Vous êtes sur la page 1sur 23

Metodología

de la Historia II


Primera Parte: La Historiografía como disciplina científica:
definición y evolución histórica

TEMA 1: HISTORIA E HISTORIOGRAFÍA: CLAVES CONCEPTUALES

Introducción

Todo investigador ha de reflexionar sobre su disciplina y los fundamentos profundos de
su trabajo. Un problema de los historiadores es que no siempre lo hacen. En nuestro
caso, se plantean dos grandes problemas:

Ø ¿Qué es la Historia?
Ø ¿Es la Historia una ciencia?

1. DEFINICIONES TEÓRICAS

Son cuestiones importantes:
Ø Se escribe y se lee mucho sobre historia.
Ø Pero muchos científicos se burlan de ella y critican la supuesta carencia de rigor
de las conclusiones de los historiadores.

•En palabras de Claudio Sánchez-Albornoz referidas al siglo XX:
“Quizá nunca se ha escrito y se ha leído más de Historia, pero quizá nunca la Historia ha
ejercido una influencia más precaria en el presente de los hombres” (C. Sánchez-
Albornoz, Ensayos sobre historiología. Historia y libertad, Madrid, 1974, pág. 21).

•Para Jerzy Topolski:
“Ninguna disciplina ha sido más alabada ni más criticada que el estudio de la historia.
Cicerón pedía que la historia enseñara a los hombres cómo vivir. Aristóteles le negaba la
calificación de verdadera ciencia y consideraba que la mayor sabiduría era la poesía. En
diversas épocas, a la historia se le ha asignado una posición predominante o degradada
en la jerarquía de las ciencias” (J. Topolski, Metodología de la historia, Madrid, 1984,
pág. 13).

•En palabras de Marc Bloch:
“La historia, sin embargo, tiene indudablemente sus propios placeres estéticos, que no
se parecen a los de ninguna otra disciplina. Ello se debe a que el espectáculo de las
actividades humanas, que forma su objeto particular, está hecho, más que otro
cualquiera, para seducir la imaginación de los hombres. Sobre todo cuando, gracias a su
alejamiento en el tiempo o en el espacio, su despliegue se atavía con las sutiles
seducciones de lo extraño. El gran Leibniz nos lo ha confesado: cuando pasaba de las
abstractas especulaciones de las matemáticas o de la teodicea, a descifrar viejas cartas
o viejas crónicas de la Alemania imperial, sentía, como nosotros, esa “voluptuosidad de
aprender cosas singulares”. Cuidémonos de quitar a nuestra ciencia su parte de poesía.
Cuidémonos, sobre todo, como he descubierto en el sentimiento de algunos, de
1

Metodología de la Historia II

sonrojarnos por ello. Sería una formidable tontería pensar que por tan poderoso
atractivo sobre la sensibilidad, tiene que ser menos capaz también de satisfacer nuestra
inteligencia. Pero si esa historia a la que nos conduce un atractivo que siente todo el
universo no tuviera más que tal atractivo para justificarse; si no fuera, en suma, más que
un amable pasatiempo como el bridge o la pesca con anzuelo, ¿merecería que
hiciéramos tantos esfuerzos por escribirla? Por escribirla según lo entiendo yo,
honradamente, verídicamente, y yendo en la medida de lo posible hasta los resortes más
ocultos, es decir, difícilmente… la historia tendrá que probar su legitimidad como
conocimiento” (Marc Bloch, Introducción a la historia, México, 19521, pág. 12).

Una parte importante de la actual crítica lingüística y literaria postmodernista entiende
que “la historia” es una forma más de representación literaria. Sin embargo, nuestra
civilización occidental tiene un marcado acento histórico.

Nuestros primeros maestros, griegos y latinos, eran pueblos historiadores. El
cristianismo es una religión histórica y de historiadores. Otros sistemas religiosos han
podido fundar sus creencias y ritos en una mitología más o menos exterior al tiempo
humano. Pero el cristianismo tiene por libros sagrados libros de historia; sus liturgias
conmemoran los episodios de la vida terrestre de Dios, los fastos de la Iglesia y de los
santos.

Además, el cristianismo es histórico en otro sentido: el destino de la humanidad, situado
entre la caída y el juicio final, representa una larga aventura; en su historia y evolución
se desarrolla el gran drama del pecado y la redención. La Historia forma parte de las más
constantes tradiciones intelectuales de Occidente.

a. ¿Qué es entonces la Historia?

Según Edward H. Carr, la respuesta que le damos a esta pregunta “refleja nuestra
posición en el tiempo y forma parte de nuestra respuesta a la pregunta, más amplia, de
qué idea hemos de formarnos de la sociedad en que vivimos” (E.H. Carr, ¿Qué es la
historia?, Barcelona 1991, pág. 51). En su opinión, es un problema muy amplio e
importante.

Hemos de subrayar la gran ambigüedad o ambivalencia del término “historia”. Este tema
de la entidad de la historia ha sido muchas veces dejado atrás por sobreentendido.
Intentaremos ofrecer algunas soluciones haciendo un poco de historia del término.

• Historia del término “historia”:

Desde el punto de vista etimológico, el término español “historia”, el francés “histoire”,
el italiano “storia” y el inglés “history” proceden de la palabra griega “istoria”, que
significa encuesta, entrevista, interrogatorio de un testigo ocular, y también se refiere a
los resultados de dichas acciones. Así la utiliza Heródoto, en un sentido de
“investigación”. Por tanto, etimológicamente, una “historia” es una “investigación”.

En general, en los textos de la antigua Grecia aparece con tres significados:

2

Metodología de la Historia II


–Investigación e información sobre la investigación.
–Una historia poética.
–Una descripción exacta de los hechos.

Los griegos también emplearon la palabra “istor”, que significa testigo, juez, una
persona que sabe, el investigador o el informador, y también la palabra “istoreo”,
interpretada como buscar, inquirir, examinar.

Se cree que todas estas palabras están relacionadas con la raíz indoeuropea “vid”, de la
que deriva “video” en latín, “voir” y “savoir” en francés, “wissen” en alemán y “wiedza”
en polaco, “videti” en checo y otra serie de palabras en muchos idiomas.

Del griego, el término “historia” pasó a otras lenguas sobre todo por medio del latín,
adquiriendo gradualmente un significado más preciso en el proceso. En latín clásico,
“historia” significa todavía lo mismo que en griego. En los textos latinos se acentúa la
observación directa, la investigación y los informes resultantes. Por ejemplo, Tácito
emplea el término “Historiae” para los informes de la época que él observó
personalmente, mientras que sus obras sobre períodos anteriores se titulan “Anales”.

