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PARA UNA MEJOR COMPRENSIÓN SOBRE LA INDIGENCIA EN COSTA RICA:

DISCUSIÓN SOBRE EL TÉRMINO Y SUS SIGNIFICADOS


Natalia Duarte

Después de realizar un recorrido internacional de la conceptualización de la


indigencia, es necesario retomar elementos acerca de las múltiples definiciones que hemos
encontrado, y a partir de éstos, proponer un concepto mucho más rico que nos ayude a una
comprensión más amplia del fenómeno de las personas que viven en condición de calle,
objeto último de este trabajo y del curso universitario en el que se enmarca.

Asimismo, siempre la discusión retornará sobre el tema de la indigencia en Costa


Rica, pues este es nuestro ámbito de investigación etnográfica, particularmente el Centro
Dormitorio de la Municipalidad de San José, por lo que se enriquecerá con las experiencias de
campo tenidas en este lugar.

Partiendo de lo que hemos visto en el escenario internacional, el término “indigencia”


no representa en todos los casos a las personas que viven en la calle únicamente, si no que en
algunos casos se utiliza como sinónimo de pobreza extrema. Vemos que aún entre países de
habla hispana el concepto adquiere matices muy diferentes entre sí, lo cual corresponde a
posicionamientos teóricos heterogéneos del fenómeno en cuestión.

Después de una lectura cuidadosa de los apartados de la caracterización internacional


de la indigencia, se destacan algunos ejes temáticos que vale la pena discutir de forma
comparativa; sobre todo en cuanto a los matices semánticos que tiene el término indigencia en
cada caso estudiado y los distintos enfoques que presuponen su conceptualización, así como
las distintas explicaciones causales o relaciones vinculantes con otros fenómenos. Éstos se
pondrán en diálogo con los conceptos que tienen las personas en condición de calle que
fueron entrevistadas en el Centro de Dormitorios de la Municipalidad de San José.

Indigencia: Distintos conceptos en una misma palabra

En los países de habla hispana de América Latina, se utiliza el término de indigencia,


pero de manera conceptualmente distinta. En la mayoría de la información obtenida de esta
porción del continente, se utiliza el vocablo como sinónimo de “pobreza extrema” 1. Esto se

