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CAPITULO IX

LA AUTORREVELACION DEL DIOS TRINO EN LA CONSUMACION DEL HOMBRE (ESCATOLOGIA)

  • 1. HORIZONTES Y PERSPECTIVAS DE LA ESCATOLOGIA

CAPITULO IX LA AUTORREVELACION DEL DIOS TRINO EN LA CONSUMACION DEL HOMBRE (ESCATOLOGIA) 1. HORIZONTES Y

1.1.

La temática y el lugar de la escatología en el cuerpo de la dogmática: en los manuales de dogmática de modelo neoescolástica se entendía la escatología como la doctrina de «las últimas cosas». Se la conceptuaba, por tanto, como el tratado último de la dogmática y abarcaba los temas de la muerte y el juicio, del cielo y el infierno. El predicado escatológico no sirve tan solo para calificar todas

aquellas realidades que acontecen “en último lugar”, después de la muerte, sino que se refiere sobre todo al análisis de la autorevelación del Dios trino, bajo el punto de vista de su auto-apertura definitiva para la salvación de los

hombres. En la creación y la consumación Dios se revela como el mismo, como «el Primero y el Último, como el «Viviente» como «el alfa y la omega», «el principio y el fin».

En la fe, en la esperanza y en la caridad se encuentra el hombre, en efecto, ya ahora, en unión con Dios y participa, ya ahora, definitivamente, de la vida del Dios trino. De todas formas, esta concepción de lo escatológico como una cualidad actual (presente) de la revelación y de la respuesta creyente del hombre no excluye el horizonte futuro de la plenitud y la consumación del mundo y del hombre. La escatología de presente es el principio dinámico mediante el cual el creyente se deja mover por Dios hacia su meta final futura. La escatología debe ser expuesta desde la perspectiva estricta de la teología de la revelación, en el horizonte de la autocomunicación de Dios al hombre. Encuentra su punto culminante en Jesucristo como el «hombre ultimo». Los ejes y los puntos cardinales de la escatología cristiana son la fe en la autocomunicación definitiva de Dios en su Hijo y la elusión del Espíritu de Dios en «los últimos días». En la autocomunicación escatológica de Dios en Jesucristo se revela, en efecto, el creador y consumador del mundo y del hombre. Por eso puede decirse que la escatología es teología concreta de la creación. Se mueve en el horizonte de la autocomunicación de Dios llegada a su plenitud en el acontecimiento de Cristo. Caracteriza bajo el punto de vista del «de una vez para siempre» la auto promesa irreversible de Dios en su Hijo en esta etapa final, en su obediente auto entrega en la cruz por nosotros y en la comunicación de su Santo Espíritu.

1.2. Los interrogantes de la escatología

La escatología individual: es decir, el modo como la autocomunicación de Dios afecta a cada ser humano concreto desde el punto de vista de su decisión libre y de su auto disposición. Incluye así mismo su designo último, ya sea en la unión amorosa con Dios o en la oposición definitiva a este amor divino.

La conexión entre la Iglesia y la escatología, es decir, el interrogante de hasta que punto y en qué medida la autocomunicación escatológica de Dios afecta a la Iglesia como un todo dado que, en definitiva, esta Iglesia «es en Cristo como el Sacramento y el instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (LG 1) . La consideración escatológica remite a la Iglesia como comunidad de fe, de esperanza y de caridad, así como de oración de los unos por los otros y comunión de los santos, que abarca tanto a la Iglesia terrestre como a la perfecta y consumada.

La escatología universal: el problema de como se ve afectado el hombre, en cuanto ser dotado de una orientación a la historia universal y en cuanto existencia corpóreo-espiritual creada, en el horizonte de la nueva venida de Cristo, del Juicio final universal, de la resurrección general de los muertos, del fin de la historia y de la fe, en definitiva, en el acto trascendental de la nueva creación y de la fundamentación de nuevo cielo y tierra nueva, para que al fin Cristo sea todo en todo y Dios domine en todos y sobre todo.

  • 1.3. La hermenéutica de los enunciados escatológicos:

La escatología individual : es decir, el modo como la autocomunicación de Dios afecta a cada

La escatología no proporciona información anticipada ni describe el escenario plástico en el que se desarrollaran acontecimientos situados más allá del tiempo y del espacio. Refleja más bien aquella autocomunicación personal de Dios al hombre que le incita a tomar decisiones en el tiempo y en la historia ante el horizonte de la consumación trascendente que le ha sido prometida.

La escatología individual : es decir, el modo como la autocomunicación de Dios afecta a cada
  • 1.4. Principales declaraciones del magisterio sobre la escatología

    • a) El destino del hombre como persona concreta

1

La muerte es consecuencia del pecado

Decreto sobre el pecado original del con cilio de Trento, 1546

2

La muerte es

el

fin

del estado de peregrinación. Tras la

 

muerte, el hombre no puede ya influir en su destino

De los errores de Martin

definitivo con nuevos méritos

 

Lutero en la bula Exsurge

 

Domine de 1520.

3

Con la muerte de Cristo ha quedado definitivamente vencido el dominio de la muerte en cuanto expresión de la ausencia de la gracia.

Todas las confesiones de fe.

4

Tras la muerte, sigue inmediatamente el juicio individual, en el que se decide el destino eterno bien a la felicidad (cielo), bien a la purificación en el purgatorio o a la condena en el infierno.

Bula Benedictus Deus del papa Benedicto XII,

1336

5

Existen varios nombres para designar este estado de felicidad, tales como cielo, paraíso celeste, patria. Se conoce a Dios en su unidad, en su trinidad y en las procesiones de las personas divinas. La visión de Dios es sobrenatural. Solo en virtud del lumen gloriae, infundido por la gracia en sustitución del lumen fidei, pueden el espíritu y la voluntad ser elevados a la contemplación de la esencia divina.

 

La visión de Dios es sobrenatural. Solo en virtud del lumen gloriae, infundido por la gracia en sustitución del lumen fidei, pueden el espíritu y la voluntad ser elevados a la contemplación de la esencia divina.

De la bienaventuranza celeste…

Solo quien muere en posesión de la gracia justificante y en

el amor de Dios y está enteramente libre de la culpa y de

las

penas merecidas por los

pecados puede alcanzar,

inmediatamente después de la muerte, aquella contemplación.

6

Del purgatorio se dice que existe

y

que

es

el «lugar»

 

(status) donde el hombre se purifica (purgatorio)

de

los

I concilio de Lyon de

castigos de los pecados que aún le restan por cumplir.

 

1254

7

El pecado original es castigado con la perdida de la visión de Dios. Quien muere sin haber alcanzado mediante el bautismo la gracia plena de la justificación solo sufre la poena damni, que se identifica con la privación de la visión

carta del papa Inocencio III a Umberto de Arles,

divina.

de 1201

8

Del infierno se ensena que entra en el quien se obstina en el pecado mortal hasta la muerte.

Benedictus Deus:

concilio de

El fundamento de la condenación eterna se encuentra en la libre voluntad de las personas atrae sobre si la reprobación

Florencia:1306

divina,

porque

persevera

hasta

la

muerte,

sin

 

arrepentimiento y penitencia, en el estado de pecado mortal actual.