Este uso reflejaba la convicción de que el conocimiento de los viejos tiempos no podía
tener el mismo grado de precisión que la investigación basada en el testimonio de
testigos que hablaban sobre hechos conocidos. Se creía que tales averiguaciones eran
imposibles respecto a períodos anteriores, e incluso cuando se hacían, esto iba
acompañado de una conciencia de que las situaciones eran diferentes, lo que se
reflejaba en una distinción de términos.

El término latino “historiare” tenía el mismo significado que “narrare” o “dicere”.

El término “anales” y el posterior “crónicas”, acuñados en la Antigüedad, siguieron
usándose en la Edad Media para indicar el recuerdo de los hechos importantes y la
narración escrita de historia.

Los anales medievales y las crónicas –éstas de forma más indirecta- estaban unidos a la
práctica litúrgica de la Iglesia y sus calendarios. Las relaciones de anales se insertaban
en los calendarios y los ciclos. Estos términos incluyen un elemento temporal que faltaba
en el griego “historia” y era escaso en las narraciones y relaciones de los romanos. Bajo
el impacto cristiano del nuevo acercamiento al pasado y al futuro, el concepto de
historia comenzó a adquirir un nuevo significado. Fue fruto de la amalgama de la crónica
estrictamente cronológica y las narraciones históricas, que en la Edad Media se conocían
como biografías, “vitae” o hechos y hazañas, “gesta”. Pero hasta finales de la Edad
Media el término se usó donde no se pretendía una estricta observación de una
estructura cronológica, típica de los anales y las crónicas.

El término “historia”, o más bien “historiae”, además de indicar en la Edad Media “res
gestae” en general, se utilizó ampliamente para referirse a los sucesos sagrados del

3

Metodología de la Historia II

Antiguo y Nuevo Testamento. La Biblia estaba más cerca de las “vitae” o las “gesta” que
los anales o las crónicas.

En el siglo XVI los viejos anales y crónicas declinaron gradualmente. Las “historiae”, es
decir, las narraciones históricas del tipo “gestae” y “vitae”, hicieron frente a exigencias
cada vez más críticas.
Así surgieron las bases para aunar todas estas tendencias y desarrollar un tipo bastante
uniforme de literatura histórica, que evolucionaba hacia la literatura histórica científica.
El término “historia” se vio pronto libre de las restricciones medievales y abarcó la
propia historia y el proceso de su reconstrucción por medio de una narración apropiada.
Se seguía usando en plural. El cambio al singular coincidió con la aparición de la ciencia
histórica. Esto sucedió en el Renacimiento.

En el Renacimiento se unen las dos tendencias básicas en el interés humano por los
acontecimientos del pasado:

Una estaba marcada por el elemento narrativo, que se desarrollaba sobre la base de la
mitología antigua y las gesta, vitae e historias sagradas medievales. La otra, basada
sobre todo en los anales medievales, las crónicas y la corografía de la Iglesia, con el
elemento tiempo, tan importante para el desarrollo de la literatura propiamente
histórica.

La evolución posterior condujo a una clara distinción entre la historia como
acontecimientos pasados e historia como una narración sobre los acontecimientos
pasados.
Sin embargo, el término “historia” adquirió su aspecto metodológico sólo cuando la
literatura histórica se hizo científica.

Por consiguiente, el interés por los hechos pasados se vinculó gradualmente, a lo largo
de siglos, al término “historia”.
Sólo la consolidación de la creencia de que la historia significa la reconstrucción de los
hechos pasados puso las bases para la reflexión sobre cómo deben entenderse esos
hechos pasados que van a ser el objeto de interés de los historiadores.
A lo largo de este proceso, el término “historia” adquirió dos significados básicos:

La “objetiva”, relativa a la “realidad pasada”, las cosas o los hechos sucedidos (“res
gestae”). Los contenidos asociados a este concepto pueden variar enormemente, desde
las ideas penetradas por leyendas y mitos a las inspiradas por la ciencia. También puede
hacer referencia a:

•Los hechos pasados en general y en su totalidad.
•Una antropomorfización del concepto con afirmaciones como “los veredictos
de la historia”, “el arma dañina” de la historia, etc.
•Puede usarse con un modificador que limite su alcance a un país, una ciudad,
un fenómeno social o un concreto período.

4

Metodología de la Historia II

La “subjetiva”, relativa al conocimiento, la relación o narración de las cosas sucedidas


(“historia rerum gestarum”). Esta tiene por lo menos dos significados:

•Puede indicar el procedimiento investigador que reconstruye los hechos
pasados –la ciencia interpretada como el oficio de los estudiosos-.
•También el resultado de tal reconstrucción en forma de una serie de
afirmaciones de los historiadores sobre los hechos pasados –la ciencia interpretada
como los resultados de la investigación-.

De esta duplicidad se deriva en buena parte el desconcierto semántico en que se hallan
la palabra “historia” y sus derivadas. Además, por historia se puede entender no sólo el
suceder humano en particular, sino el suceder general: Así, hablamos de la “historia
natural” o la “historia geológica”.

En español, “historia” se utiliza todavía de una tercera forma, como sinónimo de
relación, cuento o incluso fábula.

En cualquier caso, en las lenguas romances la transformación lexicográfica ha partido de
lo subjetivo para llegar a lo objetivo. En la lengua alemana, en cambio, se ha dado el
proceso contrario.

Historia en alemán es “geschichte”, que deriva del verbo “geschehen”, “suceder”.
También la palabra tiene un doble significado en este caso: objetivamente, como lo que
sucede o ha sucedido, y subjetivamente como el conocimiento de ese suceder. Se partió
en este caso de la calificación objetiva –lo sucedido-, hasta alcanzar la doble significación
actual. Pero se distingue entre “historie” como realidad y “gestchichte como
conocimiento de ella, a lo que se ha añadido la palabra “historik” como tratamiento de
los problemas metodológicos.

• El concepto “historiografía”

La palabra “historiografía” es la que mejor resuelve la necesidad de un término para
designar la tarea de investigación y escritura de la historia. La “historia” se ceñiría, pues,
a la realidad histórica.

Historiografía sería la actividad y el producto de la actividad de los historiadores y
también la disciplina intelectual y académica constituida por ellos. Así lo han admitido
figuras tan importantes como Benedetto Croce, Pierre Vilar o Josep Fontana.

Históricamente, la palabra “historiografía” puede recoger la alusión a las diversas
formas de escritura de la historia que se han sucedido desde la Antigüedad clásica.
Se puede hablar de “historiografía griega” o “positivista”, por ejemplo, para señalar
ciertas prácticas bien identificadas de escribir la historia en determinadas épocas,
ámbitos culturales o tradiciones científicas.

Autores como José Ortega y Gasset propusieron otro vocablo: “historiología”. Afirmaba
este autor:

5

Metodología de la Historia II


“No se puede hacer historia si no se posee la técnica superior, que es una teoría general
de las realidades humanas, lo que llamo una ‘historiología’”.

