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HISTORIA

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HISTORIA
^MVNDO
A ntîgvo

ROMA
Director de la obra:
Julio Mangas Manjarrés
(Catedrático de Historia Antigua
de la Universidad Complutense
de Madrid)

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Pedro Arjona

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Los Berrocales del Jarama
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ISBN: 84-7600-490-7 (lo m o XLVI)
Impreso en GREFOL, S.A.
Pol. II - La Fuensanta
Móstoles (Madrid)
Printed in Spain
LA RELIGION ROMANA ANTIGUA

S. Montero
Indice

Págs.
Introducción ................................................................................................................ 7

I. De la creación del Rex Sacrorum a la Lex O gu ln ia..................................... 8


1. El dualismo religioso .................................................................................. 9
2. Religión y legislación.................................................................................. 14
3. Pietas plebeya y pietas patricia .................................................................. 15
4. El problema de la h elenización............................................................... 16
5. Conquistas religiosas de la p l e b e ............................................................. 19

II. Los años de armonía ......................................................................................... 22


1. Helenización y política exterio r............................................................... 22

III. El impacto de la II Guerra P ú n ic a ........................... ..................................... 27


1. Nuevas influencias griegas ........................................................................ 28
2. Política religiosa del Senado ..................................................................... 30
3. Introducción del culto de C ib e le s ............................................................ 32

IV. Crítica y racionalismo: el siglo II ............................ ....................................... 34


1. La concepción religiosa de la nobilitas................................................... 38
2. La vida política y la religión ..................................................................... 40
3. La helenización de la cultura ................................................................... 42

V. La manipulación del culto público .................................................................. 45


1. El condicionamiento religioso de las asambleas ................................ 46
2. Adivinación y política ................................................................................ 48
3. La génesis del culto imperial .................................................................... 52
4. Las nuevas religiones .................................................................. ............... 54

Cronología ................................................................................................................. 60

Bibliografía ................................................................................................................ 62
La religión antigua rom ana 7

Introducción

El rasgo distintivo fundamental de la y J. Scheid se apartan del plantea­


religión rom ana es, sin duda, su ca­ miento dum ezilian o para centrarse
rácter político. La soberanía ejercida en el carácter público, político del
por el Estado sobre los asuntos reli­ culto romano. La religión era utiliza­
giosos se manifiesta en aspectos tales da para asegurar la buena marcha de
como la introducción de nuevas divi­ la ciudad y su desarrollo, reforzando
nidades o en la organización de los así el sentimiento de pertenencia a
colegios sacerdotales. Los sacerdotes una misma com unidad. En cierta for­
publici controlaron las formas especí­ ma el elemento religioso, consustan­
ficas de relación con los dioses y n u n ­ cial al elemento político, constituye
ca —salvo los Jlamines— fueron sa­ una de las m uchas caras de lo que lla­
cerdotes de divinidades individuales: mamos respublica o civitas.
todos pertenecían a una misma clase En esta misma orientación se in­
dom inante siendo su deber principal serta el presente trabajo. Existían, sin
m antener la paz y la protección de las embargo, diversas formas de enfocar­
divinidades. Pero al mismo tiempo lo pero he preferido optar por un cri­
n ad a les im pedía participar activa­ terio cronológico que marque las trans­
mente en la vida política de la ciu­ formaciones sufridas por la religión
dad; Szemler, autor de una m onogra­ durante la República, en unos casos
fía sobre los sacerdocios rom anos obedeciendo a un proceso de racio­
señala que con pocas excepciones nalismo y crítica, en otros a una ade­
todos los sacerdotes desem peñaron cuación a diferentes situaciones po-
alguna magistratura. lítico-sociales. Esta elección descansa
Es preciso d e s ta c a r la polém ica en el hecho de que la religión romana
que en los iiltimos meses ha abierto el de comienzos de la República no es
historiador italiano A. Momigliano al la misma que la de su último siglo
criticar los rígidos esquemas sobre la como tampoco lo es antes que des­
tripartición funcional indoeuropea pués de la segunda guerra púnica.
elaborados por G. Dumézil. Si bien E s tu d ia r la religión r o m a n a en
es cierto que sería injusto rechazar en conjunto desde diversos puntos de
bloque su obra, la herencia indoeuro­ vista, como si se tratara de un todo or­
pea de la religión rom ana contribuye gánico me parece, pese a su conserva­
muy poco a com prender la organiza­ durismo. cuando menos peligroso. La
ción sacerdotal, la estructura del p a n ­ religión rom ana se caracterizó por ser
teón o la realidad misma de los cultos una religión social practicada, como
en Roma. Existen aspectos como la dice Scheid, por el hom bre en cuanto
dualidad patricio-plebeya o la políti­ miembro de una com unidad y no en
ca religiosa de la oligarquía senato­ cuanto individuo; y no debemos olvi­
rial que esclarecen mejor estos p u n ­ dar que dicha colectividad estuvo en
tos. Roma sometida, a lo largo de los cin­
Las re c ie n te s p u b l i c a c io n e s de co siglos republicanos, a profundos
J.H.G.W. Licbeschuetz, A. Wardman cambios y transformaciones.
Akal Historia del Mundo Antiguo

I. De la creación del Rex Sacrorum a la


Lex Ogulnia

La transición de la monarquía a la li­ sacerdotes estaban som etidos a su


bera civitas no supuso —como en otros autoridad.
ámbitos— una ruptura en la religión Sobre el enfrentamiento entre am ­
romana. bos sacerdocios se ha escrito mucho
Así parece demostrarlo ante todo la sin que aún se haya logrado alcanzar
figura del rex sacrorum, que desempe­ criterios unánimes. K. Latte llegó a ha­
ñó las funciones religiosas en manos blar de una «revolución pontifical»
anteriorm ente de los m onarcas. Es en el siglo III a.C. que vació las prerro­
probable que los patres se sirviesen de gativas del rex sacrorum. Es posible
instituciones ajenas para sustituir al que el rex sacrorum haya sido la cabeza
rey en las func io ne s sacerdotales, del culto público desde el estableci­
puesto que ciudades como Lanuvio, miento de la República; Festo (198 L)
Túsculo o Velitrae conocían ya un rex le sitúa en el primer lugar de la jerar­
sacrorum. quía religiosa, mientras el pontífice
Este sacerdocio vitalicio atendía los máximo ocupa el quinto, tras los jla-
cultos de la Regia —reconstruida se­ mines mciiores. Pero con el tiempo aca­
gún F. Brown a finales del siglo VI bó perdiendo su preeminencia a causa
a.C.—, anunciaba el calendario ante de la limitación de sus funciones y, se­
los comicios, ofrecía sacrificios a Jano, gún Szemler, porque los pontífices ma-
participaba en las Consualia del 15 de xim i satisfacieron durante la segunda
diciembre y presidía los comida calata. guerra púnica (aunque bien pudo ser
El rex sacrorum fue el único sacerdocio antes) nuevas d e m a n d a s religiosas
excluido de toda m agistratura, sin del pueblo.
duda para que con su prestigio no in­ En cualquier caso, al margen del
terfiriese en la vida política. rango jerárquico, ocupado por ambos,
Por el contrario, al pontifex maximus es difícil que entre el rex sacrorum y el
le correspondió la parte más activa de pontifex maximus haya existido un en­
la condición religiosa de los antiguos frentamiento abierto cuando a los sa­
reyes. Algunas de sus competencias cerdocios se exigía entonces la perte­
eran importantes en la esfera legal y nencia a la clase patricia y por tanto
política del Estado romano. Era su los cargos quedaron en manos del gru­
deber inform ar de una adrogatio en po de gentes que asumió la dirección
los comitia calata, tenía el derecho del nuevo estado rom ano. A unque
de m ulta y tanto las vírgenes ves­ M ommsen afirmó que se trataba de
tales —elegidas por él— com o los una manipulación, es significativo el
La religión rom ana antigua 9

hecho de que la gens de los Papirii pre­ establecer ía cronología romana.


sumiera a fines de la República, de h a ­ También el templo de Saturno fue
ber ocupado dos de sus miembros los comenzado por el último de los reyes
primeros cargos de rex sacrorum y pon- etruscos para sustituir un antiguo al­
tifex maximus. tar, cuya fundación se atribuía a los
Tampoco hubo una interrupción en compañeros de Hércules, en la parte
el desarrollo de la ciudad y sus edifi­ occidental del Foro. Pero, como en el
cios religiosos. Algunos templos que caso del Capitolio, el soberano etrusco
comenzaron a ser construidos bajo la no pudo ver concluidas las obras del
dinastía «etrusca» fueron inaugurados santuario que fue dedicado en el 497
en los primeros años de la República. por el dictador T. Larcio. El dios, que
El más conocido es el santuario tripar­ se confundirá pronto con el griego
tito de Júpiter Capitolino, cuya apertu­ Kronos, hijo de Urano y de Gea, due­
ra al culto público tuvo lugar, según la ño del m undo antes de ser destronado
tradición, tras la expulsión de los re­ por Zeus, tuvo en la República gran im­
yes, bajo el consulado de M. Horacio portancia por conservarse en su nuevo
Pulvillo. El más im portante templo templo, próximo a la Curia, los archi­
etrusco de la ciudad continuó siendo vos y el tesoro público (aerarium) y por
el centro religioso bajo la República. la popularidad de sus fiestas, las Satur­
Se introdujeron en él, sin embargo, al­ nales, que institucionalizadas en el
gunas novedades: en el muro de la ce­ 217 eran celebradas el 17 de diciembre.
lia de Minerva fue colocada la placa
sobre la que estaba escrita una ley
por la cual el praetor maxim us debía 1. El dualism o religioso
fijar un clavo (clavum pangare) en los
idus de septiembre, símbolo del año; Pero junto a esta continuidad, la reli­
este rito de origen mágico será en el gión rom ana de los comienzos del
futuro de extraordinaria utilidad para nuevo régim en se ca rac te rizó por
10 Akai Historia del Mundo Antiguo

quedar sometida a la rivalidad entre ria— tuvieron sus santuarios fuera


patricios y plebeyos. La desigualdad del recinto sacro. Después de este pe­
de los plebeyos en el ámbito político, ríodo la construcción de nuevos san ­
econ óm ico y social se hizo sentir tuarios declina sensiblemente, pues
también en el de los derechos religio­ antes de finalizar este siglo sólo Dius
sos. Al menos hasta mediados del si­ Fidius y Apolo fueron acogidos en
glo IV a.C., los dioses y ceremonias Roma, el primero en el 466 y el segun­
del Estado tendrán, como dice Bayet, do en el 431.
ta n to co lo r p a tric io com o co lo r La plebe constituyó pues frente al
plebeyo. patriciado u na com unidad religiosa
La desigualdad se manifiesta en di­ cuyo centro fue sin duda el templo de
versos aspectos. Ante todo, en el h e­ la tríada agraria. C onsagrado sobre el
cho de que en la práctica solos los Aventino en el 493 a Ceres, Liber y
patricios accedían a los cargos sa­ Libera su culto quedó inm ediatam en­
cerdotales. Los plebeyos tendrán que te ligado a los intereses plebeyos. Ce­
esperar a la promulgación de la lex res fue la divinidad agraria más im ­
Ogulnia (300 a.C.) para que se les re­ portante de Rom a, confundida fre­
conozca tam bién este derecho respec­ cuentemente con Tellus, la Tierra; Li­
to a la maxim a sacerdotia. b e r y L ib e ra fo r m a n u n a p a re ja ,
Los patricios usaron argumentos uniendo el elemento masculino y fe­
religiosos durante el enfrentamiento menino, que favorece la fecundidad
de los órdenes. La pretensión plebeya animal y hum ana. Las tres divinida­
de alcanzar el consulado era neutrali­ des con funciones y atributos pareci­
zada por las familias patricias con el dos, fueron agrupadas en el 493 en su
argumento de que sólo ellos estaban nuevo templo, verdadero centro polí­
cualificados para com unicar con los tico de la plebe. J. Heurgon señaló
dioses a través de los auspicios: la re­ con acierto que el santuario de esta
ligión era usada, pues, para m antener tríada quedó constituido «a imagen y
las exigencias patricias desde los co­ sem ejanza de la tríada capitolina».
m ienzos de la lucha política. C on La oposición y la similitud entre am ­
mayor motivo aún, al serles re husado 1 bas sólo se comprende, efectivamen­
el derecho de los auspicios —que aún te, en el contexto de las luchas políti­
a fines del siglo III a.C. seguían sien­ cas de la época.
do sospechosos— se les impidió el ac­ Pero de los orígenes de este culto
ceso a los cargos sacerdotales. no todo perm anece com pletam ente
Al mismo tiempo fueron surgiendo claro. Según narra Dionisio de Hali-
dioses y cultos ligados tanto a los p a ­ carnaso (VI, 17), el dictador A. Postu-
tricios como a la plebe. Todos ten­ mio, vencedor de la batalla del Lago
drán acogida en templos que se cons­ Regilo (499 a.C.) donde los romanos
truyen a un ritmo trepidante en el derrotaron al ejército de la liga lati­
primer cuarto del siglo V a.C. La ana- na, votó la construcción de un san­
lística nos informa de las sucesivas tuario a la tríada en el caso de que ce­
construcciones y dedicaciones de los sara una grave epidemia que asolaba
templos de Saturno (497 a.C.), M ercu­ el campo. La epidemia cesó y Postu-
rio (495), de la tríada de Ceres, Liber, m io o rd e n ó su co n s tru c c ió n ; tres
Libera (493) y de C ástor (484). Sin años más tarde fue consagrado por el
embargo el trato dispensado a las di­ cónsul Sp. Cassio en la pendiente del
vinidades no fue el mismo para to­ Aventino. En opinión de Richard el
das: mientras las de los .patricios —la voto de Postumio nada tiene de con­
tríada capitolina o Cástor —eran acogi­ tradictorio pese a que años más tarde
das dentro del pom erium , las ligadas a prometiese otro santuario al dios de
la plebe —Mercurio o la tríada agra­ la caballería patricia, Castor; la nece­
La religión rom ana antigua 11

sidad en la que se encontraban los di­


rigentes de la ciudad de apaciguar la
agitación de la plebe, explica los es­
fuerzos por concluir am bos templos.
El propio R ichard considera pro­
bable la consulta por parte de Pos-
turnio de los libros sibilinos, como
afirma la tradición, pues bajo la for­
ma que asume a partir del 493 el culto
rendido a estas divinidades agrarias
lleva la marca de las influencias m e­
ridionales. También H. Le Bonniec
ha demostrado que la tríada del Aven-
tino debe interpretarse en el cuadro
de las relaciones que unían a Roma
con las ciudades de la M agna Grecia.
Plinio (NH , XXXV, 154) sostiene que
la decoración fue realizada por dos
artistas griegos, Dam ophilos y Gor- 4—
gassos, que fueron a la vez m odelado­
res y pintores. Todo ello no descarta
una probable mediación etrusca en la 0 25 M
im p ortación del culto, perceptible,
por ejemplo, en la asociación de los Templo de Júpiter Capitolino: alzado y planta.
dioses.
En el santuario se guardaron los nado con frecuencia al santuario ple­
archivos y el tesoro de la plebe y de él beyo.
nació la figura del edil. La etimología La fundación del aedes Mercurii co­
del término edilis sugiere una relación rresponde a la adopción de un culto
directa y estrecha con aedes; num ero­ inédito en Roma, el único culto origi­
sos autores han propuesto ver en el nal y nuevo de los dedicados a co­
aedilis el «guardián» del templo de mienzos del siglo V. Mercurio era la
Ceres. La historia de la edilidad ple­ transposición latina de Hermes y, por
beya es inseparable del aedes Cereris, tanto, el p rim e r dios p ro p iam e n te
pero esto no autoriza a atribuir a los griego, según Combet-Farnoux, acep­
ediles funciones sacerdotales. Para tado oficialmente por la ciudad. Su
ello ya existía el sacerdote de Ceres, nombre, de merx, mercancía, y su vo­
un flam en Cerialis, que pertenece al cación plebeya manifestada en la fá­
grupo de los flam ines minores, recluta- bula de la dedicación del templo, ex­
do probablem ente de la plebe. Los pre san b ien claram en te el tipo de
ediles son, pues, administradores de actividades bajo su protección.
Ceres, conservadores de los archivos La dedicación del templo es inse­
depositados en él y del texto de los parable de un período de crisis, como
plebiscita. Según Dionisio de Halicar- queda reflejado por la tradición. En
naso (VI, 90, 2) tam bién tuvieron res­ torno al 495 a.C., tras la expulsión de
ponsabilidades en la annona. En vir­ los Tarquinios, la guerra latina, la es­
tud de sus derechos de policía, ya en casez agrícola, la agitación plebeya
plena época republicana, los ediles previa a la institución del tribunado
pod ían im p o n er m ultas a aquéllos de la plebe, perturbaron gravemente
que contravenían el reglamento que las corrientes de cambios y transac­
debían aplicar y hacer respetar, sien­ ciones provocando un declive comer­
do el montante de estas multas desti- cial. La disminución de las activida­
12 Akat Historia del Mundo Antiguo

des económicas agravó el problema recoge la tradición griega con motivo


del endeudam iento de artesanos y co­ de la batalla de la Sagra, poco antes
merciantes. Esta profunda crisis ex­ del año 500 a.C., que enfrentó a Cro-
plica la fundación del aedes Mercurii, tona y Locres. Los gemelos com ba­
dada su calidad de protector de las tieron junto a los locrios contribuyen­
actividades mercantiles, de la misma do decisivamente a la derrota de los
manera que el aedes Cereris fue conse­ crotoniatas. La noticia llegó también
cuencia de un largo período de esca­ a Esparta, Atenas y Corinto. (Just. Ep.
sez agrícola. XX, 3).
En cualquier caso esta situación no En el año 484 a.C. se consagró a
debió ser duradera y no supuso, como Cástor el templo votado por Postumio
advierte el propio Combet-Farnoux, en la batalla del 499. Sólo a Cástor
un repliegue de R om a de cara al exte­ —como confirma también la epigra­
rior. Al quedar el m undo mercantil, a fía latina que m enciona un aedis
comienzos del siglo V, bajo la protec­ Castoris— por ser éste campeón de los
ción del dios griego quedaría confir­ concursos hípicos. El caballo consti­
mada la continuidad de los contactos tuía un símbolo de prestigio social y
con el exterior. fue por ello adoptado por la clase pri­
Hermes, bajo el nom bre de M ercu­ vilegiada: Cástor pasó a ser así patrón
rio, fue h o n r a d o p a r ti c u la r m e n t e de los equites patricios.
como dios fundador y prom otor de C ada año, el 15 de julio, una fiesta
los cambios mercantiles. Al tratarse ritual, la transvectio equilum, remem o­
de una divinidad extranjera —la pri­ raba el combate del Lago Regilo.
mera recibida oficialmente en los sa­ M ontados con los Dióscuros, sobre
cra publica— se añadió a su santuario caballos blancos, vestidos de púrpura
un collegium de carácter sacerdotal y coronados de olivo, los caballeros
para el servicio de su culto. Su san ­ romanos, partiendo de Porta Latina
tuario, fuera del pomerium, quedó em ­ penetraban en Roma pasando por el
plazado detrás de la puerta Capena Foro —ante el templo de Cástor— y
como correspondía a un dios de los por el Capitolio —ante el de Júpiter—
intercambios exteriores. para descender luego al Circo donde
Frente a estos cultos, ligados en los se celebraban juegos ecuestres (DH
primeros años de la República a la VI, 13,4).
plebe, el patriciado encontró en Cás- Pero la arqueología ha contribuido
tor su protector. La introducción de tam bién a esclarecer el oscuro origen
los Dióscuros en Roma plantea pro­ del culto de los Dioscuros en Roma al
blemas aún no plenam ente resueltos. hallar en Pratica di Mure, la antigua
Según el relato de Dionisio de Hali- Lavinium, cerca del altar VIII, una
carnaso —que se separa del de Li- lám ina de bronce datada por F.Cas-
vio— el d ictador Postum io vio in ­ tagnoli a fines del s.VI a.C. con la ins­
tervenir en un m om ento crítico de la cripción CASTOREI PO DLOU -
batalla del Lago Regilo, dos jinetes QUEIQ U E/Q U R O IS. Podemos con­
excepcionalm ente bellos m ontados siderarla como la más antigua prueba
sobre corceles blancos y revestidos de material de la asimilación en el Lacio
clámides purpúreas (VI,13,1). El día de influencias religiosas helénicas. La
mismo de la victoria los dos jinetes presencia de comerciantes o artesanos
a p a r e c i e r o n e n el F o ro r o m a n o ; griegos en Lavinium verdadero centro
mientras abrevaban sus caballos en religioso del Lacio no sorprende, pues
la fuente del lacus luturnae, cerca del ya desde el s.VII trabajaban en los
templo de Vesta, anunciaron el triun­ talleres cerámicos de Roma o Vulci.
fo rom ano y después desaparecieron. Desde Lavinium los dioses ganaron el
Esta teofanía es com parable a la que conjunto del Lacio donde sus nombres.
La religión rom ana antigua 13
14 Akal Historia del Mundo Antiguo

