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Lucio Colletti IDEOLOGIA Y SOCIEDAD Fy Barcelona, 1975 lndlisis de la sociedad, es decit en un modo de edescubri que cada forma de saber es tan s6lo vehiculo y mésc dle unos intereses.psicolégicos, asi, por el contrarioy ‘Sélo —como anota justamente Lukées— el puesto neokantismo de Rickert esta aqui sustituido por filosofia existencial a lo Jaspers-Heidegger, sociologi es decir, un irracionalismo todavia més turbio y patent si es que puede ser posible. des, Die Zerstinne der Vermin, ci . 50 (Et asi BERNSTEIN Y EL MARXISMO DE LA SEGUNDA INTERNACIONAL 1. El testamento politico» de Engels En Ia introduccién a Ia primera reedicién de La tue cha de clases en Francia, escrita en marzo de 1895 pocos meses antes de su muerte, Engels observaba que el prin- cipal error cometido por Marx y por él mismo, en la época de la revolucién del 48, habia consistido en considerar que la situacién europea de entonces estaba ya madura para Ja transformacién socialista: «La historia nos ha des- mentido a nosotros y a quienes pensaban de andloga mane- ra, Ha mostrado claramente que el estado de ta evolucién econémica del Continente distaba todavia mucho entonces de estar maduro para la eliminacién de la produccién capitalista; lo ha demostrado por medio de la revolu- cién econdmica que desde 1848 se ha aduefiado de todo el Continente (...) haciendo de Alemania un verdadero pais industrial de primer orden»! ‘A este error de apreciacién acerca del nivel reat del desarrollo capitalista en 1848 habia concurrido relevante- mente también, segtin Engels, una concepcién politica equivocada que Marx y él habfan inferido entunces de la 1, K, Manx, Exosts, 1848 en Francia y en Alemania. La intro- daccidn de Engeis 9 la primera reedicion de La lucha de clase: on Francia, de Mars, de donde se han tomado Tas citas siguientes, festa fechada en Londres el 6 de marzo de 1895. n experiencia historia revolucionaria anterior, sobre toda de la francesa; se train de In idea de revoluciGn come hecho ade minoviass +Era, pues, logico e inevitable que nuestra manera de representarnos el cardctr la mares de la revolucion *socla” proclamada en Paris en Cebrero de 1848, de in revolucién del protetariao, estuviese fuer, temente telda por el recuerdo de los modelos de 1789 5 de 1830. Pero, puesto que stodas las revoluciones. pasa das han conducido a la sustitucién del dominio de’ ung clase por el dominio de otras, y shasta ahora todas lag clases dominantes eran solamente pequefias minctias req pecto de la masa del pueblo dominaday, ela forma comd de todas esas revoluciones consistia en el hecho de. qud todas ella eran revoluciones de minoriasy: «incluso cust do fa mayoria tomaba parte activa en ella, To hacia sola | mente, conscientemente 0 no, al servicio de una pero este hecho, o incluso solamente el hecho de la act (ud pasiva y de a falta de resistencia de la mayorta, aba ata minora la apariencla de ser el representante de toda €l pueblos ‘Ahora bien: a esta extensién indebida del cardcter de Jas revolucionee anteriores va lag luchaa del proleeriads = por su emancipacione habia opuesto la historia un dure mentis, La historia sha revelado -eseribe Engels que nuestra concepeién de entonces era una ilusiéne. «La his toria hao incluso més lejos: no s6lo ha demolido nues tro error de entonces, sing que ha cambindo radiealmenie? las condiciones en que ha de luchar el proletariado. El modo de combatir de I848 es hey anticuadlo en todos Tos aepectos, y es éste un punto que merece ser examinado tnds de cerca en la presente ocasion » i La conclusion que obtiene Engels de este examen es aux, teniendo en cuenta los grandes ejérctos permanente, modernos (ademas, naturaimente, del caréeter mismo de Ia transformacién socialist}, sta época de los golpes por sornresa, de las Tevoluciones hechas por pequees min: vias a Ia eabeza de masas inconscientesr ha pasado Ya, irrevoeablemente, «Donde se trata de una transformacion,. | complcia de las organizaciones sociles eben partcipar’» | ; i a | Jas masas mismas; ahi las masas mismas deben haber comprendido ya de qué se trata, por qué dan su sangre y su vida, Esto es lo que nos ha ensefiado la historia de Jos tltimos cincuenta afios. Pero para que las masas com> prendan lo que se debe hacer es necesario un trabajo largo y paciente, y es este trabajo lo que nosotros esta- mos realizando ahora, y lo Hevamos a cabo con un éxito que hunde a nuestros adversarios en Ia desesperacién.» ‘La necesidad de este trabajo largo y paciente —que es cel lento trabajo de propaganda y la actividad parlamen tariae— se reconoce como «la tarea inmediata del parti- do», no s6lo en Alemania sino también en Francia y en los demas epaises latinos», en los que «cada vez se com- prende mas que la vieja tactica debe ser revisada». De to- tlos modos, «pase lo que pase en los demas paises», este cs el camino por el que debe seguir avanzando la social- democracia alemana, como vanguardia del movimiento internacional. 44Los dos millones de electores que envia a las urnas, junto con los jévenes y las mujeres que estén detras de {ellos y no tienen voto, forman la masa mds numerosa y més compacta, la “fuerza de choque” decisiva del ejér- ito protetario internacional. Esta masa suministra, ya hoy, més de la cuarta parte de todos los votos emi dos; y crece incesantemente, como lo demuestran las tlecciones complementarias al Reichstag, las clecciones fa las Pietas de los distintos estados y las elecciones ‘municipales y de tribunales industriales, Su crecimiento avanza de un modo tan espontineo, tan constante, tan incontenible y al mismo tiempo tan tranquilo como an proceso de la naturaleza, Todas las intervenciones del gobierno han resultado impotentes contra él. Hoy pode mos contar ya con dos millones y cuarto de electores. SSi este avance continda, antes de terminar el siglo ha- ‘bremos conquistado Ia mayor parte de las capas inter- medias de la sociedad, tanto los pequeios burgueses ‘como los pequefios campesinos, y nos habremos conver- tido en la potencia decisiva del pafs, ante la que ten drén que inclinarse; quignranlo. 