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com/lacontra/20170327/421220248157/la-base-de-un-cerebro-sano-es-la-bondad-y-se-puede-
entrenar.html

Entrevista de Ima Sanchís, La Vanguardia (Barcelona) 27 marzo 2017

Richard Davidson
(doctor en Neuropsicología, investigador en neurociencia afectiva)

“LA BASE DE UN CEREBRO SANO ES LA BONDAD, Y


SE PUEDE ENTRENAR”

Foto de Xavier Gómez

Nací en Nueva York y vivo en Madison (Wisconsin), donde soy profesor de Psicología y
Psiquiatría en la universidad. La política debe basarse en lo que nos une, sólo así podremos
reducir el sufrimiento en el mundo. Creo en la amabilidad, en la ternura y en la bondad, pero
debemos entrenarnos en ello.

CIENCIA Y AMABILIDAD. Su investigación se centra en las bases neuronales de la


emoción y los métodos para promover desde la ciencia el florecimiento humano, incluyendo la
meditación y las prácticas contemplativas. Fundó y preside el Centro de Investigación de
Mentes Saludables en la Universidad de Wisconsin-Madison, donde se llevan a cabo
investigaciones interdisciplinarias con rigurosidad científica sobre las cualidades positivas de la
mente, como la amabilidad y la compasión. Ha cosechado importantes premios y está
considerado una de las cien personas más influyentes del mundo según la revista Time. Tiene
multitud de investigaciones y varios libros publicados. Ha ofrecido un seminario para Estudios
Contemplativos en Barcelona.
Yo investigaba los mecanismos cerebrales implicados en la depresión y en la ansiedad.

...Y acabó fundando el Centro de Investigación de Mentes Saludables.

Cuando estaba en mi segundo año en Harvard se cruzó en mi camino la meditación y me fui


a la India a investigar cómo entrenar mi mente. Obviamente mis profesores me dijeron que
estaba loco, pero aquel viaje marcó mi futuro.

...Así empiezan las grandes historias.

Descubrí que una mente en calma puede producir bienestar en cualquier tipo de situación. Y
cuando desde la neurociencia me dediqué a investigar las bases de las emociones, me
sorprendió ver cómo las estructuras del cerebro pueden cambiar en tan sólo dos horas.

¡En dos horas!

Hoy podemos medirlo con precisión. Llevamos a meditadores al laboratorio; y antes y


después de meditar les tomamos una muestra de sangre para analizar la expresión de los
genes.

¿Y la expresión de los genes cambia?

Sí, y vemos como en las zonas en las que había inflamación o tendencia a ella, esta des -
ciende abruptamente. Fueron descubrimientos muy útiles para tratar la depresión. Pero en 1992
conocí al Dalái Lama y mi vida cambió.

Un hombre muy nutridor.

“Admiro vuestro trabajo, me dijo, pero considero que estáis muy centrados en el estrés, la
ansiedad y la depresión; ¿no te has planteado enfocar tus estudios neurocientíficos en la
amabilidad, la ternura y la compasión?”

Un enfoque sutil y radicalmente distinto.

Le hice la promesa al Dalái Lama de que haría todo lo posible para que la amabilidad, la
ternura y la compasión estuvieran en el centro de la investigación. Palabras jamás nombradas
en ningún estudio científico.

¿Qué ha descubierto?

Que hay una diferencia sustancial entre empatía y compasión. La empatía es la capacidad
de sentir lo que sienten los demás. La compasión es un estadio superior, es tener el
compromiso y las herramientas para aliviar el sufrimiento.

¿Y qué tiene que ver eso con el cerebro?

Los circuitos neurológicos que llevan a la empatía o a la compasión son diferentes.

¿Y la ternura?

Forma parte del circuito de la compasión. Una de las cosas más importantes que he
descubierto sobre la amabilidad y la ternura es que se pueden entrenar a cualquier edad. Los
estudios nos dicen que estimulando la ternura en niños y adolescentes mejoran sus resultados
académicos, su bienestar emocional y su salud.

¿Y cómo se entrena?

Les hacemos llevar a su mente a una persona próxima a la que aman, revivir una época en
la que esta sufrió y cultivar la aspiración de librarla de ese sufrimiento. Luego ampliamos el foco
a personas que no les importan y finalmente a aquellas que les irritan. Estos ejercicios reducen
sustancialmente el bullying en las escuelas.

De meditar a actuar hay un trecho.

Una de las cosas más interesantes que he visto en los circuitos neuronales de la compasión
es que la zona motora del cerebro se activa: la compasión te capacita para moverte, para aliviar
el sufrimiento.

Ahora quiere implementar en el mundo el programa Healthy minds (mentes sanas).

Fue otro de los retos que me lanzó el Dalái Lama, y hemos diseñado una plataforma mundial
para diseminarlo. El programa tiene cuatro pilares: la atención; el cuidado y la conexión con los
otros; la apreciación de ser una persona saludable (encerrarse en los propios sentimientos y
pensamientos es causa de depresión)...

...Hay que estar abierto y expuesto.

Sí. Y por último tener un propósito en la vida, algo que está intrínsecamente relacionado con
el bienestar. He visto que la base de un cerebro sano es la bondad, y la entrenamos en un
entorno científico, algo que no se había hecho nunca.

¿Cómo se puede aplicar a nivel global?

A través de distintos sectores: educación, sanidad, gobiernos, empresas internacionales...

¿A través de los que han potenciado este mundo oprimido en el que vivimos?

Tiene razón, por eso soy miembro del consejo del Foro Económico Mundial de Davos, para
convencer a los líderes de que hay que hacer accesible lo que sabe la ciencia sobre el
bienestar.

¿Y cómo les convence?

Mediante pruebas científicas. Les expongo, por ejemplo, una investigación que hemos
realizado en distintas culturas: si interactúas con un bebé de seis meses a través de dos
marionetas, una que se comporta de forma egoísta y otra amable y generosa, el 99% de los
niños prefieren el muñeco cooperativo.

Cooperación y amabilidad son innatas.

Sí, pero frágiles, si no se cultivan se pierden, por eso yo, que viajo muchísimo (una fuente de
estrés), aprovecho los aeropuertos para enviar mentalmente a la gente con la que me cruzo
buenos deseos, y eso cambia la calidad de la experiencia. El cerebro del otro lo percibe.
Apenas un segundo para seguir en lo suyo.

La vida son sólo secuencias de momentos. Si encadenas esas secuencias, la vida cambia.

El mindfulness es hoy un negocio.

