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Consejo de redacción: Nicol Calfunao, Paulina Contreras, Javier Aguirre.

Edición y dirección: Javier Aguirre Ortiz.

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Una vez más, vuelve Sayenco. Es otoño en América del Sur, pero
siguen brotando las hojas. Porque también nos llegan hojas
primaverales desde otras latitudes. O acaso, simplemente, los
poetas van siempre contracorriente, y a veces escriben otoño en
primavera o primavera en otoño. La sangre, la tinta, la savia, tienen
sus íntimos secretos.

Hemos ido dando la bienvenida a las participaciones de este


número en el blog de la revista: http://tallersayenco.blogspot.com
que les invitamos a visitar.

Agradecemos enormemente la colaboración desinteresada y


generosa de Elikura Chihuailaf, Eli Tolaretxipi, Miguelángel
Zorrilla, Venezia Lesseps (Emmanuelle Jollivet), Sara Castelar
Lorca, Octavio Fernández Zotes, Lucy Sepúlveda, Txaro Sierra,
Julián Borao, Elisa Berna Martínez, Cristina Cambareri, Javier
Arnaiz, Ce Edwinski, Abdón Corral, el taller literario La Galleta
del Norte, y por supuesto las jóvenes escritoras del taller Sayenco y
el Liceo Gabriela Mistral de Temuco: Paulina Contreras, Nicol
Calfunao (Angeline Milk), Karina Campos (Emily Rodríguez),
Bárbara Mora, Claudia Bahamonde, Tabita Sepúlveda, y cuantas
han participado asidua u ocasionalmente en el taller literario.

No nos olvidamos en este número de Gabriela Mistral, que inspiró


poemas a varias estudiantes, entre los que elegimos algunos.
Enhorabuena a las autoras. (Uno de los e-mails recibidos para el
concurso -firmado Andrea Laurel- seguimos sin saber a quién
pertenece, pues no aclaraba la identidad bajo el seudónimo).

Sin más preámbulos, les invitamos a pasearse por las hojas de este
otoño verdecido.

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La madre triste

Duerme, duerme, dueño mío,


sin zozobra, sin temor,
aunque no se duerma mi alma,
aunque no descanse yo.

Duerme, duerme y en la noche


seas tú menos rumor
que la hoja de la hierba,
que la seda del vellón.

Duerma en ti la carne mía,


mi zozobra, mi temblor.
En ti ciérrense mis ojos:
¡duerma en ti mi corazón!

Gabriela Mistral

The sad mother

Sleep, sleep, my beloved,


without worry, without fear,
although my soul does not sleep,
although I do not rest.

Sleep, sleep, and in the night


may your whispers be softer
than a leaf of grass,
or the silken fleece of lambs.

May my flesh slumber in you,


my worry, my trembling.
In you, may my eyes close
and my heart sleep.

Translated by Doris Dana

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WEÑAGKVN EPE AFCHI KVYEN
TRVRI

Kiñe kelv lelfvn mvley miñche


wenu mu taiñ nag antvpeetew
Feyti weñagkvn afchi Kvyen trvri
alofnieetew fvrfvrmawvn mew
Ti pu pvllv witrankontupeetew
pegelelenew ta tromv
pvllv reke wifkvlelu wenu mew
Kamapu pu tromv
Pu mawizantu, feyfey pimekeenew
rupay eymi pvle LA NOSTALGIA ES LA LUNA
ka feyti afpuel zugu tami MENGUANTE
pichikonagen chi vl
Pvrvmgen mu, kiñe kiñeke
wezanmalvy enew
petu ti tromv afkom punpuwvla Hay un campo rojo sobre el cielo
que nos atardece
Narpatuay ñi pewma mu La nostalgia es la Luna menguante
ti pu ayin -piwvn alumbrada desde la llovizna
Welu amuley ñi trekan, Los espíritus que me visitan
weñagkvlelu am iñche me señalan nubes
Kimlu am iñche tami wilvfvn como almas trazadas en el cielo
tami ayikan iñche mu Nubes lejanas
Las montañas, me están diciendo
chogkvlerpuay pasaron a tu lado
Pichiketu llemay. y en el eco los cantos de tu infancia

De pronto, una a una, comienzan


a palidecer en mí las nubes
hasta borrarse
Descenderán de sus sueños
las amadas -me digo
Pero continúo mi camino
porque siento pena
Elikura Chihuailaf. Al comprender que también

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el brillo de tu amor a mí
se irá apagando
Poco a poco.

