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Historia de la Psicoterapia sistémica cibernética en Chile:


una forma de entenderla
Capítulo 12, del Libro: Cartografía de la Psicología contemporánea, Editado
por Adriana Kaulino y Antonio Stecher. Lom 2008, Páginas 297 a 321

Ana María Zlachevsky Ojeda


Hablar de psicoterapia no es fácil, en tanto, a mis ojos “la” psicoterapia no
existe sino que existimos terapeutas que desde nuestro bien entender hacemos
terapia, por lo tanto este artículo no es, rigurosamente hablando, sobre
psicoterapia sistémica cibernética, sino sobre mi forma de entenderla.

Me formé en la Universidad de Chile bajo el influjo de una generación


que enseñaba la ciencia como uno de los caminos – o, tal vez, el camino – hacia
el conocimiento del ser humano. Si bien la psicología constituyó originariamente
un retoño de la filosofía, ello había quedado en el pasado. Como sostienen Efran
y Libretto “la así llamada ´envidia de la ciencia` incitó a los trabajadores en ese
campo a distanciarse de sus raíces filosóficas y a adoptar en lo posible el mandato
de las ciencias”1. Los estudiantes de psicología no éramos distintos; teníamos en
aquella época pretensiones de hacer de nuestra disciplina un hacer científico.
Nuestro objeto de estudio era el ser humano; y la posibilidad de operacionalizar
su comportamiento, una meta a alcanzar. Las reflexiones ontológicas sobre el ser
de lo humano no tenían cabida, nosotros daríamos que hablar a partir de nuestras
investigaciones científicas.

Relata Descouvières que desde fines del siglo diecinueve e inicios del
siglo veinte, la Universidad de Chile vivió una cientificidad del saber.
Refiriéndose específicamente a la psicología en cuanto ciencia, sostiene: “tiene
alta significación la estrategia que asume la Universidad de Chile al fin de siglo y
en la primera década del siglo veinte, con la contratación de expertos de alto

1
Packman, Marcelo; (1997), Construcciones de la Experiencia Humana, Vol. II Edit. Gedisa,
Barcelona, p. 66
2

nivel, venidos de Europa. En el caso de la psicología, la traída del profesor


Wilhelm Mann es esencial. Ese hombre vinculado desde temprano a la cuna de la
psicología científica en el laboratorio de Wundt, en Leipzig, abre de manera
generosa las vertientes para el pensamiento experimental”2.

Me parece interesante señalar que en el año 1964 (época en la que cursaba


primer año de la carrera) se crea un centro de investigaciones de Parapsicología y
en la Crónica Universitaria de ese año aparece escrito: “el interés cada vez mayor
por el estudio de los fenómenos del dominio de la parapsicología, enmarcados en
los más rigurosos métodos de la ciencia positiva3 determinó al H. Consejo
Universitario crear, dependiente de la cátedra de Psiquiatría del Dr. Ignacio Matte
Blanco un Centro de Investigaciones de Parapsicología”4. En una Universidad
con esas características era esperable que quienes ahí nos formamos volcáramos
nuestro interés a la búsqueda de regularidades, de leyes, que permitieran
observar, describir, explicar, predecir y controlar el comportamiento humano.

Mirado desde hoy, después de 37 años ejerciendo psicoterapia, puedo


decir que ese interés científico nos dejó sin dar respuesta a cuestiones
fundamentales relativas a cómo entendemos el ser del ser humano y seguimos
durante décadas avanzando como si ello no fuera importante. La pregunta por una
comprensión acabada de qué es la psiquis o de cómo entender el ser del ser
humano no ameritaban reflexión. Ello era resorte de la filosofía y de un pensar
“no científico”. No obstante, hoy, enfrentada a haber trabajado y enseñado sobre
dolores humanos me pregunto: ¿Podemos decirnos psico-terapeutas sin tener una
respuesta ─o una meditación seria─, a la pregunta “qué es el fenómeno
psíquico”?

2
Descouvières Carlos; Lo psicológico en los Anales de la Universidad de Chile. Estudio descriptivo.
Documentos Anexos de los Anales de la Universidad de Chile. Sexta Serie, Nº 2, Julio de 1999, p. 114
3
Las cursivas son mías.
4
Descouvières Carlos; Lo psicológico en los Anales de la Universidad de Chile. Estudio descriptivo.
op. cit., pp. 88 s.
3

Siguiendo a Heidegger, pienso que hemos pecado ─tal vez sin darnos
cuenta─, del intrínsico escapismo que hay en la comprensión de lo humano
característico de la época técnica. En nuestro afán por el control no nos hemos
detenido a escuchar y rescatar el significado originario de los conceptos5, de
quienes nos antecedieron en la reflexión. Tal vez ahí encontremos más de alguna
pista que nos permita dar cuenta de una meditación personal y no un mero repetir
lo que otros han dicho sobre el fenómeno psíquico y así contestar y contestarnos
qué es aquello con lo que trabajamos en el día a día, “la psiquis”.

La supremacía de la subjetividad en la comprensión de “lo psíquico”


Moreno, tratando de describir donde está la psiquis, nos remite a la
segunda mitad del siglo diecinueve y sostiene: “Griesinger, en 1861, ubica a las
enfermedades mentales dentro del cerebro, y las clasifica con tal rigurosidad
como para fundar la psiquiatría. Lo psíquico queda subordinado a las funciones
de un órgano: el cerebro. La psiquiatría encuentra su piedra basal y el método de
la ciencia empírica su objeto de estudio”6. Desde entonces la psiquis se ha
entendido estando en el cerebro y hasta nuestros días no ha sido fácil mirarla de
otra manera.
Desde el interior del cerebro, el hombre sale al encuentro del mundo.
Aprende a diferenciar fantasía de realidad y es capaz de representarse el mundo.
La idea de sujeto pensante no es cuestionada ni menos puesta en duda. La base
idealista que sustenta esas posiciones queda sin cuestionar. Acevedo hace notar:
“hace casi cuarenta años caí en la cuenta que estudiosos de la filosofía y de las
ciencias humanas aún están inmersos en los planteamientos del idealismo”7 ¿Será
que los planteamientos idealistas están a la base de una gran cantidad de escuelas
psicológicas de hoy? ¿Tendría eso algo de malo?