1
La información estudiada de cada país responde a información formal de instituciones estatales, no
gubernamentales e informes académicos. Por esto se desconoce para este trabajo, si existen otros usos informales
del término indigencia que se asemeje más al planteado en este documento, es decir, como sinónimo de
“habitante de calle”.
corresponde con la terminología de la CEPAL, la cual define la pobreza como la incapacidad
de cubrir las necesidades básicas (alimentación, salud, vivienda, educación); la indigencia o
pobreza extrema la delimita como la incapacidad de cumplir con sus necesidades alimentarias
(Muñoz, 2000). Esta definición tiene un enfoque económico, haciendo de la capacidad de
adquisición de bienes el indicador de este fenómeno, y deja de lado otros elementos que
determinan la pobreza como las desigualdades estructurales y la exclusión social, entendida
como la negación de derechos de participación plena en los distintos ámbitos de la vida
social: tanto la participación económica como la política y sociocultural. Vemos entonces que
a partir de esta concepción, se considera la indigencia como un fenómeno presente tanto en
zonas urbanas como rurales, y en regiones indígenas, cuyo origen causal sería la pobreza. En
ese sentido, es similar lo que se investigó en África y Asia: la indigencia sería un producto de
la situación de pobreza.
En Costa Rica, la acepción del término varía con respecto a la planteada arriba. La
Comisión Mixta de Atención a la Indigencia de San José, utiliza el término más bien como
sinónimo de persona que habita en la calle, que no tiene casa, sin importar la causa de su
condición (Teresita Cordoncillo, asistente administrativa del Centro de Dormitorios de la
Municipalidad de San José, entrevista personal el 24 de mayo del 2010), y se distingue
cualitativamente de la denominada pobreza extrema. Por su parte, Carolina Rojas, trabajadora
social que ha desarrollado investigaciones sobre el tema de la indigencia en el Casco Urbano
Central de este país, define la indigencia como “una manifestación de la exclusión social, que
se caracteriza por el desarraigo y la estigmatización de hombres y mujeres adultos, que viven
y satisfacen sus necesidades en las calles de las zonas urbanas, en las que desarrollan su
cotidianidad, realizando actividades vinculadas con la precariedad crónica.” (Rojas,
2006:190). Así, el énfasis de esta perspectiva es más estructural, y desde la exclusión, y hace
énfasis en lo que es la condición de la vida en las calles.
Por su lado, en otras regiones no hispanohablantes, si bien no encontramos
traducciones literales al término indigencia, que etimológicamente viene del latín indigentia,
que significa “falta de digestión”, o falta de medios para comer (Astúa y Solano, 2000: 21);
vemos que existen definiciones que se refieren a personas que viven en condiciones de calle si
no equivalentes, al menos similares. Homelessness (literalmente “sin hogarismo”), se utiliza
en Estados Unidos, Europa y África, y hace referencia a las personas que no tienen casa. En
Estados Unidos se distingue entre personas “sin hogar” crónicos o por períodos temporales.
En Europa, la European Federation of National Organizations Working with the Homeless
(FEANTSA), desarrolló una tipología de personas homeless, según su condición. En África,
además de homelessness se utiliza el término destitution, definido básicamente como
condición de pobreza extrema y falta de autonomía para la sobrevivencia; es decir, este
segundo término es más similar a la acepción de indigencia que define la CEPAL.
En Europa y Estados Unidos se relaciona esta problemática a la falta de vivienda
asequible, desempleo, exclusión social, entre otros, y se delimita principalmente a las
personas sin casa que duermen en espacios públicos o en abandono, o en hostales, y refugios.
En ambos continentes, las personas sin casa propia que viven donde un familiar en
condiciones a veces de hacinamiento son igualmente consideradas personas homeless.
También encontramos que en esas dos regiones hay más producción escrita en cuanto a
estudios realizados a nivel nacional, por parte de la FEANTSA en Europa, y el Reporte Anual
de Valoración de Personas Sin hogar (AHAR, por sus siglas en inglés) elaborado por el
Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD) en los Estados Unidos.
El sinhogarismo entonces, es más similar a lo que en Costa Rica se entiende como
indigencia, aunque no todas las características son compartidas en cuanto a contextos y causas
del fenómeno en cada localidad. Ambos son un fenómeno predominantemente urbano.
Implican la falta de vivienda, por lo que se desarrolla la vida cotidiana en la calle. Sin
embargo su condición va más allá de este hecho, o de su incapacidad económica de acceso a
bienes y servicios básicos. Se trata de una forma de vida resultado de exclusión social y
marginalización institucionalizada al punto que se vuelven como “fantasmas”, o como los
llamó Alberto Balma (representante de las Asociación para el rescate del drogadicto Camino a
la Libertad en la COMAI, y ex-habitante de calle, en una conferencia impartida en el curso de
Etnografía de la indigencia, el 17 de junio del 2010), “habitantes invisibles” de la calle.
Como resultado de nuestro trabajo de campo, se aprendió otro aspecto con respecto al
término “indigencia”. Al menos para el caso de Costa Rica, este vocablo tiene una
connotación preponderantemente negativa. Esto lo observamos tanto entre quienes viven en
condición de calle, como de otras personas externas a este grupo, como el caso de una
funcionaria del Centro Dormitorio a quien se entrevistó. Ella hacía distinción entre “habitante
de calle”, e “indigente”. Define al primero como quien no tiene casa por distintas razones:
abandono, enfermedad o pobreza, y al segundo como quien vive en la calle por una condición
de adicción a narcóticos y alcoholismo.
Por otro lado, entre los usuarios del centro que se entrevistaron, no hay una opinión
unívoca con respecto a esta forma de denominación. Por ejemplo el caso de un hombre de 71
años proveniente de Guanacaste, quien trabajó toda su vida en actividades agrícolas y se
autodenomina como un hombre trabajador y que desde hace diez años se encuentra en
condición de calle por la pérdida de todos sus bienes materiales, considera que el término de
indigencia hace referencia a las personas drogadictas, y que por tanto a él no le va tal
denominación, puesto que no consume ninguna sustancia y su condición de vida actual no
tiene relación con ninguna adicción. Sin embargo, sufre con ser constantemente confundido y
juzgado como drogadicto, y además considera que el vivir en la calle hace que “no valga
nada”.
Una mujer de 38 años originaria de Desamparados, que lleva 21 años en condición de
calle, por su condición de drogadicción y alcoholismo define la indigencia como “una gran
vergüenza”, y como una condición que conlleva tristeza, soledad y fracaso. Ella además
padece de VIH, y habla de sí misma como “enferma” y como “adicta”. No utiliza la palabra
“indigente” para nombrarse, aunque cuando se le preguntó, sí se considera como tal, y dijo
avergonzarse de su condición.
En los tres casos citados, el de la funcionaria y los dos usuarios, encontramos
elementos comunes en su discurso con respecto al tema en cuestión. El primero es que se
considera la indigencia como una condición vergonzosa y que se relaciona con la
drogadicción y alcoholismo. Quienes no cumplen con esa característica, sienten que debe
lidiar con que se les confundan con personas adictas por el hecho de vivir en la calle. Por lo
que dice el hombre y la funcionaria, al “indigente” entendido como adicto, se le juzga de una
forma más severa y tiene más bajo estatus que quien vive en la calle por otros factores.
En cambio, otro muchacho de 25 años originario de Heredia, con 6 años de vivir en la
calle, que al momento de la entrevista se encontraba en un proceso de desintoxicación por
drogadicción y alcoholismo, se refirió a los indigentes como personas jóvenes y mayores, que
no trabajan ni tienen dinero y que por eso tienen que estar en la calle. Así que al contrario de
los otros casos, no hace referencia a la adicción en su definición, aunque en la entrevista dijo
ser “pobre, no indigente”, por lo que tampoco es un nombre que le guste para sí.
Un hombre de Siquirres de 28 años de edad, quién al momento de la entrevista llevaba
dos meses de vivir en la calle dijo, sobre el nombre indigente que era inadecuado y feo:
"Porque digamos aunque uno viva en la calle no se deja de llamar gente".