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Oda a una estrella

De astral acetileno
que palpitaba como si quisiera
regresar a la noche,
yo no poda
preocuparme de todos
mis deberes
y as fue que olvid pagar mis cuentas
y me qued sin pan ni provisiones.

Mientras tanto, en la calle,


se amotinaban
transentes, mundanos
vendedores
atrados sin duda
por el fulgor inslito
que vean salir de mi ventana.

Entonces
recog
otra vez mi estrella,
con cuidado
la envolv en mi pauelo
y enmascarado entre la muchedumbre
pude pasar sin ser reconocido.
Me dirig al oeste,
al ro Verde,
que all bajo los sauces
es sereno.