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La historia personal de Gervasio Armas sirve para constatar que los

agentes coloniales no siempre intervinieron activamente en los desplazamientos
forzados a lo largo del continente. Si lo hacen de forma indirecta. En primer
lugar, pues la creciente importancia de la Provincia de Buenos Aires atrae la
atención de las bandas maloqueras, moldeando la frontera del río Salado a través
de este tipo de enfrentamientos. Además, al poner en marcha la trata
transatlántica y modificar las condiciones demográficas, al determinar el espacio
geográfico y social que ocuparán preferentemente los africanos, terminan
exponiéndolos al rapto. De esta forma el conjunto de cautivos va diversificándose
en su origen étnico, forjando una nueva trama social, política, cultural y
económica. La influencia no sólo se materializa en las formas de contacto, sino
también en los problemas (enjeux) que el mundo colonial hace emerger al
interior de las sociedades indígenas autónomas. Lamentablemente, son escasos
los estudios que se adentran en esta temática. La primera fase del tránsito
interno de Gervasio Armas se entiende como una práctica habitual en los roces
fronterizos del río Salado. Lo que vendrá después, su comercialización y posterior
huida, es menos una proyección del influjo colonial que una consecuencia de las
estructuras que organizan las relaciones entre los grupos de la Pampa y el
Ngulumapu.

Cotejando la documentación que hemos utilizado hasta ahora, notamos
que la presencia de población negra en dicha región es significativa para la
segunda mitad del siglo 18 y las primeras décadas del 19. Esta época es descrita
como el momento de mayor auge de la trata occidental. Las repercusiones de
esta situación se harán sentir más allá del dominio de las potencias coloniales.
Lógicamente, sin lo uno no podría haberse dado lo otro. O dicho de otra forma, a
medida que aumenta el número de esclavos negros en Buenos Aires, aumentan
también sus apariciones en la Pampa. Aunque no podemos considerar la
internación de cautivos negros al interior como una ramificación extra-colonial de
la trata, si podemos entenderlos como procesos históricos articulados por la
agitación de una misma ola. Es así como las colectividades indígenas se
incorporan, a su manera y desde sus propias posibilidades, a uno de los
fenómenos más característicos de la modernidad en Occidente. Esto se aprecia
tanto a nivel macro como micropolítico. En este último caso, llama la atención
que sean principalmente grupos Pewenches de la vertiente oriental de Los Andes
los que están asociados a la esclavitud negra. El triángulo que se abre desde
Choelechel hacia la Cordillera es el escenario de esta manifestación. Si
consideramos que el ganado y la sal se destinan prioritariamente al intercambio
con la otra banda andina, es probable que sobre las trazas de este comercio se
haya dibujado también la circulación forzada de cautivos y esclavos negros. El
control de los pasos cordilleranos habría recaído esencialmente en manos
pewenches, las cuales habrían podido disponer, por sobre cualquier otra entidad,
de la distribución de objetos y personas.

La esclavitud negra en el Wallmapu es solo una parte de la historia de la
diáspora africana en dicho territorio. Hay casos interesantes y contrastantes
entre sí. Sin embargo, no hemos hallado esclavos negros para otros períodos. Es
claro que la problemática que intentamos proponer precisa ser acotada con más

o sugerir nuevas variables para el estudio de los Mundos Atlánticos.documentos. afinar su exploración en lo teórico. y valorizar su influencia en lo práctico. Las interrogantes que despierta permiten plantear la cuestión para otras regiones similares del continente. sacrificando el conocimiento histórico en aras de la estabilidad proporcionada por lo políticamente correcto. aquella que divide al hombre blanco- culpable del otro-víctima. . Al mismo tiempo requiere dejar de lado la mala consciencia que nos lega el colonialismo.