  • b) La comunión de vivos y muertos en Cristo:

  • Entre cuantos pertenecen a Cristo existe una verdadera comunión en la salvación, ya sean los santos en el cielo, los fieles todavía peregrinos en la tierra o las almas que se purifican en el purgatorio.

  • Los santos en el cielo interceden por los hombres de la tierra.

  • Las almas en el estado de purificación comparten la comunión de los santos, pero por sí mismas no pueden hacer nada en su propio beneficio.

    • c) La escatología universal:

Al

final de los tiempos, vendrá por segunda vez Cristo en la naturaleza

humana que ha asumido como propia.

 

Todos

los

hombres,

incluidos

los

condenados,

participaran de la

resurrección de los muertos, unos para la vida eterna y otros para la eterna condenación en alma y cuerpo. Todos resucitaran con sus propios cuerpos, en su propia carne es decir, no tendrán un cuerpo etéreo o fantasmal.

A la resurrección de los muertos sigue el Juicio universal sobre todo el género humano y sobre su historia. Al final se implantara el reino de Dios y de Cristo. Los bienaventurados tendrán vida eterna, fruto de la justificación, de la gracia y de los méritos por las buenas obras. Finalmente la Iglesia pasa al reino «celeste». Llegará a su fin en cuanto medio de salvación, pero continuara existiendo como fruto de esta salvación.

  • 1.5. Diferencias respecto de la confesión ortodoxa y la de la Reforma

Las diferencias en

la

doctrina

sobre

la

escatología se reducen al

tema del

«purgatorio». Las Iglesias ortodoxas no han compartido la evolución de la escatología individual de Occidente. La visión de Dios o, respectivamente, su pérdida, solo se produce, según las Iglesias orientales, en la hora de la consumación del mundo, con el último juicio. Las Iglesias ortodoxas confiesan, igual que la católica, que puede orarse por los difuntos para aliviar su suerte.

La doctrina de la justificación, a la que se opone, en opinión de los reformadores, la doctrina de las indulgencias y de la oración en favor de los difuntos. También el sacrificio de la misa por los vivos y los difuntos parece ser contrario a la idea básica de que el sacrificio de Cristo es total y absolutamente suficiente para el perdón de los pecados. Lutero y Calvino interpretaban las enseñanzas católicas

en el sentido de que la misa, la oración y las indulgencias ejercen un influjo humano sobre Dios, para moverlo a la reconciliación. Ahora bien, la reconciliación es un don de Dios que aceptamos en la fe, que nos limitamos a recibir y respecto del cual las acciones humanas no tienen ninguna capacidad de influencia. Si se entiende la fe solo como adhesión confiada de cada ser humano a los merecimientos de Cristo y no también como el origen de una nueva existencia, en la que la decisión básica, única y determinante, se traduce en múltiples manifestaciones vitales. Así entendidas, tanto la salvación como la redención en Cristo están siempre marcadas por su carácter comunitario. Desde este horizonte de comprensión, la intercesión por los otros es la manifestación de la solidaridad en la salvación y, en este sentido, la cristalización de la consecuencia de su dimensión social.

1.6.

La

escatología

cristiana como lugar de confluencias y

divergencias.

 
En la escatología se condensa la visión cristiana de la

En

la

escatología se condensa la visión cristiana

de

la

realidad

en

su

conjunto.

Así

se

explica

que

en

las

declaraciones concretas sobre el destino del hombre y del

mundo

reaparezcan

una

y

otra vez todos los problemas

básicos: la concepción de Dios, la idea de la revelación, la

intelección del

mundo

como

creación

y,

en

especial, la

imagen del hombre, llamado, como criatura, a la plenitud

sobrenatural

en

la

gracia

de

Dios

y

a

la

comunión

sobrenatural

con

la vida divina,

en

la

que

esta inserto, ya

desde ahora, en su existencia

natural (cuerpo y alma) en el acontecimiento

trascendente de la consumación.

a). La fe en la inmortalidad en la filosofía griega La mitología griega conoce la idea de una existencia en sombras de los muertos en el Hades, o el traslado de algunos predilectos de los dioses a los felices campos del Eliseo. La antropología dualista maneja la teoría de las dos naturalezas a saber el alma y el cuerpo. Platón entiende el alma como aquella realidad que es capaz de concebir las ideas de belleza, verdad, justicia y bondad. El alma, según esto, habría preexistido en el reino de las ideas ya antes de su unión con el cuerpo, en el que entra y en el que se encuentra como en una «mazmorra». Aristóteles sostenía que todo conocimiento se inicia con las percepciones sensoriales. Rechaza la concepción del conocimiento como recuerdo por parte del alma de las ideas que tuvo en su pre-existencia. El alma es la entelequia que lleva a cabo y consuma lo que es el cuerpo en potencia. El alma surge y muere con el cuerpo.

en el sentido de que la misa, la oración y las indulgencias ejercen un influjo humano

En la edad Media Averroes negaba la inmortalidad del alma y solo admitía la indestructibilidad de una razón universal. A esta teoría el V concilio de Letrán la condeno y afirmó que la inmortalidad del alma es una verdad al alcance de la razón.

  • 1.7. Redescubrimiento de la escatología caracter básico del cristianismo.

Escatología

Representantes

Teoría

La

 

Parten de que, en su espera próxima apocalíptica futurista, Jesús había esperado que el reino irrumpirá en el mundo desde arriba en un futuro inmediato. Tras su muerte, la comunidad

escatología

Johannes Weiss,

habría seguido esperando esta venida inminente. Pero el

Consecuent

Albert Schweitzer

e

y Martin Werner

retraso de la parusía habría motivado una des-escatologización de la proclamación del reino de Dios y, en consecuencia, su transformación en un sistema dogmático y moral influido por el helenismo.

La

 

Hacia resonar las trompetas del juicio sobre el cristianismo de la cultura liberal y sobre la teología de la historia: «Un cristianismo que no sea total, entera y absolutamente

escatología

escatología no tiene total, entera y absolutamente nada que ver

trascendenta

l actualizante

Karl Barth

con Cristo». El hombre no se mueve, en esta concepción, de forma histórica lineal entre los polos del «ya» y del «todavía no». La palabra de Dios seria a la vez frontera, crisis y orientación del hombre en radical oposición a una senda religiosa que llevará al hombre desde sí mismo a Dios.

 

Rudolf Bultmann

Entendía la espera próxima temporal y las afirmaciones con cretas, cósmicas y escatológicas, sobre el fin del mundo como elementos de una imagen mítica del mundo ya superada. El mensaje de Jesús me invita a la decisión y, con ello, a la autenticidad de mi existencia. El encuentro con Jesús me sitúa, aquí y ahora, en el fin del mundo y del encerramiento en mí mismo y, a la vez, en la existencia nuevamente creada de la determinación. El «acontecimiento escatológico» es Jesucristo mismo.

 

Oskar Cullmann

Reasume los rasgos históricos, mundanos y sociales del evangelio implícito en la proclamación escatológica del reino de Dios. Lucas habría señalado a Jesucristo como «el centro del tiempo». Abarcara, desde el presente, las dimensiones del pasado y del futuro. El cristiano se encuentra situado entre el «ya» cumplido y el «todavía no».

     
 

Wolfhart

Considera que la autocomprención del hombre se fundamenta en una mediación entre la referencia a Dios y la relación al mundo. La fe se referiría, según el, a la historia real y no al

de su resurrección de entre los muertos.

