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[NAT Por Paul Cornell Agradecimientos:

Traductores:

Lau

Weber

Zagreus

Passion4English

Inukkissa

Bigomby

Serpientesombria

Scnyc

Disorder

Pandorah

Iducatillon

Luna

Ducky

Norrinraad

Álvaromagic

Foros http://www.doctorwhoforo.com.ar/ http://doctorwhospain.foroactivo.com/ Páginas webs http://www.destornilladorsonico.com/ http://twelvemonkeyswere.tumblr.com/ http://audiowho.gonebe.com/

Diseño de la portada en español gracias a L Correctores:

• Weber

• Murazor

Gracias a la BBC propiedad de Doctor Who y a Paul Cornell

por crear esta novela. Aconsejamos comprar las novelas de

Doctor Who y esperamos que se ponga a la venta en español

muy pronto

2

Esta novela y más se pueden encontrar en

http://audiowho.gonebe.com/. Decid la fuente si

se quieren publicar en algún otra página web ya

que nos encargamos de traducir

3

INDICE

Prólogo

5

Capítulo 1

 

Pág.

19

Capítulo

2

Pág.

34

Capítulo

3

Pág.

46

Capítulo

4

Pág.

58

Capítulo

5

Pág.

77

Capítulo

6

Pág.

94

Capítulo

7

Pág.

118

Capítulo

8

Pág.

133

Capítulo

9

Pág.

Capítulo

10

Pág.

169

Capítulo

11

Pág.

191

Capítulo

12

Pág.

205

Capítulo

13

Pág.

228

Capítulo

14

Pág.

252

Epílogo

264

4

Prólogo

Al parecer, en algunos lugares, dirigirse a mí tan sinceramente resulta

casi incómodo.

O bien el regocijarse en la inmediata compresión de que cada una de las

canciones tristes del mundo están dirigidas a mí sola o el abrumador y molesto

poder de un montón de ruido.

Extracto del diario de la Profesora Bernice Summerfield.

Hace mucho y lejanamente. Es una manera de mirarlo. Pero aún me

siento sobre el borde de mi bañera y me muerdo los nudillos.

Estoy intentando ignorarlo, y espero que tú también. Un desafortunado

evento. Si Ace estuviese aquí. Podría decirle: ‘Sí. Ahora lo entiendo, una vez

más. Recuerdo que la aflicción es como tener a alguien sobre tu pecho y que te

golpee en la cara’. El dolor siempre se olvida. Es lo que nos permite tener hijos.

Es una pena que no esté aquí, de veras, porque ahora tenemos tanto en

común.

Pósit cubriendo lo anterior.

No me pondré melodramática. Todo esto es inútil. Conocí a alguien

llamado Guy, se arriesgó y ahora está muerto. Puede haber muerto. Murió.

Quizás.

Pósit cubriendo lo anterior.

Estas palabras no son las mías, sólo me vienen cuando estoy sola.

Pósit cubriendo las notas anteriores.

Esos cinco minutos… Recuerdo la expresión en el rostro de Clive cuando

escuchó que un querido amigo suyo se había ahorcado. La cosa más

escalofriante que he visto. Porque era tan distinto. No creí que pudiese imitar el

gesto aunque quisiese. Lo terrible fue que Clive repentinamente, en ese

momento, descubrió como hacerlo. Ahora yo también.

Extracto del diario de la Profesora Bernice Summerfield.

–¿No hay algún monstruo alienígena que podamos buscar y destruir? –

le pregunté al Doctor en una de las pocas ocasiones en las que me lo encontré

en los pasillos de la TARDIS. Quiero decir, sinceramente, había estado

evitándolo durante unas pocas semanas, y estaba tan pálida que podrías

haberme puesto una cola y l amarme Pelusa1, pero él también me había estado

1

5

evitando. No había continuado con su empeño de llevarme a Blackpool, o

algún otro sitio excitante. Sencil amente se había puesto

triste, justamente

cuando necesitaba que estuviese contento. Todas las veces que había ido a la

sala de la consola, él no estaba, y por la noche sólo oía el grito ocasional que

le producía alguna de sus terribles pesadillas.

–Monstruo alienígena dedo la punta de

la nariz– No. Han desaparecido todos. Pequeño Johnny

Piper

tema equivocado. No hay monstruos alienígenas, me temo – tenía esa mirada

preocupada suya, no me miraba del todo.

Quise más bien desesperadamente tocarle, abrazarle o algo, pero todo

me indicaba que no sería una buena idea. Parecía avergonzado de mirarme,

algo que no era propio de él. Si no lo conociera bien, diría que estaba

–reflexionaba, golpeando con su

no, disculpa,

pensando tanto como yo sobre los últimos cinco minutos de Guy.

Pósit encima de lo anterior.

Summerfield, B.S. Asignatura: Naturaleza Humana: 3/10, debe esforzarse

más. (Humana está tachada y sustituida. Hay señales de líquido corrector.)

Extracto del diario de la Profesora Bernice Summerfield

Vagamos hacia la sala de la consola, yo aun intentando encontrar la

forma de romper el hielo. Una de las muchas cosas triviales que había estado

haciendo estos últimos días había sido intentar reparar mi unidad de historia

portátil. Es una pequeña pantal a que te permite acceder a la información

mientras estás de expedición. O, en mi caso, en el baño. Normalmente

necesitarías una cuenta con cualquiera de las bibliotecas a las que quieres

acceder, pero, con un poco de ayuda de esos raritos- barbudos expertos en

informática con los que te tropiezas en los aeropuertos, pude crear un

programa que hace que la biblioteca crea que eres miembro. El aparato se

estropeó, por supuesto, justo después de lo de Heaven y lo he estado l evando

en mi equipaje desde entonces. Por tanto, como parte de mi gran campaña de

hacer cosas, había puesto encima de la consola una de las mesas de trabajo

plegables del Doctor y había desmantelado el aparato, poco a poco, con

descansos para tomar té y llorar.

En cuanto entramos en la sala de la consola, entonces, me sorprendí al

ver la unidad sobre la mesa plegable totalmente montada y reparada. La cogí y

la encendí, mientras el Doctor ojeaba despreocupadamente

varios monitores

de la consola. Había reparado el hardware de la unidad, pero la programación

(N. del T.) Flopsy, personaje de “The Tale of Peter Rabbit”. Conocido en España como

“El cuento de Perico el conejo travieso” y en Hispanoamérica como “El cuento de Pedrito el

Travieso”.

6

estaba totalmente desorganizada. El viaje a través del vortex temporal no es el

mejor sitio para lidiar con aparatos electrónicos, por supuesto.

Es como tratar de mirar una telenovela en una serie de trenes mientras

avanzan, mientras que otros trenes con historias diferentes… bueno, es difícil,

¿de acuerdo? De cualquier manera, el Doctor había logrado crear algunos

extraños protocolos, con nuevos archivos medio colocados en todo el lugar, y

mensajes de error clamando atención por todos lados.

Presioné algunos botones y despejé todo aquello, descubriendo, para mi

alivio, que el Doctor había conseguido que la cosa funcionara correctamente, al

menos. Me volví hacia él, feliz de poder decirle algo.

–Gracias por arreglarlo.

Él levantó la vista de la consola.

–Sólo quería averiguar cómo era… cómo funcionaba. Revertí la polaridad

de la bobina de comunicaciones, por cierto, para que puedas escribir en los

archivos también, pero para eso tuve que conectarlo por medio de los

procesadores de información de la TARDIS, porque sé cómo usarlos. Así que

tal vez obtengas información del pasado. O del futuro. Lo

que no sería buena

idea, en algunos casos, así que no lo uses cuando aterricemos. Por favor.

Suspiré.

–¿O sea que lo reparaste tan bien que no puedo usarlo?

– “¿Reparaste?” Oh, ¿necesitaba reparación?

Sonreí, lo cual fue bueno. Me pareció que el módulo era una especie de

regalo.

–¿Qué has estado haciendo en los últimos días, entonces?

–Rompecabezas. Comida china. Hice modelos de arcilla. De los Zygons.

Hice lo que suelo hacer cuando investigo algo… tu unidad, digo. Me sumergí

en ella y la revolví. Tiré lejos el manual, ignoré las notas y me reí en la cara del

Globo de Ayuda –se alejó de la consola y se sentó en su mecedora,

entrecruzando los dedos–. Eso es lo que hice con la TARDIS cuando la

conseguí. Puedes hacer todo eso por mucho tiempo. En el caso de la TARDIS,

por un muy largo tiempo. Pero una vez que l egas a donde querías l egar, has

aprendido todo tipo de cosas útiles sobre el sistema que estás investigando.

–No me sorprende que tus pasteles sean tan horribles –tomé un cojín y

me senté frente a él.

7

–A los patos les gustan.

–Los patos están programados para que les gusten. Además, eso me

suena bastante peligroso. Te podrías herir terriblemente, jugueteando así con

todo. Yo prefiero leer el manual de principio a fin, ojalá en la bañera, con una

buena botella de Cabernet Sauvignon.

–Mmmm… –el Doctor frunció el seño de nuevo, y se levantó de un salto.

Empezó a pasearse alrededor de la consola otra vez, escribiendo órdenes sin

algún orden aparente. Quizá fueron mis palabras, “herir terriblemente”, las que

lo hicieron ponerse en marcha otra vez.

Por Dios, ¡estaba siendo cuidadoso con sus sentimientos!

Su mirada se fijó en el monitor y una sonrisil a inquieta apareció en su

rostro.

–Lo encontró. Buena chica –presionó algunos bonotes y se enderezó–.

Hay un planeta l amado Crex en el sistema Augon. Tienen un mercado allí. ¿Te

gustaría ir?

Tuve el presentimiento de aquello no sería suficiente para reivindicar los

días de estar suspendido en el vórtice.

–¿Como mercado de pulgas espacial? ¿Hay algo en particular que andes

buscando?

–Un elefante blanco. Tal vez uno rosado.

–¿Eso es un objeto o un conocido?

Él se detuvo por un momento, y luego sonrió una de sus más peligrosas

sonrisas.

–Ambos.

La TARDIS se materializó con ese sonido que hace (lo siento, nunca he

podido hacer buenas descripciones) en medio de un estrecho montoncito de

puestos de venta, bajo la sombra de sedas púrpura y grandes toldos a rayas.

Lo primero que llamó mi atención, luego de que el Doctor cerrara la puerta, fue

el olor, una maravillosa mezcla entre especias y aromas, cien culturas

diferentes en un solo lugar.

Parecía que nadie había notado la TARDIS aterrizando. Debían de estar

acostumbrados a materializaciones. El Doctor elevó su sombril a como una

antena, y le dio vueltas mientras movía la nariz, hasta que determinó su

dirección.

8

–Por aquí.

Se alejó en línea recta, agitando un módulo de memoria de la base de

datos de la TARDIS en la mano, pensativo.

Lo seguí a través de la masa de especies alienígenas, tanto humanoides

como no, sus regateos y gestos y risas se unían en un gran grito. Me sentí

extraño de estar fuera, hasta un poco vulnerable. Lo descarté. El Doctor

andaba hacia un pequeño montecil o, cuya superficie, una vez rebosante de

césped, era ahora una mancha de lodo. Me dio un tirón para subirme cuando

llegó a la punta, y desde allí tuvimos una buena vista de todo el mercado.

Que se prolongaba durante kilómetros, hasta llegar al nublado horizonte,

una mezcla brillante de carpas y toldos. Al otro lado, se desvanecía un poco en

dirección a las montañas, y una gran plaza oscura con algunos edificios que

indicaban un aeropuerto espacial.

–Es maravilloso –dije–. ¿Cómo empezó?

–Concesiones fiscales –el Doctor seguía girando como una veleta. De

pronto, sus ojos se fijaron en algo en la distancia. Asintió con la cabeza, y

entonces se volvió hacia mí.

–Estaré por ahí en una hora. Tal vez dos. Te encontraré.

–¿Qué? ¿Aquí?

–Vuelve a la TARDIS entonces –parecía ansioso de irse, nervioso e

impaciente.

A una distancia media vi la solución a nuestro problema.

–Te lo dije –dije entonces señalando–. Nos encontraremos

al í.

9

La cervecería parece ser un icono universal, y parafraseando a un conocido reciente, sobre la

La cervecería parece ser un icono universal, y parafraseando a un

conocido reciente, sobre la que escribiré una pequeña monografía algún día.

La atmósfera es siempre diferente en un pub o bar, ligeramente tensa y

caliente bajo las lonas, relajada y fresca afuera. Puedes ver más botones

desabrochados y barrigas expuestas en una tienda de cerveza exterior que en

cualquier otra parte debajo de Flaborama en Boojus 5. Compré una pinta2 de

Admiral's Old Antisocial3 en el, bar de afortunadamente

moneda-corriente-

inespecífica, y salí, hacia las mesas de plástico.

Ahora, ustedes bien puede estar pensando “¿Cerveza? Que idea terrible.

Esa no es una solución”. Yo respondería que están equivocados. Es una

solución de lúpulo, cebada y levadura, y es tan maravil osamente trascendental

que hace tiempo tomé la decisión de sacrificar cualquier posibilidad de reducir

mis muslos en favor de el a.

La compañía es siempre un problema en ésta circunstancia. No hay

sentido, en mi opinión, en ser un bebedor solitario. Puedes hacer eso en tu

hogar, dado un cierto grado de tristeza en el que no se me ocurriría hundirme.

Usualmente. Bueno, tres de cada diez veces. Y últimamente ha sido un tiempo

difícil para mí. De todos modos, estaban las mesas usuales de piratas

espaciales de aspecto peligro, mochileros sin dinero con sus vasos de agua

2T.) Pinta: unidad de medida equivalente aproximadamente a medio litro.

3(N. del T.) Admiral's Old Antisocial: marca de cerveza ficticia.

10

helada, y comerciantes agitando sus manos y quejándose de que el negocio no

era lo que una vez fue. La mayoría de el os eran aliens de alguna clase.

Por lo tanto, fue con una especie de alegría xenofóbica que me encontré

con una mesa cuyos ocupantes eran doblemente interesantes.

Eran A:

humanos y B: mujeres. Lucían como si todas vinieran de lugares diferentes, y

se agruparan juntas por la realización familiar de que las gónadas internas

eran, en realidad, mejores. Así que me senté e introduje a mí misma. Profesora

Bernice Summerfield, BPDS (Bastante Podrida Del Scrabble), ocupante actual

de la Presidencia de la Universidad Próxima de Arqueología (está en mi

habitación, por las begonias), poseedora de la Medal a Marciana a la Valentía

(encontré una y pensé que bien me la merecía). Estaban apropiadamente

impresionadas. Se rieron a carcajadas.