0 no, todas las demés potencias. Mantener en marcha ininterrumpida este ji B cremento hasta que desborde por s{ mismo el sistema d gobierno dominante [...J: tal es nuestra tarea mental» De esta visién confiada acerca de la direccién en qua evolucionan las cosas y la rapidez con que podré al Dido a errores, ya antes de terminar el siglo, o sca, apem en el transcurso de cinco afios), Engels obtiene imp! para remachar y poner al rojo lo que es el tema central de su escrito: la necesidad y la oportunidad del «giro» qu Ja socialdemocracia ha realizado ya en Alemania y que 3 Prepara ahora en los demas paises también. Se impor Ja arevisién» de la vieja téctica porque hoy «solameni ‘hay un medio para poder contener momenténeamente crecimiento constante del ejército socialista en Aleman incluso para llevarlo a un retroceso pasajero: un choqu en gran escala con las tropas, una sangria como la 1871 en Paris», que, aunque ciertamente se superari Targa, no podria menos que «frenar» la «evolucién normal En cambio, la nueva téctica, que sélo puede favorec Y secundar esta progresiva @ irresistible evolucién he el socialismo a que empuja el propio desarrollo capital ta, ahora en el punto culminante de su madurez, es la d Ja cutilizacién inteligente» que han sabido hacer los obre ros alemanes del sufragio universal; a ella se debe el so prendente desarrollo del partido, documentado por el im4 pulso de las afirmaciones electorales, que Engels relacionz «Gracias a la inteligencia con que los abreros alems- hes supieron utilizar el sufragio universal [...] el cred cimiento asombroso del partido aparece en cifras img discutibles @ los ojos del mundo entero. 1871: 102.000, Volos socialdemdécratas; 1874: 352.000; 1877: 493.000, Luc" £0, vino el alto reconocimiento de estos progresos por la” autoridad: Ia ley contra los socialistas; el partido fue ‘momenténeamente destrozado y, en 1881, el mimero de votos descendié a 312.000. Pero’ se sobrepuso pronto y‘ ahora [...] ha empezado Ia verdadera difusién répida’: el movimiento, 1884: $50.000 votos; 1887: 763.000; 1890: i a! 1.427.000. Al Tegar aqui, se paralizé 1a mano del estado. Desaparecié la Tey contra los socialistas y el nimero de ‘votos socialistas ascendié a 1.787.000, mas de la cuarta parte del total de votos emitidos. El gobierno y las cla- ses dominantes habfan apurado todos los medios: esté rilmente, sin objetivo y sin resultado alguno [...]. El es- tado habia legado a un atolladero y los obreros estaba al principio de stu avance» Con esta utilizacién del derecho de voto los obreros alemanes no han construido solamente el «partido socia- lista més fuerte, mAs disciplinado, més rapido en su desa- rrollo»; han dado también «a sus compafieros de todos los pa(ses» una de las armas més eficaces, mostrando cémo hay ‘que servirse del sufragio universal que, «segin las palabras del programa marxista francés (...), por ellos ha sido trans- formé, de moyen de duperie qu'il a été jusquiici, en instru ment d'émancipation; transformado de instrumento de e gafio como ha sido hasta ahora en instrumento de eman paciéns. Y, precisamente, «esta eficaz utilizacién del sufra- gio universal» es justamente el «nuevo método de lucha» que el proletariado ha adoptado ya y que deberd tratar de utilizar en el futuro también. Ya que, como todo parece indicar, «la burguesia y el gobierno» temen hoy «mucho ‘mas la accién legal que la accién ilegal del partido obrero; temen mas las victorias electorales que la de la rebeliéne. La ironia de la historia —concluye Engels— lo vuelve hoy todo del revés. Nosotros, los “revolucionarios”, los “sub- versivos”, prosperamos mucho mas con los medios legales que con los medios ilegales y la subversion. Los partidos de orden, como se autodenominan ellos, van a Ja ruina con el ordenamiento legal que ellos mismos han creado. Exclaman, desesperados, con Odilon Barrot: a legelité nous tue, la legalidad mos mata; mientras que nosotros echamos, con esa legalidad, misculos vigorosos y mejillas sonrosadas, y prosperamos que es un placer.» B 2. Los zenas de la critica de Bernstein to de Engels, convertido en su «testamento lites a! sobrevenirie In muere, es de 1685, Un ao lespnés, Zernatein empezd a publiar en Ia «Neue Zeit aquella rie de articulos titulada Problemas det socia- Este politica» 3 lismo €=2 interrumpida varias veces y reanudada entre los afos 3 y 98 por las diversas reacciones polémicas sus: citadas, e finalmente refundida y ampliada por el autor, mare: de 189%, en Los presupussos del soitiomo x rs: a socialdemocraia? El modo en aie plant Borns sx argumentacon recuerda nmeditamenite lg testoze que Engels hab crv maria ‘ocada cscepén de Ta revoluidn como etevolulén de iors esa de a srevsnn de aa tnscrecional en favor de la ya adoptada or la sovildeeracin. semana, basada en In wilzacion, del derecho 22 voto Engels habfa hablado de una revisién de a in de ta ecto ashe aoe Emplicar una revisidn de la — niega también To que es en Zambio el micleo vital del marxismo: la idea de que el Grdenamiento capitalista cs un fenémeno histdrico, un oF Genamiento transitorio y no «natural», y que, a causa de Sas contradicciones internas y objetivas, maduran inevitar lemente en su seno fuerzas que empujan hacia otra forma de organizacién de la sociedad. ‘Que Bernstein rechaza intencionadamente todo esto ¢s ‘cosa indudable, La mejor prueba, de ser necesaria, es cl Taismo empefio que pone en demostrar la posibilidad de Mntorregulacin» que posce el capitalismo. Los carteles. ‘Venédito, el sistema de comunicaciones mejorado, la ¢le- Gacién de la clase trabajadora —en la medida en que eli vainan o al menos mitigan, segin Bernstein, las contra- THeciones internas de Ja economia capitalista, impidiendo irony el ban adware a lon verdad Sana cite ene de rigs a a cpa Rog Hk pid liao de eno etc cle, som fin de a consumer nan Pobre a etal lp 20 ado ae una impor ese ano domi e ting gnautne de, ener immerne ot bv recedes Tad fo ioe ein, est, Py moderna tear il orevne, een ns "ne to ae man amp 1 re 3 sean essex posesinente desnvliade or 1 1B id 8, Ete Eo juan del oat 33 su desarrollo y su agu izacion— aseguran