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ME GUSTA LA CIUDAD

Me gusta la ciudad serena y triste


a esas horas que todos han huido
hacia el íntimo refugio de las cosas.
Cuando en el aire flotan, todavía, los ecos
de escandalosas fiestas y muchedumbres locas.
Entonces que la ciudad tiene conmigo
un gusto de cómplice y resaca
y late como mi corazón, solitario y tan frío,
desnudo con la noche,
furtivo como una rata.
Cansado y ronco como el ladrido
de un perro viejo que la lluvia calara.

Me gusta la ciudad a esas horas duras


que no la vive nadie, sólo las sombras
de seres que parecen venidos de otro mundo
a recoger las bolsas de basura,
mientras el aire se espesa y son
inútiles las señales de tráfico y las aceras.

EN ESTE VERSO CAIGO MUERTO

At the end of this sentence, rain will begin.Derek Walcott

En este verso caigo muerto y ya no me levanto


porque no hay un Dios que, como a Lázaro,
diga que me levante y ande
a escribir nuevamente versos por vanidad,
por la lucha de clases o por amor al arte.
Herido, mortalmente, por todos los costados,
agonizante y triste como un viejo elefante,
me retiro a la cueva y termino el desastre
mientras busco refugio en mi ideario.
NIÑAS DE PAPEL
La vie est une pute
la mort une salope
pourtant on aime les filles.De una pintada parisina

Son niñas de papel que se desnudan,


blancos cuerpos de seda junto al mar,
y que esperan, bañadas por la luz,
dorarse con perfiles de bronce y de sal.
Tendidas en la arena dejan pasar las horas,
felinas y entusiastas cuentan intimidades
y ríen, largamente, bajo un poniente sol.
Indolentes al mundo, confiadas, inquietas, juegan
a confundir las sombras con reflejos.

Han cogido la tarde y se la llevan puesta


como un vestido nuevo ajustado a la piel,
se marchan de puntillas con un secreto
que ellas mismas ignoran frente al mar
-el misterio del tiempo y el de la rosa-.
Vuelven a la ciudad murmurescente
mientras susurran sueños de amores y de azar.

Son niñas de papel desvanecidas


en la fotografía lenta que el ocaso revela,
claros cuerpos de azucena que efímeros recrean
una postal de arena que el viento borrará.

PAPEL VACÍO

¡Cuántas veces he salido


a buscar una palabra!
Francisco Ayudarte

Me doy de cabezazos contra el papel vacío:


ya importa poco el cuerpo que tomen las palabras
empeñado en encontrar un verso
que rime mis pisadas con la calle
-sinceramente cierto-
y cuyo ritmo sea como el chapotear de las gotas de agua.
Metáforas de caucho y de rodadas
me vienen a la mente mientras los intertextos
pueblan la vida de confusiones varias.

Me ahogo en tanto blanco, en tanto sinsentido,


luchando cada noche contra ese enemigo mortal
que es un papel sin nada
que siempre va conmigo, dando tumbos,
también en cada madrugada y que me hace insomne
como el llanto de un niño.
HOY NO TENGO MI DÍA

Hoy tengo una agonía de tristeza sin fin


que me carcome el alma,
un traje de botones, barba de cinco días,
carraspera y ojeras añil.

Hoy tengo estropeada la cañería


por donde sube y baja la sensatez,
me pesa respirar y me fatigo mucho
con las cosas que pasan.

Tiendo a la hipocondría, me deprimen


las noticias que sacuden el mundo,
mi paladar sostiene que el café está amargo
y sufro demasiado cuando pienso.

Me apena la ambición y los pobres sin tregua,


el autobús urbano y sus paradas,
los portales vacíos
y los que nunca encuentran el camino de vuelta.

Hoy no tengo mi día,


pero es verdad que nunca lo he tenido,
como no han sido míos los minutos y horas
que consumo como si fuera un fumador empedernido.

Hoy me acuesto temprano a cavilar


sobre el sentido del día que pasa,
y pienso el poco crédito que tiene lo que escribo
y en la súbita muerte de la palabra.

DEMORAS

Mis amigos me dicen, con insistencia,


que por qué no publico
la suma de versos que a mis espaldas llevo
-como alma que en pena
carga con sus pecados-.
Mis compañeros de fútbol me gritan,
con mucha urgencia,
para que llegue a tiempo a la pelota.
Y nadie observa
que siempre alcanzo tarde cualquier meta,
porque no tengo prisa en llegar
y camino.

Tardé en echarme novia,


fui tarde a hacer la mili y por poco si llego,
con mucha calma tarde me hice mayor
y con mi habitual torpeza,
llego tarde a las citas,
y cuando al cine entro
la película va por el primer beso.
Es un sino este el mío que puede ser congénito,
lírico o existencial -no lo sabremos-,
porque nunca me acuerdo de llegar a mi hora
y con cierto retraso me acuesto o me levanto.
Por eso fue, quizás, que no hice carrera
en el fútbol profesional como Butragueño,
y por eso será que no recibiré
el Premio Nacional de Poesía
como García Montero.

Y es que el tiempo,
sustancia de la que estamos hechos,
me enferma y me arruina
y por eso creo
que sólo seré puntual a la última cita:
la verdadera.

ARREBATO

Quiero escribir, pero me sale espuma.


Quiero decir muchísimo y me atollo.

César Vallejo

De pronto me entusiasmo
y me vuelve la emoción de escribir poesía
igual que si tuviera ahora veinte años,
y prisa por comerme el mundo.
Pero ya no es lo mismo
porque me cuesta tanto pelear cada noche
contra el papel vacío,
mendigar una palabra que signifique algo
diferente al cansancio o al escepticismo
que alimentan mi vida.

El peor de estos días peores


será cuando acabe atrapado por una telaraña
que crece entre mis libros
regada, en mitad de una selva de letras,
por el polvo del tiempo gastado.
También los poemas son a veces
como un monstruo que me traga
que me devora vivo,
y mañana será lunes, por ejemplo,
y seguiré escribiendo estas u otras cosas
que es como decir
continuaré soportando esta existencia
-la única quizás-,
más flaco que nunca
y tan desconsolado como de costumbre,
mientras recuerdo que Borges llegó a decir
en insolente argentino
que dejar de escribir un solo día
era pecar contra el Espíritu Santo.

Luego queda ese regusto amargo


por saber si este baile con la poesía
vale para algo, porque el zapatero
piensa en lo bien que caminan sus zapatos,
y el albañil seguro de su oficio
sabe que los techos de su casa
no dan agua y refugian del frío,
pero estos versos míos tan canijos, tan blandos,
a quién dan de comer y a quién calientan
en sus peores ratos.