–Jac –dijo una joven mujer de cabello corto e interesantes aretes–, estoy

aquí investigando los orígenes del mercado para Ellerycorp. Ellas piensan

hacer algo similar –y presentó a las demás. Había otra mujer de pelo corto con

los ojos de una Sacerdotisa Viajera, que se llamaba Sarah. No creo que

averiguara nunca qué hacía el a allí. Y había una mujer de aspecto de luchador

con la piel bronceada en un tono oliva, usaba una gran variedad de reliquias de

tiendas de caridad a las que lograba de alguna manera darle estilo. Ella me

miraba con una expresión de cansada-del-mundo que encontré

instantáneamente encantadora, su cabeza descansaba en una mano.

–¿Cómo te va? –preguntó. Por un momento pensé en decirle. Pero no.

–Bien.

–Tu ronda, Lucy, –le dijo Sarah, dejando su vaso vacío en la mesa.

–Tú no eres exáctamente esbelta tampoco4 le respondió

Lucy, tomando los

vasos y guiñando un ojo.

Sonreí a eso, también.

–Lo mismo de nuevo, por favor, –dije. Tan pronto como Lucy se fué, Jac

le contó a Sarah que la mujer era una tutora en Psicología, quien había estado

aquí por un mes, esperando un transporte interplanetario que parecía nunca

llegar.

4

(N. Del T.) Juego de palabras, imposible de traducir. En el original “Your round, Lucy”;

“You're not exactly svelte either”. El primer comentario se puede interpretar como “Eres

redonda (gorda), Lucy” con la consecuente respuesta de “Tú no eres exáctamente esbelta

tampoco”.

11

Bueno, esa era una historia familiar, y me dediqué a contarles algunas de

mis propias historias. Como lectores regulares de mi diario (si eres tú, Doctor,

déjalo ahora) saben, que hay partes de mi vida que no puedo explicar

fácilmente. Tiendo a pasarlas por alto con una nota post-it, pero en ésta

ocasión tengo suficientes recuerdos, desconectados como son, para l enar una

página. Dije todas estas cosas, pero algunas palabras tal vez estén en el orden

incorrecto.

Pinta dos: Estoy argumentando con el os.

–Pero eso es ridículo. No pueden esperar que un mercado interno opere

durante un período prolongado de tiempo

Pinta tres: Se rien de mí.

–¡ No hay un Dios! Escuchen, si ésta moneda cae del mismo lado

muchas veces

Pinta cuatro: Están girando sobre sí mismos, levantando sus manos como

pescadores hablando sobre el pez que se les escapó.

–Bajos y regordetes. Bueno, sólo he encontrado cinco de el os, pero

¿De qué se rien? ¿Dije algo gracioso?

Pinta cinco: Escuchan intensamente, afirmando cada tanto.

–Entonces tuvimos que irnos. Había tantos de el os. Pienso espero que

fuera rápido para él.

Pinta seis: Sarah me está mirando, interesada y dulce.

–No es lejos de aquí, realmente. Tan sólo un viaje rápido en el vagón por

sobre la colina. Tengo este vino Alcorian realmente grandioso que tienes que

entonces

probar. Y podríamos, ya sabes, pasar el rato. Jugar tenis. ¿Qué piensas?

Lo siguiente que supe, una mano familiar palmeaba mi hombro, y algo frío

se adhería a mi mejil a. Estaba pensando en la oferta de Sarah, y tratando de

alejar la mano como a una mosca, pero entonces, de pronto-

Estaba completamente sobria.

Presioné el parche médico que el Doctor había pegado en mi mejilla y

miré hacia él.

–¿Qué?

12

–Apósito de dispersión de alcohol. No tenemos mucho tiempo, y hay un

montón que debes saber –agarró mi mano y tiró hasta ponerme de pie.

–Ey

–Sarah dijo confusa, mirándome– Espera un minuto

–¡Déjala sola! –Jac estaba a medio camino de el a– ¿Quién es éste tipo?

–Está bien –les aseguré–. Es un amigo –de repente me sentí bastante

tonta, como si mi padre hubiera l egado a recogerme. Un poco incómoda,

estreché la mano de Sarah–. Gracias por ser tan amable. Aprecio la oferta.

Ella se encogió de hombros.

–No hay problema. Espero que todo salga bien.

–Lo hará, –le dije. Pero entonces miré al Doctor.

–Rápido –me dijo.

Sus pupilas brillaban plateadas. Tuve la sensación de que no sería tan

fácil.

Dejé al Doctor guiarme de vuelta a la TARDIS. Estaba caminando con

rapidez, con urgencia. Eché un vistazo hacia atrás para ver si alguien lo

seguía, pero no era así. Caminaba como si estuviera a punto

de explotar o

vomitar, como si algo terrible fuera a suceder y él tuviera que estar en un

determinado lugar cuando ocurriera.

–¿Puedo tener alguno de esos parches? –le pregunté, aún aturdida por

mi

sobriedad instantánea– Ya son mi equipamiento favorito

de

la TARDIS.

–Sí. No. No lo sé, ¡no es importante! –el Doctor giró en una esquina, vio la

TARDIS delante y echó a correr. Buscó a tientas la puerta abierta y brincó

hacia el interior, se echó sobre el teclado de coordenadas y tecleó

instrucciones más rápido de lo que podía seguir– ¡Atrapa! –l amó, y me tiró un

pergamino enrol ado. Noté que estaba sel ado con su huel a digital.

Las puertas de la TARDIS se cerraron, y comenzó el

familiar sonido de

despegue. La columna central empezó a subir y bajar.

–¡La carta te dirá todo! –gritó el Doctor– ¡Y presta atención a la lista! ¡Te

veré en tres meses! Eck.

Lo último fue un clic de su garganta, como algo cambiando en sí mismo.

Los ojos del Doctor volvieron a su color original. Luego los cerró, y su boca se

torció en una sonrisa aturdida.

13

Entonces calló en un montón arrugado.

Una bola roja rodó desde su bolsil o, y se instaló en un rincón de la sala

de la consola.

–¿Doctor? –corrí a su lado, y comprobé su pulso. Uno parecía haberse

detenido por completo. El otro estaba acelerado. Mi primer

impulso fue l evarlo

derecho a la bahía médica de la TARDIS, pero me contuve. Rompí el sel o del

pergamino y rápidamente leí las hojas que contenía– Oh no –gemí cuando

terminé, dejándome caer contra la consola. Me volví hacia el inconsciente, aún

sonriente, cuerpo– Puede que haya comentado ésto en varias ocasiones en el

pasado, pero permíteme decirlo esta vez de manera definitiva. ¡Eres un imbécil!

Y, sintiéndome un poco mejor, lo dejé ahí y me dirigí al vestidor.

Ésta aventura iba a requerir un vestido serio.

Entrada del Diario Finalizada.

Un solemne y viejo humanoide con una barba gris estaba fuera de una

tienda de campaña en el mercado. Puso sus manos de tal manera que hiciera

sombra a sus ojos, protegiéndose del sol. Fuera de allí, desde la dirección del

puerto espacial, un vagón se acercaba. Con un sonido fuerte y el rugido de los

turbos, descendió junto a la carpa, y el viejo se adelantó para recibir a los

ocupantes.

El primero de ellos saltó fuera, vestido con una larga capa y pantalones,

sus dos espadas envainadas estaban cruzadas en su espalda. Era un hombre

joven, bien construido y vital. Sus ojos verdes brillaron felices mientras

abrazaba al anciano.

–¡Bien hallado, hijo mío! ¿Era en serio lo que decías en el mensaje?

¿Finalmente conseguiste uno?

–En efecto lo tengo, Greeneye. Ha sido una larga espera, pero un Señor

del Tiempo finalmente ha respondido a nuestra señal. Yo había pensado que

no habíamos intentado suficientes canales, pero han escuchado.

Esos bastardos siempre escuchan –Greeneye miró hacia el cielo

involuntariamente.

–¿Vendrás con nosotros, entonces? Has esperado tanto tiempo, sería

una lástima si no estuvieras al í para la matanza.

Oh, ellos

14

–Desearía que no lo dijeras de esa manera –el viejo frunció el ceño. Se

alegró cuando vio a la persona que salía del vagón. Era una niña, una pequeña

de diez años o cerca, llevando un globo–. Aphasia, mi hija querida, ¿cómo

estás?

–No estoy hablando –le dijo la niña–. Estoy de mal humor.

–Le dije que no podía nuevo,

deteniéndose a sí mismo– usar sus trucos habituales. Pero más importante

ahora, ¿has preparado el túnel?

–Está todo listo. ¿Están los otros aquí?

–¡Estamos aquí! –una voz sibilante emanó del vagón. Una figura oscura

con un sombrero de ala ancha saltó a tierra, y apuntó un guante blanco hacia el

anciano.

–Si has fal ado, Laylock, te haré sufrir. Sabes que lo haré.

–No me amenaces, Serif. Tú no harías daño a tu propia carne.

–¿No lo haría? –Serif echó un vistazo a Aphasia, una sonrisa torciendo su

boca. Habría dicho algo más, pero otro vagón se acercaba. Aterrizó, con un

remolino, de tierra, y dos figuras más salieron de él. Uno de

–Greeneye miró alrededor de

ellos era un

hombre corpulento, de barba, transportando un mochila enorme y vistiendo un

cinturón del que colgaban numerosas armas. El otro era delgado, un hombre

de aspecto meticuloso, su cabello pulcramente peinado hacia atrás y su capa

rodeando un elegante traje.

–Bien –murmuró, mirando alrededor–. Estamos aquí. Dentro de la tienda

entonces, rápido. No queremos llamar la atención.

Entraron al Emporio de Laylock, como un cartel indicaba. Laylock mismo

permaneció afuera por un momento, mirando los alrededores preocupado,

antes de seguirlos.

En el interior, el hombre delgado miró su entorno apreciativamente. Una

mesa de consulta pulida, con varias computadoras como

dispositivos de

consulta sobre ella, permanecía en el centro mismo de la tienda, y el gran

mástil del techo la cruzaba. Lonas de colores brillantes salían en todas

direcciones, accediendo a otras tiendas donde se realizaba el trabajo real.

Suave música sonaba en todo el lugar.

–Muy profesional. Has hecho un gran esfuerzo.

Laylock inclinó la cabeza.

15

–Gracias, August. He tenido una gran ganancia en todo éste tiempo.

Serif siseó.

–Eso no es importante. La tapadera ha sido un éxito, eso es todo.

–No, no… –August levantó la mano– creo que es un gran logro. No es

como si nuestros proyectos que no han prosperado en la última década.

Aunque, creo que Hoff piensa que los Señores del Tiempo pueden estar tras

nosotros.

El gran hombre gruñó afirmativamente.

–Si lo supieran todo, el os podrían desviar un asteroide, y limpiar todo

esto.

–Bueno, no estoy de acuerdo, ellos no quieren esto ahora, es probable

que simplemente envíen un agente. Pero de todos modos, deberíamos ir.

Vamos Laylock.

El viejo lo hizo, mirando nerviosamente a la azotea.

El oxidado armario gótico, estaba oculto bajo una tela en una esquina del

área de suministros quirúrgicos de Laylock. Tiró la ropa a un lado y pulsó un

control.

La parte frontal del armario, anteriormente una puerta de metal, se

disolvió en el túnel del vórtice temporal.

–No mires en él hija –Greeneye evitó la mirada de Aphasia–. Después de

un rato, verás cosas terribles –Aphasia aplaudió.

–Quiero ver cosas terribles.

–El rastreador está funcionando –confirmó Laylock–, lo activé tan pronto

como se fue. Allí.

Un hilo dorado serpenteaba por el vórtice haciendo marcando una espiral

en la distancia.

–Esto te l evará a donde quiera que vaya. Tiempo estimado de

viaje

–Sí. Bueno –August se quedó en el túnel. Tras él Hoff y

cerca de nueve semanas.

Greeneye

llevaban grandes paquetes con el equipo–, necesitamos mantener el enlace

abierto, te quedarás aquí, Laylock. No será demasiada carga para ti, ¿no?

16

Laylock asintió con la cabeza.

–Gracias.

–¿Se te ocurre algo?

–Él ha estado en contacto conmigo.

-No, la trajo él mismo. A veces lo hacen, aquellos que se piensan que son

compositores. Él estuvo en contacto conmigo varios días, haciendo preguntas

sobre la tecnología, preguntándose si realmente era capaz de hacer lo decía.

He tenido que ser discreto; me pregunté durante un tiempo si era un agente de

la Agencia de Intervención Celestial.

Opek a Grotzi, es él! - murmuró Greeneye– Si esto es un montaje

–No lo es, estoy seguro –le dijo Laylock–. Él sufría los efectos de

reordenación cuántica cuando se fue. En cualquier caso… – le entregó a

August una memoria.

–No es eso, estoy seguro –le dijo Laylock.

–Esto es todo lo que sé sobre él, incluyendo su descripción. Traté de

convencerlo para que me diera la vaina, pero.

–Eso era esperar demasiado, sí –August aplaudió.

–Muy bien.

–Esta es la mejor oportunidad, que tendremos. Sígueme – respiró hondo,

se tapó la nariz, y saltó por el túnel. Salió despedido, como una muñeca,

zarandeado de aquí para allá hasta que desapareció, su forma se retorció

sobre el camino dorado.

–¡Hey! –gritó Aphasia– ¡Espérenme! –y saltó también.

Greeneye y Hoff los siguieron, l evando los paquetes que habían cogido

del contenedor.

Antes de irse, Serif se volvió hacia Laylock

–Si nos traicionas

–Por supuesto que no, hijo, vete –preocupado, Serif saltó al vórtice. Un

momento después, todos se habían ido. Laylock acarició el armario y lo tapó de

nuevo con la tela. Sólo tenía que esconder los contenedores y podría volver a

su rutina.

17

No podía evitar la terrible sensación de que estaba siendo

vigilado. En el

largo y oscuro cuarto, lo único que se oía era el tic-tac de un reloj y algún

ronquido ocasional.

Las camas estaban alineadas en dos filas en las paredes. En el as los

chicos dormían, todos menos uno.

