimiento de la insolvencia por parte del tercero, pero no se podría cercenar la posibilidad de probar en contra de esa presunción porque no todo conocimiento del estado de insolvencia puede importar complicidad. De lo contrario, se estaría violando el principio de inocencia como así también el ejercicio del derecho de defensa en juicio. Efectos frente a terceros, Deber de indemnizar “El fraude no puede oponerse a los acreedores del adquirente que de buena fe hayan ejecutado los bienes comprendidos en el acto. La acción del acreedor contra el subadquirente de los derechos obtenidos por el acto impugnado sólo procede si adquirió por título gratuito, o si es cómplice en el fraude; la complicidad se presume si, al momento de contratar, conocía el estado de insolvencia. El subadquirente de mala fe y quien contrató de mala fe con el deudor responden solidariamente por los daños causados al acreedor que ejerció la acción, si los derechos se transmitieron a un adquirente de buena fe y a título oneroso, o de otro modo se perdieron para el acreedor. El que contrató de buena fe y a título gratuito con el deudor, responde en la medida de su enriquecimiento.” (A. 340) Resumen La sentencia de fraude no se puede hacer efectiva contra el acreedor que ha ejecutado el bien comprendido en el acto. La sentencia sólo podrá declarar la inoponibilidad del negocio frente a los subadquirentes a título gratuito, sin importar si son de buena o de mala fe. En caso de que el adquirente sea a título oneroso, el acreedor perjudicado debe probar que es cómplice en el fraude. Se presume dicha complicidad si al momento de contratar, el subadquirente conocía el estado de insolvencia. Si no es posible extender la sentencia a terceros subadquirentes por haberse transmitido la cosa, a su vez, a terceros de buena fe y a título oneroso, el subadquirente de mala fe y quien contrató —también de mala fe— con el deudor responderán solidariamente por los daños causados al acreedor. Si el tercero que contrató con el deudor o los sucesivos adquirentes son de buena fe y a título gratuito, responderán también solidariamente, pero únicamente en la medida de su enriquecimiento. Oponibilidad de la sentencia El primer párrafo establece un principio análogo al analizado en otro lugar. En efecto, al igual que sucede en el caso de la oponibilidad de la sentencia declarativa de la simulación, también aquella que verifica los presupuestos del acto fraudulento no alcanza a los acreedores del adquirente que hubieran ejecutado de buena fe los bienes comprendidos en el acto.la solución se justifica por análogos fundamentos a los expuestos al comentar el artículo 337, esto es, por las necesidades del tráfico y el principio de buena fe que cabe derivar de la intervención jurisdiccional. El rol de la buena fe y los terceros adquirentes Cuando quien adquirió el bien del cual el deudor se desapoderó fraudulentamente ostenta título oneroso, para que proceda la acción revocatoria en su contra, es preciso demostrar que fue cómplice en el fraude. La complicidad se presume si conocía su insolvencia. La solución legal se funda en el principio de la buena fe sublegitimante que radica concretamente en la confianza que tiene el adquirente en la legitimidad de su adquisición, esto es, la fundada creencia de que con el acto no daña ni perjudica a un tercero. Es un supuesto de aplicación de la teoría de la apariencia del acto, que importa en definitiva el sacrificio de un interés por otro, en razón de proteger —como se dijo— la seguridad en el tráfico. Por consiguiente, de no acreditarse la referida complicidad, será considerado adquirente de buena fe y, por tanto, no podrá prosperar la acción pauliana (v. coment. al art. 339). Oponibilidad de la sentencia a los subadquirentes Si el adquirente de los bienes transmitidos por el deudor los enajena, a su vez, a otra persona — y así sucesivamente— para que proceda la acción deberá probarse que los requisitos enunciados en este artículo concurren-no solamente contra el primer adquirente —como es lógico— sino también contra todos y cada uno de los que forman parte de la cadena de transmisiones. Adquirentes y subadquirentes a título oneroso Para que la sentencia resulte oponible al tercer adquirente a título oneroso y a los subadquirentes sucesivos, también a título oneroso, es preciso que todos ellos hubieran obrado de mala fe, esto es, que hayan sido cómplices en el fraude. Tal como se dijo al comentar el artículo 339, ante la dificultad de obtener prueba directa de la complicidad, la ley sale en auxilio del acreedor perjudicado. Es así que presume la complicidad del adquirente en caso de que éste, o el subadquirente, hubieran conocido la insolvencia del deudor al tiempo de celebrar el acto. En rigor, la norma establece un supuesto de inversión de la carga probatoria. Adquirentes a título gratuito En el conflicto suscitado entre el o los adquirentes a título gratuito y el acreedor perjudicado por el acto fraudulento, la ley da preferencia a este último. Por tanto, es irrelevante la buena o mala fe de los primeros. Responsabilidad de los cómplices del acto fraudulento frente al acreedor Al igual que ocurre en materia de simulación, el deudor y el o los subadquirentes de mala fe serán solidariamente responsables frente al acreedor perjudicado que ejerció la acción, por los daños y perjuicios que le pudiera causar el hecho de no poder hacer ejecución de la cosa a fin de cobrar su acreencia contra un subadquirente de buena fe y a título oneroso. La misma solución se aplica en caso de que la cosa se hubiere perdido o deteriorado o hubiere salido del comercio. En cambio, el que contrató de buena fe y a título gratuito con el deudor, también responderá solidariamente con éste, pero sólo en la medida de su enriquecimiento, el cual funciona como limite de la indemnización debida por su parte al acreedor perjudicado por no poder hacer efectiva la ejecución de su crédito contra los bienes transmitidos. Conversión de la imposibilidad de ejecutar la