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ÍNDICE ¿Dónde está Bernabé?………………………………………………. 7 Bernabé - Un hombre de consolación …………………………… 8 Bernabé - Una persona clave………………………………………… 11 Bernabé - El secreto de su éxito……………………………………. 14 Bernabé - El misionero………………………………………………….. 16 Bernabé - Una persona desinteresada…………………………… 21 Bernabé - Un promovedor del Crecimiento de la fe de otros………………………… 24 Bernabé - Un hombre que contribuía a Solucionar situaciones conflictivas………………… 26 ¿Dónde esta Bernabé?...................................... 26 Lea la Biblia con doble ganancia ¿Se puede descubrir nuevamente la lectura de la Biblia? ¿Existe un nuevo método? ¿No es ya algo muy valioso que una persona quiera leer la Biblia? El “método”: Leer la Biblia con doble ganancia. Se trata de leer la Biblia con otra persona. 1. Se pueden usar planes de lectura preestablecidos, que ya siempre han sido usados. Sería bueno no estudiar más de 10 a 20 versículos diarios. 2. Cada uno lee la Biblia por sí mismo, así como tenga tiempo, sea de mañana, tarde o noche. 3. Los pensamientos que se tornaron importantes se apuntan, sea resumido o por extenso. 4. Ahora viene el intercambio con la otra persona. Es indiferente cuándo lo hagan, lo importante es que se haga diariamente, por ejemplo, con el cónyuge. Al anotar sus pensamientos léalos con más atención. Durante el intercambio se darán cuenta de lo que su pareja descubrió y usted no, asimismo también usted será de ayuda y complemento para el otro. Es un dar y un recibir, una experiencia conjunta. Esto es ideal para parejas que leen juntos la Biblia. Pero también entre amigos, en los grupos caseros o en la reunión de jóvenes se puede aplicar este método. Naturalmente se necesita de perseverancia y constancia, como todo en la vida, para obtener la ganancia. El intercambio también se puede hacer vía e-mail o por teléfono. Aquí el testimonio de una pareja que de esta manera lee la Biblia: “En 30 años nunca logramos leer la Biblia juntos. Siempre cada uno la leía por su cuenta. Desde que practicamos este método, hemos sido ricamente bendecidos y ahora para nosotros la lectura de la Biblia tiene doble ganancia. Ya no queremos hacerlo de otra forma. ¿Dónde está Bernabé? Es un tiempo de apostasía generalizada y de libertinaje en medio de la Iglesia cristiana, hay también una falta cada vez más grande de personalidades espirituales que ayuden a sostener, a animar y que sean obedientes a la gran comisión (Mr.16:15). Para la edificación de la Iglesia de Jesús se necesita creyentes que amen al Señor y a Su Palabra de todo corazón. Tal personalidad espiritual fue Bernabé un levita de Chipre – que seguramente se convirtió en Pentecostés, y que llegó a ser un líder de la primera iglesia. Bernabé tenía una personalidad animadora, que sostenía a otros; un hombre, a través del cual se nos es dado ejemplo; un creyente, del cual podemos aprender mucho. Por esto observaremos lo que lo identificaba y lo aplicaremos a nuestra vida persona. Bernabé – un hombre de consolación La historia de Bernabé comienza con la declaración: “Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre…” (Hch.4:36). ¿No es éste un testimonio maravilloso? Este hombre, en realidad, ni se llamaba Bernabé sino José. Pero se destacaba tanto por su fe, por su manera de relacionarse con otras personas y por su comportamiento en la iglesia, que los apóstoles le dieron el nombre de Bernabé (hijo de consolación). En este hombre saltaba a la vista que se había hecho algo distinto, algo completamente nuevo, así como está escrito en 2 Co.517: “de modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. José recibió el nuevo nombre: Bernabé, porque se veía en su vida que Cristo obraba en El. Así, fue hecho un ejemplo del poder transformador del evangelio de Jesucristo. El también puede transformar