Desde el punto de vista filológico, este término desempeñaría a la perfección la tarea
de designar a la “ciencia de la historia”. Pero para muchos autores tiene un matiz
demasiado pretencioso: el de suponer que la investigación de la historia puede
considerarse, sin más, una “ciencia”. Para otros, no es un término válido porque
introduce más dificultades semánticas que las que resuelve. Sobre todo, porque a
menudo va acompañada de un sentido de reflexión metahistórica. Se la da el propio
Ortega y algunos historiadores como Claudio Sánchez-Albornoz o Manuel Tuñón de
Lara.

Es preciso señalar también que a menudo se usa mal el término “historiografía”,
violentando absolutamente su etimología. Hay sobre todo dos usos impropios.

Su uso como sinónimo de “reflexión sobre la historia” al estilo de lo que hacía Ortega y
Gasset con la palabra “historiología”. Equivaldría a la teoría o filosofía de la historia, es
decir, reflexiones teóricas acerca de la naturaleza de la historia. Aplicación como
sinónimo y apelativo breve y coloquial para designar la “historia de la historiografía”,
que a veces se denomina también la “historia de la historia”.

Esta confusión sería un síntoma de las habituales imprecisiones en los profesionales y
estudiantes de la materia. Ha de utilizarse de forma correcta. Otro problema es que la
investigación histórica prácticamente no ha creado un lenguaje especializado. Apenas
hay términos construidos historiográficamente para designar fenómenos específicos.
Es otro síntoma del nivel de mero conocimiento común que la historiografía ha tenido
desde antiguo como disciplina de la investigación de la historia.

Algunos de esos términos, que no proceden del lenguaje común y que han surgido y se
han consolidado como producto de la actividad investigadora de la historiografía, serían:

•Expresiones con connotaciones cronológicas como “Edad Media”.
•Algunos calificativos y categorías para determinadas coyunturas históricas
como “Renacimiento”.
•Para formas de sociedad, como “feudalismo”.
•Otras escasas conceptuaciones como “larga duración” o “coyuntura”.

En cualquier caso, puede existir una disciplina basada en el empleo del lenguaje común
siempre que sea capaz de “conceptualizar” adecuadamente su objeto de estudio.

Pero tampoco cabe duda de que la vitalidad de una disciplina se muestra, entre otras
cosas, en su capacidad para crear un lenguaje. Cierto que no debe ser un objetivo en sí
mismo, pero también que es un síntoma.

La aparición de nuevas formas de teorización del conocimiento de la historia, de
progresos metodológicos generales o parciales o la exploración de nuevos campos o

6

Metodología de la Historia II

sectores y la aplicación de nuevas técnicas es lo que habrá de dar lugar a un cambio en


el vocabulario aceptado.

Es importante formular un principio teórico-metodológico: los esfuerzos por la
formalización real de la disciplina historiográfica no han de olvidar la relación estrecha
entre las conceptualizaciones claras y operativas y los términos específicos en que se
expresan. Pero es una cuestión que ha de quedar abierta porque no hay soluciones
cerradas.

La fundamentación teórico-metodológica de la historiografía está hoy mucho menos
establecida y desarrollada comparativamente en que en otras disciplinas. Esto es así
pese a que el intento de fundamentar teóricamente la especificidad e irreductibilidad
del conocimiento de la historia y de definir las reglas fundamentales de su método tiene
unos orígenes notablemente antiguos. Pero en el mundo de los propios historiadores ha
tardado mucho en manifestarse un verdadero espíritu científico, más o menos
fundamentado. Incluso, la historiografía no ha desterrado nunca enteramente, hasta
hoy, la vieja tradición de la cronística, de la descripción narrativa y de la
despreocupación metodológica.

En palabras del historiador británico Raphael Samuel:
“Los historiadores no son dados, al menos en público, a la introspección sobre su trabajo
y, exceptuando los momentos solemnes como las conferencias inaugurales, por ejemplo,
evitan la exposición general de sus objetivos. Tampoco intentan teorizar sus
investigaciones”

Esta larga tradición de “ingenuismo metodológico” constituye una de las peores lacras
del oficio.

• ¿Es la historiografía una ciencia?

La cuestión de si es una ciencia o una actividad científica nunca ha preocupado siquiera
a una parte mayoritaria de los historiadores. Tampoco hay unanimidad a la hora de
responder. Nunca ha habido acuerdo acerca de la calificación intelectual o la capacidad
cognoscitiva propia de la actividad de historiar. Sin embargo, es imprescindible una
reflexión de este tipo si se quiere entender lo que es en su núcleo el tipo de
conocimiento que aporta o debe aportar el historiador.

Para una reflexión como esta no parece que haya otro marco adecuado que no sea el
del conocimiento científico y con una determinación también esencial: el conocimiento
científico aplicado a la sociedad. Es decir, el marco de la ciencia social. La pregunta a
realizar sería entonces: ¿es posible un conocimiento científico de la realidad socio-
temporal?

No hay respuestas categóricas a esta pregunta. Pero el problema es común en todo el
ámbito de las ciencias de la sociedad, que se enfrentan a un mismo problema: ¿es
posible un conocimiento científico del hombre?

7

Metodología de la Historia II

El conocimiento científico-social.
No existe una especie rígida de conocimiento al que
pueda llamarse científico. En cualquier caso, su
problemática es la abordada por una forma de la teoría
del conocimiento que llamamos “epistemología”. Se
suelen distinguir dos ámbitos del saber científico:

-El de la naturaleza: ciencias de la naturaleza.
-El del hombre: ciencias del hombre.

La ciencia natural ha tendido a identificarse con las
ciencias “nomoténicas” o “nomológicas”, términos que proceden del griego “nomos”,
ley.

–Serían ciencias de lo general.
–Se relacionan con un tipo de conocimiento científico entendido como
explicación. Esa sería su función: explicar.

En cambio, las ciencias del hombre se han identificado como “idiográficas”, término que
procede del griego “idios”, característica o singularidad.

–Serían ciencias de los comportamientos singulares.
–Se relacionan con un tipo de conocimiento científico entendido como
comprensión.
–Las ciencias del hombre no estarían capacitadas para dar explicaciones en
forma de teorías, sino que deberían dirigirse a “comprender” el significado de las
acciones humanas.

Más recientemente, se ha realizado una clasificación tripartita de la ciencia:

–Ciencia natural o físico-natural.
–Ciencia social o ciencia del hombre.
–Ciencia formal. Sería el género de conocimiento científico que, como la
matemática o la lógica, exploran un mundo de elementos simbólicos u
ordenaciones formales que no tiene referentes en las cosas materiales.