Pannenberg

simple «que» de una historicidad vacía, como en el

existencialismo abstracto. La historia universal es el marco en el que podemos entender cada uno de los acontecimientos de la historia, entre ellos, la historia de Jesús y, más en concreto, el acontecimiento histórico

La teología

 

Se propone reconquistar la dimensión escatológica de la fe

misma como ideología de la consolación.

de la

cristiana a través de la protesta contra la reclusión de la fe en el

liberación

ámbito de lo privado y su reducción a la esfera de la intimidad, y

en contra también de una ética del sentimiento y del abuso de la

  • 1.8. Las categorías conceptuales de la escatología actual

    • a) Teocentrismo, cristocentrismo, antropocentrismo:

De la teología de la creación, considerada en su conjunto, se desprende que en el ordenamiento de sus principios espirituales y materiales el mundo se concentra en el hombre. La persona humana, que subsiste en una naturaleza corpóreo-espiritual, es tanto en razón de su origen como de su fin— el soporte de la autotrascendencia de toda la creación. El encuentro del hombre y Dios alcanza en Jesucristo una cima insuperable. Dios constituye el eje y el punto cardinal del acontecimiento de la salvación y concilian el antropocentrismo de la creación con el teocentrismo humano. Así entendido, el cristocentrismo pasa a ser la dimensión determinante tanto de la praxis de la Iglesia como de la reflexión teológica.

  • b) El encuentro dialogal con Dios:

En la encarnación del Logos Dios se convierte en el soporte y portador de una historia de comunicación humano-divina. El hombre nuevamente creado en Cristo participa con el de

su relación filial al Padre en presencia de la gracia y del Espíritu, en el que acontece Ia comunión del Padre y el Hijo como amor.

  • c) La estructura corpóreo-mundana de la transmisión de la salvación:

Desde los presupuestos de la creación, y más aun de la encarnación de Dios, no cabe

esperar, en la perspectiva cristiana, una redención frente al mundo, sino una redención del mundo y del hombre. Con la muerte del hombre no desaparecen ni su constitución corporal ni la intercomunicación personal, sino que son llevadas a su plenitud en la comunión con Dios y con los demás hombres. Por consiguiente, el cristiano espera su «resurrección corporal» y «un nuevo cielo y una nueva tierra».

  • d) El futuro como dimensión del presente salvífico:

Mediante el acontecimiento de la redención y su transmisión en la fe, el bautismo y la comunión eclesial se hace presente la salvación escatológica en el centro de la realización personal del hombre. Entiende el futuro histórico como el horizonte ante el que

se alcanza a sí mismo en las múltiples dimensiones de su realidad creada y en el que Dios se le ha prometido como el futuro trascendente absoluto. La presencia salvífica escatológica de Dios en Jesucristo —en el mundo y en el corazón del hombre— no mengua el valor de las actividades históricas concretas del hombre, no la amenaza ni las paraliza. Hace que los cristianos no solo no teman la pronta llegada del fin del mundo, sino que la anhelen y supliquen su pronta venida: «Marana tha: Señor nuestro, ven». Finalmente la escatología no es una llamada de advertencia ante una inminente catástrofe cósmica («el crepúsculo de los dioses») ni favorece el estado de ánimo de un ocaso del mundo («los últimos días de la humanidad»). La escatología es el evangelio de la autorevelación de Dios como consumador de su creación.

se alcanza a sí mismo en las múltiples dimensiones de su realidad creada y en el

II. ESCATOLOGIA DE LA AUTORREVELACION EN EL TESTIMONIO BIBLICO

se alcanza a sí mismo en las múltiples dimensiones de su realidad creada y en el
  • 2. La escatología adventista del Antiguo Testamento

La escatología tal como la conocemos fue un proceso que se fue gestando a partir de la revelación divina y de la meditación humana a lo largo de la historia, de personas que tenían una mirada esperanzadora frente a la realidad de la muerte lo cual llevó a una escatología individual; junto a ella fue apareciendo una escatología eclesial, que entendía al pueblo de la alianza como señal indestructible e instrumento de la voluntad salvífica de Dios; y una escatología universal que espera la creación de un nuevo cielo y una tierra nueva. Esto lo podemos ver concretado en los siguientes puntos:

  • 2.1. Yahvéh, el Dios de la salvación: El pueblo de Israel experimenta a Yahvéh como aquel que da y origina la salvación, la cual, en un comienzo, no toma dimensión escatológica, sino que se manifiesta en el favor de Dios, es decir, con la salud, la larga vida, riqueza, triunfos sobre los otros pueblos, tierras, etc. Lo cierto es que se le ve como un Dios que a pesar de las infidelidades del pueblo está siempre ahí, pues es un Dios fiel a sus promesas.

  • 2.2. La trasposición de la esperanza de Yahvéh en la teología profética: Hasta la destrucción del reino del norte en el 722 a.C. y el exilio babilónico de Judá en el 587 a.C. no se tenía la idea de que el futuro pudiera tener un final, pues se pensaba que si Dios era el señor de la historia, esta no tendría final, pero estas dos grandes catástrofes para el pueblo, lo llevaron

a contemplar la realidad como un juicio y castigo consecuencia de haberse apartado de Dios. Y entonces toman sentido las palabras que Amós había pronunciado dos décadas antes, que anunciaba un juicio para el pueblo en el que Dios se quedará con el resto de Israel, con los que sean fieles a la alianza y hará de ellos un nuevo pueblo donde la unión de Yahvéh con su pueblo será tan estrecha que toma un carácter esponsal. Entonces empieza a aparecer la idea de un Mesías rey, hijo de David, que gobernará como pastor y príncipe a su pueblo, como lo vemos en Miq 5, 1-5 y en Ez 34, 23.

  • 2.3. La dramatización de la esperanza en Yahvéh en la Apocalíptica: entre la situación del pueblo de Israel y las promesas he chas había gran divergencia, por ello para soslayar esta brecha se recurre a la apocalíptica que muestra luchas constantes entre el mal y el bien, donde el cumplimento de las promesas toman un carácter escatológico, dándose un giro de dimensión respecto al fin de la historia cuya superación adquiere una meta trascendental, donde el futuro no es ya algo desconocido, pues el pueblo sabe el proyecto divino. Así bajo la impresión de la guerra judía y más tarde también en la situación de persecución que padecían las pequeñas comunidades cristianas de Asia Menor se recurrió con mayor fuerza a las imágenes y los motivos apocalípticos para la descripción de la escatología de carácter cristológico, como lo vemos en ideas tales como la batalla entre Dios y lo poderes del demonio, la espera de la Parusía, la espera de los cielos nuevos y la tierra nueva, la espera del reino de Dios. etc.

  • 2.4. La esperanza en una existencia después de la muerte

    • 2.4.1. Yahvéh y los muertos: en el Antiguo Testamento, se tiene una visión de Yahvé como un Dios de vivos y no de muertos, se pensaba que quien moría iba al sheol que era un lugar sin Dios de donde no se retorna. Pero también afloraba la esperanza de verse librado del sheol y de ser aceptado en la luminosa gloria de Dios, como Henoc, de quien se dice en Gn 5, 21-24 que Dios se lo llevó, o como el profeta Elías, que ascendió al cielo en un torbellino (2Re 2, 11).