Cultivar la amabilidad es mucho más efectivo que centrarse en uno mismo. Son circuitos
cerebrales distintos. A mí no me interesa la meditación en sí misma sino cómo acceder a los
circuitos neuronales para cambiar tu día a día, y sabemos cómo hacerlo
http://www.latercera.com/noticia/richard-j-davidson-bienestar-puede-cultivarse/

RICHARD J. DAVIDSON:
“EL BIENESTAR PUEDE CULTIVARSE”
Entrevista por Cristóbal Fredes, el 2 junio 2017

Este neurocientífico se ha hecho conocido en el mundo como uno de los principales expertos en
neurociencia contemplativa, rama que estudia el impacto de la meditación y otras prácticas en el
cerebro. Aquí aclara conceptos, alerta sobre la trivialización del mindfulness, adelanta su nuevo
libro y recuerda al chileno Francisco Varela, cuya contribución llama “monumental”.

Richard J. Davidson (66) ha sido pionero en varios ámbitos. En mostrar la base neurológica
de las emociones, hallazgo que expuso en su libro The Emotional Life of Your Brain (2012). En
popularizar el concepto de neuroplasticidad, que indica que el cerebro es maleable y pueden
crearse en él nuevas conexiones y neuronas. En proponer que el bienestar mental no es otra
cosa que un conjunto de habilidades susceptibles de aprenderse y cultivarse, tal como un
deporte. Y en investigar sistemáticamente cómo la meditación y otras técnicas contemplativas
impactan positivamente en el cerebro, siendo famosos sus estudios que monitorean la actividad
cerebral de monjes tibetanos. Hoy la neurociencia dialoga con facilidad con el budismo, y las
universidades estudian y promueven lo que en cierto sentido es su versión secular,
el mindfulness. Pero no siempre fue así. Davidson aprendió meditación cuando hacía su
doctorado en Harvard en los 70, pero lejos de la academia. No era algo como para contarles a
sus profesores, ha dicho. Estuvo en el clóset 20 años con la meditación, práctica que define
como un conjunto de estrategias para familiarizar a una persona con su propia mente.

Más tarde la convertiría en uno de sus mayores objetos de estudio. Lo motivó en buena
parte un encuentro con el Dalai Lama, en 1992, quien le preguntó por qué usaba las
herramientas de la neurociencia moderna únicamente para estudiar la ansiedad y la depresión y
no atributos como la bondad y la compasión.
Davidson fundó más tarde el Center for Healthy Minds en la Universidad de Wisconsin,
dedicado exclusivamente a investigar el bienestar mental y a la neurociencia contemplativa. Su
trabajo ahí, además de sus cientos de artículos y sus 14 libros, lo han convertido en el mayor
experto en estas materias. Ha sido premiado por la American Psychological Association, fue
elegido entre las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time y es figura
recurrente en documentales sobre la mente, como Happy, The Altruism Revolution y, uno
exclusivo sobre su trabajo, Free the Mind, el que muestra cómo un programa de meditación y
yoga elaborado por su centro ayuda a soldados con estrés postraumático y a niños con
ansiedad. Los tres pueden verse en Netflix.

¿Por qué tan importante es el concepto de neuroplasticidad?

Es posible que sea la idea más significativa salida de las neurociencias. Nuestros cerebros
están constantemente siendo formados con, o sin querer, la mayor parte del tiempo
involuntariamente, afectados por lo que nos rodea. Pero normalmente no tomamos el control
intencional de nuestras propias mentes y cerebros. Y el trabajo en neuroplasticidad nos está
invitando a adaptar posturas más intencionales y permitiendo dar forma a nuestro cerebro de
maneras que sean más beneficiosas.

Una de las maneras que usted propone es la meditación o el mindfulness. ¿Por qué se
ha popularizado tanto en estos últimos años?

En parte por el aumento de evidencia científica que muestra su eficacia para mejorar la
atención, en modular nuestras emociones, en regularlas mejor, y en ciertos indicadores de
salud, particularmente en reducción de estrés y de procesos inflamatorios.

Para aprender hay diferentes caminos. Tradiciones orientales o de la sicología


contemporánea. ¿Qué recomienda?

No creo que sea posible recomendar un enfoque para todos, y creo que cualquiera que diga
eso no está atendiendo a la evidencia que indica claramente que diferentes tradiciones y
prácticas sirven para diferentes tipos de personas. Creo que es algo que los individuos deben
explorar por sí mismos. Sí le recomendaría a la gente que empiece, de manera muy gradual,
practicando algunos minutos al día para construir un hábito en vez de fijarse un objetivo poco
realista.

Ha estudiado el impacto de la meditación en niños, como se ve en el documental Free


the Mind. ¿Qué tiene de particular a esa edad?

Comenzamos a investigar las aplicaciones de este tipo de método en niños a partir de los
cuatro años de edad y, obviamente, la forma en que a un niño se le enseñan estas prácticas es
muy diferente a la de un adulto. Y la investigación científica en esta área está realmente en las
primeras etapas. Pero hay una creciente evidencia que indica que los niños pueden aprender
simples prácticas de mindfulness, así como simples prácticas de bondad de una manera que
cambia el comportamiento y promueve bienestar. También creemos que, particularmente a la
luz de pruebas neurocientíficas que sugieren que hay períodos sensibles en el desarrollo del
niño donde el cerebro es especialmente plástico, es muy importante investigar y refinar las
estrategias con niños.
Hoy hay mindfulness para todo, para el trabajo, la alimentación, etcétera. Da la
sensación de un sobreuso del concepto. ¿Está de acuerdo?

Sí. Me preocupa y creo que es una preocupación legítima. Estamos viendo la


palabra mindfulness aplicada a todo tipo de cosas y creo que la forma original en que
el mindfulness es entendido en la tradición contemplativa prácticamente se ha perdido en esta
utilización generalizada que hoy tiene en Occidente. Muchas intervenciones basadas
en mindfulness están siendo promovidas con muy poca o nada de evidencia respecto a su
eficacia. Aspiro a que las personas miren los hallazgos científicos rigurosos para ayudarse a
navegar en este paisaje y escoger las alternativas más sólidas.

¿Qué le parecen las apps para aprender a meditar?

No hay un una sola app de mindfulness de la que esté al tanto que tenga evidencia que
pueda demostrar su eficacia. Cero. Así que aunque algunas personas pueden encontrar útil
alguna, no hay en absoluto evidencia de que sean beneficiosas en este momento.

¿Y qué piensa de las hechas por profesores muy conocidos?