‘ < M f o P f |-.po D L ° V T v h ? < •


y y p o i s _________________________
Inscripción de Cástor y Pollux.

su contenido religioso y sus atribucio­ Según Livio (111,55,7), el contenido


nes fueron rápidam ente asimiladas. de una de estas leyes figuraba entre las
Es posible que, durante las luchas por Valeriae-Horatiae del 449. Aunque la
establecer la hegemonía en el Lacio, el veracidad de esta tradición es muy
culto fuese arrancado a los latinos e dudosa sabemos que quedó estable­
introducido en Roma. cido que quien atentase contra los tri­
Esta antigua presencia de los héroes bunos de la plebe o los ediles fuese Iovi
griegos en la región lacial, explica la sacrum; el reo debía morir y sus bienes
construcción del templo de Cástor en consagrados a Ceres, Liber y Libera.
pleno Foro y no fuera del pomerium, De esta m anera la lex sacrata que,
puesto que no se trataba de una divini­ según J. Heurgon, nació como una
dad extranjera. La preem inencia de reacción de desesperanza, fue confir­
C ástor sobre su h e rm a n o obliga a m ada por una ley de Estado.
designar a los gemelos como los C as­ La ley de las XII Tablas, la labor
tores y el templo del Foro como el legislativa délos decemviros realizada
aedes Castoris; su privilegiada situa­ durante los años 451 y 450 e inscrita en
ción topográfica revela la importancia el Foro sobre láminas de bronce, tam ­
de su culto. bién se ocupó de regular algunos
aspectos religiosos. Las leyes relacio­
n a b a n con cierto detalle las obligacio­
2. Religión y legislación nes confiadas a los expertos religio­
sos: presentar a las divinidades parte
La tradición da noticia de unas leges de la cosecha antes de ser consumida
sacratae, anteriores a las XII Tablas, por los seres hum anos, establecer la
aprobadas por la plebe en su primera fecha de las fiestas, fijar la celebración
secesión al monte sacro con el fin de de determ inados ritos, individuar los
organizarse como fuerza política d en­ gustos y las preferencias de los dioses
tro de la civitas. U na de estas leyes — en cuanto al tipo de víctimas sacrifi­
que Altheim descubrió entre los usos ciales, etc. (Cic.L<?g. 11,8-20). Pero tam ­
itálicos— instituyó a los tribunos. bién establecían la prohibición de
Impotente para hacer valer sus reivin­ incinerar o sepultar a los muertos en el
dicaciones por via legal, la plebe se dio interior de la ciudad —obligando por
a sí misma un derecho, no sancionado tanto a alejar las sepulturas— y limita­
inicialmente por el Estado, para salva­ ban el lujo excesivo en las cere­
guardar sus propios intereses políti­ monias fúnebres.
cos. La plebe prestaba un juram ento Sin embargo, la labor más im por­
militar en virtud del cual se declaraba tante de los decemviros fue, como tan ­
sacer a cualquiera que atentase contra tas veces ha sido observado, reem­
su inviolabilidad y, como consecuen­ plazar el derecho consuetudinario por
cia de ello, trató de asegurar el funcio­ uno escrito. En general, las leyes esta­
namiento regular de sus asambleas, ban sólo inscritas en el mos maiorum y
castigando a quienes trataran de se aplicaban en virtud de un procedi­
interrumpirlas. miento cuyos secretos guardaban ce­
La religión rom ana antigua 15

losamente los pontífices y magis­ adueñarse de la ciudad etrusca de


trados. Esta labor de coordinación y Veyes, muy próxim a a Roma, en el
sistematización que facilitara la igual­ 396, gracias a la evocano de la diosa
dad ante la ley supuso probablemente etrusca Uni; el dictador prometió pri­
un cierto enfrentamiento con la esfera mero al Apolo dèlfico la décima parte
de lo religioso. De aquí que Heurgon del botín y dirigiéndose a la diosa
haya señalado que la gran aportación la exhortó a a b a n d o n a r la ciudad
de los decemviros fue la seculariza­ etrusca y a establecerse, a cambio, en
ción del derecho —los comienzos, Roma. C om o consecuencia de este
diríamos mejor— renunciando al fas rito —practicado todavía por Esci-
en beneficio del ius con lo que esto pión Emiliano ante Cartago— la ciu­
suponía: la interpretación y conserva­ dad de Veyes quedó privada de su
ción del derecho escapará, poco a protección espiritual y el ejército
poco, de las m anos de los pontífices rom ano pudo apoderarse de ella.
patricios. Después M. Furio Camilo celebró
en Rom a el prim er triunfo desde la
m onarquía: subió al Capitolio en una
3. Pietas plebeya y cuádriga tirada por caballos blancos,
pietas patricia con la toga p id a y la corona real, osten­
tando, como dice Livio, los mismos
En el clima de dura lucha política ornam entos que Júpiter O.M., cuyo
entre patricios y plebeyos, tuvo lugar poder y funciones cósmicas asumía
en el 390 o 386 la invasión gala, de el triunfador.
notables consecuencias para la reli­ Pero Camilo fue condenado al exi­
gión romana. lio por haber «olvidado» pagar a
Este acontecimiento fue una mag­ Apolo el diezmo prometido durante el
nífica ocasión para que la plebe, asedio de Veyes, viéndose así obligado
enfrentada religiosamente a los patri­ a alejarse largo tiempo de Roma. Es
cios, demostrara también su pietas. El extraño que un hombre que actuó
plebeyo L. Albino distinguiendo, dice siempre observando escrupulosamen­
Livio (V,40,9), las cosas divinas de las te los ritos y a quien los analistas pre­
hum anas, acogió en su carro a las vír­ sentaron por su bravura y piedad como
genes vestales con los objetos sagra­ ejem p lo de las virtudes ro m an a s,
dos para transportarlas a Caere. De haya p o d id o «olvidar» el c u m p li­
esta m anera la integridad de los sacra miento de un voto. Algunos autores,
quedó garantizada y perpetuado fuera como M. Meslin, se h an preguntado si
de la ciudad el ritus patrius. el exilio no obedece más bien a un
Los patricios no se comportaron conflicto entre la ley religiosa y las
menos heroicamente. D urante el ase­ necesidades de la vida política. El
dio de la ciudad por los galos, los triunfo que Camilo celebra después
magistrados más ancianos esperaron de su victoria fue considerado por
la muerte en el Foro sentados con sus muchos como un exceso, un acto des­
insignias; según dice Livio (V,41), el m esurado por el que se acercaba a un
pontífice m áxim o M. Fabio les dictó dios. La figura de Camilo ilumina las
la fórmula de la devotio en virtud de la dificultades de aquella época para
cual se consagraban con el enemigo a resolver el enfrentam iento entre la
los dioses infernales. La población, en vida política y la religiosa que los
conjunto, se concentró en el Capitolio decemviros abordaron también.
logrando defender el templo de la El dictador reapareció durante la
ciudad. invasión gala de Roma, logrando
En estos años destaca la personali­ cuando la ciudad había sido tomada e
dad de Camilo quien había logrado incendiada, batir al invasor y restable­
16 Akal Historia del Mundo Antiguo

cer el orden. En un vibrante discurso contactos con el helenismo, la estruc­


recogido por Livio se mostró contrario tura fue siempre latina, como señaló
al deseo de la plebe de transferir la Bayet, y el espíritu del culto, romano.
ciudad a Veyes y partidario de seguir Esta influencia, pese a las observa­
ligado al suelo consagrado de la ciu­ ciones de Dumézil, existió y se ejerció
dad. Su posición fue respaldada por el tem pranam ente aunque dé manera
milagroso descubrimiento del lituus débil en sus comienzos.
con el cual Rómulo había trazado el El indicio más significativo de tal
templum original. C u and o Camilo se helenización fue, sin duda, la intro­
transforma así, como tantas veces se ducción del culto de Apolo; un tem­
ha dicho, en el segundo fundador de plo, votado en el 433 a.C. dedicado en
Roma. el 431, fue levantado en su honor en la
parte meridional del C am po de
4. El problem a Marte, in pratis Flaminiis, quizá sobre
un ara conocida desde el 449; se
de la helenización dedicó a causa de una epidemia —
G. Dumézil considera que la histo­ Livio dice que se votó provaletudine
ria de los dos primeros siglos de la populi— y el dios fue, coherentemente,
República significó una larga pausa conocido como Apollo Medicus. La más
en la pacífica invasión de los dioses antigua invocación, consignada en las
griegos. Roma, en este período, trató plegarias de las vestales iba dirigida al
según él de apropiarse exclusiva­ Medicus (Macrob.«Stfí.I,17,15) y así fue
mente de las divinidades del Lacio y siempre conocido hasta que Askle-
de Etruria mediante el rito de evocatio pios tomó el relevo en sus virtudes
o la asimilación; la fundación del tem­ curativas a comienzos del siglo III a.C.
plo de Apolo, en el 431, fue el único El culto de Apolo, confiado a los
elemento de im pronta griega. duunviri sacrisfaciundis. fue el hogar del
Es cierto que Roma se apodera, graecus ritus. Bayet advirtió que Apolo
sobre todo a medida que progresan manifestó pronto una acción regula­
sus conquistas, de las divinidades de dora en la organización del graecus
otras ciudades vecinas; los casos de ritus y en la introducción de divinida­
Cástor o lini no son los únicos. Pero la des extranjeras en la religión romana.
Urbe estuvo abierta —salvo pocas Los duunviri, que en el año 367 a.C.
excepciones— a la aceptación de for­ fueron organizados como colegio y el
mas religiosas venidas del exterior núm ero de sus miembros elevado a
que el estudioso francés no reconoce. diez, asumieron cada vez mayores res­
Estas innovaciones helenizantes no se ponsabilidades, particularmente por
introdujeron de m anera sistemática y sus consultas de los libros sibilinos.
regular, sino como señaló J. Bayet «al Estos eran abiertos, a petición del
azar de las circunstancias y de las Senado, en momentos de grave peli­
necesidades». Su rapidez y difusión gro para el Estado, como la aparición
fue mayor a partir del siglo III a.C., de prodigios espantosos —teatra
pero durante los dos anteriores tam ­ prodigio— que anun ciaban la ruptura
bién se infiltraron algunos elementos de la pax deorum. Tras sus consultas,
religiosos griegos. estos sacerdotes ofrecían al Senado
Las influencias de la religión griega las palabras del oráculo y facilitaban
—directamente o a través de la Magna los remedia necesarios para proceder a
Grecia— alteraron los conceptos y los la expiación, nunca la interpretación
ritos primitivos, organizaron y enri­ del prodigio. El Senado se reservaba el
quecieron el sistema religioso, pero uso de la respuesta prohibiendo la
nunca destruyeron el fondo latino de consulta de la colección sacra sin su
la religión romana. Pese a sus largos autorización.
La religión rom ana antigua
17
Tam bién las lectisternias se inscri­ nos al considerarse insuficientes los
ben dentro del graecus ritus. De hecho remedia religiosos tradicionales reco­
las condiciones y circunstancias de su mendados por el mos patrius para
introducción obedecen a él: la lectis- resolver la crisis. En el 399 Roma
ternia aparece como u na innovación soportaba el peso de la guerra contra
ritual adoptada a comienzos del siglo Veyes y el conflicto que oponía a los
IV por prescripción de los libros sibili­ dos órdenes no había encontrado

Templo de los Dioscuros.


18 Akal Historia del Mundo Antiguo

todavía una solución. Ante la grave­ sodios de la larga lucha por la igual­
dad y persistencia de u na epidemia, el dad política se inscriben en una crisis
Senado ordenó consultar los libros de conjunto que afecta tam bién a las
sibilinos que recom endaron organi­ relaciones de la com unidad con sus
zar —por vez prim era— una lectister- dioses. En el texto de Libio la lectister­
nia (Liv.V, 13,4-6). nia del 364, organizada a título de
Consistía este ritual en un festín remedium contra una nuevapestilentia,
ofrecido a las divinidades que se se inserta —como la del 349— en la
deseaba apaciguar. La in n ovación fase de reacción patricia contra las
no era tanto alim entar a los dioses leyes Licinio-Sextias. Las familias
—puesto que ya los sacrificios les patricias, opuestas al reparto del con­
«vigorizaban»— como crear una co­ sulado con la plebe, hicieron ver la
m unidad convivial y que la divinidad persistencia y virulencia de la epide­
beneficiaria de los alimentos tuviese mia como signos del manifiesto desa­
la obligación de compensar. Los le­ grado de los dioses hacia aquellas re­
chos, pulvinaria, materializaron para cientes innovaciones constitucionales.
el público la presencia de las divini­ Sólo las leyes Liciniae-Sextiae del
dades y atestiguaron su efectiva pre­ 367 cerraron esta larga crisis política.
sencia en el festín. Las fuentes antiguas señalan que el
La ceremonia del 399 fue probable­ dictador M. Furio Camilo formuló el
mente introducida por mediación votum de levantar a Concordia un
etrusca, pues en la ciudad de Caere la templo que simbolizaba el término
tumba llamada «del lecho fúnebre», del conflicto entre los órdenes. C on­
datada hacia el 460 a.C., confirma que cordia debió ser conocida en Roma
Etruria conocía estas modalidades coincidiendo con la difusión de la
rituales. C om o su finalidad era de noción helénica de homonóia encar­
orden profiláctica y purificatoria, la nando dentro de la lucha política «la
lectisternia se organizó en h ono r de voluntad activa de entendimiento,
seis divinidades que podía acabar con dice Dumézil, y no el respeto estático
la epidemia: «...y durante ocho días, de los acuerdos», como la antigua
dice Livio (V,13,8), para aplacar a Fides. Aparece, pues, como uno de los
Apolo, Latona y Diana, Hércules, cultos de abstracciones más antiguos
Mercurio y Neptuno, permanecieron de Roma. La arqueología no ha reve­
adornados tres lechos con magnífico lado ningún vestigio del templo pro­
aparato». metido por Camilo. Los restos que
Com bet-Farnoux ha observado que hoy quedan en pie pertenecen a la
la celebración de las lectisternias, con­ época de Tiberio que lo restauró en el
forme quedó establecida en el 399, se año 7 d.C., pero no hay razones para
sucede desde esta fecha hasta el 326. d ud ar de su existencia. En cualquier
La serie de cinco lectisternias del siglo cosa, la diosa era ya familiar en Roma
IV a.C. se corresponde con la fase más cuando en el 304 a.C. Cn. Flavio
aguda del conflicto entre patricios y dedicó en su h o n o r una aedicula in
plebeyos. Después del 326, constituida area Vulcani (Liv.IX,46,6), fundación
la nobilitas patricio-plebeya, la tradi­ que se inscribe en el conjunto de
ción no hace mención de ninguna m edidas político-religiosas que como
otra celebración hasta el 217, año en veremos m arcan su edilidad.
que fue organizada tras la derrota de Pero aún existe un elemento más
Trasimeno ampliándose a doce dioses. que favoreció extraordinariamente el
No puede establecerse una relación grciecus ritus: el culto de Hércules. En
directa de causa-efecto entre las agita­ opinión de J. Bayet, Hércules, conoci­
ciones plebeyas y estas celebraciones do ya por los etruscos con el nombre
religiosas, pero es evidente que los epi­ de Hercle desde el siglo VI, llegó a
La religión rom ana antigua 19

La Lex Ogulnia mentó de sacerdotes, tomados todos del


pueblo no ofendía a los patricios más de lo
«Sin embargo, para que la paz no reinase
que les ofendió el reparto del consulado
en todas partes a la vez, arrojaron la tea de
entre las dos órdenes, pero tomaban por
la discordia entre los principales de la ciu­
pretexto “ que esta innovación se refería a
dad, patricios y plebeyos, los tribunos del
lo dioses más que a los hombres; que los
pueblo Q. y Cn. Ogulnio. Estos, después
dioses impedirían la profanación de su
de buscar mil pretextos para acusar a los
culto; que en cuanto a ellos se limitaban a
patricios ante el pueblo, imaginaron, tras
desear que no sobreviniese ningún daño a
muchas tentativas inútiles, un proyecto de
la república” . Estando acostumbrados a
ley a propósito para excitar, no a la plebe
verse vencidos en este tipo de combates,
sino a los principales del pueblo y a los
no fue muy obstinada la resistencia, por­
consulares y triunfadores plebeyos, a cuyos
que contemplaban a sus adversarios, no
honores solamente faltaban los sacerdo­
deseando ya las supremas dignidades en
cios, que todavía no eran accesibles a to­
que antes ni siquiera se atrevían a pensar,
dos. Como entonces no había más que
sino en plena posesión de los títulos que
cuatro augures y cuatro y debía aumentar­
habían disputado con inciertas esperanzas
se el número de sacerdotes, pidieron que
y contando ya con numerosos consula­
los cuatro pontífices y cinco augures que
dos, censuras y triunfos».
se querían aumentar fuesen nombrados
de los plebeyos... Por lo demás, este au- (Liv. X, 6)

