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120 + LOS NOMBRES DE DIOS mayor o menor grado, Io cual es falta de esa paz. La paz es uno de los frutos de ese espfritu que es el Espfrity Santo, el Espiritu de santificacién. Y Pablo ruega que el Dios de paz nos santifique por completo, para que (en su paz) nuestro espfritu, alma y cuerpo sea preservado entero, sin mancha, en la venida de nuestro Sejior Jesucristo (1 Ts. 5:23). . Por medio de El tenemos paz para con Dios. El es para nosotros la paz de Dios. No hay esperanza de paz aparte de El, ni para las personas ni para las naciones, Primero la justicia, después la paz. De esto dan testimo- nio tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, «Y el efecto de la justicia sera paz»; dice Isafas, «y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempres (Is. 32:17), Pero la tnica justicia aceptable a Dios es la justicia del Sefior Jesucristo, y la de aquellos a quienes El la conce- de mediante la fe en El. Los que no son justos de este modo no conocen el camino de la paz (Ro. 3:11, 17), Ese misterioso tipo de Cristo, Melquisedec, es primero rey de justicia, y después rey de Salem o paz (He. 7:2) Es gloria a Dios en lo alto, y entonces, y solo entonces, paz en la tierra, buena voluntad entre los hombres (Le. 2:14). De la paz se habla en todas partes del Nuevo Tes- tamento como algo que procede de Dios el Padre y del Seftor Jesucristo. Se la puede tener solamente mediante la reconciliacién con Dios mediante la sangre de Cris- to, quien es el Jehovd-salom del Nuevo Testamento. 10 Jehova-tsidkenu [nombre Jehovd-tsidkehu significa «Jehova nues- tra justician. Aparece en la profecta de Jeremias, como un «tenuevo justo» y un «Rey» que aparecerd; «y este sera su nombre con el cual le Hamarén: Jehovd, justicia nuestra» (Jer, 23:5, 6). Le ocasién de la profecia Cuando Jeremias pronuncié esta profecfa, el reino de Juda se precipitaba a una cafda, Més de cien afios antes, las diez tribus del reino de Israel habian sido llevadas cautivas para no regresar jamés. Pero al parecer Jud no habfa aprendido nada de esta leecién y pecaba tal vez incluso més gravemente que su reino hermano del norte. El ministerio de Jeremfas empez6 durante el reinado del buen rey Josfas. Hasta ese momento se habfan sucedido en el trono reyes buenos y malos, reformas y contrarreformas, an triste reflejo de la condicién espiritual inestable det pueblo y sus gobernantes, y reveladora de una tendencia descendente moral y espiritual que slo podia acabar en desastre. La historia del perfodo de los jueces parece repetirse aqui, Jehovd en su bondad y paciencia levantaba reyes consagrados y devotos para que sucedieran alos reyes malos y perversos, pero esto no pudo detener la caida. 21 HUAPMSRHORMPONDOROSHOESESSSOSESER OEE EBEES 122 + LOSNOMBRES DE DIOS El buen rey Josfus, que habia seguido a los particy, larmente malos y crueles Manasés y Amén, instituyg reformas radicales y un gran avivamiento espiritual que ‘tuvo un fin abrupto debido a su desafortunada y prema. tura muerte. Sus sucesores lo barrieron todo. Sus accio. nes se pueden resumir en esa formula familiar que bien podria servir de epitafio para todos ellos: «Hizo lo male ante los ojos de Jehovd.» Las condiciones fueron de mal en peor espiritual, moral y materialmente. Incluso log sacerdotes, al igual que los principes y el pueblo, conta. minaron la misma casa del Sefior ea Jerusalén practi. | cando toda abominacién de los paganos que los rodeaban (Ez. 8). La tierra estaba lena de opresién y de violen- cia, intriga e intranguilidad politica. Las advertencias de Jehova pasaban desapercibidas; sus mensajeros los profetas recibfan mofa, menosprecio y abuso «hasta que subié la ira de Jehova contra su pueblo, y no hubo ya remedio» (2 Cr. 36:16), Incluso cuando murié