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Santiago, veintiuno de febrero de dos mil diecisiete. Vistos:

En estos autos rol N° C-13.430-2014, seguidos ante el Décimo Juzgado Civil de Santiago, en juicio sumario sobre cobro de honorarios, caratulados “Richardson Almarza con Confecciones Jorge Valencia Silva E.I.R.L.”, por sentencia de veintiocho de abril de dos mil catorce, escrita a fojas 233 y siguientes, se rechazó la demanda de cobro de honorarios intentada por don Paul René Richardson Almarza en contra de la empresa Jorge Valencia Silva, Empresa Individual de Responsabilidad Limitada. La parte demandante dedujo recurso de casación de forma y apelación y una de las Salas de la Corte de Apelaciones de esta ciudad, por sentencia de

veinte de noviembre de dos mil quince, escrita a fojas 274 y siguientes, rechazó la nulidad formal y confirmó la sentencia, con nuevos fundamentos. En contra de este último pronunciamiento, la misma parte dedujo recurso de casación en el fondo, solicitando se invalide el fallo y se dicte uno de reemplazo que acoja la demanda en todas sus partes. Se ordenó traer los autos en relación. Considerando:

Primero: Que el recurrente denuncia la infracción de los artículos 2117,

2158 N° 3, 1545, 1560 y 1563, todos del Código Civil, desde que la sentencia

impugnada, no obstante reconocer la existencia de un mandato entre las partes, rechaza la demanda por considerar que no acreditó la existencia de convención que fije el monto de los honorarios, ni rindió prueba destinada a establecer el

monto usual por dicho concepto, lo que, a su juicio, configura un error en la interpretación de la ley, pues los sentenciadores soslayan que su retribución es un elemento de la naturaleza del mandato civil, por lo que se presume remunerado, y consecuencialmente su gratuidad debe ser pactada expresamente, contraviniéndose, a la vez, formalmente los artículos 2117 y

2158 N° 3 ya citados, al considerar que la determinación de dichos honorarios

sólo se puede determinar de manera convencional o por la costumbre, olvidando que también puede ser efectuada por la ley o los jueces de fondo. De esta manera, denuncia que los sentenciadores impugnados desatienden su obligación de determinar dicha cuantía, utilizando para ello la premisa incorrecta

de que la boleta emitida por el actor para el pago de los honorarios, impide tener por establecido dicho modo, cuando sólo se tratan de elementos

para el pago de los honorarios, impide tener por establecido dicho modo, cuando sólo se tratan

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orientadores para su apreciación judicial, y por lo tanto, no vinculantes. Indican que al no haber fijado el fallo recurrido la cuantía de la remuneración, estando obligado a hacerlo, infringieron, además, los artículos 1545, 1546, 1560 y 1563 del cuerpo legal en comento. Concluye señalando la forma en que las mencionadas infracciones influyeron en lo dispositivo del fallo. Segundo: Que para resolver el asunto sometido al conocimiento de este tribunal, es menester tener presente los siguientes hechos, establecidos por los jueces del fondo:

a) El día 1 de diciembre de 2013, la parte demandada sufrió un robo en

sus dependencias, cuyas pérdidas se avaluaron en $80.000.000.- aproximadamente.

b) En razón de lo anterior, encargó al actor que realizara las gestiones

necesarias para obtener el pago de la póliza de seguro que tenía contratada en

BCI Seguros.

c) El día 6 de diciembre de ese año, la demandada instruyó efectuar una

transferencia electrónica a la cuenta corriente del actor por la suma de

$500.000.

d) El demandante, en cumplimiento de su encargo, desarrolló diversas

actividades encaminadas a dicho cometido, que culminaron cuando los

liquidadores del siniestro recomendaron a la aseguradora su cobertura por la suma equivalente a 3.631,46 Unidades de Fomento.

d) El actor no demostró el monto de la remuneración convenida como

retribución para la referida gestión, ni los usuales para el ejercicio de encargos como el de la especie. Tercero: Que sobre la base de los hechos asentados, los jueces del fondo señalaron que, conforme fluye del artículo 2117 del Código Civil, el mandato puede ser gratuito o remunerado, y que los honorarios pueden ser determinados por las partes, la ley, la costumbre o el juez. Añaden que, de conformidad a lo dispuesto en el numeral 3° del artículo 2158 del mismo cuerpo legal, el mandante es obligado a pagar la remuneración “estipulada o usual”, y como el actor no rindió prueba alguna relativa a la convención arribada respecto del monto de los honorarios, ni tampoco justificó la remuneración usual en estos casos, el tribunal se enfrenta a una carencia de pruebas que impide determinar el pago que se le adeuda al demandante, descartando fijar tal monto por medio

pruebas que impide determinar el pago que se le adeuda al demandante, descartando fijar tal monto