Roma procedente de la Magna G re­ purificador y apotropaico, protector


cia (Crotona. Locres, Poseidonia) a de la salud y de la prosperidad de
través de dos intermediarios diferen­ las tierras.
tes: ciertos comerciantes griegos que Así pues, la influencia de la heleni-
se agruparon alrededor de una capi­ zación sobre la religión romana
lla cercana a la Puerta Trigémina, al durante los dos primeros siglos de la
borde del Tiber y fuera del pomerium, República fue m ucho mayor de lo que
y una gens latina que, tras haberse G. Dumézil considera. Al culto de
asegurado el culto a título privado, Apolo hay que sumar, además de lo
honraba al héroe en un altar, el Ara m encionado respecto a Cástor o la
M axim a, cerca de Foro Boa rio en el tríada agraria, los cultos de Mercurio y
interior del recinto sagrado. Concordia, las prescripciones de los
La «nacionalización» del dios se libros sibilinos y la introducción de
hizo en dos etapas: en la primera lec- Hércules a fines del s.IV. El hecho de
tisternia del 399 en la que aparece que tal influencia sea débil —si la
junto a Diana, y en el 312, cuando el com param os con la que se ejerce a
censor Appio Claudio unió el G ran partir del s.III— no significa que no
Altar al culto público. El culto era existiera.
celebrado a la m anera griega, con la
cabeza descubierta y ceñida con una
corona de laurel. Las mujeres estaban 5. Conquistas religiosas
excluidas de él y Plutarco menciona de la plebe
aún otras dos limitaciones: en el sacri­
ficio a Hércules no debían hacerse A mediados del siglo IV a.C., tuvo
referencias a otros dioses —cosa que lugar la definitiva conquista, por parte
sucede en el ritual ro m an o — y los de la plebe, de las magistraturas; los
perros debían perm anecer alejados plebeyos accedieron primero al con­
del recinto. sulado (367), después a la edilidad
Bayet considera también que la curul (364), a la censura (361) y a la
influencia de otro Hércules, venerado pretura (337). Q uedaba intacto el sec­
antiguamente en Tibur, transformó en tor más conservador de la vida pú­
dios de la victoria militar a un héroe blica: la religión. La plena igualdad
20 Akai Historia del Mundo Antiguo

política no sería conseguida si al Finalmente, en el año 300 la plebe


acceso de las magistraturas civiles no obtuvo una última victoria: el acceso a
se añadía el de los sacerdocios, verda­ los colegios de los pontífices y augu­
deras magistraturas sacras. res. El nuevo clima de entendimiento
A Licinio y Sextio atribuye la tradi­ político y la formación de una nobili-
ción (Liv.VI,42) la propuesta de elegir tas patricio-plebeya favoreció la apro­
nuevos Viri sacris faciundis, mitad bación de la lex Ogulnia presentada
patricios y mitad plebeyos, aum en­ por los hermanos Cn. y Q. Ogulnii.
tando su número de dos a diez. La En cada uno de los colegios, hasta
propuesta fue favorablemente aco­ e n t o n c e s c o m p u e s t o s de c u a t r o
gida en el 367. El ingreso de los plebe­ miembros, se crearon cuatro o cin­
yos en este colegio sacerdotal, coin­ co nuevos puestos reservados a la
cidiendo con el reparto del consulado, plebe (Liv.X,6,6).
fue un logro importante pues les per­ Si los maximasacerdotia no se abrie­
mitirá en el futuro interpretar los ron —como el decemvirato— con
libros sibilinos ante la aparición de anterioridad fue, sin duda, por su
prodigios que cada vez irán cobran­ importancia política y su gran presti­
do una m ayor sig nificación p o l í ­ gio social; sólo así se explica la fuerte
tica. A ún así su in flu en c ia no se resistencia de los patricios a la inclu­
hará sentir con fuerza más que a sión de los plebeyos en tales sacerdo­
partir del siglo III a.C. cios em pleando argumentos no muy
Un nuevo golpe, esta vez contra los diferentes de los utilizados en el 367
pontífices, se produjo cuando en el para impedir la creación de un cón­
año 304 Cn. Flavio publicó las formas sul plebeyo.
de acción judicial (legis actiones) divul­ Aún así, no sólo el puesto del ponti-
gando los formularios hasta entonces fe x maximus fue ocupado por un ple­
celosamente guardados por los pontí­ beyo m uy tardíamente —el célebre
fices para introducir los procesos Tiberio C oruncanio fue elegido en el
(Liv.IX,46,5). También dio a conocer 254 a.C. (L iv .^ .X V III )— sino que
la tabla de los días fastos, es decir, de algunos cargos religiosos como el rex
aquéllos en que se podía recurrir al sacrorum o los /lam ines maiores queda­
pretor, el calendario judicial. Aunque ron reservados siempre para las fami­
el llamado ius Fíavianum es aún hoy lias patricias.
algo muy discutido, nadie duda que su La reforma del colegio de los pontí­
labor de divulgación benefició a la fices y augures fue acom pañada de
plebe fortaleciendo sus propios dere­ una innovación importante: la fija­
chos civiles y debilitó, por el contrario, ción mural de una crónica que salía
el poder de los pontífices patricios que del derecho pontifical y pasaba a dis­
descansaba también en el secreto con posición del pueblo (Liv.IV,30,9). Esta
el que conservaban los escritos de costumbre, de tendencia democrática,
derecho civil. se inició probablem ente a partir del
En aquel mismo año fue aproba­ 296 a.C. De esta Tabula Pontijícis fijada
da una lex Papiria, probablem ente sobre los muros de la Regia, que con­
la misma que cita Cicerón (dom. X tenía los principales acontecimientos
LIX,127), por la cual se estableció la del año como también los prodigios
prohibición de levantar un templo o registrados, y de otros documentos
ara sin la autorización de la mayoría sacerdotales surgirá en el año 130 un
de los tribunos de la plebe (Liv. vasto trabajo histórico, los Anuales
IX,46,7). Este nuevo logro impedirá Maximi, cuya redacción fue debida al
que la inauguración de un m o nu­ pontífice máximo P. Mucio Scevola
mento religioso público sea utilizada desapareciendo desde entonces la
con fines propagandísticos. costumbre de exponer la Tabula.
La religión rom ana antigua 21
22 Akal Historia del Mundo Antiguo

II. Los años de armonía

La victoria plebeya, con el consi­ equilibrio de las dos clases. En este


guiente acceso a todos los cargos polí­ sentido el propósito del monumento es
ticos y a casi todos los religiosos, seña­ idéntico al templo votado por Camilo
la la formación de un nuevo estado en el 367 o la aedicola de la Concordia
patricio-plebeyo caracterizado por la levantada en el 304 por Cn.Flavio para
existencia de una nobilitas que cubre el conm em orar, la conciliación de los
espacio de la lucha política del perio­ órdenes.
do anterior. También la restauración y decora­
Si en los siglos V y IV los pontífices ción del Capitolio, durante la edilidad
y augures, sacerdocios monopolizados que desempeñaron en el 296 los her­
por los patricios, constituían el brazo manos Ogulnii, podemos considerarla
religioso del Senado, en esta nueva a la luz de esta misma «reconciliación
etapa la nobilitas se arrogará las pre­ religiosa»; se adquirieron vasos de pla­
rrogativas religiosas que, con mayor ta para las mesas sagradas de la celia
frecuencia, serán incluso utilizadas en del dios, y una acrótera de terracota
la lucha de una factio contra otra. que representaba a Júpiter en una cuá-
Algunos hechos que relata la tradi­ driga, reemplazó la que coronaba el
ción hacen pensar que al menos hasta templo bajo el reinado de Tarquinio
la segunda guerra púnica se alcanzó el Soberbio.
una cierta unidad y armonía en el ám ­ Este cierto equilibrio político y reli­
bito religioso. gioso alcanzado a lo largo del siglo
Quizá el más destacado —y sim­ III no parece incompatible con la in­
bólico— fue el grupo de bronce le­ troducción de nuevas divinidades en
vantado en el 296 cerca del Ficus Ru- el panteón romano, fruto de la expan­
minalis, en el Foro, que representaba a sión de Roma dentro y fuera de Italia.
la loba con los gemelos. Cécile Dulié-
re, en su estudio sobre la loba romana,
considera dicho trabajo artístico como 1. Helenización y
una transparente ilustración de la política exterior
igualdad, ya plenamente alcanzada,
entre patricios y plebeyos. La presen­ A fines del siglo IV, el horizonte polí­
cia, junto a Rémulo, de Remo, el héroe tico de Roma se había am pliado muy
epónimo de las Remuria y del Aventi- co n s id e ra b le m e n te . En el período
no, constituía un símbolo eficaz del com prendido entre el 343 y el 290 las
La religión rom ana antigua 23
guerras sam n itas in tro d u je ro n a los enfermos esperaban la incubatio
Roma en el área griega. En calidad de en la que el dios les revelará la vía de
conquistadora unas veces, de protec­ la curación. Com o en Grecia, los sa­
tora otras, Roma entró en contacto cerdotes, quizá tam bién griegos, ali­
directo con las ciudades griegas meri­ m entaban a perros y serpientes sagra­
dionales. La política filo-helénica fue das (Festo 233 L).
inaugurada cuando el Senado conce­ Este replanteam iento del aspecto
dió a Nápoles una alianza —hacia el «higiénico» de la religión rom ana fue
326— en condiciones privilegiadas com pletado en el s.II a.C., cuando
que le permitirá conservar sus institu­ una nueva epidemia producida en el
ciones tradicionales. La ciudad griega año 180 obligó a incorporar el culto
aportó a Roma en el siglo III el culto de Hygeia, asociada a la diosa itálica
griego de los sacra Cereris Matris cuyas Salus. Desde la fundación del nuevo
sacerdotisas eran escogidas entre la culto, los viajes, las em bajadas rom a­
nobleza de Velia y Nápoles. Pronto nas a los g an d e s tem p lo s griegos
otras ciudades de la M agna Grecia, —como el de E pidauro— se hicieron
como Capua, Cumas, o Tarento, tra­ frecuentes, ya sin la mediación de las
baron relaciones con el estado rom a­ ciudades griegas de Italia.
no haciendo sentir tam bién su in ­ N o puede excluirse sin embargo
fluencia religiosa. que R o m a, co m o sugirió J. Gagé,
Algunos autores h an distinguido, haya tenido en cuenta la popularidad
justificadamente, un segundo período de este culto en el m undo griego y en
de helenización, que com enzaría a fi­ la M agna Grecia y se hubiese movido
nes del siglo IV o comienzos del III, por intereses políticos. Com o otros
en el que las aportaciones griegas son cultos, el de Esculapio pudo haber
mucho más ricas y perceptibles que desarrollado un papel integrativo y
en el anterior. federativo de cara a las ciudades me­
En el año 293 se advierte con clari­ ridionales. No es tampoco un hecho
dad esta apertura rom ana a los dioses fortuito el que en aquél mismo año
y a las ideas religiosas griegas. En —el 293— los ciudadanos romanos
esta fecha tuvo lugar la introducción asistiesen po r prim era vez coro n a­
del culto de Asklepios que ante una dos a los ju e g o s y se e n tr e g a r a n
grave epidemia los libros sibilinos re­ p a lm a s a los vencedores, co s tu m ­
com endaron traer de Epidauro. Una bres muy arraigad as en los espec­
c o m is ió n d e s p la z a d a al s a n tu a rio táculos griegos.
griego regresó con la serpiente sagra­ La guerra contra Pirro y la primera
da, símbolo de Asklepios, que se arro­ guerra púnica abrieron aún más a
jó espontáneam ente de la em barca­ Roma el cam po de las ideas y los cul­
ción a la isla T iberina cesando al tos griegos. Casi medio siglo después
m om ento la epidemia. En el 291 fue de la introducción de Asklepios en
dedicado al dios, que bajo el nombre Roma, tuvo lugar la adopción de los
de Esculapio (Aesc(u)lapius) despla­ Ludi Tarentini por indicación —una
zará en sus funciones curativas al vez m ás— de los libros sibilinos. En
dios Apolo, un templo sobre la isla; el año 249, en un m omento crucial de
nada se conserva hoy de él pero, al la lucha de R om a contra Cartago, el
m argen de los num erosos ex-votos oráculo profetizó que las dificultades
conservados, la iglesia de S. Bartolo­ cesarían si se sacrificaba a Dis Patery
meo encierra un pozo medieval cons­ Proserpina. Se eligieron víctimas ne­
truido probablem ente sobre la fuente gras y se c e le b ra r o n juegos en el
del templo. En su construcción se si­ C am po de Marte durante tres noches
guió el ejemplo de los Asklepieia: un consecutivas en honor de esta pareja
edificio rodeado de pórticos donde infernal. G. Dumézil, con gran acier­
24 Akal Historia del Mundo Antiguo

Area sacra de Largo Argentina.

to, ha señalado la importancia de este lor político y diplomático: garantizar


culto para la escatología romana; el el éxito de la República e integrar a
Más Allá era concebido algo confusa­ los pueblos cuya fidelidad y coopera­
mente y en el los Di M anes no tenían ción era necesaria.
necesidad de un rey y una reina. Las En el curso de la primera guerra
nuevas divinidades introdujeron una púnica los rom anos lograron tomar
concepción diversa que incidió muy la ciudadela-santuario de Eryx, en Si­
desigualm ente en las creencias de cilia, (248 a.C.). H asta entonces el
las masas. ejército había cosechado más derro­
Pero como en el caso de Esculapio, tas que éxitos pese a que sus comien­
los Ludi Tarentini, importados de la zos fueron muy prometedores, pues
Magna Grecia cuya fidelidad era cru­ en el 263 los elimos de Sicilia que se
cial en aquél momento, podían ga­ co n s id e ra b a n descendientes de los
rantizar la adhesión de los pueblos emigrantes troyanos, expulsaron a la
meridionales. R om a se tran sfo rm a guarnición cartaginesa de su ciudad,
así en una capital itálica y, en el or­ Segesta, para entregársela a Roma o,
den religioso, esto suponía dar libre m ejor, a sus p a rie n te s « eneidas».
acceso a formas de culto gratas a los C uando quince años más tarde el cón­
itálicos. Esta apertura religiosa rom a­ sul L. Junio ocupó el santuario de
na tiene, pues, esencialmente un va­ Eryx, sede del culto de Afrodita, resis-
La religión rom ana antigua 25
26 Aka! Historia del Mundo Antiguo

tiendo a los ataques de Amilcar Bar­ bre el futuro. La rígida oposición a es­
ca, los romanos «reconocieron» en la tas consultas de la clase dirigente ro­
diosa a Venus, madre de su antepasa­ m an a se explica no sólo por su deseo
do Eneas. de proteger los libros oraculares ofi­
Este episodio histórico explica la ciales —que en realidad buscaban la
posterior introducción del culto de m anera de aplacar la ira de los dioses
Venus Erycina en Roma. C u ando en el y recuperar la pax deorum sin inter­
217, durante la segunda guerra p ú n i­ pretar los signos divinos— sino tam ­
ca, la ciudad atravesaba uno de sus bién por su rechazo a que otras ciu­
peores momentos, los libros sibilinos dades predijeran el futuro que de­
prescribieron, entre otras medidas, el paraba al Estado romano.
reconocimiento de la Venus del m o n­ La literatura rom ana quedó tam ­
te Eryx. El dictador Q. Fabio M axim o bién sometida a la influencia griega
hizo en aquel año el voto de construir cuya mitología invadió la teología ro­
un templo a la diosa que fue dedica­ mana. Livio Andrónico, capturado en
do por él mismo en el 215. Tarento en el 272, logró establecer en
Schilling ha observado que Roma Roma u na escuela para la educación
concedió a la Venus Erycina el estatu­ de los nobles, alternando esta activi­
to no de una diosa extranjera, sino de dad con la traducción de la Odisea de
una divinidad nacional. El aniversa­ H o m e ro en versos saturnios. Esta
rio del templo, un 23 de abril, coinci­ Odusia, que facilitaba interpretaciones•
de con la fiesta de las Vinalia y se eli­ latinas de los dioses griegos, se con­
gió el Capitolio, centro religioso de la servó largo tiempo como texto esco­
ciudad, para emplazarlo. Los ritos se lar. En el 240, los ediles recurrieron a
ajustaron a las costumbres romanas: Livio para representar una comedia
se hicieron libaciones de vino en su griega en versión latina durante la ce­
hon or y se rechazaron elementos cul­ lebración de los Ludi Romani.
turales de origen semita como las p a ­ Pocos años después —del 235 al
lomas o las sacerdotisas sagradas. 204— se presentaban en escena las
Podemos situar también en este pe­ obras de Cn.Nevio cuya ciudad natal
ríodo. anterior a la segunda guerra era p rob ab lem ente Capua. Una de
púnica, el creciente interés de los ro­ las piezas que pertenecía a la fábula
manos por la adivinación. El pueblo praetexta, Lupus, escenificaba d ra m á­
com enzaba a no contentarse con los ticamente la leyenda de Rómulo; a
signos que buscaban los augures, so­ ella hay que añ adir otras que centra­
bre todo por medio de la observación b a n su interés en el ciclo troyano
de los pájaros. La minuciosidad de como Equos Troianus o Héctorproficis-
la auspicatio rom ana —en continuo cens. Pero la obra cumbre de Nevio es,
descrédito— y la convicción de que sin duda, eVBellum Punicum, crónica
los dioses estaban facultados para co­ en verso que n arraba la primera gue­
nocer el futuro y por tanto de trans­ rra púnica —en la que el poeta había
mitirlo a los fieles, abrieron las puer­ participado— pero en la que recogía
tas a la adivinación. tam bién las leyendas de la fundación
Todavía no se recurre, al menos de Rom a y de Eneas y Dido, como
con regularidad, a la disciplina etrusca origen de la mítica enemistad entre
o al oráculo del Apolo délfico, pero es Rom a y Cartago.
significativo el hecho de que en el 242 Podemos concluir pues afirmando
el Senado impidiese a C. L u ta d o Ca- con Dumézil, que antes de la época
tulo consultar el oráculo de Fortuna de Ennio y el círculo de los Escipio-
Primigenia en Praeneste (Val. Max. nes, los literatos del siglo III habían
1,3,2) que d a b a , p o r m edio de las com pletado casi el gran diccionario
sortes, indicaciones determ inadas so­ de las equivalencias.
La religión rom ana antigua 27