5
Heidegger M., Heidegger Martin, Ser y Tiempo, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 2002
6
Moreno Daniel; “¿Podríamos no hablar de salud mental?” Revista Sistemas Familiares, Año 13, Nº 2,
Buenos Aires, 1997, p.94
7
Acevedo Jorge (2005) La recepción de la obra de Jean-Paul Sartre en Chile. En “d ‘emprinte Sartre”;
suplemento de Liberation, del 11 de marzo, de 2005, París, p. 53
4

El idealismo dividió el mundo en dos vertientes “o fuera de mí o dentro de


mí”8, escribe Ortega. Los contenidos de conciencia son las imágenes
representadas que yo formo sobre el mundo (indudablemente, estarían dentro de
mí); y en tanto vienen del mundo exterior, lo que me represento estaría fuera de
mí. Dreyfus siguiendo esa línea de pensamiento afirma: “desde Descartes, los
filósofos han intentado demostrar la existencia de un mundo de objetos fuera de
la mente. Kant consideraba escandaloso que tal demostración jamás hubiera
tenido éxito”9. El mundo externo se representaba en la mente de cada quien a
modo de objeto. Sujeto y objeto eran dos entidades separadas una de otra.
Leámoslo en palabras de Keeney: “la idea de que el ser humano está separado de
su ambiente es una distinción epistemológica que subyace en la mayoría de
nuestros pensamientos vinculados con la interacción humana. Esta particular
indicación cobra múltiples formas, incluidas las de observador y observado,
terapeuta, cliente, individuo y familia, teórico y clínico, subversivo y patrón,
hombre y naturaleza”10. Esta separación del hombre respecto de su entorno hace
ver al ser humano como un sujeto encerrado en sí mismo, que sale al encuentro
del mundo, un sí mismo delimitado y separado de un ambiente que sólo le sirve
de telón de fondo. El ambiente es lo otro, una entidad aislada con la cual el sí
mismo interactúa. Keeney escribe: “esta relación se describe luego como un
intercambio de acciones unilaterales: el hombre actúa sobre el ambiente, el
ambiente actúa sobre el hombre.”11. Esta separación entre ambiente y ser humano
―que separa al hombre de su medio―, al trasladarse al campo de la terapia,
necesariamente lleva a mirar al paciente como lo otro. Ese otro, debe ser visto de
una manera especial, cumpliendo ciertas condiciones de validez. ¿Cuáles son esas

8
Ortega y Gasset; ¿Que es filosofía?, Editorial Porrúa, México, p. 90
9
Dreyfus Hubert L.; Ser-en-el-Mundo, Editorial Cuatro Vientos, Santiago de Chile, p. 271
10
Keeney Bradford; Estética del cambio, Editorial Paidós, Barcelona, 1991, p. 128
11
Keeney Bradford; Estética del cambio, Editorial Paidós, Barcelona, 1991, p. 129
5

condiciones? Que sea posible de ser visto bajo el prisma de la objetivad y que
dicha objetivad cumpla con el rigor de la razón y de la ciencia.
Que el pensamiento requiera ser racional para ser considerado serio y
válido, no se pone en duda. Heidegger sostiene: “el pensar que no mide, que no
calcula técnicamente es echado a un lado y hostilizado; no se le considera
genuino pensar ni, por consiguiente, se le toma en serio; se le llama mera poesía o
misticismo lleno de vaguedades”12. (Para mayor información ver la obra de
Heidegger La proposición del fundamento o El principio de razón)13
Maturana, siguiendo otro camino explicativo pero en la misma línea de
análisis, plantea: “cada vez que queremos convencer a alguien para que
concuerde con nuestros deseos, y no podemos o no queremos usar la fuerza bruta,
ofrecemos lo que llamamos un argumento objetivo racional. […] Lo hacemos así
bajo el supuesto implícito o explícito de que lo real o la realidad es universal y
objetivamente válido, porque es independiente de lo que hacemos, y una vez que
es indicado no puede ser negado”14. En ese camino explicativo, la realidad
universal ―que debe responder a la racionalidad―, sigue siendo la base sobre la
que se crea o debería crear el conocimiento. Vivimos en la actitud de entender el
mundo como un universo a descubrir por un sujeto, el hombre, capaz de
objetivar los hechos y aplicarles a ellos el pensamiento racional
La primacía de la subjetividad sustentada en el idealismo ha sido tan
fuerte en el pensamiento occidental moderno que no “podemos hacernos la
ilusión de superarla fácilmente”15. ¿Estamos los terapeutas sustentados en la idea
implícita de subjetividad? ¿Nos damos cuento del riesgo que implica esa idea?

12
Jorge Acevedo.; en: Heidegger M. Filosofía Ciencia y Técnica Prólogos de Francisco Soler y Jorge
Acevedo. Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 2003, p. 96
13
Heidegger Martin La proposición del fundamento, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1991
14
Maturana Humberto; La objetividad. Un argumento para obligar; Editorial Dolmen, Santiago Chile
1997, p. 13
15
Ortega y Gasset José; ¿Qué es filosofía? Editorial Porrúa, México, 1997, p. 68
6

¿Cuántas veces vemos a alguien recién cesante diagnosticado de depresión?


¿Nos hemos detenido a reflexionar seriamente en ello?16
El discurso modernista de la ciencia sustentado en el idealismo no sólo
promueve la idea dualista sino, también, una idea jerárquica de un cliente que no
sabe y un terapeuta que sabe. Cliente y terapeuta son vistos como entidades
separadas, no como participantes que interactúan en conjunto en un espacio
relacional. Leamos lo que escribe Anderson: “el aspecto relacional de la noción
del individuo–en–relación pasa a segundo plano. El cliente, en tanto sujeto de
indagación que no sabe, es liberado del problema”17 por el terapeuta, que sí sabe
lo que le pasa, y lo sabe porque su intelección racional, su conocimiento de
manuales-diagnósticos, posibilitan su saber.
No obstante los años que llevamos tratando de que la psicología clínica
sea científica no hemos llegado a lograr entender a cabalidad lo que es la psiquis.
Hillman y Ventura, citados por Packman en el año 1992, escribieron: “We´ve had
a hundred years of psychotherapy-and the world´s getting worse”18. ¿Qué
tenemos que decir al respecto los viejos terapeutas?
Opazo, parafraseando al epistemólogo Thomas Kuhn, se pregunta:
“¿Cómo es posible que los científicos sociales tengan la misma cualidad
intelectual, la misma viveza, creatividad y aptitud lógica que un físico, un
químico o un biólogo contemporáneo, y su ciencia sin embargo no haya sido
capaz de logros semejantes? La respuesta a la interrogante de Kuhn se desprende
casi directamente: nuestro objeto de estudio es más difícil de conocer”19. ¿Será
sólo eso? ¿Es posible en psicoterapia hablar de objeto de estudio? ¿En una sesión
terapéutica el terapeuta es el sujeto que puede describir a cabalidad al paciente

16
Ver, Zlachevsky A.M. (2004) La teoría de la vida humana en Ortega: fundamento de una visión no
subjetivista de la psicoterapia. Tesis para optar al título de Magíster en filosofía. En Internet: Cybertesis.
Universidad de Chile. Facultad de Filosofía y Humanidades
17
Anderson Harlene; Conversaciones, lenguaje y posibilidades, Editorial Amorrortu, Buenos Aires, p 66
18
Hemos vivido 100 años de psicoterapia y el mundo cada vez es peor Pag 64
19
Cecidep; Integraciones en psicoterapia, Ediciones Roberto Opazo,. Santiago de Chile, 1992, p. 43
7

como objeto de estudio? Pienso que son preguntas difíciles que los terapeutas no
hemos sido capaces de responder seriamente.

