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JUAN PRIM Y PRATS

El pasado 6 de diciembre se cumplió el doscientos aniversario del


nacimiento de Juan Prim y Prats, que llegó a ser Presidente del Consejo de
Ministros hasta su muerte el 30 de diciembre de 1870, tres días después de sufrir
un atentado.
Fue un político liberal, participó en la primera Guerra Carlista y la Guerra
de África, demostrando dotes de mando y valor. Tras la revolución de 1868 se
convirtió en uno de los hombres más influyentes de España, patrocinando la
entronización de la casa de Saboya en la figura de Amadeo I.
Nació en Reus (Tarragona) el 6 de diciembre de 1814, su padre fue notario
pero las circunstancias bélicas le llevaron a ser capitán durante la Guerra de la
Independencia y jefe de batallón combatiendo en la primera Guerra Carlista, su
adolescencia se vio influida por esta segunda profesión de su padre combatiendo
a los carlistas por las tierras catalanas.
Ingresó en el ejército en 1834, de la mano de su padre. Al no tener
preparación militar ni pertenecer a la nobleza comenzó desde los puestos más
bajos, pero su arrojo, intrepidez y valor le hicieron ir ascendiendo y al finalizar la
primera Guerra Carlista, con 26 años, era ya coronel.
Se inició en la política en 1840 adhiriéndose al partido progresista dirigido
por José María Calatrava. En 1841 se presentó a diputado por Tarragona
consiguiendo el escaño. Primero al lado de Espartero, que le nombró subinspector
de carabineros de Andalucía, después acabó enemistándose con él, y su
intervención en la caída de Espartero le valió los títulos de Conde de Reus y
Vizconde de Bruch.
Tras la salida de Espartero de España fue nombrado gobernador de
Barcelona, para acabar con una revuelta radical “La Jamancia”, que reprimió
duramente, con un asedio terrible a Barcelona, donde se granjeó la enemistad de
la opinión pública catalana por su crueldad. Parece ser que fue en Barcelona
donde pronunció su célebre frase “O caja o faja” (es decir, o la caja para el
entierro, o recibir la faja de general), por estas acciones acabó recibiendo de
Serrano el fajín de general.
En 1847 y tras varios desencuentros con Narváez y varias condenas, fue
amnistiado, tras la dimisión de Narváez, fue nombrado Capital General de Puerto
Rico por Joaquín María Pacheco. Las distintas sublevaciones y revueltas fueron
reprimidas por Prim con la dureza habitual, haciendo que fuera destituido de su
cargo en 1848 regresando a la península.
En las elecciones de 1851 se presentó por Vich, ofreciéndole entonces
nuevamente el cargo de Capitán General de Puerto Rico, por parte del gobierno
para alejarlo de España, siendo aceptado por Prim, el cargo fue anulado después
de las elecciones, quedándose sin escaño y sin cargo, pero un diputado

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progresista que había obtenido su escaño por dos distritos dejó uno, apoyando a
Prim para suplirle en Barcelona y pese a no contar con simpatías desde la
represión anterior, prometió rectificar y defender los intereses de los catalanes
como así hizo desde entonces.
Estuvo como informador militar en la Guerra de Crimea y también en
Turquía, llegando a ser condecorado por el sultán con el sable de honor.
Regresó a España con el triunfo de la “Vicalvarada” y fue elegido diputado
en las cortes constituyentes, renunciando al cargo para ser Capitán General de
Granada, con la subida al poder de O’Donell fue cesado en la Capitanía de
Granada.
Militó durante un tiempo en la Unión Liberal de O’Donell, dejando
temporalmente el partido progresista, etapa que coincidió con su intervención en
la Guerra de Marruecos, de donde salió como un héroe y su expedición a México
recibiendo críticas de la Unión Liberal por sus actuaciones en ese país, haciendo
que volviera a militar en el partido progresista.
La vuelta al progresismo le hizo mostrarse nuevamente como un combativo
liberal progresista y entro en una etapa de conspiraciones (1863 – 1868). Fue
protagonista de varios golpes y levantamientos.
Golpe el 6-6-1864, fracasado por una delación, nuevo intento dos meses
después , fracasado por la retirada de un coronel, nuevo levantamiento en
Valencia fracasado y tuvo que pasar a Francia. En 1866 protagonizó el
pronunciamiento de Villarejo de Salvanés, también saldado con un fracaso.
Los continuos fracasos hicieron cambiar de estrategia a los progresistas,
buscando el apoyo popular en los levantamientos, así el primero de estos fue la
sublevación del Cuartel de San Gil en Madrid, apoyada por civiles, que supuso
otro fracaso. Después de un nuevo intento fallido en agosto de 1867, esta vez
debido a rehusar el propio Prim a encabezar una revuelta popular, dejó Suiza y
acabó residiendo en Londres.
La muerte de O’Donell en 1867 hizo líder de la Unión Liberal a Serrano. Las
desacertadas decisiones del sucesor de Narváez, muerto en 1868, motivó que
muchos militares pasaran a formar parte de la Unión Liberal, preparándose otra
nueva revolución en 1868 (“La Gloriosa”).
Esta nueva revolución tuvo como figuras principales a Prim, Serrano y
Topete. El resultado de las elecciones de 1869 dejó a Prim como líder de los
progresistas, vencedores de las elecciones en unión de los demócratas, Prim fue
nombrado Jefe de Gobierno reservándose la cartera de Guerra y se aprobó la
constitución aceptando la forma monárquica de gobierno, eso sí sin los Borbones.

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Después de varios ofrecimientos de la corona española y varios rehúses, le
fue ofrecida por segunda vez a Amadeo, duque de Aosta, que aceptó y gobernaría
como Amadeo I de Saboya.
El día 27 de diciembre salía hacia España Amadeo I y ese mismo día sufrió
Prim un atentado en Madrid que acabaría con su vida tres días después.
El revolucionario, progresista, liberal, aguerrido, intrépido y valiente Prim
nos ha dejado para la posteridad dos incógnitas sin resolver:
La primera, la autoría del atentado. Algunos indicios señalan al Duque de
Montpensier y al general Serrano, como instigadores, y al republicano José Paul
Angulo como ejecutor con otros nueve hombres, hechos no probado
fehacientemente.
La segunda, si realmente murió a consecuencia de los disparos del atentado
del día 27 de diciembre o por el contrario fue estrangulado como sostienen
expertos forenses como consecuencia de exploraciones recientemente efectuadas
a su cuerpo momificado y que han dado lugar a ríos de tinta y acusaciones de los
partidarios de una y otra teorías.