Josias ya era demasiado tarde, por cuanto «Jehova no desistié del ardor con que su gran ira se habja encendido contra Judé, por todas las provocaciones con que Manasés le habfa imritado. Y dijo Jehova: También quitaré de mi presen- cia a Judd, como quité a Israel, y desecharé a esta ciu- dad que habfa escogido, a Jerusalén, y a la casa de la cual habia yo dicho: Mi nombre estard alli» (2 R. 23:26, 27), Bl dia de gracia de Juda ya habia expirado, Jeremias predijo la cautividad de Judd y aconsejé la sumisién a Babilonia, el instrumento de Jehova para el juicio contra Juda. Pero jesto no significaba la derrota del propio propésito y promesa de Dios! No habia prometido El establecer el reino y trono de Dayid para siempre (2 S. 7:16, 17)! Jehova habfa prometido eso y guardaria la promesa de que nunca le faltarfa a David Yarén en su trono (1 R. 2:4), aun cuando debia cumplirse JEHOVA-TSIDKENU + 123 xglo 2 condicion de que los descendientes de David siduvieran delante de ehova ade todo su corazén y de toda su alma, Jeremias predijo no solamente que Israel rerornaria de la cautividad y serfa restaurado a su tierra Sino también que Jehové levantaria a David un renvevo justo, un Rey que reinaria, prosperaria y ejecutariajuicio ‘rasticia en la terra y traeria paz y seguridad 2 Israel, dr eual se le lamaria Jenova justicia nuestra. Hay una asombrosa y significativa similitud entre el nombre de este renuevo justo.y el Rey de la profecta de Jeremfas, el nombre del iltimo rey de Juda: «Sedequias», que significa la justicia de Jehovs. Su nombre haba sido driginalmente Matantas, que significael don de Jehova. Por extrafio que parezca, su nombre haba sido cambia- do por el rey de Babilonia, ,Fue eso.un reproche sever simo de parte de Nabucodonosor contra Judé por su alejamiento de Dios? Tal vez tenia la intencién de vin- dicat la justicia y rectitud de Jehovs en todo lo que le hubfa acaecido a este pueblo y el juicio que estaba a punto de caer sobre ellos. Tal vez fue un recordatorio de To que pudiera haber sido, Porque Israel habfa recorrido petsistente y obstinadamente la senda descendente hu yendo de su Dios, deteniéndose y volviendo sobre unos pocos de sus pasos, ocasionalmente, por la misericor- dia de Jehové, para terminar retrocediendo de nuevo. «¥ me volvieron lacerviz, y no el rostro...» (Jer. 32:33), Menospreciaron su provision de redencién como Jehovd-jireh. Pot consiguiente, no podia estar con ellos como Jehovd-rophe, el que sana. Eran un pueblo, como dice Isafas, sin nada la planta de los pi nos de heridas abiertas, hinchaz6n y podrida Llaga (Is. 1:6), Sin Jehovd-nisi, su estandarte, fueron derrotados en cada empresa. Puesto que rehusaron santificarse para 124 + LOS NOMBRES DE DIOS Jehovd-maccadeshcen, su santificador, se corrompieron y degeneraron. Ezequiel ve a sus ancianos en el mism templo adorando reptiles y bestias abominables (Ez, 8:10, 11). Olvidandose de Jehovd-salom, su paz, esta. ban destrozados por la disensién y la violencia internas, y sujetos a la agresién y la conquista externas Debe haber sido en el reino de Sedequfas cuando se revel6 la gran profecta de Jehova-tsidkenu. Ciertamen. te la profecia de Jeremias 33:16, que habla de Jerusalén como Jehovd-tsidkenu, debido a la presencia alli de Jehovd-tsidkenu, fue dada en el reino de Sedequias. Y jqué contraste més sorprendente se presenta aqui! Todo lo que los reyes de Juda debian haber sido como repre- sentantes de Jehova, por lo menos en tipo, y como se resume en el nombre del tiltimo rey de Judé, Sedequias (la justicia de Jehova), lo serfa este renuevo justo y del linaje de David. Y en El, como declara Jeremfas en 33: 26, Juda serfa una vez redimida, sanada, limpia, victo- riosa, en paz y justa. Porque la naturaleza de su reino haba de ser espiritual y no politica, y su principal