condena para los casos de pérdida o enajenación de la cosa El artículo 340 establece un supuesto de transformación de los efectos de la inoponibilidad por la obligación de indemnizar, que tiene lugar a raíz de la imposibilidad de ejecutar el bien que fue objeto del acto que provocó o agravó la insolvencia. No existe óbice para que esta condena subsidiaria sea ejercida en el mismo juicio, a efectos de no tornar más costosa la actividad del acreedor que, además de resultar perjudicado por el deudor y por el subadquirente, debería dilatar en el tiempo la satisfacción de su legítimo interés. Esta situación disvaliosa tendría lugar si se 19 obligara a iniciar otro juicio para convertir la acción en la subsidiaria de satisfacer los daños y perjuicios. Extinción de la acción “Cesa la acción de los acreedores si el adquirente de los bienes transmitidos por el deudor los desinteresa o da garantía suficiente” (341) (Hay otros artículos más de esta acción. Busque de querer profundizar…) Acción indirecta o subrogatoria “El acreedor de un crédito cierto, exigible o no, puede ejercer judicialmente los derechos patrimoniales de su deudor, si éste es remiso en hacerlo y esa omisión afecta el cobro de su acreencia. El acreedor no goza de preferencia alguna sobre los bienes obtenidos por ese medio.” (A.739) Resumen La acción subrogatoria permite al acreedor ejercer judicialmente los derechos patrimoniales de su deudor, si éste es remiso en hacerlo 42 y con ello causa perjuicio a aquél. La acción tiene efectos conservatorios del crédito, por lo cual el acreedor no obtiene preferencia alguna sobre los bienes que ingresen por este medio al patrimonio del deudor. Concepto La acción subrogatoria, también llamada oblicua, es aquella que se concede al acreedor para ejercer derechos patrimoniales de su deudor, cuando éste es renuente en hacerlo y de dicha omisión surgen perjuicios para el acreedor. "Mientras el deudor es solvente, sus acreedores no tienen interés en que ejecute los derechos que tienen contra terceros; pero cuando no lo es, su interés es evidente. La ley les reconoce el derecho de subrogarse en los derechos del deudor y de intentar a nombre de éste las acciones que posee contra terceros. Ésta es la acción llamada subrogatoria (porque el acreedor se subroga en los derechos del deudor), oblicua o indtrecta (porque no se trata del ejercicio de las acciones por el verdadero titular, sino por un tercero)". El código derogado receptaba la acción en el artículo 1196, el que decía: "Sin embargo, los acreedores pueden ejercer todos los derechos y acciones de su deudor, con excepción de los que sean inherentes a su persona". A partir de esta única norma y su recepción en algunos códigos de procedimientos (v. gr., CPCCN, Capítulo 11, del Título 2, arts. 1111 a 1114), la doctrina estructuró los requisitos de ejercicio, los derechos ejercitables a través de esta acción y sus efectos. Ahora el Código la regula de manera expresa. Requisitos Titularidad de un crédito cierto, aunque no sea exigible El acreedor que ejerce los derechos patrimoniales de su deudor por medio de la acción subrogatoria debe ser titular de un crédito cierto (cuya existencia pueda ser probada), válido (no afectado por alguna causa de nulidad) y vigente (no extinguido), aunque no sea exigible. La no exigibilidad del crédito invocado por el acreedor demandante diferencia la acción subrogatoria de la acción directa, y tiene su fundamento en que el acreedor sólo persigue acrecentar el patrimonio del deudor a través de la incorporación de bienes debidos por terceros, pero no obtiene el cobro de su propio crédito. En vigencia del código derogado, el requisito de la exigibilidad del crédito estaba controvertido, existiendo jurisprudencia que lo exigía, en tanto la doctrina en general postulaba que cualquier crédito, aun el no exigible, era invocable para promover la acción. El Código soluciona la discusión. Inacción del deudor El artículo exige que se demuestre la inacción del deudor, pues sólo la inactividad o renuencia en hacer valer sus derechos justifica la intromisión de los acreedores. Se debe tratar de una omisión de actuar que no esté justificada en impedimentos jurídicos (v. gr., porque el deudor fue desapoderado por su estado de quiebra), y es indiferente que se deba a culpa o dolo del deudor, o por una razón ajena a su voluntad. Perjuicio para el acreedor. Prueba de la insolvencia La omisión de ejercicio de sus derechos debe causar perjuicio al acreedor accionante, consecuencia que demuestra su interés en actuar. Si el deudor es solvente y tiene otros bienes sobre los cuales el acreedor puede ejercer sus derechos, entonces carece de interés legítimo para accionar. El artículo no se pronuncia sobre quién debe probar la insolvencia del deudor. En vigencia del código derogado, Borda entendía que el acreedor no debía producir dicha prueba, "pero si el deudor demuestra su solvencia, la acción subrogatoria debe rechazarse, pues ello pone de manifiesto que el accionante carece de interés"", posición compartida por Bizarro y Vallespino. Efectos Los bienes obtenidos por el ejercicio de la acción subrogatoria ingresan al patrimonio del deudor y quedan expuestos al ejercicio de los derechos de los demás acreedores. El artículo aclara este aspecto, expresando que el ejercicio de la acción no concede preferencia alguna al acreedor accionante. Derechos excluidos Están excluidos de la acción subrogatoria: a) los derechos y acciones que, por su naturaleza o por disposición de la ley, sólo pueden ser ejercidos por su titular; b) los derechos y acciones sustraídos de la garantía colectiva de los acreedores; c) las meras facultades, excepto que de su ejercicio pueda resultar una mejora en la situación patrimonial del deudor. (741) Defensas oponibles Pueden oponerse al acreedor todas las excepciones y causas de extinción de su crédito, aun cuando provengan de hechos del deudor posteriores a la demanda, siempre que éstos no sean en fraude de los derechos del acreedor. (742)