De la mónada a la interacción: una forma de entender diferente


Anderson hace notar que “un puñado de teóricos y clínicos, se han ido
sintiendo cada vez más desilusionados (aunque por diferentes motivos) con las
limitaciones de la teoría, la práctica y la investigación modernista en el área de la
psicoterapia”20. Pareciera que estemos frente al surgimiento de una forma de
entender distinta que aquella que pretende explicar lo que le ocurre a las personas
aferrados al paradigma idealista. En el ámbito de la psicoterapia el individuo
requiere protagonismo, un protagonismo que no permite someterlo a leyes ni a
aplicársele etiquetas al estilo del pensamiento paradigmático entendido como lo
expone Brunner21. ¿Cómo podemos objetivar a quien mirándome a los ojos nos
cuenta que su forma de vivirse la vida hoy le duele?
El cuestionamiento del discurso terapéutico dual, centrado en un adentro y
un afuera lleva décadas. Podríamos decir que se remonta a la época en que Von
Bertalanffy, en un seminario de Filosofía en Chicago, que tuvo lugar en el año
1937, enuncia su teoría en forma orgánica. Invita a la comunidad investigadora
científica a formular una teoría lógico-matemático integradora: la famosa Teoría
General de Sistemas22.
Esta invitación es recogida por algunos terapeutas básicamente
psicoanalistas quienes, separándose de la ortodoxia comienzan a desarrollar
sesiones de terapia con la familia, con los sistemas escolares, con lo que llamaron
consultoría matrimonial y muchos más. Entre otros, es posible recordar al
psiquiatra Murray Bowen23, quién, en la década de los 50, plantea la importancia

20
Anderson Harlene; Conversaciones, lenguaje y posibilidades. Un enfoque postmoderno de la terapia.
op. cit. p. 69
21
Bruner, Jerome; (1998) pensamiento paradigmático y narrativo, en su obra Realidad mental y mundos
posibles, Editorial Gedisa, Barcelona, p 23.
22
Ver Zlachevsky Ana María (1994) Teoría General de Sistemas, Apuntes UNIACC, Santiago de Chile
23
Zlachevsky O AM, Pena G. Lucía (1996) Murray Bowen, Apunte para el curso de Psicoterapia
Sistémica, Universidad Central, Santiago de Chile
8

que tiene la familia en la producción de los síntomas de alguno de sus miembros.


La familia pasa a ser vista como un sistema compuesto de subsistemas e inserto
en sistemas más amplios. Cualquier síntoma, ya sea físico o emocional, sería una
prueba de una “disfunción familiar”, de esta manera, la patología del paciente
podría comprenderse sólo en relación al sistema emocional del que, quien sufre,
forma parte. El concepto boweniano de masa yoica indiferenciada familiar
(oneness), si bien tiene un sustento psicoanalítico, permitió pensar en que la
unidad de análisis para el terapeuta debería de dejar de ser el individuo para pasar
a ser “el sistema emocional” del que forma parte quien consulta. De esta manera
por primera vez se pone en duda la idea de que es el sujeto separado del ambiente
quien enferma y se propone ver al individuo formando parte de un sistema
mayor, la familia. Nace entonces rudimentariamente el movimiento llamado
“terapia familiar”.
Por esa misma época ―Ferreira elabora la idea de― mitos familiares y
sugiere que en las interacciones entre los miembros de un sistema familiar está
presente un intercambio de mensajes comunicacionales. Estos intercambios
comunicacionales van dando lugar a secuencias de comportamientos de tal
manera que la forma como los actores puntúan lo que está sucediendo en la
interacción los ubica en distintos roles al interior del puzzle relacional de la
comunicación familiar24.
Las secuencias repetitivas de intercambios comunicacionales según
Ferrerira, se perpetuarían en el tiempo, y aparece la idea de que la familia es un
sistema gobernado por reglas. Si bien las reglas son metáforas acuñadas por el
observador para describir las redundancias que observa en las transacciones
comunicacionales o pautas repetitivas de conducta de la familia, ya la idea de
linealidad del comportamiento pasa a no dar respuesta a lo que ocurre en un
sistema familiar y emerge la idea de circularidad. Se requiere describir

24
Zlachevsky O AM, Pena G. Lucía Mitos Familiares (1995) Apunte para el curso de Psicoterapia
Sistémica, Universidad Central, Santiago de Chile
9

secuencias, por ejemplo: cuando la madre habla, el padre baja la vista, el hijo
mira al padre y la madre habla más fuerte. La idea de circularidad empieza a
reemplazar a la de relaciones causales.
Boszormenyi Nagy entra en escena y su idea de lealtades invisibles,
sistema de deudas y méritos familiares, no deja a nadie indiferente, quedando
sistematizadas en el modelo sistémico contextual que explicita en su libro
Lealtadaes Invisibles editado junto a Spark, en 197325 .
El grupo de terapia familiar más conocido en el Chile de entonces fue el
de Palo Alto, uno de los centros donde el estudio de los sistemas tuvo mucho que
decir. En realidad este grupo abarcó en la práctica a dos entidades diferentes pero
íntimamente relacionadas. Una de ellas corresponde al equipo que formara el
antropólogo y epistemólogo Gregory Bateson, llamado "Proyecto Bateson"
(1952-1962). Dicho proyecto estaba orientado a investigar la naturaleza de la
comunicación en términos de los distintos niveles de abstracción presentes en un
proceso comunicacional. A ese proyecto llegaron a trabajar John Weakland, Jay
Haley y Don Jackson. Este último es quien, en 1959, crea el Mental Research
Institute (M.R.I.) de Palo Alto, ampliando al área clínica los trabajos
específicamente referidos a la comunicación esquizofrénica planteados por
Bateson. En 1960 se integrará a este grupo de trabajo Paul Watzlawick. Poste-
riormente, en 1967, el M.R.I. funda el Brief Therapy Center (B.T.C.), centro
psicoterapéutico y docente, donde se desarrolla lo que hoy se conoce como el
modelo de terapia breve sistémica.
Jay Haley perteneció al M.R.I, pero luego de un tiempo se retiró a trabajar
con Minuchin en Filadelfia para, finalmente, desarrollar su propia labor clínica en
Washington junto a quien era entonces su esposa, Cloé Madanes. Desarrolló un
modelo con métodos propios orientado a perturbar las estructuras familiares

