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Para mí no tiene otro mérito; para los lectores no puede tener mas que el de establecer la conformidad, perfecta entre todas mis ideas de entonces y todas las de , hoy. lío refiero á ese escrito á mis amigos, pero sí, y con toda confianza á mis calumniadores, pues verán que no he seguido mas que una linea, la que parte de la conciencia y termina eu el progreso posible bajo todas las formas de gobierno. Ese folleto inserto en mis obras generales no es VI PREFACIO. mas que la fé de bautismo de mis ideas. Será además pa ra todos los hombres de buena fé, el testimonio de la cons tancia tantas veces desconocida de mis opiniones. Los acontecimientos de 1830 me sorprendieron al servi cio de la antigua dinastía. La servia en los puestos oscu ros y secundarios de la diplomacia. Secretario de emba jada durante mucho tiempo en varias cortes de Italia, aca baba de ser nombrado para el cargo de ministro plenipoten ciario en Grecia. Supe en el estrangero la revolución de Julio y volví á Erápitia. f. Estiuj ráíol^ntiiui no tenia quejas contra mí, una vezqtre éTalitíerTtt y Móderáda. Yo era tam bien moderado en mis sentimientos, y en mis ideas mas libe ral que la misma revolución,.. Podía, pues, acogerme y me acogió; pero un escrúpulo de honor y de fidelidad me im pidió entrar en las filas de los que la servían. Vine á Paris á entregar mi dimisión al rey Luis Felipe. La puse en manos de M. Mojé, ministro entonces de ne^- gocios estrangeros. Estaba concebida en estos términos: " Reconozco el hecho y el derecho de la revolución que " acaba de consumarse. Dispuesto estoy á servir á mi " país en las cámaras ó en cualesquiera funciones electivas " gratuitas. Pero hfe servido á la dinastía caida, deploro " sus desdichas, y no quiero, continuando al servicio de V. " M., aparecer pasando de un gobierno á otro con la for- " tuna. No me constituyo en oposición; sino en indepen- " "cía." El rey leyó esta nota en sa consejo, y nose dió por ofen dido. La pasó á sal hijo el duque de Orleans, diciendole: " Lee, aquí tienes una dimisión dada honrosamente." La . leyó tanlbieb 4' M. Laffitte, quien aprobó sus términos. " Decid á M. de Lamartine, añadió el rey, dirigiéndose á " ; M.< Mplé, que venga á verme como en otro tiempo.. No " disminuirá nuestra benevolencia hácia él," M. Molé.me. trasmitió al dia siguiente los detalles de esta invitación, "Me conmueven y me inspiran reconocimiento, dije á M " Molé, las palabras del rey; pero no por esto iré á la cor- " te. Se creria que voy en pos del favor, cuando no.iria " sino para rehusarlo. Me abstengo de toda especie de " relaciones con la nueva dinastía,." r , , Después de algunas semanas pasadas en Paris, marché para Londres, donde me llamaban graves intereses. Me detuve en Hondschoot, pequeña ciudad del departamento del Norte, eb la'tíáift'dé una1 4e miSltérmanas, que se habia casado con uno dó lóá hombres mas estimableá é influentes del país, con M; dé Coppen's'; Era el momento de lás eleccibríes; ef distrito da Dún^éi- qde büácába un dipufáÜó, y yó bdscábá electores. Nfé pré sente", ansioso de entrar en' la carrera parlamentaria. Pré- sentada mi candidatura, fui a Lóñdres á esperar' él resultado de las elecciones. M. de Talleyrand era entonces embajador en Lóndres y sostenía el peso de la diplomacia europea. Era por sí solo Títl PREFACI02 un congreso. Muchas veces lo vi, Lo admiré eh su ira- bajos y aun me inspiró respecto; ¡Había consagrada su. vida á la ambición y al placer; consagraba su vejez áMst paz y á la reconciliación de la Inglaterra y de la Francia. Su pensamiento era el mió. Por las mañanas conversábamos á menudo sobre la crisis del mundo. Me instó porque vol viera yo a la carrera diplomática y le opuse mis escrúpulos. Los combatió con razones de estado, y yo los conservé por razones de honor; ■''■>"* ir'- Volví á Hondschoot y me encontré conque los orleanis- tas me combatían cotóo legitimista/ los republicanos como orleanista, y los indiferentes somo poeta. Esta palabra se convirtió desde entonces en vulgar injuria contra mi. Cuan tas veces hube de maldecir entonces la desdichada noto ríe- dad de los versos que habia escrito en los ocios de mi j u- ventudl "Todavía si fueran malos¿ diría yo á mis amigos, " el público no los conocería, ó me I03 perdonaría, pues es , " cusa ó amnistía á los, malos poetas que abundan en los " negocios públicos. Pero jamás perdona á los poetas,, cu- " yosversos .no olvida. La, poesía es el crimen irremisible j " menester es ..aceptarlo y. resignarme. Y sin embargo, " digo como Galileo: me creo en el buen sentido y con el " valor de un ciudadano vulgar.'' . . Mis protestas fueron vanas; hubo pertimacia en relegar me al cielo. El día de la elección hubo una larga y formi- f ¡ if.tió.j. a i 'joit;.;;(l'i¡.'; tia-w. «» i • » ..J- . • - A" dable emoción contra mí en la plaza de la ciudad de Ber- PREFACIO. . IX ge^, en frente de la gasa de correos^ á donde había yo ido á espera^, mi suerte. La guardia nacional tenia trabajo para protejerme contra las vociferaciones y las amenazas de mis adversarios. . Cada puarto de hora recibía yo impresos en fay^r ó e^jQQfltra niia»^ Eran verdaderos hustings ingleses. Leía con desdén y con lástima aquellas díatrivas, sin con- te$t#rla|., k; , , , ,,¡.; ... ,, ■> ,• .-íí^ i'. Al fin de la mañana, me llevaron un panfleto en verso, titulado Nemesis, amargo apostrofe del poeta Barthelemy, que se¡burla,balíde;míf.CQn motivo de mi candidatura. Jyos versos eran magníficos como insultos, llenos de ironía, y san grientos con las heridas que creía hacer á mi ambición y á mi vanidad. ' Era el' látigo de una furia arrancando á cada chasquido, sqnpr^ios pedazos de la piel de un pobre Orfeo. Soy por naturaleza de tal manera impersonal, que admiré los golpes al mismo tiempo que los sufria. ¡ :. "¡Cómo, esclamé, tengo el valor de esponerme á toda luz " á la malevolencia : iAW ééió"<& dmmio fmë/ m m$>: usa "'gtíniáj pero 4¡engV Wffigttatíío¥«i " ^ aima*, 'y éà'piëâig1 " desahogàrïia." ToW Ià'^Minay ' y èscHBi témbiàfido éi! cólera: ¿i^íÍÍ; f: dé- uWà'sbtirvéanla rèà^nëStà !ith NóiMW,'íjj^^l^''SSái- despuerapaTebió ëh los pëfiodiWi^é'ÎRarïs.-^^iife ptfiîë1 mi parte, no á los burlones, sino à los patriotas, qu^^irir todo repitieron las estrofas siguientes: ; ■< ■•!> > ¡' V;.;': ■ : i., i.- '.. '■•.*•«.<■ i: <,/ W> '-' Non,sóüs quelque drapéàii qüele'bairdésé ránge^ "rf '' La muse sert sa gloire et non ses passions! - ■•>" Non, je n'ia pas coupé les ailes de cet ange .tv-j Poua P atteler, hurlant, au char des factionsl Non, je n'ai pas couvert du masque populaire ■ Soii frorifr resplendissant dés feux du áá'iíítí parvis^ Ni pour foutter et mordre, irritant sa àMie, Changé ma muse en NémésisI * .:; 1 . L'or pur que sous mes pas semait sa main prospère* •' 1 - N'a point payé la vigne ou le phamp du pot¡er¿ Il n'a point, engraissé les sillons de mon père, Ni les coffres jaloux d'un avide héutier. Elle sait où du ciel le divin dernier tombe! Tu peux, sans le ternir, me reprocher cet or: .o D'autres bouches un jour te diront sur ma tombe , ,., •■ ( Çù ut enfoui mon trèsore. Honte á qui peut chanter pendant que Kome brûle. S'il n'a l'àme'.et la ïyre et les yeux de Néron,; Pendant que l'incendie, en fleuve ardent circule. Des temples aux pàlais, du Cirque au Panthéon! Honte á qui peut chanter pendant que chaque femme Sur le front de ses fils voit la mort ondoyer; Que "Dévore chaque citoyen déjà sonregarde foyèr! si la flamme Honte â qui peut chanter pendant que les sicaires, En secouant leur torché, aiguisent leurs poignards, Jettent les dieux pro sents anx rises populaires Ou traînent aux égouts les bustes des Césars! C'est l'heure de combatre avec l'arme que reste; C'est l'heure de monter au rostre ensanglanté, ; ' < < *< Et do 'défendre au moins de la voix et du geste Rome, les dieux> la liberté. . 1 ÍSÍ» •|«>«'V>:»i»¡» «j«»î» •» «•» »,*•>••» ..»>:».'«• •• « •• > •:• • -ni t.ii\ ■ t;;tU \ . ... • r: > . .- ■ • . n, .'.•■-■¡i Détrompe toi, poëte, et permets-nous d'être hommes! Nos mères nous ont fait toutes du même Union! 'liá^terre que' vous porte est la terre ou nous sommes^" í!Iié!Í!flBrésIlíe,nos cœurs vibrent au même son! Patrie et liberté, glorie, vertu courage, < ' • p, Quel parte de ces biens m'a donné déshérite? Quel jour ai je vendu ma part de l'héritage Atut b&árds' de Ht' liberté? Va, n'attends pas de moi que je la sacrifie Ni devant vogdévains, ni dèvant le trépas! PREFACIO. Ton Dieu n'est pas le míen, et je m'en glorjfie: , J'en adore un plus erand qlii n¿ te' níáüdft pía! ., La liberté que j aime est nee avec nótre áine, ^ Le jour oü le plus juste a bravé le plus fort, j ^ ~T Le jour oú Jéhovah dit, au fils de la femme: Choisis, des fers ou de la mort! Un jour, de nobles pleura laveront ton délire, -i '•••-> II Et ta main, étouffant le son qu'elle a tiré, •••• a-'' Plus juste arrachera des cordes de ta lyre 1 •uiot:_--T, La corde injurieuse oü la haine á vibré! i; Ui-mur. , .> Mais moi j'aurai vidé la coupe d'amertune, -.■ ¡ ¡!'i :- U Sans que ina lévre méme en garde un souvenii*; i -.'O Car mon átne est un feu qui brüle et qui parfume , Ce qu'on jette pottfclartefBÍiVní ¿ ,'íííioJí , -Esta fué mi indicación, porque no fué una venganza. El insulto en verso puede hacerse inmortal. Una pena in mortal infligida á alguien por una triste sátisfaccioñ de amor propio un momento herido, es un crimen que pante olvidó en su infierno. Las estrofas, de PínxJ;unioÉf.tv.'que ya es tiempo de amnistiar. La masa es también una Magda PRBFAQIO.; v XIII lena que no se prosterna en vano á loa piés del tiempo, es te gran redentor, hermosa con ese arrepentimiento de la juventud que todo lo hace perdonar. Jamás he visto á Barthélemy; pero he sabido que Béranger le profesaba afecto. Todo el mundo puede fiar en semejante garantía. Después que el escrutinio de Bergues se declaró contra mi, salí de la ciudad al espirar el día, al ruido de los aplau sos que saludaban la victoria de mi rival y mi derrota. Re nuncié á otras tentativas, y emprendí un largo viage al Oriente. ,<• ; ,. u ,■ s vi-...- • > : • Dos años después, volvía con mi caravana de la ciudad y del oasis de Damasco, ese puesto avanzado del comercio de Oriente, á la orilla del gran desierto de Mosopotamia. Estaba yo acampado bajo los cedros del Anti-Líbano. Mi raba desde lo alto de un mamelón el largo y ancho valle de la^Ccelesyria, en cuyo fondo reverberaban los rayos del sol como en un cristal inmenso, contra el mármol amarillo de los templos de Balbek. Veía á lo lejos á un ginete árabe que subía, al paso cansado de su yegua, las colinas rocallo sas que conducían á mi campamento. Al acercárseme se apeó, registró su cintura, sacó una carta, la llevó á su fren te saludándome, y la entregó á mi intérprete. La carta era del cónsul de Francia en Siria y contenia otra de mi bermana.j ■, . c,,/ . i , u. .-1,1 < ■■. ¡ ... Madama de Coppens me anunciaba mi nombramiento de diputado por los electores de su querida ciudad de Honds» bre toda áqueilá'comafrTéíí,!1 Está'-eíá Oüá'eleOciori de: fámi-; lia, y tal fué' el aéfrtítóieritb'qtó'ééííéritiieiíté háéiá esta pó- blaeion dél Notté, en'q'üér'tbdo esicorázbtf aunque todo séá: razón. Parece que estas provincias flamencas, verdadero Latium francés, no se reunieron tardé al foco de la Francia, sino para estrecharse con mas patriotismo y «mor en torno de nuestra unidad nacional. Esta provincia sin fronteras es la mejor defendida, porque tiene por fronteras batatloñáí mas inespugnables que fuertes murallas. Después de haber leído estas cartas cambié mi camino que me llevaba entonces á Egipto y tomé el de los puertos de Siria. Un buque me llevó á Chipre, á Rhodasj á Smir- na, á Constantinopla. En seguida atravesé á caballo la inmensa parte del continente que se estiende de Constanti nopla al Danubio. Vi la Bulgaria, la Servia, la Hungría y al paso entrevi la Alemania. Llegué á Francia pocos dias antes de la sesiones de las cámara». Mis largos viages me habían hecho todavía mas indife rente á los diversos partidos que dividían á mi país; Era' absolutamente estrafio a sus factfones parlamentarias, y así, ningún trabajo me costó aislarnte.—¿En dónde os sentaréis en la asamblea? me preguntó la víspera urio de mis amigos? —En el techo, le respondí; y en efecto, habia resuelto ser ¡mparcial. La naturaleza de mi espíritu me inclinaba * PREFACIO^ XV tomar de cada partido aquello que me parecía contener la verdad, sin adoptar ni sus pasiones, ni sus ambiciones ni sus errpres. Ingrato papel en tiempo de revoluciones! Me resigné á él sin embargo, sin hacerme la menor ilusión acerca de la impopularidad que me preparaba en todos los campos. .. <;-,- ' • En efecto, luego que subí á la tribuna, fui el blanco de los ataques de todos los periódicos. Poesía, y siempre poe sía! décian los partidarios de la nueva causa reinante. Me tafísica y filantropía! decian los hombres de cálculo. Com placencias ambiciosas y cortesanía disfrazada! decian' Ida repittbl¡canos. Todos unánimemente me relegaban á la re gión de las quimeras; todos me recordaban sin cesar mis hemistiquios. Estas eran las carreras de bequetas de mi es píritu. Y yo sufría este ostracismo, antes que faltar á mis convicciones. . r 3 Mas el infatigable trabajo de estudios políticos y orato rios a que me entregaba, comenzó á hacer que de vez en cuando se me escuchara con menos disfavor. Los aplausos que se me tributaban en él esterior, en la cámara imponían áj^mis enemigos*. No . faltaban periódicos que al dia siguien te desfiguraran mis discursos y afirmaran á su público, que habia yo tartamudeado frases sonoras, faltas de ideas, y to davía mas faltas de convicción. Su público los creía bajo su palabra. Pero un público mas numeroso y mas impar cial hacia insensiblemente mas justicia á mis esfuerzos. Al XVI PREFACIO. fia se me concedió cierto rango entre loa oradores de tai país. Llegó la época de la coalición. Todas las oposiciones se ligaron y se agruparon contra M. Molé, que por un mo mento fué el único que con génio y dignidad representó la constitución y la paz. Me indignó esta liga evidentemente mendaz ó perversa entre partidos que se aborrecían entre sí, y que no se aliaban mas que para destruir. M. Guizot, M. Berryer, M. Thiers, M. Barrot, M. Dufaure, M. Gar- nier-Pagé9, estaban de un lado cada cual con su partido; M. Molé estaba solo contra todos. Me bizo impresión el buen derecho, y también el abandono general en que todos dejaban al ministro de la amnistía. Hablé en favor de M. Molé; combatía la coalición, como si hubiera yo sido minis terial ó ambicioso, y no era mas que independiente y sin cero. Los 221 diputados que resistían casi sin órgano á los ta- .entos elevados de los coligados y á los ataques de la im prenta, siempre del partido de los agresores, me suplicaron que combatiera con ellos. M. de Girardin sostenía solo en tonces, en la Prme, el choque contra todos que yo sostenía en la tribuna. Los 221 me convocaron á una reunión en los salones del general Jacqueminot. Fui recibido con bene volencia y cordialidad. Me ofrecieron la presidencia, y la rehusé. Subí á una silla y di los motivos de mi negativa: «Estoy con vosotros, dije á mis honorables colegas; pero PREFACIO. XVII « no soy de los vuestros. Quiero como vosotros dos qo» ' u sas: el libre juego del gobierno representativo, y la sin- u ceridad hasta en la oposición. Quiero además conser- u var la paz de la Europa. En estos dos puntos estamos u de acuerdo, y combatiré con todas mis fuerzas la menti- « ra en la oposición, la guerra en el consejo. La concien- « cia y el interés del pueblo están con nosotros: triunfaré is mos, lo espero; pero en la política interior somos de di- ' u ferentes opiniones. . «Vosotros sois conservadores, y yo soy progresista. Un u dia después de que hayamos vencido á la coalición par- u lamentada, nos separarémos. No nos unamos, pues, si no condicional y temporalmente por hoy. De otro mot- u do os engañaría, y mas tarde me reprocharíais una de- J u feccion. Mejor quiero anunciarla francamente de ante a-mano. Soy un ausiliar, dejadme fuera de las filas. Ma- 1 u ñaua acaso tendré que combatir contra vosotros." Estas palabras los afligieron; pero no pudieron dejar de estimar mi sincéridad. Lo dicho, se hizo. Sostuve la lucha en nombre de ellos al lado de M. Molé. La actitud y el talento de este mi nistro lo engrandecieron. Triunfó al principio con algunos votos, después sucumbió con algunos votos. Fué llamado al consejo de ministros que se reunió en casa de este hom- bre de Estado para deliberar sobre la crisis. ¿Era menes- - ter retirarse? ¿O era menester disolver la cámara y ape- 3 XVIII PBÉFACIO. lar al país? Tal era la cuestión. No vacilé, y todavía creo que si mi parecer hubiera prevalecido, la constitución representativa se habria salvado y se habría impedido la revolución. "Preciso es retirarse, dije a M. Molé; es menester seguir " sin contrariarla la ley del gobierno representativo. En el " parlamento estáis en minoría: reconoced vuestra derrota . " Dejad la victoria en manos de la coalición, victoriosa Uh " dia, que su victoria la matará. Con entregarle el poder " la desorganizáis. Esas manos que se rechazan y se han " unido para votar contra vos, ¿cómo se unirán para apo- " derarse del ministerio? Tendrán que desgarrarse al dia " siguiente. La confusión que está en los corazones apa- " recerá en los actos. Republicanos, legitimistas, doctri- " narios, ambiciosos, ¿como se entenderán estos partidos « para formar un gabinete de caos? Antes de veiuti- u cuatro horas, los oradores de estos diferentes partidos re tó trocederán los unos delante de los otros. «M. Guizot, M. Berryer, M. Garnier-Pages, M. Thiers, u M. Barrot, M. Dufaure, ligados para destruir, ¿podran u ligarse para reconstruir? Esto seria la obra de Babel! « Estos elementos incompatibles se separarán por sí mis tó mos. Los que no quieren mas que el ministerio, serán u rechazados por los que quieren ideas, los que no quieren u sino ideas, serán rechazados por los que quieren empleos. « El ministerio que va á sucederos incurrirá en contradio- ¿ cíonesj en o^DilídadVs, se verá en minoría, y pronto, an- u tes de un mes, dará escándalos. Querrá como tos dí- u solver la cámara y apelar al páís. El país indignado se k volverá cbatrá él, y e'á lá im'eva cámara encentraréis b mayoría, jttsticia y estimación. «Si por el contrario, os subleváis contra la falsa pero « aparente espresion de la mayoría de ayer contra vos en u el parlamento, el país creerá que queréis sustituir la vo te luntad del rey á ía suya, y colérico enviará una mayo- « ría contra vos. La prerogativa de la corona será sub te yugada por un ministerio dé ambiciosos que se encon- u trará en mil embarazos. Este ministerio, para engañar a en el interior, provocará agitaciones en el esterior y ori- u Hará á la Europa á la guerra. Si hace la guerra en es te te sentido y por la mala causa del Egipto, la Europa se u incendiará y nuestra marina se perderá. . • :.. • ;;ií' '• ..•i>iu»'J: s r; . ,r..iy,Ui '•>:■. ' !> i x ■;.'»" «Si retrocede en elnjomento de ,disparar el cañón, la di- u plomacia de la Francia quedará degradada en el mundo, u y todas nuestras alianzas serán rechazadas en los brazos u de la Inglaterra. La consideración del gobierno se re te sentirá con esto, se verá obligado á ser humilde para que n se le perdonen sus provocaciones. El espíritu francés u no soporta el oprobio. . Estallará una verdadera división u entre la Francia y el país. La menor circunstancia in- U cendiará este foco de descontento, y la coalición produ « eirá por nuestra culpa lo que lleva en ,el s£no: una reyo^ u lucíon! De vos depende hacerla abortar." M. de Montalivet me pareció espantado ante estas con sideraciones. M. Mole, evidentemente inquiero, miraba^ijj ver por la ventana. Parecía buscar en el cielo la solución del terrible problema que la crisis envolvía y que yo acaba ba de resolver. Golpeaba con sus dedos, la vidriera cómo un hombre que se impacienta y que vacila. Pero por des gracia ya no vacilaba. La cámara fué disuelta y el minis terio de 1 840 se impuso á la corona. Este ministerio agi- ' :U . ■ i '. : - '¡' ' ' :. ü tó la guerra como . lo.' habia yo previsto. Al o O, • ••f)1;;¡,.T ij ■ ;.: dar el último '<•/ » paso sondeó el abismo y retrocedió. Evidentemente huto ■ ' • ■ . . ; -1 » en aquel instante uno de esos movimientos de honradez me- „>#.: • . '• - ' .n •:>#. .f J! i '!, j M ritoria . que sacrifican el amor■¡u¿propio . ,■ :•• >A y. para salvar d la con- i » ciencia. Aunque opuesto casi constantemente á la política de .M. Thiers y de sus amigos, creí reconocer una verdadera mo ralidad de miras y una alta abnegación dó amor propio' en la abdicación del poder que no se podía conservar, sinb a" título de agitadores de la Europa. Siempre habia yo sid<í justo con el escritor, una secreta estimación nació en °nrl hácia el hombre de Estado. Me arrepentí de haber iií> chado con tanta fuerza en la tribuna y en la prensa contra los errores del ministerio de 1840. .'.vo h fiijorpj <¿. » Sucedió lo que habia yo previsto y, anunciado á los 221 dinásticos de la reunión-Jaequeminot.^Cuando llegó el' dia de las remuneraciones, los conservadores me citaron á la casa de M. Deleasert Se trataba de nombrar un presi-? dente de la cámara. Siete ú ocho oradores subieron ¿>(la tribuna. ; r Todos pronunciaron el mismo . discurso» ; Héíq aquí: "Un hombre nos ha defendido gratuitamente, á ve? " ees nos ha salvado, siempre nos ha honrado. Este honir " bre es M. de Lamartine. Le . debemos una remunera^ " cion brillante, y ha llegado el momento de ofrecérsela^ "¡i' La .- ■ presidencia > .V !•de1 la "■/cámara • .:•>' t.será r la. muestra vr- de .nuestra x'-r) .V. " estimación y de sus servicios. Pero él es bastante gene- " roso para permitirnos nombrar, á M. Sauzet. M. Sau- " zet siempre ha combatido contra nosotros, mientras que " M. de Lamartine perdia su popularidad y se comprome- " tia por nosotros. No importa! M. Sauzet puede ser? "ir: nos'., útil,. .y■ ■ M. i i de: Lamartine j ' ■ ').. ya• no \ ' 'í;nos sirve . de< i<;nada. -.'inj "vi Nombremos ' ' á M. Sauzet, y que nos lo ••; «•• » ,f>''<>(ih iiosb: *;-.:)•/,t r.. . perdone M. de ¡'.: i ,> «•»•> " Lamartinel" . r r Tan bejlo) rwuamiento pbtuvp la aprobación universal. Los partidos; son ,todavía ma^ egoístas que los hombres ais lados. Parece que; . les ltómbres al reunirse en partido 6 en turba, asocian siempre sus vicios, nunca sus virtudes. Yo mismo, aplaudí, porque no queria quedar ligada, por el reconocimiento al partido contra el que pronto tendría que combatir, y volví á mi aislamiento. El rey me mandó Hangar dos veces para atraerme á sus ideas en circunstancias grayes para él. . El rey era rey^ era hábil,, elocuente, Ders^uasiyo, seductor con su familia r ridad. Solo una convicción bitiy fuerte podia guarecer ál alma de Su gracia, de su faétta, de sus halagos y dé su obstinación. Me conmovieron su confianza y sus bonda des. Resistí; doblégándome como la caña al viento del favor de las cortés. Fui respetuoso, pero invencible.—¿Qué impresión os he hecho? me dijo el rey al despedirse.—Señor, le contestó, me habéis admirado; pero no me habéis cam biado. M. Guizot me ofreció la embajada de Yiena ó de Lon dres. Añadió que si esto no me parecía bastante, él rey añadiria á mis funciones, inmensamente retribuidas, venta jas de rango y de fortuna que aumentarian su importancia. Insistió muchos meses. Agradecí estas instancias de un nombre de Estado, cuyo carácter y cuyos talentos me ins piraban respeto, aunque desde mi infancia me repugnaban sus doctrinas. No quise lazos de oro, me conservé pobre y laborioso para lo desconocido. Combatí priméro con moderación, y después enérgicamente á M. Guizot. La distancia entré nosotros crecía á medida que el gobierno sé refugiaba en lo pasado, y que mi espíritu con el del siglo se lanzaba al porvenir. Un hecho bien estraño comprobará el profundo abismo de ideas que se abria entre el último ministró de la mo narquía y yo. £1 24 de Febrero en la noche, las primeras personas que éntraron al gabinete del ministro de negocios estrangeros tomado por el pueblo, gabinete ai que M. Guizot no del»» •mam. vmi "Volved en'crjritfiirbn en sá bufete aígfin8«yaotÍlsi;qtie sin da- dá Habia ttéVádo áe la cámara. Yo hábte háblado la vis- pera. M. Guizot debía contestarme. Entre uno y otro ma la revolución habia sumergido la tribuna. "Una de di chas notas contenía estás palabras trazadas por la mano da M. Guizbí:' '"Mientras mas <¿dóueho á M. de Lamartine, mas me convenzo de qáe nós' es imposible entendernos." Me entregaron este papel cuando yo entré el 28 de Fe brero al gabinete de M. Guizot Entré, no como vence dor que ya á apoderarse de un despojo y a insultar la caí da de un adversario, sino con la opresión en el corazón que esperimenta un hombre al entrar al aposento vacío' de un muerto ¿de un 'desterrado. Todo aquel ¿áfeinete me ha cía la impresión de un sepulcro. No quise establecerme éñ'él. Un destino estraño 'me hacía encontrar mi nombre fresco todavía, escrito por lá mano del ministró de la mo narquía desplomada, como un desafió que la revolución acababa de aceptar para mí! - : l Las cosas humanas tienen entre sí traa especie de subli me ironía. - Los mas graves destinos tienen & veces, como la demencia- carcajadas en medio de las lágrimas. Estos contrastes son las borlas de la Providencia. Los hombres ligeros se rien; los hombres sérios las respetan, se inclinan y tiemblan. El abismo entre M. Guizot y yo era grande, en efecto, puesto que solo podía llenarlo una revolución! Yo presentía esta revolución; pero no la habia hecho. XjXIV PREFACIO. Aun me b^hianegado ^ cpncurrjr, & loa banquetes refor mistas, por considerarla* como una agitación estrema que .impulsa demasiado al acaso, al vértigo y á la convulsión. JPerpj.una vez .n^c.lja esta revolución, me entregué á ella en cuerpo y alma para . terminarla y moderarla á la vez. Fui lanzado por la República al gabinete de M. Guizot. De to- 'dqs los pensamientos que habian agitado su alma en aquel gabinete, no conservé mas que dos: el órden, pero el orden democrático en el interior; {a paz, pero la paz populariza -•da :■> por su fuerza . [ •jr,i<.r: i i' 7yi por\?'ú; su dignidad ::;t ':'.) v.en'J«>1;; el esterior. • »; / ■ •■/ - ,j> Mi carreira oratoria media, pues, entre la revolución de «•«p ' svo ■ ¡o i!" nevo". ;» t\ o .oh- ••> ' ■ rp • Julio, que me lanzó de la diplomacia á la cámara, y la re- yplucion de Febrero, que me, lanzó de la oposición modera ba al ministerio republicapo,. Reúno en este volumen las principales huellas de esta carrera.. Si el lector no en cuentra en ellas gran talento, encontrará, lo espero, buena ié¿ cpnpieflpia, iqtenQjpn, recia, , Esio bien lo sé, no son tí tulos, sino escusas. No hay crimen tras, de. mí, pero sin duda hay faltas. Los hombres políticos, en tiempos de agitación y de duda como los que atravesamos, son dema siado felices con tener useusas que presentar á la poateri- •dád, y no dejar mas qhe faltas sin sangre como huellas de su paso por ,1a tribuna. : :oV - - ..!: . :í : • • '""Y áhora ñtt cesan dé decirme, y leo en los periódicos de mis adversarios: i'"¿Pb?fq!úé habéis queridó seguir una car rera parlamentaria? ¿qué teníais qué ganar en ella? ¿No PREFACIO. •M/fKílH XXV 17XX seríais mas feliz si os hubiéseis contentado con el don poé tico de que Dios os habia dotado, y con' esa 'cárriM fían-^ quila del literato en que no se lucha iíno^con- estrofas y vef £: sos para alcanzar palmas que jamás marchitanf!él 'líailtbyffl-" la sangre? Sois como todos esos ambiciosos de ¿lbria, como' todos esos avarientos de fama que no teniendo másFqu'e''nB' talento, aspiran precisamente al qué les falta y pierden úfló: sin alcanzar el otro." N;: : " ": ÍÍLÍ °V oK Tratando de felicidad, nada tengo que conteitaitf D*' buena gana quisiera haber pasado mi vida en cultivar m\> campo, en filosofar como egoísta sobre las revoluciones dé los imperios, en pensar, en soñar, en cantar, en viajar bas cando imágenes, delicias para el espíritu y versos en los gratos climas del Oriente; sí, esto hubiera sido mas agr/Jír,. dable que' estudiar penosamente las cuestiones políticas^ que amoldar mi lengua rebelde á las improvisaciones parla^ mentarías, que luchar unas veces por los derechos 'legítimo^, djl pueblo y otras contra su demencia, crucificado durante los mas hermosos años da mi vida, en sitios apestados, res pirando los miasmas sin tener la enfermedad de la am,bj^ cion. Pero tratándose de deber, . el .poeta,es tambien^ciu/-; dadano. El hombre es indivisible compela pijjtijia,: , t ■ . a "Honte á qui peut chanter pendant que lióme br^r" Pero en tan ingrato papel, añaden mis contradictores^ no ganáis mas que penas para el espíritu y tristeza para eli col razón. Las asambleas murmuran, los periódicos desfiguran, los envidiosos se burlan, los rivales iasoHwSk, Ipa cobar- vx¿ .oioA»iaaci XXVI PREFACIO. 0 U(J lll'b lá llCV iii..-;UV.¡!L > .:iO,;'.,..-¡:u , i.'. „i«fl u: * :j des calumnian, Jos crédulos aborrecen, la multitud desco noce y maldice. Salís de esas lizas puro de sangre, pero manchado de lodo. ¿Es todo esto el indicio de lo que será la posteridad? S i os ponéis delante de ella, ¿os parece muy lisongera la imágen que de vos mismo le preparáis? La posteridad! sincer amente respondo que no pienso en ella. No oye de tan lej>os; en cuanto á mi posteridad apenas es de un dia. T si en afecto pensara en ella ¿creéis que habia de quejarme de los peiqueños odios, de las pequeñas injusticias, de las pequeñas caJumnias sufridas en mi vida, para tras mitir mi corta menaoria á un corto porvenir? Escuchad: hé aquí una nota enteramente poética que el acaso me hace' encobtrár hoy entre antiguos planes de poe sía trazados y abandonados por mí en otro tiempo du rante los ócios de mis largos viages de mar. Es Una oda en diálogo ála manera de Schiller ó de Goethe, esos dos gran des poetas y políticos. Solón lo era también! Un estatuario adelgazaba un trozo de mármol de Páros para hacer la estátua de una divinidad destinada al Par- thenon. A cada golpe del cincel que arrancaba un pedazo, «alia de la piedra con una queja dolorosa un gemido arti culado. El escultor admirado se detiene, y dirigiéndose al mármol le dice: —¿Qué tienes y de qué te quejas? —*iáe quejo, dice el mármol, de los golpes que me das y PREFACIO. XXVII l las heridas que me haces con ta cincel. ¿No ves que me mutilas sin compasión y que ta mano hace caer mis restos al suelo? —-Insensato! replicó el estatuario; estos golpes son los que te dan una forma, los que te desprenden de la piedra y Tan á hacerte mirar por la posteridad. No eras mas que un trozo de mármol, y te conviertes en estátua. ¿No puedes sufrir ni callar en cambio de semejante trasformacion? El trozo da mármol es la naturaleza que gime dentro de nosotros. El Parthenon es el porvenir. Los cinceles del estatuario son el insulto, la calumnia y la persecución que en el dolor, pero en un dolor voluntario y meritorio, prepaj ran la imagen de los hombres dignos de memoria á las mi radas de la posteridad. , Paris, 1. ° de Junio de 1849. A. DE LamabtiNB. i era e»p B'i7 Or^j áe»; -j ii) ■ ■ : '' ■ ■ :•:» asi PoiS'n fiiu »«3 ©oííiI (...:•.:■: í:¿ o1 ' v ii-- •. ■ ■• . . ¡}rm o."p nos E:q'ojj E-. .. :• :<í.w -.1 :i. !-.-<-: — flBV \ JSuht'ítj í-! I: J"" i >■ ;.' • '.' '¡' ■•■ .-' ' ■•: .. .' •(!•.' *:t no oup e.»w ri¡y- (,Vx .i >ih- .'..&•:> •' 'u \ : • '■¡: ' ri'. fr «ahyjiq oY\ j-.i>v.1 '••> f: ir. t.•:«'•.• 'Jv,1, 'i.:' • • « sol? » bh Oíli: » !>ín¡¿ t , *»• '•''.»*! ■ si - Cir-i;ö Ií¡» Fi-!or :;■> 80il v • '■!•'■ ,*•.'•:-<::: ■j; 'j ¡- :¡jí" \¡s : s í v ■:!• ■! • ■. i1: ' ■ ; >>". ' ■ -j •> «::(;••"(: t(h<;\'i9£r V i ."< v .* .■ c ■• .' • "'- ' '."j -ím jJ siiotut"» »¿{ sir> ( ■ ' . . ' í. r '*••.• F;:- »í¿*t .!! K ?!:!!(• «I»*.5 ■' •. ' J -Li ir. '■ . ..7188 .(> \iHh.) .-•.'i'- .va l >" ..wx.L.'.'i a ni.':.: ai «i S'..'1.::.-:;:;ií; .••'>{ <■ • c.j ,■■>. ,;'.¡Y.:f. ,- a. . •.vu-0 -*>■•_: isfa /■oi'.'i;'.';;:.- .,! íi') •.c.K- • ?> •••• ' b " • -o;.--'. " •• -»ap «I -.o.} .mo.í' hivo-^i ííI ií • •"• ¡V. i l '., ,.7.0. ¡ '-i • » - 'DISCUSION DE LAS LEYES ' - • «:;>• ' :.;¡ ' •'; ,'.;;.• •:(!!• 'j- o,'n;>'..n . • r : i: q '■ . j ,¡ ',;d v :u!t.i.iip •> !!■!'■■ :•''■*>■■ i .\ ■ '• "' .} s.: cu :¡i: oí '>uiol DI HIE •.•!<- i> ¡: xeBUS n «.• 1 ATESTADO 1! FUI; ;' . ■ *■«•> *» í: -r>1. i ?.:¡;j \ - c'.'.-.-'.í-: , ." ".- :q ¡ -ir;c :> i ■,:-Í!r od w..' r:: ,;>í «*oJ «;'":■»:. i1' • .q 91i v: • ..■ j'ü.T jt-.u-.o-i-Jv.; f-A üh • •' l'-'i'iw » .".¡' {. ¡•miz-') í oI> i ,.'.¡ . >i-,; >v v j i ■ ■•'••.•i'n «)• i':1 ';.;! ¡1 Discurso p^onunoudo. en la. sesión, de 22 de Agosto.. ,^ "" . '"' M 1835. '•> ei'ti^qil ¡••í-t t ,<••/-. . . '■ ■(.■í¡; -•,•„!;. " iíu Si al comenzar me aparto de las siniestras imágenes que , á todos nos asaltan en esta discusión, de esa fiesta homicida, -£ de ese rey y de sus hijos amenazados del mismo golpe, de esa muerte lanzada al acaso entre centenares de ciudadanos pari alcanzar a la pátria en uno solo, no es porque esta or- gla horrible del crimen no haya escitado en mi alma menos piedad, menos indignación que en la vuestra; la Francia no p tiene mas que un solo corazón. El francés puede tener í simpatías, convicciones diversas; pero sea cual fuere su ban- - 4 2 LA TRIBUNA dera, el crimen es en todas partes su enemigo. Una causa servida por ministros semejantes no puede tener mas que & facinerosos por sectarios. (Muy bien). Como vosotros, señores, como los ministros de la religión que han reconocido el dedo de Dios en la salvación del ge- fe del Estado, yo he dado gracias á la Providencia por la preservación del pala en vun , hdinbrén CtJrh^^bíjbtros tam bién, pasado el primer movimiento de horror, he mirado en torno de mí; me he preguntado cuáles eran estos síntomas espantosos; de; dónde venia el mal; dónde estaba el téménio'^ y si lo habia; si era precisó quedarnos cruzados de brazos ante el fuego de las pasiones mas encarnizadas y mas infer nales. Me he preguntado todo esto, no como hombre de partido, sino como hombre honrado que recuerda el jura mento cívico que todos hgmos prestado lealmente en esta tribuna. No se me ha ocultado ningtmó~ae~ los peligros presentes, ninguno de los riesgos del porvenir, ninguno de los excesos de la pTensa, ninguna dé' las' pérversldaáés de' los partidos y sin embargo, os lo confieso, señores, sea impotencia de mi espíritu, sea por el contrario previsión mas tranquila é impasible de una política que domine las circunstancias para ser fiel á los principios, me he respondido que si yo fuera ministro, consejero de la corona y del país, no pediría, este remedio k la legislación. Al escuchar el dictámen he sentido que yo no me desatentaría así de la libertad, á pe sar de las tempestades, y sobre todo, que no echaría la «tul-! i pa á la prensa, de la que sin duda todos tenemos de que ¡ quejarnos, pero de la que todo debemos esperarlo; a l* ■<■ prensa que en mi concepto ha salido del dominio de la le gislación, que ha dejado de ser un dereoho político, y que< M ha convertido eü '■. una facultad, en un sentido nuevo, en una fuerza orgánica del género humano, en su única palan ca para obrar sobre sí mismo. Habéis tomado el síntoma por el mal y destruyendo el síntoma creéis destruir eli mal; pero solo lograréis encubrirlo. ,!!.■. < .••,'.■■< :• h.-- •■• Sí, señores, pensando así, esperaba1 con ansiedad los pri meros actos del gobieíbo- déspUés del atentado de Julio: 1W convocación de lfcW cámaras que debia verificarse porque la Francia tenia necesidad de volverse á ver, de interrogarse, de tranquilizarse en sus representantes. Proyectos de ley! Algunos al menos debían ser el pretesto de nuestra reunión. Asi, pues, señores, el clamor público hallando su sanción en esta cámara, debia hacer desaparecer ante la ley lo que ha desaparecido ya ante la repugnancia pública; no la caricatura política y literaria, esa sátira litografiada, esa ingeniosa parodia del rostro que no afea el rostro, como las parodias de nuestros teatros subalternos no afean á Voltaire y á Racine; sino la caricatura atroz y sediciosa, en que la perversidad del corazón juega con el crimen y vili pendia las santas imágenes de lá pátria y de la religión^ En efecto, señores, la caricatura no es el ejercicio de publi car su opinión; es el derecho de dibujar y de vender lá in juria, y la injuria no ésta1 garantizada en la Carta. S¡ una ley da el voto secreto al jurado que no tiene que dar cuenta como nosotros, de sus opiniones á sus comiten tes; pero que la debe de sus juicios á Dios en el eie}p y 4 eu conciencia en la tierra; si una ley fortaleciese esa invio labilidad de la persona real, de esa personificación de la so ciedad entera, que se siente profanada cuando se le profana, herida cuando á ella se atenta; si por fin una ley purgase á nuestros teatros del sanguinario cinismo que los deshonra y * /jfcA.iTRIBÜNA aaceá, los hombres feroces; si no pe¥mitíerelo;«e> «l*:-i';>": ¡ ^ t> .«r:,:' ü.' /■'. ' -• " -í" .■ tí i>tti¡! : /.!*"./:. V v ; '^iioV El crimen de Julio burlado por la Providencia, era fa vorable al .espíritu de resipiscencia social, y al poder, e$j Francia; esta catástrofe qye.^bia aumentar la. fuerza de su- popularidad de ja monarquía^nie, habria .inspirado al tocar la el miedo de destruir . sn; .influencia, ..Jjps. acontecimien tos entregados á si mismos, tienen una fuerza oculta; pero infalible. No se sabtsT8uántás eleccioríeá,' cÜá&ias convic ciones encierran párSr'TSiT p^é6lóS.llI"Lc(á11^:u1éDto's^s'eñor^ no necesitan 'de comentarios pará leer en estos, testos san- grientos el peligro y la salvación de las sociedades! Pero ¡cuán lejos. estaba yo de esperar esta ley de muerte- esta ley de martirio contra la prensa, esta ley que hará épo* ca en los anales de las aberracionaa,,,y :df Jas ¡ingratitudes DEAfcAÍJ&RTIÍfp. 6 humanas! Hace poera dia¿¿ deñodes¿ wiestros ¡enemigos !o*t acusaban deestbs pitoyeetdB destructores," y yo os deferidiati dé esté pertsamíéntó éomb' de un insulto; á YUeKtrsj ifttéli*í» géricia y á vuestrá constancia potftica. Señores, ;ctikndoíá-e*(ej*ste'.-proyeubiK;3 .íiü¡!íkJí>-.i jj! su oniui Nada me disimulo, no hay ceguedad, no hay optimismo por mí parte: fa'pífensáv con algosas hohto^á^^eséepéíóhes, tía merécído:: mal del1 país; íío ha sido digna tlé: su áltay1* santa misión, de stf diViáddrá ihteíeétual y moral! Lo cori**' fíeSoy'mé'aVérg'uenzb} éí país "vale mas que su presesióttj1^ el" espíritu pubIico°éska mías sano ;qüésij¡3 órgános. Sí,- la' prensa desde ha'cé- cuatro años destila a 'cada linda el¡<5did;* la calumniay'el ultragé^siémhra íá iháárrécfeion' j^ lá: kfíar- ' qfuía. He cbrtocYdb esto^ Id mismo qtiéiVosbtros. ¡Cuántas veces lo he deplorado! ella hace difíciles, son úripósiMes sin ella. Preciso es so~> portarla ó renatrciar á la libertad. Preciso es Vencerla pro-,, bando que no tiene razón, ó sabérsela atraer, pero renegar de ella, pero romperla, pero ahogarla es una empresa inr , sensata que redunda en contra; de los que la intentan, poc- que esta empresa conduce hacia atrás y las naciones no retroceden mucho tiempo. Esto en Moscow ó en Praga conduce al camino de la tiranía ó de la ceguedad, ó al ca mino de la rebelión. Pero ¿es tan difícil resignarse á esta nueva condición de los gobiernos? Si creo al proyecto de ley, si creo en los mismos esfuerzos del dictámen y de la comisión para dis frazar en este proyecto con una libertad, aparente. una ver dadera servidumbre, pensáis que hay incompatibilidad en tre la prensa y vosotros, entre la prensa y,ej órden social. Señores, seamos sinceros; yo no gusto de recriminaciones, y i desprecio esa polémica de venganza que triunfa con. la contemplación de los males presentes, en el recuerdo de las faltas pasadas. Pero seamos justos! ¿Podéis quejaros de esta incompatibilidad? ¿lío tenéis nada sobre vuestra con ciencia? ¿No hay algo de espiacioa oculta en las injusti cias de la prensa para con vosotros? ¿Nó sois vosotros los' que la habéis hecho tal cüal es? ¿Sabéis' sido 'siempre jus tos, siempre moderados, siempre impárciales con el' gobier no de la restauración? Ah! si exhumara vuestro» escritos y vuestaas palabras de entonces, quedaríais confundidos.: No lo haré; pero acordaos del ministerio Martignal! En aquel momento para siempre deplorable, en que la monar quía de los Borbones os ofrecia prendas de reconciliación por medio de un hombre honrado, si no hubiérais contesta do á sus propuestas con sospechas, á sus concesiones con exigencias, á sus halagos con ultrages, la monarquía lanza da entre las mános dé amigos destructores por Tnestra prensa implacable, acaso no se habría lanzado á la tentati va insensata en que hemos corrido el riesgo de sumergir nos con ella. Oh! hay siempre algo de lo pasado en la presente; y los embarazos, las imposibilidades de una épo ca no son las mas veces Bino las consecuencias y las espia- ciones de otra época. (Sensación^"' : • •• ,r . . <>v Señores, cuando se ha hecho todo esto, puede haber ár- re^entímiehto; p'eró ¿hay derecho de quejarse? Y ¿cuando se necesita por el interés de la sociedad y no po/él '■▼üttSÍs tro, me complazco en reconocerlo, cuando se necesita venir á esta tribuna & desmentirse tarde á si mismo y á acusar á sus propias palabras, causará asombro que el poder ca rezca de fuerza y de consideración? \MurmuU6$ en el centro). Estáis cansados de vuestra paciencia; la guardia nacio nal está cansada de sufrir, arma al brazo? las descargas de las faqciones emboscadas detrás de la prensa; el trono está cansado ¿Le los insultos y de las burlas dejla prerjsa, de las que su propia dignidad le impide defenderse. Pero nosotros también esjamos cansados, señores, y Ift ^tá, el. país de es tos escándalos; y porque está cansado,, porque la imprenta perniciosa todo lo ha dicho, todo lo ha hecho, á todo se ha atrevido; porque ha abusado de s!. misma hasta enervarse^ es por lo que no concebimos las medidas que reclamáis. Esto es querer poner mordazas á hombres qué ya no saben qué decir¡ (Bravos en la derecha y en la izquierda). El honorable orador encargado del dictámen acaba de trazarnos tal cuadro de nuestra situación moral, que á ser cierto no habría mas que envolverse en el manto y aguar dar la postrera ruina de la pátria y de la civilización. Pues 8? .mnmimsA'a < bien, señoras, e*iWHnarómos el país nú en sus aflictivos da*h talles, 8Ínfi¡e^(»|^;; gr&nd«S;;NÍnto>Sa|í» Veamos qué ha he-* cho esta prensa,, inatfru meato* segu&.ól, da ruina y destr-ucn- cioh. Hace cinco años'que la- |>r'«nsa, estimando corara yo-; sotros el fuego .dé Júlio¿ ha agotado el arsenal de las .malas pasiones, contra el gefe del gobierno, contra la forma mo nárquica, contra los poderes' políticas aun cuando se derí venmela 'elección, contra las superioridades sociales,; con tra 1a propiedad, contra la religión! (JSs verdad! es verdad!. atenGWTÚ),, q ctr -j Ir) 1 .-- i.j 8cV. .íf.i !•*-<■. t^ir un Pues bien, señores, mirád en torno vuestro. ¿Qu,é es lo que ha caldo? ¿En dónde están las ruinas? Vuestro tronó estaba derribado, y se ha vuelto á levantar. Lpe ligro, por su sangre fria en cuanto 4, sí mismo* y fiftioMfa solicitud,- para: con los otros, honrar ^gobierno, *n?m gefq,,, ( diréV señores, grarid&¡' como' eran títidUro^ tenlores al exceso de una reacción contra la prensa, nolle- gaban hasta donde va la comisión. Lo qne mas profundamente me aflige por el país y por nosotros mismos, si señores» por nosotros que debiéramos con servar intacta la confianza inperecedera en la libertad aun cnando se estinguiera en cualesquiera otra parte; lo qne me despedaza el corazón es que esta ley, templada al fuego de las pasiones políticas mas atrasadas, se haya convertido en esta cámara en mas inplacable y mas destructora de lo que el gobierno nos la habia presentado. Cuando apareció él proyecto, yo me decia: "Nonos apre suremos a juzgar; ésta es una concesión momentánea que el ministerio se cree sin duda obligado á' hacer á la primera emoción del país; él mismo abandonará con gusto las dis posiciones exhorbitantes con que en apariencia ha condes cendido á la previsión ó al resentimiento de las mayorías políticas. T aun suponiendo que haya sido bastante ciego y bastante infiel á todos los antecedentes de su vida política • para presentar de buena fé este proyecto, para volverse con tanto furor contra el poder que lo habia criado y darle con ■us propias manos el golpe de gracia, la cámara será su re fugio, la cámara no lo consentirá. La cámara también ha nacido de la prensa, ladefenderá . con su cuerpo, ó si ani mada ella misma de un resentimiento demasiado justo con tra los abusos de esta prensa, adopta algunas disposiciones» severas y útiles, evitará las demás, y el país verá que tao ha presumido demasiado de su patriotismo al canfiarle los des tinos de la libertad.'\ Y señores, nos engañábamos; la co misión ha sobrepasado al ministerio; el error del país es DE, fcAjBIARJriNE. ltl igual al del poder. En la ruina de nuestra mas preciosa libertad no tendremos ni el triste consuelo de acusar al po der, habremos de acusarnos á nosotros mismos, (exclamacio nes). Habremos dado al mundo el deplorable é inmoral espectáculo dé un pueblo que por sí mismo rompe las ar mas que le- han servido para conquistar la independencia y la libertad^ de un pueblo que repudia después de algunos años de prueba, el derecho y el hecho que lo han consti- tudb'ÜWttcr" n.'úti-'" *•>'■ '•■-'."II tñ'ti .'•.