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Ya que un Estado requiere de fuerzas internas laborales para ir creando una industria.

En ese
momento es cuando un Estado puede considerarse hasta cierto punto autónomo, fuera de las
dependencias de otros Estados con industria interna diversa. Ahora, cuando los mercados internos
de dos Estados tienen relaciones, tales industrias se adecúan a una industria comercial, lo que
influye directamente en las finanzas de las sociedades mercantiles, financieras, y crediticias, pues
el comercio que con ellas desarrollan comienza a compelerlos a tomar en consideración un
mercado que escapa del prístino de la sociedad política autónoma a la que pertenece
originariamente, para formar parte de una industria interestatal de fuerzas comerciales, laborales,
financieras, y crediticias de la misma naturaleza.

Una vez que se ha visto lo que he dicho con antelación, evidente es que, un Estado puede
depender de otro en el sentido de que su economía interna está por entero subordinada a su
economía externa, forzando a los gobernantes de los Estados en comento, a ceñir sus políticas
internas a una confluencia con la de las sociedades mercantiles, crediticias y financieras, de amplio
alcance, es decir, de aquéllas en las que el comercio externo sea una de su principales
proyecciones de ingresos y agresos, mostrando que su economía depende, en primera instancia,
del comercio exterior.

Bien, una vez que se ha visto lo anterior, puede vislumbrarse a su vez, la situación reversiva. Si un
Estado cuya fuerza financiera radica en el extererior, difícil es que tal Estado se independice de las
mismas, aún cuando haya una revolución política que derroque un régimen anterior, pues, aunque
tal régimen haya desaparecido, sus obligaciones internacionales como estado financiero no,
siendo su economía parte de una fuerza que en ese punto ya ha sobrepasado la mera economía
política, transformada en una economía internacional, de la que no puede sustraerse con facilidad,
puesto que, los Estados externos no podrán dejar que imcumpla tales obligaciones contraídas, por
lo que, o lo forzarán a tomar las determinaciones políticas respectivas, en la misma dirección que
el régimen anterior había tenido, o, lo forzarán con políticas estratégicas para influir en tal
régimen, ya sea derrocándolo nuevamente, o sustituyendo a sus representates ideológicos por
otros que les sean favorables, así como forzándolo con los elementos económicos o militares que
posean, para no permitir que la industria interna se sustraiga de sus obligaciones, y que el Estado
pueda disponer de su economía interna a su consideración.

Una vez que se han puesto de relieve las fórmulas que pueden usarse para no permitir al Estado
en comento regresar a su prístina autonomía, podemos mostrar, de manera un tanto más diáfana,
la situación en la que se encontraba Cuba al ser compelida por Estados Unidos y su fuerza
económica centrípeta en el sur de América y en el este de Europa. Así, cuando Cuba era un Estado
confluyente con en el comercio interamericano, sus finanzas internas estaban condiciondas por
tales fuezas externas, de la que le era imposible salir sin tener que habérselas con la fuerza
concéntrica de tal bloque norteamericano, que en este caso se trataba de Estados Unidos, que,
domina la escala política económica de América, aún cuando lo regímenes políticos cambiaron,
pues, era únicamente un cambio interno de política, pero no externo, lo que hacía, que, en gran
medida, las determinaciones internas permanecieran hasta cierto punto inmóviles. En el caso de
Cuba, al separarse de la filosofía política capitalista que lleva su impronta anglicana en los Estados
Unidos y su política financiera, se separo de la política externa, poniendo un óbice insoslayable a la
política interamercana, por lo que la fuerza centrípeta de Estados Unidos, con su poderosa
influencia, ha constreñido el comercio que tenían las naciones participantes en su camunidad, al
comercio de Cuba, lo que generaba una terrible desestabilización interna en tal Estado, puesto
que, de un momento a otro, influyó negativamente en todas la industria cubana, y las finanzas de
las sociedades mercantiles, financieras y crediticas.

Si después de tal golpe económico Cuba logró estabilizarse como un Estado autónomo, ha logrado
lo que no han podido hacer todos los demás Estados del continente americano, distinguidos por su
timorata relación con la Estados Unidos, y su reconocida subordinación política.

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