25
Boszormenyi Nagy (1994) Lealtades Invisibles, Editorial Paidós, Buenos Aires
10

“anormales”, utilizando la metáfora cibernética para ello y haciéndose cargo de la


importancia del poder en psicoterapia 26

La cibernética también influyó en el enfoque estructural desarrollado en


Filadelfia representado principalmente por los escritos de Salvador Minuchin, si
bien también investigaban en esa línea Braulio Montalvo, Mauricio Andolfi y
Harry Aponte. Minuchin y Fishman, acuñan el concepto de holón familiar en
lugar de sistema. Ello en la medida que el término “holón” hace referencia a la
noción de totalidad (holos), que al agregarle la partícula “on” (como protón o
neutrón) da la idea de que esta totalidad está en constante movimiento. Proponen
que la familia es un holón gobernado por reglas, con una gran capacidad para
adaptarse e ir cambiando a través de las distintas etapas por las que atraviesa la
familia. Esta adaptación les permite ser capaz de ir manteniendo su organización
familiar. Para explicar como se produce este hecho utilizan la metáfora
cibernética, siendo el concepto de feedback positivo y feedback negativo
elaborado por Wiener el que les permite mostrar la tendencia a la estabilidad y el
cambio. Para los estructuralistas un síntoma de algún miembro del holón familiar
podría explicarse a través del concepto de feedback negativo. El síntoma es visto
como un movimiento del holón para reorganizarse de tal manera de disminuir las
diferencias y poder mantenerse siendo los mismos. Por supuesto, ello no sería
producto de la voluntad individual de cada miembro del holón, sino producto de
las reglas organizacionales que permiten la adaptación del sistema a los cambios,
manteniendo su organización (totalidad, límites, jerarquía). Considerando que
cada miembro del sistema no puede verse en acción en tanto es parte de un
sistema mayor del que forma parte (así como el ojo no puede mirarse a sí
mismo), quienes podrían describir lo que ocurre al holón familiar serían los
terapeutas que por estar fuera del sistema tendrían acceso a entender las reglas de

26
Ver Dell, Paul F. (1989) Violencia y la Visión Sistémica: el Problema del Poder, Family Process,
Marzo de 1989. Vol 28, Número 1. Traducción de Zlachevsky Ana María; Pena Lucía, Apuntes de Clase.
11

regulación de la organización familiar en términos de feedback positivo y


negativo.
Se podría decir que a esa altura del trabajo terapéutico la unidad de
análisis cambió: del individuo pasó a la relación, pero la idea de control siguió
estando presente. La modernidad no había abandonado el campo de la terapia
familiar. Tanto es así que Jay Haley (1991), plantea que la terapia denominada
“estratégica” no se refiere a un solo enfoque, sino que abarca a todos aquellos
enfoques en los que el terapeuta es activo en influir directamente en el sistema
consultante27.

La metáfora cibernética permitió seguir pensando que el ser humano es


susceptible de ser controlado. Si bien se abandona la idea de individuo como
unidad de análisis, la idea de control no abandona la psicoterapia en su hacer.
Digo en su hacer, dado que los trabajos de Bateson ya habían sido traducidos a
distintos idiomas y sus investigaciones eran conocidas en el mundo de la terapia,
pero la descripción de técnicas terapéuticas de los distintos enfoques lleva
implícita la metáfora cibernética.
La psicoterapia no quedó fuera de los adelantos de la ciencia, por lo que
es posible decir, con Heidegger, que, el mundo científico se convirtió “en un
mundo cibernético. El proyecto cibernético del mundo supone anticipadamente
que el rasgo fundamental de todos los procesos mundiales calculables es el
control [o comando] [Steuerung]”28. La diferencia con el paradigma científico
lineal es que el control pasa a estar mediatizado por la transmisión de la
información que le proveen los sistemas u holones al terapeuta. La regulación de
los procesos, que va de ida y de vuelta, del sistema al terapeuta y viceversa en su
relación recíproca, se produce como un movimiento circular. Este movimiento
circular pasa a ser entendido como un círculo regulador de intercambio de
27
Para mayor información ver Haley, J. (1984) Terapia de Ordalía. Argentina: Edit. Amorrortu o Haley,
J. (1990) Terapia para Resolver Problemas. Argentina: Amorrortu, 4ª reimpresión.
28
Heidegger Martin Conferencia de Atenas, Publicada en Interent, sitio Heidegger en castellano, Traducción de
Bremo Onetto, p 6
12

información entre sistema consultante y terapeuta que permite la autoregulación,


la automatización de un sistema que está en constante movimiento.
En el mundo representado por la metáfora cibernética desaparece la
diferencia entre la máquina automática y los seres vivos. Aún cuando Pask citado
por Keeney29 distinga entre sistemas taciturnos (el de las máquinas) y sistemas
orientados por el lenguaje (humanos), el lenguaje era entendido como un
intercambio comunicacional o de información. El lenguaje, como dice Hidegger,
fue expulsado de su comprensión fundamental y entendido sólo como medio de
comunicación por lo que, como escribe el pensador de Friburgo, la información
“es neutralizada en el proceso indiferenciado de la información. El proyecto
cibernético del mundo, ´el triunfo del método sobre la ciencia`, hace posible una
calculabilidad general y uniforme y, en ese sentido, universal, es decir: la
dominación del mundo inanimado y animado”30. Esta idea permite afirmar que la
ilusión de control no había abandonado la escena de la terapia familiar, por lo que
es posible decir que todos aquellos enfoques que utilizan la Teoría General de
Sistemas o la llamada Cibernética de Primer Orden están con fuerza arraigados
en la modernidad.