ca- racterfstica la justicia, la cual no seria del pueblo mis- mo sino del Rey que debfa ser Jehova. Significado y uso del término «tsedek» La palabra tsidkenu se deriva de tsedek: justicia, Ori- ginalmente significaba rfgido o derecho. No hay pala- bra ciertamente mas significativa en el Antiguo Testamento. Ninguna palabra en espafiol traduce ade- cuadamente la palabra hebrea. Significa los tratos de Dios con los hombres bajo las ideas de justicia, justifi- cacién y absolucién, Se aplica a las obligaciones externas y a las relacio- nes delos hombres, El libro de Levitico, en donde Jehové se revela‘como maccadeshcen que santifica-y exige JEHOVATSIDI Us 25 santificacién de la vida, el libro que revela la base para acercarse a Dios y la manera de adorarle, también reve~ ja la norma de las relaciones justas y rectas entre los hombres. «No hagdis injusticia en juicio, ... en peso ni enotra medida. Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis, Yo Jehovd vuestro Dios, ...» (Lv. 19:35, 36). En Deuteronomio 25:15 dicha prictica es una de jas condiciones para la prosperidad y permanencia en Ja tierra. Los antiguos romanos representaban La justicia con ‘una persona que tenfa una balanza en la mano. Ast Job ruega: «Péseme Dios en balanzas de justicia, y conoce- imi integridad» (Job 31:6). El salmista dice que todos Jos hombres, tanto encumbrados como sin eminencia, son hallados faltos al ser colocados en la balanza (Sal. 62:9). Los hombres no alcanzan los estandares de Dios, ni siquiera en sus relagiones de los unos con los otros. Los judios ortodoxos modemos todavia creen que Dios pesa sus buenas obras conira kas malas. El proceso empieza el dia de afio nuevo y concluye en el dia de la expiacidn, y el juicio queda sellado por ese afic, Los diez dias de intermedio se lo pasan en un desesperado esfuerzo por hacer caridad, oracién y ayuno para incli~ nar la balanza a su favor, aun cuando nunca hay certeza en cuanto al lado al que puede haberse inclinado. La palabra tsedek se usaba también para referirse a tuna medida o peso completo hacia Dios en un sentido espiritual. Asi, a Israel se le ordené andar en las sendas de justicia y a oftecer sacrificios de justicia, poniendo su confianza en el Seftor (Sal. 4:5). Estos sacrificios se describen también como nn espfritu quebrantado y un corazén contrito (Sal. 51:17), por no poder alcanzar la medida de justicia; porque, como dice Job; «,¥ eémo se justificaré el hombre con Dios?» (Job 5 ——-. 126 + LOSNOMBRES DE DIOS Se usaba en el sentido de ejercer justicia y arreglay las cosas. Los jueces y oficiales de Istael debian juzgay al pueblo con juicio justo (Dt. 16:18). Se les advinig especialmente que no pervirticran el justo juicio; pera ellos justificaron o hicieron justo al malo por recom. pensa, dice Isafas (Is. 5:23). Emitfan decretos injustog (10:1). Isafas muestra a Jehové buscando rectitud en e} juicio, pero lo que hall6 fue el clamor de los oprimidos (5:7). La palabra se us6 cientos de veces en las Escrituras como recto, rectitud, justicia, y también como justo, justificar, declarar inocente. El lenguaje humano, en sy mejor expresi6n, es insuficiente para denotar el pleno aleance de las ideas de justicia y justificacién conteni- das en esta palabra, Es s6lo al verla exhibida en el ca. récter y en los actos de Dios que la vemos claramente Jehova, fuente de = justicia Jehové es en Si mismo justicia perfecta; es el perfec- tamente Justo. Jehovd es un Tsadig: un justo, dice el salmista (129:4), Como El-Tsadik —el Dios justo— no hay nadie que se compare con El, dice Isafas (Is. 45:21), Es la Roca cuya obra es perfecta, cuyos caminos son todos justicia. Tsadig: recto y justo es El (Dt. 32:4). Su justicia es una justicia eterna y sus testimonios son jus- tos para siempre (Sal. 119:142, 144). Justicia