III. El impacto de la II Guerra Púnica

La segunda guerra púnica (218-201) de consultar los libros sibilinos en


fue sin duda uno de los períodos más cuanto a la mayor parte de los prodi­
críticos de la historia de Roma. La gios» (id.). No carecen de argumentos
presencia de A nibal en Italia, que quienes, como Marini, consideran es­
constituía por sí misma una am enaza tos sacerdocios un instrum ento del
directa, se hizo más peligrosa tras las Senado en los campos más diversos.
prim eras derrotas —Tesino, Trebia, Livio añade que las primeras expia­
Trasimeno— frente al general cartagi­ ciones —suplicationes, lustrations—
nés. La secesión de algunas com un i­ y el cum plimiento de los votos «cal­
dades aliadas, los contactos entre Car- m a ro n m u ch o los terrores religio­
tago y el Oriente agravaron aún más sos».
la situación. Pero la cólera divina se recrudeció
Tales acontecimientos, aco m p a ñ a­ ante la célebre im piedad del cónsul
dos de presagios y prodigios, se consi­ Flaminio, un hom bre frecuentemente
deraron pronto una manifestación de enemistado con la oligarquía senato­
la cólera de los dioses. Los fenóme­ rial que le acusó de no haber cum pli­
nos inusuales, los desórdenes de la do los rituales previos a la investidura
naturaleza, fueron advertidos desde de su cargo. Su ofensa a Júpiter y a las
los prim eros m om entos de la co n ­ divinidades capitolinas fue el argu­
tienda. mento utilizado para cargar la culpa
Livio señala que durante el invier­ del desastre al líder popular. (Liv.
no del 218 fueron vistos diversos pro­ XXI,6).
digios en R om a y sus inmediaciones: Tras esta nueva derrota que culmi­
imágenes que brillaban en el cielo, el nó con la muerte del propio F lam i­
movimiento de la lanza de Juno en su nio, se desencadenó en Roma, en un
templo de Lanuvio, lluvia de piedras clima de profundo pesimismo y a n ­
en el Picentino... (Liv.XXI,62,6-l 1). La gustia, lo que Schilling d e n o m in ó
reacción del Estado no se hizo espe­ una «movilización religiosa» en fa­
rar; para recuperar la pax deorum se vor de la causa romana. La elección
llamó a los decemviri, autorizándose­ del dictador Fabio Máximo fue acer­
les a consultar los Libros Sibilinos. tada no sólo por su prudencia militar
Este sacerdocio as u m irá un papel sino tam bién por su competencia en
protagonista durante los años de la materia religiosa; multiplicó el núm e­
guerra. Según Livio. desde el primer ro de ritos necesarios valiéndose de la
año «los decemviros recibieron orden religión, como sugiere Piganiol, para
28 Akal Historia del Mundo Antiguo

restablecer la autoridad de la facción durante la primavera. El quinquen­


más conservadora. Fabio expuso en nium establecido expiró en el 212,
un discurso al Senado su política reli­ pero entonces las guerras continua­
giosa (Liv.XXII,9,7), haciendo ver que ban: contra Cartago hasta el 201, con­
las derrotas de los años anteriores se tra los galos cisalpinos hasta el 196.
debieron a la im prudencia y temeri­ De aquí la decisión de celebrar el ver
dad del cónsul Flam inio —temerita- sacrum en el 195 cuando M. Claudio
tem atque inscientiam ducum —, siendo Marcelo obtuvo la victoria final y se
necesario una vez más consultar los celebró un triunfo De Galléis Insubri-
libros fatales acerca de las expiacio­ bus. U no de los cónsules de aquel
nes que podían calm ar la ira celeste. año era Catón, el otro Valerio Flaco,
Dumézil ha detectado con acierto ambos ricos propietarios de tierras; la
las «vías secretas» que debían unir a decisión de cum plir la promesa de­
aquel hom bre con los decemviri. Estos pendió sobre todo de los senadores,
ac o nsejaron lev antar dos templos; que debían hacer gastos considera­
uno a Mens, abstracción personifica­ bles en tanto que grandes latifundis­
da de la reflexión, del juicio contrario tas. Para ellos la idea de sacrificar el
a la temeridad, lo que se" ajustaba ganado nacido en la primavera del
perfectamente a la política de Fabio 217 no debió ser gratamente acogida
—Cunctator— y se consideraba que y q u iz á esto e x p liq u e ta m b ié n el
faltó a Flaminio. El segundo a Venus retraso.
Erycina, a la que que ya nos hemos
referido. Los decemviri puntualizaron
que el voto fuese realizado por quien 1. Nuevas influencias
poseyera el m áxim um imperium en el griegas
Estado, es decir, casualmente Fabio
Máximo. Am bas divinidades fueron Sin embargo, jun to a estos viejos ritos
acogidas en el Capitolio y con rapi­ de origen itálico reaparecieron —en
dez inusual sus templos fueron abier­ un meditado equilibrio— nuevas for­
tos en el 215. mas religiosas de helenización. La
También prescribieron los Libros crisis del Estado obligaba a utilizar
Sibilinos la promesa solemne de un todos los tipos de expiación conoci­
ver sacrum a Júpiter, sometida previa­ dos y entre estos remedia se hizo uso
m ente a la a p ro b ació n del pueblo nuevamente de la lectisternia, aunque
mediante votación. Era ésta una vieja en esta ocasión en un contexto muy
práctica itálica por la cual los niños diferente de la celebrada en el 399.
nacidos durante una situación difícil En el 217 fue ofrecida una lectister­
para la com unidad la aba ndonaban, nia con los doce grandes dioses del
llegados a la edad adulta, en busca de Olim po repartidos por parejas sobre
nuevas tierras. En origen el rito sirvió sus pulvinaria (Liv.XXII,10,9). El m o­
para resolver o aliviar el problem a de delo pertenece al graecus ritus aunque
la sobrepoblación de los pueblos itá­ en la distribución de las parejas divi­
licos destacando a los elementos más nas y el orden en que son presentadas
jóvenes; se decía, po r ejemplo, que se refleja el espíritu romano. La pare­
Roma había nacido de un ver sacrum ja Júpiter-Juno es homologa de la de
venido de Alba. Pero este rito, practi­ Zeus-Hera, siendo al tiempo los dos
cado a fines de la Edad del Bronce, grandes dioses del Estado rom ano y
había perdido en el siglo III su senti­ los dos primeros elementos constitu­
do originario, permaneciendo sólo su tivos de la tríada capitolina. También
contenido ritual: una ley prescribió el Marte-Venus y Apolo-Diana se em ­
votum a Júpiter —en un plazo de cin­ parejan conforme a la mitología grie­
co añ o s— de los anim ales nacidos ga. Pero hay otras cuya asociación es
La religión rom ana antigua 29

inhabitual en el ritual griego: llama oráculo de Apolo sobre las plegarias


especialmente la atención la consti­ y sacrificios necesarios para aplacar a
tuida por Mercurio y Ceres, de la que los dioses y poner fin a tanta calami­
Combet-Farnoux ha señalado al res­ dad. En poco tiempo regresó con la
pecto que, en dichas circunstancias, respuesta escrita del oráculo —cuyo
su carácter heterogéneo ha de enten­ contenido nos transmite Livio (XXII,
derse en un contexto político: Ceres 11,2-3)— co nsiderada po r Dum ézil
simbolizaba los intereses agrarios itá­ como un verdadero tratado de alian­
licos ligados a objetivos peninsulares, za entre Roma y el dios de Delfos.
mientras Mercurio representa los in­ Los años posteriores a C ann as fue­
tereses propios de la economía mer­ ron intensos para el apolinismo ro­
cantil, la riqueza m obiliaria, cuyo m ano que asumía bajo su protección
progreso dependía de los cambios y la victoria a b a n d o n an d o la de la sa­
del alcance del imperialismo rom a­ lud pública. Los Libros Sibilinos y
no. La pareja Mercurio-Ceres sim bo­ los oráculos atribuidos a Marcio pres­
liza, pues, las fuerzas socio-econó­ cribieron en el 212 juegos en honor
micas antagonistas que rivalizaron a de Apolo (los ludi Apollinares), de
lo largo del siglo III en la orientación fisonomía helénica: cuatro años más
y la definición de la política realizada tarde, una plaga persuadió a los ro­
por la nobilitas patricio-plebeya. m a n o s de h a c e r lo s p e r m a n e n t e s ,
Los viajes a Delfos, como el que cada 13 de julio, conforme al graecus
realizó Q. Fabio Píctor en el 216, tam ­ ritus.
bién forman parte de dicha heleniza- Es evidente que uno de los objeti­
ción. Este personaje, perteneciente vos de la celebración de los juegos y
probablemente al colegio de los de- ceremonias era proporcionar al pue­
cemviri, fue enviado a co nsu ltar el blo una nueva ocasión para perma-

El pons Fabricius. Al fondo la isla Tiberina.


30 AkaI Historia del Mundo Antiguo

necer unido, transmitir un sentim ien­ que libraran de la violencia a las m a­


to de u n id a d ; la religión r o m a n a dres romanas y a sus hijos» (XXVI,9,7).
funcionaba como parte de la resisten­ En el 207, por orden de los decem-
cia c o n tra A n ib a l. Pero ta m b ié n , viri, mujeres y m uchachas jóvenes re­
como señala A. W ardman, se lograba corrieron la ciu d ad del tem plo de
ofrecer entretenimiento y distracción Apolo al Foro, precediendo la estatua
en un período de fuertes tensiones de Juno Regina (Liv.XXI,62), m ien­
emocionales. En este mismo sentido tras cantaban un carmen compuesto
podemos considerar la tran sfo rm a­ por Livio Andrónico; la diosa fue lle­
ción de las Saturnales. Saturno, a pe­ v a d a f i n a lm e n te a su te m p lo del
sar de su templo en el Foro, era co­ Aventino.
nocido como un dios agrícola que
presidía muy particularmente las la­
bores de la siembra, a cuyo término, 2. Política religiosa
en diciembre, se celebraba una fiesta del Senado
en su honor. Según Livio, las Satur­
nales fueron como tales creadas en el Uno de los aspectos más polémicos
217; quizá debamos entender con ello de esta interacción entre religión y
que al sacrificio tradicional que abría política durante los años de las gue­
el templo el 17 de diciembre fue a ñ a ­ rras púnicas, lo constituye la actitud
dido un convivium publicum en el que del Senado y su nobilitas. El control
todos podían participar vestidos poco de la religión esUivo mas que nunca en
formalmente con capas (pilei), para manos de lo spatres\ sin embargo m u ­
terminar con el grito de «lo Saturna­ chos estudiosos consideran más di­
lia». Las Saturnales se transform arán cho control como una represión de
en lo que para Catulo será el optimus ciertas manifestaciones religiosas de
dierum, un día de alegría general en la plebe.
que los negocios, las escuelas o los tri­ El S en ad o actuó, efectivam ente,
bunales perm anecían cerrados y se con dureza al reprimir en el ámbito
intercambiaban presentes. religioso todo aquéllo que era incom ­
Desde el punto de vista religioso, patible con el culto tradicional. En el
dada la ausencia de los hombres, la año 212, ciertos ritos extranjeros y
ciudad quedó durante estos años de nuevas formas de sacrificio fueron ri­
contiendas en manos de quienes nor­ gurosamente prohibidos por el Esta­
malmente nunca la dirigían: las m u­ do. U na gran cantidad de profetas,
jeres. Sabemos, sobre todo por el tes­ s a c rificad o res y adivin os, a p ro v e ­
timonio de Livio, que las matronas chándose de las derrotas militares y
romanas jugaron un papel determi­ de la profunda desorientación de las
nante en las supplicationes; de esta autoridades romanas, habían usurpa­
forma describe Livio la dram ática do el espacio reservado a la religión
supplicatio que tuvo lugar en el año pública (Liv.XXV,l y 12). En esta oca­
211, cuando Roma se encontraba a sión la oligarquía senatorial actuó,
merced de Anibal: «Se oía el llanto pues, como garante de las formas tra­
de las mujeres no sólo en las casas, dicionales del culto romano, encar­
sino que en todas direcciones se dis­ gando al pretor M arco Emilio por un
persaban las m atronas por la vía pú ­ edicto, que confiscara todos los libros
blica; corrían por los santuarios, lim­ de profecías, todas las fórmulas de
piaban los altares con sus cabellos plegarias que circ u lab an entonces,
sueltos, se postraban de rodillas y ele­ p r o h i b i e n d o c u a lq u ie r nuevo rito
vaban sus manos a los dioses del cie­ (Liv.XXV,l,12).
lo pidiéndoles que salvaran la ciudad El Senado seleccionó sin embargo
de Roma de manos del enemigo, y de esta abu nd ante literatura oracular
La religión rom ana antigua 31
Una «ver sacrum» durante la II Guerra lo ofrezca. Si muere el animal que debía
Púnica ser sacrificado, quede como profano y que
«Publicados estos “ senatus-consultos” , el no se considere su muerte como impie­
pontífice máximo L. Cornelio Léntulo, con­ dad; si alguno lo estropea o mata sin que­
sultado por el colegio de pretores, declaró rer, que no se le impute como crimen; si es
que ante todo era necesario consultar al robado que el robo no recaiga sobre el
pueblo acerca de la primavera sagrada, pueblo o sobre el que lo sufra. Si por igno­
porque sin orden del pueblo no podía ha­ rancia se verifica el sacrificio en día nefas­
cerse ningún voto. En vista de esto, con­ to, sea tenido por legítimo; legítimo será
sultóse al pueblo en estas palabras: “ ¿Que­ también celébrese de día o de noche, por
réis y mandáis que esto se haga así? Si de esclavo o por hombre libre. Si tiene lugar
aquí a cinco años la república y el pueblo antes del término fijado por el Senado y el
romano de los caballeros sale felizmente, pueblo, que el pueblo no sea en manera
como deseo, de la guerra que tienen que alguna responsable” . Con el mismo objeto
sostener con los cartagineses y con los ga­ se votó dedicar 333 libras y 1/3 de cobre;
los de más allá de los Alpes, que el pueblo inmolar a Júpiter tres hecatombes, y a
romano de los caballeros haga una ofren­ otros muchos dioses bueyes blancos y
da a Júpiter de todo cuanto en la primave­ otras víctimas. Habiéndose formulado le­
ra nazca de puercos, ovejas, cabras y bue­ galmente los votos, ordenáronse rogativas
yes, y que no se encuentre ya consagrado, públicas, uniéndose a ellas, no solamente
a contar desde el día que señalen el pue­ los vecinos de la ciudad, con sus esposas
blo y el Senado. Que el que haga este sa­ e hijos, sino también los del campo cuya
crificio lo realice cuando y como quiera, y fortuna privada estaba unida en gran parte
que sea legítimo de cualquier manera que a la pública». (Liv. XXII, 10)

requisada, dos oráculos atribuidos a y otra de griegos en el Foro Boa rio.


un adivino llam ado Marcio escritos Este sacrificio extraordinario, al que
en un latín oscuro sobre cortezas de se recurrirá en otras ocasiones más,
árbol. Uno anunciaba el desastre de constituye en opinión de Bloch uno
C an nas a los romanos, el otro reco­ de los vestigios de la presencia origi­
m endaba instituir los juegos en h o ­ nal de reglas etruscas en la colec­
nor de Apolo. Los carmina marciana ción sagrada.
fueron introducidos en la colección El sacrilegio cometido por dos ves­
sibilina o, al menos, conservados con tales —en aquel m ism o a ñ o — fue
ella (Serw.ad Aen.V lJT). La falsifica­ también cruelmente castigado; las sa­
ción de estos escritos es evidente; en cerdotisas, consideradas culpables de
las iniciales de los versos saturnios impudicitia tuvieron un trágico fin:
que se pueden deducir del texto, León una fue sepultada viva cerca de Porta
H erm ánn ha reconocido el acróstico Collina, la otra se suicidio.
Anco Marcio. La gens Marcia es cono­ Frente a la sensibilidad que recla­
cida a través de algunas fuentes por su m aban los nuevos tiempos, el Sena­
competencia adivinatoria y no hay du­ do, por mediación de los decemviros
das sobre su pertenencia al Senado; el o los pontífices, no dudaba en recu­
propio Cicerón {de div. 1,89) sostiene rrir a las s u p e rv iv e n c ia s a rcaica s
que el vate de la familia redactora del cuando éstas podían sacar a Roma de
texto adivinatorio era nobili loco natos. la angustia religiosa.
Pero tales medidas no justifican siem­
La dureza senatorial se manifestó pre la imagen de un Senado. Como
también en la ejecución de algunas clase oligárquica, que no comprende
expiaciones tras el desastre de C a n ­ las necesidades espirituales del p ue­
nas en el 216 (Liv.XXII,57,2). Los Li­ blo y Livio describe así la frecuente
bros Sibilinos — y así fue cumplido participación conjunta de los gober­
por el Senado— prescribieron el ente­ nantes y el pueblo en las expiationes o
rramiento de una pareja viva de galos en los cultos cívicos.
32 AkaI Historia del Mundo Antiguo

M adre del Ida sea llevada de Pessi­


3. Introducción del culto nunte a Roma» (Liv.XXIX,10,5).
de Cibeles H. Graillot señaló a comienzos de
siglo, que la adopción de Cibeles a p a ­
El Senado manifestaba cada vez una rece sobre todo como una obra de la
mayor disposición a las sugerencias diplomacia senatorial. Roma, en su
exteriores, siempre sometidas al estre­ lucha contra los dioses de Cartago, se
cho control de los sacerdotes que refuerza con una nueva divinidad;
m a n te n ía a salvo el fondo de las pero al mismo tiempo estrecha lazos
creencias religiosas, sobre todo, las li­ religiosos con el rey Atalo I (241-197)
gadas a la casa o al ámbito agrario. cuya alianza era indispensable para
En el 205-204 se produjo, en este sen­ afrontar con éxito su política exterior.
tido, un n o t a b l e a v a n c e c u a n d o Graillot observó tam b ién que el
Roma acogió a la G ra n M adre de grupo social que lanzó esta iniciativa
Pessinunte, la diosa Cibeles. com prendía en particular a los Esci-
La medida era trascendental desde piones, principales promotores de la
el punto de vista religioso si tenemos ideología imperialista del siglo II. El
en cuenta que era una piedra negra, oráculo de Delfos había ord en ado
un betilo, lo que materializaba la pre­ que Cibeles fuera recibida por el m e­
sencia de la diosa. Bayet considera jo r ciudadano romano; el Senado de­
que R om a se la n z a b a así «a u n a cidió que éste era P. Cornelio Nasica,
bru sc a s u p e r a c ió n del h e le n is m o prim o del que habría de ser más tarde
clásico». el vencedor de Aníbal (Liv.XXIX,ll),
La ocasión fue proporcionada por designación que no recayó de forma
un nuevo oráculo de los Libros Sibili­ casual.
nos: «El día en que un enemigo de La diosa recibía en Asia M enor un
raza extranjera lleve la guerra a terri­ culto orgiástico atendido por sacerdo­
torio itálico, será vencido y echado tes y sacerdotisas y los Galli eunucos.
fuera de Italia a condición de que la F u e u n a o b lig a c ió n s a g ra d a para

Templo de Cibeles en el Palatino.


La religión rom ana antigua 33

Friso de los Misterios. Pompeya


(siglo I d. C.).