Para autores como Jon Elster, lo que distingue realmente a las ciencias es su método.
Habría tres métodos esenciales:

–El hipotético-deductivo
–El hermenéutico
–El dialéctico

También hay tres formas típicas de explicación:
-Causal
-Funcional
-Intencional

8

Metodología de la Historia II


Es importante que analicemos cómo funciona la ciencia en cuanto operación de
conocimiento y, en último extremo, como “producto” de conocimiento que nos
presenta una visión determinada del mundo. Su característica como forma de
conocimiento es su proceder sistemático y su sujeción a reglas de comprobación.
La ciencia parte de la observación o el conocimiento común de las cosas para llegar hasta
el nivel de lo científico. Para realizar ese recorrido se requiere un método.
Así, la ciencia se define como una forma de conocimiento sistemático-explicativo, no
contradictorio, fáctico –no valorativo- y testificable.

Conocimiento sistemático. Se basa en la observación dirigida y organizada de la realidad,
que construye los datos y los organiza dando respuestas a las preguntas sobre los
fenómenos. Son respuestas con alto grado de generalidad.

Produce explicaciones. Es algo diferente de las descripciones y también de las


interpretaciones. Las explicaciones tienen que ser universales y no contradictorias y en
su forma más perfecta se formulan como teorías.


El conocimiento de la ciencia es fáctico o “de hechos”, no “de valores”. No juzga desde
un punto de vista ético o cualquier otro la realidad que se explica.

Es testificable. Puede ser demostrado, da cuenta del camino por el que las proposiciones
hechas pueden ser acreditadas como verdaderas.

La ciencia sería el conocimiento adquirido a través de la observación de la realidad y la
teoría explicativa que se construye sobre los fenómenos que ocurren en ella.

9

Metodología de la Historia II

El conocimiento científico tiene un camino para construirse que es el método científico


y una forma de expresión propia que es el lenguaje científico.

Su proceso se basa en la adquisición de unas “informaciones” sistemáticas: observación,
generalización empírica, hipótesis, teorías. Para pasar de una a otras es preciso
establecer una serie de “operaciones” metodológicas: técnicas de control de los datos,
formación de conceptos, deducciones lógicas, etc. Su resultado final es siempre un
conocimiento que se pretende “demostrable”, aunque nunca definitivo.

• Componentes del lenguaje científico

La ciencia construye y usa un lenguaje específico para captar la realidad y explicarla. La
función del lenguaje de la ciencia es hacer una “formalización simbólica” de la realidad.
Para demostrar la verdad del conocimiento adquirido es necesario elaborar conceptos.
Después, construir proposiciones. Por último, proponer explicaciones que habrían de
adoptar la forma de teorías en la ciencia en sentido riguroso.

Conceptos:
La observación es una primera sistematización de la experiencia y ha de estar dirigida
ya por una primera organización lógica. Transformar lo observado en datos significa
acuñar conceptos.

El concepto científico sería entonces el resultado de la sistematización de la experiencia.
La palabra tiene el mismo significado que “idea” en cuanto que se forja por comparación
entre cosas y por generalización.
Los conceptos sólo se pueden definir en función de otros cuyos significados ya están
dados. Surgen inicialmente como idea vaga, que se va aclarando gradualmente a medida
que la teoría en la que tienen un papel toma una forma más coherente y precisa.

Proposiciones:
Los conceptos acuñados se relacionan a través de proposiciones o juicios.
La proposición sigue al concepto definiendo las cosas y determinando su naturaleza. Con
ella se hacen afirmaciones o negaciones sobre la realidad estudiada.
Desde el punto de vista del sujeto, la proposición procede de un “juicio”.

Explicación:
La articulación relacionada de las proposiciones que hacemos para definir un fenómeno,
un grupo de fenómenos, un proceso inteligible y acotable de cualquier tipo.
Un conjunto de proposiciones ordenado lógicamente y relacionado mediante la
inducción o la deducción es lo que se conoce también de manera clásica como
raciocinio. Una explicación equivaldría a tal raciocinio sobre las cosas.

La cuestión radica en construir proposiciones que presentemos como verdaderas pero
cuya verdad sea demostrable, contrastable, verificable. No podemos hablar de ciencia
si no se presentan este tipo de verdades.
El raciocinio de la ciencia se diferencia del conocimiento común en que debe aportar esa
demostración.

10

Metodología de la Historia II


¿Qué estructura tiene una explicación y cómo la expresa la ciencia?
Explicar es aclarar o determinar el contenido y entorno de algún asunto que se presenta
vago; es ver en qué está implicado algo por otras realidades ya conocidas y explicadas.
La explicación perfecta se basa en la existencia de una ley conocida que se aplica al caso.
Se trata de hacer inteligibles los hechos por su relación con otros elementos de nuestro
saber.

Esta conexión entre fenómenos puede obedecer a diversos modelos.
En función de dichos modelos se habla de explicación causal, la explicación por las
causas de los fenómenos. También la teleológica, la que explica por los propósitos o
fines, a la que de alguna manera pueden asimilarse las explicaciones funcionales –por la
función o finalidad-. Hablamos también de explicaciones genéticas por el origen o de
explicaciones sistémicas por la regulación sistémica.

Teoría:
Cuando un fenómeno se considera explicado, es posible establecer en qué momento y
condiciones podrá producirse de nuevo. Es la predicción del comportamiento de los
fenómenos.

Las teorías pretenden mostrar cierto tipo de regularidades, más o menos absolutas y
universales, a las que responden los fenómenos observados; esas regularidades se
expresan en forma de leyes de la naturaleza no humana o humana. La ciencia trata de
descubrir las leyes a que obedece el comportamiento de las cosas, no trata de esencias,
sino de fenómenos.
La teoría es, pues, el elemento o producto último de la ciencia, el resultado cognoscitivo
final.

La ciencia se caracteriza, en última instancia, por la construcción de teorías. La necesidad
de desarrollo de la ciencia hace que las teorías deban ser unas construcciones
estructuradas, pero no cerradas en sí mismas. Son, pues, explicaciones de algún grupo
de fenómenos, aplicables al mundo en algún grado que no tiene por qué ser absoluto y
para que pueda hablarse de su aceptabilidad han de tener ventajas sobre sus
predecesoras. Unas teorías son sustituidas por otras si estas últimas explican más cosas
que las anteriores. Las teorías se evalúan por su aplicabilidad al mundo o su capacidad
de abordar el mundo. En ello está su fuerza.

• Las ciencias sociales

También llamadas ciencias humanas o ciencias del hombre, son un conjunto de
disciplinas académicas cuyas fronteras no siempre están bien definidas. Estudian un
complejo número de fenómenos relacionados con la realidad específica del ser humano,
como individuo y como colectivo.

Entre las más desarrolladas actualmente se encuentran la economía, sociología,
psicología, politología, antropología, lingüística, geografía…

11

Metodología de la Historia II

Es objeto de debate continuo el carácter “científico” de estas disciplinas, su clasificación


y jerarquía, el grado real de su desarrollo sobre sus campos respectivos y sus relaciones
con disciplinas afines. Han tenido un desarrollo espectacular después de la Segunda
Guerra Mundial.