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TROZO

El mar ya no es una raya


verduzca en el horizonte.

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Es una franja oblicua
que cae del cielo
fría y movediza,
un pedazo de otras aguas grandes.
En el cielo, errabunda, no es desorden.
Se desmadeja. Tira de más de un hilo,
hilachas rosadas.
La que está cerca de la orilla es vieja
lleva tiempo, de maleza, yodo, herrumbre.
La de atrás es blanca, protegida.
Entre una y otra, un túnel
que huele a orín y a excrementos,
un perro guardián que languidece.

PEDAZO

Describe la tormenta como animal,


acecha, amenaza, luego pasa,
amordazada, anudada, prieta.
Hay un montón de carbón
que tapa la entrada.
Pone cuidado en lavarse, esquiva ese olor
a carne pequeña, esa leve náusea.
La música no emociona, pero apacigua, sosiega.
La oigo muy lejos, se le va encogiendo la voz.
Ahí, entre el recuerdo de lo negro en la entrada
y los yerbajos, la herida sigue profunda,
la tierra mojada secándose, removida.
La niebla sofoca el ruido
llega fría a los pulmones.
Duele aún, aunque alivia.
El cerco abierto se adelgaza
roto, se bifurca.

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CACHO

Piensa que necesita un desierto,


arremolinada, bajo un árbol sin hojas.
Los toca con suavidad
mueve el cuello como un caballo
que se acomoda el freno de la boca,
sin mirarlos, con la mejilla,
quiere morderlos, pasarlos por las encías.
Tal vez un llano donde el cielo caiga pesado; o tal vez sólo sean
las ganas de salir del enramado
de vías que acaban
en sumideros o cimas
de las que cae o se atasca
como en sueños forzados.

Tríptico inédito de Eli Tolaretxipi

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MENSAJE

Solo en esta botella naufraga mi mensaje.


Necesita de ti, que con tus ojos
Me escuches, me adivines y me sientas.

Solo en esta botella, en que he ahogado mis sentimientos;


No en el mar en que naufraga,
Ni en la tinta en que se mancha.

En esta botella aventurera, remando


de quién sabe dónde, misteriosa,
que en su interior mis sueños ha de guardar.

¿Sabes por qué mi voz es para ti?


En mi mensaje está tu corazón.
El papel que despliegas son tus alas.

Mi voz se alza, una vez despegando la batalla.


Mis alas se extienden
Y dejan salir a la poeta de un golpe.

Taller Sayenco.

Y heme aquí sentada


Escribiendo
Escuchando el murmullo de las hojas
La risa templada del viento
Tratando de ver lo que sólo aquí se encuentra
En esta banca

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Bajo este árbol
Quizás sea verdad
Que en este lugar no existan palabras
No porque no puedan, claro está
Sino porque se han disuelto en el agua
En la tierra y en las nubes
Se han tornado invisibles
Ausentes para el ojo
Que en este bello cielo sólo ve el cielo mismo
Pero siguen aquí
Resonando, vibrando
Salvajes como en sus inicios
Puedo recordarlo, el día en que preguntaste
“Dónde están tus palabras”
Y quizás no estaban
Quizás se habían vuelto hojas marchitas al viento
Habían volado lejos
Buscando quien sabe qué y quién sabe dónde
Tal vez están ahora conmigo
Bajo este mismo árbol
Y puede que sean aquellas
Que descansan sobre el agua fresca
Aquellas que ya no se pronuncian
Y es verdad, este es un sitio extraño
Un sitio ausente
Uno de esos que sólo duran minutos o incluso segundos
Uno de esos que sólo te das cuenta que se han ido
Cuando los ves despedirse
Serenos
Entre las ruedas de un auto
O la conciencia del tiempo

Paulina Contreras

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A GABRIELA MISTRAL

Tú, que más fracasos de amor percibiste,


Que nunca te sentiste linda como mujer,
Que aun no siendo madre, amaste tanto,
Que sentiste el dolor de la muerte,
y viste cómo el engaño de un ser amado

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arruinaba tu corazón,
aún creíste en la vida
y tras creer
una esperanza en el camino te esperaría:
alcanzaste todo,
el Premio Nobel de Literatura,
escuchaste cómo todos te ovacionaron,
los mismos que te despreciaban.
Te fuiste pero regresaste,
Tus poemas son frutos de la vida,
Tu fuerte fue el amor al prójimo,
El adiestrar al vulgar.
Entregaste amor
En ese papel
En el que tinta derramaste.
Viste un futuro de vida en otra mujer,
En un niño estaba tu poesía,
En el cantar de un pájaro estaba tu risa.