< > i*\> iwi Os escandalizáis, veis en nuestras pal abrás' calumnias" & la ley, pretendéis que no mata mas que á la imprenta mala. Séndres1, mata, asesina á la prensa toda, cierra tóda'discu- *¡ón; impone a úh país libre en qué el gobierno debe ser de convicción, la ley de los países de despotismó: es un atentado á la independencia1 dé las opiniones én una forma de insti tuciones que no es mas que Fa lucha legal de todas las opi niones. Se matan las facultades humanas de dos maneras, señóres; por medió de leyes pereventivas que pretendéis ha ber rechazado, y por medio de leyeá pénales que equivalen á la prevención (es cierto!). ¿ ;{*■■• • ae. »' «■ « *■*«• > ■•<, 'i\J- Así es qomo matáis hoy á la imprenta. < , . ,,0 f: . Y ¿quó queréis que diga cuando le tendéis un lazo para cada una de sus palabras; cuando le vedáis toda discusión sobre el principio y la forma del gobierno; cuando la hacéis jurap por todo símbolo libre el hecha de Julio, como se ha cia jurar á los romanos degradados por la magostad' del César; cuando declaráis fuera de'diseusioalo que es la dis cusión misma: las formas del principio, las ventajas racio nales de tal ó cual forma de constitución;- cuando le impo néis multas y fianzas tales, que no hay capitalista honrado y prudente que se atrpva á comprometerse ¡en una empresa 12 « LA TRIBUNA religiosa moral 6 poHtica de lá prensa, j cuando la reducís por esto mismo á ser para siempre servil y facciosa? Solo el poder ó las facciones tienen capitales para la prensa, los hombres honrados é imparciales no los tendrán. ¿Qué queréis que diga cuando vais á matar en ella. .... .qué? la provocación, la escitacion acaso? No, el deseo, el voto la esperanza! Ahí yo esperaba que la comisión hubiera bor rado esos términos; esperaba que. esos términos de una in quisicion que escudriña hasta los sentimientos mas inviola bles del corazón del hombre, no estuviesen en una ley < de primer movimiento, ea una ley de sorpresa y no revelasen ai-, no odios personales, sí, esos odios ciegos de ciertos hombres- que no han sabido ni moderar á la prensa cuando estaban en la oposición, ni tolerarla cuando han llegado al poder! Me engañé; la comisión los adopta. Ella también proscribe el deseo, el voto, la esperanza, y ¿sabéis á qué se reducen los partidos cuando se les prohibe hasta la discusión y la espe ranza? Se les reduce á la desesperación, es decir, á los complots, á las conspiraciones, al crimen. . . .- . Ah! os pedíamos la amnistía hace ocho meses, y no qtii- ' 8¡steís oírnos. Os pedimos hoy la tolerancia y la discusión y nos tapáis- la boca. Yo no sé si la amnistía hubiera pre venido el mal, pero sí sé que la opresión del pensamiento conduce á la rebelión del corazón. Quiera Dios evitar las consecuencias de semejantes locuras! ¿No había otro me dio? precauciones? leyes temporales? si necesitáis una dicta dnra ¿no podéis pedirla? Pero nos pedís la única dictadu ra que hay sin valladar y sin responsabilidad; la directa en cubierta, vergonzosa indirecta: la dictadura del silencio! Degradante doctrina, pero consecuente con la que aquí oíamos profesar al señor ministro de instrucción pública, DE LAMARTINE. ¿fe cuando esclamaba que el castigo, que el terror era la mora lidad de las sociedades! Como si el efecto de los gobiernos libres no fuera precisamente sustituir la moralidad al terror, y hacer salir el orden de la libertad! el castigo y el silencio: hé aquí los dos gobiernos que van á asentarse en el dintel de nuestros gobiernos libres! Y como si esta no fjera bas tante semejanza con el despotismo, volvéis á las jurisdiccio nes escepcionales que son el primer paso y el último comple mento de toda tiranía! Un príncipe que nombre al senado, eon ministros que acusa ante el senado; un senado que juz ga como tribunal de lesa magestad, hé aquí, pues, cuál se rá en lo de adelante nuestro sistema de libertad y de lega lidad respecto de la imprenta! Oh burla de los tiempos! oh irrisión de las instituciones liberales] Pero no, señores no será así, está muy reciente el recuerdo de la servidumbre imperial, para que no conoz camos lo que es tiranía; están muy recientes los excesos re volucionarios, para que no sepamos lo que es demagogia. Nuestra edad y nuestros recuerdos nos condenan á la liber tad constitucional. (Bravo.) Bien sé que hacéis una distinción entre la prensa com pacta y la prensa cuotidiana: no queréis herir mas .que al periodismo. Pretendéis que enerva los serios pensamien tos; que impide la producción de las grandes obras,, que propaga las pasiones y no las ideas. He oido todo esto, se ñores, que es como si nos dijérais que queréis provisiones en los graneros, pero que prohibís la venta libre del nan. El periodismo es. el menudeo del pensamiento; sin duda altera niuchas veces cou las pasiones, el alimento intelec tual que se encarga de distribuir, pero sin la prensa perió dica el pueblo caEeqer4.de todo alimento intelectual. Hay 6 14 LA TRIBUNA sjempre verdad 7, moral en el peripdismJHJn el maa tde! pueblo, [^^aaone^, rnurí^u^^j ^ 1>n!, ¡ _1H, . íjío toquéis á,la p/enj^ periódica ni, ^j^ensa, cpmpae- t^,W-^W?i *.te%^n^ef? fl¿:»|ía§ ,ffl*9i^s f»e»t^ d<8l Sf??amí,?^ÍS ^8»|P(o|. PQF , cwfríftri^.Plui^pliqftcl l«3,ca- ««mentad la. cqn^re^ic^ l^rMi&Ytff* q,u£ h* '«* «na ley de imprenta,, se^r.edftcjrj^.^ n^.pab^ra: s,upíi- miria el timbre, y así quitaxia el mpnopqjio^ lps periódicos; jr sobre tod^.gje. ¡se^vtfjajrp, m^p^ : opilare áfi .la gacja- dad, de esta arma de la pub^d^4^a^e^'9Wplea1cpn|tra vosotros , Señprpkcga^p se «p^gg^W^ ¿, tajes. , wpv ¡omen tos de impaciencia,, jjie^derl^^.,b^^cÍQsr(dB¿>el(útil 4e. ft^iíffltWrl8ÍlJoeo7, ■iBiisom ;*vonráav r?. i-'ntun'i el oi.'p MW$$®.>4^ f9«WRfl!l»! Sft j7uestras manos, porqaes haréis. tervcicgti, sé,;¡q.^?sQ^ouqu^}sj^r;íejíei$. m9Tfcde$,.,per;ia4iíni dignación ...j,4fcáWíBif»«l» a Poro, señores, i.-<9«idaili^o»afíieal comp prqqede,-4i.f?B o'nía tbfibiaainuil «1 &•» entiisra¡ ■» w*-' i-. . moB eme Dueáe|.encontr«r^srun,a fejr ^fi^lgjpj^ftA mjiifacwi uta, á los partidos encarnizados existir y desgarrarse en el seno de la pátiia, la votaríamos con entusiasmo; pero ley semejante es imposible, no la hay. Dirélo una vez mas, se necesita obrar en las costumbres, en la opinión. Y ¿có mo se obra en la opinión? Gobernando, dando dirección é impulso al cuerpo social.if xit..; » n*¡ . i' i •;<•. ¿No veis que se enerva, que languidece en la inacción, en el estupor en que lo tenéis desde Julio? ¿No veis que descendemos: á las vergonzosas controversias del Bajo Im perio y a los crímenes, de las repúblicas italianas? ¿El me dio? No emplazar eternamente las reformas útiles á las masas; no dejar que por mas tiempo sea estéril para la hu manidad una. revolución hecha ppr el pueblo y sin duda para el pueblo; dar fuerte y generoso impulso al espíritu público en el interior^ á la Francia en el esterior; no se- ¡ cuestraros del' movimiento del mundo; no desviar vuestros ojos de la>cuestión oriental;' no dejar en vuestras fronteras que un pueblo amigo se desgarre con sus propias manos, sin que la Francia se conmueva; mostrar vosotros mismos en ell:ejercicio del poder y «rrvuestfa actitud para con la pren sa; esa longanimidad cüyo ejemplo nos prometisteis cuan do aspirábais al gobierno; restaurar en la sociedad incierta la fé social cuya desaparición tan elocuentemente deplora el autor del dictámen;1 esa-fé social, de !íáí!qné sin irrisión no puede acusarte 'al 1 pueblo desque le falta, cuando aqui se reniega de ella con audaz versatilidad; no dar sin cesar al pueblo francés y á*lai£tíropa qne nos tíontetnpla, el espec táculo deanioTi&ízádor flé 1 partidos qtae úo se sirven de las mas santas esperanzas de la humanidad, sino como de una arma para conquistar los puestos públicos; que cuando han llfegado á ápoderararsé del gobierno, arrastran en el fango dé la récriminácioüy del insulto la bandera que los condu- DE LAMARTINE. líí jo á la victoria, blasfeman contra lo que han adorado, ador,; ran lo que han pisoteado, y hacen creer al pueblo perverti do por tales ejemplos, que no hay ni verdad, ni mentira, ni virtud, ni crimen en política, y que el mundo es del mas diestro ó del mas audaz. {Violentos murmullos en el centro,, aplausos en los estremos.) ... , s .,; . .■■.■Tí, . ■ .\ \oj Hé aquí lo que es menester hacer. Las misiones ele vadas no faltan jamás á ios pueblos grandes: la nuestra es guiar al mundo por la moral y la libertad. Todo esto, da- . cís, no impediría un crimen. Y ¿quién es el que puede im-? , pedir un asesinato, escepto Dios? Y ¿no os ha mostrado*-.; con una prudente salvación, que está en sus manos la vida de los hombres útiles á sus designios y que nadie sucumbe antes que le llegue su hora? Pero, señores, no dejemos por mas tiempo que todos los destinos de la Francia depen- , dan de una sola cabeza, y que.el pa'u viva ó muera en nn.1 hombre. Si es cierto que la muerte del rey hubiera sido <: la señal de la anarquía en Frauda, apresuréos á salir de tan peligrosa situación, apresuraos á darle instituciones mas . civiles y .mas libres^.una^^^d^iprppia é independiente., que la haga vivir con su vida nacional, y sobrevivir al gol pe que la hiera en su.gefa, ,; _ \ , ,} ; Apresuraos i terminar su, e^tfcacjon política; ó síjuz-; gais la obra imposible, si el.'grito del desaliento,, si. el sál vese el que pueda social está pronto á, escaparse de. vues tros consejos, decidlo branca y valerosamente al' país, y de cidle que se prepare, a otros destinos» pijos que vosotros le preparasteis son tan transitorios y tan fijSgiles. ,, ;'T'. En cuanto a mí, rechazo esas leyes como una humillan- te apostasía que la libertad en que tengo fó haría de sí mis- , ma. Hemos combatido cuarenta años por Ja libertad de ; discusión; ry atiabo de cuarenta años habíamos de[jfilYex-i 18 1 tádás estas1' leytes^i'este áütícülo pasará^ vol?feHaitto*i'¿'tí"/ todoxa, de las oficinas de espíritu pÜbHet&;ljy' EsPraMttfflrm" dH^Ifo^estó^eV^ucio'tftpié h#¥lSÉ0, lo cbnfiéso/cBn prb- fdtrdb'aoW* pbrqa^'WHipía' mís afeeeio^-'pfei&'dé'fa^é'' no'^a^e'^epaTfedsía por eí¡ hdnor-;defa ÍVttácfeíy'ptjriel'bieaídd'fe tiks<í nttaídád^í^íípaTaceriaétt la'histór^^inb cómo un atiente^' cbntaWttf"*to>fconseiméncfa1 íf sin 1 sigoificHéión !,Lcdnto «ttná^ b*ft^m«sl&aa4ibeltad:' - •'^ñd^,<«rééda«$'ü6 es btienó ni1H patá^rrisdtrOsv irf pte' 'nosotros que ésto »UálJaílfi1!; lio's 'pue- = títák ^óOMtti V-ihkét S-i lds^qtfe lo* ' subyugó; inlóé qué ' l«gMn^aníásÍü;' -i'f'J"'^ *> P -™*> v' •;*vftjwri Creedme, vuestras Iéyes; van contra átí;btyet¿ K fué ramos Vuestros enemigos como decís, nos apresuraríamos á ' votarlas por odio' á Vójibtiros, haciéndoos un presenta pérfi do y^mortal;.' Etacóhiecimierito que á todos nos agita es " mas fuerte que vuestras leyes. ¿Qué ley mas eficaz y mas elocuente que este rey y sus .hijos bajo una Iluyia de balas; que "ese ilustre mariscal cubriéndolos, con su sangre; que esos treinta y dos cadáveres regando . nuestras callés; que esos catorce1 féretros rodeados del duelo de todas las almas al atravesar nuestra capital consternada? (Sensación.) Hé ahi espectáculos que apartan del crimen por su hor ror1, como la prensa aparta de lá ánárqulá' por°su répüg- nmfo? Hé áM héyéaf'cómo Dios las Üífcei visibles, pá!pl-'J tántés, poderosas; pór su emoción y porsu énsefianza'en Wl imaginación y en el instinto dé las masas! Dejad, ^ue tibren ,' DE LAMARTINE. 19 tan grandes y terribles lecciones! su impresión es mas efi caz que vuestras ranas discusiones, y mas duradera que vuestras leyes de un dia. {Sensación.) No me niego á reconocer que el estado de la prensa re clama algunas medidas sociales. Yo mismo las propondré en otro tiempo. Pero pido que se aplace cuestión tan vi tal hasta tiempos mas tranquilos, hasta que pueda haber una deliberación mas fris, y de aquí á entonces desecho toda la ley, salvo las disposiciones protectoras de la invio labilidad real, de la reputación de los ciudadanos y de la moral pública. [Señales de aprobación."] MWrVAVJ- .1 se? ; i: „V •: ívi üf ¡i':: "O <'■ '."-I V r • f-m. „. Mil • cí.-'i. ' n ,¡t '•r.ib • líV- '..?». «M • :■"..•.> (.hoVv.wV.) .nib nir . ':yel < . • r>v ».; ■ i ¿. .'• >'.? •;/"»:• >:■• t Y ■ ¡: «»Y . jli..'-. »- .• . ■/■!• '; .t;j:.'.< •C "i' '», '.n i tw OK-. Oí' | : . .. »■! • ,1 ; i O ... '-. : :*!:t> . iiít ••ir; »■ . ,' !fíi <."•• v ÍfJ<» fc; "^.T.l rf.T íl ! »"•!;!'..;, Bill" i „¡ '.(.i i'::,,.' ' .G. ' i • M « "/¡I.; f I Jij l * .Ti • !'■ •<''. -1 in<:-. iiix,-. .• ' v'i ,¡fcVi ' ( -i L."i.i*.j>'i. .-^;> «>'>\ v-.ü»>M' .::-ul(.: ¡ i.',o..: Mifii vud e»p ftu ícnoioili!-ií «ido *uu f/¿ i^í.jboa • n:i >!.•: «00 OH .8 JK¡'lfiOcj° :n:t: "- '6 ei/p {ol.<<} •• r,\ .1 w v rt.L».!' ji<¡Liq í>Ij ,. ,'"v <,i, <■ • i t : •> 7 ;¡¡. ') •Í......W» V fi'fiBV OJü9 • : .-1. «i ! !¡/.'-.-id>: í- •/liS¡.!C[ Oí]ll!í>Ü »b ftirflW £Í>Í' ít-Jiq>-_ ii Ji';j • !f] fi'ii; ' ...l- «s t-;ucil> olí&aníí .•■biso JíJc it<> :■■,>.:•••,■■ ■ r.':¡ -¡i:;!; .íii «o Y J ." .i v. ."i i- : -: - .£■!::• '-(.¡j Sun .i :k> *t¡ t,iJ.;-«rt ¡9 f. p ,o! l-lj".: Ir i¡r,-ñ:-*Vi¡ !i¡ «¡••i-'jí¡i l.-..'-.i'::Jl l';.:j¡lp (jii'JUf'fi J\ íBE LA. Olii.j-.; í.¡3 io ":>p ;:ÍO .' f '.I PEM DI MUERTE. f,i.'¡;jKi:>p'íí>ví¡ «! acin6ií./.i •.i.c.'ii/is ir"!;: ' , [¡: ...,:-.o »¡¡ í/icW -ivjbíú ¡y ¡j.iíoo uÍ9fi9Í'jíior> «Mi .;¡¡'jij oír;».''"'! <>'iv:i'.;í U: ,-.: ,..>) fciK íí-jj SXill «i OflUV) tu-.¡J pi'.'i'jir >r¡-.. DISCURSO PRONUNCIADO.:£».-fAS. P*s*« CONSISTORIALES DS PARIS .;.,p -1, i.- ^P-ír^^^W-:-, Mía*./,,» ...» -Íl) I ÍI05> Ií')l3'..«1 II? í«¿J?v !.'-;■'.'?. 03niJ-.!'i i-. :-;,'.u¡ <•!":•! '«I --i) tC-xgBlKtfiBfl^* '?0'Já'-' b¡ »•> s-.-i !" OJ.IííV ..ü •|/;iÍISlJ)« Kuai'/üt/', Olí ,>•»•! -ICM .oJfcv na 'X .:• '•)! •. -O Mucho tiempo ant£g.d1ei¡,o.ue(eJL legislador pueda formu lar en una ley , una. ppavicpion social,. es permitido á los fi lósofos discutirla. J£l legislador es, paciente porque no, de be engañarse; su error recae sobre la sociedad entera. Se puede mat.a,r _ £ , una , sociedad^. _ á fuerza, de principios y de ;W&l4?$ ^9Pí!-s9 ASu^ina .«l-¡.?rt(ff.,T^l chinen. Jío ,1o, olvídenlos janiás; no noa irritemos, contra la tímida len _iitud de. la aolisficjon. A (Qqpsiderémps en la 4poca sus cos tumbres, su» bibdtoa y aúniíüa preocupaciones. Pensamos 22 LA TRIBUNA que la sociedad es una obra tradicional en que hay traba zón en todo; que es menester no tocarla sino con escrúpulo y temor; que millones de vidas, de propiedades y de dere chos se abrigan á la sombra de este vasto y secular edifi cio, y que una piedra desprendida antes de tiempo puede sepultar á las generaciones en su caida. Nuestro deber es iluminar á la sociedad, y no maldecirla; quien la maldice no la comprende. La teoría social mas sublime que ense- ñara el de$preofoi& < Ú wy y lá rebeftóft contra ella, seria menos provechosa al mundo, que el respeto y la obedien - cia que el ciudadano debe aun á aquello que el filósofo condena. . Era preciso decir esto, señores, para;, establecer bien nuestra situación. No» aomoa-.sia*. que cüneiefloias. indivi duales que procuran ilustrarse: haremos la averiguación sobre la pena de muerte. £1 género humano tiene una conciencia como el indivi duo. Esta conciencia tiene como la nuestra sus dudas, sus 4tti?báeiottésvsW- réitabl^ vez' !eh euando se concentra en Sf 'nfi&üay y W pregunta si las leyes que reasumen el instinto social están en relación con las di vinas inspiraciones de la religión, de la filosofía, de la ciencia. Y en esto, señores, no podemos admirar bastante esa omnipotencia de las convicciones innatas que nada pue de sofocar; que se sublévan en nosotros contra nosotros mismos; que tratan de obrar ó en los libros, ó en las asam bleas deliberantes, ó en asociaciones iíbres como está, y que por intereses que le son estraños, cuando parecen completa mente desinteresados, obligan á los hombres de opiniones, de religiones y de naciones diversas, á ponerse de acuerdo ' del uno al otro estremo de la 'Europa. Esto es lo que de biera probar 4 los mas incrédulos, que hay «a el hombre DE LAMARTINE. 2S algo mas fuerte, mas irresistible que la voz de au egoísmo; algo sobrehumano que clama. en él contra sus propias men tiras, y que no le deja ningún reposo hasta que. haya res taurado en sus leyes el principio que Dios ha puesto en su naturaleza. Estamos en una de esas épocas de exámen social. No es, pues, asombroso que esta conciencia pública vuelva á comenzar ¿.interrogarse sobre una de las mas ter ribles ansiedades de su legislación, y que se pregunte si es cierto que el verdugo es el ejecutor de una especie de sa cerdocio de la humanidad) si es cierto que el cadalso es la última razón de la justicia. A estas preguntas encuen tra respuesta en su horror á la sangre, en su desprecio al verdugo: dejémosla reflexionar, ó mas bien, ayudémosla a reflexionar. Tal es elí objeto del concurso que habéis es tablecido y que vais á juzgar* -i-.unú- • isr >■■■••*:< <;• cí ib Pero antes de entrar al rápido exámen de los numero sos y brillantes, trabajos que este concurso ha suscitado, permitidme esponer mi pensamiento sobre la pena de muer te. Así juzgaréis mejor de. los progresos que este concurr "so haya hecho hacer á vuestras propias convicciones. No queremos falsear una verdad para hacer resaltar otra. No pensamos que la sociedad no haya tenido ó creído te ner alguna vez el derecho de vida y- muerte sobre el hom bre. Pensemos (y no es necesario deciros qué nuestros pensamientos son individuales) que ya no lo tiene. Sien do la sociedad, seguri nosotros, necesaria, tiene todos los derechos necesarios á su existencia; y si al principio de su existencia, en las imperfecciones de su organización primi tiva, en su carencia de medios represivos,' pensó que el de recho de herir al culpable era su razón suprema, su único medio de conservación pudo herir sin crimen, porque hfe- ria en conciencia. ¿Sucede hoy lo mismo? ¿En el estado $4 . XA TRIBUNAL actaál deiuna sociedad armada de. fuerza suficiente para reprimir y castigar sin derramamiento de sangré, ültmiiutr da con luz bastante para sustituir la sahcion moral, la san ción correctiva á la sanción del asesinato1, esta sociedad puede legítimamente seguir siendo homicida? No¿ respon-r dén unánimemeate la razón, 1 la naturaleza y la ciencia. Los nías incrédulos vacilan; para ellos al menos hay duda. Pues bien, «1 dia en que el legislador duda de un derecho tan'térríbtej el dia en que al contemplar el cadalso ensan grentado, retrocede horrorizado, y se pregunta si para cas tigar un crimen no ha cometido otro, ese dia la pena de muerte ya no le pertenece. Porque ¿qué es una duda que no puede resolverse sino después de que la cabeza ha roda do en el patíbulo?. ¿qué es una duda de la que está suspen dida la hacha del ejecutor y que la deja caer sobre una vida humana? Esta duda, señores, ai no es un crimen -está muy cerca de ser un remordimiento. . . . .«JI.V Todo puede hacer el hombre) escepto crear. La razón, la creencia, la asociación le han sometido los elementos. Rey visible de la creación, Oíos le ha entregado la natura leza; pero para, hacerle comprender su nada en medio de los testimonios de su grandeza, Dios se ha reservado para sí solo. el misterio d*, la .nada. Al, reservarse la vida, evi dentemente ha dicho al hpmbre: "Me reservo también la muerte., No niatarás^porque^no puedes restituir la vida. Matar es un atentado, contrajni. npjism^: es una usurpación de mi derecho divino, es una violencia contra las obras que he creado.. Podrás uiatar.pgrque eres libre; pero para po ner el sello de la naturaleza á esta inviolabilidad déla vida humana, doyIárlia.,)vffitimaie|l honor dé la muerte, y á .la.s.an e-W^íiÉínP ?onti;a1eL homicida." DE LAMARTINE. 25 k j.precjsp, es, 4ewjtp, Ja, def^ sa del hombre justo, Gomo dere^o. de de^ens^ ó de cpgj- seryaoiiqn deplorablemente llegó;á ser legítimo. Perteneció al hombre, contra «1 hombre, como pertenece al tigre contra el tigfg. Al formarse la sociedad, y todavía en sus ^rijme^- ros .^dimentos, desposeyó al individuo de este derecho y se encargó ella misma 4e ejercerlo. Este fué un pximer: paso. Pero; la sociedad emprendió al apoderarse de este derecho Ja venganza, en la justicia, y consagró la ley,. brutal del ta llón que castiga el mal coa el mal, pue lar»...la sangre con «angre, que arroja uu cadáver sobre otro cadáver, y que di ce al ;hombre:, . #Mjg^ yp, ,00,80. castigar el crimen, . sino, co- .Trercrít.íj" tí»' llena de estas tentativas. Las señaló en todas partes .HEUfaxiBUNJicr fáía fás kgiap^eÚk^iM^rlk' Etffcristíahismó ' enseño por ÍQ ^Ia' nflá'áiiááa9 ef 'dogma rfó su' «pIHtoálfeacíon.' : ' El mal y el'fcrfmen ilégafón á ser las únicas víctimas que ha- %i£:qitel'mitfó^i'^'U0%oiMé&ii^ «informe al espirita del cristianismo, dejando !foda vengáfníiá á TKós.'íiO'tuvo ma* que dos actos que desempeñan garantir á sus miembros de los ataques y de lás reincidencias del crimen, y corregir al ■^fiáíinal méjó't'áhddlo. "Está divina revelación del misterio social, cuyo primer acto fué la misericordia de un justo per- 'donando '& ans^asesirios desdé lo altó de la cruz, no ha ce— ! ¿ido desde ;entibhdesd» penetrar 'éh'^jité costumbres, en las insth^cíotite^ y étí ltóléyesl- Wn* áudá'háy >davía lucha "entré Ia tfarhWy^'espíi^r'ém^reíás tinieblas y la luzy pfr , ro el espíritu triunfa, pero la luz se difunde, y del caballete °¡íéi tormento' '&» fa prisión peuítéhararra'éVone el suplicio no 0es ;íñás qué la^potánfcíar de hácei,'dáño y la necesidad de '^feábajar y* de' ' reflexionar, "Iwy'uri espasio '-'inmenso j 'xtú abismo qué ha salvado la caridad. Este espació, podemos contemplarlo con sastifaccion por lo presente, con esperanza para el porvenir. Los esfuerzos que hacemos aquí, secun dados por tantas simpatías en todas partes, son un nuevo testimonio de este impulso unánime que agita á la sociedad con el sentido de su cómpleta móralizazion. La aplicación de la pena de muerte se borra de ochó artículos de nuestros códigos; desaparecen los suplicios dolorosos; los cadalsos, es pectáculos en otro tiempo dé las cortes y de los reyes, se , levantan vergonzosamente por la noche para librarse del horror dej pueblo; las plazas, las calleó los arrojan, y de re pugnancia en repugnancia, se replegan hasta los arrabales mas apartados qué en breve los éspelerán también. ¿Qué ti r- . . . ■+ Cío «.:.-¡, .. u;a i. -j . • j'tl i i ! queda, pues, á la sociedad,, se^reg.^p lej^gjd^ la^p»5 ra siempre sus manos? ¿Qu4 le. cjuftdaP up^if^iff, uo.ajfl|ftf>q capación, una mentira, la, opiq|()nId^q¿1ei^YÍa rfiflccf^fe de la pena de muerte^. ^ {¡¡ navIJjjl8D8 Y< ofdsnq leb to[o Preguntaremos ante todo, ai lo que, es «íroz; puede aeip necesario; si lo que es infame en ¡el .aci» y n el ¡instrumento puede ser útil; si lo que es irreparable; en on jaez sujdtoTift error es justo, y por fin, seJwíeSj'siel^sesinaJto del hombre por la sociedad es á propósito para consagran«nte loshom» bresla inviolabilidad de la vida bjamana? -juNiaguinK vá¿ se alzará para respondernos, escepto 1* yoz?pacadógioa.de esqs rificadores del verdugo, que.»tribuyendorá;tD¡09 la sed sangre, á la sangre derramada uftft-íféftadjflspiatoriaiiy regeneradora, preconizan la. guerra, ese -asesinato «ujmaea como una obra providencial y,hfccea del verdugo, *J sacenln^ te de la carne, el sacrificado^ ¡d^, la^ h^m^^id^ la naturaleza responde á esos. |iomb^^(c^jB|.]^^ar^e..]a. san* gre, la sociedad con el jnstjn^ impr^^f^jgioa^.^ , Evangelio. _ t u ,.)iyi¿ 01,--aít.'((; t)j0 ouieidog os «noia Queda, pues, Iaintimidacionyque'si se"yflebilatariai según nuestros advérsanos con abolir ,1a, pena de, . muerte, 'dejaría según ellos que el crimen se désbordara! Ellos tortea ne* cesitar la pena de muerte como sanción ¡dei Já juatieibiii^ y .? Es indudable, señores, que la ley necesita de saríc^oarpe^ ro esta sanción es de dos especies; material yi»8é*'át;»'Eit*& dos sanciones deben concurrir y satisf«jcep'jtárita»eá'il»sa¿ ciedad. Pero según que esta sociedad «stai ¡mas ó menos avanzada en la vía de su esplritualismo' y périfecejonatoiwaí» to, esta sanción de su ley participa mas de una de estáS'áoB clases de penalidad; es decir, es ^aj^ma^ia^ó, Hjas+m&ral, mas aflictiva ó mas correctiva, ea^to/iueja, pena se apJt 28 ^jUf4fefótárla ca ma3 'ii la carne ó mas al espíritu. Así, las legislaciones primitivas matad; lás legislaciones cristianas ó adelantadas suprimen la cuchilla ó la hacen brillar muy rara vez ¿lo* ojos del pueblo y sustituyen al suplicio sangriento la deten ción que preserva- ¿ la sociedad, la Vergüenza que'iniiarca la frente del culpable, la soledad que lo obliga á: reflexib1^ nar, la enseñanza que lo ilustra, el trabaja qúé doma;13 carne y el espíritu del criminal, el—arrepentimiento^en' Bíi quedo regenera, ¿¡¡^.m-. ¿•a-. < ú iq ¿ <■■■> &■.:;->.:■■■<■ m toq <:•■. He aqui, señores, las dos especies de sáncidh entre íaí que tenemos- que. escoger. Pa ra elegí r tenemos qué défeíií* rar si en nuestro estado actual de administración y dé1]^ rantías sociales tenemos ó no independientemente del cadal so, fuerzas defensivas y represivas superabundantes pira prevenir y para intimidar ai criminal. r- 0¡H C'-;J0 snu (tta'~j9 Estas dos fuerzas sé dividén en dos categorías: fuerzas materiales y fuerzas morales.' Como fuerzas materiales' *de preservación, la sociedad tiene primero sú misma .orgáríízt|'- cion, su gobierno ojo siempre alerta, mano siempre esteúcti- da para obrar y defender. rfiené ejércitos pei marieMés, fuerza presente en todas partes paca comprimir la que püed'a-op"»'- ner resistencia. Tiene policía patente ó seciefa, vigiíancifc central ó municipal investida del derecho de protección © de inspecoion hasta la últtmá cabuña del territorios Tiene su gendarmería, ejército siempre en campaña contra los mat hechores. Tiene por fin, caminos viciados, caites ilumi nadas, murallas, cercas, hogares inviolables, 'deportaciones, cárceles, presidios, vasto arsenal de fuerzas defensivas ma teriales, -.i) ¡;: .* • ví> f=»l 'H«: ,OÍ ¿Está la sociedad mas desarmada en cuanto á fuerzas ftP- rales? Hé aquí r'en! primer 'lügáf'á 'ía'-religioh^cbn^tiEríÉft délos espiritas y de las concienciasj legislaicion de familia, cuyo código castiga el ícrttetfteon p^óa* etewias.1 Está pW^ senté en todas partes, de noche, en caminos desiertos, y ha ce oir en la soledad y en el silencio la •vtar^ttíribi' devátts"' lecciones, de sus promesas} de sus amenazas* Sigue la le gislación con sus, cpdigps, con sus procedimientos de, pucip,, con sus.jurados, cuerpo^temidos auq por ^l.ino«entery.an5T. te los que cQmp)are.cer. r eaa.)ya una pena. Yiene luego la^ opinión, este. juez, mityu^ de los hombrea entre aj,, este juez-, primero, prevenido, después infalible,,- que atiple á la religión^ y á ley y retribuye,^,cada cual segua sos obras.. L^so^, ciedad cuenta con la: vergüenza, es^te aupUcio.de la opinión, que persigue, hiere, atormenta al criminal aun cuando que de absuelto, pues, si escapa- del j uez, encuentra $n jaez en ' cada mirada; con; la prensa y la publicidad, que escriben en todas partea el nombre, el acto, la pena y dan el castigo humano la ubicuidad de Ja venganza celeste; con las luces progresivas, con, la enseííanzar, universal, con la jugoralidadi creciente, fuerzas nuevas, de la sfpc¿e;dad- moral contratas afecciones, ^Í;crjpe^p Jf ¿ ;t.. „„V/0 ;j, oil.ri\m¡>b™á . ¿Quién se atreverá, á deci¡r que este arsenal esinsiuficiea'í te? Solo la rutina .ó jejfmjád^íi.' 11 *¡¡1' or; i-xo'rV •i:im fob coit Examinemos la disposición de ánimo del criminal que medita un atentado. El crimen ño tiéüé'mks 'que utiá dé estas dos causásí la pasión 6 el ínteres. ' Sí Ta pasión 'éslo que impulsa al hombre al crimen, la intimidación dé la' ley' ya no obra en él. La pasión, ciega : por' su naturaleza,1 és- cluye el raciocinio;1 se satisface & toda cóstáVno ^troóede ni ante la probabilidad de la'ínuerte; ¡pues por el contraríe 5 muchas veces1 ir idea1 38 !íiljtotfta"fla 'fia1 tín¥-%s^éfeWférosí éscitacion' al criminal 'q^WW-cre^''casi'jtÍ8tífícíáS<>'a'a\iSípWS RVMíffiS» *i imm q*W ju^* so ,gawn eontr» la wmfeth |Qttj¿B>4t nosfttfjps^ ^J^-.W elp^'grQ «»a t^r? » tadda/Ríc^iUf miMeHwa iifltiwaleza human», como hay oo ▼áfíigft «««líR^WIQ? chi./w i- •"• v ;-¡ t ,., al v.-, -no ao Cuando el móvil es eí interés, el criminal que caléutá1'^1 sangré Fria, sabe el riesgo que corre y persevera sin embar guen su ót>ra hóinieida; ;há médítsído sn' crimen, sane ík° pénaiián 'qhé incurre, y si la enormidad de ésta pena no lo 1 ¿dtttíótíé; es pbHju'e áfarerrtemente eri eíno obra la intinii^0 dación? ' %v> es tiecesário áfladir qíie la intimidación por' las óTfcásí;pfenasVi!lá' vergüenza, la reclusión, eliritflamieritd, ía pSflitetífcíáí por' 'fáM' ta vida, nó obrariáh ni mas ni menos qutítlá péna 'dié^niherté1. Los' desafíos, los innumerables s%icMI6s; !6a; !itéWÉ4ÍdÓ8;\jue diariamente se cometen en lós pfésldtóá'cWélt únicb' Ón de ontener 1» muerte, son una pfcuebá'de que la pena capital no essietnpre, para el détffí- cüéflte el máS éspantóso suplicio, y de que la vida es para mucho* tótnnifeá'más difícil de soportar que el cadalso. l!Eh; toaos ios tiempos ha temido la imaginación un des-' bordamiento de crímenes cada vez que se han moderado' los suplicios ¡pero el tormento ha sido abolido y la estadfs- tica del crimen casi no ha sufrido alteración. 'El estado de ^^aiadadi fea tenido, «obre ¡«í número ó la rareza de los crímenes mas influencja que el estado de~la legislación. La fosqana ha,suDtim¡dp Ja muerta y ha visto reducirse á na dados .cjím^qe&^conjx»; las^jpersonas.. En Nápoles,y en, K#P£ Ja introducción de.la- penalidad francesa ha reducido. J^Ase^oajtos ó| treinta por : ciento., .En Rusia, donde du-r {anjje ÍQa jijtim^os (,och«nta años no ha habido mas que cua dro ejecuciones pa^pi^ales, J^s crímenes contra la vida dismi- «^¡^Í^U^Jiwóa henips;; e^lecjulp, fejg» DE&A&t&BTOE, 31sc dejü9S6(a paraje! s«^»n*ícW(^ y loa infanticidios nohan>i dif^i^ai^-i Jfea (e^adjs&a^deBiuesíra qué los crímenes no dis^nuyeft.pntaswíi deja edüoacfon f del bienestar de; lasota P°Wf!Á«WP ¡Ju ÍWü)^i»^«á!l4.-jáftírl«í fceíiaa modera JkO feí^&fr¿WlíP$9#W obiíaes i» tl*ttoa ,Rñ\\ñh ihihk os . iLas leyes ¡sangrientas ensangrentábalas costatiabred.''i£é^^ te«s;el vicio de¿eaas' leyes- que'ae proponen intimidar Má*^ tando. Aun; suponiéndolas eficaées,^q'UÍé háce'él3 liegísl ád^r*/ í' 8»i^»»)in^ÍBiM»rB#«lguaosom8l»«dWj^ílfrl|z* bita de: ;l*)mtteiíte> Don el gusto de la :sa¡ng^é^fá'ímaginácioní 1 * de¡todo:¿atorpwebla;: sirio hace respmtria sangre, palpar ét-a cadáiyqrS" JíOjKÍiftéflré», nelbpeíi£ra¡Jno está efl'Ia ausencia? ^flftftíyier^ojJWíso^pflptáiSiílQi estafen i;la fundada esperatHVí za.de.la jmpuuid.adt que,!» iBapRcbci^detasíleyes de ma,er*>í tf ¡inspir^ajsppminal/í prensa cenrrazon^ «La pena de • njuerte;repMgBa ¿idgfetjfoeeai' teng*>!dien probabilidades ¡ c§gtfiftj9na, de que?, cae ia Iban «de -'aplicar, y para no tener qgtf aprtie4rmél»yl merabsoiyerfea:^ É¡ü^ehá,de niuer'té: es1 1&"J q#9¡ me¡ salyaj¡ ella: »f wmmaéóiááy «Cometamos el;críraéfa.'»' efPéüom «es tóce'^^bje«ünt|rt*e.,--: ^''o^ecfóM'l tiflneirépIioaiporq&éieísdStiye WW8Miñkll^!í^i$\£éi" ' sábk)8üq*B^imtros>^adré8^¿p^sáfs^ vosotros^ $Jai¡p¿iU aVwíéreVtS*aú«rte>'«*l éMá«Sn««ae-;W3ustP¿ia;a*iVína,?i porque fin;todasipa«te8¡ei1hótabré^xÍsraabaJó1 lá iñ^píiráóion:■ de ¡su natura¿eBapyn*it «apigo dé todas las naciones psiréeV bábeíi aida esórttoloeDítopirtita derin ptiflál."5' " ' V) Contestamos: "Es verdad. —La pena de muerte es el' instin^íbllíiíftlíideilftf^ aétíoiacmatári&H el^fcísiiílto ldel brazo 9^e^seia.l?i*y!que;híere ,porqup ba b1ab1d(V quien hiera. b ¥° » S&fi&lIbSiWSdoí i«üsocieda[¿.estíi en el estado M° instinto ' y de naturaleza, et. por Tío que esto es mentira cuando la sociedad se encuentra en él estado de razón y'■<&&'*> moralizicturi. ¿OuáL' ha' eideP'lk ' obra de la civilización? > ' Contrariar en todo á ta nattiráléiia; constituir una naturale za espiritual, divina, social, en sentido inverso de la natura leza bruta; hacer que el hombre y la sociedad, imágen co lectiva delhqmbre, hagan precisamente lo contrarío délo que habría hecho la huni anidad casual é instintiva. Las religiones*,, las civilizaciones no son otra cosa que estos triunfos sucesivos, del principio divino sobre el principio hu mano. Escuchad en todo lo que dice la naturaleza y lo que dice la ley. La naturaleza dice al hombre: "La tier ra es para tus necesidades; he ahí un árbol cargado de fru tos tienes hambre, -come." La ley social le dice: "Muere al pié del árbol sin tocar su fruto.' Dibs y la ley vengan la propiedad." . La naturaleza dice al hombre: "Elige al acá- 1 so entre esas rnugeres, cuya belleza te seduce, y cuando esa belleza esté marchita, déjala para unirte a otra." La ley socjalJe, 4ice: .ifutíp;! tendrás mas que una compañera pajra qu^.la familia se constitayay se estreche por medio de un circulo indisoluble y asegure á los hijos la vida, el amor y la protección? , La naturaleza dice al hombre* "Pide san gre por sangae, mata á -Jos que matan." Una ley mas per fecta le dice: "La venganza no, pertenece mas que á Dios, porque él solo es infalible; la justicia ¡humana no es mas que defens(xa, , |íq ¿matarás, y yo tampoco mataré, para conservar á tus ojos,*14eglna de Jainviolabilidad deh4U da humana." ' 'Vi*.?: < 0 Mirad,; pjjesiseíjóres, relativamente al crimen, la diferen cia de Jas [ dos . sociedades, según que ellas adoptan uno ú1 otíO(de les dos prinápioslK Un juefc declaftradó él heiho DE LAMARTINE. ' *i3 sin apreciarlo; un verdugo que se lleva en público á qtfó mate para enseñar at pueblo que jamás se debe matar; < !b% turba á cuyos piés se derrama la sangre para inspirar htft ■ ror á la sangre: hé aquí la sociedad según- la naturalfcasá. Un jaez apreciando el crimen y graduando la pena -al deli to; la venganza remitida al Juez Supremo y a la conciencia del culpable; un pueblo cuya indignación contra ¿1 crlítién no se convierte en piedad para el ajusticiado;' un 'cáláboz'o que se cierra para defender por siempre del criminal á'ía sociedad, y bajo las bóvedas deeste'calabozolahumani dad imponiendo el trabajo y la corrección al culpable; Dibs inspirándole el arrepentimiento y la resignación, y él arre pentimiento devolviéndole acaso la esperanza; He aquí 1a sociedad según el Evangelio, según el eapíritü,' según la civilización. Escoged, que en cuanto á nosotros yá hemos eleg,d0- ■ V-»-^ v.v.> •,, ;i,..;Vi,,3b • , «Hay, se dice, embarazos y peligros de ejecucipp. ^41 transición de un sistema á otro exige una penalidad nueva, y la sociedad no puede resolverse á un ensayo durante el cual tenga contra sí alguna* probabilidades." .Jj+a, transicioji , señores. . . .no es otra cosanqne^el, encarcelamiento provi sional dé los sentenciados en .nuestras casas de detención hasta que se haya eoristítuidn cierto número de casas. crimen, de prisiones penitenciarias en Francia ó en(alguña de nuestras colonias lejanas. Se trata de un gasto de, ai- aguóos millones que se cubrirá en pocos años, es decir, un gasto insensible, un gasto que, no temo afirmarlo, se cubrie se en pocos dias con una suscricion voluntaria, la mas glo riosa, la mas santa de las suscriciones^ la suscricion para el rescate de la sangre. Veo que en esto solo el Verdugo per dería algo, pero reconquistaría sus derechos de hombre! En «nanto A las probabilidades ^p^^9í-íífl!i¡hnfflS!^^! gan. dicen, tendría que ■correr ,efl;,el,rjgiia$c. Wffl&l¡fy*tB8F una recrudecencia del Qrl&e$tff&ww#VM\:&\)SrP:d&Bi la primera vez .que la generosidad inspiraca,Ja, , yejigaqza. Pero aun suponiendo que hubiese, un .momento,, no.de¡ jjpft- gro, sino de inquietud en ef pajsr ¿flo. se debe arrqstrar; este riesgo? ¿La sociedad ofc cripiin^l s^í^^j ^i^contei^pla^d^ , eternamente, para ver quién de ainbps cebará primero de ser feroz? ¿Puede espprarse que $1 crimen sea (jiifi primero dé el ejemplo de :virtujj1iy d'g pa;Rse4pn^.bre;'cjiian(jp es ^ig norante, • j j V brutal, i ■ '■' sin fé. sin luces, ■■■■■¡<'-> :¡¡'vsin<-;wu-jJ vaJor? \leNo<-.es á la sor- ok:wiaoqmi ciedad a la que toca comenzar?. y /no es renegar de la pro- «iVidencia -¡ uuuu social, .¡ •»•• hacerle »•» v( o»temer .una Rojs-elo. •.->••=,ruina ¡oveodelujiiHVinJrwa ejercicio de s„nna > virtud? , ■> híiji'.^ ,oi-r>3fiav»u ., „ j<> , n»jr}%. ivmoiooa , , . por la vacilación de su sistema actual, que conserva la. pepa de muerte sin convicción y la cuchilla sin herir, y pará^rea- 'Kzar este noble instinto qué'"ta" agita1, rio tiene qWiiacer "mas que una cosa: un acto dé fé en sí misma, 'tío afcfó"*te confianza en ese Dios que la inspira y la ayudara á reátíz'ír 1 una de las mas santas fases de su: regeneraciotí.' > leoo Pasemos ai concurso. ' 8',:-' ü' <*' >.;no09t La sociedad habia abierto do«: uno párá' memorias; otro piara artículos de periódicos propios' pafá1 pdpularjzarpor medio de la prensa la dotáriha dé' íá^bólíeioii dé ¡a pewade "muerte. .ex;u:¡_ . r-ijí.irtf jo •■í-aon el> El concurso de los artíOuíos ¿{¿'periódico queda proro- ¡ hasta el 81 de Diciembre de1 éste año.' Ño tenemos que ocuparnos noy sino del' concurso I8e!fós memorias ""'•"i ••- • manuscritas. ' •• > no ')ijp cj / .'>-jo:,.;-> ..: ■, H;j El pensamiento déla soqedadha si^^poderosamente^co muni^vfojijh^, t $gitft4p9 á/gr^deji ¡ djalacia? pe^sa mjLen^es becho,senfir:,m l&Eurgpa en^rfri , Se^enta^ uiiaf mejap- rias comprueban esta refracción de un sentimiento casi imtemsv.b% i» x ««¡la i» eoinMo^-b *s otou^ü «i «a La Alemania, la Italia,,- la, Sm'¡sa,; ¡Ginebra; han ,qnyjadp notables trabajos» dignas regresentaqion.es de' estqs pueblos diversos en este pacífico congreso de humanidad. La socie- > ¿ dad ha distinguid© «obre? tpd».idflf^majpprias,J(italiana¿fl,da Jas que ¡una es un ¡hcwwrtage.qufc el hijo del célebre Fabrpijii de FlorencU^|iiwtot4ftA!»^mgfii|!W}^a;4<)[t.sBI B*T -dftew> Ha dist¡nguid#/tambÍ^Mn%i^^pr¡^ cesa del séfictfd^qtqr^Qhw^^^ SgjgfiP" ncede un* jnedajlade pteta .4 P^ffle^cp^ft^if^i?1^- canlas mas santa s,san.cione>jde, la religiOBseftfi^yojfd^jfdB1" bmfál foAmhl eb «osbiqtni. 9 oiniooloai or,va3 9Íj ^La.fio^UioníAadmdijdft feft,Ws?Ota.fflemprjas(en, jfcrgs. ea- tegorías. Las unas en número de cuaren$a,z«asLtpo^;S£- ímperti radas, y .esto ha obligado con sentimiento i desecharlas, aunq♦ili oi> •/ ufii'hjLiu «risa ue foBRljiiíaio pagando a sus autores el'¡b.juiu e«l upft.iaio tributo«trioia de re- conocimiento y aun de admiracipn que les es debido. "X'Ilfl! O/IJtJ ,\ OÍAUÍJÍl J3I I-A .(iSlJSI^^iiKi Uüid 2-JJ oijp olilsa • ,Las pír^s veinte miesaprjasjse han disputaap|mucnc;tíem- II I-- concurrentes, ; 1-- Jlas cuanípsjspn lo? -1" — Í--J- diez^por ha eliminado ií— -1- ía _ (; ¡gL** ^ftJWmpria^juzgadíSrdignas, eje lani,eda]l$d%Í?r/?P~ ie ¿fe ^fcÁTRÍBtJNA ViSi'étiÁ dé; ñoúdáinviUe (Oíse); en nombre de Afra :téti¿ gión que ha enseñado la inmortalidad del alma y él perdón', se levanta contri una pena que, según su enérgica espre*- sion, predica el materialismo. En la número 24 descubrimos el alma y el góníodé titía muger, Mad. Eugenia Niboyet ' " ">-'-■ k ""El señor Morel¿ pastor de Corgemont en Suiza, autor de lá memoria número 18, sa dirige sobre todo al sentimiento francés, y parece en nombre de tantas gloriosas iniciativas - tomadas por nuestra naeion, exigirnos la santa iniciativa de la abolición de lá muerte en nuestras leyes. '::¡ óoh nh mterés que hó puédé alterar algunas imperfec- 'ciones de dicción, se encuentra un gran desarrollo de lógica y de hechos en la número 14, cuyo autor es nn ingeniero ' ¿fe ^ueíúWy calzadas, el señor Mordret. •: • e«n> • ¡-: n/ja Severo raciocinio é impulsos de la mas alta moralidad distinguen la número 57, obra del señor Laurent, maire de "Saverdnn (Ariége). " ''"las cuatro memorias uúmeros 7, 59, 10 y 17 han obte nido la medalla de plata., If» comisión no ha clasificado eji- , tas cuatro memorias entre sí; se ha limitado, á coronarlas en común, y como de un méritp casi igual, distinguiendo-sója- mente una de otra por las cualidades de pensamiento y de estilo que les son especiales. Así la número 7, cuyo autor es él señor Poupot, profesor de Sorréze, por la energía y la " profundidad de sus toques; lá número 59, por la. emoción y1 el contagio del sentimiento, emoción que revelaba el co razón de una muger en las convicciones del escritor; [ésta ' muger es Mad. Isabel Celmart, de Clermont en Áüvérriiá); " lá número 10 por la economía del plan, la completa espo- f' &cion de las pruebas, de las inducciones, de los dócunteh- DE LAÉA&TINE. 37 ios (el auítbf és el §r.' 'Doublét de Boistliibaut, abogado de Chartres); la htíinéró Í7, cuyo1 autor és el Sr. Cíiron'de Busaringues por el briílo y el calor'de la espresion. (i j ' x Tales son, señores, las remuneraciones bien insuficientes que la sociedad concede á aquellos de los concurrentes que han comprendido mejor la letra y el espíritu de su progra ma; algunas medallas dadas por hombres de celo á hombres de bien. Pero la sociedad de la Moral'Cristiana no se disimu- la que él valor de estos premios, qué es nada ante los hom bres, acaso será grande un dia ante la humiánidad y ante Dios. No es lá esperanza de una remuneración' en oro ó en gloria la que inspira tates escritos., Estos pensamientos viven y se retribuyen por sí mismos: tjjles obras son accio nes mas bien que libros. A los actos mas heroicos, á los rasgos mas sublimes, fa sociedad no tienei fía, Bfcipoa «tt-.imm róremios que dar. .v<;-utfyt>«< 47 «r Se ya contenta - ,. ■ con seña :¡n larlos coa una marca de distinción sin valor y que tiene menos por objeto. pagar la virtud en el que la ha practicadoj que inspirarla á: los demás con el ejemplo. Y si una sim ple meájajl¡a..de £pbre basta para recompensar al valeroso piloto que s^l va vna vida con riesgo de la suya, si esta me dalla. pasa después de él, como un título de virtud á sus hi jos, ¿qué precio no tendrán ¿' nuestros ojos, señores, estas me- dajlas concedidas á escritores, á filósofos, á ministros del .¡Evangelio, á mugeres cuyos esfuerzos hay oscuros, con currirán sin embargo á salvar no una vida, sino millares d.e vidas ; humanas? fistas medallas, señores, pasarán de generación en generación en las familias de los que las re- ciben; señalarán á descendientes mas felices el santo pen— —Mi w riiiij/'t x.ívj.. '.; nt •*•'» /-. .1 .. .■••i.. .•• :• o .. - (1)- Se ve que no se concedió medalla de oro. ra Jt.ll y de.noiwnw» la moralización de los19hombres.. «I «i> *'i*r> y «vnrtíf • ■ - • /. • i. .<. Je elices síntomas nos presagian el término % Mfe^?^^ Kp^íM^f1 .^.pp^a- ^^en.lps^e^ajnjentqs^de JaiJPr^y^encja. .Pues bien; en - jl^npsqtjrp^^ ji^er^a^a^d^P:, flftH.gpo^.W m.edio siglo. ^spere.mjps^nQ h* t glabra de Montesquieu no sea vana y que la espiritualización de nuestras costumbres vaya mos- trandose proporcionalmente en nuestrás l^yeB. No na de pendido de uno de nuestros mas dignos amigos» el Sr. de ,Tracy, uno de esos corazones en qué se reasumen todos los buenos instintos de una época, que la pena de muerte por motivos políticos no haya sido borrada de nuestros códigos por Ja mano paipítanfe aún de la revolución de Juííó, y que tas pasiones populares desechasen una arma de pena lidad con que se destrozan hace tantos siglos. Este pen samiento no duerme ni en bu corazón ni en el nuestro. ¿Muere alguna vez en Francia un gran pensamiento? Dichoso el dia en quela legislación consagre por fin en sus códigos estas santas inspiraciones de la caridad social. Dichoso él dia en qué Vea desaparecer ante la luz divina los dos grandes escándalos de la razón en el siglo XIX; la esclavitud y la pena |de muerte. Dichoso el dia en que la sociedad humana pueda decir á Dios, al restituir todas sus generaciones: "Devolvemos intactas á la naturaleza todas " las vidas que nos ha confiado. Contad, Señor, no falta ni una sola. Si el crimen ha derramado todavía algunas go tas de sangre sóbrela tierra, na la hemosi lavado con'¡otra DE LAMARTINE. 39 sangre; la hemos borrado con nuestro llanto. Hemos de vuelto su inocencia a la ley." La sociedad es también una religión; pero su altar no es un cadalso. Recibe al hombre de la naturaleza para trasformar y santificar á la humani dad, y en lugar del crimen y de la muerte manda á los piés del Juez Supremo el arrepentimiento y la reparación. El Evangelio es á la vez su inspiración y su modelo, y la le gislación no será completa hasta que cada una de las leyes humanas sea la traducción y el reflejo de una de las leyes de Dios. Al génio del legislador toca descubrirlas, su vir tud consiste en escribirlas, y nuestro único y modesto ho nor, señores, será haberlo inspirado con nuestros esfuerzos y precedídolo con nuestros deseos. ~ '. ■• ■>■; «I; .1 • T •>:' '< *"■.- -v? r.oí::Of! *! ?T$tm- ' *«,.:• •\< j:I í. / :"í •• .» '» ' 't.T '. ' : •' • ■ '■ . .■ ■> ::• ■. •>*. <••■ 't ; . ■ 'i- I " i- (•■.:■ ¡iKí'-.-IS '.i .;i of> rv ■ j .-i'...-: "f ' -.i ri „ -ic •«! tb.-.'i ■.■ r-i : , ■ .. r::i b ,v:,;-:;. s-i leb -V • ■ •; .<•* \ .. v. . '¡' .:í- ,-.í . A- j'-fíO'j =; <>rt f-'<">i' ''"ijj fr. •'_[-••'•" j. ■■! . •'' 'i •:<: ".ni-fil i ! ¡- :' t> ■/ ■ •. ■ Vi • • : fi v «,- híJhs¿o no o}»i'ii'--- Luí ?: '"i •■ • -* -.:> > :* <''.o >'■■! íujb» r o'■•'.■"! mi ¿198 ,«»•;• ño : ;)ic¡ ^ .;. •••< ■• :- : fe. . sm • i » 'fi * «i ■ ;■ «* r% ,•* «•«.* * •• j **/• ,? *• v ■. ■ ¡ib £ 'i i ■j : i \ n-\ : i AV.-jíilSVF AJ - . . ■_• h)> '«i ■.'•> K-V;.; j:1 f'j !t;r:-v- - ¡■oi-)i!''::;¡ - ■ ' ■■:] ¡:¡ :n •<¡i:((!";'! '.til Y (\>\ - ! .Míiui l v •>■> r. (r.r; -b ;nv ?¡:.-. vJ) ?.'•«> f¡;¡' ¡ : ■Tt-.r-ov j • ■<•,:;>•" 1 ''-í) íírJ ••! '-0.'") i¡3 '¡k :.: .'i «•:•. -;4 le . ' ••/••»> 'loo .. - q ■■"uo:"' ••¡.*!»c- ; 'j.niista.'j :r !'¡ .,í»o ís:.ti ^lüi^anrjqí'j íiii ,•>-;.!. !'<■:. »,! < :£r;::, [, ;i ABOLIWJ :,,>^ ''i,H • ' ijj'-, . ) !'¡¡i> (■•_) ft''i:uiíB';o V' J¡ 18 - ) ••>< <.: -ira !'ib ¿«i.iíK.* :=! i;!.-eí ,1 ¡;' -.;/!••' ¡i l! '•• * ;:J¡t.ÍkI DE LA ' a , P".:(':.-.;r>i ,-., ') sL oiim f^íii oíi'ü ;:'-s ,(¡!)¡ ií:'ít}( ■';!•;] u« ñ íibtj mADEMüERTi-: '. . < •>. ! ••' /ti ,r>v !jsí poks ec-iioum t-;. j; ;,u;?:;'j!í Js >'.: u- vi' jv.i'í »V> Mi >'. ai • •» -w í» < ¡j ir- " "i- ><-:a "."p «.'..-!■ ' ¡'-rt p,:; o ?i '■' •» . . S •'• -.vníiiB ■■ iiüv ,»or«ij';t)bij")(T poí DISCURSO PRONUNCIADO El» LA SESION DE 18' SE MARZO DE 1838; " • '■ • p i;, rl ;■- ;¡;:i ¡ r.-, • ^ *:•> <. -.'i =:-:n.,;-,:s-:.(' . SEROKEÍt !• • :n ; '• :>.n . i • .-i >•;' .