Están las de Joseph Goldstein (10% Happier) o Judson Brewer (Eat Right Now), por
ejemplo. Las creadas por profesores muy destacados a quien personalmente conozco, y creo
que son maravillosos profesores, probablemente sean muy útiles para las personas. Pero
simplemente todavía no tenemos evidencia que indique que son efectivas ni para quiénes.

Hoy en día hay muchos centros universitarios que estudian la mente. ¿Qué distingue
al que dirige el Center for Healthy Minds?

Tenemos la misión de cultivar el bienestar y aliviar el sufrimiento a través de la comprensión


científica de la mente, y usamos técnicas de vanguardia en neurociencias, ciencias biológicas y
del comportamiento para hacerlo. Así que lo que nos distingue es la amplia gama de ciencias en
las que nos basamos y la combinación de investigación básica y aplicada. Además, tenemos el
compromiso de llevar a la sociedad lo que aprendemos y nos asociamos para ello con otras
organizaciones que quieren ayudar a entender que el bienestar puede ser cultivado.

Hoy se habla mucho del concepto de flow y de cómo quienes practican actividades inmersos
en el presente, como ciertos deportes, reportan mayores índices de felicidad. ¿Qué le parece?
Flow es un concepto que fue propuesto por el sicólogo Mihaly Csikszentmihalyi y obedece a
estados mentales en los que la habilidad de una persona está bien unida con los desafíos de
una situación, y tiene total atención en lo que está haciendo y la experiencia es muy placentera.
Csikszentmihalyi ha estudiado, por ejemplo, escaladores de roca. Cuando los escaladores están
en estado de flow, se encuentran prestando total atención a lo que hacen. Y por lo tanto
ciertamente pensamos que esto es una investigación muy interesante e importante. Nuestro
punto de vista es que en los trabajos hechos con el flow se centran mucho en los factores
ambientales específicos que pueden producir este estado, como deportes. Sin embargo,
nosotros creemos que es posible cultivar flow 24/7, que no depende de factores ambientales,
que puedes entrenar la mente para que esté en ese estado todo el tiempo. Una de las cosas
sobre el flow que muestra la investigación es que tan pronto como el escalador de roca termina
de escalar, vuelve a su estado normal. Bueno, no estamos interesados en estos cambios de
estados, sino en cambios de rasgos, que son los duraderos. El bienestar en su verdadera forma
es una cualidad persistente. No depende de la participación en actividades específicas ni la
adquisición de posesiones materiales determinadas. Todos tenemos esta capacidad intrínseca
en nuestras mentes y si la entrenamos de manera correcta puede expresar esas cualidades
todo el tiempo.

En algunos meses más edita un nuevo libro, coescrito con Daniel Goleman. ¿Qué
puede adelantarnos?

Se llama Altered Traits (Alterar rasgos) y examinamos los hallazgos de la investigación sobre
la meditación, específicamente atendiendo a la posibilidad de cambios duraderos. Ahí es donde
entra el término “rasgos”. Estamos interesados en mostrar qué descubrimientos indican que
realmente podemos cambiar la mente de alguien, si esa persona lo desea, de una manera que
es más permanente.

Conoció bien al neurobiólogo chileno Francisco Varela. ¿Cómo lo recuerda?

Fui amigo muy cercano y colega de Francisco. Y Francisco fue un gran neurocientífico y
también un contemplativo. Hizo una contribución seminal a este campo. Él realmente fue quien
lo inició y estamos en gran deuda con él y su trabajo. Fue un visionario porque anticipó la
importancia de la neurociencia para el campo contemplativo antes que nadie. Fue una gran
influencia y realmente monumental. Su partida prematura es una tremenda pérdida para este
campo.

Varela era budista. ¿También lo es usted? ¿Es compatible con ser científico, dado que
creen en la reencarnación o que Buda es omnisciente?

Es una pregunta muy complicada y no puedo contestarla rápido. Sí puedo decir que una de
las razones por las que los científicos se sienten atraídos por el budismo es porque no es una
tradición teísta. No hay ningún Dios en la tradición. El Dalai Lama escribió un libro sobre ciencia
y espiritualidad y al principio dice que si hay algún principio del budismo que sea directamente
contradicho por algún dato científico está dispuesto a renunciar a él. Tomaré la misma postura.
REDES (programa de Televisión Española, TVE2) nº 57 (25 abril 2020), temporada 14:
“Cambiar el cerebro para cambiar el mundo”

Transcripción del vídeo del programa:

http://www.redesparalaciencia.com/2700/1/redes-57-cambiar-el-cerebro-para-cambiar-el-mundo

(otras webs para descargar se hallan más abajo, en “MATERIALES EN VIDEO”)

Entrevista de Eduardo Punset con

Richard Davidson
neuropsicólogo de la Universidad de Wisconsin-Madison,

Daniel Goleman
psicólogo y periodista, miembro Mind & Life Institute.

Realizadas en Washington, octubre de 2009.

Nuestro cerebro es el órgano construido para cambiar en respuesta a las experiencias.

Richard Davidson

ENTREVISTA A RICHARD DAVIDSON

Eduard Punset: Creo que nuestros teleespectadores estarán muy agradecidos si les
resumimos lo que esperamos de la inteligencia social y emocional aplicada a las escuelas, a los
niños, en pocas palabras. Has sido uno de los grandes investigadores que ha aplicado esta
práctica a los Estados Unidos… ¿Qué significa?

Richard Davidson: El tipo de habilidades de las que hablamos incluyen habilidades para
aprender a dominar las emociones, en concreto la capacidad de controlar las emociones
negativas para que, cuando ocurre una adversidad, éstas no persistan más de lo necesario. Las
personas (y los niños, concretamente) pueden aprender a disipar estas emociones negativas
para volver al estado inicial. Es algo muy, muy importante, porque cuando las emociones
perturbadoras se producen en la mente, interfieren con la capacidad de aprender de los niños.
Por consiguiente, la habilidad de controlar las emociones es crucial para ayudar a que los niños
aprendan mejor. Otra habilidad consiste en aprender a prestar atención de una manera mejor,
aprender a concentrarse. Lo más importante que hemos aprendido sobre el cerebro en la última
década es que es el órgano que está construido para cambiar como respuesta a la experiencia.
Es el responsable del aprendizaje. Y sabemos que el cerebro, especialmente al principio de
nuestra vida, es mucho más susceptible a cualquier influencia de lo que será más tarde.
Eduard Punset: De modo que, realmente, lo que sugieres es que podemos gestionar las
emociones. Otra cosa importante es aceptar que realmente nuestro cerebro puede cambiar,
puede aprender. Y esto es difícil, ¿no? Porque, normalmente, para aprender, tienes que estar
dispuesto a cambiar de opinión, y las personas no aceptan fácilmente los cambios.