al sistema la sibiliad de una supervivencia iimitada. En este sentido, a In concepeién basica de Marx, segtin cl cual et advent. miento del socialismo tiene condiciones y raices objetivas en el mismo proceso de la produccién capitalista, Bernstein, sustituye el socialismo como ideal ético, 0 sea, el soci mo como meta de una humanidad civilizada, libre de esco- ger cl propio futuro y de adecuarse a los mis clevados. principios de moral y de justicia, Como seitala con des precio la Luxemburg, aqui «lo que se nos ofrece es 1a fin damentacién del programa socialista mediante “puro eo * nocimiento”, 0, lo que es lo mismo, en palabras suaves, una: fundamentaci6n idealista, mientras desaparece In necesh dad objetiva, o sea, la fundamentacién a través del pro- ceso social materials." Pero, admitiendo todo esto, forzoso es conceder tam- bién que el modo en que se interpretaba el razonamiento de Marx por el marxismo de la época transformaba lo que para el propio Marx era una tendencia histérica en una” éley de naturateza inevitable». Una crisis de violencia extre. ma produciria tarde 0 temprano condiciones de miseria grave que inflamarian los énimos contra el sistema de- i mostrando la imposiblidad de comtinuar, con cl vig. orden de cosas. Esta grave y fatal ersisecondmica se mo. Tongiria después en una ers general de a sotedad ce. | indose por tiltimo con el acceso al poder del proleatis. do, Esta er, sean Bernstein, la concepctén dominante en In socialdemocracia, nella ha arraigado, eerie, sel com vencimiento de que esta ia de desarrollo es una fey natu, ral inevitable y que wna gran ctsis ceonémica general eo tl camino obtigado hacia la sociedad socalistay, Esta atribucién a la socialdemocracia alemana de Ja tesis de un shundimientos (Zusammenbruch) inminente & inevitable de la sociedad burguesa por el empuje fatale ‘causes puramente econémicasy, fue rechazada por Kaul ky em su razonada réplioa a Los presupucstos el sock mo s tas areas de ta socialdemocracia, con gran decision, Mid, p. 151 : a Bemsiein buscard en vano en las declaraciones oficiales sein aovlaldemocrocia alemana una afrmacion que vaya gh el sentido dl teva et hander pore sd "Gh pasje del Programa de Erfurt que tata deus i ae ears dice ni una pelabra del hundimiento.s™ Y, sin embargo, para confirmar que con su acusacién Bernstein bia eaptado de algtn modo el sentido, ademés de alg a gcrones que se prodajeron entonces por parte mar- ‘Gata (por ejemplo, Cunow) y que reafirmaron que Marx SEAS cali fectvamente en un hundimiento cata Yeates del capitlismo:" puede Tecordarse el propio Pro- vara de Erfurt, vedactado por Kautsky entre 1831 y 1892 ae es evident, precismaente Ia conversion y Ta tar Scidh de in etendencia historian, de que habia bablado se ea tenminos de una necesidad naturatistay fatal consideramos el hundimiento (Zesammenbruch) de tn covjedad seta como inevitable —expicaba entonees Raurky eh tu comentario al programa porque sabe- Moague el dssarollo econémico produce con necesidad tral conizones ae oblgan aos elton em stir gontra Ia propiedad privads, que ello acrecenta ence Is eran de tas explotados y reduce el mi- Seay a fusraa de los explotadores ineresados en el TMantehimento del actual orden de cosas; que conde, Tralsente: a condiciones insoportables para la masa fen poblacién, que’ solo le dejan a esta lima Ie ieceton entre el emabratecimiento inert © el derrumbs- Shionto activo del orden de propiedad existente» Y Kautsky afiadia: «La sociedad capitalista ha entrado en quiebra; su disolucién es s6lo cuestién de tiempo; ef irresistible desarrollo econdmico produce con necesidad natural la bancarrota del modo de produccién capitalista, La construccién de una nueva forma de sociedad en lugar 15, Kattan, Bertsein und das sovaldemokratische Programm, itada, p.8. ite. Boia reconstruccién del debate en torno a Ja steoria det hunlimenton ce P. Me Sms, Teorla del desarrollo capitalista thay trade exit, Masia, FOB). 85 de esti ya no os solamente algo desehl sino que comer en go inetalen Saperee eeere : y del también inminente paso al s eee motivo esencial de orientacién en el deb: : orientaciin ate sobre Bertil tein: solo por lag razones tebrieas © dovtrinales ae sab de au y sobre as gue tenremos 0 de ver en Seis sno praise Is ders cl jones que este tema va tomando en el perfodo que balga ene Tot do silos, se releja un proceso hisic real de fondo, a al que es por 1o menos necesaro slug cuando se toca este tema. “ 4. La «Gran Depresin» tas, el si pital Pitallsmo, Este perfodo est ocupado casi por entero pi una larga crisis econémica que lleva et nombre de Gi Depresin y que se inici6 en {873 prolongindose, slvo dog Eee ene eres el curso t , que empez6 con un violento crack pero cobré etd un desl mds sate aunque dese tadora duracién (lo cual, en parte, permitié a muchos ontemporineos no identificarla con una auténti crisis on el Seti eésico de Ia palabra, tvieron tre juego i Plena apllcaciin todas las cateorias fundamentals del le Marx: cafda tendencial de ta tasa de la ganan- cla come consecuencia de la aumentada «composi grefnicay del capital, estancamiento y parcial sturecéy { ]as ocasiones de inversién y accién desenfrenada de 1a} 1. Kastan, Das Exturter Pr Das Brturier Programm, cand im Rrobenan te tort de anil, Pars. nd cesone hilo noticias esencias sobre Ia Gren Dee (areuladas sogia) voces como ‘onupcion, inversions, Pr gigs te) tS. GaB. tse, Brink Economic Mistry since 86 concurrencia, que ademés de incidir sobre los mérgenes de beneficio determiné una cafda espectacular de los pre: Gon ocasién de la publicacién del Libro TIT de El Capi- tai, en una larga nota inserta en el tratamiento de Marx fobre las sociedades por acciones, Engels aludié a ta Gran Depresién entonces en curso en los siguientes términos; La rapider diariamente creciente con que hoy pue~ de aumentarse Ia produceién en todos los campos de Ia fgran industria choca con la lentitud cada vez mayor Te la expansion del mercado para dar salida a esta Pro- Gueeién acrecentada, Lo que aquélla produce en meses Gpenas es absorbido por éste en afios (..). Las omse- Guencias son Ia superproduceién general crénica, los precios bajos, la tendencia de las ganancias a disminnir vrvncluso a desaparecer; en una palabra, Ia tan caca- Seada libertad de competencia ha legado al final de su Carrera y se ve obligada a proclamar por s{ misma su nanifiesta y escandalosa bancarrota.