■ »u.Tf« i»! -l La profunda diferencia que existe entre el honorablé orador que me ha precedido y yo, consiste sobre todo én esto: el honorable préópinante quiere conservar la peña de muerte en nuestras leyes, precisamente como señal, cómo intimidación; y hacer de ella el menos uso posible en su ter rible aplicación; y no ¿otros al contrario, por un sentimiento, por un deseo idéntico queremos como él preservar á la'éo^ ' ciedad por medio de otra clase dé intimidación y de ejem- 42 LA TRIBUNA pío. Creemos, y espero demostrarlo brevemente, que la abolición sistemática de la pena de muerte en nuestras le yes seria una intimidación y un ejemplo mas poderoso con" tra el crimen, que esas gotas de sangre derramadas de vez en cuando tan estérilmente [vosotros mismos lo reconocéis] delante del pueblo como para conservarle el gusto á la san gre. (Sensación). Jamás, lo confieso, he esperimentado mas emoción al su bir á esta tribuna m ^fem^ra^ debe emprenderlo, porque si hay ocasiones en qüe el legislador quisiera dar á sus pa labras toda la gravedad, toda la santidad del asunto some tido á su deliberación, seguramente una de esas ocasiones es esta, en que tiene entre sus ma/ios la yida ó la muerte de susj[emejan|eg, y en^qgp el yoto que va á pronunciar llegará a ser durante muchos años tal vez, la sentencia en boca del juez y la cuchilla en manos del verdugo. {Pro- hnqada sensación), . . Pues bien; en este casó nos en6bn1raiilÓ8v'Hoy, y las sim patías ó las repulsas que mostremos en pro ó en contra de los peticionarios, van á animar ó á desalentar los sentimien tos del gran número.' de hombres: que has cubierto estas peticiones con diez y ocho mil firmas; firmas que no han sido arrancadas por la violencia, ni mendigadas, como acá- • ba de decirse, sino que han sido puestas én esas páginas con el respeto,que se; emplea en un acto religioso. \_Muy bien.] Paso ái las jobjeciones presentadas tanto, por el orador de la comisión,, como pof.elj honorable señor Barés. Y ante todo suplico á la cámara sea bastante justa para no atribuirme ni ¿ mi ni á la mayor parte de los principios que sostengo, la opinión aventurada, y aun lo diré, profun- damante culoable. tan i ustamente rechazada v condenada DE LAMARTINE. 4S por la colisión y pee él honorable preopinante. El señor de la Rpchefoucauld lo decia hace un instante; en nada so mos responsables de los términos en que se han espresado tiesos peticionarios. Era menester separar lo que hay de temerario en la manera con que han espresado un buen deseo, de lo que, hay de moderado, de práctico, de profun damente religioso en lqa dgmáa, Hó aqní lo que voy á procurar. („ . „^„ . ,,. , ;...„... „... . i Algunas de esta* peticiones parecen querer renovar las doctrinas inmorales del fatalismo con que envició y el cri men suelen defenderse del remordimiento y de la pena, y atribuir á las imperfecciones de íá sociedad los desórdenes y los aten tados que la manchan. (Tht'el centro: si. si!) Pues, señores, nosotros somos los primeros en protestar contra tan culpables espresiones. Seria demasiado cómodo para los mal vados( dejar á la sociedad la responsabilidad de sus crímenes, y decir: > (iYo habría sido virtuoso, honrado, si la sociedad de mi tiempo hubiera estado mejor constituida." No 39J0.es ej. estado de, Ja wcied#d,uS¿no la libertad moral M'ÍW$>F& ¡ ..IP-tflíW (RPWtifcByM , («rime». Hay sin duda reaqqioftj ófl, ja sociedad. i8pbre,;el individuo*, y del individuo sobre Ja sociedad, pero...,la8¡img(írfeccionesidBila. una no es- cusan, los £r%ene£ del ©tro; y bajer sociedade&mas-yiciosas, mas) corrompidas,, que la auestxa,rss donde el crimen y la virtud han merecido, sus nombresl'i(Ftca;«pro6acion en to dos los,bancos.) n\ a m,~i . a*¿ai wjj uvi - na : *.*..! >t to.v:,: ' Acaba tambieh de sóstenéríe que la sociedad no tenia derecho de vida y de muerte sobre sus miembros. Seño res, tal no. es nuestra opinión. La sociedad» siendo nece saria, ha recibido evidentemente de su Autorj todos los de rechos neceeai;wa;A su. coíJBervacion; y si en los primeros 44 .aUff.TRIBTOíJM tiempos, en. su imperfección, en su desnudez de medios re presivos, creyó no poder 'defenderse ó defender á sus miem bros sin la 4>eña de muerte, en verdad pudo aplicarla legal- ■tíieiite: eutwucesf pudo matar en conciencia. \_Rumores en la izquierda,.].'.< • v- ' • ::«•.' ¡'O") Perofno es esta la cuestión. En el punto de civilización & qué hemos i legado ¿es necesaria 6 la sociedad la pena de muerte? y por consiguiente, ¿la pena de muerte es legítima r4qdavía? .l^é. aqu.í la cuestión, la única que propongo, la jípica, que ctmvjeiie,. examinar; ' y: si i» proponemos, esto es .ya una prueba de .qua;liay,.dudafc en muchos espiritual. Y ,desde el, momento,^ ¡tn. que hay duda ¿no dele abstenerse el legislador?' ^ojrque^cQmjo , decia j o hace dos años en una peasion- solemne ¿qu¿ esaina duda que no puede resolverse, sino después de que uña cabeza haya rodado en el cadalso? ¿Qué es una duda de lasque está suspensa la hacha del eje cutor? Si no es un crimen, esta/muy : cerca de ser un re- 'moru; i;-...- ■ Nosotros no ;nds hacemos una humanidad quimérica que obedece á la ley. sólo porque es ley, y que no necesita ni de coacción para el bien, ni de intimidación, ni de penali DE LAMARTINE. dad para el mal. Nosotros también queremos una sanción á la ley; pero decirnos, y la historia nos sírvé de testimonio, y la trasformacion, la moderación y lá supresión de tas penas lo prueban; decimos, que hay para la 'ley doá espa cies de sane-ion, de naturaleza diferente, ry ¿pió á medíifa que el género humano se civiliza, que las legislaciones 'se perfeccionan, la sociedad se defiende^hlás pbr iihá ú dtra'd'e estas sanciones penales. Me esplícaré.'"háy;,\iná saWéioh materia), brutal, inflictiva'/ sangrienta; 'qáíéVjlla'rliais! lá! ley del tal ion, que castiga át hombre 'e,ri"si¿ crlmerij q'uéMb lí?eí- re porque él ha herido, que arroja uri1 Cadáver sobré oiifo cadáver,' que lava 'la sangre cÓtf-*í¿B s'áñgf'é. 0,tesfe» 'ii'fi • cion conduce a la pena je muerW, fq^ié'flí^ól ntt sé erie'ffe allí, va hasta ésos suplicios," 'ésos^tdfmeb'fos, iésás rttttértJes multiplicadas por las mutÍl¿ci¿hiésI'Jqu,é 'micenf morit cíéín ' veces al culpable ó al seirVéen'cia'dtt^ y 'qtítr seria'' menester estrafiar y 'restablecer,' si ttcép'taíHtéfrtaiente las consecuen cias de 'vuestro' 'principio áé mtimidácicft por medro de la muerte/ 'uu Uj'lX! v-'"n m^ '•"» W¡1 • W« hlí «''»'l:p fh Pero hay una sanción nueva, íJuria sándb^'tótíi^l; tfiTla sanción no carria!/ ho mortal, no sangrienta™ 'pWo !tall! jpid- derosá, mU:'féíés'inásl|pó^éto*s*^^ la sociedad sustftüyé gradntíffeittte 4 la <^;if:mó^íáá(íií6e la sociedad sé1 espfritfttfH*"^.'i»!iaatei^áki;-''':'EBta'i¿<ííiéiéte en la impotencia éh1 que sé poné'ál éíiniinal de reincidir, en la'corrección rjtie áé;:la,a'plicayJértÍá;tóleádd qae Id obli ga 4 reflexionar;' : en éFírabajo "q"lié' dáftttf BüB'pasionés^én Ja instrucción '^re ftóstraVeft lá' religwm t^ue «amtftaei 88- corazon, por" fifi, en el conjrihttfYlé'e'sá» tóediaká^defenífvas y correctivas que preservan á la sociedad y mejóran al cri minal: entre estos dos sistemas media todo el espacio qtíe se ha recorrido desde la hoguera y el tormento hasta el ¡4« .pvktmBSFéü •"ffíflfflí Í^MfVS'flBfe • Pues bien, debimos que habeia social, ,que ^ebeis ^lar el último paso y suprimir la pena de muerte que ya, casi no aplicáis. Desde el momento en que reconocéis el principio de la regeneración moral del hom bre (y lo vais á poner en práctica con la organización del sistema penitenciario) la pena de muerte es una inconse cuencia y una impiedad! Teméis todavía por la spciedadj; afirmáis qne aun nece sita de la pena de niuerte y que nuestro sistema seria in- flufícienlie. Podríamos desde luego contestaros: "Nuestro sistema no es un ensayo. EU sido intentado en nuestros pueblos, en varias épocas, sobre todo en aquellas en que habiendo el cristianismo penetrado en las costumbres, ha bía derramado en todas partes la mansedumbre y su divino espíritu de caridad. Bajo Constantino, durante medio si gilo, bajo Jos emperadores cristianps, en Rusia, en Toscana y donde quiera hp producido los mas felices efectos, y don de quiera ha suavizado las costumbres y disminuido los crímenes á tal, punto, que en Toscana poblaciones de cua renta mil almas, bajo el mismo sol, con ias mismas pasio nes, con las mismas razas, las mismas costumbres que las ppbJ.aciqnejS de Jos Estados Romanos tan feroces, dos esbir ros ó dos gendarmes bastan para la policía de represión." Pero, os re^ponderémos sobre todo con la revista de to das las fuerzas defensivas de que está provista la sociedad en su estado actual contra las agresiones del crimen. ¡Q,uél no tenéis .vuestra organización misma, vuestros gobernan te^, vuestra fuerza armada, vuestra policía, vuestros gen darmes, vuestros trib^n^lps, vuestros procedimientos de .oficio, vuestras cárceles, vuestras diputaciones, vuestps ' V $on¡ '^tjjf. bastjantes defensas materiales? Y en punto á defensa moral ¿os creéis mas desarmados? iLa conciencia, la religión segunda conciencia, y cuyo códi go castiga el crimen con penas eternas? La instrucción mas difundida, la moralidad creciente? Por fin, la opinión pú blica que ha llegado á ser una fuerza verdadera, la mas eficaz acaso de todas las fuerzas sociales, y que por medio de la publicidad pregona el nombre y el crimen, multiplica el oprobio y la reprobación y es el mas inevitable de todos los suplicios? Con todos estos medios de preservación, os lo aseguro, la vida humana'está tan garantida como puede estarlo, y que la pena de muerte nada añade á la seguri dad de los ciudadanos. - Pero voy mas lejos, y sostengo que la pena de muerte, por una parte no reprime ni previene el crimen, y por otra aumenta los peligros de la sociedad, manteniendo la fero cidad de las costumbres. ' ■ ' , • jp ' ' Examinad la situación de ánimo del criminal pronto & cometer un homicidio. Su crimen, lo he dicho ya, no tie ne mas que dos motivos: una pasión violenta ó un interés avaro. Si es una pasión, el criminal está ya delirante, lo co, y' para él desaparece el temo^ d| la pena; satisface su pasión á toda costa; no retrocedg ante la muerte, al con trario .... (Interrupciones, mmoret^^ > % ,* M. Mekmilliod.—Eso es el fatalismo!. ■ -' i M. De Lamartine.— Oiga decir á uno. de mia colegas que esto es el fatalismo. Pero, señores, ¿noi he sido yo quien acaba de protestar contra esta imputación,, condenando esas doctrinas de impulso irresistible, al crímen^O; que los de lincuentes se defienden de su conciea<á%y, el pensa miento del crimen, sino del culpable, ya culpable en la jier petracion de su acto, y digo que la naturaleza humana es de. tal mpdp,que á .menudo la idea de jugar la pasión por la vida, la idea de la muerte es una especie de feroz esci tante, para el crimen, y que él mismo se justifica de su per versidad, diciéndose: "Arriesgo mi vida contra la de otro." Y si- es un interés, como el criminal pesa á sangre fria au delitoy la pena, si persevera en el crimen, es evidentemen - te porque la pena de. muerte lejana, incierta, dudosa, np obra en su ánimo. En ambos casos la intimidación e3 nula. , Creedlo, señores, la intimidación por medio de la pena de muerte tifene alguna eficacia en un corto, número de casos; -pero esta intimidación es muy débil en una época en que debilitadas las convicciones religiosas no dejan ver en ja muerte mas que un segundo de dolor que apenas se siente, ;,sjn consecuencias mas allá de la tumba; en un tiempo en „qye el suicidio, la muerte escogida, la muerte voluntaria se multiplica de t¡¡tl modo, que el hombre juega con su vi da como con una cosa vil; en un tiempo en que den ama.su sangre como agua,, en que inventa todos los dias medios Quices y rápidos para dejar la vida como se deja un supli cio. Creed me, creed eja los hechos; en tales tiempos no hay que enseñar á temer la muerte, sino á respetar la vida! fíenos habla también de espiacion. Señores, una pala bra acerca de la espiaeion. ¿Es ante Dios, ó ante los hom bres donde la justicia penal es una expiación? Si es ante Dios, os comprendo: sí, ante el Ser infalible, el solo que puede proporcionar la pena al delito, hay, debe haber es piaeion; pero ante los hombres la justicia penal no puede tener por mira mas que uno de estos tres objetos; indem nizar á la víctima* .corregir al culpable, preservar á la so DE LAMARTINE. 49 ciedad. No podéis indemnizar á la víctima con la pena de muerte; toda la sangre que derraméis no restituirá una go ta de la que haya sido derramada. Con la pena de muerte no podéis corregir al calpable, pnesto que lo matáis. Pre servad á la sociedad! acabo de demostraros que 1» pena de muerte no obra casi en ocho casos de cada diez, y que la sociedad está provista de fuerzas suficientes para sn preser vación. Pero digo mas: digo que la abolición de la pena de muer te, será la preservación mas eficaz que podáis procurar á la sociedad contra el homicidio. Sí, digo que algunas gotas de sangre derramadas de vez en cuando á las ojos del pue blo, como para que conserve el gusto de la sangre, serán menos eficaces que esta proclamación social de la inviola bilidad de la vida del hombre, que haréis á la faz del mun do, aboliendo el cadalso. Al dogma de esta abolición, vuestro ejemplo dará una autoridad omnipotente. "¿Qué es, pues, se dirá al perverso, qué es esta vida del hombre ante la que se detiene la sociedad entera? ¿Será sagrada la sangre del hombre, puesto que la sociedad, que tiene el poder de derramarla en espiacion, se abstiene de verter una gota aún del que ha dado la muerte?*' , Sin duda, tendríais todavía crímenes, pero serian mas infames, mas deshonro sos, mas raros; y la penalidad correctiva y penitenciaria, mejor aplicada porque seria mas suave, no daria esos es cándalos de impunidad que sirven para alentar al crimen. Yo no os pido la abolición, sino el dia en que tengáis el sistema penitenciario que vais á discutir. Un sistema pe nitenciario es el preámbulo indispensable de la ley sobre abolición de la pena de muerte. No vacilemos mas, señores, rindámonos á estos síntomas 8 80 LA TRIBUIA ^ evidentes de la opinión pública, á estas peticiones firmadas con un sentimiento religioso, á este horror del pueblo hácia el cadalso, que lo hace retroceder de año en año de las pla zas públicas á los arrabales mas apartados; á esos escrúpu los de los jurados que niegan á la ley sentencias capitales porque se las prohibe su conciencia. No aguardéis que el crimen cese enteramente; á vosotros toca empezar. ¿Se mirarán eternamente la sociedad y el criminal para saber quién cesará primero de derramar sangre? Comenzad, y no temáis los peligros con que se trata de asustaros. No, la clave de la bóveda social no es, la muerte! la clavé de la bóveda de la sociedad es la moralidad de sus leyes! Hubo aqui un heimoso movimiento en 1830, aquel dia en que uno de nuestros dignos colegas cuya voz nos falta hoy, y cuya ausencia de la cámara es un reproche para el país, el señor de Tracy, os pidió que proclamarais la aboli ción de la pena de muerte al otro dia de vuestra victoria: esto hubiera sido una fecha memorable, una fecha gloriosa de vuestra constitución. Aquel momento era propicio; en las grandes emociones es cuando el hombre se siente mas generoso, porque es mas hombre: entonces podia habérseos arrancado un voto magnánimo, y escaparse en un arran que de entusiasmo, de la unanimidad de vuestros corazo nes. Pero os contuvisteis, y esto fué una desgracia para la humanidad! ¡Ojalá y esa desdicha haya sido para glo ria de la cámara de 1838 y le deje el honor de esta aboli ción! Habéis hecho grandes cosas en siete años, aunque siempre se calumnia lo presente. La supresión de los juegos y de las loterías, la ley sobre los dementes, la admisión de las circunstancias atenuantes, las caritativas leyes sobre la enseñanza gratuita, probarán á la posteridad, que habéis comprendido que las leyes hu DE LAMARTINE. 51 manas debían ser versiones de las leyes divinas. No! esta época no ba sido estéril. Pero ¿queréis marcarla con un sello imborrable? ¿queréis hacer época en los siglos, aso ciando vuestros nombres á una de esas grandes resolucio nes morales en que los tiempos venideros fijen los ojos para bendecir á sus autores? Seguid el instinto de vuestras al mas, creed que el sentimiento que inspira estas peticiones es mas infalible que la rutina y la lógica que las rechazan; y mandadlas al consejo de ministros pidiéndole que os trai ga como primer articulo de la ley sobre el régimen peniten ciario, la abolición de la pena de muerte. (En la izquier da: Muy bien! muy bien1) muí de u mural tram PRESIDENCIA 1 1, iil H i —-— . SOBRE LA ABOLICION DE LA PENA DE MUERTE. DISCURSO PRONUNCIADO EN LAS CASAS CONSISTORIALES DE PA ris el 17 de abril de 1837. SeSobes: Continuáis vuestra obra, solicitando todas las fuerzas de la inteligencia y de la conciencia de vuestra época á que concurran con vosotros á la abolición de la pena de muer te, En todos los puntos del mundo pensador, hay quienes se asocien á vuestros piadosos deseos; todos se unen á vues tros votos, se dirigen esposiciones á las cámaras legislativas y plegarias al cielo por esta rehabilitación de nuestros có digos en que tanto mas se leerá la santidad de la justicia, 64 LA TRIBUNA cuanto mas se borre de ellos la sangre. Pero mientras tantas voces os responden: "Sí," otras muchas concienzu das, convencidas también os gritan: "No, vuestra empresa es una blasfemia contra Dios, un atentado contra la socie dad." Desde el dia en que en este mismo recinto, premiasteis las numerosas memorias que vuestro concurso europeo ha bía hecho nacer, y de las que algunas os conmovieron de tal modo, que si hubiérais sido una asamblea de legislado res, la pena de muerte habria sido abolida como debe serlo, en un generoso movimiento de magnanimidad y de entu siasmo; desde aquel dia, y como por un último esfuerzo, solo los adversarios de la abolición de la pena de muerte han tenido la palabra. Y digámoslo con sentimiento/ la prensa periódica, esa prensa que debiera llevar siempre delante de la legislación las ideas y los sentimientos, como el niño corre delante del arquero para ponerle el blanco y aguardarlo, esta prensa, por esta sola vez demasiado lenta y demasiado tímida, no ha registrado contra nosotros sino las objeciones de la duda ó la murmuración de la sociedad alarmada. Entre esas murmuraciones, entre esas objecio nes, hay algunas que es menester desdeñar, porque no son mas que el eco del miedo ó de la superstición de lo pasado. Pero hay otras que por la sinceridad de su duda, por la elevación de sus motivos, por la dignidad de su espresion, merecen de nuestra parte una séria atención, y una res puesta llena de mesura y de respeto. De este número son las del joven y sábio procurador general, él'Sr. Helio, que nos ha combatido como magistrado y como escritor. Entre tales adversarios y nosotros, señores, no habrá jamás otro disentimiento que el que existe entre un error y una ver dad. Y todavía este error y esta verdad se tocan, porque DE LAMARTINE. 55 el error en tales hombres es tan santo en sus motivos, y tan humano en sus deseos como la verdad. Permitidme, pues, discutir un momento contra un adversario, a quien convencer seria una fortuna para nosotros, y cuya alma y cuyo corazón están ya de nuestro lado. No me ocuparé sino de las dos ó tres objeciones principales que nos ha opuesto, y son las que guarda la opinión pública comot tima armadura para resistir al arranque que la impulsa pedir con nosotros la abolición de las leyes de sangre. En primer lugar, señores, ¿de qué se nos acusa? De querer destruir la justicia! La justicia! ¿Es acaso posible que nosotros la destruyamos? ¿Somos nosotros los que la hemos hecho? ¿Son nuestras leyes las que la han escrito? ¿hay álguien que pueda decirnos quién ha inventado la justicia? ¿Podemos acaso retroceder bastante en los fastos de la humanidad, para descubrir un dia en que la justicia no haya sido el grito- del oprimido, el remordimiento del malvado, el código imborrable escrito en el corazón, y del que todos los demás no han hecho mas que derivarse? Tranquilicémonos, pues, que no hemos de destruir la jus ticia. Ah! si algo pudiera destruirla serian los juicios hu manos; pero suprimid todas las penas, ella las reemplazará á todas; borrad todos los códigos, ella los suplirá á todos. No necesita códigos, es la ley viva é, inmortal; no necesita verdugos, es el vengador supremo, presente en todas par tes; no es dado al hombre prevalecer contra ella. ¿No han dicho todos los pueblos: "La justicia de Dios?" Pero según nuestros elocuentes adversarios ¿qué es la justicia penal? Es dicen, la espiacion. La espiacion, aña de el Sr. Helio, es la que constituye la legitimidad de la pena de muerte. Si así es como entienden nuestros adver #6 ' íl tólBtlíA saríos Ta penalidad, ya no nos admiramos de que de ellos ríos separe una cuestión de vida y de muerte, un verdugo, un patíbulo. Media entre ellos y nosotros un abismo de error y dé mata inteligencia. . Pido un momento de séria atención al auditorio, y cppr testo al Sr. Helio. ¿Decís que la justicia penal es la espiacion? Enhorabuena si queréis hablar de !Ia justicia en sus relaciones con Dios; siendo Dios la justicia suprema, el juez infalible, el aprecia dor sin error, el que pesa en balanzas rigurosamente justas, el que cuenta hasta el cabello caido de la cabeza pa ra pedir de él satisfacción y restituirlo, solo hácia él, ante él, y por él es espiacion la justicia; es decir, pide al culpa ble que se arrepienta, y repare en proporción esactaménta igual al crimen y al daño que ha cometido. En el orden religioso y sobrenatural la justicia es en efecto la espiacion y ese arrepentimiento que se niega á absolverse á sí mismo, esas penitencias, esas reclusiones, esas maceraciones volun tarias que en todas las religiones se aplica el culpable para volver á ser justo á los ojos de su juez invisible, no son si no la espresion instintiva de esta justificion por medio de la pena. Pero, ¿es lo mismo en el orden puramente social? en él también es sin duda la justicia una espiacion en el senti do en que la sociedad dice al culpable: "Sufrirás en público, en tu libertad, en tu espíritu, en tu carne, para qüe tu su frimiento sirva de ejemplo á tus hermanos y conserve entre los hombres el pensamiento visible de la remuneración á cada cual según sus obras, qué se llama peña en la tierra y justicia solo en el cielo." Pero no pudiendo ser esta espia cion del culpable hacia la víctima, sino ficticia y aproxima- tiva, puesto que én realidad no puede fépárar ni rndfcmríiz'ar, DE LAMARTINE. 67 de aquí se signe que es ilusoria y ao es ella la que princi palmente constituye la justicia penal. La justicia penal tiene tres objetos: indemnizar á la víctima, corregir al culpa ble y defender a la sociedad de las tentativas y de las rein cidencias del crimen. Tales son las tres condiciones constitutivas de una jus ticia penal digna de Dios, de la época y de los hombres. Indemnizar á la victima, en materia de homicidio, no se puede por medio de la pena de muerte: toda la sangre que se vierta no restituirá una gota de la que se ha derramado. Corregir al culpable, tampoco se puede si se le mata. La cuchilla que hiere el cuerpo no llega al alma; quitando al criminal la voz y el tiempo, se le arrebata la única proba bilidad de arrepentimiento y de regeneración moral conque pudiera borrar ante los hombres el mal que les ha hecho con su perversidad. Defender á la sociedad contra las tentativas ó las reinci dencias del crimen, hé aquí la única escusa para el mante nimiento de la pena de muerte. Toda la cuestión se reduce á saber si la sociedad la necesita para su defensa. Euta es la cuestión que examinamos el año anterior, y que resol vimos hasta la evidencia, demostando: que laaustitucion de la sanción penitenciaria á la sanción del cadalso, era tan efi caz y menos criminal que la sangre derramada por el ver dugo; que el dogma social de la inviolabilidad de la vida humana, consagrado por da ■legislación contra ella misma era la mas poderosa Sanción que la sociedad pudiera dar á la vida del hombre por medio del ejemplo, aumentando el horror á los crímenes con el religioso respeto á la sangre; y por último, que la sociedad instituida, armada, fortifi cada por la civilización, la religión, la enseñanza, las eos LA TRIBUNA /l tambres, las leyes, los tribunales, la policía judicial y ad ministrativa, las colonias penales, los presidios, los destier ros, las deportaciones, ta opinión, la publicidad, tenia tanto en medios morales, como en medios materiales, una fuerza mas que suficiente para repudiar hoy una pena que habia podido parecerle legítima mientras se le creyó necesaria, pero que llevóla á ser criminal desde el dia en que habia dudas sobre su indispensabilidad. Dijimos y ahora repetid mos: ¿Qué es una pena que el juez impone vacilando, cuyo ejecutor está condenado por la sociedad y que no debe lavar la sangre sino con mas sangre? ¿Qué es una duda de que está suspendida la hacha del verdugo y que no puede resol verse sino después de que una cabeza ha rodado en el ca dalso? Os recordamos aquellas pruebas y pasamos a otro orden de objeciones. "Queréis, se nos dice, constituir una justicia penal que no sea sangrienta, y olvidáis que todos los legisladores, todas las naciones, todas las épocas no han escrito la muerte en sus leyes, sino bajo la inspiración de ese instinto innato de justicia que se ha llamado la ley del talion: ojo por ojojdiente por diente, vida por vida." No sotros podríamos añadir: crimen por crimen! No señores, no lo olvidarémos; pero decimos que esa ley del talion que tomáis por una ley eterna y que las legisla ciones primitivas tomaron por revelación divina, no era mas que una ley de cólera, una ley de ignorancia, una ley de brutal instinto, la ley del brazo que se levanta y hiere por que otro ha herido. En la infancia de las instituciones hu manas ésta fué una especie de satisfacion legal concedida á la sed de venganza del hombre. La ley que nosotros pedi mos es la satisfacción á la humanidad y á la razón; y si nos decís que estas son bellas pero vanas palabras; que siendo el DÉ 'LAMARTINE. 59 talion el grito de la naturaleza no puede engañar al legisla dor, y que es menester conservarlo eternamente como ley penal, como lo habéis hecho hasta ahora, os responderémos que la obra del perfeccionamiento y de la espiritualización de las sociedades humanas no es sjno el triunfo de la raza contra el instinto, del espíritu contra la carne, de la man sedumbre contra la pasión, y que esa ley del talion, esa ley que hiere porque se ha herido, esa ley que hace el mal que se ha hecho, esa ley no es la justicia, sino la pasión brutal de la justicia, es decir, la venganza! ¿Queréis juzgar del árbol por sus frutos? La ley tiene sus consecuencias. Examinad su origen, tomadla en los primeros tiempos que estuvo en uso y juzgad. Se comete un asesinato. La ley antigua del talion lla ma al pariente mas inmediato de la víctima y le dice: "Mata al asesino." Hé aquí ya dos vidas de hombres perdidas por una vida; hé aquí la sangre que corre dos veces en lugar de una; hé aquí el espantoso y corruptor espectáculo de la muerte dada á sangre fria que permite la vista y perturba la conciencia del pueblo; hé aquí el dogma de la inviolabi lidad de la vida humana dos ¡yeces atacado, dos veces vio lado, en lugar de una, á los ojos de los hombres. Pero tras este asesinato legal quedan la familia, flos parientes, los amigos, los hijos acaso del primer asesino. Aunque este asesinato legal se comete en nombre de la justicia, conocen al hombre que ha pedido y obtenido la vida de su padre, conservan su venganza en el corazón, lo espian, lo matan, porque este es el talion de ellos. Se necesita otra vengan za y la ley la concede: hé aquí ya tres homicidios lanzados sobre un primer homicidio y de él derivados. ¿Hasta dón de concluirá esto/ No hay ninguna razón para que la muerte y la venganza de la muerte y la venganza de la ven m hA TRIBUNA ganza se detengan. Y de talion en talion, el ano legitimo y sancionado porjla^ay el otro ilegitimo y motivado por el odio y la venganza, el hombre matará al hombre que haya matado al hombre, y será matado por el hombre, que á su vez encon trará otro asesino y otro vengador hasta que el homicidio le gal ó ilegal se estienda indefinidamente en una espantosa muí " tiplioacian de cadáveres, en que cada crimen es la razón de otro asesinato, y cada asesinato eljpretesto de un nuevo cri men. Mirad áfesas nacionesjen que el talion pasó a las cos tumbres! Lo pregunto á esos glorificadores del talion: ¿ley se mejante puede ser una ley divina? ¿puede durar como ley so cial? En nuestro sistema, al contrario, ¿qué sucede? Se come te un crimen, se perpetra un asesinato; el culpable es apre hendido, es juzgado; la sociedad le inflige una pena que sa tisface á la moralidad publica sin conceder nada á la ven ganza individual, y que impide para siempre toda reinci dencia de parte del criminal. Se| tiene derecho sobre su vida, se la conserva magnánimamente, todo queda consu mado, todo se detiene. No sa siembra la muerte sobre la muerte, ni la sangre sobre la sangre, para eternizar la ven ganza; la sociedad no dice al hombre, como la ley brutal del talion: "Haz á los otros lo que te han hecho" le dice cómo el Legislador del perdón cuyo código iluminará al fin todos los códigos: "Devuelve bien por mal; has matado á tu hermanó; no pidas la sangre de su matador, perdónalo. La obra de la sociedad es protegerte; la tuya perdonar." Una vez mas, ¿cuál de estas dos leyes es la ley de Dios? ¿cual de estas dos leyes merece ser la ley de los hombres? Mil veces lo habéis declarado! Pero no es convicción lo que falta á la sociedad política; lo que le falta es valor. El mismo escritor nos lo con fiesa. "¿Queréis, nos dice, hacer un ensayo, de que no os DE LAMARTINE. .6JL desengañaréis sino rodeados de cadáveres y devorados por el remordimiento. Vais, á volver á abrir él abismo en qué la sociedad tiene encerrado el homicidio." ¡Ah! cuan fácil nos seria responder con justa pero san grienta ironía, á esas amenazas de espantosa responsabili dad, si abriendo con una mano el código de las penas y con la otra' los analés del crimen; probáramos por medio déos te espantoso paralelo qué la penalidad exhorbitante, el gé- nio infernal de los suplicios, el tormento, la hoguera, la pi cota, el caballete no han disminuido en uno solo el número de los asesinato»!' Mostradnos, pues, podríamos decir Já nuestra vez, á esos escritores que nos amagan con el peli gro de la humanidad, con la responsabilidad de la indulgen cia; mostradnos, pues, en qué testimonios os apoyáis para asumir la responsabilidad de la muerte. En cuanto á no sotros, os respondemos de dos maneras: con los hechos y con el raciocinio. Los hechos os prueban que el crimen contra las personas se multiplica tan poco, en razón de la intimidación decreciente y de la moderación de los supli cios;, que habéis abolido sucesivamente todos los suplicips, cien veces, A}»» aterradores que la muerte para la imagina ción de los criminales, sin que de esto haya resultado nin gún desbordamiento de homicidios, ningún aumento sensi ble en el número de los crímenes. La pena de muerte ,ha sido abolida muchas veces, durante muchos años, en pue blos mas nuevos y de costumbres menos dulces que Jas vuestras, y la cifra deja criminalidad ha bajado en vez^de subir durante esos raros jubileos de la humanidad, La fe liz Toseana, en contacto por su posición con poblaciones en que el asesinato tiene algo de endémico; el imperio in menso de Rusia, formado de poblaciones nuevas, diversas, bárbaras, han riato, á,. consecuencia déla abolición dq la 1 f\ pena ele muerte, casi abolirse taimbien el homicidio. jPjor firi, la pena de muerte jamás ha sido restablecida, después de estos felices y concluyentes onsayos, por la necesidad de reprimir el aumento del crimen., sino por pasiones políticas, ,¿ ppr el feroz...fanatismo de la rutina. Pruebas siniestras sin. duda d.e, algún valor para tranquilizar á la sociedad^á la que algunos dan por razoa su miedo; pero la lógica es todavía inas poderosa que los hechos.1 r, - Pues bien, no temo afirmar, después de un profundo exámen de la estadística moral del homicido, que de cada diez asesinatos cuyas causas analicéis, habrá ocho en que la intimidación por medio de la pena de muerte es comple tamente ineficaz como recurso de represión, es deckj en la perpetración de estos crímenes absolutamente no ha «nitra do en nada la consideración del riesgo que se corre al co meterlos, y por consiguiente la pena de muerte ha sido co mo si no existiera/ ■ ' ¿Cuáles son, en efecto, las causas principales del homi cidio? La cólera, la venganza, los celos, el ódio, la ambi ción, el fanatismo religioso, el fanatismo político, la codicia, y el temor de ser descubierto, que hace matar para sepuftár tin crimen en otro mayor. Tomad las sesiones de los tri bunales; asistid á los dramas reveladores de las cortes de assises; descomponed los elementos constitutivos de estos crímenes; desdoblad los pliegues del alma del criminal; pe netrad su pensamiento en el momento del acto, ó en el de la febril premeditación que lo precede; exigidle que os dé cuenta, que se la dé á sí mismo de la naturaleza y dé la fuerza del impulso que lo lanza al crimen; medid esta fuer za brutal, ciega, frenética, con la fuerza de resistencia que Ir intimidación de la muerte puede oponer al pensamiento- pénsámiéntó presente, absorvente, con súmante del crimen, y el pensamiento lejano, incierto, ina percibido del suplicio, ¡raerá la cólera? Pero el horror de 'ia'sangre embriaga, tocio pensamiento, turba todo cálculo; ^rd'lá ^libración física de los medios, subleva y allana to- JJÍÍÍ¿ ODsiacúlo; se hiere antes de saber que la pasión ha le- Tañfado y armado la mano. ¿Son los celos? Pero jos celos son dos pasiones en una: el amor y el odio, de tal suer te confundidos en una lucha horrible, que no se sabe si es 'el'ódio ó es el amor el que hiere, y que múltiplicaudose cada una de estas pasiones^ por la otra, producen una fuer- SM'ijue arrastra, tan poderosa, que él hombre aborrece lo qüe «dora, y adora lo que mata. Decid al insensato 'de " ' quien se apodera este 'doble frenesí, que hay pena de muér- '■' ' ■ té,Jy ¿qué le importa? ¿No se da él mismo mil muertes' al s' 1 ¿Érátíar 'á 'rá muger, sin qtrietl ; no quiere ni puede soportar - Íb' Vida? ■ ¿Será el odio? Pero ¿uáiidó llega á esa antipatía delirante y física por decirlo así ¿no se satisface á todá cbs- • ta? ¿Es la venganza' Pero Su primer ímpetu es 'dérjir: "Me inmolo á este horrible goce de inmolar á tai enemigo." ¿Es la ambición? Ve la impunidad asegurada en el triun- Lefo^y el mismo buen éxito de su crimen es su garantía cion- ' tetra la pena. ¿Es el fanatismo político? Mira su inmorta- ; ,!lidad en su suplicio y su falsa y atroz gloria en el cadalso. uf>SÍ*8 daria por envilecido si se le privara del patíbulo, ¡¿có mo lo ha de temer? Por fin ¿es el fanatismo religioso? Mi ra el cielo por recompensa, y su suplicio lo llama mártir: el premio que espera esinnmto, ¿como lo ha de comparar con ¡¿■: la. muerte [UeiíII que r.OJíí.' U*. se .; -Ji>¡:¡. sufre un segundo • • y■ le ha de V' abrir las , puertas de la eternidad? Veis, pues, que en ninguno, de aoi LA TRIBUNA estos crímenes, cuando las pasiones que los producen, llegan á ese delirio que es el mismo crimen, la pena de muerte no puede obrar, ni obra realmente como intimidación, repregi- va y específica, porque todas estas pasiones son mas fue^r tes que la muerte y no hay proporción entre la incitación al crimen y la pretendida intimidación del criminal, ,.yJJ>e antemano esta interrumpido el equilibrio entre la penalidad y la pasión: si no lo estuviera, la pasión no tendría la, fuer za del crimen, no seria la pasión misma, el crimen no^se consumaria! ¿■•: ! í .100 9t Quedan por examinar los crímenes comedidos pqr ,90$- cia. Pero la codicia no es por su naturaleza pasión^ mar cial y homicida. Las pasiones sociales tienen algo menos enérgicamente atroz que las pasiones de la naturaleza^ la cobardía, la bajeza, la astucia que las caracterizan, las ha cen engendrar mas vicios que crímenes; sin embargo, cierto número de crímenes contra las personas se derivan 4&1* codicia. Reconocemos que en estos casos la pena de muer te puede obrar muchas veces como intimidación; perójj#n estos mismos casos ¿no obra á veces como incitacion&es decir, ¿el criminal que ha llevado el robo y la violaciontlel domicilio hasta la violencia contra la persona, no da á me nudo la muerte precisamente para evitar toda posibilidad de testimonio y de constancias de su crimen? Esto está confirmado no solo por la naturaleza y el análisis de 'los crímenes, sino por la misma confesión de gran numeró de delincuentes. í: ¿Qué resulta de esta anatomía de las pasiones homicidas? Que la pena de muerte puede intimidar eficazmente en los casos de homicidios por codicia, aunque en estos mismos casos puede también impulsar á veces á la consumación DE LAMARTINE. 1 66 del asesinato; pero que en casi todos los otros caso» de ho micidios por pasiones no obra la intimidación, es decir, que en diez hipótesis de homicidio hay ocho en que la pena de muerte es como si no existiera, y dos en que el efecto de la pena de muerte es incierto,., Y por tan débil y dudoso resultado de intimidación o* obstináis en mantener una pena que derrama sangre como agua, que deprava la vista, que encamina la mano y el instinto del pueblo al homicidio, que le quita, en cuanto de vosotros depende, el instintivo horror que contra la muer te violenta le ha dado la naturaleza. Teméis el ensa yo, decís; pero no tenéis en nada como preservativo, como medio de moralización por la omnipotencia del ejem plo, el magnífico arranque del legislador de un gran pue blo que para consagrar socialmente el dogma de la inviola bilidad de la vida humana, rompiera la cuchilla, diciendo al pueblo: "Mirad, la sangre del hombre es tan sagrada, que nosotros que tendríamos el derecho y la fuerza de der ramarla en espiacion, nos prohibimos para siempre verter una sola gota, aunque sea del criminal! La vida del hom bre no pertenece á nadie; ni á vosotros ni á nosotros, ni al homicida, ni al juez del homicida; no pertenece mas que á Dios. ¡Maldición sobre el que atente á esa propiedad del solo Autor de la vida!" ¿Qué es, pues, se diria entonces el homicida, qué es esta vida del hombre ante la cual se de tiene la humanidad entera? - ,*. > Y sin embargo, señores, no nos hagamos ilusiones, ni aun en cuanto á los misteriosos resultados. El crimen no de saparecería de la tierra; pero seria mas cobarde y mas odio so. Aumentando el horror hacia el criminal, ¿no deshon oraríais mas el crimen? ¿no lo haríais mas raro? Al menos LA TRIBUNA la compasión hácia el culpable no vendría como ahora al pié del cadalsd, a atenuar la execración contra el delincuen te. El crimen no desaparecerá de la tierra, en tanto que el fuego dé las pasiones que el Criador ha encendido para fecundar la naturaleza humana se alimente de los elemen tos incendiarias que la sociedad arroja al corazón del hom bre: el crimen no desaparecerá de la tierra en tanto que la sociedad no sea perfecta; es decir, durará tanto como ella> Lejos de nosotros el papel fácil y vulgar de blasfemo» de la sociedad! lejos de nosotros el pensamiento de descargar en el orden social toda la responsabilidad de las maldades que lo afligen y lo deshonran. Si estos atrevidos destruc tores que tienen tan en *poco la obra de los siglos, y que quisieran sud vertir hasta la última piedra del edificio de las legislaciones humanas para reconstruirlo con sus pasiones ó con 8U3 ensueños quisieran arreglar sus cuentas con esta sociedad que calumnian; si se preguntara: "¿qué seriamos >in ella? ¿qué seriamos si no hubiéramos encontrado prepa radas por ella ni la paternidad, ni la familia, ni el Estado, ni las religiones, ni la propiedad, ni el trabajo, ni la heren cia^ ni las tradiciones, ni las costumbres, nielas leyes: ni Ja :enserianza?"su rebelión se cambiaría en respeto y sus invec tivas en reconocimiento. Sin embargo, lejos estamos tam- ' bien de disimularnos que los vicios, la ignorancia, el egois- -nio de la sociedad tienen gran parte en los crímenes que la manchan; que reformándose ella, no podría reformar «1 in dividuo, y que haciendo entrar por ejemplo, una, sola vir tud del cristianismo en sus legislaciones, la caridad^ supri miría cien veces mas crímenes que los que suprime el es panto del cadalso. . : .¿Por qué vacilamos tanto? ¿Por qué mientras que; la ráWérfej^fe'feléri* áfcblérftas ' veces al áñofbaj» te Restan* ^bú', 'W Mil6 «rao veinticinco'etí 1835? ¿por qué miéH^ tras' i^Wé ^'repugnancia popular rechaza de barrio en bae*¡ rtrj'1élf írístrumén'tó 'dél-cádalsx* que 'Ifiagantí plaiía qüietei yá*rcontenW''^ la 'muerte como tin dogma, él patíbulo ebmo uri ^{k^ el verdugd 'co» ixtd 4ííí*síÍBÍfiÍisfiftt5 dtf'ílflf: ^píftéijM publica? :¿Es la sociedad una divinidad' más implacable que aquellos dioses de safó gr9 á'lbk q^é!én;iót*5!tie^tí inmólábáÍB víctimas humanas) y;qbeiid 'ós^lks exigiertín desde el día en qué tuvisteis 'la audacia dé réhusáísela's? '•■■>- ¿"oa * '¿TorJqúe?y !'J¿&\ Jorque la ley penosa del trabajo éxistfe pira el espiritadlo mismo que para el cuerpo; porque lá sb- cíedad no se modifica sino á costa del sudor de su frente; falta & los pueblos la confianza generosa qué hace consu mar las. -tana grandesIiU¿b ffífgkm cosas,&r»aJtiíii1l3 porqué les falta la fe"' en el áusíiíg K.-g.í/usiiio;. dfe ha nauta esa providencia r .social que no les pediría mas que una .aoaaalujj aoiftsflfi ob oifqo-iíe:» E v/^V* •"<£. «»*vir— tud para que realizaran milagros; porque la verdad en to do, cuando quiere introducirse en el mundo halla siempre una mentira ó una preocupación establecida que le disputa su lugar debajo del sol; porque Galileo se vió obligado á pasar por el destierro y por los calabozos para demostrar una verdad astronómica que no parecia deber cambiar na da mas que en el firmamento, como el Cristo tuvo que pa sar por la tumba para quitar el politeísmo y la esclavitud de esta tierra á la que trajo á Dios y á la caridad! Esto nos dice, señores, que debemos trabajar sra desa liento y sin impaciencia en la santa obra que habéis em prendido, y en la que os siguen de corazón y os fortalecen tantas nobles simpatías. Hay en la tierra dos clases de ér- rores contra los que tienen que luchar las innovaciones; los LA TRIBUNA unos se encarnan en el mundo con intereses materiales, por decirlo asi; estos jamás ceden, los combates que se necesitan para vencerlos se llaman revoluciones, y las revoluciones rara vez se detienen en los límites de la justicia. Los otros do Bon mas que preocupaciones, supersticiones del pensa miento, y para disiparse no necesitan mas que el contacto de un rayo de luz y un soplo de la palabra del hombre. El error que combatimos es de esta clase. Si la pena de muerte se quita de la ley, el único que quedará desposeí do es el verdugo. La horrible propiedad del cadalso no será reclamada por nadie: será el campo de sangre dejado jpor el infame, que después nadie quiso comprar ni sembrar. Pío necesitaríamos para derribar la máquina de muerte que consterna la. tierra con su sombra, ni de la hacha, ni del martillo de las revolueiones; y si Dios que juzga nuestros pensamientos se digna bendecir nuestros esfuerzos, esa má quina se desplomará por sí misma al débil soplo de nues tra palabra, y al estrépito de nuestros aplausos. I>K LAMARTINE. i IT .• •)":•■) i.-. i * . n. ■ '■' ' .ii' . .'• -I''*lr ■ CONTRA LA CONVERSION i. VX.V.J DE LA RENTA CINCO POR MSCURSO PRONUNCIADO EN LA SESION DEL 17 DE ABRIL DE 18#8. SeSores: Me esforzaré en imitar la buena fé de disensión y la mo deración en las conclusiones de que acaba de darme ejem plo el honorable preopinante. Si no tuviera que responder en esta cuestión sino á con vicciones tan estudiadas, fácil seria mi tarea, tendría que destruir muy pocas ilusiones, y ningunos pasos malos que combatir. ° ! ;La cámara al verme subir por cuarta vex á esta tribuna, •guarda indudablemente, no sin cierta impaciencia, que voy 7o ^wmmk k reproducir los motivos que han sublevado mi conciencia y la conciencia pública, contra, la justicia, contra la equidad de la conversión forzada de nuestras rentas, contestar el derecho, negar la posibilidad de la ejecución ó exagerar sus dificultades. Nada de eso, señores; conservo sin duda mis convicciones; pero las conser vo como protesta personal é impotente: evitaré enteramente' este lado de la discusión. No reproduciré yno solo de los .argumentos que he presen tado aquí á mis colegas contra esta medida; hago este sa crificio á su impaciencia: me supongo formando parte de la mayoría, creyendo como ella en la justicia, en la conse cuencia, en la ventaja de la reducción, y voy á limitarme á examinar la proposición en su espíritu, en'su cifra y én su alcance político. Ante todo, doy gracias al autor de la proposición y á la comisión de habs;r ol vidado su iniciativa franca y enérgicamente y de haber promovido esta discu sión franca y solemne: era una necesidad para el país, pa ra los rentistas, para la fortuna pública; el agiotaje mas de senfrenado se apoderaba ya de la indecisión de los espíritus y de los capitales. Es menester que esto concluya. Cual quiera que sea el voto de la cámara, el rentista conocerá su suerte, y el país sabrá lo que debe aguardar 'de las pro mesas exageradas que se hacen bajo la i'é de tantas,ofertas. Vamos á *pasar de las• ilusiones ' : ■'■ á la realidad, '■ "'iesiiu;:.uí90 decir á los números. - •• ¡ • ■-■ :■■■;<■; i-ri lt) olci Pero antes de seguir al honorable órgano. de la comisión, permitidme una sola reflexión, ,. •• > o'-Jmv Siempre que una gran medida política, legislat¿YH-yr>ha- cendaria, y esta encierra por desgr acia esas tres condicio nes; siempre, digo, que semejante medida agita tan pro fundamente el fondo de un país, las opiniones, los intereses, la fórtnna pública y las fortunas privadas; siempre qué 'de ella sp Apodera una controversia ápásiónada y divide én dos cámpós & los ciudadanos qué tres años de disctision no lían podíclo conciliar, sé puede afirmar que tal medida Üitk líéña déJ pélígfós, 'f qtíe abstenerse hubiera sido' mejbr. A^i- s'ikrl5sín nélíesidád absoluta, Sin ventajas tán evidentes (¿orno inmensas, lás mas graves Cuestiones de prdpiedad, dé fé pública, dé crédito; agitar dos mil millares y medio ehPla bolsa de doscientos cincuenta mil reritís'tas' Franceses, dé'íos qué ciento veintidós mil están inscritos por réritás dé ménbs "dé 'i¿fl francoS, es 'decir, de menos 'dé lo necésarió,"dé los que ochenta mil ño éstán inscritos sino por rentás menores ¿é quinientos francos, es decirj por los ahorros del pobre, pof la débil reserva do fa mas laboriosa economía, esportéa se á suscitar en tal masa de ciudadanos la tristeza, ei de safectó, la murmuración áüh cüatido sea injusta que sigue siempre1 á^tal perjuicio; dar una oscilación tan imprudente al crédito, que hace seis años iba ya tomando su equilibrio, y reprimir con este mismo equilibrio las especulaciones in- inorales del agiotaje; apasionar á la una contra la otra, á . .estas dos especies de propiedad, la de la tierra y la del di- _. pero» que cpp su unión y solo pon su unión forman la ri queza general, animan á los campos contra las ciudades, á los productores contra los consumidores, á los departamen tos contra Paria, promueven una verdadera guerra civil en tre las fortunas, cuyo motivo es una mentira y en que la victoria no puede menos de arruinar á los dos partidos; dar satisfacción al rico contra el pobre, á la insaciable ava ricia de los propietarios de tierras contra la riqueza preca ria, ahorrada, sin cesar amenazada, de esa clase numerosa que se forma eñ las sociedades democrálicas, y qué no cuenta mas que con su industria, su economía, sus sudores; . pfcta'j "lié aquí, capitalistas \ ej»triwigeT9s,-<.tr»6cante« de dinero que han |gaga/iq,^e^n^a^i;adartteate.s.pbre nuestras JSWlfHH>ft Vftls* f«e%^8 l7¿¡ye^a9R..jie ^sps.iequ^os.r.enr- listas, que; después cgrapraíftOj jaue^tcap.