y marcar nuestro carácter y nuestro ser. En Bernabé no pudo quedar oculto lo que el Señor había obrado en su vida. A través del nuevo nombre Bernabé “hijo de consolación”, en cierta forma se hizo visible en quién él estaba arraigado, y quién gobernaba su vida. En Romanos 15:5 se dice: “Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús”. Aquí se nos dice que el Eterno es el Dios de consolación. En Bernabé se hizo claro con quién tenía comunión íntima, esto es, con el Dios de consolación en Jesucristo. A través de su vida, Bernabé se hizo una carta de Cristo leída por todos. El vivía tan enraizado en Jesús y estaba tan unido con El y, como consecuencia, vivía tan en armonía con la iglesia, que se dice de él: “…como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles” (Hch.4:37). ¡Qué manera de actuar tan desinteresada y generosa! Aquí quisiéramos ponernos al lado de Bernabé y preguntarnos: ¿Qué imagen dejo yo en mi iglesia? ¿Se nota en mí y en todo mi comportamiento que todo se ha hecho nuevo, que Dios en Cristo hizo algo completamente nuevo de mí? ¿Qué imagen dejamos en nuestra familia, en nuestro cónyuge, en nuestros hijos, en el lugar de trabajo o en el círculo casero? ¿Qué nombre o apodo nos darían si nos cambiaran el nombre el nombre: uno positivo o uno negativo? ¿Soy un ejemplo del poder del evangelio de Jesucristo, como fue en el caso de Bernabé? ¿Se ve en quién yo estoy enraizado, de quién y para quién yo vivo? ¿Soy gobernado por las situaciones del día a día, por las adversidades de la vida, o por el carácter de Jesús? ¿Soy una carga o una bendición (consolación) para mi entorno, sea social o de la iglesia, ahí donde Dios me ha colocado? En efesios 4:23 está escrito: “Renovaos en el espíritu de vuestra mente”. Así fue con Bernabé. Y nos preguntamos: ¿soy yo un Bernabé? En 2 Corintios 12:11 somos exhortados: “…consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros”. ¿No es así que, lamentablemente, muchas veces en nuestras congregaciones estamos resaltando constantemente lo negativo los unos de los otros? Muchas veces no nos llevamos bien porque nos sustraemos del dominio del Espíritu Santo, Por esto, el vínculo de paz no nos puede abrazar y falta la verdadera unanimidad. Pero como es atado el vínculo de la paz y de la unanimidad, lo vemos en Bernabé. El siguió la palabra: “…consolaos…”. ¿También nosotros nos acercamos a los demás para animarlos y levantarlos con palabras consoladoras? “…sed de un mismo sentir…”. ¿Tiramos de la misma cuerda con los demás hermanos de la iglesia, si se trata de preparar evangelizaciones, tener comunión en oración y apoyar el servicio de predicadores, ancianos, líderes de jóvenes, maestras de escuela dominical, etc.? “…vivid en paz…”. ¿Tratamos de vivir en paz con todos? ¿La palabra: “…en cuanto dependa de vosotros, estas en paz con todos los hombres” (Ro.12:18), todavía está marcada a fuego en nuestros corazones? Bernabé – una persona clave A Través de la gracia de nuestro Señor Jesucristo, Saulo se había convertido, había recibido el perdón de pecados y la vida eterna, y se convirtió en Pablo. Después de ser llamado por el Señor a ser apóstol, intentó encontrar entrada en la iglesia de Jerusalén. Pero esto le fue denegado, pues no le confiaban ni le creían, ya que anteriormente había sido un brutal perseguir de los cristianos. Pero, justamente allí, Dios pudo utilizar a Bernabé como una figura clave para introducir a Pablo e la iglesia. En Hechos 9:26-29 dice: ”Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo. Entonces Bernabé. Tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús. Y estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía, y hablaba denodadamente en el nombre del Señor”. Bernabé era diferente a los demás. Se caracterizaba por su amplio corazón. Por esto buscó un camino donde otros lo