>” La insistencia de este texto en Ia Jentitud creciente siempre con que se extiende el mercado se tefiere, par Heulermente, a un acontecimiento esencial que maduré en aquellos aos y al que Engels aludi6 en varias ocasiones: a gnal del monopolio industrial inglés en el mundo, el Somienzo de la lucha internacional por los mercados —no, Gpviamente, por la exportacién de mercancias, sino por 18 die capitales—. En realidad, es en el periodo de te Gran Depresién cuando la industria alemana y americana —que habian entrado en el proceso de la centralizacién antes ¥ bastante més intensamente que la briténica— empiezan a disputarse la supremacia en el mundo. 19, Maw, El capital, HL, p. 416 Wo. Matt aavecvan, Historia de ta sociedad inlesa. «La guerra fra GuMlina de 1670 fue In primera sacudida; en los tres dece- Franco recs América y Alemania se alzaron como rivales mcs nios siguientes ad. industsil, Los, recursos naturales de América, [os en capscidnavores, 1a educacion técnica y cientifca.dispucsta ‘nmensavigores gobiemos en Alemania, se dejaban sentir, més de Dor previsorss Splafrontar esta situacion nueva la Wbertad civil, el 87 Este final del emonopolio industrial inglés» cobré gran’ telieve en ef pensamiento de Engels, en sus tiltimos afios. Alude a él en el prefacio de 1892 a la Situacién de la clase ‘obrera en Inglaterra: el final de esc monopolio debia Ie-. var consigo «la pérdida de la posicién privilegiada> de 1g: | ‘clase obrera briténica y ela reanimacién del socialismo en. Inglaterra». Y, por lo que parece, ante los efectos de la? Depresion y 1a ebancarrota» de la libre concurrencia, se debid reforzar en él —y més todavia en sus discipulos— Ja sensacion de que cl sistema se preparaba répidamente ' Ta rendicién de cuentas final, «Precisamente en la época de mi tercera estancia en Londres (1885), Engels no se ansaba de afirmar —recordaria posteriormente Kautsky—| ue el alejamiento de los obreros ingleses del socialismo estaba relacionado con Ia posicién de monopolio de la | Industria inglesa en el mercado mundial, que permitfa a 40s capitalistas conceder a los sindicatos ingleses extraor dinarias facitidades. Pero ahora, con el surgimiento de idustrias poderosas en otros paises, este monopolio con- Cluiria y la oposicién entre el trabajo organizado y el eapi-~ tal resultaria agudizada incluso en Inglaterra.» Y¥ Kautsky- ahade: «A decir verdad, nosotros esperabamos mucho més de la erisis de entonces. No sélo el reforzamiento del mo- vimiento sociatista en Inglaterra, sino el hundimiento [Zi sammenbruch) del capitalismo en el mundo entero, Esta." espera fue vana. El capitalismo sobrevivié a la crisis, a pesar de la enorme extension de ésta en el espacio y en el tiempo y a su inaudita intensidad, Se inicié una nueva era.” de prosperidad capitalista. Pero lo que vino entonces fue un capitatismo enteramente cambiado, El viejo se habia ido a pascos.* ibe cambio y 0 epitita de incativa indvidal, de Jos ue, con toda sain, piamos slatdest,Podion no ser aufcientes ch mis tion Coanda‘se avicie vag eto os deedins & meer eke rparacnei tarn SP on yr Cds mstan tars deltas: ily redo at mevinente tere 1h Pours aly una alte soa Se pet a Son Ancien (") yas “clon como ee lama ta al Ce ‘ad y 2 las tetras de Australias be ‘odavin al Ce i. Bat’ riseshsel it K, Kautsky, ct, po. ATS El eo- ‘mentario de Kautsky sobre estas cartas ex de 1935 e 8 Y acaso éste sea el punto esencial, La larga crisis pasé y sobrevivi6 el capitalismo. Es més: superé la crisis trans- Formandose. Aleccionado sobre los drésticos efectos de Ia concurrencia sobre los precios y sobre los mirgenes de beneficio, el capitalismo reaccioné emprendiendo decidi damente el camino del desarrollo monopolista." Habiendo- entrado en la Gran Depresién en su forma clisica y ocho- centista de economia concurrencial, el capitalismo salié de ella, al final del siglo, con una fisonomfa radicalmente cambiada, La vieja bandera del laissezfaire habia sido arriada, La concurrencia ilimitada es sustituida por las medidas restrictivas de la concurrencia misma; la fe en Jas providenciales virtudes autorreguladoras del sistema, por los acuerdos sobre los precios y las cantidades a pro- ducir, Hasta la década de 1870 domina indiscutida la libre concurrencia; al iniciarse el nuevo siglo los carteles se han convertido ya en una de las bases de la vida econé- mica, Fl gran impulso de los negocios a partir de 1895 y Ia nueva crisis de 1900-1903 se desarrollan por vez primera al menos en las industrias mineras y siderirgicas— ente- ramente bajo el signo de la cartelizacién monopolista. La libertad comercial cede el paso cada vez mis al pro~ teceionismo; pero con la diferencia de que mientras origi nalmente el proteccionismo tenia Ia tarea de salvaguardar las industrias nacionales en vias de desarrollo de la desi- gual concurrencia de los paises més adelantados, ahora modifica completamente su funci6n, ¢ incluso la invierte, transforméndose ede medio para la defensa contra la explotacién interior por parte de la industria exterior» en sinstrumento para la conquista de los mercados extranje- ros por obra de la industria nacional, de arma defensiva de los débiles en arma ofensiva de los fuertes» 22. W, W. Rostow, Investment and the Great Depression, on. Econ, Hist, Reviews, mayo de 1538, p. 158 (citado por Dobb, op, cit); Rostow obserya que los capitalistas eempezaron a buscar Sfivacidn (a la reduccién de los mirgenes de beneficio} en los mer- Cados asegurados por 1a expansion impesialista, en la proteccidn ‘uduanera, en tox monopotios y en las asociaciones de empresarios» Ba’ Uieeaomc, El capital financero (trad. cast, Madrid Ed. Teenos, 196), 89 ‘También se producen mutaciones igualmente profundaal en ef campo de la politica colonial. En el perfodo clisic de Ja libertad de comercio, el sistema colonial se habjal desacreditado hasta