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CRISIS MUNDIAL DEL AGUA

De todas las crisis sociales y naturales que debemos afrontar los seres humanos, la de los recursos hídricos es la que más afecta a nuestra propia supervivencia y a la del planeta. Esto no es ciencia ficción. Se calcula que actualmente existen 400 millones de personas afectadas por la carencia de agua potable. La escasez de ésta es hoy una preocupación en todo el mundo.

Las cifras son contundentes:

400 millones de personas viven en regiones con grave escasez de agua, 41 mil niños mueren diariamente por falta de agua potable. En los países desarrollados el uso de agua es 10 veces mayor que en los del Tercer Mundo.

Por un lado, las reservas el planeta son limitadas. Por otro, la población crece en forma acelerada y la forma en que muchos de nosotros consumimos el mineral aumenta aún más rápido. La evolución del uso mundial de agua es creciente desde 1900, así como también aumenta la diferencia entre la captación del preciado recurso y su consumo.

Desde 1950, el uso del agua se ha triplicado ampliamente y más de 2800 millones de personas en 48 países, tendrán que enfrentarse a severas restricciones de este elemento vital en el 2025. Naciones Unidas dice que una persona necesita un mínimo de 50 litros de agua al día para cubrir sus necesidades básicas: comer, beber, higiene y saneamiento.

La crisis del agua dulce.

La amenazante crisis afecta al mundo desde hace varios años y las perspectivas para el futuro inmediato no son alentadoras. De acuerdo a datos ofrecidos por la ONU, el problema puede llegar a convertirse en una crisis de seguridad global. Es innegable lo dramático de la situación actual, en la que el agua contaminada afecta a 2500 millones de personas; sin embargo el futuro no parece vislumbrarse como mucho mejor. La falta del líquido potable amenaza diariamente a unos mil millones de personas. Es imprescindible que el mundo comience a mirarla como

un problema de ecuación global de seguridad. Por lo menos, éste es el pensamiento que sustentan los especialistas internacionales.

Los problemas relacionados con el agua han sido reconocidos como el peligro más inminente y grave contra la humanidad. Solamente en África, en las próximas dos décadas, 14 países tendrán problemas para proveer de agua potable a su población y otros 13 se encaminan hacia el mismo inconveniente. Se comenta que hay suficiente agua para abastecer a toda la población mundial, aunque el problema se centra en el hecho de saber dónde se encuentra.

Contaminación más enfermedad

El vital líquido cubre el 71 por ciento de la superficie terrestre, la cual le otorga a nuestro planeta ese distintivo tono azul perceptible desde el espacio. Sin embargo,

a pesar de todo esto la cantidad disponible para el uso humano es sorprendentemente poca.

La amenazante crisis afecta al mundo desde hace varios años y las perspectivas para el futuro inmediato no son alentadoras. De acuerdo a datos ofrecidos por la ONU, el problema puede llegar a convertirse en una crisis de seguridad global. Es innegable lo dramático de la situación actual, en la que el agua contaminada afecta a 2500 millones de personas; sin embargo el futuro no parece vislumbrarse como mucho mejor. La falta del líquido potable amenaza diariamente a unos mil millones de personas. Es imprescindible que el mundo comience a mirarla como un problema de ecuación global de seguridad. Por lo menos, éste es el pensamiento que sustentan los especialistas internacionales.

Los pobres son los que más sufren con la crisis del agua. La escasez de ésta se traduce en largas caminatas hasta pozos de agua o ríos, falta de alimentos y mayores riesgos de enfermedad por consumo de agua insalubre. Pero el

desarrollo agrícola e industrial con el que se pretende aliviar la pobreza aumentará

a su vez la demanda global de agua. La Comisión Mundial sobre estimó que se

necesitarán unos US$100.000 millones adicionales al año para aliviar la actual escasez.

Es una cifra cinco veces mayor que los US$ 20.000 millones que se necesitarán anualmente para combatir el SIDA. De acuerdo a la Comisión, los fondos para aliviar la crisis del agua son de tal magnitud que deberán conseguirse en el sector privado. Aún si se logra obtener el dinero, decidir cómo invertirlo es otro desafío. Existen represas y proyectos a gran escala en 60% de los principales ríos del planeta.

Para la humanidad, la pobreza de una gran proporción de la población del mundo es un síntoma a la vez que una causa de la crisis del agua. Dando a los pobres mejor acceso al agua mejor manejada podemos hacer una enorme contribución a

la mitigación de la miseria. Tal administración mejor nos permitirá encarar la

creciente escasez per capita en muchas partes del mundo en desarrollo.

Soluciones inmediatas

La solución de esta crisis en sus numerosos aspectos no es sino uno de los diversos retos con que se enfrenta la humanidad al confrontar la vida en este tercer milenio, y es necesario verla dentro de ese contexto. Debemos colocarla dentro de un panorama general de solución de problemas y resolución de conflictos. Mas entre todos los problemas sociales y de recursos naturales con que nos enfrentamos los seres humanos hoy día, es la crisis del agua que se encuentra en el meollo de nuestra supervivencia y la de nuestro planeta Tierra.

No sólo nosotros la necesitamos, sino también todas las especies con las que compartimos nuestro planeta. Por otra parte, el cambio climático también tendrá un impacto. Algunas zonas se verán favorecidas por mayores lluvias y otras no. Debemos pensar cuánta agua realmente necesitamos si queremos aprender a compartir los recursos del planeta. Cada vez se reconoce más, que en lugar de construir más represas debemos aprender a utilizarla en forma más eficiente a la que ya tenemos acceso. Para millones de personas en el mundo, que se logre acciones concretas en ese sentido es literalmente una cuestión de vida o muerte.

