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Postítulo Tutorial en Psicoterapia Humanista y Transpersonal Integral

La Serena

Salud, enfermedad y bienestar psicológico desde el modelo


integral de Wilber. Reflexiones preliminares…

Autor Ps. Carlos Mura Castillo

Director Postítulo Tutorial Mg. Ps. Mauricio Cerda Beroíza


Introducción

La Organización Mundial de la Salud plantea en el “Plan de Acción sobre Salud


Mental 2013-2020”, que casi la mitad de la población del mundo es afectada por alguna
complicación de salud mental y que por lo tanto se vería afectada la imagen de sí mismo
(autoestima), su forma de establecer y mantener las relaciones interpersonales y su
funcionalidad en la vida cotidiana. La depresión, según el Minsal, es una de las principales
causas de perdida de horas de trabajo en nuestro país y actualmente el suicidio una prioridad
sanitaria en la región (según lo constatado en la mesa Regional de prevención de suicidio, de
la cual el autor es parte). La salud y la enfermedad mental es una preocupación fundamental
y un problema prioritario de salud pública, debido al inicio en edades tempranas y los altos
niveles de discapacidad y perdida de funcionalidad que generan.

Históricamente, la ciencia psicológica ha albergado una enorme diversidad


paradigmática para el abordaje y definición de la salud mental, a pesar de lo cual no ha
logrado salir de una visualización fragmentada del ser Humano.

Para la definición de los conceptos de salud y enfermedad influyen diferentes


dimensiones. Un modelo holístico de la salud mental incluiría conceptos antropológicos,
educativos, psicológicos, religiosos y sociales, así mismo incluiría los dominios Biológico,
psicológico, social, ecológico y espiritual.

En el presente ensayo se inicia la reflexión en relación a la utilización de un modelo


integral (tomando como base la propuesta Wilberiana) y su aplicabilidad en el contexto local
chileno y específicamente en la cuarta región, considerando para ello que la salud mental
debe considerar al ser humano como un todo, integrado en mente y materia, en la energía
sutil y el cuerpo.
Concepto de Salud y Enfermedad

La OMS (2013) establece la definición de salud como “un estado de bienestar


completo físico, mental y social, y no meramente la ausencia de afecciones o enfermedades”.
Si bien podemos pensar en que esta es una definición holística que supera la dicotomía de
cuerpo y mente, se hace evidente la ausencia de la multidimensionalidad de la que el ser
humano da cuenta. La Penta dimensión (Bio-Psico-Social-Ecológica-Espiritual) no podría
estar ausente de las definiciones de salud si pensamos la salud mental desde un modelo
integrador.

Desde el enfoque biomédico se entiende que la enfermedad es producto de factores


anatómicos, fisiológicos o agentes externos que afectan de manera directa el buen
funcionamiento orgánico. Lo anterior reduce los fenómenos mentales a un proceso biológico
y establece la ausencia de la enfermedad como criterio de normalidad. La enfermedad mental
se entiende como la manifestación de un desorden en los procesos cerebrales que afectan el
funcionamiento psicológico de un individuo (Kottow, 2002). Su intervención estaría
orientada principalmente a la curación anatómico-fisiológica, mediante una acción directiva
y vertical, especialmente a través de los tratamientos farmacológicos.

Estos son algunos significados de la enfermedad que se han generado desde diferentes
culturas o subculturas, enfoques o posturas (Wilber, 2005):
- Cristiana: La enfermedad como un castigo de Dios por algún pecado cometido.
- Médica: La enfermedad como un efecto de un trastorno biofísico causado por factores
biofísicos, dejando de lado el nivel psicológico y espiritual.
- Kármica: La enfermedad es fruto de alguna acción negativa realizada en el pasado.
- Psicológica: La enfermedad provocada por emociones reprimidas y un deseo de muerte.
- Existencial: La enfermedad por sí sola carece de sentido y yo soy el único que como
responsable de la misma elijo darle ese sentido, según mis significados personales.
- Holística: La enfermedad como producto de un conjunto de factores físicos, emocionales,
mentales y espirituales, sobre lo cual se deben tener todas las dimensiones en cuenta.
La visión integral del modelo presentado por Ken Wilber nos permite cuestionar las
dicotomías de salud-enfermedad y visualizar la salud como un fenómeno dinámico en el que
se ven implicadas diferentes dimensiones tanto a nivel individual (objetivas y subjetivas)
como en un nivel colectivo (sociales y culturales). Por esto se hace necesario realizar una
reflexión (aunque sea de manera somera), del concepto de salud mental desde este modelo
integral, diferenciando los diferentes modelos y conceptualizaciones asociados a esta
definición, intentando acercarnos a un entendimiento general del concepto.