Roma al aceptarla en el Palatino —en A. Wardman han insistido en la mis­


el corazón del pom erium — conser­ ma idea.
var su culto y clero primitivos. El Se­ Es difícil llegar a un acuerdo sobre
nado tuvo forzosamente que tolerar este problema cuando nadie ha defi­
ritos extranjeros atendidos por un nido aún el concepto de crisis. Si por
servicio de origen anatólico. Pero una parte, en este período se produce
prohibió a los ciudadanos participar un declive político, económico y mili­
en tales ceremonias limitando al m á­ tar no vemos motivos suficientes para
ximo el contacto entre la población y suponer que la religión rom ana —tan
el clero salvo, por ejemplo, cuando el d ire c ta m e n te im p lic a d a con estos
día 27 de m arzo el pueblo aco m p a ñ a­ ám bitos— haya permanecido intacta.
ba a la G ran Madre a su baño en el Pero si por crisis entendemos un pro­
Almón. ceso de disolución, el desajuste de la
La represión de toda espontánea m aquinaria religiosa, debemos adm i­
devoción popular a la diosa se justifi­ tir que el sistema funcionó sin gra­
có pues por el deseo de m antener a ves alteraciones.
salvo de toda contaminación, en su En cualquier caso es el propio D u ­
pureza, el culto romano. mézil quien reconoce que se pueden
La in tro ducción en R om a de la descubrir los primeros síntomas de
M agna Mater obliga a replantear el corrupción desde los tiempos de Tra-
debatido problema de la crisis reli­ simeno aunque en el mom ento deci­
giosa ro m a n a d u ra n te la segu nda sivo «aquel organism o rinde todos
guerra púnica. Tradicionalmente se los servicios que un pueblo pueda es­
ha reconocido tal crisis, pero en los perar de su religión». De esta manera,
últimos años, desde la publicación de en los años de la segunda guerra p ú ­
La religión romaine archaique de G. nica la religión rom ana entra en un
Dumézil, quien afirmó rotundam ente período de incubación cuyos perni­
que «entre Sagunto y Zam a no hay ciosos efectos se h a rá n sentir desde
crisis», otros autores como J. Scheid o comienzos del siglo II a.C.
34 Akal Historia d el M undo Antiguo

IV. Crítica y racionalismo: el siglo II

Durante el siglo II a.C., el Senado cional. Los perseguidos fueron acusa­


trató de preservar la religión oficial de dos de malas intenciones, de nocturni­
nuevas influencias extranjeras que p u­ dad, y de una licenciosa inmoralidad.
dieran causar un mayor debilitamien­ El enfrentamiento entre las Bacanales
to de la religión publica. La introduc­ y el Estado se percibe claramente en el
ción de cultos orientales y de ritos discurso del cónsul Postumio Albino
griegos durante la segunda guerra pú ­ en el que las nocturnas reuniones de
nica, parecían justificar esta decisión. las bacantes en el bosque de Stimula
Varias medidas demuestran esta ac­ son contrapuestas a las diurnas asam­
titud senatorial. En primer lugar, cro­ bleas del pueblo romano y el orgiásti­
nológicamente, la conocida represión co culto báquico al ordenado culto ro­
de las Bacanales del 186 a.C. Los suce­ mano. Consideraba en fin este magis­
sos son bien conocidos gracias no sólo trado que «nunca atacó a la Repúbli­
al relato de Livio (XXXIX, 8-19) sino ca azote más terrible y contagioso».
al senado-consulto (CIL 1,2,581) que El resultado de la represión conclu­
puso fin al asunto. El Senado hizo ce­ yó con un trágico balance: de los siete
sar enérgicamente el culto secreto de mil «conjurados» la mayor parte fue­
Baco que respondía a necesidades casi ron ajusticiados sin que los condena­
idénticas a las que el dionisismo había dos pudiesen recurrir la provocado y
despertado en Grecia: el gusto por las ningún tribuno osara defenderles; los
experiencias místicas, tan alejadas de lugares del culto fueron arrasados y se
los cultos oficiales de la ciudad, el de­ permitió que los cultos báquicos fue­
seo de garantizar el Más Allá una vez ran celebrados sólo bajo rígidas condi­
superada la iniciación, una nueva es­ ciones, como solicitarlo previamente
piritualidad, en fin. que d ab a res­ al pretor urbano.
p u e s ta al d e s t i n o i n d i v id u a l del Aunque algunos autores han seña­
hombre. lado motivos políticos en esta repre­
El Estado romano creyó ver en las sión —los bacantes podían servir de
reuniones de estos adeptos un princi­ cuadro a la revuelta de los itálicos
pio de peligro para la seguridad de la contra R o m a— parece más probable
nación tratándolas como insurreccio­ que estuviese m otivada por un te­
nes o complots inminentes y, desde m or religioso: las Bacanales su p o ­
luego, como un movimiento antitradi­ nían un peligro para la religión ofi­
La religión antigua rom ana 35
cial del Estado más que para el Es­ Le Gall considera el «hallazgo»
tado mismo. como una torpe tentativa de los pita­
Pocos años después se produjo el no góricos —algunos autores ap u ntan
menos célebre asunto de los libros de incluso al círculo de Escipión— que
N um a (Liv.XL,29,3-14). En el 181 fue­ trataban de que se reconociese un va­
ron descubiertos en el Janículo unos lor oficial a su sistema, como había
libros escritos en griego y latín dentro su c e d id o , p o r eje m p lo , en el 212
del sarcófago que inmediatamente se cuando los Carmina Marciana fueron
atribuyó a Numa. El Senado, por me­ conservados ju nto a los Libros Sibili­
diación del pre to r u r b a n o o rde nó nos; pero evidentemente ni las cir­
comprarlos y —como si se tratase de cu nstancias ni el co n ten id o —que
un prodigio— quemarlos públicamen­ chocaba frontalmente con la escato-
te para que no dieran motivo a especu­ logía y las interpretaciones cosmoló­
laciones religiosas. Las doctrinas que gicas de la religión pública— eran las
contenían estos libros eran, según al­ mismas.
gunos autores antiguos, de inspiración Finalmente, la vigilancia y lucha
pitagórica. Existía u na tradición que contra la superstitio constituía otro
hacía de N u m a un discípulo —au­ medio de proteger la credibilidad de
ditor— de Pitágoras pese a los siglos los dioses y los cultos patrios. Un de­
que les separan; desde entonces el pi­ creto, emitido por el praetorperegrinus
tagorismo no cesó de progresar en Ita­ en el 139 a.C., expulsaba de Roma a
lia: en el siglo III encontramos empla­ los astrólogos y hebreos. Aunque tí­
zada en el Foro la estatua de Pitágoras. midamente, am parándose en las in­
Numerosas figuras de la política o la tensas relaciones comerciales con el
literatura —como Appio Claudio, Es- oriente mediterráneo, nuevos cultos
cipión Emiliano, Catón el censor o el orientales trataban de implantarse en
propio Ennio —conocieron o practi­ la ciudad de Roma; otras como Puz-
caron esta doctrina filosófica. zoli o Pompeya disponían a fines de

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N£V£<a*r#QME SI5fV|>^!¿-éVt^V(^VAKnDe/^|wTtRí£0DEo/ífvaET^
PQVOI.TOR, a V U Q V l M r £ C /S £ V f L E V I ^ V E W r o / ^ ICOH-NtVÍ
P/?íiy(roD n e l/E WBE^íACR-av/i a.wMfLci5E-v£jr njju J
pflLVAttA^A'MAoi e>er* i5avgí)E-í£NATYos jEAflfwrMt) dvav
i E / W e R ib V i • ( À D E J £ N Í - q V £ > M - E A R E í ( O í t f / £ v r y R lo)/ j i j e N T i E M g k J c
fe H f/A»N/Eírwyj-v-^iNvoRsc i-viR£i;ATayeMViiiE<CiB VS*pi'Qyi^iBV>
V / 'Ü Í F V f NEVE'tf»TE\‘ J B E IV iK e iH O V S D V o m A W ;líR J0VÍn°Vj7RlBVj
^i\,<SEV£i,CAiTNi<>Cil>£Tft'V/ÍdANi $E/yATvO¿Qv£ )EN ráN H AD VríiiV/»^
i c h ! P I v m c 's r H A IC 5 V Í1 I iWCOVfA/ryorv 10 EKOEtCATlf NEwrtvS*Tf*iNv m
^Ov^D/NV/vi-5F/VATVí?/Ol/£Je^WTMH v 7 £ l - J ( í i M T f í - / / £ T í í •
|TÜ>|T(. iMMiirn inW>m<
Reproducción del senadoconsulto del 186 a.C.
36 Akal Historia del Mundo Antiguo

este siglo de templos y altares a las di­ sadas de haber roto el voto de casti­
vinidades egipcias. dad. Fue tal, como dice Bayet, la a n ­
Pero también el celo y la rapidez en gustia religiosa de la ejecución, que
las expiaciones de prodigios y porten­ una purificación pareció necesaria; el
tos podía ser un valioso medio para Senado procedió a lo dictado por los
asegurar la pax deorum y fortalecer la Libros Sibilinos: un sacrificio h u m a ­
religión estatal. El siglo II, particular­ no —el de los griegos y dos galos—
mente su segunda mitad, fue extre­ expiación a la que no se recurría des­
m adam ente difícil para Roma tanto de los tiempos de la segunda guerra
en el ámbito exterior como en el inte­ púnica.
rior. La derrota, en el año 119, del go­ En esta tarea el Senado se valió de
bernador rom ano de Macedonia ante un sacerdocio no oficial: el de los ha-
la tribu gálica de los escordiscos y la rúspides. La presencia de un sacerdo­
de Cneo C arbón en Noreia ante las cio extranjero, etrusco en este caso,
bandas de cimbrios, desataron una para participar en la interpretación y
ola de terror popular en Roma que se expiación de los prodigios, constituye
proyectó sobre la política interna. un caso único. Cabe una doble expli­
Posteriorm ente se abrie ro n nuevas cación: en prim er lugar, los romanos
agitaciones y mayores temores cu a n ­ estaban impresionados por el elabo­
do, a partir del 110, Jugurta obtuvo re­ rado cuerpo de técnicas adivinatorias
sonantes triunfos frente a los ejércitos etruscas y, en segundo lugar, los ha-
romanos y Q. Servilio Cepión, junto a rúspides eran miembros de familias
M anlio Máximo, sufrió en los alrede­ aristocráticas, de la oligarquía local,
dores de Arausio un grave revés fren­ lo que facilitaba su entendim iento
te a los germanos que dejaba a la Ga- con la política senatorial. Aunque su
lia y a la propia Italia expuesta al presencia a título individual en Roma
enemigo. El seis de octubre, fecha de es muy antigua —la mayor parte de
la derrota de Cepión, fue inscrito en los estudiosos la remontan a los tiem­
el calendario como dies ater. El siglo pos de los Tarquinios— los harúspi-
no concluyó sin que surgiese una ces como colectivo se presentan sólo
nueva rebelión de esclavos en Sicilia, cuando hacia el 280 o 270 distintos
y Catulo. colega de Mario, fuese obli­ foedera permiten unas relaciones p a ­
gado p o r los c im b rio s a retirarse cíficas con las ciudades etruscas, ce­
de la línea del Po a b a n d o n an d o la rrando un largo período de hostilida­
G alia trasp a d an a al saqueo de los des que im p id ió el acceso de los
invasores. enemigos a la política y la religión
Al margen de los desastres milita­ romanas.
res hay que recordar algunos hechos Pero será fundam entalm ente a par­
no menos graves: el incendio, en el tir de la segunda guerra púnica, desde
año 111, del templo de la Magna Ma- co m ien zo s del siglo II, cu a n d o se
ter, las graves inundaciones, en el 108, haga manifiesta la influencia de este
que supusieron cuantiosas pérdidas cuerpo sacerdotal. Lo demuestran no
hum anas, la continua subida del pre­ sólo sus frecuentes intervenciones
cio del trigo, etc. para interpretar y expiar los prodigios
El Senado y los sacerdotes rom a­ —p articularm ente los relacionados
nos extremaron las medidas expiato­ co n los ra y o s — sino u n s e n a d o -
rias tras la aparición de prodigios. Se consulto de esta época citado por Ci­
intensificó, durante estos años, la cos­ cerón en su De divincitione (I, 92), en el
tumbre nunca olvidada de observar cual se prescribía que en cada uno de
los prodigios y aplicar las correspon­ los doce pueblos de la confederación
dientes procuwtiones. En el 114-113 se etrusca las familias nobles debían
sentenció a muerte a tres vestales acu­ consignar al Estado rom ano seis de
La religión rom ana antigua 37
38 Akal Historia del Mundo Antiguo

sus hijos para realizar estudios reli­ esta máscara de cera coloreada y re­
giosos. Como dice Heurgon, con esta vestido de los ornamentos de la m a­
iniciativa era organizada oficialmen­ gistratura más elevada que había de­
te la enseñanza de la Disciplina etrus- s em peñado el difunto, le hacía así
ca bajo la protección del Senado, que revivir.
m anifestaba así su interés por una Este cortejo podía ser, en ocasio­
ciencia a la que Rom a recurrirá hasta nes, muy numeroso. Conocemos, ya
la caída del Im perio de Occidente. en el siglo I a.C., el de Sila (Serw.cid
Junto a los decemviros, el colegio de y4é77.VI,861), en el que la púrpura de
los harúspices —aun no pertenecien­ las togas de los censores y de los m a n ­
do n u n ca a los quattor amplissim a tos bordados de oro de los triunfado­
collegia— se perfilará cada vez más res se mezclaba con el blanco de las
como un instrumento del Senado in­ praetextas de los consulares, pretores
cidiendo de m anera muy considera­ y ediles; o el de Junia Tertia, viuda de
ble en el juego político. Cassio, muerta bajo el reinado de Ti­
berio en el que las imágenes de veinte
casas nobles figuraban en la ceremo­
1. La concepción religiosa nia fúnebre (Y'ácAnn. 111,76).
Esta m u ltitu d de « an tep asados»
de la nobilitas que recorría la ciudad precediendo el
A lo largo de este siglo, la aristocra­ cuerpo del muerto se detenía final­
cia tendió a disfrutar de la religión mente en los Rostra; allí, según su
como un instrumento para garantizar rango, se sentaban en sus sillas c u m ­
y consolidar su prestigio social. Una ies para oir la laudatiofunebris. Imagi­
de las distinciones más importantes nemos el efecto de este ritual, acom ­
de quienes habían desempeñado las p a ñ a d o a d e m á s p o r el fu n u s t r a ­
magistraturas supremas dentro de la dicional (músicos y plañideras), so­
nobilitas era el ius imaginum, el dere­ bre el resto de la población: «¿a quién
cho de cum plir ciertos ritos funera­ no espolearía, se pregunta Polibio
rios y de m antener así viva en la me­ (VI,53), ver este co n ju n to de im á ­
moria de los rom anos la gloria de genes y hom bre glorificados por su
aquél que conciud adanos y Júpiter valor, que parecen más vivas y an i­
habían investido de una magistratura madas?».
superior. El ius imaginum o los ludi fúnebres
A su muerte, el titular del imperium —como los que se celebraron durante
era en g alanado con sus ornamenta los funerales de L. Emilio Paulo en el
magistral ia p la s m á n d o s e su rostro año 160— no eran sino unos de los
—antes de proceder a su incineración muchos signos externos que diferen­
o inhum ación— sobre un molde de ciaban a la nobilitas incluso del resto
cera. Esta imagen era situada sobre el de las clases acom o dad as. Acorde
muro del atrium y bajo ella se inscri­ con su alto rango social, disponían de
bían en fórmulas breves su titulus. vestidos y calzados especiales, asien­
C uando una familia tenía varias im á­ tos reservados en el teatro, etc., sien­
genes expuestas, las bandeletas —stem- do la o stentación de la riqueza el
m ata— recorrían de un título y de modo de m ostrar públicamente su
un retrato a otro constituyendo un rango social, la dignitas. Este lujo no
verdadero árbol genealógico. Otra se entendería sin la conquista, a lo
imagen era situada en un armario re­ largo del siglo II, del Oriente helenís­
servado al efecto y sacada de ciertas tico —Grecia y Macedonia fueron re­
fiestas en las que se les rendía culto o ducidas a provincias en el 146— que
cuando un miembro de la gens moría. transformó la vida social y económi­
En los funerales un m im o llevaba ca de Roma: la afluencia de riquezas
La religión rom ana antigua 39
contribuyó ind u d ab lem en te a q u e­ Los bacanales del año 186 a. C.
brar la unidad moral entre las clases «Todos los iniciados culpables de prostitu­
altas y la plebe. ción y de muerte, de testimonios falsos, de
Sin embargo, el pensamiento reli­ firm as falsificadas, de testamentos su­
gioso de la clase dom inante distaba puestos, o de cualquier otro delito igual­
mucho de ser homogéneo. J. Scheid mente deshonroso, fueron decapitados. El
ha advertido cómo en el siglo II se número de los condenados a muerte fue
produjo una ruptura dentro de ésta mayor que el de presos; en las dos clases
hubo muchos hombres y mujeres. Entre­
entre los partidarios de una absoluta
gaban las mujeres condenadas a sus pa­
fidelidad a las tradiciones y aquéllos rientes o a aquellos en cuyo poder esta­
que sostenían la necesidad de reacti­ ban, para que las hiciesen ejecutar en se­
var y replantear la religión en base a creto; si nadie podía encargarse de su su­
las «modernas» categorías filosóficas plicio, se las ejecutaba públicamente. En­
im p o rta d a s f u n d a m e n t a l m e n t e de cargóse enseguida a los cónsules que se
Grecia. ocupasen en destruir primeramente las
M. Porcio Catón (234-149) suele ser Bacanales en Roma y después en toda Ita­
considerado como la figura más so­ lia, y que no respetaran más que los alta­
res y estatuas dedicados desde antiguo a
bresaliente de la primera tendencia. Baco. Por un "senatus-consulto" se dispu­
Su obra De Re Rustica, en la que reco­ so que en adelante no habría Bacanales
m endaba al intendente rural cumplir en Roma ni en Italia; que si alguno estaba
los ritos romanos y mantenerse aleja­ convencido de la importancia y necesidad
do de formas religiosas extranjeras, de aquellos misterios, si no creía poder ex­
basta para captar su apego a los cul­ cusarse de celebrarlos sin experimentar
tos y creencias tradicionales. escrúpulos y temer desgracias, lo declara­
Frente a hom bres como Catón, se ría al pretor que lo pondría en conocimien­
to del Senado; y si cien senadores, por lo
alza u n a nueva élite im p e ria lis ta
menos, le concedían autorización, podría
creada a partir de la segunda guerra celebrar la ceremonia en presencia de cin­
púnica que gravitaba en torno a los co personas, a lo sumo, sin contribuir en
Escipiones, en particular a Escipión común a los gastos y sin acudir a sacerdo­
E m ilia n o (185-125), hijo de Paulo te o sacrificador».
Emilio, nieto por adopción del Afri­ (Liv. XXXIX, 18)
cano. Desde el punto de vista religio­
so este grupo intelectual trataba de personajes de la aristocracia romana
dar un nuevo contenido al culto po­ se e x p o n ía n e n tu s ia s m á n d o s e por
niendo en entredicho el antropom or­ una cultura extranjera que como ve­
fismo y facilitando el camino de la remos fue duram ente perseguida: era
d i v i n i z a c i ó n de los n u e v o s jefes visto como renegar de la originalidad
políticos. Escritores y filosóficos crea­ del temperamento nacional. La reac­
ron en torno a Escipión un cenáculo ción nacionalista contra las influen­
de tendencia helenizante en el que cias griegas se exteriorizó de diversas
destacan griegos tan conocidos como formas; en los juegos triunfales del
el historiador Polibio o el filósofo Pa- año 167 la rudeza romana llegó al ex­
necio de Rodas, renovador del estoi­ tremo de sustituir los números musi­
cismo. Muchos romanos, parientes y cales de artistas griegos por el pugila­
amigos de los Escipiones que ocupa­ to y un teatro grosero (Ateneo XIV,4).
ban altos puestos del cursus honorum Pero nunca la actividad de este cír­
participaban en las conversaciones; culo se propuso m irar las bases de la
citemos, por ejemplo, a C. Lefio, Q. religión cívica y así vem os a sus
Fabio Emiliano o Calpurnio Pisón. miembros participar en los ritos reli­
Las letras latinas estaban representa­ giosos tradicionales.
das por Lucilio y Terencio. No pode­ La misma nobilitas inició en este si­
mos desconocer el riesgo a que estos glo un proceso que culminará en el
40 Akal Historia del Mundo Antiguo