Richard Davidson: Bueno, una de las consideraciones importantes es que el cerebro


siempre está cambiando, tanto si nos gusta como si no, tanto si pretendemos que cambie como
si no. A todos nos influye el entorno, la cultura, el contexto en el que residimos, el tipo de
educación que recibimos…

Eduard Punset: …nuestra biología

Richard Davidson: Y nuestra biología. Todas esas cosas nos influyen, pero el cerebro está
cambiando constantemente, ¡y lo que este trabajo sugiere es que podemos responsabilizarnos
más de nuestro propio cerebro! ¡Y podemos desarrollar condiciones más positivas que
permitirán que cambie de maneras que resulten más beneficiosas!

Eduard Punset: ¿Habéis podido evaluar o examinar alguna de estas experiencias


educativas, alguna de estas reformas?

Richard Davidson: Hemos trabajado en el laboratorio analizando tipos de intervenciones


muy específicas que se pueden diseñar… por ejemplo, para aumentar la cooperación y la
compasión, y el altruismo. Y luego hemos estudiado la manera en la que esto cambia el cerebro
durante la adolescencia. Y resulta que con solamente dos semanas de entrenamiento…

Eduard Punset: Dos semanas…

Richard Davidson: Dos semanas en las que se practica 30 minutos al día… pues bien, con
esto basta para poder detectar cambios que suceden en el cerebro tras solamente dos
semanas.

Eduard Punset: ¿Te refieres a asuntos como el altruismo y la compasión, verdad?

Richard Davidson: Sí, sí. Hay cambios específicos en el cerebro que están asociados con
los cambios en el altruismo y que se pueden medir conductualmente. Y todo lo que sabemos
sobre el cerebro nos indica que cuanto antes se realice la intervención, tanto mejor, porque
habrá más probabilidades de que sus consecuencias persistan durante un período de tiempo
más largo.

Eduard Punset: Y para este asunto de enseñar más altruismo, menos violencia, más
empatía… ¿a qué edad crees que es más efectivo?

Richard Davidson: Basándome en lo que sabemos sobre el cerebro, las intervenciones que
se producen antes de la adolescencia tienen un impacto mucho más duradero que las que se
producen después de la adolescencia. Sabemos, por ejemplo, que una de las partes más
críticas del cerebro a la hora de controlar las emociones es la corteza prefrontal, una región
situada en la parte de delante del cerebro. Y sigue desarrollándose hasta un poco después de la
adolescencia, hasta los 20 años, aproximadamente.

Eduard Punset: 20-25…


Richard Davidson: Sí. De manera que las intervenciones que se produzcan antes de eso
serán más útiles. Además, es muy probable que haya una gran transición entre los 5 y los 7
años de edad en los humanos. Hay muchos motivos para creer, también, que las intervenciones
que se hagan antes de esa transición serán especialmente eficaces a la hora de sentar las
bases con habilidades que, si persisten, permitirán otras habilidades que se asienten en ellas.
Es como una especie de andamiaje. Hay una necesidad acuciante de investigar más en este
campo, porque apenas se han realizado estudios sobre la influencia del aprendizaje social y
emocional en el cerebro.
ENTREVISTA A DANIEL GOLEMAN
Eduard Punset: La última vez que nos vimos fue en tu casa en Massachusetts, y fue justo
después de aquel éxito increíble que tuviste en todo el mundo, en aquella época fue increíble,
con tu libro, La inteligencia emocional. Coincidió con un momento en que se vivía un cierto
desencanto, había menos expectativas en cuanto a las posibilidades de cambiar el mundo
directamente, a través de la política digamos. Y quizás una mejor forma de conseguirlo era
aprender a manejar las propias emociones. Y una vez asumido por todos nosotros, por nuestra
audiencia, que podemos gestionar nuestras propias emociones, que podemos gestionar lo que
tenemos dentro de nosotros, nos hablas ahora de la tradición contemplativa, de los budistas
como el Dalai Lama, que lo han estado haciendo durante años...

Daniel Goleman: Así es...

Eduard Punset: Y tú te preguntas, muy acertadamente: “¿Podemos aprovechar su


experiencia de alguna manera?”.

Daniel Goleman: Exacto...

Eduard Punset: ¿Hay alguna forma...?

Daniel Goleman: Bueno, yo estoy participando en esta conferencia con el Mind and Life
Institute que es un instituto que trabaja con el Dalai Lama. Se trata de un grupo de
neurocientíficos que estudian las tradiciones antiguas de una filosofía y práctica como el
budismo a fin de ver qué estrategias tienen para apaciguar la mente, para ser más compasivos,
para aprender a concentrarse... Lo que nos dijo el Dalai a los científicos, fue: “Tomad estos
métodos, sacadlos del contexto religioso, estudiadlos muy a fondo y, si pueden ser de alguna
ayuda para la gente difundidlos por todas partes”. Ahora estamos descubriendo que enseñar
habilidades sociales y emocionales a los niños desde que tienen cinco años hasta la
universidad es muy eficaz, los vuelve mucho más cívicos, mucho mejores estudiantes. Es un
error pensar que la cognición y las emociones son dos cosas totalmente separadas. Es la
misma área cerebral. De modo que ayudar a los niños a gestionar mejor sus emociones
significa que pueden aprender mejor.Ahora estamos estudiando los métodos contemplativos
que se han venido utilizando durante... ¡siglos! Y en el catolicismo también, por cierto, no sólo
en el budismo. Toda gran religión ha utilizado alguna vez algún tipo de práctica contemplativa,
de desarrollo de la mente. Nosotros lo estamos estudiando para ver si podemos aprovecharlo y
hacer algo por los niños, para ayudarles a concentrase... Hoy en día los niños, y también sus
padres, son muy dispersos y necesitan más ayuda con esas habilidades. Hoy en día,
probablemente, haya sólo una docena de currículos escolares que enseñen a los niños
mindfulness, que les enseñen a concentrarse mejor, a focalizar, a hacer introspección y a ser
más compasivos, a estar más atentos. Y en todos estos casos, se trata de programas piloto.
Desde 1995, cuando escribí La inteligencia emocional, ha habido cientos de programas sobre
aprendizaje social y emocional y creo que va a ocurrir lo mismo con este campo...

Eduard Punset: Así es.

Daniel Goleman: En la próxima década.