tal punto que, como recuerda Leni yaa partir de 1860 elos dirigentes politicos de Inglate eran adversarios de la politica colonial y considerabai como inevitable y util la liberacién de las colonias y completa separacion de éstas de Inglaterra» En cambigl dido entre 1884 y 1900 como el de mayor expansién 4 See aa ae eee Los efectos de este giro sustant y profundo en:elf en una larga fase de coma més alla de 1a cual parecia en¥ ee eee iat cies fase aves nn foes aso ea ral atone es ee ee ee tencia de las relaciones econémicas y contra los més com- * | Dh WT. Lens, EL imerilong (bay trad. east, on Obras seo us Baitoriat Progreso, Moscii, 1970, vol. I), p. 756. ie On: Gen‘carn de Lito Laclede abl de 1g, si Seas sid materatonstorco, Roma, W84,b. 32 m Empezaba una nueva era de prosperidad capitalista. ET capitalismo renacfa de sus cenizas, profundamente cambie Ge. Y, aunque la Gran Depresién cobré después en la con- Sideracién de los economistas «la caracteristica de una Ii ‘hea divisoria entre dos fases del capitalismo, vigorosa, préspera y animada de un emprendedor optimismo 1a pric Thera, y més tormentosa, mds vacilante y en opinion de figunos marcada ya por los rasgos de la senilidad y ta ecadencia la segundas.” la impresién dominante en mu- Ghos de sus contempordneos era que se entraba de Teno fn una época nueva, regida por mecanismos en parte inexplorados, y lena de dificultades hasta entonces impre- vistas. Y esa sensacién no era tinicamente de Labriola, Kauts: iy, en el mimero de la «Neue Zeit», en que por vez primera proclama explicitamente su disentimiento con Bernstein, Pfirma que los cambios de la vida econémica y politica de los tltimos veinte afios han sacado a relucir raszos ceultos todavia en la época del Manifiesto y de Et Capital. Un reexamen, una revisién de nuestras posiciones, se ha hecho consiguientemente necesario.» Aunque no comparte ‘el método ni los resultados de lo que habia aparecido has- fa entonces en los articulos de Bernstein, es a éste a quicn corresponde ¢1 mérito de haber planteado el problema” El estado de incomodidad e incertidumbre frente a la nueva situacién que esta surgiendo es tanto més agudo cuanto incauto y confiado habia sido el optimismo de po- coe anos antes, Y, en la vieja generacién, este malestar se 2%, Doaw, op, cit 3 Powe oP toro en Tos citados Scvitti scelti, de R. Luxer- ban p tSa. sta gensacton explica la favorable espera o incluso 1a bare, par ae fueron scopidos fos articlos de Bemstein en a simpatig com Aufavia en noviembre de 1838, o sea después de que iNew Zele se Stoccarda del partido sociakdemécrata alemén reche- ol Conareso de ternsicin, Labriola, por ejemplo, da mucstras de ear ae este postcion ‘con simpatia’ (cfr. G. Procicct, Antonio La~ considerate del marzismo attraverso Tepistolario con Peto ee on eauisky, on, cAnnalal dell Tsttuto G. Feltrinellis, Peretti a Milan, 1861, p. 268. Camo, por To demés, ha sefalado PS Maavagn'en su Introduccion a Labriola, Def materiaiismo storico, Fee Cin nota 1, tampoco Lenin, en el primer momento, Eomovendid significado’ de los articulos de Bernstein. 1 \4 ticado por la turbactn por Ia pérdida reciente de> dustrial, que representan las sociedadles por acctones a 1a Mi ide Engels. «En todas las cosas veo —escribe Adler ‘Segunda y a la tercera potencias», En todos los paises, " — solamente la difieultad que ha supuesto la muer, | eseribe, slos grandes industrates de un determinate sector ! Engels, e] Viejo not habria facllitsdo también Ig, se reagrupan en un cartel para regular Ja produccién. Ua 4 Ssvissin's en la medida en que Gata es necesara™ Y poegdi | Comité fja a cantidad que debe producis, cata esiabie j ih escribiy ¢ Katy, shader sVowiros “oreeeh | miento y de distribuir en tims jnstancia Tos encargos i a exci « Roush, fade: osoas — sat | Mpg Bn algunes caus ban Hepa a formarseicso Ze repo Raut mebeal bio raat | Ceorteintmaconates, por eempo, entre Ia produ cer pacar al partido del punto de vista de 1847 (7! | clon sidertirgica de Inglaterra y de Alemaniay/? Pero gusto de vista de 1900s," nientras que para Engels este fendmeno de la carteliza- | {ion monopolista y la ereglamentacién» de la produccién En el curso de pocos afos la situacién econémico-soei cee Mirodace significa Ta involucién final, la extincién, | = presenta, por tanto, con un aspecto radicalmente came ado: To que poco antes parecia el preludio inmediat Ghora proxima ya, del sistema, la equiebra» de ta libre Sel egro finals, se descubre de improviso que resulta ser apmetencia como principio base del sistema capitalista, | ‘fil de una época nueva. Y, al igual que ocurre cuando, para Bernstein, por el contrario —Bernstein que, como \ Scruza una divioria en los montes, unas broves diferens ,sefiala agudamente Kautsky," mo habla de los carteles | as de pasos entre personas que avanzan juntas bastareg | cuando éstos confirman que se ha producido Ja conest | Tura que se les presenten horlzontes distintos, En 1895;41 | tracién capitalista y constituyen, por tanto, un argument \ su prefacio a la primera reedicion de la Lucha de claseg ‘= | ten favor de Marx, acordindose de ellos en cambio Sut | i Francia, cl optimismo de Engels, que ve al capitalismgr# { 0 van «contra Marxs—, los carteles y esa «reglamentar i sramzando inevitabiemente hacia sv ripido doctinar antes“; | cin» de Ia produccién que introducen significan ef ade Sel fin de cigton, mientras que el ascenso al poder de Ia = | nimiento de un eapitalismo nuevo y, por decirlo ast, reas: sccialdemocracia le parece avanzar «de modo espontineo, © fherado, que ha aprendide a enmendar sus vicjos errores constent, irresistible y al mismo tiempo tranquilo, como (la anarquia) «autorregulindoses, y que por tanto es capa i c= prceso natural —cuadro en el quic todo parece cola.