^e/i^»s,;np paraje i 4gÍ9« «iPft-.PfVfft-yivtfJüJt fe?fi^,B«gW,;a«A » plastros, . qpijpiipí— dadanos laboriosos y económicos los. beneficios usurarios de esos agiotistas que prudentemente han hecho pasar á otraa 'manos* toák* W^ÍMíM-'>'l^J^¿^ieM'm'ifano8 'seátiftofy -oiuLooix repito, admitamos que todona r MnaMra^éTrifKieuiaa este perfectamente ewpior:. en elouío . -.■mu >:. ¡san de- IfeCji.io del hiStado.. . Al^ men'os np me negaréis que tal cosa no está reconocida por todo el mundo, y no habré de citaros ái- no las grandes ^memorables discu-upries de .1825, cuando ljos hombres que la opinión contaba entonces entre sus oradores - 11er, protestaban con tanta jn despojo, una bancarota o algo,, violento, algo.duri transacciones mas ardiente que el sol y qus debe presidir so bre todo, en los actos de Jas naciones y en las relaciones del na rie Wé"^'RSi551vffdí nía ~oi)i¡iupt>í¡ .'j'>J¡-j'jna k jjv b-ioiíg ojnpo , 10 fisít1 ef^^|ifóíüél tó^baeiákífé *'la Jíiattie«iéhter6¿: «'í&tPpé1N- ÚtsbAdr qaefbWñÉSrk''<íott6i¡ sfe'ds-1 pTb^on^'qhe'ttbr^is^feíW^ Wéfó'li'tf áéjWrá'íritáfeta ¿ra c^itieraéloaí ^qtté'tWá'&b'líPcWl "país? 0 vjfóo¥aii6#38H*tite % faferá' áéáíerratfa^é'te' t&r^éetotá réíogía&é efr&lofr ^aio'íí'de íos^yei^'V^^rtís^^^^ la' frobíHád mi ^án "piéblo! ' tyS6*<* étítí létgmtk ^§ensWr ÍJüe 'lo ^uelíurbwíá c^iícientíiiíld^lB altéW te^ ^¿áB^a1 dé-'utf ^ártíeur^^só^rM rt* faáteis temldtf aeéa¿ a*nJo ''••¿-'i oil'í-a n*.i tjn'.ía9t/.oln;jg eup ej'jeiJoigtt eoee Formula un proyecto que no es en sí ni mejor ni peor que -Sil 19 ÍJ9 !J,;íl3;rt! Wr1">!KI Uihíj, obuj 9Up f;OUl*ÍÍHl{)«..(V}lQ9'!!0J otro cualquiera, on íi-o-; porque i,Tí.j:¡' ,!?•!.;* en «n ti i-io semeiantes soliaiii iA materias .( Lf.J:-: : i'todo pro- L odflfiá yecto que no viene de arriba, todo proyecto que no viene del gobierno, es dpcír, qiíé no estií cónceSíüS' bajo^éf'^áSo de vista general de todos' los casos 'en %\ mteViór H^en^ es- - Vi-tyi tno'iuB piJne etiaíuuí-.e jsc!*¡jLto nomucio si 'jut^n'mod < tenor que solo un gobierno puede apreciár y conciliar; tó~ «ln«T ftcfo W-:i:^1..^l ..VJKr..^ '-¡lU^U , £(¡Siíí¡ í* OÍ.ÍU3UO dp proyecto tan esencialmente político que no es en el go- piorno Ja espresion de una convicción espontanea, madura, ° decisiva jf que no lí^'^íáfí.ciinaras con eí crédito md&L ^^auto^idad pa#amem^rj'a'yjé| loipúlso rík$nkú6a.gfad«> !S»Hs, tigilia>,hj(nF|e)íiÜ»jííl;,{i»is -«tortsentimientojisplo fean :qu«rid<> pdViag¡Gl¡&u!Mi!,d# 4aiifii- i eiativa de la cámara y no 'han. pedido; ilégaraino iioriropo- .nsible, ■■(Señales.de üdhmoB,)¡t:-iiil> (Jijólo e-jio Be.eqfoq ¿Qué pide la comiste^ v^Ékafliíúéin&tb aiftfeulwpwíár- \ú>a(»\oBÚ °l> o í'''iiai le ¿-moiua ° .í oIiioí' i¡ 13 íviíriEl.aftLeulo 1. ° autoriza !«• creación- de réntas 6 dé una ; ¡tasar descionocida¡parajreeni^lanar «1 «itfco paojjientojüeaídB- nítír, aatáblece «n preNea» pafcaiJbisscar «na íSoluLiori^cesnl • .cfedetfnevtable deila:situaq¡ott!d»¡ la< cqnaisicnu viJBeipastcifle *4lB> principio i>fol«j¿ te'tíree!ptíQ^*vrtafltí/W^'¡«iou»ñ%a cara á cara y se cae en la contradicción y en lo impasible. _¡B J4fP adelante el , mi^mo, a^f^ulQ ^dec^a^^^^pjgpl de _(ppciw;prey.¡ampnte;re3ervadaL á^os reju^as^ _ ¿Cu^l.es¡gs- ^f^pciqn?; , Elegir, .entre , upa j reducción de.un^o^ajqj^r « ^tOjSpbr^Ja^.re^a^ó dej^hp por cient^ s^bgejel ea^njg&l. _0I1 E^i«fp9,^t$cttlp propone, .a|, gobje^np beneficiar. 7p cé|i- _,fynps por .5 flancos, de, renta, y po perder ínas de veintjdps fjB9e.i5Ífintp sobre el.aumenfo 4eJ^ capitana yacemos ,lp que e Hoiami'.irjdo ú «.bab oráup ül kMi\9^^°i.9ifi?^9^&^*i)k 4°# wfa&ü^ wyyMfk * conservar Beis años la totalidad de su renta actual. Estas _ son bajo, otra forma las femosa^.an^li^dp^^^pgcaann. . ¡Ellas hicierou fracasar jepte prpy^ctp.: r,Jg||as, r^j^rd^ gpr siete años al menos todo beneficiy de^Jesojfp, ¿jlpacjen, desde luego (Somi0ne«;la p^turbWÍWf^filiHfUpJfWí'W'Ji^SS- pital. ■, : -.i,-/ !a íCri-iíítibí.-igq «a svuiíj^ua uviijsioini !hü El artículo 3>°cfiá las sériésflote^ía f&f^stfén^a^- cargais al acaso, digno ausilíaf de ^úéstra^'Jü^icTá/^'tíé' dis tribuya no vuestros fávjóres^'sifó'-'Yúéstfo»'- rlgtftfísyif 9*sí Violáis hasta la equidad «ítre:ldS tópi'*pia'í- duce además la inquietud y la murmuración ContlnntíBoia- rantenn tiempo indefinido.' ' Pata'b^V'uña -viesWviMisel polpe, se oirá el grito durante diez &¡ddc«!*ft<& ¡seguidas. ¡Qué política! (Mug bien*2!wy ffo$xuoo <¡í abiq ói>Pj El artículo 4. ° autoriza al ministro de hacienda" fia bonos del tesoro para reembolsar:: los. queseipresanten - con este objeto. Y qu^ significa esto?- Convertir lá deutía - núbttxigible en deuda exigible, ¡ftciertaiy, désconóoiáai «tifia hacienda esta es la peor de las condiciones para jun; Estado. Guando llega á tal situación, quedatá mereeddejilosippsfri- . mistas» ; i ol i i y ¡!.. '■■■i-ii Kvycti ,j¡ no -«..o os y anta h nao Mi honorable colegá y* amigo' eh éstá cáesílóht Mí^Lai- diéfés. . . . . .' (¡lisos). Señores, no lie pteteñdidd:pBW)- porque no tenemos aquí amistad sistemática, y sucesivamente á los ^üe profesan ías misma1 vé¥flád*qtte no sotros. M. Láidi'éres, pues, me ha ¿vitádó'la:pe^'á; de' 3ftíÍh- °tir la parte mas interesante en mi coricepto deé'sía'r^íesKSn, quiero decir, la clasificación de las reritas y' ibVfflités'rbs efectos que pudieran" ser 'sa cóniécueatta' tín cilmniw-á la mu'd .i;.;jiür. ;:iH9j xia «b ¿bLübíoí fA Roña aba laviomoo DE LAMARTINE. %1 AMJHiK'T A * p\ moralidad. Le agradezco los pormenores en que ha entra*- a¡® áí#k#fr§*pé(S|iloP"'8 ^iaiinoi h jneq eíitMcicsi oq El mismo artículo autoriza á reembolsar con Iá reserva 'dd fa atwortiaa'cion «$«¿«4*1 ley^Qfe Í837 afectó á'Uá'óoras -pibliéásjq ^SérirtneeájterHevarai presopuesto lotíáciotós ¿equivalentes i4pto8*p«| tomáis de la amortización? ¿feé ¿a ¡ás engañar* álíicontribüyeptB? ? ;r. foííSsísí ooo 'icisüiRnoo • H9 El artíaala fie ÍQ conserva; daj amortización' para las 1véfctfis -nneviaa. qtne;a© van ái crei¡r.S y«amoí como eri.p^rjtó6Í¿ áél erario se cambiaría esto en el aumento del capital del ar- Por fin, el lüjtf&tóMlículo1 freípfjfté 4 lós"m^¡s,trWIaí#jli- xgaoit>n:Üeidancnen& del cumplimiento de estas disposicio- jft$s¿is•,m.e3e*.deapues.:da la apertura de la sesión próxima. yCqe^tion $oJjjt/ca ^«fe me reservo/ Esto es sustituir la n«i- nipotencia de ¡Jfc cámara á la' omnipotencia de la ley: s es na da menpj q¡ue $mr$ydwit>&:^tfaat&itaxia.< el ohwh eb Redúzcannos flttom';;e% proyecto ájeifrasy veamos el r&~ sultado puramente hacendatario..áo!;!3"9(üo'iqfov.t'útaad aot . Aumentáis RX9V 1» f 4961100 el fi capital de U deuda fiOS'ii jyvíMj.^ en cerca gíijaníi^i de »il,J cua ««* 500 mjllo- JJ <* nes, como lo prueba eLc^lculo; y. al propio, tjempo conser- vais la amortización del 5 p§. aniquilado sobre las.rentas Pero ¿qué cosa es un capital aumentado? "Es moa palír bra para el rentista, es una.ilusion decis, que le damos para qué le sirva' $e'conS)ie^ó!*' ^Per'ó ¿para eí Estado, señorea, para la nación que nos ooserva, es todo esto una palabra/ n para ¿1 rentista contra' el Estado, puesto que el Esita- do jamás puede ser obligado a reembouar y que la renta ñ'ínq noiossií ioma el ob isvioaai eb eouuui sol 90 ««moI -íiiiuQ bú evo ao f.ou)i" ¡ífiüq so! oo\ '•íííajíK yJ .b."b i Icioiti • no vale realmente para el rentista sino lp, que le dan por ^lja^n l'a J^a^r/Jj^itano Ldira e^ JEstfcdiií He aumentado yjes^^i^ jljaftáTií^to^pO}.''.»! rentista «»lo le> da¡rán¿4Q!¿ ^^.¡QuajiQ^^, justado prospera! es otra cosa. Las posibílidsa- ¿.d^a^las Rr^babilidades de reembolso qoeseácercan, lo ñapen considerar con razón el aumento; ydá; denominación de-iu capiit^l^iBao'Ujaai reft'Kdad, y el precio de las rentas sube en [1% í^fo^uéiresalta de.«cfui? Que- la amortización fa pa- .ga. tt^sieataj ó emplea; taas años en rescatarla; y que este recargo de la amortización equivale á mas del béñefioibiqtoe -W^W^i^^í!8n.H««F!r^!d«rl%f«!^ii te Aiñ íocI -o\fAmpMitmafb tenéis pin* &>tieio¿ ttó été*fc> slhír >eft Unü'por ciento la tasa ole la renta íquBitts feprestíríta ¡al Mdi1!! ííb -pMeQp^upooír^tneri'os; hay queTeibajar un millón «¿nal de los beneficios prometidos..oi; Si btioDCí! eteMEmiq v¡.: lina "°'!Áltítorl¿aryia",y lb's; Terftistásr 'cbhvéfticloí a' ébn's'er'vár^seis 2.300,000 francos y evidentemente habrá que rebajarlo io- ^♦fe-del jp*eteB«d©-béWéfi¿fi¿=!¡ ra e » afro c. >*í is'u.alfií! ciiii oláis oicj «ti v^' o so.; ^t:j- tioiui.i. j¡i c-jaq yorazgós, banco de i¡ rancia. No.pudiendo sostenerse estos ¿ta pteci rntentos sin la totalidad de sús rentas, hacéis su. -liiSia ai'fiii 1(í1K!í.3 IDl) :>t>rjfl::u; <>i.i>!> fii v ojiiasfü.'.-j pletíjentos en el' presupuesto: y hay todavía que -aj¿4. 13 wp clíonq »o.V: -4, 10 lucí iicvi ¡* ü.Tr-n del Deñencio cerca1 de o millones. ., , , . r «091 *l 911 P Y miOUliitm li üJjÉJjdoo -isa ei-sarj e:;ui¿¡{, 0» Tomáis de los fondos de reserva de la amortización para rwmt>ófsaj ^la réntala c(íje esiab^ bíicas. Tenéis qué atender á'eíías de otro modo en ef pire, ¿npiiéstóí y dé aquí íeeátta ^áe hay qué torrár otros $mi- Bo'tiés. :; í! ■•' oliÚM-i f.'-q oi,<>t cl'isJaiiiü c:¡..o Vul oí ^á rembolséis p^sSfies con bobos del tésórb, ya' ¿nft- tíáieís ¡ém^tiM ^ki-a' hacer éí; itéembbléb, la operación dejará siempre én ;matioá dé los bá^Üeros \&ée \6i éi^i%- '¿oréa cuando,; mentís' iét" uWó por ciento, ¡es deeip, 30 roíllb- üaá. EHtáéréVés dé üh mil tón y,:'tii¡élifc»1=.;> Ib ib* rébtá';' Miw '*f'«thu oí; fi y víiJ-aiuK'.f.wi lis!> titir.wn te a& ' ''^^áis^mm^mÉ én ^m fók'ramos qiVé a^ 'Bo.de enumerar,. y 500 míllon'é^'éñ que'1 alimentáis la'aétf- da. Jqzgad, pues, y desafío ál cáttíuládor fflk*rthstítf> á que encueníre 'ano de.esós números falso ó éxágéraiSÍ. No la voluntad, el cálculo' me ha coriducíiio á este resú^í- do, & eslfe baUui'ce éntré"éí beneficio y1ártperáída.: '■ ''^S '"•"!!V;i ,: >y"A^lc4}U , ■>> ' • »YMa' . tfa graváis á la .nación, y. en, cambio le, dais 3 ó. 4 njilloness •B'i ¡--CitiO ?<¡l> ci-r.nüP>b tonifo siip ¿1 ^eJns'i «J/is«Iodaio*i La nación juzgará; pero no, ,ya pa j uzeado., (^naactoray -ix!i¿y e« de tftl riiMt.ur-al^ía; e&t¡e jfespHa^^.u^jdebai^.flg^- lo todo, comprometerlo todo para pedirlo al país en Jft foff- _ma propues^ por Ja.^^sjon, ^^p^^erjq ^l^^miníatros ,á tjLtuIp,de| yue^tra^antoxidad? (t §aj^inos;4 -q,u£:atejernos _ acerba de< Uvpretenditüv careatíat;d^¡ilas,íierj;as,,,de la.,pf,?f . (tfendid»; diminución, dfl lft tasa 4ei; interés, ^e,ja,preteniii||a -inducción del impuesto, inmensos, efectpjs,; -increíbles mila gros operados ; ;po|r dos ó, tf^s, millones.arrebaJt^dio^,,áí,(sl}s „PCOP,¡os consqmidores, que reducirán, aus gastos macho reanimarse, vivificarse y trasiormarse en una miserable fir- s -i-'v «¿;. e¡.í%iioTrí(íi .v~ m ano e«ui m^suS suma de algunos milLares de ruancos por departamentos, tal país merece ser engañado .por todos Jos charlatanismos con que se le deslumhra. - ... .'(■(rüiiii o'iJu siá;} f;: ..Pero ¿es e^te todo el mal? ¿Quedaríamos (8alvps coi> no tar al dia siguiente de la operación que nada ha^ cambiado ¿juVen ia;tasa.]A^., infieras* ni en e|,yalpr la, propiedad, ni en el registro del recaudador; y que esta violencia hecha^á ipa rentistas no ha sido, ¡beneficiosa ma^q^ue álps jugadores jie Bplsa á los banqueros, que ^ienen por ganancia las .ilusiones de rjuestra avaricia burlada? Si á esto sejimita- r^(tpdoj,r^o^ns¡st}ria yo tanto en desen^áña^ 'á' hombres que graves, que yap.niap lejos :queriosotros, que con: prometan na soIq hoy, sino durante un largo porvenir lías dos fuer zas mas vitales .y 'mas yulnerab.les del párs: sü! crédito1/ y la moralidad de la fortuna publica.." ' ' n '^í; ' e ' " ""P'm Si [• c.i o «•sii..:n¡,i (.i, au <;5 ív^hn u\uo ,itl8ja9-i yjp a^coll jA ^pé debemos nuestrfl ^YWVPri'i^ftíli! r; de paz, paz de treinta años» ante» que esta, y : no.pqr, eso da e&ervada hasta el marasmo., ;A qué debéis la libertad del territorio y el pago de lo atrasado, y Ja liquidacion.de ñes á Iris emigrados, y tres revol uciones ^onsepbti vasten Íél4^ 1,81^ y 1830 hecnas sin siguiera j^aber jCjjnm^ovúlo la fortuna pública?. ; A qué debéis la alza, 'desmesurada del valor de vuestras tierras, la creación de vuestras ,indus- BMrjpn •j'I-r a >:yf« ¿oíiolrni -iü ¡»>o9V í! v eolia eorlonrn , .trias privadas ó nacionales, v-uestros canales, vuestros ^er- .^l^rParriles, vne^tr/as .fabricas," yu^tr.oa,, qjefn^nyflope^pde a, «^^dér, trabajos ^vj^,^.,^^^*^?^^^!! al, crédito que nació entre vosotros el ..misino .dja^.ajie aJ^^berJ^dff el mi^nip. dia que elgobierno ra^esenUtly^al erédito que es el sentimiento de 1 a in vio 1 a vi I ¡dad i nd i v i d u al _,f¡n, la fprtajia y, ¥ílJt»í'PerS°9ftd^! «iudad^no^ al, crédito que es la confianza de todos en todos, y con exactitud pudiera (Jll^ars^eL,.pa(tfio.tisaip <4sl¡djner% <§fciS)íi^tt!»ti?!WP del dinero tan omnipotente, pero ^^usceptible.^mq^^otro ^^smo4 ,que,Pjue^e, ope^ajT,,^ m'.ismo* eB^igjp^j^ro que quiere también las. mismas, garantías^ Ui misma, $egu- ■ "'4 (#^%*>:»H«a«9n/) ,..f;:-„.M ,WUK!híBi69eb eoi h.¿En q'üé ^momeníós a¿:la'4ida dé los piíeblos1 lés~eWr(mas -^dispénsabife'éáte'poder del crídftó?''^Ntf!fe8£'lprectóánpate • Meólos tnóniéntós éii 'qriá nos'' encortM'mbs, en eltó épocas ^ctftíca's, decisivas,' laboriosa^ párala1 hunlíaHríád. ^ri^^ue -^'naciones se trasfórntóri, destruyen1 sus ántíguris' góBie ül'átó3,úkcafl!dó'1 !y. ¿reaüdjr ¿br; 'd'éclrlb'' ksl''úna 'oirganizarjí, /jítíiaib al qmqr 'jfisiTj [«os'jiJM\jL] Platea ítiOMcq fu ;'i,ja <:'«s*:)tfbrá*up^^^ !iiitítóríbr y i!detóer46,'erf^'^^r^Kn á^^™^1 '' ¿rio hay desprfrptifebri "entre" la1 oféra y 'lasUfu'erzas^,í ¿Qué ! Z .r.i - •. -i¡í ai ú'> £ . /.«iloiíq BnuJiot «I tencia y de la acción nacional; las tuerzas atumu.Iadais^de muchos años ya "veces cíe ' m'úcnos"sfgÍb's. ,ne aquila fuer za fde ri> os-M^kéÜeU;' !íé'^ W^la^fflWiSp^te 0 qúe lá1 Providencia' 'ó:s' ' ha ptfte^tb' eh ffs1 Wátíb^Mlra^eScier ; : dificultades; supéribr^áJ1a4neVgfíi WuWkW;Y tyffél rlíBfjftis ■ :éri á^mentó'WqWfrmAvés* iilsloAMu maídé'lás bó'sás, yTeti^títté&meBA tíikfy¿Béé®a- L'már; ^'Cuidado, #8i^^ ;«B#'ifa«i*^;h»y!-^flÍa4^a^íü'«^a» mhpíá¡P<ího:nc^3Blo '^'hacer^ti ág*a^',''!snib',dW^'ri^r^ersíoYdé^ejá ll Sft- dltb.. iViém&imhiiy"'^ "s a(,ljoí eb nsnsanoo si so ! ]l Pero ¿W éstb^ trido? Sí''s^o^tü^es°de1l*é{n^pSfBn^o, ;' '¿no'1o 9o%!tá^btóh;y-'M)retóaíJ( de^mttrWfaVPy (OWÍb- " gÚrídkd dé'ias fórtiMs p^vafflST \!Íratfiil¿^u60]l«aik,(g'tifi«s. "fes bjbs.y lo quWííbSrieiizo ;eí misirio 9íá'!énfc'q33',den(?4ft;o de esta tribuna y por medio dflTSÍÍ Hírmaffií'Va^Ü prYÉGra amenaza de , la reduqeiont ¡lejías %ty!&.fa$¡$$jffif!g£ los .^Wautiatas honrados y <á regocijar f,}f$,^^culaa^fis^{^- zad, si os atrevéis, .una puu|a.def yel.o que^c^hr&esa ¿ftsa^e- ... gal de juego y. de, lotería qi^e. se llama ^a.^qJsaJ ^gft^el .estado de ,|a¡ plaza de. Paria. ¡¿Ifey, , u^iioiflbre^u^a^nam- •-. ^wlar^ha^uB juverialjpa^j^^Rlgp^^n^^^ma^ado auave la palabra estafa? [Agitación] ¿Tiene acaso la estafa DÉ LAMAfINÉ. íá de falta de probidad á la luz del día, y ha os- ^MWMVlk¿Úetiete Pues bieni'ííé'tttft la* redes en que vais ¿arrojar esos capitales módicos y'hást- i&-4é'y honrados, de vuestros padres de familia económicos de TttéstW»';itíduWríáles retirados de los negocios, de vues tros literatos y de1 vuestros pobres profesores cesantes, y has ta dé vuestras cajaB' de ahorros; porque la especulación bajá hasta ¿lias y va á tentar el óbolo del proletario con el irfi8¿ mo ardor de rapacidad que el millar del capitalista \_Pro*- <&OÍfy»&]pajfaíBtom%> «I PÍ> Uidi'.ovj;! ;> j (»BÍ3fiiq fi'tol! al Me" aquí lo que favorecéis, lió aquí vuestra obra: la de3- 'moralización de todas las fortunas, catástrofes inevitables eh él riiomeuto en que una crisis cualquiera hará estas ope raciones íde que no hay una entre ciento que pueda liqui— ' áarsB'sm bancarotát Y di'ei's que lo que anheláis con to da el alma es la organización y la moralización de uría'de- moerácia^que qiiereis como nosotros fundar al fin ¿se ;atreverj% i}; aceptar/ ¿Pedéis ¡responder, déla í?floy¡d¡enr £¡a*>4e la vida y... 4a.. Ja muerte¿t4« 4aB WQ.utt>er»bJe«,#fej^r tualidades de las que una sola puede derribar todas vues tra3 combinad ones Xiaprpyejnfo^mmeákifaimt* tópo- t«ft4fc Piuco, mil millonea? ¿Pí#$p4aw;á otro, aparar de; JJ*»;SÍ ffl.pasfirmas.da ^hem^t-TAlí.^n^'^R0 .pueden ^.^ad* J^tMije. ¡j^jar^^^ajc^er, eaa^^ciojo del -fo'mte ;9HSt ^rája. Bajial ^m^^SWfliSÍRRte10.^]* Ifaj •^q,uií\»n hojn^re de Gstado hast^nJte.atrevido pajaj.a^e.D- jjta^e^ciimpli^^^ Jft y,^|a. ¡tofliac.la resptfns^bilidadjde) ^i^n^r^^aBjie^s DE LAMARTINE. 85 AKüfflJÍT AJ 08 derecho de audacia: es mas hábil que el destino 7 mas osa do que la Providencia. {Numerosas señales de adhesión-') ■' ¿No lo habéis visto al abrirse las sesiones? No teníais ahora mismo entre manos la paz ó la guerra, con motivo de la intervención en España? ¿Quién ha resuelto? Algunas bolas negras mas sobre una enmienda. Suponed algu nas menos; ¿en qué quedaba la conversión? Pues bien, tío temo decíroslo: no habéis hecho mas que emplazar la cuestión de la intervención en España, no la habéis resuelto. Volverá «na vez, dos veces, acaso veinte. Volver» con nuevas circüstancias, con necesidades mas imperiosas. ílo que á mano armada se defiende en España es la doble cau sa de vuestras alíánzás territoriales y de la reforma política d¡e Europa; pormas que hagáis para contemporizar y con- . templar impasibles esta guerra atroz, esta guerra crónica ¡en que la humanidad se deshonra y parece vuestra aliada, intervendréis tarde ó temprano, porque esta causa es la vuestra, por mas que de ella desviéis los ojos. Las ideas que luchan en el mundo escogen donde pueden el terreno del combate; pero una vez que lo han escogido no es dado 1 á las naciones dejar de seguirlas. Cada cual va en ausííio áe si mismo al ir en ausilio de su principio. Toda nación esta obligada uno ú otro dia á ir & hacer su profesión dé fé al terreno & que es arrastrada, y las profesiones de fé áe los pueblos son ejércitos, son batallas. No sois vosotros los qué necesitáis' aprender tddo' esto. ''' : i' '' •:' Pero s-.aii. ; sí' volvemos sb<; \> ■ la vista ál viiuüU-- 1 ainterior. .¡'••ius... . : . •.-. '.'?•• •„,-<■,; señores, c-ies menester tener valor para mirar, es menester tener valor para' ver io que ve todo el mundo, para decir lo que todo ei inundo dice. No soy pesimista por carácter, hb sueño para mi país peligros imaginarios; creo que nuestro patrio ?.S .'r/ITjTA' ,*.VT 30 86 LA TRIBUNA tismo triunfará de todo, y que á través de diversas dificul tadas llegarémos á ese porvenir á que la Providencia con duce a las naciones que llevan en si las ideas del mundo. lil gobierno de 1830, lo reconozco y sobre esto jamás he abrigado dudas,, está consolidado .en el terreno, de los inte reses; pero solo los intereses materiales e-tán en orden; las ideas no están en orden; las opiniones no estAn en paz. La anarquía ha pasado de los hechos á las ideas. No hay un Bolo pensamiento gubernamental que una un número de con viccionvs bastante grande para dar al gobierno y al país una marcha unánhne, decidida,, irresistible. De esto rio hay quien no.se qujéj y de esto todos tienen la culpa. ¿Y por qué? vBorqa* evidentemente ningún partido ni el gobierno, ni la oposición tiene . consigo la idea ma dre, la idea organizadora, la idea justa y esacta de la época que pudiera dar una base, una impulsión, un sentido vital al gobierno nuevo, que no ha sabido aspirar el aire de su siglo, ni convertirse en representante poderoso y solitario de uno de esos intereses; ¡de una de esas ideas unánimes que . ... >ivida dan -o. Jy .r* dirección Ti «v { á, e0J9F8£íri los gobiernos t>|li- de if< mucho ii- , ,valiento. : La prueba de todo esto la tenemos en las vacdaciones, en las instabilidades del poder: cuando se encuentra el camino, no ' h '»\ .i ' -¡ «. t* J»J > j-ris': ' se va . a.*•« tientas, ouesu? se 9ü marcha. oVMbJüsat. ,. -r.-. ,:„ ■ . Tanto como vosotros deploro, «stas incertitumbres, estas vacilaciones^: Yí>)fl0 .ataco, sostengo hasta donde puedo á los hombres «stiuiablt-s, á | os hombres de paz que están hoy en el banco dajfl$m iuistros. Pero nada puede nuestra bue na voluntad: esta e&.un hecho. Parece que el suelo parla mentario está minado y que el destino de todos e3 hundirse i pocos pasos. .., . Y á mayorías de este género, a mayorías DE LAMARTINE. ?fa de tres meses, á mayorías sin principios comunes, formadas so'o para destruir, formadas por coaliciones de antipatías, y teniendo en >í el germen d« su impotencia y de su di lución; á gabinetes desconocidos, anónimos aún, y apoya dos en precarias mayorías, queréis dar el mandato de una operación tan delicada y tan larga! un mandato, una firma en blanao de dos mil millones para que los remuevan á su antojo en el erario y en el país! Señores, si el mismo ministerio de' 1 1 de Octubre cayó á la primera palabra de, conversión pronunciada aquí por M. Humann; si á los tres, ministerios siguientes los ha inquie tado, conmovido y paralizado; si el .'gabienete actual al de clararse convencido del derecho y de la utilidad (grande im previsión en mi concepto) os conjura sin embargo á que le alejéis esta prueba de peligro, y tanto temo rechazarla como aceptarla, ¿ no- temeréis vosotros legar á gabinetes estran- geros, compuestos ' acaso vuestro» adversarios políticos, una operación' que 'aun cuando füef» justa, aun cuando fue ra útil, necesitaría pa'ra consumarse la calma de la Europa y la establidad del poier en JT'iancia/i . .> ,. ■ u¿> Antes de conclúír'iré mas lejos 'y os diré: ' Áqui todos sois hombres de bien, hómorés "conservadores, hombres pe netrados de la necesidad de fundar algo sólido, real y dura dero eu el gobierno representativo'' de vuestro país.' No os liso'ngeais coiño niños con quei las cosas políticas se arraiguen en unas cuantas horas, y con que instituciones de siete años [siete años! un instante en la vida dé los'pueblos] sean ines- " pugnábles y puedan resistir á''los grandes choques de los poderes entre si, que desploman á las mas sólidas y enveje cidas monarquías. («Sensación.) Supongo que deis k este ministerio, <í á cualquiera otro qne os.^sea mas complaciente, este inprevisivo mandato de Bjecutar a toda costa está voluntad de la cámara de ríipu tados; y supongo, lo que ignoro, pero lo que ten¿o derecho de suponer, que los otros dos poderes que forman con vos otros la unidad gubernamental, que el poder real y la cá mara de los pares, mas conservadores porque son perpetuos, resisten en su convicción, en su derecho á vuestra voluntad popular; os lo pregunto con conciencia, os lo pregunto con fidencialmente, {risas) si es permitido pronunciar esta pala bra en la tribuna, o mas bien, lo pregunto á vuestras con vicciones intimas y silenciosas: ¿pensáis de buena fé, pensáis como' buenos ciudadanos, pensáis como hombres de Estado, que la cámara de los pares, ese poder igual á vosotros en de recho, instituido por la constitución para contrabalancear el vuestro, para oponer' el precio de su prudencia y de su ma- durez á la impaciencia siempre apasionada del cuerpo po pular, tenga un asiento bastante profundo, un aplomo sobre sí. misma bastante inespugnable para resistir sin esfuerzo y sin desperdiciar sus fuerzas en la lucha constitucional que eatableceríais entre ella y vosotros, (agitación en la izquier da) y que de esta lucha entre el poder real, la cámara de los pares y vosotros, lucha en que inevitablemente seríais vencedores, los dos poderes que queréis fortalecer- y conso lidar, para que basten á la preservación de vuestro nuevo estado político, saliesen mas débiles, mas combatidos, mas disminuidos en autoridad moral, en prestigio y en conside ración? (SensacioH.) Dejo esta duda a vuestras reflexiones y concluyo. Reconozco el derecho de rescate facultativo y de buena voluntad, y apoyaré todo proyecto que bajo estas condicio nes de justicia liberte al Estado y alivie al contribuyente. Tenéis el medio en la mano; dad al contribuyente 12 ó 15 ami1|!$aes!rle,un;aJ. amortización estérit.y.jfjjuarno. debeis^L.lps rentistas.; ,E," «Manto al reembolso forzoso, vtrdadera tasa, verdadero máximum del dinero que va á disminuir en 400 millones el capital de la Francia sin restituir ni u,n cénti mo al centiibuyente, {reclamaciones) me opongo, porque chora con la conciencia pública, porque compromete el cré dito, porque rechaza de vuestras rentas esa gran caja de ahorros del país, los fondos prudentes^ honrados, módicos de doscientos mil franceses, para precipitarlos en el acaso vergonzoso y ruinoso del agiotaje. Me opongo en fin, por que esto es comprometer a la Francia ante la Europa, y lanzar un elemento de guerra civil entre las' fortuna» y de división entre los poderes parlamentarios y - constitutivos del país. El crédito, lo repito, líaeíó^en Francia el mismo diá qué la libertad. Dejad qué estas'Jdos grandes fuerzas de las sociedades modernas se apOyén mútuamente; empla zad esta peligrosa proposición,' y no os propongáis este gran problema mas que resolver en " medio de todos los proble mas propuestos én el interior y en el esterior por la revo lución de 1830 y para los que debéis conservar vuestras fuerzas, vuestro •y¡M-./ /-uv^'ifV' <>" crédito y vuestro ' ..->.', ')!;> patriotismo i-ii i •' •»»■ » i«»unánime. ?:. • "V(¡Muy bien!) .1-.: ' •# It.Ji B'JüVOI - i , I- Si os quejáis con razón de jo que sufre el contribuyente mientras el tesoro está repleto de capitales ociosos, ¿no te- neis un medio muy sencillo de djsininuh; el impuesto y de enriquecer , el tesoro? La deuda Motante tiene 225 millo nes en caja que nada os producen. Ál mismo, tiempo pa gáis {^millones, de interés de fiarjzas. Convertid: estas fian zas en capitales y en rentas sobre el Estado; lié aqui nue ve millones disminuidos en vuestros gastos por un rasgo ,.,d.eftpluma sin injusticia para nadie. Añadid 21 millones LA TRIBUNA de rebaja y vuestra amortización exagerada; hé aquí 30 millones que restituir mañana á los contribuyentes, sin dis gustar ningún interés; hé aqui la conversión normal. [Mo vimiento en diversos sentidos.~\ Pero al rechazar este proyecto como acabo de hacerlo, al decir la verdad tocja á la cámara y a mi país, permítan me Jos ministros (y saben que nada malévolo saldrá contra ellos de mis lábiqs porque quiero su conservación) permí tanme decirles también lo que pienso de su actitud en este debate. (Atención, atención!) . , ^jHan reflexipnadftbastante en el deber que su alta situa ción les impone? : , ^a spa.el gobierno, es decir, el pensa- , miento, la dirección^ Ja,, 4efiP'?'oni> YP!uPta<^. ¿«I Pais* ¿Nq les cprresppndiíi hijuicja^ya^e la preposición, óJa ini- cia^ya.de, l^ires|a^nt;^,>j^ue^^ (toar, una, cuestión jsemej ante ponga eq ¡ peljjgro ;Jqs„ garechos¿, la Djropiedad, la inviolabilidad de las; for^un^, ^ sacuda hasta en sus ci mientos lo que hay desojas sagrado en las p.eí) ti.'n:- as socia les y lo que es mas(sagra^p gu^^Qs^gobiernos. mismos, por que es lo quejes . sirye^ de,t base^para pónec una mano re suelta en la cuestión*. gSijr^djpipqs; .. "Me pertenece antes que á padie¿" sin, apoderarse de: ella en un sentido cual quiera para ejecutarla „.p gara combatirla, si en ocasiones tan graves ta neutralidad ,«o es permitida á los simples ciu dadanos ¿lo será al gobierno? Los ministros deben tener una convicción: si está en pro de la legitimidad y de la utilidad de está .violenta agitación de la fortuna pública, que lo digan y que lo hagan; si está en contra, que se co loquen enérgicamente como nosotros.- firmes con su convic ción, entre los que quieren monopolizar la riqueza pública en sus manos, en las manos de esta nueva aristocracia ter DE LAMARTINE. Bll" ritorial, y aquellos á quienes se quiere despojar!' En el primer caso tendrían al menos ia dirección, la moderación de los movimientos y el honor de la victoria. En el se gundo tal vez serán vencidos; pero ¿qué importa? Hay algo mas glorioso que la derrota al combatir por lo que se , tiene obligación de defender, por la justicia, por la verdad, por la inviolabilidad de las fortunas de doscientos sesenta mil franceses, por el honor de nuestras transacciones na cionales, por la probidad del país? Sí, os lo repito, un go bierno debe colocarse al frente hasta de los errores de un p*aís, si de ellos participa, como debe colocarse al frente de las verdádés. ' De otrb modo abdica sn naturaleza, y ver gonzosamente se dejá' llevar á remolque de todas las popu laridades que no sabé dirigir ni combatirJ {Muy biéh!)u Pero si piensa el ministerio que dn gobierno cualquiera, aun cuaudo fuese tan enérgicamente espoliador como la República, aun cuándo ftfesé dé derecho divino, aun coan do contase siglos de arraigo en el país, puede borrarse im punemente para dejar pasar el torrente de una pasión pú blica, abandonar los grandes intereses de la mitad de la fortuna dé la Francia amenazada, violada, despojada, dejar a estas dos clases de la propiedad, 'apasionarse1, combatirse, atentar uhá contra Otra, á su vista, sin tomar la actitud de un juez, dé dn 'de'fé'hsof; sin" convertirte éh escudó1 de la clase inmensa de que parece hacér una ,coricéáióri 'á'Iá ne cesidad; si piensa que una vez consumado'éste grande acto delante de él, y contra él, ha de recobrar en la considera ción y el afecto de una parte de la nación el lugar que an tes tenia, se engaña; tendrá en el pensamiento público el lugar que se haga él mismo. Los intereses heridos tienen implacable memoria. Cuando M. de Villete, cuya pruden cia se pondera, hizo con un fin político, lo que el gobiern, r?2 .rM^i dejaría, hacer hoy sin convicción, y sin ol^etp, ¿creéis que '•(>>las antipatías que sembró •:• :* entre Jás ^"j'.frj dosruv-i :« jj.< clases de ; •los•-•ni ren- tistas del Estado y de los emigrados indemnizados no au mentaron aquellas mutuas animadversiones ^que de lejos se criaban entre la Keitauracipn y el país? ¿Cieeis que no en venenaron aquellas dejjcpn^anzas , que deb¡a.nBe,3*allar mas jardeen un derru ni be .^an terrible del trono, y fque entre aquellas y„qces,.qJtie jen la reyis,ta ds| campo de Marte, .gri taban; {^¡)9^o ^í fibihtro^! .y^n^^h^n f^ú la primera ame aP»«r de. i ^p^ty.^é^jlefci .90. lecpnpxj^^ajg^p ^de ;J«s ypces que jmp«tenteraeate> liabian grf^ta^.cíffltrji .!*.*•- .pp)iacip.u de jps rentistas de ¿MecJ^acipjiffi), ¿Creéis que aqpel ríe&eiitim/eij^.aquej^^fjfc^p gue^^año yeia desar^lj^f^e , y ^yartirse ep,apjifda.>:bp$(jUíd^,.t»o,f4if|:9n una de. Jas cajeas lejanas,, q^ue :Jtn¡narftp». que destruyeron antes de su c.a¿da. a^^l^eiwo^ya, imprudente ..habilidad dió .a, sus eaemjgps; .K^4jpj$n¿c« ^ue espionar? [ Vff/a. sen- $acion.~¡ . . ,.L ... L4ips.de mí «1 pe^fP«epío da-junft;«|(n>enaza, pero dftjo esta refl^iouioá, la^p^yj^jon «tan al orador.)- ■ .su. j * . DE LAMARTINE. AXTJfT T AJ * ' O "HO. - I i . "Mi •' ■■< í "' ' '••' <' 1». *..' *> ■ 1 ■i . i.i i .1 > . • .t;.V"f> 1:-.. . t: < . \ • -J. líi. ■!. r >. u.i:.u"tt>.i •iáí.fti.^ f* : •■.»*"•.- . , , i , «I V > »C .■IjíflUTjh itíVíll' tJ 0'iI'»V •»''■••' , 'I • •i Lij «¿ Ljiaad ai ion'A t^MWeiZíiWfehtiji-iíhu DISCURSO PRONUNCIADO EN LA SESION GENERAL ANUAL DE, LA SOCIEDAD DE LA MORAL' ''CRISTIANA KL 30' DE ABRIL DE 1 áÓ'8. SAPEES: ... ¡.-,.7 . .. / .'. Si tiene derecho ei cristianismo para reclamar la parte mus sauta en . las obras de ía caridad legal, del seno de una sociedad de-moral. oriatiana ersí'de donde debia alzarse' él primer grito de escándalo y de reprobación confra tas me didas de&truutorae que.piden:los- consejos generalas de de partamento y que autoriza ia administración con iespectO;á los niños espósitos. Hace, cuatro años que defiendo esta causa contra mi departamento, y ©s agradezco que me per mitais unir aquí mi voz á la vuestra; no bay otra mas con vencida, y dirá también, mas. indignadA»1 :«*■'• En verdad que si algo pudiera demostrar mas, que el hombre y la sociedad necesitan, para llevar á cabo una grande obra cualquiera, de un motivo derivado de lo alto de una fuerza nacida de un sentimiento sobrehumano, y 94 LA TRIBUNA que toda legislación que toma por mira el egoísmo y la ri queza, viene á parar en la. impotencia ó en la brutalidad, no necesitaríamos buscar de ello otra prueba, sino en lo que pasa á nuestra vista con los niños espósitos, desde la derogación del decreto de 1811. Sin entrar ahora en un eximen histórico de la conducta de las civilizaciones antiguas y modernas hácia esta pobla ción de huérfanos que la tierra ha recibido siempre como huéspedes, y que por piimera vez se le quiere hacer pros cribir como á criminales; sir> mostraros á estos desgraciados niños espuestos en las plazas públicas, recogidos por magis trados, vendidos como esclavos ó adoptados por la familia, mas tarde llevados al umbral de las iglesias y distribuidos á los fieles como un#, ^uiajpr.ia. , santa de misericordia y de limosna; las ciudades, las casas religiosas, los señores en cargados de su mantenimiento; por fin, los hospicios abrién dose á la voz de San Vicente de Paul y toda una legisla ción de ternura animándose con la llama é ilustrándose con el génio de su caridad; . Jíaso de una vez á la situación ac tual, á la cuestión de Jas.inclusas y del cambio del lugar, y los que ignoren el estado de la cuestión y van á oirme, creerán que. miento ó que exagero. Y no diré sin embar go, toda la verdad. Escuchad: Cuando nno de esos pobres niños que la miseria abando na, ó cuyo nacimiento quiere ocultar la vergüenza, es lle vado de noche al dintei de un hospicio donde es esperado á todas horas, es depositado en un torno, ingeniosa invención de la earidad'cristiana, que tiene manos para recibir, pero no tiene ojos, para ver, ni boca para revelar; [sensación.^ el sonido de una campana anuncia que el torno ha sido visitado. Piadosas hermanas que velan detrás de aquellos muros acuden á recoger al recien llegado. Si está desnu DE LAMARTINE. 95 do, lo visten; si e?tá cubierto de repugnantes harapos, se los cambian por ropas limpias y tibias. Se despierta a una nodrizi que el hospicio aloja y mantiene hace diaspara que le dé el pecho. Al dia siguiente, una muger del cam po sana y robust,a y cuya moralidad está c»mprobuda por lus magistrados, se lleva en las espaldas al niño á quien va a acostar en la cuna de su propio hijo. Antes se han qui tado al niño algunas señalas de reconocimiento, que que dan inscritas en los registros y permitirán que se sigan sug huellas, si algún dia las circunstancias que han obligado á la madre á abandonarlo le permiten fijar su mirada en su hijo y recobrarlo. No es esto todo: varios hombres de bien consngrados gratuitamente á esta obra, escogidos entre lo qué la ciudad encierra de ciudadanos mas puros y mas des- interesndos, forman un consejo dé vigilancia de los hospi cios, y aceptan la tutela de estos huérfanos siguiéndolos con sus cuidados hasta lá morada de la nodriza. En épocas fijas debe presentárteos al niño para que vean si conserva su salud; en épocas indeterminadas el maire de la munici palidad, o un médico delegado por el consejo de los hospi cios va á sorprender á la nodriza y á cerciorarse por sus propios ojos de si es tratado maternalmente, de si ha sido vacunado, de si se observan con él todas las prescripciones higiénicas. El niño crece: ha participado de la leche de la madre, del pande los, hijos; la módica pensión que el hospicio paga por su manutención es un suplemento á la tiqueza de la pobre familia adoptiva, que hace aceptar su presencia como un beneficio; en breve se le considera como un hijo mas, como un hermano mas en la casa y en la aldea; ninguna preocupación ofensiva persigue la circunstancia de su ilegi LA TRIBUNA timidad. Todos la han olvidado y la ha olvidado él mis mo! ña crééiif¿rctíh' ífada la'getiéracíón contemporánea del 'país; ha estado con ella en el trabajo, en el campo, en la escuela y en la iglesia. El preceptor lo enseña, el cura lo catequiza^ corre á la mesa del marido de su nodriza, apro vecha sus1 coséchas, se casa con una de sus hermanas de leche á corita oíjá de un' cultivador de la aldea vecina,, á Ja 'qué 'lleva' e'n áote-'lá:k(Jneza del aldeano, un oficio, ó sus "oráWs'éJerciVadosefl^'lá labranza de la tierra: asi aumenta 'esa'rírza san'si'^f!fiitírW!dé los cultivadores, de que despue- !'b*íá mas" y "mas" 'nuestros campos la insaciable avaricia de 'nuestras ciudades manufactureras, y de una fuente impura brota una población vigorosa, trabajadora, primitiva» ,q;ue cada año da doce ó quince mil labradores á nuestra agri- tíüitiirá " agotada de hombres. Los mismos resultados se obtienen respecto del otro sexo. Esto no es una ficción, ni una utopía; es lo que pasa, ó mas bien, lo que pasaba á nues tra vista en toda la superficie de la Francia, en esas nume rosas aldeas cuya útil y piadosa industria consistía en cuidar de los. niños espósitos. He aquí a qué punto de perfección Labia llegado un sistema en que el genio cristiano y el espíritu administrativo de la revolución francesa se habían encontrado y secundado en una de las mas bellas obras que pudiera consolar y honrar » la humanidad. ..Esto costaba nueve millones á un presupuesto departamental y;í(jiyn presupuesto del Estado que se cuentan por miles de millo nes, V estos, nueve millones, sacados del im'p'SestdJ s'é ¡ievol- vían al país en otra forma, y llevaban la prosperidad y las buenas ouiO'; <.(-;■costumbres a treinta itayMLua ■mJu*'-'-.-: y tres ramillas vw'u-n nvh •,„., de cultivadores ..;.•;..,..•» .. ,i. ,, indigentes, (/Sensación M «» >>o-j m-A><>*.. ■. -T qeneral). „, í(»i- „,. ' ,•. ¿Pero ahora, escuchad: esos ¡tornos a,biertos. de, fifaj, de •:: "a t'\- *.(•.. < ■■hui-v.i; • •..»!• i :n? ., .iowmm» : DE LAMARTINE. 97 noche para sustituir la ternura y la caridad cristiana ó so cial á la de la uudre indigente ó culpable, y para impedir que la vergüenza y la desesperación buscasen el secreto en el crimen, esos tornos acaban de ser cerrados en muchos departamentos; se les va á cerrar en todas partes, sí, los van á tapar como una puerta por donde podia deslizaise la misericordia pública. La madre seducida y sorprendi da por el testimonio vivo de su debilidad, no tendrá en adelante mas que esta alternativa: el deshonor, la repro bación de su familia, la venganza de un esposo traicio nado, ó no me atrevo á decirlo; pero lo dicen por DÚ lo que se encuentra todas las mañanas en las ban quetas de las calles, y lo que todos Lo.« dias presentan ,á vuestros ojos los tribunales, ¡il deshonor -aceptado y, pu blicado, la espos/cion en lugares solitarios, ó el infanticidio: hé aquí los tres partidos que la clausura de los tornos deja á las madres legítimas. ,Uno es la vergüeuza, el otro la muerte, el último el crimen. Si la esposicion en lugares solitarios es el recurso mas común, y si el niño abandona do toda una noche, todo undia en un callejón poco frecuen tado, detrás de una puerta, en el átrio de una iglesia, en las aceras de una calle, bajo los pasos de I03 caballos no perece de inanición, de frió, ó hecho pedazos por las ruedas de los carruages, si un transeúnte lo recoge, se lo lleva á un agente de policía, quien lo entrega á un comisa rio, que á su vez lo manda al despacho de un hospicio. Pe ro pronto el hospicio no estará autorizado para recibirlp; ¿qué se hará entonces? No lo dice el economista, pero.Jo dicen sus doctrinas, y Malthus, su maestro, se atreve á es cribirlo. El hospicio lo recibe, pues, por costumbre, por lástima, y sin autorización legal es enviado á una nodriza como antes. Pero no quedéis tranquilos por su suerte, y LA TRIBUNA seguidme hasta el fin para admirar cómo burlado en su crueldad por la misericordia forzada del hospicio, el econo mista sabrá volver á encontrar á su victima y herirla mas tarde con'Ia ingeniosa ferocidad de su sistema. Os decía yo que el niño espósito habia sido llevado al seno de una nodriza; que esta, segura de conservar indefini damente al niño y adherirse k él por esa ternura de la car ne que parece correr con la leche, llegaba á ser para él una madre, y que él encontraba todo lo que la naturaleza le habia negado; padre, madre, hermanos, hermanas, familia, enseñanza, pátria. Este resultado os hacia bendecir á la Providencia y la caridad de una sociedad cristiana! Pues, sabedlo; todo es to era una falta contra las reglas de una buena economía administrativa; y habia en ella una profunda inmoralidad. No lo sospecháis así, ni yo tampoco; pero el economista ha descubierto la inmoralidad en los números, y por un error deplorable, para justificar su avaricia, va á tomaros por el sentimiento moral, y á demostraros que la misericordia es una seducción y que la humanidad es un crimen. Hé aqu^ pues, cómo raciocina y cómo obra: cito las palabras de Lord Brougham, el elocuente y concienzudo órgano de esta teo ría en acción, nombre ilustre y benéfico que causa pena encontrar al lado de semejante sofisma: "La mala conduc ta ta tiene una seducción de placeres seguida de una pena. u Así, pues, al recibir al niño en el hospicio, dejais el pla- u cer á la madre culpable y la libráis de las consecuencias. u ¿Qué diríais de un hospicio destinado á aliviar á los bor- u rachos?» Partiendo de este principio, cuya falsedad de aplicación se siente desde luego al tratarse de infelices niños, víctimas y DE LAMARTINE. 99 no culpables de su nacimiento, nuestros economistas edifi cados meditan y discuten, y ¿qué han meditado1' ¿qué han discutido? Si el niño es recibido en la inclusa, es re tirado de la tierra donde ha sido dado a luz, á la manera de los romanos, para ser juzgado digno de la existencia, para vivir; si se le ofrece el seno de una nodriza, y educado por ella con el amor que tiene á su propia carne, llega á encontrar una familia, ó atraerse el cariño de los padres adoptivos, ó amarlos él á ellos; si las señales de reconoci miento que pudieron ponérsele al llevarlo á la inclusa y lá proximidad del lugar en que nació, permiten á la ternura de la madre seguirlo de lejos en las fases de su vida y re cogerlo en dias mejores; la dulzura de esta situación, estos cousuelos de una vida desgraciada, estos vínculos conser vados con la nodriza, con la madre acaso, serán una seduc ción tan poderosa para la esposicion de niños, que el sen timiento maternal será vencido, y el libertinage y el mismo matrimonio llenarán vuestros hospicios de hijos abando nados, y harán este frió y espantoso cálculo que igualmente rechazan la naturaleza y el sentido común. Para impedir este abuso imaginario ¿que es menester hacer? ¿Cerrar I03 tornos? esto no es bastante. Los que pasaran por la puer ta de los hospicios, ofrecerian aun el escándalo de vuestra misericordia. Es menester desterrar á la vez la ternura de los padres y el afecto de las nodrizas; es menester proscribir, espatriar, esportar, cambiar de lugar, mandar á los niños de departamento en departamento lo mas lejos posible, de un estremo á otro de la Francia, para evitar que llegando á formarse la ternura de las nodrizas amen á los huérfanos que se les confían por un dia, y que estos desdichados ni ños lleguen á crearse un hábito de afectos y una ilusión de fam ilia en las cabañas en que se les ha recogido; es menes 100 LA TRIBUNA ter decir á esos niños que tienen ya de tres á diez años, ár los padres que han olvidado que tales niños no eran sus hi jos: "Erais padres para estos huérfanos; vosotros, niños, érais hijos para estas familias: el hábito, el reconocimiento, la seguridad de vivir siempre juntos os Iiabian inspirado una consanguinidad casi tan fuerte como la de la naturaleza: romped violentamente todos estos lazos, separaos. La ley oastigará el amor que os habéis concedido tener á otros. Tú, niño, serás enviado á otro padre! tú, madre, recibirás otro hijo!" (Sensación universal y prolongúela.) Y no digáis que la ejecución de este cambio de lugar no es un rigor, que en nada altera la suerte del niño espósito, en nada la de las familias adoptivas, puesto que al niño se da otra famillia, y á la familia otro niño! Esto seria mostrar una ignorancia ó un desprecio de la naturaleza humana que aunque esté en vuestros actos, no puede estar en vues tros pensamientos. ¡Cómo, señores! Arrancar á un niño de tres, cuatro, siete 6 diez años á la niuger que lo ha criado con su leche, al padre que lo ha mecido en la cuna de sus hijos, á los her manos, á las hermanas con quienes ha crecido, al pueblo en que ha vivido desde su nacimiento, al pastor que le ha da do la enseñanza religiosa, al preceptor que le ha dado lec ciones en la escuela con todos los niños de su edad, al hábito de su trabajo, á todos los afectos arraigados en su alma in fantil, á la casa, al campo, al rebaño, al campanario, á la lengua, al clima, á todas esas corelaciones institivas del hom bre con la naturaleza entera, que forman lo que se llama el país; arrojarlo á cien ó doscientas leguas de allí, á un clima diferente, á otra casa, á una familia que no lo lo conoce, entre niños con quienes no tiene recuerdos comunes, ni afecciones DE LAMARTINE. innatas, & un hombre, á una muger qae.no son su padre, ni su madre, que lo recibirán con repugnancia y con rudeza, echando menos al niño que se les acaba de arrebatar del mis mo modo . . . .cómo! ¿no es todo esto un rigor, una pena, el destierro, la barbárie? ¿Pues qué es? ¡ Ah! Preguntadlo & vuestro propio corazón íntimamente interrogado, pregun tadlo á esos convoyes casi fúnebres de niños espatriados que encontramos en grandes hileras por los caminos con la frente pálida, los ojos húmedos, el rostro entristecido, y que parecen interrogar á los transeúntes con su mirada á qué suplicio se les conduce! Praguntadlo (veinte veces he pre senciado yo mismo estas lamentables ejecuciones) pregun tadlo á ese niño & quien vuestros gendarmes arrancan . por fuerza de la que le ha servido de madre, y que se agarra de la puerta de la cabaña de donde van á arrancarlo para siem pre! Preguntadlo a esas pobres madres indigentes que cor ren de su casa á la del maire, de la del maire á la prefec - tura, pidiendo la revocación de la orden inflexible, que por no sufrir eldolor de verlo partir, se compromenten á man tenerlo gratuitamente, que lo entregan á veces al conduc- tar del convoy, y después, arrepintiéndose, corren tia3 él has ta veinte ó treinta leguas á pié para volverlo á reclamar y lle varlo en brazos k la cabaña! Preguntadlo á las maldiciones unánimes que se levantan contra una administración sin en trañas; á las violencias, á la desesperación, y cosa horrible, pero cierta y que es preciso decir, á los precoces suicidios, de niños que en un mismo departamento no pudiendo su frir la congoja de estas separaciones se han precipitado al pozo de la casa ó al estanque de la aldea! No, estos im placables economistas jamas conocerán el torrente de cólera y de desesperación que ha derramado su medida en el co hJk TRIBUNA razón del pueblo y en el alma de estos niños infelices!