Eduard Punset: Recientemente has presentado otra idea nueva. Iba a decir que se trata de
una idea tan utópica como lo fue la inteligencia emocional en su momento... Hablas ahora de la
inteligencia ecológica. Es fantástico porque una de las cosas que se aprenden leyendo tu
maravilloso libro, que estoy seguro de que también va a convertirse en un best-seller mundial,
es cuando dices que el cerebro no sabe nada del mundo moderno. Es así como empiezas..., y
es verdad que cuando el maquillador nos iba a poner crema en la cara, tú has preguntado por el
ciclo de vida del producto...

Daniel Goleman: Lo que quería saber concretamente es qué sustancias químicas se han
utilizado para hacer la crema. Si te fijas en el champú que utilizas, si constan los ingredientes,
verás que pueden haberse utilizado hasta cincuenta ingredientes para fabricar un champú y
cada uno es una sustancia química distinta. Hoy en día puedes mirar esa lista y los estudios
médicos y descubrir que un componente puede provocar cáncer en ratones, otro provocar
asma, etc. Y en eso consiste esta nueva ciencia: de una lista de cien champúes, te puede
indicar cuál es más seguro y cuál más peligroso. Esta información es nueva y es muy poderosa.
Pueden hacer lo mismo con todo lo que compramos, con cualquier artículo del supermercado:
un detergente, un juguete infantil, la ropa que llevamos... Todo tiene su historia y existe una
ciencia nueva que toma cualquier objeto, cualquier producto y que, desde el primer minuto de
obtención del material, de su fabricación y transporte, miden con suma precisión el impacto que
tiene en el entorno, el grado de toxicidad para el agua y el suelo, para nuestra propia salud,
para las personas que los han fabricado, para nuestros hijos cuando los traemos a casa. Y les
dan una puntuación, una puntuación basada en datos científicos. Ahora podemos encontrar
esas puntuaciones en las tiendas. De hecho, la principal cadena de supermercados de EE.UU.
dice que lo va a hacer dentro de dos semanas: van a pedir a todos sus fabricantes que les
proporcionen información sobre sus productos, van a analizar los datos matemáticamente y van
a darle a cada producto una puntuación para que puedas estar informado, no sólo del precio del
producto sino también de su nivel de seguridad, de su impacto sobre el planeta y de otras
características. Es lo que llamamos “tecnología disruptiva” porque cambia las reglas del juego.
Significa que tú y yo, cuando vayamos de compras, podremos mirar si algo es tóxico, si es
bueno o malo para el planeta y así podremos elegir mejor. Cuanto más lo hagamos...

Eduard Punset: Los productores tendrán que...

Daniel Goleman: Habrá un cambio en la cuota de mercado: ¿esto es popular ahora? ¿No lo
es...? Si el productor en cuestión quiere sobrevivir tendrá que ver qué puede hacer para mejorar
el planeta, poner menos venenos en sus productos, etc. Así que lo que se crea es una fuerza de
mercado que hará que los fabricantes estén constantemente mejorando sus productos para
seguir siendo competitivos.

Eduard Punset; ¿Cuántos años hace que se publicó La inteligencia emocional?

Daniel Goleman: En 1995.

Eduard Punset: En 1995... Hace 15 años. Recuerdo que después de leer tu libro me
pregunté cómo podía ser que nunca me hubiese planteado esas cosas... Y ahora que te oigo
hablar de inteligencia ecológica...

Daniel Goleman: Parece muy obvio, ¿verdad?

Eduard Punset: Parece muy evidente pero...

Daniel Goleman: No nos habíamos dado cuenta... Ahora está ocurriendo y van a cambiar
las cosas. Si conoces a algún fabricante o minorista, deberían tener en cuenta todo esto porque
va a cambiar drásticamente la forma de funcionar del mercado. Y si quieren sobrevivir, tendrán
que adelantarse a estos cambios.
Eduard Punset: Lo que resulta más fabuloso es que no es culpa de las multinacionales o de
los gobiernos... Es nuestra ignorancia...

Daniel Goleman: Es nuestra ignorancia pero también el que la ciencia no estuviera ahí.
Todo lo que utilizamos hoy en día, la forma de fabricar, las sustancias químicas que utilizamos,
todo eso se desarrolló en una época en que no conocíamos sus efectos. Ahora tenemos una
nueva ciencia, una nueva lupa que enfoca los productos y nos dice con gran precisión cuáles
son sus efectos. Pero además es una inmensa oportunidad empresarial: tenemos que
reinventarlo todo, tenemos que replanteárnoslo todo para reducir el impacto negativo sobre el
planeta y sobre nosotros mismos.
NOTA CURRICULAR
Richard J. Davidson nació el 12 de diciembre de 1951 en Brooklyn (NY, USA). Recibió su
doctorado de la Universidad de Harvard en Psicología y ha estado en Wisconsin desde 1984.
Es Profesor de Investigación de Psicología y Psiquiatría, Director del Laboratorio Waisman para
imagen del cerebro y el comportamiento, de Laboratorio de Neurociencia Afectiva y el Centro de
Investigación de las Mentes Saludables, del centro Waisman de la Universidad de Wisconsin-
Madison. Miembro de la Junta Directiva del Instituto Mente y Vida desde 1991. En 2003 fue
elegido miembro de la Academia Americana de Artes y Ciencias. Ha publicado más de 250
artículos, capítulos y revisiones y 13 libros editados. Fue el fundador Co-Editor de la nueva
revista de la Asociación Americana de Psicología la emoción, y es ex Presidente de la Sociedad
para la Investigación en Psicopatología y de la Sociedad para la Investigación psicofisiológica.

Ha recibido numerosos premios por su investigación, incluyendo el del Instituto Nacional de


Salud Mental (NIMH) “Scientist Award”, de la Alianza Nacional para la Investigación en
Esquizofrenia y Trastornos afectivos (NARSAD), al Investigador Distinguido de NARSAD, los
“William James Fellow Award” de la American Psychological Society. En 2006 también fue
galardonado con el primer premio de Mani Bhaumik por UCLA para avanzar en la comprensión
del cerebro y la mente consciente en la curación. En 2011, se le dio el Premio Paul D. MacLean
a la mejor investigación de neurociencia y medicina psicosomática

Fue nombrado en el 2006 como una de las cien personas más influyentes en el mundo por
“Time Magazine”. La revista Madison lo nombró Personalidad del Año en 2007.

Davidson, en su centro de investigación, participó en el estudio sobre el funcionamiento


cerebral con varios monjes tibetanos, en el cual se dictaminó a Matthieu Richard, monje de la
orden tibetana gelupka (la del Dalái Lama) como el hombre más feliz del mundo. En las
numerosas entrevistas a Richard se encuentran referencias a Davidson, e incluso algunos
fragmentos de conversaciones con él.