Quizás nunca te lo dijeron,


quizás nunca te lo insinuaron,
pero en este poema
yo agradezco a la mujer
que con su rotunda personalidad
llegó a ser reconocida mundialmente.

Si tu vida me fuesen a quitar


Más no lo soportaría,
porque tu cuerpo y alma
son Chile, solidarios y profundos,
y tus huellas dejan una enseñanza.

Y ese abrazo tan distanciado


Con que nos despedimos entonces de ti
Fue sólo un accidente,
Y ahora veo claro
que no hace falta un milagro ni un adiós
para esa inesperada reconciliación. Angeline Milk

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Oda a Gabriela Mistral

Mujer culta y aventurera,


sensible y a la vez fuerte como un roble,
poseedora del don de la palabra,
gran amor a las futuras generaciones,
poesía sin deterioro
que alimentó durante mucho tiempo su alma,
conocedora y lectora de la Biblia,
vida de logros y decepciones.

En el momento menos esperado


Dios
te empezó a dormir.

Emily Rodríguez.

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MADRE GABRIELA

Gabriela, nuestros sueños, ¿no son como los tuyos?


Quizás nosotras ya no queremos ser princesas, ni reinas.
Quizás soñamos ser protagonistas de nuestras propias
vidas, como tú. Tú luchaste desde la tierra humilde de
Vicuña, desde el valle del Elqui, por donde un río sueña
que ve el mar. Y tu humildad te levantó. Subiste las escalas
de Estocolmo, en donde un rey te coronó. Gabriela, nos
das fuerza para seguir la ruta, el áspero camino. La vida te
premió y te maltrató. Y quizás los laureles endulzaron la
carga amarga del dolor. Gabriela, ¿es que las rosas han de
tener espinas? Y los sueños, ¿no pueden volar y ser
felices? Madre Gabriela, ¿dónde encontraste la luz? ¿O
tuviste que abrirla siempre desde la sombra? ¿No somos
hoy más libres de lo que tú pudiste? ¿O fue tu lucha la que
te hizo libre, a pesar de las malas miradas de tu tiempo?
Demasiadas preguntas…. Quizá tú nos enseñas que nada
está ganado, que cada paso cuenta, que del dolor se
pueden hacer versos, pero hay también dulzores. Dios
quiera que no tenga yo pesares, y los dulzores sí, aunque
quién sabe si también la espina me puede hacer feliz.

Andrea Laurel

BRINDIS

Sabiendo que existes tú,


¿cómo podría conformarme con menos?

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PARA QUÉ
NOS VAMOS
A ENGAÑAR

Sólo hay una cualidad


que convierte a cualquier mujer
en más digna de ser amada
que tú:
que esté loquita perdida
por mí,
la pobrecilla.

TODO SIRVE
(para el convento – decía el fraile
y se llevaba a una monja)

Un amigo viene a ser todo un chollo.


Una amiga puede ser media vida.
Una amante es casi la muerte.
¡Y a veces tengo unas ganas de morir...!

NUNCA SOMOS BASTANTE

Eres sensible,
eres inteligente
y eres hermosa
y además sabes que alguien
te quiere.
Y todavía
te encaras con la vida,
la miras a sus ojos
y exclamas sin reserva:
–"No te conozco".

Pues aún así, créeme,


yo te comprendo.

Miguelángel Zorrilla

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Miguelángel Zorrilla.

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Si de mi mano estéril
germinaran caricias o cadenas,
si de mi boca inválida
-pobre labio sin nombre,
crisálida de olvido,
velo de niebla-,
si de esta boca herida,
surgieran una vez
paloma,
vena
o llanto,
y de mi mano
-garra de angustia,
puño destituido-
renacieran esquejes sin espina...

que sea por tu nombre.