y rectitud son los cimientos mismos de su trono (Sal. 89:14; 97:2). Por consiguiente, en todos sus tratos es justo. En contraste con la perfecta justicia de Jehova esta la falta de justicia del hombre y la maldad de sus caminos. Este es el testimonio constante de las Escrituras. «Qué cosa es el hombre para que sea limpio, y para que se justifique el nacido de mujer?» —pregunta Elifaz a Job (lob 15:14), El salmista describe a Jehova mirando en JEHOVA-TSIDKENU + 127 yano desde el cielo sobre los hiijos de los hombres para eri hay alguno que entienda y haga el bien. Y el vere- Gicto es: «No hay quien haga lo bueno, no hay ni si- qaiera uno» (Sal. 14:3). El apéstol Pablo, citando este frismo pasaje en el Nuevo Testamento, dice: «No hay justo, ni aun uno» (Ro. 3:10), y concluye que «todos pecaron, y estan destituidos de la gloria de Dios» (Ro. 3:23). ee se le recuerda agudamente que no es porque tenga algo de justicia propia que Jehova les da la tierra en posesidn. Por el contrario, es un pueblo de dura cer- viz y pecador. Ellos heredarén la tierra solamente por- que El cumpliré su promesa a los padres y realizard su propésito (Dt. 9:4-6). El profeta Isaias considera trapos ge inmundicia lo que una vez consider6 su justicia per- sonal (Is, 64:6). Y esa justicia de la ley, de la cual Pablo una vez habfa estado fan orgulloso y consideraba gran nérito y ganancia, llegé a tenerla por basura (Fil. 3:4- 9). * ecomactend la justicia de Jehovd, los santos del Antiguo Testamento al mismo tiempo reconocfan su propia culpa: «Tuya es, Seftor, la justicia, y nuestra la confusién de rostro, como en el dia de hoy Heva todo hombre de Judé, los moradores de Jerusalén, y todo Is- nel, ... a causa de su rebeliGn con que se rebelaron con- tra ti... porque contra ti pecamos» (Dn. 9:7, 8). El Antiguo Testamento demuestra claramente que es im- posible que el hombre obtenga una justicia aceptable a Dios, debido a su pecado inherente. «Engafioso es el corazén més que todas las cosas, y perverso; ,quién lo conoceré?» (Jer. 17:9). «He aqui, en maldad he sido formado, y en pecado me concibid mi madre» (Sai 51:5). «{Como, pues, se justificard el hombre para con Dios? ,Y cémo seré limpio el que nace de mujer?» (Job 128 + LOS NOMBRES DE DIOS 25:4). ¥ la palabra para hombre aquf denota fragilidag, debilidad, Jehovd, que es perfectamente justo, no puede sosla yar esta falta de justicia en el hombre. Porque «no dar Por inocente al culpable». Estas palabras siguen a esq destacada expresién de su deseo y propésito de perio. nar el pecado y la transgresién que se halla en Exodg 34:6, 7: «Yo no justificaré al impfo» (Ex, 23:7). El pe. cador es considerado culpable a la vista de Dios. El alma que pecare moriré; la paga del pecado es muerte, Y es claro que nadie es capaz en sf mismo de una justicia aceptable a Dios. «Es obviamente imposible que nin. gtin hombre pueda, por sf mismo, ser justo si no obede- ce pura, perfecta, perpetua y personalmente los preceptos de la ley de Dios, puesto que es inconcebible que Dios pueda quedar satisfecho con menos que eso.» ,Cémo, entonces, puede el hombre ser absuelto de su injusticia y justificarse delante de Dios? Sélo Jehova ha provisto esa justicia para el hombre Incluso en los tiempos del Antiguo Testamento, los que tenfan discernimiento espiritual entendfan claramente que una justicia asf debfa ser provista por Dios mismo. «Y se dird de mi: Ciertamente en Jehové esté la justicia . al vendrén, ... en Jehovd sera justificada y se glo- riaré toda la descendencia de Israel» (Is. 45:24, 25). «Cercano esta de mfel que me salva; ,,quién contender conmigo?. ..» (Is. 50:8). Isaias ademas predice que nin- gtin arma forjada contra Israel prosperard; toda lengua que se levante en juicio contra la naci6n seré condenada debido a que la justicia de Israel