Estaba sentado en la cama, con sus manos tapándose la boca, sus ojos

estaban fijos mirando a lo lejos.

Su nombre era Tim. Su madre había muerto, y su padre estaba fuera por

negocios y lo había l evado a aquél lugar.

Había sido un sueño. Una pesadil a, llena de gente y de lugares que

nunca había visto. Ellos parecían dirigirse hacia él y era aterrador.

–He visto el futuro –susurró–. Y todo el mundo morirá.

Ella apareció al final de su cama, y le mostró sus manos esqueléticas.

–Sí.

Ella susurró

–Todo el mundo morirá.

Tim gritó.

Las lámparas se encendieron, con los gritos de alarma, por supuesto el a

ya se había ido cuando la luz inundó el dormitorio.

Desde la ventana se oyó un gran batir de alas. Tim se giró y miró

fijamente. Un búho estaba volando en la noche.

Capítulo 1

No te Olvides de Cogerme

Nueve semanas después.

18

La bicicleta aceleró bajando la pequeña colina empedrada. La vibración

de el movimiento hace que los artículos de la cesta salten, en peligro inminente

de caerse a la carretera.

A Bernice no le importaba. El sol había salido, y, por vez primera en

semanas, estaba animada. La pequeña ciudad de Farringham estaba

disfrutando de el sol en el brillo de un día de verano templado y agradable, y el

dulce olor de las rosas atravesando todo el pueblo a través de la brisa.

–¡Buenos días, Jill! ¡Buenos días, Jenny! –el a dijo a medida que pasaba

zumbando una fila de casas pequeñas.

–¡Buenos días, Bernice! –entonaron a la vez las dos amas de casa.

Después reanudaron su discusión del otro lado de la val a. Ésta vez era sobre

un árbol que sobresalía, mañana sería acerca de el ladrido de los perros. Al

parecer, les gustaba discutir, y cuando una de ellas se encontraba con Bernice,

el otro deambularía, se involucraría en la conversación y acabaría en

desacuerdo con el primero.

La bicicleta pilló al que venía de abajo en la parte inferior de la colina

demasiado rápido, y el a por poco pierde a su casero, Alexander Shuttleworth.

Él era un hombre barbudo alegre que vestía un traje blanco colonial y una

corbata llamativa, el conservador de el museo local.

–¡Perdón! –dijo ella sobre el hombro.

–¡Encantado, querida joven, encantado! –él respondió– ¡Sacaré mis

facturas médicas de tu alquiler!

La señora Windrush, con su pelo recogido en una pañoleta y su boca

llena de pinzas, saludó desde su jardín, donde estaba colgando su colada. Ella

estaba orgul osa de su pequeña parcela de césped, aunque deseaba que su

marido se pudiera permitir una empleada doméstica.

–Quizás para el otro año –ella siempre decía cuando hablaba con

Bernice. Ellos l evaban casados un año, y la señora W seguía dando pistas

acerca de golpecillos de pies pequeños, así que probablemente era que el

señor W estaba a punto de conseguir un aumento en su trabajo de oficina en

Norwich.

Benny tuvo que esperar en la intersección a que el carro de el señor

Hodges pasara, los cabal os ya sudaban en el sol. Hodges era un frutero, y

hacía el reparto puerta a puerta cada mañana. Las rutinas de Benny y las

suyas se habían vuelto tan predecibles que habían empezado a asentir con la

cabeza hacia el otro, y a quejarse si el otro llegaba tarde.

19

–¡Darte un penique por tus botas! –él gritó esta vez, guiñando el ojo.

Benny le devolvió la sonrisa, preguntándose tan sólo cómo de vulgar era el

eslogan. Probablemente el a debería de haberse sonrojado.

El objetivo de Bernice era el salón de té Lyons en el centro de la ciudad.

Un conveniente aparcamiento para bicicletas estaba en la

pared cercana, la

cual ella alcanzó, como siempre lo hacía, a la vez que el reloj de la ciudad daba

las 12 en punto. Ella se bajó con cuidado, recordando cuando rasgó una falda

enganchándola al pedal. Las modas de 1914 eran mucho más fáciles de l evar

de lo que habrían sido los vestidos Victorianos, por lo menos. No había

ninguna tapicería bajo la falda, y ningún ajetreo con el que lidiar. Escogiendo

ser un dechado de la moda de hoy en día, el a había escogido una (más bien

extraordinaria) falda a cuadros negra y azul marino, con una chaqueta con

botones y cuello de puntilla. Ella había estado dándole vueltas a la idea de una

cinta de luto, para hacer saber que ella estaba lo suficientemente bien

relacionada con la señora de el duque de Argyll, pero había

la posibilidad de

que alguien pensara que era algo más personal que eso y preguntara acerca

de el o, y eso sería demasiado horroroso. Ella deshizo el lazo de su sombrero,

y se lo puso a los manil ares, agitando sus extensiones de el pelo de un lado a

otro. Aún seguían sin parecer naturales, pero su propia melena corta habría

requerido alguna explicación amplia e increíble.

El salón de té sirvió una tarta de fruta maravillosa. Benny pidió una

porción con su habitual té.

–¿Eso es todo señora? –le preguntó la camarera uniformada de forma

elegante.

–Sí, gracias. Ése es un acento extraño, ¿de dónde eres?

–De Alemania –la camarera se rió de forma tonta–. Soy de Baden Baden,

y trabajo aquí durante el verano. El señor Condon, el gerente, él es mi tío.

–Oh, de acuerdo, bueno, eso es sonrisa a la

mujer. Ella hizo una reverencia y volvió a la caja.

Las otras mesas se componían de grupos de amas de casa, sirvientas

que habían ahorrado sus peniques para una cita semanal para comer, y un

vendedor viajero, su maleta de muestras al lado suya en el suelo a medida que

recorría con la vista el formulario de carreras de caballos en el periódico. Benny

pasó las hojas de una copia de El Tatler, haciendo un cálculo mental. Era abril,

empezaba a hacer mucho calor y temperaturas veraniegas. Todo el mundo

hablaba acerca de organizar bailes, y si uno debería ofrecer favores a los

invitados, y si rizando el rizo en una máquina voladora

bueno –Benny mostró una

agarrando dos

20

cochinil os era degradante o no. Los periódicos tenían vagamente un

pensamiento para asuntos más allá que Irlanda, donde los planes de los

Liberales de dar a toda la isla una autonomía tenían a los Unionistas

amenazando con una guerra civil.

La revista en las manos de Benny felicitaba a la hija del Kaiser por su

compresión del inglés que había demostrado en varios eventos sociales

ingleses durante el mes.

Benny negó con la cabeza y suspiró. Sacó la idea de su mente y dio una

generosa propina a la camarera cuando le entregó su pastel.

–Perdone –preguntó una voz–, ¿podría por favor sentarme aquí? No hay

otro lugar.

–Por supuesto –Bernice alzó la vista. Una elegantemente vestida,

dolorosamente delgada joven con un muy adornado cuello de encaje estaba

al í de pie. Sólo podía tener unos diecisiete o algo así, pero su rostro, además

de ser flaco, estaba lleno de experiencia. La cosa más extraña fue que, un

minuto antes, Benny estaba segura de que había un montón de lugares

disponibles, en mesas a lo largo de todo el café. Pero ahora todos los asientos

tenían bolsas sobre ellos. Incluso el vendedor ambulante había dejado su

maletín en el asiento opuesto a él. De pronto un gran número de gente parecía

estar viendo la mesa de Bernice.

“Oh no”, pensó. “Es una de esas personas”.

Entonces Benny hizo lo que hacía cuando se encontraba con alguien que

era generalmente despreciado. Dijo:

–Por favor siéntate aquí, hay un montón de espacio –en voz bastante alta.

La mujer así lo hizo. La camarera alemana, obviamente sin entender el

malestar social que generaba la recién llegada, se acercó enseguida.

–¿Podría por favor traer tres rebanadas de pastel, y un plato de scones,

con bastante crema? –preguntó la mujer.

–¿Hambrienta? –preguntó Bernice cuando la camarera se alejó.

–Diría. Estoy en el Gato, ya ves. Tengo que fortalecerme.

–¿Disculpa?

–La ley de El Gato y el Ratón. Estoy en una huelga de hambre en

Holloway. Cada tanto, ellos me sueltan, dejando que

recupere mis fuerzas.

Entonces me arrestan de nuevo, y estoy en huelga de hambre otra vez. He

21

estado dentro y fuera tres veces ahora. Está empezando a ser una cuestión de

rutina.

–¿Qué es lo que tú, um, hiciste?

–Metí un palo a través de las ruedas del carruaje del Rey. Estuvo a

punto de salir volando. Supongo que Dios me salvó. Soy un poco como Emily

Davison5, ya ves, sólo que no tan valiente.

–Lo siento, estoy siendo un poco lenta, lo sé, pero ¿por qué hiciste eso?

–Para l amar la atención sobre la campaña de la WSPU6 por el voto

universal. Soy una mujer adulta y por lo tanto merezco el voto. ¡Válgame Dios!,

aún sonríes. Has escuchado más tiempo que la mayoría de la gente hace.

Porque estoy de acuerdo contigo. Por cierto, ustedes van a ganar. Soy

Bernice Summerfield.

La mujer le dio la mano.

–Constance Harding. Yo iba a ir a mi primer baile éste año, pero ahora,

obviamente, no puedo. Por cierto, ¿de dónde saliste?

Un bocado de pastel se detuvo a mitad de camino hacia la boca de

Benny.

–¿Perdón?

–Tu acento te delata.

–¿Mi acento?

5

(N. del T.) Emily Wilding Davison: (11 octubre 1872 a 8 junio 1913) Activista

militante del sufragio británico que fue atropellada por el caballo del rey Jorge V, Anmer, en el

Derby de Epsom el día 4 de junio de 1913 y falleció a causa de este suceso cuatro días después.

6

(N. del T.) WSPU (Women's Social and Political Union) (Unión Social y Política de

Mujeres): fue la organización militante líder en la campaña por el voto femenino en el Reino

Unido.

22

–Sí, querida –Constance suspiró–. ¿Sabes, esperaba ir de crucero antes

de salir

Benny frunció el ceño.

–¿No es más bien al revés?

–Supongo. Mi madre iba a venir también.

–¿De veras?

–Sí, ella es bastante jovial.

–Obviamente –Benny comió su pastel pensativa. Levantó un dedo para

hacer una pregunta, luego lo bajó de vuelta–. Sabes, pienso que nos hemos

mal entendido

Constance levantó la vista. Una figura azul se estaba moviendo

diligentemente por la cal e exterior.

–Oops. Estoy extremadamente contenta de haberte conocido, pero tengo

que irme –se quitó el sombrero, echó dentro el pastel y los scones y corrió

hacia la puerta–. Le queda la crema –y se fue.

Benny se rió a carcajadas, una vez más incurriendo en el disgusto de sus

compañeros clientes. A el a no le importaba pagar la cuenta de Constance en

absoluto.

23

Después del almuerzo, Bernice regresó a su alojamiento en la Cabaña

Estación. Acababa de l egar de la tienda de arte donde el Sr. Sangter le había

proporcionado algunos aceites que necesitaba. Él le había obsequiado con

historias de las Guerras de los Bóeres1, sacadas, ella sospechaba, de algún libro de bolsillo barato que estaba leyendo.

Cabaña Estación, como su nombre indicaba, estaba justo al lado del paso

nivel sobre el ramal. Cada dos horas, un pequeño tren pasaba, l evando

pasajeros hacia y desde Norwich. La cabaña tenía un pequeño jardín con el

tipo correcto de luz y orientación, y Benny había establecido allí su caballete,

con la intención de pintar las suaves colinas por encima de la ciudad. En lo alto

de una de ellas estaba el monumento a una antigua mujer, sentada con su

cesta. Ésta, había sido informada, era la Vieja Meg, quien, en algún momento

del siglo pasado, solía caminar cada día todo el camino a Shellhampton de ida

y vuelta para vender sus pequeños productos. Algo bueno para ser recordado,

pensó Benny, debido a lo cotidiano y dificultoso.

Se hizo unos sándwiches, y salió al jardín, poniendo una mano en la

frente para tener una buena, distante mirada del trabajo en progreso. Bastante

bueno, en serio, para una novata.

–¡Es absolutamente maravilloso! –anunció una voz familiar desde la cal e.

Alexander Shuttleworth estaba apoyado en la cerca, abanicando su rostro

enrojecido con su sombrero panamá– ¿Seguramente, has estado exhibiendo?

¿Has enviado algo al Nacional?

–Si lo hiciera

enviarían de vuelta

con una nota diciendo que no cubre sus presentes necesidades, y habría una

posdata preguntando qué era realmente.

–Oh, te infravaloras, Señorita Summerfield. Tuve una vez una amiga

quien era una amante del arte, y ella me enseñó algo de los fundamentos.

–¿En serio? –Benny arqueó una ceja– Entonces, ¿crees que es

realmente bueno?

–Benny comió del sándwich– el os lo

1

1

(N. del T.) Guerras de los Bóeres: dos conflictos armados en los que se

enfrentaron el Imperio británico con los colonos de origen neerlandés (llamados bóer, afrikáner o

voortrekker) en Sudáfrica, que dieron como resultado la extinción de las dos repúblicas

independientes que los últimos habían fundado. La primera de ellas se desarrolló entre el 16 de

diciembre de 1880 y el 23 de marzo de 1881, y la segunda entre el 11 de octubre de 1899 y el 31

de mayo de 1902. Los bóer se refieren a las dos guerras como las Vryheidsoorloë, «Guerras de

liberación».

24

–Absolutamente. Por cierto, siento entrometerme. Sólo me aparecí porque

estaba aburrido. No hay nada que hacer en el museo, el joven Alec está

sentado en el escritorio, y él está aburrido también, pero lo contraté para que

estuviera aburrido así yo no tengo que estarlo. ¿Me pregunto si se me permite

observar mientras pintas?

–No es exactamente un deporte para espectadores, pero pasa. Es tu

jardín.

–Como un espíritu maligno, sólo puedo entrar cuando soy invitado –

Alexander abrió la puerta del jardín y se instaló en una tumbona–. Además,

esta es la razón por la que empecé a rentar la cabaña cuando

mi hermana

falleció. Me gusta conocer gente nueva. Especialmente aquellos que vienen de

Cambridge.

Benny se mordió el labio. Hasta el momento había logrado evitar el tema

de sus supuestos estudios en la Universidad Newnham.