Desde el advenimiento del Modelo Humanista –del cual el Modelo Transpersonal es


hermano- los psicólogos hemos comenzado a interesarnos más seriamente en la concepción
de salud, puesto que la atención de nuestro enfoque profesional se hallaba anteriormente
centrado más en la enfermedad, el desajuste funcional y la neurosis, definiéndose la salud
como “ausencia de patología”. A través de una visión más expansiva no solo del concepto de
salud, sino del de Ser-Humano, los distintos profesionales adscritos a los modelos Humanista
y Transpersonal buscan cada vez más que la persona, luego de superada cualquier patología
que la lleva a consultar por ayuda, buscara niveles mayores de bienestar, satisfacción,
realización y felicidad. Para ello se rescatan enfoques y practicas antiguas provenientes del
Oriente, en donde el interés por el bienestar y el desarrollo integral habría anidado mucho
antes que en occidente (Watts, 1992).

La corriente Transpersonal concibe al cuerpo, la mente y las emociones como


intrínsecamente unidos, afectándose e influenciándose unos a otros como una sola unidad
interconectada. (Grof, 1999; 2008) En general, el desajuste se concibe como un efecto del
proceso de desconexión, en el cual la persona reprime o acepta aspectos de sí mismo en
función, entre otras cosas, de la aceptación que recibe de los que le rodean (sistema social-
relacional). De esta forma, el individuo formaría una estructura de personalidad a lo largo de
su desarrollo y proceso madurativo (la cual, a diferencia de otros enfoques no es estática ni
definitiva, sino que está en constante construcción y/o evolución) que ha escindido aquellos
aspectos de los que ha aprendido a desconectarse. En otras palabras, deja de ser consciente
de aspectos de sí mismo y comienza a funcionar de manera mecánica o automática,
desajustándose de su entorno.
Principios del modelo integral

Ken Wilber (1996) desarrolla una matriz filosófica integradora que permite
interrelacionar los múltiples contextos y escenarios de la ciencia, la ética-mora, la estética y
la filosofía oriental y occidental. La integración en esta matriz filosófica y de significados de
las grandes tradiciones de sabiduría del mundo entero, permite la emergencia del modelo
integral (Wilber 1996, 2005, 2007, 2010).

Lo anterior facilita el entendimiento del concepto de totalidad al que se refiere Wilber,


y para entender esa totalidad miremos primero el concepto de holón (concepto básico dentro
de la teoría propuesta por el Wilber). “Arthur Koestler acuñó el término holón para referirse
a una entidad que es, al mismo tiempo, una totalidad y una parte de otra totalidad. Y si usted
observa atentamente las cosas y los procesos existentes no tardará en advertir que no son solo
totalidades, sino que también forman parte de alguna otra totalidad. Se trata, pues, de
totalidades/partes, de holones” (Wilber, 1998, p. 40).

Según Wilber, los holones del universo están en cuatro cuadrantes y son inseparables
en cualquier individuo; además, cada holón se encuentra en los cuatro cuadrantes, los cuales
los entendemos como cuatro tipos de secuencias holísticas.

Si observamos el comportamiento de un individuo, se hace referencia al cuadrante


superior derecho o al cuadrante uno (al ello), que equivale a la manifestación de un holón
desde fuera de él, es decir, sin hablar con la persona podemos observar su comportamiento.
Este cuadrante es el de la objetividad, por tratar a la persona como un objeto. Pero, si se
necesita saber qué piensa ese individuo, se tiene que hablar con él para que así lo exprese,
establecer comunicación, lo cual equivale a observar un holón desde dentro del ser,
acercándonos a comprender el mundo interno sujeto observado. Este corresponde al
cuadrante superior izquierdo o al dos (el yo), el subjetivo o el intencional, como lo llama
Wilber. Tomando lo observado en el cuadrante uno, o conductual, podemos concatenar datos
que nos permitan acercarnos a los eventos interiores del cuadrante dos o intencional. Sin
embargo, se hace necesaria una observación más acuciosa y se tendrían que combinar ambos
cuadrantes, el objetivo y el intencional (subjetivo), para profundizar la información
observada.