Hacia una nueva epistemología


William H. O’Hanlon y Steve De Shazer, junto a otros colegas, crean en
Milwaukee, en 1978, el Centro de Terapia Familiar Breve (BFTC), conocido
también como el modelo estratégico “centrado en las soluciones”. Este equipo
comenzó su trabajo centrado en los problemas para ir derivando poco a poco
hacia plantear la idea de que es necesario en terapia centrarse en las soluciones,
acentuando los recursos de los pacientes. En lugar de identificar patrones de
interacción en torno a la queja a fin de interrumpir la secuencia de
comportamiento en el que el problema se alojaba (como lo propone el MRI), se

29
Keeney, Bradford (1991) Estética del cambioEstética del cambio, Editorial Paidós, Barcelona
30
Heidegger Martin (1967) Conferencia de Atenas, traducido por Onetto Breno en el sitio electrónico
Heidegger en Castellano, p 6
13

orientaron a identificar lo que funciona en el sistema y amplificar estas


secuencias de solución. (De Shazer, 1991).
Por otra parte, en el año 1981 retornan a Chile los terapeutas Fernando
Coddou y Carmen Luz Méndez, quienes fundan el Instituto de Terapia Familiar
de Santiago, siendo uno de sus directores Humberto Maturana. Elaboran un
modelo de terapia llamado sistémico en realidades consensuales que no sólo fue
conocido en Chile, sino que trasciende los confines de nuestro país para ser
reconocido incluso en lugares como Italia31. En esos confines europeos donde el
“Modelo de Milán” también estaba dando un vuelco en su forma de concebir los
sistemas familiares, haciendo realidad la epistemología batesoniana.
De hecho, no es menos significativo el cisma, que por ese entonces, vive
el grupo de Milán. En 1980 se separan Boscoso y Cecchin de Selvini Palazzoli y
Prata, para trabajar con los sistemas observantes (conocido también como
cibernética de segundo orden)32, creando un modelo donde “la terapia reconvierte
en una creación común, entre terapeutas y clientes, de ‹‹historias›› alternativas y
atribuciones de nuevos significados a la realidad compartida”33 . Las ideas de
objetividad entre paréntesis, de sistemas autopoyéticos, de multiverso, empiezan
a invadir la escena del movimiento de la terapia familiar. El terapeuta empieza a
ser entendido como formando parte del sistema consultante.
En Chile, las cosas evolucionan relativamente poco en este periodo,
fueron tiempos de controlados cambios. La terapia familiar no fue una excepción
y apareció por entonces ligada a vertientes normalizadoras y muy centrada en la
idea del poder del terapeuta. Las bibliografías y las visitas de connotados
terapeutas fueron todas en la misma línea estratégico-estructural y la formación
de post título en este sentido no escapaba a esta realidad.

31
Bertrando, P Toffanetti (2004) Historia de la terapia Familiar, Editorial Paidós, Buenos Aires, p 237,
367
32
Bertrando, P Toffanetti (2004) Historia de la terapia Familiar, Editorial Paidós, Buenos Aires
33
Bertrando, P Toffanetti (2004) Historia de la terapia Familiar, Editorial Paidós, Buenos Aires,p. 256
14

A fines del año 1992 visita Chile O´Hanlon quien dictó una conferencia
organizada por la Universidad de Chile. En esa conferencia planteó que la terapia
orientada a las soluciones se basaba en dos principios que alejaban a la
psicoterapia del paradigma científico y cibernético, el Principio de Incertidumbre
de Heisenberg y el Principio de Pigmalión.

Tanto el proyecto del ITF como la venida de O`Hanlon a Chile permiten


empezar a discutir seriamente el hecho de que en el hacer clínico el terapeuta
tiene algo que ver y, por lo tanto, las operaciones de distinción que realiza
requieren ser tomadas en serio. Se inicia un camino distinto en la reflexión de la
llamada terapia familiar. Ya no sólo la unidad de análisis cambia desde el
individuo al sistema relacional sino que se empieza a incluir los ojos del
observador en las distinciones que el terapeuta realiza, lo que trajo aparejado una
nueva concepción epistemológica, que fue bautizada con distintos nombres entre
los que vale la pena mencionar, constructivismo, construccionismo,
bringforthismo,34 objetividad entre paréntesis

En el ámbito de la terapia familiar chilena se empieza a cuestionar en


forma más generalizada la metáfora del poder y del control. Autores como
Varela, Maturana, Von Glasserfeld, Von Foester entre otros pasan a ser lectura
obligatoria de los distintos cursos de formación de psicoterapeutas.
Por otra parte la psicoterapia empieza a acercarse a otros campos del
conocimiento como la literatura, el construccionismo social, el constructivismo,
la teoría biológica del conocimiento, la politología y la sociología, entre muchos
otros. Con estas nuevas formas de entender, la ciencia –en el sentido de la
ciencia o razón naturalista35 –, va quedando atrás, e ingresan con fuerza estas
nuevas aproximaciones a la psicología clínica. Se comienza a hablar del polémico
movimiento que François Lyotard en el año 1979 había bautizado como
postmoderno.

34
Tomm Carl (1988) “Intending to ask lineal, circular or reflexive question?” Family Process, vol 27
35
Véase, de Ortega, Historia como sistema, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 2001, pp. 73 ss.
15

Para Anderson, la postmodernidad “significa una crítica, no una época,


[…] designa una ruptura de una orientación filosófica que se aparta de la
tradición moderna. [...]. Si bien sus raíces pueden encontrarse en el pensamiento
existencialista tardío, el posmodernismo no logró reconocimiento hasta la década
de 1970. No está representado por un autor en particular ni por un concepto
unificado; es un coro polifónico de sonidos interrelacionados y cambiantes, de los
que cada uno expresa una crítica del modernismo y una ruptura con éste. El
pensamiento postmoderno, a menudo ligado al postestructuralismo, y usualmente
asociado con los escritos de los filósofos Jacques Derrida (1978), Michel
Foucault, (1972), Lyotard (1984), Richard Rorty (1979) y Wittgenstein (1961),
representa ante todo un cuestionamiento y alejamiento de las meta-narrativas
fijas, los discursos privilegiados, las verdades universales, la realidad objetiva, el
lenguaje de las representaciones y el criterio científico del conocimiento como
algo objetivo y fijo. En suma, el postmodernismo rechaza el dualismo
fundamental (un mundo real externo y un mundo mental interno) del
modernismo, y se caracteriza por la incertidumbre, la impredecibilidad y lo
desconocido”36. Por otra parte las obras de Heidegger (Ser y Tiempo, 1927) y
Ortega y Gasset (Meditaciones del Quijote, 1914) si bien llevaban tiempo siendo
discutidas en el ámbito de la filosofía ingresan al escenario de la psicoterapia,
básicamente producto del doctorado en psicología que imparte la Universidad de
Chile donde se desempeñan como docentes filósofos especialistas en esos autores
que los dan a conocer.
Hoffman, reflexionando sobre la situación actual de la psicoterapia,
sostiene: “como consecuencia, la disciplina se encuentra al borde de una división
filosófica. Por un lado tenemos la postura tradicional o ‘moderna’, basada en las
pretensiones de objetividad de la ciencia moderna. Por el otro, tenemos una
postura ´postmoderna`, según la cual la realidad, en cualquiera de los sentidos