¿Es posible en sentido propio una ciencia del hombre y de la sociedad? Algunos lo niegan,
otros lo afirman y otros creen que puede hacerse pero que es distinta de la ciencia
natural.

El problema se centra en torno a la capacidad de explicar los fenómenos sociales en
relación con leyes. Los que niegan argumentan que los fenómenos humanos no pueden
reducirse a elementos físicos de los que se pueda hacer ciencia. La conducta humana no
se regiría por leyes.

Indudablemente, las ciencias sociales no pueden estar sujetas a un paradigma único, lo
cual es una diferenciación básica respecto a las ciencias naturales y un indicador claro
de las dificultades de construir una ciencia de la sociedad. Por ello, los problemas
epistemológicos del mundo del hombre, su fundamentación cognoscitiva, se han
convertido en uno de los temas más tratados por la ciencia social y la filosofía de la
ciencia.

Hay sobre todo tres cuestiones problemáticas:
–La consecución de unos aceptables modos de observación y experimentación.
–La necesidad y posibilidad de la objetividad.
–La resolución de los problemas derivados de la explicación.
Respecto a los modos de observación de los fenómenos humanos, es imposible la
experimentación al estilo de la naturaleza.

La estructura social posee especificidades sustantivas que no permiten la manipulación
de las variables que la componen sin provocar alteraciones históricas. La cualidad
fundamental de la materia social es la reflexividad. Pero puede sustituirse el papel de la
experimentación por el uso constante de la comparación o de la observación sistemática
y controlada, sujeta, si es posible, a medida y cálculo.

El problema de la objetividad está muy presente por la especial relación que en el
conocimiento de lo social existe entre el sujeto cognoscente y el objeto de
conocimiento. Aunque en realidad este problema afecta a todo conocimiento, Norbert
Elias ha señalado la diferencia entre el “distanciamiento” que el progreso humano
consigue con respecto a la visión de la naturaleza frente al “compromiso” que el hombre
no puede en general evitar ante los fenómenos sociales.

El problema de la explicación en las ciencias sociales es de gran calado. Lógicamente,
también la posibilidad de establecer teorías para explicar conjuntos de fenómenos
sociales y señalar leyes sociales en sentido estricto. Por lo común, las ciencias sociales
se conforman con el establecimiento de “modelos teóricos” que lleven a
interpretaciones que sean efectivamente verificables, pero que no pasan de ser
esquemas lógicos.

12

Metodología de la Historia II


De los tres modelos de explicación –causal, funcional e intencional-, un grupo
importante de autores considera que sólo el intencional es aplicable. Pero es una
cuestión esencial, que sigue dividiendo opiniones, el determinar si las ciencias sociales
pueden aplicar tanto el tipo de explicación causal como la intencional.

Lógicamente también aquí se plantea el problema de la predicción y la posibilidad de
descubrir relaciones constantes entre las variables que intervienen en los fenómenos
humanos.

La historiografía es una práctica de investigación cuyo valor y significado se sitúa en el
mismo plano que el de las ciencias sociales y participa de buena parte de sus problemas.
Es verdad que puede discutirse si a este conjunto de disciplinas les conviene en sentido
estricto, “duro”, la calificación de ciencias. Pero en ningún caso se les puede negar su
carácter de prácticas de tipo científico.

En este contexto debería situarse cualquier discusión sobre la validez del conocimiento
de la historia. La labor a realizar es establecer el tipo de práctica intelectual que es la
historiografía y el tipo de conocimiento que puede aportar. Sin duda, la naturaleza
humana y social pueden conocerse de diversas formas –filosófica, religiosa, artística…-,
pero la que se realiza a través de la práctica científica es enormemente productiva.

Dentro de la realidad de lo social, la historia materializa especialmente uno de sus
componentes: el temporal.
En este sentido, la historiografía ha de entenderse como práctica inserta en el terreno
común del estudio de la realidad social. Pero la historiografía sería la disciplina dentro
de la investigación social que más adolece hoy de la falta de suficiente madurez
metodológica y formal.

El problema de la cientificidad del conocimiento de la historia no tiene respuesta por el
camino de la ciencia dura. Es evidente que con la historia no podemos experimentar.
Tampoco el conocimiento histórico puede establecer predicciones y, menos aún, leyes
universales.

El historiador sólo puede emplear generalizaciones, que son útiles y absolutamente
necesarias en el intento de explicar la historia. Importantísimos historiadores han
sentenciado la imposibilidad de que la historiografía sea una ciencia. Así Georges Duby.
Los argumentos son fundamentalmente dos:

–No se puede construir un conocimiento científico de la historia porque no se
puede hacer ciencia del conocimiento del devenir humano, que es irrepetible. Sería un
tipo de conocimiento inalcanzable.

–No se puede porque es un tipo de conocimiento “sui generis”, un conocimiento
histórico que no es el común ni el científico. Forma su propia categoría entre los
conocimientos posibles. Existiría entonces un conocimiento histórico pero no una
disciplina de la historia.

13

Metodología de la Historia II

Entre otras cosas, la historia se centra en fenómeno heterogéneos, en las diferencias.



Los que están a favor hablan de una ciencia de la historia –Henry I. Marrou, E.H. Carr,
Juan Reglá-. O bien sitúan a la ciencia de la historia entre el resto de ciencias sociales –
T. Mommsen-.

• La historiografía, ciencia social

No deja de ser una afirmación problemática. Pero el proyecto de convertir la
historiografía en una disciplina plenamente integrada con las demás ciencias sociales
sería lo más sensato. Así lo han apoyado también diversos historiadores, entre ellos
Pierre Chaunu o Michael Postan. Marc Bloch señalaba la incongruencia de hablar de una
“ciencia del pasado” y optaba por una “ciencia de los hombres en el tiempo”.

Como cuestión esencial, para la escuela de Annales, una historiografía científica es
necesariamente opuesta a la que se limita a la descripción de los acontecimientos. Más
que de ciencia, sus cultivadores hablan de “práctica científica”. Pero sí que ubicaron la
historiografía en el plano de las ciencias sociales y en permanente intercambio de
contactos entre ellas, en la extensión de la temática y el uso de nuevas fuentes.

Hay que tener muy presente que la historiografía no nació en la cuna común en que lo
hicieron las ciencias sociales en el siglo XIX, que fue la filosofía social. Nació en la
tradición de la cronística. Está por ello muy arraigada la mentalidad del historiador como
cronista de sucesos.
Por eso también, la historiografía necesita, para convertirse en una disciplina social
sólida, de un trabajo teórico y metodológico más intenso. Pero sí se puede realizar una
práctica científica que busque generalizaciones, aunque no leyes.

Que el curso de la historia sea único no quiere decir que los tipos de fenómenos
históricos sean irrepetibles. El comportamiento temporal de las sociedades muestra
indudablemente regularidades, al menos en algunos de sus niveles.