Venezia Lesseps

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Alya se eleva

A mi hija

Canto para tus manos que nacen de la salvia,


para tu frente quieta
donde suras minúsculas se incrustan para engendrar el vértigo
de aquel extraño dios que sobrevuela.

Llevas el alfabeto del desorden cosido a las rodilla


y por tus venas cruzan siete ríos
con sus siete quebradas,
el Káutar se alinea con el pequeño arco
que describen tus cuencas, limpios humedales
donde guardas el mundo.

Tú bebes de la tarde mis cansancios veloces


y abrigas ese miedo que me avanza
como la luz secreta del mercurio,
tú dejas que mi espalda ceda a la demolición
de tanta vida fresca,
de tanta soledad que se pronuncia en el filo plomizo de tu llanto
si es de noche
y dulce sobrevuelas el dolor que sólo tu lenguaje dignifica.

Te alzas, vuelas con la coraza fragmentada


por donde ondea el muérdago,
yo te miro imperfecta en el lado secreto del sonido
a donde el trueno escribe tus vocales.
A veces me parece que te alcanzo,
que toco la feroz estela que de tu corazón germina
y aquel amor entero me azota en el costado.

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Tú escalera,
tú caracol sobre la flor del cardo
tú esa mordedura de mi ombligo que duele de inocencia.
Yo no tengo más pan para tu boca,
no tengo más racimos que esculpan la ceniza,
tan sólo puedo darte
la frágil estructura que se arquea para besarte el nombre
o inclinar la pobreza de mis vértebras.

¿Dónde irá a ocultarse aquél dragón


si ya los cuentos viven en tu risa?
¿Dónde iremos, Alya, para domesticar al zorro?
¿Adónde?

Sara Castelar Lorca

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ELIKURA CHIHUAILAF

He writes blue lines


His hands echo the forests
His feet are walking roots

Wirintukey kallfü wirin


Ta ñi pu küwü wilifkey ta mawiza
Ka ta ñi namun folilgey trekalelu

Traza líneas azules


En sus manos
Reverberan los bosques
Y sus pies son raíces que caminan

(Traducción al mapudungun: Cristian Kalfuman)

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CRUJIR DE OTOÑO

Cruje el oro de otoño entre un pesar de pasos;


la carcoma perfora túneles profundos en la corteza de los álamos.
La tarde, con el hombre y con la sombra, camina
en un tornar despacio, desde páramos enjutos hasta el soto del río
donde aún sangran los árboles tatuados.

Ha de haber una ruta secreta directa al corazón,


allí, por donde el corazón se aleja.
Pero una llaga no curada, siempre herida,
desnuda y desarmada,
quema en el corazón que apenas late.

Queda un rumor de búsqueda cuando cesa la brisa;


gime el otoño y el corazón se queja
con el llanto imposible de una perenne diástole.

Octavio Fernández.

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PASEANDO

Aferrada a la mano del recuerdo,


sin resentimientos,
me paseo
por el corazón de tu calle
mitad querencia, mitad extravío.

El pasado gemebundo,
casquivano y esquivo,
sin compasión,
penetra hasta el último confín
de la porfiada memoria.

Lucy Sepúlveda.

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EL CESTO DE LOS CORAZONES

¡Cuánto silencio!

El viento no trae palabras.


¿Hará falta el soplido de otro tren para traerlas?
Por eso estoy en la estación, esperando,
con una rosa en los labios,
dibujando una nube de humo con mi cigarro.

Sé de viejos trenes que pasaron,


todavía recuerdo su traqueteo.
Cuando recuerdo su traqueteo
mi corazón también traquetea
y se aleja en un vagón.
Sale de mí, se va.

¡Cuántos corazones!

Ahora,
de nuevo,
en ese hueco rojo y caliente
lleno de vacío,
está creciendo otro corazón.
Como en tus vacíos.
Ya verás cómo crece para la próxima estación.
Pero esta vez hay que quererlo mucho
para que no se aleje.

Txaro Sierra. Mayo 2002.

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AFGANISTÁN

No fue casualidad la que movió al viajero


a recorrer las rutas de la seda
y a atravesar sus valles, sus montañas y estepas,
caminos polvorientos y altos desfiladeros,
dormitando despierto a la intemperie
o en cuevas extraviadas
huyendo del envite de la muerte.

Son harto conocidas las razones.