    • 2.4.2. La resurrección corporal: después del exilio, la esperanza va tomando un carácter apocalíptico, una espera después de la muerte donde Dios salva al hombre tal cual es como unidad escatológica, incluso el apocalipsis se Isaías se atreve a decir que hasta la misma muerte será destruida, que los muertos vivirán y los cadáveres se levantaran (Is 26, 19). Unido a este Dn 12, 1-3 dice que muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertaran: éstos para la vida eterna, aquellos para la eterna ruina; otro testimonio lo ofrece uno de los hermanos Macabeos que le dice al rey Antíoco, “Dios nos ha dado la esperanza de ser de nuevo resucitados por él” (2Mac 7, 14), así, apoyándose en la fe, Israel llegó a la conciencia de

que para quien es fiel a la alianza, Dios le dará una recompensa que va incluso más allá de la muerte.

  • 2.4.3. La resurrección de Israel: podría decirse que una muestra de esto es el pasaje de los huesos secos de Ezequiel 37, 11-14, pero ello posiblemente solo se dirige a que Dios saca a su pueblo de los sepulcros y los devuelve a la tierra prometida, aunque algunos defienden que si es muestra de una autentica resurrección, lo cierto es que es un asunto del que no se sabe a ciencia cierta el significado.

  • 2.4.4. La incorruptibilidad e inmortalidad del hombre: no se entiende aqui que la incorruptibilidad del alma sea una especie de elemento sustancialmente divino. Se trata, más bien, del ser humano en cuanto criatura de Dios, que puede albergar la esperanza de inmortalidad (Sab 3,4) porque su alma esta cobijada en la mano de Dios. El conocimiento de Dios y la justicia de la alianza son «las raíces de la inmortalidad* (Sab 15,3) y el fundamento de la incorruptibilidad (Sab 6,18). Hay que tener en cuenta que en tiempos de Jesús, todavía no se había alcanzado en el judaísmo una visión unitaria y compartida por todos acerca de Ia resurrección. Los saduceos la rechazaban, mientras que era aceptada por los fariseos (cf. Mt 22,23; Act 23,8).

  • 2.4.5. La morada de los muertos: viendo que era injusto que los buenos tuvieran el mismo fin que los malos después de la muerte, se empezó a contemplar la idea de dividir el hades, entonces a la parte superior se le llamó cielo, paraíso, nueva Jerusalén, que es el lugar de Dios y de los justos y, la parte inferior, recibió el nombre de infierno, valle de los muertos y lago de fuego. Contemplando, igualmente, en esta concepción un estado intermedio, en donde estarían quienes todavía no pueden ver a Dios.

que para quien es fiel a la alianza, Dios le dará una recompensa que va incluso
  • 2.4.6. Estado intermedio, purificación, intercesión, oración: en el Antiguo Testamento se ve ya un rito de intercesión por los pecados de los difuntos, es así como Judas Macabeo orden hacer un sacrificio de expiación por los caídos en batalla de Israel en cuyos cuerpos se encontraron imágenes de ídolos (Mac 12, 43-46).

    • 3. El centro de la escatología neotestamentaria en la programación del reino de Dios de Jesús.

      • 3.1. La proclamación del reino de Dios como el nuevo enfoque centralizador: el núcleo de la enseñanza de Jesús fue el anuncio del reino, con ello cambió la mentalidad del pueblo que esperaba al mesías, pues aunque no lo define explícitamente, sí muestra que, el reino no tiene un carácter triunfalista según el mundo, por ello dice que el reino no pertenece a este

mundo (Jn 18, 36), ya que su reino es la expresión dinámica de la salvación. Así las cosas, el reino se experimenta por la fe, no en un espacio o lugar específico, y aunque sí es un cambio de mentalidad, esta no es de carácter triunfalista, sino humanista, es decir, su reino es de los pobres, de los marginados, de los que sufren, de los que aceptan libre y voluntariamente a Cristo y comprometen con él toda su existencia, por ello compromete en el amor por el prójimo, pues su reino es de acción y como tal compromete a quienes lo aceptan con su misión evangelizadora. Resumiendo podemos decir, que el reino de Dios no es una idea, sino una persona la de Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios.

  • 3.2. La escatología en los Sinópticos:Los sinópticos identifican a Jesús como el Hijo del hombre y se le entiende como el revelador escatológico del Padre y el portador histórico del reino de Dios, se le espera como juez del mundo que, vendrá súbitamente, al final de los tiempos en las nubes del cielo; al ser rechazado por el pueblo, Jesús tiene que emprender el camino del Hijo del hombre doliente (Mc 8,38). A través de la pasión, el Señor resucitado se revela también como juez. Solo con la parusía se hará patente a todos los hombres su verdadera significación. Se salva quien sigue a Cristo en su pasión y su cruz y le confiesa en la fe como Hijo del hombre. Mateo declara que en Jesús se ha cumplido la promesa escatológica del reino de Dios. El Señor resucitado está presente y actúa en su comunidad hasta la consumación del mundo (Mt 28,19). A él le ha sido entregado todo el dominio y todo el poder de Dios sobre el mundo. Sus discípulos son el verdadero Israel y la comunidad salvífica escatológica, llamada a la proclamación universal del evangelio, al servicio de la salvación del perdón de los pecados y al seguimiento, así tras la muerte y resurrección de Cristo comienza el tiempo de la Iglesia.

  • 3.3. Enunciados escatológicos en las cartas paulinas: Para pablo al Cruz y resurrección de Jesús constituyen el punto crucial, por ello ve en Jesús el complimiento de las promesas de Dios, quien a su vez en función vicaria asume sobre sí el castigo merecido por nuestros pecados para dar la salvación al género humano, por ello, quien vive en Cristo se convierte en nueva creatura (2Cor 5,17), pues justificado y santificado en el Espíritu Santo, puede superar las seducciones del pecado (Gal 5, 16-24). La historia llegará al final, cuando Cristo haya aniquilado todo principado, todo poder, toda majestad y entregue y entregue su reino a Dios Padre, así lo verdaderamente determinante para Pablo es pertenecer a Cristo en la vida o en la muerte, pues tras la muerte se encuentra con él, ante quien debe comparecer sobre lo que vivió en el cuerpo, sea bueno o malo (2Cor 5, 10).

  • 3.4. La escatología de las cartas deuteropaulinas:

En

la

muerte

y

resurrección de Cristo la salvación está ya dada, por ello se enmarcan en la espera de la parusía que será el reinado definitivo de Dios y la consumación de la historia, es aquí donde radica la importancia de dar a conocer a Cristo a todos los hombres y es esta precisamente la misión de la

Iglesia; pues equipándose con las armas de Cristo el cristiano puede alcanzar la victoria en el combate espiritual contra las acciones del Demonio. Pero este triunfo sobre la tentación tiene su recompensa, por ello el cristiano espera la consumación futura en la epifanía de Cristo.

  • 3.5. La restante literatura epistolar: La comunidad día a día está enfrentada a la prueba de su fe, donde saldrá triunfante si mantiene su fidelidad a Cristo, es por ello que la aparición de doctrinas erróneas es señal de que se ha iniciado ya el tiempo final en donde se enfrenta a un mundo hostil que persigue a quienes declaran el nombre de Cristo. Es así que escritos como la carta a los hebreos ve que la automanifestación salvífica de Dios es ya un hecho, por ello se pide renunciar a la tibieza de la fe. Los demás escritos al ver la tardanza de la Parusía dicen que Dios da muestras de su paciencia para que todos tengan tiempo de arrepentirse (2Pe 3, 4), así su esperanza radica en la venida gloriosa del Señor.