El trabajo historiográfico riguroso incluye los mismos pasos metodológicos y la misma
necesidad de teorización sobre los fenómenos que cualquier otra parcela del
conocimiento social. No hay que renunciar en ningún caso a la explicación teórica del
movimiento histórico.

Lucien Febvre calificaba la historiografía como “práctica científica”. Esto quiere decir
que:

-El trabajo profesional del historiador no es un conjunto de actividades
arbitrarias, meramente empíricas, sino que están sujetas a unas reglas o principios
reguladores, a un método. Nada se opone, pues, a que su trabajo adquiera el rigor
metodológico de los procedimientos de la ciencia.

14

Metodología de la Historia II

-El historiador trata de buscar “explicaciones” demostrables, intersubjetivas,


contextualizables. Su investigación está sujeta a procedimientos lógicos conocidos,
aprobados y explícitos.

El problema de una ciencia de la historia se manifiesta en dos cuestiones primordiales:
la globalidad y la temporalidad.

La primera procede de que la historia es el movimiento de todas las instancias de la
actividad humana relacionadas en un sistema de complejidad creciente. La globalidad
es irreductible como objeto de conocimiento a términos más simples. La historiografía
ha de desarrollarse desde el pensamiento complejo.

La segunda procede del hecho de que la
historia es un proceso, inconcebible sin el
movimiento y el cambio. La temporalidad
es un problema de todo conocimiento
humano porque todo es histórico.

En el análisis del significado del tiempo
histórico se encuentra probablemente la
clave de la constitución de una verdadera
teoría de lo histórico.

Como todo discurso científico, la
historiografía no reproduce el mundo en su
absoluta complejidad, sino que propone
modelos para hacerlo más inteligible.


“Un buen libro de historia es un sistema de proposiciones explicativas sólidamente
ligadas entre ellas” (C. Lloyd).

“Una ciencia no positivista de lo histórico lo sería no de unas poco plausibles “leyes de la
historia”, sino de unas continuidades y rupturas estructurales y unas prácticas humanas
que podrían ser esenciales para ayudar a explicar lo que sucede en nuestra vida
presente” (Julio Aróstegui).

2. HECHOS HISTÓRICOS, TIEMPO Y SOCIEDAD



La historia es, en último análisis, la “cualidad temporal” que tiene todo lo que existe y
también la manifestación empírica –es decir, que puede ser observada- de tal
temporalidad.

Dado que “ser” o “tener” historia es algo que caracteriza a todo ser humano, que es un
ser social, sociedad e historia son inseparables. Por consiguiente, es la confluencia de
esas dos realidades tan distintas entre sí, sociedad y tiempo, la que configura la historia.

15

Metodología de la Historia II

A la hora de conceptualizar lo histórico y definir nuestros campos de estudio, es preciso


definir ambos conceptos. Establecer de qué idea de sociedad se parte para definir la
naturaleza de la historia. Definir el concepto “tiempo”.

• La sociedad, sujeto de la historia
La historia es algo que le ocurre, que caracteriza a la sociedad o sociedades concretas.
Con esto no negamos que los individuos no tengan historia. Ellos son quienes componen
la sociedad.

Hay tres aspectos importantes en esta dimensión histórica de lo social:

-El carácter natural de las sociedades humanas en el sentido de que el hombre
forma parte de la naturaleza, pero sin olvidar que el hombre también “construye” su
propia realidad social.
-El movimiento es consustancial a la naturaleza y a la condición humana y en ello
se sustenta el cambio social.
-La idea de sociedad adquiere un perfil más preciso al hablar del sistema social.
Porque la sociedad en abstracto y las sociedades históricas concretas funcionan como
un sistema, como un todo en el que, al modificarse alguna de sus partes o elementos,
necesariamente se modifica el conjunto de relaciones que las unen.

Pero la historia es una dimensión o cualidad que reside en, y es impensable fuera de, la
sociedad. No es una cosa material. Es un atributo por cuanto que es algo que afecta a
otra cosa. La sociedad es el sujeto real y único de la historia. Es ella quien experimenta
el proceso histórico. Por esta razón, es necesario establecer cuál es la naturaleza de lo
social.

La consideración actual de la sociedad como producto histórico está ganando terreno.
No es posible entender la sociedad sino como devenir permanente o “devenir social”.
Las principales corrientes teóricas actuales explican la naturaleza de la sociedad
mediante una serie de categorías: Acción humana, estructura, reproducción, conflicto y
cambio.

• Acción y estructura

La oposición tradicional entre individuos y totalidades sociales se ha reformulado en un
lenguaje más moderno como relaciones entre acciones y estructuras. Hay un debate
permanente sobre si lo definitorio en el análisis de la sociedad es la “estructura” social
o la “acción” del hombre.

Unas teorías han puesto el énfasis en las decisiones humanas, en la conciencia actuante
del hombre, para explicar toda creación social como producto de la voluntad, de la
búsqueda de fines conscientes (Weber). Otras, sobre todo el marxismo, enfatizan lo que
la realidad externa, las estructuras en las que el individuo se inserta, tienen de
determinante en la creación del hecho social, independientemente de la voluntad del
individuo. Pero el hombre pertenece a una sociedad y se expresa a través de la sociedad.

16

Metodología de la Historia II

Sólo tenemos “existencia individual virtual” porque el individuo no puede concebirse


nunca sino en relación con el colectivo.

Sin embargo, por otro lado, sin las acciones individuales no hay totalidades sociales.
Los colectivos son abstracciones porque aquello que podemos materializar son los
individuos.
Una definición posible de sociedad es la que la presenta como una estructura de reglas,
roles, prácticas y relaciones que condiciona causalmente la acción social y que es el
resultado tanto pretendido como no pretendido de la acción y el pensamiento
estructurante que proviene del pasado.

El elemento esencial es el “estructuralista” combinado con el “agencial”, que hacen de
la sociedad una realidad en devenir, con orden inteligible y en perpetua modificación
por la acción de individuos y grupos.

Parece claro que en lo que la sociedad manifiesta más inmediatamente su historicidad
es en la creación y destrucción de estructuras entendiendo que éstas no son cosas, sino,
esencialmente, relaciones que se encarnan en las instituciones, la organización social,
aunque no se identifican con ellas, y que se representan también en símbolos,
pensamiento y comunicación.

-La producción y destrucción de estructuras tiene siempre un agente que es el
hombre.
-La historicidad social se manifiesta en la continua acción creativa del sujeto.
-La historia es el resultado del cambio social y ese cambio es siempre
acumulativo.


• El problema del cambio social

Es la cuestión teórica más difícil, pero es crucial para la teoría de la historia. La
historiografía debe analizar los estadios temporales, cuyos dos extremos son
permanencia y cambio. El reflejo del cambio constituye la historia, aunque el cambio
mismo no es la historia.