36
Anderson Harlene; Conversaciones, lenguaje y posibilidades. Un enfoque postmoderno de la terapia,
op. cit. p. 69
16

complejos que le dan los seres humanos, nunca se encuentra ahí afuera de un
mundo inmutable, independiente de nuestra forma de conocer”37.
Para Anderson, el paisaje postmoderno en psicoterapia se apoya en dos
perspectivas interpretativas: la hermenéutica filosófica contemporánea y el
construccionismo social. Como sostiene dicha autora “si bien ambas perspectivas
evidentemente no cubren todo el espectro del saber psicológico actual, permiten
reflexionar en torno a lo planteado. Una y otra perspectiva cuestiona la aplicación
de las explicaciones tradicionales de las ciencias físicas y naturales al análisis de
los sistemas humanos y consideran que la «precomprensión» inherente a tales
explicaciones no permite apreciar la complejidad de lo humano. Ni la una ni el
otro ofrecen un «marco teórico sistemático, con su correspondiente
metodología». (Semian, 1990, pág.151); en cambio los dos presentan un marco
para la crítica de los conceptos modernistas, y una alternativa”38.
El Construccionismo social, según la misma autora, implica la idea de
que: “el contexto es conceptualizado como un dominio multirrelacional y
lingüístico, donde las conductas, los sentimientos, las emociones y las
comprensiones son comunales. Ocurre dentro de una pluralidad compleja y en
constante cambio de redes de relaciones y procesos sociales, y dentro de
dominios, prácticas y discursos locales más amplios”39. El construccionismo
social pone el acento en la organización de significados compartidos que
configura una red de conversaciones que está a la vez inserta en una red mayor de
significados, la que puede ir ampliándose hasta llegar a la macro red de
significaciones que conforma la que la propuesta social nos impone, la de las
verdades normalizadoras (sistema de creencias y sistema de usos sociales,
podríamos decir, en la terminología de Ortega).

37
Hoffman Lynn; “Postmodernismos y Terapia Familiar”, revista Sistemas Familiares. Año 14, Nº 1,
Buenos Aires, 1998, p. 35
38
Hoffman Lynn; “Postmodernismos y Terapia Familiar”, op. cit., p. 35.
39
Anderson Harlene; Conversaciones, lenguaje y posibilidades:, Un enfoque postmoderno de la terapia,
op. cit., p. 80
17

El construccionismo social y la hermenéutica tienen ciertas similitudes.


Ambos examinan los supuestos que mueven a las creencias y prácticas
cotidianas: cómo producimos y comprendemos a los individuos y las
instituciones sociales; cómo participamos en lo que creemos, vivenciamos y
describimos (Giddens, 1984). Ambos comparten una perspectiva comprensiva
que acentúa el sentido ―sentido construido, no impuesto―”40.
Pero sin lugar a dudas ambas perspectivas tienen en común otra idea que a
mis ojos es central, la idea de que el “self” o identidad personal, como una
entidad estable, como un núcleo preexistente y coherente en el tiempo, no existe.
El individuo siempre emerge en interacción. Se desplaza la visión de
considerar la morada del problema en el individuo, hacia una visión centrada en
la descripción de las redes de significados compartidos por los individuos. Esta
forma de entender lo humano ubica “lo psicológico” en el espacio de las
relaciones, poniendo el acento en lo contextual. El rol del otro pasa a ser central,
en la medida que lo que yo soy surge en la interacción del otro conmigo y de yo
con el otro.
Indudablemente, este tipo de pensamiento ha desplazado la visión de que
lo que el individuo es, o cómo se comporta, está al interior de la persona. Lo que
el psicólogo observa no es lo que le ocurre al individuo en su interior, sino lo que
ocurre “entre las personas”, en esa danza conjunta en la que se entrelazan los
distintos comportamientos en forma consensual, dando origen a conversaciones
compartidas por los sistemas involucrados.
Moreno se pregunta ¿Puede un cerebro pensar?, citando a Bateson se
responde “no, lo que puede pensar es un cerebro que está dentro de un hombre
que es parte de un entorno”41. En otras palabras sin entorno, sin otros con quienes
interactuar no sería posible lo psicológico.

40
Anderson Harlene; Conversaciones, lenguaje y posibilidades:, Un enfoque postmoderno de la terapia,
Editorial Amorrortu, Buenos Aires op. cit, p. 72
41
Moreno Daniel; (1997) “¿Podríamos no hablar de salud mental?” op. cit., p. 95
18

En el contexto internacional, específicamente en el ámbito europeo, el


cuestionamiento de lo monádico (y lo cientificista) es bastante fuerte y agrupa a
grandes pensadores, en Chile continua existiendo una imperante idea del sujeto
como constructor de realidad. Los modelos sistémicos, aún cuando, en lo teórico
o en la bibliografía, tienden hacia una epistemología no realista ello no se traduce
en las intervenciones a nivel de los consultorios públicos. En dichos consultorios
la gran mayoría de terapeutas continúa interviniendo desde lo normativo,
manteniendo la relación de poder sobre el consultante, centrando su hacer en una
psicoterapia centrada en la reparación, en la homogeneización y en la higiene
social vista desde la producción. Un ejemplo que a mis ojos es bastante
clarificador es el modelo de intervención para la depresión impuesto por el plan
Auge, que es ampliamente criticado en las conversaciones de pasillo pero sigue
siendo una buena forma de completar las estadísticas de salud mental.