obstruían. Bernabé acogía a aquellos que eran desechados por los demás. Él abogaba por otros y hablaba bien de ellos, mientras otros sólo sabían contar cosas malas. Evidentemente, también tenía el don de discernimiento de espíritus, de manera que reconoció en Pablo lo verdadero, lo cambiado, y le creyó que realmente tuvo un encuentro con el Señor. Los demás hablan entre sí de Pablo pero no con él, no le creían y le cerraron corazón y puerta. Bernabé lo hizo exactamente a la inversa: él primero habló con Pablo y después de él a los demás en la iglesia y lo introdujo allí. ¿Cómo es con nosotros? ¿O es así que, por naturaleza, a veces está más cercano el hablar mal acerca de otros? ¿Quién de nosotros tiene el valor de acercarse a uno u a otro, hablar con él y ayudarle? Nosotros necesitamos en nuestras iglesias y círculos caseros, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, que se acerquen a los demás, le pongan amigablemente la mano sobre el hombro, se preocupen por ellos, los integren a la comunión, tengan una palabra de consuelo e intercedan por ellos. Efesios 4:2 nos exhorta: “con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor”. La oración: “soportándoos con paciencia” nos tendría que traspasar el corazón. ¡Oh!, que tuviéramos este sentir que era propio de nuestro Señor Jesucristo, y el cual seguía a las personas como fiel pastor, y no abandonaba a la oveja perdida! ¿Servimos a la causa de Dios o le estamos estorbando? Si hubiera sido por los discípulos, Pablo hubiera quedado excluido. Pero, Bernabé le fue muy útil a la causa del Señor, de manera que fue la puerta para que Pablo pudiera entrar a la iglesia, Más tarde, cuando hasta Pablo se puso en contra de la renovada colaboración de Marcos mientras que Bernabé la apoyaba, los dos se separaron (Hch.13:13, 15:37-39). Bernabé llevó a su sobrino Marcos consigo. Probablemente, por medio de aconseja miento espiritual y por su ejemplo, lo volvió a encaminar, de manera que más tarde hasta Pablo escribe: “toma a marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio” (2 Ti.4:11). ¿Eres un Bernabé? Bernabé – el secreto de su éxito Aquí no hablamos de éxito material o humano, sino de éxito espiritual, en otras palabras, fruto espiritual, ¿Cuál es el fundamento para esta vida fructífera? ¿Por qué se volvió llave para puertas cerradas? Un cambio en nuestro ser no se logra por esfuerzos propios El esfuerzo propio, por lo general, no se mantiene por mucho tiempo. ¿Por qué entonces Bernabé tenía este éxito? Hechos 11:24 nos da la respuesta: “porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor”. Bernabé era un hombre bueno porque a través de una conversión genuina se había dirigido al mejor, al señor Jesucristo. Bernabé estaba lleno del Espíritu Santo porque le había dado todo el lugar al Señor en su corazón. Y como creía a Dios capaz de grandes cosas, también era un hombre lleno de fe. Estas tres condiciones espirituales también hoy en día son necesarias para que “una gran multitud sea agregada al Señor”. Otra traducción dice: “Bernabé era, a saber, un hombre ejemplar, lleno del Espíritu Santo y fuerte en la fe. Así muchas personas encontraron el camino a Jesucristo. ¿Llevemos también nosotros una vida ejemplar? En nuestras familias, ¿somos verdaderos ejemplos como padres, madres o cónyuges? ¿Llevemos una vida ejemplar como maestros de escuela dominical, como líderes de jóvenes, como diáconos, ancianos o líderes de la iglesia, delante de aquellos a quienes enseñamos? En la primera iglesia, el testimonio de Dios y de toda la iglesia, el testimonio de Dios y de toda la iglesia estaba a favor de Bernabé. Cada uno podía ver que estaba completamente consagrado a la cauda del Señor. Por su vida ejemplar muchas personas encontraron la fe en el Señor Jesucristo. Se logró fruto, éxito espiritual, porque “Bernabé era… un