Interior Exterior
INDIVIDUAL

Caminos de la mano izquierda Caminos de la mano derecha

2. Subjetivo 1 . Objetivo
(Intencional) (Conductual)

YO ELLO

NOSOTROS ELLOS

3. Subjetivo 4. Objetivo
(Cultural) (Social)
COLECTIVO

INTERSUBJETIVO INTEROBJETIVO

Figura 1. Los cuatro cuadrantes del modelo integral de Wilber


(adaptado tomado de Wilber, 1996, p. 152). Dos cuadrantes
individuales y dos colectivos, de los cuales los derechos
representan la objetividad y los izquierdos la subjetividad.
A pesar de lo expuesto en el párrafo anterior, no sería suficiente la combinación de
estos dos cuadrantes para una observación comprensiva del sujeto del ejemplo, ya que los
holones forman parte de alguna otra totalidad (Wilber, 1996).

Así que, en nuestro ejemplo, el individuo observado tendría relación con otros grupos,
como su familia, una institución, su país, etc. Para entender mejor su comportamiento, no
bastaría con preguntarle (por muy acuciosa que fuera la entrevista). Para una comprensión
profunda se hace necesario saber de su cultura, normas de comportamiento y el conjunto de
valores éticos y/o morales. Esto corresponde al cuadrante inferior izquierdo, o tres (nosotros),
al área intersubjetiva, o el cuadrante de lo colectivo intersubjetivo.

Continuando con el cuadrante inferior derecho (el exterior de lo colectivo), en él se


pueden observar grupos de holones desde fuera; por ejemplo, qué hacen los integrantes del
grupo, cómo se subdividen las tareas. Este cuadrante es de observaciones precisas pero
incompletas, porque no tienen en cuenta al mundo interior, lo cual nos recuerda que, si los
cuadrantes están aislados, las observaciones serían incompletas.

En el cuadrante inferior derecho se encuentran los enfoques de corte sistémico-


constructivista, los cuales ven al mundo (o a los holones en la teoría de Wilber), como una
red interconectada e independiente (personas, países, organizaciones, biosfera, etc.). Según
Wilber, este enfoque pretende ser holístico, pero no lo es, ya que continúa observando
exclusivamente de una manera objetiva, es decir, desde fuera, y es un problema el observar
solo desde afuera, ya que no permitiría un acceso al mundo interno del sujeto observado,
debiendo rellenar la información faltante con aspectos del propio observador, corriendo el
riesgo de sesgar la observación (Wilber, 2010).

Observando los cuatro cuadrantes podríamos identificar a cuál corresponde cada


enfoque de la psicología moderna. Si bien la psicología actual contempla una diversidad
multiparadigmática para el abordaje de la salud mental, a juicio de Wilber no ha logrado se
salvar la problemática de la fragmentación a la hora de visualizar al ser humano (Wilber
2010).
Esto las haría a las distintas corrientes en psicología (y en la psicoterapia) opuestas y
complementarias a la vez. El autor propone entonces la idea de integrar los elementos
potencialmente integrables de cada corriente de manera de no seguir viendo los enfoques de
la psicología (psicoanálisis, conductismo, humanismo, sistémico y transpersonal) como
fragmentos aislados e independientes de las problemáticas individuales y sociales del ser
humano, sino más bien aprovechar el modelo integral propuesto por el autor para conducirnos
hacia un entendimiento del ser humano integral, más profundo y que dé cuenta no solo de la
enfermedad, sino también del bienestar del ser humano.

Psicología integral

La propuesta de Wilber sería global e integradora, no divide, sino que incluye,


permitiendo pensar en la posibilidad de la integración del cuerpo y la mente en una unión de
carácter más elevado, más abarcador e inclusivo. Es integral porque tiene en cuenta las
posibles perspectivas, sin privilegiar ninguna de ellas, facilitando el pluralismo universal
(Wilber, 2010). Es decir, la psicología integral invita al sujeto a abrazar la conciencia para
así influir en su bienestar y salud.

Desde la visión integral y el nuevo paradigma se considera necesario tener en cuenta


al sujeto (individuo integral) en la salud mental, ya que a no se le han prestado la atención
necesaria debido a la misma visión fragmentaria del paradigma Biomédico.

Wilber (2008) describe una serie de prácticas integrales que ejercitan de manera
simultánea todas las capacidades y dimensiones fundamentales del ser humano (individual y
colectivo, objetivo y subjetivo):

El cuadrante conductual sugiere la realización de prácticas como control y conexión


alimentaria (dieta nutricional y no como una mera forma de perder peso, como habitualmente
se visualiza el concepto en nuestro entorno), ejercicio físico, levantamiento de pesas,
consumo de vitaminas y/o minerales, ejercicios aeróbicos, medicamentos en caso de ser
necesarios (recetados por un médico… ojalá desde el enfoque integral), establecimiento de
hábitos saludables en los patrones del sueño. A lo anterior le sumo el consumo de agua
(separado de la dieta alimentaria) a razón de un litro por cada 20 kilos de peso, fundamentado
en la Medicina Tradicional China, de la cual soy practicante.