es de Jehova (Is, 54:17). Es esta justicia de Jehova que el profeta predice mas adelante que va a salir como resplandor de Jerusalén y como principal caracteristica y gloria de un Israel redi- mido, que atraerd-a-las-naciones (Is. 62: JEHOVA-TSIDKENU + 129, ero, ;c6mo habia de aplicarse a los hombres esta jus- ficia de Jehova? Los de discernimiento espiritual en la dispensacién del Antiguo Testamento entendieron clara- mente, por un lado, que la pena de muerte que su pecado Jes habfa acarreado debfa ser cumplida por una vietima jnocente y que, por otro lado, la inocencia o reetitud de la victima debfa aplicérseles a ellos. Es sélo asf que Dios podia declarar inocente al culpable y justo al injusto. So- Jamente asf pudo Balaam comprender que Jehové «no ha notado iniquidad en Jacob, ii ha visto perversidad en Is- raeb» (Nin, 23:21). Sélo asf pudo Jeremii aquellos dias y en aquel tiempo, dice Jehov: de Israel sera buscada, y no aparecers Judé, y no se hallariin; porque perdonaré....» (er 5 Porque éstos debfan ser Hevados por un inocente Escrituras predijeron quién serfa ese inocente. Tsafas habl6 de urt Siervo que seria herido por nues tras rebeliones y molido por nuestros pecados. Sobre El Jehova pondria la iniquidad de todos nosotros, y haria de su alma una ofrenda por el pecado. A este Siervo se le llama ami siervo justo», el que habfa de justificar a muchos porque «llevara las iniquidades de ellos». Pero, aquién podria ser éste? Evidentemente no podfa ser un mero hombre, porque no hay ni un hombre justo, y «nin- guno de ellos podré en manera alguna redimir al her- mano, ni dar a Dios su rescate» (Sal. 49:7) Aparte del hecho de que tal sustituto y victima debia necesariamente ser perfectamente justo en si mismo y por consiguiente mas que hombre, el Siervo de Isafas 53 es también el Siervo de Isaias 49:7: el Santo, Zacarfas lo identifica como el Siervo que es el Renuevo (Zac. 3:8-10). Y ese Remuevo es el Renuevo justo de David y el Rey de Jeremfas 23:5 quien es también Jehovd- tsidkenu: Jehova justicia nuestra. la maldad los pecados de 20) eeecee SPunenoneonetneeceeeeeaaeceeeaact 130 + LOS NOMBRES DE DIOS. «De este modo, aunque las Escrituras del Antiguo Testamento le quitaron al hebreo toda esperanza que hubiese podido tener en sf mismo, concentraron sus expectaciones en el Dios vivo que se habia revelado es- pecialmente a Israel»? ‘Ahora Israel comprendia que el castigo por el pecado no limpia por sf mismo al pecador, sino que la justicia de la victima inocente debfa también ser computada al pe- caddor para poder estar delante de Jehové absuelto, no slo de la pena, sino también de la culpa, Desde el principio sé les permiti6 a los hombres vislumbrar esta niaravillo- sa doctrina de la gracia de Dios. Abraham crey6 a Dios y Te fue contado por justicia (Gn. 15:6). «Perdonaste la ini- guidad de tu puebié —dice el salmista— todos los peca- dos de ellos cubriste» (Sal. 85:2). ETsafas nos dice cémo: «En gran manera me gozaré en Jehova, ... porque... me rode6 de manto de justicia, como a novio me alavis, y como a novia adomada con sus joyas» (Is. 61:10). Jess: Nuestro Jehova-tsidkenu La manifestacién y provisién de esa justicia de Jehov4, que es lo tinico que puede hacer al hombre aceptable a Dios, se realizé por completo en el Seftor Jesucristo, nuestro Jehovd-tsidkenu. En su persona, cardcter y obra como Siervo sufriente y justo de Jehova, fue digno de ser sustituto por Israel y por nosotros. Como Renuevo justo de David, se identificé con Isracl y con nosotros para poder representamos verdaderamente ante Dios, y para que en El se pudiera decir que verdaderamente hemos satisfecho nuestras obligaciones para con Dios. Sin embargo, como Jchové nuestra justicia es también distinto de todos nosotros, y no participa de nuestra culpa, Jestis es el