WEB DEL AUTOR: https://www.richardjdavidson.com/

WEB DEL CENTRO DE INVESTIGACION: https://centerhealthyminds.org/science/overview


http://letraurbana.com/articulos/la-vida-emocional-del-cerebro-entrevista-a-richard-davidson/

“LA VIDA EMOCIONAL DEL CEREBRO”


Recensió de Dolly Bell, Miami septiembre 2012, por la publicación de “The Emotional Life of
Your Brain”.

En una entrevista con el Dr.Richard Davidson, conversamos acerca del primer enfoque
neurocientifíco que se ocupa la afectividad, de los variados estilos emocionales que se dan
entre las personas y del valor de la neuroplasticidad cerebral para afrontar los cambios.

¿Por qué algunas personas son vulnerables mientras que otras son más resilientes? ¿Por
qué algunos tienden a una visión optimista de la vida mientras otros sólo se conectan con lo
negativo?

Richard Davidson, PH.D , junto con Sharon Begley, es el autor del libro “La vida emocional
del cerebro”, lanzado recientemente y muy bien recibido por la comunidad académica y el
público en general.

Richard J. Davidson es Profesor de Psiclogía y Psiquiatría en William James y Vilas,


Director de el Waisman Laboratory for Brain Imaging and Behavior y del Laboratory for
Affective Neuroscience, es también Founder and Chair of the Center for Investigating
Healthy Minds, en el Waisman Center, de University of Wisconsin-Madison.

En “La vida emocional del cerebro”, de una forma ágil, estos dos neurocientíficos describen
los resultados de años de trabajo en laboratorio llevados a cabo con la más avanzada
tecnología, integrando los aspectos cognitivos a las emociones y enfocándose en las
particulares reacciones que se presentan de un individuo a otro.

El Dr. Richard Davidson dice que este abordaje integrador se debió a su convencimiento de
que “la salud mental y física son afectada profundamente por las emociones y lo que sabemos
de éstas es que varían de un individuo a otro. Los hechos han demostrado que entender los
mecanismos cerebrales que hacen que una persona responda de manera más extrema que
otras, ha sido una estrategia muy fructífera en este tipo de investigaciones.”

“The Emotional Life of Your Brain”.

Se trata entonces del primer abordaje neurocientífico que contempla las emociones y las
variaciones que se dan entre las personas, basándose en un estudio cerebral, lo que se
diferencia marcadamente del énfasis en los aspectos cognitivos que hasta ahora venían
poniendo las investigaciones.

En el estudio realizado por el Dr. Davidson se categorizan seis estilos emocionales, que son
los que rigen la forma en que respondemos a las circunstancias. Sin embargo, la genética no
tiene la última palabra al respecto. Davidson afirma que “la transformación de la mente cambia
el cerebro si nos comprometemos en entrenamientos mentales sistemáticos del tipo de los que
encontramos en las practicas meditativas. Mediante esos ejercicios podemos formar hábitos
mentales que cambian el cerebro de manera que puede promoverse una mejor atención y un
mejor control de las emociones. Se trata de dos sistemas principales sobre los que este tipo de
entrenamiento mental parece tener efectos.”

Para modificar aquellos patrones de conducta poco beneficiosos, se recomienda la


meditación al modo en que se popularizó en occidente, que aunque derivada de tradiciones
asiáticas con connotaciones religiosas, es ahora totalmente secular y adaptadas a esta cultura.
“Hay un interés creciente en este tipo de conocimiento derivado de estas investigaciones
científicas. Actualmente la meditación está siendo implementada en una mayor escala porque
se ha demostrado que este tipo de práctica promueve la salud y cultiva mayor atención y control
emocional”, dice Davidson.

La confianza que se ha ganado respecto a que los estilos emocionales pueden


transformarse, se debe a que los nuevos hallazgos descartan la idea de que el cerebro es una
estructura rígida. En el campo de las investigaciones actuales el concepto de neuroplasticidad
comenzó a desplazar a aquél precepto científico [o prejuicio, pues ha demostrado ser falso].
Finalmente, la ciencia alcanzó a demostrar que el cerebro se puede regenerar mediante su uso
y potenciación.

La neuroplasticidad es la cualidad del cerebro que más ha sido estudiada en los últimos
años. Hoy el cerebro es considerado como un órgano dinámico y cambiante, en relación
constante con el ambiente y con lo vivido. Nuevas conexiones nerviosas surgen a lo largo de
toda la vida y si bien los jóvenes parecen responder a la ejercitación con más facilidad, la
capacidad de transformación acompaña al ser humano hasta el final de sus días.

Las experiencias a las que nos exponemos modifican el cerebro. Expertos de la Universidad
de Londres recientemente pudieron comprobar que ciertas regiones del hipocampo de los
taxistas londinenses se desarrollaron en extremo por la memorización de calles y rutas. La
nueva tecnología aplicada también permitió comprobar, que dicha capacidad no disminuía con
la edad. Otro ejemplo de ello son las personas bilingües, que muestran un desarrollo superior
en la zona del lenguaje. En “La vida emocional del cerebro”, Davidson detalla la terapia que se
ejecuta con las víctimas de accidentes cerebrovasculares para mejorar su condición aplicando
técnicas que obligan al cerebro a desarrollar nuevas conexiones, mediante la restricción del
movimiento en el miembro sano.

A propósito de la influencia sobre el cerebro que se le reconoce al entorno, conversamos con


el Dr. Richard Davidson acerca de cómo nos afecta la integración de la tecnología a la vida
cotidiana. “No se sabe muy bien cuál es el impacto de la tecnología moderna en la función y en
la estructura cerebral. Existe cierta evidencia que sugiere que los videojuegos pueden afectar al
cerebro en formas tanto positivas como negativas. No hay suficiente investigación todavía, lo
único que podemos decir con certeza es que la interacción con la tecnología tiene el potencial
de cambiar el cerebro, pero como decimos nosotros, el diablo está en los detalles”, afirmó.