“ de sobrevivir indefinidamente, | Sorar para la ruina inminente del orden constituido, inclin Ta diferencia entre Bernstein y Kautsky procede en 2 el vordenamlento legals que la propia burguesta se ha prin lugar de una pereepeion aiversa del momento Wis Sado; en 1896, en cambio, las dudas, la «desilusions, la” = ——_‘trico. ¥ por esto, es decir, por advertir que los tesnpos i Tauietud de Bernstein, que s6lo contempla la taetiea, el “Z __estaban cambiando, preciso es decir aue Bernstein, se ‘Sovimientor de cada dla, la routine, y que ya no com © adelant6 y gané en visién antieipatoria a Engels, a Kauts: | srende qué sentido tiene el «objetivo final» (das Endzil), ky y a todos los demés. La consciencia de encontrarse { Ambos pereiben los mismos fendmenos; ambos rezis! Pocle a une situacién mueva constituyé su ventaja y su : 72 el nacimiento de los cartcles y los trusts, Pero estos fuetza. ¥ aunque su intento de esclarecer Tos fendmenos | renal angina (otran cal caereaies diel desarrollo capitalista més reciente resultara ierelevanr | os opuestos. En la larga nota, ya citada, que afiadi6 al « amiento de Marx en torno a las sociedades por accio- Engels habla de «nuevas formas de organizacién in- te desde el punto de vista cientifico, esa anticipacién de Bernstein explica que pueda parecer por algunos rasgos i 30, Mans, EI Capital, TI, p. 416 BRR om gite p. 268 3 Rates, Bernstein und das’ sozialdemokratische Programm, 3. Bids’ pe 358, oe = 2 q 93 —por la rapidez con que intuye la nueva orientacién y no, manifiestamente, por la interpretacién que da de clla—.; mas préximo a la generacién de los Lenin y los Hilferding* que a la de los Kautsky y los Plechénov. Sociedades anéni- ‘mas, desarrollo de los carteles ¥ de los trusts, disociacton entre «propiedad» y «controls, creciente «socializacién de’.j Ja produccién», edemocratizacién del capital ‘mas que tanto destacan en la argumentacién de Bernstein son también los temas del Capital financiero, de Hilfer-®, ding, y del Imperialismo, de Lenin; ello induce a pensar que las respuestas mas eficaces a las cuestiones planteac por Bernstein hayan de buscarse, precisamente, en estos! escritos, 5, Teleotogia y causatidad Pero por debajo dela controversia sobre Ia xteorla del! hundimientos no estd solamente la experiencia dela Gran Depresién y del consiguiente «giro» del desarrollo capi-* tallste, No puede faltar otra componente en una recone! tmucelin, por sumaria que sea, Uel nomeuty histérico ent 4 of 4 que vio la luz el libro de Bernstein, y es la del caracter’ del marxismo de 1a Segunda Internacional, del modo en! que habia recibido y entendido Ia obra de Marx, de la influencia ejercida por los escritos de Engels* y de la 432, Estd todavia por hacer —que sepamos nosotros— una inves: tigaeidn exhaustiva acerca de 1a influencia ejercida por 10s escrites | ‘de Engels sobre la formacion de los principales exponentes del mare = ‘Nemo. de Ia Segunda Internacional. Adviertase, ante todo, que la Hdentifeacicn plena y total del pensamiento de Marx y el de Engels {cn las formas acrticas que han liegado hasta nosotros) empieza & ‘obrar forma precisamente en este perfodo (posteriormente, Lenin scl marxismo ruso la harian perentoria ¥ absoluta), La infuencia {e'Engels como confirman todos los testimonios directos— parece ‘ue debe ser atribuida a diversos motivos, En primer lugar, al hecho STe-que 1a mavor parte de lor escritos tedricos de Engels (que apa reeen en los tifimes alos de vida de Marx o son incluso posteriores ‘su muerte) colneiden con los afos de formacién de la peneracion fe Tos Kautsky y Plechénov, con quicnes Engels tenia intereses cul tums comunes fl darwin las nvestigacionesinlagisY. fn summa, ef ambiente eultural de In época). En segundo Tugar, esta innuencia (reforzada por la asiduidad’ de las relaciones personales) * os ¥ contaminacién y la subordinacién de este marxismo res- pecto de las orientaciones dominantes en la cultura de Ia época. La tesis de Bernstein es a este respecto que Ia «tcoria del hundimientor procede directamente del «fatalismo» y el edeterminismo» de la concepcién materialista de la historia. La espera de Ja inminente ¢ inevitable catdstrofe de la sociedad burguesa por Ia accién de causas «pura. mente econdmicase, reproduce —segin él— el limite y el error de cualquier explicacién materialista, por la cual la materia y los movimientos de ésta deben ser la causa de todo. «Ser materialista significa por encima de todo recon ducir todo acontecimiento 2 movimientos necesarios de Ia materia.» Por otra parte, «el movimiento de la materia ‘se produce, segtin la doctrina materialista, de modo nece- sario como un proceso mecénico». De ello se sigue que, puesto que este movimiento es también el que ha de deter- minar «la formacién de las ideas y de las orientaciones de Ja voluntad», el mundo histérico y humano acaba con figuréndose como una concatenacién de acontecimientos predeterminados ¢ inevitables; de modo que el materia- Tista —coneluye Bernstein— es un «ealvinista sin Diose. ‘Sabido es que el marxismo de la época rechaz6 con fuerza esta acusacién de «fatalismos. Kaustky replicé que ‘el materialismo histérico jamds habia sofiado en dar Ja esencial importancia que tiene 1a intervenci mana ep Ja historia, Marx no habia confiado la superacién parece deberse también, ademés de a la mayor sencillez y claridad Riulgadora de los escritos de Engels, como subrayaron, « menudo oulshy, Pleehinov, ete. (oft, oh K. Kaurany, F, Engets (seit Le dren, sett Wirken, seine Schriften), Bertin, 190, . 77), al desarrollo Bed ‘por Engels a la parte, lamémosla’ asi, Slusbico-cosmot6aica de flosofia de la naturalera, esto es, al desarrollo y sarmpliacion» Gekgmateriaismo historica en el smaterialismo dialéctico», cuya fpriern denominacién, como es sabido, es del propio Engels. Este Bitio aspecto tuvo un peso decisivo tarubién en la generacién si- fButente, como por ejemplo en Max Adler, quien, en. su escrito Enzels' als Denker, Berlin, 1925, pp, 65 ss. destaca precisamente ‘Como pean merito de Engels el de haber iberado at marxisino dela Seepecial forma econémico socials que le habla dado Marx, amplisn Golo hasta convertirlo en ite Welrauffassune. 