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NATURALEZA DE LA SUSTANCIA Y LOS ACCIDENTES

Además de algunas mutaciones más profundas en las que una cosa deja de ser lo
que era (cambios sustanciales: muerte de un viviente, transformación de una
sustancia química en otra, etc. ) tenemos una experiencia inmediata y constante
de cambios accidentales, en los que una realidad varía sólo en sus aspectos
secundarios, sin perder su naturaleza: por ejemplo, el agua al cambiar de
temperatura no deja de ser agua, una persona sigue siendo la misma a pesar de la
variación de estados de ánimo, de salud o enfermedad, etc. Las mutaciones
accidentales manifiestan, pues, que en las cosas existe un sustrato
permanente y estable, la sustancia, y unas perfecciones secundarias y
mudables, que son los accidentes.

Otra característica que diferencia estos dos modos de ser es que en cada cosa hay
un solo núcleo sustancial, pero afectado por múltiples modificaciones
accidentales; así, un ciprés es un único sujeto con muchas características
secundarias: tipo de hojas y frutos, disposición de las ramas, color, etc.

Para Aristóteles está claro lo que es un ente; es decir, la ousia (esencia o sustancia)
en el sentido primario. En los cambios que afectan para nada a la identidad de la
sustancia él ve confirmada la validez de su esquema sustancia-accidentes.

LA SUSTANCIA

Constituye el elemento más importante de cada cosa, y presenta dos aspectos


fundamentales:

I. Es el sujeto o substrato, en el que se asientan los accidentes; de ahí se


deriva el mismo nombre de «sustancia», pues en latín substancia es lo
que sub-stat, lo que está debajo.
II. Esa función se basa a su vez en que la sustancia es lo subsistente,- esto
significa que no es en otra cosa, sino en sí misma, al contrario de los
accidentes que, para ser, necesitan apoyarse en un sujeto, que es
precisamente la sustancia. Un hombre, una trucha, un abeto, son sustancias
porque subsisten, tienen ser propio, distinto del ser de todo lo demás;
mientras el color, el tamaño o la figura son realidades accidentales, que
requieren un sujeto ya existente.

De esta segunda característica se torna su definición: la sustancia es aquella


realidad a cuya esencia o naturaleza le compete ser en sí, no en otro
sujeto. Así, un perro es una sustancia porque, por su esencia o naturaleza, le
corresponde subsistir en sí, existir como un individuo distinto y separado de los otros
y de lo que le rodea.

Alguien es hombre gracias a la esencia humana, que le confiere un modo de ser


específico, distinto del de otras cosas, y por el que es un sujeto capaz de
subsistir (una sustancia). En cambio, los accidentes siempre se encuentran en otro;
por ejemplo, es de la misma esencia del color injerir en algo, modificándolo, y por
eso no existe la blancura separada, sino una pared, un coche, un vestido... blancos.
No es, pues, propiamente en virtud del acto de ser, sino de la esencia, por lo que
algo es sustancia y no accidente; y por eso en la definición de sustancia ha de
intervenir la esencia, que es el principio diversificador del ser.

Se entiende entonces por qué el término esencia se utiliza a veces como


equivalente de sustancia. La esencia determina un modo de ser al que compete
subsistir; y la sustancia no es más que ese modo de ser subsistiendo. Sin embargo,
esencia y sustancia no son perfectamente sinónimos: ambos se refieren a la misma
realidad, pero esencia la designa más bien en cuanto constituye un modo de ser
determinado y concreto, por el que el ente se incluye en una especie (hombre, perro,
caballo, etc), mientras que con el término sustancia se quiere recalcar que recibe el
esse como propio(subsiste) y que es sustrato para los accidentes (substat).

Aristóteles estableció la distinción entre el significado real (sustancia primera) y el


significado lógico (sustancia segunda). Sustancias primeras son cada una de las
que existen en la realidad, en los existentes singulares: la sustancia de este
caballo, de este niño, de aquel cedro, o, más general, de «este algo» (=hoc aliquid).
Sustancia segunda es la consideración universal o abstracta de la esencia de
una sustancia primera; por ejemplo, podemos hablar en general de la sustancia
«águila», «hombre» «sodio» o «carbono»; este significado se basa en el hecho de
que, por su esencia, la sustancia primera no sólo es capaz de subsistir, sino que
también se coloca dentro de una especie.

LOS ACCIDENTES

Su descripción nos los ha presentado como perfecciones múltiples que ingieren en


un único sujeto permanente, y además, como determinaciones derivadas y
secundarias del núcleo central de una cosa. Lo que los caracteriza, pues, de modo
radical, es su dependencia con respecto a la sustancia. No tienen autonomía
alguna. De ahí la definición común a todos ellos: los accidentes son realidades a
cuya esencia le conviene ser en otro como en su sujeto. Mientras lo más propio
de la sustancia es subsistir, lo constitutivo de cualquier accidente es «ser en
otro» (esse in o inesse).

Igual que la sustancia tiene una naturaleza a la que le conviene subsistir y que sitúa
al sujeto en una especie, así cada accidente posee también una esencia propia,
que distingue a unos accidentes de otros, y a la que le corresponde depender
del ser de un sujeto. Por ejemplo, el color tiene una esencia diversa que la
temperatura, aunque a ninguna de las dos le compete tener ser propio, sino que son
en alguna sustancia.

Existe una gran variedad de accidentes, que podemos clasificar según distintos
criterios. Para una primera visión de su diversidad, puede servir, por ejemplo, la
siguiente clasificación de los accidentes según su origen:

I. Accidentes propios de la especie: son aquéllos que surgen de los principios


específicos de la esencia de una cosa y constituyen, por tanto,
las propiedades comunes a todos los individuos de una misma especie; por
ejemplo, la figura propia del caballo, o bien, en el hombre, su facultad de
entender y querer, su sociabilidad, el reír y llorar.
II. Accidentes inseparables de cada individuo: nacen del modo concreto como
la especie se realiza en cada individuo; por ejemplo, ser alto o bajo, rubio o
moreno, hombre o mujer, son características individuales que tienen una
causa permanente en el sujeto.
III. Accidentes separables, como estar sentado, caminar, estudiar, etc., que
proceden de los principios internos del sujeto, pero le afectan sólo de
modo transeúnte.
IV. Accidentes que proceden de un agente externo: algunos son violentos, como
una quemadura, o la enfermedad provocada por un virus; otros, en cambio,
perfeccionan a quien los recibe, como la ayuda de otra persona o la
enseñanza.

Fuente de consultas:

V. Aristóteles. (10 de septiembre de 2016). http://www.documentacatholicaomnia.eu.


Obtenido de http://www.documentacatholicaomnia.eu:
http://www.documentacatholicaomnia.eu/03d/-384_-
322,_Aristoteles,_Libro_de_las_Categorias,_ES.pdf

VI. Bosch Sánchez, J. M. (10 de septiembre de 2016).


http://filosofiaunderground.blogspot.mx. Obtenido de
http://filosofiaunderground.blogspot.mx:
http://filosofiaunderground.blogspot.mx/2012/09/categorias-de-aristoteles.html