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¿Mi camino de vida?

Los valores de la vocación cisterciense

Imitación de Cristo 1

(epílogo)
«Si crees en Cristo, haz las obras de Cristo; y tu fe
vivirá» (Bernardo de Claraval).

«Seguid a Cristo el Señor en su ascenso al Padre;
afinad el espíritu en el ocio de la contemplación,
simplificándoos; seguid a Cristo el Señor en su
descenso al hermano, abriéndoos por la acción,
multiplicándoos, haciéndoos todo para todos» (Isaac
de Stella).

Imitación o seguimiento de Cristo es el alma
de todos los valores. El cristiano ya no tiene otra opción más para
comprometerse en la vida por algo o por alguien. Este alguien es un
Otro, cercano y lejano, íntimo y último. Cristo el Señor es íntimo en
cuanto que marca el punto de arranque de la opción en línea de un
compromiso bautismal. Hacerse monje con el compromiso de los
valores que configuran la vida monástica, no es otra cosa que llevar
con seriedad exclusiva este primer compromiso de ser cristiano.

El monje es un discípulo peculiar de Jesús. Y el discípulo, que
nunca es superior a su maestro, siempre lo sigue. No basta con
arrancar. Hay que seguir. Y «el que me sigue no anda en tinieblas» (Jn
8, 12). Porque «Yo soy la luz del mundo» (ib.) y «el camino, la verdad
y la vida» (Jn 14, 6). Pero el seguimiento de Jesús no es un camino
agradable ni fácil. «El que no me sigue cada día y no toma su cruz, no
puede ser discípulo mío» (Mt 10, 38). La vida en el monasterio, por
presentarse como un programa de seguimiento serio de Jesús, es
radicalmente cruz. «Nuestra Orden es la cruz de Cristo» (Elredo de
Claraval).

Es participación real y «física». que es el Señor mismo. tiene 1 connotaciones concretas para la vida del monje. 4). «la-toda- santa». como su perfecta imitadora. Sólo siguiéndole sabemos de quién nos hemos fiado. ************ Para llevar a cabo este arduo programa. si te dejas llevar por ella. con su favor llegarás al puerto. Si ella te sostiene. en una adhesión personal y en un mismo camino. Así tú mismo podrás experimentar con cuánta razón dice . está dispuesto a entregarse hasta el último trance. el Maestro. Jesús fue el Profeta del Reino. Así. hace de su existencia un combate continuo contra los poderes adversos. no caerás en el error. no te deprimirás. mediante los ayunos y las vigilias. Nada temerás si te protege. ni en mera «interioridad». la persona humana que siguió más de cerca los pasos de su Hijo. 47) como referencia postrera de su entrega incondicional. si recurres a ella. como Cristo su Señor. el monje vive ya en la fe la victoria definitiva (Jn 5. «Si la sigues no te desviarás. Como él. dejando su proyecto de vida sin acabar. por entenderle. Como el Maestro. el monje cisterciense se vuelve con una confianza casi ilimitada a Santa María. También como él. es siempre un ir. porque tiene la muerte muy presente (RB 4. practicando las mismas obras. vive en contacto constante con el Padre en la oración íntima. ¿Mi camino de vida? Los valores de la vocación cisterciense La imitación y seguimiento de Cristo. El seguimiento de Cristo y su imitación no se traduce en «sentimiento». el Rabbí que enseñaba con obras y palabras y que al fin quebró su vida bruscamente con la esperanza ardiente de la instauración del Reino del Padre creando una nueva humanidad en virtud de su propio sacrificio. no desesperarás. Y finalmente como él. y enjuiciando a un mundo que pasa. es un peregrino de la vida. dando importancia relativa a todo lo temporal. es capaz de comunicar un mensaje de salvación al hombre concreto que se lo pide. El monje imita y sigue a Jesús continuando su labor profética. Como él. toda tentativa por conocerle. en la soledad del monte y de la noche. el discípulo. no te fatigarás. Como él. Si la recuerdas. un seguir.

10. 43. 32. 50. 1. 4. 6-8. 11. 6. 10. 3. Med 10. 36. 20. En 1 alabanza de la Virgen Madre II). — Gilberto de Hoyland: Serm Cant 5. 72. 2. 4-8.•34. 3-4. Mier. 69. 1. 19. 31. Santo 11. 50. Vig Nav 2. notas referenciales — Regla de S. 5. 8. — Constituciones: 3. 7. 1. 1-3.T. 1. ¿Mi camino de vida? Los valores de la vocación cisterciense el Evangelista: Y la virgen se llamaba María» (Bernardo de Clara val. — Guillermo de S. Benito: Prol 3. 13.: Espejo fe 49. — Isaac de Stella: Serm 12. . 85. 27. — Bernardo de Claraval: Cant 16.

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