justo. En su gran sermén de Pentecostés, JEHOVATSIDKENU + 131 pedro acusa a sus oyentes de negar al Santo y al Justo (Hh. 3:14). Hebreos 1:8, 9 dice de El: «Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo: cetro de equidad es el cetro det reino. Has amado la justicia, y aborrecido la mal- dad...» Esta es una cita de varios pasajes del Antiguo Testamento, de los cuales el Salmo 1 1:7 dice: «Porque Jehové es justo, y ama la justicia.....» «El, ea naturaleza humana, vivid segtin la norma perfecta de Ia ley divina, de modo que su justicia fue de la misma constitucién y cariicter que la justicia de Dios.»* Todavia més, al ser uno con el Padre, su justicia fue la manifestaci6n per fecta de la justicia de Dios. Y entonces El es hecho justicia para nosotros. «Mas por él estéis vosotros en Cristo Jestis, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduria, justificacién...» (1 Co. 1:30). ¥ esto lo hizo al pagar la pena por el pecado con su muerte por nosotros en la cruz. «Al que no conocié pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él» (2 Co. 5:21).¥ Pedro afiade: «Porque también Cristo padecié una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para le- yarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espiritu» (1 P. 3:18). Lo que nosotros no podiamos hacer por nosotros mismos, lo hizo Cristo por nosotros, Siendo EI mismo el Legislador, la ley no tenfa reclamo sobre El. Como era perfecto, obedecié perfectamente la ley por nosotros, porque «el fin de Ta ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree» (Ro. 10:4). En su muerte por nosotros como sacrificio digno y perfecto lev nuestra culpa y pagé nuestra pena. ‘Asf, recibimos su justicia como un obsequio por medio de la fe, El gran error de Israel fue tratar de esta- blecer una justicia propia y no someterse a la justicia de Dios (Ro. 10:3). Este es la gran argumento de Pablo en 132 + LOS NOMBRES DE DIOS Romanos 3, en donde, estableciendo la injusticia de] hombre, presenta la justicia de Dios como su gracia para redimimos, conchuyendo en el versiculo 26 con las pa- labras: «Con la mira de manifestar en este tiempo su Justicia, a fin de que é1 sea el justo, y el que justifica a) que es de la fe de Jestis.» En Filipenses 3:9, aplicando cl argumento a su propia experiencia, coloca todas sus esperanzas en «ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe». En Roma- nos 5 Pablo arguye de nuevo que asf como nuestra iden- tidad con Adan nos coloca bajo el pecado y la muerte, asf nuestra identidad con Cristo nos hace beneficiarios del obsequio de su justicia y vida (Ro. 5:16-19), Finalmente, el efecto prictico del regalo de su justi- cia es colocarnos en la senda de la justicia de conformi- dad con la voluntad de Aquel cuyas sendas son todas justas, que ama la justicia y aborrece la iniquidad. De- bemos vestirnos del nuevo hombre, el cual ha sido crea- do en justicia (Ef. 4:24), y libertados del pecado, hemos, Hegado a ser siervos de la justicia (Ro. 6:18). jJehové-tsidkenu! {Nombre maravilloso! Nos revela el método y la medida de nuestra aceptacién ante Dios; limpios en Ia sangre del Cordero; vestidos del manto blanco de la justicia de Aquel que es Jehovd, nuestra justicia, nuestro Sefor Jesucristo. Extrafio antes era a la gracia ya Dios, Sin mi peligro saber, ni mi carga sentir; Embelesados mis amigos hablaban de Cristo en el madero Pero Jehowd-tsidkenu no era nada para mf Cuando la gracia me desperté, con luz de lo alto, Licitos temores me estremecieron has JEHOVATSIDKENU + 133 guridad ni refugio en mf fueron hallados. Jehova-tsidkenu debfa ser Salvador para mi. Mis terrores se desvanecieron ante tan dulce nombre, Y libre de temores de culpa con intrepidez me acerqué A beber en la fuente gratuita que da vide: Jehowd-isidkenu para mf todo es.* j@eeeeeceeececns