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Llobera, Josep Ramon 1990 La Identidad de 1a Antropologé. Barcelona, Anagrama, A la vista del texto de J. R. Llobera, finalista del XVIII Premio Anagrama de Ensayo, uno no puede ni siquiera imaginarse cémo ser& el ganador. Nos encontramos de nuevo, como es habitual en el autor, ante un texto 4gil, brillante, documentado, y eso si, acido, que ha de ser leido con un gran sentido del humor, pues si no, cabe el peligro de que uno se vea reflejado en alguno de los mitos que el autor brillantemente cuestiona, y se le amargue el dia. Y a la vista del panorama actual de la antropologia espaftola, es casi imposible que esto no suceda. Aunque se trata de un ensayo de f4cil lectura para un antropélogo, intuyo que no lo es tanto para el profano, de lo que se deduce que el autor se dirige desde el norte a nosotros, antropélogos del sur, con un toque de atencién. El texto tiene como objetivo principal “poner al descubierto los mitos m&s venerados de la antropologia” recuperando esta d: lina para la ciencia y el humanismo, y sobre todo como una vocacién, pues, "el peor enemigo de la antropologia son los antropélogos, o mejor dicho, aquellos antropélogos que hacen una carrera pero no una vocaci6n de la antropologia" (p.15). Se trata en definitiva de una reflexi6n (implacable) sobre el estado actual de la disciplina y su futuro, "el futuro de la antropologia como ciencia"(p.153), y en torno a este tema se desenvuelve todo el discurso. Ello 11 1 autor @ defender la teorizacién, hoy en dia tan descuidada, y a criticar tanto la antropologia aplicada como al “antropSlogo-masa": sin embargo, LLobera parece olvidar que s6lo cuando uno se encuentra en una posicién similar a la suya, puede permitirse ciertas cosas. El libro esté estructurado en torno a dos mitos, el trabajo de campo (gPanacea antropolégica o camisa de fuerza epistemolégica?) y el Medi (2Area cultural o espejismo antropolégico?), e incluye un excursus racismo (vinculado al primero de estos mitos el imperialismo cultural del Norte (vinculado, muy el tema del Mediterréneo). A ello se afiade un capitulo sobre el Presente de la Antropologia en el que se retoman todos los temas que han ido surgiendo a lo largo del texto, y en el que se profundiza la critica al posmodernismo. Ante el problema de la adecuacién entre la teoria antropolégic Pr&ctica etnogréfica, el posmoderniemo con su “rel: anarquismo epistemolégico total, y su exhibicionismo casi pornogréfico optado por escapar irresponsablemente, aniquilando la teoria y erigiendo la practica en Gnico objeto de 1a antropologia. En resumen, tanto en el capitulo destinado a analizar el trabajo de campo, como en el dedicado al presente antropol6gico, se desarrolla una tremenda critica a los geertzianos, y especialmente a George Marcus, a quien llama “gurd del posmodernismo™, Stephen Tyler, "Jomeini del fundamentalismo posmoderno”. Todos ellos tier la “arrogancia de suponer que porque uno es ciego, los demés no ven", lo cual lleva‘a desembocar en un “subjetivismo narcisista" que hace de la préctica antropolégica un ejercicio psicoanalitico. Con ello, el autor parece creer que el trabajo de campo es mas una camisa de fuerza que una panacea. No obstante, al criticar esta postura y la antropologia aplicada, Llobera olvida que el antropélogo -9i se quiere el antropélogo masa, o el triste “etnégrafo del sur que no ha tenido la posibilidad de educarse en el norte- s6lo puede integrars: en el mercado de trabajo aferr4ndose a esta técnica, cuya importancia, eso ei, ha de ser relativizada, tal como 61 propone. Citando a Geertz, acertadamente eriticado por Llobera, no nos vendria mal recordar de vez en cuando que el antropélogo hace lo que puede, y no necesariamente lo que debe o lo que quiere: las cosas se ven de distinto color segin té al norte o al sur, y¥ sobre todo, cuando uno cuenta con un puesto unive: to de gran prestigio, e puede permitir ciertas coi ‘OB antropélogos, y por cuestiones bastante terrena: El cambio de ‘obj. ntropolegia, que ha tenido lugar en los ltimos veinticinco afios, ademas de no conllevar una reflexién metodolégica Ai epistemolégica o teérica, ha conducido a una primitivizacién del Mediterréneo: cuando el mundo ex colonial fue inaccesible, desde el norte se yio esta primitivizaci6n como una soluci6n funcional para él mantenimiento de a antropologia en unos momentos de crisis. No obstante esta eleccién nunca 255 fue justificada a nivel te6rico, y ni siquiera tiene una definicién geografica © temporal coherente, por lo que Llobera considera que se trata mis de un espejismo antropol6gico que de un 4rea cultural. Curiosamente, toda la oleada de eatudios sobre el Mediterraneo, no han contribuido a revitalizar la teoria antropolégica, adormecida tras la decadencia, mayor en unos lugares que en otros, del marxismo y el estructuralismo todopoderosos en los afios setenta. Respecto a la cuestién del Imperialismo Cultural del Norte, vinculada con el tema del Mediterraneo, el autor adopta un punto de vista que es, en nuestra opinién, brillant critica al imperialismo del norte no conlleva su defensa a ultranza del sur, sino que el etnocentrismo del sur es igualmente eriticado. En su opinién, entre las enfermedades que afligen a los intelectuales del sur figuran "el amateurismo, la mezguindad, el plagio y la paranoia"(p.117). Aunque considera que el nativo no tiene por qué estar mejor preparado para el andlisis de su cultura que el extranjero, Llobera considera que la soluci6n a este imperialismo est en una mayor colaboracién norte-sur. En un Gltimo intento por defender la cientificidad de la antropologia, y recuperar la generalizacién y el método comparado, en la iltima parte del trabajo destaca especialmente el andlisis que el autor hace de la reproduccién de la comunidad antropolégica. Sin incidencia en la ensefianza secundaria, la antropologia y su ensefianza giran en torno a monografias, generalmente sobre "primitivos", lo que no favorece en absoluto Ta sintesis ni la teorizacién. Yel abandono del método comparado y la generalizacién, y los intentos (sobre todo posmodernos) de convertir las explicaciones de sentido comin en objeto de las ciencias sociales, han sido “el primer paso hacia los delirios de la actualidad"(p.149). En unos momentos de impasse teérico y metodolégico, Llobera apunta hacia la teorizacién y, criticando sobre todo el posmodernismo, nos recuerda que la antropologia, ademés de una ciencia, es un humanismo. Sin embargo, sus reflexiones no dejan de ser las reflexiones de un antropélogo afincado en el norte, con un estatus elevado dentro de la profesién y que ya no tiene que preocuparse por la integracién del antropSlogo en el mercado de trabajo. Aunque no por ello sus criticas son menos acertada Begoiia Enguix Grau Area d’Antropologia Social Universitat de Barcelona, Tarragona