Alejandro también surcó estas tierras


al frente de sus tropas
resuelto a la conquista
de este mundo oriental y abandonado
siempre por sus dioses.
Y quizás aún perduren
las antiguas recetas de olvidados doctores
o acaso las doctrinas del viejo Zoroastro,
tal vez en lo profundo del desierto,
en las salas ocultas de templos enterrados
o en las sombras disueltas por el viento.
O en los altos lugares de Ghorid,
en la “terra incognita”
que esconde la metrópoli,
la perdida Firozkuh de la Montaña Púrpura
que ya nadie conoce.

Y es que hoy igual que ayer,


algo han venido a hacer estos viajeros,
se nota en sus miradas.
Cuesta reconocerlo pero es cierto:
No cumplen los acuerdos,
ostentan sus costumbres,
se adueñan de las gentes
desperdigando miedo y destrucción.
La guerra y sus tormentas algo han roto,
desorientado pueblos
que han dejado su huella por todos los paisajes
de esta tierra arrasada
que un día fue llamada Yaghistán,
de esta tierra rebelde de espíritu insumiso,
de nuevo sorprendida
por el dolor sin tregua
que propagó su llanto milenario.

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El enemigo es fuerte,
desprecia las heridas de los pueblos vencidos
y odia su lengua bárbara
“la lengua que ha de hablarse en los infiernos”
pensaron,
aunque en ella escribieran
para expresar su amor y sus poemas.

Nuristanís, hazaras, tayikos, turcomanos,


uzbekos o pashtunes,
todos son denostados
por fríos generales
nativos o foráneos que trazan
los designios de un orden superior.

Cruel ha sido la historia


mas cierto es su decurso desgraciado.

El humo casi roza los límites del cielo,


los condenados viven mirando hacia lo alto,
las calles se desprenden de perfumes y hedores,
del odio y la metralla cotidianos.

Mas algo hay más allá,


provincias fronterizas pobladas
por idólatras de dioses ignorados,
altivos descendientes de antiguos invasores,
erosionadas ruinas,
lejanas cordilleras de insólita belleza,
caminos ancestrales de más nobles viajeros,
la paz de atardeceres sin memoria,
la neblina imposible que envuelve las llanuras
vibrando en solitario despertar.

Y no este tenso ambiente,


esta amarga mirada del soldado
que apunta con su rifle
mientras grita su miedo
en una sucia calle de Kabul
de noche ante las puertas del infierno.

Julián Borao

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La pregunta del zorro

Sentado en el húmedo pasto se encontraba un zorro con la mirada perdida


hacia sus alturas. Una curiosa águila que pasaba por esos lados lo ve y
posándose en una rama le pregunta, “¿en que piensas tanto?”; este
tímidamente le dice “amiga águila, ¿por qué poesía?”, ella sorprendida por la
pregunta, despega en vuelo y entre vuelta y vuelta le responde, “porque cada
día acaricio al viento con mis plumas y cada tarde me dirijo al sobrecogedor sol
como la luz volviendo a su hogar, para luego caer como relámpago a tierra y
satisfacer mi cuerpo volviendo a emprender el vuelo y surcando los cielos,
disfrutando del sobreacogedor atardecer con los árboles y flores silvestres que
me brindan su amistosa compañía”. El zorro con mirada confusa hace una
reverencia y sigue su camino, ya cansado se detiene a las orillas de un lago
para refrescar a sorbos su cuerpo delgado y acalorado, viendo su reflejo se
vuelve a inquietar y a viva voz pregunta “¿Por qué poesía?”, de un brinco se
aleja al ver como saltando vívidamente frente a sus narices, un colorido
pececito le saluda y dice “yo puedo responder a tu pregunta” el zorro intrigado
le escucha “es poesía, porque cada día gozo jugueteando y danzando entre
piedras y corales y cada noche me asombro viendo las estrellas emerger del
agua para viajar al cielo, porque el universo en que me desenvuelvo me cobija,
me protege y entre mis amigos y hermanos compartimos juntos penas y
alegrías”. El zorro emprende confundido nuevamente su viaje despidiéndose
cordialmente del pequeño pececito. Ya cerca del atardecer, la inquietud
nuevamente lo comienza a atosigar, mientras que con la mirada perdida en las
densas copas de los árboles se vuelve a preguntar. Absorto en la profundidad
de sus pensamientos cada vez más difusos, más confusos, apenas se logra
percatar del pequeño pitido que resuena en respuesta a su inquetud, en la
pequeña hoja de un arbusto cercano una simpática hormiga lo llama y le dice,
“¡yo sé la respuesta! ¡Yo sé la respuesta!” acomodándose en la hoja como
quien se sienta a leerle a un pequeño una historia, dice “es poesía, porque
cada día disfruto viendo el glorioso mundo que me rodea, lleno de misterios y
aventuras, sellando la puesta de sol con la dulce sonrisa de mi reina madre,
agradecida por los dulces manjares que le ofrecemos cada día”; sin entender
las palabras de la diminuta hormiga, el zorro se despide y se aleja.