^, \ (Aplausos) Y se rie de tanto infortunio y nos acusan de sentinientarismo y de exageración. "Esos hombre* del pueblo, no tienen, dicen, esa sensabilidad que se les atribuye un niño no es para ellos mas que un recibo que cobrar ca da trimestre, una cabeza mas en el rebaño." Miserables subtefurgios de una desdeñosa teoria que calumnia á la na turaleza en las clases pobres para escusarse de juzgarse á si misma. Mas cerca que nosotros de la naturaleza, esas almas sencillas la sienten mejor que nosotros, porque no sienten otra cosa. Soberbios calumiadores de la clase indi gente, intentad pues, arrancar al pobre su perro! no lo po dréis hacer, porque tendréis tantas insurrecciones como alr deas. Y qué ¿se sublevará el corazón del pobre si le arran can superro, y pensáis que no ha de sublevarse cuando lle guéis á arrancarle al niño que su muger ha criado, que ha comido su pan, dormido en su lecho, crecido con sus hijos? _jAh! si pretendéis establecer costumbres tales cuales las pin táis, serán costumbres, sí; pero costumbres administrativas, costumbres feroces; las sembráis en el pueblo, y un dia vol veréis á encontrarlas para vuestra desdicha y vuestro opro bio! [Interrupción, aplausos."] Esto en cuanto á lo presente; en cuanto al porvenir que la medida del cambio de lugar prepara álos niños abando nados, juzgadlo vosotros mismos. ¿En donde está el por venir de un hombre? En su pasado, en su naturaleza, en su alma, en sus sentimientos, en los hábitos que ha con traído. ¿Cuál es la garantía de este porvenir? El espíritu, de familia, de pátria, de sociabilidad, que es como la atmós fera moral del individuo. Pues bien, ¿qué hacéis con el cambio de lugar de los niños espósitos? Endurecéis el alma del niño, que lleváis de una i otra familia para enseñarle DE LAMARTINE.] 103 que no tiene ninguna. Le arrancáis del corazón la dult.^ ilusión de maternidad que nuestras s ibias instituciones ha cian nacer en él. Lo degradáis, á sus propios ojos, rebajáis su naturaleza mostrándole que no es para vosotros mas que una escoria de la humanidad, en quien nada valen ni los afectos ni el llanto, á quien trasportáis de un suelo á otro como á un vil animal, ¿qué digo? que no tiene ni siquiera la condición del bruto, porque no pertenece á nadie. Lo en señáis á no adherirse á nada, á no amar á nadie; le hacéis un reproche de cada sentimiento desgarrado en él. Hacéis de él un no sé qué de humano, sin ninguna de las condiciones de la humanidad, cuyos vínculos todos están rotos de ante mano, que tiene que vagar de puerta en puerta, de hogar en hogar, sin fijarse en ninguna parte; que nadie educará, porque nadie tendrá esperanza, derecho ni responsabilidad de su porvenir; y que no tomando de las clases inferiores, entre las que lo colocáis mas que la ignorancia y el vicio, irá pronto á aumentar esa plebe flotante é impura de vues tras grandes ciudades, á arrastrar su vida en la vagancia en las casas de corrección, y tal vez á acabar en vuestros presidios. ¿Y llamáis á esto un sistema? ¿Y llamáis á es to economía? (Aplausos.) Sí, unos cuantos céntimos desa parecerán en una forma de vuestros presupuestos departa mentales; pero reaparecerán multiplicados bajo otras for mas. Pagaréis en vicios, en gendarmes, en policía, en cár celes, en presidio,"en despoblación y en crímenes, siete ve ces mas que lo que no queréis pagar en tutela y en provi dencia. Sabed que un solo crimen, un solo vicio, un solo desorden arruina mas á una sociedad que mil actos de be neficencia. Tales son los hechos; me da vergüenza descubrirlos, pe 104 LA TRIBUNA ro es preciso; porque referir semejantes escándalos ante una nación inteligente y generosa es hacerlos imposibles. Vea mos ahora las teorías que sirven de base. "Primero, dicen: esto es económico, es dinero menos," como si la humanidad debiera someterse á las cifras, y no las cifras á la humani dad. Habéis visto que esta era la mas ilusoria de las eco-1 ; nomias, que inmensamente importa mucho mas dinero; pe ro es el dinero manchado por el vicio, ensangrentado por el crimen, en lugar del dinero purificado, santificado, fruc tificado por la misericordia y la previsión sociales. (Aplau sos.) ' - ¿Qué alegan además? Que así disminuyen de dos ino- . dos el número de los niños espósitos ó abandonados. ¿Y cómo? En primer lugar, según dicen, impidiendo la espo- sicion de los hijos legítimos por madres, y madres que es tán en posibilidad de mantenerlos, y que por fuerza ó por capricho, los abandonan á cargó del Estado en los hospi cios; y en segundo lugar, intimidando de antemano á las madres ilegítimas que se corregirán del vicio, ó que se so brepondrán á la fuerza de las pasiones ilícitas, sabiendo qué no podrán ocultar ni abandonar al desgraciado fruto de estas pasiones. En cuanto á la esposicion de los hijos legítimos, es cierto que se han deslizado algunos abusos en la obra dé caridad que los hospicios están encargados de administrar. Pero, á pesar de las estadísticas falsas y de las aserciones com placientes, estos abusos se reducen á muy poca cosa, á tres ó cuatro por ciento en el número de treinta y dos mil ni- ■> ños espósitos. • Al principio creí en esas innumerables es- posiciones de hijos legítimos, tan auténticamente enumera das por los partidarios de la economía á toda costa. Pero habiendo reflexionado mas maduramente sobre esta increi- DE LAMARTINE. 105 ble abnegación de los sentimientos naturales y de los sen timientos domésticos, que en un estado de sociedad regu lar, hiciera á veinte mil padres y madres unirse para arro jar después descaradamente los frutos del matrimonio á las banquetas de las calles, me he preguntado si esto era ve rosímil y después si era verdadero. He buscado los he chos de este género en los dos departamentos mas abun dantes en niños espósitos, y después del mas minucioso exámen, después de ocurrir al testimonio de los maires, de los curas, de los consejeros de los hospicios y de los, veci nos, me ha sido imposible comprobar un solo caso de es- posioion de este género. De aquí he inferido que debian ser infinitamente raros. Esto se dice, esto se escribe, esto se ve poco. Y cierta mente la administración es demasiado vigilante para des cubrir y publicar el desorden, si realmente existiera. La he desafiado á que lo haga, y la desafío todavía. Haga, pues, la enumeración auténtica de esas exposiciones de ni ños nacidos en el matrimonio, compruebe al menos cinco por ciento en el término medio de los departamentos. Aun así no le reconoceré el derecho de cebarse en los 30.000 niños, y en las 200.000 familias que los reciben; y solo el de tomar algunas medidas de sobrevigilancia y de penali dad contra los culpables. Pero nada de esto .existe, por que nada de esto puede ser. En efecto, señores, figuraos cuántas veces se encontrarán entre el padre y la madre ese «cuerdo contranatural para el abandono del hijo que hayan tenido de una unión legal, religiosa, patente. Figuraos después cómo bajo el imperio de una legislación en que es perfecto el registro civil, y bajo la diaria vigilancia de la ley y de las costumbres, habrá podido una madre tener en *u seno durante nueve meses á su hijo á la vista de sus pa IOS LA TRITOA rientes, de sus vecinos, de toda la aldeaj cómp habrá podido dar á luz á este hijo, cómo, lo habrá hecho. inscribjr en la municipalidad, ó cómo hahrá dejado de hacerlo sin notorie dad; cómo lo hahrá hecho bautizar en la iglesia, cómo,, le habrá buscado un padrino y una madrina entre susrconoci*- ■ dos; cómo lo habrá criado ella misma durante algunos días 6 hécholo criar en el pueblo, sacádolo después furtivamsty te, depositado, hecho desaparecer, sin que de tantos actos imposibles de ocultar y de justificar, no resulte una huella, un testimonio, una sospecha de la existencia y de la desa parición de este niño de la casa paterna; sin que el maire, el cura, la partera, el padrino, la madrina, el pariente, el amigo, el vecino, no le dieran cuenta de este niño, nacido á los ojos de todos, inscrito, bautizado, criado á vista de to dos! De dos cosas, una: ó la madre miente y. dice: "mi hijo ha muerto" y las actas de!, registro civil la desmienten, ó confiesa su esposicion, simulada, y entonces ella misma se cubre de confusión ante todas las madres. Y notad que si esto pudiera verificarse mas fácilmente, seria en las ciudii- des, en que la vigilancia, raiitua es mas rara. La pretendida estadística responde por mi. No denuncia casi ni un caso de esposicion de hijos legítimos en las ciudades. [Sensación, interrupción, aplauso$.~[ ¿Qué queda, pues, de esta falaz escusa del sistema del cambio de lugar? Nada, ó casi nada. Y cuando esto íuq- ra mas frecuente, cuando en una sociedad que no tiene ni los ausilios antiguos de la Iglesia ó del feudalismo, ni los ausilios mutuos de una. democracia que se aisla en su egoís mo, ni los ausilios municipales de la contribución para los pobres como en Inglaterra, en una sociedad en que el pro letario sin trabajo no tiene Providencia masque en el cielo, en que un aumento de niños que educar, de ancianos en DB LAMARTINE. termos que alimentar pueden exceder de sus fuerzas por. sus necesidades; cuando en semejante sociedad, el Estado recogiera y alimentara con el pan público á algunos milla res de niños, cuyo único patrimonio es la limosna, ¿haría algo que no fuera el mas rigoroso de sus deberes? ¡Oh! mientras la democracia no tome su espíritu del cristianismo que la produjo; mientras la sociedad no tenga entrañas pa ra sí misma ¿quién las tendrá? ¿quién la defenderá si ella se envilece, y se insulta á sí misma con su mezpuina y du ra insensibilidad? \Aplausos, j Pero oigo ya la respuesta de los economistas. "La prue ba, nos dicen, de que muchos hijos legítimos son espuestos, es el efecto producido en todas partes por la clausura de los tornos y el cambio de lugar. En el momento del cam bio, multitud de niños son sacados de los hospicios, nues tros presupuestos se aligeran, nuestros hospicios van á que- , dar desiertos. Contad, mirad que nos hemos librado de casi la mitad de los niños; nos han sido quitados. Segu ramente los que los recogen son padres y madres legítimas, 6 al menos, padres y madres que pueden alimentarlos y educarlos.» Pues bien, esto no es cierto, fuerza es decirlo para oprobio de nuestra dureza social! No son padres ni madres los que recogen á esos desgraciados niños en el momento en que les amenazáis con la esportacion. ¿Sabéis quiénes son? Voy á decíroslo, porque lo he visto, porque al verlo, mi corazón se subleva indignado contra vosotros, y se llena de piedad y de admiración hácia el pueblo de nuestros campos. No, no son padres ni madres legítimas; son en primer lugar algunas pobres obreras, algunas jóve nes seducidas, que colocadas entre la desesperación de per der para siempre á su hijo y la vergüenza, prefieren la vergüenza, y récogan al niño sin saber cómo habrán de 108 LA TRIBUNA educarlo. Estos niños aumentarán un día el número de proletarios sin hogar, y agitarán las ciudades en vez de fe cundar los campos. Son, en segundo lugar, algunas per sonas caritativas, que testigos del dolor de las nodrizas & quienes se van á quitar los niños que han criado y la pen sión del hospicio, les dicen: "Conservad al niño y pagaré- mos las mesadas.» Son, por fin, en número inmenso las familias indigentes que no pudiendo resolverse á separarse de los niños se deciden á quedarse con ellos, sin ninguna remuneración! Es decir, que la limosna sagrada del Esta do que debia dar la propiedad, la dan en lugar de vosotros los pobres labradores y los indígenas! ¿Es esto responder al sofisma que los calumnia para escusarse? Sí, yo lo veo todos los dias; las nodrizas y sus maridos son quienes entre la pérdida del salario ó la pérdida del niño resisten algún tiempo, fingiendo que quieren entregar al niño á la adminis tración; después, cuando llega el momento de la separación, sienten que se les rompe el corazón, y llorando vuelven al niño á la casa para que participe del pan de la pobre familia. ¡Qué ejemplo y qué lección! Hé aquí la esplicacion de vues tras cifras, de esas cifras con que creéis triunfar! Hé aquí la cifra de las virtudes de este pobre pueblo que tiene mas alma que vosotros! hé aquí la cifra de vuestra avaricia y de vuestra dureza de corazón! [Larga interrupción y aplausos]. En lo que concierne á los verdaderos hijos ilegítimos, ca yo nacimiento debe quedar en el misterio ¿qué es lo que hacéis? ¿á qué esponeis el corazón humano cerrando estos asilos secretos que son una de las mas sagradas invencio nes de la misericordia y del pudor público? ¿en qué inexo rable congoja colocáis á la joven madre seducida, á la mu DE LAMARTINE. 109 ger culpable que lleva consigo el fruto de su debilidad ó la prueba de su infidelidad? Llega su hijo al mundo; si se sabe la falta, queda perdida para con su familia, sus amos y sus vecinos; la condenan el mundo, las costumbres, la so ciedad y la religión: la amenaza acaso una terrible vengan za; es menester que ella perezca ó que desaparezca el testi monio vivo de su deshonra. Hé aquí la terribie^alternativa en que colocáis a esta muger en la soledad, en el silencio de la noche, en el delirio de la fiebre, y así os atraveis á decir que no aumentará el infanticidio! No aumenta! qué sabéis de esto? Es un crimen mas fácil de ocultar.' Y no aumenta! Y la esposicion en las calles, en los albañales, en los sitios solitarios asimilados por la ley al infanticidio! Os atrevéis en .vista de tantos hechos, tan multiplicados y tan recientes á afirmar que no aumenta? Pues yo os digo que el infanticidio aumenta bajo una ú otra forma, que se estenderá monstruosamente en las ciudades y en los cam pos, y para afirmarlo no necesito saberlo, me basta leer vuestras ordenanzas y vuestras decisiones. Es imposible que la causa no produzca sus efectos: ¿y no tenéis frecuente diariamente estos espectáculos ante vuestros ojos? No ha béis visto en esta misma semana abandonados y muertos á estos infelices niños en las gradas del mismo palacio de la cámara de diputados, como para protestar con sus cadáve res contra la barbárie de vuestras leyes? [Profunda y uni versal tensacion.~\ <■ Apresuraos, señores, á lanzar el grito de alarma y á protestar en peticiones unánimes y enérgicas contra estos sofismas de un sistema cuyas consecuencias, si dejárais es tablecerlo por una administración imprevisiva, llegarian á •er un crimen nacional y el oprobio de nuestro época. De jadlos hablar, dejadlos escribir, dejadlos contar, habrá algu 13 110 LA TRIBUNA na vez buenas razones para una inmoralidad? Y qué ra zones? "Cuidado! os dicen; si abrís hospicios para los bor rachos, ¿no aumentará la embriaguez? Del mismo modo recibiendo á los niños espósitos en vuestros hospicios, no daréis una prima al libertinage, á la pasión, á la multiplica* cion de los nacimientos ilegítimos en la clase que no puede alimentar 4 sus hijos?" Y son hombres sérios, hombres de Estado, hombres de ciencia y de sistema los que desconocen ó desprecian bas tante á la humanidad pensadora y al corazón del hombre para daros estos miserables protestos? ¿En una pasión mas fuerte que la muerte, según la Escritura, y que no es nada si no es el delirio y la embriaguez de la razón, los hombres, a quienes no intimidan los peligros mas inminentes, ¿conserva rán bastante sangre fria y bastante imperio sobre sí mismos para leer vuestras decisiones, para examinar y pesar, cuáles son las eventuales probabilidades que la supresión de los tor nos y délos hospicios deja á los frutos de su falta? Esas jóvenes, esos hombres que se unen á la faz del cielo y de la tierra por medio de un legítimo matrimonio, con la esperanza y el deseo de tener hijos y de educarlos, ¿no se casan sino con la intención convenida, premeditada de ar rojar á sus hijos á vuestros hospitales? En verdad, no ha bría respuesta séria á semejantes suposiciones, si el sofis ma no se convirtiera en legislación destructora; pero la risa es sofocada por la indignación. Si, no hay duda; si fundáis hospicios para los ébrios, aumentáis la pereza y la mendicidad. Pero los ébrios son culpables; pero lo son los mendigos que pueden trabajar; la prima que les diérais se ria una prima á sus vicios. . ¿De qué son culpables esas in felices criaturas que caen de los brazos de sus madres á los DE LAMARTINE. vuestros, esos millares de niños que nacen sin tener el de recho de nacer, y á quienes imputaréis como crimen la de bilidad, la falta de sus madres y la dssgracia de su naci miento? (Sensación.) Castigáis sin duda á los ebrios, á los mendigos, a los va gamundos; debiérais castigarlos mucho mas; vuestra legis lación está hecha contra el crimen, y contra el vicio; los castigáis proporcionalmente á su delito; pero no los casti gáis de muerte. Y aquí castigáis de muerte ¿á quienes? no á los culpables, sino á los mas inocentes de todas las criaturas, á esos millares de niños que vienen á imploraros la vidal ¡ Ah! cuando la legislación conmueve así vuestras entrañas y escita en vosotros tales remordimientos, cuando: la naturaleza murmura y se subleva contra la ley, cuando vuestra mano se estremece al ejecutar lo que ha decretado vuestra lógica sin alma, desconfiad de la ley, deteneos, es tad seguros de que se os engaña! la naturaleza y las buenas leyes jamás están en contradicción, y desde el momento en que la una condena, estad ciertos de que la otra ha menti- do. (Numerosas señales de adhension.) Me detengo. Veamos bien cuál es la vía en que entra* mos, y qué camino quieren dar k nuestra democracia es-t trecha hace años las doctrinas materialistas del economisma inglés. Queremos organizar la fraternidad social, y olvida- mos el cristianismo que la hizo práctica en nuestras cos tumbres y en sus obras, antes que la revolución de 89 httr biera ensayado organizaría en nuestras leyesl Queremos fortalecer la propiedad, base de la familia, y hacemos de la propiedad una tiranía esclusiva y cruel que estrechándose mas y mas en sí misma, llegará á ser su propio dios y con* denará á la muerte, al abandono, á la vagancia á clases en teras de la sociedad] á novecientos mil niños espósitos que 112 LA TRIBUNA actualmente viven en su seno: que fundándolo todo en la economía, acabará por no tener gobiernos humanos, ni aso ciaciones humanas, sino asociaciones y gobiernos de con tribuyentes en que el dinero no será solo el signo de la ri queza, sino también el signo de la moral, de lo justo, de lo honesto! No es así como se evitan las revoluciones; así es co mo se preparan! Yo no soy fanático entusiasta de la revolu ción francesa: mucha sangre la manchó, y el tiempo no ha he cho todavía la liga del crimen y de la virtud. Pero si es po sible distinguir un principio dominante, y por decirlo así, el alma de aquel gran movimiento social, seguramente es el principio cristiano, el principio del ausilio mutuo, de la fra ternidad humana, de la caridad legal. Se le ve salir, brotar de cada ley de la asamblea constituyente, y brillar, aún en medio de tantas tiniabl as, en las borrascas de la Convención. (Aplausos.) Entonces, si Un legislador hubiera propuesto esportar á treinta y tres mil niños al año, desgarrar los afectos nacidos, en doscientas mil familias, tapiar los tornos, y cerrar lós hospicios, habría queda lo anonadado bajo la indignación de sus colegas y las maldiciones delJ pueblo. Entonces se hacian leyes políticas bárbaras, y leyes sociales suaves y humanas: por qué? Porque si no se escuchaba titas voz que la de las pasiones contra los enemigos políticos, la de la na turaleza no estaba todavía sofocada bajo la lógica de tos in tereses y la sordidez de los sistemas. Entonces se multi plicaban los asilos, los hospicios; se daba á la patria la tu tela de los niños abandonados, se hacia que el Estado adop tara á los huérfanos. Se hacia lo que habia hecho San Vicente de Paul; se hacia lo que hoy deshacéis vosotrosj Se equivoca el cristianismo? serémos nosotros los que tene mos razón? Respondan los hechos: el sistema de caridad DE LAMARTINE. 113 tiene algunos abusos; se resuelven en un poco de mas dine ro empleado en educar una generación sana y fuerte para vuestros campos. El sistema de los economistas tiene tam bién sus abusos: la depravación y el infanticidio: escoged. Por mas que hagáis, habrá siempre en las organizaciones humanas un vacío inmenso que solo podrá llenar la bene ficencia. No os diré, "haced lo que la Convención;" pero sí, "haced como el Evangelio," dad gracias á Dios de que deja á la sociedad espléndidas limosnas que dar, obras santas de caridad que consumar. Así sentirá que es de Dios, y que algo divino la anima y la eleva mas allá de estos viles inte reses del tiempo y de la materia, á que en vano hay quie nes intenten rebajarla. {Aplausos.) No condenéis al vicio ni á la muerte á esos niños que os abandonan la vergüenza ó la miseria. Una sociedad que no supiera que hacer del hombre; una sociedad que no con siderara al hombre como el mas precioso de sus capitales; una sociedad que recibiera al hombre á su entrada en la vida como una plaga y no como un don; una sociedad que no supiera defender la propiedad, sino á costa de la moral y de la naturaleza; una sociedad semejante. ... ya estaña juzgada; seria preciso apartar de ella los ojos! [Sensación.] Conjuro á la asamblea á que proteste contra las medidas adoptadas por la administración de los departamentos, y á que dirija peticiones á las cámaras para que sea revisada la ley relativa i los niños espósitos, conforme á los princi pios del decreto de 1811, [Resuenan aplausos prolongados por todo el salon.~\ •!• >t,.<.-. • ; '■' ■■ «i. .. '< ' ii • -. ■ ' . i ' '• ' ti ' . • - , . ■ í ■! <■'■ 'i - KH FERROCARRILES. II DISCURBO PRONUNCIADO EN LA SESION DEL 10 DE MAYO DE 1838. ■ ' Senokes: Oigo en la cámara voces que dicen que voy & hablar en el mismo sentido que el preopinante; se engañan, voy á apo yar sin duda sus excelentes consideraciones contra el siste ma exagerado de las campañas; pero voy sobre todo á de fender un derecho social, un derecho del gobierno que en mi concepto no fué ayer bastante sostenido por el mismo gobierno. No censuro por esto al señor ministro de nego cios estrangeros: esta opinión data de mucho tiempo en su espíritu; pero su convicción que honro, nos deja todas las nuestras, y yo tengo el derecgo y el deber de sostenerlas aquí. Algunas vocee. Entonces es en el mismo sentido! 116 LA TRIBUNA Pero permitidme antes confesar la impaciencia, la irrita ción de espirita que esperimento desde que se abrió este debate, que esperimentaba ayer todavía en medio de la ad miración que me inspiraba el elocüente orador que nos im presionaba tan vivamente al fin de la sesión, al ver toda la autoridad de la ciencia, todo el poder de la palabra, emplea dos en contestar al país una de sus necesidades mas urgen tes, la ejecución inmediata de uno de los caminos de fierro que deben colocarlo al nivel de la industria y de la civili zación de los pueblos vecinos. Llego aquí al orden de las objeciones espuestas ayer t por M. Berryer. Como este elocuente orador, tampoco quie ro escluir á los intereses privados de su parte de acción le gítima. Este círculo abraza, señores, todo lo que no in vade el interés general. ¿No es bastante estenso? y ¿no veis desde hace siete años que la asociación privada ejerce li bremente su acción? ¿no la veis disputarse la industria y elíterritorio. para fecundizarla? Y ¿no son prueba evidente de su libertad las doscientas compañías que en quince me ses se han formado en el país? Pero si la asociación privada tiene su parte, sus dere chos, su utilidad, sus servicios ¿se deben desconocer hasta tal punto las atribuciones d el gobierno, que se le retire; Jo que pertenece esencialmente al Estado, es decir, la direc ción, el dominio, la vigilancia, la determinación de las gran des obras? ¡Cómo! según la bella esprecion del ministro belga, la Bélgica por un esfuerzo desproporcionado á sus fuerzas os da cita en sus fronteras; la Europa entera acude para multiplicar y completar su riqueza, solo . la Francia ¡ ha de faltar! Se os consulta este medio defensivo de lle var en un momeuto vuestras fuerzas del centro á la cir cunferencia, de elevar, con la baja el trasporte, el valor !c'i".o* " í- i"; tu o. H ¡.i''1 .í>"cíty ■ DE LAMARTINE. 117 de todas las primeras materias; y vosotros decís no y siem pre no! y una comisión compuesta de los hombres mas con sumados de esta cámara, después de tres meses de estudio, no os discute mas que dificultades y no os trae mas que negaciones! (Muy bien!) Pues bien; nosotros á nuestra vez dirémos, y lo dirémos de un modo tan enérgico y taa firme, que el país nos se cunde, y tengamos lo que en vano pedimos para él hace siete años: grandes líneas de caminos de fierro ejecutadas, no al acaso de las combinaciones de los intereses privados, sino bajo la direecion y ejecución del Estado. (Muy bien.) Y ¿por qué escluir al gobierno que no es mas que la ac ción del país, de las obras que la nación quiere llevar á ca- .bo? ¿por qué se levanta este clamor luego que se pronuncia la palabra gobierno en una empresa cualquiera? ¿Por qué? Porque en Francia hace veinticinco años que el go bierno está fuera de la ley; es el enemigo común, es pre ciso ligarse contra él, negar lo que afirme, afirmar lo que niegue, hacerlo todo sin él, declarándolo incapaz, embara zoso, impotente para todo; separarlo de la nación, conde narlo á un ostracisimo polítido, comercial é industrial que lo ponga fuera de todo lo que el país quiere hacer; decirle: "Lo harémos todo sin tí, ó no harémos nada;" y no dejarlo existir al frente de la nación, sino como una grande y cos tosa inutilidad, destinada á declarar nuestra impotencia, y á servir de blanco á todos los reproches, á todos los insul tos, á todos los epigramas de que vive una envidiosa popu laridad! Mucho tiempo he tratado de esplicarme esta rareza ines- plicable de un país que se fracciona ea dos, y establece de buena gana este antagonismo entre los ciudadanos y el go 118 LA TRIBUNA bierno. ¿Será menester decirlo? Esto no se esplica sino por un anacronismo de la oposición. Las oposiciones se Creen todavía en el tiempo en que el país y el gobierno eran dos; en que el gobierno despótico, aristocrático, absoluto por naturaleza, era un ser aparte del país, y lo esplotaba á merced de su avaricia, en beneficio de sus cortesanos y de sus seídes, con el impuesto, con el monopolio, con todos los rigores con que lo agoviabapara alimentar las prodigalida des y pagar los instrumentos de la tiranía. Entonces ciertamente la oposición debia nacer, crecer, constituirse en espíritu permanente de resistencia y de lu cha, y decir: "Aquí el gobierno, allí el país, allí los ciu dadanos, todo lo que neguemos al gobierno será adquirido por el país, será ganado por los ciudadanos." Esto era cier^ to, era consecuente y era además valeroso. Pero, ¿estáis, ahora en el mismo caso? Acaso no habéis notado que ha habido siete ú ocho revoluciones desde 1789, desde el ré gimen del bonplaisir; que cada una de estas revoluciones ha hecho entrar al país mas profundamente en ql gobierno; que las elecciones, la responsabilidad, la iuspeccion, la ini ciativa han venido á asegurar superabundantemente la in tervención del país en sus negocios; que Jos gobiernos na son mas .que la acción de todos los ciudadanos centralizados en el poder, que todo sale de vo-otios, os corresponde, os está sometido y . que el gobierno no es mas que la acción de la nación? Para quien quiera que no ve todo esto, no hay evidencia. Interrogad, examinad, dad cuenta de vosotros mismos. ¿No sois vosotros los que estáis aquí, los que habláis, los que votáis? No imponéis la ley de vuestras mayorías á los ministros? Son ellos otra cosa que los eje-; DE LAMARTINE. 119 cutores amovibles de vuestra voluntad, combinada con los dos poderes que vosotros mismos habéis constituido? Y vosotros ¿quiénes sois? No sois los mandatarios de la opi nión y de la voluntad de vuestros electores? Y detrás de estos electores, ¿no tenéis otro país legal que elige, que vota que contrata, que gobierna la parte inferior de intereses que le está confiada? Puede haber arriba, abajo, en la cumbre en los grados todos de la administración nacional un solo acto de alguna importancia que no sea la espresion, la ac ción de una mayoría, el acto de la nación que obra? No, esto es tan evidevte como la constitución misma del pais. Separar el gobierno y el país en semejante estado de cosas, ponerlos el uno contra el otro, es el contrasentido ininteli gible en que puede caer un país espiritual; es tomar para combatirse á sí mismo las armas que se habían forjado para combatir á gobiernos opresores; luchar con los fantasmas de un pasado muerto; es tomar á 1838 por 1788. No hay asombro bastante para semejantes equivocaciones que se perpetúan veinte años en el espíritu de ciertos hombres pe trificados en la oposición. En cuanto á nosotros, lo repito, el gobierno es la nación misma, en tanto que esta no sea destronada; es la nación administrando sus negocios. {Muy bien.) Pero aquí volvemos á encontrar á nuestros honorables adversarios en sa mismo terreno. Se trata, pues, de los mas grandes negocios que un país haya tenido que llevar á cabo, de crearse por medio de vías férreas una viabilidad política, comercial, militar, industrial, cuyo alcance nadie puede calcular desde ahora. Se trata de la conquista del mundo, de las distancias, del espacio, del tiempo, de mul tiplicar hasta el infinito las fuerzas y la industria humanas, 120 LA TRIBUNA abreviando todos los obstáculos: se trata de lo desconocido; pero de un desconocido cierto. Pues bien, ¿la nación 6 el gobierno obrará por sí mismo, ó se abstendrá escrupulosa mente de la acción, como quieren los miembros de la co misión, y dejará obrar á los individuos y á las compañías, asociaciones de individuos? Esta es toda la cuestión. Es inmensa, es política, es mas que política, es social; resuelve ó pierde todo vuestro porvenir, implica todo vuestro desti no activo, es el nudo de vuestro progreso indefinido ó de vuestro perpetuo estancamiento en la impotencia en que se os mantiene. Os hará avanzar ó retroceder un siglo, se gún como la resolváis. Os coloca á la cabeza ó á la cola de las naciones industriales; imbuye á vuestra generación el espíritu limitado del individualismo, incapaz de grandes cosas, ó hace de vuestros treinta millones de hombres un todo compacto que obra en su libertad con toda su fuerza y su voluntad reunidas, disciplinadas, irresistibles, y te niendo en cuenta sus intereses generales, la universalidad de su territorio y la perpetuidad de su duración como pue blo. H¿ aquí el alcance de la decisión que vais á tomar. ¡Que no pueda yo encontrar espresiones para trasmitiros la convicción clara, fuerte, evidente, reflexiva que me hace rechazar como una calamidad social las conclusiones com prensivas y pequeñas, falsas y mezquinas de vuestra co misión! Pero dejadme al menos decir algunas palabras! Y ante todo espliquémonos bien, para qne no haya en- , tre nosotros mala inteligencia política en una cuestión ma terial. Hay dos palabras qne ensordecen al mundo hace quince años, y que no están esplicadks todavía: centralización y descentralización. La cuestión de los ferro-carriles está toda en la inteligencia de estas dos palabras, que sirven de DE LAMARTINE. anión á las palabras mas opuestas. Sabéis cuán fácilmen te se pagan los hombres de palabras, y las repiten sin de-» finirías y sin comprender su alcance, según la cuestión en. que se les coloca. Hay, pues, un partido que tiene por divisa: "Centralización," otro que toma por símbolo "Deav centralización," y que convenga ó no convenga aplican su divisa ó su símbolo á cuanto se presenta a su discusión. Dicen la palabra y creen que todo está dicho. Pero voso tros no sois de estos hombres; no creéis ciegamente en una palabra; queréis comprender, comparar, juzgar. Exami nemos, pues, un momento en esta tribuna lo que hay de cierto y de falso en estas dos palabras, según como se apli can. En cuanto á mí, hé aquí como las entiendo: ¿Habláis de la libertad política, de esa parte de derecho y de acción que los gobiernos libres dejan á todos los ciu dadanos para ir después íi derivarla de ellos y que hace que la acción del gobieino sea el pensamiento de todos? Soy el partidario mas decidido, el mas radical, si me pasáis la palabra, de esta naturaleza de descentralización, que es la libertad, la moralidad, el progreso del mundo. Dejar á todos los ciudadanos la mayor parte posible de derechos; hacédselos ejercer libre, leal, eficazmente. por medio de las elecciones, las garantías, la inspección de todas clases, en todp3 los puntos de la circunferencia, hacer radiar el de recho y la libertad política en todas partes, en todas las clases, en todos los individuos de la nación, como el sol, á fin de que cada uno, si esto fuere posible, pudiera tener Su parte, su luz, su calor vivificante y que en un Estado Lien ordenado cada ciudadano pudiese parodiar por decirlo asi estas palabras de un rey y decir con verdad: "El Estado $py yo, el Estado es mi derecho, mi pensamiento, mi Yo- - u LÁ 'TRIBUÑÁ luntad," hé aquí la descentralización que quiero, hé aquí la que engrandece la esfera de la inteligencia, dé la volun tad, del bienestar, de la moralidad de los pueblos, la desar rolla, la organiza, la perfecciona. Hé aquí el progreso y la obra de nuestros siglos. Pero una vez que el gobierno libre en su naturaleza po lítica ha derivado su mandato, su fuerza, su derecho, por medio de esta descentralización política, de todos los pun tos de la circunferencia; una vez que el pensamiento de cada uno ha llegado á ser legalmente un pensamiento pú blico, un pensamiento nacional, una vez ^ue cada uno le ha dado la sanción por decirlo así individual., por s( mismo por sus mandatarios, ó por el órgano de las mayorías, el papel cambia, como ha cambiado él deber; y el Estado de- De concentrar entonces esta voluntad general en una inten sidad y en una unidad de voluntad y de acción administra tiva, tan omnipotente como debe serlo la acción colectiva de una nación. Debe, digamos la pálábra, centralizar tan to mas su acción y su administración, cuanto que el dere cho político está mas diseminado por la formá de gobiernó; y esto es lo que maravillosamente y como por instinto han sentido los gobiernos libres; esto es lo que la Francia ha sentido tan enérgicamente. Cuando al pasar del despotis mo á la libertad, en 1789, comenzó por romper todas sus provincias, todas sus representaciones federativas, todas sus . administraciones provinciales, todas sus administraciones locales, todo lo niveló, lo borró, lo uniformó, lo llamó todo á la acción una é irresistible del centro administrativo, y por decirlo así, se refundió de un solo golpe en un poder ejecutivo capaz de imprimir el movimiento á las partes mas muertas de sus estremidades, y de resistir, como "un DJívtiAísLftímNE. 12:} solo muro nacional á la federación en eliifcfceíipr ,y á la Eu ropa en el esterior. Este pensamiento es el que la hizo resistir y vivir^ este pensamiento es el qne produjo aquellas maravillas de resis tencia en la guerra y de creaciones materiales en la paz. La yida y la unidad son una misma cosa en un pueblo; mientras mas se completa la vida, mas se señala la unidad en las na cionalidades que se aglomeran, en la administración que se uniforma. La historia bien comprendida no dice mas que esto: D escentral izar una. nación e.» descuartizar!* viva*. 1 1 Hé aquí mi sistema y hé aqüí él vuestro." *' Nosotros queréis paralizar, descentralizar la administración, que ¿bn- fundís con la libertad, con el derecho, indíviduafi quiero descentralizar como vosotros el derecho, .pblítipo,' ~y descentralizar mas poderosamente aun la administración general del país. Digo general, porque lo mismo que vch- sotros, no quiero quitar á las unidades locales lo que les es necesario para obrar en la 'e8féra''efórecbá'!:d%':i&!' localidad; Y ¿cuál es el resultado de vuestro sistema? -Debífííar la misma libertad, convencería dé irupótenctá, y «FíáóéV'dé ella no sé qué fuerza diseminada, abstrácíá,< MébftWétíte', que 'só niega é sí misma los medios dfe acciértt Colétítiv&,'-'(ftl&iti deja todo al interés individual» él'mas Kmlta^ó?3 elementos moral, el menos activo, el menos rfcguteer, élm'étífts'lstfctal de todos los intereses, en una1 una palabra, el-ré3,Hltaaoíu,B vuestro sistema es enervar & los gobiernÓS Hbrés ydeshon^ rarlos, haciendo patente Sen todo su incapacidad para las grandes cosas. ¿Quién comprende mejor y quién honra mas la libertad? ¿Vosotros,.© nosotros? Nosotros naqueremos, no querremos jamás la libertad como vosotros la entendéis, por que es una libertad cuya fueraa única ea la resistencia, 13» tATRIBÜNÁ mientras la nuestra es una aécldrt.'uná fuerza, que safee' comprenderse, producirse, encarnarse, organizarse y obrar; porque, no lo olvidéis, la libertad no es mas que un' medio, no es un fin. El fin de los pueblos es la acción; y si de béis, siguiendo las tendencias de vuestras teoiías, paralizar el mundo con vuestio individualismo, os diré: "implorad al despotismo. Cualquier cosa es mejor para un pueblo que esa libertad inerte ó impotente que queréis dai le. Nd la quiero, porque en vez de cetro le ponéis una caña éri lá mano. Quiero que reine, pero con tal que obre."' - ...... En esto está toda Ja cuestión de las compañías. ,. ¿Debe el gobierno abdicar en sus manos para .la obra de los ferro carriles? ¿ó. sistemáticamente y con. escrupuloso celo defbara mí omnipotentes y tomados desde un puntp de vista ent rámente diferente de aquel eij, que se colocan el r^ator^ ia comisión y el honorable preopinante^. m v ,. Ante toda, comienzo por decirlo, quiero caminos de fier ro. Entendámonos, señoras.. vNo.-qutero improvisar a^ujir didamente ,un tegido completo, emprendido en mil puntos ¿la vez, terminado eu njpguna y que precipite al país ea Un esperimento de>4o» mil millones: i quiero primerb uno* grande, el mas necesario de. todos, porque lia ¡de ir á unirle á todo un sistema de vías semejantes ya oiganizado *n vuestras fronteras deá Norte. Quiero el de Bruselas ante todo. Quiero en .seguida el de Paria á Estr asburgo, y des pués el de ;\Patiar á Marsella.' Quiero, pues, caminos de fierro inmediatamente emprendidos y pronto y realmente terminado». >' A peíar de «íte asalto de compañías que pá? DE LAMARTINE. 128 réétn disputarse lá cofiqotstft def ínelo, tengo la convic ción dé que no tendréis un solo ferro-carril de interés general por medio de las compañías; y ésto, por la mejor délas razones, por la razón de que los caminos de fierro concebidos en grande y bajo el punto de vista nacional no producirían interés alguno á las compañías. Las compa ñías son una entidad comeicial que no obra por patriotis mo, sino por egoismo, por avaricia, por una avaricia loable si gustáis, pero en fin, por un motivo personal y estrecho/ ¿Qué se sigue de aquí? Que en todas las fracciones del- territoiio, de ciudad en ciudad, de una fabrica ó de una mina á un rio, de una capital á un centro' de población in mediato, las compañías harán las obras, porque allí se en contrará por escepcion una masa de trasportes y una certi dumbre de lucro suficiente para incitarlas y remunerarlas, pero en otra escala, en un territorio estenso, cuyos espacio* considerables estén desiertos y sean improductivos; pero bajo el punto de la utilidad general de los países, para unir la nación a otra nación, ó para hacerle atravesar su propio suelo por una línea militar ó política, las compañías no pueden presentarse sinceramente: esto no es posible. Mi-» rad, pues, á lo que se reduce su patriotismo; á acumular objeciones contra el sistema del gobierno y á haceros ofer tas aparentes. Pero ¿qué son en el fondo estas ofertas.' la petición de un privilegio y de un monopolio,. Os dicen: "Dadnos un mínimum de interés de cuatro por ciento y el privilegio de emitir nuestras acciones en la Bolsa, y va mos á hacer todas las líneas nacionales que determinéis," es decir: "Dadnos el interés mas faerte que apenas encuen tran hoy los mas grandes capitales, los capitales en masa, y después, con esta certeza de no perder na4a, con esta prima enorme » la confianza, vamos a emitir 2 ó 300 i8«i .arcar TBiBUtífla millones de i^siftnjW ;Wbre,la.pl»aai niwstrfl^.^xitps,,^-. cambio van á acreditarlas; nuestros periódicos á comentar las en íetiraa. rnayúsoulas en todas...sus columnas»- La. cerr taza de jamás ,bajar ¡tu n A. v.'tfuq i» oj/td oi Decís que noj que tenéis ofertas, garantías, certidumbre. Sin el minimum de interés garantizado ó tarifas exorbi tantes y opresoras del pueblo, perdonadme, . no desmiento vuestras convicciones, sino los hechos, es imposible que tengáis ofertas reare» para, una linea francesa, y > nacional» cuando está demostrado que los ferro-carriles de Birmiot gham á Manchester, de Saint- Etienne á Lyon, de. Bruse las á Amberes, los escepcionales de Europa no rinden mas que dos ¡medio y , necesitan ya repararse á^oaíftydeJw actiionisíasi ,. .Los, hsne,ficios son indirectos y á t&minoyfl presumen y no so» cuentea* ;,u¿ „>,. i d ¡j BU.iL«(j " Já:.19¿ M , ítírBrp/Ann ,quapd<¡>Jo* capitalistas estuvieran todos .ataca dos de locura, jk titógfasentaran compañk«, sin tarifa|..ejca; nes, yo os diría que aun así las desechaseis, para np( ; d,e- . clararos incapaces, para no abdicar la misión de gobierno, para np comprometer vuestr^ suelo y vuesfip porvenir^ de,., viabilidad á un poder de interés individual, rivajl del poder^ dé la nación, para no arrebatar á la nación la libertad de sus movimientos, la determinación de sus lineas, la inde pendencia de. sus tarifas,, lai mejoras, los esperimentos,' las reedificaciones que haya que hacer, en una palabra, para n^, ^esDpjaros completamente de vuestra acción actual, y apbre to4pj fu|upai en Ja pí^rá de los ferro-carriies. J ^ ¡Ah! señores,! hay un sentimiento que sieeapra me ha he* ■ rido poderosamente al leer la historia ó al presenciar lpfc hechos: el horror á Jas corporaciones, la incompatibilidad, déla? libertad sincera, progresiva con la existencia de la* coíprjfaéioües ea utt Estado á en una civilización. Só\qu* irO'es^élste1- él'' pensamiento coman, que por el contrario, ae R^aWtBuye uiSíi'es^ecie' de correlación con 1* libertad; pe-* rttlbtt yé fij* Jla1,áÍteSC¡an.iéÉ' ^üe esto se refiere á la libertad aristótrratiea' y n6 4 iá 'deMífc^eaí, yak qtte si las corpo» ráci&iés resisten á lo que tienen encima, oprimen con lá misma fcíér¡ta fi lo que tienen debajo. Son la tiranía mas odiosa, porquft eSjla mas duradera, Ja. tiranía de mil^ajje- zaa^de mil. vjdas, dé mil raices; la tfegQfatifflQ no se, pueda rpmpei;, ni;; nj¡ater,.n¡ estirparj !&j$gpK fyr^qneja^e- lípn, ¡ha, jppdidp, inventar para aniquilar 4 U^iflcüvjdaas. y: lp^ intefleae| generales. Una-yez que hahei& criada, ó de,T jadp,na,cer estas clase?, os dominan y,se enseñorean de vp-; spljroflíppr^s^glpg,.. No sabéis por dónde atacarlas; ¡ps, tienen paralizados, Las corporaciones ó [lo que se les asemeja] los, intereses colectivos Reconocidos por la ley y organiza- íáF ¿a Tfsmt7kí:¡ü üllfoláWW tódós'^tóij ktá intéreSeij;'; NÓ4e les pued'*11 toc^^ ^u^WtfcWW gfítb esparcíÜÓ^'áfsfáiitísV1 sÍn!ÍsB(¡ÉH^a; sih'kfiSitírí cótóúrí;;tói-v cumben'J£fe^ "áüífe eytós iíitére^b selreofe'ctft-ós'.5' ! ' íos ^b'ienuSs'WB^Westlrl'rMá'éoia'nc?^ paao8a^e'8aaín^úenc1áv*qak íos ^dtrfciy se* desTizán pbr todáS Bifcíí .BJdflkq ano no «iá:u¡ri . M. de Lamartine. No es mas que uno; es una esqep- cíon. Pero lejos de entregár'al interés1 privado sus cana les, sus calzadas eternas)' sus foros, sus templos, sus monu mentos de todas clases, Jiab'rl'a'n'di.clio: ' '"ÍDejad que hagan los individuos lo que es liinítado y pasagéro. como ellos; dé- jad que haga el Estado, haced 'vosotros mismos lo que es eterna' como él. "Y as* obraron, y así escomo habéis obra do vosotros hasta alíórá, y Be' aquí por' qué la Europa os énvidia vuestra ádministráción centralizada y las obras que "ta producido." , Así es corrió forocéde la América, este país ' de la individualidad, asiles' ¿ornóla Inglaterra ha hecho su única obra verdaderamente' nacional, su canal de Caledo- nia. Jamás seria bastátite grande1 mi •S'ó'rpréáft, si se Viniera á acusar de impotencia &: vuestros ingenieros de piiéntes y alzada*, ante las mas grandes obras qae tíííá nación ha consumado, ante 8.000 léguas de calzadas qué han cruzado vnestro territorio en todas direcciones; ante los canales que atraviesan- las montañas, ante el monte Ceris y el Simplón, ante esos puentes y esos monumentos innumerables queda mano de Luis XIV y la, de Napoleón han hecho brotar del suelo, y que existen como, testimonios eternos, del poder DE LAMARTINE. . 