–Me temo que nunca he estado en tu antigua universidad. ¿La

Universidad King, era? Ellos más bien desaprueban que curiosees por ahí,

¿no?

–Más bien. Oh, escucha, hoy conocí una mujer que huía de la

policía

le contó la historia de su encuentro con Constance.

Alexander rezongó.

–¡Malditos Liberales! Perdón por mi francés, querida, pero realmente es ir

demasiado lejos cuando estás entrando y saliendo de la prisión

constantemente. No sé por qué Asquith7 simplemente no les da el voto, bueno,

para los cabeza de familia, de cualquier manera. ¿Qué piensas?

–Pienso que los adultos deberían votar, y punto.

–Bien por ti. Tienes que conocer a mi amigo Richard Hadleman. Él es el

presidente del grupo local de Trabajo. Joven agitador, sólo en la veintena. Será

gente como él quienes nos guiarán hacia la próxima década.

–Probablemente –Bernice se volvió a su pintura, tratando de

–y

impedir que

Alexander viera su rostro.

7

(N. del T.) Herbert Henry Asquith (12 de septiembre de 1852 - 15 de febrero de

1928): fue Primer Ministro del Reino Unido por el Partido Liberal, entre 1908 y 1916. Antes de

su acceso a la nobleza, era conocido como H. H. Asquith, y luego como Lord Oxford.

25

Un gran revuelo se levantó de detrás de la cabaña, y las puertas del paso

nivel fueron levantadas. Un momento después, columnas de humo se alzaron

de una locomotora tanque mientras pasaba contento, el olor cálido de la

caldera derivando a través del jardín y mezclándose con las rosas. Alexander

miró su reloj.

–Puntual a las dos. El mundo puede estar cambiando, pero al menos los

trenes llegan a tiempo.

El grito causó que alguno de los más jóvenes miraran por un momento. La

sala de la Escuela Upper en la Casa Farra tenía dos balcones, cada uno con

un grupo de sillas a su alrededor. Una ventana era para los chicos en general,

la otra para los Capitanes, cuatro niños con responsabilidades especiales

dadas por su Escuela Universitaria Hulton.

En ese momento, los Capitanes estaban golpeando a Timothy con una

cuerda impermeabilizada y anudada.

–Amordázalo, por el amor de Dios –murmuró Hutchinson, un chico alto

con pelo rubio corto. No queremos que Wolvercote piense que somos unos

chillones.

Timothy miró sobre su hombro, apretando el metal frío del radiador contra

el que estaba inclinado.

–Tuve un sueño, Hutchinson, una pesadilla. La muerte estaba en el a.

Vamos a morir. Todos seremos asesinados. Todos los de Farrar.

–Todos tenemos pesadillas de vez en cuando –le dijo Hutchinson–, pero

uno aprende a no despertar gritando. Sólo cuatro más. Si puedes evitar hacer

ruidos, no te amordazaremos. ¿Crees que puedas?

Alton entraba en ese momento. Él era demasiado lacónico para el gusto

de los Capitanes, pero había pasado los tests y pruebas de resistencia

diseñadas para los insectos nuevos con sorprendente facilidad. Especialmente

impresionante fue su tiempo en los anil os de gimnasia, donde estuvo colgado

durante toda una tarde sin las habituales súplicas.

–Disculpe, Capitán –llamó–, pero el profesor encargado está en camino.

Lo vi en la escalera principal.

–¿Qué diablos quiere Smith? –murmuró Hutchinson– Oh bien, no vamos

a molestar sus honorables sentidos. Vamos levanten al insecto, terminaremos

con él más tarde.

El Dr. Smith entró, sus dedos tocando sus labios pensativamente, justo

cuando Timothy volvía al sitio de los niños en la habitación. Era un hombre

26

bajo, de cabello oscuro, vestía un traje marrón y una corbata escandalosa. El

diseño de la misma resumía lo que los Capitanes pensaban

sobre su nuevo

profesor de curso. Era de naturaleza colonial, un patrón arremolinado y colorido

como el que uno esperaría ver en las ropas de algunas mujeres extranjeras.

Sin embargo, como parte del equipo de un profesor, era bastante inapropiado.

Los niños más jóvenes lo adoraban, porque él era acogedor

y lleno de cosas

infantiles. Eso era desesperadamente malo para la moral.

Aún así, Los Capitanes se cuadraron en posición de atención

y lo

saludaron.

–¡Profesor de la Casa en el Upper! –bramó Hutchinson, y los chicos se

pusieron en pie.

–¿Quién es ese? –Smith se volvió hacia la puerta, como si alguien viniera

detrás de él, entonces, dándose cuenta que ellos se referían a

él, sonrió por

una milésima de segundo y agitó una mano de manera distraída. Seguía

llevando su expresión desconcertada de costumbre, como si se estuviera

perdiendo el sentido de una broma constantemente– No, no, siéntense. Vine a

preguntar

pelota de goma de su

bolsil o, y la lanzó sobre el brazo hacia la esquina Propiedad de los Niños,

sorprendiendo a un muchacho leyendo. Valientemente, el niño usó el papel

enrollado para golpearla de regreso.

Smith la atrapó, sonriendo.

–¿Howzat? Oh sí, te pondremos al bate –hubo una risa general.

Los Capitanes intercambiaron miradas. Hutchinson dijo:

–Si usted quería preguntar acerca del equipo de cricket,

sobre cricket –de repente sacó una pequeña

señor, pudo

convocarme a su habitación.

–Oh bien, ¿usted sabe sobre cricket?

–Sí, señor. Fui el capitán del equipo el año pasado.

–Sólo me preguntaba atrapó en la

boca, aparentó tragarla, y la hizo aparecer otra vez desde la manga– ¿por qué

hay sólo siete personas bateando? ¿No podemos incluir a todos los que

quieran jugar?

–Asumo que esa es un pregunta retórica, señor –dijo Hutchinson.

En la esquina de la habitación, Timothy mordía su labio inferior, tratando

desesperadamente de no llorar.

27

–Dile –le instó Anand, su amigo–. Él puede detenerlos. Lo

–Smith lanzó la pelota al aire, la

haría –el padre

de Anand gobernaba un pequeño estado independiente en la India. Él y

Timothy eran mejores amigos, probablemente porque el resto de la casa

parecía odiarlos por igual.

–Sí –Tim susurró–. Eso es lo más terrible. Él lo haría.

–Parece extraño –concluyó Smith–. Cuando yo estaba fuera, en

Aberdeen, solíamos agarrar un par de tablas, una pelota y simplemente

jugábamos con ello.

–Tal vez podríamos intentar eso –soltó el Capitán Merryweather–. Podría

convertirse en moda, señor, y todos empezarían a usar tablas en Lord' s8

Hutchinson le echó una mirada de advertencia. Su sarcasmo había sido un

poco demasiado obvio. Pero Smith estaba sonriendo esa

sonrisa insana de

nuevo.

–Sí

anuncios.

Empezaremos con once e iremos aumentando. Muchas manos arruinan el

caldo, o no, como mi padre solía decir. O quizás él decía lo contrario. Adiós –y

se marchó, lanzando la pelota pensativamente.

–¡Silencio! –ordenó Hutchinson tan pronto como la puerta estuvo cerrada.

La risa que el hombre siempre dejaba a su paso, ¿qué clase de ejemplo era

ese?– Estábamos en el proceso de golpear a Dean, si mal no recuerdo.

Timothy se puso de pie, sus ojos oscuros de dolor, y caminó con rigidez

de vuelta al radiador.

–Será peor para ti –susurró mientras se apoyaba contra él

Bueno, pondré a tanto al equipo en el tablón de

una vez más.

–¿Qué, insecto?

–Dije –Tim dijo, en una voz más fuerte– que será peor para ti.

Hutchinson intercambió miradas perplejas con sus compañeros capitanes.

El tono de la voz de Timothy era resignado más que asustado.

–¿Necesito decirlo? ¡Timbo! –se rió–Tú eres el único al que le va mal de

momento. Ahora, ¿dónde estábamos?

8

(N. del T.) Lord's Cricket Ground: (generalmente conocida como Lord's), es un

emplazamiento para el cricket en St. John's Wood, Londres. Nombrada tras su fundador,

Thomas Lord. Es la cede del Middlesex County Cricket Club, la Junta de Cricket de Inglaterra y

Gales, del Consejo Europeo de Cricket. Lord's es

ampliamente conocido como el “hogar del

cricket” y cuenta con el museo más antiguo del deporte mundial.

28

En el bosque de las colinas de la ciudad, una ardilla roja alzó la mirada,

se asustó, y corrió. En el aire, una silueta se estaba formando, un vórtice fractal

fluido que surgió de la nada, girando desde un punto hasta convertirse en un

disco rotativo en posición vertical, del tamaño de una puerta de granero.

Había cinco figuras en el vórtice, en la distancia, corriendo hacia el disco.

Estaban congeladas como estatuas en postura de saltar. Se hicieron más

grandes, aún más grandes, y entonces la primera de el as cayó fuera directo

dentro del bosque.

August se puso de pie instantáneamente, haciendo funcionar su olfato, y

atrapando a Aphasia mientras ella caía de la puerta del vórtice. La dejó

recuperarse, y palmeó los hombros de Greeneye y Hoff cuando tropezaron

fuera, l evando los paquetes más grandes.

–Rápido, monten el marco.

Los dos empezaron, con fluida, entrenada velocidad, a tirar de la

estructura de metal de las mochilas. Para el momento que Serif saltó desde el

vórtice, silbando, ellos habían completado el trabajo. Cerraron las conexiones

finales juntos, y un delgado anillo de metal rodeo el espectáculo de luces

danzantes. Los dedos rechonchos de Hoff apretaron una serie de botones en la

base del anil o. El disco del vórtice se flexionó, y una única, clara nota resonó a

lo largo del bosque. Los viajeros contuvieron el aliento. Entonces el disco se

estabilizó, y una serie de luces tranquilizadoras iluminaron la superficie de

control.

–Túnel del vórtice estabilizado –declaró Hoff.

–Gracias a mis antepasados –August suspiró–. Ahora Greeneye

–Estoy en eso, Padre –Greeneye giró en un círculo lento, extendiendo un

dispositivo manual a través de la tierra. Una vez completo el círculo, accionó un

control.

29

Unos reflejos de luz se elevaron alrededor del grupo, se arqueó formando una cúpula sobre

Unos reflejos de luz se elevaron alrededor del grupo, se arqueó formando

una cúpula sobre el os, y tan pronto como estuvo completa, brilló y se difuminó

en una recreación exacta de los bosques que tenían alrededor. Los pájaros

volaban a través de la cúpula holográfica, y las ramas que se reflejaban en la

superficie se mecían con el viento.

Desde el interior, la cúpula era transparente. August y los otros se

sentaron en círculo, hizo una pausa, y luego dejó escapar un profundo suspiro.

–Este lugar huele –declaró Aphasia.

–¡Por supuesto! –Greeneye se echó a reir– La mayoría de los lugares lo

hacen. Yo por mi parte, estoy agradecida de estar en tierra firme, y poder

mover mis miembros otra vez. No he sido consciente del paso por el vórtice

temporal, pero mis huesos se resienten. ¿Dónde estamos, por cierto?

–En un planeta llamado Sol 3, en la Galaxia Stellarian –Hoff estaba

realizando lecturas en su escáner de muñeca–. Hay muchas, muchas entradas

en la base de datos.

–Cerca de Gallifrey, entonces –suspiró Greeneye.

–¡No, no lo está “cerca de Gal ifrey”! –rió August– Estamos en uno de los

brazos de la Espiral Mutter, Gal ifrey está justo en el centro. Si estar en la

30

misma galaxia es estar cerca, entonces los Sontarans están cerca de los

Rutans, por el amor de Dios.

–No hay nada malo en ser cautelosos –respondió Greeneye, con un brillo

peligroso en sus ojos–. Tú sabes que esos bastardos se especializan en dar

puñaladas por la espalda.

–Está bien, hijo, tienes razón. Tenemos que cambiar de todos modos.

Hoff activa los comunicadores con el escáner que tienes en Tauntala, nos dará

una idea de la cultura local.

Hoff buscó una pantalla de la bolsa y repartió auriculares, a

cada uno de

el os programandoles sus intereses particulares. Entonces se

pusieron a

examinar los datos que el escàner tomaba. Por unas hores, los únicos sonidos

que pudieron oirse en el bosque fueron los movimientos normales de los

pequeños animales y los pájaros.

A través de los arbustos se arrastró un gran cazador.

Era un gato atigrado, y su nombre era Wolsey. Estaba lejos de su

territorio, ya que constantemente en busca de rivales y cosas nuevas que

explorar.

La cúpula era algo muy nuevo. Caía la noche, y había estado a punto de

girar y volver a casa a comer algo, pero aquello nuevo atrajo su atención.

Se acercó con cautela, bordeándolo antes de aventurarse

hacia el a.

Se acercó con cautela, bordeando la derecha antes de aventurarse hacia

el a.

Visualmente, era difícil de ver que había algo extraño allí, pero Wolsey no

se basó en la vista tanto como lo haría un humano, y se dio cuenta de la

extraña construcción como de un conjunto de sonidos y olores extraños

absolutamente nuevos. Se paró justo al borde y se inclinó con el morro hacia

delante hasta que sus bigotes estuvieron casi tocando la superficie misteriosa.

En un momento, el gran cazador quiso marcar la cosa con su olor, y de esa

manera sería suyo.

Un repentino sonido. Wolsey miró hacia arriba y saltó. Aphasia aterrizó

justo donde había estado, con las manos intento agarrarlo y el gato dio un

salto.

La niña mostró sus dientes y se levantó, sacudiéndose el polvo de su

vestido.

–¡ Un gato! –les dijo a los otros– ¡Era un gato!

31

–¿Un gato? –Greeneye saltó de la cúpula, con la mano preparada para

agarrar su espada–¡Una criatura de Gallifrey! –Iba vestido de verano con

pantalones blancos y un blazer, un sombrero original en su pelo recién cortado.

Lo único extraño en él eran las dos espadas que todavía llevaba a la espalda.

–¿Quieres relajarte? –August salió de la cúpula tras él, con un pulcro

traje– Me estás poniendo nervioso –pulsó en un botón del

arnés de Greeneye y

las espadas desaparecieron–. Sólo pudimos encontrar transmisiones de prueba

en el espectro radioeléctrico, ¿recuerdas? El escáner tenía que centrarse en

como es la cultura local impresa. A menos que quieran usarlo de observatorio.