  • 3.6. La dimensión escatológica de Juan: Jesús es la Palabra eterna del Padre, en su vida terrena se manifestó como luz y vida, como verdad y camino al Padre. Lo que busca con su muerte y su glorificación en la resurrección es preparar a los creyentes una morada en la casa del Padre, así el Padre y el hijo han fijado una morada en quienes creen y aman, y en ellos actúa el Espíritu Santo (Jn 14, 23). Pero la consumación última tendrá lugar en la segunda venida de Cristo, no obstante quien cree en Cristo y compromete con él su vida tiene vida eterna.

  • 3.7. El apocalipsis de Juan: Centra su atención en la interpretación de sucesos históricos y en la relación con Dios en Cristo, quien es el cordero degollado, aquel que merece todo honor y toda Gloria, así en la unión de la Iglesia peregrina con la celeste encuentra sentido la vida cristiana y el perseverar ante las duras pruebas de la persecución. Es entonces cuando utiliza las imágenes de los perseguidores del cordero y del falso profeta y la prostituta para mostrar con ello que el reinado de Cristo tiene opositores, pero para quien vive bajo el dominio total de Cristo la recompensa será grande pese a las tribulaciones, pues podrá desposarse con Cristo, uniéndose a él plenamente.

III. PERSPECTIVAS DE LA HISTORIA DE LA TEOLOGIA

  • 1. Los problemas en la Patrística

  • 1.1. Escatología y teología de la historia:

Uno de los más sólidos elementos constitutivos de los enunciados de fe escatológicos es la creencia en la nueva venida de Cristo, juez de vivos y muertos, en la resurrección universal de los hombres al fin del mundo, la consumación de la creación en el Dios trino, la comunión con Dios y la vida eterna.

Tras el final de la etapa de la espera próxima de la parusía, se convirtió en tema específico propio de la teología de la historia cristiana el periodo histórico comprendido entre el envío del Espíritu por el Señor exaltado y la nueva venida de Cristo al final de los tiempos. A partir del acontecimiento de Cristo como cambio de eón, o respectivamente como centro y plenitud de los tiempos; se distinguieron varios periodos, marcados por fechas teológicas básicas tales como la creación, la

santificación, el pecado de Adán, el don de la ley, la plenitud de la gracia en Cristo y la consumación final. El cuerpo, como expresión del alma, será restablecido y llevado a su plenitud cuando, al final de la historia, se renueve la creación entera, también en su dimensión material, y se convierta en el lugar de la comunicación perfecta de los espíritus personales. El hombre recibe y ciertamente asume la gracia a través del alma racional, pero de tal modo que queda lleno de esta gracia y de la previa determinación a la vida eterna no solo el alma, sino el hombre total, en alma y cuerpo. Las ideas tradicionales de una morada del alma en un estadio intermedio fueron definitivamente superadas, al cabo de una etapa evolutiva de la teología medieval

occidental, por la declaración del papa

Benedicto XII en la constitución Bene

dictus Deus.
dictus Deus.

Las almas de los difuntos, que partieron de este mundo dotadas de la

gracia de la justificación, se hacen participes, inmediatamente después de su muerte, de la bienaventuranza celeste. También las de aquellos que aun están aquejados de pequeñas manchas o defectos participan, tras un periodo de purgación y purificación, de la plena visión de Dios. Las almas de quienes mueren en pecado mortal serán entregadas a la perdición por ellas mismas elegida. Finalmente, en el juicio universal y en la resurrección general de los muertos, en el último día del tiempo, todos los hombres serán

restablecidos plenamente en sus propios cuerpos”.

  • 1.2. La oración por los difuntos, la comunión de los santos, la purificación (el purgatorio)

La concepción católica del purgatorio declara que tras la muerte de los bautizados que mueren en posesión de la gracia justificante, en el caso de que aun arrastren residuos temporales de los castigos por los pecados o pecados veniales, existe todavía una última purificación que capacita para la visión plena de Dios mediante un padecimiento (satisfacción impuesto por el benévolo juicio de Dios. La Iglesia puede, tanto oficial como privadamente, apoyar, mediante la plegaria, las obras de caridad con el prójimo (limosnas) y el sacrificio de la misa, el proceso de expiación doliente de los obstáculos residuales que se oponen a la unión con Dios.

La doctrina sobre el purgatorio se deduce de tres experiencias básicas enraizadas en la Biblia:

  • a. de la unidad de gracia y penitencia;

  • b. de la Iglesia como comunidad de salvación y como comunión de los santos

  • c. de la distinción (a partir del siglo xi) entre La escatología individual (cielo, purgatorio e infierno) y la general. (la parusía, la resurrección y restauración del cielo nuevo y tierra nueva)

Tras

la muerte,

el hombre debe

asumir, ante

el tribunal

de Dios,

la

responsabilidad de sus actos (2Cor 5,10).

Esta afirmación está asociada a

la idea de una purificación más allá de la tumba. La oración por los difuntos surge como consecuencia espontanea de la conexión natural y de la convicción de fe de que la muerte no elimina totalmente la unión de los miembros del pueblo de Dios, así como de la esperanza en la restauración escatológica de la comunión.

Respecto del tema de la situación de los muertos la Iglesia asumió ideas bíblico-judías relativas a una morada de los muertos más allá de la tumba

(Hades, paraíso, cielo).

Allí esperan, tanto los bienaventurados como los

necesitados de purificación y los condenados, la consumación en el juicio final.

El papa Benedicto XII declaraba, en la constitución Benedictus Deus (1336), que todos los creyentes bautizados que mueren en estado de gracia justificante participan, «inmediatamente» a continuación del juicio individual, de la visión

beatifica de Dios y

entran en la comunión

de los santos.

Quienes mueren en

pecado mortal reciben al instante la sentencia de condenación. Quienes mueren en estado de gracia justificante, pero necesitan purgar los pecados veniales y los

castigos temporales de los pecados, alcanzan la visión divina «después de» una purificación. Al final, todos resucitaran corporalmente para el juicio universal.

El concilio Tridentino confirmo la existencia de la realidad denominada purgatorio.

Las almas que allí se encuentran y que murieron en estado de gracia justificante, pero no están «purgadas plenamente pueden recibir ayuda a través de la intercesión, las limosnas y la celebración del sacrificio eucarístico de Cristo, que ha obtenido la reconciliación en favor de los vivos y de los difuntos. El concilio condeno además todas las formas de superstición y los abusos de las indulgencias cometidos en el contexto de la fe en el purgatorio. El II concilio Vaticano confirmo la conciencia de la unión de la Iglesia en todos sus miembros, tanto de los que en la tierra salen al encuentro del Señor como de los que, después de la muerte, están necesitados de purificación y de los que contemplan ya claramente a Dios en la gloria plena.