131 de la voluntad y de la fuerza de la administración. Y os atrevéis á acusar de inercia y de incapacidad á esta volun tad, á esta unidad, á esta fuerza de ejecución del Estado en vuestras grandes obras, para entregarlas ¿á quién? á compañías que nada han hecho, que no existen, que no pueden existir y hacer que el egoismo haga lo que solo es dado consumar al patriotismo? No, me opongo, porque no puedo creer en ello. ¿Qué falta? ¿Resolver si hemos de conceder uno de es tos caminos al gobierno y cuáles hemos de concederle pri mero? Pues bien, diga lo que dijere el elocuente orador cuya palabra detuvo ei año pasado este camino cuando había compañías que lo pedían, y lo detiene ahora que lo pedimos para el gobierno, yo no vacilo y nadie vacilaría en Europa para comprender y decidir que ante todo os es necesario el camino de Bruselas. ¡Nadie! me engaño: vuestros enemigos en el esterior os aconsejarán que os apartéis de este camino, porque es el complemento de vuestra nacionalidad, de' vues tra defensa, de vuestra politica y de vuestro comercio. ¿Os aconsejarán vuestros enemigos que no lo hagáis? pues apre suraos á hacerlo. Concibo, señores, la preocupación del honorable M. Berryer; su patriotismo vibra fuertemente en él, y el po der de su palabra agita fuertemente el vuestro. "Cuidadol os dice ¿qué vais á hacer? Vais á olvidar vuestros puer tos de la Mancha para uniros á vuestros enemigos, para enriquecer el tránsito de ese pequeño Estado que se llama la Bélgica. El provecho será para la Alemania del Norte, para la Prusia, para la Inglaterra; la semejanza de vues tros productos os prohibe los tratados, la baja aduanal con .los belgas." Señores, ha olvidado el honorable orador que .00 hay enemigos en materia de cambio y de comercio? El medio de llegar á esta baja de aranceles de aduana ¿no es precisamente poneros con los belgas, ó, con el tránsito ojie se hace por su territorio, en un. contacto tan cuotidiano y bar Vuestra legislación atrasada? ¿Es esto, empobrecer • tancia .). de Calais, . á Paris . que dé oí - Lila ,nde■> 'Paris? ■ .-n i 6;np-oi^ai tomáis la misma estension de terreho por Una que por otra via^ Y además ¿no es puerto todo 16 que está en las estrémi'dades de un ferro-carril? {Muy bien!)^ r . -r ; ¡Ayer decíais con mucha; razón: poblaciones, y no puntos abstractos del territorio es. lo .que deben unir. los canjipos de fierro. ¿En dónde esján vuestras poblaciones mas aglo meradas en grandes ciudades, en^aiides, masas indu^ria- • les, sino en, ese departamento del Norte que es por, sajólo un reino? ¿Oponéis el Hávre á Lila? Pero, el Havre íjjene su rio, el valle del Sena es el camino de fierro d,e este. lado á Paris. Vuestros departamentos del Norte son ^>k único punto de . vuestro tecritprip.que }a.naturale,za[ no.r^otó dg un ; gran rio: á vosotros toca7crecer4o,, ,¡ El, camino ^err^ de la Bélgica es el Sena del -Norte. ,t - , • •.. ' , -r „„ ¿Qué es lo que, os obliga/ ft u^ifos pfJnrla' Bélgicaíofe- ñores, la misma Bélgica, *1 . hécliQipojr.lo: cual ella -os ha : adelantado; la creación; de «sas-, magníficas .líneas dejque acaba de cubrirse toda eí>te*á. ;E*tais obligauosiáfaBjros á ella; es el eslabón que o* ha tendido politicamente para forzaros á unir vuestra cadena; son las 140 leguas de ca- . mino que ella ha ejecutado y que lian llegado á ser el com- ÍDE ¿AMaMiNE. piementó dé todo lo que hagáis por ése lado. Reñíais para uniros á Bruselas, que gastar 240 millones; ella ha 'gastado Í40,'dé, modo que os ha hecho ahorrar 140 millones ¿que- ' reís perderlos? Bien podéis; pero el buen sentido os jüz- * " Y os quejáis de qué la Bélgica que há héchó estas enor mes anticipaciones á vuestra alianza, se arroje én la llríea de las aduanas prusianas y se parapete contra la Francia, Cuando sois tfos quienes parapetándoos, contra ella, la po néis en esta necesidad, la obligáis á entrar en la linea de las aduanas del lihin y la entregáis á la Prusia. ¿De quién os quejáis? Así lo habéis . querido. La JLia Bélgica cambió de naturaleza naturale desde 1S30, si, este es . el hecho mas.giandé que en el esteríor operó la revolu- cion de Julio: la Bélgica volvió á ser francesa. Éste pues to, avanzado . de la Inglaterra, de' la Prusia, de todo* vues- tros, enemigos contra vosotros, se convirtió en puésto avan zado dé "Va Francia contra sus enemigos. No veréis ya que un general inglés pase anualmente revista de inspec ción á las plazas y tropas estrangeras en Bélgica, no veréis ya á las tropas de la Confederación venir á acampar en vuestras fronteras. La Bélgica es vuestra fortaleza, es vuestro campo de batalla: no os cerréis sus puertas, tened- las abiertas, que por ellas irán vuestros ejércitos á unirse sobre fronteras naturales y no sobre líneas ideales que no podéis defender sino á fuerza de murallas impotentes. El dia en que la Bélgica sacudió el yugo de la Francia y de la Inglaterra, se hizo invenciblemente francesa. No es la misma bandera; pero ¿qué importa? las nacionalidades hoy no se forman por la conquista, sino por lus intereses comu nes. No es la misma bandera; pero es la misma nacionali dad, el mismo espíritu, la misma vida, y el ataque que se ,JL38 14 TRIBUNA a á uno de estos dos pueblos, herirá al otro en el co razón. Procurad, cultivad, estrechad semejantes simpatías; quien no las comprende, no comprende el porvenir de su país. Constituid mas y mas vuestia nacionalidad moral, comer- • cial y política en Bélgica, unios á ella con lazos de fierro, con nudos que jamás desatan ni la política, ni la guerra, ni el cqmerpio rival. Hé aqui lo que exigen á la vez el inte rés de vuestros departamentos del Norte, el de vuestras exportaciones y el de vuestra defensa. Seguid, por el con trario, los consejos del elocuente orador, dejadla, desviar háeia la línea del Norte, dejadla estrecharse con la Ingla terra y la Prusia, y vosotros mismos daréis á nuestros ene migos una parte inmensa de vuestro territorio, de vuestra nacionalidad y de vuestra riqueza. (Muy bien! muy bien!) 'Quiero la ejecución' por el gobierno de todas las grandes líneas, y la ejecución inmediata de la línea de París á Bru selas, y de Marsella a Aviñon. (Señales de aprobación.) • "" ¡ ••• '■ . .1 .. , .,\ . ■• : : i • 1: • ■» ( . . 7 .1 t:;(¿-i.' !• ••;*«». t'.líail ful. -i'*i\: ■ ■■ ,■■ ..»:•'' . •)¡l í"1'- •'.'• ( »■•:»■ '• ' ' <-'•>•>.' ,"::..-■'■.'<.,■!''•> ■' '■■ n->< •' .1,1. . -11 1 j íjj n- i ; •> ..«• < •..! -II.l. O >. . fu -i K * .«'•>< i..-1. t n •] • ,, :* • ■■ DE LAMARTINE. 139 >:' •• *• . ...< ■:] i ,i ' - 1 «.v.* DE LA CONTESTACION AL —♦ Coalición de las fracciones mas opuestas de la cámara con tra el ministerio del 15 de Abril. DISCURSO EN RESPUESTA A M.TH1ERS, • .i '. ' ' ' > ' . ■ '. . .- • " ' ' sesion del 10 de enero de 1839. >-: ■.••< " Señores: '. - Todavía ayer al terminar la sesión estaba 70 decidido á no tomar la palabra en el debate general del proyecto de con testación, reservándome para algunas materias especiales como Ancona y Suiza. Estaba sumergido como la mayor parte de mis colegas en esa sét ia perplejidad que debe preocuparnos hace algunos dias; buscaba en mí mismo de qué lado inclinaría mi convicción y mi rizón, de qué lado haría inclinar con mi voto la balanza en que se pesa algo eei .araTjTAKAJ m 140 LA TRIBUNA mas que los destinos ministeriales, los ' próximos destinos de nuestro país. \Muy bien! muy bien!~\ Pues bien, señores, una provocación salida de boca del antiguo presidente del consejo del gabinete del 22 de Fe brero, ha venido á levantarnos de nuestros bancos y á qui tarnos hasta lo que queríamos conservar, la dignidad de nuestro sileHSoS '^Mo^nlMdJ^W^JL^W. , Respondo á su0.p|.oyacac,iorji : y, ^responderé con entera franqueza, no lo dudéis. Sé que esto importará poco al Thjer» Qs/djjo $yfrHyt^f>pp\m\vé, iq¡ con- er á cuatrocientos diputados; de la Francia, oirlo sin reclamación) que de un lado estaban la calidad, la supe rioridad.-.. - — M. Thiehs. Pido permiso para. decir una palabra. . ÍLn el centro., , Lo unisteis!, lo dijisteis! M. de LamábtÍn'e. Ta me responderéis, yo os repli caré después. _______ M. Thiers. No tengo mas que una palabra que decir, M. de Lamartine. No, señor, yo tengo la palabra, mantengo mi derecho. En la izquierda. Eso no es leal! ^.Rutaorcs diversos."] É¿ S«. ■PoarESiDBifTE. Jattfás-'ihal {/eriüi*iáe'da-dámara una interrupción, sino con rónookniento del orador que es tá eq la tribuna.^' Mí de Lamartine tiene ha palabra? tiene derecho á oponerse á que se le interbumpatii. El 'reglamen to está fen' su favor.1-11 Uí5 Bi'' "'J t,') -'íílt «t> si-uq *' M. Thiers. Pero éí permiso qtie^foÍ"Ji_^W1fiflre- ^¿áíildd'i- cámara? TO^fltfV -mmlpm'Um de M. dé Lamárilne. '\3ejdd hablar!' «ÜZ'óráew/] 1 •'*'*" I DE LAMARTINE. 141 El Sr. Presidente. Solo Mu de Lamartine tiene la palabra. ¡ ,• ■ ■'-:■> .■.:>•■■• »ü ti » I M. Thiers. Es verdad; pero yo me dirijo á su lealtad. .(.¿■Ujitecton.) 1 ■ " . jsv.'íí.k''. I r El Sr. Presidente. M. de Lamartine declara qu% no quiere ceder la palabra, y mi deber es mantenerlo en el uso de ella. . ui-Oyj . ,. o.., ¡¿ -j;>;-*•>'• :\;x Voces. numerosas. Es verdad! es verdad! ' Un diputado. Es menester levantar la sesieríf 1 "•■'[ «I - 'El Se. Presidente. No, hó se levantará- la sesión y pido silencio á todo el mundo. Si yo pudieia mahdár'cfe, os' tendría mudos nuientras hay . un orador -ü la tribuna. (Risas de aprobación.). -¡ '■■ '• "» '*"'''" ! ** 6 M. de LaMarT-InE.' Deeia-yo, señores, que estába mos léjos mis amigos y yo, de encontrar que Mí Thiers,'..!.. [Interrupción.^' » !• -■ :.-L .uz.: « T-f . >, No respondo ahora á,,M. Thiers., hablo de lo que dijo, ayer; es cosa bastante grave para que se responda en esta cámara. Si ella: la sufrió ayer, yo no quiero, sufrirlo, no lo sufrire mos ni yo, ni m.ís amigos, que^no cansamos la tribuna, que no llenamos la escena con nuestros jiapeles siempre nuevos y siempre brillantes, que no pasamos el tiempo en ejercer el poder ó disputarlo á nuestros rivales. [Bravos en el cen tro."] No, nosotros no nos acercamos al poder,' temeríamos Comprometer nuestra austera independencia: no subimos á la tribuna sino para traer el humilde 'tiribtíto: del 'ex'ámén imparcial y concienzudo de los negocios' del país; reserva mos toda nuestra solicitud á ios intereses geWrales de ri-tnis- troí comitentes. ■■ Pues .bien, á estas 'diputados se -les cuen ta, se ka nombra ¿qué hacen aqfli?,V- [Sensación y bravos.] DE I^AMARTINE. Y sin embargo, estos hombres a quienes os creéis tan supe riores, estos hombres á quienes heris con injuriosas compa raciones, os deben acaso votos de gracias. Sí, gracias á esos disfraces de ideas, á esos cambios continuos de papeles que nos hacéis presenciar hace dos dias; gracias a ese apoca miento de los caracteres y de las antiguas posiciones, no hay uno de estos diputados, uno de estos hombres de bien, fiel á su antiguo, puesto, que no se sienta hoy mas grande y mas fuerte que vosotros. (Largas aclamaciones y bravos en el centro y en la derecha.) ,. Señores,., dia vendrá, pero qué digo, ese dia ha llegado acaso, en que os obligarán á contarlos. Sé al fin nos le vantamos para deciros: "No dejaiémos dilapidar el poder, ni rebajar Ja tribuna, ni degradar el gobierno representati vo. Sí, nos negamos á ratificar vuestra contestación, porr que es vuestra y no del país. (Vivo asentimiento en el cen- ,No, no yotarémos vuestra contestación. ¿Y por qué? porque es vuestra, porque es inconstitucional, (Rumores en la izquierda) y porque derriba á un gabinete, cuyos afilia dos, para servirme de una do vuestras espresiones, no somos noso,tros sin duda, pero al que vosotros sois mas incapaces que nadie de reemplazar en este momento. Diputados de la Francia, sin odio y sin amor en pro ó en contra de los hombres, nuestro deber es resistirá vuestros arranques apa sionados y pensar en el mañaríá de nuestro país. Por fin, no la votarémos, porque proclamar una mayoría en la anar quía qué nos ofrecéis hace dos dias, es proclamar :la verda dera irrisión del gobierno representativo. (Aplausos en el centro y en la derecha.) - M. Jouítkoy. Pido la palabra. '>•'' •■> <■■■■<"■'•■ ,;ul —kJVL De Lamartine. Sin embargo, no os engañéis^ fb no soj'aquí' el defensor ni el panegirista de ningún gabine te; ■' No veo á los hombres, sino una crisis sin desenlace y sin resultado. Algo mas que un gabinete es lo que vengo -¿ •defenderl es la situación del paí¿ »\» ' ''¿Defender ' á' los ministras en iodo? Sin duda qué ño. ¿Había yo dé ser quien glorificara la corrupción, ese medio infame de gobierno/, verdadero veneno, verdadero opio que seínfiltra éñ las venas del cuerpo socialy que agrava el mal que parece adormecer? (Sensación.) La corrupción que es una bajéza bajo1 todos los gobiernos, es un crimen bajo un gtfbi'errítt representativo; porqué el gobierno represeñtá- 'tí'vó no sé 'funda más que en la sinceridad dé las opiniones. Falsear la Opinión es áterttar ál principio mismo Ee un goi- Viétríó dé líbértádí (Müy Bien! en la izquierda.) ' ¿Habia yoJ(fá tór 'quien jüsti'ficara 'el "negocio suizo? Sin duda que no: lo deploro; pero no responderé á los ultrages de lavSuí- ;üá'iéóri hakgos'dé" oposición;- ¿Había yo de ser quien ña fiará de ii •■ evacuación de Ancona? Sin duda qué nó. * Quince años he vivido en medio del patriotismo italian o; y "tíanqué néconozCa lá situación forzada de los ministros, me afligirá siempré ver árriaida lá batidera fráncesa en lá'últí- "má pttlgMá'deiérHtbrío itáli'ahó que noá quedábá. ('Asen- 'ihmnWMlóéesHrémosy -*■,<[.s e*)i:¡ iiiiTiíi tr.K.ilh. uv i. ,i, .--.-.i r . • u.i nv .'i,1- * '-.¡v::: ■m Np ¿qui.siera Bjn embargo, que la cámara diese á mis pa- .labr.as'iflas^cpnce que el que , tienen en efecto. Nc-pre- tendo acusar, ¡la , conducta, achual dul señor presidente del 5'C«W3'■> Considero las cosas por masas, señores. Digo que en la. anarquía parlamentaria en que hace cuatro dias se presen ta esta cámara, en que un solo hombre [M. Barrot] ha to mado en un terreno verdadero una grande y fuerte posi ción, digo que no votaré ni una palabra en vuestra contes tación que produzca una ruina mas, en medio de tantas ruinas. Digo que el ministerio es acaso inferior á Jas necesida des del país, pero que no es tan inferior 4 vosotros como os atrevéis á decirlo, y que hay otros pechos ademas de lo» vuestros para defender á la Francia. -• ' v n . ¿En qué se ha mostrado tan inferior á vosotros? Su política se reasume en tres actos: la amnistía, la djr solución, el Africa. ¿Queréis comparar? •■• . ¿La amnistía? Cuatro año3 ha que os la pedimos. La declarábais imposible, peligrosa para la paz pública, peli grosa para la vida del príncipe. Se dió la amnistía: este gabinete tuvo la audacia de darla, ¿Se ha alterado por esto la paz pública? ¿Se ha visto comprometida la vida del principe? ¿Se le ha seguido ocultando al pueblo como el 22 de Febrero en las revistas del pueblo armado? No, la amnistía ha smido uu éxito completo, y al menos dará su nombre á este gabinete. [Muy bien, muy te»/] , -. ¿La disolución? La proclamabais subversiva, os retirá? 16 U6 LA TRIBUNA bais para no tomar parte en ella. Habla valor y desinte rés en este gabinete al presentarse delante del país. Lo hi zo. ¿Hay en esto algo degradánte? ¿Por fin Argel? Cuál era el estado de la Africa bajo vuestra administración? Bien lo sabemos. No teníais ni el valor de la paz, ni el valor de la guerra, ©('ministerio de M. Molé ha tenido el uno y el otro: ha tenido el valor de la paz en la Taina, sí, el valor de una paz más enérgica y mas provechosa que diez de vuestras espediciones, de una paz por la que honro á un general que está, presente* que ha sabido pref.rir los intereses de la FráBcla á la gloria que le podia alcanzar. Voces numerosas en el centró. IVPúy Metif' ftlUy'bien! - El General ■ L'Afolr. '' Esto se llama jiistitífa: M. de Lamartine. Ha tenido el valor de una paz contra ia que tantd sé ha reclamado y que debia servir de base á todas las operarjrrjrfeS; á todas las medidas adminis trativas que después han fecundado la colonia. Ha tenido el valor de la guerra eri Constafliina, ha tenido el válór do la probidad éri la administración, ' y hoy Argel 'es la admi ración de Tos rhismbS que lá d'éclarabah imposible. Si hay álguien aquí que s>j sieiitá degradado por semejantes resul tados, no son sin duda lós'iiiihlstrós 'del 15 de Abril. (Sen~ sacion.) ' "u !■■". >'■'"■■ '":Hé aquí' la incapacidad deTgábinet'éí' Pero dejemos esto';' procuremos' llegar á la verdadera Cuestión,''A la ¡nconsírtucionaffdad de la contestación. Sí, la contestación en su última frase, es un contraseña tido, uncontrarsentido,cuyo sentido sabíais aparentemente.... {Humores diversos) -ó-tifíacto inconstitucional, ó si más os agrada, extr^paflaftiéntário. Decir al gefe inviolable del Estado: "Estos hombres os descubren," es decirle las pa es decir, os vemos." PueW'oíeriy 'tíb cfétíííls lvÉt\o;'$)í&\'\kty en el mundo un axioma constitucional, es 'cjue el réy1í'rof"és visible en el parlamenta, ;sínd''énclá ^e¥sVi'ná: dWm%: ifge'fjtes responsables. ( Vivü adhesión eht'él'ÍéHlr'Á.J Y éstlaí'jíífla- bras extrá-constiiüéibnales no han sido coméri'Éad'áS1'' aquí por M. de ííanvánne cuándo réda'c!£as)dbKéi -'mi^mírla Con testación oá ha dicho: "El ministerio étnatíá de fá tórnáraí" Señores, esto es fundamental. Permitidme apóyarbie en esto una vez por tocias. {Escüclía&t Iafó'Á'¿Ío7í/)OÍÍ'l9'c'08 . ,b«o i.ur i:- .».«()!•»■) m 'i.- Boíii8i!i«jib ooioo y Bonsbchob Si viera en las invasiones, dej ¡poder,, en Ja^ebilidad.de la cámara síntomas de lucha, afaq^s á;1n,u^p jppi|i)^^- va, no tendría,, sin duda,, ys>a cójeja^a^elocijente poíno .ja de los preopinantes; pero crt^lo,jS^lio^es^no^tenyriaj míne nos energia -«W?j en mihrftTrp ¿í.i»EBr-:.'> conciencia, >uft ni rft menos inflexibilidatl roiosaiij /si e*T«4SiOien ,la resistencia que oponer; debieramop a un mirusteriOj bastante osado ó bastante cobarde para convertirse en Instrumento de semejantes usurpaciones. La ]M-erbga'tívá'n,e*lá cámara es nada menos que la soberanía del país', "ék'na'dá 'ttlenos que la iSbértaá'intéry^^'bo^eriinYilW onlfóíWfe^la ¡soberanía en el país é's iPgíats dív'iáión de dogma qtiVse- para á los espíritus en los tiempos modernrJsVJ ftitérí- gencia no puede admití* el 'SÍ«Uí8l0'¡ ttú b¿ La posición constitucional de la..corpna^_esfca: La Carta no ha criado dos poderes, ha criado tres. Con dos poderes la uiayoría ,es jmrjosible.^ Uno 6 tres. tUno es el despp&mc^ya. es la libertad, ...íaiutuja <«üitúj «b ;, cuv.tft» uoi a urna fch La Carta ha criado, pues, tres poderes» De estos tres po • deres, dos son transitorios, la cámara dé los pares y la cá mara de diputados; uno es permanente, la corona. Para equilibrar la r fuera* superior de éste- poder permanente de la corona que ífácilmqnte absorveria á los otros dos, por su misma perpetuidad, y también para pieservarlo de las pa siones turbulentas de los, poderes populares, la Carta yvel buen sentido han querido que la cámara no obrase jamás directamente, y nou8.eog8gH¿Í0{ie j^9?l^r;j)e^pe^q.jé;jp m LAMARTINE. 1*0 violable ¿ choques resgosos con los «otros dos poderes. Ha determinado para la corona nn modo único y particular de acción. La elección de los ministros. Hé aquí una sola y grande obligación. ; '«>'','• • • * .'''■"■f h ' Ahora bien; ¿qué es este poder ministerial? Es la espre- «ion de la armonía que debe existir entre los tres poderes, so pena de muerte. El gobierno representativo es un go bierno cuya condición vital es la armonía entre los pode res. El cuerpo de los ministros es la espresion sintomáti ca de si esta armonía subsiste, se turba ó se interrumpe. En este cuerpo se produce y se manifiesta por mayorías fuertes y duraderas; se revela amenazada, conmovida por mayorías ineptas ó débiles, se muestra interrumpida y ano nadada, cuando el ministerio cae en minoría evidente. {Muy bien!) ^¡LL■ ' Al instante es advertida la corona, está bien aconse jada, acepta; si comprende ¡as condiciones normales de su existencia, cede y piensa en la elección de otros ministros. Si se impacienta, si se '.obstina, 'si 'en lugar de las condicio nes de paz,( qne son ías del gobierno representativo., quiere la lucha, quiere el combate; arroja el guante al pueblo en la persona de sus representantes, sucumbe en lá lucha que ha suscitado, y una dinastía mas, se encamina hacia ,ese des tierro áque la libertad condena á todos los que^no la, com prenden. .Esta es la verdad, esta la teorja^ este la prácti ca! Ya. veis que la entiendo como vosotras.' , , . ,, Pero, señores, al encerrar á la corona en este terrible dilema; el trono ó el destierro ¿qué ha hecho* la (¿arta? No ha hecho dos poderes activos y un poder inerte; .ha creado en la corona algo real, vivo, activo como Jos óteos dos po deres. Noca un ser abstracto, una personificación impa> 160 ■aUKiVBXBm-k jjWble en la «urabrai pir&midqjconstitucional, como mki ídolo miido yjsiu. aurntn^ Esto serija eLoolmo del abandono y el colmo del pdigro, porque, os lo pregunto; gqué significación tendí ¡a esto? ¿No seria mía verdadera. inriíjon dtdj -poder, isocialj haJjeriict&ioeadoSen la «n¡H)bceid(r.te$( itasti- ,í»PÍfeo8Sfde;uja.granip«éblo'Ja itríágea íUs d» r«atii ^wütíia, don- id? qH'?dt¡tejíj8Ítt dud*vpixner¡lfe.inwalabiiid(>(i,ip^í)'jfiPj)|elU - J& (Wb^anan dignidad* la.sofeeiiafltt/ iiitf*%en«¡a» la-soberana -ptftVMHV) jf;íl*.«^lwnrti*. libertad.'' i ■■■■■ •>}> •• ;i«> ■>'.'•: .-n •* M>fH*e#bier»; «nxmm't eh-el'íístéma «I* Wíésftrotf ad«*rt*rf»8 «jen q*td convertí* vttm -acríoH rM de* trono* '¿i¡8 suprimís, iht «Wf<*>t«i»,'la-jwtdeflf«i8j 1tíaeelsI,detifiE'y:'üha aIfetracción '-OOTofiaddft-. '>t; Ji'i ív-.u.'-. f.a , «UJ-.h. <• «. fo-.ni «< |"« ••/»•«< ^w\5!^J^}g3¿Í'."»gj¿..^A-'í » iiM oi'I'jJm li(>i i'> obítíim ,l:i>«í.»¡¡l M. de Lamartine. No personificáis en ella una par- té'a^é^sobeiaiViá nacional y' tod'ás'las altas funciones de üni- ''ctau^ ^e^ages£ad,0áe permanencia de Jos poderes, sinó para ' désele rn'a-i allá herirlos cc>n ja nulidad y con la buj ía, lie decís: "Te creamos cod Ja condición de que seas inútil, 9lé' aildrVr'ipíhos con Iji condición cié que'8eas ''^n,poleñte;fc sé— !'r¿s 'rey con, ta'!rq"¿e »o 'tengas' ni esa parte inalienable de'li- yyp prpid Á. «o &d(u..--'¡» *->)iV ¡•i~ví»vi*/t aue ■.>£"' >.ni^;vu bertad de acción, de Voluntad política que entre, nosotros tíé'ne el 'ultimo de'las cáo|ía(íanos (leí 'país.* ' Vuestro rey — tnu-».jtíí .t¡i ,p'JP « i «('J'"í ¿ n'iéi »•' ■Aii'' 'fu •» oiivt quedaría tyera ,de laJej^. Sus atribuciones,, su% derechos serian íosdel.^íícXe- qué encerrado 'en I,a ¡nvíylab'i!ÍKÍa'<Íi tlfel templo, pasa por recibir los holocaustos que se distribuyen oislis;níiftJstro9: ' No, jahiás ImWtif rey efváen^afrté''! ¿Han fdt ido B^nmísfr'os A- ésta* ^«títa«í4to*é*p0n. ¡IWWIíd«Ü>,ialíítí! ban tomado la vida del|#ÍBc¡p«M8ada Dfe LAMARTINE. «Wl ' amirisfía, la dé la 'disolución, la de la paz de Iá Táfria^'lá'fle íá guerra de Constantina, la de la guerra con México Iárle su diplomacia en Ancona. A'hf están para récrbtr ün brll dé'in4eninidad ó para ser acusados. ¿De qué tos acusáis, :>¡.(J^os acusáis de todo lo que habéis hecho; los acusáis de haber hecho mas que vosotros. Los acusáis de baber da al país esta reconciliación de los partidos que os pedíamos en Vano hacia cuatro años; los acusáis sobre todó'idé que oponen obstáculos á proyectos y combinaciones en que" ria da puede ganar el país. Pues bien, nosotros nos interponemos entre ellos y voso " tros para salvar la paz bública. '' i' "¡> : il No, señores, con nuestrá iniciativa, con esta iniciativa" de lá cámara conquistada en 1830 y que fué por s1 sola una devolución; con lá ' responsabilidad de los ministros ^ la'ley de las rriáybrías," no vé'o, lo confieso, qué' garantías pueden faltar á nuestra p'réfogati va. B fío1, nada "hay contra' voso tros mas qué' un golpe de Estado, es deWr.'un crimen,,1^ ya sabéis si quedan impunes tres dias!; [Sensación proloh- gada.~\ i: :" •■• " ¡: iii. 'j ■ .. •<>(••-" • < '.• ir¡ No, no: veo que nada falte: á vuestra prerogafciva. Psio ¿es menester hablar aquí mas alto? ¿es necesario no lisoo- gearnos á nosotros mismos? Yo no vto lo que falte a ja cámara de autoridad legitima, veo demasiado lo que falta á la prerogativa de la corona» ó mas bienj al juego normal, al libre ejercicio de esta prt-rogítiva en «I dia. -lio que Je . falta* ¡señores, son mayorías. Figuraos en su lugar, figu raos jm.*ri á ella eu> «lawion, para dát so sanción aun gabinete que W , liA TRIBUNA ; pueda tener y conservar la, vuestra, siquiera por. ajguoos meses, Qué( queréis quediscierna? Qué queréis que baga ¡en este flujo y^reflujo, en este remolino de ppiniones|qpiitra.- , díc^ias, unidas «n.dia pawi deftruir, separadas mañana para destruirse entre sí. De dónde queréis que os tome, cuando nosotros mismos no sabemos donde estamos? ¡Qué espectáculo estamos dando al país! . Y ¿no podría la corona volverse hápia nosotros alzarla voz v decirnos con mas verdad: "¿En qué condición colo cáis mi prerogativa? ¿A quiénes queréis que elija cuando vosotros mismos no podéis escoger? ¿de quién he de valer- me? ¿á quiénes debo llamar á mis consejos? EJ 22 deFe- . brero estábais cansados de un gabinete.de seis -meses que hab¡a pomprornetido á ,1a Francia e,n Suiza y que la pceci- . pitaba sin. saberlo en una guerra de siete años en España. Acepté, la dimisión ( de aquellos hombres. El 6 de Sep tiembre os incüaábáis á una política de conservación y de paz; llamé á los hombres. que aquí personificaban el prin- . tfipio papí.fico yconservador. , Les. echasteis en rostro su pasado; parecisteis temer la inflexibidad de su resistencia; "•«'retiraron. Busqué hombreé neutrales que sin compro misos con. un pasado pénoso pudiesen marcar la era de-una j política de reconciliación y de amnistía: llevaran á -cabo es- i ta ¡rae^ida' y1 Ja disolución, n Todo esto, ya lo habéis olvi- . dadoyy los partido» que ellos separaron un momento sé li- • g«n todos hoy para derribarlos.: Pues bien, estoy pronto á -llamar ir 'otrosí. •> Peno,i ¿querrán asociarse á una marcha -toman los qwe tíeaen miras diferentes? Y aun suponiendo que quieratayjqtñén me responde de qifle al d*s ¡siguiente no sean abandonados pot loar que la víspera los seguían y de v,djecapijarjJ¿;(íos! partidos; y gaa DE. LAMARTINE. 158 tar á los hombres ya tan raros? , República y monarquía, movimiento y resistencia, paz y guerra, revolución y con.-, servacion, ¿cómo asociar todo esto? Hacerlo no seria orga nizar el caos para gobernar con la tempestad?" Tal es, se ñores, el lenguaje en que pudiera hablaros el trono, y em barazados habíais de veros para contestar. (Profunda sen - sncion.) Y si me preguntáis á mí ¿por qué no hay mayorías? ¡ah! señores, aquí me encontraré casi con el honorable M. Odi- lon Barrot: sondearé mas que él las causás de este mal, dé esta dificultad de ser, que hace que un país que desborda de fuerzas, de riquezas, de patriotismo, no puede sin em bargo llegar á producir un poder; pero de esto no acusaré solamente á los ministros del 15 de Abril, y los de las le yes de Septiembre ¿dónde están? (Movimiento.) No hay aquí mayoría, porque no la hay en el país, por que no la hay en los electores; no hay aquí mayoría, porque no hay ni grande acción, ni idea grande de dirección en e' gobierno desde el origen de 1830. M. Maügüin. Es. verdad! M. de Lamartine. El gobierno de 1830 no ha sabido crearse su acción, ni encontrar su idea. No podíais recons truir la legitimidad: las ruinas de la Restauración estaban bajo vuestros piés: no podíais dar gloria militar, habia pa sado el imperio y no habia dejado mas que una columna de bronce en París. Lo pasado estaba cerrado pára'Vósü- tros; necesitabais una idea nueva. No podíais tomar de un pasado muerto no sé que resto de calor vital insuficiente para animar á un gobierno de porvenir: .habéis dejado que el país carezca de acción. No hay que figurarse, señbre=, que porque estamos cansados de los grandes movimientos que nos han agitado a nosotros y á nuestro siglo, todo él MnnuBüjrA--- ffintidb SéSíl cWisa'aVcótiio nósotros y temed meho¥'WbiH¿ miéntó. Lásgeneracioníss que crecen detrás éé nbibtvtiá nó están catisa la-!, quieren obrar y cansarse á su v(-z V ¿'|üé acción les habeíá' dado? La Francia es iiiíá nü'cron qué'SB fastidia! [Bravos en la izquierda.) ' 11 Y cuidado, porque el fédio de los pueblos fácimeliherite se convierte en convulsión y en ruinas. No desarrollaré esta idea: ella es un sistema entero; me contentaré con indicarla. Es la idea de las masas, la idea 4e la organización y de la moralización del pueblo,, toma da en su mas ámplia acepción. Este gobierno habia naci do del pueblo, debia consagrarse todo al pueblo, debia har cerse gobierno constituyente de los intereses, y de los dere chos del mayor número, debía hacer abajo lo que la revo lución de 89 hizo arribsu Laxefc^rma política, aquella,re volución la habia consumado en los poderes; pei;o la refor ma en la misma sociedad, la organización, la moralización, la constitución de los derechos, de los intereses, del trabajo en la clase mas numerosa, debia consumarla el irobierno dé 1830, no revolucionaria, sino legislativamente, por medio de la aplicación gradual, razonada, enteramente religiosa; en— terameute política de los grandes principios de democracia y de fraternidad que del cristianismo han pasado á las cos tumbres. Si, hé aquí en mi concepto, en el interior la mi sión de un gobierno nuevo en el siglo XIX. {Viva adhesión en la izquierda, agitación en el centro.) Asi habríais tenido mayorías y minorías fijas y nñ 'im pulso capaz de haceros vencer todas estas miserables difi cultades parlamentarías. En esto estaba la salvación, señores, en una acción y un pensamiento, en esto estaba la fuerza. Pero hoy, sumergí - DE LAMARTINE. Í«S dos en las dificultades que habei* Suscitado, ¿destruyendo .el gobierno le darámos fuerza y sentido? ¿Rémediarémos el mal haciendo que luchen entre sí prerogativas igual mente susceptibles y dando á la nación el turbulento espec táculo de nuestros estériles debates? No,, guardaos de creerlo. No parece sino que sois demasiado fuertes, y que un go bierno que tiene en contra todo lo que en el interior sostiene ordinariamente á los gobiernos, la aristocracia, el clero, la grande propiedad y que además, está amenazado por abajo; que un gobierno que'tiária á lá Europa entera contra su principio y sus poderes parfamentaiios tempestuosos, omni potentes y divididos, no parece sino que ecte gobierno es bastante vi¡¿oioso para que le hagáis sufrir los sacudimientos que en 1829 derribaron á un gobierno que tenia cien veces mas raices y cien veces menos enemigos. [Sensación prolon gada.] ■"' 1 Séfiorés, todavía noi hace cuatro años que la asonadá en sangrentaba Tas calles, y que cada mañana se preguntaba sí el 'gobierno' duraría hasta la noche, si llegaiiais á fundar alguna institución capaz de amparar al pafs; y ya lo olví-í- dais! y ya os parece cosa de juego sacudir el débil 'edificio, tan laboriosa, tan precariamente construido por vosotros mismos! Le decís en esta contestación: "Acuérdate do que podemos destruirte." [Viva sensación.'] ■ ',•:- Márchais sobre cenizas apenas tibias y ya no creéis en los volcanes! \Bravos por todas partes.] Señores ¿no oís ya en peticiones famosas estoá choques amenazadoras entré la opinión y vosotros? Cuidádo con que lá Francia cansada dé vuestras eternas oscilaciones, ¡plerdá i\ fin todo interés por el único poder1 teal que le m TRIBUNA v queda, y la anarquía pase por la brecha que se pretende haceras abrir en la constitución de 1830! ' • '. j Bien sé que habláis sin cesar, con un orgullo que con trasta cori la modestia de vuestros adversarios de servilismo dé' degradación, de ineptitud del poder. Decís que el ti món está en manos demasiado débiles y queréis arrancarlo át/los, que, lo dejen escapar. ■ Pero ¿lo tuvisteis con alguna firmeza el 1 1 de Octubre, el 22 de Febrero, el 6 de Octu- ifete? ¿na ge deslizó tres veces de vuestras manos? Y sin embargo, entonces érais hombres completos, hombres de una sola pieza! [Muy bien! muy bien!'] Erais ó decíais que érais hombres de principios, habia un lazo que nada había ro ta entre vosotros,y aquella mayoría de siete años, cuyos gefes os proclamábais. Ella tiene fé en vosotros: vosotros teníais fé enelh».. Reconocía vuestra vozi ¡habláis combatido tan- tas .veces, con ella contra nosotros, cuando os disputábamos las leyes excesivas de Septiembre! Todavía no habíais cam biado como ahora vuestra gloriosa impopularidad, de que tanto os jactabais en esta tribuna, por los halagos de esos hombres á quienes llamabais vuestros eternos enemigos, y que no os lisongean sino porque ahora os dominan. ^ . /En el centro. Muy bien! muy bient- ¡ - v !■' . ■ ; M. de Lamartine. Entonces estábais sostenidos, uni- d¡ó* por la misma gravedad de las circunstancias; la nece sidad os apoyaba. LaB circunstancias s^n hoy menos fuer tes, y á, nadie apoyan. Ah! temed encontraros demasiado débiles después de haberos fraccionado, no fiéis tanto en vuestros talentos, que no son los talentos, sino los caracte res los que sostienen los imperios! [Aplausos unánimes.]. . ,$easuud,endo: si los adversarios del gobierno nos, presen- .^arajji, un p/ogr^ma . confbfme á los grandes .principios DE LAMARTINE. 157 progreso social á que aludía yo hace un instante, si fuérais hombres nuevos, votaría con vosotros; pero mientras no se trate mas que de derribar hombres sin to<-ar á las cosas y de ratificar ciegamente no sé que mercados simoniacos, cu yas cláusulas para el país ni siquiera conocemos, continuaré votando en las cuestiones de gabinete en favor de los mmis- tios de la amnistía y de la paz, contra esos ministros enig máticos de los que unos tienen un pié en las leyes de Sep tiembre, y cuya alianza sospechosa y antipática no promete á mi paí< sino dos resultados funestos que consumaríais á la vez: la degradación d&l poder y la decepción cierta de la libertad. \_Numerosas señales de adhesión; los diputadas dejan sus asientos y acuden al pié de la tribuna. M. de Lamartine re cibe numerosas felicitaciones. La sesión se interrumpe du rante tres cuartos de hora, y todos se entregan á conversaciones muy animadas.) i? I tf.r .5TT-:iTJ!AMAvl 51 ü ;'ly '.>>) ■ .- ! '.•:■ . '•>/!. !.*."u ! » ; I." '■'< ' ■■■ • [ S-¡ < ■' 'r.V.'V :.■ '. • ■• ■ ■' : • • Sf " V. . ■<:<•■•. ... •. ■ '.• ; !. I i. •>•*"•• li • V • 1 • ' ' M.l '"' ' tv . • ': • . i . '. i ' ¡ ' '.!..; I" "' .«•,.••» I'' ■■■\ -a1; -ji-.'i-O s . ..JL mí .-i* ¿va i"í'¡ i.-j .(. V" •vjv.nv. v; -- i. .-■:•;■) . :•■ V. -i'''. > 1 •■¡it ■ ■ , i ii M i t ,■ 1. ■■ '» ' . ■ • • : - ' .i I INTERPELACIONES MINISTERIALES. DISCURSO EN RESPUESTA \ % GUIZOT. SESION DEL 23 DE ABRIL DE 1839. SeSokes. Si algo pudiera dar al país la esperanza de ver salir de esta» interpelacioues a la mayoría y al gabinete que desea mos con todos nuestros votos, el tono de decencia, de mo deración, de perfecta cortesía que ha tenido ayer todo el debate, noharia mas que aumentar esta esperanza. Procu raré imitar el ejemplo de los honorables oradores que me han precedido en esta tribuna. Para nada volveré el de bate al ardiente terreno de la contestación al discurso de la corona: lo pasado, pasado; los hechos e^tán consumados. Tenéis lo que llamáis una victoria; nosotros conservamos 160 pesares, sentimientos honrosos hácia los hombres politicos caídos del poder, y jamás nos ruborizarémos del apoyo que les prestamos. Pero señores, permítaseme solo decir algunas palabras. Llamado á la tribuna por un incidente que se produjo ayer, estas palabras no tendrían nada ofensivo; Dios no lo quiera nada malévolo, nada amargo contra el orador á quien se dirigen principalmente, contra el honorable M. Guizot. {Atención, Atención!) Subió á esta tribuna para esplicar su conducta parla mentaria desde la malhadada división que de él nos sepa ró en la cuestión de la contestación. Mas afortunados que él, nada tenemos que esplicar, nada que denunciar, nada que aclarar con los diferentes grupos que componen esta asamblea; pero es ' irldis'pénsable que hablemos para restableeer la situaron precisa de la anticua mayoría á que yo en particular tenia el honor de pertenecer. Repito que las palabrea. q.ue pnmupcie, nada tendrá ) de personal contra el ilustre gefe del centro derecho. Si no se tratara, en efecto, mas que de condecora! se, de fortale cerse con la accesión de un orador tan eminente, que ha dado tanta dignidad, tanta fuerza y tanto brillo á ewta tri buna desde la revolución de 1830; si no se tratara sino de unirse mas con lo* hombres que lo i odeuu para ayudar á formar una mayoría nueva y duradera: lejos de nosotras el peusfttniento de negamos á semejante fusión. • Pero, se ñores, el partido de la antigua mayoría á que pertenece mos llamada los 221, esta parte de la cámara no ha dado á nadie, ni al honorable gefe del antiguo centro derecho, ni á mí, ni á quien quiera que sea en esta asamblea el man dato de hablar, y una vez que se ha pronunciado Ja pala— DE LAMARTINE, fti bra, el mandato de estipular en su nombre. (Muy bien! en el centro:) ' M. Güizot. Pido la palabra. (Sensación.) > M. de Lamartine. Lo repito, señores, la reunión de los 221 o de los 220 diputados que permanecen hoy agru pados en torno del mismo símbolo y no en torno de un hombre, esta reunión no ha dado mandato 4 nadie para estipular nada en su nombre, en las diferentes transaccio nes ministeriales cuyo cuadro trazó ayer el honorable M. Thiers. Lo que hay mas contrario, lo que hay mas opuesto al pensamiento de los 2*21 es una' maniobra cualquiera, una tentativa dé ellos ó siís amigos en los gabinetes de que se ha tratado. Nos hemos encerrado siempre en el límite del desinterés mas completo y mas verdadero del poder. No hemos que rido poner obstáculo á nada; pero también, lo comprende réis, no hemos querido servir de burla á quien quiera que sea. ' (Muy bien!) Hé aquí, señores, lo que tenia yo que decir en cuanto á los hombres. ■ 1 • ■ (.: . '('.:tíy:'. io w.,<>.\ En cuanto á las cosas, debemos diferenciarnos, cada uno según su naturaleza. No podemos aceptar esas domina ciones, de las que una sé he atribuido al partido parlamen— tarió en oposición con urt partido conservador, que se há equivocado, añaden algunos. No reconocemos á quien quiera que sea en este recinto, á ninguna' colección de hom>- bres, el derecho de declararse esclusiVamente partido par lamentario, ó el derecho de declararse mas parlamentarios que lo que nosstros hemos sido; y si yo quisiera volver á entrar...... [Interrupción.'] • .• 162 LA TRIBUNA -:í Si yo quisiera solo tocar por encima los hechos graves que han pasado en los últimos tres meses, diria: El par tido mas parlamentario en esta asamblea ha sido siu duda el que ha querido respetar mas los limites de las preroga- tivas del parlamento, no atentar en lo mas mínimo á las atribuciones de los otros cuerpos constituidos; y que el partido menos parlamentario ha sido el que violando en su espíritu, si no en la tetra las atribuciones y las prerogativas, haciéudose por decirlo así, una facción de mayoría en la cámara, ha venido á obligar á la corona á reconocer una pretendida mayoría compuesta de una colección de mino rías antipáticas, y demostrar así la ineñcacia de la constitu ción y la impotencia de la corona. (Aprobación en el cen tro derecho.) - , En cuanto á las doctrinas diré solo una palabra; pero en este punto hablo especialmente en mi nombre. Nos es imposible aceptar la teoría fundamental, teoría llena de prestigio, lo reconozco, que el honorable M. Guizot ha traído tan á menudo y con tanto brillo á esta tribuna; ha blo de esa teoría que ayer renovaba aún la preponderan cia de la clase media, el gobierno de la clase media. [Apro bación en la izquierda.) ■ ■ • Digo en cuanto á mi, que nada acepto de la fórmula de ese símbolo; digo que esta idea es contraria al verdade ro sentido de la revolución francesa, que la palabra cla ses fué compietamense borrrada por la revolución de 89, [viva adhesión en la izquierda"] y es una palabra rayada de la lengua francesa. (Muy bien! muy bien! en la izquierda."] El gobierno que comprendemos es el gobierno para to dos, por todos, de todos, en la proporción, en el límite de sus derechos, de sus garantías, de su capacidad y de sus DE LAMARTINE. 163 luces, y no el gobierno del publicista de la clase media. (Bravos en la izquierda y en el centro izquierdo.) En cuanto al pasado del honorable orador y del par tido que representa, me guardaré bien de ocuparme; no tenemos que responder de esto: cada cual responde aquí de sus convicciones y de sus obras. Reconozco que ese pasado fué muchas veces glorioso; pero no nos correspon de ni usurpar sus glorias, ni aceptar su responsabilidad. [Sensación.'] ■.< • Ha habido en el discurso del honorable orador ana pa labra que ha herido vivamente á la parte de la cámara á que pertenezco. Después de haber querido estipular en favor del partido que se dice conservador, ha declarado que este partido conservador en oposición con el partido parlamentario, se engañó en las últimas circunstancias. Usaré aquí de los justos miramientos que las tristes cir cunstancias en que estamos nos imponen, y no abusaré de mis tristes ventajas de previsión. No volveré á entrar en la discusión fundamental de la contestación, ni de ios diferentes puntos de vista tan vivos que en ella se tocaron; pero diré una palabra al honorable M. Guizot: "Pretendéis que nos hemos engañado; pero considerad lo que pasa en vuestro derredor hace tres me- ses, fijad la vista en et estado deplorable del país; contem plad la anarquía en la cámara, la suspensión de la vida en tera en todas las industrias, en el trabajo, en el comercio, el porvenir quitado á todo horizonte desde vuestras fatales disensiones'. Hé aquí un pasado de que no quisimos res ponder, y ciertamente los hechos responden bastante alto para que no tengamos que hablar; no seriamos generosos si entráramos mas profundamente en esta situación que nos justifica y os acusa." [Aprobación en el centro.] LATÍtIBUNA . En cuanto á la situación especial de los 221, y para vol ver a la naturaleza de la discusión que ocupaba ayer a la asamblea, poco tengo que decir. Todo el inundo sabe e' papel que los 221 aceptaron desde las elecciones; todo el mundo sabe que la disolución fué profundamente censura da por ellos; -la razón es muy sencilla; este partido estaba en mayoría mínima, mayoría de algunos votos, la disolu ción lo 'declaraba niiiioría. En veidad «o sospeebaiéis que aprobamos: tal cosa habria sido un suicidio! {Movi miento.) n ' ■" r" Perojdespues de las elecciones, ¿qué hfmos hecho? He mos aguardado en silencio que la pierogativa de la corona independiente de toda influencia, del mas ligero consejo, de ta menor indicación de nuestra parte, eligiera á los hom bres que en este mundo le parecieran reunir mas probabi lidades de mayoría. No nos hemos reunido sino para con tarnos, para iiiierrogáHírbs, 'ty paia 'saber si nuestras con ciencias responderían aun á -los1 'mismüs'principios. Solo ha habido' una 'deliberación en' el seno de los 221, desde que comenzaron Vas 'sesiones;' de ella tenéis cono cimiento: fué en la qüe se dí'sbutio'el concurso de reunión á la elección dél honorable Ni. Paisy para la presidencia de la cámara. \Escu¿had, escuchad!] Pues bien, señores, el resultado de esta discusión fué, nie atíévo á decirlo, para vosotios, sean cuales fueren Vuestras opiniones/ y' para el país, un búllante testimonio de la necesidad de conciliación y de lo prontos que están mis 2UU honorables amigos á prestar su concurso paia lo grarla. Un solo hombre se opuso, y ese hombie soy yo Puedo, si la cámara lo desea, darle en pocas palabias las' razones Ue oposición que presenté á la candidatura de M. DE LAMARTINE. 165 Pasay. (Hablad hablad.) Nada tienen de personal; nadie honra mas que yo el carácter concienzudo y puro que ha desplegada siempre en su vida política y de que dib ayep un nuevo y brillante ejemplo. (Muy bien.), A ; xi /;! Pero señores, un pensamiento político era lo que me ha cia instar á mis honorables' amigos á que se abstuvieran.', antes de las esplicaciones que no habían poteiddó, Üe .da| sus sufragios á un hombre que no erá de los suyos; Les decia lo que pienso aún: ., "¿fíoé vaia;á hacerj}','• Deseáis, sin duda, y debéis desear patrióticamente, como buanqs ciudadanos la pronta formación de un gabinete que sea du radero. Pero no debéis daros un mentís, ¿i vosotros misa mos para convertiros en elemento de.unafiBaj.9fia; que,va entre los hombres que mas 03. han combatido y qiie ^ han perdido en las últimas sesiones^, ; , ¡, .nlnsiim Si dais vuestros sufragios al honorable M. Passy'^qüé'sé verá en esto? La tentativa de dividir en dos, dé1 desgarrar esta parte de la cámara llamada centro izquierdo.'y dé^tJst- tituir así con una mínima fatícion del centro1 iáqdteráó^y del centro derecho, una mayoría y úti mini-tério; pérb éoti esta maniobra haréis que en lá izquierda se refugié gra^ número de hombres de estar fratéion'rmpMtannte de 'la asamblea; y ante una minoría que será de,cerc^ de 2Q0/vo- tos, armada de un inmenso poder de talento, arcfja,dfi.f|QJ5,d^ la omnipotencia de la prensa, el ministerio que. hayáis, ?Oft§- tituido, al que hayáis sacrificado vuestros principjos. y. hasr ta vuestra dignidad, este ministerio, .tenqVá. una vid.ft,pxeqa^- ria, y cuando caiga os arrastrará y os alquilará ,en sffifiajj- da. No quedará ni polvo de vosotros, nc-, quedaj4;SÍW. PS* nombre de muebles ministeriales que habéis recha^ado^pn tan justa indignación, y al que daréis un sentido ó un pre 166 LA TRIBUNA testo. Si, por, el contrario, dejais qne se consume lo que siempre es bueno, la verdad politica en la cámara; si dejáis que el poder siga su inclinación hácia el centro izquierdo y la izquierda ¿qué sucede? Lo que nadie puede negar, que el poder puesto un momento en manos del centro izquierdo, no puede permanecer en él mucho tiempo (movimiento,) ó no puede permanecer sino bajo las condiciones mas di fíciles, y Jo diré, que mas lo disminuyan. (Movimiento.) Con razón deciá ayer el honorable M. Thiers:- ^'No ei menester disminuir á sus colegas," y yo os digo: Siempre es-de buena política disminuir á sus adversarios. Pues bien, yo afirmo que si el poder se hubiera constituido allí á donde iba naturalmente, que si no hubiera sido detenido por intrigas poco hábiles, si se hubiera vuelto al centro iz quierdo, quedaba en coadiciones tales, que no podia existir mucho tiempo sin daño para el , país, y que si por el con trario se hubiera vuelto ¿ la mayoría de la derecha, la po pularidad de que está armado hoy lo abandonaba á su vez. De todas maneras estaba condenado í^\% * impotencia y á la inacción. Esta era la mas bella situación que podíais crear para vosotros, la peor en que podíais colocar á vuestros ad versarios. (Sensación prolongqda.) ... , „; Me coloco aquí, señores, fuera de toda opinión particular ó de partido. Por interés del país deseaba un gabinete sólido y ddradero. ¿No tenía yo razón en este pensamiento? La discusión de ayer os lo ha demostrado. ¡Qué de inven cibles dificultades ha sembrado esta nueva resolución en el camino de la corona! Las incompatiblidades de tres na turalezas que todavía ayer en la discusión se presentaron entre M. Passy y el mariscal Soult, entre M. Thiers y el Ynaríscal Soult, por fin entre el ilustre gefe del centro dere- ' DE LAMARTINE. 