No creo que los Señores del Tiempo quieran tener algo que ver en un sitio tan

primitivo como éste.

–Pero el gato.

–Hay un montón de mundos con gatos –murmuró Hoff. Llevaba las

medallas y el uniforme de un veterano de la guerra de los Boer–. No dejes que

te moleste.

Serif todavía llevaba su larga capa negra y su sombrero de ala ancha.

Volvió la cabeza en silencio, examinando el fol aje.

–Voy a explorar con cuidado –dijo a los otros– por la noche –y fue hacia el

bosque.

–Serif –August lo llamó, pero ya se había ido–. Bueno, estoy seguro que

lo tendrá, Hoff.

Hoff estaba a punto de dar un golpecito en el control de la muñeca, pero

Aphasia saltándo, gritó:

–¡Espera!

–¡Espera! ¡Un globo!

Del panel que se había abierto en la cúpula, flotaba un globo rojo, con la

Cuerda colgando. Que se acercaba a la mano de Aphasia, y el a lo agarró.

–Ahora ya puedes cerrar.

Hoff así lo hizo, la cúpula zumbaba con la energía mientras se activaba el

escudo defensivo.

–Vamos a explorar, a ver lo que hay –decidió August, señalando en

dirección a la ciudad–. Si alguien ve al sujeto, o a su compañera, entonces

llamar, Hay una TARDIS en alguna parte, recordar es muy probable que esté

cerca del objetivo.

32

Se pusieron en camino, Greeneye pasaba su sombrero de paja de mano

en mano. Echaron un vistazo a algunos movimientos de los animales entre los

arbustos, posiblemente el temido gato, se perdió, y el sombrero se cayó al

suelo. Hizo una mueca, como si le hubieran golpeado, como la brisa de la tarde

lo devolvió rodando por el suelo. Se detuvo brevemente, concentrándose.

El canotier se paró, y con unos medios invisibles de autopropulsión corrió

a través del suelo del bosque hasta la cabeza de Greeneye.

–Lo que sea que este Señor del Tiempo esté haciendo aquí – murmuró–,

espero que esté disfrutando, porque, déjenme decirles, que va a ser el trabajo

de su vida.

–Miau

–dijo Hoff.

33

Capítulo Dos

Maius Intra Qua Extra

-Así que

-George Rocastle, MBE, se reclinó en su silla y

sonrió-

¿Cómo van las cosas, John?

El Dr. Smith se había dejado caer en la sil a al otro lado del escritorio.

Tiró de su cuello, y sonrió tontamente

-Bien

-Sólo estaba preocupado por algo que escuché hoy. Como director,

tengo que mantener un oído en todo, ya sabes. ¿Por qué te aventuraste dentro

de la Escuela Superior hoy?

-Es donde los chicos estaban. Quería preguntarles acerca del cricket.

¿Estuvo mal?

-No

vida aquí del

bien.

Mal, no como tal, no. Pero hay más de un orden de

que está escrito en el libro de reglas. Algo así como la misma Gran Bretaña,

estamos orgullosos de nuestra constitución no escrita. Maius intra qua extra, ya

sabes. ¿Pars interior ingentio est quam exterior pars?

-Ah

-¿Qué significa eso? -el bigotudo labio superior de Rocastle se

estremeció, luego se contuvo- Es el lema de la escuela. Si no sabes lo que

significa, te sugiero que lo averigües.

-Sí. Lo haré. Me retiro.

-Dr. Smith, cuando lo contraté, fue en gran medida sobre el peso de un

excelente conjunto de referencias, posiblemente el mejor que jamás haya visto,

de la Academia Flavian de Aberdeen. Su comportamiento en estas seis

semanas que lo hemos tenido con nosotros, hasta ahora, no

-Smith asintió con prudencia.

coincide con esas

referencias. Para empezar, está el asunto de su estallido histérico cuando

estuvo en la clase de biología de la Sra. Denman.

-Ella sugirió que el mundo quizás fue creado en seis días. Que las

teorías de Darwin no estaban comprobadas. Tuve que reírme -la mirada feliz

de Smith atrapó la expresión desaprobadora de Rocastle-. Quizás usted

tendría que haber estado allí.

-Luego estuvo el incidente sobre el castigo que el Sr. Chal oner

prescribió para Atkins.

34

-Estaban en una carrera a campo traviesa. El chico estaba herido.

-Según el Sr. Challoner él estaba haraganeando. Completó el camino

dos veces, así que no puede haber estado tan mal herido, ¿no es así? Bueno,

¿no lo cree?

-No, supongo que no.

-Escuche, Smith, voy a ser claro. Su interferencia en las lecciones de

otros profesores es mala para la disciplina. He oído que sus clases de Historia

van sin problemas. ¿Por qué no deja que los demás sigan con su trabajo?

-Yo

causado algún

problema. Trataré de no inmiscuirme.

-Ese es el espíritu. Admiro a un hombre que sabe cuando se equivoca.

En cuanto a su pequeño paseo de esta tarde, pues, no es realmente trabajo del

maestro de la casa el entrar en los negocios personales de su Casa. De mal

-Smith agachó la cabeza- No lo sé. Lo siento si he

gusto. No sé cómo se hace en Escocia.

-Mi último director, el Sr. Gothley, estaba muy interesado en conocer los

asuntos de todos.

-Bueno, ese es el problema, entonces. Sólo está acostumbrándose a

cómo hacemos las cosas al sur de la frontera. El temperamento celta es bueno

en la guerra. Recuerdo una demostración de bayoneta dada por los Guardias

Escoceses en un desfile militar cuando era un muchacho. Como sea, el camino

de la disciplina y la estabilidad es el sendero que elegimos aquí, y lo hacemos

bastante bien con él.

-Sí -asintió Smith con la cabeza-.Ya veo.

-Buen hombre. Estoy seguro de que no tendremos que hablar así de

nuevo. ¡Buen Dios!, ¿es esa la hora? ¿No tienes que hacer

los preparativos de

la noche, verdad? No, bueno entonces, no te detendré de volver a la rectoría.

¿Cómo la encuentras?

-No he tenido ningún problema. Siempre está al final del camino -dijo

Smith serio.

Rocastle no estaba escuchando, golpeando algunos papeles en su

forma sobre el escritorio.

-Bien, bien -hubo un toque en la puerta-. Entre -Joan Redfern entró.

Estaba en los cuarenta, una profesora de ciencia, con una ocasional hebra de

cabello escapando de su peinado cuidadosamente armado.

35

-Disculpe, Jefe y, oh, hola, Dr. Smith, sólo me preguntaba si puedo usar

su teléfono este fin de semana. Mi tía en Grims parece estar enferma, y

quisiera conocer la situación exacta.

-Por supuesto -dijo Rocastle-. ¿Pedirá tiempo libre, Sra. Redfern?

-Oh, Dios, no, no es tan serio como parece. Gracias de todos modos.

Buenos días.

Asintió hacia Rocastle, dio a Smith una pequeña sonrisa, y se fue.

Un momento después, cuando Smith dejó el estudio del director, Joan

esperaba por él en el pasillo, sentada en el banquillo de afuera normalmente

reservado para escolares temblorosos.

-Enviado a ver el Jefe, ¿eh?

-Sí -Smith mordió su labio inferior con preocupación.

-¿Por qué tema quería verte?

-Nada importante. Soy una mala influencia. ¿Te vas a casa?

Joan se puso de pie.

-Sí. Esperaba que caminara conmigo hasta la puerta, Dr. Smith. Si lo

desea.

Smith empujó su codo hacia afuera. Joan levantó una ceja ante el gesto,

y, avergonzado, él tomo su negro paraguas del perchero y lo colgó allí.

-Escuché que escribiste

Caminaron en línea recta por el camino de grava, siendo el crujido de

sus pies el único sonido en el hermoso crepúsculo azul. Una luna llena se

estaba alzando, su superficie ondulante con la niebla del día que terminaba. Su

luz transformó el resto del cielo en un negativo, expectante y brillante, las

primeras valientes estrellas apareciendo sobre las colinas.

La escuela era un

enorme y negro edificio detrás de ellos, un bloque de sombras que

repentinamente comenzó a vivir con luz, cuando por todo el edificio a la vez,

los prefectos encendieron las lámparas de aceite. En segundos, la luz

revoloteaba por sobre toda la estructura gótica, llenando las ventanas con un

brillo enfermizo.

Smith miró hacia atrás por sobre su hombro, observando como la

ventada del estudio de Rocastle también se iluminaba lentamente.

36

-Luz

-murmuró. Entonces giró de nuevo hacia Joan- Lo

siento. Estaba

a millas de distancia. ¿Qué dijiste?

-Dije que escuché que escribías. Ficción, quiero decir.

-No es nada. Historias. Para los niños. Magia, elfos, ya sabes -las

luciérnagas danzaban a través de los árboles a lo largo del camino.

-Ya veo. ¿Eres un místico, entonces?

-No. Bueno, no en el sentido romántico. No creo en sprites1 o kelpies2 o boogens3 o algas inteligentes.

-¿Algas inteligentes? Dios, tú sí que tienes imaginación.

Doblaron la curva de la entrada así la escuela quedó escondida por los

árboles. Ambos redujeron la marcha hasta detenerse y se relajaron

visiblemente, sonriendo por la similitud de sus reacciones.

Smith ofreció a Joan el apoyo de su brazo de nuevo, y esta vez, con una

mirada torcida, ella lo tomó.

-Sigamos, entonces. A mi edad necesito todo el apoyo que pueda

obtener.

-¿Por qué, que edad tienes?

-¡Dr. Smith! ¡Qué pregunta! -Joan fingió una mirada asesina- Lo siento.

Tengo cuarenta y ocho.

-Bueno yo tengo.

-No me diga.

1

1(N. del T.) Sprites: término que designa a un número de criaturas legendarias. Usado

normalmente para seres élficos, también incluye hadas y seres similares.

2

2(N. del T.) Kelpie (caballo acuático): es una criatura fantástica perteneciente a la

mitología celta. Son espíritus acuáticos que se aparecían a los humanos en forma de caballo,

humana o hipocampo.

3(N. del T.) Boogens: aparentemente un tipo de monstruo concebido para la película The

Boogens (1981). Un ser de aspecto terrorífico con numerosos dientes y afiladas garras. Imagen

siguiendo el link a continuación:

37

-Más joven.

-Bien.

-¿Por qué?

-Porque… No lo sé, a veces me siento terriblemente viejo. Necesito a

alguien para mantenerme joven.

-¿Entonces qué tenía Rocastle que decirte?

-Me estaba contando sobre algunas de las reglas no escritas. Quería

preguntarle si podía darme una lista, pero ese es probablemente el punto, ¿no

crees?

-Oh, ese hombre. Es una caricatura completa.

Smith meneó su mano libre.

-Es dedicado. Tiene buenas intenciones.

-Si estuviera en mi clase, le daría una buena reprimenda. Demasiado

mandón. Él es un

Smith la miró fijamente por un momento, una sonrisa infantil jugueteando

en sus facciones.

-No te gustan los soldados, ¿no?

-No. No desde que mi esposo, Arthur, murió. Déjame decirte, John, si se

me diera la oportunidad de nuevo, no vendría a éste lugar. Tuve que soportar

una entrevista muy dura con Rocastle, y él hizo que mi nombramiento se

sintiera como un acto de caridad de su parte, dándole empleo a una viuda de la

un militar imbécil.

guerra con referencias viejas. Sentí que él estaba siendo más un amigo de

Arthur que mío. Pero necesitaba l egar a fin de mes. Y está, bueno, hay otro

factor, el cual no sería acertado que tratáramos.

-Ah, bien, no querría que hicieras nada incorrecto porque estuviste

conmigo. Dos cabezas no hacen un acierto.

-Dos cabezas. Que pensamiento terrible.

-Un monstruo. Como Cancerbero en las puertas del Infierno.

Joan rió.

-Pues, Orfeo engañó a Cancerbero, ¿no fue así?

38

-No ganó, sin embargo. El miró hacia atrás para ver a Eurídice.

-Gracias a Dios viniste. No habría sabido qué hacer conmigo misma en

otro caso. Nuestras conversaciones, nuestros juegos de

whist

lo que me mantiene cuerda.

-Sí -Smith sacó su mirada del brillante rastro de la Vía Láctea que

estaba comenzando a formarse sobre sus cabezas-. Me siento de la misma

manera.

-Dime, ¿has notado lo extraño que ese muchacho Dean es?

-¿Dean?

Smith estaba saliendo de su ensimasmiento.

-¿Quieres decir Tim? Sí, él está un poco distante. Preocupado. Como si

alguien hubiera muerto -hizo una mueca-. Lo siento. Me disparé a mí mismo en

el pie. ¡Oh no! ¡No!

Intentaba visiblemente de explicarse, soltando el brazo de Joan y

moviendo sus manos de manera salvaje.

Creo que son

Joan se reía.

-John, no te preocupes, fue hace mucho tiempo. Prefiero pensar que me

he acostumbrado. Creo que nunca he escuchado esa expresión, dispararse

uno mismo en el pie. Muy descriptiva. ¿Dónde se originó?

-No lo sé brazo una

vez más-. Eres muy comprensiva. Haces todo simple. Me gusta eso.

Joan lo consideró.

-Bueno, me gusta la manera en que tu rostro se pliega cuando tienes

que hablar de cualquier cosa emocional, como si fuera a ser muy doloroso para

todos los involucrados. Pero sigues adelante y lo dices de todas maneras.

Dime, en tu pasado, y por favor no te sientas obligado a responder, ¿hubo

oh cielos -luciendo avergonzado, Smith tomó su

alguna gran tragedia? ¿Un aspecto intrincado en

su rostro de nuevo, y su propia sonrisa se desvaneció.

-Oh cielos. Sabía que no debería haber preguntado -Smith miró hacia

abajo a la grava bajo sus pies.

romance fallido? -el a vio el

39

-No, no

Hubo alguien. Cuando era muy joven. Su nombre

era Verity.

Era hija de un cervecero. Estuvimos comprometidos para casarnos.-¿Qué

pasó?

-Prefirió a un marino. Es lo que tiene Aberdeen. Hay de todo. ¿Regaliz?

-él había sacado una vara de la variedad roja de su bolsil o. Joan cortó un

pedazo y lo comió- Eso es terrible. ¿Supiste de ella de nuevo?