Para el cuadrante individual recomienda practicas integradoras físicas como sistemas


no invasivos de yoga, Tai Chi Chuan (del cual puedo constatar el efecto positivo en las
personas, bioenergética, trabajo de integración de la sombra (desde la perspectiva Junguiana),
meditación, ejercicios como el del testigo (atención plena desde la escuela budista
Theravada), oración contemplativa, y finalmente la adopción de una filosofía consciente de
la vida. Me es interesante hacer la observación de que en nuestro entorno inmediato de la IV
región, las practicas “meditativas”, no necesariamente se encuentran en la línea recomendada
por Wilber, existiendo una variedad de grupos en donde se realizan prácticas de visualización
y lo que podría denominarse “imaginería guiada emergente”, sin tener una matriz
metodológica como en el caso de las imaginerías. A mi juicio, muchas de estas practicas
podrían caer en lo que Wellwood llama “Bypass espiritual” (2013) y asemejarse a la falacia
Pre-trans descrita por Wilber (Wilber, 1998;2005).

En el cuadrante social, las prácticas mencionadas por Wilber y sus colaboradores


corresponden a la propia conexión y responsabilización por el entorno ecológico, la
naturaleza y la biosfera. Así mismo, refiere el entrenamiento en habilidades sociales, análisis
del propio genograma y servicio a los demás (como practica compasiva desinteresada).

Finalmente, para el cuadrante cultural refiere el establecimiento de relaciones


interpersonales sanas como parte del propio desarrollo, descentramiento del yo como eje
rector de nuestras vidas, servicio a la comunidad, trabajo de desarrollo de la compasión
(como prácticas de generosidad y ayuda al prójimo), la liberación social.
Conclusiones

En la salud mental se ha dificultado establecer las conexiones necesarias para un


abordaje más humano y menos fragmentado del ser humano, ya que su conceptualización se
basa en la ausencia de alteraciones físicas o en la ausencia de trastornos mentales, con un
énfasis en la reducción de síntomas mediante técnicas invasivas, y en su mayoría
momentáneas, dejando al individuo en una posición pasiva (paciente) frente a su propia salud
mental.

Wilber propone la búsqueda de un nuevo paradigma que englobe los distintos


aspectos constitutivos de la condición humana, integrando diferentes teorías, enfoques,
ciencias, modelos e incluso concepciones religiosas tanto de oriente como de occidente.
Desde esta perspectiva, el enfoque integral propone la observación de la totalidad del ser
humano y de sus posibilidades de desarrollo y crecimiento. Para permitir lo anterior, se invita
al individuo a desarrollar su conciencia prepersonal, personal y transpersonal, de tal manera
que pueda influir y hacerse cargo en su bienestar y su salud.

Desde el modelo propuesto, el desarrollo del ser humano se da de forma no lineal e


involucra diferentes perspectivas subjetivas-individuales, objetivas-conductuales, sociales y
culturales. Estas perspectivas deben ser consideradas en una totalidad y ser integradas en un
entendimiento holístico e integrador del ser humano.

Entender la psicología y la salud mental desde una visión y exploración de los cuatro
cuadrantes propuestos por Wilber nos permite, desde el nivel lo individual-interior, el
reconocimiento, la re-conexión del individuo. Desde lo conductual permite el mejoramiento
y mantención de la salud física del individuo, así como el mejoramiento de los procesos de
autocuidado. En el cuadrante cultural se enfoca la salud mental como un conjunto de prácticas
intersubjetivas, enraizadas en la historia, los modos de relación, las costumbres y valores de
los grupos de pertenencia en los que se desarrollan los individuos. Finalmente, la salud
mental se aprecia desde el cuadrante social como el resultado del establecimiento de
entramados sociales complejos y de relaciones ecológicas entre los individuos con el entorno
natural y las tecnologías que cada colectividad humana construye.

Finalmente, podemos declarar que la salud mental se ve afectada por diferentes


dimensiones y elementos que intervienen en el desarrollo del de un individuo. Su
manifestación es el producto de relaciones complejas entre multiplicidad de factores y no es
posible reducirla a dimensiones individuales internas o externas, ni a resultados de las fuerzas
y dinámicas colectivas, sean estas sociales o culturales. Es preciso un saber integrador que
vaya más allá del análisis y sepa observar las cualidades de las partes, sus interacciones y las
cualidades emergentes de estas dinámicas, ya sean de dependencia o interrelación.
Bibliografía

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