167 cho y la porción del centro izquierdo, que queria unir a sus palabras al mismo que escluia su símbolo en la candidatura de M. Barrot, ¿no eran dificultades nuevas, inestricables, que hacen la situación enteramente imposible para la co rona? > Y sin embargo, es menester salir de esta situación. No podemos por mas tiempo abandonar el país á esta suspen sión de vida que nos aflige. No podemos contemplar ¿ sangre fria á esas miserables masas de obreros lanzados de los talleres á la calle [murmullos.] á los que podréis dar pasiones; pero á los que nuestros debates no pueden dar pan. (Nuevos murmullos en el centro.) ¡Ah! esas clases la boriosas y pacíficas os dan un noble ejemplo de resignación y de paciencia. Pensad en ellas é imitadlas. Hoy los bue nos ejemplos vienen de abajo. Murmullos mas violentos é interrupciones en el centroQ > «i - •; - ■> Digo que la situación del país, que la urgencia de las co sas nos reclaman una resolución patriótica. Es menester que á toda costa salga un gabinete de esta deliberación, y os voy á decir cómo comprendo su posibilidad. [Escuchad! Escuchad!] , „: , El gobierno representativo, señores, el gobierno de liber tad, es el mas difícil de todos los .gobiernos, precisameute porque es el mas bello, porque presupone condiciones de moralidad, de espíritu público y de. razón. que solas pue den hacerlo práctico y útil á las naciones. . ., - r , . - El gobierno representativo que es un acto de fe* en la ra zón del país, en la razón, en el alto patoiotismo de los re presentantes del país, si continúa siendo por mucho tiempo obstáculo al trabajo, á las mejoras, al desarrollo moral y material del país, el país acaba por no tener esperanzas en til :íA!,ttltíMrÁf; Üáf goteó.' ^uiayd^qtí^ale^a'feis áí ¿kiMnM,!j éotf'é'l caAáártcio'a'briréis éttíámiiió á algún titteVtí'a^p'oii^y^Tr qrié^é^rjtisíno! Nb tejareis' ya' '«A* ttói:la '^ó'fíir' sitó irn despotísioM» cictfltfr -q4ie 1W!jtenilirá por cetro ^ &«lfe,k#Htt héroe, sino unas cuantas plumas empapadas en la hiér'n'e 1m íattitímH^- "4*s> sb lü'is v»l«n»:n toBindni9 n¡« Y ':i Hfi»^^' fflSMicW'^tó ^tó'^'í^^m^Wsfé^h ihds evitará toda costa. Para ello, en' ini concepto, h;ó há"y 'mas qué ita 'tííedio. ■■ ' '^'•■■'-i - • És evidente que ni en este recinto, ni en él 'pa's existe una mayoiía política; díié que en este momento casi iiO 'éxiáté mayoría' en; las- ideas'; : (JS , ''tas Juérzás sé'^án equilibrado, dé'Üal moJÓ,'háy tdl opí- sicidn de vbturrtádé.s' ¿'"voluntades, güe,es impotable Con la mejor, vi;.' •••¡¡i intención ;>!> fliaiu-Ll"del mundo a¡ ■>.;¡it (y '-esto' . ... ¡"<-.,j Jo conéesari iUifUirJl« k¡ ::SiQÍoWqs'Íos uyu honorables, v><- ;n jui mieribros. qae -OtíI •• • ■ , lian sido interpelados), encontrar ;t-u ■■■ ¡. üü.f ir;i,L. «i,,-A.a - :.a una mayon.i. Ninguno de ellos tiene la culpa, la tienen .Evidentemente las cosas; me complazco en reconocerlo, lia prueba desque no hay mayoría enrías ideas, es que ncrpúede haberla en esta cámara; es sobre todo que no la nay Jerí "él país. De esto él país tiene el sentimiento,' «íiikbtinío, la convicción, ííotad, pues, lo que el país os pide en este momi«ntoi¡ ¿ {ÜS'piiJe^ue formuléis' teorías políticas como os proponía ayer? ¿Os pide siquiera algunas deesas gran des leyes inteiiorés" r|Bgrama tan moderado de M.iThiejfs, os pide algunas de esasgran-^ des medidas que por su naturaleza puedan comprometer la seguridad de la Europa? Nada de eso, señores; sabéis ¡qae DRíIj£iíAST?INE. Mf ei.p8Íi^*.k»d|) o!el rtonr.wiiB pais hace nU■■. tres .•'[ me- • 1 ■iTíjiii (luid (i<3idfiiOil --0', TJ'Jüil 'ínp n »n')¡í . . ol ,*su^uvi?¿5 vo^plp^o,^ ¿u.esjft- ido ojfltíMfll,;^ cá#MIW.89.£^^ftW(;W> ^¿ientu. mas q^e ■faMkíMffoWW.W^V-.MMyP -\fi 4jñVAHciVn,P 'a. c#nr 4tóa^«nH^ifc>.flp,l,teji;^nft;jl»^lp/í 'r.niW dM.ueiopesj,, , ^tómfiM lWffiliqip9!íjÍblf!S,.v.,íifM(KWiÁi«WfBj HWS Wt^T enijBlv.u ■ • '.ni < ti ;.iLib Todo ministerio pufiWe^'^^dahíft'níe fhjfl^^<-É¡."ábl«)«h estemoínentbi Desafio'.!áijtíií»lqpjíírai»^,i^!j4>«'Pi)u!i)^J(una Reí» fe 1* í&sbpví ;J*fi«r«íMiHmifi^ ■inM^n.* - HeayiwnoeBci*!*-1, atimiiustratiyaiS! qjAe.^tp.'esU^yi litagtfcilNr *eáideib»»ja ¡gana y aplandW^qiiisn^weiíaa Jó.;, OJo- uepa- lÍtat4eorí«8r dboseifc» negocio». .(Rumora diveraotj) 18 Repito, señores, que en este momento o» agotaríais, en rktíó; ya bajo la forma de una apelación ai pais, ya bajo la forihfrla de íhiérpelaciones, ya «orno lo acabo de ©ir propo- ñét, bajo la forma de ana esposickm, os agotaréis en vano sih producir en los cuerpos políticos una mayoría duradera, úna Mayoría de partido. ■ *•»"> •'"■'] »•» En esta situación lo que tienen que hacer los hombres prudentes, lo que tienen que hacer los hombres bien inten cionados y animados de sentimientos de patriotismo, es pres tar generosamente su concurso al primer ministerio que elija la corona en los colores que le sean convenientes, con tal que este ministerio al subir á la tribuna adopte. . . . . . j_Fbces en la izquierda ¿Qué cosaf\ adopte el símbolo de la situación, es decir, silencio fe las pasiones parlamentarias, tregua á las pasiones politicus y ausilio inmediato al pais. .. Risas en la izquierda. [Escuchad! escuchadQ Una palabra mas, y este sera todo nuestro programa. Los hombres á que tengo el honor de pertenecer no están completamente dispuestos por su parte á prestar el concurso de sus su fragios á un ministerio compuesto con la mira de mejoras morales y materiales del pais. No se reservan mas que una cosa, se reservan su confianza política. No olvidéis que esta confianza no se recobra cuando una vez se ha per dido; no se proclama arbitrariamente en esta tribuna, se merece ó no se merece. [Sensacion.~\ Por lo demás, señorea, cualqniera que sea la solución de esta crisis, tendrémos siempre la gloria de haber sido de los que hicieron cuanto pudieron para impedirla, y para re mediarla después que estalló. No, jamás nos avergonza- rémos de haber sido de los 221, no de los 221 que en otras circunstancias hicieron una advertencia saludable y tardía DE LAMARTINE. IM á una corona que iba á perderse, sino de los 221 diputados que en una fatal colisión entre las prerogativas tuvieron el valor de advertir á la cámara sua usurpaciones y al paia sus peligros: ojalá y nuestras advertencias puedan ser al pueblo de 1830 mas útiles que las de aquellos lo fueron á la res tauración! (Agitación prolongada. Se suspende la sesión.) . J"i¡.; v'íi £110 {tul uuti i ¡ «.' sts,£ i; \'i'.<¡i ip el tiüíOBuii» ata» oil -.- ¡mi f^ftil aiipfiMtaiJ suri ol ,8\jjnybi!u; r-'I-.i-.j sb etánaimiJasa 9b e©b*¿nina fcobtn.. * ,, -t :::-■< U CítD3DOD »« el.l9lfl«aoi81!";¡ ■•„. ->':.•> aac* el sop asiólos eol na arioa." ti »>. IV c £- a¿\->! al a íídoa la ohaíainioi t>i--, •. ;«; U' ¡.' ^fWfr^j-aSmkv „: j,i ni ij ••. i! : :•• .roiísq sai e obnslía ,ibjb tm ,nv> -r ,' • '.. • • iv.I¡mjb y^aasbíioq «snoi-s.. ,j .. . J , ^¡.'.V.-M-jbi '¿¡n»Vns5¿i] .»Vr -.,-v.» . i : . . . íjA .atusigo-tq onlasuu oboí ait»a »u, - . :<(a:n3 nei89 un I9ü3n9j'i9q sb lonoxi I» •... ■■■■ , -. -. ~í ¡>i: oeiuoaoo is» laieaiq a slitij n¿ ioq g .J . , ,'■ „. :ji 9b aiicu ai noa oJesüqmoo oheJainíaj nu ¿ .;>>; ,■,. ■* ».íü a*7is?.9i a« o*í ¿ieq bb aislaiiaJam ^ ev.'ií.-/, . cVÍ .ariiJiioij as-iaunoo m navigeoi 9a ¿«ec.-. .. . ! aíí aa isv anu ubiieio íncioooi 9a on asnañnoD «Jt'y <. , . . J.u ... i, ni! ziirjhiühb'iúAiB amaboiu 98 oa ;>.i. , ■•v-í-WSv-J .90919M 98 OH i SÜvli .. i.v,. ...i.: si a9> suji ai9¡cp¡6úo ,8»ioñ98 ,eaai9h ol 30'i . i f ^.'«r i-l anoisj al siqmgia eoméibnai .aiena aJw* • . K *"' ■*•!"•> *■'•>'<} ooioibuq oJneua noi9¡oiíí eup íw , í t. '/i .ollajag 9up bsuumIi ahaib ..tu c-:¡ o;. ,i .'V. t-ol eb obie iíjomI sb eoi¡ t>. ÍTÍ ".HMÍTH/..I.CAJ ¿a íobe)i;qiL IS'L* to! nú oíiU .-ai'1;. '.(; u E(li pup c'.oio.t f- 'íu « 1<» HDioivuJ r;,v¡T'"Kuv lar;' >n;: fl'.> 9Ijji »!?B ~¡.(i ¡i «¡i • • - ■■■>,! ítúr- ),i i: 'iii'-jvl ■: i :o!|.V ()UÍ9i;u ¡"¡lie fisl';í;n . i !■;■ v .' •:■<:;'■ -.■•■i, 7 /■!/,'•> :M""j»ilvj -fAi . i i- '>•!'. il ■• \:>:. • -i •<•. ••: . -. Mln r.rn' < i'^l 1 Afc'UaiíIT AJ ^71 ■■".* oJív . ■ •fíi !:: ol ora mi>-iiin oí. ; .fí j-s j.-q oí ; onie ioÜiib f. ;. ? ■)(• : /:•'■;,;( V."j ¿iIü'jvioií ua •'■ ?/i >:.- : . r ! A.-tlK.J CT il'JVf'v-j rol hujii:)fl •:tp»-)i: f.")m' > ■ ..!>•.- . a- i».¡ ye oineiiTi'íi-'.'.ib nupiún .lt>ü ••I) i' . )--.-.;í Vnít vibi'u ,tn<>ib; )ii8si! oloíiqrrioo .loxiii <■) ./■ i. ijii'iiA —{ .i>foctmo\otc^ ^ »&tyjjj> o ■ . j • ~, iy.ia ,'.iií,'jrjLi¡ «rmi oíHóoa n» ion 9noil eií •''' ¡,te ti íHSMA^aoWifeU l'JOIlp ol sl.'oí ■ .J2í í. .■' ii. hütj'i 8ftl •■ SllKO «i Olí-í'ij 9Íí Bouq ' 'L. ;'1 «•"•;'>'-';J,1<-i!-i,'jt ol • '» fjintJü»2 uL innod aI oval Pido la palabra para un hecho personal y no volvere a entrar en la discusión. una i ber separado nuestra causa de la suya en las estipulaciones del 'partido córirféív<áu*>r. •Espliiluémoíio&uJdQo«»fiflsOi'iy:j**9f9Í- • vá: '¿i?.Wretíríera a itíl m limó; pero: es legiti da yjhqc<»fliíw> , porgué' flé -refere- iil^-*0^lllii^id6flloscñanfeé»j^a rtiáóísv pára'-'ebtiKí^oJ ■ miSftüKWj paraítíon lal Franci a tienen "el^fcer de M^já'rlas; desnaturalizar. {ViaUhtavintéxmp- ' cmñrM. FuMiitén -y vhr^mwmbrosdelícmtro^r^mi^lmií- ~fflr:"*No tiMéis W nuestro nombre." ■ M. Fukkiron «nie- ''Vúnta y se acerca"al general BvCgemd. JEJ general ^Bug^a-ud ¡pide la palabra.) ' 'Doei& ^é-la" ésámara que sjBHB^ceitwne 174 LA TRIBUNA uno el derecho y el deber de mostrarse susceptible por la opinión a que pertenece. Sírvanse notar los honorables miembros que me interpelan, que al hablar de la opinión de los 221, esta expresión en nada los compromete. No se aplica sino á lo pasado, y de ningún modo al momento pre sente, mucho menos á su porvenir, cualquiera que sea la actitud que les convenga tomar. Hasta aquí les he sido fiel, ningún disentimiento se ha suscitado entre nosotros. Si hoy tienen vque^manj^esta^lgo,, si mis palabras no les conviéheTi^tfHban A esía tribuna y díganlo. El partido, compacto hasta ahora, podrá dividirse en dos! {Sensación diversa y prolongada.)—Ahora á M. Guizot. (Escuchad!) Me tiene por un neófito muy reciente, muy ardoroso aca so de lo que él llama- partido conservador. Me acusa des pués de haber hecho la corte á las opiniones. Desde que tuve la honra de sentarme en este recinto, escepto los últi mos meses de la sesión anterior, en que estaban en peligro las instituciones y la paz, siempre he estado en los bancos de las oposiciones moderadas. (Es verdad, es verdad!) ■ El honorable miembro, al contrario; escepto estas últi mas circunstancias, siempre ha g3tado en el poder desde la revolución de 1830, La cámara por este solo hecho, apre ciará quién de los dos tiene el sentimiento de las mayorías, quién puede ser mas justamente sospechoso de adulación á las opiniones. En cuanto, á mí, si alguna vez en mi vida he hecho la corte á las opiniones, no ha sido al menos á las opiniones triunfantes. [Muy bieru] Señores, esas opinio nes que él acaba de desnaturalizar tanto en su espíritu co mo en su forma, han sido en mí desde que entré á la cáma ra, lo que son hoy, lo que él se ha complacido en llamar radicales y conservadoras á la vez. ¿Queréis saber el se DE LAMARTINE. 175 creto? Me satisface hallar ocasión de revelarlo en esta tribuna. (Señales de atención.) El secreto, señores, con siste en que mis principios dependen profundamente de los principios de M. Guizot, en que jamás he entendido, ni jamás entenderé á su manera la política verdaderamente conservadora. Hay dos maneras de ser conservador, señores. Lo es uno ó se cree conservador por la inmovilidad, por una con servación servil y retrógrada que todo lo deja perecer, por no tocar nada. Hay otra manera de ser conservador, conservar por medio de la innovación, de la mejora, y dan - do nuevo temple k las instituciones y 4 las cosas en las fuerzas y en el espíritu de la. época. (Bravos en la iz quierda) otóosn n;.» wV Hé aquí, señores, las dos conservaciones. La primera es la vuestra; la segunda és^fcomiá. c Juzgue el pais quién es mas conservador!' ! - 9 ns smu; ... . . fi , (Muy bien, muy bien, en la izquierda. Viva y universal sensación.) 'Xíw.z ^¡¡q ai ^t;, .••■•Wiqoaal A eJioa *; :.- l'J ^int}.,unJ et don- ■ &* «vud uoe oap 0i ,„ ■ fttf-f) a'j lAitAvtm í-í íioiiEoo utlitil boií'laiiEB '•'(•(■••':;• -rro?> .hw-ftwi -.nimws. 12! (.svok>v.' \n t-v níeÑí-r'. ) .<, ;;•■ 1 éoI ti1 Hln90!/¿J)í!3/ioiq naí ii'jqsL eoiqroiuiq ?iui ' ■•■,) -a • ■ ■<■ \.i ,o]jiLi;^ln^ 'j/i ti.aui'i huí- tro ,iosii:0 .i/, t-l k.ííw;iií-<] t•ínoiiii.-: ¡íjiíbiav «oiilloo ".i ji'isntfti ns /• í/ís: n- 1::-. ¿¿i», «i, so oJ .¡¿sioñee «lobfivisgnoo 19?. »!> 8K'í9f:.'un foÍ- no-.) jsntt loq ,bnhílhomiti ¿I i«-j lobsviosiw- sí. ' ■ • s o ony Mor; ,i9*,ír.9q tjoL ol oboJ 9Rp í¡Ij? . ••••.r.vi •-. .•¡oi.íjsv-jofuíoo i9¡- eb f.iáiifini biío vkü ,u;.>nn •:tm"1 ou ■ fií¡i). y_ ,í¿'ío¡8íu «í <)b ,noio£/uíjíii jj[iI> oií)9ra loq 1¡¡'. iy.-:í- ssf ti: tawi k«; íí E^^i-'iiítíKi 6ííI ú elqm'JÍ 079i:ri <>•;■ - ú i\ «a íO'jotü.) .Booqt) «I ob ulh* ¡-.9 J9 H9 v Bfis:.r*J sitnii'iq «.!••• .wffOÍAtfoissaó:) fcob ¿»» .m»-ioík t¡ tlup« -'Ji uáinji eísq i** sMigsníü ?ji¡j(ndit8a ebnn^sg t¡\ :mi- ~uv í.í *m . -f : hob«V19aií;.') *t¡in ••• 1&81WHU \V JBijtWM^SS »i «S ,«at& \SUttt ,ttf>i - J ■;j..¡e-jj< J ¡ i;í ftXl«9011 fl'J e'Hí!ü ,k9I(v)koi¡i. eoll ■ . wb'itryn t-tJ no eoviJufio rouu^Íu onu i: orw •ibíiíoí-í-i u: ,u' ¡o :z;.¡-.>ft konujilí: sl> rensoríii! w;! nuo KBoehsJ i. ■ 1 1 1 i /■ :> ■m\'..-:-'U ,!;:i.'J;ivibn¡ j¡b£í! olgia oibsm eofiiJ sup ¡>;i ' 'iu «íaino r¥^'nr^|^c|ry;Tjr^C( yr* v('fl oobi! es ,oí oí (38TÍ ík) n i afi wl^f >^ fl|IAw^iV^al> «o¡ioiy« i¡, .oiHiil a:! uv ntVislInd b8ví;Iob9 eol eb elaoetn b jncq ..ti «b,M,8 ^^^M^!\m^ v- ¿«■■;i*í-"'1"' to^i'Hj-j ;>o 'iiJca íí jÍ'IíbbI aybiiaioíi9b wn(l yb egrrobiniq -jib/tn s-.au SísfeOBífifty0^19^ noioBsilivio «I ewp \ aontolloq bres; permitidme en nombre de la sociedad ffWcps^S^ri- ^ir' ünd &1v>a ftiri&pfo&W™ «oiaoiaisetraq omaiai sJeH VatogukáxriaMrw 4,oeé#i#9éÍálití pt^iMM¡ 'de 'Otra cvitttiurapllAo qm^pméMzoa 6¡fl«l%í« eomawup eop ' Señores^ fué .un. gran .^di» en kanato Jeiilaaiasattahleas polítiéas,.«in;belto'd¡*g%s animado todavía < porj B>*ta»> d» 'Witbetforc« y d»eanmng, 178 LA TRIBUNA arrojó 500 millones á sus colonos para rescatar á trescien tos mil esclavos, y con ellos la dignidad del nombre huma no y la moralidad en las leyes. Admirábamos en nuestra infancia el desinterés üe aque llos apóstoles, de aquellos misioneros cristianos que iban á rescatar uno á uno algunos cautivos en las regencias ber beriscas con las limosnas de algunos fieles: pues bien, lo que hace medio siglo se hacia individual, escepcionalmen te, se hace hoy ea, grande por ana. naoion entera entre las aclamaciones de „ iaihUn» V,.,-i ,»-J Este mismo pensamiento, señores, es e|,p¿u£pnps reúne, en este recinto, de ias-tees^pattes dal mundo, para entendernos, ilustrarnos y alentamos en fe obra que el siglo elabora, y que queremos ayudarle á consumar. Pero, señores, no nos lo disimulemos; cuando una idea falsa llega á con vertirían ainterésjíao se' le espropia. sin lucha. Un vi- eio aoqfei liana ¡ .siempre ¡ un sofisma á ta servicio. £1 so fisma se. defiende, ce* todas inw armas. La calumnia de lasíntetteiones-esel -audio, owa«gguro de desacreditar las DE LAMARTINE. 179 mas santas empresas. De esto somos un ejemplo, ¿pero lle gará nuestra cansa á ser vencida? No, miremos de frente á la calumnia; no la harémós ruborizar, pero la harémos mentir; solo asi queda confundida*». {uBraaNajj~6ut\i «uvsío Todo el mundo, señores, ha sido calumniado en esta cau sa; los ingleses, los colonos, los esclavos y: ínosotros» j»í<«> Sí, la Inglaterra ha sido calumniada indignamente, ca lumniada por su misma virtud. ¿No hemos oido. m& rveces hace veinticinco años, repetir en los periódicos y en los libros, y recientemente en la tribuna, que los generosos es fuerzos de la Inglaterra contra la trata; de negros, que los 500 millones dados por ella en cambip de la emancipación, no eran mas que una red infame encubierta de pérfida fi lantropía para perder á sus propias colonias, cuya posesión ya no creia segura, y para obligarnos así por la imitación á aniquilarlas nuestras que le 'hadan sombra? Sí, esto se ha dicho, esto se ha creido. El absurdo es infinito en sus invenciones, como la tontera es infinita en su credulidad. Si, esto se ha dicho muy alto en la tribuna de una nación que se llama la nación de la inteligencia, y esto no ha sido acallado por los murmullos de4a>indignaeion nacional. ¡Oh generosos espíritus de los Wilberforce, de loa Pitt, de los Fox, de los Canning, cuyos nombras: veo inscritos en estas banderas y radiantes sobre esta fiesta; no os figurábais, mientras tramábais esta conjuración evangélica, mientras difundíais en los tres reinos y en ©^universo, la santa agitación de la conciencia del género u humano, [bravosl; miéntras regábais con vuestro sudor y con vuestro llanto aquellas tribunas, nuevos campos de batalla en que dábais los combates de la filántropo é» Ja religión y de la razón perseguida; no os figurábais que no teníais en el corazón mas que hiél, encono y perfidia, que no erais mas qua hi m .m'TRIBlTNA.n pócritas de la rehabilitación humana, 7 que en el fondo no teníais mas que el designio, tan perverso como insensato, de que millones de ingleses fuesen degollados por sus es clavos, para ¡ceasunür las tfe* ó cuatro pequeñas colonias francesas en el inmenso incendio que devora á vuestros vas tos establecimientos y á vuestros innumerables conciuda- d&nQft&fk.mcn^ibni ttbehumúí-'j oble uá 8n:>Jflb.>nl bi ,i«3 ^íiüAbs'^ei'doWS'DítfsY -á la gpóca'mMBeH óíávr tales *béíWicfoneá(.;i :(Aplü*toÍr-) i'^'í" ««ofia o-nbiiniov s»v«d -4Ío'h«B^b tíeftoí¡éá1Üti)iWiWlí5«; Han sidtt TO¿to» poo«J?opresoi%n y »en^l dinWiin^^^e^teygfefeW^feelea iWo6>HiM»'alisü ;ió^íffl»i.k«««WIWtfí qtí^éhárónft^sírf'te ^jiie/ise «pntitya ofelks^rfVrHHas1^ Ni 1MWran'tfrá'd y (fc>Mi*eW1q«Ííi*«M*Sh bWt3ki>?¡!í(A'pñ\i!¡!S9$ 9^ 'O'!™85 eovoua ,8iuu¡d¡;i tdl'ri^, nos^íéÍ,oOTÜftiol "JdíTA8 pl'ns^o^de^oMsf Somos revolucionarios, la pepr espécie de revolucionarios; -id wp eam «jais on e-up «artiaieq 7 0000119 .1 .ni »up «mu i*ifllpéHgííy«dbardes que no teniendo nada que perder, ni fortuna, ni vida^ens la« colonias, queremos llevar allí el in- ;i'céridSei poí"ti( bonqr1 abstracto de un principio, y quién sa- '•'bé? ácasi(y,ptíl?'íá"ranidad; cruel de una insaciable populari dad. Si esto fuera cierto, seriamos Jos últimos de los hom ■'Wes/'p^rqTua' ttíftlarfemos en Vano el nombre de Dios" y de " WWtñkfiídatl, 'f haríamos cori la civilización' y cori ia li bertad el mas inferné de todos los tráficos, á costa de la fortuna y de-la Vida de nuestros conciudadanos de las co- "'líftiasi y cdn' retítajá Soló ae nuestro detestable amorfpro- í.b|jJgH 12 .¿óvulo?-. !-.'fi" '•)••:•••''• s» W'hr.r :r •i»iOdic|fioi oiqiai'htj ¡p v h? y- «•«• i « üiuurto i. »-f « 'ti.-oi intenciones y en los hechos? tiscuchud y juzgad: respon den nuestras doctrinas y nuestros actos. M O iilón B tfi) nlSs'nft' 'y'^le jírtó'i t siti (Ys q *> í.n h f ¿-r mft¡8i'Ík kplféacíon/1 ^rócedeitfos pór Ik Vhí pY>r Vd ^.a^ic- om¿^n'üy"poifiíá,ley; querettoé Ü ribsrVa I; ¡mn> n> íh q lare- -Bqlíillj.fll ' 9tl fj-i. !■ ,!. " -. j ll .a' '. .. . .. ifi . nos sino con las condiciones de la justicia y del u nbrtjo negros en lugar del imperio de 'los blancos; es el aníqbi- laimentó de nuestras colonias. /Qué decimos nosotros? asp'j.iáifli oh jfjdj.b k-iJ . ' in'- • .-> Til,. . i.: • •(■ i • • \, • . |. ..,„ -^n^Cjipa.qjgn é ind,eniniziciqn, y áaslo añadimos ini- .b».8W!frR'xIr,[ Bb.-.'np'. ' i . ■ ^ -y r i ■■• < \;-.wV -üki : Iadi*nliritWiíÍrtii;a lo.í Ciil'yios, .-¡Seft «r*»*,'. np asitsfe esta xufcalwbral'4) ¿*mtibv,4ti*Ú*.luego. \Ktu abfifaebuM a,b,if.|uo, en 19 'nuestro presupuesto y someten siempre el horabf* 6 laiei- fra, en vez-dei someter. l,a .cifra al hombre, . }„ tui:sjJ-¡cíi -a 'lúa indemnización, corto la entiendo,, no; tiene najda de enorme, nada de, inmediatamente ecsorhitájate; el país ¡mismo no ia 8entina¡.j.<.fl:.M t.8 ,, .noi-, c ■:.; ') < Vm Y¿ .! ¡ U <:'•> vEu dos palabras, hé aquí cómo rjacjqcino, y aste pep- samient» llevado por mí & la, tribuna ^e la cámaja Uace cuatro años, ha sjdo acogido como ¡una sqUtcion práctica de la cuestión qué pesa .sobre los espf ri,tqg. ¡, .-..KiTres clases de interesados se aprovecharán de la eman cipación: el Estado, los colonos, los esclavos. £1 Estado recobra la moralidad en las leyes y el principio inaprecia ble de la igualdad de las Tazas y de los hombres ante £1 colono gana una propiedad honrada, moral, una propiedad de derecho común, investida de las mismas ga rantías que las nuestras, en lugar de esa propiedad funesta incierta, esplosiva, y siempre amenazadora de que no pue de gozar un momento con seguridad; propiedad humana que deshonra, que desmoraliza, tanto al que la posee como al que la sufre. Al dia siguiente del acta de emancipa ción, los capitales coloniales valdrán el duplo. Por fin, el esclavo, sabéis lo que gana, el título y los de rechos de criatura de Dios; la libertad, la propiedad, la fa milia, su advenimiento, en fin, y el advenimiento de sus hijos á la humanidad. Pues bien, repartid entre estas tres clases de intereses el peso de la indemnización; haced pagar proporcional- mente al Estado, ül colono y al esclavo el precio de las ventajas que adquieren, y queda restaurada lahumanidad. Hé aquí hasta qué punto somos tribunos de los escla- 1 vos, espoliadores de los colonos, incendiarios del pais. Juz- ' í DJE LAMARTINE. H83 gue la nación. Juzgará, y la Francia, qne jamás ha re trocedido, que no ha temido agitar el mundo y derramar á torrentes su oro y su sangre por la libertad política, no te merá dar algunos millones durante diez años para resca tar una raza de hombres, y con estos hombres su propia satisfacción. .. ... y ¡ c . *>»í.v. Ii. »i«-.">l-;.i • ""'Vosotros, señores, á quienes envía la Inglaterra a este pacífico congreso de la emancipación de las razas, id á decir ó la América y á la Inglaterra lo que habéis visto, ro que habéis oido. La Francia está pronta á consumar su parte en la obra de regeneración, de qué dió la senaf ál mundo y de que habéis tenido el honor de darle el mas noble ejemplo. Antes de tres años no habrá un esclavo en ninguno de los dos paisas; que digo! no lo hay ya en nuestro pensamiento: el principio está votado por aclama ción eu toda la tierra donde el Évangelie ha escrito los derechos del alma sobre los derechos del ciudadano. No deliberaremos ya sino sobre el modo y la ejecución* ¿ >.o> Señores, a la unión de los dos pueblos es 6 lo que debe mos este dia de bendición en los tres mundos: estrechemos esta alianza con los vínculos de esa fraternidad europea cuyos misioneros sois cerca de nosotros. Una política mezquina y recelosa, una política que habia querido dis minuir el mundo para que eu él no cupiese nadie mas que nosotros; una política que toma por inspiración antiguas antipatías nacionales, en lugar de inspirarse de las sim patías que llaman á unirse al Oriente y al Occidente; esta política, señores, se esfuerza en vano en romper, 6 en de bilitar las relaciones que unehá la Inglaterra y a lá Fran cia. La Inglaterra y la Francia permanecerán unidas; ambas son el pedestal de los derechos del género humano. [Bravos.] La libertad del mundo tiene un pié en el sue- ÜA TRIBUNA ~tó britáftíco; un pié en el suelo francés1; la libeitad, la ci vilización pacífica se desplomarían por sitíete véz en "tórretiteiÉ de sangre, si nos separásemos; no nos separó— rémos; de ello es garante esta 'reunión. {Aplausos.) ¡(¿toando los mismos pensamientos s«¡«omuttic&n, se pe netran así al través de las lenguas, de los int&ré»er las de la libertad: "Lo oue Dios ha unido, los hombres no h> separaián." (¡Aplau . ¿Acaso las ideas no son; el primero de los intereses? iC^ndo Washington y 1% Liftyette, cuando Baillyy Franklin ¡se hicieron ¡una seña al través del At'ántico, la independencia de la América, aunque icantestada por los gabinetes^; fué reconocidaí de antemano por las naciones. .Cjuando lps espíritus liberales de la Inglaterra y de la ^rancia setendieron la mano, á pesar de Napoleón y de . Ja Coa lición,,en vano siguieron combatiendo los ejéícitos y la» escuadras:, las naciones estaban y* i «concillada». Los ■verdaderos plenipotenciarios ¡hi u'.nail .y Iflsoi ':f.íp !í>íj;<í ?«r • i :.:.■**{{' Oil'r.; tr . •: |i valí r.i. ■ ..«¡ Y > ■ I3...0-» u •: -í, . c.v.rn; •'•:•>& Bujíh jb.ií'. • :¡9S(-v i» 'O ■:;> (ftí> i-¡ n" bilí £>!:{, :>i ,r,v. :¡5 t:¡ !> .'¡«,li ■ r¡ ¡7 í, '-. ' : !i¡i,, /fiii'/ -fif'Síii b« ¡.ib ¡»b •.•:># Av liv ii; novii en;-;; '■;.. :■< ¡•Oit-ii i.vi.-fios í .:siifn?-i.-i! . 'v fi-i -io.f § 1 1 •• ]j fcj-Ii aoswuU^k) : ¡.i iu\-,j ¡ «i . ¡ a! ■ ' ■ >y .» • •■ '«jh •!• DISCURSO •li' i» . III Iw- '.: . li. • . . ' i . C; 1 En respuesta a M. Thiers en la discusión del proyecto de ley en que se pedia un crédito estraordinario de un millo\comQ .^complemento de los gastos secretos de 1840., • oí, ! :.¡ ..i". ;>■.:■■ :ü (,.. ...... :, t . b:Jut-li ■ :l¡-- (-■' ■ < .JiJ.ii in:» .ii: ■ :. ('•!f),. £14' vt. i ;• • .■ ) • .! ¡ r, •' ■'. r.siMi i ¡ Sesión del 24 ¡de Marzo de 184©. i: v • '.'ti .< ii '■ :n' '. í. i i " ■. :u: "■ • « ^ • >. á ¡;a 'i Y ■.•.mi SjeSobbs: , , ■:. ,. ,| No habiéndose presentado ningún orador para refutar las objeciones de mis honorables amigos, me veo obligado para restablecer el terreno de esta discucion á ocuparme parte por parte del elocuente discurso que habéis oido al comenzar esta sesión. Si toda la destreza de la palabra, si toda la dignidad del lenguaje, la franqueza de la elocución, pudieran cubrir lo que hay de especioso, lo que hay de falso en una situa ción, no temo decirlo, la cámara estaría suficientemente informada, y votaría en este momento. Pero no es dado á la palabra, por hábil, por poderosa y elocuente que sea, 183 LA TRIBUNA ser mas fuerte que las cosas. Hay, señores, un proverbio famoso que esplica vuestra situación y la nuestra. Lo aplico y digo al ministerio: Decidme dónde os colocáis; decidme dónde están vuestros amigos, dónde está «1 cen tro de vuestra acción; y sin escuchar las palabras que pro nunciéis os diré de antemano lo que haréis, lo que inevi tablemente estaréis condenados á hacer. {Muy bien!) \ El señor presidente del consejo os ha esplicado coa una franqueza que me complazco en reconocer, todos loar miramiento*, l^jfr ||a.d|l|c^iez| 0°da la dignidad de su posición personal en la transacción que ha in tentado para completar, dice, el gabinete del 1? de Mar icé, ' ' !Ü¿-''pLílBfeeírk f' tíftit^e-' nosotros & rraestrk tros, miembros, no de una mayoría, siempre lo hemosreco- nocido, sino de lo que >e ha limado táMinbrT* mas nu merosa, vengamos, no en nombre de nuestra dignidad personal, que sacrificamos á nuestro pais, sino en nombre de la dignidad de nuestra opinión (y no es este, señores, un vano vunMkmm>$^*UW>WP& las opiniones es su seguridad) á ecsaminar frente á frente con él y de lante de nuestro país en qué posición nb¥ré%^í)ííííramos y •W].fft i «*epiahte,14a .s^wfíion que ha pjejeodjolo: píOpo- «KJM»o <>->••• -ti ,soSun>; -.-,(...• -uori >»tui ai. B >noia&[do asi , Pido gna esteema- indulgencia h^fifr ql, estado.en que me ha) lo^yüCiUftjroé irotíi^S eJftv»r.,l£iyo?ijta?WW cpmo,; fluj- siera- .flo;¿9.< J3J-.0 íjasnemo.-) dfls^a, ¿yega,. ,no una,, vana' cuestión adroroi^rafi^jsjnp WWmÜW ñ$£^h\ñ¿${%- ',, o 8'b vr.d onp o ,,.)$( winistffio no£;Rrjegim^.'.^^ Perro i rame,( > «njes . 4©¡ respon derle,. hajqe^e, o^bser yafl fffu\ ae.yjplsapiamoi^ .e^^^hgftf^^ide^e lpa«« *ttrf>4n1*i*6ii,»áú mú '-ébtifo* nosotros. ¿h&>m(itmé que no se necesite á los hombres, comprendo que sé les designe J con ¿aitfícaciotíes poco simpáticas; pero no cfimpretído que después de haberlos desacreditado y perseguido corno enemigos del bien público en: tas elecciones, nb^cmpfén- do ^ue ái^T^hiar ÍOdos los días la mano de los qué los "j&sIguóh&nW- tÁb^iÉgi^kloMÉ vehiWéétk tri- ' .buha á pregdhtarlés: ; '"'¿Tenéis cónífianiéR'en^iíK^'l'3 Y si respondiéremrts: "Sí, tenemos* absoluta y'pléna Confia nza,": os loprégtíhtt» á'mi'Véz á^oaoWírf-tnisiiibs; ¿es ta respuesta no os parec&riá la nías amarga délas ironías, el épigrama mkis sánglie'rrtoiP'Y^í1 eüta respViena fuera sincera, si pudiera serlo ¿no veriael pais en nosotros á los mas Cándidos ó SMos 'mas 'tímidos dé'^Osí hombres politi zeos? (Vivaaprobaáon) i,),vib 9ii!i:j..-.f>iiü"io¡,i ,-.ogiíu Os digo, pues, desde luego: No, no, nosotros no pode mos• ¡,tener confianza, i/gilfuj. y sin embargo,' itip [%.0.i(--:ov ¿¡••v; ^c! *me complazco 7} ..quu tn oupen decíroslo y bien lo sabéis: esta filia de confianza no se'di- - . ■...:<-?.:! i JL .•!...: i nn*h< \ oniiidogj'.b '■iQVmtJh «■¡iWflq rige a los hombres, sino a la situación.^ jN<> ha. y. uno splo entre los' hombres eminentes de qiíe se co/ípone él gabi nete, comenzando 'por' su gere, k ^Métt'rib'^iübiéramos visto con gusto llamado á los negociosas!1 el'gabinete se hubiera formado sobre la base mas amplia y mas verdade ramente, parlamentaria que nuestro patriotismo deseaba. Este ministerio no tiene base,; por to mismo; ¡el poder ■ no • tendrá regula ridadi ni aplomo^ ¿ h¡-> ok>J ..¡ ¡> ¡«r.oaisq -<'*¡flé aqufípor qué nos reservamos. Espliqnémonoe an- - te la Francia* si gustáis. ¡ om-i'i io-.djB n>i ¡r.ui obnes No temáis, señores, que yo vuelva á la cámara a hue llas borradas, á las ruidosas discordias de nuestras sesio nes. Bastante es sufrir sus consecnenciásieníél fraccio namiento délos partidos. '1» * < u:i;.h >T ojieoasWj ,190 . LA .TRIBUNA 0 . ., No, me apartaré con cuidado de esas espinas de la dis cusión. Ya no hay odio, ni cólerat ni rencores^ y\ si hubiera en el fondo de nuestros corazones algún resto de amargura y de indignación contraf| tantas injusticias, nos felicitaríamos de ello, para tener el fácil mérito de'jn- molar todo esto á la salud del pais. [Aprobación .] : Pero ya no hay nada. ¿Q,ué ha,y pues?( ^Tal vez prin cipios? Ni aun eso, esta es una-pretensipn de los partidos para dar colorido á las pasiones que se nos suponen. En realidad no hay principios entre nosotros. Siempre psjo he dicho: se engaña á la Europa con esta idea, y se trata ' de engañarnos á nosotros mismos. Digamos al fin ia verdad, ,u i&iIlcí nerua Se figura, se dice, se escribe que somos dos campos ene migos, piofundamente divididos .por , alguna. gran teoría política y social que cada discusión ahonda y estiende mas; que tenemos miras diferentes, banderas diversas; que los unos (estos érais vosotros) quieren llegar á la re pública al través del gobierno parlamentario recientemen te fundado y al través de todos las ensayos, de toda la desorganización que les presta la fantasía de ios tembla dores monárquicos. ,, ,, , „, ,...-, , ,.,fíVJ , ' - Se añade que los otros (y estos somos nosotros aparen- - temente) quieren retrogadar del gobierno constitucional, del gobierno de las mayorías hasta no sé que gobierno personal que tomaría á las cámaras por simples consejos, á los ministros por agentes responsables, y que disfra zando mal un absolutismo vergonzoso bajo formas, repre sentativas, na seria para la nación sino la parodia de los gobiernos de discusión, y .para la corona la hipocresía de la constitución. • ■••i ti :»¡. ¿Necesito conjuraros á que desmintáis estos dobles ab surdos? ¿Hay en la izquierda, hay en la derecha, hay en el centro un solo hombre qne habiendo respirado el aire de su siglo sueñe estas quimeras de demagogia ó de au toridad? Vuestras señales negativas me responden,. ., ¡ A estas acusaciones, á estas calumnias se contesta solo con alzar los hombros. {Muy bien! muy bien!) Sí, y de ello felicito á mi país, y deduzco un feliz au gurio para mi siglo, en medio de nuestros disentimientos, de nuestras oscilaciones mas ó menos divergentes, en el fondo nuestros principios son unos mismos. Todos que remos la consolidación, el desarrollo de un gobierno mo nárquico, pero democrático; monárquico en su cúspide, popularen su base; queremos que los tres poderes de que se compone se muevan libres é independientes en los lí mites que: les ha fijado la constitución de 1830 y de 1814, ...¡ ■. ., ti. ' Todos queremos que este gobierno se respete á sí mis mo, que no le turbe, ni interrumpa su difícil pero precioso equilibrio, ningún choque de una prerogativa con otra, de las cámaras con la corona, de la corona con las cámaras: todos queremos que sea fuerte en el interior para ser na- * cional é imponente en el esterior; todos queremos no que permanezca inmóvil, sino que avance prudentemente en la senda de las ideas progresistas y de las necesidades po pulares. Pero hay sin embargo alguna cosa, preciso es decirlo, sin la que el pais nos tendria por insensatos y turbulen tos que'se agitan sin motivo y sin causa, y esta causa he la aquí: no se descubre al primer golpe de vista; pero es tá al fondo de todo, entre la izquierda y nosotros, entre la prensa y nosotros, y sobre todo, entre vosotros y nosotros. Percibimos hace mucho tiempo, y todo lo que reflecta ^"■'¿jiie hay atfÉrf qfoilMfod d«l'gt«n«le84defe8' liberales en la "Iz'q'tifértífei yaétftré hoscíWS,"^ qtoé;Hay en*re vosotró* hóm- bres1qrjé:!<áPvé2Íí ttfrna'nHos íftfetiiKos'révoUiéioriariob '{>or '' ^s W^Wrigéráléy^^do tísíd^ és'ttfó'fcpaéstóí88 A Sít hfe-Sefíí W8ite?éá(i»:ÁAre-¥tíá»íhiy y'yd/;siY*>jwbirfii> y "'•"a&Ys^Sdfhija «b'W*1- ¡4v.*«*ieí^ilMdHtfWwi)i«ew«i- ,s^á^,Jellás fetfn '-mí' otfrgetV tocSwdolcw-Ki» hago dG'p^wt'Co- 3' !fe\^eí^ígl^téMftlc«H(l«%>r«s- áonoráfsy de agitar esas anti- ^^a^^d^aá^á^Witoarló y^tfaéféeto:; laiipe Ir*** ..re volución en vuestra boca es, permitidme decirlo, el peda - ~rl% ^éékrifi^hmañh ^Ú^'Be^fiííWiJdeteíMiATd^itiMrijpafa es- '' ^tóertíd^' ^^S-*191'! B',u 8^ aupoiio nuguiti (oiidiln>p8 ^"iJfólS?1 ^tWéi1 titbffWWifífl* ..¡Di J Dos años de luchas violentas en esta tribuna, cuatro años de mayoría flotante, tres meses de vacilaciones sitfí poder descubrir aquí un centro da fuerza; tres gabinetes, cuatro acaso en un año; la acción vital del gobierno su*i¿ pendida, las leyes mas esenciales á la subsistencia déi'-> pueblo empleadas en el momento de ser discutidas; el !goM bienio empleando en procurar vivir los mediósqne hu biera empleado en obrar, en adriíinistiar en el interior y; el esterior igualmente desconcertados por estos: eclipses iiitl cesantes de mayorías; hé aquí el estado en que nos en-, contramos hace mucho tiempo; he aquí la situación d*t¡ parlamento, situación que desacredita profundamente lo. que se llama tan gloriosa pero tan inoportunamente go bierno parlamentario; situación que inquieta, que agita, que aflige profundamente á los que como yo conservad toda su fé en el gobierno representativo; pero que hace 20 i m¿ mitrsúBmAw. preguntar can, escepticismo á, jas, , masas si,e«te.. gobierno . ^^^Yer^^.Ba^a^-^^^bate brillante pero estéril, de algunas, pasiones de tribuna; si se ha inventado para uso de algunos ambi.cpsos de fama ,7 de renpmbre,.ó.para beneficio del pueblo. (Ligera agÜqaion,) ¡ u , No fiéis, en este escepticismo. . El colmo del mal para el puetylOjseria, perder la féi en la libértad, ¡ , jj ,. , . . , ,.Cuan9>¡ llegamos aquí al^rincjpio, ;deI¡esta$;sesi.pne$^ mejor diré, hace solo^quince.dias, cua.n^p,e;l,úu|mo.minjs-j terio cayó ■ en unienctten,trp),pniun accideute, en una vo*, tacion no combinads^no dirigida contra él, sinp «QUtrs , una ley, ¿cuál fué, evoco vuestros recuerdos, nuestro; .spar! timiento, el sentimiento de todos? Hablo de todos los que quieren una reconsúmoien de mayoría. ¿, , ;. Nos dijimos en voa haja y eligió? alta; nop dijimos en todos estos bancos, en el cambio y en la efusión de ¡lias intenciones mas conciliadoras: VQueda. hechalapaz? w ha encontrado la maypría., la coalición ya no epsiste;! verir- cedores y veucidos han estado separados., durante inueve meses por el ministerÍo.del J2 de Mayo; el tiempo ha he cho su obra; un soplo de concordia se ha derramado en todos los grupos de esta asamblea, un momento desuni dos. Hé aquí dos grandes fracciones de la cámara: el centro izquierdo y el centro derecho: el uno cuenta 50, 60, 80 votos; el otro 200 ó 220. Unidos estos dos centros son la base natural y permanente ; • •» ^-i 'WVanofo 'negáis nffesVé Aa'eV^nhttieffoM*. áos^que^este'eVael pénsamlérito^e;l&^i8fii*'íl pm Sarniento ^é^Iá situación^ 8 Ló&'dóVcefftr&y s& tJéürJiátílá ,piano para reunirse. ¿Quise fíá inteípüysfój '^fiesí nOSDtrOS? ' '''1' "V¡" «villlHfj Éíi.llifj |¡i" ,.¡3 B1 ¿tíaieis ' síáo' ^Ós;otro¥, horiíHres 'del 1 c'enrVol f^ufiíW» Í$ó,1o(iecmo> no ttaDyiV¥ído!*Ósótíb^^ podría y^fSr la prueba. Lo decílJrf¿^^b¥q^s^',eÍ8 toMS^gefieS- rosam'eñ te 1 a resptfrtsatii iídád ' titei los' 1 qü# bW pr-eei p\ tsfíon : 'rio io decíais MonCéV^ 18e íos centrosl'lfri'gal^rié'tó' é'sc'b^id* entré éús%éfeáP' ¡ ¿iáembsáaa ri&'óWs, Tos h¿rnbre¿*d^rfceVil(fbv'aerb(íh« ^nosotr^s que1 jarras 'herWót preitfetraiü& 'riada7, (Jife skrtttpte •ÉíeniSií faéridó presentad al- '■ pttis' la irtlágah dérte «HiOfl, de la fuerza'•Wri'W^tópmWvv,^ ^o¡w»«te«osw \mss«5 ' Noj' mi8 atrevo^ ¿•'^8fíl8,3t>¿! ' tífsiió'ría pífrlafBÍéVttar% lo g comprobará; .jamás' JltLp;que se. ^a^jn.terpuesto,. señores, tendííé"éí vajnr ele f dgc^roslo^ porgue es verdad en pi concepto, no son ni los principios, ni las cosas, ni siquiera ' íos hombres;' me es grato hacerles esta justicia; lo c¡Ue ha impedido esta unión ae ios dos centros, única combinación ho'rma^hcfmOffé- sniufl *tf eiipv o tY'>H ¡¡i ¿ v-V" j >i i> «otiiorj ?oíi ?nnn nea duradera para la mayoría y para el poder, es'ia'situa- Qipn tomada en esta cámara y tomadafsjstetaatiCamente 'UffDtSy por el señor presidente del consejo, '¡feu'^on'dVse^na'co- ¿i jM.fi». -H> "•■lililí ,,:.v i'Víihtiñ. .«<.- nú 6 t is focado? ^ No en ese centro de imparcialidad que le pedía mos con ¡contrapesos1, con garantías áell'mo*detócío'ft' á' su derecha y á su izquierda; se ha colocado casfenls estre midad de ia cámara, ó al menos en uno de los grupos mas distantes de los centros donde debia^estar su punto de apoyo. Y desde allí invita á la transacción, ,á esa tran sacción que el preopinante llamaba con tan feliz elecueh- cia "la última palabra de las revoluciones que concluyer?' y que yo pqdria llamar hoy aceradamente "ja primera .palabra de las mayqríasjque se reponen." {¡Muy biehljpi los centros. Profunda sensación-)-.,, 0j i! n j íií ■ Se ha colocado, riio~s dice: "Venid a mí; s»y la- transacción personificada, ía transacción viv¡t¡ os desafío á que no vengaisl" Pero,' se ñores, esto no e¿ tr,ansjgir, esto, es vencer y humilla*! (¡Muy bien! movimiento y rumores diversos.) -\ ,. Después, esta esclusar/ dé rmsotros y de nuestros ami gos, esta proscripción en mas'ü de todo este inmenso' par tido, por diferentes títulos conservador, que hace diez años ha sostenido; e| pesa del diá y salvado á ¡a Francia, al £o- bieifno, á la misma revolución de Julio moderándola, ¿es este un síntoma que dé seguridad? ¿es esto dar iina hon rosa garantía? ■ ' •'■•1^,"> "i <■• 'i '*'.-. ~\ jCreeís que ' ' ur¥ ^Vi*51 ^kiífeí j>bl I ticb" que >epr«ísfenta opiniones, píincipiós, intereses qué le há'ri sido cotffiádos por ia Francia puede, impunemente abdicar así de sí mis mo? Y ¿después de haber combatido a este gabinete tres años, nos hemos de someter á él hoy, porque se llame transacción, sin garantía, sin condición, sin seguridad, sin contrapeso? Ni siquiera nos entregaríamos a' un partido, sino á un solo hombre; y si nuestros destinos se pierden undia, si se comprometen en una política estraña a nues tros principios, nosotros tendriamós la culpa de esta frn- DE I^MAHTINE. W prudencia y nos acusarémos de una confianza que no nos atrevimos á rehusar! Nof, no será asi! (Muy bienJiHíoo " Otra causa, «efioréSi no» impido y nos prohibe severa- mente acceder á la propuesta de la llamada transacción que se nos ofrece; esta causa la encuentro en el apoyo enigmático para mí, hasta que el honorable M. Odilon Barrot, Ó alguno de bus honorables colegas se digne es- plfcáthoslo. «W1"^0 "l*l¿'i''a OH i.\ , H ¡v» í*Mtít>Bijd : M. Odilon Barrot. Pido la palabra. {Movimiento.) M. de Lamartine. La encuentro e» este apoyo sin condiciones que la izquierda ofrece al señor presidente del consejo; en fin, digámoslo. todo, en el favor apasiona do, sospechoso de esa pacte del periodismo que nos ha sido, que nos es la mas hostil, y que parece adherirse a un solo hombre como para, imponerlo en nombre de la opi nión de fuera de aquí, de ta que se hizo dernasido uso en el parlamento, y;qu.e á su vez.qujere servir^.ar^trar^a.- mente de nosotros contra el parlamento, arma terrible, arma riva. que tiene, Bu.^qJ^ntaa" propia y quese.^yne^ye juon.ua.elibraRq que la eo^pleaj,.,,, , ¿';¡.kl|., ., rt0Q„0X ..uGrSte.i poder ecsorbuante hoy de la opinión, de^ la,, ^ «ion facticia, lo repito, ¿ha obrado por sí mismo? ¿Ha sido el instrumento de pensamientos esclusiyos^qu^sa,- benque en estos tiempos y en este pais el yMor.que, re siste al cañón se intimida ante un papel público y ante un nombre lanzado como presa a la impopularidad de un dia? No, sin duda; pero lo que es para mí cierto, eviden te, es que las intenciones conciliadoras de los hombres y de los partidos prontos á volverse & unir han sido intimi dadas y suspendidas en sus tendencias por la declaración de antipatías de este género. ; , ..._.,< .;;. ;>;),.,, Señores, esta es la guerra de la fuerza irresponsable y desoídenadade ñiiu* popular ida¡'Bn« Ib obi* ' ''Él'^f^'presiWhté' del 1s6rtáe>,:fió%'\lt&BÍ9 "JuápdMWs fióV1 nufesg nlf Pero este ministerio ¿de dónde sale, señores? Dejas fi jas. de vji«fttros adversarios mas elocuentes, mas fogosos rdesda hace tres años. ¿En qué se apoya? En vuestros adversarios mas obstinados desde hace diez años. $Guk- ]es;son sus órganos? Los periódicos mas antipático», Jos •mas hostiles á teces á vuestras doctrinas y á vuestras per- sottasi, , n¡¡ ■ • ¡i -■•■« , .••■;hi' i - EeiSr. Presidente deg consejo, i Y los vuestros «orno npf» traiau?. :f,\r,t> -iJ(M>iAC Lajuartine. iQóiiio! agresjoaes repeüdaa coBS- -tAntemente tr»s afius ha, la alianza patente con los que íos¡Combaten, la amistad de los que, 09 aborrecen: y os ca- lomnian, la esciusion de todos los hombres que merecen vuestra confianza, vuestros nombres borrados, proscritos Hemfcísi eledciones ¿no son estos actos, jm son indicios su* ■potentes para vosotros? » •• » • " •• <•• • •. 1 <.,> un s Mi Thieks. Pída la palabra. (Senmsion.) > Ím.-»-{ í¡ -H. :dsh iLamarune. ¡Oh! comienzo á temer que ¡si -soisUan dffieiles de convencer, es porqiue¡no q-uereis ser •convencidos, porque queríais buscar un protesto para rá longanimidad muy respetable en sus motivos; pero creed- jQ,ilmuyiruin:o$a en sus resultados. (Voces numerosas; yMui/i Rumores en, izquierdo..} , - ' fifa, esta longanimidad en que me agradaría tener paitó, fqW ttle1 agradaría imitar si fuera honrosa y segura, si pu" tdiéía fcer un medio de unión para las mayorías, estaiipnf- iganimidad os aniquilará sin salvar nada» . '' "¿©nál será su situación? Podemos ecsaminarla á toda 'Któ: No Jhay palabras por hábiles, por insinuantes que H»)an};ao hay piofesiones de fé, por patrióticas que se hap. gan, que puedan salvar la falsedad de un punto de apoyo. Un gobierno no puede cojear siempre: es menester qué -ttátcibd 6 oVfrdé está- siv wnfeneír1 j ''i1131 «n eíaa oís»*! íOí^Séjalíara ¡H* izquierda franca, abiertamente, ron fun diendo sus biLBdtíüat,? Esto ha|ia yo'en Kttf lugar; pero -e'ntóijceg'lñ abandonáis y ©áei--»bsuil-.do ¿«m B0i¡t;a;9vbe ¿Se al iará ¡í ♦tféati'&sr'i Pero i a izq uierda lo abandona, -y vosotros ¿qñé "mayoría podéis prestarle? Habréis «Sito esclnidos, privedos de toda garantía en su compoiiciOD, aé ii*é>fs £ vapoj?¿jr á «se g*bii*ét* reoha»adOipor laJzqiáer- da y á tomar el gefe y la. bandera de vuétftrostiad'TereBrioB •de: ayer y de hcry! • Pero aun «cuando pudiérAis consentir *H>semejan» iprosteWáeion de. toda dignidad de urr pa*- -tido*'polílic«j' nri gabinetes sostenido por Una mayoria; á iqoieo esta.! tnisma prosternacton desacreditara en el país ^podría vivij dos diat? El abdicaría en vosotros, vosotros "abdicaríais en él; ¿y querríais que estas dos abdicaciones no quitasen toda consideración al ministerio y a la ma yoría? Después de haberos desafilado tan al$a, tan audaz mente á que hagáis á algb' la oposicioi)¡/ responderéis á este desafío cortejando una, combinación que habria triun fado de vosotros y seria repudiada por vuestros enemigos. ¿Acaso no conocéis aja Francia?-,; no fabeis cuál es el sentimiéníó que fe inspiran estas debilidades, esta langui dez de carácter y de convicción en sus representante»? tUn partido sin dignidad jarrjássera ei partido de la Fran- tit|.i Ella sabe que la libertad necesita de valorante todo, -y que un partido que no sabe ni respetarse,. ni defendéis*, no sabrá, llegado el caso, ni respetarla, ni defendería. Si aceptáramos el papel que quéreis darnos, esa disolución con que se nos amenaza, esa disolución acerca de la cual queréis tranquilizarnos, esa disolución que no dictaréis ya por colera, habríais de dictaría ^or. causa de, falta de consideración y de desdén público. (¿Señales genérales de adhesión.) ",K''! A *"* " ÍI 0,*':' ^ . ;...« ; | , • . : i ■ '. . ■ í ■ „ : i! .í^iiM •., , I:..,-,, ñog Mas permítame el honorable, ggfa dífrla, izquierda, (jj.ue sabrá defender bien la dignidad d.e,8ii .partido, ¿limítame decirle: ('Desconfío del mjnister^p^ppjqne flr^qen^sufir,- meza. Abdicar, emplazar sus doctrínaselos, principios, que ha 'personificado hace diez años á los. ojos del paiw confiar sii bandera -í'ukoíi a otro,f./iíd.r.- .:>/U.; apoiyaj nos dirá si cree;dsber>bór- rar su bandera, si cree debe/ confiaría ^ ajaops e&irañas como, si no pudiera, llevarla él ^mtf mo^si ¡cree borrar de.;la discusión los grandes urHiqpios cuya, personificación per manente ha, sido y es la izqujeroia: la rehuid dejas leyes ,de Septiembre, la reforma ^leqtoray^ra yo á M. Bfttrot,hacer tal abdicación, no lo crearía, pero en este punto no tengo inquietud (Itisa general. Aprobación en el centro de recho.) .. . r : : . .. , . x Digo, señores, que no tengo inquietud acerca del len guaje que tendrán en esta tribuna M Barrot y la izquier da. Tal hombre y tal partido no abdican. Hay garan tías para ellos; hay para nosotros lo desconocido, (¡Sí, sí!) ' 'Si no está lo destfóniócidVérj los pactos,' y me apresuro -ií- ■, ;:i . ii-.