Respecto al futuro de la investigación en el campo de las neurociencias Davidson opina que


el tema de las emociones es crucial ya que gobiernan prácticamente todas las formas del
comportamiento humano. En lo que se refiere a su trabajo dice: “Pienso que hay un aumento
enorme de investigaciones enfocadas en el tema de la emoción. Creo que nuestro trabajo ha
tenido un impacto importante y ahora las agencias gubernamentales van a estar dispuestas a
proveer los fondos necesarios.”
http://www.yogaenred.com/2013/09/13/la-vida-emocional-del-cerebro-por-richard-j-davidson-y-sharon-begley/

Recension de Koncha Pinós-Pey para Espacio MIMIND

“LA VIDA EMOCIONAL DEL CEREBRO”,


POR RICHARD J.DAVIDSON Y SHARON BEGLEY

El neuropsicólogo y científico Richard J. Davidson, profesor de psicología y


psiquiatría de la Universidad de Wisconsin, y la escritora Sharon Begley explican en su
libro “La vida emocional del cerebro” cómo la química del cerebro afecta a la manera de
pensar, sentir y vivir, y cómo cambiando tu estilo de pensamiento cambias tus circuitos
neuronales.

Nuevos estudios con técnicas de neuroimágenes han desafiado las nociones convencionales
sobre la función del cerebro en relación a las emociones. Davidson ha identificado distintos
estilos emocionales y cómo están relacionados con los patrones de actividad del cerebro. En
este nuevo libro Davidson y Begley sostienen que podemos entrenar nuestro cerebro para que
podamos ser más resistentes, menos negativos y posiblemente más felices.

El neurocientifico Richard J. Davidson lleva años fascinado por las reacciones que tiene la
gente en diferentes periodos de su vida. De él hemos podido aprender que algunas personas se
recuperan de un evento traumático mientras que otras quedan simplemente destruidas para
siempre. ¿Por qué algunos ven un día soleado y otros simplemente un día nuboso? Eso es lo
que tratan de explicarnos en este libro.

Davidson nos cuenta que durante años los científicos interesados en el estudio del cerebro
se centraron en el pensamiento, el razonamiento y el juicio clásico. Muy pocos investigaron en
zonas como el trauma o las emociones; estos estudios eran como los hijos bastardos de la
ciencia.

La terapia cognitiva comportamental ha jugado un gran rol en la forma de pensar y


comportarse, pues implica enseñarle a la gente a pensar de forma diferente sobre las causas de
su comportamiento. Pongamos, por ejemplo, que no conseguimos el trabajo que queríamos. En
lugar a atribuirlo a fallos o culpa, aprendemos a reinterpretarlo, adoptando una perspectiva
diferente. Cambiando de pensamiento cambiamos el comportamiento.

El libro habla de seis estilos emocionales, que son los que rigen la forma en que nuestra
mente responde a los eventos. “Antes le dábamos mucha importancia a la genética; ahora
hemos podido comprobar que una persona entrenada en prácticas contemplativas puede
modificar su mente, y por tanto su carga de ADN”. Para lograrlo, claramente la receta
es “meditar”.

Si conseguimos ser conscientes del estilo emocional que opera en nuestra mente, cuáles
son nuestros pilotos automáticos, nuestras reacciones, es posible que la próxima vez “antes de
reaccionar” operemos de otra forma. Esto es simplemente “operar con conciencia de sí mismo,
estar en sintonía con lo emocional, con las señales que el cuerpo nos va enviando”.

Hay muchos individuos que son capaces de modular su conducta emocional en función del
contexto en el que habitan. Por ejemplo, en el caso de los soldados que experimentaron estrés
post-traumático y son incapaces de calibrar su comportamiento en un entorno diferente, pues
siguen estando en el mismo lugar siempre (entran en alerta simplemente al escuchar la sirena
de la alarma del vecino).

La gente que mira honestamente sus rasgos del carácter y sus reacciones puede descubrir
con claridad dónde están sus niveles de resistencia y entrenar para un cambio resilente. Ahora
somos capaces de demostrar que los estilos emocionales no son estables, no son
permanentes, no tienen auto-existencia porque el cerebro no es un estructura rígida. El campo
de investigación de la neurociencia y de la neuroplasticidad ha alcanzado a demostrar que el
cerebro se puede regenerar mediante su uso y potenciación.

La neuroplasticidad es la característica más cierta del cerebro y a ella ha dedicado


Davidson casi toda su carrera. Considerando que el cerebro es orgánico, que fluye, somos
capaces de crear nuevas conexiones nerviosas a lo largo de toda nuestra vida. Estamos
continuamente creando sinapsis, conectomas; aunque los niños y jóvenes tienen mayores
capacidades, los seres humanos somos neuroplásticos por naturaleza.

El libro es un viaje apasionante por la mente guiados por dos pioneros de la ciencia y la
divulgación en el estudio de las emociones, un producto de la curiosidad apasionada que nos
permite comprendernos a nosotros mismos y a otros, así como influir directamente en la forma
de enfocar la vida con un sentido de resistente vitalidad. También nos revela fundamentalmente
los pasos que ha dado ya la ciencia probada y cómo podemos tenerlos en cuenta para mejorar
la función e incluso la estructura de nuestro cerebro.

Davidson nos ha demostrado que es capaz de medir actividades neuronales, escalar el


Himalaya o conversar con el Dalai Lama. Es un explorador independiente e impenitente que ha
dedicado su vida a sondear el misterio profundo de los sentimientos humanos.
BIBLIOGRAFIA

Richard J. Davidson y Sharon Begley, “El perfil emocional de tu cerebro”, Destino, Barcelo-
na, 2012, traducción por Ferran Meler Orti de “The Emotional Life of Your Brain” (2012).

En versión ePub se puede descargar en:

http://academyw.com/recursos/mas/Directorio/Recursos/rfwyz/Mas/Lib_mes/El%20perfil
%20emocional%20de%20tu%20cerebro.pdf

http://www.mediafire.com/file/mgou7cf7h4g91dr/RIVID.pdf

En castellano se ha traducido el libro, del que es coautor:

“El poder curativo de la meditación. Diálogos científicos con el Dalái Lama, edición de Jon
Kabat-Zinn y Richard J. Davidson”, Kairós, Barcelona 2013.
MATERIALES EN VIDEO

Richard J. Davidson. Conferencia “Neuroplasticidad y Meditación” (impartida para los


trabajadores de Google en 2009):

Original en ingles: https://www.youtube.com/watch?v=7tRdDqXgsJ0

Subtitulada en castellano (2012), en tres partes:

Parte 1: https://www.youtube.com/watch?v=8psxIsyHbUs

http://www.mediafire.com/file/lng26d0jb55y7go/Richard_J._Davidson.Neuroplasticidad
_y_Meditaci%C3%B3n.SubEsp1.avi.mp4

Parte 2: https://www.youtube.com/watch?v=GA-T0kqw_GQ

http://www.mediafire.com/file/bco393tvk32brt8/Richard_J._Davidson.Neuroplasticidad
_y_Meditaci%C3%B3n.SubEsp2.avi.mp4