A pesar de ser un tema de actualidad, aún no hay una plena conciencia de la

situación y la cantidad de agua del planeta es limitada, por lo que pronto se aproxima una crisis mundial por su escasez. Sin embargo, la cuantía del agua existente en el planeta es suficiente para todos, por lo menos para cubrir las necesidades básicas, pero sin la conciencia del buen aprovechamiento de este elemento indispensable para la supervivencia del ser humano, vamos directo al caos.

La cantidad de habitantes del planeta crece rápidamente y por ende la cantidad de utilización del agua crece aún más. El consumo del agua en el mundo aumentó seis veces entre 1900 y 1995 y sigue acrecentando a medida que sube

la demanda doméstica e industrial. Por otro lado, los recursos de agua dulce se

ven reducidos por la contaminación. Unos dos millones de toneladas de

desechos son arrojados diariamente en aguas receptoras, incluyendo residuos industriales y químicos, vertidos humanos y desechos agrícolas como fertilizantes, pesticidas y residuos de pesticidas.

En el caso del agua la cantidad es tan importante como la calidad, ya que el aumento de contaminación hace que la cantidad del agua potable disminuya. Por otra lado, es evidente que para que tenga un funcionamiento importante para el ser humano y todo el medio ambiente, la calidad del agua es fundamental para el alimento, la energía y la productividad.

Menos del 1% del agua del planeta es dulce y accesible para el hombre, aunque este porcentaje varía considerablemente según el lugar, el clima o la época del año, y aproximadamente las dos terceras partes del agua dulce se encuentran inmovilizadas en glaciales. La difícil situación por la escasez del agua, desafortunadamente, no nos afecta solo a nosotros sino a las demás especies con las que compartimos el planeta. Por esta razón hay que repensar la cantidad de agua que necesitamos realmente para no quitarle la oportunidad a las otras especies que al igual que nosotros dependen de ella.

Los seres humanos hemos sido muy egoístas en la utilización de los recursos del planeta. No solo estamos quitándole la oportunidad a los seres vivos que nos acompañan y que dependen del ecosistema, sino a las próximas generaciones que tendrán que sufrir las negativas consecuencias del mal cuidado y el derroche desmedido de los recursos.

Ante una situación de carencia de agua se amenazarían directamente tres aspectos fundamentales para el bienestar de la población. Estos son: la producción de alimentos, la salud y la estabilidad política y social. Esto aún sin considerar el aspecto ecológico.

Cerrar el grifo del agua mientras nos cepillamos los dientes, no demorarnos tanto al bañarnos, lavar menos el carro, son solo algunas de las mínimas precauciones que debemos tomar cuando utilizamos el agua y que muy seguramente serán un granito de arena para empezar a tomar conciencia de que debemos de hacer algo para evitar que el agua de acabe.

Para muchos, la falta de agua potable es una realidad de todos los días. En la actualidad 31 países se ven frente a la difícil situación de la escasez del agua. Se calcula que para el 2025 la cifra subirá a 48 países lo que afectará al 35% de la población mundial. Enfermedades como el paludismo, el cólera, la fiebre tifoidea, y esquistosomiasis, provocadas por el consumo de agua contaminada,

matan a más de cinco millones de personas por año, equivalente a diez veces más que el numero de personas que mueren a causa de las guerras en el mundo.

Para muchos países quizás la crisis sea inevitable debido a que ya tienen escasez de agua y un crecimiento constante de la población. Para muchos otros la crisis se puede evitar si se crean y aplican estrategias políticas adecuadas y breves que propendan a la conservación y el mejor aprovechamiento de este recurso. Para prevenir una catástrofe es importante actuar ya y desacelerar el crecimiento de la población con el fin de estancar la demanda. Los programas de planificación familiar son importantes y valederos para reducir los niveles de sobre población, si se continúan y aplican llegaremos a niveles sostenibles con relación a la cantidad de agua existente en el planeta.

Igualmente, es importante hacer un claro dimensionamiento de la cantidad de agua que las personas gastan por países, y generar mecanismos que nos obliguen a controlar las cantidades usadas del recurso. El impacto de la huella ecológica es muy importante para definir los programas de control natal y que estos tengan un impacto verdaderamente profundo en el medio ambiente.

Es evidente que el derroche de agua en las potencias occidentales es mucho más grande que el se consume en los países más atrasados de África. Por lo tanto, un control natal en el continente, donde se tiene la tasa de nacimientos más grandes del mundo, no tendría tanto efecto como una mejora en el uso del mismo en los países más avanzados. Frente a eso, es de decir que el control natal en los países más avanzados debe ir en total concordancia con un manejo más controlado del agua.

Un mundo sin agua es un mundo totalmente inestable. Sin agua se obstaculizaría el mejoramiento y el progreso de los niveles de vida y la salud, por eso las medidas que pretendan soluciones frente a esta próxima crisis son urgentes y de acciones inmediatas. El manejo adecuado de este recurso es vital para mantener el equilibrio entre crecimiento económico, equidad, y sustentabilidad ambiental a través de la colaboración y la acción efectiva de todos nosotros.

Así mismo, el miedo a futuro es que se cumplan los presagios apocalípticos de un mundo geopolíticamente definido por la escases del recurso. Si hoy en día hemos visto lo que es capaz de hacer la potencia más poderosa de todos los tiempos en pro de mantener las reservas de la materia prima más importantes

para la economía, es evidente que el desespero por la falta del liquido más importante para la sobrevivencia humana sería algo mucho más aterrador.