ó :•■■({ t- ', i. o"7 tjíjp u¡,1i.£ uitá viüD á'aécTÍr 'tfue iko1asíanse») su v*i\yAíw& rjreó% tales pactos, .ociidfcii esVa1' üeÜv lUtuaci» nal. .-<■ i '.«anoa por esto nos negamoá a abordarla. ( «oiasAim Señores, mo detengo, he dicho todo mi pensamiento. ' ¿¡Se infiere de él, como lo proclaman los periódicos fea- lllmn i adores, que nosotros, hombres de 'gobierno, queremos hacer imposible todo gobierno? "¿qué qííeremoV haber uña dé esa s oposiciones sistómáticás, desenfrénadas, que, con tenga l as cosas, que paralice la acción ue| gobierno,', que mate al pais, ¿dio por derribar á nuestros "'ad versarios po líticos? ¿Glué seriamos sj nos permitiéramos este género de opo sición . j¡ suicida ■•¡turque■■■■■sin■ cesar hemos■1--r--i, -3 v:.\iut reprochado?HJ^ri.'- No, tia- M ^■'Q da de eso, señor, una oposición de colera jamas será la nuestra. No somos nosotros de los que dicen: ' 'ínten- tese gobernar sin nosotros y ya verémosr Dejamos esta arma con otras muehas éMoa que'ía han Aventado;' - Votarémos todas las leyes útiles; no les pregúnta'réníos dé dónde vienen, sino - lo que' son. Fe?un;Jüd él "suelo, Cubridlo de caminos" de fierrdj dadnos las leyrAs' materiales, las leyes morales quefil pais necesita; ya veréis si las des echamos. Tomad en 6t Orlente la actitud marcial y con ciliadora que no ciásó de indicaros, la actitud de mediador armado; y;«stad' seguros de1 ¡nuestros sufragio.». El patrio tismo no tiene pasión superior lá tu ñierz-j y á la dignidad •jJefÓíSft ^ «o\rw6o'h\K .iM-tói',^ vriiSi) ni • umi Pero en cuestiones de política personal ó parlarn'eriráPfo, cuando vengáis á preguntarme cpmo h.oy¿ 43ie¿i$cí con- -flanea, una:confi*rtza pnaecsiáterney |)révia ¡e«; la diraceign liberal de un.gobierno ai que he visto á menudo combatir los pfinoipiós de pfogresrySocialifue yé niiémo he traidé'á esta tribuua, si tengo confianza; e^k^irecc-ion , conserva dora de este gabinete en que reo á los hombres mas emi DEr kñiííARTINE. 2Q$í nenies por su ta lenta, que por su mismo talento han hecho las mas profundas heridas á la asamblea durante dos años y han contribuido á desgarrar esta mayoría que tratamos de reanudar; si por ñn tengo confianza en la dirección parlamentaria, en la fuerza, en la estabilidad, en la íacul" tad de obrar libremente del gefef .do un gabinete, que en1 pjé, con una minoría pronta á escapársele, tiende una ma no 4,1a izquierda llamándola ps*ta que la sostenga contra la derecha, y otra á la derecha llamándola para que lo defienda de las pretensiones de la izqaiarda; delr gefe de un gabinete suspenso un momento en un falso equilibrio cuya base es una minoría, y ouya balanza es imaiimpo- sible decepción; si tengo confianza, si tengo fé, si tengo esperanza para la corona, para noíottes, para el pais, pa ra el órden, para la libertad, páranlo que sea cierto, sincero, ventajoso, patriótico; yo ¿decirlo?' No, jamás! (Bravos.) Confianza! y en qué y para qué? Si me: coloco bajo el puntpjde vista liberal, que es el mió mas de lo. que que» reia creerlo, os encuentro en contra de mis principios de progreso social, en casi todos los grandes combates de'.prin cipios, que. hemos- sostenido aquí durante cinco aftotf pe ra* desarroHar; y moralizar la democracia*!,^; \j $ii\s!tt»V.isao Si me coloco bajo el punto de vista conservador* o,s en-s cuentro á la cabeza de los que han introducido Ufc'turba- cion en el pensamiento, soplado la agitación entre ei par lamento y la corona, de aquellos uno. ,de cuyos órganos no cesa de dar lo que podríamos llamar en .términos re volucionarios el toque de alarma permanente de la prensa contra nosotros. (Voces numerosas: La esprecion es esacta.) . Estos murmullos acusadores, estas denominaciones tan falsas como ridiculas, estas designaciones de hombres de corte, de gobierno personal; estas agitaciones incesantes ..LA ¡TRIBUNAL deja opinión, estoy muy tejos distribuíroslas;; sin díidá di*' beis deplorarlas y despreciarlas tanto como nosotros; pero ! ¿qué nombres se emplean para acreditarlas?' ¿Quién \ks < desaprueba! Esa «aoneda falsa de la'opiníon 'distribuida" al pueblo cada día para seducirlo é irritarlo ¿de quién lle va el curio? (Movimiento.) * .. ¿Y querríais Ique yo declarase tener confianza en todo esto? Noj.jei ^ais no nos ha enviado para echar embus tas en esa urna de verdad. ■• '; Podéis hacer violencia á la mayoría, á la cámara, á ja elecciones laopitiicxnj jamásla haréis á mis labios. n - Sufriré en sileació, sufriré dolbrosamente el yugo que aquí me impongan; una popularidad esterior y una mi- norla,- pero no contribuiré á imponérmelo, y al menos un d,ia no [tendré el arrepentimiento, la amargura, la humi-' l(aeionaVvolver & encontrar la bola blanca que hubiera tenido ia debilidad.) de daros, en los embarazos, en las di ficultades/ en las complicaciones interiores y es tenores, y^acasoen la degradación de los gobernantes de mí pais.' * {El orador es interrumpido ' por vivísimas señales de aprobación á las que se mezcla tiré ruido agudo producido ocultamente y que pareóe silbido- Movimiento general de indignación.] ' • Varias voces. jOomo! ¿hay quien aquí se atreva á silbar? ■ ' ' : •" ".' ' El 8r. Presidente. Voy 6 mandar despejar la tri buna de donde salió el silbido. Un diputado. No es en las tribunas donde han silj i ..i1v.,V.W M. Beaumont (de la Somme.) Fué un diputado que al«' >toser, hizo ín) ¿ ■-i'id;¿iuíl ese ' ruido. ■ : .' .. .'• l- * M. de Lamartine. g«» ij-t-oo'u üoíIví: -«y. Estad convencidos de que !\ '•'•«■• '■•'>?! f1" nit los 'jJ DE LAMARTINE. 205 aplausos ni los silbidos podrán ecsaltar, ni espantar mi ánimo. (Muy bien!) M. Taschebeau. No ha habido quien silbe. Un diputado. Han silbado dos veces. M. de Lamabtine. Pensad lo sériamente, señores, hom bres de la izquierda, hombres de la derecha, á quienes se pide una confianza que se escluye, y tal vez los medios de dominarnos á los unos por losotios; pensad lo bien y rehusad, creedme, al ministerio del centro izquierdo el dia ' en que este ministerio os pida con tanta instancia, con tantos peligros; porque ese dia, no lo dudéis, será seguido de un largo arrepentimiento y de un mañana muy deplo rable. (Señales de adhesión. El orador al bajar de la tribuna recibe vivasfelicitaciones. Por un momento se suspende la sesión ) El Sr. Presidente del consejo. Pido la palabra. M. Odilon Barrot. La he pedido antes. [El Sr. presidente del consejo y M. Barrot se dirigen á un tiempo á la tribuna.') Voces numerosas.—¡Hablad, M. Barrot, hablad! Voces del estremo izquierdo. ¡No! no! que conteste el presidente del consejo! [M. Thiers vuelve á, su asiento. Sensación.] 21 ■ . '■ y • ■ ■ ■ -'. , ,-- «h: ..W.'.V > '"i.-; ..'»>■ . jV« ' ' 1 . .1... ~„ ., '.X. v, OV is> ivV- , f• < ; . < , I i ; >.» .-, ; uS- J USO - ' ■) /I -.- 1 < JBJ£ f .\Y : ■'■ % o: « oí-figo !• . a-"'í -onoíl : (. r .>•':!. - .100 fil- ■;. <ú las jornadas -»- i - t"i Esto no me hizo escusar el atentado de aquel gobierno contra la constitucion^e^gai;^ No tengo ningún repro che, ningún arre^e^yjjjpj^p ^ este respecto en el fondo de mi corazón: juzgué Ja víspera cpmo vosotros juzgás- teie al dia sigm^rj^. Íp% muy bien!) Pero.iftra^maftííStiswci^jríaqftí m^dirijo á vosotros, á vues tros sentimientos eminentemente leales) os lo pregunto á vosotros mismos, era menester que penetrado todavía de aque^tSepJlmien^^J^j^c^nocimientoy de afecto hacia una familia real de la que habia yo recibido beneficios, era menester que al dia siguiente de su caida, y en pre DE LAMARTINE. 299 sencia de su adversidad mostrase yo regocijo ¡de esta tai- da? ¿Q,ué hubiérais pensado de mí? No hubiera que rido, no querría vuestra confianza á tanta costál (Bravos.) ' ' No, no esese el sentimiento que debía dirigir mi con ducta. Ese sentimiento, hélo aquí: Luego que la mo narquía de Julio se hubo personificado en otra familia, fa- x milia con la que tenia yo el honor de haber tenido de an temano relaciones de respetuosa intimidad, sí me permite servirme de esta palabra, escribí al mismo rey, le dije cuál era el motivo de delicadeza que me imponía el deber de abdicar en sus manos los títulos y honores que tenia de la monarquía caida; le dije que al presentarle con una mano la dimisión de mis empleos .diplomáticos, creía de ber como patriota y como francés ofrecerle con la otra mi juramento á él y a la revolución de Julio. [Señales de asentimiento. —Bravo, bravo!—Bien!—Muy bien!} Esta fué mi inspiración, esta mi conducta. ¿Os atre veréis á censurarlas, os atreveréis a penetrar masen la conciencia y en la vida privada del hombre, para conde nar ó alabar lo que le prohibe 6 le ordena el respeto á sí mismo? [iVb/ no! muy bien! en todos los ¿ancos.] Señores, me detengo. La hora avanzada me impide volver & entrar en la discusión política á que sin duda seré llamado mañana. Pero en ciianto al hecho personal he contestado. Una palabra mas. Me dirijo al preopi- pinante, cuya elevación de corazón me es bastante cono cida y le digo, y digo á cuantos sospechen de mí por la respetuosa reserva en que he creído mantenerme ante la corona: ,<¡h,h r.ir ;■■ : -;ro - ■ ■• "Leéis tan claramente como yo en los motivos mas se- cretos de mi conciencia. Juzgadlos!» (Muy bien, muy bien!) »10 .aKfift TRIBUNA - No; me he retraído, porque jamás me he separado de mi pais; su bandera será siempre la mía; su poder tendrá siempre mi respeto y mis servicios. {Adhesión unánime.) _ >3i se encuentran en algunos bancos de este recinto hombres capaces de inculpar, de condenar tales actos y ..semejantes sentimientos. . . . [no, nal] me consolaré, seño res, pues habrá siempre un pais que los comprenda, y me ftreyeréá, decirlo, que los honre. [Viva adhesión,,¡ Al bajar el orador de la tribuna lo rodean sus colegas de to das las partes déla cámara y recibe vivas felicitaciones."] h'. nid'.i •" i> ■ ■ ■ Ai/CljáL'luJ' .~''.«*>fc--,W • .i. no -t . :!.■!«■ i'U» uno *:a*j'"i>\ 'ni «• -¡» ■>' ¡ri.i..-¡ «iir,-ii »mii vi ->» :i ••>'' >• í l<: • • V : '^^[¿•pHi ,!a * ui -sb ..í-í«i«»(.1i »»' »»i»».m i i vo tr ••> olí- • '-.1*:>" ■>! >»s!0» x : m ■ . s»b wiiViviVV] . >ifiC ¿b:vr^fi¿¡ itoíi¡i ■'*»' d -y •"» ¿ u;--u¡- -i-¡ - ))! s-.Oj, ,í 1. 'l!ii.< " ilií !'». "i " :i, i |. L¿I « •' f¡l i¡ . ■' i:- Iflil .i ) fc • 'Yl - ,:■:'■■(, '-r i. -.-li . ; -'•hu -j Bi..<; »**fáííi(f* ^if^ííít, .Vi-J3"!,'- { „• ..mí-,. .»•« i- ¿ fíJ'j ;í. ílti.i -bio >¡ 0 icJíd<-.'{ t» 3i. ,¡ u> i"l ' ; ó •/ ii 9brqmi etn abasn/VB mori sd i-b •tu , ■< >¡ i «b^m^H^'^^fwii/ u.v«¿,iv. v UllHiWW^ • '.'¡«ó-.- -í^tí%pi*«ífflW»1. , >,.:i .-> . „ , ,. ,.i •Jmiiiatní aaooft «I eb obabuíi: B! -íonTrn "d nsflarasei eojiijaiio ji .uta - ■ ! v ■••«'' xil simi WníiT8Tffi¡tn obioib oiFoup ■• /■ «*< .'Ij .-i Jinea «oí bfiLilíioiaqmi neo . -i. . *r>7U .'■ .!■• >J^ o; •)' ''ti il!. I . i¡-,j ••■...]• i\M\V. »¡t\\\il) (. ,1i i ...¡ . . , ,. DE LAMAfiTmi. • ... .W ; , . .. >. .• • ' ■ • . , . . ■•íjff '■-* '■ •> !■' i' 1 I ¿ ' !■ . .'! . " '."•!) ■ l¡i¡ i- » i -■• 'ii . •■ ¡' . ••, ; . >■ . '. i¡ ("W ijv .'! | •• :t. i) 1 • i '. ., : ¡4 i: .' " ' • i! fi (1 » . • :k ' . «• ..«*»! ,' '» .i ■■■vi - 1 . ó i*l ., , i • ,* ,i...»,rvít r., • £■ .fui r- ¡ •• •• • -v- *.t '• ' 1 rt I .-.nilf. ..- . . -. ■ líl»' 1 •¡Tl> • ■• ■> . ><». •• :>8ro T*' i Sobre la ley relativa a la traslación de los restos ' 7 ( :. . ' . '>«•.•/.>/. mortales! de Napoleón. ] ,1 *. . -II , , . ¡_.J.ñ;> : ..,»Y»j ^ '.' .J ,'i '< ' iíl" »'■!*■ 1 . ¡4. ..V/ '. . , » ' >■ ■ ' BESKUT DEL 26 SE MARZO I» 1840. ..) :• Hi ./ :i • .'" _ ■ ¡ , ,. ■ • ¡;i l Señores; Habré de abstenerme de contestar al honorable orador que abondona la -tribuna. Jamás hay ecsageracion en los sentimientos y en una adhesión personal. El mismo ha dicho que es antiguo soldado de la época imperial; respeto el sentimiento de reconocimiento que sus recuer dos lo inspiran. En cuanto a mí, estraño á la época im perial, trataré de espresar con imparcialidad loa sentí, mientos de un ciudadano, y eso con él respeto que nos impone ta memoria del hombre de quien tenemos el ho nor de de hablar, y con el respeto que debo á mi pais y á 1» cámara. [Viva aprobación^ <;">i' i ■ ...'.■>, i «i J5J12 .mí TRIBUNA Si como francés rae asocio al piadoso deber de consa grar una tumba en la pátria á uno de los hombres que han hecho mas ruido en la tierra, á uno de esos hombres cuyo nombre repetido mas lejos en los siglos, llega á ser por decirlo así uno de los nombres del mismo pais, y cu ya voluntad se sustituyó durante diez años á las leyes, á la voluntad, al destino de su páttia, como filósofo, como hombre que tiene algún presentimiento de la posteridad en las cosas, me atrevo á confesarlo ante vosotros, ante esta cámara, apt'e. M1¿£tria,cífcri apasionada por una memo ria, esperimentó" 'pcSár^árVé? descender acaso de masiado pronto los restos de esa roca en medio del Océa no, donde la ádmiraci'órí' y la piedad det ttniwírso iban á buscarlo al través dtl prestigio de' la distancia y al través del abismo de sus desoicmis; ' {Movimiento.) ^M. Odilon. Pido la palabra. [Sensación.] M. de Lamartine. No prejuzgue mi pensamiento el orador que nSé Interrumpirían1' nacional, ten respetuoso, tan remunerador como el suyo. Sí, Dios no quiera que yo acuse el acto del gobierno, conforme con un noble ins tinto del pais, ni eV 'betU pensamienio que llama del des- ■ cierro l&'rjé^rjjds1 í¿ <1> gran • capta n t He visto OOOi mis propltíít 'c^S tú tttttflba'de Temístoclct; también lo llama ron del destierro para que. descansara á orillas del mar, :'eit frente de Salamina, y bendije el géuio de Atenas, co mo la posteridad bendecirá un dia el genio de la Francia -erf preHeftcía'del monumento que vais á votar. No obs- tanté^nbftabia^yo "considerado como una desgracia para la memoria de Napoleón, que su destino lo hubiese deja do nías tiempo aún;' bajo el sauz de Santa Helena. , Los antiguos dejaban transcurrir algún tiempo entre la muerte de los héroes y eí juicio de la posteridad. Los fallos de la historia cuando son imparciales, están mas se» •guros;tle ser irrevocables. Tal vez- por mas de km aspecto estas cenizas no estaban todavía bastante frías para poder tocarlas. La justicia gana con estas contemporizaciones, y con ellas nada pierden I» gloria^ ni ©r reconocimiento. Pero el dia, lo reconozco, ^^ue sé-'ofreoieBai é',la¡F*a«cia devolverle esa tumba, no podría dejar da levantarse toda entera para recibirla, y guardarla bajo un monumento pa triótico. (Bravos^ . i '« :)j 4i. Mfííl-.WÜ «ttí> * Recibámosla j pues, con recogimiento, pero' sin fanatis mo; y en medio de este concierto de admiración en que no se escucha sino (a voz de la apoteosis, déjese oir también al pueblo la voz de |a razón pública.. Üna nación como la nuestra no puede separar su, reconocí miento de su buen sentido. ¡No tengamos 'mas orgullo por nuestro génio que por nuestros derechos! (¡Muy bien!) Voy á hacer Uua confesión penosa: caiga toda sobre mf. Acepto su impopularidad da un día. .(Sensación.) Aun- que admirador de este giande hombre, mi entusiasmo no es sin recuerdos y «in previsión. 'No me prosterno ante esta memoria; no soy de esa religión napoleónica, de ese CÜlto de la fuerza, que tiempo ha se quiere sustituir en el espíritu de lá n-acion ¿la religión sór,ia,da la libertad. No creo que sea bueno deificar así la guerra sin cesar, sobre- escitar este hervor ya demasiado impetuoso de la sangre francesa, que se nos representa como impaciente de cor rer después de una tregua de veinticinco años; como si la paz que es la gloria y la dicha dol mundo pudiera ser el oprobio de las naciones] He visto á un filósofo deificar así la gloria y divinizar ese azote de Dios. Esto me ha ha dado risa. En boca de un filósofo estas brillantes pa I radojas no tienen peligro, no son mas que un sofisma. En boca de un hombre de Estado, toman otro carácter. Los sofismas de los gobiernos se convierten bien pronto en los crímenes ó las desdichas de Las naciones! ¡Guar daos de dar á este pueblo como juguete semejante espada! {Profunda sensación. Muy bien!) Pero si no soy entusiasta, tampoco quiero ser hipócrita, tampoco quiero fingir un culto que no siento en el cora zón, ni mucho menos en la inteligencia;, )'. >,v i; «.m Pasé mi juventud admirando y maldiciendo á veces aquel gobierno. La debo mucho, sin embargo: le debo el sentimiento, el amor, la pasión de la libertad, por ese sen timiento, de la comprensión pública que pesaba entonces sobre todos los pechos, y cuyo solo nombre me hace re sentir todavía. Sí, comprendí por ver lo que valían el pensamiento y la palabra libres, viviendo bajo aquel ré gimen da silencio y voluntad única, cuyo esplendor solo ven ios hombres de hoy, pero cuyo peso sentíamos el pue blo y nosotros. (Voces numerosas: ¡Es verdad!) Y; esto es lo que esplica como fué acogido otro gobierno por los hombres de mi edad. Bonaparte y la gloria de un lado; del otro la libertad y las instituciones. Hicimos co mo nuestros padres, abrazamos la libertad. (Movimiento.) Lo conozco, no es esta Ja.hora, no es este el momento de juzgar al hombre que entonces caía: el juicio lento y silencioso de la historia no corresponde a la tribuna, pal pítame sitnpre con las pasiones del momento: menos con vendría á asta pompa fúnebre y nacional que preparáis. No debe haber mas que homenages y respetos. Yo á mi vez traigo mi piedra de buena gana. El torrente de ia gloria de este hambie» confundida con la gloria del pais, DE LAMARTINE. 816 arrastra sin pena los resentimientos de la memoria y los reproches de la conciencia pública, uwob-^mioiiw Quién no perdonará á un destino derrumbado desde tan alto? ¿Quién no perdonará hasta las faltas que en grandecieron el nombra de la Francia? (Nuevas aclama ciones.) | .\l ^'(•.Mlvl 1.1 ltt«t<"( Ü Sin embargo, señores, nosotros que tomamos la libertad como cosa séria, tengamos mesura en nuestras demostra ciones, no seduzcamos tanto la opiriinion ' ■, :. j *.¡ • ••'! / , . Por Iq que hace al gobierno quien) creerlo; pqrq no ten go la misma seguridad por loque hace al espíritu público. S^- tenjtc;. nu#d<*> lo ¿confieso de qne ¡llegue á hacer decir 6 pensar al pueblo: "Mirad, después de todo, no hay nai da popular mas que la gloria; no hay moralidad mas que \ en él tiempo. Sed grande y haced lo que queráis; ganad batallas, y las instituciones de vuestro pais serán vuestro juguete!^ ¿A esto se' quiere que vengamos á parar*? Así es como se enseria 'á urja nación á apreciar sus derechos? (Movimiento.) Si este gran general hubiera sido un grande hombre completo, un ciudadana irreprochable; si hubiera sido el Washington-de Europa; si después de haber defendido el territorio, intimidado á la contra-revoluclon en el esterior, hubiera arreglado, moderado, organizado las instituciones liberales y el advenimiento de la democracia en Francia; si, en vez de dispersar los poderes representativos los hu biera apoyado con la fuerza militar y sostenido con su consideración; si, en vez de convertirse én la reacción vi va de lo pssado, si en vez de abusar* de lá anarquía, de aprovechar el desencanto momentáneo del espíritu público lo hubiera reanimado, se hubiera hecho el tutor del pro greso social, la providencia del pueblo; si, después de ha ber puesto en movimiento los resortes de un gobierno uni tario y moderado, se hubiera eclipsado a sí mismo como Solón 6 como el legislador de América; si, se hubiera retirado en su desinterés y en su gloría para dejar todo su espacio á la libertad, ¿quién sabe si todos estos homena- ges de una multitud que adora sobre todo lo que la ago bia le serian tributados? ¿Quién sabe si no dormiría mas DE LAMARTINE. ,317 tranquilo y acaso más olvidado en su sepulcro? (Movi- raimiento 6 interrupciones en la izquierda.) Una voz. hstais ofendieudo al paisl M, de Lamartine. No, señor, no hago mas que re ferir lo que es el espíritu humano. ¡Dios mió! no es esta suposición ta.n estraña. Sois como yo, hombres nutritos con la^ ideas da 89, formados de la sustancia de esas ideas de regeneración que brotaron á fines del siglo ultimi>,,iiun reaparecieron en 1314, que se inau guraron mas poderosamente en 1830 por vuestras mayos: pues bien,, mirad .lo, qne ftacejí^ Jíira^eau, el profeta de estas ideas, el génio creador y motor de la monarquía constitucional, el hombre cada una de cuyas palabras da ba irresistible impulso á aquel nuevo Evangelio político de los pueblos ¿dónde está? Reposa en no se qué sub terráneo de un monumento profanado que dos veces ha servido de oamino al aibañal.. {Profunda sensación ) Barnave, Bailljr el mártir, duermen ignorados eotru los restos del osario revolucionario. [Viva ewwcíonj La Fayette mismo, ia Fayatte que comunicó a su país, el primer contagio de la independencia americana; , la Fayette que sostuvo sin doblegarse al peso de de la -ape tencia durante cuarenta años, (bravos en la izquierda) si, durante cuarenta años de trabaj>s, de paciencia, da cala bozos, de destierros, de persecuciones, hasta de la perse cución del olvido; que uo,quÍ8P, él tampoco, inclinarse ante meteoro de despotismo; la Fayette que os trajo - en 1830 la idea de¡ tí9 tan 'juvenil, tan intacta, tan desin teresada, tan ñrme como la habia tomado del alma de su amigo Washington, (bravos) la Fayette descansa bajo Ja cruz humilde de una sepultura de familia: y el hombre del 18 brumario, al hombre, á quien la Francia debió todo "2IB LA TRIBÜNA 1 escépto la libertad, va & buscarlo mas allá de los mares la revolución triunfante párá erigirle uria tumba impe rial! La revolución triunfante! pregunto sí tiene en la tierra de Francia un" monumento bastante grande, bas tante santo, bastante nacional para contenerlo. [Profun da sensación.—Interrupción.— Bravos.] Dejadme decirlo todo: vosotros lo habéis querido. : 'í Sea enhorabuena, señores, no me opongo, aplaudo; pero fijad la atención en estos estímulos al gétiio á toda costa! Los temo por rii>esír& porvenir* No amo á esos hombres que tienen una fé y un símboio opuesto?; no, no amo á esos hombres que tienen por doctrina la libertad, la legali dad, el progreso, y que toman por símbolo un sable y el despotismo. Sí, lr> confieso, no me esplico esto. No fio en éstas contradicciones. Teipo que este enig ma se descifre un dia. ^Sensación.] ' ' • "■ Pero vuél vb- al ksunto que nos ocupa, y lo resuelvo en dos palabras. Dónde coíocarémos esie gran sepulcro? La comisión' yel gobierno- proponen que se coloque en los Inválidos. Algunas voces dicen que debajo de la co lumna de la plaza Vendóme, debajo de la columna de Julio; estos en la Magdalena, aquellos en San Dionisio, otros en el Panteón.- Encuentro sérios inconvenientes á todos ettOS sitiOS. í; . • •. ¿En los Inválidos? Esto no es definitivo, podría ser tio mas una magnífica estación, una poSa fúnebre de don de una opinión mas apasionada iria un dia á sacarlo para llevarlo no sé á donde. {Sensación.) Una véase remo verá la tierra sobre er>te¡ata¡ud. No se necesita reservar ese di'a á 'nuestros¡hijos! Es^sn^ter que la tumba que le deis sea en efecto su túMitia tumba. Y esta no lo será, sus fanáticos os lo dicen d« antemano. Es legítimo: quie DB LAMARTINE. «9 ren para él un sepulcro régio, único. Colocar á su empe rador ante los soldados es bello para el guerrero, es dema siado poco para el soberano: casi Verán una destitución del tronóla la elección de la tumba. (Agitación^ .' 1 ¿Debajo de la columna de la plaza Vendóme? Esto no puede ser. Todos los hombres de orden están de acuer do. Esta seria una reunión permanente, una tribuna en pié para todas las sediciones; la túnica de César desplega- da siempre delante de la ciudad. (¡Muy bien, muy bien!) ¿En la Magdalena? Está demasiado cerca de la mul titud, del ruido, descamino del pueblo. La puerta estaría sitiada sin cesar. La admiración impulsaría á entrar á los transeúntes: de^éfh? podrían .salir el fanatismo y el tu multo y estenderse por nuestros bulevares. ' ¿En el Panteón? Lo he dicho ya, es una tumba de masiada vulgar y demasiado profanada; está muy cerca de los manes de eaos hombres á quienes no quiero honra*. (¡Muy bien!) . •-■ . • .¡v\',¿i¡, ■ ¿En Swir Dionisio? Este es el sepulcro de los reyes', la tumba de las dinastías. Ello habría preparado pata'la suya; allí, él solo séik un» /dinastía entera; brillaría por su mismo aislamiento. Conquistó ese monumento atre viéndose á restaurarlo y á devolverle su régio polvo. Yo estaria mejor por San Dionisio; pero un sol© escrúpulo me detiene: hay procsimidades que la historia y hasta las piedras deben evitar. (¡Muy bien, muy bien! Ceceo?) ¿En el arco de triunfo de la Estrella? E>to es Uenia- siado pagano. La mueita es. santa y su asilo debe ser! re ligioso. Y después, pensad que si el porvenir; como debemos esperarlo, nos reserva nuevos triunfis, ¿qué triunfador, qué general, se atreverá á pasar por al'M? {Aprobación general) Esto seria prohibir el arco de 220 LA TRIBUNA triunfo, cerrar esa puerta déla gloria nacional que de,&e quedar abierta á vuestros futuros destmos. [ Vivas acla maciones.] , ■ j ik: -.V !'. j : r.-u .••..•••.•«. Por fia, ¿en \la; Qojumn& ¿e la Bastilla,. bajp,el mo,uu- niento deJuljp? Pero ¿qué relación ppsible hay entre es te monumento y Napoleón? ¿Q,pé hay de común euti* este 18 brumario del pueblo, y el 18 brumario de un s<4r dado ambicioso? La ^evolución de Julio se armó^/ja proteger la .libertad 0 inaugpra/ la. monarquía co pasaran revista á nuestros soldados_en la partida y en er «egfesp. Pero sea que adoptéis esta idea, sea que elijaU á San Dionisio, ó el Panteón, ó los Iavajidos, acordaos de mí en bir en esa monumento donde debe ser á la vez soldad», cónsul, legislador, eajperador; acordaos de grabar la úu,i- ca inscripción que corresponda á un tiempo á vuestro ep- tusiasmo y á vuestra prudencia; la única, iuscnpciou ¿ propósito para ese hombre útiico y para la difícil época en que vivís: A Napoleón. .•. solo. (Profunda sonsa' don.) t '¿t .. ¡ ,, .., (i . » . Estas tres palabras, comprobando que este géuio, mis tar no tuvo igual, comprobarán al propio tiempo a la Fianciu, á la Europa, al muudo, que si esta generosa na- veion sabe honrar á sus grandes hombres, sabe, t^iu-bien juzgarlos; sabe separar en ellos su?,fa,U^,_de <íiís.,sjs5.v^cÍoj; DE LAMARTINE. 221 (¡muy bien, muy bien!) sabe separarlos de su raza y de los que los amenazarían en su nombre, (viva sensación) y que al levantar este monumento, y al guardar en él de una manera nacional esta gran memoria, no quiere sus citar de esta ceniza, ni la guerra, ni la tiranía, tii legiti- mistas, ni pretendientes, ni imitadores. Voto por los dos millones pedidos por la cqmision. (¡Muy bien, muy bien!) (Larga agitación. El oradar recibefelicitaciones de sus colegas; M. Jorge la Fayelte deja su asiento y va á estrecharle la mano. M. Odilon Áarrot sube ú la tri buna ) •■ • '• íi.íl.'.iií ' <■ • ■ ¡< .' I ti»¡?i 9b 'i i ■ .37í'.'flAKAJ Ha : !•-•.! II/: ' ' , St94¿ ^MtV \) ,»■!>>.• V, •■\-í) . '■ i¡- M"- ■ ■ i. .11 '.i ■ (l • •' ': •! ■•. 't' V'J p 'i '. .. . • :•• ' -¡ mu . i; ' ■.: • • ....••i.-.. ' . ir • í- • ü IT. • ■ ■ i . • ' . q ni M • • . ■. : • i :r .. Clw / , \",d\Ó \£M';< ,«:-'s¿ ', \) * ií'-j, :.\ i«.r •••so i A. .«'i* jíttJ «yus.'. ) \ . ■ \y.-.;\ M-, !v V. v\f\ íi'j y-> .'. <. '. •'. y/A >¿üJ03 '• ( (MtUd > LAS ES DE PARIS. DISCURSO PRONUNCIADO EN LA SESION DEL 21 DE ENERO i-'-,::-' 'j: i : ■ DE . . 1841. •• • ■ ;.¿ BeSores: Nunca me fué tm sensible como ahora llegar á la tii- huna, porque tengo que combatir en M. de Chasseloup, á un;anúgo polHico. Le agradezco las benévolas palabras CPJU o,^ me ha interpelado, y voy á contristarle. Jam^s llegué á la tribuna con tanta timidez y vacila ción, porque vengo á combatir á la mayoría, ó al menos utViproyecto.concebido baj > la inspiración del patriotismo mas legitimo y a,ue ,p.a,M»ce, contar hasta ahora con cierto favor de I* mayoría. Lo que me tranquiliza, {o que me alienta, lo que me sostiene en la tarea tan diñcil que me ha 224 LA TRIBUNA impuesto, es que, permítame la mayoría que se lo diga, se ha engañado mas de una vez (Movimiento) Sí, á veces, por los motivos mas respetables y mas con cienzudos, ha podido deplorar después de un intervalo de algunos meses ó de a!gunos años de reflecsiori, votos da dos bajo el imperio del misino patriotismo, y ¿lo diré? de las mismas prevenciones. Si se lo recuerdo al comenzar este discurso, no es, cierto, para herirla, enhenándomela precisamente en el momen to en que quisiera á toda costa conquistar para mí y para mi causa su justicia^ y atejicioir^ si rrt' su favor; sino para implorar su indulgencia en favor de un hombre sin duda muy incompetente^ pero que ha estudiado hasta el can sancio del espíritu la profunda., y delicada mat^xia.-de que va á tratar en esjte, mórjá¿nío. (¡MuyÉiéty}'" U j j f, He dicho incompetente^ señores, póTque1 no* soy ono de esos hombres que creen haber hecho todo lo que han leido, y que por haberse a veces inclinado sobre cartas militares en su gabin te, se imaginan haber dormido en todos los vivaques de nuestras grajos guerras.'" Si sé reconocer en los generales consumados, en los oficiales distinguidos como el qsie acahamos.de oir, el deiechaqu^á costa de su 8a tigre han adquirido para hablar de las cosas de la guer ra, sin embargo, lo declaro altamente, ño me inclino ante la autoridad de nadie. La cuestión no es puramenie mi litar como ha querido presentarla M. dé Chasseloup-Laú- bat; es nacional', patriótica, política también, y bajo estos aspectos, acepto, reclamo para mí animosa y enteramente, la responso bíüdad terrible acaso que en el porvenir seguita á los que engañándose en esta materia, hayan engañado 6 comprometido á su país. (Movimiento.) 1 ' '■ Permítame decirle el honorable" ífl. de Chasseloup DE7fcAM&RTINE. Liubat que no to imitaré; no haré planes de campaña. Es demasiado fácil, pero muy poc,o, sólido edificar sobre .hipótesis. Podéis hacer veinte planes de campaña enagüe sgMipéh/to los acontecimientos, los ejércitos, las fortifica ciones y .kí hombres tengáis sienapraiaaon. ¡Yo tam bién po;ké por mi parle traeros otros, veinte planes de campaneen que agrupando todas, esas, cosas da diferente manera, ui probaré, os demostraré hasta la evidencia quje . las fortifif iciones bad,Qf Absolutamente nada, .sillo que, ambos somos, hombres de ímaginacion que nos batimos mas ó menos bien con conjeturas. (Risas.) íjero aquí 'debemos .combatirnos, no con, ,copjet;urBS, sino con realdades sérias, con la.historia, cob: el carácter nacional, • con hechos sériamente estudiados y profundamente coro. .prendidos. Dejo, pue?. desde el principio de este djscqrso al honorable, pw.Onina.nte, y me dirijo al dictámen. {¡Muy bien!) '...;J'- , ,( ^líueivo al órdfii de discusión que me habia preparado, la discusión de; dirítánieti/ " . Decís: , "¿En dónde está la fuerza defensiva de la Fran cia y os respóiideis: "No esiá en la naturaleza, ni en la geografía, ni en la política que han descubierto demasia do la capital por ej lado del Norte.'' \ ., ( V ' ^ :TPretendeis que es menester suplir áeH* insuficiencia de la constitución geográfica de la Francia, por medio de una fortificación oficial de este gran. centro, de esta gran cabeza de nuestro pais, de su capital, donde á ¡ veces re reasume la vida ó la muerte de la nación entera. ■ ■ . cj, Páes bren, yo me propongo U misma cuestión que yd- ' solitos, y me pregunto no solo ¿dónde está la fuerza de 296 LA TRIBUNA fensiva de la Francia, sino también la fuerza ofensiva, la gran fuerza, la vitalidad misma de la nación? Respondo con las grandes palabras, con las últimas pa labras reales que salieron de la boca de Luis XIV en el momento en que luchaba con su vacilante fortuna, mas grande que cuando sus triunfos lo enaltecieron. ¿>Q,ué di jo al mariscal de Villars al partir para salvar al pais y el- tr&no? Escuchad estas palabras, señores: '"Partid, señor mariscal, salid de Paris, id á dar batalla. Y si sois vencido, recorreré mi capital con vuestra carta -en la mano, levantaré á mi pueblo é iréinos juntos á ven cer ó á sucumbir bajo las ruinas de la monarquía." (Mo- viihiéiiid7) '*) ' *'*-' '"' Hé aquí el grito d^'ía naturaleza que sale de la boca de aquel gran rey; Hé aqnf la revelación verdadera de es té espíritu nacional. Digo, señores, que este es en mi concepto y según la historia, el grito de la náturaleza que ^escapa á ía nación por boca de su rey; que esia es la revelación del instinto, del alma del pueblo que dice á la nación francesa: ''"No se salva uiio detrás de los f isos, de Jos foitines, de las murallas'; se salva uno á campo ra só, en el ctmpo de batalla,' lo mas lejos posible de su ca pital, lo' ñus iej.)'s posib'e de su hogar, de su mnger, de sus h" jVs/de t ido lo que debilita las resoluciones, de todo lo que puede enervar el valoi! (¡Muy bien!) ■>> La fuerza de la Francia no está en las murallas dePa- risjiestá en su pueblo, en sus soldados. Sí, está en la na turaleza, en el carácter de su pueb'.o, en el genio ardiente, espontáneo de este soldado, el primero del mundo, no di go en valor ['todos lo tienen; y cuando reconíais vuestros campos de; batalla después de vuestras grandes jomadas' encontrabais á los rusos, a los ing eses, a los prudanos DÉ LAMARTINE. W . tendidos por filas y heridos por delante como Vosotros]; sino el primero-del mundo en inteligencia, en arrojo, eh movimiento, en acción! Sí, el soldado francés, esto se confiesa en todas partes, es el primero por el arrojo, el movimiento, la improvisación de la pelea, ¡es la acción misma, es el movimiento fácil, rápido, instantáneo, comu nicativo, que se multiplica por el Impetu de los individuos y de los cuerpos, y que gracias a lo simultáneo del senti. miento individual ó colectivo, a la electricidad de la in teligencia difundida a la vez en todos y en cada uno, ha ce dos cosas, dos cosas inmensas, dos cosas confesadas, en términos luchan üegado a ser>{>rqverbios, por los dos mas grandes generales con quienes la Francia ha tenido que combatir, Souwarow y Wellingtén. El ejército fran cés es el tjército que marcha «Jfijor, y el soldado francés es el piimer soldado del.uuiverso. en un campo de batalla y en tjmto que marcha hacia adelante. , ¡Hé aquí las dos cualidades quein reconpce el mntiíto euLip. No gus,ta de aguardar el gpjpe, sajejnucip.it; el movimiento lo u.fla- Oia, la paciencit |p hi)|i(Uj4 y 'e parece cobaidia. E* me nester lomamos como Dios nos hizo! no caijj.hLa. u,^, la .naturaleza, te sirve uno de ella cuando es hurj)bre_,d«; Es tado ¿Tenemos tanto de que gj}t&%tp$g . .,^g?,'-J f} qa^pier jjue tiene sus peligros, pero que tíos ha hecho tun, grandes en U guerra? .,. q . E^e carácter del ejército, y del pais, es desconocido, traicionado por la naturaleza del proyecto" que trae a vuestra sanción, ¿Os reconocen jos enemigos en e.vtts medidas que se imponen a una nación cuyu fuerza estuvo siempre en la e.-pansion, jimásen. la concentración que se re propone? ¿-m una ifsusivd teinib^e, jamás en esta defensiva tímida, cuyas bases serán buenas acaso para m : LA TRIBUNA los alemanes, pueblo de paciencia; pero detestables; ¡para nosotros,, pueblo de entusiasmo? [Muy bien!\ ¡t ¡. 0 ¡x Si esto no es/Verdadero ea carábter nacional, tampoco lo es en estrategia. Y si asi no fuera, ¿no estaría fortifi- )$a.d<\Paris, -^>l/r Federico dio a .las -jilaí maniobras, . ,;¡a.;ut -tn ' á los movimientos es- ■ , iqiTTjj tratégicos de las tropas, á la movilidad inteligente de Jos ejércitos superioridad sobre las fuerzas muertas, ,que, son las plazas fuertes. Conoció que las murallas y trincheras no defienden sino el lugar en que están, y que los ejércitos bien movidos defienden en todas jpartes, , ¿Y no tuyo m^l veces razón? ¿no es por ésto e\ génio de la guerra mo- ^rñkrvtfüá'ibü la» ffitfrallátrT Las1 más teces émbáVa- m qáümm»; Los ejércitos 's8H mÜV'allas que WáréK'á^, •mmilís ihtélige'rftes, «uralías dtf'flfijgd y ebh aliña, qué ■cátetián-afe1 lügar, que aVahzan/ ^üe'cTi'bre'n abti'de se h'éi ¿eiítá cu'orír', Iqiie retrdcetteH^briafe'se' necesita! retroceder, y que defienden á la nación en todas parnés1; ' (!M¿y ¿ien/— Mó\ñmiento^in"'' ■><■• ..;>sni •■.<•> .aíoii im BUiod 9» - 'jt aoo ■' ■ ,': "i •.)*•.! .- , i ',«t«» La revolución francesa puso los principios^ las nacjoijaji; dajies, y loa tronos en el numero de sus maquinas de gúér , rá;V poresto es por lo que triunfó hasta de los generaleSj de Federico. . Poir fufe, jNa^oíeen puso enf mavimientoji^ 230 LÁ ÍRlfeUNA masas, y por eso conquisto el mundo, y por eso también lo perdió. Ya no hay mas que grandes ejércitos. El mundo se pierde ó se gana en un dia dado, en un campo de batalla tan giande como una provincia, tan poblado como una na ción. Cuando la victoria ha decidido entre dos mapas se mejantes en que la nación ha reasumido toda su hacienda, todos sus. armamentos, todos sus soldados, todos sus caño nes, todos sus generales, todo su entusiasmo ¿qué bignifi- can ios restos? . Ttfdo..e$ta concluido. . Una nación no tie ne dos almas, no ^ne.^os pueblos, La suerte ha fallado, no hay remedio. Seamos de buena fé; con el sistema de las guerras del imperio el destino se esplica de un solo golpe, el destino no jje-rfe . mañana. Arde Moscou y se retrocede hasta Leipsiclf¿ .sucumbe Leipsick, y se retrocede hasta Paris; falla Wateiloo, y, ¿hasta dónde se retrocede? Hasta Santn Helena, hasta esa tumba que os ha devuelto 'vuestro Idoió, y 'que "Ví'menós debiera devolveros sus lecciones. ' [Movimiento prolongado.*] Señores, no, habieud,o refjecsionado suficientemente los partidarios del sistema de fortificación en las grandes lec ciones que de.bian dafnes, la historia y la teoría de las guer ras moderna,*, i^h.an.IflflzadQ para convencernos, á auto ridades con qu^ban^ pr^tqqdjdo sofocar el espíritu de opo sición en. esta cues^p. .,„ . ,..„., ,. , No seré yo, señores, quien irrespetuosamente profane \«más las grandes celebridades con que se honra mi pais. Sé tributar & Vauban toda la justicia, todo el respeto que tan gran nombre merece. Sin embargo, no hay nombre bastante grande para que yo pase porque sea el símbolo dé un error ¿ que se quiera inducir á mi pais. DE EAMiARTINE. 231 i ' Preguntaré á los honorables miembros de la comisión, á los hombres pue han rejuvenecido el sistema de Vauban si han leido con suficiente atención,' no 'esos fragmentos apóci ifos, sino la memoria original del mismo Vauban. Hé aqní Jolque en eHa' ae- encuentra y lo que ruego á la cámara escuche con atención! .f" «rp* M<traeriki1er<,sírioye'Paris y la turba qufeí él entrWte'éfí'casVv 'de • blórj ueo podrían 'fel Véz causar a ígtína inquiefudnStó ^nuinartjdlá 1!n btVo^isj ' pero *|ue la admi rable naturaleza, la pacifica dulzura del pueblo de Paris le quitaba tada inquietud á éste respecto; que este pueblo era oemasiadoariiato á *sus reyfes^Hsir general] y «pie lo ha demostrado en muchas circunstancias, para qu¿ baya que preocuparse de este ladri^ Jl^í^ffestionji {Movimiento:) Va mas lejos,' inores, y añade que de ninguna manera ; se" prédcújíárá de las diferentes opiniones que puedan agi tar á semejante multitud, de las inteligencias que pudiera ■ tener con el enemigó, que con un pueblo como el de Paria todo esto es superabundante. Y en fin, escuchad esto; comprende urt proyecte* t&n gigantesco y tan fabulosamen te colosal, que hé aqui sus propias espresiones: "El rey dará una ordenanza en la cual prevendrá á todas las po blaciones que estén en un rádio de sesenta leguas de Pa ris, que cada uno traiga, víveres para un año {tipas) y loa distribuirá prudentemente." [Nuevas risa*.] * . '■ Y temiendo todavía que estas precauciones no sean bas tantes, añade:^ "El gobierno tendrá cuidado sobretodo, de proveerse de una inmensa cantidad de carneros, sin preo cuparse del modo de alimentarlos; pero sobre todo se pro 292 ' HA TRIBUNA reefó de una inmensa cantidad de cebada y de lúpulo^ or- qi*é< e¥ pii etilo > de Paris es muy aficionado-a la cerveza." v fcüftlaridád genero/'.]. «">i'')«9>e ' t,"^i:,;i •• i—s .»■ -. »A h lié nqui- lo que el mismo Vauban llamaba cus ensueños, y lo quejeietiUmerjte no nos es permitido llamar, hoy por otro nombre. Hé aquí este testamento que es menester Üceflta/.. iftsjojnjfoncia, la segunda infancia de un hom bre de, gérjiq.....¡.ifi 000/ . > -.-'i • • 1.- ..''i-.: .. Pero, señprestjf se jnvdjca una autoridad respetable, la del h.o.cnbre ante quien todo dbbe inclinarse hoy; de Napoleón, dq.ese hombre que tuvo quince años a la Europa bajo sus pié$, á la Francia; ed> *a; tlieHi©; y que rio movió en ella ni (Ufla |»Í!íd^asi;s.') errp J'••< •'• »>..i»r »-v.i«,f» 1 1 ••«o j;íií7rt diputado', • Qae twro Ma'>Francia en sus manos pa- «raiteái/erileliqiuiido'.bajo .SB*>f)i|68! •. t-uur¡ ••'•«•••( •!> ■(ML«íí«s,-IiStóá.H ■> v- . .-)•« • hoJ -''Séñ^rWi en "c'u'atftb^ ^ehsimiétifók séHós !dé lós' gráV/dés Ijoiribrfe'*, éteo tin^N qufe hacen y^absolütámetitfe no creó éh ró!qáe; d*efeHlde's^defá^ae'i1bs acontecimientos. Cr'éo'eh'lós grandek1*6'mbré*;>éa la plenitud de sus facultades y de su ♦¡M ^WÍb«iclfeW'elii••fa• rf&iab'iicia ' de: 'stf genro Ó'lde'sii fortuna, y ciíaW*i * VmWi Jen pfáWés qué afecta'rí Haber ocuUado y que>jamBs tuvieron escusas retrospectiva*, 8 sus faltan á «iU3¡deaa8tnts.,, Napoleón no di/o una palabra en Santa ;He|<íua quej no íatía Ja contradicción de ló>que hiao t%-J¡í&pm>i ^Asentimiento en muchos ¿ornan) .'o j- . ; ¡¡"> ^¿'fgaf, n3áo*rába por ta'véritanií, hablaba 'pa|¿ ser oído de Ta Europa, hablaba para ser t lio especiatraénte a'auí del -HU.4Ú ÓÍüV. fl&iup.fll) l. :.)U SÍ' t.l.t i'ivji) «.isdttí. .^jll'-'ln&i partido que creía haber dejado en t rancia; daba escusas para 'sil memoria.. , , " , •* v rero, señores, no se engaña al tiempo, .el, tiempo no n» iii Kiiirj l« HO»8Hipin>t»iVJ!". o-' >.•.■ v¡jo .-!íl» í> K. cree mas que en los hechos, en los actos de los grandes lores, y el tiempo noVs ni adulador, ni seíde. Él tiem- Ánfbál éscusándose anciano y destarrado, de las faltas de su fortutta ep 'jftaliál'* ' Éí",tatóbíen probaba a, su hué&ppd que si hubiera hecho ^sto 6' aquello, Roma habria, queda; 'ájb. aniquilará !bajo' su ódioj^j^e.ro allí estaba Capuaj jppf^ sus moa] siete ano** de campaña^ .indecisas é^ incohej- "rentes és pficáfean mejor qye k\ s'iis reveses, áus amigqs y sus huéspedes podían fingir que Ip creían, la posteridad no na creído mas que el acontecimiento, y Uartagp con quistada' 'rítí p4ev*alecíd^' contra sus 'palabras,1 cómo' coa y Wa'tértoo ¿ontra ios énsuéfeos dV Napoleó n I* '(Movi mientos diversos.) No; diga 16 q^e^tfféra eTpí^ná'rite', jam'ásfcnsA- póltoV án Fr&nciá ni utía p,^aif4 'de,ib-4'«e,:se1lé nace <Ée- cir e¥i 8«ftti- Hetérra; fUMs 'ik aTre-piriíÍD 'Nap^on-cfe haber fortífi'catfó'i frárisy éácéfrío éF diafeérí qMé? HSo'aWTtfs fortificaciones del * marido oo*!é ftHBfta'rf HeVtiéWtf ef'*ín1- ymwtofamith- % su ^^aia W cttahdd ^fléHé(ntl'¿ voívér sáfere París ^ón'kiMv'soí- dádo», fiéi y último resld del millón efe hdruHjrés ^Be tótók devorado aa amttícion, no habló imperio, sino una'hácioñ aniquilada, un sanado rebelado, el mundo entero: cansado i de su. tiranía universal, que le enviaban su destitup|i,9t)j;vy ¿por quienes? por la misma mano de sus mas enérgicos tenientes.. .Habéis olvidado de boca de quién salió la, pa labra abdicación? de boca del valiente de los valientes, del infortunado mariscal Ney! (Movimiento prolongado.) Lá verdad es que no se deriva conclusión alguna ni en •|)ro ni en contra .de las fortificaciones de P arís, de los su cesos de 1814 y 1815, y sobre todo, ninguna contra la ^rancia. N^o éra la Francia invadida entonces, digamos ía verdad, era el imperio. napoleónico! La Francia, la ver- '(Üádera Francia, la , Francia nacional que se, defendería hoy sobre cada letra de áus derechos,. sobre cada pulgada de su territorio, (¡muy bien!\ la Francja toda conspiraba el abandono del hombre que le había agotado hasta la san gre! Estenuada hasta él aniquilamiento pasagero de su patriotismo (no justifico, refiero) ¿de qué habrian servido las murallas de Paris? El cansancio y la traición estaban dentro y fuera, las murallas de Paris nada hubieran salva do, habrian prolongado su agonía y nuestros desastres; pero él habría caído sobre mas sangre,, Esto es toco. . Y. si en, efeqto lo. hubiera querido ¿quién le habrhvimpe- dido emprenderlo? t 4;,,...„i ™\.,„im ¿No hay diez y ocho meses de Moscou á Paris?. ]¿No hay diez meses de L;eipsick a Paris? ¿No hay cuatro, cin co, seis meses todavía de los primeros desastres de la cam paña de 1&13 ala rendicioa.de Parisi ¿Porqué entonces este pensamiento inspirado por la necesidad: ... . . .,a¡, ,3 Cuando marchó para Waterloo ¿quién pudo disaduadír- o de fortificar á Parisi Cuando volvió, y restos de 40.0QP de 30.000 hombres venían casi tan apresuradamente co-r mo élá unirse en la capital y á apoyarse en el ejército in i t.^iqr.dft 10$, fsd^adps y 4e la guardia .nacional.¿por : qué no se defendió Paria? ¿Por qué no improvisó fortif^ac^Oj-» fflftH 4$}% le lo^inipil^í ^ntea que todo sji génip^uiili- jtar. ^¡quiera jp^nsp.f n e|l.of y fia los largos dias que^pa- X6Ó epje^ ^lis^qrrBorbQp, rodeado de la parte imper.ialisjta .iejos^e^lg^, en.Jqs largos dias que pasó vacilaba eofcre ^ fuga y.,urja vicjor.ia suprema, entre un nuevo atentado p(on^ra l^' rep^es^ta^ion nacional y la Malmaison, hab|ló tv^¡nte yecjes desvolverse á poner á la cabeza de sus trppaí; escripipj;á fa cámara de representantes volviendo á p^d^jl imperio por- 9g^io , dias .para.«rrojar al enemigo. Pero ¿se trataba de Paria? ¿Había de ser estó'^h 'i^aris? ¿Seguja^s jtjwteulosfp|ane8 que hoy le atribuís? -^Jamáe! Habló;de;,ir • áihaeeruna maniobra atrevida sobre los "flancos de ílos.puijr sianos, habló de: ir á salvar á París icón una victoria como ;ee aft^vaf áí^a^aeioji,) y. Bp,d«Sefflcerrarse él y su ejétcito en una capital-hamhrienta, llena de terror pánico y defaerr (5¡K#;lo olvido* señores, se ha ganado una grande apuesta contra la verdad en la narración de aquella época y < perj- mitidme que os lo fjiga, la historia. no la presentará domo ha sido desfigurada; la historia no tomará ¿ Napóleoni/ipor glorioso; por- monumental que sea para la Eranera, «oro» doble símboloide la nacionalidad y de la libertad francesa ea aquella¡époeaI > a>. '. «••,.••!. -.