  • 2. El tratado de la resurrección en la Escolástica

  • 2.1. La resurrección futura:

De acuerdo con el proyecto de la creación, el alma ha sido creada inmortal. Es el principio de la existencia creada del hombre. Lleva a cabo la unidad corpóreo- espiritual e indica la disposición de la naturaleza espiritual del hombre para recibir la gracia sobrenatural. El alma es el soporte permanente de la naturaleza creada del hombre bajo todas sus modalidades históricas. Pero, más allá de su muerte, el hombre no es creado de la nada, mediante el recuerdo que Dios tiene de él, de suerte que entre la existencia terrena de este hombre y su consumación en el cielo no existirá ninguna identidad natural. En la muerte solo se diluye la conexión de los principios constitutivos del alma individual y la materia. Pero el alma sigue siendo el principio de identidad y la forma substancial de la unidad corpóreo-espiritual.

La materia es el fundamento de la posibilidad, al que el alma aporta la individualidad y la personalidad del hombre y de su subsistencia. Por tanto, el alma no existe nunca de forma plenamente incorpórea, porque garantiza, como forma substancial, la identidad metafísica de la autoexpresión en la materia, y con ello, también la identidad corpórea del hombre. En este sentido, el hombre está orientado «en su propio cuerpo» a la vida eterna y aparece en identidad material con su existencia terrena.

  • 2.2. Las cualidades de los cuerpos resucitados:

La resurrección de Cristo ha puesto los cimientos de la resurrección de todos los hombres al final del mundo y de su consumación natural y sobrenatural. La incorruptibilidad del hombre resucitado se enraíza en su participación en la eternidad de Dios. No es el género hombre el que participa de esta eternidad, sino cada ser humano concreto.

En el estado de la consumación eterna seguirá existiéndola distincion de sexos, que es parte constitutiva de la integridad de la naturaleza del cuerpo masculino y femenino y expresión de la sabiduría del Creador, que ha dispuesto de tal modo el orden de lo creado que a través de la diversidad de lo finito se transparente la belleza eterna de Dios.

El hombre existe en un cuerpo real, no en una formación etérea. Se le otorgan las

dotes

(dotes)

mediante las

cuales puede

el

alma llevar

a

cabo de forma

conveniente su unión esponsalicia con la vida de Dios. Las dotes del alma son la

visión, el amor y la fruición de Dios.

Las dotes del

cuerpo son: ausencia de

sufrimiento y la mejor adecuación posible del cuerpo al espíritu.

 

Ocurre

lo

contrario

con

los

condenados.

También ellos participan de la

resurrección corporal, pues la corporeidad es parte constitutiva de la naturaleza humana y es, en sí misma, buena. Pero no participan de la autocomunicación divina en la gracia que acontece en la resurrección de Cristo, porque la voluntad de estos hombres se distancia permanentemente de Dios. Los bienaventurados se distinguen de los condenados en que su voluntad esta para siempre fija en el bien, que es Dios en sí mismo y que comunica al mundo. En cambio, la voluntad de los condenados se aferra a su oposición a Dios, de modo que no puede darse ningún tipo de conversión. El castigo del infierno no se produce en virtud de un decreto de Dios, sino que dimana de la obstinación definitiva en la oposición libre de la voluntad al ofrecimiento de la gracia. Es imposible anularla, porque se ha perdido para siempre a Dios como el hacia donde trascendente de la voluntad.

  • 2.3. Muerte y juicio: (aquí vamos)

El alma, desligada del cuerpo en la muerte, deja tras de sí el estado de peregrino Ya no puede adquirir nuevos merlos. Tras la muerte, llega inmediatamente a su fin ya sea que recibe en el cielo su recompensa, o su castigo en el infierno. También hay redimidos que, a pesar del amor, por el que pertenecen irrevocablemente a Dios, todavía necesitan alguna purificación. Sufren entonces un factor retardador en la consecución de su fin último. Esta afirmación debe ser entendida en sentido soteriológico, no cronológico.

En el último juicio se prepara la forma definitiva de la creación. Alcanza su fin en el hombre la consumación del deseo natural de ver a Dios. En virtud de la resurrección de Cristo ha llegado definitivamente al hombre la gracia, una gracia que se manifiesta y se realiza en la vida del mundo nuevo.

IV. EXPOSICION SISTEMATICA DE LA ESCATOLOGIA

  • 1. Dios es amor: El dominio del Padre

1.1. En su esencia: En su autorevelación histórica se descubre no solo que Dios ama

al mundo, sino que es, en su misma esencia, amor. Su esencia se realiza como principio sin principio del amor en el Padre. En este sentido, el Hijo le debe eternamente su ser divino. En Dios todo es Dios como amor.

  • 1.2. En relacion con la creación: La personalidad humana, en virtud de la cual entabla el hombre, y a una con el hombre la creación entera, una relación de socio e interlocutor con Dios, no es necesaria para la autorrealización de la esencia divina.Todas y cada una de las personas creadas están orientadas al conocimiento y al amor de Dios. Le compete, en virtud de su condición de criaturas, una relación analógica a Dios como origen y, con ello, al Padre, una concentración de Dios en el Hijo y una relación a Dios como fin mediante la participación en la autodeterminación hacia sí en el Espíritu Santo. Dios es, pues, origen, centro y fin de la criatura dotada de espíritu y libertad. Forma, por consiguiente, parte de la naturaleza humana una historia de libertad, en virtud de la cual o bien se alcanza el auto ofrecimiento de Dios o se malogra este objetivo. El pecado es oposición a la voluntad salvífica divina y contradicción entre el hombre y su propia esencia y su fin. En su apertura historicasalvífica: Esta nueva voluntad salvífica divina, tendente a la encarnación de Dios (Jn 1,14; 3,16) y orientada a la reconciliación y a una nueva relación con el hombre en la gracia santificante, solo ha podido llevarse a cabo, de acuerdo con la estructura histórica de la libertad humana, en la figura de una historia salvífica que, arrancando de las primeras promesas de bendición. La necesaria unidad entre la autocomunicación divina y su aceptación creada sustentada por el Logos permite comprender por qué solo el Logos pudo asumir la naturaleza humana. En su humanidad, sostenida por el Logos en virtud de su aceptación personal e irrevocable, Jesucristo es también la cabeza de la nueva humanidad y su mediador permanente ante el Dios trino. La redención, el perdón de los pecados y la alianza nueva están de tal modo mediado y transmitido por el que nos convertimos en miembros de su cuerpo.

1.3.1

La encarnación de Dios ha llegado en la cruz de Jesús a su máxima expresión histórica. En ella ha quedado superada desde dentro, en la gracia de Dios y la

entrega de la criatura, la autocontradicción de la creación. «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que enviaste, Jesucristo» (Jn 17,3). El nuevo amor a Dios, en el que nos hacemos uno con el Dios trino bajo la efusión del Espíritu Santo sobre toda la humanidad es parte constitutiva de la condición intrahistórica de la revelación del Hijo en la naturaleza humana.

1.4. En relación con la consumación del hombre: Dios se ha revelado en su ser esencial y más ultimo como amor trino. Todas las criaturas espirituales y libres están llamadas a participar, con conocimiento y amor, en su consumación.

  • 2. Dios es nuestra justicia: El dominio del Hijo

  • 2.1. El Dios trino como medida de la criatura: Las declaraciones básicas de la teología cristiana sobre Dios son de estructura trinitaria, encarnadora y pneumatológica. El hombre se caracteriza por una referencia dialogal a Dios, al que tiende en su condición de criatura. A la luz del misterio de la Trinidad, la gracia es participación de vida por la que Dios capacita de nuevo a sus criaturas, ordenadas a él, a activar su autotrascendencia en el espíritu y la libertad.

