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Ejercicio filosófico de realización recomendada antes de la ponencia Sufrimiento

evitable y sufrimiento inevitable: punto de partida de la filosofía entendida como
terapia. Budismo, estoicismo, epicureísmo, escepticismo
Ir a la sensación desnuda
-Introducción.
Generalmente, cuando tenemos una sensación, enseguida la tildamos de agradable o desagradable y
nos aferramos a ella o huimos de ella en función de si la consideramos de un modo u otro.
Pensamos: “esto es malo, no quiero esto, no me gusta”, o: “esto es bueno, me encanta, ¡que no se
acabe!” Llenamos la experiencia de la sensación de lo que pensamos acerca de ella (si es buena o
mala), y no nos detenemos a ver en qué consiste la sensación misma, es decir, que no prestamos
total atención a la sensación en el momento en que está teniendo lugar. Estamos más con ese juicio
que con la propia sensación, que se nos escapa.
Y es que una cosa es una sensación, y otra, la valoración que hacemos de ella, que, a menudo, se
dispara en nuestra cabeza en el instante mismo en que aparece la sensación, de forma tan
acostumbrada que ni nos damos cuenta de que la estamos sosteniendo. Esto hace que nuestras
experiencias sensitivas respondan más a nuestras opiniones que a la propia impresión física. Este
ejercicio es una invitación a poner en suspenso esos juicios y ver qué ocurre cuando nos ceñimos a
la pura sensación.
-Descripción del ejercicio.
1. Tenemos una sensación cualquiera. Nos detenemos, le damos espacio y nos concentramos
en sentirla.
2. Ponemos en pausa nuestras reacciones acostumbradas a la sensación (ya sean juicios de
valor, reacciones físicas, cierto comportamiento o lo que fuera). Permanecemos durante un
intervalo de tiempo con la sensación, como si sólo existiera dicha experiencia.
3. ¿En qué consiste esta sensación? Con espíritu científico, me propongo conocer la sensación
misma, olvidando mis preferencias y opiniones sobre ella. ¿Qué hay en la pura sensación?
¿Hay agradable y desagradable?
-Ejemplo.
1. Vamos por la calle en invierno y tenemos frío. Ello suele traducirse en que estamos
físicamente contraídos, los hombros tensos y pensemos: ¡qué desagradable, qué frío!
Nuestra aversión o disgusto por la sensación de frío a menudo se refleja en esa tensión
muscular.
2. Paramos, destensamos los músculos y sentimos la sensación con relajo (sin juicio), sin
contracción (el reflejo corporal de que esa sensación no nos gusta).
3. Atendemos a la sensación con curiosidad, la notamos y la observamos para averiguar qué es
el frío. Si me remito a la sola impresión, es decir, fuera de lo que suelo pensar acerca de ella,
¿puedo decir que hay aquí agradable o desagradable?
-Interés del ejercicio.
Esta práctica puede llevarse a cabo con sensaciones físicas como el calor y el frío, pero también, en
un nivel más sutil, con impresiones anímicas o sentimientos. Al suspender el juicio en cuanto a
ellas, nos damos cuenta de que las sensaciones despojadas de nuestra opinión no son, por sí solas, lo
que solemos asumir que son. Muchas sensaciones las tildamos de malas y eso se traduce en dolor,
pero, al experimentarlas sin esa valoración, reparamos en que no son en verdad malas. Como el frío
que, sin tensión, no tiene porqué vivirse como algo desagradable: más bien es esa tensión en la que
nos ponemos lo que conforma la experiencia desagradable.

). del contacto neto entre un órgano interno (el ojo.) y una cualidad externa (una forma. pero esto habla acerca de nosotros. sensaciones.. el oído. El beneficio de este ejercicio reside. la nariz... un olor. no acerca de la propia impresión. pues. son.Las sensaciones no son ni buenas ni malas. de nuestras preferencias. Y nos gustan o nos disgustan. en que permite pulir nuestra experiencia sensitiva. un sonido.. sencillamente. .