siguiente: la utilización de la religión v entud y desarreglo de C. Valerio


como instrumento político o, dicho Flacco, sus vicios... habían determi­
en otros términos, la subordinación nado al pontífice máximo P. Licinio
de la res divina a la oportunidad polí­ a elegirle como flamen» (XXVII,8,4).
tica. En esta tendencia coincidían los A los derechos tradicionales del titu­
dos grupos enfrentados. Polibio a d ­ lar del flam onium diale, la toga prae-
mira la religio porque es u na institu­ texta y la silla curul, C. Valerio logró
ción que funciona y a la que Roma añ adir al año siguiente de su inaugu­
debe su cohesión (VI,56,6); el histo­ ración, un nuevo privilegio que había
riador griego afín al círculo de los Es- caído en desuso: un asiento en el Se­
cipiones llega incluso a p ro p o n e r nado (Liv.XXVII,8,9). En el 199 pudo
como única solución posible para en­ también superar las dificultades lega­
friar las pasiones injustas de la masa, les para su elección como edil curul:
«contenerla con el miedo de cosas privado por su calidad de flam en de
desconocidas». Júpiter del derecho de iurare in leges
Años más tarde Q. Mucio Scevola, —prestar juram en to era una de las
al que Scheid considera perteneciente m uchas prohibiciones que pesaban
más que ningún otro al clan de C a ­ sobre este sacerdocio—, fue autoriza­
tón, razonará de m anera muy pareci­ do a que su hermano, L. Valerio, lo to­
da. El pontífice distinguía tres géne­ mase en su nombre; de nada valieron
ros de tradiciones sobre los dioses: la los intentos de P. Licinio para conte­
que em ana de los poetas, la de los fi­ ner las ambiciones políticas del sa­
lósofos y la de aquéllos que dirigen la cerdote de Júpiter. No satisfecho, en
ciudad. Sólo esta última religión, ins­ el 183 fue e leg id o t a m b i é n co m o
pirada, controlada y transmitida pol­ pretor.
la clase política merece permanecer En el año 180 murió el rexsacrorum
en vigor por ser un factor de cohesión Cn.Cornelio Dolabella. El pontífice
cívica. No es, por otra parte, esta dis­ m áxim o C.Servilio G em ino designó
tinción un simple juego de ingenio: como sucesor a L.Cornelio D olabe­
obedece a la necesidad de la época de lla, obligándole a ab a n d o n a r —por
poner orden y distinguir los dioses incom patibilidad— el cargo de duun-
tradicionales, los únicos dignos de ve­ vir navalis antes de proceder a su in­
neración, de los dioses que como ve­ vestidura, a lo que aquél se negó. Ser-
remos presentan los poetas y filó­ vilio le castigó con una multa pero
sofos. Cornelio apeló al pueblo y finalm en­
te el caso fue llevado a los comicios.
Livio relata el desenlace: «H a b ía n
2. La vida política entrado ya en el recinto la mayor p ar­
y la religión te de los tribunos, y habían declarado
que el duunviro se sometería a las ór­
En sus escritos Polibio o Mucio Sce­ denes del pontífice, levantándole la
vola desarrollaron la teoría de que la multa si renunciaba a la magistratu­
religión ha de quedar subordinada a ra, cuando interrumpió un trueno la
la vida política; otros h om bres de sesión. Escrúpulos religiosos impidie­
aquella época se encargaron de lle­ ron entonces al pontífice investir a
varla a la práctica. Delabella y lo sustituyó con P. Clelio
Casos como el de C. Valerio Flacco Sículo» (Liv.XL,42,8 ss.).
no fueron excepcionales. Este perso­ Es evidente que, como señala Le
naje fue nom brado a la fuerza flam en Gall, el interés individual prevalece
dialis en el 209 por el pontífice Máxi­ en este caso, sobre la pietas; Cornelio
mo, en circunstancias muy especia­ Delabella, m iem bro de la nobleza, no
les, según narra Livio: «La ociosa j u ­ desea ser excluido del cursus honorum
La religión rom ana antigua 41
y, pese a la voluntad colectiva m ani­ quetes sagrados —epula— para des­
festada en la asamblea, logra invali­ cargar de esta obligación a los pontí­
dar la sentencia am parándose en lo fices de quienes, sin embargo, de­
que en el lenguaje religioso se deno­ pendieron siempre.
m in a b a un vitium, es decir, en un A mediados de siglo se reguló la ob-
ornen desfavorable. C on cierta fre­ nuntatio, operación que podía sus­
cuencia, pues, los miembros de la oli­ pender, invocando auspicios desfavo­
garquía senatorial se opusieron a las rables, u n a a c c ió n que a p a r e n t e ­
exigencias de la religión. mente parecía autorizada po r los dio­
De conflictos como éste se deduce ses, por ejemplo, u n a asamblea. La
ta m b ié n que el p o n tífice m áxim o obnuntatio era un a rm a poderosa:
—incluso de origen plebeyo como de­ quien tuviese esta prerrogativa podía,
mostró Richard— ganó considerable­ mediante la observación de los signos
mente en autoridad, desde mediados divinos, paralizar cualquier acción.
del siglo III, frente a los flámines Las leges Aelia et Fufia, apro bad as
—maiores y minores— y el rex sacrorum, probablemente en el año 150, am plia­
tratando de limitarlos al dominio re­ ron este derecho reservado en origen
ligioso. No debe extrañarnos, por tan­ a los augures, a magistrados y tribu­
to, que en el año 196 fuese creado el nos para ser utilizado en los comicios
colegio de los epulones que se hizo centurianos y tributos. El fondo polí­
cargo, fundamentalmente, de los b an ­ tico de esta ley religiosa explica que

Templo de Portunus.
42 Akal Historia del Mundo Antic

años más tarde fuera considerada por Pero aún existieron, al menos, otros
Cicerón (Pis.9) como una protección dos factores que influyeron en la pér­
contra los tribunos «demagogos». dida del prestigio de la religión oficial
Esta ley anuncia una época —la de y a la larga modificaron su estructura
los G raco — en que la oligarquía se­ sin que fuera —y esto es lo grave—
natorial utilizaba abiertamente la re­ reemplazada po r otras nuevas.
ligión para luchar contra los políticos La producción literaria de la época
populares. F un dam entalm en te se ser­ despertó en buena parte de la socie­
virá del prodigio, interpretado por los dad la duda. El teatro de Plauto y Te-
decemviri y los harúspides a conve­ rencio, que presentan a un Júpiter
niencia suya. amoroso o a un Mercurio entrometi­
En el 121, en el mom ento culmi­ do, y sobre todo las obras de Ennio
nante del combate entablado por C. contribuyeron decisivamente a ello.
Graco contra los optimates, éstos di­ Ennio (239-169) procedía de la re­
fundieron entre la multitud romana gión de Tarento y, tras la segunda
el rum or de prodigios que cond en a­ guerra púnica se instaló en Roma, en ­
ban, según ellos, la obra de su enem i­ ta b la n d o am istad con los grandes
go: Cayo Papirio C arbón, tribuno en personajes de la época como Catón o
el año 121, traic io n a n d o a Cayo y Escipión. De su producción literaria,
aliado con el partido oligárquico, ha­ que podemos considerar la más im ­
cer llegar a Roma la noticia de graves portante de la primera mitad del si­
prodigios observados cuando Graco glo, se h an conservado fragmentos en
establecía sobre la antigua Cartago la los que se percibe su ataque a la reli­
colonia de Junonia, proyecto al que gió de la antigua Roma. Epicharmus,
por su popularidad se había opuesto o b r a de i n s p i r a c i ó n p i t a g ó r i c a ,
repetidamente el partido senatorial. se abría con una exposición sobre el
Afirmaba C arbón que una violenta origen del Universo. Otro de sus tra­
borrasca dispersó las entrañas de las bajos más conocidos, Evhemerus, n a ­
víctimas sacrificadas, y los cipos que rra con ribetes de parodia la historia
servían de límite a la nueva colonia y la genealogía de los héroes y dioses
fueron arrancados por lobos. que descienden de un primitivo rey:
Lo que R. Bloch llama la «explota­ «Y esto lo m aquinó tan astutamente
ción política del terror religioso» no que logró que sus huéspedes h on ra­
se hizo esperar: las cartas de Carbón ran su nom bre con honores divinos,
fueron leídas ante el Senado desen­ formando de este modo un culto reli­
cadenándose pronto contra C. Graco gioso a su persona. C om placiánle,
un clima adverso que culm inará con pues, llegando a celebrar ritos y fies­
su asesinato. A partir de entonces y a tas en su nom bre todos los años... De
lo largo del siglo I a.C., el prodigio esta m anera Júpiter extendió por todo
será el arm a religiosa preferida en las el orbe de la tierra el culto a su reli­
luchas políticas y los harúspices sus gión y dio e jem p lo a los d em ás»
intérpretes favoritos. (fr.64-76).
En opinión de algunos autores E n ­
nio se adhirió a las teorías de Epicuro
3. La helenización contra la teodicia al proclam ar la in­
de la cultura justicia de la providencia divina: «Yo
siempre dije y diré que existe en el
E sta c o n c e p c i ó n de la relig ión cielo u na raza de dioses, pero pienso
como un «útil anim al (Je tiro que po ­ que éstos no se preocupan de lo que
día mover el carro de la política», haga el género hum ano; pues si se
contribuyó a dism inuir el respeto por preocuparan, el bien sería para los
el culto y sus ceremonias. buenos y el mal para los malos, lo
La religión rom ana antigua 43

que en m anera alguna sucede» {Tel. fuerza. Eran sistemas monoteístas o


fr.149). panteistas pero no politeístas y por
Tam bién atacó con dureza a los tanto todos ellos contrarios a la tradi­
adivinos —tan en boga en este siglo— ción rom an a del mos maiorum. No
«que sin saber cam in ar por sí mis­ sorprende, por tanto, que el Senado
mos, m uestran el ca m in o a otros» haya tratado inicialmente de perse­
(7<?/.fr.l50). Al difundirse los poemas guir estas corrientes intelectuales: en
y las tragedias de Ennio, es indudable el 173 a.C., fueron expulsados dos fi­
que las creencias de su público co­ lósofos estoicos, hecho que se repitió
m e n z a b a n a ser in v a d id a s p o r la en el 161 con otros filósofos y rétores.
duda. Pero tam bién la retórica y la fi­ ‘En el año 155 se produjo un inci­
losofía contribyeron no poco a un dente bien conocido: los atenienses
mayor racionalismo, m inando las b a­ enviaron en em bajada a Rom a a tres
ses de la religión tradicional. Ambas miembros de las escuelas filosóficas
com enzaban a formar parte de la cul­ más representativas (GelJVA VI, 14,8):
tura de entonces: la retórica respon­ el académ ico Carnéades, el estoico
día perfectamente a las necesidades Diógenes y el peripatético Critolaos,
de la vida política romana, aunque que p r o n u n c i a r o n d iscu rso s m uy
existía un recelo a que fuese explica­ bien acogidos por el público romano.
da por griegos. De los sistemas filosó­ Carnéades hizo un brillante elogio de
ficos griegos, la doctrina de la Acade­ la justicia como fundam ento de las
mia, el estoicismo y el epicureismo ciudades y las leyes, concluyendo que
irru m p ie r o n en R o m a con m ayor en Rom a ésta era una quimera, pues
Los libros de Numa (181 a. C.) general creencia de que Numa era discí­
«En este mismo año, ahondando mucho pulo de Pitágoras. Leyeron primero aque­
los cultivadores al pie del Janículo, en un llos libros los amigos del propietario del
campo que pertenecía al escriba L. Petilio, campo que se encontraban presentes en
encontraron dos arcas de piedra, de cerca el momento del hallazgo, pero enseguida
de ocho pies de largo por cuatro de ancho tuvieron muchos más lectores y adquirie­
y cuyas tapas estaban selladas con plomo. ron cierta publicidad. Q. Petilio, pretor ur­
En las dos arcas había inscripciones griegas bano, tuvo entonces curiosidad de leerlos,
y latinas, in d ica n d o qué contenían, la y los pidió a L. Petilio, con quien tenía ínti­
una el cuerpo de Numa Pompilio, hijo de mas relaciones, porque él era quien, du­
Pompo, rey de los romanos, y la otra los li­ rante su cuestura, le hizo ingresar en una
bros de Numa Pompilio. El propietario del curia de escribas. Cuando hubo examina­
campo mandó abrirlas después de consul­ do el conjunto de las materias, observó
tar a sus amigos. Lo que, según la inscrip­ que la mayor parte de las prescripciones
ción, debía contener el cuerpo de Numa, eran contrarias al culto establecido, y dijo
estaba vacía, sin señal alguna de restos a L. Petilio que quemaría sus libros pero
humanos ni de ninguna otra sustancia, ha­ que antes de hacerlo le permitiría emplear
biendo quedado destruido sin duda todo para reclamarlos todos los medios legales
lo que contenía por el considerable tiempo y todos los recursos que pudiese emplear,
transcurrido. En la otra había dos paquetes añadiendo que no se ofendería por ello. El
atados y revestidos de pez, conteniendo escriba se dirigió a los tribunos del pueblo
cada uno siete volúmenes, que no sólo es­ y éstos enviaron el asunto al Senado. El
taban bien conservados, sino que hasta pretor declaró que estaba dispuesto a jurar
parecían completamente nuevos. Siete vo­ que no debían leerse ni conservarse aque­
lúmenes estaban en latín y trataban del de­ llos libros, y el Senado declaró que basta­
recho de los pontífices; los otros siete, es­ ba lo ofrecido por el tribuno y que se que­
critos en griego, tenían por objeto la filo­ marían cuanto antes aquellos libros en los
sofía, tal como podía encontrarse enton­ comicios, y que a título de indemnización
ces. Añade Valerio Ancias que eran libros se pagaría al propietario la cantidad que
de la doctrina pitagórica, aserción que es señalase el pretor».
probablemente una falsedad fundada en la (Liv. XL, 29,3-14)
44 Akal Historia del Mundo Antiguo

para ser justos los rom anos debían el rígido C a tó n se vio obligado a
detener sus conquistas. Al éxito si­ aprender el griego a una avanzada
guió el escándolo y una dura reacción edad.
senatorial. De las doctrinas filosóficas conoci­
Sin embargo esta lucha del Estado das en Roma tan solo una, el epicu­
romano contra los rétores y filósofos reismo, fue duram ente castigada; al
griegos estaba lla m a d a al fracaso. aconsejar la búsqueda de la felicidad
Muchas familias rom anas siguieron individual y sustraer al hombre y al
desde comienzos de siglo la costum­ universo de la acción de los dioses,
bre de contratar los servicios de estos aparecía como un peligroso elemento
pensadores, que fueron utilizados en destructor de la religión pública.
unas ocasiones como preceptores de De la misma m anera tampoco de­
los jóvenes y, en otras, como conseje­ bemos sobreestimar el racionalismo
ros en la política; así, un o de los del siglo II que afectó fundamental-
maestros de Tiberio Graco era céle­ mente.a las altas capas sociales, muy
bre estoico Blossio de Cumas. A fines interesadas en la búsqueda de nuevos
de siglo era costumbre de las familias valores espirituales. El pueblo rom a­
más pudientes enviar a sus hijos a no permaneció, en su mayor parte, te­
Grecia, especialmente a Atenas, para meroso de los dioses y, en general,
que siguieran —entre otras— las en­ apegado a las viejas ideas. Pero es evi­
señanzas de los filósofos. Es en fin dente que ya se había producido una
bien conocido el hecho de que hasta importante transformación.

Templo redondo del Foro Boario.


La religión rom ana antigua 45

V. La manipulación del culto público

El asesinato del pontifex Maximus Q. fueron profanados. Los bienes de los


Mucio Scevola en el año 82 a.C. por el dioses, de carácter sagrado, fueron con
pretor Damasippo nos sitúa en una cierta frecuencia utilizados con fines
nueva época. Entramos en una última civiles; el propio César, según dice
fase caracterizada por el profundo de­ Suetonio {Caes.LIV) fue uno de los que
sorden de la religión cívica, resentida no tuvo excesivos escrúpulos en ello.
de la inseguridad social y la angustia También los templos perdieron poco a
de las guerras civiles que dividieron a poco su carácter de refugio sacro: en
la población rom ana en dos bandos, época de Sila, el dictador ordenó dete­
por su utilización partidista y por la ner a los proscritos donde se encontra­
manipulación de su culto, lo que fo­ sen: «en casas privadas, en calles o
mentó su profundo descrédito. templos» (App.Z?C 1,95,44).
Sería largo enumerar los síntomas Muchos templos entraron, en gene­
de descomposición religioso y las m a­ ral, en una situación de abandono ma­
nifestaciones de la impiedad romana terial y cultural, no sólo en Italia sino
de este último siglo de la República: ri­ en la misma Roma. La política religio­
tos centenarios que dejan de celebrar­ sa de Augusto se caracterizará por la
se, fiestas que pierden su sentido y restauración material de numerosos
quedan como ocasión de divertimen- santuarios que se encontraban en rui­
to... Quizá sea, sin embargo, suficiente nas o muy deteriorados: «En mi sexto
examinar dos de los fundamentos de consulado —escribirá Augusto en su
la religión oficial: los templos y los testamento— de conformidad con un
sacerdocios. decreto del Senado, reedifiqué en la
Fue característico de este siglo —el ciudad ochenta y dos templos de los
de los hombres providenciales— que dioses, sin olvidar ninguno que en
los políticos o jefes militares utilizaran aquel momento pudiera necesitar ser
la dedicación de un templo para real­ reparado» {Res gestae XX,4).
zar su propia gloria individual: Luta­ La situación de los sacerdocios no
d o Catulo votó un santuario a Fortuna era mucho mejor. Los cargos sacerdo­
Huiusce Diei para conm em orar su éxito tales conferían un cierto prestigio a
en la batalla de Vercellae; Mario le­ quienes lo ejercían y a sus descendien­
vantó otro a Honos y Virtus, y Pompe- tes, particularmente en el caso de los
yo, ordenó construir un teatro-templo pontífices, que se sentaban en el Sena­
a Venus Victrix. do, y los augures, que tom aban los
Pero al mismo tiempo otros templos auspicios. Prueba de ello es que en el
46 Akal Historia del Mundo Antiguo