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del “mero arbitrio de la prudencia”, por cuanto ello, en su concepto, “constituiría una forma de encubrir la arbitrariedad”, razón por la cual confirma la decisión desestimatoria de la demanda de primera instancia. Cuarto: Que, como se observa, los sentenciadores del mérito no obstante establecer que entre las partes existió un acuerdo por el cual la parte demandada encargó al actor la comisión de un determinado negocio, específicamente, la gestión para obtener el pago de una póliza de seguro, configurativo de un mandato civil, desecharon la demanda por no haberse acreditado el monto de la remuneración establecida o usual para este tipo de negocios. Quinto: Que el artículo 2116 del Código Civil, señala que:

El mandato es un contrato en que una persona confía la gestión de uno o más negocios a otra, que se hace cargo de ellos por cuenta y riesgo de la primera. La persona que confiere el encargo se llama comitente o mandante, y la que lo acepta, apoderado, procurador, y en general, mandatario”. Por su parte, el artículo 2117 del mismo cuerpo legal, expresa que: “El mandato puede ser gratuito o remunerado. La remuneración (llamada honorario) es determinada por convención de las partes, antes o después del contrato, por la ley, la costumbre, o el juez”. Sexto: Que dentro de las características que la doctrina reconoce al mandato, es que por naturaleza se trata de un contrato a título oneroso, por cuanto tiene por objeto la utilidad de ambos contratantes, de conformidad a lo establecido en el artículo 1440 del estatuto civil, y que sólo de manera excepcional es a título gratuito, lo que ocurre en el sólo evento en que las partes pacten expresamente que no se pagará remuneración alguna. De manera que el silencio de las partes sobre este punto, implica aceptar su carácter remunerado que por naturaleza le corresponde. Séptimo: Que, de este modo, excluyéndose la existencia de una cláusula de gratuidad, es menester determinar el monto de la remuneración conforme las reglas que la normativa aplicable señala. En efecto, a falta de una convención de las partes que fije expresamente la remuneración correspondiente o su fórmula de cálculo, el legislador previó una serie de reglas para operar en su ausencia.

o su fórmula de cálculo, el legislador previó una serie de reglas para operar en su

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En primer lugar, luego de descartada la presencia de pacto expreso, debe examinarse si existe ley especial que regule los honorarios del mandatario; en defecto de ambos criterios, se debe aplicar la remuneración usual que para el negocio específico encomendado se suele pagar, lo que configura uno de los casos en que la costumbre constituye derecho, al remitirse expresamente la ley a ella. Finalmente, a falta de todos estos criterios, la ley encarga a los tribunales la determinación de la cuantía, lo que constituye, conforme lo señala la doctrina, el modo ordinario de regular los honorarios. Para tal cometido, los jueces deben fijar el monto conforme el criterio y sana prudencia, según los razonamientos de justicia que recojan los singulares caracteres de cada caso concreto. Octavo: Que así las cosas, los sentenciadores han errado al rechazar la demanda por la sola consideración de no haberse acreditado el monto convencional o usual de la remuneración pertinente, puesto que con ello soslayan la normativa aplicable al efecto, Pues bien, conforme lo expuesto, en defecto de una cláusula convencional que fije los honorarios por el cumplimiento del mandato, la acreditación de la remuneración usual por el encargo realizado no es la última pauta para la fijación de la remuneración correspondiente, puesto que el artículo 2117 del Código Civil, indica expresamente como último axioma para tal efecto, la regulación judicial, al otorgarle claramente competencia al juez para determinar tal monto. Noveno: Que, de esta manera, la falta de convención, ley y acreditación de la remuneración usual, no tiene como efecto la desestimación de una demanda de cobro de honorarios, en la que se acreditó –como sucede en la especie–, el cumplimiento de un mandato remunerado, sino que, por el contrario, acarrea la apertura del ámbito prudencial del juez para la fijación de su monto Pues bien, sobre la base de los hechos acreditados en la instancia, si bien aparece acertada la calificación jurídica efectuada por los jueces recurridos en cuanto a establecer la existencia de un mandato entre las partes, infringen la norma antes indicada, desde que se han inhibido de fijar el monto de la remuneración correspondiente por el cumplimiento de dicha convención, amparada en una errada aplicación de la norma decisoria de la litis. En efecto, la sentencia dejó de aplicar la referencia que el legislador realiza del juez, que contempla la parte final del artículo 2117 en mención, excusándose

el legislador realiza del juez, que contempla la parte final del artículo 2117 en mención, excusándose