Caída la noche se tiende en un prado cercano, con la esperanza de descansar


su agobiada mente, cosa que no parecía posible ni con el frágil canto de cuna
de los grillos o el enviciador aroma de las rosas salvajes. Pasadas las horas y
ya sin esperanzas de conciliar el tan anhelado sueño se decide a dar un paseo
por las cercanías, un fuerte aullido lo despabila y unos ojos amarillos como la
miel lo hacen temblar, frente a él un feroz lobo se encontraba mirando la luna,
patas grandes de fuertes garras y un pelaje tosco y brillante adornaban su
macizo y fuerte cuerpo, de reojo miro al zorro y le preguntó “¿Qué haces tan
campante en mis terrenos?”; este con mirada temerosa responde, “una

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pregunta me aqueja y no me deja dormir, así que con el fin de aclarar mi mente
salí de paseo entre estos bellos paisajes” el lobo con aires de sabiduría le dice
“¿y cual sería la pregunta que tanto te inquieta?” “pues yo me pregunto,
¿porque poesía?”, la severa mirada del animal se tornó sutilmente cariñosa y
un cálido silencio los rodeó derritiendo la tensión del momento “pues es poesía,
porque cada noche le declaro mi amor a la luna y le oro por que cuide a mi
familia, porque hablo al viento cada día y disfruto en las tardes del tibio sol que
acaricia mis sentidos, porque ahora te veo y me pareces curioso, es por eso
que la vida es poesía, porque vivir es sentir y el sentir es poesía, la más bella y
pura poesía, una prueba firme de nuestra existencia”, el zorro le agradece y se
marcha al fin con la mente tranquila y muy contento, pues se da cuenta por
primera vez que en su corazón un poeta le susurra versos y letras tirándole
flores a su paso ya sean verdes o marchitas, este le acompaña de invierno a
verano y de lunes a domingo.

Paulina Contreras.

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COMPAÑERA DE VIAJE

Hay veces que te sueño compañera de viaje...

Y en la tiniebla turbia que empapa mis regresos


mientras el motor canta su mantra interminable,
mis ojos se desvían al asiento vacío
y, como si estuvieras, te explico este paisaje.

Las aguas de la ría reverberan oscuras


y te muestro las luces que flanquean el valle
y la noche se traga los faros asombrados
de vuelta hacia la casa donde no espera nadie.

Y las palabras fluyen como si tú me oyeras


entornando los ojos en un silencio amable;
tiñen de calma limpia la soledad hallada
y exorcizan el grito desgarrado del aire.

Quien habla solo espera... quizá no espera nada


mas sabe que los hados se ponen de su parte;
y cuando el soliloquio desborda los sentidos
elijo tu figura si quiero hablar con alguien.

Hay viajes que te sueño tras ese parabrisas


(tan cercana y ausente como estuviera un ángel)
al roce de una mano perdida que abandona
por sólo unos segundos la presión del volante.

Y amo la maravilla de saber que estás viva


y adoro la esperanza de volver a encontrarte.
Las distancias porfían en decir lo contrario
mas la vida nos hizo compañeros de viaje.

Por eso ya te sueño, para que no te extrañe.

Miguelángel Zorrilla.

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A la caída de la tarde,
tendido el día,
nos mira el pájaro
desde ese cordel del tiempo
que llega hasta la noche.

Septiembre 2001

¿Amo poco?
Amo todo.
como una tonta.