Hacia una ontología de lo psíquico: el lenguaje como morada del ser


Si llevamos esa lógica al extremo podríamos decir que los intercambios
comunicacionales con los otros y con el entorno y que dan origen a las
distinciones que cada uno hace, se hacen siempre desde y a través del lenguaje.
De esta manera, el lenguaje cobra su rol protagónico para entender “lo psìquico”
Echeverría, nos recuerda que los signos, los objetos, los eventos y las acciones
son constituidas como tales en el lenguaje. En cuanto tales, no existen por sí
mismos. Lo que una cosa sea en sí misma jamás se sabrá, lo que sea para una
persona determinada depende de la distinción lingüística que la persona realice.
Esa distinción lingüística se hace siempre en y desde el lenguaje42.
El lenguaje como fenómeno biológico, en el decir de Maturana, es un
proceso que no tiene lugar en el cuerpo (sistema nervioso) de los participantes,
sino que ocurre en el espacio de coordinaciones conductuales consensuales que se

42
Echeverría Rafael (1995) La 0ntología del lenguaje, Editorial Dolmen, Santiago de Chile, p. 49 y ss
19

constituye en el fluir de los encuentros corporales recurrentes que acontecen con


otros43.
La concepción de lenguaje que se utiliza no se relaciona con un lenguaje
que “describe” el mundo interno de la persona sino que es producto de las
acciones entre las personas, “las coordinaciones relacionales” entre los
individuos que comparten significados, los que han sido de alguna forma
construidos en conjunto por aquellos que conforman un sistema social. Incluye
tanto la palabra como los gestos, las posturas corporales, las miradas, es decir,
todas las acciones consensuadas, siendo parte de ello lo “no dicho”.
Los seres humanos vivimos y nos construimos en un mundo lingüístico
con esas características. Como planteaba Heidegger, “habitamos en el lenguaje”44
Podemos citar distintos autores que refieren a lo mismo y decir con Nietzsche, “el
lenguaje es una prisión de la cual no se puede escapar”,45 o, con Gadamer, “no
hay nada fuera del lenguaje o, si lo hay, no es posible conocerlo”46.
Esta idea de hacernos cargo del lenguaje de esta manera permite pensar
que la ontología de los psíquico está en el lenguaje. Leámoslo en palabras de
Echeverría: “no sabemos como las cosas son. Sólo sabemos cómo las observamos
o cómo las interpretamos. Vivimos en mundos interpretativos”47. Una rosa es una
rosa en el “decir rosa”, lo que sea en sí, independiente del lenguaje, no lo
sabemos. (Echeverría)
En síntesis, hoy podríamos afirmar que la Psicoterapia sistémico
cibernética ha evolucionado a otra forma de comprensión, una que se hace cargo
del problema ontológico de lo psíquico, afirmando que el ser del ser humano no
es el de un animal racional sino que lo que hace la diferencia de lo humano es, en

43
Maturana Humberto; (1997) La objetividad. Un argumento para obligar, Editorial Dolmen, Santiago
de Chile.
44
Heidegger Martin: Carta sobre el humanismo. En Martin Heidegger, Hitos; Alianza Editorial, 1ª
reimpresión, Madrid, 2001, p. 259
45
Nietzsche Friedrich Obras Completas, Editorial Aguilar, Buenos Aires
46
Gadamer Hans-Georg 1977 Verdad y Método Ediciones Sígueme, Salamanca, Traducción de Ana
Aguad Aparicio y Rafael de Agapito, p 567
47
Echeverría Rafael (1995) La 0ntología del lenguaje, op. cit., p. 39
20

palabras de Heidegger, que “el lenguaje es la casa del ser. En su morada habita el
hombre”48
Si aceptamos que la ontología de lo psíquico mora en el lenguaje,
podemos decir que está emergiendo una nueva comprensión en el ámbito
terapéutico, la de los enfoques narrativos, en el sentido lato del término. Lo que a
mis ojos, estos enfoques tienen en común son las ideas que a continuación señalo:

1. Los seres humanos somos y existimos en el lenguaje. No tenemos el


lenguaje en nosotros sino que estamos en el lenguaje “como un pez está en el
agua” (Anderson, 1996). Las palabras van formando nuestras formas de significar
que va dando lugar a nuestra manera de vivir. Los significados compartidos van
configurando organizaciones de significados compartidas, las que a su vez van
dando lugar a narrativas. Una narrativa es un sistema de significados compartidos
constituido por actores o personajes, que incluye un guión, un escenario y un
sentido. “El foco de atención de la terapia son las historias alojadas en el espacio
virtual de la conversación entre los personajes” (Sluzki, 1996).
2. Todo sistema terapéutico se distingue por el desarrollo de un significado
co-creado, “el problema”, que no es otra cosa sino la forma como las personas
significaron y definieron los hechos. Aquello que hace sufrir y tiene atrapado al
sistema consultante involucra a todos los actores que comparten los significados
en el dominio de existencia en el que el dolor está alojado. De tal manera que el
problema tiene sentido en el dominio de existencia que el sistema consultante
defina como tal. La relación terapéutica es una co-construcción que se da en la
danza de la interacción entre terapeuta y sistema consultante.
3. En la medida que los sistemas humanos son sistemas lingüísticos, es decir
generadores de lenguaje y generadores de significado, quienes mejor pueden
describir lo que les ocurre son aquéllos que participan en la co-construcción de
48
Heidegger Martin: Carta sobre el humanismo. En Martin Heidegger, Hitos; Alianza Editorial, 1ª
reimpresión, Madrid, 2001, p. 259-
21

esos significados. En el caso de quienes consultan, son ellos quienes definen lo


que los trae a consultar, es decir son ellos, desde ellos, los que deciden qué
quieren cambiar y qué quieren mantener. El terapeuta jamás sabrá más que el
sistema consultante respecto de cómo le o les pasa la vida.
4. El rol del terapeuta es el de un artista convencional, cuya pericia radica en
hacer preguntas. Preguntas que gatillen en el sistema consultante reflexiones
alternativas, congruentes con las creencias y modo de ver el mundo de ellos. Es
decir, congruente con su sistema de significados. Estas explicaciones alternativas,
permiten ver lo que les está ocurriendo desde una óptica diferente; una óptica que
no incluya en su explicación “el dolor” o molestia que los motivó a consultar.
Las explicaciones alternativas llevan a la co-construcción de nuevas narrativas y,
por lo tanto, de narrativas más “felices”, en el mejor sentido de la palabra.
5. El poder de transformación de esta nueva forma de ver, de esta nueva
narrativa reside en la posibilidad de “re-relatar”, de deconstruir los hechos de sus
vidas, en el contexto de un significado nuevo y distinto. No se quiere decir con
lo expuesto que es simple cambiar una explicación, ya que la obligatoriedad de la
propuesta social se impone y no tenemos un número ilimitado de posibilidades o
de alternativas para nuestras creencias, pero a lo menos tenemos acceso a más de
una forma de ver e interpretar los acontecimientos existenciales que nos toca
vivir o nuestra propias creencias sobre lo que necesitamos para estar bien.
6. El terapeuta no es un experto que sabe lo que le ocurre al sistema
consultante, sino que es un experto en hacer preguntas desde una perspectiva de
“no saber”, de curiosidad por el mundo del otro. No sabiendo dónde, cómo y
cuándo le duele, lo que le duele al sistema consultante, lo único que puede hacer
es preguntar, no dar nada por supuesto y tratar de no caer en la trampa de
adivinar los significados de quienes vienen a consultar. “No acusa a nadie de no
ser como debiera ser según nosotros. Primero, porque nadie ´debe ser` de
ninguna manera, ya que como sea dependerá de cómo y con quien viva y de las
22