año 104 a.C., Cneo Domitio Aheno- 1. El condicionam iento


barbo presentó una ley —la ¡ex Do-
mitia— que otorgaba a 17 tribus el de­ religioso de las asam bleas
recho de elegir los miembros de los
cuatro colegios oficiales, si bien los Pocos h a n e s tu d ia d o con tanto
candidatos eran previamente escogi­ acierto como L. R. Taylor el condicio­
dos entre los com ponentes de cada n a n te p a p e l de la religión en las
uno. Esta ley de tendencia democráti­ asam bleas electorales y legislativas
ca fue derogada por Sila, que restable­ del último siglo de la República.
ció la cooptación (sistema que escapa­ El calendario, controlado por los
ba completamente al poder popular) y pontífices, constituía la primera limi­
nuevamente restablecida por el tribu­ tación: los días aptos para la reunión
no T. Labieno en el 63 a.C. de trib u s y c e n tu r ia s — m a rc a d o s
Las posibilidades de actuación de como C(omitiales) en el calendario—
los sacerdotes en la política, su impor­ eran sólo de 192 para todo el año y
tancia para el cursus honorum, explica aun su núm ero tendió siempre a ser
que a lo largo de estos años las eleccio­ restringido. El mes intercalar necesa­
nes de los sacerdotes se transformaran rio para totalizar los 355 días del año
en v e r d a d e r a s b a t a l l a s p o lític a s . lunar fue utilizado igualmente por los
Monimsen señaló que con la lex Domi- pontífices para alargar o reducir a
tia, los sacerdotes obtenían por prime­ conveniencia nuevos días comiciales,
ra vez el rango de semi-magistrados; la duración de las magistraturas o el
los cuatro sacerdocios oficiales conse­ desarrollo de un proceso. Cicerón
guían una posición aún más relevante siendo gobernador provincial, deseo­
en razón de la votación comicial. so de no prolongar su ausencia lejos
Por el contrario, aquellos cargos sa­ de Rom a escribía a Attico —buen
cerdotales que no contaban con el amigo de los pontífices— para que no
prestigio o la influencia en la vida po­ in terc alase —ne intercalaretur— el
lítica, entraron en una fase de profun­ mes antes de su regreso.
da decadencia —como los sociales Titii, T am bién siendo in com patible la
los arvales o los salios— e incluso de celebración de comicios durante las.
abandono, como sucedió con el flamo- festividades religiosas fue frecuente la
nium dialis que quedó vacante desde repetición de feriae —com o las la-
que su último titular, L. Cornelio Mó­ tinae— argum entándose que los ri­
rula, decidió quitarse la vida en el 87. tuales no habían sido correctamente
En los colegios sacerdotales encon­ ejecutados. De la misma manera, se
tramos la misma división que en la recurrió a la p ro lo n g a c ió n de las
política; los colegios no son homogé­ supplicationes —plegarias y sacrifi­
neos y, en ellos, como resultado de las cios solemnes por las cuales se agra­
elecciones, figuran elementos popula­ decía a los dioses la victoria— que de
res y hombres nuevos. No puede decir­ por sí eran cada vez largas: siendo
se pues, como sucediera en siglos ante­ habitual que d ura ran dos o tres días,
riores, que la clase d o m in a n te re­ en el año 45, coincidiendo con los
primiese los sentimientos del pueblo a éxitos militares de César, se prolon­
través de los sacerdocios y las magis­ garon durante 50 días. Las supplica­
traturas pues am bos partidos —op ­ tiones contribuyeron también a glori­
timates y populares— manipularon la ficar al imperator cuando éste había
religión en beneficio propio. Se trata logrado un triunfo frente al enemigo,
de una religión al servicio de los gru­ au n q u e fuera de modestas p ro p o r­
pos políticos rivales, y así parecen de­ ciones.
mostrarlo las asambleas y el uso políti­ Lo sorprendente es que hom bres
co de la adivinación. c o m o C i c e r ó n h a y a n re c o n o c id o
La religión rom ana antigua 47
a b i e r t a m e n t e tal m a n i p u l a c i ó n : ción divina. D urante la misma po­
«Léntulo es un excelente cónsul... ha dían surgir también signos —auspicia
encontrado el medio de suprimir to­ oblativa— que aconsejaban disolverla
dos los días comiciales: se repiten las o no, en función, naturalmente, de los
feriae latinae y las supplicationes no intereses de quienes los to m aban:
fa lta n . Así se o b s t a c u l i z a n leyes «...con la pretensión de que los auspi­
funestas» (ad Q.Fr.WAA-S). C uando cios eran desfavorables, Pompeyo di­
se produjo la represión de la conjura­ solvió la Asamblea cuando el pueblo
ción de Catilina (en el 63 a.C.) el Se­ se disponía a votar la elección de C a­
nado decretó supplicationes en nom ­ tón a la p r e t u r a » , d ice P lu t a r c o
bre de Cicerón (Catil. 111.6,15; X.23) (Pomp. 52).
siendo la primera vez que se celebra­ En virtud de la ley Aelia et Fufia que
ron en hono r de un civil. ya hemos mencionado, incluso un tri­
También el cónsul podía hacer caer buno podía disolver la asamblea por
en días comiciales las fiestas móviles el derecho que le confería la obnunta-
del calendario, im pidiendo así la ce­ tio; pero solían ser, más frecuente­
lebración de las asambleas para apla­ mente, los políticos optimates los que
zar una votación peligrosa, como su­ recurrían al arm a de los auspicios
cedió en el año 88 a.C. como las pro­ para detener proyectos contrarios a
puestas del tribuno Sulpicio Rufo. sus intereses: «auspicios, dice Cice­
Algunos políticos intentaron frenar rón (Leg. 111,27), p a ra que m uch as
esta m anipulación del calendario con asam bleas inútiles sean retrasadas
fines políticos. Clodio hizo pasar una por dilaciones dignas de aprobación.
ley —cuya letra quedó m uerta— que Muchas veccs los dioses inmortales
permitía reunir las asambleas en los reprimieron por medio de los auspi­
días fastos, lo que fue ordenado por cios el ímpetu injusto del pueblo».
César años más tarde. Su célebre re­ Él cónsul Bíbulo (59 a.C.) procla­
forma del calendario del año 45 debe­ m a b a c a d a m a ñ a n a la obnuntatio
mos entenderla en parte como un de­ contra su colega, César, quien a su
seo de a c a b a r con los abusos e n ­ vez tampoco le daba una excesiva im­
gendrados por el sistema intercalar, si portancia. C on ello intentaba parali­
bien p ara en ton ces las asam bleas zar toda tentativa de legislación por
e ran ya m ás sim bó licas que efec­ parte de César, puesto que ninguna
tivas. ley podía ser votada violando la vo­
O tro m edio de o b s t a c u l i z a r las luntad de los dioses. Pero el veto reli­
asambleas —y de esta forma impedir gioso no impidió a César que éste so­
las elecciones o la ap ro b a c ió n de m e t i e s e s u s p r o y e c t o s de ley al
leyes— lo constituyó la toma de aus­ pueblo.
picios. Los pontífices y augures no Junto a los m agistrados también
podían conocer el porvenir —no así los augures p o d ían invalidar, blo­
los harúspices mediante la observa­ quear o anular los comicios, una elec­
ción de exta y prodigios— pero sí sa­ ción o una ley (Cic.L<?g.II,12,31) lo
ber cuándo un acto h u m ano concor­ que explica que su autoridad se haya
daba o no con la v oluntad de los fortalecido en el ámbito de la vida po­
dioses; para conocer la voluntad de lítica en detrim ento incluso de los
Júpiter los augures o el cónsul —que pontífices. U n augur debía perm ane­
a d e m á s de im perium d is p o n ía de cer siempre en las asambleas para
auspicia— p rocedían a la tom a de asistir y si es preciso corregir al m a­
los auspicios. gistrado que la presidía. En última
Antes de celebrarse una asamblea instancia actuaban como corte supre­
era necesario observar los auspicia ma de justicia decidiendo, en base al
(impetrativci) para conocer la aproba­ ius de que disponían, la legitimidad
48 Akat Historia del Mundo Antiguo

de las leyes. Sólo, en la segunda mi­


tad del siglo I, la falta de unidad del
colegio de los augures explica que ta­
les medidas no se tom aran con asi­
duidad o fueran incumplidas.
Aunque por su utilización política
los auspicios estaban muy despresti­
giados, es cierto que el magistrado
que no los tuviera en cuenta, si rehu­
saba a someterse a la voluntad divi­
na, debía de enfrentarse a la opinión
pública. Craso perdió su popularidad
porque, en el m om ento de em prender
en el año 55 la desastrosa cam paña
contra los partos, no quiso tomar los
auspicios que, según sus adversarios,
eran contrarios a la expedición. Más
tarde, en el 53, el propio Craso perdió
la vida en la batalla de Carhae, en
Mesopotamia.
Sólo, pues, hom bres de la audacia y
popularidad de César podían perm i­
tirse estos gestos. Suetonio dice de él
que «ningún escrúpulo religioso le
hizo nunca diferir o retrasar sus pro­
yectos» (Caes., 59).

2. Adivinación y política
Los decemviri — quindecemviri desde
Sila— y los harúspices fueron tam ­
bién —más que n u n c a — utilizados
en el juego político.
Los guardianes de los Libros Sibili­
nos estuvieron presentes en b u ena
parte de los principales conflictos de
la época. El incendio, en el año 83,
del Capitolio y de los Libros Sagra­
dos, que no pudieron salvarse, no fue
un hecho trágico pues en los años si­
guientes se « re c o n s tru y e ro n » m e­
diante diversas em bajadas a ciudades
griegas e itálicas. M. Torelli no des­ Friso de los Misterios.
Detalle.
carta que d icha reorganización se
realizara bajo la influencia etrusca.
De esta forma, en los años siguientes
se puso a prueba la colección.
En el 57 a.C., la colum na de Júpiter
erigida sobre el monte Albano fue al­
canzada por un rayo; a causa de este
presagio, el Senado autorizó a los sa-
La religión rom ana antigua 49

cerdotes a consultar sus libros. Tras El oráculo coincide calculadam en­


hacerlo, forzados por un tribuno al te con la realidad del momento: Pto-
servicio de Craso, el oráculo se hizo lomeo Auletés, padre de Cleopatra, al
público: «Si el rey de Egipto pide ser expulsado de su trono había soli­
ayuda no le rehúses tu amistad, pero citado a R om a su colaboración para
no movilices u na masa de gente para recuperarlo. Varias ilustres personali­
prestarle apoyo, pues te lanzarás a dades d e s e ab an enviar un ejército
una difícil empresa y te expondrás a para ayudar a Ptolomeo; entre ellas
numerosos peligros» (Dión,39,15,2). se encontraba Léntulo Spinther, e n ­
50 Akal Historia del Mundo Antiguo

tonces g o b e rn a d o r de Cilicia, y el el sacerdocio, disponía de una fina


propio Pompeyo. Es indudable que sensibilidad para escoger el momento
los enemigos de éste último habían de lanzar el lenguaje apocalíptico de
inventado o «influido» en este orácu­ sus profecías: en el año 88 a.C., coin­
lo para impedir su intervención. cidiendo con la definitiva derrota de
Años más tarde, en los idus de m ar­ la revuelta itálica, un prodigio, el so­
zo del 44, uno de los miembros del nido de la tuba en el cielo, fue inter­
colegio de los X V viri, Lucio Aurelio pretado por los harúspices como el
Cotta, anunció que según los Libros inicio del octavo siglo etrusco; en el
Sibilinos, los partos sólo podían ser 44, tras la aparición del Iulium sidus
vencidos por un rey y que era necesa­ anunciaron el fin del noveno y último
rio dar ese título a César; si hemos de siglo, lo que sin duda favorecía la
creer a Suetonio (Caes. 80) «ésta fue la p ro p a g an d a augústea de un nuevo
causa que impulsó a los conjurados a saeculum.
acelerar sus p la n e s p a r a no verse El Senado consultó a los harúspi­
obligados a votar en favor de aque­ ces cuando deseaba actuar contra los
lla propuesta». jefes populares. Hemos visto en el ca­
La utilización partidista de esta co­ pítulo precedente la resuelta partici­
lección sagrada llegó a tal punto que pación de estos adivinos en la ca m p a­
se rompió la costumbre de pedir para ña de descrédito contra C. Graco.
su consulta autorización previa al Se­ O bsequens refiere (46) que en el año
nado: «Permanezca prohibida su lec­ 99 el tribuno de la plebe Sexto Titio
tura sin permiso del Senado, pide C i­ intentaba hacer votar una ley agraria
cerón (de ¿//V. 11,54), com o e s ta b le ­ con la oposición de parte de sus cole­
cieron nuestros mayores». gas, cuando sobrevino un prodigio:
Pero aún fue mayor en este siglo el dos cuervos se trabaron en lucha en­
protagonismo de los harúspices orga­ ca rnizada en pleno vuelo, sobre la
nizados en un colegio no oficial. La asamblea, desgarrándose m u tuam en­
necesidad no tanto de expiar un pro­ te con sus picos y uñas. Los harúspi­
digio como de descubrir en él el por­ ces interpretaron el prodigio aconse­
venir explica su prestigio. ja n d o hacer un sacrificio a Apolo y
Las respuestas (responso) de los h a ­ a b a n d o n a r el proyecto de ley pro ­
rúspices, generalmente a base de fór­ puesto.
mulas estereotipadas, fueron siempre En el año 84 les vemos, bajo el pre­
favorables a los intereses de la oligar­ texto de otro prodigio, impidiendo al
quía senatorial. Esta constituye preci­ pueblo elegir el sucesor de C inna y
samente una de las grandes diferen­ regularizar la situación de C arbón
cias con el colegio de los X V viri que como cónsul único (App.BC 1,78).
com o hem os visto, por su recluta­ El carácter conservador de sus in­
miento popular, no se puso de parte tervenciones se puso nuevamente de
de u n o s o lo de los p a r t i d o s e n ­ manifiesto en el año 65 y 63, cuando
frentados. fue descubierta la conjuración de Ca-
El reclutamiento de los harúspides tilina. En el 65 se hizo venir a los h a­
—entre las familias nobles etruscas— rúspices de diversos puntos de Etru-
y el carácter de sus responso no dejan ria para interpretar los rayos caídos
lugar a dudas: su actitud política fue en repetidas ocasiones sobre objetos
de incondicional colaboración con la sagrados del Capitolio, facilitando la
clase oligárquica. Algunos casos per­ siguiente respuesta: «Dijeron que es­
mitirán comprobarlo. ■ taban cercanas masacres e incendios
Señala Torclli que la antigua aris­ y la aniquilación de las leyes y la gue­
tocracia etrusca, de la que salieron los rra civil en el seno de la ciudad y la
escritos sacros (la Disciplina Etrusca) y ruina total de Roma y la República si
La religión rom ana antigua 51

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El calendario de Antium.

no se aplacaba a los dioses inm orta­ los peligros que entrañaba para la
les cuya intercesión, quizá, doblega­ ciudad: había que temer «que la cosa
ría las decisiones del destino» (Cic.- pública no sea lesionada por manejos
Ca//7.III19).Como la estatua de Júpi­ secretos, que hombres deteriorados y
ter había sido alcanzada también, re­ desposeídos no sean elevados a las
com endaron eregir sobre un zócalo dignidades, en fin, que no se cambie
elevado una más grande, orientada su la forma de gobierno» {de har. resp
cara hacia el oriente, es decir, hacia el 56).
Foro. Esperaban que m irando hacia Esta larga respuesta —de la que
el Foro y la Curia las maquinaciones sólo hemos extraído un fragmento—
que se tram aran contra la seguridad podía ir dirigida más o menos abier­
de la República, el Senado y el pue­ tamente, según P. Wuilleumier, a to­
blo podrían descubrirlas. dos los adversarios de los optimates: a
C u an d o dos años más tarde, en el P o m pe yo, re v estid o del im perium
63, C icerón c o m u n icó el descubri­ maius, a Clodio, agente de César re­
m iento de la co n sp iración declaró conciliado con Pompeyo, a P. Vatinio.
que la m añ an a misma en que eran Las advertencias contra toda tentati­
conducidos los conjurados a la sesión va de reem plazar la autoridad senato­
del Senado que se celebraba en el rial por el poder de uno solo coinci­
templo de Concordia, la estatua h a ­ den con las aspiraciones políticas de
bía sido puesta en su lugar. Pompeyo, pero quizá el responsum
El responsum del año 56 es, gracias fuera dictado p ara situaciones ge­
a Cicerón, el único que nos ha sido nerales.
transm itido literalmente. E n su De Lentamente la práctica de los aus­
haruspicum responsis recoge la res­ picios, tan importante en el ámbito
puesta d ada por los harúspices al Se­ político, fue siendo sustituida en el
nado rom ano con ocasión de haber ejército por la consulta de las entra­
sido oído un rum or subterráneo en el ñas por parte de los harúspices. C o ­
ager latiniensis; tras exponer las razo­ nocemos los nom bres de C. Postu-
nes del prodigio, los técnicos de la mio, haruspex de Sila o de Spurinna,
adivinación h aruspicinal señalaron el de César (que más tarde sería ele-
52 Akal Historia del Mundo Antiguo

vado al rango de gobernador) que tu­


vieron siempre la confianza de sus je ­
fes militares. T am bién las colonias
dispondrán de estos adivinos entre
sus funcionarios, y son por ello m en­
cionados en la ley de Urso.

3. La génesis del culto


imperial
La interpretación del prodigio no fue
utilizada sólo para que los políticos
se desem barazaran de sus adversa­
rios o su sp en d ieran sus proyectos:
también se apoyaron en la adivina­
ción los jefes militares, los imperato­
res, para aureolarse de u n carisma es­
pecial que les distancia así del resto
de los hombres.
Escipión el Africano, vencedor de
Aníbal, fue el prim er com andante ro­
m ano que parecía ser un semidiós o,
al menos, un favorito de los dioses,
inaugurando una ideología religiosa
por la que los diosqs m anifestaban su
benevolencia a los ciudadanos a tra­
vés de individuos que ellos mismos
elegían; los jefes militares eran, pues,
imperatores «a diis electi». Su figura
aparecía en su tiempo como la de un
hom bre inspirado y protegido por Jú ­
piter utilizando la creencia popular
para lograr sus empresas.
Pero, como advirtió R. Schilling,
R o m a no e s ta b a p r e p a r a d a p a r a
aceptar a finales del s. III este tipo de
culto, de m anera que sólo con Mario
se acentuó la nueva teología de los
imperatores. M ario fue el primer ro­
m ano que recibió honores divinos en
Roma; fueron hechas libaciones en
su honor, tras la batalla de Vercellae,
Friso de los Misterios.
que hasta entonces estaban reserva­ Detalle.
das exclusivamente a las divinidades.
Además este gran militar renovó la
ideología del triunfo que, según Ri­
chard será decisiva para la teología
de la victoria y la génesis del culto
imperial.
Su enemigo Sila fue el artífice de
una verdadera política religiosa. Des-
La religión rom ana antigua
53

de el año 87 difundió entre sus tropas una gran importancia a este cargo sa­
la opinión de que era un hombre pro­ cerdotal; durante sus campañas con­
videncial, protegido por Júpiter, A po­ tra Mitrídates en Grecia, en el año 86,
lo y Venus e inspirado y guiado en el lituus, el bastón augural, figuraba
sueños por los dioses, particularm en­ en el reverso de sus monedas de oro.
te por Fortuna. La diosa capadocia Más tarde, en el 82, monopolizó el de­
Ma-Bellona fue quien, en el año 88, le recho de los auspicios. La lex Valeria
dio la orden de m arch ar sobre Roma. le dio la posibilidad de am pliar el po-
Este dictador era augur y otorgaba m erium, cosa que no sucedía desde
54 Akal Historia del Mundo Antiguo