El «juicio sobre los hombres » consiste en «justificarlos» o respectivamente en «ser-hechos-justos», en quedar justificados, de tal suerte que el hombre, en sus obras y en sus sentimientos —en cuanto expresión del amor— puede responder y corresponder al Dios amante y recibe su santificaci6n como un ser lleno de y por la santidad de Dios.

  • 2.2. «Cristo nuestra justicia, santificación y redención» (ICor 1,30): La nueva justicia, fundada por Dios, mediante la encarnación, en Cristo, al que nosotros nos adherimos para quedar justificados ante Dios, se orienta a la cruz y la resurrección. Por parte de la humanidad de Jesús, su obediencia perfecta es la respuesta a la justicia que nos ha sido dada en él y por la que correspondemos a Dios. La plena coordinación de su voluntad humana bajo la divina. Dios incluyo a todos por igual en la desobediencia a fin de tener misericordia de todos» (Rom 11,32) . Pero Dios da a conocer su justicia precisamente como manifestación de su misericordia en el hecho de que en la obediencia de Jesús, mantenida hasta la muerte en cruz, revela la comunicación de sí mismo, ahora definitivamente aceptada por el hombre, como comunión de amor.

  • 2.3. Sobre la teología de la muerte

2.3.1. La muerte como «soldada del pecado»: La muerte debe ser analizada no solo bajo su aspecto biológico, sino también desde la perspectiva teológica. La muerte es la manifestación de nuestro abandono de Dios. En la muerte se vive el comienzo de la soledad y el desamparo. Desde la muerte de Cristo, nuestra

muerte tiene un doble carácter: por un lado, es castigo por la pérdida de Dios y, por otro, es entrega libre al amor, tanto mayor, de Dios a nosotros que impregna la muerte de Jesús. El reino consumado de Dios no es una eternidad abstracta, en la que lo terreno, lo histórico y las obras de los hombres se hunden en lo vano e irreal. En el mundo resucitado de la nueva tierra y el nuevo cielo hay una apokatastasis pantom la restauración de todas las cosas. 2.3.2. La situación de los muertos: Desde el punto de vista teológico es incorrecto limitarse a describir la muerte solo bajo sus aspectos naturales y biológicos, o definirla con la poco satisfactoria fórmula de «separación del alma y el cuerpo», para pasar después a preguntarse por el lugar y la situación del alma tras la muerte y dedicarse a disquisiciones filosóficas sobre su relación temporal con la resurrección del cuerpo. En la escatología cristiana, el centro está ocupado por los enunciados cristológicos. No se trata aquí de ofrecer, a modo de reportaje, una serie de descripciones, sino de la relación que debe definirse en perspectiva soteriológica.

Desde la antropología, no entendemos al hombre como un ser compuesto de un alma ya lista y acabada y un cuerpo asimismo acabado y listo. En su sí mismo interno, el hombre esta, en el espíritu, en la apertura total al ser y en la voluntad de una referencia libre al bien, de tal modo mediado hacia sí mismo que el alma humana se halla ontológicamente definida por una triple relación:

por la relación trascendental a Dios;

por su relación a sí misma en su autocomprención y autodeterminación;

por su relaci6n al mundo, tanto en su aspecto individual como también, en

un sentido social e hist6rico más amplio.

En la muerte entra el hombre, desde el punto de vista de su referencia trascendental a Dios, en una relación definitiva con Cristo resucitado en el Espíritu Santo. La base natural de la consumación sobrenatural por la gracia es la hipostasis/ persona creada del hombre, que sustenta el compositum corporeo- espiritual de la naturaleza humana.

Los santos ven nuestro mundo en la visión de Dios mediada por el Logos. No son seres inmateriales, porque en la figura de su consumación ha entrado también el mundo redimido.

  • a) Tiempo, muerte y eternidad: El hombre consta de forma y materia, y de esta segunda es parte constitutiva la múltiple diversidad de las modalidades de realización de su propio ser. El hombre que llega a su consumación en la comunión con Dios no borra su historia y su ser-en-el-mundo. Los incluye en su presencia inmediata a Dios, que será su Dios por todo el futuro.

b) El juicio tras la muerte y la purificación (el purgatorio: La Biblia testifica la existencia del «juicio» tras la muerte: «Todos nosotros hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo merecido por todo lo que hizo mientras vivid en el cuerpo: bueno o malo» (2Cor 5,10). Nuestra muerte significa el definitivo ser asumido en la figura de la justicia de Cristo, el Dios-hombre. Mediante su representación vicaria nos ha facilitado la correspondencia con Dios.

Se advierte así que la unión con Dios en el amor es el criterio por el que seremos juzgados. Por con siguiente, el juicio después de la muerte es algo enteramente diferente de una especie de liquidación de ultratumba entre el debe y el haber. Es, más bien, la comprobación de si en el amor, tal como ha tornado forma en nuestras «obras», correspondemos al Dios Santo en la conformación con Cristo, a quien reconocemos como nuestra justicia ante Dios.

c) La purificación en el juicio: Todavía antes de nuestra plena y bienaventurada correspondencia con Dios, existe un proceso de purificación, un ser sometido a prueba en el fuego del amor de Dios, un

castigo purificador: el purgatorio. En el juicio, Dios media completamente al hombre hacia sí mismo, hacia una figura total plena y consumada. La imagen del «fuego» (1Cor 3,15), que aparece muchas veces en la Biblia asociada a sentencias condenatorias, alude al poder acrisolador, purificador y educativo del amor de Dios. El hombre puede afrontar este juicio porque en virtud de su adhesión definitiva a la justicia de Cristo experimenta este encuentro únicamente como unión en el amor. El dolor inherente a este encuentro está presente también en la experiencia de aquel amor que sabe que recites mucho más amor del que es capaz de devolver desde su propia pureza y plenitud, pues aquí se mantiene constantemente rezagado. d. Juicio individual y juicio universal: Dos importantes intentos de explicación teológica, a saber, por un lado la idea de la separación del alma y el cuerpo, en la que se daría una inmediata bienaventuranza del alma y un juicio posterior sobre el cuerpo y, por otro lado, la concepción de una dormición o «sueno» del alma en el sentido de que la eternidad coincide con el momento de la muerte, la escatología debe orientarse únicamente según la norma soteriológica del enunciado de fe de que el juicio tiene una dimensión individual y otra comunitaria. Cada ser humano concreto encuentra en su muerte definitivamente al Dios del amor en Cristo.

Pero encuentra a Dios también, y al mismo tiempo, en su constitución social, que forma parte de su esencia y está inserta en la red total de la historia humana de salvación y condenación.

  • e. La irrevocable aceptación de haber sido aceptado: el cielo: El cielo es la aceptación de la autocomunicación de Dios o el cumplimiento, por la gracia, del desiderium naturale ad videndum Deum bajo la modalidad de la imposibilidad de perderlo. El amor al prójimo no es un añadido al amor de Dios, sino su configuración en los corredimidos. La comunidad de los santos no se contradice con el teocentrismo y el cristocentrismo global de la creación en su imagen redimida. Cada santo es conocido solo en Dios y todo amor a él se sabe nacido de y sostenido por el Espíritu de Dios y, a la vez, orientado a Dios. Dios mismo honra a sus servidores.