Octubre 2001

EN LA ANTIPRISA

Miro la tarde
como a una tarde encontrada.
Atrás queda la mañana y sus tareas,
las conversaciones, los actos, los gestos.
Estoy en el descenso del día,
cuando las palabras, todas las palabras
van cayendo
del regazo de las horas al recuerdo
y se alumbra el espacio que
queda en mi memoria.
Para este espacio,
para este ahora de esta tarde
estoy aquí con mi silencio
junto a mí,
feliz.

Mayo 2003

Txaro Sierra

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Negación

He decidido
que tengo el poder de ordenar a mi antojo
los fragmentos rotos de mi historia.
Los que nadie sabe
- y callo -
Los que son secretos
(miento).
Porque tengo el derecho y la obligación
de apartar el dolor e inventar la dicha.

Cristales rotos.
Crisantemos.
Cuchicheos.
Cucarachas.

Nunca habéis existido.

Elisa Berna Martínez

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cómo te desando, amor?
cómo deshilvano tu nudo?

la noche tiene una huella larga y cierta


de pies longevos como un nombre.

cercenan el espacio que cabe


entre mi cuerpo y el tuyo
la palabra y la piedra

dónde estará ese pliegue exacto


que diga tu cintura y que no me espante?

oh, amor, suelta la noche a pastar sus silencios


a alongar sus voces
para que nunca más te encuentre.

Cristina Cambareri

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ACERCA DE L

L se amontona, se columpia, y al final se duerme. Con el sueño,


se columpia, se amontona, y no quiere despertar. Si os fijáis le
sucede como a los nenúfares, el cielo es demasiado bello
como para perder el hilo que nos ata a su mirada de ensueño.

L ha arrancado todas las hojas del calendario menos la de la


“L” para salvar su personalidad destructora.

Y si la luna parece huir acosada por los fantasmas del


desamor; o, si creyendo que todo es inmutable, intangible y de
repente resulta que no era para tanto y que casi es fiesta: es L.

L es usted y usted y usted y una suma de individuos e


individuas que se detienen como usted en el semáforo.
Bríndele una palabra, por favor.

A veces L siente el impulso de volverse río caudaloso. Los


peces nadarían en su espalda y, tras recorrer sus meandros
como una lengua de plata, entraría en el mar.

L se aleja silbando algo gris y doméstico, mientras se apagan


las aceras a la noche.

La Galleta del Norte

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Sentimiento muerto

No puedes expresar tus sentimientos


Finges estar bien mientras te mueres por dentro
No sabes lo que sientes
Pero tus lágrimas caen por tu rostro.

Preguntas por qué te sucede esto,


Por qué esta sensación
Esta mezcla de sentimientos rotos, no entiendes
Por qué salen lágrimas de tus ojos

Tu vida ya no tiene sentido, es como una


Canción sin melodía, un poema sin motivo,
Un te amo sin ser oído, como un
Abrazo sin ser recibido.

Hoy hay un sentimiento muerto


Sentimientos que nunca quisiste sentir
Un dolor que no es dolor
Gracias a esto cada día te sientes peor.

Silencio pides, pero el nudo


Permanece en tus pensamientos,
Esas palabras que nunca se dijeron,
Que se guardaron en tu corazón.

Quieres volar y no regresar


Sabes que eso jamás podrá pasar, ¿por qué esto?
Ya nada tiene sentido,
Ni esas lágrimas que llegan sin ser llamadas.

Cosas sin sentido,


Pero así es tu vida,
Dolor sin dolor, cansancio sin motivo,
Preguntas que nunca tendrán respuestas.

Bárbara Mora.

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Panguipulli

En la noche por venir


todavía cantan pájaros,
en el silencio naciente,
por tormentas arrullados.

Qué corazón en penumbra


desnudo tiende sus brazos,
alas calmas, almas blancas
de desaforados astros.

Qué músicas se perciben


allá, entre innúmeros cantos,
de las alas que, apresadas,
alientan saltos amargos.

Qué soledad por venir,


qué lluvia de meses claros,
qué arrepentido dormir
sin saber romper los lazos.

Hosanna, cielo de abril,


la lluvia habla de sargazos.
El lago de Panguipulli
sabe de qué estoy hablando.

Abdón Corral Contreras

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TE RECETO UN POEMA

Cuatro patas y una luna

Pienso en tu negra mirada


Encubierta de noble Zorro,
Fingiendo etiquetas y halagos vacíos.

Deseo encontrarte perdido en las calles


De una capital escrita a máquina
Y coloreada en tinta.