-Su marino huyó con una chica que conoció en un salón de

baile. Eso

fue hace años. No sé qué pasó luego.

-¿No ofreciste aceptarla de vuelta?

-No. Quizás. No lo sé. A veces está todo borroso -habían llegado al

antiguo pabellón de caza al final del camino. Joan, viendo que Smith estaba

incómodo, decidió no continuar con el asunto, y cambió de tema.

-Estábamos hablando de Timothy Dean. ¿Qué piensas de él? -dejó ir el

brazo de Smith y lo miró mientras él buscaba por sus llaves.

-¿Eh? Oh sí. Muy precognitivo. Quiero decir precoz. Muy sensitivo -Joan

suspiró, dándose cuenta que no iba a obtener nada con sentido de Smith sobre

la cuestión.

-Bueno, quizás tú y yo podamos jugar una mano o dos mañana por la

noche. ¿Te gustaría que cocinara?

-Sí -Smith, fal ando aun en abrir su puerta, se volvió y le dirigió una

sonrisa tímida-. Eso estaría bien.

-¿Hay algo que no te guste?

40

-Tostadas quemadas.-Pues, no voy a correr ese riesgo. Te veré mañana a las siete entonces,

-Tostadas quemadas.-Pues, no voy a correr ese riesgo. Te veré mañana

a las siete entonces, a menos que nuestros caminos se crucen antes.

-Bien. Maravil oso -Smith se echó contra la puerta. Que fue, por

supuesto, el momento en que esta se abrió, él cayó en el interior.

Joan se alejó por la calle, saludando y riendo.

De el diario de la Prof. Bernice Summerfield

Esa noche tuve una de mis depresiones.

Escogí una de las copias de Le Morte D' Arthur de la biblioteca de la

cabaña. No estaba pensando, obviamente. Eso sí, dado que una de las

alternativas era Estudio en escarlata, quizás debería considerarme afortunada.

Podría haberme encontrado en el tren de la mañana hacia Londres, con la

intención de hacer un recorrido por los hogares antiguos. Sin duda eso podría

haber resultado en mí siendo perseguida por un bathchair1 y su ocupante teniendo un ataque cardíaco.

Me acurruqué en la cama en la parte en que Bedivere lanza Excalibur de

nuevo al lago. Cuando era una niña, escondiéndome sola en el bosque (y he

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pasado tanto tiempo de mi vida sola, me acabo de dar cuenta de ello), Mal ory

y los otros como él fueron un gran consuelo. Yo esperaba que fuera así otra

vez, y lo fue, de una manera extraña, porque, casi sin darme cuenta que había

empezado, después de diez minutos encontré que estaba llorando desde el

corazón.

Estaba l orando por un pasado que nunca había existido realmente,

alguna clase de terrible noción británica de las tierras antiguas, donde las

cosas eran mejores, y todas las muertes eran nobles, y los crepúsculos eran

presumiblemente dorados. My familia es británica, después de todo, así que

tengo el derecho de l orar sobre lo que se ha perdido. La pérdida es mi

herencia. Antes de que la guerra se l evara a mamá, antes de todas las

guerras, antes de la Caída, supongo, que estábamos confortables y felices y

contentos. Y entonces Ellos vinieron, y Ellos tenían algún tipo de plan que

Nosotros realmente no entendíamos, y Ellos sólo siendo Ellos hicieron que

nosotros, quienes habíamos sido todo tipo de cosas, nos convirtiéramos en

Nosotros.

La misma vieja historia, y está l ena de sus propios terrores, y viciada, y

tiene ese terrible triunfalismo masculino sobre el tema que hace que los

muchachos se formen y sean sacrificados. Pero todavía puede hacerme llorar.

Y esa noche conectaba con mi propia situación, y eso me afectó,

bastante.

La noche duró cerca de diez días.

Entrada del Diario Finalizada.

El Dr. Smith encendió la lámpara de aceite, la apoyó en su escritorio y

tomó una pluma. Golpeó sus dientes con el a pensativamente.

Habría sido bueno si Joan se hubiera quedado a cenar esa noche. Ella

era diferente. Llena de vida. Lo hacía feliz de maneras extrañas. Lo hacía

querer escribir.

Él siempre pensó que tenía una novela en él, desde que él y Verity

habían caminado por la playa y danzado sobre las rocas bajo la luz de la luna.

Ella lo había besado entonces, y susurrado algo en su oído. Ambas ideas

1(N. del T.) Bathchair: un tipo de pequeño carruaje, precursor de la silla de ruedas, que era

tirado por un caballo o poni, siguiendo el link se puede

apreciar una imagen representativa:

42

parecían extrañas: el susurro y el beso. No podía recordar qué le había dicho

el a, o cómo ser besado se había sentido.

Todo eso se debía a que él había obtenido sus resultados superiores

ese día. Parecía seguro que llegaría a ser un profesor.

Sacó una hoja de papel en blando y la miró.

Muy blanca. Muy vacía.

Pensó por un momento. Podía mostrar la historia a Joan. Ella sugeriría

cambios, trabajarían en ella juntos. Eso sería bueno.

Apoyó la pluma en el papel y comenzó a escribir.

El Hombre Viejo y la Caja de Policía

Hace mucho, y muy lejos, en el reinado de la Reina Victoria, vivió un

anciano de cabello plateado, quien tuvo una idea muy buena. Había pensado

en un refugio para los policías, con teléfono, para que todo aquel que estuviera

en problemas pudiera llamar por ayuda. Y eso era inteligente; porque nadie

sabía qué era un teléfono, en ese entonces.

Porque había que tener un montón de espacio dentro del refugio; el

anciano inventó una manera para que una gran cantidad de espacio cupiera

dentro de él. Porque el refugio tenía que ser capaz de perseguir criminales, él

lo construyó de manera que pudiera desaparecer y luego aparecer en otro

lugar.

El anciano era muy inteligente; pero muy solitario, y por lo tanto, antes

de que le dijera a alguien acerca de su invención, la usó para ir a explorar.

Visitó otro mundo, un lugar llamado Gallifrey.

Allí, encontró una tribu de gente muy primitiva.

Smith se quedó mirando el papel molesto. Había fluido fuera de él, pero

no podía mostrárselo a el a. Demasiado infantil. Incluso para niños. ¿Y a dónde

apuntaba? Ni siquiera tenía un argumento. Lo consultaría con

la almohada.

Se retiró, apagó la lámpara de aceite sobre su escritorio con un tiro

irritado de la válvula.

43

A

medida que se movía hacia la habitación en la pequeña

posada, una

mano infantil silenciosamente tomó la primera hoja de la historia. Después de

un momento, se escuchó el sonido de risa ahogada.

Smith salió del dormitorio en su camisón y gorro. Miró alrededor del

lugar. Pero todo estaba en orden.

Todo lo que quedaba de su visitante era la suave brisa proveniente de

una ventana abierta. La cual deslizó los papeles hasta el piso.

Smith los recuperó, y, moviendo su cabeza desconcertado, regresó a su

cama.

¿Qué piensas? -Greeneye tenía sus pies contra un árbol, la espalda

hacia la ladera sobre la casa de Bernice. Hoff se sentó a su lado, mirando a

través de un par de avanzados binoculares.

La imagen que estaba observando era de Benny paseando en su

habitación, en azul contra blanco, mirando a través de la pared del edificio.

-Nativa de éste planeta, un poco de energía Artron, por lo tanto el a ha

estado en una TARDIS. Sí, el a es la compañera. Profesora Bernice

Summerfield, le dijo el sujeto a Laylock. A veces llamada Benny. Hay algunos

otros detalles en los archivos -sacó un arma de su cinturón- ¿Vienes?

-¿Qué? ¡No, Hoff, no! ¿Cuál sería el punto de ello?

-La atrapamos, la interrogamos, encontramos dónde está el Pod, y nos

vamos a casa antes del amanecer. ¿Cuál es tu problema?

-¡No funcionará! Ella es una asistente humana de un Señor del Tiempo,

por lo cual debe ser alguien de cualidades y habilidades particulares.

Hoff alzó sus cejas.

-¿Ah, sí?

-Ella resistiría nuestros esfuerzos, intentaría escapar, todo eso. No,

debemos hacer esto de manera sutil.

-Te sientes atraído por ella, ¿no?

-Bueno, el a tiene una forma agradable. Para un humanoide.

-No puedo creerlo. Si tiene forma corpórea, te lanzarás sobre el a.

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-Todo lo que estoy diciendo es, déjame hacer esto a mi manera.

Mañana.

-De acuerdo -Hoff deslizó el arma de nuevo en su cinturón-. Pero si no

funciona, tendré los hierros calientes preparados.

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Capítulo Tres La Ola de Destrucción de Boudicca

A la mañana siguiente, Smith entró en la clase, usando el birrete y la

toga que siempre lo hacían sentir tan incómodo. Se hizo el silencio, como

siempre. Los Capitanes estaban sentados en el fondo, y los chicos al frente, y

todos prestaron mucha atención mientras él entraba. Atrapó un avioncito de

papel alegremente, le echó un vistazo, le torció una muesca en el ala y lo tiró

de nuevo, justo en las manos del chico que lo había lanzado.

-Buenos días, clase.

-Buenos días, doctor Smith -respondieron en coro.

-Siéntense -mientras lo hacían, Smith abrió su maletín-. Puse un anuncio

en lo alto del pizarrón del corredor. El equipo de cricket.

Hutchinson levantó la mano.

-Disculpe, señor, pero, ¿no íbamos a hablar sobre eso?

-¿Íbamos? Pensé que ya lo habíamos hecho. Perdonen. Oh, bueno, es

sólo un juego. Ahora, destrucción, asesinato, gente empalada en postes…

-¿Señor? -el Capitán Merryweather había alzado la mano- ¿No va a

pasar lista, señor?

-¿Abbot, Andrew? -murmuró Smith, abriendo el registro. Todos los

muchachos respondieron a sus nombres, excepto:

-¿Alton, Clive Ian?

-Señor.

-¿Dean?

Timothy estaba ocupado contemplando el verdor del campo de cricket,

afuera. Anand le dio un codazo en las costillas, y él volvió la vista.

-Perdón, ¿qué?

-¿Timothy Dean? -Smith le sonrió con picardía- No sé ni porqué

pregunto, puedo verte justo ahí.

Hutchinson vio las miradas severas en los rostros de sus camaradas,

meneó la cabeza y se puso de pie.

-Señor, eso no se puede.

-¿Cómo? -Smith paseó la mirada entre Dean y Hutchinson- ¿No puede

verlo?

-Si uno no responde a su nombre cuando le llaman es una ofensa

disciplinaria, señor, de acuerdo con las reglas de la escuela. ¿No va a hacer

nada al respecto?

-¿Por qué? ¿Qué cree que yo deba hacer?

-El castigo estándar son diez golpes con el zapato, señor. Quizás usted

no estaba al tanto.

-¿Al tanto? -Smith miró inquieto a toda la clase- Sí, lo sabía. Pero este

es mi salón. ¿No puedo cambiar las reglas?

-Ninguno de nosotros puede cambiar las reglas, señor. Ni siquiera si

quisiéramos. Si lo prefiere, yo podría administrar el castigo por usted.

Smith silbó, pensativo.

-Sí -decidió.

Timothy abrió la boca con horror. La última vez que Hutchinson lo había

castigado, no había sido capaz de sentarse durante tres días, y no había

podido dormir por el dolor de las magulladuras.

Hutchinson se puso de pie.

-¿Puedo tomar la zapatil a, señor?

Smith rebuscaba sin ganas dentro de su maletín.

-Me preguntaba por qué tenía que traer una de estas a cada clase. Casi

me la puse, pero hubiera terminado andando en círculos.

¡Ah! -con un ademán,

sacó una mul ida y rosada pantufla9 de su bolsa, y la probó golpeando la parte

superior de su mano con el a- Sí… No debería doler-alzó la vista hacia

Hutchinson-. ¿Listo?

9

(N. del T.) Juego de palabras, imposible de traducir. El castigo que se demanda para

con el chico eran “strokes of the slipper”, que es golpear al niño en el trasero con el

zapato; sin embargo, “slipper”, en inglés, significa también pantufla.

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Hutchinson había caminado hacia el escritorio. Ahora se había detenido, dado la vuelta y vuelto

Hutchinson había caminado hacia el escritorio. Ahora se había detenido,

dado la vuelta y vuelto a su asiento.

-Creo que podemos postergar el castigo, señor.

-Oh, bien -Smith pareció confundido, tiró la pantufla dentro de su bolsa, y

sonrió a la clase. Muchas sonrisas secretas le fueron dirigidas, excepto por los

Capitanes, quienes lo miraban con una mezcla entre incredulidad y disgusto-.

Ahora, destrucción, asesinato, gente empalada en postes. Todos estos fueron

la primicia en la rebelión de Boudicca contra los romanos, circa 62 AD.

Atkins alzó la mano.

-Por favor, señor, ¿usted se refiere a Boadicea?

-Sí. Boudicca era su nombre real. Ella era una reina celta, la reina de los

Iceni, que vivieron por aquí. Era la viuda de Prasutagas. Él era el viejo rey.

Cuando murió, le dejó sus tierras a sus hijas y al imperio romano, juntos. Ahí

fue cuando los romanos dominaron Bretaña. Él pensó que funcionaría. Pero los

agentes romanos vinieron e intentaron apoderarse de toda la zona. ¿Por qué?

-¿Porque las niñas no podían dominar el reino? -sugirió Merryweather.

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-Eso debe ser lo que pensaron. No sabemos si estaban actuando

legalmente. Paulino, el Gobernador, estaba peleando en Gales. Esa debió de

ser la idea. Si ellos fallaban, nadie podría culparlo. Muchos gobiernos

funcionan así.

-¿No los europeos, seguramente? -Alton murmuró, con una disimulada

sonrisa en la cara.

-Quizás en Bosnia… Pero no importa eso. Los agentes violaban a las

hijas y eso molestó a Boudicca. Así el a… ¿Qué? ¿Qué pasa?

Un murmullo resonó por toda la clase:

-Señor, ¿qué les hicieron a las hijas otra vez? –preguntó Philips

-Violarlas. Tener sexo con el as en contra de su voluntad

¿No está en el

diccionario?

-Ahora –él ignoró los murmullos y se volvió hacia el mapa– Boudicca

reaccionó inmediatamente ¿Y qué hacían los agentes? ¿Hadleigh-Scott?