95 de la sociedad capitalista sélo a la accién de causas «purad mente econémicass; en el mismo parrafo sobre la «ten: dencia histérica de la acumulacién capitalista», ademé sencial negado por ellos, y no siempre encontrlbamos et ih tiempo, el lugar y Ia ocasiOn para hacer justcia a los de- ae nis factores que participan de ia accin reefproca> na 4 de la agudizacion de tas contradiccfones econdmicas, Botas observaciones autocriticas de Engels son cons ii subrayaba también otro factor: la «madutez, Ia ed deradas por Bernstein como una innovacién substancial | cin de Ia clase obreta,elalto grado de consclencia aleand | respecto del «determinismo» originario de Ia eoncepeién zado, su capacidad organizativa y de disciplina. No muy | materalista de la historia tal como habfa sido formulada diferente fue —aunque argumentada con mayor sistem: por Marx en el prefacio de 1859 a la Introduccién a ta cri- ticidad ftoséfica y con una notable dosis de virulenciadf. | fica de ta economia politica, Y sabido es que un ju politica— la respuesta de Plechinov, quien ya por su cue ‘anélogo (aunque sin Ia referencia critica al texto de 1859) ta, por lo dems, habla publicado en 1898 La funcion de tM | ha acabado por prevalecer desde hace tiempo en el mar- personalidad en la historia, Sin embargo, lo caracteristi xismo contemporéneo también; en éste se subraya andlo- de jas tomas de posiién antibernsteinianas de Ta tamente el valor resolutivo, por ejemplo, de la carta en- (como también de mucho marxismo actual, que sin emf viada en 1894 por Engels a Starkenburg: «La evolucién | bargo enrojeccria de vergiienza con sélo imaginarse «d politica, juridica, filosdfica, literaria, artistica, etc., des- terminstav) e5 el toner en comin con Bernstein un mismo | cansa en Ta evolucién econémica, Pero todas ells veac- i Presupuesto: un concepto elemental * e ingenuo de eeco! cionan a su vez, tanto entre s{ como sobre la base econé- iH somiae, SHE | mica. No se trata de que ta situacion econdmica sea la i ‘También aqui el punto en que se apoya cl argumentoy sinica causa activa y todo lo demas efecto pasivo. Existe, de Bernstein es un célabre pasaje autocritico de Engels gf | por el contrario, accién reciproca sobre la base de Ia ne: «Sequin la concepeidn materiatista de la historia, el factor gg | _cesidad econémica, que, en ultima instancia, se impone i ae en In storia et detrminante on ita tnstanca esi | siempren” q Ja produccién y Ia reproduccién de la vida real. Ni Marx El comentario de Bernstein a estas lineas de Engels mi yo —escribe Engels en 1890—- hemos afirmado mina gf destaca que se le hace més mal que bien al materiatismo ! ms, Si alguien tergiversa las cosa, afirmando que el fac historico cuando se rechaza con altaneria, como si de tor econémico es el tnieo factor determinante, transforma «¢ celeeticismo se tratara, Ia decisiva acentuacién de eotros esa proposicién en una frase vacia, abstracta, absurdas® 4 factores» distintos al de naturaleza «puramente econdm , Y prosigue: «EI hecho de que los jovenes atribuvan a. § | eres al lado econémico una importancia mayor de Ia que * 35, Joi, Vale pena sealer que esta afirmaciones cat i le gameezonde es cn pate ops mia y de Marx. Tren errr srs pene sos an Je ag shane teniamos que subrayar el principio’ fata) no fe comprnden tamer: Tomadat le de 1a ‘ eee ec atemicon ers a trove Engels, a enninas if ack, QMS Potent as scdenotraione Progen. Seale eee, Ca ia ke ' cin UB, dosumentosknicativo de esta eelementaredads lo cons- enbjaba go era poibie error ilgunos” Fl efecto lamentade por a vain napus ins Econo acne Ome | ‘Ee deb etre por ano na cmos ena 1 sisgo dela Sceunda Tntemadonals = ns” (S08 Gel mar Ugo du ctatctione fon Figs ela ub de: Mary (Test ‘sobre i vege tls dE Enats 0 Bloch dl 24 de sepvembre de 180, en Flderbach),y que escapan, sav tal Yee un caso (er. nota 38)" Mc escra Obras escoxlas (Mosc, Bir Boars, 1), so He) it pe ene " Sib, pe 96 Mt 7 , para limitarse Gnicamente, en cambio, a la «téenica € ia produccién» (Produktionstechnik). El eclecticism ‘séiade Bernstein en polémica con el monismo de Pleché. now a menudo no es més que la reaccién natural contra’ Ja pretension doctrinaria de querer deducirlo todo de un: finieo principio. Ay ¥, a pesar de todo, lo que Bernstein tiene en comin, com Plechinov —y Jo que la «autocritica» de Engels no: po:* dia servir para corregir, sino en todo caso, para acct, tuar—, es nada menos que In profunda adulteracién deli ‘concepto de «economia», 0, mejor, de «relaciones social de producciéns, que se halla en el centro y en Ia base toda la obra de Marx. Y ello en el sentido de que sepa Fada de los demés «factores» y reducido él mismo a ti factor aislado, la llamada esfera econémica —que, para Marx, es produccidn de cosas y a la vez produccién (obje% ivacion) de ideas, produccién y comunicacién intersul Jetiva, produccién material y produccién de relaciones 80! Gales (Ia relacién del hombre con Ta naturaleza, dice Mar es a la ver relacién del hombre con el hombre y vicever: » sa) tiende a vaciarse de todo contenido histérico-social fective para prescutarse en cauibie cuine uu esfer pre Via y anterior a la mediacién interhumana® La produc- ak 38, Este os el perfodo al que, desde nuestro punto de vista, da) lugar ta toria de lor nfactores alta por Engels en ss cars Precisamente en cllas se destaca el papel decisvo ejercido, adem” Er por ia ebase cconémicae, por Ia linmada saobreestructras, £0: fecléndose la interpretacioa de que Ta base econdima> es nae “puramente materialy 0 stéaicossconomicse, que na chive as cciones sociales, por tanto, ia comunicalon intersubjetvar Ane (Que aqui es necesario proceder con gran eatiela, Observes awe Weinmann, por cjemplo, cree advert a esto respecto una diferencia entre el concepto socal de weconomise, propio de Mars, ¥ el natu. Tulista de Engels, Kautsky y Cumow (oft. Kavtoky, Bernstein und ‘lee socialdemotratisehe Programm, cp. 4). La distinein entre ‘curucturse y eooureestructiray, que én Marx € bastante satay fenun mas que tina metsfor, ha’cobrado tn relieve exorbitante l'matnism posterior. Debs observarse, sin embargo, que al menos Sia parte dela responsabilidad por et desarrollo posterior de este Tue de conceptos ay que atibuitla al celebre preftco de Marx a i, Gomirbcton a ta eriica de ta economia polite, donde formule clones como ‘Sel mado de prodsceion de Ia. vida material condk ‘iuna’ el proceso