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30/12/2017 Un día en lo de Ernesto Sabato - 24.04.

2016 - LA NACION

Un día en lo de Ernesto Sabato


Las visitas guiadas a su casa en Santos Lugares son ideales para aproximarse de
manera intimista a la obra y la vida (cotidiana) del gran escritor

DOMINGO 24 DE ABRIL DE 2016 Alejandro Rapetti PARA LA NACION

C omo en la trama tenebrosa de una novela de su abuelo, Ernesto Sabato, la nieta del
escritor asoma al portón de entrada e invita a pasar a un jardín sombrío, cubierto de
árboles y de una buganvilla que apenas dejan filtrar la luz del sol. "¿Cómo lo ven? ¿Qué les
parece?", pregunta a un grupo de estudiantes secundarios que vienen a participar de la visita.
"No es que no podemos los árboles ni limpiemos las hojas por descuido, sino que ésa fue la
voluntad de mi abuelo."

La arquitecta Luciana Sabato guía las visitas a la casa-museo del escritor en Santos Lugares,
abierta al público desde el 19 de septiembre de 2014. Un pasaje al mundo privado, íntimo y
menos conocido del autor de Sobre héroes y tumbas.

Al frente de la vivienda se levantan dos cipreses como columnas; un poco más allá, las palmeras
aportan el toque tropical. Por allí, una araucaria inmensa y una magnolia llena de hojas de
Santa Rita. En el medio, una glorieta.

La casa está ubicada a unas cuadras de la Av. General Paz y Mosconi, sobre la calle Langeri
3135. Puede resultar difícil llegar sin preguntar (o sin GPS), entre las intrincadas diagonales y
cortadas del barrio. La recompensa será un recorrido suculento entre anécdotas y recuerdos
familiares, en la casa donde Sabato pergeñó la mayor parte de su obra.

De la biblioteca personal al comedor diario, del escritorio con su vieja Olivetti al atelier con sus
obras plásticas, la visita ofrece además testimonios del escritor a través de documentos fílmicos
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que su hijo, Mario, cineasta, se ocupó de registrar en diferentes momentos. De esta manera, el
escritor está presente, acompaña el recorrido y comparte sus ocurrencias y recuerdos
personales.

"Mi abuelo recibía sus visitas acá y después pasaban al comedor, donde tomaban el té", cuenta
Luciana luego de atravesar el hall de entrada y acceder a la biblioteca dispuesta en el
invernadero e iluminada por un gran ventanal. "Por este lugar pasaron políticos como Raúl
Alfonsín, Graciela Fernández Meijide y Carlos Chacho Álvarez; escritores como Manuel Mujica
Lainez; músicos y compositores como Julio De Caro y Aníbal Troilo; pintores como Antonio
Berni y Raúl Soldi. Pero, sobre todo, chicos jóvenes que le mandaban cartas para poder
reunirse con él", explica Luciana, responsable de restaurar la casa y mantener intacto el orden
de cada libro en esa biblioteca.

Los libros, siempre marcados, dan testimonio de sus variados intereses. Foto: Jorge Bosch

Biblioteca de consulta
"Cuando restauramos este lugar me di cuenta de que mi abuelo había leído cada uno de estos
libros porque todos estaban señalados, escritos por él. Por ahí le marcaba algún párrafo y le
ponía: "no" o "no me parece"; o directamente lo tachaba o señalaba algo para usarlo después.
Todos esos libros eran de su consulta permanente", apunta.

Ordenados por temas, allí están los libros de magia, psicología y esoterismo; economía y
política; un poco más allá, los de escritores latinoamericanos con sus dedicatorias; los clásicos
como la Odisea y también los libros de su mujer, Matilde Kusminsky.

"Mi abuela trabajaba para que mi abuelo pudiera escribir. Empezó rellenando dentífricos en
una fábrica de Liniers. También escribía en revistas, y después tuvo una galería de arte. Era una
persona muy activa. Le corregía las cosas a mi abuelo y salvaba a sus escritos de ser quemados
porque él quemaba todo lo que escribía. Algunas veces ella lograba rescatar algo y lo convencía
para que lo publicara. De golpe se peleaban. Como cuando él se negó a publicar Sobre héroes y
tumbas y dijo que iba a quemarlo. Matilde se terminó enfermando y recién entonces mi abuelo
accedió a publicar la novela".

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A lo largo de la visita, Luciana Sabato desgrana la historia del autor de El túnel, fallecido el 30
de abril de 2011, a los 99 años. Desde la infancia en el pueblo de Rojas junto a diez hermanos, la
adolescencia (a los 15 se declaró anarquista), el casamiento con Kusminsky, su carrera como
físico matemático y la estadía en París.

Foto: Analía Hassler

Además del atractivo de recorrer el lugar donde vivía Sabato, la visita tiene ese condimento
especial del relato de su nieta, que muchas veces se sale de libreto para iluminar nuevas facetas
de la personalidad de su abuelo, como su pasión por el fútbol (era hincha de Estudiantes de La
Plata) o los ejercicios que realizaba para mantenerse en forma. "De pronto lo veíamos en el
patio haciendo movimientos con los brazos y las manos. Salía a caminar mucho por el barrio y
todo eso lo mantenía bastante activo", cuenta Luciana.

El relato ahonda también en la década del 70 y las amenazas sufridas por la familia durante la
dictadura -y luego, cuando Sabato actuó como presidente de la Conadep- ("Tipo a las diez de la
noche recibíamos el llamadito"). Los visitantes ingresan luego en el estudio, donde permanece
intacto el escritorio con la antigua Olivetti con la que él escribió la mayor parte de su obra.

"Era muy metódico. Se levantaba a las cinco de la mañana, preparaba un té solo y se lo traía
para acá. Así esperaba hasta las ocho, y cuando se levantaba mi abuela desayunaban juntos.
Después volvía a trabajar un rato más. A las doce, doce y cuarto a más tardar, almorzaban
mirando el noticiero, y después se iba a dormir la siesta. A las cuatro se levantaba y seguía
trabajando hasta las ocho, cuando cenaban. Otros días, a la tarde se iba al centro. Ésa era su
rutina. Era bien estricto. Si se pasaba un poquito la hora de comer ya empezaba a gritar: ?¿Y la
comida?'. Lo mismo con la siesta, no tenía que volar una mosca. Cuando veníamos los nietos,
que éramos todos chiquitos, teníamos que hacer silencio. No sé cómo hacía para dormir porque
el silencio duraba cinco minutos. Y después empezábamos a hacer lío de nuevo."

La visita concluye en el atelier donde el escritor se dedicó a pintar, los últimos años de su vida.
Berni le dio algunos consejos para construir el estudio con una gran ventana al Sur, ya que así
permanecería siempre bien iluminado. "Así como en un momento dejó la física para dedicarse a
escribir, en 1979 dejó de escribir para dedicarse a la pintura. Decía que estaba mal de los ojos,
aunque yo creo que veía muy bien, si no, no podría haber pintado de esa manera."

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Ernesto Sabato murió, pero su espíritu aún habita entre los muros de su casa y refugio, en
Santos Lugares.

Datos útiles
Las visitas: Casa Museo Ernesto Sabato. Langeri 3135, Santos Lugares. Las visitas guiadas son
gratuitas. Jueves, de 11 a 15. (Reservar previamente por el correo sabatoluciana@gmail.com).
Sábados, de 13 a 19 (no es necesario reservar, excepto que sean grupos de más de cinco
personas). Todas las visitas son guiadas por nietos del escritor. Duración: 50 minutos
aproximadamente. Más información en www.facebook.com/Casadesabato

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