-Hadleigh –Scott levantó la vista de su pupitre sonriendo:

-¿Casarlos con las hijas, señor?

-¿Qué? No. Extraño. No, el a tenía agentes despellejados vivos e

implantando mensajes en sus intestinos (la mayoría decía intestinos) en sus

bocas. Muy desagradable. Entonces, porque ellos habían dado la impresión de

que trabajaran desde las órdenes Imperiales, ella llamó a Iceni a la guerra y

declaró que el os fueron. Ellos no tenían que hacer lo que el Gobernador dijera

más. La tribu atacó Colchester, Sr Albans y Londres, y

quemaron todos los

planos. No hubo tanta destrucción desde lo que los arqueólogos sabían cuando

el os cayeron en el año 62 D.C en sus ciudades, porque había una capa de

cosas rotas y ceniza. Finalmente, Paulinus regresó, cogió sus tropas juntas y

defendió el Iceni. Boudicca se suicidó. La pregunta es: ¿fue esta estupenda

heroína británica, una favorita de la Reina Victoria, derecho para rebelarse?

¿Hutchinson?

-Por supuesto. Ella estuvo combatiendo contra la tiranía extranjera.

-No el a no lo estuvo. Paulinus fue el más bondadoso de los

gobernadores. Si ella había denunciado los agentes a él. Ella estuvo de

acuerdo consigo mismo.

-Pero Bretaña fue ocupado por los romanos

-Las personas que ella asesinó fueron bretones. Incluso la mayoría de

las legiones eran reclutas locales.

49

Hutchinson sonrió:

-¿Qué estabas intentando decir sobre la Reina Boadica? ¿Qué ella fue

una especie de asesina en masa?

-Sí por supuesto –Smith había avanzado hacia la sala, mirando

fijamente a Hutchinson– ¿Pero estuvieron justificados los asesinatos?

Hutchinson encuadró su mandíbula:

-El asesinato nunca fue justificado.

-¿Qué hay de la guerra de Bóer?

-Eso fue diferente. Eso era la guerra.

-Así que era esto. Los británicos que murieron de otras tribus. Tribus que

habían invitado a los romanos a Gran Bretaña.

-Colaboradores. Se merecen todo lo que obtuvieron.

-Años antes. Ahora vivían en paz con todo el mundo -Smith estaba

ahora al nivel de la mesa, mirándole.

-Entonces no –exclamó el muchacho, retirando la mirada

-Pero fue una violación. Sus hijas. Su propia sangre. Mutilada por el

populacho. ¿Quién tiene razón? –el maestro bajó su cabeza hasta al nivel de

Hutchinson – ¿Cómo es posible? –Hutchinson desvió la mirada– ¿Quién tiene

la razón? -gritó Smith.

-¡No lo sé! –gritó Hutchinson.

-¡No! –Smith dio un golpe con la zapatil a en todo el borde de su

escritorio con un sonido como de latigazo cervical.

El niño se levantó de su asiento y se quedo al í, mirando a

Smith y

jadeante.

Por un momento, la clase pensó que iba a pegarle.

A

continuación, Smith dio la vuelta, y vagó de nuevo hacia

la

pizarra, la

zapatilla había desaparecido una vez más.

-No –murmuró, como si hubiera perdido su lugar de nuevo-. No, no… –

se

volvió y miró a los chicos- Ahora, ¿dónde estábamos?

50

Con un gran esfuerzo, Hutchinson se sentó. Cogió la punta de

su pluma

y en el papel frente a él escribió y la partió por la mitad. Solo había una

pequeña frase:

Más tarde

La campana sonó a las 11, y la clase salió, mucho de los chicos

agrupándose alrededor del tablón de anuncios de afuera como lo dejaron.

Hutchinson ni siquiera miró a Smith como se marchaba rápidamente.

Timothy se detuvo en el escritorio, y miró nerviosamente a su maestro.

Smith estaba empaquetando su maletín rápidamente, preparado para su

próxima clase.

-Perdóneme, señor. Gracias, señor.

-¿Eh? ¿Por qué?

-Usted no me dejó con Hutchinson, señor. Yo quería que usted tenga

esto.

Hubo una serena intensidad, una desesperación, en la voz del chico.

Sacó una manzana roja brillante de su bolsillo, y la sostuvo afuera, su mano

estaba temblando ligeramente.

Smith tomó la manzana, la pulió sobre su manga, y le sonrió a su reflejo.

-¿Por qué una manzana?

-Tuve un sueño. Tengo sueños extraños. Tuve que dársela a usted. Así

podrá recordar.

Smith le dio una mordida y la masticó pensativamente:

-Por día una manzana ¿Qué se

suponía que tendría que recordar?

-¿Más vale prevenir? ¿Es cosa sana? –Timothy sugirió sonrió, al ver que

no recordaba las frases.

-Probablemente. Los sueños son como esto, nunca recuerdas las partes

interesantes.

Tim tomó un respiro profundo.

-Yo… Yo estoy… Son las reglas, lo sé, y sólo debería lidiar

que curar. No, eso no está bien.

con el o,

pero… los Capitanes, ellos me golpean todos los días. Sólo quiero saber…

¿Algún día se detendrán? ¿Se detendrán cuando esté en segundo año?

51

Smith bajó la manzana, y miró alrededor de la habitación, sin respuesta

alguna. Finalmente le respondió:

-No lo sé… ¿Hay algo que pueda hacer? Les diré que paren…

-¡No! ¡No lo haga!

-No, no, entonces no lo haré, no… –Smith levantó las manos en son de

paz- ¿Le pasa a todo el mundo?

-No. Ellos les hacen pocas cosas a los otros, y el os l aman por los

nombres a Anand y Alton. Pero es solo a mí a quien le dan una golpiza todos

los días.

Smith deambuló por la habitación, mordiendo sus labios en forma de

concentración. Parecía no haber nada que le pudiera contestar al chico. Él

nunca había sido objeto de acoso… ¿O sí? Si ese era el caso, no lo recordaba.

¿Qué diría Rocastle?

– Es parte del crecimiento.-- Smith miró fijamente hacia la esquina de la

habitación.

-Es cosa de todos los días. El gato se come al perro. Es la supervivencia

del más fuerte. Un lugar como este… está l eno de reglas. Lleno de

costumbres. Y tienen que ser obedecidas. Es como las cosas tienen que ser.

Disciplina. La creación del hombre. Un día, tú serás un capitán, y podrás

golpear a quién quieras. Tienes eso para mirar hacia adelante –se volvió hacia

Timothy y logró ver sus apenados ojos- ¿Estás mejor?

Timothy no respondió por un momento, mirando a Smith casi

acusadoramente.

-Sí, señor. Gracias, señor –y salió casi corriendo de la habitación.

Smith lo miró.

-O podrías quemar sus casas y tirarlas abajo –se susurró a sí mismo.

La puerta se abrió y Rocastle entró, radiante. Miró hacia atrás, viendo a

Timothy salir.

-John, creo que le he juzgado mal.

-¿Perdón? –Smith volvió a sus cosas y terminó de empacar.

52

-Bueno, yo me dirigía hacia aquí con el fin de darle un poco de lectura,

algo loco y picante acerca de Boudicca. Pero me paré para darle un vistazo a

la selección del equipo de cricket y te escuché dándole a ese extraño niño una

maravillosa charla. ¡Ése es el espíritu! Dime, ¿Estaría interesado en echar una

mano con el CEO?

-¿El CEO?

-Cuerpo de Entrenamiento de Oficiales; probablemente no los tienen en

Escocia. Hay una sesión mañana a la tarde. Lo hacemos todos los sábados.

No le puedo pedir que venga en su tiempo libre, pero…

-Haré estallar mi cabeza alrededor del patio de armas el sábado.

-Bien… ¡Bien! Bueno, ¡Siga así! –Rocastle palmeó a Smith sobre sus

hombros y se fue, frotándose las manos. Se paró en la puerta.

-Ah, e interesante selección de equipo, por cierto, poniendo

a

Hutchinson como 5 y haciéndolo capitán. Iba a mencionarlo, pero, no, no, creo

que voy a confiar en su criterio. Buen día, Doctor Smith –y se fue.

-¡No! En realidad, he cambiado de opinión. No me lo digas. Por favor –

Benny alzó sus brazos en un gesto pacífico- Creo que me las apañaría con esa

pinta ahora mismo.

-Benny, relájate, no te pasa nada terrible. La última vez que te vi, tú

tenías, oh, seis maridos y tres hijos, y disfrutabas de ser la primera dama del

tribunal de Cartufel, en el centro galáctico.

Benny se rió aliviada.

-¿Seis maridos? ¿De verdad? Dios mío, por lo menos tengo

los

domingos libres.

El hombre se rió con el a. Él tenía una risita agradable.

-¿Te gustaría conocer a mi nuevo compañero?

-Por supuesto. ¿Están aquí?

-Ella está en la parte de atrás, en el jardín de la cerveza, jugando en el

columpio.

Benny levantó una ceja.

-Creo que esto me va a hacer sentir muy vieja.

53

Aphasia efectivamente había estado jugando en el columpio en el que

de no ser así estaría abandonado, su globo atado a su muñeca, pero entonces

se dio cuenta de algo: una pequeña mesa de madera en un poste, con pan

dispuesto en ella. Un gorrión revoloteó hacia abajo, cogió un poco del pan en

su pico y se marchó volando.

Así que Aphasia había cogido el pan, lo había puesto en la otra punta de

la mesa de madera donde estaba sentada, y se quedó mirándolo fijamente,

lista. El gorrión había vuelto valientemente a por más pan. Unos minutos más

tarde, Benny se acercó al que se había acercado al pub, agarrando la pinta que

su nuevo amigo le había comprado. Él caminó con ella, habiendo rellenado su

vaso de vino.

-Aphasia, saluda a una antigua compañera mío, Bernice Summerfield.

Aphasia hizo una mueca, y Benny se rió, sentándose en la mesa al lado

de el a.

-Tienes un bocado de patatas fritas, ¿no? Al igual que yo. Siempre me

dijeron que no coma tan…

Una pluma se escabulló de los labios de Aphasia. Ella lo lamió de vuelta

a su boca.

–Benny miró fijamente al pájaro semi-

diseccionado que estaba

en el asiento al lado de la niña pequeña.

-¡Aphasia! ¡Cuántas veces te he dicho que no hagas eso! –el hombre de

blanco protegió al pájaro de la vista de Benny con su canotié- De verdad lo

siento. Ella es una pequeña cazadora, de una de las colonias perdidas. Sus

padres están muertos. Ella sobrevivió en la naturaleza hasta que la encontré.

Estoy enseñándole de forma gradual las formas de la civilización.

-Sí, bueno, no te preocupes, eso está, eh, bien

concentrándose en su pinta -Podemos saludarle cuando termine su comida.

-Rápido

–dijo Benny,

Cuéntame más acerca de éste experimento tuyo en el que estoy involucrado.

El joven hombre se sentó.

-Bueno, me doy cuenta de que nos encontremos ahora explica una

broma que me hiciste cuando me recuperé. Dijiste que volvía a parecer yo

mismo.

-Mm-hmm. Ése parezco yo. Debo de recordar hacer eso.

54

-He estado intentando recordar más acerca de la situación, pero estoy

comprensiblemente difuso. Escondimos el datapod con mi imagen real en el en

alguna parte más bien ingeniosa, ¿no?

Benny asintió con la cabeza, sonriendo con pesar. Ella posó su vaso y

cogió su mano de nuevo suavemente.

-¿Recuerdas dónde?

-No puedo decir que lo recuerde.

Benny soltó su mano y agitó su cabeza.

-Bueno, mira si puedes antes de ésta noche. Trae a la pequeña Aphasia

con el nombre apropiado y cenaremos. Sin juegos, me temo, pero hago un

buen quiche vegetariano.

El décimo doctor frunció el ceño.

-Estaríamos encantados, pero no puedo recordar dónde te alojas.

Benny se estaba poniendo a sus pies, ¡alisando su falda!

-Entonces eso será otro reto, ¿no?

El hombre intercambió miradas con la niña pequeña, que estaba

terminando su pájaro rápidamente.

-De acuerdo. ¿Tienes que irte corriendo?

Oh sí. Acabo de recordar, dejé algo al fuego.

-Antes de que te vayas, por favor dime, uhm, ¿cómo crees que me

comparo con tu Doctor?

Benny miró a Aphasia.

-Comparado con él creo que eres más bien cruel. Nos vemos más tarde-

el a alcanzó su bolso.

Algo rajó superficialmente las yemas de sus dedos, y, el asa se separó

del bolso, el cual se fue volando.

El hombre estaba de pie, imitando el sostener una espada.

No, no imitando. Benny sintió, más que vio, algo increíblemente afilado

cortar el aire hacia el ozono enfrente a su garganta.

55

-Tu sentido del humor te decepciona, profesor universitario. Deduzco

que tú comprobaste mi pulso y sólo encontraste un latido. ¿Es eso todo lo que

me has revelado?

-Apenas. El Doctor es vegetariano, como puedes ver. Añádele a eso la

compañera que come pájaros y los tres niños, y yo estaba más bien

volviéndome sospechoso. Supongo que tú quieres el Biodatapod, ¿no?

-Correcto. Aphasia… –la niña pequeña estaba inclinando el contenido

del bolso sobre la mesa. El hombre la miró por un segundo.

Benny golpeó la pinta sobre su cara.

El vaso se deshizo en dos cuando golpeó la espada.

Pero Benny ya estaba esprintando hacia la escalera para pasar por

encima de una verja que daba al siguiente campo.

El hombre se tiró tras el a, sacando un arma de su cinto con una sola

mano.

-¡Para! –él gritó.

Benny sobrepasó el obstáculo, astillas de él explotaban alrededor de sus

rodillas como un aviso ardiente de energía escarlata silenciosa los tornillos

separaban la madera.

Más al á de la escalera para pasar por encima de una verja estaba un

campo arado. Ella lo miró con horror y se tiró hacia el seto.

Para cuando Greeneye había despegado sobre los restos ardientes de

la escalera para pasar por encima de una verja, su presa no estaba a la vista.

-¡No te has disipado, profesora universitario! –él llamó, girándose

lentamente para examinar los árboles y setos alrededor de él, la espada

invisible en una mano y el arma en la otra- Sólo queremos el

Pod. Dinos dónde

está y no te haremos daño.