deta vida social, politien y espirtual en general & ‘4 98 a cién social se transforma asi en Ia «técnica de la pro- duccién»; el abjeto de la economia politica en el objeto de Ja tecnologia. Y puesto que esta «técnica», que es la «pro- duccién material» en el sentido estricto de la expresién, se disocia de esa otra produccién simulténea que los hom- bres Hevan a cabo de sus mismas relaciones (y sin la cual, para Marx, ni siquiera la primera es real), la concepeién materialista de la historia tiende a transformarse en una concepeién teenolégica de Ia historia, dando asi la razon 1 esos eriticos del marxismo, como el profesor Robbins, para los cuales el materialismo histérico se resume en Ia idea de que «la técnica material de Ia produccién con- diciona la forma de todas las instituciones sociales, y que todos los cambios en las instituciones sociales son el re- sultado de cambios en la técnica de la producciéne, 0, fi- nalmente, que «la Historia es el epifenémeno del cambio técnicos.* La principal consecuencia de este modo de ver «segiin factoress, que més 0 menos abiertamente serpea por todo el marxismo de la época —y que es la base comin de razo- namientos tan distintos entre sf como los de Bernstein y Plechénen—, es la dad», de materialismo e historia, Ia separacién de ia rela- cién del hombre con la naturaleza de la relacién simulté- nea del hombre con el hombre; en una palabra: la incapa- cidad de entender cémo —sin mediacién interhumana 0 social— es inconcebible el propio instituirse del trabajo y de la actividad productiva, «En Ja produccién —dice Marx— los hombres no acttian solamente sobre la natu- raleza, sino también unos sobre otros. Producen solamente cen cuanto que colaboran de un modo determinado e in- tercambian reefprocamente sus actividades. Para producir entran unos con otras en vinculos y relaciones determi- nados, y su accién sobre la naturaleza, la produccién, Tacen suponer, tomadas al pie de Ja letra, que puede existir una, “produccion material» que no sea.a la ver «proceso socal Sh Le Rooms, At Essay on the Nature and Significance of Eco- omic Science, Londres, 1948, p. 4, 99 tiene lugar tinicamente en el marco de estos vinculos relaciones sociales.» ® a El entrelazarse de estos dos procesos es 1a clave del materialismo histérico, El materialismo tradicional, qué considera a los hombres como un producto y un resulta difican a su vez cl ambiente y que «el educador debe ser dl ambiente, olvida —dice Marx—* que los hombres educado a su vez»; olvida que no es suficiente considera Jas circunstancias préctico-materiales como causa y hombre como efecto, sino que hay que tener presente ta bign el moviento inverso: ya que como el hombre, que’ efecto, es a Ia vez causa de su causa, también esta viltim! 8 a su vez efecto de su efecto. En suma: el hombre, producto de la causacién mat rial objetiva, es a la vez también el inicio de un nueva} proceso causal, que es el opuesto del primero y en él cual el punto de partida no es ya el ambiente natural’ sino el coneepto, la idea del hombre, su proyecto mental Este segundo proceso, que tiene como prius a la idea yep fen el que Ia causa no es por tanto un objeto sino un¥ concepto, respecto del cual el objeto es puesto como fin yf punto de legada, cs Ia lamada causalidad final, ol finals mo 0 proceso teleoldgica, en oposicién a la causalidad eft! ciente o material del primer caso. «BI fin —dice Kant—s§ es cl objeto de un concepto, en cuanto que éste es conside-gs ado como causa de aquél (el fundamento real de su posi. bilidad); y la causalidad de un concepto en relacién a sti” ‘objeto es la finalidad (forma finalis).» * El finalismo, pues, invierte y vuelve del revés el orden de Ia causalidad efi" ciente, en el sentido de que mientras segtin este tltimo decimos que la causa precede al efecto y lo determina," cuando el efecto es un fin, 0 sea, una meta intencional, centonces es él precisamente el que determina la causa eliciente, la cual se convierte en un simple medio puesto 48, K, Mins, Trabajo asalariado y capital, en Obras escocidas, itada, vol Be year 7 41. IIT Tasls Sobre Feuerbach. 482. Kast, Critica del fut, 100 ora bien: Ja simultanidad de estos dos proceso, cada uno de Tos cuales os la wsta del revés del ot sea poser de clo, concutfen juntos @ formar esa 1m Que sage 0 revolutionacre Prasis de que se habla en Tas Me sopre Feuerbach, no es solamente la clave y el se Tea el materaiomo hisérico en su doble acepeién SRetamente- de causaidad (materialismo) y fnalidad Gein, sino que tambidn permite explicar ese lugar vdlucp de la obra. de Mare que es SU concepto de mevedetone 0 etrabajon, como produccion de cosas y & rongr produceion (objetivacién) de ideas, producetén y w wenibacion intersubjetiva,produccién material y Pt Gesién de relaciones sociales. Upa arafia —escribe Marx en un célebre pasaje de {EI Capital 8 ejecuta operaciones que se parecen a las manipulaciones del tejedor, y la construccién de los pa shales de las abejas podsla avergonzar, por su perfeccién, ‘a mas de un maestro de obras, Pero hay algo en que Gi peor maestro de obras aventaja, desde luego, a la mejor abeja, y es el hecho de que, antes de ejecutar 1a Construceién, Ia proyecta en su cerebro, Al final del Groceso de trabajo, brota win resultado que antes de comenzar el proceso existia ya en la mente del obrero; fs decir, un resultado que tenia ya existencia ideal. El fobrero no sé limita a hacer cambiar de forma la ma feria que Je brinda la naturaleza, sino que, al_ mismo tiempo, realiza en ella su fin, fin'que él sabe que rige como una ley las modalidades de su actuacién.» El producto del trabajo, pues, es la objetivacion y Ta cextrinsecacién de la idea del trabajador: es el convertitse ‘en exterior y en real del concepto 0 programa con que el trabajador Se ha puesto a trabajar. Lo cua! significe que el trabajo es una actividad fivalista, que la produceién no es solamente relacién del hombre con la naturaleza, sino tam- ign relacién intertumana, 0 sea, lenguiaje,* manifestacién 48. EL Capital, 1, cit, p. 150. 4 En ‘eideblogia alzmana \a produccién se define como slen- guaje de la vida tea 101