circunstancias de ese vivir”49. No se comporta como experto que sabe “lo que” le
ocurre al otro, ni menos aún diagnostica.
La ideas anteriormente expuestas permiten afirmar que el relato de cada
persona es único y los significados que le atribuye a los acontecimientos van a
depender de la forma particular en que cada persona signifique los
acontecimientos que está relatando. Esta forma particular de significar los
acontecimientos depende, en gran medida, del sistema u organización de
significados que fue adquiriendo a lo largo de la vida, en el convivir con otros,
en los espacios de encuentros y desencuentros distinguidos en el lenguaje que
tuvo o tiene con otros (lo que se dice, no se dice, cómo se dice, a quien se le dice,
cuando se le dice o no, que proxémica es aceptable, etc. ,,, ).
Para poder contar nuestra vida, dándole sentido al relato y para que otros
nos entiendan, inevitablemente se requiere un razonar sistémico en el sentido de
que se requiere poder mostrar las relaciones entre los personajes como el
protagonista la entiende y cómo formaban parte de la historia a contar. Quién es
quien, qué rol juega en la historia, dónde transcurren los acontecimientos que se
están relatando, qué hizo el o ella cuando yo hice, qué hice yo cuando él o ella
hizo esto o aquello. Como en una pieza de teatro, cada personaje ejecuta su papel
y sigue un guión del que no es consciente pero que sabe interpretar a la
perfección. Los acontecimientos que van transcurriendo, van teniendo sentido o
significación en el argumento total de la historia. Una historia que aparece ahora
con un sentido temporal con protagonistas centrales y secundarios, según lo
entienda quien relata los acontecimientos.
El sistema u organización de significados, que va "emergiendo" en la
convivencia conjunta con otros, permite, al relatar los hechos, ordenarlos,
incluirles secuencias temporales, organizadas sobre la base de una coherencia
hilvanada lógicamente. Ello configura la trama invisible de la narrativa sobre la

49
Maturana 1992 El Sentido de lo Humano. Ed. Hachette. Santiago de Chile.
23

cuál cada personaje significa sus acciones y de la de los demás en cada dominio
de existencia.

Cuando alguien viene a consultar como sostienen Gergen K., y Kaye J.:
“casi siempre es la historia difícil, desconcertante, dolorosa o iracunda de una
vida o de una relación ya arruinadas. Para muchos se trata de una historia de
hechos calamitosos que conspiran contra su sensación de bienestar, de
autosatisfacción, de eficacia. Para otros, la historia suele aludir a fuerzas
invisibles y misteriosas que se introducen en las organizadas secuencias de la
vida para perturbar y destruir. Y para algunos es como si, en su ilusión de saber
cómo es, cómo debería ser el mundo, hubieran tropezado con dificultades para las
que su relato preferido no los había preparado”50. La historia tiene que ver con
otros, se aloja en alguno de los distintos dominios de existencia en el que nos
desenvolvemos y, por lo tanto, tiene con esos otros una organización de
significados co-construida en y desde el lenguaje a lo largo de la vida que es para
él, ella o ellos “su realidad”.

La persona que consulta viene con un cuento de cómo ve y distingue lo


que le o les pasa y con una idea de:

Cómo debería Quién o quiénes Dónde piensa que Para qué se hace
hacerse algo en son los personajes se hace o lo que se hace,
un dominio de cuál es la
que deberían debería hacerse
existencia. finalidad que
hacerlo tiene el hecho
que se está
relatando.

50
Gergen Kenneth, Kaye John (1996) La Terapia como Construcción Social, Editorial Paidós, Buenos
Aires, p. 199
24

La labor del terapeuta, a mis ojos, pasa ahora a ser una labor de co-
construcción de la historia que trae el consultante, tratando de entender cómo la o
las personas significan los acontecimientos que nos relatan, cuál es la historia que
se cuentan. Cómo es que esa historia se destaca de las demás. Sabiendo que los
significados que se escoge relatar son fragmentos específicos que están insertos
en un sistema de significación mayor y que la vida del consultante es mucho más
que la que escoge contarnos.

Lo expuesto no pretende ser un relato acabado que lleva una secuencia


temporal exacta de las ideas sistémico cibernéticas. Probablemente quedaron
fuera una gran cantidad de escuelas y de modelos intermedios. Lo que se
pretendió es mostrar cómo el enfoque que un día se llamó sistémico, hoy está
siendo bautizado como narrativo y cómo este entendimiento se hace cargo de
entender la ontología de lo psíquico en el espacio relacional del lenguaje, en el
que el individuo, no sólo es una construcción lingüística, sino “también una
construcción social”51.

La psiquis que un día estuvo vista dentro de la cabeza hoy empieza a


verse “entre” las personas, personas que conversan de una cierta manera, que se
cuentan la vida de una cierta forma y que pertenecen a una comunidad
interpretativa que el terapeuta debe respetar.

Si bien creo que la terapia, como el arte, desde el ángulo que se le mire,
no es enseñable, sí se puede facilitar que quienes quieran aprender este difícil y
apasionante oficio, aprendan a pensar por ellos mismos, en especial su propia
concepción de “lo psíquico”. El espacio terapéutico a mis ojos es un encuentro
único entre el terapeuta que hará todo lo posible por ayudar a quien consulta y el
consultante, que por alguna explicación que sólo él o ella conoce, nos eligió.
Estando en ese espacio único elegimos la mejor herramienta que desde nuestro
buen entender tengamos a la mano para ofrecérsela a quienes nos consulten de

51
Echeverría R. (1995) La ontología del lenguaje, op. cit. p. 54
25

modo que su propio sistema reflexivo de creencias les permita una nueva
explicación, y así puedan dejar de sufrir a la brevedad.
En palabras de Gergen y Warhuus, “se invita al terapeuta a enriquecerse
con el dominio total de la inteligibilidad terapéutica, a hacer uso de todo lo que le
sirva en su contexto inmediato. En ese sentido, no existe un solo método de hacer
terapia sino tantos como terapeutas existan52.

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