Benny no respondió. Ella estaba encogida en la acequia al lado del seto,

una masa de helechos la rodeaba. Estaba ocupada deshaciendo su falda de la

forma más silenciosa posible.

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La maldita cosa casi la había enviado con la cabeza primero hacia la

escalera para pasar por encima de una verja.

-Muy bien. Aphasia, es hora de tu globo.

Greeneye hizo un gesto a la niña pequeña.

-Lo debería de haber hecho de forma inmediata –Aphasia se enfurruñó,

desatando de su muñeca la cuerda de el globo-. Globo, encuentra a la señora y

acurrúcala.

Dejó ir la cuerda, y el globo rojo flotó hacia arriba en el aire. Paró, justo a

la altura de la cabeza y se movió hacia la escalera para pasar por encima de

una verja, hasta que paró sobre el hombro de Greeneye.

Benny había quitado la falda deslizándola, y estaba intentando

permanecer tan quieta como le fuera posible. No pasaría mucho tiempo, el a

razonó, antes de que alguien del pub se aventurara hacia el jardín y viera el

seto ardiendo. Eso podría ser fatídico, debido a que estas dos, dondequiera

que estuvieran, no parecían preocuparse de si eran vistas o no. Pero que el as

se asustaran parecía ser la única oportunidad adecuada.

El globo había bajado flotando al nivel de la tierra arada, y estaba

haciendo movimientos ligeros, circulares.

De repente, se paró, y después aceleró a lo largo del suelo, directo al

seto donde Benny se escondía. Greeneye salió tras él, su espada se alzó

sobre su cabeza.

El globo bajó en picado hacia la acequia. Benny estaba impresionado de

ver una esfera roja empujando rápidamente a lo largo de los helechos sobre

su cara, como si se empujara con una mano. La cosa se paró un minuto, y

después se apuró hacia el a.

La superficie envolvió su cara.

57

Capítulo Cuatro Sobre cosas buenas y cosas malas

Smith se tambaleó hasta el campo, jerseys envolvieron su cintura. Tomó

su lugar en una pequeña elevación junto al campo de cricket y luego. A lo lejos,

en una colina, un rayo puro de luz de Sol fue iluminando la tierra.

Smith deseó que estuviera ahí. Solo esta partida de cricket y después

podría volver a casa, en cambio, tenía que sentar la cabeza en la cena y la

conversación con Joan

Había estado bien ver a Bernice. Ella era como su padre, en algo, pero

no estaba seguro de qué. Jonathan había estado en la Marina, se rompió su

nariz en Pompey Barracks. Un poco de torpeza y tal. Resultaba muy extraño en

un marinero. Smith reflexionó esa imagen de los marineros. Había conocido a

los 2 y ambos eran muy diferentes en todo lo que él sabía sobre la profesión.

Algo habían aprendido.

Echó una ojeada a las prendas de lana envueltas sobre su cintura. Él

recordó la sensación de estas. Se había puesto una de las que su madre le

había hecho para él, jugando en la cal e con otros chicos. Él debía asociarlas

con orgullo, pobreza y ambición.

Pero todavía, en algún lugar en un sueño, él sintió diferentes cosas de

este material. Algo respecto a ello habló de sacrificio.

Qué extraña existencia era esto, cuando todo aquello estaba dentro de

él parecía contradecir al mundo. Más grande por dentro que por fuera, y estar

abarrotado de gente.

-¿Señor? ¿Señor? –Anand estaba llamando- Estamos listos para jugar,

señor.

Smith empezó y alzó la vista:

-Sí, listo ¿Tenéis hechos los equipos? –miró alrededor y vio un

completo prado que había sido unido a un campo, y que Hutchinson y

Merryweather habían tomado sus posiciones, indudablemente sin ningún

debate, con su bate y palos de cricket. Alton giró su cabeza desde el lugar

58

donde se mantenía el palo de cricket y elevó su ceja hacia Smith de manera

dudosa. Una línea de chicos estaban sentados uno al lado de otro con variedad

de grados de interés, preparados para obtener acolchado y para seguir

adelante– Veo que lo tienes. Bueno, sigue adelante.

Anand asintió con la cabeza y se giró para comenzar las preliminares.

Smith echó una mirada sobre su hombro y vio a Tim, en la línea de salida,

mirando al cuadro con optimismo. Smith se castigaba a sí mismo. Un pequeño

paseo mental, y el capitán del equipo Hulton fue despedido hasta el medio de

ninguna parte. Él miró hacia atrás a Hutchinson, la pálida luz del sol rozó la

camiseta del chico y él golpeó sus rayas, anticipando la primera bola de Anand.

E intentó ignorar el hecho de que el niño le mirase sonriente a él.

Bernice corrió desde el carro hasta su casita y echó el pestillo a la puerta

de detrás de ella. Hodge había pasado todo el día preguntado por su medio-

embarazosas, medio-obscenas preguntas, y parecía estar en

el borde de una

llamada a la policía cualquiera o seguirla hacia dentro cuando el a saltara de su

carruaje

Ella alcanzó a verse a sí misma en un espejo mientras el a

corrió a su

cama, e hico una mueca de dolor. No había tiempo para lavar el fango. Ella

abrió el candado a las cerraduras de su caso y se puso unos pantalones, una

camiseta y unas botas más útiles que estos zapatos con cordones con

monstruosos talones. Finalmente, su chaqueta para trabajar con todos los

bolsil os. Ellos estaban esperándola para que se dirigiese al Pod, por supuesto,

pero si el a podía hacer que no le siguieran, después de todo el a tenía que

hacerle un placaje a Smith y ponerle las cosas contra su frente

Ella se deslizo rápidamente hacia la planta de abajo, mentalmente

diciendo adiós al sitio. Su caballete todavía levantado en su jardín exterior, la

pintura medio-acabada.

Toda a perder como siempre.

Aphasia se tambaleó por el pasil o del hospital, sosteniendo su

estómago. Su pequeña mano aguantaba su estómago. Su pequeña mano

agarró la barandilla de la pared, y presionándola junto con él, dejando restos

de líquido de color marrón en cada tocado. Que no había mucha diferencia con

todo la combinación de colores. Los muros eran cubiertos con una delgada

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pasta orgánica, verde y marrón, que fue también goteando desde el techo

como un ciclo de condensación.

Este lugar olía. El mundo entero olía. Le habían l evado en un vehículo,

cuando había sido herido, y que habían tratado de hacer que se acostara y se

pusiera una máscara sobre su cara. Había tratado de decirles que el a podía

curarse por sí misma, pero el os no escucharon, ellos solo le decían cosas

estúpidas a el a.

La máscara de gas no la había dormido, y cuando se dieron cuenta, le

quitaron la máscara y empezaron a hablar excitados. La l evaron adentro en

una camilla.

Así que abrió el hueco de su muñeca, y sacó el bulbo, y entonces ellos

empezaron a gritar.

Con la vista nublada, la niña vio que delante de el a, una enfermera se

había desmayado, tirando un carro de suministros mientras caía. El cuerpo

estaba tendido en medio de la unión de dos corredores y aún estaba bastante

intacto. Aphasia redobló sus esfuerzos por andar y cayó de rodillas junto al

cuerpo.

La bolsa de la muñeca no quería cerrarse. Ella moriría si no hacía algo

pronto y decepcionaría a sus padres y a su querido hijo, Hoff.

Ella alcanzó la cara descompuesta de la enfermera, y empezó a comer.

-¡Señor!

Smith, a pesar de sus intenciones, estaba concentrado en Mansfield

Park 10 cuando oyó el grito. Agitó la mano distraídamente… y se encontró una

bola de cricket en el a.

Los alumnos aplaudieron y silbaron. Smith devolvió la bola al jugador

con una reverencia exagerada.

-¡Le podría haber volado la cabeza, señor! –dijo Phipps,

maravillado.

-Oh, probablemente no. Aunque, alguien debe estar pendiente de mi… –

Smith había vuelto la atención a su libro, sin embargo los chicos se agitaron de

10(N. del T.) La novela de Jane Austen

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nuevo, un gran murmullo y algún silbido, molestaban a los que estaban a su

lado.

Levantó la vista y vio a su sobrina, vestida con pantalones ajustados,

corriendo frenéticamente hacia él. El bateador se detuvo, mientras ella corría

entre los palos, él la siguió con la mirada, asombrado. Tan pronto como

Bernice l egó donde estaba sentado Smith, le ofrecieron un montón de

chaquetas y suéteres para que se cubriera, y un sombrero

panamá de

l poco hablador Alton. Ella saludó a todos con la mano, cogió la mano de Smith

y lo arrastro a sus pies.

-Vamos –dijo ella-. Tengo algo que mostrarte -los chicos tosieron y

murmuraron cosas, y algunas sonrisas brotaron.

-No tengo tiempo… –Smith miró a su alrededor en la confusión- Esta es

Berenice, mi sobrina.

-Bernice, estos son mis niños.

-No hay tiempo para esto. Tienes que venir conmigo, es una cuestión de

vida o muerte.

-¿Lo es? –Smith cuadriculaba la mandíbula- Muy bien. Iré delante

Señaló estoicamente y se marchó, y luego miró hacia atrás

-¿Voy a atraer algunos chicos?

-No –le dijo Benny-. Sólo ven tú.

-Se terminó el juego –llamó Smith de nuevo a su clase mientras lo

llevaban del brazo, un poco más rápido de lo que era capaz de caminar-.

Entonces ir a preparaos si no vuelvo.

Hutchinson contempló tras el os, moviendo la cabeza.

-Que te diviertas –Smith gruñó-. Al jefe le va a encantar esto.

-Berenice, ¿a dónde me llevas? –protestó Smith sacudiendo los brazos.

Marchaban a través de la huerta que rodeaba la escuela, una inmensa maleza,

el río de árboles frutales era de la parte de la finca de Marcham. Se habían

aventurado ya demasiado de las sendas para el gusto de Smith. Que era muy

probable allanamiento de morada.

-Para… –Bernice se detuvo y se volvió lentamente,

apuntando a

extrañas marcas rojas en tres árboles. Se decidió por el del medio- Este árbol

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en particular, sentarse debajo de él. Estamos a punto de recrear un momento

histórico.

Smith se sentó con las piernas cruzadas, bajo el árbol, mirando algo

avergonzado

-¿Cuál?

-Newton y la manzana –Benny puso su pie sobre una rama baja y

comenzó a subir el árbol.

Smith miró rápidamente desde lejos.

-Los pantalones son bastantes inmodestos.

Benny frunció el ceño mientras subía.

-Yo no estoy acostumbrada a que te des cuenta de esas cosas. Ah, aquí

estamos –la copa del árbol se estaba hinchando, como si estuviera creciendo

algo en su interior

Siguiendo las instrucciones en las notas del Doctor, Benny había puesto

la esfera roja que vio en la madera y el árbol había crecido hasta hacerse

extensa en cuestión de segundos.

Al parecer, los datos biológicos de un señor del tiempo tenían ese efecto

en los seres vivos, haciéndolos un poco como un señor del tiempo. Un árbol

señor del tiempo-ish no sería tan inquietante como un señor del tiempo-ish, o

incluso las ovejas. Benny se preguntó si los anillos de la corteza de los árboles

estaban formando signos de interrogación o algo así. De hecho, en el breve

tiempo que se había manejado la vaina, Benny había sentido una extraña

sensación como la presencia de algo. Por las mismas razones, la esfera no se

podía mantener en la TARDIS. Sería estropear los circuitos telepáticos. Sacó la

llave de la TARDIS de su bolsillo, y, colgando a lo largo de los árboles, golpeó

la madera hinchada tres veces con la mano.

La madera fluyó de nuevo como un líquido, para revelar- Una cavidad

vacía con la forma de una esfera.

Benny mascullo seis veces

-¿Y ese es el verdadero lenguaje de una dama? –preguntó Smith.

-Cállate –le espetó Benny-. Aunque usted no lo sepa o no, los dos

estamos en un problema de los grandes.

Sentado a poca distancia de los demás niños, Tim echó un vistazo a la

esfera roja en el bolsillo. Lo encontró cuando estaba caminando por su cuenta

en el huerto. Que se había sentido atraído por un árbol en particular, y se sentó

bajo su sombra. En poco tiempo, se había quedado dormido.

Cuando se despertó, la esfera roja estaba sobre su pecho. Parecía que

había caído del árbol. La cosa era dura y brillante, un brillo que no podía ser

rayado. Se veía parecido con una bola de cricket, en realidad, salvo en su

costura, ninguna indicación las diferenciaba.

El siempre la l eva ahora, porque le hace sentir un poco mejor. Era como

tener un secreto, algo que le hizo especial. La esfera parecía decir cosas, a

veces, se le venían a la mente pensamientos que él no pensaba. Los

pensamientos siempre eran valientes y nobles. Tal vez era un príncipe, en

secreto a cargo de un país extranjero, y esta fue una de las joyas de su corona.

Sólo con ver que le llevó a recordar su verdadero destino.

-¡Capitán Insecto! ¿Me estás escuchando, Capitán Insecto? - Hutchinson

estaba de pie sobre él- Nuestro maravil oso profesor de curso se ha l evado las

pelotas. Danos eso -le sacó la esfera roja a Tim.

Tim se quedó mirando al muchacho mientras este se alejaba, lanzando

ociosamente la esfera en una mano. Tomó distancia y entonces echó a correr

para lanzar la bola hacia el pequeño niño que había tomado posición frente al

wicket1.

Tim saltó. -¡No!- gritó y corrió hacia delante.

Hutchinson lanzó. Distraído por el grito, el bateador mandó

la pelota alta

en el aire, justo sobre Tim.

El joven la miró fijamente, la silueta recortada contra el cielo brillante.

Empezó a temblar terriblemente.

La pelota silbaba a causa del descenso, y el cielo se volvió oscuro y

rojizo. Escuchó a Hutchinson gritando algo.

1

1(N. del T.) Wicket: en el juego de criket, consiste en la estructura conformada por tres

postes enterrados en el suelo que sostienen entre ellos dos piezas de madera conocidas como

“bails”. El bateador se coloca frente a ella y debe prevenir con el bate que el lanzador voltee el

wicket con la pelota.

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Levantó las manos en señal de plegaria. La explosión los

envolvió, los

blancos se volvieron cenicientos y sus rostros se convirtieron en expresiones

congeladas de dolor y súbita rendición.

Y entonces Tim estaba simplemente allí de pie, sosteniendo