los tiempos de la m onarquía. Es bien Libaciones en honor de Mario


conocido el hecho de que después de «No obstante el mérito entero fue atribuido
la caída de Praeneste, Sila se otorgó el a Mario en consideración tanto de la pre­
cognomen de Félix queriendo procla­ cedente victoria como de su superioridad
m ar que era una persona con fortuna en graduación (frente a Catulo). Mas toda­
gracias a la protección divina. vía hizo la multitud que le nombró “ tercer
Pompeyo continuó la idea del im- fundador de Roma” porque había alejado
de la ciudad un peligro no inferior al de los
perator favorecido p o r los dioses. galos; y cada uno hacía fiestas en casa
Creía ser un hom bre providencial si­ con los hijos y la mujer, haciendo además
guiendo el modelo de Alejandro. En de a los dioses, ofrendas de alimentos y li­
Roma recibió el privilegio de una ce­ baciones también a Mario...».
remonia triunfal durante los juegos' (Plut. Mar. 27,8)
del circo, pero fueron fundam ental­
mente las ciudades griegas del O rien­ giosa de César se desarrolló tras la
te las que le ofrecieron honores divi­ batalla de M unda, a partir del año 45.
nos. Sin em bargo su p ru d e n cia le Recibió durante estos meses muchos
obligó a aceptar con cautela estos ho­ honores que en principio estaban re­
nores y a rechazar incluso el título servados a los dioses: su carro y sus
de dictador. estatuas fueron colocadas sobre el
Por el contrario, el carácter y la a u ­ Capitolio donde Dion Cassio, siglos
dacia de César, su espíritu innovador, más tarde, pudo leer aún la inscrip­
crearon las bases de u na nueva políti­ ción dedicada por el Senado: DIVO
ca religiosa y prepararon la diviniza­ CAESARI. La silla y la corona de oro
ción imperial. Según S. Weinstock, eran llevadas en los juegos y en el tea­
César introdujo el culto divino a su tro como la de otras divinidades; el
persona en los últimos años de su mes Quinctilis fue llamado Iulius y se
vida, anticipando todas las reformas creó en su h on or el colegio de los Lu-
de Augusto que fue, en este sentido perci Iulii. También se creó un sistema
también, continuador de su obra. de cultos formados por una personifi­
En la política religiosa de César cación divina ligada a su n om b re
suele distinguirse dos períodos. El como, por ejemplo, Clementia Caesa-
primero com enzó en el año 68 a.C. ris. Fortuna Caesaris o Victoria Caesa-
En los funerales de su tía Julia, viuda ris, divinidades que fueron también
de Mario, César pronunció el elogio adoptadas por Augusto.
fúnebre, afirmando: «El linaje de mi Se discute, pues, si César era en
tía Julia por el lado materno descien­ vida considerado ya como un dios.
de de reyes y por el paterno está vin­ Suetonio y Cicerón señalan que el
culado a los dioses inmortales; pues dictador recibió antes de su muerte
de Anco Marcio proceden los Mcircii un fla m en , cargo que fue ocupado por
Reges cuyo nom bre llevaba su madre, Marco Antonio, pero las fuentes no
y de Venus los Julios de cuya estirpe son unánim es en este sentido. El cul­
fo rm a p a r te de n u e s t r a fa m ilia » to de César, después de su muerte, fue
(Suet.Ctfétf.6,1). instituido oficialmente en el 42 a.C.
César creó así el culto de Venus Ge- por los triunviros, aunque ya tras los
netrix, a quien dedicó un templo en el idus de m arzo la plebe le adoraba
46 a.C., asimilado pronto a Venus Vic- como a un dios. Si fue su deseo insti­
trix, venerada ya por Sila y Pompeyo. tuir en vida un culto divino a su per­
Antes de iniciarse la batalla de Farsa- sona, com o sostiene Weinstock, es
lia, siendo césar desde» el 63 pontífice algo discutible, pero lo cierto es que
máximo, dio como señal de orden a su política religiosa preparó el culto
sus tropas Venus Victríx! imperial que fue realizado por Au­
La segunda fase de la política reli- gusto con gran prudencia.
La religión rom ana antigua 55
No lo es menos, que la dictadura de Tan sólo sus fiestas públicas de abril,
César logró poner cierto orden en la las Megalensia y la procesión oficial
anarquía que había invadido, con la con ocasión del baño ritual del ídolo
política, a la religión. Trató de contro­ en el Almo, ponían a la población ro­
lar la religión como jefe supremo de m ana en contacto directo con la dio­
la misma: pontífice máximo y augur, sa. Bayet percibe en la literatura de
al tiempo, los símbolos de ambos co­ mediados de este siglo una atracción
legios fueron acuñados en sus m one­ obsesiva por su culto, un deseo de
das mostrando así la importancia de atravesar el misterio de las ceremo­
la religión oficial en la reorganiza­ nias del templo cuyo tumulto musical
ción del Estado. llegaba al exterior.
Las divinidades egipcias venidas
4. Las nuevas religiones de Alejandría, como Isis y Serapis,
irrumpieron tam bién con fuerza. Isis
La descomposición del patrim onio se ha transformado en una diosa de
religioso y el debilitamiento de los la­ salvación, con sus propios ritos mis­
zos c o m u n ita rio s , fa vo reciero n la téricos que remontan, como tales, a la
creación de nuevas asociaciones reli­ época de Ptolomeo I. Constituye un
giosas que tenían como protectores a claro ejemplo de una nueva institu­
dioses extranjeros. Era natural que ción religiosa que sale al encuentro
esta situación beneficiase la im plan­ de las e x i g e n c i a s de los n u ev o s
tación de religiones minorasiáticas o tiempos.
egipcias. De su fuerza dan idea los altares le­
El proceso, como hemos visto, re­ vantados en el Capitolio, por tanto
m onta a los últimos años del siglo II: dentro del pom erium . La devoción
soldados y traficantes las seguían y privada hacia estos dioses de origen
practicaban bien en sus países de ori­ egipcio, conocidos desde el siglo a n ­
gen, bien en Délos y Sicilia donde ya terior en la C am pania, se explica por
eran conocidas. También los grandes muchas razones. Era inevitable que
puertos de Italia, P uzzoli y Ostia, una religión y unas creencias extendi­
co n ta b a n desde entonces con m u ­ das por todo el m undo mediterráneo
ch os seg u id o re s de las religiones penetrasen tam bién en Roma, la ciu­
orientales. dad más cosmopolita del occidente.
La d if u s ió n de esto s c u lto s en Los ritos de Isis eran más emotivos
Roma, siempre a título privado, re­ que los de la religión nacional rom a­
m onta sólo a los tiempos de Sila; las na: los fieles participaban en ellos, di­
legiones de Sila que, en Asia M enor rigían sus plegarias a la diosa y espe­
se vincularon al culto de la diosa Má raban una vida en el Más-Allá.
de Capadocia, contribuyeron a la asi­
milación de ésta con Bellona, una a n ­ Sila y Má-Belona
tigua divinidad latina de la guerra; en «Se narra que a Sila se le apareció en sue­
ños una diosa venerada por los romanos,
el año 48 se elevó un templo a esta
los cuales la conocieron de los capado-
nueva divinidad. Según Bayet sus de­
dos, y que podría ser la Luna o Atenea o
votos fueron probablem ente autori­ Enio. A Sila le pareció que se pusiera a su
zados desde entonces a realizar sus lado y le entregara en la mano un rayo, or­
exhibiciones en público unidos a las denándole castigar a sus enemigos; des­
procesiones de la G ra n Madre con la pués les nombró uno por uno y de mano
que M á estaba estrecham ente em ­ en mano castigados por Sila, caían a tierra,
parentada. desapareciendo. La visión dio valor al ge­
Cibeles, siglo y medio después de neral. La narró al colega y al despuntar el
su asentamiento, seguía sin mezclar­ día se puso en marcha hacia Roma».
se en la vida religiosa de la ciudad. Plut. Syll. 9,5-7
56 Akal Historia del Mundo Antiguo

El Senado reaccionó contra estos y como tales podían d añ a r seriamen­


nuevos cultos sin gran firmeza y qui­ te el culto nacional. Pero a los escrú­
zá algo tardíamente. La primera pro­ pulos religiosos se sum aron también
hibición de partic ip a ció n d ata del motivos políticos: Octavio, en su pro­
año 58, pero hubo de ser renovada en paganda contra Antonio, dueño de
el 53, en el 50 y en el 48. Ordenó la Egipto, denunció como enemigas de
destrucción de los altares dentro del Roma a las divinidades del Nilo pro­
pomerium, pero los fieles los recons­ hibiendo la construcción de altares o
truyeron inmediatamente. capillas en su honor.
A dem ás algunos políticos com o ¿Qué es, entonces, lo que quedaba
por ejemplo César, no eran insensi­ de la religión nacional? En el siglo I
bles a los cultos isiacos: los triunviros a.C., Varrón y Cicerón defendieron
autorizaron en el 43 la construcción las a n t i g u a s t r a d i c io n e s , a u n q u e
de un templo oficial a Isis. También apartándose ya de las rígidas postu­
ciertos filósofos rom anos considera­ ras de un Mucio Scevola.
ron que aquella religión ofrecía el Varrón (116-27 a.C.) fue un escritor
atractivo de estar basada en una ver­ polifacético: historiador, filósofo, gra­
dad revelada y de reunir, por consi­ mático, jurista, agrónomo, poeta satí­
guiente, las especulaciones sobre lo rico. Su vocación de gramático y anti­
divino, in s e p a r a b le s de toda filo­ cuario se puso de manifiesto en la
sofía. escuela de L. Aelio Stilo, autor de un
Esta persecución, que se intensifi­ comentario sobre el canto de los sa­
cará sobre todo a partir del año 28, te­ lios y la ley de las XII tablas, entre
nía motivos religiosos: para el poder otras obras. Frecuentó también al vie­
político los cultos egipcios no eran jo poeta trágico Accio y siguió ense­
a u t é n t i c a relig io , s i n o superstitio ñanzas filosóficas en Atenas, entre el

La Curia,
La religión rom ana antigua 57
58 Akal Historia del Mundo Antiguo

84 y el 82; Antíoco de Ascalón, uno de ma el hom bre puede conocer a qué


los más insignes representantes de la dios invocar en cada ocasión.
Antigua Academia, influyó p rofun ­ El mismo parece h ab e r influido,
damente sobre Varrón. Sus estudios como hemos dicho, por el estoicismo
no interrumpieron nunca su trayecto­ y haber creído en un dios, alma del
ria política: tribuno de la plebe, pre­ universo, que puede ser identificado
tor, legado de Pompeyo en España con Júpiter Capitolino; los otros dio­
durante la guerra civil. ses forman parte de él o son sus virtu­
Nos quedan de su obra sólo tres li­ des. Varrón no aprobaba el sacrificio
bros del las Res Rusticae, seis libros animal, el culto a las imágenes o la
del De Lingua Latina y num erosos devoción por las divinidades alejan­
fragmentos. Pero otros autores, inclu­ drinas. Pero todas las divinidades de­
so tardíos, nos h an conservado parte ben ser respetadas incluyendo las a n ­
de las Antiquitates, de las Res divinae, tiguas, a quienes invoca en el prefacio
dedicada a César como Pontífice M á ­ de su Re Rustica: Por último se mos­
ximo, de las Hebdómadas, etc. tró defensor de la religión familiar
Así San Agustín recoge la teoría de a la que hab ía en su opinión que
Varrón en la que siguiendo el discur­ proteger en la m ism a m edida que
so de la teología tripartita de Mucio la religión p ública, co n stituy énd o­
Scevola, tra ta de p e r f e c c i o n a r l a . se por tanto en uno de los principa­
C om o los mismos nom bres podían les p artidarios del tradicionalism o
aparecer en las tres categorías —los rom ano de su época.
dioses de los poetas, los de los filóso­ Su contem poráneo Cicerón defen­
fos y políticos—, definió una teología dió tam bién las antiguas creencias,
que conviene a los poetas (fabulosa pero desde el punto de vista religioso
theologia, inventada por ellos), una su obra deja un a impresión de am b i­
teología de los filósofos, física o n atu­ güedad. C om o Varrón, recibió una
ral (naturalis theologia) y una religión rica educación: la enseñanza de M.
civil que conviene al Estado (civilis Antonio y L. Craso en el arte de la
theologia) creada artificialmente, como oratoria, la de los Mucios Scevolas en
sus instituciones políticas. jurisprudencia y la del epicúreo Fe-
Las dos últimas podían coincidir dro y el neoacadémico Filón en filo­
idealmente, pero en la práctica la reli­ sofía. Com pletó tam bién su cultura
gión pública debe al menos parte a la en Grecia y Asia (79-77) accediendo
religión de los filósofos. De esta for­ de vuelta en Rom a a los más altos
ma Varrón dio su voto de preferencia puestos del cursus honorum.
a la teología filosófica, sobre todo de El De natura deorum concluido a n ­
la escuela estoica de la que era se­ tes de la muerte de Cesar contiene
guidor. tres libros. En el primero el epicúreo
Pero fue tam bién un hom bre pro­ C. Veleyo esboza el desarrollo de las
fundamente respetuoso con las tradi­ teorías teológicas desde Tales hasta
ciones religiosas del pueblo romano; Diógenes y luego expone la de Epicu-
muchos de sus escritos trataban de ro que es rebatida por Cotta. En el li­
preservar la religión del Estado te­ bro II Q. Lucilio Balbo presenta la
miendo que los dioses pudieran pere­ teoría estoica sobre la existencia de
cer no por el ataque de los enemigos los dioses y su naturaleza. F inalm en ­
sino por la negligencia de los propios te Cicerón, a pesar de ser partidario
rom anos (civium negligentia). Así, in­ de la Academia, declara que U opi­
cluye la relación de todos los espíritus nión de Balbo le parece la más vero­
menores (indigites) en orden a que sea símil de todas.
conocida la d ivinidad que preside A esta obra siguió el De divinatione
cada situación de la vida; de esta for­ y el Defato. Aquel diálogo se desarro-
La religión rom ana antigua 59

lia entre Cicerón y su herm ano Q u in ­ Honores divinos a César


to, en la villa de Túsculo a fines del
En efecto, no sólo aceptó honores desme­
45. La obra tiene por finalidad com ­ didos... sino que incluso consintió que le
batir la superstición aneja a las prác­ confirieran otros honores que rebasaban la
ticas adivinatorias, sin perjudicar la confirieran otros honores que rebasan
religión. la condición humana: un trono de ora en la
En el libro primero, tras exponerse res, una carroza, una litera en la cabalgata
la h is to ria del a rte adiv inatorio .. con que se iniciaban los juegos del circo,
Q u in to d e fie n d e la teo ría estoica templos, aras, estatuas junto a los dioses,
afirmando que es preciso atenerse a un lecho sagrado, un flamen propio, una
congregación de sacerdotes, un mes de­
los numerosos hechos de experiencia
signado con su nombre; en una palabra,
que atestiguan en favor de aquélla. no hubo ningún honor que él no aceptra o
Cicerón, en el libro II, formula críti­ que no otorgara a su capricho».
cas a las teorías sostenidas por su
Suet. Caes. 76
hermano.
El De Foto, sirve de complemento
con el anterior al De natura deorum y providencia divina; rechaza el des­
consiste en un diálogo entre Cicerón tino y la adivinación que defendían,
y el cónsul Hircio; como el interlocu­ en general, los estoicos consideran­
tor carecía de cultura filosófica, el au ­ do la segunda como una manifesta­
tor tenía que exponer la teoría estoica ción de la superstición que él desea
fato omnia fiunt. Cicerón, interesado ver arrancada de la religión.
en el problema de la libertad se mues­ Por el contrario, defiende aquella
tra en él convencido de la existencia forma de religión vinculada al cono­
del libre albedrío del hombre. cimiento de la naturaleza y, por moti­
Resulta, pues, difícil determ inar en vos político-sociales, el conjunto de
forma precisa el pensamiento de C i­ los ritos y cultos que sobre los dioses
cerón sobre la cuestión religiosa. Al ha impuesto la tradición de los ante­
final del De natura deorum declara pasados; desea, por último, en cuanto
que la teología estoica le parece más a la mitología, purificar la religión de
probable que el agnosticismo de Cot­ las invenciones de los poetas, indig­
ia —m iembro de la Nueva Academia, nas de la naturaleza de los dioses.
a la que él mismo se adhiere—. Quizá La religión y el culto oficiales en­
esta ambigüedad se explique al ser a contraron, pues, en Varrón y Cicerón
un mismo tiempo augur —en su De dos defensores de gran altura; pero lo
República se m uestra partidario de hicieron sin la rigidez de posturas y la
fortalecer la auguratio— pero, tam ­ intransigencia de los adversarios del
bién com o h em o s c o m p ro b a d o , círculo de los Escipiones, adaptándo­
filosófico. se a las nuevas exigencias.
Cicerón, como es general en los fi­ M uchos autores han insistido en
lósofos. habla tanto de Dios como de que la mayor parte de la población
los dioses, pero no se preocupa por ro m an a siguió creyendo, pese a la
conciliar la u nidad del primero —que descomposición de la religión oficial
él adm ite— con la multiplicidad de y las nuevas formas religiosas, en los
los segundos. Concibe a la divinidad valores de los dioses, permaneciendo
como una inteligencia libre y separa­ fieles en sus convicciones. Q uizá
da de toda concreción mortal, pero haya sido así en el ám bito de las
no está seguro de que sea espirituali­ prácticas de culto y la devoción priva­
dad pura, pues acepta que puede con­ das. Porque en el ámbito público es
sistir en aire o fuego, aunque distintos difícil creer q u e m a n tu v ie ra n sus
de los terrestres. creencias conociendo quiénes y con
Asigna gran valor a la tesis de la qué fines ejecutaban los ritos.
60 A kal Historia del M undo Antiguo

Cronología

Antes a.C. Acontecimientos


509 Fundación de la República.
Templo de Júpiter Capitolino.
N om bram iento del primer rex sacrorum?

497 . Templo de Saturno.

493 Templo de Ceres, Liber, Libera.

484 Templo de Castor.

451/0 Ley de las XII tablas.

431 Templo de Apolo.

392 Templo de Juno Regina en Aventino.

390 Destrucción de Roma por los galos.

367 Leyes Liciniae-Sextiae.


Ingreso de plebeyos en el colegio de los X viri.
Templo de la Concordia.

312 Appio Claudio, censor.


Nacionalización del Ara Maxima.

304 Ius Flavianum.


Lex Papiria.

300 Lex Ogulnia de auguribus et pontificibus.

291 Templo de Esculapio.


La religión rom ana antigua 61
264 Com ienzo de la I Guerra Púnica
Primer espectáculo de gladiadores en Roma.

249 Introducción del culto de Dis y Proserpina en Roma.

218 Comienzo de la II Guerra Púnica.

215 Templo de Venus Erycina in Capitolio.

212 Introducción de los ludi Apollinares.

204 Introducción del culto de Cibeles.

196 Lex Licinia de III viris epulonibus creandis.

191 Templo de la Magna Mater.

186 Senatus consultus de Baechanalibus.

181 Escándalo de los «libros de Numa».

173 Expulsión de dos filósofos epicúreos de Roma.

161 Lex Fannia, sobre el lujo.


Nueva expulsión de filósofos griegos.

150 Leges Aelia et Fufia.

103 Lex Domitia de sacerdotiis

89 Q. M u d o Scaevola, pontifex Maximus.

87 Suicidio del rex sacrorum Cornelio Merula.

82 Asesinato de Q. Mucio Scevola.


Lex Cornelia de sacerdotiis.

81-79 Dictadura de Sila.

63 Lex Atia de sacerdotiis.


Cicerón, cónsul: conjuración de Catilina.

47 Varrón publica las Antiquitates rerum humanarum et divi-


narum.

46 Lex Iulia de .sacerdotiis.


Templo de Venus Genetrix.
César, dictador.

45-44 Cicerón publica el De natura deorum y el De dmnatione.

44 Asesinato de César.
62 Akal Historia del Mundo Antiguo

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Mac Bain, B.: Prodigy and expiation: study mer, ,M unich, 1912.
,
Esta historia obra de un equipo de cuarenta profesores de va­
f im m ,
rias universidades españolas pretende ofrecer el último estado
,
de las investigaciones y, a la vez ser accesible a lectores de di­
HISTORIA versos niveles culturales. Una cuidada selección de textos de au­
, ,
tores antiguos mapas, ilustraciones cuadros cronológicos y
orientaciones bibliográficas hacen que cada libro se presente con
°^MVNDO ,
un doble valor de modo que puede funcionar como un capítulo
del conjunto más amplio en el que está inserto o bien como una
ANTÎGVO monografía. Cada texto ha sido redactado por. el especialista del
tema, lo que asegura la calidad científica del proyecto.

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