¿Cómo valorar el cambio? ¿Qué mutaciones han de darse para que podamos hablar de
cambio social? ¿Qué factores lo desencadenan? ¿Qué papel juegan los sujetos y cuál las
estructuras en el origen, desarrollo y resultados del cambio social?

Para explicar el cambio social se han elaborado multitud de teorías. Ninguna ha
resultado satisfactoria, pero se sigue subrayando la importancia de formular una “teoría
del cambio social”. Lo mismo sucede con el “cambio histórico”.

• Tiempo e historia

17

Metodología de la Historia II

Ser histórico es “ser en el tiempo”. El tiempo es la variable o dimensión esencial entre


las que integran la definición de la realidad histórica. Es el que configura como específica
la existencia humana. Por consiguiente, está integrado en las realidades sociales.

El ser humano participa del tiempo de la naturaleza, pero también hace del tiempo una
“construcción propia. Lo que interesa para la construcción de una idea de la historia es
la significación del tiempo como componente interno de las cosas: de qué forma actúa
sobre su existencia y se manifiesta en el proceso histórico.
No podemos hablar de qué es lo histórico sin hablar de lo social y de lo temporal. Es
fundamental dedicar la atención al hecho temporal como componente esencial de todos
los comportamientos humanos. Pero también no reducir el tiempo a la cronología.

Los “eventos” son sólo una parte del devenir histórico y no su manifestación exclusiva.
Es el movimiento, el cambio, el que denota que existe el tiempo. Aunque el tiempo no
es el cambio en sí, sino que es percibido a través suyo. Sin embargo, el orden del tiempo
no sólo tiene que ver con el cambio, pues también en esta idea se contienen otras:

-La duración o permanencia.
-El hecho de que el cambio sea también la variación de un orden sucesivo de
estados.

La historia, más que ser el cambio en sí, radicaría en la articulación dialéctica entre
permanencia y cambio. Además, es el tiempo interno de las cosas el que tiene verdadero
sentido en la historia, no el tiempo externo de la cronología.

La diferencia entre la historiografía y las demás ciencias sociales se encuentra en que no
trata de una realidad sustancial, sino de un atributo que está inserto en otra realidad
social y que como tal atributo no es materializable.

Otra cuestión sobre la cual es preciso reflexionar es la de la “totalidad”. ¿Es posible una
historia como totalidad? Si la historia es el conjunto de todos los cambios que suceden,
de todos los acontecimientos, esa realidad no puede ser representada nunca.

La idea de totalidad está desprovista de significación operativa y lo único pensable es su
representación mediante “modelos”. Porque no puede escribirse una narración de
todos los acontecimientos de la historia, pero sí puede haber un discurso no narrativo
donde la lógica total de un proceso histórico quede expresada.

“Es la representación hecha por el historiador desde el inventario exhaustivo de las
condiciones en que se produce cada proceso histórico que pretende ser explicado”.

Lo que la historiografía presenta como su discurso o producción más completa es la
historia general. No lo es porque comprenda en sí “toda” la historia, sino porque
pretende representar el movimiento histórico “global”. Puede escribirse una historia
general de un pequeño trozo de historia real: una pequeña agrupación humana, una
localidad o un pequeño lapso de tiempo.

18

Metodología de la Historia II

Pero también son imprescindibles las historias sectoriales. Son las que presentan un solo
nivel bien delimitado dentro de la existencia social como un todo. Por ejemplo, una
historia de la economía, de la política, educación o ciencia que una determinada
sociedad produce.

La clave de su conocimiento es que ellas han de ser enfocadas también desde la
totalidad: de otra forma, la historia sectorial nunca representará bien una realidad
histórica. Hay que entenderla como parte de un todo global. Es esencial hacer inteligible
la forma en que esa parte de la que trata se relaciona con el todo.

3. EL OBJETO TEÓRICO DE LA HISTORIOGRAFÍA

Hemos visto que la historia refleja el comportamiento temporal de las sociedades.
- ¿Dónde encuentra el historiador esa atribución de la temporalidad?
- ¿Dónde y cómo se manifiesta lo histórico en la experiencia?
- ¿Cómo conceptualiza el historiador lo histórico?

Hay que delimitar muy bien el objeto de estudio. Cuestión problemática. Discusión en
torno a qué es un “hecho histórico” y la necesidad de seleccionarlo.

Como hemos señalado, el campo de la historiografía es el común de las ciencias sociales.
“El fenómeno humano”. La complejidad de las relaciones humanas es, sin duda, el
problema esencial del objeto historiográfico.

El historiador analiza realidades cuya entidad es social, pero

-Son de extraordinaria heterogeneidad
-El hecho social no excluye el tratamiento de los individuos y, por tanto, de la
psicología, entre otras cuestiones.
-Tampoco excluye las bases materiales de la existencia humana.
-Tampoco las dimensiones del comportamiento colectivo.

Por estas razones, la historiografía se singulariza respecto al resto de ciencias sociales.
Es un objeto es diferente. Es mucho más problemático, pues incluye todas las facetas de
la realidad humana.

¿Cómo se conceptualiza lo histórico?
–El historiador no puede limitarse a transcribir sin más lo que dicen los
documentos.
–El historiador tiene que explicar.

¿Cómo puede convertir su análisis de los documentos en conceptos? Algunos afirman
que el historiador busca “hechos”. Pero, ¿qué es un “hecho histórico”? En realidad, los
hechos humanos son “históricos todos”

Se ha concluido que no hay hechos históricos por su naturaleza, sino por su posición en
el tiempo. Serían cosas que ocurren, cambios, acontecimientos. Sin embargo, los

19

Metodología de la Historia II

acontecimientos pueden ser descritos, pero no explicados por sí mismos, sino echando
mano de relaciones que son externas a ellos. No pueden definirse los hechos sin las
relaciones. Por ejemplo, el comportamiento de lo social en el tiempo es uno de esos
“hechos” o fenómenos que no tienen una cosificación autónoma posible aunque son
perfectamente inteligibles.

Es importante fijar la naturaleza de los “estados sociales” y ver la dialéctica que se
desarrolla en ellos entre permanencia y mutación. Es el nuevo sistema de relaciones
creado por un cambio el que verdaderamente expresa el proceso histórico operado.

El verdadero objetivo del historiador tendría que ser entonces:
–Los estados sociales: “estado”
–El paso de unos a otros: “cambio”
–En definitiva, “estado” y “cambio”. Porque lo histórico sería el movimiento de
los estados sociales. Éste sería el objeto de la historiografía.

El mecanismo estado social→acontecimiento→nuevo estado, es aplicable a la
explicación de cualquier tipo de fenómeno histórico. Los “estados” porque una sociedad
atraviesa sólo pueden ser definidos por el hecho de que esa sociedad está estructurada
mediante un conjunto de relaciones que son definibles.