Parte 3: https://www.youtube.com/watch?v=bE7C8Sc5ooA

http://www.mediafire.com/file/el45c19lofza331/Richard_J._Davidson.Neuroplasticidad_
y_Meditaci%C3%B3n.SubEsp3.avi.mp4

Programa (entrevistas arriba transcritas) REDES (TVE2) nº57, 2010, “Cambiar el


cerebro para cambiar el Mundo”:

https://www.youtube.com/watch?v=7hKdNy1gw5g

http://www.mediafire.com/file/p825gd1vkxgzcng/REDES_num_57_de_2010_-
_Cambiar_el_cerebro_para_cambiar_el_Mundo_-
_entrevista_a_Richard_Davidson_2009.mp4

Entrevista de Claudia Madrazo a Richard Davidson, 2012, duración 30’, VOSE:

https://youtu.be/JKQHGAJWlvQ

http://www.mediafire.com/file/638gxb8p13cix22/Entrevista_de_Claudia_Madrazo_al_Dr
_Richard_J._Davidson%2C_fin_2012.mp4
Conferencia de Richard Davidson y Myoshin Kelley en Puebla, México, el 11
noviembre 2014, “Transforma tu mente”, versión doblada:

https://www.youtube.com/watch?v=WXqbPZBfasg

Conferencia en la Casa del Tibet, Barcelona 2017 sobre “Kindfulness”:

https://www.youtube.com/watch?v=-jLAaT6GpxM
OTROS MATERIALES
https://www.scientificamerican.com/espanol/noticias/cuide-su-cerebro-con-un-poco-de-meditacion/

CUIDE SU CEREBRO CON UN POCO DE MEDITACIÓN


(la práctica budista milenaria aumenta la capacidad de atención, concentración y
aprendizaje)

Recensión de Núria Jarel, 14 enero 2015, para “Scientific American” edición española

La meditación es la práctica de un estado de concentración sobre algo concreto: un


pensamiento, un objeto externo o la propia conciencia. “Una aspirina para la mente”, asegura
Andy Puddicombe, monje budista de origen inglés creador de la aplicación móvil Headspace
meditation.

Pero esta práctica milenaria de origen budista [sic: es muy anterior a Buda] es mucho más
que una manera de relajarse y reducir el estrés. La meditación regula la atención, una
capacidad cognitiva que influye en otros procesos mentales como el aprendizaje.

El cerebro es plástico y está en cambio constante. Hábitos como la meditación varían la


comunicación entre neuronas y modifican ciertas estructuras neuronales. A día de hoy, la
ciencia ha observado las ventajas de esta antigua práctica en el bienestar de los seres
humanos.

A grandes rasgos, su práctica parece aumentar la capacidad de atención, concentración y


aprendizaje. También mejoraría la memoria y el sistema inmunológico de los individuos.
Además, su práctica sosiega y mejora la empatía con los demás.

Las grandes empresas aprovechan los beneficios de la meditación para potenciar la


capacidad de trabajo entre sus empleados. Las oficinas centrales de Google en California
ofertan el curso S.I.Y. (“Search Inside Yourself”) del ingeniero y motivador Chade-Meng Tan.
Incluso sus clases han inspirado un libro, prologado por los científicos más relevantes que
investigan sobre meditación.

Una de las formas de meditación más extendidas es el programa Mindfulness. El doctor Jon
Kabat-Zinn, doctor en biología molecular del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), creó
esta modalidad en la Universidad de Massachusetts en el año 1979 después de 13 años de
práctica budista.

Centros médicos y clínicas universitarias de América del Norte y de Europa aprovechan las
ventajas del Mindfulness para reducir la ansiedad de los pacientes antes de una operación y
mejorar las terapias de estrés postraumático.
LOS PENSAMIENTOS DAN FORMA A LAS NEURONAS

La relación entre la meditación y la ciencia no tiene más de 40 años de historia. Los pioneros
en este campo de investigación fueron muy mal vistos por el resto de comunidad científica, que
se mostraba escéptica frente a sus beneficios cognitivos.

“El hecho de practicar meditación era considerado casi una herejía y estudiarla era un
imposible científico”, escribe Richard J. Davidson, profesor de psicología y psiquiatría de la
Universidad de Wisconsin-Madison, en su libro “El perfil emocional de tu cerebro”.

A la vuelta de un viaje de tres meses por la India y Sri Lanka, el doctor Davidson y Daniel
Goleman, autor del popular manual “Inteligencia emocional”, demostraron que las personas que
practicaban meditación sufrían menos ansiedad y, por lo tanto, presentaban una mayor
capacidad de atención que el resto.

“Mis primeros intereses de investigación como psicólogo se centraron en cómo el


entrenamiento mental puede configurar los sistemas biológicos”, recuerda el doctor Goleman.

Ahora la situación es otra. Desde hace un par de décadas, los trabajos científicos en este
campo se han multiplicado gracias a las técnicas de neuroimagen. Esta tecnología permite
observar los cambios en las estructuras neuronales provocados por la meditación.

APTO PARA TODAS LAS AUDIENCIAS

Los estudios de imagen por resonancia magnética de la doctora Sara Lazar, del Hospital
General de Massachusetts, concluyen que las personas que practican meditación aumentan la
densidad de materia gris en estructuras cerebrales implicadas en el aprendizaje, la memoria, la
regulación de las emociones y la empatía. En cambio, la materia gris decrece en otras zonas
como la amígdala, que se encarga de respuestas fisiológicas relacionadas con el miedo y el
estrés.

Además, la meditación disminuye el ritmo de adelgazamiento progresivo del córtex


prefrontal, que influye en comportamientos complejos como la toma de decisiones. Este freno
natural al desgaste cognitivo asociado a la edad es especialmente interesante para las
personas mayores. En relación con los niños, la meditación es una práctica que puede mejorar
su atención y creatividad.

A nivel hormonal, los científicos han visto que la meditación reduce los niveles de cortisol en
sangre. El carácter neurotóxico de esta sustancia relacionada con el estrés disminuye la
capacidad de memorización y de aprendizaje.

Los expertos calculan que entre 10 y 30 minutos de meditación al día son suficientes para
regular las emociones y mejorar la capacidad de atención, concentración, la memoria y el
proceso de toma de decisiones. En definitiva, mejorar el bienestar.

Aparte del cuerpo, el ser humano también debe cuidar a su cerebro y tomarse unos minutos
al día para no hacer nada y concentrarse en algo. “No podemos cambiar cada cosa que nos
sucede en la vida, pero podemos cambiar la forma en que lo experimentamos”, recuerda
Puddicombe.