Espero, y tan sólo espero,


Atada a la tierra en que mato pasiones,
Vistiendo de cuero y escondiendo una llave.

Paulina Contreras

Persecución

Pienso en hacer justicia,


En luchar contra Nosferatu,
En mancharme de rojo.

Deseo tener una estaca,


Llegar a Transilvania
Viajar en crucero.

Espero el día con ansias,


Miro mi futuro en los ojos del lobo,
En un suspiro agitado.

Angeline Milk

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LIRAS PARA TI . Tus ojos color tierra

son reflejos de un mar con noche eterna.

Luciérnagas de sierra,

contraluz de galerna.

Suspiros de una luz prendida y tierna.

Y tu cuerpo... y tu boca :

caminos y senderos recorridos

juntos. La vida toca

sabiéndonos queridos

por los vientos de amores conocidos.

Cual tiempo transcurrido

atardecen las vidas más amadas.

Y el corazón herido,

que llora aguas calmadas,

vuela libre en las lágrimas colmadas.

No existe soledad,

la casa de suspiros está llena.

Ya no existe la edad

y el alma nueva estrena

Javier Arnaiz un universo entero en vida plena.

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CHILE

Surgía como la necesidad de comer pan con crema


mientras la abuela contaba sus historias de joven linda. Así,
de golpe y con fuerza, imposible de evadir. El caso omiso
de la falta de atención. Así es como la tierra se movía.
Él pensaba en el pan y en la abuela, y ¿En quién más?
Definiciones que no se podían dar mientras los jarrones se
caían. Era como música dramática el coro de grititos entre
chicos, padres y perros. Y el gato de él corría con los pelos
erizados hasta la punta alta de un mueble viejo.
Se miraban, él y el gato, con ojos de terror sobre la tierra
que seguía moviéndose.

“La cama es angosta, sentí que me caía”, dijo Javier a su


abuela cuando ésta logró despertarlo a sacudones, en la
mañana de la primer noche que él se quedaba a dormir con
ella.

“Te caías, Javier. Pero ya estamos todos bien.”, contestó.

Ce Edwinski

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Ojos mapuches.

Oh, aguas azules,


cinta de plata
donde el sol sale dorado
y ya festejan
los treiles en el terreno de plata.
Ojos mapuches.
Corazón de montañas.
Fuerza de fuego.
Hombres muertos,
todavía están vivos en nuestros corazones.
Árboles tallados.
Recuerdos de sangre pura.

Nicol Calfunao

Mapuche Nge

O kallfüko
Trarilonko kullin
Chew tn pay antü
Huilili feimuna aydi
Taty tregül
Feichi mapu mew
Mapuche nge
Diake mahuide
Newen kütral
Lodkewentu
Petu mongeleingin
Inchin tañi piukemew
Odkan amumka

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Si tú no estás

Si tú no estás, me siento desfallecer


Por la sed de tus besos,
La luna ya no brillará para mí,
Ya no tendré motivos para soñar.

El aire se hará insuficiente,


Me faltará la respiración,
Prefiriendo una mentira
A una verdad que me lastima.

Si tú no estás, todo a mi alrededor


Huele a soledad,
Me ahogo en un mar de lágrimas,
Confabulando también el tiempo a mi tristeza.

Convirtiendo cada segundo en hora,


Cada hora en años y cada año en siglos,
Dejando mi corazón sin latir
Por el deseo de seguir amándote.

Si tú no estás, mi vida está


En un silencio profundo,
Me quedo dormida en mi interior,
Esperando aquella caricia que me despierte.

Tabita Sepúlveda

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Mis tardes de primavera

Era una tarde de primavera,


Aquella primavera más hermosa de mi vida,
Una primavera que curó todas mis heridas,
Aquellas heridas que no me daban más vida.

Mi vida era de pura alegría,


Una alegría que había en mi corazón,
Un corazón tan grande y fuerte
Para que mi vida fuera más alegre.

Era una bella primavera


Aquella primavera que yo disfrutaba
En los días, en las tardes
Cuando yo estaba con la persona que más quería.

Cómo quisiera recuperar esa primavera,


Aquella primavera tan hermosa
Que hizo nacer a mi corazón
Aquel corazón que ya estaba casi muerto.

Claudia Bahamonde Melo

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