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No, amados paisanos; no, lea- les y valientes Extremeños. Esta guerra es un testimonio irrefra- gable de nuestro catolicismo , la

efusión de nuestro corazón y amor

hacia el precioso joven que

por

Dios reyna

sobre

nosotros

, la

de-

fensa

de nuestro honor , vida y li-

bertad , el escudo de

nuestras fa-

milias y propiedades , el compen-

dio de todos los bienes , y un ro necesario contra lodos los ma-

mu-

jes. Es preciso pelear para vivir:

es preciso morir peleando. No hay xm medio honrado entre la victo- ria ó la muerte. Pero alentad, Soldados. La vic- toria será un don que el cielo pon- drá en nuestras manos, y una co- rona que rodeará nuestras sienes. La causa es de Dios , invoquemos su asistencia. Nuestras Provincias y nuestros hermanos conspiraa