hombre ejemplar, lleno del Espíritu Santo y fuerte en la fe”. ¿Dónde está Bernabé? Bernabé-el misionero Bernabé podía registrar éxitos espirituales porque llevaba una vida en el Espíritu Santo. Por esta razón, él y Pablo también eran aptos para el servicio misionero. El Señor los pudo designar por nombre y enviarlos. “Ministrando éstos (los profetas y maestros en la iglesia de Antioquía) al Señor, y ayudando, dijo el Espíritu Santo: apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron” (Hch. 13:2-3) Nosotros sabemos que, en primer lugar, es la libre elección de Dios llamar y equipar personas para el ministerio. Pero el Señor se conecta, siempre, con un corazón dispuesto. Bernabé y Pablo ardían por la causa de Jesucristo, por su evangelio. Toda su meditación y su inspiración estaban dirigidas a la meta de estar viajando para confrontar a las personas con el mensaje de salvación. Estaban orientados a la ampliación de las fronteras y buscaban caminos para llevar el evangelio para todas partes. Así, Bernabé y Pablo viajaron como misioneros de los gentiles Chipre y el Medio Oriente (Hch. 13:22,35) ¡Eran hombres que tenían el valor de empezar nuevas tareas! Esto tampoco quedaba oculto delante de la iglesia. Y nosotros le preguntamos ¿El espíritu Santo no fundamenta justamente en esto cuando dijo: “apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”? ¿No debería haber también en nuestros corazones este ardiente deseo de servir a Dios en Jesucristo? ¡Sí, seguramente! Porque así el Señor puede ampliar nuestras fronteras. Una vez que se trató de instruir, animar y consolar a las personas que se habían convertido, entonces los hermanos en Jerusalén sabían a quién podían enviar. En Hechos 11.21 y 22 leemos: “Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor. Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese a Antioquía”. ¿Estamos encarando el ensanchamiento de fronteras? ¿Es nuestro anhelo que el Señor pueda hacer, más que nunca antes, algo por medio de nosotros? ¿Nos dice Él en Su omnipotencia: Yo puedo hacer por ti, de lo que Jesucristo pueda y quiera hacer algo nuevo; que nos pueda reorientar y guiarnos por nuevos caminos? Para esto necesita corazones receptivos. La Palabra de Dios promete: “Jehová puede darte mucho más que esto” (2 Cr. 25:9b). Bernabé no sólo estaba dispuesto a predicar el Evangelio por todos lados y ser el líder de la iglesia en Antioquía, Sino que también pensaba en la iglesia mesiánica en Judea. Juntó ofrendas para ella y le entregó el dinero. Él, conscientemente mantuvo el contacto con Jerusalén y les llevó la ofrenda. ¡Cuán flexible era este hombre! Él estaba presente para los judíos creyentes mesiánicos y apoyaba su tarea. En Hechos 11:29-30 dice sobre esto: “Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea; lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo”. ¿Cuál era el criterio por el cual los apóstoles los ancianos y toda la iglesia en Jerusalén podían enviar a Bernabé y a Pablo con tanta alegría? ¿Qué es lo que les daba la seguridad de que se trataba de hermanos confiables? La respuesta la encontramos en Hechos 15:25-26: “…nos ha parecido bien, habiendo llegado a un acuerdo, elegir varones y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo, hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo”. Esta es la clave; ¡el Espíritu Santo quiere usar hombres y mujeres que empleen su vida para el nombre del Señor Jesucristo! ¿Cómo están las cosas en nuestras iglesias, sí, en la cristiandad actual? ¿No nos hemos hecho demasiado superficiales, demasiado cómodos, perezoso, sí, hasta demasiado tibios? Una misionera quería ganar jóvenes de una iglesia para el servicio misionero. Ella comentaba sobre esto: “Del punto de vista porcentual, la mayoría de los misioneros son mujeres. Cuando el Señor llama a hombres jóvenes en una iglesia, aparentemente la respuesta es la siguiente: ¡Señor, heme aquí, envía a mi hermana!”