La ratio de los creyentes se dirige siempre al Padre por el Hijo en el Espíritu Santo. Ahora bien, Cristo mantiene con nosotros una doble relación. Como cabeza de la Iglesia es el origen de toda gracia y mediador originante de nuestra oración al Padre. En la oración de los unos por los otros se expresa su ser-con en la fe y el amor. La invocación de los santos en el cielo significa, por consiguiente, situarse dentro del nosotros de la comunión de la oración eclesial, que supera en el resucitado la frontera de la muerte, al entrar cada uno de los fieles, en, con y por Cristo, en el círculo de los miembros del cuerpo de Cristo y llegar hasta el Padre.

El cielo significa participaci6n en la vida del Dios trino. En y con el Hijo hecho hombre conocemos a Dios tal como es, en su misma esencia, que subsiste en las tres Personas divinas.

  • f. La contradicción frente a la asunción (el estar asumido) en Cristo: el infierno del mismo modo que el cielo no es una utopía de ultratumba, tampoco el infierno es un lugar de tormentos del mas allá donde la venganza de un amante rechazado descarga todos los registros de su crueldad. También el cristianismo burgués, tal como salió de su travesía a lo largo de la Ilustración, se opuso a la doctrina de la eternidad del infierno. Aquí se entendía la relación entre Dios y el hombre únicamente desde la perspectiva de la moral. Por tanto, la gracia solo sería una cierta magnanimidad de Dios. La compasión seria algo así' como si Dios se tapara los ojos, un punto de vista sesgado desde el que es patente que ya no pueden tomarse en toda su seriedad las acciones humanas.

Todas las declaraciones sobre el infierno se sitúan hermenéuticamente en el marco de la soteriología. Cristo es la justicia revelada de Dios. Ahora bien, esta justicia de Dios es en Cristo su misericordia, una misericordia que consiste en que nos ha hecho justos en virtud de la gracia de Cristo. Su revelación no es otra cosa que la realización —alcanzada en Cristo— de su voluntad salvífica universal. En su camino hacia la cruz y su descenso al reino de los muertos Cristo ha eliminado por entero el distanciamiento entre Dios y la humanidad (la poena damni).

No es la gracia y la misericordia de Dios lo que falta en el infierno. El infierno es más bien —y aquí está la más insondable de todas las paradojas— la misericordia de Dios no aceptada por una libertad pervertida. No existe el infierno en un sentido paralelo a la existencia del cielo. El infierno es la autocomunicación ya llegada en Cristo pero que se encuentra en algunos hombres bajo la modalidad del rechazo. El infierno es el contrasentido de no aceptar haber sido aceptado.

El amor, en efecto, no puede ser sino autoexpresión de la libertad. Se trata de la negación de la autotrascendencia al Dios del amor en virtud de una oposición que adquiere una forma definitiva. Es la oposición a la nueva forma de nuestra voluntad que Si Espíritu Santo ha infundido en nosotros y con la que estamos unidos con Dios para la vida eterna. Solo Dios es capaz de ver claramente la interconexión entre la forma interna de la voluntad y los actos materiales de la vida.

  • 3. Dios es la vida eterna

    • 3.1. ¿Qué es la vida eterna?

«Vida» significa aquella constitución interna de un ser que le capacita para una interioridad respecto de sí mismo, para una auto posesión y un comportamiento libre respecto de otros seres. La vida, en su más alto sentido, es una característica específica de la persona. A traves de las dos actividades fundamentales del espíritu, las de la inteligencia y la voluntad, alcanza la persona humana su fin en la comunión con Dios.

La co-realización del ser activo absoluto de Dios, en cuanto que Dios es el acto puro (actus purus), significa vida consumada en un sentido extensivo. De esta vida se dice que es eterna. Eternidad no es lo mismo que tiempo, solo con la salvedad de que, en el caso de la primera, se prescinde, por hipótesis, de un comienzo y un final, esto es, una especie de «siempre y por siempre» extraída del tiempo empírico.

La

identidad absoluta de Dios consigo mismo,

es

decir, con

su

ser

y

su

autorrealización, se llama eternidad de Dios. Dios no existe «en» la eternidad como si hubiera sido introducido en ella a su propia manera y de una forma casual

o accidental. La experiencia del ser finito se fundamenta en el modo de realización que llamamos tiempo. El hecho de que el hombre se realice a lo largo de la sucesión de los momentos es lo que constituye su temporalidad y su finitud. Solo en Dios se da la identidad plena de la esencia y la vida.

Cuando se plantea el interrogante sobre el ser de los condenados no sabemos si, aparte los demonios, hay otros seres n esta situación— debe tenerse en cuenta, en primer lugar, la doctrina positiva bíblica y eclesial según la cual también ellos

resucitaran con sus propios cuerpos. Las amenazas bíblicas de que Dios «aniquilara a los malos» no pueden entenderse como una reducción de su ser a la nada. Se quiere indicar con estas expresiones que sus acciones en contra de la voluntad salvífica de Dios son absolutamente inútiles, no consiguen nada, y que, con la muer te, los malvados llegan a su final definitivo. Un castigo eterno presupone un castigado eterno.

Si los condenados pudieran despertar en sí aunque no fuera más que una minúscula chispita de amor sobrenatural a Dios, estarían ya en la senda de la penitencia y del arrepentimiento. Pero esto es imposible, porque la muerte significa el fin de la historia de la libertad. El infierno, como libertad pervertida, seguirá siendo el impenetrable «misterio de la iniquidad.

  • 3.2. El lenguaje teológico y el lenguaje científico sobre el «fin del mundo»

Esta materia llegara a su plena consumación en y con el hombre en la comunión eterna de la naturaleza corpóreo-espiritual humana con Dios. Y, a la inversa, la perdida de la comunión de gracia del hombre con Dios en el inicio del dialogo humano-divino tuvo repercusiones negativas sobre todo el universo animado e inanimado, y así lo experimento este mundo con anticipación temporal.

Solo

nos será

concedida la unión perfecta del

contenido trascendental y el

categorial de la realidad cuando participemos por la gracia en el conocimiento eterno que Dios tiene de sí mismo y cuando en su Palabra, por la que ha producido, al conocerlo, el mundo, conozcamos también nosotros el mundo, la historia y el ser y estemos, en el amor, junto a él.

  • 3.3. La unión esponsalicia del mundo con Dios en Jesucristo

En Cristo pudo adquirir una forma absolutamente concreta lo universal, y cada individuo —que amenazaba verse sepultado bajo el mar de los acontecimientos y del numero incontable de los seres humanos— puede convertirse en el centro mismo de la creación, a la que sintetiza y orienta hacia una meta que la sobrepasa. Entendemos, pues, a Cristo como el universale concretum. Él es el hombre escatológico siempre nuevo y eterna mente joven, que nunca será superado, en el que, como consecuencia de la elección absoluta.

Con la mirada puesta en Cristo, enviado

por

el

Padre, y

en la comunión que

tenemos con él en el Espíritu Santo (Ap 22,17), ira en creciente aumento el canto

de acción de gracias de la creación redimida, hasta consumación.

alcanzar

el

fin

de

la