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indebidamente de su deber de fallar regulando el monto de los honorarios por el encargo ejecutado, amparada en la equivocada apreciación de que la falta de prueba respecto la remuneración usual, conlleva al rechazo de la demanda, yerro que evidentemente influyó sustancialmente en lo dispositivo del fallo. Décimo: Que, a mayor abundamiento, debe recordarse que uno de los pilares de los sistemas judiciales modernos es la exclusión sistemática de la cláusula denominada non liquet, por la cual los jueces pueden excusarse de emitir un pronunciamiento por falta de liquidez o solvencia normativa o probatoria; en tal contexto, en nuestro ordenamiento constitucional se introdujo el principio de inexcusabilidad, también consagrado en el Código Orgánico de Tribunales, que obliga a los jueces a emitir pronunciamiento resolviendo la controversia que ha sido legalmente puesta en su conocimiento. Si bien el dictamen de rechazo por falta de prueba debe estimarse como un pronunciamiento suficiente para dar cumplimiento a tal máxima jurídica, en la especie existe un precepto que de forma explícita otorga al tribunal la competencia y facultad de fijar el monto de la remuneración del mandato en defecto de los otros criterios legales, por lo que la ausencia ó iliquidez probatoria respecto de uno de ellos, es inaceptable como justificación para no evacuar el mandato legal por el cual los jueces debían, por imperativo normativo, fijar la cuantía de los honorarios, sin perjuicio que en el ejercicio de dicha labor deben cuidarse de no incurrir en arbitrariedad, y efectuar tal regulación conforme la racionalidad y prudencia que, por esencia, deben presidir la actividad jurisdiccional. Undécimo: Que lo razonado permite concluir que la sentencia impugnada ha incurrido en los errores de derecho denunciados, específicamente en lo relativo a la infracción del artículo 2117 del Código Civil, previamente analizado, por lo que el presente recurso de casación habrá de ser acogido, sin ser necesario pronunciarse en lo relativo a las demás infracciones legales denunciadas. Por estos fundamentos, disposiciones legales citadas y lo preceptuado en los artículos 764, 765, 767 y 785 del Código de Procedimiento Civil, se acoge el recurso de casación en el fondo deducido por la parte demandante en contra de la sentencia de veintinueve de octubre de dos mil quince, escrita a fojas 274 y siguientes, la que se invalida y procede a dictarse la de reemplazo que corresponda, de inmediato y sin nueva vista, pero separadamente.

y procede a dictarse la de reemplazo que corresponda, de inmediato y sin nueva vista, pero

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Redacción a cargo del abogado integrante señor Juan Eduardo Figueroa Valdés. Regístrese y devuélvase.

N°797-2016

Pronunciado por la Cuarta Sala de la Corte Suprema por los Ministros Sr. Ricardo Blanco H., Sra. Gloria Ana Chevesich R. Sr. Carlos Cerda F., y los Abogados Integrantes Sres. Álvaro Quintanilla P. y Juan Eduardo Figueroa V. No firman los Abogados Integrantes Sres. Quintanilla y Figueroa, no obstante haber ambos concurrido a la vista del recurso y acuerdo del fallo, por estar ambos ausentes. Santiago, veintiuno de febrero de dos mil diecisiete.

 
y acuerdo del fallo, por estar ambos ausentes. Santiago, veintiuno de febrero de dos mil diecisiete.

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Autoriza el Ministro de Fe de la Excma. Corte Suprema

 

En Santiago, a veintiuno de febrero de dos mil diecisiete, notifiqué en Secretaría por el Estado Diario la resolución precedente.

 
de dos mil diecisiete, notifiqué en Secretaría por el Estado Diario la resolución precedente.   0118702273276

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