. No son pocos los creyentes que simplemente regalan su responsabilidad. ¿Dónde existen hoy los hombres creyentes que están dispuestos a emplear su vida por la causa del Señor? Para ser apto para la causa del Señor, primero tenemos que estar dispuestos a poner en juego nuestra vida por Su causa. ¿Estás dispuesto a esto? También para nosotros son válidas las palabras del Señor Jesucristo: -“Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lc.9:62). -“Sígueme; deja que los muertos (=los muertos espirituales) entierren a sus muertos” (Mt.8:22). -“El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa mí, la hallará” (Mt.10:37-39). Sólo en la medida de cómo empleamos nuestra vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, realmente somos aptos para su causa. En nuestras iglesias necesitamos nuevamente el celo que caracterizaba a Bernabé. ¿Dónde están los Bernabés entre nosotros? Nuestro mayor ejemplo es Jesucristo el cual, como eterno Hijo de Dios, no tuvo que negar el ser igual a Dios. Él dejó la gloria, vino a esta Tierra y entregó su vida por nosotros. Y a causa de que Jesús entregó su vida como sacrificio de cual, nosotros pudimos llegar a la vida eterna en Dios. Únicamente Jesús es el verdadero camino a Dios (Jn. 14:6). Después que lo hayamos encontrado a Él y con eso la vida, también nosotros deberíamos poner nuestra vida sobre el altar, y servir a Jesús como lo hizo Bernabé. Bernabé – una persona desinteresada Algo que lo caracterizaba especialmente, era su falta absoluta de egocentrismo. Él siempre pensaba en los demás, se alegraba con ellos y los consolaba. Cuando se enteró de la amarga pobreza de sus hermanos, vendió su heredad y desinteresadamente puso todo el dinero a disposición de la iglesia de ese entonces (Hch.4, 36,37). Eso no lo tendría por qué haber hecho, no era ninguna ley. Pero, lo hizo por la causa de Jesús. En su abnegación, Bernabé introdujo a Pablo en el ministerio y más tarde pasó a segundo término, detrás de él. Si al principio de los Hechos de los Apóstoles siempre se nombra a Bernabé en primer lugar, luego Pablo es puesto en el lugar preferencial. Cuando Bernabé fue enviado a Antioquía para fortalecer a los miembros de la iglesia recién surgida (Hch.11:19-21), él no pensó con envidia: “A decir verdad, es una pena que no fue por mí que llegaran a la fe”, En vez de esto dice: “Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía. Este, cuando llegó, y vió la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor. Porque eran varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agrada al Señor”. Tampoco ahora quería ganar los laureles para sí mismo, sino que pensaba desinteresadamente tan sólo en la edificación de la iglesia de Jesús en esta ciudad. Por esto fue y buscó a Saulo (Pablo), al que consideraba valioso para la obra en Antioquía: “Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía. Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía” (vs. 25-26). En nuestro actuar, ¿a veces no somos dominados por el deseo de querer ser los mejores? ¿O queremos aparecer como aquellos que son imprescindibles? Si fuera así, entonces debemos saber: desde el momento en que creemos que somos importantes, sí, imprescindibles, ya no lo somos más a los ojos de Dios. Hay un termómetro en el cual podemos reconocer donde estamos parados: ¿nos podemos alegrar de todo corazón, cuando otros pueden registrar “éxito” en el ámbito espiritual, cuando ganan muchas almas ara el Cordero – o sentimos envidia, celos y ya ni le podemos mirar a los ojos? Bernabé se hizo tan valioso para Dios, justamente por ser abnegado. ¡Por esta razón, entró a la historia de la iglesia como una gran figura bíblica, porque pensaba tan poco de sí mismo, pero tanto más del Señor! Más tarde