Para entender esto es importante manejar otra categoría: “sistema”. Los fenómenos
sociales son tan complejos que se considera que la realidad social y cultural es un
complejo, ciertamente formado por individuos, pero con entidad propia.

Desde esta perspectiva, un estado social sería la configuración de las estructuras y las
fuerzas sociales, las relaciones sociales, las instituciones y, en definitiva, los subsistemas
que componen una determinada sociedad en un momento cronológico preciso.

La investigación historiográfica se basa en la definición de estados sociales o históricos,
estados socio-históricos, y la comparación de ellos a través de lapsos de tiempo. Las
estructuras deben identificarse y describirse a través de muchas variables. La relación
entre los elementos de un sistema está cambiando continuamente sin que podamos
decir que la estructura del sistema desaparece.

El “acontecimiento” sería el núcleo decisivo del proceso histórico, el agente de la
historia. Porque es la unidad mínima identificable de movimiento. El tipo de movimiento
que llamamos “proceso” es igualmente una secuencia de acontecimientos que están
sujetos a una ley de comportamiento que debemos explicar.

• ¿Qué entendemos por movimiento de los estados sociales?

–Tanto los movimientos recurrentes
–Como los movimientos transformadores

Para poder aprehender esta realidad, la historiografía necesita acudir a:
–La secuenciación temporal

20

Metodología de la Historia II

–La sectorialización temática


–La territorialización espacial

Los cambios sociales pasan a la historia clasificados por su cronología, pero ésta no agota
su significación temporal. El verdadero tiempo de la historia sería aquel que se mide en
cambio frente a duración. Es cuantitativo pero también cualitativo. Además, existen
tiempos diversos para distintas secuencias de eventos humanos.

Por estas razones, la delimitación cronológica de los procesos históricos, eso que
llamamos “periodización”, no es fácil para el historiador. Es importante trabajar en
delimitar “espacios temporales” en función de una cierta homogeneidad histórica. Eso
que se ha denominado “espacio de inteligibilidad histórica”.

Sería el lapso de tiempo en el que una combinación determinada de factores
ambientales, económicos, culturales, políticos y sociales y todos los demás pertinentes
permanece conformando un sistema de algún tipo cuyo modelo puede ser establecido.
Su definición está determinada por una buena observación de los factores presentes, de
su aparición o desaparición, y de la presencia de otros nuevos. Todos constituyen un
complejo o sistema característico que tiene una determinada duración.

4. LA EXPLICACIÓN Y LA REPRESENTACIÓN DE LA HISTORIA

No existe práctica científica si no hay explicación. ¿Cuál sería su fundamento en
historiografía? Existe el riesgo de pensar que hay que estudiar la acción de los actores
históricos y que ésta se identificaría con situación histórica:

-Los actores son la parte primera
-Sus intenciones no siempre se alcanzan
-Además, pueden suscitar consecuencias que no buscan
-La situación histórica sería en realidad el resultado social objetivo de tales
acciones.

En definitiva, la explicación del proceso social-histórico concierne a situaciones y
procesos. Explicar la historia no puede ser:
-Dar cuenta de las acciones de los individuos
-Dar cuenta de las acciones de los sujetos colectivos

Es argumentar por qué un estado social se transforma en otro. Dentro de la
transformación de los estados está la de los individuos, o la de las situaciones de los
individuos.

Una explicación de lo histórico tendría que basarse en una concepción sistémica y
estructuralista de la sociedad y de la acción social. Proceso explicativo de tipo dinámico-
estructural o agencial-estructural. Se basa en una evaluación de la realidad histórica en
tres importantes dimensiones:

21

Metodología de la Historia II

1. Las estructuras existentes. Las estructuras del sistema en que se inicia el


proceso constituyen el único marco de referencia posible para el
entendimiento de una acción, de un acontecimiento. Hay una lógica de
funcionamiento y regulación. El acontecimiento afecta al conjunto.

2. La acción con sujeto. Todo proceso histórico es puesto en marcha por la
acción de un sujeto o por una acción con sujeto –individual o colectivo-.
Quienes actúan son los individuos. La génesis de toda acción histórica, las
causas que ponen en marcha un evento, es lo que constituye el punto
neurálgico de toda explicación socio-histórica. Pero las causas de la acción
social sólo pueden buscarse en el complejo relacional de una situación
histórica que consideramos el punto de partida. El análisis de una causa
empieza siempre por su efecto.


3. La dialéctica resultante acción-estructura. El resultado es el producto de la
interacción acción-estructuras. No puede explicarse una acción histórica si
no se tiene una idea suficiente de la situación en la que los actos se producen,
de la lógica de los resortes de la acción y de la posibilidad de su éxito.

En definitiva, la historiografía sólo puede explicar la historia adecuadamente por una
referencia a la totalidad de un proceso con antecedentes y consecuentes dentro de un
adecuado espacio de inteligibilidad.

Dicho esto, ¿cuál es el discurso idóneo de la historia?.

Entendemos por tal la expresión organizada, articulada en partes y jerarquizada, por la
que se transmite una explicación o interpretación de las cosas. De la misma forman
parte también la descripción o la proposición.

Durante siglos, la representación o reconstrucción de la historia se hizo
en forma de narración o relato. Pero el historiador ha de construir
discursos demostrativos y explicativos. Por eso es necesario el discurso
argumentativo.

El discurso argumentativo es el que
contiene un conjunto de asertos que
van más allá de los hechos y que
intentan ser una demostración. Es el
desarrollo de una explicación. El
relato es un instrumento descriptivo
imprescindible en la exposición de la
historia, pero no es la historia.
Características de este discurso:

–El enlace entre sus partes
obedece a una lógica explícita.

22

Metodología de la Historia II

–El argumento en un discurso es el intento de prueba de la verdad de un aserto.


–La explicación de determinado proceso se expone a través de un discurso
compuesto por un enlace de argumentos.


La construcción del discurso explicativo del historiador se basa en:
•Descripciones
•Argumentaciones
•Generalizaciones
•Explicaciones

Un texto historiográfico ha de ser, en su forma y contenido, más que un relato.
-Es analítico. El discurso historiográfico es el análisis de un proceso bien
delimitado.
–Es narrativo. El discurso contiene narraciones, tanto descripciones de
situaciones en su proceso temporal –relatos- como de hipótesis sobre su curso y de
argumentaciones explicativas.
–Es un conjunto de proposiciones demostrables. Da cuenta de los resultados de
las acciones, de lo que sucede. El proceso de esa demostración se materializa a través
de una cadena de argumentos. No puede existir una verdadera exposición de la historia
que no sea un discurso de asertos cuya verdad pueda ser sometida a demostración.

Hacer historiografía no es “contar historias”. Es argumentar, explicar e intentar enunciar
teorías. Es hacer ciencia.

23