Bernabé y Saulo estuvieron Lista (Galacia) y anunciaban por esta región el evangelio (Hch.14). El Señor confirmaba su mensaje con señales y milagros. Un hombre fue sanado, y esto trajo tanto movimiento a la ciudad al punto que quisieron adorarlos como dioses: a Pablo le llamaron “Mercurio” y a Bernabé “Júpiter”. Hasta les quisieron ofrecer toros. Se resistieron en contra de esto con manos y pies: “Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo los cielos y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay” (Hch. 14:14,15). Bernabé y Pablo sólo conocían un honor y desecharon todo honor personal. Ambos actuaron de acuerdo a la palabra que Pablo escribió más tarde en la careta a los Gálatas: “Digo pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne, Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu” (Gá.5:16,17ª). Bernabé – un promovedor del crecimiento de la fe de otros En Hechos 11:23 hemos leído: “…se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor”. En el texto original se trata aquí de exhortación y animación a la vez. ¡Únicamente, de la manera que nosotros mismos estemos decididos en nuestro corazón y perseverantes como Bernabé, podremos ser capaces de incentivar a otros creyentes que permanezcan firmes en el Señor! ¡Sólo un despierto despierta! ¡Solo alguien que está consolidado puede fortalecer! ¡Sólo uno que arde contagia! Bernabé era un hombre así, consagrado a Dios. Constantemente estaba cuidando de llevar a otros a profundizar su fe. Y fue muy fructífero y exitoso en esta tarea. Pensemos que el Señor nos ha colocado en un círculo grande o pequeño, para consolidar a otros en la fe, s´, para fortalecer y animarnos mutuamente, así como la enseña la palabra de Dios: “Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos con otros, así como lo hacéis”. (Ts. 5:11). ¿Cumplimos con esta obligación? En Filipenses 2:1 el apóstol Pablo, con otras palabras, formula 4 preguntas que también nos concierne: “¿Cómo creyentes se ayudan y animan mutuamente? ¿Están dispuestos a consolar de forma amorosa? ¿Entre ustedes se otra algo de la comunión que crea el Estado Espíritu Santo? ¿Les une un amor cordial y misericordioso?”. ¿Tenemos el sentir de Jesucristo? Bernabé – un hombre que contribuía a solucionar situaciones conflictivas. En Hechos 15:1,2 leemos: “Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés; no podéis ser salvos. Como Pablo y Bernabé tuviese una discusión y contienda una pequeña con ellos, se dispuso algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión”. En el camino a Jerusalén recorrieron los diferentes lugares, contando a los creyentes de la conservación de los gentiles causando “gran gozo a todos los hermanos” (vs. 3). Después, cuando volvían con la carta de respuesta de los apóstoles y ancianos “a Antioquía, y reuniendo a la consagración, entregaron la carta; habiendo leído la cual, se regocijaron por la consolación”. Así Bernabé juntamente con pablo contribuyeron también esta iglesia con consolación. ¿Dónde está Bernabé? ¿Buscamos también nosotros delante del Señor caminos para no permanecer en pelea e irreconciabilidad? ¿Y ayudamos a solucionar situaciones conflictivas, de manera que al final, todos estén felices y consolados? ¿Somos miembros que produce felicidad dentro de la iglesia de Jesús. Seguramente no sólo depende únicamente de nosotros el estar en paz con todos los hombres, porque en la escritura todos son exhortados a esto (Comp.Ro. 12:18) Pero no debemos rendir cuentas por otros, sino por nosotros mismos. ¡Sólo podremos aportar verdaderamente para la paz, servir de factor unificador y proporcionar verdadero consuelo, si somos o fuésemos tales Bernabé que tiene en sí el sentir de Jesús y que entregan de forma desinteresada su vida total mente para la causa del Señor! Por esto: ¿Dónde está Bernabé entre nosotros?